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Full text of "Reflecsiones médicas y observaciones sobre la fiebre amarilla : hechas en Veracruz de órden del Supremo Gobierno de la Federación Mexicana, y redactadas en frances"

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OBSERVACIONES SOBRE LA FIEBRE AMARILLA, 

Hechas en Veracruz de orden del Supremo Gobierno de 
La Federación Mexicana. Año de 1826. 



REFLECSIONES 

MEDICAS. 




OBSERVACIONES SOBRE LA FIEBRE AMARILLA, 

Hechas en Vcracruz de orden del Supremo Gobierno 
t/e la Federación Mexicana, y redactadas en Francés, 
/ Por 

JUAN LUIS CHAEERT, Dr. en Medicina de la facultad de 
Montpelier: medico en gefe antiguo de varios hospitales &c. 
Protomedico antiguo y miembro de la junta de sanidad 
y consejo de salubridad pública del Estado de la Luisiana 
&lc. &c. Socio de la academia de medicina practica de 
¿México: de la academia medico quirugica de la Puebla de 
los Angeles; de la sociedad de medicina de Nueva Orleans, 
y de la de Nueva York: de la sociedad medica quiru- 
gica de Cádiz: de la sociedad de medicina de Paris: 
de las de Burdeos, y de Caen: de la sociedad de me* 
dicina, cirujia y farmacia del departamento del {Eure 
Evreus-z de la sociedad de ciencias, bellas letras 
y arles de Orleans; de la sociedad de ciencias natu- 
rales y medicas de Brnscelas; de la sociedad de. medi- 
cina de Hamburgo; de la sociedad de ciencias naturales 
de Leipzig. &c. &c. pf>n 







TRADUCIDAS AL ESPAÑÍ 

Por 



f 



CASIMIRO LICEJ1GA Dr. en medicina y catedrático .de 
vísperas en la universidad de México', Protomedico deca- 
no del nacional Protomedicalo; socio de las aci demias de 
medicina de México; de Puebla; y del departamento del 
Eure y de la de legislación y economía política del Dis- 
trito Federal. 



IMPRENTA DEL GOBIERNO SUPREMO, EN PALACIO 



0G£ 



Al Ecsmo. Sr. Presidente de los Estados 

Unidos Mexicanos, ciudadano Guadalupe 

Victoria, 



C/onvencido de que uno de los deberes principales del hombre de. 
dicado á la medicina sea el de ocuparse en la observación de las 
enfermedades endémicas ó epidémicas que debaslan el pais de su re- 
sidencia, y descoso de dar cumplimiento á ette deber hasta donde 
me lo permitiesen mis limitados alcances, he hecho un estudio cons- 
tante, desde mi llegada á América en 1817, de la fiebre amirilla, 
cuyo mal he considerado como uno de los azotes mas grandes que 
aflijen á esta rica y eslensa parle del mundo; y por resultado de 
mis primeras observaciones di á luz en 1821 una memoria relati- 
va á esta espantosa enfermedad. 

Conmovido al ver la ciudad mas comerciante de la unión 
mexicana desolada anualmente por la presencia de esta calamidad 
destructora de los trópicos, y animado del mejor celo por manifes. 
lar mi ardiente deseo de ser útil á mi nueva patria, y mi amor 
por la ciencia y la humanidad, me hallaba disponiendo paru ir á 
observar de nuevo ¡a fiebre amarilla en uno de sus focos principa- 
les* cuando se dignó el gobierno general encargarme de la honrosa 
tomision de participarle las causas de este desastroso mal y los me. 



dios de destruirían debiendo entregarme, al mismo tiempo, i todas 
aquellas investigaciones que me pareciesen mis coratmicntet i idó- 
neas para llegar afijar el carac'.er de la enfermedad y los me- l 
dios de curarla. 

Sati fecha mi ambición con la confianza que se había deposita- 
do en mi, puse en obra todos mis efuerzos para probar que no 
tra indigno de ella; ni el temor de la muerte, ni el horror qut 
inspira esta enfermedad, ni los disgustos y riegos que acompañan 
á las inspecciones anatómicas que tube que realizar bajo el clima 
abrazador de Veaacruz, fueran bastantes para impedir que me de- 
dicase con ardor 6 las pesquisas <¡uc creía fuesen conducentes al fin 
que me habia propuesto, y de contribuir á las miras bienhechoras 
de su paternal gobierno. 

En 1124 tube el honor de presentar al Soberano Congreso me- 
xicano la obra que publiqué en 1821: seame hoy permitido dedicar 
al Supremo Gobierno de la federación este corto fruto de mis la- 
reas, resultado de su tierna solicitud por la prosperidad de la Rt* 
pública, y por la salud y bien estar de sus habitantes. 

Lejos de mi la presunción de creer que haya aclarado to'los 
los puntos insinuados que se presentan en la historia de la fiebre 
amarilla; me atreveré á lisongearme, no obstante, con la idea de 
que la via que he emprehendido es la recta, y que si otros médicos tan 
celozos como yo y dátalos con mas conocimientos quisieren dedicar- 
as al estudio de esta enfermedad con la intención de rect ijicar y 
desenvolver las ideas nuezas que yt he emitido en esta obra, llegará, 
pronto el dli en que este mil que, cual un nuevo proteo, se presenta bajo 
todas las formas y seburla de tjlai las convenciones posibles, vendrá á 
serjpara nosotros un mal ordinario y auajjt grave siempre, polremis 



luchar centra él convenidas y ¡tácalo curable en el mayor número de 
tasot. 

Quiero persuadirme que si el gobierno del Estado de Veracruz 
te dignase tomar en consideración las medidas de salubridad pú- 
blica que he indicado, en lugar de buscar vanos específicos que, aun. 
que no ecsislcn en rea'idad, le serán presentados á la vez per la 
ignorancia y el pedantismo Q itero persuadirme digo, que se verán 
disminuir rápidamente las dtbaslaciones que causa, cuasi constante- 
mente en Veracruz,; esta enfermedad y que desaparecerá al fin ella 
misma de tan interesante ciudad, dejindo asi de perjudicar, como 
evidentemente perjudica, á la prosperidad que le asegura su feliz 
localidad. 

Lleno de la mayor confianza, espero que esta corli obra, que 
lleva por objeto la destrucción de una pesie que desoía todas las 
poblaciones marítimas de la Repiíblica y causa perjuicios visibles 
6 su comercio, parecerá al gobierno digno de indulgencia y que se 
dignará mandar se publique, en alencionn, á que esta enfermedad 
devora anualmente la mayor parle de las tropas destinadas á li 
guarnición y defensa de las costas, de donde provienen el terror 
consiguiente del soldado y la desorganización del ejército; y á que 
los experimentos que yo he hecho personalmente en el hospital de 
Veracruz han sido particularmente en obsequio de esta parle in- 
teresante de la población mexicaní, de los defensores del Estado. 

Dispuesto siempre á consagrar todas mis tareas y á sacrificar 
snt vida á veneficio de li humanidad y de la patria, soy respetuo- 
samente de V. E. afectísimo servidor que besa las manos de V. E, 
México 8 de Abril de 1827. 

Escmo Sr. 
Juan Luis ChaverL- 



Ur«L»' 



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uando, en 1821^ estendí por escrito mis Re~ 
jhesiones sobre la fiebre amarilla, no pretendí en 
modo alguno hacer un libro; mi intención 
fué únicamente fijar algunas ideas, que créi nue- 
vas sobre un asunto tratado mil veces y siem- 
pre con una discordancia de opinión que deses- 
pera al Médico filósofo, como aflige al amigo de 
la humanidad. 

Haciendo imprimir, en dicho año, aquellas 
reflecsiones, no tube otro objeto que mí pro- 
pia instrucción. Pensé que para estar al alcan- 
ce de solicitar los consejos de mis comprofeso- 
res era necesario comunicarles mi memoria, lo 
que no podia hacerse sin multiplicar las copias 
y por consiguiente sin darla á la imprenta. Me 
atreví á lisongearrne de la esperanza de que 
después de haber observado algunas nuevas epi- 
demias de fiebre amarilla, y haberme ilustrado 
con las luces de mis compañeros quienes, des- 
pués de haberse tomado el trabajo de leerme, 
ae hubieran obligado á comunicarme su opi- 
nión, podría yo atreverme á publicar, sobre di- 
cha enfermedad, las reflecsiones que me hubie- 
ran sido sugeridas por mi esperiencia, mi lec- 
tura y los consejos con que se me honrase. 

1 



II 

A pesar de que aquella manoria, hecha con 
violencia en una época en que yo había visto poco 
la enfermedad, haya sido imperfecta bajo todos 
aspectos, ha tenido una acogida favorable por 
diversas sociedades sabias, principalmente en los 
Estados Unidos, en España, en Alemania, y en 
Francia: y la mayor parte de mis compañeros 
á quienes pedí consejo, no me han dirigido mas 
que espresiones de política y elogios poro me- 
recidos: á pesar de esto, jamás me he envane- 
cido pues sé muy bien que los elogios y las re- 
compensas académicas, concedidas por la indul- 
gencia, nada añaden al mérito de una obra tan 
imperfecta como el débil trabajo de que he he- 
cho mención. Me abstendré por tanto de entrar 
en algún detal sobre este punto, y me limiiaré 
á referir que el Sr. Dor. Brussais en el seseto 
cuaderno de sus anales fisiológicos, y el Sr. To- 
mas ex- cirujano de un corsario de la marina fran- 
cesa, en un ensayo sobre la fiebre amarilla, se 
han ocupado de mi memoria de 1821. 

El Sr. Doctor Brussais, no es partidario de 
mi opinión: pero este ilustre Médico, cuyos tra- 
bajos han hecho tan eminentes servicios al Arte 
de curar, y á la humanidad, jamas ha visto la 
fiebre amarilla: asi que si estoy admirado es de 
la indulgencia con la que ha tratado mi débil 
trabajo de 1821. 

El Sr. Brussais, en lo que ha tenido la ofi. 
ciosidad de decir con respecto á mis reileciio- 
nes de 1821 (que refuta) refiere los síntomas 
que yo indico como característicos de la fiebre 
amarilla y añade, "si la fiebre amarilla consiste 
,.en esto, será una enfermedad del coiazcn y 
„del aparato nervioso." Me someto á este juicio 



m 

con tanto mas placer, cuanto el no hace otra 
cosa que confirmar mi propia opinión. 

El Sr. Brussais, finalmente termina la refu- 
tación de mi memoria con estas espresiones li- 
eongeras: "esta obra no es un tratado com- 
pleto de la fiebre amarilla, y lo anuncia sufi- 
cientemente su título: mas los que puedan La- 
mberla á las manos encontrarán en ella muchos 
„hechos preciosos sobre las condiciones locales 
.,que concurren al desenvolvimiento de la fiebre 
„amarilla en la Luisiana, en donde nuestro au- 
„lor ha estado al alcance de observarla, asi 
,.como hallarán en la misma obra reflecsiones de 
..un alto interés. Sentimos que el Sr Chabert, 
„que nos parece un hombre delicado. y de un ta- 
„lento juicioso, no haya estudiado la medicina 
„fisiológica, y que su obra no está enunciada en 
una librería en donde nuestros compatriotas pu- 
diesen adquirirla. 

Confieso francamente que no merezco el sen- 
timiento que el Sr, Brussais manifiesta de que 
mi obra no esté enunciada en una librería; y 
siento mucho no haber sido bastante feliz para 
encontrarme al alcance de seguir su chuica y 
de estudiar de un modo mas particular su me- 
dicina fisológica. A pesar de esto, no mí? es tan 
desconocida que no «epa apreciar los servicios que 
el ha hecho á la ciencia y á la humanidad. Tam- 
bién estoy convencido que al redactar mis re« 
flecsiones de 821 me dejé dominar in«ensible- 
mente por una prevención involuntaria á favor 
de su opinio. Me atrevo á creer que las reflec- 
■iones siguientes, que son el resultado de nu- 
merosas observaciones que he hecho en Vera- 
cruz, darán de lo dicho una prueba inatacable. 



# 



Pido perdón al Sr. Brus?a'n si me toma la 
ucencia de unir á su nombre caro á la ciencia que 
honra por sus brillantes y utilcí trabajo», el del 
Sr. Thomat cirujano de la Nueva-Orle ans. 

Si eite Sr. se hubiera limitado en su en«*yo 
íobre la fiebre amarilla de América, publicada 60 
Paria en 823, de atacar mi memoria de 821 culi 
respecto á mi opinión médica y á mi estilo, me ab«- 
tendria de toda reflecsion sobre ese punto, pues que 
estoy bien persuadido que para juzgar de di- 
cho autor y de 6U libro basta leerlo: pero el 
Sr. Thomas, pretende (pag. 59 de la que lla- 
ma su obra) que yo "'desmiento formalmente á 
„ca6Í todos los Médicos que han observado por 
„6Í mismos la fiebre amarilla y han hecho ins- 
pecciones cadavéricas" iVa: que en otro3 mu- 
chos lugares de mi obra defraudo con tan p«- 
-,co respeto las opiniones de mis comprofesor^» 
„sin eeseptuar al Sr. Tommasini (cuyo tratado 
„sobre la fiebre amarilla, se lee aun con tanto 
„interés por los Médicos que practican en los lu- 
gares en que egerce sus estragos) quien es fuer- 
temente criticado por mi." 

Como quiera que leyéndose este parágra- 
fo del ensayo del Sr. Thomas, las personas que 
no conozcan ni mi caiacter, ni mis principio!, 
ni mi memoria de 821, podrán suponerme ca- 
paz de emplear contra los médicos, cuya opi- 
nión no adopto, las espresiones indecentes y gro- 
seras del Sr. Thomas, Me limitaré á citar 1 16 
espresiones de mi memoria que terminan mi no- 
ta relativa á la doctrina del Sr. Thomasáini: esto 
será suficiente para juzgar de la urbanidad y 
de la buena fé del Sr. Thomas 

„No es admirable, pues, (digo pag* 102) 



V 

«haya ecsperimentado la pena mas viva al 
«ver Jos comisarios de la sociedad médica 
«de Nueva Orleans, de la que soy miembro' 
«adoptar la opinión de un autor (que preconi" 
«sa &c.) y cuya obra nos parece tanto mas 
«peligrosa cuanto ella anuncia una erudición in- 
y mensa y los mas vastos conocimientos en el arte 

„de curar " 

Suplico al sr. Tomas que esté muy per- 
suadido que si las obras de los señores Ge- 
rarJin, Dalmas, Thomasini tubieran alguna cosa 
parecida á la suya, me habriá abstenido, de 
un modo rigoroso, de decir sobre aquellas una 
sola palabra/ obra como la suya lleva conmi- 
go su antidoto, y basta leerla para no ser im- 
presionado de ella. 

Considerando la fiebre amarilla como una 
enfermedad poco conocida aun todavía, á pesar 
de la multitud de obras publicadas sobre este 
asunto, y hallándose mi opinión opuesta á la 
de varios autores recomendables, publiqué en 
Veracruz, en l<<s números del Mercurio de 23, 
24, 25, 26, 2/ y 30 de junio de 1826, mi pro- 
fesión de fé sobre este interesante asunto, y su- 
pliqué á mis comprofesores me ilustrasen con 
sus luces, y me propusi r n todas sus objeciones. 

El Doctor D. Leonardo Peres fué el úni- 
co que contestó á mi ecuación. Este medico 
instruido prometió en el mismo periódico de 8 
de julio, «manifestar algunas reflecsiones &c.. M . 
Con la mayor impaciencia aguarde las reflec- 
siones mencionadas, coa la esperanza de veer 
en filas ó confirmada mi opinión particular, ó 
de encontrar razones suficientes para determi- 
narme á modifica* las, ó luces nuevas para giar« 



VI 

me en la senda difícil de la observación y 6C*- 
pararme del camino del error ei había yo teni- 
do la desgracia de entrar en él. 

Pude leer, en fin, en los números del mis- 
mo periódico de 2, 3, 4, 5, 6, y 7 de setiem- 
bre las reflecsiones prometidas por el Dr. D. 
Leonardo Pérez. Diré con pena, porque tengo 
aírelo á este profesor y aprecio sus talentos, 
mas diré respetando la verdad, por amor á la 
ciencia y por interés á !a humanidad, que aguar- 
daba mucho de la pluma de un médico que 
recibió su educación medica en una ciudad (Cá- 
diz) en donde la fiebre amarilla hace frecuen- 
tes apariciones, y que por consecuencia ha de- 
bido ettar frecuentemente al alcance de obser- 
varla: aguardaba, vuelro á decir, unas reílec- 
siones propias del Dr. Pérez, sobre el carácter 
de la enfermedad, sobre sus verdaderos sínto- 
mas, sobre los motivos que deben determinar 
al practico á ocurrir á tal ó cual medicamento 
&c. en lugar de lo dicho, no hé visto otra co- 
sa ,en las referidas reflecsiones, mas que; Primero, 
citas numerosas propias ha hacer conocer el 
modo con que principia la enfermedad y los 
síntomas que la caracterizan, según la opinión 
de los autores á que se refiere y de donde el 
Dr. Pérez cree poder deducir la prueba de 
que sin razón he considerado la fiebre ama- 
rilla como una enfermedad espasmodica. Segundo, 
una serie de recetas que indica como que de- 
ben ser empleadas para combatir los síntomas, 
en lugar de trazar un plan metódico de cura- 
ción dirigido contra las alteraciones orgánicas 
que constituyen la enfermedad y cuyos sín- 
tomas no son mas que la esprecion y loa efectos» 



VIL 

Vuelvo á repetir, que busco de buena fé 
la verdad, y solo la verdad, que auque mis ob- 
servaciones del año de 26 sean para mi un mo- 
tivo poderoso de creer que mi opinión parti- 
cular sobre la fiebre amarilla servirá para dar 
alguna luz sobre este interesante punto, no es- 
toy menos persuadido que es posible que me 
engañe aun; que siempre se me encontrará dis- 
puesto á escuchar razones sólidas y á confesar 
francamente mi error, si se me prueba que me 
he ecstraviado y que sin fundamento he consi- 
derado como errónea la opinión de los médicos 
que aseguran que la fiebre amarilla es una gas- 
tritis aguda de la mas grande intensidad. 

Como el Dr. Pérez se ha abstenido de 
decir su opinión tanto sobre este asunto como 
respecto de las numerosas é importantes cues- 
tiones que se presentan en el estudio de la 
fiebre amarilla, las que están todavia por resol- 
verse, ignoro hasta que punto diferiremos de 
opinión con respecto á este azote devastador 
de las costas americanas. Dicho profesor encon- 
trará, en las reflecsiones medicas que siguen, la 
respuesta indirecta de las suyas, asi como mi 
opinión espuesta simplemente y con la mayor 
franqueza. 

Mis reflecsiones están desnudas de todo 
lujo de erudición. Los que saben cuan fácil es 
acumular citas, y hacer gala de una erudición 
por lo común fastidiosa, me aprobarán de ha- 
berle evitado el trabajo de buscar mis idea3 
al través dr> las de los autores en cuya opinión 
no me apoyaré pues que es contraria á la mia. 

Lo mismo que mi memoria de 1821, será 
la presente poco útil á la ciencia, pero será 



VIH 
pnra mí un depósito de nuevos materiales^ que 
alguna vez emplearé, si tubirre tiempo de o- 
cupaime de una monografía <le lafiebre ama- 
rilla: entonces solamente me daré lugar de 
analizar, comparar y refutar, si fuere neceea* 
ro, la opinión de Jos autores que se han o- 
cupado de esta enfermedad; lie creído deber 
limitarme á combatir, por ahora, la opinión 
ni'is comnn, a saber, la que esta ble* e como un 
punto de hecho que la fiebre amarida es una 
gastritis aguda de la mas grande intensidad. 
Sotsenida dicha opinión yor médicos del mas 
grande mérito; por médicos cuyo nombre 
solo, inspira el respeto y recomienda la opi- 
nión, he necesitado nada menos que el mas 
intimo convencimiento, y el grito de mi con- 
ciencia para atreverme, á pesar de mi in- 
ferioridad, á entrar en la lid, y luchar aun con 
mayor reserva contra tan poderosos adversa- 
rios. 

A mis comprofesores que me hagan el 
favor de leerme, les suplico me honren con 
sus consejos, y que me propongan sus objecio- 
nes, persuadidos que recibiré aquellos con re-? 
conocimiento, y sabré aprovecharme de eatis, 



MEDICAS, 

Y 

observaciones sobre la fiebre amarilla, 

flechas en Veracruz de orden del Supremo 
Gobierno de la Federación Mexicana, 



mrn^&vccsotf. 



fjLnbiendose difundido, á principios de abril 
de i 826, noticias alarmantes relativas á los pre- 
tendidos estragos que hacia, en Veracruz, la 
fiebre amarilla, S. E. el Presidente se dignó 
comisionarme para- ir á observar la enfermedad 
y particularmente las causas locales que con- 
tribuyen a producirla ó á aumentar sus estragos, 
á fin de poder indicarle después, cuales serian 
los medios de modificarlas, para estinguir, si es 
posible, ó á lo menos disminuir los estragos 
de una plaga que, ha muchos años, diezma casi 
periódicamente, la parte no aclimatada de los 
habitantes de aquella ciudad. 

2 



2 

Lisongeado de la comisión honrosa qnr fC 
me confiaba, deseoso de hollar una nueva oca- 
sión de estudiar una enfermadad que muchos 
años ha era el objeto de mis meditaciones, y 
sobre cuyo carácter había una gran discordan- 
cia en las opiniones, apresuré mi marcha á Ve- 
racruz adonde llegue el tres de junio. 

El 5 del mismo visité los hospitales, en 
donde mis ojos buscaron en vano un enfermo 
que me mostrase los caracteres tan sorprendentes 
de la fiebre Amarilla. 

El 17 del mismo mes, pedí los estados de 
situación del hospital de San Carlos, (bajo ¡a 
relación medica) que datasen desde el I o de 
abril hasta el I o de junio, y los de dicho me* 
hasta el ]9. 

Juzgúese mi admiración, viendo (según es- 
tos estados) que desde el 1.° de abril hasta 
el 1. ° de junio habían entrado 1278 enterraos 
atacados de la fiebre amarilla, de los que so- 
lo habían muerto 245! Viendo que desde mi 
llegada, es decir, en una quincena, durante la 
cual había yo hecho vanos esfuerzos para re- 
conocer nn caso de dicha fiebre, habían en- 
trado al hospital 331 atacados de esta enfer- 
medad, de los que solo habían muerto 2í>! 

Seguramente, si estas descripciones fueran 
esactas, y si estos resultados fuesen reales, era 
preciso complacerse de que el médico que los 
obtiene ha podido llegar á conocer medios tan 
favorables de combatir urca plaga tan horroro- 
so; pero luego me convencí de que estos re- 
sultados eran imaginarios, y que dependían de 
la costumbre^ adquirida hace mucho tiempo 
per ios médicos del hospital de Veracruz, de 



3 

anotar, en sus estados de situación, . ata- 
cados de la fiebre amarilla, á todo9 ios enfer- 
mos que presentándose por la primera vez á 
su ecsamen, declaran ser nacidos en tierra fria 
y no haber estado jamas enfermos en Vera- 
cruz 

A fin de junio, teniendo á la mano un estado 
de situación del mismo dia, que indicaba 55 
casos de fiebre amarilla, entrados en la última 
semana, recorrí de nuevo las camas y ecsami- 
né atentamente los enfermos de los qu e unos 
creyan estar en el segundo dia de la fiebre 
amarilla, y otros en el tercero, cuarto ó quinto, 
contados desde el momento de ía invacipn. f£i 
resultado de mi ecsamen sobre estos diferentes 
individuos, fué, que no solamente no tenian la 
fiebre amarilla, sino que, ni habían presentado 
alguno de los sintonías vagos que algunas ve- 
ces, aunque raras, la preceden y que en el pri- 
mer momento alarman al médico contra su pro- 
pio juicio y le determinan á quedar en reser- 
va hasta que apareciendo síntomas bien carac- 
terizados lo ilustran y quitan su incertidumbre. 
Ligeras subecsitaciones gástricas, con fiebre ó 
?in ella, con ó sin saburra en las primeras vías; 
mas de una vez la sola necesidad de quietud, 
he aqui las insignificantes indisposiciones que 
se decoran, en los estados de situación, con el nom- 
bre espantoso de fiebre amarilla. 

Afecciones gástricas: muchas catarrales del 
pulmón y de sus dependencias; algunas disen- 
terias crónicas, hé aqui las únicas enferme- 
dades que se encuentran en esta fecha (Junio 
de 1826) en el departamento de medicina, deí 
hospital nacional de Veracruz. 



4 

Lejos de mi la idea de acusar, por esto, 
al medico titular de este establecimiento de fal- 
ta de talento, de atención y dedicación al cum- 
plimiento de sus obligaciones. El respetable 
Dr. Ferrer, al contrario, reúne á su instiuccion 
una larga esperiencia, una grande havitud en 
cl á servicio de hospitales, y consagra lodos los 
momentos al ejercicio de 6us deberé?. Ll Dr. 
Ferrer no hace en aquello, sino seguir la an- 
tigua costumbre, por cuyo medio so tenia la 
satisfacción de manifestar en los estados de si- 
tuación, curada la majoria de los enfermos a- 
tacados de la fiebre j marilla, aunque en reali- 
dad esta enfermedad haya siempre cortado el 
hilo de la vida, en Veracruz como en otras 
partes, casi á la totalidad, ó al menos al ma- 
yor núuiero de aquellos que eran atacados de ella. 

Cuando noto lo que pasa, con respecto á 
lo dicho, en el hospital de Veracruz (la mis- 
ma cosa ha tenido lugar en este año en la 
ciudad) no pretendo establecer que la fiebre 
amarilla no habia aun ecsietido en dicho año: 
lo que quiero demostrar es, que las impresiones 
desagradables que resultan de estas ieíiecsiones 
ecsageradas, son dirijidas á dañar al comercio y á 
la prosperidad de la mas importante de las ciuda» 
des marítimas de la unión mexicana, propagando 
aleslrangero el sentimiento de terror que inspira 
esta horrorosa enfermedad; confirmando la opinión 
general establecida ya, á saber, que Veracruz es 
uno de sus principales foces; y en fin, impresionan- 
do de ante mino, y de una manera desventajosa, 
el moral de los esirangeros cuyos negocios los 
ponen en la necesidad de venir á dicha ciudad 
en donde serán luego victimas de la mas li- 
gera indisposición. 



a 

Mas, ¿por que en lugar de aterrorizar á los 
pueblos con la suposición de una epidemia ima- 
ginaria, cuando la enfermedad no se manifiesta 
sino de tarde en tarde y de un modo espo- 
rádico, no ocuparse con cuidado de las causas 
locales que la producen, indicarlas á ¡as auto- 
ridades, hacer conocer su importancia, y no des- 
cansar en solicitar en favor de esta interesan- 
te ciudad y de la humanidad que lo reclama, 
la ejecución de medidas sanitarias que tanto el 
Gob erno general, como el del estado y la au« 
toridad municipal adoptarán á porfía cuando se 
demuestre que de su adopción depende la sa- 
lubridad de esta interesante ciudad; que su eje- 
cución tendrá por resultado hacer á Veracruz 
(á quien tanto su insalubridad real como los 
informes ecsagerados hacen considerar como 
el lugar mas temible y peligroso de tolos los 
puertos de la República Mexicana), de hacer, 
repito, á aquella ciudad tan salubre como el 
puerto mas favorablemente situado de las dos 
Américas? 

¿Por que? porque hasta hoy ecsiste la mas 
deplorable discordancia entre los médicos so- 
bre la naturaleza de la fiebre amarilU y so- 
bre las causas que la producen. Por que unos 
creen en el contagio y en la importación de la 
enfermedad, y por consiguiente no consideran 
como medios preservativos, sino los lazaretos, 
las cuarentenas y todos los medios rigorosos 
que están en uso para repeler las enfermedades 
contagiosas y cuyo principal resultado, es, ve- 
j r á los comerciantes, perjudicar el comercio 
ebterior y en consecuencia á la prosperidad pú- 
blica, y muchas veces determinar la esplociou 



6 
del mal sobre los desgraciados estrángeros que 
hubieran quiza escapado de ceta plaga si una 
medida, que por ser llamada sanitaria no deja 
por eso de ser barbara, no los hubiera preci- 
sado á prolongar su permanencia en una embar- 
cación en donde son privados de todos 
los recursos de reparar los perjuicios que 
una larga travesía hace frecuentemente sufrir 
al individuo mejor constituido; y en donde que- 
dan constantemente espueslos á la acción casi- 
directa de un sol ardiente; y bajo el cor- 
rientc inevitable de miasmas deletéreos que I09 
vientos de tierra impelen sobre la bahia duran- 
te la noche. 

Por qne otros consideran, á pesar de la 
evidencia, al calor y a la humedad de la at- 
mosfera como ia causa de la fiebre amarilla; 
y á esta como una sobre ecsitacion gástrica 
colocada en primer rango entre las enfermeda- 
des conocidas vulgarmente con el nombre de 
afecciones biliosas; como una gastritis aguda en 
fin..... y en consecuencia de esta creencia suponen 
que las precausiones individuales serán dirijidas 
á moderar la pretendida acción ir rilante que el 
calor húmedo ejerce sobre el estomago, y que 
el uso finalmente de los antiflogísticos es cuan- 
to el médico puede indicar para prevenir, com- 
batir y curar esta espantosa enfermedad. 

Mas, hay otra clase de módicos, y yo me 
felicito de ser partidario de ellos, que creen 
que la fiebre amarilla no es una enfermedad con- 
tagiosa en el rigoroso sentido de esta palabra 
porque mil y mil observaciones prueban que 
jamas un enfermo atacado de dicha fiebre la 
haya comunicado, á menos que el aiie, estrafio 



7 
á su atmoafera propia, se encuentre impuro por 
una alteración estrangera á los miasmas que se 
ecsalan de su cuerpo &c. ¿>*c. 

Que creen que el calor húmedo no puede 
en ningún caso producir la fiebre amarilla; y 
menos si se quiere considerar esta enlermedad 
como una gastritis: por que, si es cierto que la 
acción de un calórico ecsesivo estimula de una 
manera enérgica los capilares sangineos, agusa 
la suceptibilidad de las papilas nerviosas, pre- 
cipita mucho la química viviente, y hace por 
lo mismo la superficie interna de las vias ali- 
mentarias muy suceptibles de ser inflamadas á 
presencia del estímulo de los irritantes estrañoi; 
es igualm ente cierto que la humedad hace mas 
insoportable al calórico, favorece el sudor, y 
debe por consiguiente apresurar el periodo de 
la debilidad ó del agotamiento que succede 
siempre al aumento de energia en los que es- 
tan espu^stos mucho tiempo á la impresión del 
aire caliente, saliendo de una atmosfera mas 
templada; y que l a acción del calor húmedo 
es tal, que bajo su imfluencia las enfermeda- 
des inflamatorias generales son muy raras, y que 
la» flogosis parciales no empiezan sino con los 
caracteres de cronicidad. 

Dichos médicos saben bien que los países 
calientes y húmedos son mas insalubres que 
los calientes y secos; pero creen, que esto es 
por que la agua de que se impregna la at- 
mosfera libre jamas es pura, á menos que no 
se forme una atmosfera artificial como la délas 
estufas; que siempre el aire húmedo está im- 
pregnado de cuerpos estraños tantos mas abun- 
dantes cuanto mas caliente es aquel. 



8 

Ellos creen que los cuerpos eetraftos, pro- 
ductores de la fiebre amarilla, suspensos en una 
atmosfera caliente por efecto de la humedad, e iq 
emanaciones, e&urios ó miasmas que resultan de 

la fermentación púlri .la de diversos cuerpos del 
reino animal y veje tal: creen que el calor hú- 
medo favorece dicha fermentación, el despren- 
dimiento y la combinación de los gaces dele- 
téreos que resultan de aquella. Creen en fin, 
que el calor húmedo es el agente modificador 
de !a causa ó de las causas que dan origen 
á la fiebre amarilla, pero que en ningún caso el 
calor pur miente húmedo, sea cual fuere su gra- 
do, pueden producir la enfermedad espresada. 

Estos Médicos creen pues, y yo con ellos 
que para que la fiebre amarilla se desenvuelva 
en una ciudad, en un puerto, en un navio se 
necesita que la atmósf< ra esté no solamente ca- 
liente y húmeda, sino también impura por la 
presencia de una cierta masa de emanaciones 
deletéreas; y en consecuencia que exista en el 
lugar mismo, o en el viento y no lejos de di- 
cho lugar un foco cualquiera de materias actual- 
mente sometidas á la fermentación pútrida. 

Me ocuparé, por tanto, muy particularmen- 
te de estos focos y de todas las otras causas 
«preciables de la alteración del aire que dan 
origen, en mi concepto, á la fiebre amarilla en 
Veracruz: sen liando aquellos, tendré cuidado de 
indicar los medios que me parecen mas propios 
á disminuirlos, y á destruirlos. 

Mas, como hay algunos Médicos que ase- 
guran que la fiebre amarilla es el resultado del 
calor y de la humedad: que ésta enfermedad no 
es otra cosa que una gastritis aguda de la mas 



9 

grande intensidad; dominados, sin saberlo, por la 
autoridad de autores famosos, no profesan esta 
creencia, sino porque la estiman conforme á la doc- 
trina de Brousais á quien me atrevo á comba- 
tir sobre este punto, después de haber sido yo 
mismo arrebatado por la simplisidad y la verdad 
de su doctrina; me permitiré algunas reflecsio- 
nes cortas para probrar que la fiebre amirilla no 
es el resultado del calor puramente húmedo; y 
que ella no es una gastritis aguda. Al efecto 
roe aprovecharé de mis ooservacioues de este 
año; y haré enfin algunas reflhcsiones con re- 
lación á los síntomas de la enfermedad, á las al- 
teraciones orgánicas que he encontrado en los 
cadáveres, y á los resultados que he obtenido 
por el uso de ciertos medicamentos, antes de 
entrar á la interesante cuestión de las cau- 
sas locales de la enfermedad en Veracruz, y 
de los medios de destruirlas. 



11 

REFLECSIONES 

MEDICAS, 
Y 

OBSERVACIONES SOBRE LA FIEBRE AMARILLA. 

flechas en Veracruz de orden del Supremo 
Gobierno de la Federación Mexicana. 



CAPXTU&O X» 



íleflecsiones que prueban que la fiebre amarilla no ts 
el resultado de la humedad y del calor. 



fe' 



l¡ se insiste en querer sostener que esta en- 
fermedad puede ser el resultado del calor hú- 
medo, yo preguntaré ¿por qué en la Luisiana, 
que ofrece una superficie considerable, al nivel 



12 

mismo del mar, 6 igualmente pantanosa y ca- 
liente, los estrangeros no aclimatados no pueden 
entrar á Nueva — Orleans, en la época do la en- 
fermedad, sin ser atacados de ella: mientras que 
ellos son preservados de la fiebre amarilla fiján- 
dose á menos de uri cuarto de legua distantes del 
centro de la ciudad, ó solo algunas (oesas fuera de 
los arrabales? ¿Por qué los criollos de dicha ciu- 
dad han sido victimas de la enfermedad en 1796 
y 1799, que son las épocas délas dos primeras 
epidemias, y han sido libres de todas aquellas 
que después han egercido alli sus destrozos? ¿Por 
qué los criollos habitantes del campo, aque- 
llos mismos que han vivido á menos de una le- 
gua del punto que es abitualmente diezmado por 
esta plaga, se ven atacados de ella como los es- 
trangeros, si tienen la imprudencia de entrar á 
la ciudad en la época de los grandes calores? 
¿Por qué finalmente ésta horrorosa enfermedad, 
que en casi todos los lugares en donde ella es 
endémica, se desenvuelve siempre, ó aumenta 
de intensidad y acumula sus estragos bajo la 
influencia del viento Sur, no comienza ordina- 
riamente en Nueva-Orleans sino después de un 
soplo de Norte, y que siempre ella redobla allí 
su intensidad bajo la influencia ó en consecuen- 
cia de este viento que, por otra parte, lleva con- 
sigo, á otros puntos, la fuerza y la salud. 

Que se me diga ¿por qué en las ciuda- 
des del Norte-América, para hacer cesar brus- 
camente la epidemia é impedir los progresos de 
la fiebre amarilla, en los diverses cuarteles de 
la ciudad que tiene la desgracia de 6er in- 
fectada, basta forzar la emigración instantánea 
al campo, ó diseminar en los otros cuarteles de 



13 

la misma ciudad, á los individuos que habitan 
actualmente el lugar en que la enfermedad ha 
tenido origen; cerrar las calles, impidiendo to- 
da comunicación con los habitantes de otros 
cuarteles, como también la vuelta de aquellos que 
han sido momentáneamente espelidos de ellos, 
antes de la época de los grandes trios?. 

Que se me diga ¿por qué la fiebre ama- 
rilla que jamas había sido observada en Pan- 
sacola, hizo en dicho lugar los mas grandes 
destrozos en 1822 á pesar de que ciertamente 
su atmósfera no se hizo bruscamente ni mas hú- 
meda, ni mas caliente.? 

Que se me diga finalmente ¿por qué en Ve- 
racruz, en donde reina casi perpetuamente, la fie- 
bre amarilla, desaparece de un modo comple- 
to cuando las lluvias son extremadamente abun- 
dantes, ó que los calores se hacen alli exesivos? 
¿por qué la parte de la ciudad que está situada al 
Este de la plaza del Palacio, cuenta habitualmen- 
te (con proporción á la masa de la población) 
mayor número de enfermos, cuyo mal tiene un 
carácter mas grave, que en la parte de la ciu- 
dad que está situada al Noroeste de la misma 
plaza. 

Cuidadoso de hacer desaparecer, de ante 
mano, toda suposición de subterfugio, y siempre 
pronto á referirme á razones mas sólidas que 
aquellas que han fijado hasta hoy mi opinión, en 
este punto, me tomo la libertad de dar á co- 
nocer con respecto á las preguntas anteriores, 
las respuestas que en rni juicio, resultan de los 
hechos, del raciocinio, y de la esperiencia; y 
diré- . . • 

Si la fiebre amarilla egerce sus estragos en 



M . 

va-Orlean?, no es solo porque la atmosfera 
<!o esta ciudad es al mismo tiempo caliente y hú- 
meda, porque entonces aquella enfermedad debe- 
ría hacer sus estragos igualmente en la población 
de este vasto bajío; sino porque las autoridades y 
los mismos habitantes, extraviados en sus opiniones, 
por una parte, por los Médicos que no ven otra cosa, 
en la fiebre amarilla, mas que un mal contagioso y 
siempre importado; y por otra, por aquellos que se 
afanan en propagar la opinión que la humedad y 
el calor bastan para producirla; las autoridades 
y 4os habitantes, repito, han descuidado ó despre- 
ciado prescribiré egecutar las medidas de salubri- 
dad necesarias para prevenir ó para destruir 
los innumerables locos de fermentación pútrida 
de que se encuentra como rodeada esta ciu- 
dad. 

Si antes del año de 1896 no se habia apa- 
recido, en Nueva-Orleans, la fiebre amarilla, con- 
siste en que antes de esta época era poco nu- 
merosa su población; los Suburbios estaban cu- 
biertos de árboles, y los pantanos contenian la 
agua suficiente á no ser calentada y corrompi- 
da por la acción solar. En 1796 y 99 hizo alli 
sus primeras apariciones la espresada fiebre, no 
porque la temperatura se hubiese hecho ni mas 
caliente ni mas húmeda (esta eería en mi juicio 
una acersion ridicula); sino porque en una de 
estas épocas se habia ahondado una concha pro- 
pia para recibir barquillos y otras pequeñas em- 
barcaciones, y se ahondó en el lugar mismo que 
hasta entonces habia servido de Cementerio! . .. 
y que, en la otra época, se habia abierto un ca- 
nal (conocido con el nombre de canal de Caron- 
delet) el cual, destinado á escurrir los terre- 



Í5 
nos vecinos, ha sido ahondado en un terreno 
bajo y pantanoso! De suerte que, en cada una de 
estas dos épocas, la atmósfera fué accidentalmen- 
te alterada por las emanaciones que resultan del 
movimiento de las tierras, en los paises calien- 
te» y pantanosos, como también por aquellas que 
son el producto de la fermentación pútrida. Y 
si desde entonces los antiguos habitantes de di- 
cha ciudad no han sido presa de la enfermedad, 
mientras que este privilegio no se ha hecho es- 
tensivo á los criollos que viven en los alrede- 
dores, no consiste en que su atmósfera interior 
haya sido menos caliente y menos húmeda, si- 
no porque las causas que he señalado como pro* 
ductoras de la enfermedad en 1796, y 1799 se han 
inutiplicado con el aumentdde la población, y que 
dichas causas, poco mas ó menos, han persisti- 
do siempre después. Si al contrario de lo que 
noto, en casi todos los lugares en donde reina 
la fiebre amarilla, ésta enfermedad se desenvuel- 
ve ó aumenta sus estragos, en la Luisiana, ba- 
jo la influencia del viento del Norte, es porque 
se encuentran colocados en esa dirección mis- 
ma, terrenos pantanosos, cementerios, la concha 
y el canal de que hemos hablado, el depósito 
de inmundicia», y en fin mil focos de emana- 
ciones deletéreas; y demás, que el viento norte 
que sopla ordinariamente en Septiembre, en lu- 
gar de la acción bien hechora que egerce gene- 
ralmente en los paises ardientes, derrama sobre 
la ciudad, con la masa de miasmas que levanta de 
los diferentes focos de emanaciones de que se ha 
habíalo, el luto y la consternación. 

En las ciudades de Norte-América y par- 
ticularmente en Nueva-York, en donde la fie bre 



1G 
amniilla so nparece con bástanle frecuencia, se 
propagaba aüíiiguameote 80 los diversos cuaitc- 
e eslendia sin intervalos al modo de las 
rinedades contagiosas. Esta circunstancia me 
p irece un argumento que no podra atacarse p or loa 
Módicos que pretenden que la liebre amarilla, asi 
como Ins enfermedades constitucionales, es produ- 
cida por el calor y la humedad, y pone en la nece- 
sidad absoluta de elegir entre la opinión de los con- 
tagionistas, y la de aquellos que, como yo, creen 
en la existencia necesaria de un foco de infec- 
ción. Asi que, yo repetiré aqui lo que lié escri- 
to en 1821 ,? Si no hay medio alguno entre la cons- 
titucionalidad y el contagio de la fiebre ama- 
rilla, sin duda que esta eníérmedad debe ser con- 
siderada como contagiosa, .. . Con todo eso, esta 
opinión, sobre la cual no hay mas qup una guer- 
ra de palabras, es repiobada por los hechos; y 
debe convalirse solamente, porque ella tiende 
por una parte, á hacer que se adopten medi- 
das de precausion, cuyo resultado es perjudi- 
car notablemente al comercio, y favorecer el de- 
sarroyo de la enfermedad que se cree recha- 
zar; y, por otra, conduce á despreciar la adop- 
ción ó la egecucion de medidas sanitarias pro- 
pias á destruir ó á lo menos disminuir las cau- 
sas locales que la producen. 

Si he dicho que para contener los estragos de 
la fiebre amarilla en las ciudades del Norte-Ame 
rica, basta desertar del cuartel en que ella ha 
hecho su primera aparición, cortar la comuni- 
cación a las calles, y deseminar la población 
infectada, y colocar á los mismos enfermos en 
los campos vecinos y en los otros cuarteles de 
la ciudad, no es porque ésta medida á hecho 



17 

bajar el Termómetro, y ha disminuido la hume- 
dad; sino porque los miatmas que se de>preh- 
den del foco de infección, que siempre ha po- 
dido señalarse, no estendiendase sino aun espa- 
cio muy corto, no. han egercido mas ¿u influen- 
cia, desde el momento que se ha prohibido, á to- 
dos los seres vivos, permanecer y también pasar 
instantáneamente en este lugar infectado. 

Si Pansacola, que jamas habia sido visitado 
de la fiebre amarilla, ha sido presa de ella en 
182*2, no fué porque su atmósfera se ha hecho 
mas caliente y mas húmeda, sino porque ios Ame- 
ricanos del Norte se han transportado alli én mul- 
titud y han estado precisados á alojarse de un 
modo tal, que su respiración era suficiente para 
alterar notablemente el aire que debia entrar 
en sus pulmones; y finalmente debe atribuirse 
á que en la misma época arrivó un navio car- 
gado de carnes y de pescado salado medio cor- 
rompido, cuyo cargamento ha sido arrojado so- 
bre la playa, siendo conducidas las emanacio- 
nes de aquel á la ciudad, las que han determi- 
nado el desenvolvimiento de la fiebre amarilla 
que atacó, como primeras víctimas, á la mayor 
parte de los hombres que se ocuparon en des- 
cargar el Navio antes dicho, el cual no había 
en verdad introducido materialmente la fiebre 
amarilla, (porque las emanaciones producidas por 
las carnes y por los pencados corrompidos no 
hubieran desenvuelto esta enfermedad en un pais 
frió ó templado) pero si fué la principal causa 
que determmó su exp'ocion, 

Si en Veracruz, finalmente, la enfermedad 
se acaba cuando son exesivo-, y prolongados lo» 
calores, no quiere decir qü< p dud sea me» 

'4' 



18 • ir i 

ñor: porque la grande concha est siempre »m.a 

v todos saben que la evaporación * tanto ma- 
yor cuanto es mas intenso el calor; y que cuan- 
to es mas considerable la evaporado.), tanto mas 
abundante es el roció de la noche; Mas la en- 
fermedad se acaba bajo la influencia de un ca- 
lor exesivo, porque la acción de un calórico in- 
tenso evaporando, en pocos dias, todos los char- 
cos de agua no renovada, y quitando casi instantá- 
neamente tanto á las substancias fermentcsiblcs 
como á los cuerpos organizados privados de vi- 
da la humedad que ellos contienen no tie- 
ne lugar la fermentación pútrida; y ademas es- 
ta misma agua, que vuelve á caer en forma de 
roció, durante la noche, no estando cargada de 
substancias deletéreas, no tiene otro resultado que 
humedecer la atmósfera, refrescar el aire y ha- 
cer á este fluido mas propio para egercer su 
acción bienhechora y concervatriz sobre los cuer- 
pos organizados. 

Si la enfermedad se acaba cuando son abun- 
dantes y frecuentes las lluvias, no es porque 
el calor sea meaos fuerte: todos saben que du- 
rante los dias de intermitencia, q ie tiene lugar 
en los países calientes en la estación de lluvia?, 
el calor es vivo y sofocante. Mas, la enfermedad 
cesa porque las masas de agua estancada é¡on 
muy couciderables para que fuesen corrompidas 
en pocos dias, y ademas que siendo dichas ma- 
sas renovadas, con frecuencia, no llegan al gra- 
do de fermentación necesaria ád desprendimien- 
to de miasmas; La enfermedad cesa, porque las 
lluvias abundantes y renovadas contribuyen po- 
derosamente á sostener en la ciudad y sus con- 
tornos una limpieza aaluJubie, y hacen nula la 



19 

acción de una multi'ud de causas qve ri unidas 
tienden á llebar ia áííeracidn del aire á un gra- 
do tal que pocas personas pueden escapar de 
bu acción desorganizadora. 

Si en todas las epidemias, se há notado en 
Veracruz, que siempre y con proporción á la po- 
blación, hay mas enfermos, y que las enferme- 
dades tomín un carácter mas grave, en la parte 
de la ciudad que está situada al oriente de la pla- 
za del Palacio; no és porque en esta parte de 
la ciudad sea el sol mas ardiente, y la humedad 
mas considerable; porque el viento de este so- 
pla casi constantemente durante la estación de 
los calores, de manera que esta parte de la 
ciudad recibe directamente la acción bienhe- 
chora de una brisa, sin la cual seria imposible vi- 
vir en Veracruz en el estio: no es repito, por- 
que el calor es mas grande y la humedad ma* 
considerable, sino porque, en primer lugar, el hos- 
pital, las casernas, las galeras, el matadero, la pez- 
queria y el cementerio, en fin, (este ultimo asi- 
lo de los muertos, que pude ser considerado aqui, 
como el principal foco de donde parten las ema- 
naciones mortiferas que arruinan á los vivientes,) 
están colocados al viento de Veracruz en la direc- 
ción del este, ó en el cuartel mismo; en segun- 
do lugar, porque la parte de la playa al este del 
muelle es una cloaca infecta, un depósito inau- 
dito de inmundicias, que parecen colocadas alli, 
de propósito, para derramar ó esparcir sobre aque- 
lla ciudad sus exalaciones mal hechoras, aguar- 
dando que los vientos de Norte vayan á lim- 
piar aquella playa que la imprudencia vendrá de 
nuevo á transformar cuanto antes en un gran fo- 
co de emanaciones pútridas; como si el homt ve 

prevaleciese, á costa de luchar contra los |ílís— 

8 * 



20 
mos elementos, á fin da :■ cumular a su rede- 
dor todos los medios dr destrucción; En tercer 
lugar', porque ep esta parte de la ciudad están mas 
mal limpiadas l 4 s calles, mns reunida la pobla- 
ción y en muchas casas acumulada de un modo de 
no tener en ellas la cantidad de aire necesaria al 
libre ejercicio de las funciones delcuerpo vivo. 

Finalmente el desenvolvimiento de la fiebre 
amarilla en Veracruz, no es el resultado del ca- 
lor puramente húmedo, sino mos bien de diversos 
focos de emanaciones pútridas, que allí ee en- 
cuentran, del defecto de limpieza, de la falta 
de agua corriente en las calles, de los obstácu- 
los que el arte, ha querido poner á una comple- 
ta ventilación, á la presencia de los montes de 
arena que cercan la ciudad del lado sur, los que 
por una parte son un obstáculo para que la bri- 
sa, de cabo á cabo, pudiera Ilebar á lo lejos las 
emanaciones que so desprenden de la ciudad; y 
por otra, reflectan la acción solar y concentran 
el calórico, sobre Y'eracruz, á la manera de un 
espejo ustorio; como también, contribuyen á la 
formación de un gran núumero de charcos de 
agua, estancada por el obstáculo que aquellos 
ponen á su corriente; cuyos charcos, calentadoe 
y corrompidos por la acción solar, dan origen 
á uní clase de emanaciones dañosas, que son lie- 
badas sobre la ciudad, por la brisa de tierra 
que reina regularmente todas las noches. 

Repetiré, pues, hoy, loque escribiyaen 1821. 
Asaber, que, ,,lo3 efluvios que se desprenden del 
hombre vivo, y de sus deyecciones ventrales, y 
los que se desprenden de las substancias anima- 
les en putrefacción, solas, de consono, ó convi. 
nadas con los efluvios y gazes de los pantanos son 
la causa material de la fiebre amarilla." 



21 



CAFXTU&O XX. 



Reüecsiones que prueban que la fiebre amarilla no es 

una gastritis aguda: que cuando ecsiste la flogosis del 

estomago, no es mas que una complicación. 



D 



esde que el célebre Doctor Broussais, cu- 
ya doctrina fisiológica, considerada de un modo 
general, ha hecho grandes servicios á la huma- 
nidad, y á la ciencia medica, ha dicho que la 
fiebre amarilla (que jamas ha visto) era una gas- 
tritis ó una gaslro-enteritris aguda; que era una 
enfermedad análoga á las afecciones biliosas or- 
dinarias, de las que no se diferenciaba sino por 
el grado de intensidad, algunos médicos que no 
han estado jamas al alcance de observar esta 
enfermedad, ó que no la han visto sino al pa- 
so, proclaman á porfía el carácter flogistico de 
la fiebre amarilla; y quieren que se vea con 
ellos en esta enfermedad, todos los síntomas de 
una inflamación aguda de la mucosa digestiva, 
y que se reconosca también sobre los cadáve- 
res de aquellos que sucumben, señales mani- 
fiestas de una vehemente inflamación. 

Yo mismo, antes de mi llegada á América, 
admirador del Sr. Broussais cuya historia sobre 



22 
las flegmasía! crónicas, yo había meditado; y 
leído el primer ccsaracn médico do li>l(>, cre ! a 
de buena fé, que la fietfre amarilla y la w- 
i no se diferenciaban entre al Bino en el 
grado. Estaba vo tan penetrado de esta creen* 

Míe había 'persistido en ver, en el primor 

'de fiebre amarilla que tube ocasión de ob- 
servar, en Nueva-Orleans en 1817, una sinoca 
biliosa, hasta que la calma del segundo periodo, y 
•obre todo, los accidentes que la siguieron, vinie- 
ron á desconcertar mis cálculos, y á precisar- 
me á convenir que la enfermedad que estaba 
á mi vista, nada tenia de análogo con las en- 
fermedades que, hasta entonces, habia tenido oca- 
sión de observar. Desde ese momento entró la 
duda en mi alma, y con ella la mas grande des- 
confianza de mi mismo, y lo diré francamente 
de los autores que habia leido, particularmente 
de la sabia obra del ilustre Tomasini. 

Reflecsionando en seguida sobre los casos 
que tube ocasión de observar: comparando sus 
diversas opiniones, y uniendo los hechos refe- 
ridos por los autores, acabé deduciendo con- 
clusiones diferentes, que esplicasen en mi opi- 
nión descripciones aparentemente contradictorias, 
y juicios, en apariencia, muy discordantes en- 
tre sí. 

Me persuadí, como lo publiqué en 1821 
y lo repito hoy "que la fiebre amarilla era una 
enfermedad del sistema nervioso, y secundaria- 
mente de la circulación, la cual era en verdad 
profundamente alterada, mas no de la manera 
que suponen los que consideran esta enferme- 
dad como una afrecion inflamatoria. La altera- 
ción profunda que se nota en la circulación, n¿e 



23 
parece qoe es el resultado del defecto de ocsi- 
genacion de la sangre, y de la imperfecta&mez- 
cla de los materiales que componen este flui- 
do animal, lo que lo hacen impropio á soste- 
ner la vida frc. 

Mas, yo estaba, aun entonce-?, dominado de 
tal manera por la prevención que resultaba de 
mi entusiamo por los principios de Broussaia 
que, forzado á convenir, por el ecsamen de los 
hechos, que U inflamación del estomago no era 
primitiva en la fiebre amarilla, (pues que en la 
mayor parte de los casos, después de la reac- 
ción en los primeros momentos de la invacion, 
veía á los enfermos sin agitación febril; sin ca- 
lor en la piel; con la lengua espaciosa, blanca, 
húmeda, y sin alteración: con bastantes fuerzas 
para andar, y bastante libertad de juicio para 
hablar de negocios, morir en el momento que 
menos lo aguardaba) la suponía ligada á la en« 
ferme'dad de una manera secundaria, y daba 
al segundo periodo el nombre de flegmazico, que 
hoy repruevo. 

Si yo no hubiera estado dominado por una 
estrema prevención, habría visto entonces, co- 
mo he visto después en un gran número de in- 
dividuos, que cuando en los casos presitados, 
aparecía la lengua animada durante la calma, 
engañadora del segundo periodo, no adquiría 
aquella ni el color rojo, ni la forma que per- 
tenecen á las sobre-ecsitaciones gástricas de na- 
turaleza inflamatoria; tuno q'ie ella erj, ancha, 
entumecida y de color de violeta: que este co- 
1 >•• y esta tumefieciou, eran las rnisaias, y se 
de< nvolvian al mismo tiempo que las de las en- 
cia¿: que co»no estas úítiinas, la lengua terminaba 



2 1 
por resudar, en toda su superfino, una sangre fini- 
da, fffgra y corrompida. Habría JO visto, que 
al tiempo de observarse estos fenómeno?, se cu- 
bria la piel de equimosis, y terminaba algunas 
veces por trasudar también sangre; que al mis- 
mo tiempo tenían lugar los vómitos negros, y 
que en general las materias vomitadas eran de 
sangre negra mas ó menos alterada; que duran- 
te ésta pretendida inflamación, el pulzo no da- 
ba mas que cincuenta, cuarenta, y aun treinta 
pulsaciones por minuto; que la respiración era 
trabajosa, y el aire espirado bastante frió, al 
grado de hacer sentir á la mano, colocada á al- 
gunas pulgadas de la boca, la impresión del ye- 
lo; que la piel estaba helada y se tenia de mo- 
mento en momento de un color violeta mas es- 
presado; que después de ocho, diez, doce ó vein- 
te y cuatro horas y aun mas, de este estado, 
el enfermo concluía muriendose, ya con sopor; 
ya de una manera brusca y con una violenta 
convulsión; y que en fin, á pesar de este apa- 
rato mortal, á pesar de esta reunión desespera- 
da de síntomas, que, si pertenecieran á una in- 
flamación, y sobre todo á una inflamación agu- 
da, serian evidentemente los caracteres de un 
estado casi general de gangrena: á pesar repi- 
to de ese aparato de muerte, se ve con bastan- 
te frecuencia al enfermo vuelto á la vida, y res- 
tablecido el orden en pocos días, con tal que 
el médico sea entonces bastante prudente pa- 
ra no contrariar, por una terapéutica inconsi- 
derada, los esfuerzos conservadores por los que 
la naturaleza sabe volver la vida á una vícti- 
ma que parecia ofrecida a la muerte. 

Sin aquella estrema prevención hubiera qui- 



25 

%i\ póstemelo desde entonces, asi como lo ha- 
go hoy, que no solamente no es necesaria la in- 
flamación del estomago para caracterizar la fie- 
bre amarilla; sino que, en los casos numerosos 
de que acabo de hablar, los vesligios de pre- 
tendida inflamación que se encuentran en el es- 
tomago de lo-< individuos que han muerto de la 
fiebre predicha, eon ilusorios, asi como no son 
signo* de flogosis los equimosés de la piel, el 
color violado, y la tumefacción de la lengua, de 
las eosias &c y que aquella estravasacion y 
aquella estasis de sangre negra que se encuen- 
tra en todos lo» puntos del sistema capilar 
general y el de los pulmones, debe mas bien 
liacer aprocsimar la fiebre amarilla á ciertas 
afligías, que á la flogosis de las mucosas di- 
gestivas. 

Apenas acababa yo de publicar mi memo- 
ria de J821 cuando tube ocasión de observar 
detalladamente, durante la epidemia de 822 (en 
Kueva-Orlfans) un i úmero muy grande de en- 
fermos atacados de la fiebre amarilla. Estas ob- 
servaciones causaron modificaciones importantes 
é mis reílecsiones de 1821, y el reconocimien- 
to de un error capital en la terapéutica que 
habia yo propuesto. 

El ecsamen de una grande serie de he- 
chos, la meditación de los síntomas, y de los 
efectos aprecíenles de diversos medios curati- 
vo*, me persuadieron que la inflamación del es- 
tomago no era la fiebre amarilla, y que eeta in- 
flamación (que cuando ecsistia fimultanenmenle 
«>ja indicada por síntoma? que desnaturalizaban 
liarla un cierto punto la marcha de la enfer- 
medad) que gbta inflamación, repito, era una 

5 



26 l M 

complicación agravante, y no la eníertn«a*> 

mutua. 

Me convencí enfin de que la fiebre ama- 
rilla era una enfermedad miasmática; que * oñ 
miasmas ó gázea deletéreos que la producen, 
llevan su acción primitiva sobre el sistema ner- 
vioso, por conducto de todas I ai superficies, y 
sobre todo por medio de la rc-piracion; que el 
resulta lo de esta acción era desde luego la so- 
bre-ecsitacion, y en seguida el entorpecimiento 
y aun la parálisis mas ó menos completa de los 
nervios del octavo par; la sobre irritación, fre- 
cuentemente inflamatoria de los grandes focos 
de la potencia nerviosa principalmente de la 
medula espinal y de sus tegumentos; una ne- 
brosis de los órganos digestivos; la lesión de las 
funeionesde diversos órganos en los que se distri- 
buye el pueumo gástrico, es decir, del corazón, del 
estomago, y sobre todo del pulmón; y enfin 
de la disminución de la hematosÍ9, el defecto 
de ocsigenacion de la sangre, y por consecuen- 
cia las alteraciones y los accidentes que resul- 
tan del defecto de sanguificaeion. 

Asi que, como he dicho en 1821 "la cau- 
sa de la ti íbre amarilla me parece producir un 
envenena nieuto y que lleva primitivamente su 
acción sobre el sistema nervioso." 

L i exaltación de este sistema, considerada 
de un modo general, es la causa del eretismo 
que 6e hace notar en el principio de la enfer- 
medad: de e-ta ecsaltacion y de la irritación 
del órgítio pulmonar, resulta la reacción febril, 
que <iene lugar en los primeros días, ó eu los 
primeros instantes de la enfermedad. 

La ¿trifacial! del pulmón es causa de la sen- 



27 
fnrion quemante y ¿olorosa que los enfermos 
resienten en toda ia capacidad pectoral. 

La cesa-ion de este síntoma; el descaici-i 
miento del movimiento circuí ¿tono; la -depresión 
progresiva y frecuentemente muy ráp da-, del pul- 
so; la disminución progresiva d< i calor animal, 
son causados por la acción deletérea de los 
miasmas que han dado origen á la enfermedad* 
y coya acción secundariamente sedativa, de-vi- 
lita la acción y aun parausa el órgano pulmo- 
nar; incompleta la respiración, con respecto á las 
funciones quí nicáis, y priva por consiguiente á la 
sangro negra de una parte del ocsigeno que le es 
necesaria para obrar la conversión en sangre ro* 
mi; de <lon-le resulta que esta no adquiere, en 
su trá sito por el pulmón, las cualidades in- 
dispensables al sostenimiento del libre ejercicio 
de los órganos, y á su nutrición; y que ella no 
lleve al organismo sino un débil calor, una in- 
suficiente vitalidad, ha*ta que privada absolu- 
tamente de la presencia del ocsigeno, y circu- 
lando negra por los dos órdenes de vazos, ata- 
ca de debilidad y de muerte á aquellos órga- 
nos de que estaba encargada para sostener la 
fuerza y la vida; ó bien, que sea por los es- 
fuerzos de la naturaleza, sea por los de una te- 
rapéutica conveniente, las funciones del pulmón, 
se restablezcan en toda su integridad. 

De la irritación del cerebro, y .de la es- 
pina, resultan los dolores de cabeza, el gesto, 
semblante, el sentimiento de temor que domina 
al enfermo, la raquialgia, la fueiza particular 
que se nota en la acción de lo* músculos vo- 
luntarios, la cual se sostiene ordinariamente hasta 
©1 Ultimo momento de la vida, y hace contraste 



2ÍJ 
con la situación del enfermo, qne está entonces 
helado, y algunas veces sin movimiento al¿uuo 
aparente en la circulación. 

La irritación de la empina 6 de !>us mem- 
branas se eleva al estado inflamatorio, y enton- 
ces se encuentran las membranas dilcndidag 
por una colección de agua que se manifiesta 
especialmente en la parte mas declive, y algu- 
nas veces en »a región del cuello. 

El aumento de la irritación de la espina 
coincide con el abatimiento de los nervios del 
octavo par; de suerte que la lesión de las furi- 
ciones de los órganos en que se distribuye el 
pneumo-gastrico, es tanto mas grande, cuanto 
es mas elevada la irritación cerebral y sobre 
todo la raquidiana. De esta doble circunstancia 
resulta que todo método curativo que no com- 
prenda los medios propios á desviar y hacer 
cesar la irritación de los grandes focos de la 
potencia nerviosa, no tendrá buen suceso, á no 
ser que la naturaleza lo obtenga por sus eg- 
fuerzos conservadores. 

La irritación de las mucosas digestivas es 
la causa de los diferentes dolores que se ha- 
cen notar, ordinariamente desde el principio de 
la enfermedad, en la región gástrica y hacia el 
ombligo; esta irritación contribuye á "los calam- 
bres al estado de anciedad y de agitación que 
experimentan los enfermos, 

Eita irritación es puramente nerviosa; ella 
es, no una infl unaciou, sino una nebrosis: el!a 
es probablemente análoga á la irritación primi- 
tiva que ronslilflye la colera morlrn*; con esta 
diferencia que en este mal, cuando la enfer- 
medad no mata bruscamente, y la, irritación se 



29 
prolonga varios días, toma ordinariamente el en* 
rae te r inflamatorio: mas no puede suceder asi 
en la fiebre amarilla, por que desde el segundo 
periodo de esta enfermedad, se trastorna ue tal 
modo la respiración en sus fenómenos químicos 
y se altera de tal manera la sangre, que se ma- 
nifiesta una serie de fenómenos que prueban el 
contacto de sangre negra en todos los órganos: 
ele suerte que, me parece absolutamente impo- 
sible que, desde este momento, la irritación de 
los órganos digestivos pueda aumentarse y revés» 
tirse del carácter de una verdadera inflamación; 
asi que, todo lo que se observa en los últimos 
períodos de la enfermedad, relativamente a es- 
tos órganos, es solo I03 fenómenos espasmodi-* 
eos y hemorragias de sangre negra. 

Si se me dice con el Sr. Broussais que las 
C09as no pasan dei modo referido: que los mias- 
mas que producen la fiebre amarilla no eger- 
ceu su acción primitiva sobre el sistema ner- 
vioso; (pie la impresión primitiva de les miasmas 
tiene l'igar sobre la mucosa gástrica, y que esta 
impresión es una inflamación; y eüfin, que los 
síntoma d declaran la inflamación del estómago, 
cuya ecsistencia se encuentra probada después, 
por I is alteraciones de la mucosa de este ór— 
guio que sien.- ¡e encuentra roja, violeta ó 

morena en l<» /-; muertos de la fiebte 

amaiiila; oie p hacer algunas refleccio» 

m-s de la9 que . ivor parte serán tomadas 

del mismo Sr. sais, y dué... 

Las causas ictoras de la fiebre ama- 

ril! , egercen. ó mas bien, no pueden egercer, 
tu acción pr ■ ; ste -ino sobre el sistema ner- 
vino; porque (como dice el Sr. BioussaÍ9, pág. 



30 
44tf de su ecsáiffen ¿uv de I ni 6.) ,»Nadie sa ~ 
,.bra negar que e) aparato nervioso, conducto* 

,.(!«• toda sensibilidad, y promolor tío lodo n o- 

ieHto no sea el primor depositario de la 
^irritación, y que conservándola en sus estret 
„midades que son entrelazadas y coiífundidas 
„coii Jos diferentes capilares, no pueda hacerla 
,.pi ■' idomioai cu diferentes erados, unas veces 
„en unos, otras en otros, y determinar con mas 
„ó monos prontitud y con mas ó menos encr- 
,.gia todos los modos posibles de irritación en 
,,l;i economía." 

„EI aire que lleva á los pulmones un ali- 
„mento tan necesario á la vida: (dice el mis- 
mo autor pág. 123 y 424 de la misma obra) 
„¿está cargado de corpúsculos estrenos y dá- 
dnosos? puede resultar de ellos la irritación de 
„las vías de la respiración, electo inmediato: la 
irritación de los tegidos que están mas rela- 
cionados con I* superficie sensible del pulmón, 
,.á saber, las» vías gástricas; efecto simpático. De 
„ona y otra se derriban una multitud de lesio- 
que se vuelven prontamente generales en 

i la economía, tales son los Tifos, á las que 
M es preciso reunir la peste y la fiebre am rilla: 
,.rv> r medacks en que ¡a lesión nerviosa está sdu, ó 
¿reunida a uní flegmasía que predomina en las 
^principales visceras." 

.,Sieudo recibí. la la impresión irritante en 
„el sistema nervioso, (dice aún el autor p?g. 
„H(> del mismo eesám^u) be aquí la suerte que 
,,. sperimenta. O queda en el espresado sistema 
^produciendo en él mismo los fenómenos mor* 
„bificos, y resultan entonces las nevrosis: ó eger- 
,.< e bu acción -.obre el sistema capilar sanguir 
.,ueo y determina las fle¿mácicts." 



31 

Ya vemos que según la opinión del mismo 
8r. Broussais, ninguna impresión puede llagar á 
los órganos sino por el conducto del sistema ner- 
vioso: que cuntido el aire está alterado, los cor- 
púsculos deletéreos, egercen su acción directa 
sobre el pulmón, y la indirecta ó simpática so- 
bre las vías digestivas: que los Tifos enfin, á 
los que reúne la fiebre amarilla, son enferme- 
dades en las que la lesión nerviosa está sola ó 
reunida á una ílegmásia. 

Lupgo, si ninguna impresión puede llegar 
á- los órganos sino por medio del sistema ner- 
vioso, es imposible que la causa de la fiebre 
amarilla llebe su impresión primitiva sobre la 
mucosa digestiva, y menos, que esta impresión 
sea de-de el principio una inflamación. Luego 
no es ridiculo sostener que la inflamación del 
estómago no es una "ondicion sine qaa non déla 
resistencia de la fiebfe amarilla, y que e--ía no es 
Una gastritis aseada de li mis grande intensi- 
cíad, dupuásto que dicha fiebre," segurreonfiesa el 
Sr. Broussais, es producida por causas cuya im- 
presión se dirige á irritar directamente el pul- 
món y solo por simpatía las primeras vias, ec« 
sistiendo ademas, sola, algunas vece», la lesión 
nerviosa. 

Mis, suponiendo cierto que se encontrase 
siempre la inflamación del estómago en la fie- 
bre amarilla, no por eso debe inferirse, se -un 
1>í citas que acabo de hacer, que esta inflt- 
iüjcíou sea primitiva, sino secundaria; y sola- 
mente por la razón de que una ir.itacion ner- 
viosa no puede durar mucho tiempo en un órgano 
sin convertirse en irritación inflamatoria. 

Si- loa módicos qua qiierea absolutamente 



que la fiebre amarilla *c¿ una inflíimnríí^n pri* 
miliva del estómago, una gastritis aguda, 
tan convencidos aún de que la afección i I 

precede aquí á la afección inflamatoria 
to que esta ecsista algunas veces en di 
fermedad, yo les preguntaré ¿por qué i 
cien de los venenos narcóticos, y de 'les acre*, 
produce la nevrosis antes que prodoac 
fl¡i. nación, como se rueden afirmar ley la 

pá^. 53.3 del eesámen de 1821 en don r. 

Broussais hablando de estos venenos i ■>• 

dos estos modificadores, obran prodm i 

nevrosis, y mas tarde concluyen p< r 

la inflamación." Porque, repito, uu 
mático que no puede liegar dir ec • 

la mucosa gástrica, sino que <J .lija- 

mente obrar por el inlertnedi ua ner- 

vioso, producirá mas bien i i .■■ ion pri- 

mitiva, que los vene; os dej obi caque» 

Ha membrana? 

Les preguntaré^ poi admitiendo la 

inflamación de las via6 < como prese n,« 

tes siempre en el enveía i o miasmático, 

conocido con el nombre d bre amarilla, io 

estaró ; utoriz;»do á creer que ei estas circunstan- 
cias, se notan loa mismos f'« iinei os que lie-» 
nen Ingar en el envenena m <>. de ordinario 
miasmitico, al cual ne le dá nombre de ( ;. 
km? Pufs que, el Sr. Brou^a Ipiblacdo de es* 
ta íi'tima enfermedad (pá4 1 .. del n. -m<> ec- 
Bámen de 1821 ) Dice: ,,En I. í! • cal -ity ob- 
servada por el Sr. Deville en 1 «i ¡ 5i, os r:>- 
,.f.-rtnos morían en algunas hor¡ s, uin (i I. • y 
.,co:iv iliciones no solo ile la > liorrill , 
.>tambieu uaiveí bales; pero euUe up&qtfps, que 



33 

„tenemoá una sencibiüdad menos eqsaltada, no se 
„sucumbe siempre al segundo ó al tercero día, y 
,,entonces la irritación gástrica que no era sino 
„nerviosa, se convierte en flegmasía. : ' 

Mas yo estoy lejos de creer hoy, como ha- 
bía sentado en 1821, que ordinariamente la ir- 
ritación del estómago tomaba el carácter infla- 
matorio, durante la calma engañadora del segun- 
do periodo. La naturaleza de las alteraciones 
que la sangre adquiere entonces, es la causa 
de que este fluido no pudiendo llebar á los ór- 
ganos mas que la debilidad y la muerte, no 
sabría favorecer la conversión de la irritación 
nerviosa de las vias gástricas en irritación in- 
flamatoria; y en efecto la serie de fenómenos que 
se succedeo durante los segundos y terceros pe- 
riodos de la fiebre amarilla, prueban que la úni- 
ca influencia que puede egercer entonces la ir- 
ritación, es la de favorecer la acumulación de 
sanare negra, y las hemorragias de esta misma 
sangre, en diversos puntos y aun en toda la 
superficie de la mucosa gástrica. 

• Pero, embano habría yo opuesto á mas de 
un médico, la opinión del mismo Sr. Broussais, 
para probar que la fiebre amarilla uo es una 
gastritis: ellos no dejarían de responderme que 
las citas que he tomado del Sr. Broussais son 
tomadas de una obra publicada en 1816, y que 
el mismo autor ha dicho, en la proposición 
CCXC1 de una obra publicada en 821, que las 
fiebres amarillas son una gastritis de la mas 
gruntle intencidad. 

Yo podría decir que no habiendo tenido 
jamas el Sr. Broussais la ocasión de ver la fie- 
bre amarilla, la opinión que forma sobre esta en- 

6 



34 

fermedad es el re- de la lectura do obrns 

que lo han eng . Yo podría decir, y esta 

es mi firme creencia, que *i el Sr. Broussais 
pudiese alguna vez observar la fiebre amarilla* 
i aria á modificar sq opinión, y á pro- 
el uñar á grito abierto la verdad, pues él hada- 
do pruebas do que no conoce otra considera- 
ción que aquellas que resultan de su amor á 
la siencia y de su rendimiento á la causa sa- 
grada de la humanidad. 

Mas en el eesámen de las doctrinas médi- 
cas de 1821, en dunde este ilustre gcíe de la 
medicina fisiológica considera la fiebre amari- 
lia como una gastritis aguda, indica también los 
síntomas que caracterizan la inflamación de la 
mucosa digestiva. Veamos si los caracteres de 
la gastritis son en electo los mismos que los no- 
tados en la carrera de la fiebre amarilla. 

„Los signos de la flogosis de la mucosa di- 
gestiva, (dice el Sr. Brou^sais pág. 405 de la 
„obra precitada) son la enorejia, la sed, el co- 
„lor rojo de la punta y del contorno de la len- 
„gua, la cefalalgia, los dolores contusivos, y la 
„inaptitud al ejercicio del aparato de los nicU- 
„culos de la locomoción." 

„La postración, el disgusto, la sed, el calor, 
„el color rojo de la lengua y de los ojos, la 
„feti lez del aliento son los indicios de una in- 
famación de la membrana mucosa de las vías 
„digestivas, dice el mismo en la pág. 55 de la 
„misma obra.' 

„Toda irritación bastante intensa para pro- 
aducir la fiebre, es un grado de la inflamación. 
?,dice el mismo en la proposición CXIÍ. 

jjFinahaenie en la proposición LXXV. de 



35 
J,Ya misma obra dice, el esceso de la irriíabili- 
,', !ad del estómago, no se manifiesta siempre por 
„el dolor, ni por el vómito, sino mas hi? n por 
„!i violencia de la fiebre, por el delirio, por 
„el estupor, por los movimientos convulsivos. 5 * 

Es muy evidente que sí la fiebre amarilla 
fiera una gastritis aguda, estaría caracterizada, 
sino por el vómito y los dolores, á lo menos y 
siempre por la violencia de la fiebre, á la cual 
seguirían el delirio, el estupor, la postración 
muscular, los movimientos convulsivos: y en los 
casos mas ligeros, por el color rojo de la pun- 
ta y contorno de la lengua, la inaptitud al ejerci- 
cio del aparato délos músculos locomotores &c. 

Luego estoy autorizado, me parece, á ne- 
gar la inflamación constante del estómago, y á 
no considerarla (cuando ella ecsista) como ne- 
cesaria y como característica de la enfermedad, 
supuesto que en una multitud de caeos de fie- 
bre amarilla, no se encuentra ni fiebre, ni de- 
lirio, ni estupor, ni postración muscular, ni el 
color rojo de la lengua. 

No ignoro que mucho*? autores manifiestan 
los músculos como atacados de la mas profun- 
da adinamia, y yo creo que en este caso la pos- 
tración musculares el resultado de una masti- 
tis, ó de una gastroenteritis pero qie vAn es 
el resultado de causas estrañas á aquellas que 
han originado la fiebre amarilla, de las que se 
ha hecho complicación agravante. Me p tvc>* fá- 
cil concevir que uri individuo es[>u°sto á la vez 
á la acción de causas numerosas de sóbrete- 
sitacion gástrica y de miasmas productores de 
la fiebre amarilla, podrá es'ár al mismo tiempo 
impresionado por Ls primeras, y envenenado por 



36 

las segundas, y entonces es posible ?ér desen- 
vueltos á un tiempo, con los fenómenos del en- 
venenamiento miasmático, los síntomas de la in- 
flamación del estómago, que 6e encontrará en 
este caso aumentada por la irritación nerviosa 
que, desde el primer instante de la íiebre ama- 
rilla , se desenvuelve sobre los órganos digesti- 
vos. 

Si después de haber repetido aquí, loque 
el Sr, B.aussais añade á las págs. 15 y lü de 
Ja tercera edición de so historia de las flegma- 
sías ( ño de 1322), después de haber enume- 
rado las causas numerosas de la iiflarnaciou 
del estómago, á saber; „Qne los temperamentos 
„vigorosos pueden burlarse mucho tiempo de sus 
„fuerz js digestivas; que el vigor es uno de los me- 
„dios de escaparse de esta inflamación; que esta 
„perdona á los sanguíneos cuyo cuerpo es ancho y 
„bien desarrroyado á pesar de la actividad de 
„su circulación y la vivacidad de sus pasiones; 
„que hace gracia también á los hombres gor- 
dos, atléticos en los que los movimientos son 
,„lentos y fuertes, sobre todo si aquellos son blan- 
cos &c-": y que yo hubiera hecho notar que 
estas condiciones, esta clase de individuos que 
según el Sr. Broussais, son los mas propios pa- 
ra re.-istir á la gastritis; y son casi siempre li- 
bres de esta inflamación, sean cuales fueren Ia$ 
causas á las que se es pongan, que esta cla.se de 
individuos repito es precisamente aquella que do 
preferencia ataca la íiebre amarilla, es contra la 
cual se seva con mas vigor; si (J'espues de ha- 
ber dicho esto, vuelvo á repetir, quedan rn el 
espíritu de algunos de mis compañeros dudas re- 
lativas á esta interesante cuestión, les diié que 



37 
rayan, coma yo lo he hecho, á observar de nue- 
bo esta enfermedad á la cabecera del enfermo 
en uno de sus principales focos; y corno yo es- 
toy persuadido que serán de buena fe, esloy per- 
suadido también que ellos confesarán que, co- 
mo yo, estuvieron en herror; que como yo fueron 
arrastrados por la autoridad de nuestros amados 
en la ciencia; que como yo finalmente, después 
de haber creído como los Sres. Tomasini, Brous- 
sais y otros q.ie la fiebre amarilla era una en- 
fermedad análoga á las fiebres biliosas, se con- 
vencieron de que las causas de esta temible en- 
fermedad egercen su acción primitiva sobre el 
apáralo uervioso; que de esta acción resulta un 
trastorno particular en las funciones de losprin. 
cipales órganos, sobre todo en el pulmón: que 
las huellas de pretendidas inflamaciones, las he- 
morragia*, el vómito negro, los diferentes gra- 
dos de color de la piel y de las membranas son 
el resultado de una hemato^is incompleta, y de 
que la sangre no puliendo ya adquirir en su 
tránsito por° el pulmón, las cualidades que le son 
necesarias para sostener la vida, y circulando 
negra por los dos órdenes de vasos, se estanca 
sobre todos los puntos del sistema capilar, y no 
lleva á los órganos otra cosa que la debilidad 
y la muerte. 

Antes de mi via¿e á Veracruz, antes de ha- 
ber hecho las observaciones que motivan estas 
redacciones, a ates de haber yo mismo pregunta- 
do á los cadáveres de aqielas que han sucum- 
bido á esta o.ribl? enfermedad, esta teoría (que 
rne parecía tan sínpb que me a hniraba y me 
admiro aún, que después de tan o tiempo no ha- 
ya eido adoptada,) era el resudado dü npioc- 



38 

simnciones hechas por el razonnmicnlo, y do la 
comparación do los hechos observados }«'i" "W 
nsí como <Je inspecciones cadavéricas hechas ¡ oc 
olios. Se me podía, pues, oponer que yo no ha- 
bía visto las alteraciones orgánicas que aspi- 
raba debían ecsi^tir; y esta < bjecion que me 
hacía yo miento, hacia nacer en mi espíritu una 
dula de donde resultaba necesariamente una 
terapéutica tímida ó incierta. Para disipar esta 
duda; para convencerme por mis propio- <'jo^; 
para aclarar si era posible, las cuestiones di- 
fíciles que se presentaban aun por rr solver,' hi- 
ce callar la necesidad que se experimenta en mi 
edad, de pasar una vida dulce y pacífica; el 
interez de mi familia; solicité ¡a protección del 
Gobierno para poder dedicarme en Veracruz á 
investigaciones penosas y peligrosas en verdad, 
pero propias á ilustrar mi conciencia, coi ven- 
cer mi razón, y propia ei fin á darme mate- 
riales que me pusiesen en el caso, sino de ser 
útil á la ciencia, á lo menos en el de provarmi 
amor á la profesión que egeiso, y mi ardiente 
deseo de ser útil á la humanidad. 

Los hechos han correspondido á mis espe- 
ranzas. Los síntomas observador; los sucesos que 
be obtenido con el uso de ciertos remedios he- 
roicos; las alteraciones orgánicas que he encon- 
trado, en los cadáveres de treinta y nueve in- 
dividuos que han muerto, ya en mi departa* 
mente», ya en las salas del 'Doctor Fetrer, me 
han dado por resultado, el convencimiento ín- 
timo y la prueba material de que la 6ebre ama- 
rilla no es una inflamación del estomago, bino 
una enfermedad q:ie siendo paramente nervio- 
sa en sa principio, se complica luego con to- 



39 
dos los fenómenos y accidentes que resultan del 
contacto, sobre los órganos, de una sangre no 
oxigenada y alterada, quiza también, por Ja ac- 
ción de gííces venenosos. La irritación general 
del sistema nervioso, la concentración de esta 
irritación sobre los principales focos de la poten- 
cia nerviosa, la cual se eleva en ciertos casos hasta 
el grado de inflamación en el cerebro y las me- 
ninges, mas siempre en la espina; la irritación 
direcU del pulmón por la acción de miasmas 
que obran sobre este órgano por medio de los 
nervios del octavo par: la irritación simpática 
de las vias gástricas, y finalmente el abatimien- 
to ó la paraláis mas ó menos completa de los 
nervios del octavo par; la diminución de la he- 
matosis y por consiguiente todos los fenómenos, 
todos los accidentes de la asfixia, he a quí, en 
mi opinión, la enfermedad generalmente conoci- 
da hoy con el nombre de fiebre amarilla. 



40 



CAPITULO Z2X. 



Historias particulares de Fiebre amarilla, observadas 
en Veracruz. 



f\ fin de llevar hasla la evidencia la de- 
mostración de las proposiciones que acabo de 
desenvolver, añadiré un cierto número de obser- 
vaciones, ó historias particulares escogidas en- 
tre los casos numerosos de fiebre amarilla que 
tube ocasión de observar este año en Veracruz; 
ademas, hs inspecciones anatómicas que allí prac- 
tiqué, 

Dividiré estas observaciones en tres clases: 

La primera estará compuesta de individuos 
asistidos por el médico titular del hospital de 
Veracruz, y cujas inspecciones anatómicas han 
sido hechas por mí. 

La segunda se compondrá de individuos que 
yo mismo asistí, é inspeccioné anatómicamente. 

La tercera en fin, se compondrá de indivi- 
duos que asistidos por mí, se han curado des- 
pués de haber presentado diversos síntomas de 
la mas grande gravedad. 



41 
OBSERVACIONES, 



primera, clase. Enfermos asistidos por el Sr. Fer- 
rar, y de quienes he hecho inspección anatómica. 



PRIMERA OBSERVACIÓN. 



Muerte al cuarto dia de la enfermedad: estran- 
gulación: sofocación. 

Inspección cadavénca de un individuo muerto en 
el departamento del Doctor Ferrer á las cuatro de la 
tarde dd 26 de Julio. 

Me hallaba por un acaso en el hospital, en 
el momento que este desgraciado espiraba so- 
focado: cuando lo vi estaba él helado, sin pul- 
so y no podía respirar: la cara estaba tinturada 
de color violeta; los labio?, las encías y la len- 
gua como infartados y negros. El presentaba mo- 
rir sofocado por un tumor en el cuello que ha- 
cia una prominencia hacia la parte anterior, y 
del grosor de un huevo de pavo, y que parecía 
poner un obstáculo mecánico á la respiración; 
El espiró pocos minutos después que yo le ha- 
bía visto. 

Se me refirió que este desgraciado hacia 
tres dias que estaba en el hospital, que no ha- 
jbia tenido fiebre mas que un día, que había es- 

7 



12 
tado siempre en pie, y que en la visita de la ma- 
ñana se le habla mandado algunas sopas de pan 
por alimento del dia. El comió solo la mitad 
de una sopa á las diez de la mañana: ala una 
de la tarde se notó que tenia una respiración 
laboriosa, que no podia mantenerse acostado, 
ni articular sonidos, y que tenia un tumor en 
la garganta. Se supuso que esta era una íluc- 
sion inflamatoria, y á las tres de la tarde se le 
prescribió un gargarismo emoliente, y se le apli- 
có una cataplasma emoliente también. A las cin- 
co de la misma tarde, vomitó cerca de dos ó 
tres cucharadas de una materia parda mezcla- 
da de sangre: á las cinco y diez minutos mu- 
rió. 

Auptosta hecha á la¡ seis de la misma tarde a 
esto es, cincuenta minutos después de la muerte. 



La piel estaba amarilla, la cara de un color 
violeta obscuro, los labios negros, el cuello cu- 
bierto de equimosis violetas; ningún rastro de 
tumor. 

La garganta no tenia bestigio alguno de 
alteración; el pulmón estaba lleno de sangre ne- 
gra; el corazón dilatado y sus dos ventílenlos 
llenos también de sangre negra; el bajo vientre 
contenia un derramen desangre negra en la can- 
tidad de 7 á 8 onzas; el estómago estaba lle- 
no de un liquido pardo obscuro; éste estaba 
desenvuelto; la mucosa no ofrecía vestigio ni -ru- 
no de alteración, ni algún equimosis; los intes- 
tinos presentaban una inyección considerable, y 
la mucosa con equimosis sobre diversos puntos,, 



43 

los que estaban violetas; el hígado estaba sano; 
Ja vccsícula contenia cerca de una onza de bi- 
lis negra; el vazo estaba muy pequeño; los ríño- 
nes y la vegiga sin rastro de alteración. 

El cerebro estaba un poco inyectado; los 
v-ntrículos no contenían agua; la espina nada 
presentaba de notable con respecto á una in- 
yección sanguínea; pero su parte superior y so- 
bre todo ia región lombar presentaba una can- 
tidad bastante grande de serosidad que disten* 
Oía las membranas y comprimía la medula. 

El texido celular estaba muy abundante y 
absolutamente amarillo. 



SEGUNDA OBSERVACIÓN. 



Hemorragia por la boca: opresión violenta: muer 
te al cuarto dia de la enfermedad. 



Inspetcwn cadavérica de un individuo muerto en 
el departamento del Doctor Ferrer, á las nueve de la 
noche del 16 de Julio, después de cuatro dias déla 
enfermedad, s'm haber tenido vómitos negros, ni he- 
morragias, sino es un trasudamienlo de sangre por 
l'i superficie de la boca; lentitud notable del pulso, y 
grande tormento en la respiración» 



Auptosia hecha diez horas después de muerte. 



■Jspecto esterior. El aspecto del sueño, todo 



11 1 

el dorso color Je bez de vino, lo mismo que el 
cuero cabelludo que estaba incoado: l0( V 1 } 
piel de una ligera dcsagradacion de amarillo, a 
escepcion de la cara que era de un amarillo 
declarado; y los parpados, el rededor de la bo- 
ca y un circulo en el cuello, de un color viole- 
ta casi negro. 

Cerebro y espina; levantado el cráneo, la du- 
ra-mater presentaba un aspecto negro: la sangre 
salia de ella como al través de una criba: di- 
vididas las membranas se derramó sangre ne- 
gra que pudo equivaler á tres onzas: todos lo§ 
vasos estaban dilatados de un modo notable,/ 
llenos de sangre lo mismo que el seno longitu- 
dinal: los ventrículos estaban llenos de una se- 
rosidad tirando á rojo: una pequeña cantidad 
de agua se escapaba por el ahugero occipital. 
El canal raquidiano estaba lleno de sangre, la» 
membranas parecian inyectadas, y la parte lom- 
bar estaba abotagada: la división de las mem- 
branas dio salida á algunas onzas de serosidad 
que comprimía y bañaba esta parte de la me- 
cí ula. 

Pecho: el pulmón ro presentaba alteración 
alguna, sino era que estaba obstruido por una 
gran cantidad de sangre que corría bajo el bis- 
turí; el pericardio contenía cinco ó seis onza» 
de un líquido amarillento: el corazón tenia un 
aspecto casi negro, estaba dilatado y lleno de 
sangre negra y muy fluida: un cuajaron ama* 
rillo muy delgado y de la longitud de tres pul- 
gadas, estaba en el ventrículo derecbo. 

Vientre bajo: todas las superficies eran in- 
yectadas; el lujado sin otra alteración qué un 
color de un amarillo ruibarbo; la begiga de la 



45 
hiciera muy pequeña, y no contenía una cu- 
charada de bilis negra. El estómago era de un 
volumen mediano y contenia algunas mucosida- 
des: la mucosa estaba en toda su esleueion, con 
un tinte violeta mas subido; estos puntos lige- 
ramente tocados con el escápelo dejaban sa- 
lir una sangre evidentemente negra: levantada la 
mucosa, dejaba ver un vaso capilar bien desen- 
vuelto. Los intestinos contenían en cantidad muy 
pequeña una materia de un color moreno: su 
mucosa estaba equirnosadá por hojas, su aspec- 
to esterior era casi negro. El vaso y los rí- 
ñones no presentaban cosa alguna notable; la 
vegiga estaba contraída y absolutamente vacia 
de orina. 

En este cadáver hemos notado, de una ma- 
nera mas particular, una circunstancia que es 
común á todos los individuos que mueren de 
fiebre amarilla, y que en los otros géneros de 
muerte, no ha sido justificada sino en ciertas 
asficsias. A saber, que a cualquiera parte que 
se lleve el cuchillo, sea que se divida el teji- 
do de un órgano interior, sea un cuerpo mus- 
cular, ya sea solamente la. piel, la sangre corre 
en abundancia, y se derrama fuera ó en la parte 
mas declibe de la ínsieion hecha por el ins- 
trumento, de suerte que en pocos minutos, y 
aun segundos, si no ha precidido á la inspec- 
ción la mas escrupulosa atención, bastará para 
que la sangre derramada actualmente de los va- 
eos, reunida en una cantidad mas ó menos gran- 
de, conduzca á creer en una hemorragia y de 
un derrame anterior á la muerte mientras que, 
en el acto, no estaba sino acomulada en los 
vasos de un cierto calibre, de donde se ha es- 



46 
capado en el momento que han si Jo dividido» 
por el cuchillo, 



TERCERA OBSERVACIÓN- 



Hemorragias nasales ecsccivas: vómitos da san- 
gre negra: supresión ele orina: muerte al sesto día. 



Inspección cadavérica de un individuo muerto al 
medio ata del 17 de Julio, en el departamento del 
Doctor Ferrer en el sesto dia de la enfermedad, des- 
pués de haber tenido epistasis esecstvas y haber vo- 
mitado mucha sangre pura: supresión de orina, vein- 
te, y cuatro horas antes de la muerte. 



Jiuplosia hecha á las cuatro de la tarde del 17 
de Julio, cuatro horas después de la muerto. 



aspecto estertor: color amarillo de la piel; 
un circulo nogro al rededor del cuello, forman, 
do como la impresión de un cordel que hubiera 
servido de ahorcarlo; la cara de un amarillo 
ocre: los parpados y el contorno de los labios 
de un violeta obscuro; la conjuntiva de un ama- 
rillo hermoso, y una mancha de sangre hacia 
el ángulo interior: el dorso, comprendida en él 
la parte posterior del cuerpo cabelludo, color 
de hez de vino, una mano cerrada como con- 
vulsivamente, contraídos todos los músculos, el 
Vientre hundido; la región lombar levantada, y 
dejaba un vacio coaciderable hacia atrás, 



-17 

Cerebro y espina; levantando el cráneo, la. 
sangre salia, al travez del rompimiento he- 
cho, de las membrana», como de una criba, y 
era aquella fluida y muy negra: divididas la» 
membranas parecía el cerebro sumergido en 
sangre: todos los vasos singularmente inyec- 
tados: los ventrículos contenían un poco de 
agua: salió esta por el ahugero occipital, cerca 
de una onza, luego que fué quitada la masa ce- 
rebral. El canal vertebral paresia ser el asiento 
de un derrame sanguíneo considerable, mas, la 
sangre salia con tanta abundancia de los vasos 
todos, á medida que se les cortaba, que la 
que llenó el canal me pareció ser el resultado de 
esta circunstancia; y no un derrame anterior a 
la muerte. La parte lombar de la medula es- 
taba comprendida por una colecion de sero- 
sidad. 

Pecho: el tercio superior de los pulmones, 
estaba negro y el resto natural: cortada la pri- 
mera parte, dejó escapar la sangre negra que 
la obstruya y quedó natural; el pericardio con- 
tenia una pequeña cantidad de un liquido ama- 
rillo y espeso. El corazón tenia un aspecto lí- 
vido y estaba como inflamado; abierto, dejo de 
escapar la sangre fluida y negra que lo llena- 
ba, y quedó vacio. La sangre, tanto allí como 
en todas partes, parecía privada de la fibrina ó 
gluten que favorece la coagulación. 

Bajo vientre: avierto el vientre bajo presen- 
tó todas las superficies inyectadas, y una parle 
de los intestinos de un aspecto negruzco; la be- 
jiga dilatada y predominante parecía muy in- 
yectada. El estómago contenia solamente algunas 
onzas de un líquido negro; la mas grande parte 



48 
de la mocosa estaba sin alteración de color, y 
solo se notaban en ella algunas líneas y algu- 
nos puntos de color violeta, Esprimwofl « stos 
puntos, mediante una ligera precion hecha cod 
la pulpa del dedo índice, arrojaban sangre que 
reunida en pequeñas gotas parecía negra: qui- 
tada la mucosa, se veía debajo de ella un te- 
jido vascular apretado y muy inyectado. Los 
intestinos presentaban á grandes trCchds sola- 
mente algunos equimosis violetas; esas manchas 
no correspondían con el aspecto negro esterior, los 
intestinos no contenían otra cosa que una peque- 
ña cantidad de una materia negra como de b,< a 
espesa. El hígado estaba bolumínoso, mas sin 
alteración apreciable de tejólo, ni de eOlor; eor- 
tado aquel, salió de sus vasos, sangre eu abun- 
dancia; era de un grueso mediano la vexieula, 
llenado una bilis negra y espesa; los riñ mes es- 
taban sin alteración; de la misma manera es- 
taba el vaso. La vegiga contenia lo menos dos 
azumbres de una orina clara, lijeramente. ce- 
trina: sus túnicas estaban de tal modo inyec- 
tadas que habiendo quitado un pedazo, drjú sa- 
lir la sangre por todos los bordos de la di- 
yision. 



CUARTA OBSERVACIÓN. 



Opresión: dolor violento en la cabeza y en los ri* 
ñones: delirio furioso: muerte á los dos dias de la 
enfermedad. 

Inspección cadavériaca dé un individuo muerto á 



49 
las diez de la mañana del 17 de Agosto, en el Hos- 
pital de San Sebastian; [médico el Doctor Ferrcr] des- 
pues de dos días de la enfermedad, sin hemorragias 
ni vómitos de ninguna espacie; esperimentó mucha o- 
presiotu "« dolor violento en la cabeza y en la re- 
gión lombar: tuvo un delirio faltoso, y espiró des- 
pués de una agoma violenta, durante la cual no pudo 
sujetártele sino atándolo con cordeles. 



Auptonn hecha el din V de agosto, á las cin~ 
co de la tarde, siete horas después de la muerte. 



Aspecto estertor: amarillo; el cuello violeta, lo 
mismo los brazos, orejas y dorso; formas atleti- 
cas; los músculos de la cara contrahidos al mo- 
do de espresar la risa y el dolor: los músculos 
del tronco y especialmente los de las estremí- 
dades contraídos de tal suerte que se señala- 
ban mu.ho bajo la piel; la porción carnosa con- 
traída por todas partes de uta manera estraor- 
dinaiia: la columna vertebral demasiadamente 
arqueada: el vientre contrahido. 

Cerebro y espina: arrancado el cráneo, salió 
mucha sangre como al tra^ez de una criba: di- 
vididas las membranas, se escapó mucha agua 
que emvolvia la masa cerebral: una cierta can- 
tidad de sangre se derramó en la base del cra- 
.neo: quitado" el cerebro, se escapó sangre y 
agua por el ahujero occipital? la primera ve- 
nia del canal, y la agua Comprimí i la medula. 
Descubierto el canal vertebral, p trocía lleno 
de una sangre fluida pero muy negra sobre la cual 
nadaban pequeñas gotas de una subotanciaacei- 



50 

íosftj en ta parlo lombar estaban abotagadas 
las membranas, y cortabas dejaron escapai mu- 
cha ag 

Pecha: el lóbulo superior del pulmón es- 
taha negro, el resto sembrado de puntos ne- 
gros muy desenvuelto?; corlado el pulmón de- 
jó escapar sangre negra y disuelta. El pericar- 
dio estaba muy inyectado y no contenia sitio 
muy poca serosidad rojisa: el corazón era muy 
voluminoso y contenía sangre disuelta, y un 
cuajaron amarillo en el ventrículo derecho. 

Vientre vnjo; el hígado sin alteración y con 
su color natural rojo moreno; dividido í-u lejU 
do, salió sangre en abundancia: la begiga de 
ia hiél, era pequeña, de un aspecto pálido y 
contenia bilis berde en muy pequeña cantidad; 
El estomago de una dimensión mediana, con- 
tenía cerca de cinco ó seis onzas de la ma- 
teria del vomito negro: sus túnicas estaban un 
poco inyectadas; la mucosa presentaba apenas 
algunas manchas ligeramente animadas, viola- 
ceas y solo hacía la grande curbatura. Los in- 
testinos no presentaban mas que algunos equi- 
mosis parciales, y contenían la misma materia 
que el estomago en muy corta cantidad. La be- 
giga estaba contraída y vacía de orina. Los 
jiñones, el vaso &c. sin vestigio alguno de al- 
teraciones. 



QUINTA OBSERVACIÓN. 



Vo nitos negros, opresión, coma % muerte al cuarto 
dia de la enfermedad. 

Inspección anatómica de un individuo muerta 



51 

en el departamento del Dr. Ferrer, el día 7 de Jigos • 
to á las I O de la noche, al cuarto dia de la en- 
fermedad, con vómitos nrgros. y una respiración es- 
cecivamente penosa: ademas estuvo sin conocimiento 
muchas horas. 



autopsia hecha el dia 8 de Jigos te, á las seis 
de la mañana, ocho horas después de la muerte. 

Aspecto esterior: formas atleticas: la piel casi 
enteramente color de hez de vino. Los músculos 
contraídos de tal modo que formaban una salida 
gibosa sobre todo el cuerpo y particularmen- 
te en los brazos, piernas y muscolos; los ante- 
Ib razos pegados con tanta fuerza sobre el pe- 
cho que se necesitaba pujanza muy grande pa- 
ra separarlos; las cstremidades inferiores alar- 
gadas, el talón muy atirantado hacia airas, la 
punía del pie contraída de tal suerte que todo 
el formaba una curba, y su dorso arredondado 
y saliente; la región lombar contraída hasta el 
punto de dejar un vacío considerable hacia 
atrás; el vientre no estaba contraído. 

Cerebro y espina: derrame de sangre negra 
en la base del cráneo, y de agua en los ven- 
trículos; los vasos muy inyectados, peso mucho 
menos que en los otros individuos; del canal 
de la espina se escipaba sangre por el ahu- 
gero occipital, y por lo mismo una porción de 
ao-ua ,! '1 interior de las membranas; el canal 
ra.<i li li no estaba lleno de sang/e sobre la cual 
nadaban alguaas pequeras gotas aceitosas; en- 



52 

lujada esta sangre con una esponjo, nporecie- 
ron las membranas inyectadas, la parte lombar 
como ¡tifiada «le la agua que comprima es- 
ta parle de la medula espinal y toda la cola 
de caballo. 

Pecho: el pulmón estaba negro, y mas obs- 
curo bácia so raiz, y obstruido de sangre ne- 
gra: el pericardio asi como toda la cavidad to- 
rasica estaba inyectada de un modo cstraor- 
dinario: el corazón conlenia sangre negra en sus 
dos ventrículos, y un enorme cuajaron amarillo en 
el ventrículo derecbo. 

Vientre bajo: las superficies poco inyectada?; 
el hígado natural, y las incisiones hechas en su te. 
jido casi no dieron sangre: el vaso, los ríño- 
nes y la begiga no tenían alteración notable; 
esta ultima, sin embargo, estaba contraída y 
vacia; el estomago distendido por gaces, y con- 
tenia de siete á ocho onzas de la materia ne- 
gra; de esta contenían poco los intestinos: la mu- 
cosa gástrica no ofrecía alteración alguna apre- 
ciable, sino es algunos ligeros equimosis: los in- 
testinos no presentaban vestigio alguna de al- 
teración en su color. 

Esta circunstancia es tanto mas notable, 
cuanto al mismo tiempo tenia yo á la vista el 
cadáver de un individuo que estaba sano y tra- 
bajando en el muelle el 7 de Agosto á las seis 
de la tarde, cayo accidentalmente al mar de don- 
de lo sacaron muerto, y cuya mucosa del es- 
tomago estaba mucho mas animada, presentaba 
una apariencia mas grande de flogosis, que los 
treinta y nueve muertos de la fiebre amarilla que 
he tenido ocacion de veér este ano. 

La inspección anatómica de este cadáver, 



53 
hecha á mi vista por el Sr. Eduardo Laroque, 
a presencia de todos los practicantes del hospi- 
tal, sará consignada con el titulo de observación 
trigésima á continuación de las observaciones de 
fiebre amarilla. 



SESTA OBSERVACIÓN. 



Vómitos negros: opresión violenta, coma, muerte al cuar 

tn din. déla f>.nfp.rm/>.dnd. 



to dia déla enfermedad. 



Inspección anatómica de un individuo muerto en 
el departamento del Dr. Ferrer á las diez de la ma- 
ñana del 22 de Julio, después de cuatro dias de en- 
fermedad, y abierto seis horas después de la muerte. 



Aspecto exterior, formas atléticas; grueso; bien 
musculado; músculos contraidos: la región lom- 
bar arqueada hacia adelante: el vientre con- 
traído. La piel enteramente violeta desde la cin» 
tura abajo; las partes genitales negras; la glan- 
de y todo el prepucio bañado en sangre: la par- 
te superior del cuerpo amarillo, y con manchas 
lívidas; el cuello, las orejas, el rededor de los 
labios, los parpados, todo el dorso, color de hez 
de vino; la piel cabelluda casi negra é hinchada. 

Cerebro y espina: la división de la piel cabellu- 
da do salida á mucha sangre: arrancando elcraneo, 
CO'iió la sangre como de una criba: las membra- 
nas negras; dividida la dura mater se escapó san- 
gre y mucha rgua de que estaba bañado el ce- 
rebro: todos los basos y el seno longitudinal, lie- 



re negra; loe ventrículos llenos iie 

-o, corrió agua por el anu- 

i occipital; las membranas de la espina esta» 

i inyectadas; una colección de agua compri- 

mió la medula en su parte lombar. 

Pecho; aderencias numerosas y antiguas; el pul- 
món obstruido de sangre negra: el pericardio con- 
tenia mucha serosidad rojisa: el corazón de un as- 
pecto de hez de vino, contenia sangre en sus 
dos ventrículos y diversos cuajarones. 

•Abdomen: el hígado natural, y de un ligero 
tinte ó amarillo- ruibarbo: dividido su texido cor- 
rió en abundancia sangre negra de que estaban 
llenos sus vasos; la vesícula vacia y pálida. 
El estomago contenia cerca de tres ó cuatro onzas 
de materia negra: la mucosa descolorida, sino és 
sobre un punto muy circunscripto: los intestinos 
contenían un poco de materia negra; y sobre al- 
gunos puntos había un aspecto negro que desa- 
parecía lavándolos. Los ríñones, el baso, la be- 
giga sin alteración apreci.tble, esta última, dis. 
tendida y contenia cerca de un azumbre de ori- 
na citrina. 



SEGUNDA CLASE 



Enfermos cuya enfermedad he seguido, á quienes he ins- 
peccionado después de la muerte. 



SÉTIMA OBSERVACIÓN. 



Dolor vivo en la región epigástrica; opresión como me- 
cánica y siempre creciente; muerte después de (50 horas 
de enfermedad 

Casimiro Codoy, presidario, de edad de 32 



55 
nñog, bilioso sangineo, de estatura atléhca, fué 
atacado bruscamente en la noche del 31 de Ja- 
mo al 1.° de Julio de un calofrió general se- 
guido de calor, con rompimiento general y dolor 
violento fie cabeza, particularmente en la frente. 

Este enfermo sometido á mi examen el 2 de 
Julio á las diez de la mañana, me ha ofrecido 
las particularidades siguientes. 

Su cara estaba como escaldada, con espresion 
de fatiga, admiración y de tormento: sus ojos es- 
taban fijos, llorosos, inyectados y adoloridos; su 
lengua ancha, mucosa, y violeta en sus bor- 
des: la piel apenas estaba caliente; el pulso de- 
senvuelto pero sin consistencia, dando 70 pul- 
saciones por minuto; estaba oprimido; el se que- 
jaba de un violento dolor de cabeza; y una in- 
quietud, de la que no podía dar razón, lo mo- 
\ia á levantarse cada instante pata mudar de po- 
sición. 

Tres cucharadas déla mitura salina á cada 
hora; lavativas emolientes: agua de cebada endul- 
sada con miel virgen por bebida, dieta absoluta. 

En el dia, vomitó en gran cantidad mate- 
rias amajillas y verdes, y tuvo muchas evacua- 
ciones de la misma naturaleza. A las 6 de la 
tarde, se sintió bien, estaba tranquilo, su ca- 
beza libre; se sienta y no tiene dolor alguno; 
su piel apenas estaba tibia; su pulso dio 52 pu- 
saciones. La respiración no estaba libre: suspi- 
raba sin saber porque. 

Lavativa emoliente: agua gomosa ligera- 
mente asidulada. 

Día 3 de Julio á las 7 de la mañana. 

La noche fué agitada, sin sueño, inquietud, 



56 -1T 

ngfitacion, suspiros, respiración dificil; sensibiii* 
(1 1 1 ni iy grande eo ka cesión epigástrica; la ca- 
ra y el cuello ile ua Unte violeta amarilla; Li 
piel apenas tibia: el pulso blando, gazbso, hu- 
yendo hijo el dedo y con 48 pulsaciones por 
minuto. La lengua ancha, entumecida y color vio- 
leta: nada de sed. 

Una cucharada de bebida salina, de do9 
en dos horas. Agua gomosa acidulada; dos lava- 
tivas de quina alcanforada; friegas de mo-slasa 
calientes, en las extremidades inferiores: dieta. 

El mismo día á las .ó de la tarde. 

El enfermo tuvo algunos vómitos y diver- 
sas evacuaciones de materias color moreno; las 
orinas no faltaron. El semblante oslaba postra- 
do, el ojo menos vivo, y se hacia horrible por 
el estado de la esclerótica que era semejante á un 
rodete de sangre: los parpados morenos, lo, la- 
bio?, las ensias y la lengua muy entu necidas y 
de color de hez de vino, sobre to lo en los bra- 
zos, cuello y cara; el pulso era casi nulo, y da- 
ba 3í3 pulsaciones por minuto: el enfermo esta- 
ba, ó de pie ó sentado; se quejaba de un do- 
lor en la región epigástrica, y de una opresión 
muy violenta y no le permitirá estar acostado. 

A las 7 entró en calma repentina men te vdir 
jo se sentía perfectamente bien: la opresión era 
la misma; la respiración era embarazada: á la? 
8 murió sentado, como sofocado, Cerca de 60 
horas contadas desde el rao nenio de 1 » inyacion 
de la enfermeda 1, treinta horas después de su 
entrada en el hospital. 

Los ú lieos feuo nenos notables qu^ presen- 
tó e-te enfermo, fueron los vó-.mto* y deyefcsio- 
nes provocadas, de materias primero verdes, ama- 



57 

rillas y después morenas: un dolor vivo en la 
región epigástrica y una opresión siempre cre- 
ciente. Las orinas no dejaron de correr, y con- 
servó poco mas ó menos su razón y sus fuer- 
zas. 



autopsia hecha 1 1 horas después de la muerte. 



Aspecto exterior, los rasgos de la cara como 
convulsivos y espresando una sonrrisa boba: to- 
dos los músculos contraidos, los brazos doblados 
«obre el pecho, y las manos cerradas; el dorso 
arqueado: el vientre contraído; el pecho como 
elevado, la piel enteramente amarilla, observan- 
do ademas placas violetas en los píes y en las 
manos; todo ei dorso, violeta obscuro; el cuello 
manchado por un circulo casi negro, y un tez vio- 
leta obscuro desde este circulo hasta la boca, 
asi como todo el cuero-cabelludo que estaba en- 
tumecido. 

Encéfalo y sus dependencias; el cerebro y sus 
membranas, nada presentaban notable, á no ser 
el engurgitamiento de los vasos, y una muy corta 
cantidad de serocidad en los ventrículos. 

La espina, presentó agua en la parte cer- 
vical, y sobre todo en la región lombar: la par- 
te inferior del canal, presentó una cantidad de 
sangre negra. 

Pecho: la mas grande porción de los pul- 
mones, como entumecida,engurgitada de una san- 
gre negra como disuelta: el corazón y los grue- 
zos troncos llenos de sangre negra y fl-úda. 

Vientre bajo: la mucosa de la boca y de la 
o 



lengua violaren: <1 estomago ilc una dimensión 
ordinaria conlcnia poco líquido, evidentemente tío 
la bebida: la mucosa equ imosad a sobre algunos 
punto?, lo mismo que los intestinos, bus vasos en 
general llenos de Bangre y como distendidos. 

Ei bigado, sin alteración alguna de tegido 
ni de color, fus vasos llenos de tal modo de san- 
gre que las incisiones profundas hecbas en bu 
tigicio dejaron f>alir al instante una cantidad con- 
siderable de sangre negra. La vesícula llena de 
una bilis de un verde obscuro. 

Los ríñones, el vaso y la begiga, sin rastro 
de alteración alguna. 



OCTAVA OBSERVACIÓN. 



Rtquiálgia violenta: supresión de todas las se- 
creciones: opresión en aumento: muerte después de 60 
horas de la enfermedad. 



Juan Victoria, Galeote, de edad de 30 años, 
temperamento bilioso, de mediana estatura, y 
músculos poco desenvueltos, fué atacado, en la 
noche del 17 al 18 de Julio, de un violento 
calofrió seguido de calor y de fiebre con rom- 
pimiento general. 

Primer dia á las 4 de la tarde; la cara 
como escaldada, aceitosa, espresando el tormen- 
to, poco animada: los ojos llorosos, la conyun- 
tiva inyectada: la pi, 1 tibia: pulsos blandos y 
con 72 pulsaciones por minuto; lengua ancha, 
esnesa, húmeda, mucosa por fajas, fondo anima- 



59 
eJo: eí enfermo esperimentaba ansiedad, tenia 
d olores generales en loa huesos, y raquialgia 
violenta. 

Lamedor aceitoso.* bebida calmante aecida; 
lavativa emoliente alcanforada: tisana pectoral: 
friegas aceitosas generales. 

Segundo dia: ia noche fué inquieta y sin sue- 
ño; no hubo evacuación de vientre, ni vómito, ni 
orina* 

Pulso poco perceptible, y 72 pulsaciones por 
minuto: quejidos continuos y sin motivo aprecia- 
ble: sensación de dolor vivo en la región epigás- 
trica, que comprimida fuertemente no hacia es- 
perimentar sensación alguna; vientre pegado al 
dor?o; piel seca y casi fria; ojo muy inyectado: 
el cuello, los labios y los parpados de un vio- 
leta obscuro: lengua ancha, hinchada, violácea, 
húmeda: el enfermo se levantaba para hacer sus 
necesidades: el fué atacado de la idea de su 
muerte. 

Vexigatorio en la nuca; linimento volátil 
sobre la espina; linimento alcanforado al vien- 
tre; una pildora tónica de 4 en 4 horas, tres la- 
vativas de masdeval por dia: agua vinosa por 
bebida: dieta. 

A las 5 de la tarde: nada de pulso: piel 
enteramente helada: todo el cuerpo color de vio- 
leta, á ecepcion del cuello que era negro: el 
daba quejidos continuos; decia que experimen- 
taba un tirantamiento horrible en la región del sa- 
cro: se levantaba, platicaba razonablemente y 
aseguraba que si sele pudiese quitar aquel ati- 
r i ita ;> ; *nto extraordinario, estaría mejor, ■ ero que 
este í mataba. 

Tercer tna á las 7 de la mañana: Sin akd 



piel helada, completamente color (le hez <1<* vi- 
Uo; cuello negro: su ojo presentaba un rodete i*nn- 
gineo que lo hacia horrible: el enfermo dejó de 
temer, dejó de quejarse, nada tenia según se es« 
j.licaba, á no ser un gran tormento en el pecho; 
tosia, y se tornaba sin cesar de un lado a otro 
buscando, pero envano, una postura en que po- 
der respirar libremente. Espiró á las 9 de la ma- 
ñana, después de cerca de 00 horas de enfer- 
medad, contadas desde el momento de la invacion. 
Los sintomas notables de esta corta enfer- 
medad fueron, una raquialgia violenta, supresión 
de todas las secreciones, una opresión siempre 
creciente. 



•Autopsia hecha á las 4 de la ¿arde, siete ho- 
ras después de la muerte. 



Aspecto eslerior: piel casi enteramente viole- 
ta; la totalidad de la cabeza (ecepto la barba), 
el cuello, de un violeta negro; ojo amarillo con 
una mancha negra roja en el ángulo interior; el 
vientre contraído, como también todos loa múscu- 
los de las estremidades, pero menos que en la 
mayor parle de los individuos inspeccionados. 
Los músculos estaban poco colorado?, y los ra- 
sos sanguíneos estaban tan llenos, que por cual- 
quiera parte que se llevaba el instrumento sa- 
lía la sangre en abundancia; siempre y por to- 
das partes negra y íluida. 

Cerebro y sus dependencias: el cráneo apenas 
atacado por el instrumento se escapó de lo in- 
terior una cantidad estraordinaria de sangre ne- 



gra. Arrancado aquel,~la sangre parecía salir co- 
nio de una criba al través de las membranas: 
sus vasos estaban muy desenvueltos y llenos de 
sangre negra; cortada la masa cerebral dejó sa' 
lir sangre de su tejido y se cubrió pronta- 
mente de un rocío de sangre: quitados el ce- 
rebro y el cerebelo, salió agua del ahugero oc- 
cipital. La parle mas declive de la espina pre- 
sentó una colección de agua. 

Pecho: el aspecto del pulmón era negro, es- 
taba engurgitado de sangre disuelta y negra. El 
corazón andaba en una corta cantidad de agua 
rogisa: su aspecto era negro y contenía mucha 
sangre líquida y negra, así como los gruesos tron- 
cos: se encontró en el ventrículo y aurícula de» 
rechos un grueso cuajaron de un bello amari- 
llo de ámbar. 

Vientre bajo: puesta á descubierto la cavi- 
dad abdominal, parecían inyectadas todas las su- 
perficies: hígado natural, y la sangre se escapó 
en abundancia hechas inicisiones en su tejido; ia 
vecsícula era pequeña y casi vacia de bilis: el 
vaso, pequeño y sano. Los ríñones no ofrecian 
particularidad alguna: la begiga estaba entera- 
mente contraída y vacia. El estómago sin estar 
disminuido su calibre contenia una pequeña can- 
tidad de una materia parecida á la brea líqui- 
da: la mucosa estaba inyectada y como equimo*. 
sada: raspando esta membrana se veia profunda- 
mente un vaso mas desenvuelto y muy inyec- 
tado. Los intestinos ofrecian también algunas 
equimosis, y vestigios evidentes de inyección: 
conteniau una pequeñísima cantidad de materia 
negra menos diluida que la que se encontró en 
el estómago. 



62 

NOVEKTA OBSERVACIÓN. 



Vómitos negros: facultades intelectuales, obtusax: 
aire atontado; ansia, suspiros; muerte después de tres 
dias de enfermedad. 



Jofé Julián, Galeote, Je 21 años, tempera- 
mento bilioso, fue atacado de calofrío &eguido 
de fiebre, con rompimiento general, en la no- 
ebe del 9 al 10 de Julio. Conducido al hospi- 
tal se sometió á mi ecsamen el 10 de Julio á 
las cinco de la tarde. 

Primer dia á las cinco de la tarde. Sem- 
blante admirado, atormentado y como escalda- 
da la cara: los ojos llorosos, la vista fija, espre- 
pando temor: lengua blanca, ancha, húmeda: piel 
caliente y húmeda: el pulso con ciento diez pul- 
saciones por minuto: dolores vivos en la cabe- 
za, en los ríñones y en los pies. 

Agua gomosa; dos bolos sudoríficos por la 
tarde: dieta. 

Segundo dia á las siete de la mañana. I a 
cara presentaba el mismo aspecto que el dia 
anterior: la piel caliente y casi seca: no tenia < a i 
dolor alguno: la lengua mucosa y animada pii su 
fondo, hendida, ancha, y húmeda: pulso cerra» 
do, pequeño y con ciento diez pulsaciones por 
minuto. 

Emulsión «ceitosa purgante, por la maña- 
na: bebida calmante acida, por la tarde; agua 
de cebada melada: dieta. 

A la3 cinco de la tarde, era el misino el 



63 
estado del enfermo: habia tenido pocas evacua- 
ciones; el dolor de cabeza se habia desperta- 
do: el pulso batia cien veces por minuto. 

Tercer dia á las siete de la mañana. Sem- 
blante abatido espresando tormento: dolor vio- 
lento de cabeza: lengua ancha, entumecida, mu- 
cosa, fondo violeta: piel amarilla, caliente y se- 
ca: el pulso daba ciento doce pulsaciones por 
minuto. 

Vexigatorio en la nuca: emulsión purgante 
por la mañana; bebida calmante acida por la 
tarde: limonada: dieta. 

A las cinco déla tarde. El pulso daba cien- 
to veinte pulsaciones, pequeño y fugitivo: la ca- 
ra descompuesta: la piel amarilla y con placas 
violeta-: esta no es fria: la respiración era di- 
fícil; el enfermo suspiraba, no se quejaba, tenia 
el aire atontado: tenia vómitos negros conti- 
nuos. 

Limonada sulfúrica: bebida acida calmante, 
por cucharadas; lavativas purgantes y tónicas: 
friegas aceitosas alcanforadas. 

El enfermo murió en la noche del 12 al 13 
de Julio, tres dias después de la invaciou de la 
enfermedad. 



Autopsia^ cerca de cinco horas después de la 
muerte. 



Aspecto estertor: cara encogida: rasgos con- 
velidos: líibi^s, encias y t ioca color de hez de 
vino negro: la piel enteramente teñida de ama* 
rulo: algunos equimu&iib: li i ¿ ;tiuu üobladu: los 



t>4 . 

dedos cerrados lobre bí mismos, como rontrai- 
la mano y el carpo doblados: todos los 
músculos contra idos y el vientre hundido. 

Gordura: tegido celular abundante y ama- 
rillo: músculos colorados, todos los vasos llenos 
de una sangre líquida y negra que corria bajo 
el instrumento que los dividía. 

Cerebro y sus dependencias: quitado el cráneo 
■alia la sangre como de una criba al través de 
las membranas; el cerebro inundado de sangre: 
babia en su base una colección considerable de di. 
dio Huido: todos los vasos engurgitados y dilata-, 
dos de un modo notable. Quitado el cerebro y ce- 
rebelo salia en abundancia sangre fluida y ne-» 
gra parecida á la brea diluida. El canal de la 
espina contenia sangre en su parte lombar; los 
vasos y membranas muy inyectados, sin embar* 
go no había derrame de agua. 

Pecho: los pulmones tenían en general pu 
aspecto natural: su raiz era negra: cortada dicha 
entraña dejo escapar por algunas brújulas de ai- 
re una sangre negra del mismo color que la que 
corria por la base del cráneo. El pericardio 
contenia corno de cinco á seis onzas de una 
agua rojisa y untuosa: el corazón estaba vacio 
de sangre, y los gruesos troncos contenian po- 
ca. Todo el tejido celular que separa al es- 
ternón del pericardio era de color de hez de 
vino, y había un derrame de sangre negra en la 
parte superior. 

Vientre ¿ajo: el estómago era de una dimen* 
sion mediana, un poco hundido: la mucosa en» 
teramente color de hez de vino, y algunos pun- 
tos de un color mas vivo: habia en dicho ór- 
gano como de cinco á seia onzas de Ja mate* 



G5 
ría del vomito n?gro pirecida al hollín diflui- 
do; los intestinos ofrecían sobre muchos puntos 
el mismo color que el esto nago, y contenían tam- 
bién materia negra aunque en menor cantidad; 
Su aspecto esterior era sombrío y muy inyec- 
tado: el epiploon intacto, pero amarillo: el te- 
jido celular de dos pulgadas de grueso, amarillo; 
mas el resto estaba natural como si el enfermo 
hubiese muerto de un accidente repentino. El 
hígado en su estado natural, sin alteración de co- 
lor ni de tejido: la begiga de la hiél distendi- 
da, de un aspecto muy negro, con placas menos 
obscuras y conteníalo menos tres onzas de una bi- 
lis muy negra. Los ríñones sin lesión aparente, sino 
era una inyección que se hacia notar sobre to- 
das las superficies. La begiga contraída y no 
contenia una gota de orina. 



DÉCIMA OBSERVACIÓN. 



Desmayos en el principio del ma l: rapidez de 
pulso, vómitos negros: dolores viólenlos en el brazo 
derecho; aire atontado: muerte setenta y dos horas des* 
pues de la invacion. 



Francisco Javíev, presidario de 28 años, tem- 
peramento bilioso, fué atacado repentinamente en 
la noche del 1.° al 2 de Agosto de un vio- 
lenta calofrío, con fiebre, desmayo y rompimien- 
to general. 

agosto 2, primer día de la efermedad ala» 
Cuatro de la tarde, sintió un violento dolor en 

10 



66 
Ja región lomba r, uno mas vivo en la frente y en 
los temporales: un trastorno general: la cara es- 
taba como escaldada, animada, comoaceitosa.es- 
prpsion de admiración y de tormento: el ojo llo- 
roso y la conjuntiva inyectada: lengua ancha, 
entumecida, mucosa, húmeda; piel caliente y ee- 
ca: pulso lleno, y con ciento veinte pulsaciones 
por minuto, respiración dificel. 

Vexigatorio en la nuca; lavativa emolien- 
te, dos pildoras sudoríficas, tisana de cebada 
melada, dieta. 

Segundo dia á las siete de la mañana: se- 
guía el dolor de cabeza y de los lomos, espresion 
de tormento profundo, sin inquietudes: ojo mas 
inyectado; piel caliente y seca, pulso Heno, ba- 
tiendo ochenta veces por minuto: respiración di- 
fícil. 

Emulsión purgante, dos pildoras sudoríficas, 
una lavativa emoliente, 

A las cinco de la tarde: alguna cosa de en- 
torpecimiento en la vista: dolores fuertí s en los 
brazos, particularmente en el derecho: pulso me- 
nos desenvuelto, dando ciento ocho pul&aciones: 
respiración corta, anciosa. 

Friegas aceitosas alcanforadas, en todo el 
cuerpo. 

Tercer dia: pulso insensible; piel helada; 
vómitos negros; espresion de espanto; ojo muy 
inyectado, formando como un círculo de san- 
gre; la lengua entumecida, resudando san- 
gre, lo mismo que las encías; respiración muy 
difícil. J 

Lavativas de Masdeval: limonada sulfúri- 
ca: friegas de aceite alcanforado. 

Mueite en la noche del 4 al 5 de Agosto 



67 
72 horas después de la invacion de la enfer- 
medad. 



autopsia cadavérica^ cinco horas después de la 
muerte. 



Aspecto esterior: toda la piel cubierta de an- 
chas equimosis color de hez de vino negro, con 
fondo amarillo: dobladas las estremidades: todos 
los músculos contraidos de un modo estraordi- 
nario: el vientre pegado al dorso: pecho bon- 
beado: la parte lombar de la columna vertebral 
arqueada hasta el grado de dejar un vacio bas- 
tante grande para pasar por él un puño: todos 
los músculos, de la cara convelidos de suerte 
de dar al semblante la esprecion de una son- 
risa boba. Tegido celular muy abundante. 

Cerebro y dependencias: sangre negra escapán- 
dose como de una criba al través de las mem- 
branas: todos los vasos dilatados y llenos de 
sangre; inyección: agua en los ventrículos; agua 
escapándose del ahugero occipital. El vacio que 
resultaba de las incisiones profundas que eran 
necesarias para poner á descubierto las apofisés 
espinosas de las vértebras, se llenaba incesan- 
temente de sangre negra. Las membranas esta- 
ban inyectadas: una colección de agua compri- 
mía la medula espinal en su parte lombar y en 
la región del cuello. 

Pecho; el pulmón, de un aspecto enteramen- 
te negro, no ocupaba la sesta parte de la ca- 
bidad pectoral: contenia sangre negra: el cora» 
zon era muy boluminoso y contenia también una 



68 

£nin cantidad do sangre negra y ftaida: no ha- 
bía cuaj » ron alguno. 

Vientre bajo: todas,. las superficies inyectadas* 

el higado presentaba manchas violetas on su 
parte convecsa: ninguna alteración de texido ni 
de color: dividido el texido dejó escapar muclia 
sangre negra: 1 1 begiga biliar muy pequeña y con- 
tenía cerca de media onzi de una bilis verde. 
El estómago parecia muy inyectado: casi negro 
en lo esterior (la seroja intacta); su dimenciou 
era natural: estaba lleno de la materia del vó- 
mito ne^ro; la mucosa de un rojo violeta en 
apariencia, no concerbaba mas, después de la* 
bada, que un débil grado originado de la inyec- 
cion que ecsistia á mas profundidad, desuerle 
que la mucosa en bí misma no tenia alteración 
leal; el grado de color aquí, como en casi to- 
dos los otros casos, no és el resultado de la 
iníl unacion, sino mas bien de una irritación he- 
morragica análoga á la que se encuentra or- 
dinariamente en el escorbuto. Los otros órga- 
nos no ofrecían cosa alguna notable, sino és la 
begiga, que estaba estraordinariamente contraída. 



UNDÉCIMA OBSERVACIÓN. 



Desfallecimientos en el principio de la enferme- 
ílii: vómitos negros continuos; movimiento? como en- 
cal: talo-: agitación; suspiros: hipo: adormecimiento? 
insmcioilidaé, y al mismo tiempo quejidos continuos. 
Muerte á Us cincuenta y seis horas de la enfermedad. 



Antonio Santiago, presidario, de edad de 



69 
35 años: temperamento bilioso, esperimentó en 
el principio d:? la noche del 2 de Julio, des- 
fallecimiento y una fiebre violenta sin calofrió, 
con trastorno general; dolor violento en la región 
lornb-»r: dolor de cabeza. 

Dia 3 de Julio, secundo de la enfermedad, 
á tas cinco de la tarde, se presentó á mi ec- 
sámen. 

El pulso estaba desenvuelto, blando, y da- 
ba cien pulsaciones por minuto: la piel caliente 
y «eca: la cara casi descolorida yespresabila 
fatiga y la admiración: el ojo lloroso y fijo.* las 
miradas inciertas, manifestando el temor; la len- 
gua ancha, huaieda, hinchada: sus bordes vio- 
letas, asi como las encias y los labios; dolores 
de cabeza y de la región epigástrica, sed viva. 
Algunas dosis de mistura salina, dadas 
al enfermo antes de mi visita de la tarde, ha- 
bían producido algunas evacuaciones de materias 
líquidas. Lavativa emoliente: agua gomosa aci- 
dulada. Dieta. 

Tercero dia. La noche fué agitada: el en- 
fermo vomitó continuamente todos los líquidos, lo 
mismo que una materia negra: todos sus movi- 
mientos eran como encadenados: no tenia dolor 
apieciable: el semblante manifestaba la mas vi* 
va inquietud, y el mas profundo dolor: el ojo 
marchito: la conjuntiva muy inyectada: la piel 
casi fria y amarilla en su totalidad: el pulso 
pequeño, lento y huyendo bajo el dedo. 

Bebida Etherer por cucharadas: pildoras al- 
canforadas nitradas: pinapismos en las piernas. 

A las cinco de la tarde. Tolos los sínto- 
mas estaban esa^perados: despertados con vio- 
lencia los dolores de loa lomos y del estóiUagot 



70 

b* vómito* continuaban: el enfermo «taba agi- 
tado: suspiraba: tormento en La respiración: hi- 
po: j»ulso pequeño, huyendo bajo el dedo y casi 
insencible: la piel fría y de color citrino. 

Pildoras alcanforadas: linimento alcanforado 
sobre el vientre y sobre los ríñones. 

El enfermo se amodorró muy luego: aros, 
tado sobre el dor-;o parecía ¡nsencible y sin em- 
bargo suspirabí y continuaba vomitando. Espire) 
dnspues de una corta agonía á las dos de la 
mañana, cincuenta y seis horas después de la 
invacion del mal. 



autopsia cadavérica á las siete de la mañana, 
cinco horas después de la muerte. 



Aspecto estertor: facciones fruncida", ojos de 
un amarillo obscuro: toda la piel citrina, con pla- 
cas violetas: los músculos contraidos: la región 
lombar arqueada hacia adelante. 

Vientre bajo: el estómago y los intestinos es- 
taban llenos de una materia negra y muy di- 
luida, como emputrecida, y no obstante, casi sin 
olor; toda la mucosa del estómago era de una 
tez violácea, y la grande curbatura de un vio- 
leta negro; los intestinos inyectados, y su muco- 
sa presentaba de en trecho en trecho anchas 
equimosis. El hígado voluminoso, duro, de un 
amarillo de ruibarbo mas jaspeado: la begiga bi- 
liar muy pequeña, casi vacia, un poco de bilis 
negra. Los nñanes voluminosos, pero sin altera- 
ción apreciable. La begiga contraída, del grosor 
de un pequeño huevo de gallina, y contenía cer- 



71 

ca de una cucharada de una orina amarilla co- 
mo purulenta. 

Pecho: el pulmón obstruido de sangre negra: 
aderencias antiguas: tubérculos no supurados: nin- 
guna inflamación. El pericardio lleno deunagran- 
cantidad de serosidad rojisa: el corazón abso- 
lutamente bacio de sangre. 

Cerebro y dependencias. Ni el cerebro, ni las 
membranas tenían alteración alguna aparente, so- 
lo los vasos y los senos longitudinales estaban 
llenos de sangre. La espina presentaba una co- 
lección considerable de agua en la parte lom- 
bar; las membranas estaban inyectadas. 



DUODÉCIMA OBSERVACIÓN. 



Vómitos casi continuos: oprccion como mecánica: 
dolor violento de ríñones y de cabeza: atirantamienio 
de todo el dorso: svprecion de orinas: vuelta de ra- 
pidez en el pul&o el último día de la enfermedad: 
adormecimiento; delirio violento: muerte después de cin- 
co dias de la enfermedad. 



José Maria Soto, de edad de 33 años, tem- 
peramento bilioso, fue atacado repentinamente de 
un calofrió seguido de una violenta fiebre, con piel 
caliente y seca, y trastorno general, la noche del 
2 al 3 de Julio. 

Lo visité la primera vez á las siete de la 
mañana del dia 4. Tenia vómitos espontáneos de 
materias amarillas y verdes: tenia dolores pro- 
fundos en todos los miembros: un violento dolor 



en la roción lomban la piel caliente'/ Beca: pul- 
so lleno, blando y h.uia ochenta y cuatro vecep 
por minuto: la cara como acaldada, maní 
tando el asombro y la fatiga: los ojo* húmedos, 
la conjuctiva inyectada: lengua ancha, blanca, 
hinchada y violácea en sus bordes. 

Lamedor aceitoso purgante, por cuchara- 
da: lavativas emolientes alcanforadas: agua de 
cebada con miel y acidulada; dicta. 

El mismo dia á las cinco de la tarde: dolor 
violento de cabeza, ojos muy dolorosos: pulso 
desenvuelto, blando, batiendo secenta veces p< r 
minuto: respecto á lo demás, el mismo estado 
anterior. 

Una lavativa purgante: un vexigatorio al- 
canforado en la nuca. 

Cinco de Julio á las siete déla mañana. La 
noche fué agitada: sueño no reparador. Por la 
CU anana presentaba el semblante la admiración, 
el temor y el dolor: las conjuntivas mucho tnas 
inyectadas; el dolor de la cabeza hibia calma- 
do: los vómitos eran mas raros: experimentaba un 
dolor en la región epigástrica y en la lombar: 
el pulso daba secenta y cuatro pulsaciones por 
minuto. 

Una pildora alcanforada de tres en tres ho- 
ras; dos lavativas emolientes alcí nforadas; agua 
de cebada acidulada. 

El mismo dia á las cinco de la tarde: ab. 
solutamente el mismo estado, áeacepcion d:í ha- 
ber desaparecido repentinamente lo* dolores, y 
haber tenido algunos vómitos: el puI«o daba re- 
centa y cuatro pulsaciones, menos desenvuelto 
y cedia á la presión. 

Los mismos remedios. 



73 

Seis de Julio á la sieie de la menina. Pul- 
so deprimido, dando secenta y cuatro privacio- 
nes por minuto: respiración dificel, postración;, 
temor de la muerte: el semblante manifestando 
el dolor, el temor y una gran fatiga: hinchadas 
la lengua, los labios y las encías: el cuello y 
contorno de los labios con un color amarillo: 
piel' casi fria y seca; ningún dolor. 

Una bebida ecsitante por cucharadas: li- 
monada libera, vino. 

El mismo dia á las cinco de la tarde. Piel 

y amarilla sobre todo en la cara y en el 
cuello: las conjuntivas presentando como un ro- 
dete de sangre: opresión: dolor en la región 
del estómago: el pulso casi insensible, dando se- 
centa y cuatro pulsaciones por minuto. 

Bebida calmante acida. 

Siete de Julio á las siete de las mañana. 
El pulso profundo, deprimido, uyendo bajo del 
dedo, y con secenta y cuatro pulsaciones. El en- 
j; mo se quejaba de un tormento violento en el 
pecho: sensación de opresión mecánica y de un 
atirantamiento en el dorso: piel fria, casi toda 
amarilla, equimosada: el semblante descompues- 
to, espresando un sentimiento de terror: las mi- 
radas estraviadas: la lengua parecia pronta á 
trasudar sangre: ella es color de hez de vino, lo. 
mismo que las encias y los labios. 

Friegas aceitosas alcanforadas: lavativa emo- 
liente: limonada ligera. 

El mismo dia á las cinco de la tarde. EL 
semblante descompuesto, de un color violeia mo- 
reno: el ojo es espantoso y ensangrentado: la. 
respiración estremadamente anciosa: la piel ama- 
nilu y sembrada de anchas equimosis color de» 

11 



71 

hez de vino; pulso deprimido, huyendo bajo el 
dedo y tornando 6 la rapidez de cien pulsa- 
ciones por minuto: no había vómitos: las ori- 
nas estaban suprimidas hacía algunos dias; las 
lavativas casi no habían producido evacuación 
alguna, lo mismo que el Loock purgante: el en- 
fermo Be levanta, sin embargo me pide un pa- 
dre, y le parece ver á su lado la muerte. 

Muy luego perdió el conocimiento: fué ata- 
cado de un delirio bastante violento, al grado 
de necesitarse asegurarlo en su cama; desde lai 
diez de la noche la respiración se embaraza- 
ba mas y mas, y espiró á las dos de la ma- 
ñana, cinco dias después de la invacion del mal. 



tinco 



autopsia cadrvéitca á las siete de la mañaua, 
furas después de la muerte. 



jQspeclo csterior: la cara de un amarillo obs- 
curo moreno; el íesto de la cabeza, el cuello 
y el dorso color de hez de vino obscuro: to- 
do el cuerpo amarillo con placas violetas: todos 
los músculos contraidos: el vientre pegagado al 
dorso: la región lombar de la espina encorba- 
da hacia adelante, y el vacio hacia atrás. 

Pecho: inyectada toda la cavidad torácica: 
el pulmón completamente infartado de sangre 
negra, algunos puntos como macerados en san- 
gre pútrida. El pericardio contenia algunas on- 
zas de una serosidad amarilla: el corazón pre- 
sentaba un tinte negro: el ventrícnlo derecho, es» 
taba dilatado y contenia una grande cantidad de 
sangre negra y fluida, y uii pequeño cuajaron 



*5 

alargado parecido á la gelatina y de un color 
de ámbar; el ventrículo izquierdo vacio de san- 
gre y contenia un cuajaron amarillo voluminoso 
y penetrando la arteria. 

Bajo vientre: todas las superficies inyecta- 
das de un modo notable. El estómago distendi- 
do, y contenia á lo menos un azombre de una 
materia morena. La mucosa inyectada y de un 
color violeta en la mayor parte de su super- 
ficie, y el resto de un color moreno de lodo: 
los intestinos contenían en corta cantidad mate- 
ria morena mas obscura que la del estómago: el 
duodeno p-irticipaba de la inyección y del color 
del estómago: el resto del tubo intestinal no 
presentaba rastro alguno de inyección. El híga- 
do voluminoso, duro y de un amarillo de rui- 
barbo: la begiga de la hiél muy pequeña y con- 
tenia una pequeñísima cantidad de bilis negra. 
La soroca que cubre al hígado estaba inyecta- 
da al grado de dar á este órgano un aspecto 
casi negro. Las incisiones hechas en su tesrido 
dejaron salir mucha sangre negra. El vaso de 
un muy pequeño volumen. Los riñones y la be- 
giga sin señal alguna manifiesta de alteración. 

Cerebro y espina; quitado el cráneo salia la 
sangre negra como de una criba, la inyección 
de las membranas era tal que la masa cerebral 
parecía absolutamente negra. Dividas las mem- 
branas se escapó el agua que comprimia al ce- 
rebro; todos los vasos, así como el seno longi- 
tudinal, dilatados por una sangre negra que los 
llenaba. Quitada enteramente la masa encefáli- 
ca se notó una porción de agua que se escapa- 
ba por el ahugero occipital. Una colección con- 
siderable de este líquido distendía las membra- 



76 

iiis raquidianas en la parte lombar de la eo- 
lumna (-^iual que comprimid la aiéduia subre 

Cele punto. 



EE< IMA TERCIA OBSERBACJON. 



J'wlcntos dolores de piernas: hinchazón de la ca- 
ra: lengua por zonas: oprccion: hipo: ademan babai 
adorm amiento, y al mismo tiempo aguañón y qmk 
gtdo&i muerte dcqnus de cuatro días de enj trinidad, 



Pablo Pctlro, presi Jario, de diez y ocho año?, 
de temperamento bilioso, esperimentó i\- ore con 
calofrió y dolor violento en la región frontal, en 
la mal! rugada del 10 de Julio. 

¿117 del mismo, á las siete de la mañana, sin- 
tió una cefalalgia violenta y dolores en las pier- 
nas: el semblante poco animado eeplicaba la fa- 
tiga y la admiración: sus ojos estaban fijos, do- 
lorosos; las conyuntivas inyectadas: la lengua an- 
cha, húmeda, mucosa por zonas, el fondo ani- 
mado, lo mismo que los bordes: ninguna sed: la 
piel caliente y seca: el pulso daba" noventa y 
seis pulsaciones por minuto. 

Bebida aceitosa pulíanle, por la mañana: 
bebida calmante acida, por la tarde: lavativa 
emoliente: limonada; di: la. 

La tarde del mismo dia á las cinco. El mis- 
mo estado: la lengua seca y no obstante no te- 
iiía sed: pocas orinas: casi ninguna evacuación. 

El Jíj de Julio á las siete de la mañana. 
Ll mismo estado, á escepcion que se había cal- 



Ti 
madola cefalalgia, así como I03 dolores de las 
piernas; y con el agregado que la respiración 
era difícil, y habia sensación de opresión. El pul- 
so daba setenta y seis pulsaciones. 

Bebida aceitosa, por la mañana: bebida cal- 
mante acida, por Ja tarde: vino aguado, atole. 

El mismo' día á las cinco de la tarde. PuN 
bo pequeño, fugitivo, con setenta pulsaciones por 
minuto: el semblante abatido, abotajado, espre- 
sando la -admiración y el tormento: miradas bo- 
bas: I03 ojo c J rodeados de un círculo saliente y 
en sangrentado: los labios, encías y lengua en- 
tumecidos, violetas, filtrando sangre: la piel ama- 
rilla, sembrada de grandes equimosis, fría y se- 
ca: el hipo fatigaba singularmente al enfermo. 

Un sinapismo sobre el estómago: dos piído» 
ras alcanforadas. 

El 19 de Julio, el mismo estado, y los 
mismos remedios. 

El 20 á las siete de la mañana. La noche 
fué mala; adormecimiento y quegidos: respira- 
ción difícil: agitado aunque adormecido. Por la 
mañana estaba frió, sin pul«o, completamente 
amarillo é hinchado: un círculo naoreno en el 
cuello: placas violetas en el cuerpo: respiración 
casi insensible; moribundo. 

Espiró sin agonía á las diez de la maña- 
na, cuatro dias después de la invacion de la en- 
fermedad. 



Autopsia cadavérica á las cuatro de la tarde-, 
seis horas después ds la muerte. 



Aspecto estertor: toda la piel amarilla: el sera.' 



70 
blonte Je un hermoso amarillo de junquillo: eoa- 
velidos los músculos de la cara, á modo de es- 
presar una sonrisa boba: un círculo moreno al 
rededor del cuello: las orejas de un violeta neo 
gro: algunos equimosis sobro las estremidadrs j 
en el dorso; las manos cerradas; todos los mús- 
culos contraidos: el vientre retractado, y la re- 
gión lombar arqueada hacia delante. 

Cerebro y espinan quitado el cráneo, se esca- 
pó la sangre como altraves de una criba: la inyec- 
ción era tal que hacia negro el aspecto de las 
membranas: el seno longitudinal y todos los va- 
sos, estaban dilatados por la sangre, que* en to. 
das partes era negra y íluida: dividida la masa 
cerebral, daba paso á la sangre de una mane- 
ra notable, circunstancia que ha sido común en 
toJas las inspecciones cadavéricas de los indi* 
viduos muertos de la fiebre amarilla, que hemos 
abierto. Los ventrículos laterales contenían una 
pequeñísima cantidad de agua. Quitada la masa 
encefálica; ee escapaba agua por el ahugero oc- 
cipital. La columna espinal nada presentó no- 
table á no ser la distencion de las membranas 
en la parte lombar, por la agua qué era ahí 
acumulada. 

Peño: toda la 3uperficie torácica estaba in- 
yectada: el aspecto del pulmón era negro: es- 
taba esta entraña obstruida de una sangre negra 
que corria en abundancia luego que se dividió su 
texido. El pericardio no contenía mas que una 
corta cantidad de agua rojisa: los vasos del co- 
razón estaban tan inyectados que hacían su as- 
pecto negro: ésto era lleno de una sangre ne* 
gra, y fluida, que escapándose dejó un cuaja- 
ron amarillo alargado en cada uuo de loe ve«- 
trículos. 



79 

Vientre bajo: lema» i«« ~«, * •-- ^v^rfadas: 
tiene sombrío en general. El hígado natural; Ja* 
insiciones hechas en su texido dieron paso a mu- 
cha sangre fluida y negia. La begiga biliar era 
muy pequeña, y contenía a penas una cuchara- 
da corta de bilis verde botella. El estómago de 
una dimencion mediana, su color amarillo: su mu- 
cosa no presentaba sino algunas líneas violetas 
y ayunos débiles equimosis, el resto era ama- 
riHo° y contenia solo algunas mucosidades. Los 
intestinos estaban muy inyectados por fuera;su 
mucosa uo presentaba cosa alguna notable. Ll 
vaso y los ríñones en buen estado; la begiga 
dilatada y contenia un azumbre de una orina 
muy amarilla; su mucosa no estaba inyectada; 
su aspecto esterior color de hez de vino. 



DECIMA CUARTA OBSERVACIÓN. 



Coma profundo: semblante convelido: relajados 
¡os músculos de las cstremidades: insensibilidad com- 
pleta: muerte ocho horas después de mi primera y 
única visita. 



Pedro Faustino, de cerca de treinta años de 
edad, fué sometido á mi primera y única visita 
el 14 de agosto á las cinco de la tarde. 

Seme refirió que éste estaba enfermo desde 
la víspera: que había estado soporoso casi en 
todo este tiempo, sin haberse quejado. 

Cuando lo visité, estaba él soporoso, acos- 
tado sobre el dorso; la cabeza hechada Jiácia 



•'c'lv^'irc'rrír^ 
a combelida; los parpados etílica- 
bicrtos; la r pupilp oculta bnjo el parpado su- 
perior; la conjuntiva singularmente inyectada; 
I ibios hinchados y de un violeta ok-diio; la 
piel amarilla y tibia: el pulso lleno, blando, ba- 
tiendo ochenta y cuatro veces por minuto. 

El enfermo estaba absolutamente insensible: 
sacudido con tuerza, entreabre los ojos, me fija 
la vista con un aire incierto, abre la boca pa- 
ra sacar la lengua, mas sus ojos se cierran d 
medias, su boca queda entreabierta sin dar a su 
lengua el menor movimiento para sacarla: fué 
preciso lebantarle la mandíbula inferior para 
cerrarle acuella. La lengua estaba hinchada, an« 
cha, color de hez de vino; ella dejaba filtrar san- 
gre por toda 6U superficie. 

Un vexigatorio en la nuca: sinapismos en 
las piernas: lavativas irritantes y purgantes no 
le hicieron cambiar de estado. El enfermo es- 
piró sin agonía á la una de la mañana, ocho ho» 
ras después de mi primera visita. 



Autopsia cadavérica hecha el 15 de J) '¿rosto <£ 
las 7 de la mañana seis horas después de la muerte» 



Aspecto esterior: piel amarilla: los labios, loa 
parpados, el cuello y los brazas color de hez 
de vino, lo mismo que el dorso: el vientre ba- 
jo ligeramente tenso: los músculos floio^: el la- 
bio superior solamente estaba cunlruído bucia 
arriba sobre un lado. 



SI 

Cerebro y espina: se encontraron tan inyec- 
tadas las membranas de aquel órgano que su as- 
pecto era negro; la mesa encefálica estaba com- 
primida por una cantidad estraordinaria de agua 
que se derramó luego que fueron divididas las 
membranas: el seno longitudinal y los basos dis- 
tendidos y llenos de sangre. Quitado el cere- 
bro, se derramó por el ahugero occipital una 
cierta cantidad de agua. Descubierta la espina 
en toda su longitud, no ofrecia otra particulari- 
dad que una corta cantidad de agua en la re- 
gión cervical, é inyectadas las membranas. 

techo: la mitad superior del pulmón estaba 
negro, y dividido se derramó mucha sangre: el 
pericardio, estremadamente inyectado: el cora- 
zón vacio de sangre, lo mismo que los gruesos 
troncos. Un cuajaron amarillo en el ventrículo 
derecho. 

Bajo vientre, ninguna alteración de color ni 
de tejido había en el higado tan natural asi 
estaba: la bexicula de un grosor mediano, lle- 
na de una bilis de un ver,de sombrío. El estó- 
mago ligeramente distendido contenia los líqui- 
dos ingeridos: su aspecto esterior dejaba veer 
bajo la serosa una inyección bien clara: la mu- 
cosa no presentaba sino ligeros vestigios de un 
tez animado; algunos puntos parecían prontos á 
trasudar sangre: comprimidos bajo el dedo, se 
escapaba la sangre, y aquella membrana asi es- 
primida, recobra su color natural. Los intestinos» 
nada presentan notable, á ecepcion de los grue- 
sos los que tenían algunos puntos negros. Sobre 
cada uno de estos puntos había una corta co- 
lección de sangre negra: algunas lombrices vivas 

12 



\ 



r,2 

pc encontraron sobre uno tic estos puntos m« 
y edad os. 



DECIMA qilNTA OBSERVACIÓN. 



Supresión de orinas; opresión viólenla: hipo el 
primer din; balüi el pulso 76 veces por minuto; el res- 
to de la enfermedad di 52 á 56: muerte al quinto 
dia. 



José de l«i Cruz, presidario, de veinte años 
de edad, de un temperameuto bilioso- sanguíneo, 
fue atacado repentinamente de un calofrío seguido 
de fiebre, con dolores genérale?, con sensación 
de rompimiento general, en la noche del 17 al \<\ 
de Julio. Fué sometido á mi eesamen el mismo 
dia á las cuatro de la tarde. La piel estaba ca- 
liente y seca: el pulso pequeño y blando con 
76 pulsaciones por minuto; el semblante mani- 
festaba la admiración y la fatiga; la tez de la 
cara como escaldada; los ojos llorosos, doloro- 
sos y fijos; la conjuntiva inyectada: los labios 
hinr-liados y violetas: se quejaba de una violen- 
ta cefalalgia, y de un dolor menos fuerte en la 
región lombar: la b ngua ancha, húmeda, entu- 
mecida, y los bordes de un rojo violota. 

Vexi^atorio alcanforado á la nuca: bebida 
aceitosa purgante: bebida calmante acida: limo- 
nada: lavativa emoliente: dicta. 

El 19 de Julio á las 7 de la mañana. El 
dolor de cabeza se habia calmado, el pulso da- 
ba 56 pulsaciones: lo demás en el mismo esta- 



83 
do. No había tenido evacuación alguna: poca orinal 

Bebida aceitosa purgante: bebida acida cal- 
mante, una lavativa purgante: atole: vino. 

Julio 20 á las 7 de la mañana. El mismo 
estado, á ecepcion del pulso que estaba aun 
menos desenvuelto y batía 52 veces por minuto: 
la lengua saburrosa. El enfermo se sentía muy 
débil. 

Bebida aceitosa: una pildora tónica de cua- 
tro en cuatro horas: una lavativa emoliente en 
la tarde: vino aguado, cierna de maíz. 

El mismo dia á las 5 de la tarde: el en- 
fermo dice que está débil, y sin embargo, se le- 
vanta: su respiración es difícil; se quejaba de 
opresión; el pulso casi imperceptible, batía 54 
veces por minuto; la piel apenas estaba tibia. 

Los remedios indicados, y ademas sinapis- 
mos ambulantes. 

El 21 de Julio: el pulso apenas puede to- 
carse, daba 52 pulsaciones por minuto: la piel 
fría, amarilla: la lengua ancha, mucosa, entume- 
cida, filtrando sangre; las encias y labios hin- 
chados y violeta: la cara descompuesta, estirada, 
y espresando el tormento: el ojo cercado con 
un circulo de sangre- El enfermo estaba opri- 
mido y atormentado por el hipo: nada de ori- 
nas, ni de evacuación. 

Un sinapismo sobre la región del estómago: 
bebida etérea: pildoras alcanforadas; lavativas de 
masdeval. 

El 22 de Julio. El semblante estaba des- 
compuesto; el ojo espantoso: vista entorpecida: 
gonrrisa boba: opresión: piel amarilla, con placas 
violetas y absolutamente helada; nada de pulso. 
El enfermo estaba próesimo á la muerte y sin cm- 



81 
bargo se sienta en su cama y me asegura que 
está bueno, y apenas podía articular los sonido:» 
por la eslretna pena que tenia. 

Bebida etérea: lavativas de masdeval: sina- 
pismos ambulantes: friegas de vinagre caliente 
alcanforado. 

En este estado permaneció el enfermo has- 
ta ecsalar el último suspiro en la noche del mis- 
mo dia: el muno sin tormento y sin embargo el 
sistema muscular estaba convelido. 



Autopsia cadavérica hecha el 23 de Julio á las 
seis de la mañana, de tres á cuatro horas después de 
la muerte. 



Aspecto eslerior: la piel enteramente amarilla, 
á ecepcion de algunas anchas equimosis de un 
violeta mas ó menos obscuro: los labios estaban 
contraidos al grado de formar un rodete circu- 
lar que dejaba descubiertos todos los dientes y 
las encías. La mano derecha, cerrada, el pulgar 
dentro de ella, de suerte que era imposible abrirla: 
todos los músculos especialmente los de las es- 
tremi lades, contraidos de tal modo que se se- 
ñalaba de una manera estraordinaria su parte 
carnosa, bajo la piel: el vientre pegado al dor- 
so: la región lombar arqueaba hacia adelante, 
dejando hacia atrás, (esteudido el cadáver sobre 
el dorso) un vacio considerable. 

Cerebro y dependencias: los basos y el seno 
longitudinal distendidos y llenos de sangre flui- 
da y negra: dibididí la sub tancia se cubre lue- 
go de un rocío de sangre que reunido en go- 



85 
las toma un tinte negro: quitada la masa cere- 
bral se derramó, por el ahujero occipital, una can- 
tidad bastante grande de serosidad. La espina 
presentaba los mismos fenómenos, es decir, la 
inyección de las membranas y una colección de 
serosidad en la parte lombar. 

Pecho: los dos tercios superiores del pul- 
món estaban negros, y dicho órgano, obstruido 
de sangre negra. El pericardio contenia algu- 
nas onza3 de una serosidad rojisa: el corazón 
tenia un aspecto livido casi negro; parecía vo- 
luminoso; estaba lleno de una sangre negra y 
fluida, ¡o mismo que los gruesos troncos: ningún 
bestigio de cuajaron. 

Abdomen: el higado natural, teniendo sin em- 
bargo un ligero tinte amarillo: las incisiones he- 
chas en su tejido daban salida á una gran can- 
tidad de sangre. El baso y los ríñones no pre- 
sentaban cosa notable: la bexiga estaba disten- 
dida: vista esteriormente era inyectada; conte- 
nia cerca de un azumbre de una orina color ci- 
trino: la mucosa descolorida. El estómago de una 
dimencion mediana; contenia un liquido musila- 
ginoso: la mucosa natural, sino és una línea de 
cerca de una pulgada de largo sobre seis líneas 
de ancho que estaba como picoteada de viole- 
ta. Raida la mucosa con el escalpel aparecieron 
inyectados todos los basos. Los intestinos pre- 
sentaban también poca alteración en el tinte de 
su mucosa: su esterioc tenia el aspecto muy in- 
yectado. 



80 

DECIMA 9ESTA OBSERVACIÓN. 



El enfermo murió sincuenla y dos horas des-* 

pues de la invqcion: abatimiento general: gran Jcbi* 

lidad en las piernas y músculos: dolor bastante dé' 

bil en la cabeza y en la región lombur: suprecion de 

crinas: lengua hendida, como partida. 



Luis Antonio Jiménez, presidario, de 25 nños, 
temperamento bilioso, fué atacado en la maña- 
na del 12 de Julio de un calofrió seguido de 
liebre, con dolor de cabeza y de dorso. 

El 13 de Julio á las siete de la mañana, 
sintió un abatimiento general: se quejaba de un 
dolor en la frente, y de una pesantes en la re- 
gión lombar, tan ligeras, con todo eso, que la 
primera respuesta del enfermo era „que nada 
tenia", si no era un estado general de fatiga y 
de abatimiento, como molido: la cara estaba co- 
mo escaldada, poco animada, y con espresion 
de fatiga: el ojo lloroso, animado y doloroso: la'8 
miradas como de admiración y temor: la len- 
gua ancha, húmeda, ligeramente mucosa, entu- 
mecida, y como rajada: nada de sed: piel sin 
calor; pulso pequeño, profundo, batiendo ochen- 
ta y cuatro veces por minuto- 
Lavativa purganle: cáustico en la nuca: be- 
bida purgante aceitosa: bebida calmante acida, 
por la tarde: agua de cebada con miel. Dieta. 
A las cinco de la tarde, el mismo esta- 
do: el pulso con ochenta pulsaciones. Remedios 
indicados; agua vinosa. 



87 

El 14 Je Julio á las siete de la mañanad 
La noche habia sido tranquila aunque sin sue- 
ño. Por la mañana dijo el enfermo que nada 
teuia; con todo eso la cara estaba hipocrática, 
el ojo marchito, la respiración penosa, la piel 
casi fría, amarilla y sembrada de anchas equi- 
mosis; el pulso imperceptible, con setenta y dos 
pulsaciones por minuto. 

Lavativas de Masdeval: una pildora tónica 
cada tres horas: agua vinosa: friegas oleosas ca- 
lientes. 

A las cinco de la tarde, el enfermo esta- 
ba helado; sin pulso; con respiración penosa; el 
semblante hipocrático, sin espresion; el fondo 
de la cara color violeta; el cuello, los labios y 
los parpados del mismo color: el resto de la 
piel amarilla y sembrado de algunas anchas equi- 
mosis. En ese estado, se sentó el enfermo ase- 
gurándome que estaría enteramente bueno sino 
sintiera una gran debilidad en los muslos y 
piernas. El murió sin agonía, ó mas bien, él se 
estinguió á las ocho de la noche, cerca de cin- 
cuenta y dos horas contadas desde el momento 
de la invacion. 



Jiutopsia cadavérica hecha doce horas después de 
la muerte. 



Aspecto estertor: el aspecto del sueño. La-piel 
amarilla, sembrada de anchas equimosis, color 
de hez de vino, un círculo mas obscuro en el 
cuello, los parpados casi negros: todos los mus- 
culos no contraidos á escepcion del vientre que 



88 
estaba hundido y la región lombar un poco ar- 
queada. 

Cerebro y espina: apenas arerrado el crá- 
neo en un punto, se cecapó de lo interior de la 
bóbeda huesosa, una gran cantidad de sangre 
negra: arrancado dicho cráneo la sangre conti- 
nuo saliendo corno de una criba: todos los va- 
sos inyectados singularmente: nada de agua se 
encontró en los teños. Descubierta la medula es- 
pinal, parecia corno abotajada en toda su os- 
tensión divididas las membranas, dio paso á una 
por&ion de agua que se escapó sobre todo de 
la parte lumbar en donde estaba acumulada. 

Pecho; el pulmón natural; solo oíVecia en su 
raiz un aspecto negro. El pericardio contenia al- 
gunas onzas de una serosidad amarillenta: tan- 
to el corazón como los gruesos troncos, esta- 
ban llenos de sangre: ningún cuajaron: en todas 
partes la sangre es negra y fluida; por todas 
partes corre en abundancia bajo el instrumen- 
to que divide los texidos: cortando profunda- 
mente los músculos del dorso y de los lomos, 
se escapa la sangre en tal abundancia, que las 
canales que resultan de aquellas incisiones pa- 
ra poner á descubierto la espina, se llenan con 
tanta rapidez, que se creria á primera vista que 
habia habido de ante mauo un derrame. Esta 
circunstancia ha sido común á casi todos los ca- 
dáveres que he inspeccionado en este año: de- 
bo esceptuar de esta circunstancia, los cadá- 
veres de aquellos que han muerto de otras en- 
fermedades y no de la fiebre amarilla. 

Vientre bajo: el hígado en su estado natu- 
ral, sin alteración de texido ni de color: la be- 
giga biiiur contenia cerca denos cucharadas de 



89 
una bilis verdi- negra; el vaso de un volumen 
muy pequeño: los riñones sin alteración notable. 
La begiga contraída, y no contenia mas que una 
cucharada de orina revuelta. El epiploon y to- 
das las superficies inyectadas; una parte de los 
intestinos con un aspecto violeta. El estómago 
contenia cerca de dos onzas de materia negra: 
la mucosa color de hez de vino. Los intestinos 
contenían materia negra en los recodos, de los 
delgados. 

NOTA. Todos los cadáveres r que he a- 
bierto, me han presentado en lo interior un 
grado de calor notable, aunque siempre la piel 
haya estado helada 12, 18, 24 horas antes de 
la muerte En el individuo que motiva esta ob- 
servación, dicho calor era mas notable aún, á pe- 
sar que pasaron doce horas desde su muerte 
hasta el momento de la inspección de su ca- 
dáver. 



DECIMA SÉTIMA OBSERVACIÓN. 



Dolores poco decididos en la cabeza* en el es* 
tómago, en los ríñones y en los muslos alternativa- 
mente', indiferencia estrema; dolor en el pecho: suprc- 
cion de OH mas: muerte á los quince dias de fa en- 
fermedad. 

José Antonio Cúmel, presidario, de edad de 
25 años, de temperamento bilioso, poltrón; entró al 

13 



.1 ti í de Julio, dic-i 
e la víspera, con calofrío: él no presentaba 



fios 

bre ia vispt . 

síntoma alguno notable, gi no era un débil do- 
Sur en la región del estómago: su semblante es 
taba fatigado, espresion de simpleza, juií io ob- 
tuso; la lengua ancha, húmeda, de un blanco 
apagado; piel tibia; el pulso daba cuarenta pul- 
saciones, desenvuelto, pero llojo y cediendo á 
la menor presión. 

Una lavativa purgante: dos cucharadas de 
mistura salina cada dos horas; agua de ceba- 
da con miel: crema de maíz. 

A las cinco de la tarde, ligero dolor en la 
región lona bar, el pulso con treinta y seis pul- 
saciones: el mismo estado. 

Friegas aceitosas alcanforadas sobre los rí- 
ñones: remedios los ya indicados. 

Del 5 de Julio al 15 del mismo, no pre- 
sentó el enfermo diferencia alguna notable en 
su estado; un aire indolente; un mirar admira- 
do y bobo: las conyuntivas medianamente in- 
yectadas: una sensación de rompimiento con li- 
geros dolores en la cabeza, en la región lom- 
bar, en la epigástrica, alternándose y aun dis- 
cipándose enteramente.-, he aquí todo lo que 
pude notar. Durante este intervalo, la piel per- 
maneció tibia, la lengua ancha y descolorida, el 
pulso batiendo siempre de treinta y seis á cua- 
renta y cuatro veces por minuto. Después de al- 
gunos días, él comia con placer, no esperimen- 
taba cosa alguna, sino era que las fuerzas no 
se reponían, y ademas tenían, no sé que deja- 
dez. Repentinamente, y el 15 de julio se quejó 
de un dolor en el pecho, sin otro síntoma no- 
table, ni aun de alteración del pulso, que ba- 



01 
tía el mismo dia cuarenta veces por minuto. 

El 16 de Julio, la piel estaba caliente; el 
pulso batia noventa y seis veces por minuto; el 
ojo mas inyectado: la cara como escaldada sin 
estar animada: la lengua ancha, como entume- 
cida, fondo color violeta, y mucosa. 

Bebida oleosa purgante; bebida acida cal- 
mante, en la tarde: dieta. 

El l? de Julio, pulso pequeño y flojo, con 
ochenta pulsaciones por minuto; tuvo una he- 
morragia nasal que cesó luego espontanemente: 
una pesantez en la región epigástrica, en los rí- 
ñones; opresión, respiración penosa; el resto en 
el mismo estado. 

Bebida oleosa purgante, por la mañana: be- 
bida calmante, en la tarde: agua vinosa. 

El 13 de Julio, el ojo muy inyectado: la 
lengua trasudando sangre: piel amarilla, apenas 
tibia: pulso pequeño y con sincuenta y dos pul- 
saciones por minuto. 

Bebida oleosa: bebida acida calmante; vino; 
limonada. 

El 19 de Julio, el mismo estado, con dife- 
rencia que la debilidad era mayor. El pulso da- 
ba cincuenta y dos pulsaciones por minuto. 

Dos pildoras tónicas: bebida acida calman- 
te: caldo: vino: limonada. 

A las cinco de la tarde, pulso casi inper- 
ceptible: piel tibia, casi fria; la sangre se tra- 
suda por toda la mucosa de la boca. El enfer- 
mo muy débil, acostado, sin movimiento, sin do- 
lor, sin inquietud, con una indiferencia notable: 
opresión: dificultad de tragar. 

Un vexigatorio á la nuca: lavativa de Mas- 
devab limonada mineral* 



92 

El enfermóse puso soporoso, la respiración 
embarazada, y se cstinguió á las cineo Je la 
mañana sin haber tenido vómitos, ni dolor l)ien 
decidido; las orinas suprimidas hacía algunos dias, 
y sin haber notado efecto alguno sensible de 
los medicamentos empleados. 



Autopsia cadavérica, á las cinco de la tarde, 
doce horas después de la muerte. 



Aspecto esterior: de una magrura estrema: el 
vientre contraído: la piel amarilla paja, sembra- 
da de equimosis violetas; el cuello, los labios, y 
los parpados de un color moreno casi negro; la 
espresion del gesto, el mismo que tenia antes 
de la muerte. 

MOTA. En general, los cadáveres que tie- 
nen los ojos abiertos, ó medios cerrados, con- 
cerban la misma espresion que tenían pocas ho- 
ras antes de morir: así que se ha procurado 
asegurarse si han cesado de respirar, á pesar 
de que hayan pasado seis y aun doce horas des- 
pués que han ecsalado el último suspiro. 

Cerebro y espina: nada notable en el cere- 
bro, si no és la inyección de los vasos y la flui- 
dez de la sangre que llenaba el seno longitu- 
dinal. Quitada la masa cerebral, se escapó una 
gran cantidad de agua por el ahugero occipi- 
tal: la espina presentó mucha sangre en el ca- 
nal, y una colección de este líquido que com- 
primía la parte lombar. 

Pecho: pulmón marchito, dejando un vacio 
considerable en la cavidad torásica; su raíz ne- 



93 

gra, el pericardio contenía agua amarilla en pe 
quena cantidad. El corazón de un aspecto lívi- 
do-negro: este órgano estaba desenvuelto, lleno 
de sangre negra lo mismo que los gruesos tron- 
cos: ella es muy fluida y se escapa ó se der- 
rama tan luego como se hnce en sus paredes 
la menor avertura; lo que es común á todos los 
que han muerto de la liebre amarilla. 

Vientre büjo-, todas las superficies y texidos 
estaban inyectados: el hígado poco voluminoso, 
en buen estado, mas escapándose sangre negra 
en abundancia por hs incisiones hechas en su 
texido: la begiga biliar, desenvuelta y llena de 
una bilis casi negra. El vaso muy gruezo, loque 
ha sido una cosa rara. Los rinones no tenían 
cosa alguna notable. La begiga contraída y ba- 
cía absolutamente. El estómago contenia á Jo me- 
nos un azumbre y medio de sangre que tenia la 
mas perfecta semejanza con la que llenaba el 
corazón y los gruezos troncos; con la sola di- 
ferencia que el estómago contenia cuajraones 
que reunidos eran del grueso de un huevo de 
pava: toda la superficie mucosa estaba unida, li- 
sa, morada: quitada esta membrana se percibió 
una inyección fuerte, y todos los vasos desen- 
vueltos y llenos de sangre. Los intestinos equi- 
mosados, sobre todo en los codos, qne eran mo- 
rados, contenían una gran pirte de sangre que 
era tanto mas disuelta y se parecía tanto mas 
á la materia negra ordinaria, cuanto mas se ale- 
jaba del estómago. 



84 

DE< IMA OCTAVA OBS£Bl H ION. 



La enfermedad comenzó por desmayos-, un esta- 
do de embriaguez', dolores generales; epigastrtalguia 11 
raquiulguia violentas: insmo: imposibilidad de tragan 
irion d estrangulación: úientte contraído; pecho 
bombeado. Muerte en cuarenta y sen horas. 

Jo?é Macsimo, presidario, de edad de 20 
años, temperamento bilioso sanguíneo, esperi- 
mentó en la noche del 2 al 3 de Agosto un 
violento calofrió seguido de fiebre con desva- 
necimientos, desmajo, estado de embriaguez, do- 
lores generales. 

El 3 de Agosto, piel caliente y seca: pul- 
so lleno, flojo, y con ciento veinte pulsaciones 
por minuto: rompimiento general; dolores en las 
extremidades, hacia la región epigástrica, y pro- 
fundamente en la región lombar: dolor mas vio- 
lento de cabeza, especialmente hacia la nuca: 
tez corno escaldada, oleosa; espresion de admi- 
ración, como atontado; ojo lloroso y adolorido: 
inyectada la conyuntiva: lengua ancha, hincha- 
da, mucosa, húmeda, y una zona seca y sin mu- 
cosidad en el medio. 

Cáustico á la nuca: bebida oleosa purgan- 
te: dos pildoras sudoríficas, por la tarde: fava- 
tiva emoliente: agua de cebada con miel. Dieta. 

El 4 de Agosto, la cara hipocrática e.spre- 
sando el espanto; algún estravio en el ojo la 
conyuntiva muy inyectad,; la lengua esterna- 
emente hinchada, sin poderla salir de la boca 



95 

por l.i imposibilidad do abrirla: trismo; dificul- 
tad de tragar, sensación de estrangulación y di- 
ficultad de respirar: suspiros profundos y frecuen* 
tes; el vientre contraído de un modo estraordi- 
nario; el pecho como bonbeado, la piel fria y 
amarilla; el cuello, I09 labios y los parpados de 
un tinte violeta; equimosis sobre diversas par- 
tes del cuerpo: pulso absolutamente insensible. 

Lavativas de Masdeval, opiata del mis- 
mo, limonada, friegas oleosas alcanforadas. 

El enfermo murió á las ocho de la noche, cua- 
renta y seis horas después de la invasión de 
la enfermedad, sin haber tenido vómitos, ni eva- 
cuaciones, ni hemorragias. 



autopsia cadavérica hecha el 5 de Jjgosío á las 
siete de la mañana, once horas después de la muerte. 



Aspecto estertor: piel amarilla jazpeada de 
violeta. El cuello, los labios, los parpados, la 
mitad posterior de las megillas, las orejas, to- 
do el cuero cabelludo y el dorso de un vio- 
leta obscuro. La úlcera del vexigatorio negra, 
y el trapo impregnado de sangre negra. Los 
músculos de la cara convelidos, y espresando 
el espanto. Los ante-brazos doblados, sobre el 
pecho. Las manos cerradas, los dedos impre- 
sos sobre el tórax. Las piernas dobladas. Todos 
los músculos contraidos, la parte lombar de la 
columna espinal, encorbada hacia adelante en 
forma de arco. El vientre menos contraído que 
durante la enfermedad. El pecho como bombeado. 

Cerebro y espina: arrancado el cráneo, cor- 



96 
ria la sangre al través de las membranas, co- 
mo de una ciiba: el aspecto de estas. c;isi ne- 
gro: divididas las mismas, coi rio mucha Bangre 
que estaba derramada: no había agua en los 
ventrículos. Cortando los músculos dorsales y 
lombares, 6alio sangre en tanta abundancia, que 
fué preciso haber recurrido á una esponja, y 
luchar algunos minutos, antes de poder sacar 
las apofhes espinosas: el canal vertebral lleno 
de sangre: las membranas inyectadas: casi nada 
de agua debajo de ellas. 

Pecho: pulmón absolutamente negro: obstrui- 
do todo de sangre negra. El pericardio conte- 
nia de cinco á seis onzas de un líquido ama- 
rillo: el corazón tenia casi un aspecto negro, es- 
taba desenvuelto y lleno de una sangre negra de 
una fluidez notable; contenia ademas un gran cua- 
jaron de un hermoso amarillo ámbar. 

Nota: la sangre es menos negra, menos es- 
pesa, mas líquida que en todos los otros indi- 
viduos inspeccionados hasta aquel dia. 

Vientre bajo; todas las superficies inyectadas 
y de un color sombrio. El hígado sin alteración 
tTe tejido, ni de color; dividido dicho tejido sa- 
lió rn (ha sangre; la bexiga biliar muy peque- 
ña- Todo el tubo inteslinal parecía inyectado 
en lo esterior: estaba inflado por los gaces 
que contenia, y su mucosa sin alteración apre- 
ciable. El estómago de una dimensión ordinaria: 
do contenia mas que mucosidades y los líqui- 
dos bebidos: la mucosa sin grado sencible de 
color y sin alteración alguna: arrancada, ó raí- 
da esta membrana se notó debajo una red vas- 
cular cerrada y completamente inyectada. E- 
baso era pequeño: los ríñones ¡sin alteración aprel 



97 
ciable: la bexíga absolutamente con traída, y ab- 
solutamente racia. 



TERCERA CLASE. 



Enfermos asistidos por mt, y que han sanado, 
después de haber presentado diversos síntomas de la 



mas grande gravedad. 



DECIMA NONA OBSEVACION. 



Dolor profundo en la región umbilical y en la 
lombat; sentimiento de presión mecánica sobre el tórax: 
opresión; voz alterada; suspiros profundos; supresión 
de orinas. 



Jlntiespasmódicos; emolientes estertores: revulsivos: 
lavativas purgantes. Convaksencia al décimo dia de 
la aifermcdad. 



N. de edad de 30 afics, nacido en provin- 
cia, alto, magro, de un temperamento bilioso- 
nervioso, esperimentó en la noche del 14 de Ju- 
lio un violento calofrió, seguido de fiebre, con 
abatimiento general, dolores poco decididos en 
la frente, en los ríñones, en la región umbili- 
cal &c. 

El 16 de Julio, época de mi primera visita, 
me presentó los síntomas siguientes. Piel seca, 

14 



98 
apena? caliente: la cara con espresion de fatiga 
y de dolor, descolorida; los ojos húmedos, y co* 
mo escaldados por la acción solar; la vista in- 
quieta y triste: los parpados de color ceniciento; 
la lengua blanca, húmeda sin mucosidad: sed 
grande; dolor muy vivo en la frente; dolor vio- 
lento, profundo, refiriéndose a la región del co- 
lon: intolerable en la región lombar.* grande agi- 
tación: insomnio: constipación; opresión: dolor 
de pecho con una sensación de presión mecánica 
sobre el tórax: inspiraciones profundas, suspiros; 
voz ronca: pulso blando, poco desembuelto, y 
con 70 pulsaciones por minuto. 

Baño de pies, coií mostaza y caliente: frie- 
gas sobre el bajo vientre y sobre los lomos, con 
aceite saturado de alcanfor: dos lavativas emo- 
lientes alcanforadas, mistura salina para tomar 
el dia siguiente por la mañana. 

El 17 de Junio: la noche fué muy agitada: 
todos los dolores ecsasperados: el estomago ar- 
rojó la mistura salina; con todo no estaba do- 
loroso ni sencible á la presión. Los dolores de 
los riñones y del ombügo desaparecieron por algu- 
nos minutos; pero volvieron con la misma violencia 
después de cada esfuerzo de vomito: tuvo tres 
pequeñas evacuaciones: muy pocas orinas. La 
cara mas fatigada: la piel apenas tibia, de un 
color ligeramente citrino. El pulso daba por la 
man ma 60 pulsaciones y algunas menos por la 
tarde. 

Dos lavativas purgantes con la adición del 
aceite alcanforado: embrocaciones alcanforadas», 
pediluvio caliente: una gran cataplasma emolien- 
te sobre el vientre, y por bebida agua de cebada 
melada. 



99 

El 18 de Junio: el día anterior pe calma- 
ron loe dolores á consecuencia de las evacua- 
ciones purgantes, mas volvieron muy luego. 

La noche fué agitada y sin sueño. Por la ma- 
fia na la cara es la misma; ningún dolor de cabeza: 
Ja lengua de un blanco descolorido: ninguna sed: 
el dolor de pecho apenas sensible; la voz me- 
nos alterada. Los dolores de vientre y ríñones 
continuaban, pero con meros fuerza: la piel en 
el mismo estado. El enfermo estaba siempre agi- 
tado; eeperimentaba fatiga, y un estado de aba- 
timiento: nada de orinas. El puteo daba 52 pul- 
saciones por la mañana y 46 por la tarde. 

Infusión diaforética en pequeñas dosis: dos 
lavativas purgantes; una gran cataplasma emo- 
liente sobre el vientre: embrocaciones alcanfo- 
radas: un poco de crema de maiz. Por la tar- 
de una bebida compuesta con la agua de yer- 
babuena, y la de flor de naranjo, 30 gotas de éter, 
$0 gotas de láudano líquido y un jarave, para 
tomarla en una dosis. 

El 19 de Junio: el enfermo estaba mejor: 
habia tenido algunos momentos de sueño: la piel 
mas amarilla, mas caliente y húmeda: el pulso 
ijias desenvuelto y con 52 pulsaciones por mi- 
puto: todos los dolores se disminuyeron por la, 
mañana, y se estinguieron enteramente en el dia, 
en la tarde solo estaba fatigado, y deseaba co- 
mer; una ligera sopa de fideos suscitó un pocp 
de ancia. 

Agua de cebada con miel por bebida, ca- 
taplasmas emolientes: embrocaciones alcanfora- 
das; lavativa purganle; otra emoliente con adi- 
ción del aceite alcanforado, y la bebida con éter 
y láudano, para la tarde. 



TOO 
El 20 de Junio: la noche había sido bu», 
na; todos los dolores desaparecieron; había con 
todo, menos aptitud para moverse: deseo de re- 
poso: apetito. Durante tres dias aun, continuó 
con las embrocaciones oleosa?, las lavativas emo- 
lientes, y la agua de cebada con miel; no ee 
le hizo al enfermo mas que caldos, cremas, 60- 
pas ligeras, y cstubo en plena convalesencia el 
21 de Junio onceno dia de la enfermedad. 



VIGÉSIMA OBSERVACIÓN. 



Dolores violentos en la cabeza, en la región um- 
bilical, y en los riñnnes: adormecimiento de muslos; 
sensasion de presión mecánica en el tórax. 



Vomitorio: purgantes, cuyo afecto se ausilio con 
lavativas numerosas. Convalesencia al cuarto dia de la 
enfermedad. 



En los primeros dias de Julio, el Sr. Doc- 
tor. . . N. del estado de Mariland (Norte Amé- 
rica) de edad de 32 años, estatura alta, bien 
musculado, fuerte, sanguíneo; fué atacado repen- 
tinamente por la tarde, de un violento calofrió, 
con fiebre, dolores violentos de cabeza, ríñones, 
y de la región umbilical; un abatimiento gene- 
ra!; un fuerte adormecimiento de la mitad su- 
perior de los muslos; y un estado de ansiedad 
índefiiible, y q-ie el no podia dominar. 

La miama tarde, tomó el enfermo por dis- 



101 

posición suya, un vomitorio, y se mandó hechar 
algunas lavativas, haciéndole arrojar el primero 
una gran cantidad de materias biliosas á lo que 
siguió un sudor abundante que pareció calmar 
un poco los síntomas. 

Me hizo llamar al dia siguiente á las 9 de 
la mañana. Lo encontré con un pulso flojo, po- 
co resistente, dando 80 pulsaciones por minuto: 
la piel un poco caliente y húmeda: la cara co- 
mo escaldada: los parpados cenicientos: el ojo 
lloroso, adolorido é inyectado: la parte superior 
de la cara muy animada, como color de viole- 
ta: espresion de admiración, y de inquietud. 
¡Respiración penosa: sentimiento de presión so- 
bre el tórax; los dolores en general menos vi- 
vos, aunque persistía el de la región lombar que 
era mas violento, y el adormecimiento de Jos 
muslos, tíulorna que inquietaba visiblemente al 
enfermo. La lengua nada presentaba notable; ella 
era húmeda y mucosa: la sed casi nula. 

Los evacuante?: las lavativas emolientes v 
las purgantes: las bebidas acidulas, y una die- 
ta absoluta fueron suficientes á dicipar en po- 
cos dias todos los síntomas. El enfermo n\é es- 
traordiHariamente evacuado: el pulso que había 
disminuido el número de sus pulsaciones ha^-ta 
50 por minuto, subió hasta 90 después de ocho 
dias de convalesencia. 



VIGÉSIMA PRIMERA OBSERVACIÓN. 

Dolor atroz en la región epigástrica estendien- 



102 _ .- . 

dose hasta el cwlh'o, y hütta h mitad MJ*** 
Raquialguia t/ cefalalgia violenta»; VOVtUor. hcmvira- 
gius considerables por el ano &c. 

Vcxigatorios: ¡apantes; lavativas Ionices irritan- 
tes: su/f ato de quinina. Comvalcsencia al décimo dia de 
la enfermedad. 

El Sr. Julio Larher de S. Vicente, de Pa- 
rí?: de 22 años de edad, sanguíneo, robusto, lle- 
gado de Francia hacia pocos días: fué atacado 
repentinamente, en la noche del 22 al 23 de Ju- 
lio, de un calofrió violento seguido de fiebre, y 
acompañado de un dolor violento que se es- 
tendia desde la parle media del pecho hasta 
el ombligo, y que se hacia resentir profunda- 
mente en el durso. Este dolor que se redobla- 
ba por momentos, era entonces intolerable y 
acompañado de vómitos que dieron al enfermo 
la idea de que estaba envenenado, lo que tu- 
vo á lo menos la ventaja de remover de su es- 
píritu la idea de la temible enfermedad que 
empezaba con tanta violencia. 

El 23 de Julio a las 8 de la mañana, lo en- 
contré en un estado estremo de agitación, an- 
ciedad, terror de la muerte, sin dudarse del ca- 
rácter de su enfermedad. Se quejaba de dolo- 
res atroces, que ocupaban, como lo he dicho 
una parte del pecho y toda la región epigás- 
trica: se quejaba también de un violento dolor 
de cabeza: estaba el muy oprimido: su cara era 
co.jio escaldada: los ojos fijo3, húmedos y ado- 
loridos, espresando el espanto. La piel húmeda 



103 
y caliente: el pulso desenvuelto, flojo, con 100 
pulsaciones por minuto. Variaba continuamente 
de lugar; suspiraba profundamente y se levan- 
taba como por un movimiento involuntario y 
maquinal. 

Bebida calmante acida, en pequeñas cucha- 
radas: friegas generales con el aceite alcanfora, 
do caliente; lavativas emolientes, con adición del 
dicho aceite: agua de tilia. 

Al medio dia: habian calmado un poco los 
dolores, mas esperimentaba una sensasion de tor- 
mento y de embarazo, como si una presión mecá- 
nica impidiese el libre uso de los órganos y 
de los movimientos esteriores. El pulso batia 
9'J veces por minuto. Tres lavativas dadas en 
la man ma, no fueron espelidas. 

Dos lavativas purgantes: look oleoso pur- 
gante, por cucharadas. 

A las cinco de la tarde, habia tenido al- 
gunas evacuaciones: los dolores no habian ce- 
sado, pero no aparecian las crisis por vómitos: 
habia embarazo y pesantes: el pulso con 70 pul- 
saciones; mucha inquietud. 

Los mismos remedios. 

El 21 de Julio á las cinco de la mañana: 
el enfermo en calma: el semblante fatigado, me- 
nos animado: los parpados cenicientos, su fon- 
do amarillo: el pulso con 54 pulsaciones, flojo 
y sin resistencia. La piel tibia, cubierta de pe- 
queñas placas violetas semejando á las picadu- 
ras de mosquitos. La lengua ha estado si* npce 
y estaba entonces anchi, humada, blanca mar- 
chita, y nada roja: v.\ dolor de cab?za había 
de-aparecido: la región diafragma tica y la epi- 
giatrica sin dolor, puro con la sensación de un 



101 

p<*«o. Durante la noche, nad » tomar, y 

era casi nula la sed, que i uabia bioo 

viva. r , 

Mistura salina: friegas oleotas alcanlorauas: 

lavativas; dieta absoluta. 

A las 7 tuvo un vomito bilioso con una 
poca de sangre, lo que asustó por un momen- 
to al enfermo. Habia tenido, antes de medio dia, 
tres evacuaciones que contenian mucha sangre, 
circunstancia que fue ignorada por el enfermo, 
que se siente bien, se admira que se tenga 
cuidado de el, y queria levantarse. En la sies- 
ta hubo otro vomito de un líquido amarillo y 
amargo. 

A las 6 de la tarde, el enfermo se sifntc 
aliviado: su cara es descolorida, frente ama- 
rilla, parpados ceniso obscuros; ojos fatigados, 
no inyectados: lengua húmeda, ancha, como in- 
diada, sus bordes un poco animados: piel ti- 
bia: pulso blando y sin consistencia, con 60 pul- 
saciones por minuto. 

Friegas oleosas: lavativas emoliente s: mag- 
nesia calsinada á pequeñas dosis, (teniendo el 
enfermo una repugnancia invencible á la mistu- 
ra salina y al look purgante.) 

El 25 de Julio á las 5 de la mañana: fi- 
sonomía f.tigada al estremo- ojo inyectado, par- 
pados cenisos, fondo de la piel en el cuello y 
en las comisuras de los labios, amarillo: piel 
tibia, pulso con 52 pulsacianes: dolores de ca- 
beza y de ríñones: bastante tranquilo: lengua an- 
cha, húmeda, como marchita; decía que tenia sed 
y no bebía. 

Continuaron los mismos remedios. 

A la¿ 10 de la mañ>.ua: eltnfermo estaba muy 



105 
ancioso se quejaba de un dolor intolerable en 
la región lombar, que iba en aumento y lo 
hacia gritar: suspiros frecuentes y profundos: 
opresión: calambre en las pantorrillas. A lo.s 
cuatro no tenia el enfermo postura alguna 
permanente: su semblante espresaba el do- 
lor y la admiración: los ojos muy inyectados: 
se quejaba de mucha sed, y no obstante no 
quería beber: el pulso daba 60 pulsaciones. 

Un vexigatorio ancho en la región lombar: 
friegas amoniacales sobre toda la espina: friegas 
oleosas alcanforadas en todo el cuerpo: la mis- 
ma bebida; lavativas de ¡Vlasdeval de tres en tres 
horas: bebida con éter hecha tónica con tres gra- 
nos de sulfate de quinino para tomar una tercera 
parte cada dos horas. 

A las seis de la tarde; muy abatido. A las 

9 de la noche era mucho menos vivo el dolor 
lombar; menos agitación; sin abatimiento: tuvo 
dos evacuaciones muy abundantes cargadas de 
sangre: los calambres continuaban en piernas y 
muslos que estaban adormecidos: la lengua mas 
densa, mas cargada, como obsura é hinchada; 
una faja en el medio mas obscura que el res- 
to. Piel Jibia: putao lleno, con 70 pulsaciones 
por minuto. 

Se continuó la bebida etérea tónica: las la- 
vativas de masdeval: las friegas aminoniacMes: 
las embrocaciones oleosas generales repetidas 
estas sobre las partes adoloridas calmaban al 
enfermo. Limonada ¡simple, y agua de cebada con 
miel, por bebiia. 

El 26 de Julio: la agitación era continua, 

10 mismo que los calambres: hubo tres evacua- 
ciones copiosas durante la noche; cada evacúa- 

15 



106 
cíon contenía lo menos de 16 á 18 onzas de 
íangre clara, poro bastante viva; el pulso con 
70 pulsaciones: la piel mas caliente; la cara co- 
mo hinchada y sembrada de placas violetas: 
el ojo inyectado. El enfermo esperimentaba una 
lensacion inesplicable de ansiedad interior que 
quisiera y no puede difinir, pero que le fati- 
ga estraordinariamente. Tenia los ojos cerrados 
porque según se esplicaba no podía fijar sus 
miradas sobre ningún objeto sin que se le pre- 
sentase un aspecto horrible que lo espantaba. 
Estaba en calma el dolor de la región lombar, 
la cefalalgia continuaba: sed: lengua muy han- 
cha, hinchada, dispuesta á filtrar sangre que sa- 
lía ya por la parte posterior de la boca: las 
orinas suprimidas desde el dia anterior. 
El vexigatorio habia obrado bien. 
Bebida etérea hecha tónica con seis gra- 
nos de sulfate de quinina: pildoras alcanforadas 
nitriadas de dos en dos horas: agua de cebada 
con miel y acidulada: lavativas de masdeval j 
emolientes* friegas oleosas alcanforadas casi con- 
tinuas. 

Al medio dia: habia un poro mas de cal- 
ma, á ecepcion del dolor de la frente que es- 
taba aumentado. El vexigatorio levantó una gran 
ampolla que contenía por lo menos ocho onzas 
de una serosidad muy amarilla. Continuaban las 
evacuaciones de sangre- y el pulso permanecía 
con 70 pulsaciones, lleno y desembuelto: la piel 
mas caliente. 

Continuaron los medios prescriptos. Se le 
aplicó un vexigatario en la nuca á las 5 de la 
tarde. 

A la» 10 de la noche, el mismo estado». Be 



107 
dependieron las lavativas; mandé darle dos pil- 
doras sudoríficas: una cucharada de bebida aci- 
da calmante: continuaron las friegas oleosas, y 
la bebida tónica. 

El 27 de Julio á las cinco de la mañana. 
Hubo un voaiito en la noche y otro en la ma- 
ñana: durante la 'noche no hubo ni evacuación, 
ni orina: menos inquietud: lengua saburrosa, den- 
sa, ancha y húmeda: se quejaba de sed, y be- 
bía rara vez: semblante y miradas abatidas: pul- 
so blando, sin consistencia y con 60 pulsacio- 
nes por minuto. 

Bebida oleosa: tisana de cebada: friegai 
oleosas. 

Al medio dia, habia tenido el enfermo tres 
evacuaciones bilisiosas y sin sangre: no habia 
dolor de cabeza ni de ríñones: menos calam- 
bres: se sentía débil y no obstante se leba li- 
taba para todas sus necesidades; la piel húme- 
da; el pulso con 56 pulsaciones, blando y sin 
consistencia. 

Al levantar el vexigatorio de la nuca (el 
cual dio poca serosidad) se desmayó el enfer- 
mo y vomitó bilis verde mezclada con algunoi 
grumos de sangre negra. 

Se suspendió la poción oleosa: volvió á to- 
mar la bebida tónica: se le hecharon lavativa! 
de Masdeval: continuo la bebida y las embro- 
caciones oleosas. 

A 1 js 9 de la noche estaba en calma: ha- 
bía tenido una evacuación sin sangre: estaba 
fttigado pero sin dolor alguno: el pulso con 58 
pulsaciones: la lengua menos ancha y menos 
gruesa, húmeda: nada de sed. 



ion 

L->* mismos medios lonico=t y las inisiTnn 
fríe. 

El 28 de Julio á la» 5 de la mañana. E! 
emfeimo est-iba tranquilo y sin dolor alguno: 
Ja lengua volvió á tofcttár su dimencion nrdina. 
ria y sin pro^encion á las hemorragias; el pul- 
6o con 50 pulsaciones, mas consistente: durmió 
uñ poco: tuvo dos veces orina; al¿nna vasca, 
pero no vomitó desde las once de la noche. 
feentia un peso en la región epigástrica. 

Esta última circunstancia fué el solo sinto- 
nía que persistió; desde dos días antes había 
una pesantes de estomago que aumentaba con- 
tinuamente y que acabo por causar un disgus- 
to insoportable, y un principio de desmayo, vi- 
niendo^ por fin á disipar todo esto, un vomito que 
Be repitió cada 4, 6, ó 6 horas. 

Continuo la bebida tónica: las lavativas de 
Masdeval; las friegas oleosas y la bebida sim- 
ple. 

Al medio dia: el pulso con 56 pulsaciones: 
el enfermo estaba bien, pero continuaba la nau- 
sea y vomitó dos veses después de mi visita 
hecha por la mañ.ina 

Suspensos todos los remedios interiores, le 
mandé por toda bebida, la agua azucarada y 
aro natza Ja con la agua de flor de naranjo: lo* 
demás medios continu irori. 

Habiendo manifestado el enfermo después 

de medio dia, deseo de tomar alguna bebida 

jPAlierite, le hice dar algunas tasas de una ¡n* 

¡o-) de ojas de naranjo; desde ese momento 

upó la nausea; á las lavativas siguieron eva- 

>nes abundantes de brlis diluida: orinó al- 
gunas vecc¿; el pulso batia ÜJ veces por miutt- 



109 
to: el enfermo estaba en calma, se sentía débil 
y deseaba caldo. 

Infucion de ojas de naranjo: agua con azú- 
car y aromatizada con la de ojas de naranjo: 
una lavativa emoliente; una toma de caldo co- 
lado. 

El 20 de Julio á las cinco de la mañana. 
La noche fué tranquila: durmió. Una lavativa 
que se le aplicó en la noche produjo una abun- 
dante evacuación biliosa. La piel suave, tibia: 
el pulso consistente y con 60 pulsaciones por 
minuto El enfermo se quejaba solo de los cáus- 
ticos; estaba contento y pedia de comer. 

Los mismos medios: caldo: crema de ar- 
ros. 

Al medio dia el enfermo estaba de inal hu- 
mor, se volvió caprichoso: tan pronto y i se sen- 
taba, ya estaba muy abatido. El pulso daba 56 
pulsaciones; en suma, continua el alibio. 

Los mismos medios: bebida tónica dedos en 
dos lio as. 

A las 8 de la noche el pulso daba 60 pul- 
saciones: el enfermo estaba agitado, incomodo, 
exigente: se enfadaba con el que lo cuidaba. Tu- 
vo mu' ha orina: á cada lavativa seguía una co- 
piosa evacuación. Los cáusticos le hacen pade- 
cer mucho. Pedia caldo á todo momento. 

Para la noche no se le prescribió otra co- 
sa mas que agua azucarada por bebida. 

El 30 de Julio: el enfermo ha dormido bien: 
estaba tranquilo: no habia orinado en la noche: 
la lengua siempre mucosa, sin irritación. No te- 
nia fuerzas musculares. El pulso con 60 pulsa- 
ciones. 

Cada tres horas un grano de sulfate de quinina 



110 

7 Hia pildora alcanforada nitrada; en los intervalos 
un caldo; una tnza de crema do arroz ó de maiz: 
una taza de infusión caliente de ojas de naran- 
jo. Por bebida común agua con azúcar y aro- 
matizada con la agua de flor de naranjo. Una 
lavativa emoliente por la mañana y otra por 
la tarde. 

El 31 de Julio, el 1 ° 2 y 3 de Agosto el 
enfermo continuo con los mismos medios; el pul- 
so dio en esos dias 50. 46. 40. 48 pulsaciones. 
Progresivamente se mejoró el enfermo, y final- 
mente el 3 de agosto ya estaba en pie, tomando 
alimentos sólidos. El estaba perfectamente bien. 

A medio dia leyó por entero un volumen 
de cerca de 400 páginas. Se aconto á buena 
hora sintiendo la cabeza pesada: á las 9 de la 
noche fué atacado bruscamente de un calofrió 
violento acompañado de caler febril y de mi 
atroz dolor de cabeza, cuyos eíntomas calmaron 
con apositos fiios sobre la frente, y calientes á 
los pies, y ademas con lavativas; con todo eso 
la noche fué mala. El dia siguiente (4 de Agos- 
to) la cabeza volvió á agravarse: la lengua se 
car^ó, y habia un absoluto disgusto para los ali- 
mentos. 

Infusión de ojas de naranjo: lavativas: sopa: 
caldos. 

Desde esta época hasta fines de Agosto 
en que se dirijio á México el Sr. de San Vi- 
cente no hubo un perfecto restablecimiento. Cuan- 
do se sentia aliviado, alguna imprudencia hacia 
retro^adar la convalecencia: esta circunstancia 
lo determinó partir á México en donde hoy goza 
de una eeselente salud. 



111 

Nota; pocos días después de su llégala á 
México tuvo dicho Sr. de San Vicente, algunos 
accesos de una fiebre terciana que destruía rá- 
pidamente sus fuerzas. Le prescribí con inten- 
ción de estinguirla, doce granos de sulfate de 
quinina para seis tomas; la enfermera se equi- 
vocó, le dio toda la cantidad de una vez, de 
que resultó que el enfermo esperimentase mucho 
calor en el estómago, y acceleracion en el pul- 
so cuyos síntomas duraron ese dia solamente. 
La fiebre fué estinguida irrevocablemente y la 
salud no ha sufrido después alteración alguna. 



VIGÉSIMA SEGUNDA OBSERVACIÓN. 



Estrangulación con riesgo tan grande de sofo- 
cación que la cara era de un color violeta negro, y 
la lengua del color de hígado y de vn volumen enor- 
me: afonía y después, una ronquera persistente de la 
voz. 



Revulsivos: sanguijuelas; sulfate de quinina. Con' 
valecencia el 26 de Julio: salió ¿el hospital el 29. 



José María Reyes, de 22 oños y de tem- 
peramento bilioso, fué atacado, en la noche del 
28 al 29 de Junio, de un calofrió seguido de fie- 
bre, con cefalalgia violenta y abatimiento gene- 
ral. Entró al hospital en la mañana del 2 de 
Julio, en cuyo dia lo vi por la primera vez, á 
las diez de la mañana, 



112 
Estaba dicho enfermo en calmn: su semblan- 
te manifestaba fatiga: el ojo húmedo, y llorosoí 
lengua ancha, blanca, húmeda, y *us bordes »le 

un rojo violeta: piel tibia y seca; pulso blando 
y con 60 pulsaciones por minuto: comprimida 
fuertemente la región epigástrica, no le hacia es- 
perimentar sensación alguna apreciable. 

Tres cucharadas de mistura salina, cada ho- 
ra: agua de cebada con miel: lavativas emolien- 
tes; tres pequeñas lazas de crema de maiz por 
único alimento. 

A las (5 de la tarde; el mismo estado; el 
pulso con 48 pulsaciones: el enfermo habia te- 
nido algunos vómitos y algunas evacuaciones de 
materias viliosas. 

Una lavativa emoliente. Limonada por la 
noche. 

El 3 de Julio á las 6 de la mañana; el mis- 
mo estado. La noche fué buena. 

Dos cucharadas de bebida salina cada ho- 
ra: agua de cebada: lavativas emolientes: treí 
tazas de crema de maiz; ningún otro alimento. 

A las 5 de la tarde: calma; tuvo algunos 
vómitos y deyecciones de materias amargas. Be- 
bida calmante. 

El 4 de Julio á las 7 de la maniría.* el mis- 
mo estado; durmió en la noche; pulso con 50 
pulsaciones. 

Agua de cebeda con miel: lavativa emo- 
liente alcanforada: crema de maiz. 

A Las 5 de la tarde; el enfermó estaba sin 
dolor alguno, pero vomitaba continuamente Ba- 
lerías de color moreno: la piel liWia; el pilleo 
con 43 puisacíone B : ei color de la cura amari- 



113 

lio terroso: el ojo inyectado: la lengua y encías 
hinchadas y violetas. i 

Mistura aciJa calmante: limonada nítrica: una 
lavativa purgante. 

El 5 de Julio: la noche fué agitada, mas en 
mí visita de la mañana h.ibian cesado los vó- 
mitos, y el enfermo no tenia mas que fatiga: es- 
taba en calma: su pulso 48 pulsaciones por mi- 
nuto. Por la tarde el mismo estado. 

Limonada nítrica: bebida calmante acida; 
dos lavativas emolientes y alcanforadas: dos ta- 
zas de crema de maiz. 

El 6 de Julio: el enfermo estaba bien: la 
noche fué buena: mejor estubo en todo el dia; 
el pulso daba cincuenta pulsaciones por la ma» 
ñ.iiia, y cuarenta y ocho en la tarde. 

Agua de cebada acidulada: vino aguado; 
cuatro tazas de crema de maíz. 

El 7 de Julio: el mismo estado; el pulso con 
cincuenta pulsaciones por minuto. 

Sopas: cierna de maíz: vino aguado por to- 
da bebida. 

El 8 de Julio: el mismo estado: pulso con 
cuarenta y ocho pulsaciones por la mañana, y 
cincuenta y seis por la tarde. Ningún remedio: 
vino: media ración. 

El 9 de Julio: continuó bien; pulno con 
cuarenta y ocho pulsaciones; vino aguado por 
toda bebida: media ración. 

El mismo dia a las cinco de la tarde: el 
pulso dio sesenta y orno pul aciones: el enfer- 
mo estaba disgustado y se quejaba de un lige- 
ro dolor de garganta. 

Suprecion de alimentos; frir»g\s o'eosas ca- 
lientes al cueiit: lava; iva emoliente. 

Jo 



111 

El 10 de Julio: solo por la mañana hnbo 
un ligero embarazo fii la jinrgant;.: pulso con 
sesenta pulsaciones; agitación. 

Gargarismo emoliente; friegas oleosas caben* 
tes: bebida calmante acida: limonada mineral: 
crema de maíz. 

A las cinco de la tarde; dolor de gargan- 
ta; sensación de estrangulación: respiración difí- 
cil: piel caliente; y pulso con ochenta y cuatro 
pulsaciones. 

Baño de pies con mostasa: sinapismo en la 
nuca: lavativa emoliente: limonada. 

El 11 de Julio: el mismo estado, y los mia- 
mos remedios: ademas una pildora sudorífica en 
ja larde. El pulso continuó con ochenta y cua- 
tro pulsaciones por la mañana, batiendo en la 
tarde noventa y seis veces por minuto. 

El 12 de Julio; la noche fué agitada; el 
dolor de garganta era apenas sensible: por la 
mañana el pulso con noventa y seis pulsacio- 
nes. La sensación de estrangulación que era dé- 
bil, á las seis de la mañana, se aumentó pro-< 
gresivamente tanto, que á medio dia amenasaba 
una sofocación hasta tal grado, que la cara se 
puso de color violeta negro; los ojos salientes; 
el pulso rápido, pequeño y desigual; la respiración 
casi imposible: las estremidades violetas y frias: 
la lengua que desde el 10 estaba hinchada, se 
puso en un grueso enorme, retractada, y llenan- 
do la boca, 

Un baño de pies muy caliente y ainapisa- 
do: friegas oleosas calientes: doce sanguijuelas 
en el cuello: cáustico en la nuca: dos lavativas 
purgantes. Por bebida, agua de cebada nitrada 
y caliente. A las tres lloras se discipó soiamen- 
te el riesgo de la sofocación. 



115 

Una circunstancia curiosa hubo, que es dig- 
na de notarse, y es que todas las sanguijuelas 
aplicadas, después de haber chupado algunas go- 
tas de sangre solamente, se replegaron sobre si 
mismas, y cayeron muertas; ninguna de ellas ha- 
dan el menor movimiento. 

El 13 de Julio á las seis de la mañana: la 
respiración difícil: embarazada la garganta: la 
voz ronca: sonidos mal articulados. La lengua 
permanecía en el estado anterior; labios hincha- 
dos y violetas: piel caliente: pulso con ochen- 
ta pulsaciones. 

Una pildora de sulfate de quinina de dos 
en dos horas; de cuatro en cuatro una lavati- 
va de Masdeval; gargarismo tónico ácido: limo- 
nada. Dieta. 

El mismo estado habia á las cinco de la 
tarde: el pulso tenia ciento diezy^eis pulsaciones. 

Friegas al cuello con linimento volátil, y 
continuaron las demás medicinas. 

El 14 de Julio por la mañana: pulso con 
setenta y dos pulsaciones: la lengua retractada, 
é hinchada singularmente: continuó la respiración 
difícil, la sensación de estrangulación: la voz mas 
alterada: casi habia una afonia completa. 

Bebida oleosa, por la mañana: los demás 
medios continuaron. 

A las cinco déla tarde: pulso pequeño, tré- 
mulo y con ciento veinte pulsaciones; la lengua 
aumentada en volumen, verdaderamente enorme y 
del color rojo obscuro d-l lexido del hígado. 

El 15 d? Julio; respiración un poco mas li- 
bre: menos violenta la sensación de estrangula- 
ción* lo demás era tomismo que cíeselo an< 
tenor: el pulso daba setenta y seis pulsaciones. 



# 



116 

Los mismos rrmrdios: a eabci\ loe tónicos 
y los revulsivos. Caldo. 

El lü de Julio: el pulso batía cetenta y 
dos veces, y era blando. El mismo estado; 1» a 
mismos remedios curativos: y adi mas crima de 
maíz. 

El 17 de Julio: el pulso con cetenta y dos 
pulsaciones, lleno, desenvuelto, y mas consis- 
tente: la lergua disminuida: la respiración mas 
libre: la voz continuaba ronca, pero los 6onidos 
podían ser articulados. 

Los mismos remedios: caldos: crema de maíz. 

El 18 de Julio: li mejoría se aumentó: el 
enfermo estaba menos triste: el pulso daba ochen- 
ta pulsaciones. 

Los mismos remedios: caldo: crema de maíz: 
vino. 

El 19 de Julio: pulso con sesenta y cua- 
tro pulsaciones; la garganta absolutamente li- 
bre: ninguna dificultad para tragar: la respira- 
ción casi natural: la lengua volvió á su grosor na- 
tural, con todo estaba bim hada y color viole- 
ta; ella filtraba sangre, tomismo que las encías. 

Los miamos remedios; crema de maíz: cal- 
do; vino. 

El 20 de Julio: jiu!-¡o con cincuenta y seis 
pulsaciones; piel tibia, completamente amarillaj 
la lengua ecsalaba sangre; el enfermo estiba ale- 
gre, se quejaba de un fuerte dolor en las ro- 
dillas. 

Una pildora tónica de cuatro en cuatro ho- 
ras: dos lavativas emolientes: friegas oleosas al- 
cantaradas al cuello y rodillas; tisana pector.il. 

Sopa de fideos: caldo: vino aguado por be- 
bida. 



117 

El 21 de Julio: piel muy amarilla, húmeda; 
pulso con < incucnta pulsaciones y lleno: la len- 
gua ecsalaba sangre: el enfermo no se quejaba 
mas que de las rodillas: decía que tenia ham- 
bre: estaba alegre y hablantín; su voz era aun 
ronca; tuvo muchas veces orinas abundantes: eva- 
cuaciones naturales. 

Una píldoia tónica de en cuatro en cua- 
tro horas: dos pildoras sudoríficas en la tarde; 
dos lavativas emolientes: tisana pectoral. Sopa de 
fideos: caldo: vino aguado. 

El 22 de Julio: la lengua casi no filtraba 
la sangre; la rodilla derecha solo estaba ado- 
lorida; pulso con cincuenta pulsaciones: conva- 
lecencia. 

Tres pildoras tónicas para todo el día; 
dos pildoras sudo íficas: una lavativa emolien- 
te: friega de linimento volátil alcoutorado sobre 
la roililla derecha. 

Vino aguado: sopa, caldo. 

En el 2.i. 24 y 25 se restableció el enfer- 
mo, concervatido la ronquera que disminuyó con 
mucha lentitud, á si como el dolor de la rodi- 
lla derecha. 

En cada dia, dos pildoras tónicas: una pil- 
dora sudorífica en la tarde: emplasto de cicuta 
en la rodilla derecha. Media ración y vino. 

El 26, 27 y 2ti de Julio, dos pildoras tóni- 
cas cada dia. Ración y vino. 

El 29 de Julio, alta. 

.NOTA. El mismo dia de la salida, dicho 
R yes tenia aún la voz ronca y su pulso bati i 
cincuenta veces por minuto. Bu salud fuera de 
^sto, estaba perfectamcnie restablecida. 



118 

VIGÉSIMA TERCIA OBSERVACIÓN. 



Dolor vwlenio en la región vmbiUeak raauiaí- 
gma; cefalalgia; vómitos de materias color moreno; 
hemorragia por la mucosa bucal: htpo; supresión de 
orinas-, &¿c. 



Los purgantes; los revulsivos; bs tónicos, prin* 
cipalmente el sulfate de quinina. Convalcsenda el 2 4 de 
Julio: salida del hospital el 31 del mismo: doce dias 
4c enfermedad. 



Juan Bautista Celis, de veinte y cinco años, 
bilioso, esperimentó en la noche del 11 de Ju- 
lio, cortamientos, dolor frontal, loinbar, y en la 
región umbilical, fiebre sin calofrió. 

El 12 de Julio, sengundo de la enfermedad; 
el semblante estaba como escaldado y grasoso. 
Los ojos húmedos, llorosos, poco animados, y es- 
presando el temor. Lengua ancha, húmeda, mueo- 
Ba y animada en sus bordes. Piel caliente y se- 
ca. Pulso lleno, blando y con noventa y seis pul- 
saciones; cortamiento general: dolor en las re- 
giones umbilical y lombaiv dolor mas vivo en 
la región frontal. 

Vexigatorio en la nuca: mistura oleosa pur- 
gante por la mañana: bebida calmante acida por 
la tarde: dos lavativas emolientes. Dieta. 

A 1 »s cinco de la t;<r<! : el pufeo batía o- 

■rhenla fceées: pera 1 dolor ele cabeza: el 

dolor de ombligo. maa ligero, y adolciida U re- 



119 

gion epigástrica. Continuaron los medios pres- 
critos por la mañana. 

£1 13 de Julio: piel tibia: pulso con se- 
tenta y dos pulsaciones; la lengua filtrando san- 
gre, aquella estaba hinchada, como también las 
encías: ojos inyectados. 

Bebida oleosa por la mañana; bebida acida 
por la tarde; friegas con aceite alcanforado: li- 
monada nítrica: lavativa emoliente: dieta abso— 
soluta. En la tarde, daba el pulso ochenta y 
ocho pulsaciones. 

El 14 de Julio: pulso blando y profundo, 
con noventa y seis pulsaciones por minuto: do- 
lor violento de cabeza; vómitos de materia co- 
lor moreno: filtración de sangre por la lengua; 
suspiros profundos y frecuentes; quegidos invo- 
luntarios; el semblante con espresion de dolor. 

Los mismos remedios y ademas un sinapis- 
mo sobre la región epigástrica. 

El 15 de Julio: por la mañana el pulso da- 
ba ochenta y ocho pulsaciones, y por la tarde 
ochenta; el es blando y pequeño; quegidos con- 
tinuos; vómitos; dolor en la región epigástrica; 
semblante muy postrado, espresando el dolor y 
el temor; ojo muy inyectado; la lengua y toda 
la mucosa filtraban sangre corrompida. 

Bebida oleosa; bebida calmante acida: frie- 
gas con aceite: hibativas purgantes: tres pildoras 
tónicas; limonada nítrica. Dieta. 

El 16 y 17 de Julio: el mismo estado. Los 
mismos remedios; crema de maíz. 

El 18: piel tibia, amarilla y con equimo- 
sis violetas: pulso pequeño fugitivo y con ochen- 
ta pulsaciones; hipo; ojo muy inyectado; parpa- 
dos cenizos brunos; lengua filtrando sangre; vó- 



120 
initos de cuando en cuando, como por rebo- 
sadura. 

Bebida etérea por cucharadas: pildoras tó- 
nicas de tres en tres hora.-; sinapismo sobre la 
región epigástrica.' tres livüivas de MajJevul; 
limonada nítrica: cremí de maíz: vino. 

El 19 de Julio: pulso con setenta J seis 
pulsaciones: el mismo catado y 1-js miamos reme- 
dios: crema de maíz.- vino. 

El 20 de Julio: rulso con sesenta y cua- 
tro pulsaciones; todos los sicomas se lian me. 
joiüdo, durmió un poro; tuvo orina y algunas 
evacuaciones; piel amarilla y un poco mas ijue 
tibia; cesó el \ omito y el hipo; la lengua con* 
Üuuo fdtrando sarjare. 

Los mismos íemedios; sopa: crema de nariz: 
\\no. 

El 21 de Juln : siguió la mejorir. el en- 
fermo se tranquilizó: tenia menos aptitud, á los 
movimientos: estaba en reposo* cor» placer y di- 
jo hallarse perfectamente. Durmió: orinó con abun- 
dancia, y evacuó. 

Cuatro pildoras tónicas; una lavativa emo- 
liente en la tarde. Sopa: crema de maíz; vino. 

El 22: siguió el pulso con sesenta y cua- 
tro pulsaciones, y tenia fuerza: lengua n-uco^a, 
poco animada; solo las encías filt-abui sanare; 
no tuvo otra evacuación desde el dia anterior; 
la cabeza pesada: y ningún apetito. 

Bebida oleosa por la mmi ana, y calmante 
acida por la tarde. Tres pildoras tónicas: agua 
vinosa; sopa; crema de maíz; vino. 

El 23 de Julio; la víspera tuvo algunas eva- 
cuaciones de materias primero parduscas y lue- 
go amarillas; arrojó orina color citrino, en abun- 



121 
dañera; durmió casi toda la noche; se sentía 
bien por la mañana; quizo comer; el pulso era 
consistente y batía sesenta y cuatro veces por 
minuto; su semblante era sereno; el ojo siguió 
inyectado; la piel amarilla. 

Dos pildoras tónicas: agua vinosa: mediara* 
cion y vino. 

El 21 de Julio: convalesencia; cesaron los 
remedios: e' enfermo continuo bien: la piel se 
limpió: las fuerzas se restablecieron: quedó á 
media ración hasta el 30 de Julio incluso. Salió 
completamente bueno el 31. El dia de su sali- 
da tenia el pulso sesenta y cuatro pulsaciones. 



VIGÉSIMA CUARTA OBSERVACIÓN. 



Dolor violento en la cabeza y en la región tam- 
bar; calambres en las piernas; sensación penosa en 
el epigastrio, y de presión mecánica sobre el pecho kc. 



Purgantes; anhespasmódicos; tónicos, particular- 
mente el sulfate de quinina. Convalesencia e/4 de Jigos- 
to, décimo de ¿a enfermedad. Salida del hospital el 8 
del mismo mes. 



Ildefonso Torres, de 26 años, sanguíneo, fué 
atacado en la noche del 26 al 27 de Julio de 
un calofrió violento, seguido de fiebre, con gran 
dolor en la región lombar y en la frente. 

El 27 de Julio: piel caliente y húmeda; pul- 
so coa noventa y seis pulsaciones; el semblan- 

17 



122 

te como escaldado y expresando la inquietud: 
el ojo lloroso, animado, inyectado, «dolorido: Ins 
miradas indicaban admiración; lengua ancha, mu- 
cosa, húmeda, abultada y con el íbndo violeta: 
sed; cortamiento; dolor violento en la cabezay 
en la región lomba r;* calambres en las piernas. 

Bebida oleosa purgante: dos lavativas pur- 
gantes; friegas oleosas generales: caustico en la 
nuca; agua de cebada con miel. 

El 23 de Julio: setenta y seis pulsaciones; la 
piel caliente; la lengua ancha, hntneda, hinchada 
y filtrando casi la sangre- el ojo ruuy inyectado; el 
semblante espresando la fatiga; discipa do el do- 
lor de la cabezí, y mas violento el de la re- 
gión, lombar: dolor y calambres en las piernas 
y muelos; sensación penosa en ti epigastrio, 
y de presión bobre el pecho. 

Bebida oleosa purgaute: friegas amonia- 
cales sobre la espina, y oleosas alcanforada! 
sobre el cuerpo: dos lavativas purgantes: dos 
pildoras sudoríficas por la tarde: agua de ce- 
bada. Dieta. 

£1 29 de Julio; setenta y nueve pulsacio- 
nes; el mismo estado: inquietud mas grande. 

Los mismos remedios. 

El .'SO; setenta y dos pulsacianes y poco re- 
sistente la arteria; el ojo muy inyectado; el s< m. 
blante explicando el tormento y la inquietü '; 
la lengu i trasudando sangre; la respiración 
penosa; los suspiros frecuentes y profundos: el 
dolor de ríñones mas vivo, y tanto que el en- 
fermo se levantaba al grado de formar un arco; 
la piel apenas tivia, color amarillento en el cue- 
llo y en los hbios 

Una píldoia tónica de tres en tres huras: 



123 
tres lavativas de Masdeval en la mañana: frie- 
gas ammoniacales sobre la espina; oleosas so- 
bre todo el cuerpo; limonada nítrica; dos pildo- 
ra:* sudoríficas por la tarde. 

El 31 de Julio: calmaron los síntomas. El 
día anterior hubo evacuaciones abundantes, J 
algunas orinas, la piel húmeda y un poco de sue- 
ño en la noche: los dolores notablemente dis- 
minuidos con todo eso, la lengua filtraba sangre; 
respiración difícil; piel amarilla; el pulso con se- 
senta y seis pulsaciones. 

Lo* mismos remedios: crema de maíz: vino 
aguado. 

El J.° de Agotto; el mismo estado. Los 
mismos remedios: crema de maíz: vino aguado. 

El 2: pulso con sesenta pul-aciones; los do- 
lores desaparecieron, menos los de las piernas y 
los de U región lombar; las fuerzas musculares 
disminuidas; lengua cargada; peso en la región 
epigástrica, y disgusto para los alimentos. 

Bebida oleosa purgante que produjo numero- 
sas evacuaciones viliosas: en la tarde una lavativa 
emoliente: dos pildoras sudoríficas: infu-i >n de 
mansanilla, por bebida; crema de maíz: caldo. 

El 3 de idem: mejor. Dos pildoras tónicas 
por la mañana: dos sudoríficas por la tarde: la- 
vativa emoliente: sopa: crema de maíz; vino 
aguado 

El 4: cincuenta y dos pulsaciones el pulso, 
y lleno; la piel enteramente amarilla; el en- 
fermo siente una mejoría completa. Convale- 
cencia. 

Tres pildoras tónicas; una pildora sudorifi. 
ca por la tarde: una lavativa emoliente. Sopa: 
crema de niuíz: vino. 



124 

El 5, 6 y 7 de Agosto: el pulso quedó c« 
cuarenta y ocho pulsaciones. El enfermo te sen- 
tía mejor cada dia; tomaba dos pildoras tóni- 
cas por la mañana: una cucharada de bebida 
calmante por la tarde; media ración por ali- 
mento. Finalmente el dia ocho de Agosto, de* 
cimo cuarto de la enfermedad, salió del hospi- 
tal teniendo aun la piel completamente amari- 
lla, pero disfrutando de una salud completa. 



VIGÉSIMA QUINTA OBSERVACIÓN. 



Dolor en el ombligo con sensación de torcijón: 
sensación úe presión mecánica sobre el pecho: espulo 
de sangre corrompida: palpitaciones violentas en la 
región epigástrica ¿¿c. 



Purgantes: anliespasmodicos: sulfate de quinina. 
Salida del hospital el 8 de Agosto, décimo tercio di 
la enfermedad. 



Ignacio Echaverria, de 28 años, tempera- 
mento sanguíneo, fué atacad© en la noche del 
26 al 27 de Julio, de íiebre sin calofrió, con 
dolor en la región umbilical y sensación de pre- 
sión en el pecho. 

El 28 de Julio: la cara como escaldada, ma- 
nifestando la fatiga; ojos húmedos, sensibles es- 
traordinarinmente á la luz, fijos, edoloridos, é 
inyectados: la lengua ligeramente mucosa: n .da 
de sed; ningún dolor si no era una sensación de 



125 

torcijón en el ombligo: pesa Ja la cabeza; y una 
presión sobre el pecho que obligaba al enfer- 
mo á hacer frecuentes y grandes inspiraciones; 
el pulso pequeño y blando, con ochenta pulsa- 
ciones por minuto. 

Bebida oleosa purgante: calmante acida por 
la tarde: lavativa emoliente; agua de cebada 
con miel. 

El 29 de Julio: calma: pulso con cincuenta 
y seis pulsaciones: lengua hinchada: erutos fre- 
cuentes, sin naucea: seguía la pesantes del es- 
tómago; sensación de magulladura en la región 
del ombligo y en la lombar. 

Bebida oleosa purgante: dos pildoras sudo- 
ríficas por la tarde; lavativa purgante: friega» 
oleosas alcanforadas: agua de cebada con miel: 
crema de maíz. 

El 30; pulso con cincuenta y seis pulsa- 
ciones: lengua filtrando sangre: tuvo algunos vó- 
mitos de mucosidades teñidas de sangre: la re- 
gión epigástrica esperimentaba por momentos un 
sentimiento de astricción; y todo el pecho una 
sensación de presión como si fuese mecánica; la 
piel apenas tivia: el ojo muy inyectado: un li- 
gero grado de amarillez se manifestaba en el 
cuello y hacia les labios. 

Bebida etérea, hecha tónica con seis gra- 
nos de sulfate de quininina, para darla en seis 
dosis cada dos horas: dos lavativas alcanfora- 
das: friegas oleosas alcanforadas: dos pildoras 
sudoríficas por la tarde; agua de cebada con 
miel: crema de mbíz. 

El 31: cincuenta y seis pulsaciones El mis- 
mo estado: los mismos remedios; evacuaciones.* 
un poco de suelio. 



120 

El l.° fie Agosto: cincuenta y dos pulsa- 
ciones; hubo e radiaciones, pero su estado 
era el mismo: uno agitación: no hubo sueño; es- 
perimentaba antes y en aquel di a palpitacio- 
nes violentas en la región epig&súca; esputaba 
mueba sangre corrompida, (pie tenia origen de 
la boca y de su fondo: la piel amarilla y tibia. 

La bebida etérea tónica; lavativas emolien- 
tes y fuertemente alcanforadas; embrocaciones 
oleosas alcanforadas en todo el cuerpo. Infusión 
de manganilla; crema de maíz. 

El 2 de idem; la lengua cantinuó filtran- 
do sangre: las palpitaciones cesaban y volvían; 
dolores va^os en las estremidades: menos opre- 
sión; una simple pesantes en los ríñones y en 
el ombligo: el pulso con cuarenta y cuatro pul- 
saciones. 

Una pildora alcanforada de dos en dos ho- 
ras; una tónica cada tres horas: una lavativa pur- 
gante y alcanforada de cuatro en cuatro horas: 
limonada nítirica; crema de maíz. 

El 3; mejoría: tuvo evacuaciones abundan- 
tes y biliosas: algunas abundantes emisiones de 
orina: un poco de sueño. La lengua continuaba 
filtrando sangre; la piel mas amarilla: tolos loa 
demás síntomas apenas se indicaban: pulso con 
cincuenta pulsaciones. 

Los mismos remedios que el día anterior: 
sopa. 

El J: mas debilidad; pulso mas desenvuel- 
to y mas fuerte, cincuenta y seis pulsaciones. 
£1 apetito se hizo sentir, La piel enteramente 
amarilla; la lengua fiitra fum un poro de san- 
gre: lo demás estaba \e fectamente bi. n. 

Tres pildoras» tónica*; una lavativa cmolien* 



127 
te por la tarde: agua vinosa. Media ración. 

El 5, 6, y 7 sigíó el enfermo de mejor en 
mojor: el pulso bajó á cincuenta, cuarenta y cin- 
co pulsaciones. Tomó cada dia de estos, tres gra- 
nos de sulfate de quinina: comió la media ra- 

ciom 

El 8 de Agosto, décimo tercio de la en- 
fermedad, salió del hospital á pesar de que te- 
nia necesidad de reposo; pero hubiera estado 
mal, si hubiera continuado respirando el aire pú- 
trido que se respira en aquel lugar. 



VIGÉSIMA SESTA OBSERVACIÓN. 

Raquial ^via: adormecimiento de músculos: sen- 
sación «en era l de abatimiento: opresión: tumefacción 
tst mor di noria de los labios: hemorragia bucal: &lc. 



Purgantes; antiespasmódtcos; tónicos, cspeciolmen* 
te el sulfate de (pinina. Salida del hospital el 20 de 
JuLo, décimo octavo de la enfermedad. 

loé Mauuel Oníz, de 22 años: de tempe- 
ramento bilioso nervioso, fué atacado de un vio. 
Feuio calofrío, con abatimiento general y fiebre, 
en la noche del 2 de julio. 

El dia 3 á las 5 de la tarde: piel calien- 
to y scc;i: pulso desenvuelto, poeo consistente, 
con cincuenta y dos pulsaciones por minuto: la 
cara como escaldada: ojos lloroso^ é inyectados; 
miradas de admiración; lengua ancha, blanca, hu- 



128 
meda, tez animad i, \ioleln sobro los borde?: las 
encias y labios violetas: dolores en la región loni- 
bar v cu la cabeza: abatimiento general. 

Algunas dosis de poción salina dadas a! 
enfermo antes de mi visita, produjeron algunas, 
evacuaciones. 

Una lavativa emoliente: agua de cebada con 
miel. 

El 4 de Julio: fatiga general: el semblante 
espresaba inquietud, fatiga y admiración: ojo hu, 
medo, fijo, adolorido: los labios hinchados "y vio. 
Jetas; piel caliente y húmeda; pulso febril: sen- 
oibilidad en el estómago: nauceas: dolores gane- 
rales muy vivos. 

Bebida etérea, una cucharada de dos en 
dos horas: una pildora alcanforada nítrica, de 
cuatro en cuatro horas. Dieta absoluta. 

El mismo dia, á las cinco de la tarde: ra- 
quialguia violenta: adormecimiento de muslos: ojo 
mas inyectado: pulso con ochenta y cuatro pul- 
saciones. 

Embrocaciones, con linimento alcanforado, so- 
bre los ríñones y muslos. 

El dia 5, á las seis de la mañana: síntomas 
disminuidos: piel ligeramente amarilla: pulso con 
sesenta y cuatro pulsaciones. 

Una cucharada de bebida etérea cada tres 
horas; dos lavativas emolientes: friegas oleosas 
alcanforadas; dos pequeñas tazas de crema de 
maíz. 

A las cinco de U tarde del mismo dia; pul- 
so con sesenta y cuatro pulsaciones: ojos muy 
inyectados: calma general: sensación de lacsi- 
tud. 

A las seis de Ja moyana del 6 de Julio: 



7 29 
el rawmo estado: posantes de cabeza; ligeros do- 
lores en el bajo vientre: léiigua mucosa: ^ulsp con 
setenta pulsaciones. 

Una cucharada de bebida deesa purgante 
de dos en dos horas: agua de cebada cou miel: 
dos pequeñas' tazas de crema de maíz, 

A las cinco de la tarde: pulso con sespnta 
y cuatro pulsaciones: el msimo estado. Una lavativa 
emoliente: friegas alcanforada*. Tuvo algunas 
evacuaciones de materias de color moreno. 

A las seis de la mañana del 7 de Julio: 
íiubo un poco de sueño: se senua bien: y sin- 
embargo experimentaba una sensación de pe- 
sadez general, y tormento en la respiración: la 
piel amarilla y casi íria; pulso blando, peque- 
ro, con sesenta pulsaciones: cara descolorida, 
fondo amarillo, equimosada, esprecipn de dolor 
y de tristeza: los ojos presentaban un cerco de 
ganare: los labios hinchados al grado de pre- 
sentar un volumen tres veces mayor que el or- 
dinario, cuya circunstancia era mayor en el in- 
ferior que en el superior: dichos labios eran de 
un violeta obscuro, lo misino que las eneias. 

Bebida acida calmante, una cucharada de 
ojos en dos horas: dos lavativas purgantes; li- 
monada nítrica; friegas oleosas alcanforadas: cre- 
ma de maíz: vino. 

El mismo estado había á las cinco de la 
tarde y el pulso tenia sesenta y cuatro pulsaciones. 

A las seis de la mañana del 8 de Julio. 
El mismo estado: la lengua hinchada, filtrando 
sanare; sordera; pulso con sesenta pulsaciones: 
evacuaciones negras: emisión de orina. 

Una píldoro tónica de dos en dos horas: be- 
bida calmante acida por la tarde: dos lavativas 

18 



no 

purgantes: friegas oleosas alcanforadas. Sopa; 
caldo: vino. 

El 9 de Julio: el pulso por la mañana con 
cincuenta y dos pulsaciones, y cincuenta y neis jM.r 
la tarde, pequeño y profundo: el enfermo en 
calma; no sufría ni temia, mas el semblan- 
te espresaba el dolor y la desesperación: sen* 
tia un embarazo interior que lo incomodaba ein 
inquietarlo: la lengua muy indiada, y con el 
mismo aspecto que el texido del hígado; filtra- 
ba por su superficie mucha sangre disuelta: la» 
encías, el paladar y el fondo de la lengua filtra- 
ban también sangre. El vientre fuertemente re- 
tractado, cuya circunstancia ha sido común á 
todos los enfermos. 

Una pildora tónica de do» en dos horas; 
tres lavativas de Masdeval: limonada sulfúrica; 
poción calmante acida por la tarde. Dieta ab- 
soluta. 

En el dia tuvo algunas evacuaciones y mu- 
cha orina 

El 10 de Julio: pulso con cincuenta y seis 
pulsaciones y menos miserable: continua, aun- 
que en minoría, el trasudamiento de sangre; me- 
nos esputo; un gesto de confianza; sordera: el 
resto lo mismo. 

Los mismos remedios que el dia anterior. 

En la tarde, el pulso daba cuarenta pulsa- 
ciones. 

El 11 de Julio: cincuenta y dos pulsacio- 
nes por la mañana, y cuarenta y cuatro á la 
tarde. El mismo estado por la mañana; un po- 
co de mejoria en la tarde. 

Los mismos remedios, y dieta absoluta. 

El 12 de Julio; el enfermo durmió: bu pul- 



131 

»o adquirió cierta ampliíud, y tenia durante et 
Bueno cuarenta y cuatro pulsaciones y por la 
tarile en estado de vigilia, el mismo número: la 
sordera era menor: los labios volvieron á su 
gruesor natural y su piel estaba plegada: la len- 
gua casi volvió á su grueso natural, mucosa; so- 
lo sus bordes eran violetas, lo mismo que las 
encias: ya no habia en ella trazas de sangre: 
piel amarilla y menos fría: la espreison del 
semblante tranquila; el ojo menos encarnado de 
sangre; debilidad; mas no sentia aquel tormen- 
to interior que singularmente le fatigaba. 

Los mismos remedios. Una pequeña taza de 
crema de maíz. 

El 13 de Julio: durmió el enfermo: cada la- 
vativa fué seguida de evacuaciones. 

Los mismos remedios. Dos tazas de crema 
de maíz: vino aguado. 

El 14: pulso con cuarenta pulsaciones por 
la mañana, y cuarenta y ocho por la tarde; 
mas vigor: pidió de comer. 

Una pildora tónica cada cuatro horas: la- 
vativa emoliente por la tarde: agua vinosa por 
bebida; sopa: crema de maíz: vino. 

El 15: pulso fuerte, desenvuelto, con lesen- 
ía y cuatro pulsaciones. El enfermo estaba com- 
pletamente bien: satisfecho: lengua saburrosa. 

Bebida oleosa purgante por la mañana: tres 
pildoras tó'ñcas en el día; lavativa emoliente por 
la tarde. Sopa: crema de maíz: vino. 

El 16, 17, 18 y 19, el estado del enfer- 
mo mejoró progresivamente: pulso cOn sesenta 
á sesenta y cuatro pulsaciones. Gada dia tomó 
dos pildoras tónicas: ha comido media racien; 
vino aguado por bebida. 

*- 



132 

Salió el 20 (Ir; Julio, decirfio oefavo din de 
la enfermedad! completamente re9taWeoido, des. 
pues de haber con ido el na» inminente peligro. 



V1GECIMA SÉPTIMA OBSERVACIÓN. 



Ep¡<ra<:lriah<'a y vó.n'tos: raquial tria y cntorpg» 
cimiento de muslos: cefalalgia violenta: (presión: sen- 
sación de estrechamiento en el pecho: es pecio ración de 
una mucoUdaa cargada de sangre. Los vcxioatonosy 
una úlc.ra situada en el pie derecho, dan sangre ne- 
gra: frc. 



Jintir.spasmádicos: purgante:: revulsivas: ióniros 
principal n*nte el sulfate de quinina: cnnva/canUu el 
23 de Julio, d:cimo octavo de la enfermedad. 



Miguel Rcinoso, de 2.5 años, fompornmon- 
to bilioso: llevaba diez días en el hospital con 
motivo de est;ir-e curando de una ó I cera recien- 
te, cituada en el dorso del |>ie d«erri lio. cuan* 
do fué ataeado repentinamente el tí <ic Julio, 
después de m^dio dia, de una violenta fiebre 
sin calofrío, ñero acomp Rida de dolores ron- 
tusos en todo el cuerpo y tle una crfrlalgtn/y 
nquiaUia violentos Lo vi P | n ,¡ mo ( j, a (j ;l 
\\« 5 de la tarde; piej caliente y sera: 9H pul- 
íaeiones; cara Como escaldada, esprecion <l" ad- 
miración y fatiga: ojos fui ríelos y ¡ dotan idos: 
lengua ancha* blanca* bumeda, fío wd: dolor eii 
ldá eotremiJaJeá y en iá región lombgn sen- 



T73 

saeion Te adormecimiento en los muslos: cefalal»' 
gia violenta. 

Vcxicatorio alcanforado en la nuca; dos la- 
vativas purgantes: bebida calmante acid.t: agua 
de cebada con miel. 

El 7 de Julio por la mtñana: pulso lleno, 
blando y con 61 pulsaciones: ruquialgi i; epi« 
gastralgia: dolor de cabeza menos violento. Por 
1-a tarde: pulso con 48 pulsa'uone-: nausea con- 
tinua: incomodidad en el pecho; lengua ancha, 
fondo muy animado, ligeramente mucosa: ojos 
muy adoloridos 

Bebida oleosa purgnnte por la mañana: dos 
lavativas purgantes: bebida calmante acida por 
la tarde: friegas oleosas alcanforadas; agua 
de cebada con miel y «sidulada: dieta absoluta. 

El 8 por la mañana: pulso pequeño, pro- 
fundo y con 80 pulsaciones; opresión: vómitos 
de materias verdes: cara descompuesta y no obs- 
tante, sentado en su cama para poder respirar; 
dolor vivo en el esto na^a: lengua ancha, hin- 
chada, fondo animado, violeta: labios y encía» 
hinchadas y violetas. 

B bida acida calmante cada dos horas: dos 
lavativas purgante-: limonada: dieta 

A las h de la tarde; 9a pubacianf»*: piel 
húmeda: menor opreeiou, y sus^e osos ios Vó- 
mitos. 

Doq pildoras sudorífica 5 , con una hora de 
intervalo de una á otra. 

El 1) d;» Julio: el coferno dqo que e-ta- 

Ijf, ni'jai: el puUo con 8) puU icio es. p 'q oe- 

y profundo: Icngu i muc >^a y nuv auimaiía 

Bebida oleosa purgante, por la mañana: do* 



131 
oidoras sudoríficas por la tarde: tisana pec- 
toral; crema de maiz. 

Por la tarde: 96 pulsaciones, y huyendo 
bajo el dedo: petequias; dolor vivo en el es- 
tomago: lengua como rojisa, la mucosa hendi- 
da y el fondo animado: oprecion. 
Friegas oleosas alcanforadas. 
Por la mañana del 10 de Julio: 80 pulsa- 
ciones: el mismo estado: dolor hacia las ata- 
duras diafracinaticas: estrechez del pecho (es- 
precion del enfermo.) 

Una pildora tónica cada cuatro horas: tres 
lavativas de Masdeval: friogas oleosas alcan- 
foradas. 

A las 5 de la tarde: 96 pulsaciones: opre- 
sión estreñía: ancia; el pecho lleno como en 
una violenta fiebre catarral: toz. 

Un vesicatorio en el brazo derecho: tisa- 
na pectoral, y los demás remedios prescriptos. 
El 11 de Julio á las 6 de la mañana; pul- 
so blando, huyendo bajo el dedo y con 96 pul- 
saciones: menos oprecion: toz: expectoración de 
una mucosidad cargada de sangre negra: len- 
gua y encias inchadas: filtración de sangre; el 
senblante fatigado y como abotagado; cuello y 
labio de un color amarillo; placas violetas; un 
círculo rojo en los ojos y estos espresando in* 
quietud: el enfermo se mantenía sentido para po- 
der respirar, y se quejaba de gran debilidad. 
Una pildora tónica cada tres horas; tres 
lavativas de Masdeval; friegas oleosas; agua vi- 
nosa: dieta. Por la tade, había el mismo estado. 
El 12 á las 6 de la mañana. El mismo es- 
tado, y los mismos remedios. 

El 13: el mismo estado, con diferencia que 



135 

el pulso tenia 84 pulsaciones y la piel toda, ama- 
rilla, y ademas, que el enfermo se quejaba de 
dolor en las piernas. 

Los mismos remedios: Agua vinosa y una 
taza de crema de maiz. 

El 14 de Julio: 80 pulsaciones por la ma- 
nana y 72 a la tarde: pulso mas desenvuelloy 
consistente: disminuidos todos los sintomas: ojos 
espantosos á consecuencia del circulo sangui* 
neolento que los rodea. 

Los mismos remedios. Vino aguado; dos ta- 
zas de crema de maiz. 

El 15 de Julio: 76 pulsaciones: piel mas que ti- 
foia, blanda y completamente amarilla: el semblante 
menos íatigado: nada de esprecion ecsagerada; 
©jo abatido y sanguineolento: los dolores y 
la oprecion no eran mas que pesantes y tor- 
mento: lengua mucosa, inflamada, y continuaba 
hechando sangre; el vexicatorio de la nuca y 
del brazo, supurando, y saliendo sangre negra 
de la úlcera del pie. Habia tenido evacuacio- 
nes de materias moras, independientes de las 
que eran provocadas por las lavativas: facili- 
dad de orinar. 

Tres pildoras tónicas: dos lavativas de Mag- 
deval: bebida calmante acida por la tarde. Agua 
vinosa: crema de maiz: caldo. 

El 16 de Julio: 80 pulsaciones: mejoría: sue- 
ño: alegría. 

Los mismos remedios: agua virosa: crema 
de maiz; caldo. 

El 17 de Julic: 72 pil^acicre?: lergua llan- 
ca, bumeda y no trasuda sangre: ojomfi<» in- 
yectado: el enfermo experimentaba pran dtLili- 
dad con sensación de un bien estar. 



Una pildora tónica c I ) cuatro lioras; dos 
lavativas de Míisdeváf: ágtia vinosa: Irea I 
de crema de m»VÍS: vino. 

El 18 de julio: 72 pulsaciones.- lengua sa- 
burra!: el mismo estado. 

Bebida oleosa purgante: una pildora tóni- 
ca cada cuatro hora-: labátíva de Masdeval por 
la tarde: ere (na de maíz: vino. 

El 19 y 20: sesenta y cuatro pulsaciones h 
bebida purgante del (lia anterior produjo buen 
efecto: el enfermo decia que se moría de ham- 
bre. 

Cada diados lavativas de Masdeval, y tres 
pildoras tónicas; sopa; crema de maíz; vino. 

El 21 y 22, tres pildoras toniers: una la- 
vativa emoliente por la tarde: media ración 
y vino. 

El 23 de Julio, décimo octavo de la en- 
fermedad, se remitió a la sala de heridos, cu» 
rado pero aun lodavia completamente ama- 
rillo. 

JVOTJ1: hice sostener el uso de los toní- 
fcos y, ocho dias después, salió Reinoso del líos- 
pital en completa salud y curado de la úlcera 
que padecía. 



Vigésima octava observación. 



Sentimiento de tonion en la región precordial: 
dolor di c<:bczu, de rifumes y de vientre: sensatkh 
de una bola que sníia del on,¿/r¿r , se detenia en 
$1 corazón y producía desmayo: tención viole, tn y 
¿olorosa de los mu scuios rectos cid vientre' ¿ajo: taror 



137 

profundo: calofríos repetidos á lo hrgo ie la es* 
jjina dorsal &¿c. 



Los antiespasmodicos: los revulsivos: los ecsitan- 
les; los tónicos, principalmente el sulfate de quinina. 
•Sulida del hospital el 23 de Julio, á los 13 días de 
lu enfermedad. 



Ignacio Gonzales, de 23 año?, temperamen- 
to sanguíneo, robusto, fué atacado de un calo- 
frió seguido de fiebre, con abatkniento gene- 
ral y dolores violentos de ríñones, cabeza y vien- 
tre, en la noche del 11 de Julio. 

El 13 del mismo, se sometió por primera 
rez á mi ecsamen: pulso lleno, bastante resis- 
tente :y con 85 pulsaciones: piel caliente y seca: 
dolor de cabeza y ríñones: sensación de tor- 
cijón en la región precordial: dolor intolerable 
en los ojos y en los temporales: ojo vivo, inyec- 
tado y lio: oso: cara animada, como escaldada, 
y con espresion de espanto: era dominado el 
enfermo por un sentimiento de inquietud y te- 
mor profundo: respiración difícil: suspiros fre- 
cuentes y profundo;?: lengua mucosa, alargada, 
casi seca; sed. 

Poción oleosa: bebida acida calmante:iava- 
tiva emoliente: limonada. 

Julio 21 por la mañana: fíO purgaciones, y 
calmados los siñtomas. Tor la tarde íyl pulsa- 
ciones: el pulso era blando y pequeño: volvió 
con furu-z^ el dolor de cabeza: sensación de 
«na bula que subia del ombligo, se detenía en 
ei corazón y producía desmayo. 

19 



138 
Eehida oleosa por la mrñpnn: calmante nci- 
da en la tarde: friegas oleosas alcanforada*: vexi- 
catorio alcanforado enla nuca. Lavativa enioliei te. 
El i.O de julio por la mañana: 72 pulsa- 
ciones: el misil o estildo que la víspera en la 
taide. Los mismos remedio!-: dicta 

A las 5 de la tarde: 72 \ ult-aciones: orinas 
difíciles: emisiones dolorosas, cargadas de sangre: 
tensión dolorosa de los músculos rectos del vien- 
tre bajo: calofríos repetidos á lo largo del 
dorso. 

Linimento alcanforado sobre el vientre; 
linimento volátil en la espina. Dos pildoras al- 
canforadas. 

El 16 de idem: 56 pulsaciones, el pulso 
blando y lleno: lengua blanda, limpiándose por 
zonas, fondo violeta: dolor débil de vientre: dolor 
de cabeza: atirpntamíento en el dorso: respira- 
ción difii ü: piel tibia, uñiéndose ligeramente de 
amarillo: cara poco animada, espresando lige- 
ramente la fatiga. Tuvo evacuaciones y ori- 
nas. 

Bebida oleosa: bebida calmante acida: una 
pildora alcanforada cada tres horas: friegas al- 
canforadas sobre el vientre y estremidades: frie- 
gas amoniacales sobre la espina: lavativa emo- 
liente. Una taza de crema de maiz. 

El 17 de Julio: .06 pulsaciones: el mismo 
estado: lengua limpia, húmeda, hinchada, filtran- 
do sangre, lo mismo que las encías. 

Las mismrs friegas: lavativa alcanforada: 
una pildora tónica cada tres horas; bebida cal- 
mante acida por la tarde: limonada: sopa. 

El I ii de Julio: pulso blando, sin resisten- 
cia, y 48 pulsaciones: el mismo estado: lots ojos 
mucho mas inyectados. 



139 
Los mismos remedios, sopa, vino 
El 19: 52 pulsaciones: mejoría: todos los 
dolores desaparecieron: debilidad: sueño-, deseo 
de comer: evacuación y orina fáciles: piel comple- 
tamente amarilla: lengua abotagada y de un color 
natural: conservaba aun su semblante una espre- 
cion de fatiga, y su cabeza pesada. 

Los mismos remedios: sopa: crema de maiz: 
vino. 

El 20: 50 pulsaciones: los ojos menos inyec» 
tados: lengua menos hinchada: el enfermo esta- 
ba completamente bien. 

Una pildora tónica cada cuatro horas: la- 
vativa por la tarde: friegas oleosas. Media ra- 
ción y vino. 

El 21: 48 pulsaciones: aturdimiento: pesa- 
dez de cabeza. 

Una pildora tónica cada tres horas: dos la- 
vativas purgantes: sopa: crema de maiz y vino 
aguado. 

El 22 de Julio: 44 pulsaciones: el enfer- 
mo deseaba salir del hospital por el temor que 
tenia de recaer, lo que me' determinó convenir 
con su salida. Media ración; vino. 

El 23, décimo tercio de su enfermedad, 
alta. 



VIGÉSIMA NONA OBSERVACIÓN. 



Calambres violentos: hemorragia considerable por 
las superficies de la lengua y del fondo de la boca: 
delirio; movimientos nerviosos irregulares: temblor con- 
vulsivo general cuando el enfermo se levantaba: fil- 



liO 

trncicn ¿Es smtgrt por la couyuntiva; hipt: desmnyo: 
piel helada. 8f& 



Los titilante?, lot purgantes; h<¡ iónico*, prin^ 
cipalmente el su/faíc de quinina. Salida dd hosvilal 
d 29 de Julio, vigésimo da la enfermedad, 



Francisco Hernández, dragón del regimien- 
to de Oajaca, de 30 años, bilioso, cootúderat- 
do como aclimatado, pero sin haber padecido 
la fiebre amarilla, fue atacado en la noebe del 
K) al 1!, de una fiebre sin calofrió que duró 24 
horas. Entro al hospital el 12 de Julio y lo vi- 
sité á las diez de la mañana. 

En dicha hora; pulso natural, con 00 pul- 
saciones: ningún sintoma notable: ningún dolor: 
repugnancia á los alimentos: boca amarga: len- 
gua ancha, mucosa, animada cu los bordes y 
yunta: algunos vómitos de bilis: peso en la re- 
gión del estomago, en la cabeza y en los lo- 
mos: abatimiento general. 

Bebida oleosa por la mañana: calmante 
acida por la tarde. Lavativa emoliente. Dicta. 

A las 6 de la mañana del 13: el mbmo es- 
tado: 72. pulsaciones* 

L03 mismos remedios. Dieta. 

A las -cinco de la tarde; 7(5 pulsaciones: el 
semblante espresoba admiración y estaba como 
escaldado: los ejos llorosos, é inyectados: ca- 
lambre-?, en las. panlomtlae. Friegas oleosas al- 
canforados. 

El 14: la noche fué agitada: continuaron los 
alambres:, por la mañana el pulso blando. ▼ 



141 

con 76 pulsaciones: la tez escaldada, descolo- 
rida, amarillenta: espresion de temor y de ad- 
miración: la lengua como hinchada: naucea: do- 
lor 011 el epigastrio y en los lomos. 

Bebida oleosa: calmante acida: lavativa emo- 
liente: friegas oleosas alcanforadas: limonada ní- 
trica: dieta: vino aguado 

Por la tarde: el mismo estado, y violento 
dolor de cabeza. 

Vexicatorio en la nucía: 

A las (5 de la mañana del 15: esputo con- 
tiderable de sangre, cuyo liquido filtraban en 
abundancia, el fondo de la boca, el paladar, ía 
lengua y las encías: dolor vivo en- los tempo- 
rales, en las estremidades inferiores y en los lo- 
mo?: pulso blando, sin resistencia y con 66 pul- 
saciones por minuto. 

Una pildora .tónica cada cuatro horas; be- 
bida calmante acida de dos en dos horas: lava- 
tiva de Masdeva!; friegas oleosas; limonada sul- 
fúrica; Dieta. 

A las 5 de la tarde: en consecuencia de 
la negligencia de los practicantes ningún reme* 
medio se habia dado al enfermo, quien estaba 
peor: su cabeza no estaba libre: platicaba so- 
lo, se levanta va, se sentaba, se acostaba &\n mo- 
tivo y sin dudarlo. Salia do su boca tanta sari" 
gre qne la cara, sus vestidos, ¡>us manos, t-u ca- 
ma y todo su rededor estaba manchado; sus 
ojos con un circulo de sangre que lo hacen de 
un aspecto horrible; la cara aplomada; airees— 
traviado y atontado; 

Klectuario de Masdeval para tomarlo en 
ocho dosis, una cada hora: una cucharada de pocioa 
etérea después de cada, toma de opiata; do& 



1 12 

lavativas de Masdcval para la noche, y una tor- 
cera á las cuatro ó cinco de la mañana si« 
guiente: Limonada sulfúrica. 

A las 6 de la mañana del 16; pulso pe- 
queño, profundo, fugitivo bajo el dedo y con (J t 
pulsaciones: movimientos nerviosos irregulares: 
sobresalto de tendones: piel fria: tez amarilla, y 
mucho mas en la cara y en el cuello, cuyo f »n- 
do era violeta; ojo espantoso; dt: lirio y atonta- 
miento: arojaba de cuando en cuando una vo« 
carada de sangre disuelta, que evidentemente ve- 
nia del fondo de la boca y toda su superficie, 
cuya sangre detenida en cantidad hasta llenar 
dicha boca, era arrojada maquinalmente. 

Electuario de Masdeval: bebida etérea, co- 
mo el dia anterior: tres lavativas de Masdeval: 
friegas oleosas alcanforadas en todo el cuerpo: 
friegas ammontacales sobre la espina: sinapis- 
mos en las piernas: limonada sulfúrica. Dieta. 

El 17: pulso blando, proíundo y con 70 pul- 
saciones: el enfermo tenia conocimiento: cuando 
se levantaba esperimentaba un temblor convul- 
sivo general y caia, ó se aplastaba sobre si mis- 
mo: piel fria: ojo con un circulo de sangre y 
huyendo la luz: los parpados de un violeta mo- 
reno; la boca llenándose de sangre de uno á 
otro momento: piel completamente amarilla: do- 
lor en varias partes, como molido el cuerpo. 

Los mismos remedios, y ademas sinapis- 
mos ambulentos sobre las estremidudes inferio- 
res: vino; caldo. 

El 18: pulso pequeño, con 72 pulsaciones; 
piel tibia, y los estremos inferiores frios: ojo 
adolorido y huyendo de la luz, casi cerrado por 
el desenvolvimiento y abotagamiento de Ja con- 



143 

yuntiva que filtraba sangre: el semblante el mis- 
mo: la boca siempre llena de sangre: sin em- 
bargo, el enfermo estaba en calma y razonaba 
con ecsactitud. 

Los mismos remedios. Caldo. 

El 19: puUo pequeño, fugitivo y con 72 
pulsaciones: la piel de nuevo se enfrió: ella es- 
taba equimosada; enflaquecimiento considerable: 
vientre retractado: temor á la muerte: hipo: y 
cuando se levantaba sufría desmayos. 

Los mismos remedio! Sinapismos sobre el 
estomago: cataplasmas con mostaza á los piez: 
vino y una pequeña taza de crema de maiz. 

El 20: mejoiía: un poco de sueño: el en- 
fermo estaba menos aniquilado: toma confianza: 
me pregunta con inquietud si debe aliviarse: la 
piel vuelve á calentarse: el pulso tomó otra vez 
un poco de fuerza: se dicipó el hipo: dolores 
de movimiento: la boca llena de sangre. 

Continuaron todos los ausilios internos y es- 
temos, menos las cataplasmas á los pies; vino: 
caldo; crema de maiz. 

El 2 i: aumenta la memoria: 76 pulsado- 
ciones: la lengua continua filtrando sangre. 

Tres pildoras tónicas: tres lavativas de Mas- 
dcval; friegas oleosas alcanforadas; agua vinosa: 
crema de maíz: caldo. 

El 22; perfectamente bien; desde dos dias 
antes tenia evacuasiones negras, morenas: y ori- 
nas de este último color, pero abundantes: dur- 
mió bien: el círculo sanguinolento de los ojo» 
h tbia disminuido: la lengua, casi natural: piel com- 
pletamente amanlla, tiene placas violetas; ca- 
lor natural, y las eslremidades tibias; 76 pul* 
sacioues: los movimientos del enfermo eran acom- 



1*1 

ptfBaflos de dolor, romo si hubiera (deeia él, 
recibido pales en todo el cuerpo. 

Les iremos remedios que el día anterior: 
agua vinosa: BOpa de fideos; caldo. 

El 23: no huvo su(ño: por lo demás esta- 
ba bien (i d: pulso con 64 pulsaeiones. 

Cuatro pildoras tónicas: tíos lavativ&i de 
ma6devaJ; bebida calmante acida por la tarde: limo- 
nada sulfúrica: agua n i: < ea: sopa de fideos: ealdo. 

El 24: bien. Cuatro pildoras Iónica»-: la- 
vativa emoliente .por la tarde: limonada sulíu- 
rjta: gopa de fideos: ealdo; vino. 

EA 2b: sueño: evacuaciones naturales: re- 
cobió fuerzas: alegría: apetito: piel Hura. 

Cuatro pildoras tónicas: lavativa emoliente; 
limonada simple: inedia ración: vino. 

El 26; dos pildoras loniea-. lavativa sim-> 
p!'.;. agua vinosa. Media ración; vino. 

El 27 y 28, el .enfermo ba estado en la 
inedia ración, y salió del hot-pital icstableti- 
c!o de una enfermedad que durante algnnoi 
dias no me ofrecía esperanza alguna de salud. 
Solio pues el 29 de Julio, vigésimo de la en- 
fermedad. « { 



TP.1GECIMA Y ULTIMA OBSERVACIÓN". 



O sea inspección anatómica de un individuo que 
estando tn perfecta solad se ahogó en el mar, eil 
de Agosto a L.s (i de U tardo. 



*£■?' ' ' rio • (■: ■■ * ' is 7 una h 






145 

ra después del accidente) la piel color de ce- 
niza; las carnes flojas: la mucosa bucal y los la- 
bios de un violeta negro. La conyuntiva inyec- 
tada de la misma manera que en las conges- 
tiones cerebrales y en el primer periodo de la 
fiebre amarilla. 

Cadáver visto el dia 8 de Agosto á las 
7 de la mañana, doce horas después de la 
muerte. 

Toda la parte del cuerpo «obre la que 
estaba el cadáver, era de color violeta obs- 
curo, las manos y algunas partes del cuerpo 
manchadas de violeta: ojo menos inyectado: el 
cadáver estendido y tiezo: los músculos sin con- 
tracción. 

Cerebro y espina: arrancado el cráneo sa- 
lía sangre en abundancia como de una criba: 
divididas las membranas corre sangre negra no 
coagulada del seno longitudinal y de los basos 
que estaban llenos y estendidos por dicho lí- 
quido. Dividida la masa cerebral se escapa po- 
co mas ó menos, tanta sangre como en los su- 
getos muertos de la fiebre amarilla. Ni los ven- 
trículos ni la espina comenian agua. 

fecho: el pulmón estaba como inflado y 
lleno de uíi aire sanguinolento y aquoso La 
raiz de dicho órgano era negra, y dividiéndola 
salía sangre negra, mas contenia aire y agua. 
El corazón estaba absolutamente vacio, y los 
grandes troncos contení ni poca sangre; nada de 
inyección: nada de agua contenía el pericar- 
dio. 

Bajo vientre: ningún rastro de inyección apa- 
rente, á escepeion de los intestinos que tenían, 
algunos puntos, el mismo aspecto que en la fie- 

20 



116 

bre amarilla. El hígado do color rojo-bruno: di- 
vidido profundamente su tejido, no palio san- 
gre alguna. El estomago cst.iba distendido: no 
tenia inyección aparente en lo csterior: abierto 
en toda su estencion, contenia muchos alimen- 
tos sin digerirse: la mucosa, era roja en (oda su 
superficie: bien labada y espriraida conservó por 
todas partes una tez muy animada, y en algu- 
nos parajes una porción de puntos mas vivos y 
muy rojos, de los que parecía que esíaba como 
acribad;?: tenia ademas, de un color de hez de 
vino una superficie de tres á cuatro pulgadas 
de longitud sobre dos ó tres de latitud. Lo» 
demás órganos no fueron inspeccionados. 



Me seria fácil consignar aquí un mayor nú- 
mero de historias praticulares de fiebre amari- 
lla; hacer conocer una cantidad mas grande de 
inspecciones anatómicas y multiplicar las obscr T 
vaciones de curación: mas como siempre he 
observado la misma serie de síntomas, y como 
hé obtenido los mismos resultados: como las al- 
teraciones orgánicas han sido constantemente de 
la misma naturaleza, y han atacado un mismo 
orden de órganos, me ha parecido inútil acomu- 
lar en esta memoria número mayor de observa- 
ciones. Dos razones hay para esto: primera que 
la naturaleza de este trabajo no me permite 
desenvolver mis ideas como espero hacerlo des- 
pués: segunda por que estoy persuadido de que 
Jas observaciones que preseden bastan para pro- 
bar: Primero: que la causa de la fiebre amarilla lle- 
va su acción primitiva sobre el sistema nervioso. 
Segundo: que sobre los centros principales de 



147 

este sistema ee donde se hacen las congestiones 
mas funestas, en lo general. Tercero; que de la 
impresión primitiva del agente deletéreo (sea 
cual fuere este) sobre los nervios del pulmón, 
resulta primitivamente y de un modo directo 
la irritación de este órgano, y muy luego la di- 
minucion de acción y aun la parálisis mas ó 
menos completa de los nervios que animan es- 
ta importante viscera, y por consiguiente la de- 
bilidad y aun la imposibilidad de la sanguínea- 
cion. Cuarto en fin: que la irritación de las vías 
gástricas es simpática de la del pulmón: que 
aquella es puramente nerviosa: que es difícil que 
se eleve al carácter inflamatorio, y que lejos 
de constituir la enfermedad conocida con el 
nombre de fiebre amarilla, dicha irritación gás- 
trica seria favorable, las mas veces, dirigiéndo- 
se á dislocar la irritación de los grandes foco» 
de la potencia nerviosa, en donde se hacen siem- 
pre las concentraciones mortales; escepto un 
pequeño número de casos en que la acción pri- 
mitiva del agente deletéreo obra con tanta vio- 
lencia que el hilo de la vida parece como cor- 
tado por aquel, sea por el esceso de dolor en 
todo el aparato nervioso, sea por la imposibíli- 
dad absoluta de la sanguificacion; circunstancia* 
en las que la muerte obra con tal violencia 
que no permite el desenvolvimiento de la in- 
flamación en órgano alguno y no deja otros ves- 
tigios que un estado apoplético del cerebro, la 
engurgitacipn del sistema capilar general, sobre 
todo del pulmón, por una sangre negra impropia 
á sostener la vida; y en fin, deja todos los mus- 
culos de la vida animal en un estado de con-? 
tracción convulsiva. 



* 



148 

Parecerá sin duda muy estrano á loa que 
quieren absolutamente que se vea coa ellos eo 
la liebre amarilla una gastritis solamente, que d 
pues de haber dicho (en 1821) que la in 
cion gástrica en dicba fiebre era una circuns- 
tancia molesta y que esta irritación, puramen- 
te nerviosa en el principio, se convertía en in- 
flamatoria durante la calma engañadora del se- 
gundo periodo; parecerá estraño, repito, verme 
abanzar hoy, á considerar como casi imposible 
que la irritación de las vias gástricas, en la es- 
presada fiebre, se eleva al estado inflamatorio; 
y que en muchos caeos esta irritación es 
una circuntancia favorable que debe hacer me- 
nos terrible el pronostico: es un medio de 
revulcion que desvia la irritación de los cen- 
tros de la potencia nerviosa sobre los que 
se hacen casi siempre las congestiones mor- 
tales. 

Algunas cortas reflecciones sobre el modo 
de obrar de las causas que producen la nYbie 
amarilla, y el rigoroso eesámen de los hechos, 
espero que provaran, que 6Í en 821 he preconi- 
»ado un error, fué porque no habiendo tenido 
aún la ocacion de ver por mis ojos las altera- 
ciones orgánicas que se encuentran en los in- 
dividuos muertos de dicha fiebre, mi juicio se 
dejó estraviar por la influencia que naturalmen- 
te egerce, sin percibiilo, la opinión emitida 
por hombres cuyo nombre solo basta ria á ar- 
rastrarnos á su opinión, si sus grandes talentos 
y la importancia de los servicios que lian pres- 
tado á la eiencia que honran, á la humanidad 
que los venera, no presentasen á nuestra vista 
los principios que proclaman rodeados de un 



749 
prestigio tan seductor que estamos dispuesto» 
siempre á creer sobre su palabra, y á ridicu- 
lizar á aquellos que entre nosotros se atreven 
a levantar bu débil vez contra su autoridad. 

Sí, lo repito, en 1821 habia yo entre visto 
la verdad; pero mi admiración al Sr. Broussais, 
y mi entusiasmo por su doctrina me estravia- 
ron entonces, á mi pesar. De este primer herror, 
resultó (en mi obra de dicho aro) una porción de 
otros herrores terapéuticos que eran su consecuen- 
cia necesaria. Los confesaré hoy con la misma fran- 
queza que aquella con la que sostengo en con* 
tra de la opinión de muchos de mis compañe- 
ros, que la fiebre amarilla no es una inflama- 
ción del estómago. 

A pesar de todo lo dicho; aunque estoy 
convencido; aunque haya visto, tocado y com- 
parado; y aunque, finalmente, mi opinión no ha- 
ya sido formada ligeramente, entiendo que no és 
imposible que esté yo aun estraviado. Declaro, 
pues, que hablo con mi conciencia: que si me 
engaño, obro de buena fé, y sietrpre dispues- 
to á abrazar razones mejores que las que me han 
determinado: y que estoy, pronto á publicar que 
me he engañado, si se me prueva que á pesar 
de creer tocar la verdad, me dejo aun arrastrar 
del error. 



&. — »#^ a o <» ■ 



150 
CAPITULO XV* 



Rijiecciones para probar que la causa de la fie» 
hre amarilla) lleva su acción primitiva, directamen- 



te al sistema nervioso 



i. 



os síntomas que se observan constantemente 
en el primer periodo de la liebre amarilla ca- 
racterisan de un modo tan evidente una ecsal- 
tacion de propiedades vitales, y particularmen- 
te la sobre ecsitacion de todos los órganos li- 
gados á la vida animal y sus dependencias, y 
un transtorno ó la ecsageraeion de las facul- 
tades intelectuales, como también la de los ór- 
ganos de los sentidos, que creo inútil dar otra» 
pruebas, á mas de las observaciones que pre- 
ceden, en apoyo de mi primera proposición, á 
saber: que la causa de la Jívbre amarilla lleva su ac- 
ción piimiliva sobre el sistema nervioso. 

Esta primera proposición se reduce pues, 
á saber; si esta acción egercida primitavnmen- 
te sobre el sistema nervioso, es el resultado de 
la impresión directa del veneno, ó gaz deleté- 
reo, sobre los nervios de todas las superfkies y 
principalmente sobre los que animen el pulmón: 



15} 
ó si este veneno introduciéndose di rectamente en 
Ja sangre, por medio de la respiración, altera 
dicho íluido animal, y no lleva su impresión so- 
bre el sistema nervioso, sino por medio de la 
sangre impregnada de aquel veneno deletéreo. 

Sin duda, la introducion de un veneno en 
la masa sanguínea, no es una cosa imposible, 
supuesto que la respiración de un aire carga- 
do de las ecsalaciones que se desprenden del 
aceite <3e trementina dá á las orinas un olor par- 
ticular; supuesto que cuando se asficsia un ani- 
mal con el gaz hidrógeno sulfurado ( como lo 
ha hecho Bichat) y algún tiempo después de 
su muerte, se coloca bajo uno de sus órganos, 
por ejemplo bajo un músculo, una lamina de me- 
tal, la superficie de esta contigua á aquel ór- 
gano se hace sensiblemente sulfurosa; lo que prue- 
ba que el principio estraño que aqui está uni- 
<lo al hidrogeno se ha introducido en la cir- 
culación del pulmón y que él ha penetrado con 
la sangre todas las partes. Supuesto que fenó- 
menos de una misma naturaleza acompañan la 
asficsia por el gas nitroso, y aun el uso interno 
ó externo del Mercurio, no es dudable, repito, 
que la substancia deletérea (sea cual fuere) que 
és la causa material de la fiebre amarilla, no 
pueda penetrar directamente en la sangre y que 
jor medio de la circulación lleve al cerebro y 
á todos los órganos su ifluencia pernisiosa. Pero 
entonces, el. veneno llevaría su acción sobre 
el cerebro y destruirla la vida de una manera 
casi brusca;|ó siempre alo menos, antes de la 
aparición de la serie de síntomas que, en la fie- 
amarilla, son secundarios á los fenómenos cs- 
pasmódicos del primer periodo, y que si se deri- 



15S 
iban evidentemente déla alteración de la sangre: 
ó este gaz deletéreo obrarla directamente so- 
bre la masa sanguínea y la privaría, por la altera- 
ción que le baria sufrir, de las condiciones que 
le son necesarias para poder sostener la vida; 
mas en este caso los fenómenos que resultan del 
contacto de la sangre negra, carbonizada, ó no ocsi- 
genada, con los órganos, serian los primeros que ha- 
rían notarse en la fiebre amarilla, lo que jamas se 
observa. Ademas, en este caso, la enfermedad 
que nos ocupa seria análoga al escorbuto: pre- 
sentaría los mismos síntomas; tendiia los mismoi 
resultados y podrid reproducirse sobre un mis- 
mo individuo, siempre que se espusiese de nue- 
vo á respirar el mismo veneno. 

No niego que en la fiebre amarilla se obser- 
va una serie de síntomas que pueden fiprocsi- 
cnarse á los que caracterizan el escorbuto: al 
contrario, convendré como he dicho ya en 821, 
que tanto una como otra enfermedad, es un 
verdadero emponsofiamiento: que lo mismo que 
la fiebre amarilla, el escorbuto ataca como lid 
rayo á individuos que, pocos dias, pocas horas 
antes de la invacion gozaran de la mas florida 
salud; pero lo mas ordinario es que esta última 
enfermedad ataca á los que egtán de ante ma- 
no debilitados, mientras que Ja fiebre amarilla 
respeta á todos los seres débiles y cacoquimios. 

Ademas: el escorbuto es una enfermedad pu- 
ramente humoral, resultado de una alteración 
primitiva de la sangre, por el efecto de alimen- 
tos de mala calidad, especialmente de carnes ó 
pescados corrompidos. Pero la sanare alterada 
de este modo, no lleva al sistema muscular h¡.o 
materiales incapaces de sostener y reparar fau 



153 

fibra, de donde resulta que los músculos loco- 
motores, privados de toda acción, son reduci- 
dos á un estado de relajamiento insigne y de- 
bilidad tal, que pueden romperse al menor mo- 
vimiento. En la fiebre amarilla, sucede de otro 
modo; pues la irritación nerviosa, impresa por 
la acción primitiva deleteiea, se reflecta de tal 
modo sobre el aparato muscular que la ener- 
gía de las fuerzas musculares voluntarias, es 
consideraba como uno de los síntomas patogno- 
monicos de esta enfermedad. 

En el escorbuto, la asimilación de un qui- 
lo de mala cualidad es la causa directa de la 
diminución de tonicidad, y de la tardanza del 
movimiento circulatorio, de donde resultan las 
estancaciones, las infiltraciones y los rompimien- 
tos délas fibras; el ablandamiento de los mús- 
culos, y una debilidad general, tangrande que el 
enfermo no puede levantarse sin esperímentar 
sofocación, ni puede dar un paso sin esponer- 
se al rompimiento de los cuerpos musculares 
por el efecto solo de su contracción. En me- 
dio de esta reunión desesperada de síntomas ca- 
r.icteristícos de la mas grande debilidad, con- 
serva el sistema nervioso toda su integridad, to- 
da su fuerza. Para hacer cesar este gran de- 
sorden: para restablecer las fuerzas musculares 
apagadas de esta manera, por espacio de alguMos 
meses, basta frecuentemente del uso de vegetales 
frescos, de caldos de carnes frescas; basta tam» 
bien algunas veces, para hacer desaparecer es- 
te aparito de muerte, y para restituir á la vida 
y á la salud á los desgraciados cuyo abatimien- 
to parece estar en el último término, el solo uso 
de algunas narangas.... de algunas fruías acidas 

21 



154 

y azucaradas. Luego, <\ á peiir «le unn debilí» 
dad tan estrema y duradera, vastan á retalle- 
cer las fuerzas musculares en toda su integri* 
dad unos medios tan débiles, empleados por po- 
cos dias, ¿no és evidente que ha quedado in- 
tacto el sistema nervioso, verdadero dcpositaiio 
de la potencia vital, y que la postración mus- 
cular difiere de aquella que se nota en las lie- 
bres llamadas adinámicas y en los tifos? 

Al contrario, en la fiebre amarilla, todos los 
síntomas del primer periodo acusan un aumen- 
to de fuerzas de la vida; y á escepeion de los 
casos en que las consentraciones sobre el ce- 
rebro, encadenan la potencia muscular volunta- 
ria, se vé que los enfermos concerban bastantes 
fuerzas para lebantarsc y para andar hasta el 
instante mismo de su muerte. Hay en esta en- 
fermedad un gasto tan esecsivo de fuerzas vi- 
tales, por el electo de la sobre irritación prioiU 
tiva del sistema nervioso, que con mucha frecuen- 
cia sucumbe el enfermo después de algunos dias, ó 
algunas horas de enfermedad, en el momento mis- 
mo en que, engañado por la conciencia de fuer- 
zas que no son mas que facticias y por un me- 
jor estado pérfido, se entrega á las ¡Iliciones 
de la esperanza, y se lisongea de un próesimo 
restablecimiento. En fin, si la enfermedad se 
termina favorablemente, el primer síntoma que 
lo anuncia, es la caida ó almen03 el abatimien- 
to de fuerzas musculares, hasta entonces intac- 
tas aparentemente; y es tan cierto que su au- 
mento no era sino el resultado de uua ecsa- 
geracion facticia del sistema nervioso, que de 
ordinario se necesita muchos meses para que 
ellas puedan recobrar* una parte de la ener- 



155 

gh que habían perdido en pocos dias; y que 
siempre las funciones cerebrales conserban, duran- 
te algún tiempo, lesiones mas ó menos profundas. 

Me parece, pues, indudable, que si el ve- 
neno miasmático cuya introducion en la econo- 
mía animal determina la fiebre amarilla, se in- 
trodujera inmediatamente en la sangre en el ac- 
to de la respiración, deberían, como he dicho 
ya, suceder dos cosas; o egercer la misma ac- 
ción que se observa en ciertas asficsias en las 
que al defecto de aire respirabie y á la impo- 
sibilidad de la hematosis, se reúne la acción 
de un gaz deletéreo; es decir, producir la muer- 
te de una manera brusca, y antes que la im- 
presión de sangre negra sobre los diversos ór- 
ganos haya podido hacer cesar, ni aun transtor- 
nar de una manera sensible, los fenómenos vi- 
tales; ó alterar la sangre de la misma manera 
que aquella acontece por el escorbuto en loi 
individuos que han hecho uso de alimentos de 
mala cualidad, sobre todo de carnes y pesca- 
dos corrompidos. 

Cuando en la fiebre amarilla viene la muer- 
te de un modo muy rápido, se notan siempre sínto- 
mas eminentemeute nerviosos, y también de ro- 
dinario, fenómenos que se aprocsiman á aque- 
llos que se observan en la asficsia por impo- 
sibilidad de la ocsigenacion de la sangre: cons- 
tantemente se encuentran, después de la muer- 
te, vestigios de alteración patológica en el ce- 
rebro; y finalmente jamas tiene lugar la muer- 
te rápida que justificase la acción del gaz de- 
letéreo por medio de la circulación. Al contra- 
rio, si el veneno miasmático de que se habla, 
llegase en efecto al cerebro con la sangre que 



150 

lleva la vida a dicho oig n<\ (.1 meibn ?.- \ 
constantemente pronta; y siempre el t feeto «le 
este veneno debe ria mi- el destruir briH< unien- 
te la vida, cuando él hubiera sido i e-pirado 
en una cantidad bastantemente grande para pro- 
ducir fenómenos mortales. 

En efecto, en la liebre aTiar l!a se vv 
«envolverse una serie de síntomas que pu< , 
aprocsimarse á algunos de los que cuacieris uj 
el escorbuto: pero presindiendo de la diíerc i>- 
cia que eesiste en el estado de las fuer- 
z as musculares observadas en ambas enfermeda- 
des, hay otra notable entre ellas. Los sínlomag 
de la clase de aquellos que podrían llamar-e 
escorbúticos no se desenvuelven en la fiebre ama- 
rilla sino de un modo secundario, y después de 
que una multitud de síntomas, que acusan to- 
dos una irritación nerviosa, huí llevado el tras- 
torno á toda la economía, y el terror al espí. 
ritu del enfermo. 

Pero si el veneno gaseoso, productor de la 
fipbre amarilla, llegase directamente a la sangre, 
y fuese llevado á los órganos, por medio de la 
gran circulación (sea cual fuese) debería ser ins- 
tantáneo; y cuando no fuese mortal de un mo» 
do actual, debería bastar a destruir su acción, 
el dejar el lugar en que el aire esta impregna- 
do de este deletéreo, y trasladarse á otro pun- 
to en donde pudiera respirarse un aire puro. 
No hay por tanto, médico alguno que hay t ob- 
servado la fiebre amarilla; no hay ciuda laño al- 
guno que habiendo vivido en algún lugar en 
donde reina dicha plaga, 6 en algún pumo cir- 
cunvecino, no sepa que en uní multitud de 
círcustancias, los individuos que han pasudo unoé 



157 

algunos días en una ciudad infectada sin hab?r es- 
perirnentado impresión alguna apreciabie de lo* 
mialmas, se han refugiado- en otra ciudad mal 
o menos lejana, pero cuja atmósfera era pura, 
y en tal lugar han sido atacados de la fiebre 
amarilla 4, (5, 8, 10, 15 dias después de su salida 
del puerco en donde habian estado espuestos ala 
acción de a<juei veneno, y que han muerto, ó 
te han curado después de haber esperimenta- 
do todos los síntomas que caracterizan dicha 
enfermedad. 

Mas, si la carbonisacion ó no ocsigenacion 
de la sangre no fuese el resultado de una altera- 
ción particular en la acción vital del pulmón, mas 
bien, el efecto de la acción directa de la ac- 
ción del deletéreo sobre la sangre, tal acción 
debería ser permanente sobre los individuos que 
no se alejarán del lugar en donde se le re -ji- 
ra: tal acción deberia reproducir los miamos 
efectos siempre que se espusiesen de nuevo a 
en acción y jamas el imperio del habito debe- 
ria poder ejercer influencia alguna, ni ser algu- 
no viviente adquirir nunca las ventajas de aque- 
llo que se llama aclimatarse. Ademas, se vé el 
imperio del habito egercer sobre la acción de 
esta causa una influencia tan real, y las 
ventajas de la aclimatación son tan positivas, 
que no solo los individuos que han esperi- 
mentado las modificaciones vitales que consti- 
tuyen la fiebre amarilla pierden toda aptitud á 
ser impresionados de nuevo por las causas que 
las producen, sino que una larga permanencia 
en los lugares en donde el aire está alterado 
por este veneno modifica su organisacion física 
á tal punto que por el solo hecho de ser na- 



158 

cido en aquellos en donde reina dicha fiebre, 
se encuentran preservados de la acción de (Me 
veneno, sin embargo de que después de haber vi- 
vido muchos 01I03 bajo latitudes frias ó templa- 
das se encuentran de nuevo espuestos á su in- 
fluencia deletérea: Podría citar muchos comer- 
ciantes que he tenido el honor de conocer que, 
nacidos en Santo Domingo, han dejado esta Is- 
la estando ellos aun en la primera edad de la 
vida, han vivido en Francia, sobre todo al Nor- 
te, y se han fijado pocos años há en Alvarado 
y Veracruz sin que alguno de ellos haya sido 
atacado de la fiebre amarilla, mientras que es- 
ta enfermedad atacaba diariamente una multi- 
tud de personas que por la debiliJad de su 
constitución, parecía que mejor deberían esca- 
par que otros, de una edad vigorosa y que reu« 
nian todas las condiciones que se han conside- 
rado como las mas desgraciadamente laborable! 
para ser las víctimas de este azote. 

Ninguna duda en consecuencia, que la causa 
de la fiebre amarilla lleva su acción primitiva y di- 
recta sobre el sistema nervioso: mas como las 
modificaciones de vitalidad que resultan de la 
acción que esta causa ejerce sobre la economía 
animal admiten diferencias que son relativas al 
grado de íntencidad de dicha causa, como tam- 
bién al grado de predisposición de los indivi- 
duos que son atacados de ella, me parece útil 
reunir en clases determinadas los casos de fie- 
bre amarilla cuyos grados manifiestos se diri- 
gen á introducir la cofusion en el eesámen de 
esta enfermedad considerada de un modo ge- 
neral. 

La dividiré, pues, en tres clases (cada una 



159 
cíe las que se compondrá de dos variedades) 
los casos numerosos de fiebre amarilla que tu- 
ve ocasión de observar. 

La primera clase se compondrá: 1. ° délos 
casos, en que la causa de la fiebre amarilla obra 
con tanla actividad que los resoltes de la vida 
pueden ser rotos por la violencia del espasmo 
y del dolor, ó por el obstáculo como mecáni- 
co que el espasmo lleva al acto de la respi- 
ración. Segundo: los casos en que la acción de 
esta causa, dirigiéndose primitivamente sobre el 
cerebro, se concentra en este órgano así como 
en la espina, y determina en ellos congestiones 
rápidas y funestas. 

La segunda clase se compondrá: 
1.° De los casos nnmerosos en que la cau- 
sa de la fiebse amarilla egerce sobre Ja econo- 
mía animal una acción violenta, pero menos gra« 
ve, en razón que ella lleva dicha acción sobre 
un número mayor de órganos y permite el de- 
senvolvimiento de diversas series de síntomas que 
son generalmente indicados como característi- 
cos de la fiebre amarilla cuando corre bus di- 
versos periodos. 

2. ° De los casos en que; sea por la poca 
energía de esta causa, 6ea por defecto de pre- 
disposición individual no egerce sino una ac- 
ción ligera, suficiente para impresionar los ór- 
ganos, pero no bastante violenta para interrum- 
pir sus funciones al grado de comprometer la 
vida. 

La tercera clase, en fin se compondrá: 1. ° De 
los casos en que la causa de la fiebre amarilla 
ataca individuos cuyo estómago es de ante ma- 
no presa de la inflamación. Segundo; de los ca- 



1«0 

■os en qne la causa de la fiebre amnrílla r^cr- 
ce su acción sobre individuos cuyo estótnrigq es- 
tá sobre irritado de suerte que la irritación po- 
drá 6cr elevada al grado que constituye la in- 
flamación, como también reflectarse sobre el ce- 
rebro y determinar en este órgano una conges- 
tión mortal 






161 
CAKTV&O V. 

PRIMERA CLASE. 



PRIMERA Y SEGUNDA VARIEDAD. 



Modificaciones vitales. Síntomas caractcrisikds. Al- 
teraciones orgánicas. 



O 



yo me engaño, ó he demostrado que el 
veneno deletéreo que determin » ú ocasiona la 
fiebre amarilla no obra directamente sobre la 
s ingre, v {Miedo repetir con confia: za que la cau- 
sa de la fiebre amarilla lleba su acción primitiva so- 
brc el sistema nervioso. 

De este hecho y de la observación resulta 
pues: 1.° oque esta causa ejerce sobre e] or- 
ganismo una arción tan violenta que el enfermo 
muere como a?íicsiado y en un estado de ere- 
tismo genera! que prueba que |a commorion ner- 
viosa ha si. lo llevada al último término, y que 
las potencias respiratorias encadenadas por c\ 
espasmo y por el dolor no permiten mas la po- 
sibilidad de la eanguificacion, de suerte que cuan- 

22 



1G2 
to ante?, biene á juntarse á este movimiento 
nerul tic ec saltación (do tal modo estreñía que 
por si sola podría quitar la vida,} la ac< 
bre todos los órganos, del contacto de la san- 
gre negra, la sofocación y la muerte. Í2. ° ó que 
la irritación nerviosa producida por la 
sion del veneno miasmático reúne au acción so- 
bre los centros principales de la potencia ner- 
viosa y determina en aquellos/ conmistiones que 
son rápidamente funestas. 

PRIMERA VARIEDAD. 



En el primer caso se observa, como en el' 
individuo de la observación 7 p , un estado de 
dolor profundo cuya espresion es impresa en la 
vista y en toda la fisonomía del enfermo: un es- 
tado de anciedad, de inquietud estrema que no 
permite al enfermo un instante de tranquilidad 
y de cuyo estado no puede dar la razón: dolo- 
res vivos unas veces en los ojos, en los temporales, 
en la frente; otras en el estómago, en las estfemi- 
dades, en los lomos: algunas veces en todas partes 
á un tiempo; pero sobre todo una opresión siempre 
creciente que impide al emfermo estar acostado, 
q»¡e le precisa á tocer, á suspirar profundamen- 
te: la disminución rápida del calor animal: la 
caida del pulso cuya lentitud es siempre cre- 
ciente, que no da luego mas que 60, 50, 40, :íb' pul- 
saciones y que cesa de batir algunas horas an- 
tea del término fatal: que al mismo tiempo i 
la piel se enfria y el puho se hace uia* peque- 
ño y mas lento, los labios, las encias y la len- 

se hinchan, y se ponen de color violeta; 






163 
li piel se tiñe de amarillo, se jaspea, y está 
sembrada do anchas equimosis: la cara está co- 
mo abotagada y de color violeta: los ojos in- 
yectadoi y como llenos de sangre; el enfermo 
muere, en el término de 33, 48, 60 horas, evi- 
dentemente sofocado. 

En la inspección anatómica del cadáver se 
encuentra la sangre en los dos órdenes de va- 
sos: el pulmón está infartado: el corazón no es- 
ta bacio: sus dos ventriculos contienen sangre 
y algunas veces en muy grande cantidad: todos 
I03 basos están llenos, como distendidos por 
la sangre que es negra en todas partes: se pue- 
den encontrar algunos vestigios de alteración en 
el cerebro, en la espina, en las viceras del vien- 
tre bajo; pero el fenómeno notable, el principal 
que se observa por todas partes del cadáver es 
el infarto de los basos por una sangre fluida y 
negra: esta obstrucion es tal que en cualquiera 
parte que se introduzca el cuchillo, sea divi- 
diendo las membranas del cerebro, sea cortan- 
do un cuerpo muscular, ó haciendo una inci- 
sión profunda en el tejido del pulmón, en el 
tejido mismo del higado, siempre y en todas par- 
tes se observa que una sangre negra y disuel- 
ta se escapa en abundancia bajo el cuchillo que 
divide las partes. 

En fin, la inspección de los órganos inte- 
riores acusaría una simple asficsia por defecto 
de ocsigenacion de sangre, si el aspecto este- 
rior del cadáver no probase el estado violento 
en que se encuentra el aparato nervioso. En 
efreto, los rasgos de la cara están convelidos 
y parece que manifiestan aun una sonrisa en 
que hay al¿una eo&a de dolor y de simpleza: 

# 



101 
todos los músculos contraidos, y como bomben- 
dn la parte carnosa: i;is estremidádes Büperioref 
dobladas y lo m.-is ordinario cerradas faerteinen- 
te contra el peí ho. El dorso arqueado ¡. 
adelante; el vientre retractado: el pecho c< 
bombeado. La piel en su superficie cubierta de 
grandes equimosis violetas ó negras, y amarilla 
eu el fondo. 

SEGUNDA VARIEDAD. 

En el segundo caso, es decir, cuando la ir- 
ritación nerviosa producida por las impresione! 
del veneno miasmático concentra su acción so- 
bre el cerebro y la espina» como en las obser- 
vaciones número 8, 9. 10, 11,12, 13 y 14, se no- 
tan bastante los fenómenos que resultan del de- 
tecto de ocsigenacion de la sangre, y después 
de la muerte se encuentra que la sangre llena 
también los ba¿os, obstruye el pulmón, oprime 
el cerebro y que esta sangre siempre ts negra 
y de una fluidez notable; pero á los fenómenos 
nerviosos ya notados se reúnen todos los ento- 
rnas que caracterizan la inflamación de las mem- 
branas del cerebro y de la espina, y puede ha- 
ber un convencimiento después de la muerte 
que los enfermos han sucumbido á los desorde- 
nes que han tenido lugar en los ceñiros prin- 
cipales de la potencia nerviosa, y á los derra- 
mes que han sido consecuencia de dichos de- 
sordenes. 

En tollos los casos qua se pueden reunir 
ó referir á esta variedad, la cara m | la 

admiración, la inquietud, el dolor el ojo es li- 
jo, húmedo y doloroso: ecsisíe siempre un vio- 



165 

lento dolor frontal mas ó menos profundo, ea* 
tendiéndose de ordinario á los temporales y re- 
pitiéndose algunas veces en la región occipital. 
El enfermo experimenta algunas veces desde el 
principio, desmayos, desvanecimientos, vertigios; 
dolor violento en la región lombar; atirantamien- 
to en el dorso y en los musios; adormecimien- 
to y dolor en los muslos: calambres en las pan- 
torrillas: dolores en los brazo?, principalmente en 
el derecho; dolor en la región epigástrica: sen- 
timiento de presión mecánica sobre el tórax, y 
dificultad en la respiración: hundimiento de las 
paredes del bajo vientre; en general, costipacion; 
algunas veces evacuaciones de materias verde? 
ó amarillas: nauceas y vómitos, en el principio 
de materias verdes ó amarilla?; insomnio con agi- 
tación é inquietud; modorra con quejidos y sus- 
piros profundos, con expresión de dolor y mo- 
vimientos convulsivos; ó coma profundo é insen- 
sibilidad completa; cuando no hay ni coma ni 
Eopor, la vista del enfermo espresa la admira- 
ción, tiene el aire atontado, el juicio es incier- 
to, tardio, obtuso: el semblante espresa el te- 
mor y el dolor aun cuando el enfermo no lo 
esperimenla: el pulso queda rápido ó se afloja 
para volver á tomar antes de la muerte una ra- 
pidez muy notable; en pocos casos de esta va- 
riedad el pulso cae abajo del estado fisiológico, 
para no volver a tomar una cierta rapidez. 

No ten«;o necesidad da decir que algunos 
de los síntomas que acabo de enumerar predo- 
minan sobre los otros según que la concentración de 
la irritación se hace primitivamente de un modo 
mas activo sobre uno ú otro de los grandes fo- 
cos de la potencia nerviosa; es decir, que cuan» 



ICO 
do la concentración principal y primitiva se ha- 
ce particularmente sobre el cerebro, el dolor de 
cabeza predomina sobre la raquialgía; el dolor 
del brazo derecho, la agitación y el trastorno 
de la respiración, predominan sobre los dolores 
de piernas y sobre el entorpecimiento de mus- 
los: hay desde el principio nauccas y vómitos; 
las facultades intelectuales son trastornadas in- 
mediatamente y muy luego sobrebicnen el so- 
por y el coma. Si la concentración primitiva 
de vitalidad se hace mas particularmente sobre 
la espina entonces se ve predominar la raquial- 
gía, los dolores y entorpecimiento de muslos &• 
entonces el pulso es menos rápido, y las facul- 
tades intelectuales no son trastornadas: el sopor 
no sobrebiene sino en una época avanzada de 
la enfermedad, cuando la irritación del cerebro 
se ha elevado hasta cierto punto: en uno y en 
otro caso las alteraciones orgánicas bienen á jus- 
tificar los accidentes diversos que han sido ob- 
servados durante la vida; á las alteraciones ya 
indicadas y que se encuentran siempre a un gra- 
do mas ó menos sencible, se junta en estos ca- 
sos derrames de serosidad en el cerebro y en 
la espina, y que son mas considerables en uno 
ó en otro de estos focos según que la muerte 
ha sido presedida de síntomas que caracterizan 
máa particularmente la irritación mas decidida 
efe uno de los dos. 



"#3-^— 



167 

SEGUNDA CLASE. 



TERCERA Y CUARTA VARIEDAD. 



Modificaciones vitales. Síntomas carácter ínticos. Al- 
teraciones orgánicas. 



c 



, r uando la sobre- irritación general no es bas- 
tante violenta para matar por el espasmo y el 
dolor, como también por la imposibilidad de la 
hematosis, resultando del trastorno mecánico que 
el espasmo lleva al acto de la respiración. 

Cuando las concentraciones de la irritación 
no se hacen de una manera brusca sobre el ce- 
rebro y se bre la espina; y que los enfermos no 
6ucumben en muy pocos días en consecuencia 
de congestiones y derrames que tienen lugar en 
estos grandes fucos tic la vi ,. 

Cuando la causa produ<nriz de la fiebre ama- 
rilla no mata bruscamente ó no concentra su 
acción sobre lo¿ grandes focos de la potencia 
nerviosa al grado de producir accidentes rapi- 



168 

damenle funestos, digo, cela cansa no llora me- 
nos su acción primitiva sobre el sistema ner- 
vioso: no 6G observa menos una sobre- ecsitacion 
manifiesta de este sistema; la cara del enfermo, no 
índica menos un trastorno evidente de las fun- 
ciones de la vida animal; mas los efectos ton 
funestos con menos rapidez; los accidentes pue- 
den ser combatidos con mas ventajas, por que 
la irritación llevada sobre un número mayor de 
órganos se encuentra, por decirlo asi, dividida; 
de donde resulta que las congestiones mortal ei 
son mas lentas, y que ellas dejan al arte el 

,¡o de con va ti rías y algunas veces de pre- 
venirlas. 

En esta clase que es la mas numerosa y 
que aunque caracterizada por una multitud de 
síntomas muy graves, no deja menos al arte me- 
dios de con vat irlos, y á la naturaleza recursos 
que bien dirigidos terminan comunmente por 
triunfar del mal: en esta clase, digo, el gas de- 
letéreo lleva su acción directa sobre todo el apa- 
rato nervioso que irrito; pero mas directamente 
sobre los nervios que animan el pulmón, de don- 
de resulta la irritación directa de este órgano 
y la irritación simpática de las vias digestivas. 

Si en este estado, el pulmón se encuentra 
con anterioridad sobre-irritado, síntomas directos, 
la continuación del estado febril, anuncian una 
lijera inflamación de este órgano, como en la 
observación número 27; mas á pesar de estos 
casos poco numerosos, la irritación se desenvuel- 
ve, sobre todo, en las mucosas gástricas. 

En estos casos que son lo* mas comunes, si la 
mucosa gástrica, se. encuentra sobre irritada con. 
anterioridad, la irritación puede ser llevada des- 



169 
de el principio de la enfermedad al estado de 
inflamación, y los síntomas que la caracterizan, 
lo mismo que la elevación sostenida del pulso, 
la harán reconocer: y la muerte no dejará de 
ser el resultado de ella tan luego como la san- 
gre negra en contacto, venga á reunirse al tras- 
torno de las funciones, (véanse las variedades 

Mas, siempre (y esto es lo ordinario) que 
las vias digestivas no están sobre irritadas con 
anterioridad, la irritación simpática de estas su- 
perficies, resultado de la acción de las causas 
de la fiebre amarilla, es puramente nerviosa y 
se eleva difícilmente al estado inflamatorio, en 
razón que muy luego sucede á la iiritacion pri- 
mitiva del pulmón, la debilidad y aun la pará- 
lisis mas ó menos completa de los nervios que 
animan dicho órgano, y por consecuencia un tras- 
torno mas 6 menos grande en sus funciones ani- 
males ó químicas, y la imposibilidad mas ó me- 
nos completa de la sanguificacion; de donde re- 
sulta que el corazón no despache luego á las 
arterias que una sangre negra, fluida, impropia 
á sostener largo tiempo la vida; de suerte que 
la irritación de las mucosas gástricas puede ser- 
vir bien á llamar en su tejido una mayor can- 
tidad de sangre, pero el contacto de esta san- 
are poco ocsigenada dirigiéndose mas bien á so- 
focar la vida que ha lebantar la irritación al gra- 
do inflamatorio, se eacapa luego de los capila- 
res distribuidos en la superficie mucosa y cons- 
tituye la hemorragia de sangre negra que se 
observa durante los 2. ° y 3. ° periodos de la 
fiebre amarilla, como se ha notado en los >n~ 

23 






170 
cfWiduos que lian motivado Ins observaciones nú- 
mero 10. 21. 23. 25. 20. 27. 

En los numerosos casos que se refieren á 
esta clase, á la reacción febril que tiene lugar 
durante los primeros dias ó las primeras I 
de la enfermedad, sucede luego una calma mal 
ó menos completa que ordinariamente bc designa 
romo el segundo periodo del m (¡ue pro- 

piamente hablando no sea sino una intermiten- 
cia entre el primero y último periodo. La expe- 
riencia ha probado que cuanto mas súbita es es- 
ta calma, inesperada, completa y pro. 
principio de la enfermedad, tanto mas eminente 
es el peligro; asi que en los caeos menos graves, 
esta calma que constituye el segundo periodo, 
casi no es indicada: los síntoma uededen, 

se dibilitan y la enfermedad se termina favora- 
blemente en el primero ó segundo septenario, sin 
crisis a preciable. 

En esta grande clase, después de la reac- 
ción febril de los primeros momentos, ó de los 
primeros dias, el pulso vuelve á su ritmo í 
lógico y cae progresivamente á (30. 50. 40 pul- 
saciones por minuto, sea que el enfermo su- 
cumba, sea que el se escape de la muerte. Aun 
en este último caso, el pulso queda con ', 
tante frecuencia mas abajo del estado fir-io 
.co antes de la convalcsencia y en esta misma. 

Dorante la calma que constituye el segun- 
do periodo, es cuando los nervios del octavo par 
pierden su acción de un modo mas ó menos com- 
pleto; y se hacen las consecraciones de vitali- 
dad en el cerebro y particularmente en la es- 
pina, cuando la enfermedad toma una direc- 
ción molesta y que el resultado de ella sea fu- 
nesto. 



171 

Durante la misma calma engaños*, es cuan- 
do se ven los resultados del defecto de santi- 
ficación, y algunas veces los fenómenos que prue- 
ban quft los ramos del pneumo gástrico que se 
distribuyen en la glotis y en la laringe, son loa 
que especialmente han perdido su energía; de 
suerte que el trastorno de la respiración' es so- 
bre todo el resultado de un obstáculo como me- 
cánico, como lo he visto en los indiyiduos que 
han motivado las observaciones número 1 y 22; 
1» que se ha hecho evidente por la tumefac- 
ción de la lengua y de los labios: por la afo- 
nía ó la ronquera de la voz, y finalmente por 
una sensación de estrangulación, y por la difi- 
cultad estreñía de respirar referida á la gargan- 
ta y no á una sensación de presión en el pe- 
cho, como lo tengo antes indicado. 

He dicho, y creo haber probado que la fie- 
bre amarilla no es una gastritis aguda, mas he 
dicho también que no solamente la irritación de 
las vias digestivas no era precisamente inflama- 
toria, sino que en el mayor número de casos, 
esta irritación era una circunstancia favorable 
contribuyendo á impedir las consentraeiones de 
vitalidad que tienen lugar en los grandes focos 
de la potencia nerviosa, en ios c^sos rápidamen- 
te funestos, y que aquella irritación parecia ser 
un medio de revulsión que la naturaleza em- 
pleaba en favor de la vida. 

Para probar esta aserción que parecerá qui- 
7j \ atrevida, diré, que todos los individuos que 
he visto escaparse de la enfermedad, habían acu- 
cado dolores mas ó menos violentos en la re- 
gión umbilical, y en la epigástrica: que esta eir- 
feunsiancia me ha conducido á usar los medios 



172 
propio? á propaga? y irMMtport.w Ir» ÍTPttáciow 
Bobre la parte del tuvo inl 

nal, á fin de obrar revulsivamente, y do i 
viar por osa pane, no la ii-ritnrh>n dei Chlór. 
sino mas bien la de la espina ó la del rere bro, 
con el objeto de (¡no e-ta última no se elevase 
al grado de la inflamación, y en lin (pie por v>- 
tos medio*, combinados con el no del añílale 
de quinina llevado sobre el mi?i»o estómago (Jo 
que ciertamente no era propio a calmar la irri- 
tación inflamatoria de dicho órgano si en Che- 
to el estubiese inflamado), hé tenido la felicidad 
de salvar un gran número de individuos que co- 
mo aquellos que son marcados con los uúmereí 
19. 20. 21. 22. 23. 24. 20. 26. 27, 28 y i ( J. ha- 
bían e?perimentado síntomas de la mas grande gra- 
vedad* 

CUARTA VARIEDAD. 

Finalmente: hay otra clase de individuos, 
sobre los que, sea que la acción de las causas 
de la enfermedad sea menos activa; sea que por 
su temperamento ó predisposición sean mas pro- 
pios á soportar sus ataques: hay otra clase de 
sujetos, repito, en quienes la enfermedad corre 
sus periodos de un modo bien caracterizado, mas 
obscuro; sin sacudimiento violento, y sin hacer te- 
mer funestos resultados, que cuando tienen lu- 
gar, son mas bien el efecto de imprudencias co- 
metidas por el enfermo ó por el médico, que 
por la enfermedad que en estos casos se termi- 
na casi siempre de un modo favorable si se tra- 
baja en ayudar á la naturaleza en sus esfuerzos 
concervadoies. Los simples dulcificantes,, los la* 



173 

xantes 'suaves, los sedativos, los ligeros tónicos* 
son los únicos medios que deben ser emplea- 
dos en estos casos; y estos medios bien simples 
bastan de ordinario para obtener la resolución 
de la sobrecsitacion que ecsiste, para restable- 
cer las funciones de los órganos, y para obte- 
ner el retorno á la salud. 

Pero si en esta clase una terapéutica pu- 
ramente dulcificante, y aun la misma naturale- 
za abandonada á sus propias fuerzas, bastan 
para la curación, no sucede lo mismo en las in- 
dicadas anteriormente. En los muy numerosos ca- 
sos que deben referirse á las variedades ante- 
riores en donde se observa la enfermedad ba- 
jo sus mas terribles formas, un médico que se 
limitase á una medicina especiante, ó una me- 
dicina puramente antiflogistica, seria espectador 
benévolo del dolor y de la muerte de la ma- 
yor parte de los enfermos que se le confiasen. 






174 



CAPITULO VXZ. 



TERCERA CLASE. 



Q.UINTA Y SESTA TARIEDAD. 



Modificaciones vitales, síntomas característicos* Alte- 
raciones orgánicas. 



1?. 

JL iebre amarilla complicada de gastritis, sin con- 
gestión cerebral. 



He sostenido, y creo haber probado, que 
lio solo la inflamación del estómago no es la 
alteración orgánica que constituye la fiebre ama- 
ril'a; sino también que la irritación de las vias 
gástricas en esta enfermedad, es puramente ner- 
viosa, que difícilmente se eleva al grado infla- 
matorio, y que ella es en el mayor número de 
casos una circunstancia favorable, \ ucs la ini- 
cion encontranlose asi dividido, su resolución 
es mas fácil y el peligro de las congestiones ra- 



175 

quidianas y cerebrales mucho menos immi- 
nente. 

Sin embargo, esta inflamación no e8 impo- 
sible, y cuando eesiste en la fiebre amarilla se 
hace una circunstancia agravante que arrastra 
casi siempre una terminación funesta. 

No es imposible observar á un tiempo en 
un mismo individuo la gastritis y la fiebre ama- 
rilla, en razón de que la sobreirritación del es- 
tómago no pon*? al abrigo de las causas que 
producen la fiebre espresada, y por consiguien- 
te un individuo que afectado ya de la gastri- 
tis fuese impresionado por el gf¡z deletéreo que 
determina la fiebre amarilla, podría muy bien 
ser atacado de esía enfermedad y ofrecer aun 
tiempo, al observador, los síntomas de estas dos 
afecciones. 

Al contrario, es natural pensar que aun en 
la suposición que no hubiese gastritis aguda, 
bastaría que el estómago fuese el asiento de un 
cierto grado de irritación, cuando se desenvuel- 
ve la fiebre amarilla sobre un individuo, pa- 
ra que dicha irritación aumentada por la sim- 
pática que se reflecta del pulmón sobre aquel 
órgano, se encontrase llevada al estado inflama- 
torio, y adquiriese un grado de intensidad tal, que 
los síntomas de la gastritis se confundiesen con 
los que son propios á la fiebre amarilla, en cu- 
yo caso sería fácil confundir dos modificaciones 
vitales ordinariamente muy distintas: lo que po- 
dría muy bien persuadir á aquellos que no llo- 
viesen visto sino esta variedad de dicha fiebre, que 
en efecto esta enfermedad es una gastritis de 
la mas grande intensidad. Una vez admitido es- 
to, no es estraordinario verlos proclamar como 






I7fi 
r>n*e rV un principio general, los resultados de 
ca*os <;ii<> hacen casi una ecepcion, en una en- 
e< j a< i , , i son tan irmerosus que 

¡ lo coi -i.'t 7. da COTOO un proteo por médi- 

« oa tablee ó ilustrados. 

lando la irritación inflamatoria Jel estó- 
ntití precflistir á la fiebre am?.ri- 
rvartí clárame mayor parte de 

loa frín'.omas o/ > antes; pero la len- 

\r de ser ancha, húmeda é ineha- 
da será , aúagüda, delgada, limpia y animada, 
ó saburral y reja sobre loa bordes, seca por lo 
ordinario, con sed considerable: el aliento será, 
mas ó menos fétido: las materias vomitad .s mas 
ó menos acres: el dolor en la región epigás- 
trica sti.i acompañado de un sentimiento de uv- 
dor interior: el vientre no estará retractado: los 
yomitos serán continuos, doloroso?, y no aliviarán 
al enfermo que referirá todos sus dolores á la 
región del estómago; y en efecto, en los casos 
que componen esta variedad, la irritación del 
estómago aumentada luego por la irritación sim- 
pática que sobre biene del pulmón y atrae al. i 
la irritación de otros órganos, los síntomas de 
la gastritis deben predominar á aquellos que en 
las variedades precedentes indican la irritación 
sea del cerebro, sea de la espina: de suerte que 
las fuerzas musculares serán casi nulas: la ce- 
falalgia, la raquialgia, los entorpecimientos y los 
dolores de los miembros, la opresión misma, se- 
rán como absorvidas por el estado de dolor del 
e^iótaago, cuya inflamación podrá pasar á la gan- 
grena y determinar la muerte, tan luego como 
la sangre negra, que en el segundo periodo 
euipieza a correr por. los dos órdenes de vasos, 



177 

llegue á su texido y veRga á obstruir la ed 
de capilares sanguíneos de su mucosa cuya vi- 
talidad destruirá. 



SESTA VARIEDAD. 



Fiebre amarilla complicada de gastritis con .con: 
gestión cerebral consecutiva, 

, 

En los casos en que las mucosas no son 
sobreestadas sino hasta cierto grado, con an- 
terioridad á la esplocion de dicha fiebre, esta 
irritación puede muy bien ser elevada al gra- 
do que constituye el modo inflamatorio, aumentán- 
dose por la irritación que le llega simpática- 
mente del pulmón: pero la irritación general del 
aparato nervioso que tiene lugar primitivamen- 
te en la fiebre predicha, y el movimiento bien 
manifiesto de concentración que siempre tie- 
ne lugar en el cerebro y en la espina, persis- 
te hasta un cierto punto, á pesar de la irritación 
precsistente del estómago: de aquí resulta, que 
cuando este último órgano se encuentra infla* 
mado, es de un modo tan lento, que permite una 
reacción simpática de la inflamación sobre el ce- 
rebro, que ya irritado, es cuanto antes presa 
también de la inflamación. 

En estos casos (que afortunadamente son 
poco numerosos así que los que componen la 
variedad presedente,) se observan los síntomas 
que de oi'linario acompañan á la inflamación pri- 
mitiva del eatómago en la fiebre amarilla, y que 

24 



Í78 

he enumerado en la variedad que precede: pero 
á estos síntoma? vienen á reunirse mny luego 
la postración muscular, el delirio, el sopor con 
quegidos y suspiros profundos, y el enfermo en 
lugar de morir con todo su conocimiento écha- 
la su último suspiro en un coma profundo <jue 
es ocacionado tanto por la acumulación de san- 
gre negra en los vasos del cerebro como por 
el derrame que produce la inflamación. 

En estas dos variedades el pulso concerva 
siempre una cierta rapidez: en la variedad pre- 
Eedente es posible no obstante que el pulso mi- 
ga rápidamente, para no volverse á levantar, lo 
que tiene lugar en los casos en qu e la lle- 
gada de sangre negra al texido de la mucosa 
gástrica, determine en él la gangrena. En la 
variedad de que me ocupo, si 6ucede alguna vez 
que el pulso pierda de su rapidez, durante la 
calma engañosa del segundo periodo, siempre 
se eleva antes de la muerte encima del rithmo 
ficiológico, en cuanto á la frecuencia de la» 
pulsaciones. 



179 
CAPITULO VIH* 



Descripción y curación de la fiebre amarilla considera- 
da de m modo general» 



ara hacer conocer los medios ¿le donde be 
sacado los mas ventajosos resultados: para in- 
dicar los que en mi concepto son mas útiles; y 
para trazar finalmente el modo de curación que 
creo debe ser el mas apropiado á la enferme* 
dad, consideraré á ésta de una manera gene- 
ral, distinguiéndola con la mayor parte de los 
autores, en tres periodos, aunque el segundo no 
sea, a mis ojos, sino un corto intermedio, al- 
gunas veces inapreciable entre el primero y je} 
ultimo estado déla enfermedad. 

Tendré cuidado de esplicar los motivos que 
me han conducido á preconisar hoy, loa mediog 
que había proscripto de la curación de esta 
enfermedad en mi memoria de 1821. 

Los numerosos casos de fiebre amarilla que 
he tenido ocasión de observar en Veracruz du- 
rante los meses de Julio y Agosto de 826, me 
han ofrecido, con poca diferencia, los mismos 
caracteres que las epidemias de esta enferme^ 



\ 



100 
dad que había tenido ocasión de observar pre- 
sedentemonte en Nueva Orleanst 

A pesar Je que en algunos casos la c 
medad se haya desenvuelto de un mod > ] 
tanto obscuro para inspirarme algún temor como 
en la observación 17: que el peligro no se lu- 
ya mostrado sino pocas horas antes de la muer, 
te como en la observación I: y en algunos otro» 
el principio haya 6¡do precedido de incomodi- 
dad, de lacsitudes, de morosidad y de oíros eíi. 
tomas comunes á otra porción de enfermedades, 
casi siempre aquella ha empesado de una ma- 
nera brusca, sin prodromes y de ordinario en el 
instante mismo en que el indivi no que ello 
prendía se felicitaba de su buenadalud. Aunque en 
algunos casos la marcha de las enfermedad ha- 
ya sido tan rápida que haya sido imposible mar- 
car bus periodos, como en las observacinopa I, 
7, 8, 14 y 13, casi siempre se han podido dis- 
tinguir tres, caracterizados por los eíniojnas si- 
guíenles. 

Primer prriódo: calofrío con ó ein horripi. 
lacion, seguido de un calor estremo, con pulso 
rápido y vehemente, empesando casi siempre du- 
rante la noche, y algunas veces precedido 6 
acompañado de desmayos, dolor intolerable de 
cabeza,, ordinariamente circunscripto, y no ocu- 
pando mas que la frente y los temporales, al- 
gunas veces propagándose ó repitiéndose en la 
región occipital: raquialguia con ó sin atiranta - 
miento ó adormecimiento de muslos: el dolor 
lombar algunas veces circunscripto, otras pro- 
pagándose sobre todo el trayecto d I canal ra- 
quidiano: calambres mas ó m orosos; do- 
lar en las articulaciones: sensación de presión 



181 

mecánica en el pecho: dolor mas ó* menos vio- 
lento en la región del estómago, y mas ordi- 
nariamente en la región umbilical: en el primer 
caso sensación de uua barra como aplicada trans- 
versalmente y algunas veces de una presión vio- 
lenta como mecánica que abraza el pecho y la re- 
gión epigástrica: en el segundo caso sensación dé 
torcion en el intestino ó simulando un fierro ar- 
diendo que se hubiera introducido en la re- 
gión umbilical. La respiración quemante: la piel 
caliente y seca, algunas veces cubierta de un 
suJor que no alivia. 

La cara mas ó menos animada, con espresion 
de fatiga y de admiración; el ojo húmedo, cen- 
tellante, lloroso, fijo, con alguna cosa de estra- 
vio en las miradas: el globo doloroso, la con* 
¿Unitiva estraída de sangre. La esprecion del sem- 
blante de un individuo atacado de la fiebre ama- 
rilla, me parece ten-er mucha analogía con la 
que se notaría sobre una persona cuyo moral 
profundamente afectado de una idea aflictiva y 
dolorosa fuera repentinamente atacado de uu 
sentimiento de espanto, después de haber da- 
do una carrera rápida pero corta, espuesta la 
cara á la acción del sol y que se le sorpren- 
diese daspues de algunos minutos de reposo. 

Ca*i siempre se observa una lengua natu- 
ral, ancha, blanca, húmeda, ligeramente saburral 
j en este caso no hay alteración: otras ve -ps di- 
cha lengua es mucosa, con zonas color m rea >, 
los bordes y la punta rojo?; y en esie caso ha/ 
ged mas ó meno3 viva. 

Dnposicioa al vómito: alosnas ve^ps v')ai- 
ta=5 de raiterias verdes, y después amarillas hV 
¿OoiJades, nauseas; constipación: las purede§ de. 



182 
Bajo vientre blandas do ordinario: otras veces 
retractadas, casi nunca tensas ni dolorosas al 
tacto. (1) Estado de anciedad estrema: suspi- 
ros profundos: inquietud llevada algunas veces 
hasta el terror. Este estado de inquietud que el 
enfermo no puede dominar y de que no puedo 
dar razón, ha sido un síntoma casi constante. 
Segundo y tercer periodos: En muchos ca- 
sos y sobre todo en los mas graves el segudo 
periodo se anuncia por una sesacion súbita de 
todos los síntomas: un bien estar inesperado y 
casi inesplicable succede bruscamente a un es- 
tado intolerable de dolor; la esperanza al ter- 
ror: el enfermo se regocija de su próesimo ali- 
vio, y se admira de la asistencia que se le conti- 
nua... pero el ojo tiene alguna cosa de huraño; 
la üsonomia una espresion y una sonrrisa á la vez, 
boba y siniestra; los labios toman un color vio- 
leta, lo mismo que las encías y la lengua quo 
te hinchan: la piel pierde su calor y ya se co- 
lora de amarilla y también se cubre de placas 
violetas; el pulso es blando, pierde de su fre- 
cuencia; cae al rithmo fisiológico, y muy luego 
el tercer periodo se anuncia por la vuelta de to- 
dos los síntomas que reviven ordinariamente con 
una intensidad estrema: las hemorragias so de- 

[1] La flccsibilidad y el hundimiento del bajo vien- 
tre, han sido para mí una circunstancia tanto mas 
notable que Lind, Makittrik, Bruce, jRouppe, Mo- 
seiey, Pugnct, Mr. Devcse y los Sres. Four nicr y 
Vaidy indican como síntomas constantes de la Jiebre 
amarilla, sea el calor y la clav ación: la tención dolo* 
\ sa y la dureza', ¡a Unción doloroso de toda la ic- 
g*on epigástrica. 



183 

darán, las encías, la lengua, toda la mucosa 
bucal permiten trasudar la sangre negra y di- 
suelta: aparece el vómito negro, el enfermo se 
fatiga por el hipo, lo mismo que por ios do- 
lores musculares y una violenta raquialguia: al- 
gunas veces liay trismo y sensación de estran* 
gulacion, é imposibilidad de tragar. El pulso cae 
progresivamente: las estremidades se enfrian: la 
tiricia se propaga: las placas violetas, ó morenas 
se estienden, se desenvuelven y se amontonan: el 
ojo se hace espantoso y ensangrentado; el en- 
fermo esperimenta una opresión siempre presien- 
te y muere entre dolores horribles; ó bien es- 
pira sin agonia, unas veces con la mas grande 
indiferencia, y otras previendo y aguardando con 
espanto el instante de la muerte; otras veces 
en el coma ó el delirio, (en estos casos se no- 
ta aquella circunstancia particular en la fiebre 
amarilla, á saber, que el pulso que después de 
haber sido muy rápido ha caido mas abajo del 
estado fisiológico, vuelve a tomar algunas ho- 
ras y aun un clia antes de la mueite, una ra- 
pidez muy notable); lo mas ordinario en fin, 
con bastantes fuerzas musculares, para poderse 
lebantar y andar hasta el instante mismo de su 
muerte. 

En otros casos, aunque raramente, la me- 
jora facticia del segundo periodo apenas es in- 
dicado; todos los dolores persisten; el de la re- 
gión epigástrica se aumenta: la lengua se infla- 
ma, el pulso permanece febril con ecsacerba- 
cion manifiesta: el delirio sobreviene, ó aumenta 
y ya no cesa; las fuerzas musculares son nulas; 
los vómitos continuos: los otros síntomas se ec» 
•asperan, y estos enfermos mueren en lo gene- 



181 
ral en el coma, pero casi siempre» en un espa- 
do de delirio que les priva del conocimiento de 
tu situación. 

En otros capo? finalmente, la mejora facti- 
cia que caracteriza el segundo periodo Fe anun- 
cia por una diminución en las fuerzas muscu- 
lares y se acompaña de un estado de lacsitud: 
el eniermo no esperimenta aquel bien estar es- 
traordinario y talas de que he hablado, el cual 
es tanto mas completo cuanto es mas imminen- 
te el peligro: el moral 6e asegura: los síntoma» 
del tercer periodo, despiertan con menos intensi- 
dad; ellos se calman; la piel se humedece: Ina 
orinas fluyen y se coloran: las evacuaciones ali- 
vian al enfermo; hay sueño; el apetito se hace 
sentir: las fuerzas disminuyen: el pulso fc levan» 
ta sin recobrar por mucho tiempo su rapidez; y 
en fin la salud se restablece después de una 
convalecensia mas ó menos larga. 

Hay que notar que, á escepeion de los ca- 
sos poco numerosos, en los que los síntomas del 
primer periodo han anunciado un predominio dr- 
cidido de ¿jritacion de parte del cerebro, y un 
riesgo imminente de congestión en este órgano, 
en cuyos casos el pulso desde luego muy rá- 
pido, baja al rithmo normal para volver á to- 
mar muy pronto una rapidez mas grande; 

Esceptuando los casos mucho mas raroa 
aun, en que el estado de la lengua y otros di- 
versos síntomas indican una irritación precsis- 
lente del estómago, y la inflamación de este 
órgano, en cuyos easosos el pulso ha conserva- 
do durante la enfermedad una rapidez febril. 

En la muy grande mayoría de casos en rin, 
sea cual fuere la ¡ntencidad de los dolores en 



185 
ía región lombari en el ombligo, en el estóma- 
go, en el pecho; siempre el pulso que desde 
el principio ha sido mas ó menos rápido, ha 
perdido muy luego su frecuencia, y se ha re- 
tardado progresivamente, ha caído á 60, 50, 40 
y aun á 30 pulsaciones por minuto; y todos los 
individuos que han curado han conservado du- 
rante mucho tiempo una lentitud estrema en la 
circulación, como también un sentimiento par- 
ticular de lasitud, y una peresa de espíritu es? 
tremadamente notable. 

Como las variaciones que he introducido á 
ta terapéutica, simplemente dulcificante y seda- 
iva, que habia yo preconisado en 1821 y 22, 
han sido el resultado de mis inspecciones ca- 
davéricas, resulta de ellas, que con los prime* 
ros individuos que he tenido que asistir, no ha- 
va yo obrado sino de una manera tímida; y que 
quizá ellos han sido víctimas de esta misma ti- 
midez que hace incierta y hace perder ios dias 
en una enfermedad que cuenta por horas sus 
estragos; y en donde, en muchos casos, no se 
puede concebir esperanza alguna de salud 
si no se aplica una medicina estremada- 
mente activa; si no se emplean los revulsivos 
mas enérgicos; si alguna vez también no se ocur« 
re á medios perturbadores, para romper el es- 
pasmo que encadena todas las potencias vita- 
les y que destruye rápidamente la vida animal, 
v de donde resulta la suspencion y muy luego 
eí aniquilamiento de todas las funciones de la 
vida orgánica, y la muerte misma. 

Aunque haya yo tenido la felicidad de sal- 
var los dos tercios de los enfermos que tuve oca- 
sión de asiitir el año de 26 en Veracruz, p 

25 



inr> 

Jrn habido uno sobre el cual haya jo podida 
observar una marcha regular que pueda ser pre- 
vista, ni solución alguna muy notable. Los ac- 
cidentes aumentan de ordinario ó se multipli- 
can, sean cuales fueren los medios que se pon- 
gan en uso para combatirlos; y el enfermo mué» 
re sin que se haya tenido efecto alguno aprc- 
ciable de los medicamentos sobre la intensidad 
de los síntomas, á escepcion de los vexigato- 
rios de que he hecho un uso casi constante, cor* 
el fin de desviar el movimiento de concentra- 
ción que tiende casi siempre á hacerse en el ce- 
rebro y especialmente en la espina. La aplica- 
ción de un gran vexigatorio en la región lom- 
bar y en la nuca ha tenido siempre por resul- 
tado, moderar de un modo notable ya la ra— 
quialgia ya la cefalalgia violenta que en los casos 
mas graves son de una extraordinaria intensidad. 
El conjunto de curación que he empleado 
ha sido el resultado de la nueva opinión que 
me he formado de la fiebre amarilla. Creyen- 
do que en todos los casos ecsisle una irritación 
en el sistema nervioso y en todos los órganos que 
dependen directamente de la vida animal, he 
empleado las friegas oleosas alcanforadas so- 
bre toda la superficie cutánea, teniendo cuidado 
de multiplicarlas sobre los puntos adoloridos; he 
prescripto laxantes oleo-musilaginosos; lavativas 
emolientes, hechas laxantes con la adición del 
jarave de melote, del aceite de almendras, ó de 
una sal neutra: he dado ligeros diaforéticos, y 
he prescrito sobre todo por las tardes, en pe- 
queñas dosis, una bebida calmante cuya base 
hacian el opio y el alkool nítrico. Al mismo 
tiempo combatía la raquialgia y la cefalalgia 



187 
por medio de vexigntorios y de fricas mm^ 
nucales sobre todo el trayecto del caua! raqui- 
diano: empleaba como derivativos Jas lavativas 
irritantes y purgantes y los sinapismos en las 
extremidades inferiores. 

Luego que el pulso perdia de su frecuen- 
cia, que la lengua parecía Jucharse y tomar un 
color violeta, lo que me parecía indicar un prin- 
cipio de alteración de la sangre, y un princi- 
pio de impresión de este fluido aniña! desnu- 
do de las calidades que le son necesarias para sos- 
tener la vida de los órganos, usaba los tónicos, 
especialmente el sulfate de quinina, que h? ele- 
vado á muy fuertes dosis sin haber notado ac- 
ción alguna irritante sobre el estónag-»; cuyos 
resultados, aunque inmediatamente poco apre- 
ciables, han sido evidentemente ventajosos, pue9 
que casi todos los enfermos que han escapado 
<le la enfermedad han sido tratados por estos 
medios: que una porción de dichos enfermos han 
presentado los síntomas mas graves, como he- 
morragias, vómitos negros, supresión de orina, 
hipo, &c; y que la mayor parte de los que han 
mueito han sido asistidos por un método puramen- 
te dulcificante, ó han sucumbido de un modo muy 
pronto para que fuese posible prometerse algua 
resultado favorable del empleo de los medios 
ordinarios, y sobre los que no he ensayado los 
que debian usarse, por la razón de que mi jui- 
cio no estaba ilustrado aún, por la luz que se 
desprende de la inspecion de los cadáveres á 
los ojos de aquellos que quieren preguntarles de 
buena fe y sin prevención. 

Si me encontrase de nuevo al alcanse de 
curar enfermos atacados de la fiebre amarilla, 



188 
crrrh deber recurrir, Bégíin la gravedad de los 
pavos, á los medios que voy hacer conocer, in- 
dicando separadamente los medios curativos <jue 
me parecen deber ser mas particularmente ven- 
t ijo^o-;, pegun el grado de intensidad de acción 
de hs causas que hubieren desenvuelto la en- 
fermedad. 



^Jdf^l 



189 
CAPITULO IX. 



Curación de la fiebre amarilla distinguida en seis 
variedades. 



CURACIÓN DE LA PRIMERA VARIEDAD. 



j/^Lpesar de que, en consecuencia de la creen- 
cia en que yo estaba que la irritación de las 
vias gástricas aunque no fuese primitivamente 
inflamatoria, podia fácilmente ser elevada al gra- 
do que constituye la inflamación; á pesar re»,i. 
to, de que haya proscripto de la curación de 
la fiebre amarilla casi de un modo absoluto en 
mi memoria de 1321, los vomitorios, yo recur- 
riría inmediatamente á este me lio, al cual uni- 
ría una substancia purgante, con la intención de 
procurar sacudimiento» fuertes y repetidos en 
todos los órganos y principalmeute^ en el órga- 
no pulmonar; con la intención también de favo- 
recer un movimiento diaforético hacia la piel, y 
de producir una revuleion de la irritación, so- 
bre la estencion del aparato digestivo: recurri- 
rá inmediatamente á e*te medio evidentemen- 
te perturbador, siempre que el enfermo BomeU* 



100 
cío a mi ersfímcn me presentase aquel estado de 
eretismo nervioso, de espasmo general, de pre- 
sión mecánica del tórax, y otros síntomas que 
prueban que todas las fuerzas y particularmen- 
te las potencias inspiratrises están engrilladas 
por el espasmo y por el dolor, como en la/;rj- 
inera variedad de la fiebre amarilla: cuando la ac- 
ción del deletéreo productor de la fiebre ama- 
rilla, ha sido de tal modo activa que la vi la 
Be encuentra incesantemente amenasada, sin que 
la naturaleza, como vencida de antemano, pue- 
da hacer esperar reacción alguna faborable ni 
esfueiso alguno concervador. 

E*toy de tal modo convencido de que los 
dulcificantes, los antiflogísticos, los ligeros eva- 
cuantes &c. serian insuficientes en todos los ca- 
sos de fiebre amarilla, que pueden refer'uee á 
esta primera clase ó variedad, que por aquietar 
mi conciencia hábria mas bien recurrido á la 
vomi puiga de Le roy, antes que limitarme á j>res. 
ciíbir los medios ya indicados. 

Ninguua duda que el enfermo muere si no se 
le cambia, sin perder un instante, el e.-tado ac- 
tual de la economía; y un sacudimiento violen- 
to, un medio perturbador y activo, es el solo dej 
que puede aguardarse aquel resultado: es el que, 
en este peligro imminenle, puede per considera- 
do como último medio de salud. 

Sin duda este medio, que encontrará mas de 
uno que lo desapruebp, no será siempre segui- 
do de suceso, mas aunque no hubiese, en tal re- 
curso, sino débiles probabilidades en su favor, 
será del deber del médico de haber ocurrido á 
él, á menos que no tenga el bárbaro valor de 
ser espectador benévolo é inactivo de los do- 



191 
lores y de la muerte de los desgraciados que 
fuesen confiados á su cuidado. 

Si este medio tiene por resultado disminuir 
la violencia del espasmo y del dolor, de dar 
mas juego á las potencias inspiratriees, y de fa- 
borecer las funciones orgánicas, yo sostendría 
las evacuaciones por el uso de los laxantes, por 
el de las lavativas purgantes, á fin de deribar 
sobre las vias gástricas la irritación que en es- 
ta enfermedad tiende siempre á consentrarse so- 
bre los grandes focos de la potencia nerviosa/ 
prescribiría las embrocaciones oleosas alcanfo- 
radas, los baños tibios emolientes para calmar 
la irritación morbífica del aparato nervioso; re- 
curriría á los ligeros opiados para favorecer al 
sueño; á las friegas secas, á las sinapisadas, á 
los sinapismos, á los apositos calientes para com- 
batir la disposición al enfriamiento esterior y 
para mantener un cierto grado de calor en la 
piel, &c.: en fin emplearia los tónicos, especial- 
mente el sulfate de quinina si la caida del 
pulso, la tumefacción de la lengua, de las en- 
cías, de los labios &c. indicasen que el órga- 
no pulmonar está dañado en su vitalidad; que 
la ematosis es incompleta, que el corazón em- 
bia á los órganos una sangre que no está do- 
tada de las cualidades que le son necesaria» 
para sostener mucho tiempo la vida. 



CURACIÓN DE LA SEGUNDA VARIEDAD 



A pesar de que, en consecuencia de aquel er- 
ror que me agrada confesar, haya proscripto tam- 



192 
bien de la curación déla fiebre nmartlla, en mi 
memoria de 821, los purgantes, los cáusticos, y 
los mercuriales, á estos medios principalmente 
recurriría en todos los casos que puedan refe- 
rirse á la segunda variedad de la fiebre ama- 
rilla, á saber, en los individuos sobre los cua- 
les la acción deletérea de las causas de la 
enfermedad haya sido bastante viólenla para ha- 
cer temor la concentración de la irritación so- 
bre los principales focos de la potencia nervio- 
sa, y en consecuencia congestiones rápidamen- 
te funestas. 

A sí que, en todos los casos en que los en- 
fermos me presentasen desde el principio sín- 
tomas que me hiciesen temer la próesima infla- 
mación del cerebro ó de la espina y de sus 
membranas, tales que, por una parte, los des- 
mayos, un estado de embriaguez, una cefalalgia 
arrancando gritos por su intencidad: en donde 
la fisonomía espresase un dolor interior perma- 
nente y profundo con no se que de cstravio ó 
de estupidez en la vista; el ojo huyendo de la 
impresión de una luz viva; ningún sueño y sin 
embargo una especie de somnolencia, un ador- 
mecimiento durante el cual el enfermo ecsala 
suspiros y gemidos espresando el dolor: destrui- 
do el apetito; el aliento sin fetidez: constipa- 
ción: náucea y vómitos de materias verdes y 
amarillas y al mismo tiempo el abdomen hundi- 
do y aplastado &c, como en las observaciones 
9, 10, II, 14 y 16; por otra parle una raquial» 
gia violenta, limitada á los lomos ó propagán- 
dose en todo el trayecto del canal raquidiano; 
atirantamiento en el dorso y en los muslos: una 
opre/iou como mecánica &c, como en las ob- 



103 

terrnciones 0, 12 y 13 emprendería »**? todos 
los medios que me parecieran mas conyímien-« 
tes para resolver la inflamación y para desviar 
iobre puntos lejanos y poco importantes la con- 

gentraeion de una irritación que acumulada en 
los principales centros nerviosos amenaza qui- 
tar rápidamente la vida que ataca en «u origen. 
En el a caso que notare la primera de las 
dos series de síntomas que acabo de enumerar 
recurriría al instante á las lavativas purgantes 
solas ó hechas tónicas por la adición de la qui- 
na y sobre todo de la valeriana; y en los ca- 
sos mas graves, á las lavativas compuestas de las 
irritantes mas activos. Hiria aplicar un amplio 
vexigatorio en la nuca, compresas empapadas 
<Je agua asirlulada y fria sobre la frente; em- 
plearía desde el principio interiormente, el u=*o 
del muríate de mercurio dulce, en dosis mas 6 
menos elevada?; mas ó menos refractas solo ó 
unido á una substancia purgante, según la ur- 
gencia del caso y la mayor ó menor dificultad 
de hacer cesar la co-tipacion. Este medio tan 
preconizado por los Médicos ingleses ó ameri- 
canos especialmente por Ruch, Carey, Hodge, 
Carzon, Clarke, Chilsome, Currie &c. &c. y cu- 
yo uso no he admitido, sino de un modo insu* 
ficiente ¿ tímido, en mi memoria de 1821; este 
medio, repito, obrará corno revulsivo, casi sin 
irtitar; obrará también como específico, pues que 
en e*ta variedad la enfermedad no es mortal si- 
no en con.*ecaencia de los derrames que han 
tcniílo lugar en el cerebro ó en la empina, 
y que no hay médico alguno que no h-iya 
tenido oca&ion de usar el muríate de mer- 
curio dulce con ventaja contra el hidrocó* 

26 



194 

falo crónico y nan contra el agudo. Yo hnrin en- 
volver los pie?, las piernas mismas en Bina* 
piemos, y mas bien en cataplasmas sina pisadas y 
calientes. Ordenaria, bebidas emolientes y laxan* 
tes: embrocaciones oleosas alcanforadas sobra 
todo el cuerpo; y en íin recurriría al uso de los 
tónicos que ya hé indicado, y sobre todo al 
sulfate de quinina si biera disminuir los sínto- 
mas de irritación cerebral, y aparecerse aquellos 
que caracterizan la alteración particular que la 
sangre adquiere siempre, en una época mas ó 
menos abalizada de la fiebre amarilla. 

Mi conducta seria la misma en la suposi- 
ción del predominio de los síntomas que < arac- 
terizín mas particularmente la concentración de 
la irritación en la espina: solo añadiría á los me. 
dios ya indicados algunos eroicos y mas directos, 
tales como las embrocaciones amiooniacates, loa 
cáusticos, las moxas, la agu » hirviendo aplicada 
sobre los puntos mismos de laespina que son mas 
ordinariamente el t-ítio de un dolor violento, y que 
la inspección cadavérica hace siempre recono- 
cer como sitio principal de los derrames masó 
menos considerables que se encuentran siempre 
en la espina, és decir, en el cuello y bobre to- 
do en la región lombár. 



CURACIÓN J)E LA TERCERA VARIEDAD. 



Así como he tenido ocasión de decirlo ya r 
en los numerosos casos que. considero como for- 
mando la tercera variedad de la liebre ¡.mali- 
lla, la causa de e ? ;a enfermedad no lleva me- 
nos bu acccion muy manifiesta en las fuer- 
zas de la vidd; loe órganos de la vida animal no 



195 

Son con m^nos evidencia sobre irritados por di- 
cha causa; Jas facultades intelectuales y I03 
sentidos ecsaltados, á lo menos en el principio: 
pero corno aquella acción cuanto menosrapida, se 
generalisa mas, y cuanto menos rápidas son las- 
congestionen, tanto mas regular es la marcha de 
los síntomas; es fácil de . notar, independiente- 
mente del estado general de irritación de la vi- 
da animal, la irritación primitiva del pulmón por 
la acción directa del veneno miasmático sobre 
los nervios del octavo par; y la irritación sim- 
pática dz las vias gástricas. Es fácil juzgar que la 
irritación de los órganos digestivos no es una 
circunstancia agravante pues que los individuos 
que han presentado los síntomas que caracte- 
rizan dicha irritación son sobre todo los que se 
han escapado de la muerte; y que esta irritación 
no és ordinariamente inflamatoria, por que casi 
en todos los casos, los medios curativos de que 
he sacado las ventajas menos equivocas han si- 
do de la clase de los ecsitantes y no han ma- 
nifestado aumentaré ecsasperar aquella irritación. 
Cuanto antes el trastorno de las funciones 
del estomago, del corazón y del pulmón bienen 
á probar que la acción inmediata de los mias- 
mas sobre los nerbios del octavo par, no han 
producido sobre el órgano pulmonar sino una irri- 
tación instantánea que ha hecho lugar en segui- 
da al entorpecimiento y á la parálisis mas ó me- 
nos completa de los nervios que animan esta vis- 
cera imporlante: lo que se ha hecho evidente por 
un sentimiento particular de estrangulación, por 
{a aíbíiia, la ronquera, por la dificultad de res- 
piran, y el abatimiento de la ematosis de don- 
Jüe resulta la serie de síntomas que se hacen 



in- 
observar durante el segundo y terror poruxlo de 
1 1 fiebre amarilla, y (jue Be dirigen todos ápn>- 
bar que la sangre que es llevada á los órga-* 

nos no es ya propia para sostener las lun- 
cio nes &c. 

Asi es que, pnra combatir la fiebre amarilla 
en los casos numerosos que pueden referirse a 
la tercera variedad, yo tendria cuidado de Ho- 
llar una triple indicación; primera, calmar la ^<>- 
bre irritación general del aparato nervioso. Se- 
gunda des prevenir ó de desviar la disposición 
que ecieste á las concentraciones de la irri- 
tación sobre el cerebro y sobre la espina. Ter- 
cera, de restituirá la sangre Ice elem ritos de 
vida de que parece despojada. 

Para llenar la primera indicación, recurriría 
á los baños tibios, á los apositos emolientes, á. 
las friegas oleosas alcanforadas generales ó par- 
ticulares; á las bebidas diaforética^; a las mu- 
siLginosas; á los calmantes en dosis refractas: á 
l«s lavativas emolientes simples ó, echas laxan- 
tes por la adición de miel, de azúcar pura, de 
un aseite, de una sal neutra. 

Para llenar Ja segunda, emplearía los ve— 
Xg^i torios en la nuca, en la espina: las friega» 
aoimortiacales sobre todo el trayecto de la co- 
I.umua vertebral: I >s rubefacientcs: los baños ea- 
liente» en las extremidades inferiores; las laba- 
tivas purganes: el oso interior de una emulcion 
compuesta con el azeite de ricino y la goma en 
do^is laxantes, y mejor aun, el uso del muria- 
to mercurial dulce en dosis refractas, solo ó unido 
á una substancia purgante, dado siempre de ma- 
nera que produzca evacuaciones, sin producir el 
teaiismo. 



197 
Para llenar la tercera, es decir, para res- 
tituir á la sangre los elementos que le faltan 
para poder sostener la vida, yo ocurriiía á la 
opiata de Masdeval: á las diversas prepara- 
ciones de quina: á las bebidas ligeramente aro- 
máticas; al vino, y sobre todo al sulfate de 
quinina, que me lia hecho importantes ser- 
vicios en dicho año de 26 Empleada aun en 
esta clase, asi como en las otras, como medio 
accesorio y doblemente ventajoso las fumiga- 
ciones nítricas, y el uso delalcool nítrico interior- 
mente. 



CURACIÓN DE LA CUARTA VARIEDAD. 



Hay aun todavía, como he dicho antrs, una 
cuarta variedad compuesta de individuos que, 
sea que las causas hayan sido mas débiles ó 
su acción m^nos activa, sea que por su tempera- 
mento ó por el defecto de predisposición sean 
mas propios para soportar sus ataques: hay su- 
getos, repito era quienes la enfermedad corre 
sus periodos de un modo bien caracterizado, 
pero obscuro, sin sacudimientos violentos, sin 
aquella reunión de síntomas espantosos que tras- 
ornan por su presencia el juicio del hombre 
mas familiarizando con la observación de laj 
miserias humanas. 

Cuando la enfermedjd ?e presenta eon pg- 
te carácter de benighidfrd, se temp p6eo n,>a 
terminación ftme -ta: )• medicina triunfi ca«i nern- 
p'c por el simple us? de los medios man sua- 
ves, en estas circuiíiuncias és cuando la natu- 



108 
jralezA «¡ola, triunfa del mal, resíablese el orden 
y la salud con tal que una terapéutica per- 
turbadora muy activa ó muy debilitante, no reo- 
ga por sus sacudimientos intempestivos, á con- 
trariar 6us movimientos saludables, y destruir 
la vida á pesar de sus esfuerzos concerva- 
dores, 

lun esta clase que se compone de casos 
bastantes numerosos, los baños tibios, las em- 
brocHciones oleosa*, las lavativas emolientes, las 
bebidas diaforé'icas, loa musilugiuo:-as, los la- 
xantes dulces tales como una emulcion becha 
con el aceile He ricino; el calomel en dosis 
refractas: una mistura salina laxante y diurética 
en dosis pequeñas; y tod ¡s las tordos una be- 
bida calmante compuesta con el opio, el alcool 
nítrico, y una agua endulsada, en dosi.s conve- 
nientes, para obtener una acción calmante poco 
activa y propia solamente para favorecer un po- 
co el sueño, serian los únicos medios que yo 
usaría durante el primer periodo <lel mal; y du- 
rante los periodos ulteriores no baria otro cam- 
bio, no baria otra adición á los medios ya in- 
dicados que la do algunos ligeros tónicos, de 
bebidas acidas ó ligeramente aromáticas, del vi» 
no, de algunas cremas en clase de alimento, y 
Continuaría el uso de los tónicos durante la con- 
valesencia hasta que las fuerzas se restablecie- 
sen enteramente. 

Como en esta enfermedad sea cual fuese su 
grado de intensidad, el estómago esta eviden- 
temente dañado en su vitalidad, y es inabil á 
llenar sus funciones, sea que se considere como 
el asiento de una irritación inflamatoria, ó de 
una irritación puramente neiviosa, be crcido iuú> 



199 
til hablar del régimen de los alimentos. Es muy 
natural pensar que no hay médico que esté dis- 
puesto á querer que se confíe alimento a un esto- 
mago actualmente incapaz de hacer la digestión 
de el.... 



CURACIÓN DE LA QUINTA VARIEDAD. 



Si en la variedad que precede, la natura- 
leza se bísta de ordinario á si misma: sí siem- 
pre triunfa el arte con seguridad, con tal que 
se empleen medios suaves, no sucede lo mismo 
en los rasos de fiebre amarilla que componen 
la quinta variedad; en los casos en que dicha 
fiebre se desenvuelve en un individuo cuyo es- 
tómago esté actualmente atacado de inflamación. 
El aumento de irritación que tiene lugar sobre 
Cr>te órgano, foco principal de la vida orgánica; 
la rapidez de los accidentes que son conse- 
cuencia de aquella; la imposibilidad de recur- 
rir á medios heroicos cuyo efecto sea bastante 
pronto para domar la gravedad del mal, conte- 
ner su marcha rápida y prevenir sus funestos 
resultados, no dejan al arte sino débiles recur- 
sos, y al médico el dolor de ver ordinariamente 
sucumbir á los enfermos á la violencia del 
mal. 

A pesar de esto, en estos casos desgracia- 
dos, la casi certidumbre de ser vencido no le 
impedirá combatir: el se acordará que la infla- 
mación del estómago es entonces la lesión mas 
grave, aquella de que el debe triunfar muy lue- 
go, si quiere poder espejar el salvar los días 
del enfermo. 



500 

El Inri pue«, apurar, fíesele el primer ins- 
tante de la enfermedad, sobre la región epigás- 
trica mi número de sanguijuelas, bastante con- 
siderable pura obtener una abundante saugrí.i 
local; el mantendrá cataplasmas emolientes m>- 
bre lodo el abdomen; orden irá baños tibios que 
pr dongará todo lo posible: prescribirá friccio- 
nes aci im sobre las estremiílades; I ivaliras emo- 
liente»; bebidas musil .gmosas, sciduladaH y frias, 
en dosis refractas, pero repetidas con fi veucn- 
< ta: nna dieta severa que el liará continuar sea 
cual fuere la debilidad aparente ó real que pue- 
da sobrevenir. 

En el cato que el tenga la felicidad de 
destruir li ii.ll imacion de |af vías gástricas, po- 
drá entonce* recurrir á los laxantes, á I09 tó li- 
eos suaves, á los calmante! unidos al alcool ní- 
trico; á las lavativas laxantes: el po Irá permi- 
tir las cremas de pan, de arroz, y de maiz co- 
I1.0 ali<nenlo. 

IM^s, (mi tesis general, en los casos que pue- 
den reunirse á esta variedad, |os alimentos, los 
purgantes aun los mas suaves, los tónicos aun 
ligeros podrán ser perjudiciales; asi pues del 
método fl >g¡ tico solo, ct> del que en mi juicio 
■e puede esperar el arrancar algunas viciiinaí 
de la mutile. 



CURACIÓN DE LA SESTA VARIEDAD. 



En lo* individuos cuyo estómago se encuen- 
tra el sitio de una eobre-irritacion inmifierta, 
pero que aun no ecsi=te una inflamación, en la 



20» 
época de la invacíon de la fiebre amarilla, y 
de I09 que formo la 6esta y última variedad, el 
médico tiene mal ecsito, y la naturaleza ayuda 
poco: con todo, una curación prudente y jui- 
ciosa, puede triunfar del enemigo que amenaza 
Ja vida cuando se ocurra á dicha curación, dea- 
de el principio de la invacion. 

La irritación que ecsiste en el estómago en 
el momento en que la fiebre amarilla se decla- 
ma no siendo inflamatoria, ni pudiéndose elevar 
al grado que constituye la flogosis sino por la 
irritación simpática que biene del pulmón, ó por 
el uso intempestivo de substanciaa irritantes, á 
las que deben reunirse todos los tónicos, por 
que estos obran como irritantes siempre que son 
llevados sobre una superficie sencible sobre-ec- 
sitada: la irritación primitiva del estómago no 
tiendo inflamatoria, repito, es probable que, al- 
gunas veces á lo menos, se logrará moderarla 
lo que baste á que no pueda llegar á la infla- 
mación, y para evitar la reacción que tiene lu- 
gar en el cerebro, y que, cuando aquella se pro- 
nuncia no es menos mortal aunque sea secundaria. 

Los medios que he indicado en la variedad 
que precede, tales como las cataplasmas, los ba- 
ños, las friegas, las lavativas, los mucilaginosos, 
y si se quiere, aun la aplicación de sanguijue- 
las sobre la región epigástrica, podrán ser 
empleados en el principio: se podrán dar tam- 
bién durante el primer- periodo algunos laxan- 
tes, ó purgantes suaves, por ejemplo, una eraul- 
cion oleosa, una mistura salina en cortas dotis, 
y mejor aun, el muríate mercurial dulce tan lue- 
go como se calmen I09 síntomas de una muy 
tira irritación. 

27 



?<*2 

i']n los oso* en que el cerebro se presen- 
ta embarazado, no so deberá hesitar en h 
uso (le este último rae<lio, como también on acu- 
dir á las lavativas irritantes, tónicas, purgantes; 
a los sinapismos en las cstremidades ¡ufe rio res: 
a los vexi^r.torios en la nuca. 

Por último, se recurrirá al vino, á los tóni- 
cos, á I03 alimentos lijeros, si se pasa el segun- 
do periodo sin que la • naturaleza de los vómi- 
tos, el dolor, el estado de la lengua indique» 
un aumento de la irritación gástrica. 

En los individuos que pueden ser referidos 
A esta ó á la antecedente variedad, la convale- 
cencia será mas larga, mas penosa: las recaída» 
mas fáciles, por que las mucosas gástricas ha- 
biendo sido presa de una irritación violenta, con- 
cerban mucho tiempo una susceptibilidad, que 
las hace mas aptas á ser de nuevo el asienta 
de la sobre irritación. 

Será pues de la mas alta importancia en es- 
te caso, si se quieren evitar rec lid is, siempre 
graves, considerar la convalecencia como una con- 
tinuación de la enfermedad, y no abandonar al 
enfermo asi mismo, sino cuando se ha jan res- 
tablecido las fuerza, y el pulso haya recobra lo 
su energía y su ritmo fisiológico, por áltimo, y cuan- 
do la salud esto consolidada. 



■sO-8 3w^g fr* K c r- «» 



205 



ÍNSPECCIONES ANATÓMICAS. 



Alteraciones orgánicas prohadas ó justificadas en los 
cadáveres muertos de la fiebre amarilla, en Veracruz t 
en los meses de Julio y JÍgosto de 1826. 



Aspecto esterior. La piel siempre de un amari- 
llo mas 6 menos espresado, me ha parecido cons- 
tantemente sembrada de placas mas ó menos es» 
tensas, y de un violeta mas ó menos obscuro; algu- 
nas veces negro. Estos equimosis se han presenta- 
do sobre todas las partes del cuerpo; pero particu- 
larmente en jlas estremidades superiores, en el 
cuello y en la cara, aun mas particularmente 
en los parpados, en las orejas, en el contorno 
de los Livios y en el cuello, que ha presentado ca- 
si siempre un ligerosemisireulo simulando la im- 
presión de una cuerda que hubiera servido á 
ahorcar al individuo sometido á la inspección. Ca- 
si siempre, la inyección de la9 conjuntivas ex- 
traordinaria, frecuentemente se disipaba en su 



20 1 

totalidad y no dejaba otra huella que un eolor 
amarillo y un punto sanguinolento en rl ángulo 
interno del ojo» 

Pe treinta y nueve inspecciones cadavéri- 
cas que hice sobre individuos muertos de la fie- 
bre amarilla, treinta y ocho me presentaron to- 
dos los músculos en un estarlo de contracción 
violento; la región lombar arqueada hacia ade- 
lante: el vientre bajo, achatado y singularmente 
retractado. En todos, el semblante expresaba la 
riza y algo de boberia. La espr-esion de la 
cara después de la muerte era en lo geiicr;il 
la misma que en la ultima época de Ja enfer- 
medad, de manera que si los ojos se dirigieran 
•olo á ver la cara, estaria tentado cualquiera 
& preguntar si halli habia un sueño ó la mu- 
erte. 

Ninguna parle de la piel me ha presentado 
•eñales de hemorragia; con todo, he observado 
muchos individuos en quienes habia habido un 
trasudamiento de sangre por el prepucio: otro 
por las conjuntivas: en todos las ulceras de los 
cáusticos estaban cubiertas de sangre y de un 
color violeta 6 negro, que me ha parecido el 
resultado del engurgitamiento que se encuentra 
generalmente en los capilares, y no de la gan- 
grena como aseguran muchos autores. 

NOTA. íEn casi todos los casos, sea que 
los individuos hayan muerto ó se hayan curado, 
la sangre se ha escapado de las superficies des- 
nudas por los vegig.itorios. Un enfermo que te- 
nia una ulcera en la parte superior del pie de- 
recho, tubo Uíia hemorragia por este punto. Di- 
cho en termo se ha curado. 

Las inspecciones anatómicas se han echo 



205 
en intervalos diferentes desde cuatro hasta do. 
ce ó catorce horas después de la muerte, y en 
un 60I0 caso, me pareció que el cadáver exa- 
laba un edor muy incomodo, y tomó un .prin- 
cipio de pntrides. 

Jl Iteraciones del cerebro y de sus dependencias. 

En todos los casos, los basos han parecido ta» 
engurgitados de sangre negra y fluida que arran- 
cada la calota del cráneo, se escapaba dicho 
liquido en abundancia como al través de una 
criba, 6Íendo negro, en muchos casos, el aspec- 
to esterior de la dura mater: el seno longitu- 
dinal siempre lleno de una sangre muy fluida: 
todos los basos ya de las membranas, ya del 
cerebro, inyectados de un modo notable: cor- 
tada la sustancia de dicho órgano se cubría pron- 
tamente de un roció de sangre que, digase lo 
que 6e quiera, era mas abundante que en loi 
individuos muertos de otras afecciones, si debo 
juzgar de esto, teniendo aun tiempo á la vista 
individuos muertos de la fiebre amarilla, é in- 
dividuos muertos de otras enfermedades. Se no- 
tan finalmente colecciones considerables de san- 
gre, ya entre el cerebro y las membranas, ya 
«ntre las laminas de la aracnoides. 

No me atrevo á afirmar rastro alguno evi- 
dente de inflamación de las membranas, ni del 
cerebro, pero debo decir que en todos los in- 
dividuos que durante la enfermedad habian ma- 
nifestado síntomas que me habian parecido in- 
dicar la irritado 1 de estos puntos, he encontra- 
do una colección mas ó menos grande de agua 
en los ventrículos y en la base del cráneo, y 
alguna* veces inundando al cerebro al punto de 
«iiiaparae dicho liquido en abundancia a la menor 



206 
ifisicion hecha a las membranas, aun en la pai- 
te convecsa del cerebro. 

Casi siempre, levantando la masa entera del 
cerebro ó del cerebelo, he visto escaparse por 
el aiiu¿ero occipital, una cierta cantidad de i 
algunas veces considerable; y algunas ocasiones 
de sangre, que entonces parecia haber sido der- 
ramada, en el canal entre la superficie liue^o- 
ba y la dura mater espinal. 

Algunas veces tube ocasión de observar que 
la sangre que se derramaba del cerebro totm.ba 
muy luego sobre el saelo el mismo color que 
la materia que de ordinario Be encuentra en el 
estomago. 

Descubierto el canal raquidiano me há pre- 
•entado algunas veces una* colección bastante 
considerable de sangre negra, fluida, cubierta de 
pequeñas gotas como aceitosas. Creo deber ha- 
cer notar no obstante, que estos derrames san- 
guineos no me parecen siempre presistentes, pe- 
ro si son el resultado actual de la san- 
gre que se escapa por todas partes bajo el cu- 
chillo, al grado de hacerse indispensable al- 
gunas veces el suspender la inspección: este 
fluido se introduce en el canal á medida que 
se cortan Jas apofices y las vertebras con ob- 
jeto de ponerlo á descubierto. 

A ecepcion del cadáver de un individuo, 
muerto como si hubiera sido sofocado en conse- 
cuencia de una opresión mecánica (observación 
7.*®), né encontrado siempre en el saco de 
la arachnoides, una colección mas ó menos con- 
siderable de agua en la parte declive del ca- 
nal. Las membranas me han presentado una in- 
yección análoga á la que se encuentra en todas 



207 
pp.rícs, y que tanto allí como .en todas partes, 
me há parecido mas considerable que ía que 
se encuentra en los individuos muertos de otras 
afecciones, sino es, en los asfixiados por el va- 
por del carbón. 

Pecho. Jlllcraciones de los órganos tís la respi- 
ración y de la circulación. 

Quitado el esternón, se me ha ofrecido or- 
dinariamente un derrame de sangre poco con- 
siderable en el tejido celular que lo separa del 
pericardio. Este, algunas veces inyectado de un 
modo e&traordinario, conteniendo una cantidad 
mas ó menos grande de serosidad rojiza, cuja 
cantidad ascendia algunas vece3 á mas de seis 
onzas. El corazón casi siempre de un aspecto 
oscuro, como lívido; el tegido celular, amarillo; 
conteniendo dicha viscera casi siempre sangre, 
algunas veces en gran cantidad y en los dos ven- 
trículos; otras veces, un cuajaron de un hermo- 
so amarillo ámbar; la sangre contenida en la es - 
presada viscera, y que siempre llena los grue- 
sos troncos, de una fluidos muy notable. El pul- 
morí casi siempre de un aspecto negro: su mi- 
tad superior obstruida de una sangre muy ne- 
gra que corre bajo el escalpel que divide su 
tejido: algunas veces está marchito, como atro- 
fiado: unas veces no llena una sezta parte de 
la cavidad pectoral cuya armaaon huesosa está 
como bombeada: en algunos casos aderencias 
evidentemente antiguas. Las paredes del pecho 
y la parte superior del diafragma sin rasgo no- 
table de alteración, si no es una inyección qnt 
como lo he dicho ya, es mas considerable en 
«-.tos casos que en los individuos que han ran- 
éelo d« otras «nferrnedades, reñecciun qu« <¿e.« 



208 
be eetenderse ni grado de obstrucción del pul- 
món,)' á la plenitud y h la distensión de los grue- 
sos troncos, asi como á la cantidad de sangre 
que se encuentra en los dos ordenes de basos 
y que evidentisimamente circula negra en ellos, 
después de que los órganos rehusan admitirla 
para llenar sus funciones; asi es que solamen 
te asi me parece posible esplicar la cantidad 
de sangre que se encuentra en los basos de un 
cierto calibre, 6ea cual fuere la parte, ú órga- 
no, ó superficie á donde 6e dirija la vista, y 
que corre en abundancia bajo el instrumento, 
■ea cual fuere la parle que se divida; y esto 
acontece aun en los individuos á cuya muerte 
han presedido hemorragias considerables. 

Abdomen. Alteraciones de los órganos conteni- 
dos en el bajp vientre. 

En la mayor parte de los casos, es decir 
cuando ha habido durante la enfermedad exuda- 
ción sanguínea por la mucosa bucal, esta mem- 
brana esta cubierta (la lengua particularmente), 
de una cubierta de una sangre pútrida; la mucosa 
es de color violeta ó equimosada: placas violetas 
mas ó. menos estensas sej encuentran algunas ve- 
ces en la faringe y mas ordinariamente en el 
esófago. 

El estomago se há encontrado algunas veces 
sino huellas de alteración en el color, casi siem- 
pre bu membrana mucosa há parecido equimo- 
sada en diferentes puntos; algunas veces ente- 
ramente color de hez de vino. En este caso, la 
mucosa há estado como inflada por la sangre que 
■e exprimía de ella, lavándola ó comprimiéndola 
ligeramente, como de una esponja. Cualquiera que 
fuese el grado de alteración de color de esta 
membrana mucosa, quitada, se veia profunda- 



209 
mente el tejido bascular muy desenvuelto y Heno 
de sangre. 

La diferencia que allí había en el grado de 
alteración de color de la membrana mucosa del 
estomago, ya fuese vista abriendo esta viscera, 
ó después de haberla lavado, prueba que una 
parte era siempre el resultado de la impresión 
del liquido contenido en el estomago. En el mayor 
número de casos, ha sido negro este liquido, sea 
que les enfermos hubiesen tenido vómitos de 
materias negras, ó no: algunas veces era de san- 
gre pura: una vez s*í ha encontrado á lo menos 
azumbre y medí!) de sangre, estando una parte 
de esta en forma de pequeños cu ajarones; en este 
último caso, la mucosa era completamente de co- 
lor de hez de vino. En algunos individuos se há 
encontrado una m asteria parda, como musilagi- 
nosa, en pequen* cantidad. Es de notarse que 
en estos casos la mucosa no há estado ni v io- 
leta ni roja; ein rastro de equimosis. En uno de 
estos casos aquella membrana era de color pardo 
de lodo, y cedia á la comprecion como un mu- 
cilago. Creo deber hacer notar que en ningún 
caso hé encontrado el estomago retractado: que 
siempre há presentado la dimencion ordinaria. 
Lo mas común su aspecto exterior nada ofrecía 
de particular: alguna vez era de color amarillo, 
lo mismo que el epiploon. No sucedía asi en los 
intestinos, pues estos presentaban ordinariamente 
en lo esterior una inyección considerable, un 
aspecto sombrío, y de ordinario puntos mny ee- 
tensos decididamente negros, al punto de hacer 
creer un e*faceloj pero abriendo el tnbo intes- 
tinal, era fácil convencerse que el color negro 
era el resultado de las materias contenidas: la 

28 



210 
mucosa no obstante presentaba puntos equimo- 
sados mas ó menos multiplicados, mas ó mcnoe 
estensos: estos puntos eran mal raros á propor- 
ción que se aprocsimaban á los intestinos grue- 
sos: algunas veces se ha encontrado en ellos 
sangre pura; mas ordinariamente materia negra 
parecida al hoilis, tanto mas obscura y tanto mas 
cspeza cuanto mayor era la distancia del esto- 
mago. En un solo individuo se han encontrado 
algunas lumbrices vivas. 

Si el color animado, color violeta; sí los 
equimosí-; las ecsalaciones de sangre (pie evi- 
dentemente §e hacen sobre la mucosa del es- 
tomago, y algunas veces también sobre diferen- 
tes puntos de la mucosa intestinal, deben ser con- 
siderados como pruebas suficientes de la infla- 
mación de e-utas partes, nadie duda que ca i 
siempre se encuentran rastros de ella en la fiebre 
amarilla: mas si se considera (pie muy ordina- 
riamedte el medio de contener una hemorragia 
activa, es elevar la irritación de la parte que 
deja escapar la sangre al grado que constituye 
Ja inflamación; que las emorragias que tienen lu- 
gar en la fiebre amarilla no pueden referirse ra- 
zonablemente sino á las hemorragias escor- 
búticas que no son ciertisimamente el resultado 
de una irritación inflamatoria, aunque fuese ci- 
erto que una hemorragia pueda en algún ca*o 
manifestarse en una parte irritada,* sin (pie e^t\ 
irritación que habrá contribuido á llamar l«t san- 
gre, pero que no es inflamación, disminuya de 
su intensidad, y permita debilitándose, el re- 
tajamiento indispensable á dar lugar al derrama- 
miento de sangre. En la fiebre amarilla estas he- 
Biorragijs se presentan en la época en que el 



211 

pulso lejos de ser febril está muy abajo del es- 
tado fisiológico, y son evidentemente el resultado 
de la impresión de sangre negra que no solo obs- 
truye todos los basos, sino que debilita su acción 
vital, de tal suerte que la irritación de los te- 
jidos adonde aborda, en lugar de podarse elevar al 
grado inflamatorio, esta notablemente abatida; que 
esos tejidos pierden su fuerza reactiva, se rela- 
jan y dejan salir sin esfuerzo la sangre de que 
estaban obstruidos; que el sulfate de quinina es 
el medio á cuyo uso lian seguido los mas ven- 
tajoso» resultados: que cuando las hemorragias 
tienen lugar se observan simultáneamente las equi- 
mosis en la piel, el engurgitamiento de las encías, 
el abultamiento de la lengua, y lo que es mas 
ordinario, el trasudamiento de sangre por toda 
la superficie bucal; se observa también este tra- 
sudamiento en las ulceras ya presistenles, ya. 
causadas por los vexigatorios; se creerá conmi- 
go, según me parece, que las gradaciones de co- 
lor de la mucosa del estomago y la sangre que 
se escapa de ella, no son el resultado de la in- 
flamación, lo mismo que tampoco lo son las gra- 
daciones de color de la piel, las expiaciones 
de sangre de esta última membrana, de las en- 
cías, de la lengua &c. 

Añadiré en fin que habiéndome proporcio- 
nado, la casualidad, la ocasión de abrir el ca- 
dáver de un hombre que estando sano se aho- 
gó en el mar, he podido convencerme y con- 
vencer á todos los que se encontraban enton- 
ces en el hospital de Veracruz, que la mucosa 
gástrica de este desgraciado, cuyo estómago se 
encontró ll^no de alimentos no digeridos, estaba 
mas alterada en su color y mas animada que 



« 



212 
la mucosa gástrica de los individuos muertos de 
la fiebre amarilla en quienes estn membrana ha* 
bia aparecido mas alterada. (Véase la trigési- 
ma observación.) 

El hígado, considerado por algunos medí coa, 
particularmente por el sabio Tomneinj, como ej 
centro do la pretendida inflamación que cons- 
tituye la fiebre amarilla, no me ha presentado 
rastro alguno evidente de alteración, sino es el 
color amarillo mas ó menos pronunciado, que 
ha presentado dicha entraña, a ecepcíon de dos 
individúes; haciendo una incisión profunda en 
su tejido ha dejado siempre escapar una can- 
tidad considerable de sangre negra y muy fluida. 
La vejiga de la hiél ha presentado <1 íerenciaa 
notables de color y de volumen; la bilis conte< 
nida, del mismo color que eela bolsa, y masar* 
dina Fiara ente de un vei de botella; algunas verea 
negra. Dicha vejiga, se ha encontrado tu a \ . ¿ 
muy distendida, de un aspecto pardo, y conté* 
niendo á lo menos tres onzas de uo líquido de 
un paido moreno y revuelto. Kl páncreas, y el 
mesenterio jamas han presentado sefiales «le al- 
teración: lo mismo que el baso que siempre ha 
parecido muy sano y de un volumen muy pe- 
queño. 

Los riñónos, nunca me ha parecido que 
presentan huella alguna apreciable de alteración. 
La vejiga de la orina ha estado algunas veces 
distend da, y llena de una orina cetrina: lo mas 
ordinario, contraída y absolutamente vecia. Cuan- 
do se ha encontrado llena, ha presentado su as- 
pecto esterior muy inyectado, y su mucosa in- 
tacta; algunas veces aunque raras, dicha mem- 
brana ha sido equimosada: solo una vez estaba 



■213 
completamente ele un rojo violeta, y su tejido 
tíe tal modo obstruido de sangre que los bordes 
de un pedazo que se arrancó con el cuchillo dejó 
salir la sangre por todos los puntos de la insi- 
cion. Esta vez única, se ha encontrado dicha mu- 
cosa evidentemente alterada en su color; conte- 
nia cerca de tres ó cuatro onzas de una sangre 
líquida y muy obscura. 

En las primeras inspecciones anatómicas, he 
cr< ido haher encontrado sangre derrabada en 
la cavidad abdominal: mas cuando he notado la 
facilidad y abundancia con que se escapa la 
sangre y se reúne en masa, siempre que se cor- 
tan los basos de cierto calibre, he temido ha- 
berme engañado. No noto esta circunstancia sino 
por aquietar rni conciencia. 

Finalmente dos fenómenos notables, que me 
parece no se encuentran reunidos en ninguna en- 
fermedad, se encuentran constantemente en la 
fivbie amarilla, cuando el enfermo no ha sido 
invadido como por un rayo. A saver, primero: 
un derrame mas ó menos considerable de sero- 
sidad en la espina, particularmente en su par- 
te mas declive y algunas veces en el cerebro. 
Segundo; una alteración particular de la sangre, 
de cuya alterado:), que es evidentemente secunda- 
ria á la lesión del aparato nervioso, resulta que 
este fluido es negro, como privado de la fibrina; 
que no se coagula, ni se separa en una parte ro- 
ja y otra seros ; que no parece propia á sos- 
tener las funciones de los órganos; que dicho 
flui 10 obstruye el sistema capilar general, y el 
del pulmón; que se escapa con facilidad de to- 
das las ^perficies, y llena de tal modo los basos 
de un cierto calibre, que después de la muerte 



tu 

cr>rre en abundancia bajo el fierro. Ti Pea di- 
vidiendo un cuerpo muscular, el tejido de un 
no, 6 la piel misma; circunstancias que <lc- 
berian conducir á referir la fiebre amarilla fi una 
cierta clase de n ficsias, si el estado de los mus- 
culos, si las lesiones constantes de los centros 
Démosos, si diversos síntomas, y por último cier- 
tos Chso." de curación no probaran que la acción 
de las causas que producen la fiebre amarilla se 
dirige primitivamente sobre el aparato nervioso, 
y tiende siempre á concentrarse sobre los gran- 
des lóeos de la potencia nerviosa, y particular* 
mente gobre lu espina. 



tó«&5€5cC&5í 



215 



CAPITULO SSL 



DEL CONTAGIO. 



. )£tjs contagiosa la fiebre amarilla? Los hechoi 
que he numerado precedentemente para esta- 
blecer la no constit'icionali'lad de la fiebre ama- 
rilla, prueban en mi concepto, de una manera 
tau clara el no contagio de dicha enfermedad, que 
me abstendré de reproducir aqui alguno de aque- 
llos que he referido, en apoyo de mi opi- 
nión, en mi memoria de 1821. 

No, no es contagiosa la fiebre amarilla; y 
aunque hoy algunos autores, por otra parte muy 
respetables, sostengan aun, la opinión del con- 
tagio y aunque ellos se complacen en ridiculi- 
zar á r*us compañeros que han adoptado la opi- 
nión de los fuco* de infección; esta opinión que 
ge quiere ridiculizar, no dejará por eso de re- 
comendar al reconocimiento de los pueblos, los 
nombres de Devere y Valentín, los primeros que 
la manifestaron en los paires eo donde aquella 
temible enfermedad hacia grandísimos destrozos, 
Y cuando los médicos y las autoridades la coi- 
íiucrabau como contagiosa, mientras que hoy, 



•216 
gracias á las luces que han resultado de la opi- 
nión emitida por casi todos ios médicos instrui- 
dos do los Estados Unidos de Am< rica, opinión 
enteramente conforme á la de ios Sres. Valentín y 
Dcrezc; gracias á estas luces repito, y al en- 
tusiasmo con cjue Ja autoridad adopta y hace 
ejecutar las medidas que le son propuestas, ee 
ven las opidémias contenidas en su marcha, des- 
truirse la enfermedad repentinamente no ya se- 
cuestrando á los enfermos, no ya cei cando las 
ciudades y no permitiendo á Jos habitantes co- 
municar con la población estertor, bino hacien- 
do abandonar el cuartel ó sitio de infección y 
desominando á los habitantes y á los mismos en- 
fermos, ya en las poblaciones vecinas, ya en los 
cuarteles de la ciudad en donde no ha pene- 
trado aun la enfermedad, como s^ lia Irchoen 
Nueva-York en 1822, lo que ciertisimamcnlc si 
la enfermedad fuera contagiosa 6cría el medio 
mas cierto de propagarla. 

Pero, forzados en adoptar la opinión casi 
unánime do los médicos que han tenido ocasión 
de observar muchas veces la fiebre amarilla en 
América, convienen todos aun los contagionistas 
que ella no es alli contagiosa, pero sostienen que 
tal enfermedad no contagiosa en estos vastos 
dominios, que son el foco principal de la mis. 
ma, lo es en Europa á donde siempre es trans- 
portada. ¿Es verdad que la fiebre amarilla que 
nunca es contagiosa en la parte del globo en 
que ejerce perpetuos destrozos, ue comunica por 
contagio en los paises en que no ha sido ob- 
servada sino do tarde en tarde, y solo en los 
lugares que se refieren, brjo muchas relaciones, 
á aquellos en que rema casi constantemente? 



217 
Yo e?(oy por la negativa: rn^s como en algu- 
nas coitas reflecsiones relativas á la fiebre' ama- 
rilla considerada solo bajo la r lacion «le loa 
estragos que hice en Veracruz, me és imponi- 
ble desenvolver los motivos que me Conducen 
á no adoptar la opinión del contagio por la fie- 
b¡e amarilla observad» eo Kuropa, asi como 
por la mis aa enfermedad observa-la en Améri- 
ca, me limitare á hacer observar lo que ya he 
tenido ocasión de decir en 1821 relativamente 
á las primeras epidemias observadas en Nueva- 
Orleans. Es decir: que en 1795 y 1799 los an- 
tiguos habitantes de dicha ciudad no fueron me- 
nos atacados que los estrangeros; mientras que 
después de dicha época han quedado aquellos 
invulnerables enmedio de las epidemias mas mor- 
tíferas; privilegio que no se estiende á los crio- 
llos de los alrededores de la ciudad; prueba 
evidente de que ecsiste en su recinto una cau- 
sa permanente con la que están aclimatados los 
primeros; que en ningún caso los enf rmos trans- 
portados de la ciudad al campo aunque fuese 
a la distancia de un cuarto de legua y á la es- 
tremidad misma de los arrabales, no se ha pro- 
pagado el mal, mientras que el hace frecuen- 
tes estragos en los JSÍatches capital del estado de 
Mississipi á cien leguas de la Nueva-Orleans, ale- 
jándose del mar: lo que prueba que la mencio- 
nada enfermedad no se desenvuelve sino bajo 
la influencia de las caucas locales. 

Haré también notar lo que dije en 1821 
con respecto al Norte-América en donde los hu- 
tifruos habitantes no han sido libres en las últi- 
mas epidemias como en la* primeras que allí 
se notaron: lo que me parece probar que las 

29 



21* 
cansas de la enfprmedad pueden sor destruida! 
por la acción del frío, que impide que Jos ór- 
ganos 6ean modificados por aquella, de manera 
que no puedan ser itnprecionedos por bu acción 
deletérea; y esto es lo que constituyo la achina* 
tacion en Io«¡ países en que estas causan son per- 
manentes, como en los países havitualmcnte hú- 
medos y calientes. 

Haré notar igualmente que en Veracruz en 
donde la fiebre amarilla ha reinado en todos tiem- 
pos, la desaparición en 1700 de ciertos monte» 
cilios de arena que prib'aban de las ventajas que 
resultan de una constante ventilación, hizo de» 
saparecer la enfermedad por el espacio de treinta 
años que han sido necesarios á los vientos del 
Norte para elevarlos de nuevo. Haré notar que 
todos los años, un gran número de personas sa- 
liendo de Veracruz ya enfermas, 6 á lo ru 
impresionadas por las causas de la enfermedad, 
van á morir á Jalapa, ó en el camino, sin que 
íamas se haya propagado la fiebre: mientras que 
casi todos los años, dicho mal se desenvuelve 
y hace estragos mas ó menos grandes, en Cór- 
dova pequeña Villa situada á 25 ó 30 legua? 
del mar, cuyo clima es delicioso, pero cuyo sue- 
lo es llano y pantanoso: prueba evidente, aun que 
la enfermedad se propaga bajo la influencia de 
ciertas causas de insalubridad local, y no por 
el efecto de un principio contagioso. 

Pero se dirá, que siempre que la fiebre ama- 
rilla 6e ha, aparecido en Europa, se ha podido 
señalar el navio que la ha transportada; y siempre 
se ha observado que la enfermedad ha elegido su» 
primeras victimas entre los individuos que ha- 
bían comunicado los primeros con el barco con- 



-¿1-3 ^ 

tagíado, ó que habían sido empleados en des- 
cargarlo. Los hechos de esta naturaleza son nu- 
merosos, auténticos, referidos por hombres de un 
mérito reconocido y de una veracidad indispu- 
table: querer negarlos, por que no se eré en el 
contagio, no sería destruirlos, sino al contrario 
aumentar su valar y dar mas peso á los argu- 
mentos de sus adversarios. Ninguna duda que 
en una ciudad que contenga todas las condi- 
ciones propias al desenvolvimiento de la fiebre, 
la llegada de un navio cuya atmosfera interior 
este impregnada con una cierta masa de mias- 
mas deletéreos, no pueda hacerse causa deter- 
minante á la esplosion de la enfermedad; pero 
en este caso, no es la enfermedad la que ha 
sido introducida, sino un suplemento de las cau- 
sas que faltaba aun, y que quiza no se hu- 
biera desenvuelto dicha fiebre sin la circun stancia 
accidental de la arrivada del navio infestado. 

Supongo que, en un local dado, el desen- 
volvimiento de la fiebre amarilla no pueda te- 
ner lu^ar sino cuando el aire atmosférico sea 
ali^f . cano diez; que en la época del año mas 
favorable al desprendimiento y á la mas gran- 
de virulencia de los miasmas (sean los que tue- 
ren) que la producen, no sea alterado el aire 
sn í como nueve, y q ue ,a estación se haya abaa- 
z vio ya al grado que esta alteración atmosteiica 
no pueda au neniarse; ninguno duda que la fiebre 
amarilla no se desenvolverá de una manera es- 
pontanea; pero qieen este estado de cosas ac- 
riba á aquel lugar un navio infestado poi una 
cierta, masa de emanaciones pútridas, ¿no es 
posible que este nuevo foco de putrefacción ele- 
ve casi bruscamente á diez el grado de alter* : 



210 
c'xrn de la atmosfera, y determine la c-plosion 
de la fiebre BDiriUa? Asi lo creo; la fiebre ama- 
lilla no será importada; ma* bien un suplemen- 
to de causas, cpie en los caso9 enálage* al que 
Le supuesto, será la causa determinante. 

Como esta opinión, rechasada aun por caei 
todos los médicos, me parece ser verdadera: co- 
mo la creo propia para reunir de buena fé á 
los médicos que sostienen doctrinas diveí 
pcio igualmente ecsageradns, pues que unos quie- 
ren explicarlo todo por un contagio que no ec- 
siste; y otros niegan hechos muy patentes que 
no pueden rechazarse, recordaré aquí algunos pa- 
sages de mi memoria de 1821 época en la que 
esta opinión, no habia sido emitida por alguna 
sociedad sabia, ni por algún otro médico. 

En mi-» rellecciones médicas publicadas en 
Nueva-Orleaiis en JÍÍ21 dije, página U2 y si- 
guiente. 

„No negamos que un navio que haya to- 
mado cargamento e/i un pueito en que la fiebre 
amarilla ejercía sus destrozos, al momento de 6U 
partí la, no pueda ( á su llegada á otro puerto 
en donde no rey. a, pero que posea todas las 
condiciones necesarias para su desenvolvimiento) 
hacer causa determinante de la explocion de la 
ei ic-medud. No tenemos duda, (al contrario) que 

mercancías esportadas de un pais en que la 
fiebre fim.iilla reina actudmente de un modo 
e| démico, no puedan ser impregnadas de eir a- 
nacionf-s, efl i \ i o - ó miasmas productoras de esta 
erfennedud, de que el air^ atmosférico se en- 
cuentra impregnado: que estos miasmas, hechos 
mas temibles |>or J i permanencia de aquellas 
niercaaciao en lu eotrecua atmüoícra de un na- 



221 
vio puedan hacerse causas de enfermedad para 
los individuos que desembarquen ó desenfar- 
den las mercancías: mas en estos casos, suce- 
derá á losindividuos, lo mismo que si ellosestu- 
bieran espuestos á respirar un aire impregnado 
de cualquiera otra emanación que resultase de 
sustancias vegetales ó animales en putrefacción. 
La fiebre amarilla no sera consiguiente si el lugar 
del desembarque no esta bajo una latitud bas- 
tante caliente, para que el termómetro de reau- 
liiur pueda notar al menos veinte grados, y sino 
ecsisten causas locales de alteraciou del aire, 
propias á producirla." 

„Si el puerto en el que se haya el desem- 
barque de las mercancías importadas durante el 
calor, reúne las condiciones que hemos dicho 
ser necesarias para la posibilidad de la ende- 
mia de la fiebre amarilla, estas mercanciaspo- 
dran hacerse causas determinantes á la esplo- 
cion de la enfermedad, sin embargo de que el 
lugar de partida se encuentre bajo una latitud 
tal que fuese imposible suponer aUi la ecsisten- 
cia de la fiebre amarilla, con tal que el aire 
de lo interior del navio haya sido alterado poc 
la infección* que resulta de la putrefacción de 
carnes, legumbres ó peces salados, asi como 
de la agua de la cala, durante una nave- 
gación prolongada, bajo una latitud ardiente. 
Ei este c\so, también, la alteración del aire es- 
tancado y hume-Jo del navio podra ser llega- 
da al estado le hacer aparee «ir esponfc reamente 
la fiebre amarilla en los individuo* que com- 
ponen el equipaje, ei alia m ir, y sin haber de 
ante mano comunicado con alguna tierra ame- 



ricaua." 



252 
tfn las peinas 101 y sigtriefltés de la mi*' 
nía memoria decía aun ,.F,n los lugares en que 

las causas» de alteración del aire que emns in- 
dicado prescdcnteinente coincida con un calor 
intenso, V una constante humedad, bu acción so- 
bre la economía animal determinará las modi- 
ficaciones de vitalidad que constituyen la liebre 
amarilla." 

„Para que dicha enfermedad se desenvuelva, 
será necesario que la alteración del aire se eleve 
■á un cierto grado. Cuanto mayor sea esta alte- 
ración será mas general esta enfermedad y tanto 
mayor el rigor que egersa." 

„No teniendo lugar la alteración del aire 
sino de un modo progresivo, las personas que 
tienen su domicilio en los lugares en que se en- 
cuentran las causas de infección, de que emos 
hablado, se havituan á respirar este aire impu- 
ro, del mismo modo que podrían havituarse al 
uso de otro veneno, comenzando por dosis es- 
trena idamente pequeñas: y no son atacados de 
la enfermedad bino cuando el aire se encuentra, 
por decirlo asi, saturado de los miasmas deleté- 
reos." 

„Asi que aunque sea incontestable que to- 
dos los años, en ka época de los grandes calo- 
res, la atmosfera de las ciu I ules que reúnen las 
cualidades reconocidas por suficientes para la 
endemia está notablemente alterada, hiy años 
en que la fiebre amanlla.no se desenvuelve si- 
no en un pequeño nú ñero de individuos y otros 
años en que aquella no ee desenvuelve sobre 
ninguno." 

„Mas que en tal año en que la alteración 
del aire, aunque muy grande, no baya tocado 



223 

c! grado que determina laesplocion de la fiebre 
amarilla, apegar <Iel imperio neutralizante del 
hávito, llega un navio cuyo equipaje esté infes- 
tado, y ye verá muy luego propagarse V* fieDre 
amarilla, por la razón qne los individuos ata- 
cados de la enfermedad, siendo ellos mismo» 
nuevos focos de infección, arrojarán en el aire 
una cantidad mas ó menos considerable de mias- 
mas deletéreos, y contribuirán á llevar la alte- 
ración de este fluido, primer alimento de la vi- 
da, al grado necesario para que la enfermedad 
pueda desenvolverse, en tales personas que qui- 
sa no hubieran sido presa de tal enfermedad, 
sin esta causa determinante estraña." 

„En las mismas circunstancias, y á pesar del 
buen estado de salud del equipaje, llegando un 
navio de un piis en que la fiebre amarilla rei- 
ne epidémicamente en la época de partida, po- 
dra hacerse también causa determinante de la 
enfermedad, porque las mercancías que com* 
ponen su cargamento podian ser impregnadas de 
los miasmas deletéreos hallándose impura la at- 
mosfera de la embarcación; y que estos miasmas 
aumentarían la alteración del aire en el lugar 
en que fuesen desembarcadas dichas mercan- 



cías." 



„El cargamento de un navio (sea cual fue- 
re el lugar de eu procedencia) que haya es- 
tado mucho tiempo en el mar bajo una latitud 
muy caliente, y que haya tenido á su bordo, 
legumbres, carnes, ó peces salados en putrefac- 
ción, podría determinar la esplosion de la fie- 
bre amarilla en el lugar en que dichas mer- 
cancías íuesen desembarcadas, si tal lugar reu- 
üíese las condiciones de la endemia; porque las 



\ 



221 
emsmr'op*»* qne * p desprenden de estos foros 
de infección, bastante activos algunas vecea pa- 
rí hacer nacei la enferanedad (luíante l.i na- 
icio'i, impregnarían aquellas mercancías, las 
qt.t* eeriau, como en el caao precedente, causa 
icceaoria de alteración del aire, y causa deter- 
minante <ie la enfermedad.' 1 

Convencido por una pnrlcs que los mi.-smas 
protiui tores de la fiebre amarilla, aquellos tam- 
bién que se desprenden de los individuos ata- 
cado* tle aquella enfermedad, podrían contri- 
buir mucho á producirla, pero jamas la deter- 
minarán de una manera necesaria; que cua In- 
quiera que sea la parte de donde se importen, 
podrán hacerse causa de la enfermedad, pero 
amas producirán por si mismos y sin aucsiliar 
_t enfermedad ele que ello? se desprenden, lo 
que deveria suceder siempre y necesariamente 
si la enfermedad fuese contagiosa. 

Convencido de que es imposible referir un 
huello, un solo hecho bien probado que esta* 
1 I taca que esta e« feímedad lia sido comunicada 
de individuo á individuo sea por el contacto real, 
sea poi la absorción de las emanar iones que se 
despr. n len de un enfermo, que baja sido Ira na- 
porl do fuera de la atmosfera en que aquel lia- 
ya sido impregnado, 

Convencida qu* estas emanaciones, que se 
pued mi hacerse perjudiciales en el fico de in« 
facción, añidiendo á las causas que han dado 
origen á la enfermedad, no son suficientes pa- 
ra llevar la alteración del aire al grado que de- 
termina la esplocion de la enfermedad, wi va es- 
te aire no se encuentra impuro por emana- 
•cionts pútridas tstrañas al individuo infectado. 



225 

Convencido por otra parte, que en los lu- 
gares que reúnen las condiciones de la ende- 
mia de la fiebre amarilla, la llegada de un na- 
vio cuyo equipaje estubiese atacado de aquella 
enfermedad, ó cuyas . mercancías que componen 
su cargamento fuesen impuras por algunas ema- 
naciones ó miasmas pútridos, podrían determi- 
nar la esplocion de la fiebre amarilla; que qui- 
zi no se habría manifestado sin esta causa de- 
terminante. 

Concluyo sosteniendo que la fiebre amari- 
lla no es contagiosa. 

Que las medidas relativas á la cuarente- 
na son en cuanto á dicha enfermedad, inútiles en 
todos los lugares que no reúnan las funestas con- 
diciones de la endemia, y que aquellas medi- 
das que hacen un perjuicio considerable al co- 
mercio, estriban en este caso sobre un temor 
imaginario. 

Que en los lugares en que la fiebre 
amarilla se desenvuelbe espontáneamente y 
reina de un modo endémico, el medio de pre- 
venir su esplocion y de disminuir sus estragos, 
no consiste en las cuarentenas, en los cordones 
sanitarios, en la secuestración, sino en las me- 
didas de policía sanitaria aplicadas á las lo- 
calidades y que consistirán en desinfestár los na» 
vios sospechosos, por medio de cloruros: en di- 
seminar á los enfermos en las campiñas: en prohi- 
vir la llegada ó á lo menos la permanencia du- 
rante la estación de los calores, á todos los es- 
irangeros no aclimatados: en destuir cuanto sea 
posible los focos de emanaciones pútridas: fi- 
nalmente en alejar y diseminar, si se puede, 
mera de la atmosfera infectada á todas las per- 

30 



220 
norias que por no estar aclim dadas, se expon- 
drían ft ser presa de es-te azote. Sin duda, no 
se podrá» lomar contra la .fiebre amarilla dóma- 
la precauciones, pero te verán aumentar 
sus destrozos, siempre que e-e cea poder pre- 
servarle de ella, eonvalirla con ventaja, toman- 
do las medidas de mucho tiempo adoptadas pa. 
ra rechazar ó impedir La propagación de lai 
enfermedades contagiosas; y siempre, en fin, que 
Biga la obstinación de considerar eBta enfermedad 
como importada, cu lugar de ocuparse seria- 
mente en destruir las causas locales, puramentt 
, que la desenvuelven y la propagan. 



*tftt*8 



227 



t dudad de Vcracruz y sobre su 

i . i fiebre amarilla. Me 

projL • para ... ruirkts 6 :js de á 

su iniensütad. 



'a ciudad comercial mas importante de ios 

Estados Unido3 Mexicanos: el punto principal 
ele comunicación de las provincias que compo- 
nen dicha república con los Estados del Nor- 
te de América, como también con los diversos; 

estados de la Europa; Vcracruz (1) esta ci- 

, : ,— 

[1] La Vcracruz actual es la tercera ciudad de 
este nombre. La primera conocida bajo el nombre de 
Vieja ó Villa rica de Vcracruz, fue construida en- 
el año de 1519 á tres leguas de Zempoala cu- 
Ui lugar habitado por los indios Totonacos en los 
alrededores de un pequeña puerto llamado Qui< 
lau, que ya no ecsiste. Aquilla primera ciudad fué 
pronto abandónala, á consecuencia de haberse cons- 
. (ruido en 1 522 una segunda m¡as hacia el Sur, en h 
embocadura del rh llamado de la Antigua, y i 
ciudad es conocida, con el nombre de ta antigua 



22fi 
tuada en la parte Oriental de México, sobre 
el golfo de este nombre, Bea la parte norte de 
los mares que ba&au o^to^ 1> f fu i íseí* 

á los 10.° II.' 52," de latitud boreal, j 98.° 
í>7."o\" de longitud Occidental; cu una llanura ^ri- 
da y arenosa, trente del tuerte de S. Juan de l'lua. 
en el mismo lugar en donde desembarcó Cor- 
tés el 21 de Abril de 1519. 

Aunque esta llanura esté privada de agua 
corriente (1) y casi de vegetación, está de 
tal modo ventilada y de tal modo refrescada 
por los vientos del norte y del este que vie- 
nen del mar y que soplan casi perpetuamente; 
que á primera ogeada el medico filosofo se pre- 
gunta ¿en que consiste que una playa abierta 
dilectamente á todos los vientos, menos al del sur, 
y cuyo suelo es puramente arenoso, pueda ser 
un foco perpetuo de las mas graves enfermeda- 
des? Pero después de haber corrido la Ciu* 

racruz. La fiebre amarilla, enyos estragos aumentaban 
cada día, y terminaron en robar, en la época de lot 
grandes calores, los dos tercios de las tropas que lie 
gabán de Europa, contribw/á ha hacerla aban- 
donar; mas ella lo fué enteramente á consecuencia dr 
un incedio que la destruyó. En el lugar en donde efí • 
siitió, se encuentra hoy un pueblo llamado Antigua- 

[1] En esta bahia no se encuentra otra agua cor» 
redtsa que el rio Tenoya colocado al Este y muy 
cerca de la ciudad, el cual contiene tan poca a 
que se seca una parte del año, cuando escasean hs llu- 
vias. Hay ademas, el desagüe de la laguna de Ber- 
gara situada á la parte del O. N. O. á 3000 va- 
.ras de la ciudad hacia el camino de México. 



229 
<!ad, después de haber dado una mirada obrer- 
vadora al rededor de su recinto cesa su sor- 
presa, y se pregunta entonces ¿como pueden 
vivir los hombres en un lugar en que ellos 
mismos han acumulado á su rededor tantos fo- 
cos de muerte, y tantos medios de destrucción?. 

Se me objetará quisa que el gran número 
de lagunas que se encuentran en los alrededo- 
res de Veracruz bastan para dar la razón de 
insalubridad de aquella playa, y que ellas con- 
tribuyen poderosamente al desenvolvimiento de 
las enfermedades graves que acometen casi en 
todos los estíos, la población de la espresada 
ciudad. 

Éstas lagunas, es verdad forman, por de- 
cirlo así, un semicírculo que rodea la bahía, y 
no se separan de la llanura sino por una por- 
cion de montes de arena que la cercan, délos 
que los mas procsimos á la ciudad, contribu- 
yen poderosamente á su insalubridad, como ten- 
dré ocasión de manifestar después; mas, estas 
numerosas lagunas que voy á enumerar, con- 
tienen en general bastante agua, para que las 
plantas y pequeños animales que viven en ella 
no sean destruidos y sometidos á la fermenta- 
ción pútrida: dichas lagunas están ademas si- 
tuadas de manera, que los montones de arena 
que las separan de la llanura de Veracruz, sir- 
ven de barrera, y son en mi concepto, un obs- 
táculo suficiente para que los miasmas ó eflu- 
vios que se desprendan de aquellas no puedan 
verterse sobre la ciudad, lo que, como veremos 
después, no podrá en efecto tener lugar; sino 
é* para las emanaciones que se elevan de los char- 
cos de agua que se acumulan accidentalmente to- 



. 230 
los nfíos f»n las escavaciones que se encuera 
Irán epl e los montes de arepa que casi tocan 
& la ciudad, cuyas aguas se corrompen casi k 
medida que se acumulan en dichas excava- 
ciones 

Las lagunas de que ambo de hablar son en 
la parle O. N. O. la c a nocida con el nombre 
de Vergara, cuyas aguas sobre abundantes, se 
derraman directamente al mar á la distancia de 

3000 varas d>* la ciudad. 

En la parte O. S. O. á distancia de 5000 
raras las i del Plantón I*s cuales 

can durante el Estío. A distancia de üüOO va- 
raj la ) de Buenavista cuyas aguas se . 

raman en el mar, formando en su carrera la 
llamada la Juana Camocho situada en 
: varas ni Oeste, m¡ el arroyo llamado Rio 
deenmedio á distancia de 3500 vara- hacia el N 

En la parte S. S. O. la Ciénega, de Isidro, 
y las Tcnibhduras á distancia de 6500 var 

d distancia y á la misma dirección se en. 
cuentra también la laguna de Jirjona. 

Al Sur finalmente las lagunas de Mullirán, 
la Hormiga, el Car risa!, Boticaria, el Espinal, y el 
Coyol. Las aguas de la primera en tiempo de 
lluvias se vierten por el Rio de Tenoya que to- 
ca á la ciudad, y cesan de derramarse tan lue- 
go como empicsan los norte?: dicha la 
tá á distancia de 1500 varas, las otra3 están 

idas á 3 o '1000 varas: las aguas que 
forman se comunican, y las que sobre-aOu;. 
pasan de una á otra al Eslero de Moreno * 1 
cual nace de la laguna del mismo nombr 

i" y que lleva Juas al rio de 

de la barra. 



2:31 
En la.lianura de Veracruz, corno (engo di- 
cho, no se encuentran otras aguas corrientes mas 
que el rio de Tenoya al Este de la ciudad, y 

U // 15 °/ VaraS de la muralla ' y a l Norte el ar- 
rollo de Bcrgara formado por la superabundan- 
cía de aguas de la laguna del mismo nombre; 
y alejándose mas de la ciudad, al rumbo del 
norte, se encuentra el Rio de enmedio de que 
lié hablado ya; el Rio grande, á 12 mil va- 
ras; el arroyo del Hatillo cuyas aguas se con- 
funden con las del Rio de la Antigua muy cer- 
ca de la barra que dista cuatro leguas. Del lado 
del Este, se encuentra independiente del Rio di 
Tenoya, el Rio de Medellin que tiene su embocadura 
en el Pueblo Boca del Rio situado á 10 ó 11 mil 
varas de Veracruz. 

La llanura de dicha ciudad es, ciertamente, 
casi desprovista de vegetación: no ofrece aquella 
á la vism entristesida sino una superficie are- 
nosa y anda, limitada por una parte por el mar, 
y por otra por los montes de arena que rodean 
la bahia del lado de la tierra, mas por poco 
que uno se aleje de esta parte de la costa, sea 
cual fuere el rumbo, se encuentra que el terreno 
produce espontáneamente y con profucion el ca- 
cao, la bainilla, la pimienta, el ixtle ó pita, la 
zarza parrilla, la Jalapa, la cebadilla fyc. todos 
Jos frutos de las Antillas tales como el sapote, sa- 
potillo, el palto, naranjas, ginicuiles, guayabas 
&c. menos el coco que seria fácil naturalismo 
en dichos terrenos. Se encuentran finalmente en 
•estos, multitud de plantas y de maderas pre- 
ciosas. 

Cuando se admira aquella variedad de ri- 
«a» produciones se gime veer que el defecto 



232 
de población, la falta absoluta de industria, f 
la pereza <lc los pocos habitantes que alli se 
encuentran, sea la causa de que esta tierra tan 
fértil en produciones preciosas, que es la ver- 
dadera y primera fucute de la riqueza de l< i 
pueblos, esté por decirlo asi abandonada y sin 
cultivo. 

De las mil y mil produciones de qur 
pródigo dicho terreno, solo se cultivan en I"* 
alrededores «le Vcracruz y en el Estado d< 
te nombre, el algodón, la caña de azúcar, to- 
das las especies de plátano, las Papayas, Ca- 
labazas, Chayóte, las abichuclas, el arroz y el 
maís que da dos y aun tres cosechas al uño. 

Si el gran valor de alguna de las produ* 
ciones indicadas, tal como la bainilla, llama á 
algunas poblaciones a que se ocupen en 6u co- 
sí ct, a. es siempre destruyendo la planta cuyo 
fruto 6C quiere beneficiar; ¡que rica y que fe- 
liz será la población de este suelo privilegiado 
el dia en que sus conocimientos industriales y 
agrícolas puedan ponerla al grado de laborear 
con método, y de aprovechar de un modo jui- 
cioso todas las ventajas innumerables que la 
naturaleza le há prodigado.! 

Hasta aquí nada que pueda justifícale, ter- 
ror que inspira el cielo de Veracruz; para que 
se le acuse de un azote desvastador que des* 
trosa habitualmente su población: solo se co- 
noce acercándose á su recinto en donde se en- 
cuentran acumuladas como en un foco las ii o- 
merables causas á que debe atribuirse, en mi- 
concepto, estas enfermedades despobladoras, cu- 
yo nombre 6olo lleva á lo lejos el terror, y que 
acaba anualmente con una gran parte de los 



233 
estrnngeros^que son llamados porsi is 
venir a Veracruz, y con los mismos Mexice 
que van á dicha ciudad (en la estación de los calo- 
res) conducidos por sus intereses ó por susdeberes. 
Veracruz está situado de inania que to- 
da su, parte S. f S. E. está cercad* úor mou- 
tesillos multiplicados bastante elevados, forma- 
dos de las arenas que son anualmente llevadas 
de las playas por la violencia de los vientos 
Norte N. O. que soplan casi constantemente 
desde el mes de Octubre hasta Abril.. 

Dichos montesillos están colocados á me- 
nos de mil varas de la Ciudad, hacienlo fren- 
te al Mar. Tales montes perjudican la salubri- 
dad de Veracruz por diyersos motivos que de- 
senvolveré dentro de poco. Estos están mucho mas 
elevados que los qua están situados al .O. N. O. que 
ademas están demasiado lejanos de la Ciudad 
(3000 varas) para poder egercer alguna influencia 
malhechora. 

Frente á la Ciudad hacia el Norte se en- 
cuentra situado el Islote de Ulua enteramente 
cubierto por el fuerte de este nombre, que 
protege la rada: está separado de la tierra por 
una especie de concha, ó fondeadero formado 
por arrecifes que al N. O. se elevan casi al 
nivel de la agua, que hacen difícil la llegada 
y el fondeadero peligroso en la estación de la» 
borrascas, 

Vearcruz es una ciudad bonita, bien cons- 
truida, pero de una figura irregular. El plan es 
ca*i orizontal: en su mayor anchura que es de 
750 varas de S. O, á N. E. no tiene mas que 
una pendiente de 2 y media varas: su longitud 
total desde las casernas que eatan situadas en. 

31 . 



231 
la parte S. E. basta el raluarte de la concep- 
ción que esté cu bu extremidad N. O 
lies son bastante an< ! . 

tan un doble plan inclinado hacia el medio qua 
está ahondado de manera que forma u i • 
que sirve al curso de las aguae y al cual rnn 
á terminar todos los pequeños canales que 
conducen las aguas que han servido pira el 
u>o intetior de las casa* &c Dichas ralles ri- 
tan trazadas sobre una línea recta de N. E. á S O. 
y de N. O. á S. £. Son diee las primeras, cuatro las 
segundas, y ademas algunos callejones. En « 1 
cení i o hay una bonita plaza, que és la \\ zi 
de armas, y muy cerca de e>ta, una segunda 
que Hrve de mercado público; en fin otnis doa 
plazuelas, y cinco pilas 6 fuentes públicas. II 
defecto de inclinación del suelo, asi como el 
;l( fecto de policí » son la causa de que la agua 
se Cutánea y corrompe en las calles. Los aguas 
que aumentan dichas fuentes toman origen de 
un resorvorio» en el que se recogen las aguan cp.e 
filtran al través de las arenas y vienen <le U 
laguna hormiga. Kstas aguas contienen sal ma- 
rino, son malsanas, y solo la necesidad puede de- 
terminar que se haga uso de ellas. La agua de 
algún alcrive es la única potable. 

Lhs cisas son construidas con solidez y 
belleza: ca*i todas ellas están en alto, cómo- 
damente distribuidas y recubiertas en forma de 
terraplén: la mayor parte tiene algives \ .'• ra re- 
cojer las aguas llovedisas, lo que es muv íu- 
poitante en una ciudad en que no se encuen- 
< a agua alguna de manantial, y que no tiene 
jv¡ra llenar sus necesidades mas que la» 'mu- 
co fuentes- de que hé hablado, y un [xzocu- 



235 
ya ngaa está igualmente cargada de sal y do 
puede beyerse bino por necesidad. 

Estas ti.ías, no obstante que en la apa- 
rieucia sean bellas, están construidas sobre un 
suelo impregnado de agua, sin que se luya 
tenido el cuidado de dejar entre la tierra y 
el piso un interbalo mas ó menos grande pata 
sostener allí una cierta yentilasion: tienen pa- 
tios interiores tan estrechos generalmente que no 
ion vichados por el Sol; tienen letrinas construidas 
de tal manera que las materias fecales, las in- 
mundicias, las aguas cargadas de javon y otras 
que se arojan en ellas diaramente, permane- 
cen parte en las mismas, ó no salen sino por 
conductos que atraviesan el piso y van á de- 
senvocar á la calle, de manera que en la es- 
tación de los calores la mayor parte de estas 
casas son otros tat> o focos de humedad pú- 
trida de donde se ecsalan los miasmas mas 
peligrosos; y esta causa casi desapercibida, aun» 
que tan general y poderosa, adquiere una gran 
iutensid *d siempre que á una lluvia accidental se 
sigue un calor violento: pues que en estos 
casos, muy comunes en Estío, la6 materias fe- 
cales diluidas sin ser llevadas á lo lejos se en- 
cuentran diseminadas y puestas en el estado mas 
favorable á la fermentación pútrida. 

Dicha ciudad tiene tres hospitales, el de 
San Sebastian, ú hospital del comercio; el d« 
Loreto en donóle no se reciben mas que muge- 
res; y el de San Carlas ú hospital nacional des- 
tinado á los militares, marinos, y de fieras. De 
estos tres hospitales, el de S. Sebastian es el 
único que por bu situación al N. O. no es notable- 
mente peíjudicial á la salubridad de Veracruz: 



236 

tros dos situados al 
muralla aumentan evidentemente las cau 
me rosas <le insalubridad que se encuentran rn 
dicha ciudad, con I» cireunstancia «¡no durante 
la primavera y el eslió, épocas del ano en que 
la fiebre amarilla hace ordinariamente los mas 
gratules estragos, casi siempre soplan los vientos, 
de una minera mas ó menos directa, hacia este 
Tumbo; de 6uerte que dichos vientos vierten en 
la ciudad las emanaciones deletéreas que se elevan 
de su resinto. 

De los tres hospitales, eljde Lorclo ú hos» 
pitn! de mngeres es el único que merece este 
nombre. E>tá bien ventilado, tiene una suma lim* 
pieza, y hace verdaderamente un contraste con 
el de ¿>. Carlos que le es contiguo Me absten- 
dré de entrar en detalles sobre este interesante 
asunto: diré sin embargo que dicho hospital es 
muy suceptible de convertirse, sin grandes gas- 
tos, en un establecimiento que llenase las mi- 
ras paternales del Gobierno en favor del ejér- 
cito y de la marina, y que sea digno de la pri- 
mera ciudad marítima de la República; y ana- 
dié que el Gobierno conoce tanto los nume- 
rosos defectos de dicho hospital como los medios 
de repararlos: es decir que cuanto antes dicho 
hospital militar, cuya vista admira é indigna hoy 
al medico estrangero que lo visita, podra riva- 
lizar con los hospitales de aquella clase conque 
se honran las ciudades mas ricas de los Es- 
tados de Europa y del Norte. 

En la pane oriental de la Ciudad y cer- 
ca de la muralla se encuentran la carnicería 
y la pesquería: estos dos establecimientos que 
serian por si solos un foco suficiente de mías- 



237 
"mas deletéreos que diesen origen á las mas 
te nibies enfermedades, sea cual fuese el cuartel 
de la ciu lad en que estubieran situados, están 
precisamente bajo la corriente directa de la brisa 
que en la estación de los calores sopla diaria- 
mente sobre Veracruz; de manera que este 
viento bien hechor, destinado á moderar la acción 
solar, á refrescar el aire, á llevar á lo lejos 
las emanaciones mal hechoras que se ecsalan en 
la ciudad, encuentran, llegando á su recinto, ma- 
sas de miasmas pútridas que disemina sobre la 
ciudad, y que lleba á los habitantes, en lugar de 
un soplo bien hechor, propio á sostener la sa- 
lud y la vida, un aire casi saturado de elemen- 
tos deletéreos propios á atacarlos de muerte. 

La ciudad está rodeada de una muralla que 
tiene tres puertas d«l lado de tierra, y una del 
lado del mar ó puerta del muelle. Las diferentes 
casernas y las galeras están construidas de ma- 
nera que forman una parte de dicha muralla; 
y aun todavía al S. E. es en donde se en- 
cuentran colocadas, como si se hubiera querido 
absolutamente que la ciudad estubiese bajo eí 
viento de todos los establecimientos públicos ca- 
paces de alterar su atmosfera local 

Ya he hecho observar que el defecto de 
pendiente de las calles y la falta de policia eran 
la causa de que las aguas se estancasen sobre 
todos los puntos de la ciudad. El poco cuid »- 
do que se t.eue <' quitar la arena que se acu- 
mula al pie de 1 muralla de parte de la , u- 
da.l, hace que en lugar de ver un ¡dan inch - 
nad» hacia el mar, se nota una pendiente bas- 
tante decidida de la muralla hacia las cas- 
que sobre U especie de ante mural que ae¿ai¿ 



238 
las ca«as de la muralla t>c encuentra u^ por- 
ción de ppqupjías cloacas He <! 
también masas incalculables -' I ú- 

trulas qtir, sobre muchos puntos, atacan al ol- 
fato y provocan bastante la sofocación, al ¡ 
do de verse uno forzado á retroceder á fin de 
no ser envenenado. 

La muralla que cerra la ciudad, construí la 
sin duda con un objeto de utilidad publica, h.i 
podido ser un medio do defensa en la época 
muy atrasada del establecimiento de Veracruz; 
mas creo poder avanzar que esta muralla tan. 
dañosa á la salubridad publica, ecsiste boy sin 
utilidad real, ya se considere como un medio 
dp defensa militar, ya como un medio de impe- 
dir el contrabando. 

Muv qu« hradisa, en efecto, para ofrecer rm 
medio de resistencia, diclia muralla, no podrá. 
aun boy poner á Veracruz á cubierto de una sor- 
p esa. Muy baja al grado de que se puedan pasar 
por encima las mercancías que requieran \n- 
tioducir f audolenlamcnle, dicha muralla es un 
medio mas bien que un obstáculo al contraban- 
do, en razón que ella sjeve para ocultar los mo- 
vimientos que pueden hacerse clan lestinamente 
sobre la playa, y para faborecer la aprocsima- 
cion de las mercancías. Por medio de esta 
muralla basta corromper un BÍin pie guarda, y aun 
basta sola una poca de au lacia para introducir 
con buen ecsito, á la ciud id, la^ mercancías cu- 
yos derechos se quieren fustrar. De nada de 
esto habia lugar ei dicha muralla estuviese qm% 
tada, porque entonce- un «olo guarda, un so- 
lo facionario abrazaría de una si la minada loda 
la playa, siendo entonce» imposible luna: ma«* 



239 
▼irniento alguno que no fuese vist». 

Mas si ios motivos de utilidad actual de la 
mencionada muralla son absolutamente ilusorios, 
no es por desgracia menos perniciosa su in- 
fl leticia sobre la salubridad de Veracruz, y so- 
bre la vida ( de sus habitantes. Ella intercepta 
(la muralla) la 3 corrientes de aire: aumenta la 
con centracion del calórico: favorece la perma- 
nencia de los miasmas: impide el derrame de 
las aguas y de las materias fermentesibles: pa- 
rece que ella esta aílí colocada espresa mente para 
privar á los habitantes de las ventajas incalcu- 
lables de la brisa: para hacer de la ciudad una 
estrecha prisión; y lo que es peor para trans- 
formar á Veracruz en una cloaca, sobre que la 
acción del f:ol ardiente que sucede siempre á 
l,is lluvias abundantes de la estación de las en- 
fermedades, obra como el fupgo bajo una cal- 
dera, y de tal suerte, que, en muy pocos día» 
el aire que se respira Cu la ciudad está impre- 
gnado de un vapor quemante y putrid > que lleva 
á la econo.nia animal la desorganización y la 
muerte. 

Orno por otra parte, como lo hé dicho ya, 
en lugar de haber allí un plan declive de la ciu- 
dad al mar, hay una inclinación de la muralla 
é las casas, resulta que las aguas llovedi-as, co- 
mo también las que han servido para el uso do- 
mestico y que se vierten de las casas, se es- 
tancan y se corrompen en una porción de luga- 
res; y como taaibien se arroja imprudentom^n'e 
lobre muchos punios u<>a gran cantidad de in- 
mundicias y de materias propias á la fermenta- 
rlo i pútrida, resulta que la ciudad se encuen- 
tra rodeada por un doble recialo igualmente 



210 

udicial; el primero es !a muralla; el secundo 
que es interior, *e compone de una serie de j i - 
quenas cloacas que contienen materias anime 
y vejetales en putrefacción, y que por la acti- 
vidad del calor dan origen á las emanaciones 
mas temibles, y á los miasmas mas peligro- 
sos. 

Después de haber enumerado fas muc' 
9as de la insalubridad del aire que se re-¡ 
en Veracruz y (pie están encerradas en su re- 
cinto, parece casi imposible que el habito pueda 
familiarizar los óiganos con su fatal impresión; 
y lejos de estar admirados de los destrosos que 
Ja fiebre amarilla egerce en dicho lugar, casi 
constantemente, sobre los individuos no aclima- 
tados, mas bien estamos tentados de preguntar^ 
como es posible que se encuentre un ser, or- 
ganizado favorablemente al grado de escaparse 
de su funesta influencia? con todo, no es esto 

lo m¿>? por cualquiera parte que 6e transiten 

las calles de la ciudad, se encuentran otras causas 
de insalubridad, otros elementos de enferme- 
dades que resultan, no de vicios de localidad-, 
sino de la impericia ó de la negligencia de los, 
hombres 

¿Se lleva la vista sobre la playa? se le ve 
llena de inmundicias y de pequeñas cloacas que 
corresponden á la estremidad de cada calle: 
¿se quiere uno acercar á aquellas? se hiere el 
olfato de un modo vivo y desagradable por las 
emanaciones pútridas que se desprenden de to- 
das partes. 

Si 6e andan los rededores de la ciudad, 
sin separarse de la muralla que forma su re- 
cinto, se encuentra luego al Ñ. E. que forma la 



241 

parte de la playa situada á I* derecha del ob- 
servador saliendo de la ciudad por la puerta 
del muelle, un conjunto de basura y de inmun- 
dicias de toda especie sometidas á la rez á la 
acción de un sol ardiente y á la de la hume- 
dad que resulta <le la vecindad de las olas que 
las bañan cuando el biento adquiere una cier- 
ta fuerza. Dejando esta parte desagradable de 
la playa y dirigiéndose al S. E. se encuentra» 
á algunos pasos de la ciudad el cimenterio pú- 
blico cuyo recinto, muy limitado, no puede evi- 
dentemente recibir las numerosas víctimas in- 
moladas por tas enfermedades temibles que no 
cesan de destruir la población de Veracruz, sin 
que los sepalcros sean reabiertos mucho tiem- 
po antes de la descomposición de los cadáve- 
res que se encuentran anteriormente deposita- 
dos: de este solo hecho y admitiendo (lo que 
por desgracia no es mas que una hipótesis) que 
se ponga todo el cuidado posible para que las 
eshumaciones se hagan del modo menos des- 
favorable al desprendimiento de gaces veneno- 
eos, de este solo hecho, repito, resulta que el 
cimenterio es forzosamente un foco permanente 
de putridez, de donde se ecsalan masas incalcu- 
lables de emanaciones mortíferas, incesanteme». 
te vertidas sobre la ciudad por los vientos que 
en la estación de los calores soplan casi cons- 
tantemente de aquella dirección. 

Dirigiéndose al S. E. se encuentra el ma- 
tadero, y desde este punto hasta el S. O. se en- 
cuentran siempre y por todas partes, materias j 
cadáveres de* animales en putrefacción. Solo 
hacia el O. y al O. N. O. es en donde la playa 
▼ la llanura están desprovista» de este conjun, 
J 32 



21 * 

to de inmundicia* que hieren la vista y el di- 
falo, y que, acumuladas poro a poro al re- 
dedor (^c la ciudad, forman como un recinto 
tenor mucho mas elevado (pío la parte de la 
llanura que está mas lejana de Veracruz Pare- 
ce pues, imposible concebir como la negligen- 
cia, el defecto de policía y no me atrevo á de- 
cir, la ignorancia de las leyes mas comunes de 
higiene pública, han podido ser desprecia- 
das á tal grado. . . . ¡romo se puede concebir 
que los seiea vivo? no sean atacados violenta- 
mente entrando en una ciudad cuyo aire cMá 
impuro por tan numerosas y poderosas causas 
de alteración! 

Con todo eso, la ventilación cnpi perpe- 
tua que resulta de las brisas que soplan <lo loi 
rumbos N. y E. bastaría quiza para hacer nu- 
los los electos perniciosos de las causas mor- 
bíficas que acabo de enume ar, desviar do y lle- 
vando ó lo lejos las emanaciones deletéreas que 
Be levantan por todas partes, á medida que es- 
tas emanaciones se desprenden de los numero- 
sos focos pútridos que lian sido indicados. Mas hay 
un obstáculo formado con el tiempo, por la aie- 
iia que los vientos del norte levantan de la pla- 
ya y que acumulan hacia atrás y no lejos de 
Veracruz, de modo que forman alli montccillot 
que se (levan sin cesar: los cuales hacen ab- 
solutamente nulos los efectos bienhechores que 
deberían resultar para la salubridad de Vera- 
cri z de la a ce "ron casi continua de los vientos 
que soplan sea del Este, sea del Norte. 

Dichos montecillos hacen mas aun: aumen- 
tan la acción del calórico que reflectan sobre 
Veracruz á la manera de un espejo ustoriQ: 



243 

aumentan la energía de acción de los miasmas? 
determinan quiza nuebas convinaciones que ha- 
cen eu acción mas perniciosa: en fin son la cau. 
aa de que aquellos miasmas, no pudiencSo pene- 
trar la barrera que ellos les op- nen, se acu- 
mulan en la atmosfera local comprendida en- 
tre dichos montes y el puerto; de suerte que 
en e*te corto espacio se encuentra, muy pron- 
to, el aire como saturado de emanaciones que 
comunican á este fluido concervador de la vi- 
da, unas propiedades venenosas propias á dar 
la muerte á la mayor parte de aquellos que 
están condenados á respirarlo. 

Para completar en fin el cuadro de las cau- 
sas morbíficas que se notan en Veracruz, haré ob- 
servar que los numerosos sitios de poea agua 
ó medaños que se encuentran en los montes 
espresados se llenan de dicho líquido en la es- 
dación de ^as lluvias: que no teniendo ningún me- 
dio de derrame se estanca y se corronpe con 
prontitud bajo la influencia de un sol ardien- 
te; y que los gaces de pantanos que se des- 
prenden son vertidos á Veracruz por las brisas 
de tierra que hay durante la noche, lo cual ee 
agrega á la alteración de la atmósfera de aque- 
lla ciudad, impura ya por las numerosas cau- 
tas que acaban de referirse. 

Si se dudase de los efectos malhechores que 
resultan de la presencia de dichos montecillos 
y «i se objétala imposibilidad de hacerlos des- 
aparecer, contestaré con un hecho á esta doble 
y .rrave objeccion. Las colinas de arena de que 
se °cueétiona, han sido mas ó menos numero- 
Bas, mas ó menos elevadas, y la arena movible y 
pudiendo ser anualmente desviada por los vi«¡^ 



* 



244 
los del Norle que 6oplan con violencia duran- 
te el Invierno; mas, aquellas <c>l inny han ecsia- 
tido siempre desde la época del establecimien- 
to de Veracrua. La fiebre amarilla bizo bu pri- 
mera aparición en aquella ciudad pocos i « 
después de su construcción: y sus destrozos so- 
bre la parte no aclimatada de sus habitantes han 
hido en incremento hasta el saio de 1710 in- 
clusive. 

En esta ¿poca el ^olñerno Espnfjol estando 
en guerra eco la Inglaterra, considerando sin 
duda la ecsistencia de aquellas colinas facti- 
cias como peligrosas, en razón de que poilian 
favorecer un ataque sobre VeraCruz, man ó des- 
truirlas, lo que lúe ejecutado en J7ÜI (I) 

Esta medida ciertísimamente no luso des- 
aparecer los focos de infección quese han enu- 
merado poco antes, y sin embargo seviódea- 



(1) Habiendo hecho sobie el particular, por mi 
tarta fecha 14 de enero proccimo pasado, varios pre- 
guntas al Sr. l)r. JMonson, cirujano \.°de la ar- 
rm.da, recibí del dicho Sr. fecha 31 del mismo mes 
de enero la contestación que sigue. 

,.La noticia que V. pide del desareno de los 
meganos de Veracruz en 1760. y el influxo que tu- 
vo sobre el vomito. Solo puedo decir, que antes de 
esta época huvo v mito, pere no con tantos estragos 
tomo posteriormente, porque un medaño que había 
estiba bastante retirado. — Las activas providencias 
del gobierno y á causa de la guerra que huvo con 
los ingleses, motivó la destrucción de grandes masas 
de arena, quedando el piso casi igual, y desaparea* 
enteramente el vomito. =Desds el valúente de la «en- 



245 
aparecer la fiebre amarilla con la abolición de 
estos monieciilos, y no volvió á comenzar 
»us destrozos sino cuando los vientos del Norte 
formaron de nuevo aquella barrera facticia que 
desvia el curso de la brisa y que se opone 
á 6U acción bienhechora. 

El largo espacio de 32 años fué necesario 
á los vientos del norte para reedificar estos mon- 
tículos que. pudieron destruirse en menos de un 
■ño: y durante los 32 años mencionados el azo- 
te destructor cesó de diezmar la población de 

Vera cruz. 

Finalmente después de esta larga intermi- 
tencia y en 1794 se manifestó de nuevo la hor- 
rible enfermedad: aumentó cada año el número 
de sus víctimas; y no cesa hoy de atacar en 
cualquiera tiempo del año, sino cuando no ec- 
•isten ya individuos suseptibles á ser impre- 
cionados por las causas que la producen. 

cepcion, que está al N, O, de la ciudad, havia una 
gran corddlera de arrecifes que llegaba hasta ber~ 
gara, con quien chocaba el mar: se permitió al maestro 
Duran sacar la piedra de estos para los ed fiaos de 
¡a ciudad, y esierminados se aumenió la playa de 
arena, y la impetuosidad de los Nortes O arrastra- 
ba con ella, y fueron formando las grandes monta- 
ñas que V. hh visto.=Hasta el año de 94 no vol- 
vió a aparecer el vomito en Veracruz, y ni se acor- 
daban de él. En este año bino el ñamo Europa 
de España, diñen que toco en puerto Rico, lo ««■- 
to es aue llegó epidemiado: muñó el comandante U. 
Joaquín Valdes, algunos oficiales y la mayor parte 
de ¡a tripulación y guarnición de dicho ñamo de 
»vur* Dude el am de 94 no ha faltado elvom- 



216 

¿$o es evidente que s¡ desde 17GI, se hu- 
biera tenido cuidado, cada año, de destruir los dé- 
biles conjuntos de arena reunida durante el Invier- 
no por la violencia de los vientos del Norte, el 
azote destructor de las playas americana?, es- 
taría estirpado para siempre de la ciudad de Vc- 
racruz? 

Las causas productoras de la fiebre ama- 
rilln en dicha ciudad, resultan pues, según mi 
opinión, primero: del defecto de policia sani- 
taria; de la situación desíaborable del cimen- 
terio y de la mayor paite de los establecimien- 
tos públicos. Segundo: del electo producido por 
la muralla que rodea á la ciudad; y de la 
presencia de los montecillos (juc se encuentran 
no lejos de su recinto y que parecen domi- 
narla. 



to en la estación, uno* afios mas que o'rof, en j>ro- 
porcion de los forasteros que había en la c udad.=* 
De la formación (le esios grandes medaños resulté 
ti rio que llaman de medio; el antiguo medaño, á 
proporción que ha hido quedando al abrigo de esto* 
se ha cubierto de ar bus ton y montes, y es conocido con 
el nombre de JLoma Criolla,* — La destrucción de es- 
tos medaños es imposible, peí o puede impedirse su 
aumento, formando una escollera desde el valuarte de 
¡a concepción hasta pasaelo Bergara: las ondonadas 
de los medaños, que en tiempo de aguas se hacen la- 
gunas de mucha duración, pueden ser rellenadas, aun- 
que con trabajo, sembrar estas montañas de arbustos^ 
que creo se vestirán de verde como Loma Criolla 
y veracruz sería mas sano =Deseo qufde satisfecha 
su pregunta, y que disponga de s% amigo y ¿>. 
Mignel José Alonson» 



247 

En rewmtn: los defectos que ec3Íslen en la 
construcción de las casas y que coasisten en 
que los patios interiores son generalmente es- 
trechos; en que los pisos reposan sobre el sue- 
lo, en lugar de cs'ar separados de él por un 
intervalo mas ó menos grande que permitiese 
al aire circular por debajo. Defectos notable» 
de donde resulta aquella ecsesiva humedad qui 
se nota en todas las habitaciones, la cual es 
llevada á tal punto, que pocos días bastan pa- 
ra cubrir de moho los suelos y el vestido: pa- 
ja ocsidar prontamente el fierro. 

La mala construcción de las letrinas y la 
perniciosa habitud de dejar á la lluvia el cui- 
dado de limpiarla^. 

El defecto dependiente de los conduc- 
tos que de^de los palios interiores y de las le- 
trinas precitadas lleban hacia afuera los excre- 
mentos y las aguas de cocina, lo que hace que 
permanezcan constantemente elementos pútrido» 
en tales conductos. 

El defecto de inclinación de las calles, 
de donde resulta que supuesta la Mta de agua 
corriente y la falta también de poüeia, perma* 
necen en todas partes las materias pútridas y la* 
ao-uas corrompidas las que forman una cantidad 
de pequeñas eloaeas infectas, especialmente en 
la parte de la ciudad que es la mas pobl ida. 

La carióte ia y la pezqueria q ae no so- 
lo están colocadas en la ciudad, sino también 
«obre el punto mas desventajoso respecto al 
viento que sopla mas generalmente en la épo- 
ca de los grandes calores. 

La situación desfavorable de los hospi- 
tales, de las casernas y de las galera*. 



21,1 
Por fuera de la ciudad lo<; monfones de 
inmundicias que se encuentran por tod;is [> 
y mas particularmente en la parto de la playa si* 
tuadaal Este del muelle. Finalmente el matadero 
y el Cimenterio, situados también al Este y cerca 
de la ciudad y próesimo al único p iseo qu< 
encuentra en los alrededores de Veraeruz. 

Tales son los focos numerosos de ecua- 
ciones deletéreas que alteran la atmosfera de 
Veraeruz; tales son, en mi juicio, las causas rea- 
les de las temibles enfermedades que cortan la 
rida de la mayor parte de los ostraiigcros y de 
los nativos no aclimatados: tales son finalmen- 
te las causas de la fiebre amarilla 

Mas, por potentes, por numerosas que sea» 
estas candas, mi acción malhechora seria no- 
tablemente disminuida, y quizá también nula 
absolutamente por el beneficio de la ventilación 
perpetua que refresca esta costa, si se quitase 
la muralla que convierte esta alegre ciuda I en 
una prision!....Si se quitaran aquellos numerosos 
montecillos que los vientos del Norte han for- 
mado, en el transcurso de los años, como una 
barrera propia á la vez do hacer re flojos so- 
bre la ciudad los rasgos de un sol ardiente, y 
propia también á impedir que los miasmas (que 
se desprenden incesantemente de los focos nu- 
merosos que acaban de señalarse) sean lleba- 
dos á lo lejos por las brisas que, sin dicho 
obstáculo, bastarían qmzá para luchar en favor 
de los hombres contra todas las causas de muer- 
te que los mismos hombres han acumulado á su 
rededor!... 

Haber hecho conocer las causas produc- 
trices d* la fiebre amarilla en Veracruz, es ha* 



219 
ber hecho presentes ya los medios indicados 
por la higiene pública, como debiendo concur- 
rir á destruirlas y á dar otra vez á esta ciu- 
dad interesante el grado de salubridad de que 
«s susceptible: á hacer desaparecer para siem- 
pre el azote desvastador conocido con el nom- 
bre de vómito prieto 6 fiebre amarilla', y hacer por 
-lo menos que se disminuyan sus terribles efectos. 

Me limitaré á enumerar aquellos medios, 
íntimamente convencido de que las autoridades 
Socales, el Gobierno del Estado, y el general, 
igualmente animados del amor á la humanidad, 
y del deseo del bien, se apresurarán á adop- 
tar unas medidas cuyo resultado debe ser el 
aumento de la prosperidad de una ciudad 
que és el principal y casi el único lugar de es- 
oala comercial que ecsiste entre las bastas pro- 
vincias Mexicanas y los estados de Europa y del 
Norte América 

He indicado como concausas de la insa- 
lubridad de Veracruz, la poca estencion de los 
patios interiores de la mayor parte de las ca- 
sas, y la falta de corrientes de aire entre el 
suelo y el piso: estos inconvenientes, mucho mas 
dañosos que lo que se creerá, son irreparables 
en Veracruzr, y si yo los señalo es sobre todo 
por evitar que se repitan en las nuebas fábri- 
cas; y con la esperanza de que esta observa- 
ción no será inútil cuando se trate de formar 
sobre el litoral del golfo, nuevas poblaciones. 

De la imposibilidad que hay de evitar en 
Veracruz los inconvenientes que resultan de la 
escesiva humedad de las casas, resulta también 
la necesidad de una limpieza mayor en lo in- 
terior, si se quieren evitar los efectos per» 

33 



250 
niciosos de la fermentación pútrida que en el 
Kstio convierte las habitaciones en otros tantos 
focos de emanaciones deletéreas. 

A este efecto, la autoridad debe «csi<iir im- 
perativamente que el suelo de los palios, asi 
como los conductos interiores tengan un pl 
inclinado hacia la calle, de suerte que sea im- 
posible que las aguas de uso y toda otra ma- 
teria suceptible de fermentación pueda perma- 
necer sobre algún punto. Que los habitantes ha- 
gan lavar diariamente tanto los patios como los 
caños de sus casas, de suerte que nada pueda 
corromperse en aquellos y que nada se es- 
tanque ni un solo dia. Que las letrinas estén 
construidas de manera que no dejen despren- 
der constantemente, como sucede, una masa de 
emanaciones pútridas, capaces por si solas de 
infectar el aire que se respira en Veracruz. A es- 
te efecto, que se adopten las letrinas inodoras del 
Sr. Darcet, y si se juzga imposible esta mejo- 
ra, aunque sea poco costosa y fácil, al menos 
que se ecsija de los propietarios la desinfección 
frecuente de sus actuales letrinas con el uso 
del cloruro de cal, medio poco costoso, con el cual 
ciertamente podría destruirse casi instantánea- 
mente toda disposición a la pu/ridez, y toda 
posibilidad al desprendimiento de gaces im- 
puros 

Para ocurrir á los inconvenientes sin nu- 
mero que resultan de la falta de limpieza de 
las calles, que se profundice el canal que cruza 
por la mitad de aquellas, de modo que ecsis- 
ta una pendiente suficiente para el derrame de 
las aguas: que se repare con cuidado el em- 
pedrado: que se esconbren todos los montones 



251 
de arena ó de despojos de cualcuiera natura- 
leza que sean: que se quite sea la arena, sea 
la tierra que se encueutra acumulada en va- 
rios puntos y principalmente sobre la parte de 
la ciudad mas vecina al puerto: que se hagan 
desaparecer de toda la superficie de la ciudad 
todos los obstáculos que perjudican la pendien- 
te que es necesaria al libre derrame de la* 
aguas: que se tapen cuidadosamente todos los 
hoyos ó cloacas que se encuentran: finalmente 
que se procure una porción de agua suficiente pa- 
ra que cada calle pueda tener cierta corriente, 
y entonces ecsigiendo de los habitantes que ca- 
da uno de ellos haga escombrar y lavar diaria- 
mente la parte de la calle que hace frente á su 
habitación: ocupando un cierto número dé presi- 
darios para que arrojen al mar las inmundicias 
ó las arenas que puedan acumularse en los ria- 
chuelos. 

Entonces se obtendrá la destrucción de una 
de las causas activas de insalubridad de la at- 
mósfera de Veracruz. 

Hace mucho tiempo que las miras bené- 
ficas del estado se dirigen á aquel interesante 
objeto, es decir que se desea desviar el curo 
de un pequeño rio vecino, á fin de hacer gozar 
á Veracruz de las ventajas numerosas que re- 
sultarían á sus habitantes con la presencia de 
sus aguas. Pero, á pesar de toda la buena no- 
luntad del Gobierno del estado, en muchos años 
los habitantes de dicha ciudad no padrán dis- 
frutar de aquellas preciosas ventajas, teniendo 
entretanto presente el peligro que es de todos los 
dias, que el defecto de agua corriente en las calles 
bastara para hacer nulas otras medidas samta-. 



252 



ri is. Afortunadamente haj un medio simple x 
poco coí-to-o para Euplir linsla pierto puxilo la 
imposibilidad de ver en mucho tiempo en las 
calles de Veracruz las aguas de un no que ».o 

pueden ser alii conducidas eino con el lie 
> con muchos ga&los. 

Si como no dudo, la autoridad quiere hacer 
en' seguida, á favor de la salubridad de Vera- 
cruz, cuanto pueda hacerse, que se ahonde ini- 
cia arriba de la ciudad, en cada principio de 
calle, un pozo bastante grande y profundo para sa- 
car de él toda la ag:;: que se juzgo co ivenienic: 
que con una maquiua simple y dos hombres, se es- 
tablesca cada dia durante un cierto número de 
horas, un corriente de agua bastante en cavia 
calle: que durante este tiempo se escombren las 
calles y se laven; que los riachuelos se limpien, 
y se quiten las inmundicias. Con este medio se 
suplirá las preciosas < entajas que los habitantes 
de aquella ciudad tendrán algún dia con la pre- 
sencia de una agua sana y bastante abundante 
para cubrir sus necesidades interiores y 
tener la limpieza mas grande en sus calles. Que 
las carretas perteneciendo á la policía cercan 
por las calles á horas señaladas; que estén en- 
cargadas de recojer todas las inmundicias y ba- 
suras de las habitaciones, y llevarlas a lo le- 
jos á un lugar que se señale; y que al miimo 
tiempo un reglamento severo imponga multas y 
penas á los habitantes que arrojen en la calle 
ó procsimamente á la ciudad, sea cual fuere el 
pretesto, materias susceptibles de fermentación: 
que el lugar destinado a ser el deposito de las 
inmundicias, se situé lejos de la ciudad y ul po- 
niente ó al N. O: que dichas inmundicias sean 



253 

quemadas de cuando en cuando, teniendo el cui- 
dado de elegir días en que el viento sople del 
este: Que se limpie la playa, y se prohiva es- 
presamente llevar á ella de nuevo, hijo algún 
pretexto, nuebas inmundicias ó otros materiales. 
Que los alrededores de la ciudad se nivelen, se 
cubran de berdura; y se castigue á la persona 
que ponga en dicho lugar cadáveres de anima- 
les, ó depositen en el inmundicias: Que la po- 
licía bele escrupulosamente los mercados de fru- 
tas, la carnicería v la pesquería, á fin de re- 
coger é impedir que se venda á los habitantes 
aquello que sejuzge perjudicial á su salud. 

Como quiera que la carnicería y la pes- 
quería están situadas de manera que puedan 
dañar la salubridad de la ciudad con las ema- 
naciones que se desprenden de sus alrededores, 
es necesario que aquellas sean mudadas y lie- 
badas al N. O. de la ciudad, coacervando en di- 
chos establecimientos la mayor limpieza, y s*e pro- 
hiva espresamente el dejar permanecer en sus 
contornos algún despojo sea de carnes, ó se* 
de pezeado. 

No siendo posible por ahora mudar las caser- 
nas, las galeras y los hospitales, que sse hagati 
en lo .posible en eus contornos planteles de 
arboles: que loe» corredores, las salas, y los di-> 
vet'tos pasad isos que atraviesan estos estableci- 
mientos sean frecuentemente lavados y purifica- 
dos por medio del cloruro de cal conveniente- 
mente cstendido en una porción de agua: que 
sobre todo se desinfecten por el medio indica- 
do las letrinas: que seproscriban las fumigacio- 
nes de sustancias aromáticas, reprovadas hoy 
r>or la razón ilustrada con la luz de la verda* 



2M 
dera química, y se Templasen con las fumiga- 
ciones de morveau, ó de Miguel Smith, y mejor 
aun por los cloruros en evaporación, ó espar- 
cidos en el suelo después do haberlos, para este 
óltimo caso, convenientemente disuellos ro agua. 

Teniendo el cimenterio una cortísima es- 
tencion, y estando situado sobro el punto mas 
desfavorable á la salubridad de la ciudad, bas- 
taría aquel para llevar la alteración de la atmos- 
fera al grado de poder ser por solo esto la causa de 
las enfermedades mas graves; que este cimenterio 
digo, se cierre inmediatamente: que toda la su- 
perficie que ocupa 6ea cubierta de una capa de 
cal; y que un local mas amplio, mas lejano de 
la ciudad, en una situación tal que los vicntof 
de E. ni los de Sur puedan verter sobre la ciu- 
dad los miasmas que se desprendan, se consagre 
para recibir á los muertos: que este local sea 
rodeado de un bailado profundo; que se planten 
alli arbustos: que con ningún pretesto se escabe 
un sepulcro antes de que se haya pasado tiempo 
bastante para la descomposición completa del ca- 
dáver que se haya depositado antes; que se lo- 
men en fin sobre este triste é interesante obje- 
to todas las medidas, todas las precauciones ne- 
cesarias, para que esta mansión de la muerte 
no sea un foco pestilencial capaz por si solo, 
lo repito, de diezmar de un modo constante la 
parte no aclimatada de la población. 

En fin que una junta de sanidad compues- 
ta de médicos instruidos, se encargue de sobre vi- 
gilar la ejecución de los reglamentos de salu- 
bridad publica. Haciendo todo eso, la autoridad 
municipal habrá cumplido todo lo que está eo 



255 
»'i poder, y se habrá recomendado al recono- 
cimiento de la población actual como al de las 
venideras. 

Mas quedan aun dos puntos muy impor- 
tes en la cuestión que nos ocupa, y que no pue- 
den en mi concepto resolverse sino por la au- 
toridad del estado y las supremas de la Fede- 
ración. Quiero hablar de la muralla que cerca 
•á la ciudad y de los montesillos que se levan- 
tan tras de ella, no lejos de su recinto y que 
parecen dominarla. Nadie duda que abatiendo 
la muralla y aplanando los montes se habrá com- 
pletado el iistema sanitario de Veracruz; y que 
se habrá estirpado quizá para siempre una plaga 
que perjudicará cada día mas y mas una pros- 
peridad que sin este obstáculo iria siempre en 
aumento, asi como las relaciones comerciales 
que unen hoy las bastas y ricas provincias Me- 
xicanas con todas las naciones civilizadas. , 

Hé establecido ya, que la muralla que cer- 
ca á la ciudad, á mas de no tener una uti- 
lidad real, perjudica efectivamente á la salu- 
bridad de Veracruz, de la que hace una ver- 
di lera prisión. Dicha muralla purjudica eviden- 
temente su engrandecimiento que resultaría ne- 
cesariamente del aumento de su comercio; y en 
esto, la mencionada muralla es un obstáculo ma- 
terial á su prosperidad futura. 

Si en lugar de una muralla inútil se agran- 
dase el recinto de Veracruz: si se empleasen 
los materiales que resultarían de su destrucción 
en prolongar el muelh de manera que permi- 
tiese á los navios acercarse á el para el desem- 
barque de las mercancías, resultaría un doble 



256 
beneficio par* la salud do los habitantes y par» 
Ib prosperidad del comercio. 

Mae en el caso do que yó esté en el error de 
creer quo la momlla im inútil; y en < ! 
caro de que el Gobie.ir.o crea no deber ha- 
cerla destruir, por motivos que no puedo cono- 
cer, y que no puedo ni debo permitirme juzgar, 
hn¡¿ por lo menos votes 6 suputas á fin de que. 

es de 'a utnauidad, se consienta h 
en cada punto correspondiente á las estremi- 

es iio las ralles, unas averturas sin des- 
truir el resinto actual y cuyos fracmentos destrui- 
dos podran suplirse con una pausada que ser- 
virá de medio de unión, sin impedir las co- 
rrientes de aire. Dichas averíiiray, como lo he 
dicho, son de una entidad tan grande que sin 
au existencia es imposible establecer un sis- 
tema de salubridad local, cuyos resultados se- 
an tan ciertos y tan favorables como debe de- 

rse. 
El hecho ya citado de la desaparición de la 
fiebre amarilla de Veraeruz tan luego como se des- 
truyeron los monlecillos de arena que ecsistian en 
*u vecindad, y la vuelta de dicha enfermedad des- 
de que los vientos del norte amontonaron de 
nuebo las arenas que levantan de las llanuras 
y del mar, lo que no tubo lugar sino después 
del lar¿o espacio de 32 años; este hecho, re- 
pito, habla con maj energía que todos los ra- 
sonamientos para provar la influencia de esos 
montecillos, sobre la salubridad de la atmoa- 
íé* a de la espresada ciudad; y t^obre el beneficio 
que resultaría de un trahajo que tubiera por objeto 
hacerlos desnpaiecer y aplanarlos de nuebo. 

A primera vista, este trabajo parecerá di- 



257 
fíoil, mas el és á lo menos posible pues que ya 
se ha ejecutado. Digo mas. por medio de los 
presidarios podría ser hecho sin muy grandes 
gastos; en ningún caso podran ponerse en ba- 
lanza con los resultados ventajosos que produ- 
cirían al comercio y á la población, y en con- 
secuencia á la riqueza que se seguiria en el Es- 
tado de Veracruz. Que una parte de dichos 
montecillos sea destruida sobre el envés y que 
sirva á tapar los hoyos qne alli se encuentran: 
que la otra parte sea estendida sobre un plan 
ligeramente inclinado hacia la ciudad: que se 
abran canales para el derrame de las aguas y 
que se consoliden con tablones que impidan 
la degradación: que toda la parte de la llanura 
y de la superficie que resultará de la destruc- 
ci »n de los montecillos, que los montecillos mismos 
en el caso nne se ju-ge imposible su destrucción, se 
cu a do bejuco ó de plantis rastreras semejan- 
tes á aquella» con que la naturaleza cubre los alre- 
dedores de Veracrozy casi todos los montones de 
arena que *e encuentran cerca de la isla de sa- 
crificio?: que sobre toda aquella superficie y 
sobre tod.t la llanura se sombre, ya sea de 
trébol, ya de alfalfa; que se hagan en el mismo 
lugar pernios sombríos, electos entre aquellos 
que cresen sobre los montes ó lomas mas le- 
janos de la costa. Por este medio no solo se 
devolverán á Veracruz todas laa ventajas que 
deven resultar de una constante ventilación, amo 
que se prevendrá la formación ulterior de di- 
chos montes y se transformará aquella super- 
ficie tan desnuda, tan ardiente y tan peligrosa 
para la salud, en un tapia de verdura que car- 
gándose durante la noche de un rocío viviü- 
'* 34 



258 
cante, hi >re este por lai mañana* con la 

acción del sol, una inmensidad de gotas de 
descompuestas per su acción j 
producirá el desprendimiento do una mo 
síderable de oc.»ígeno, que llevara á la atmos- 
fera vecina su acción ecaitante y vivificadora 
Foreste medio los al rededores de Veracruz pre- 
sentarán cuanto antes en lugar de aquella llanura 
árida que entristece la vista, como perjudica 
á la salud, una pradera alegre que, indepen- 
diente de su efecto bienhechor sobre la sa- 
lud y la vida de los hombres, ofrecerá una 
pastura propia para nutrir los ganados útiles. 

Ninguna duda que por la ejecución de es« 
tos trabajos, y la construcción de una calsada 
desde el baluarte de la concepción hasta 
bergara, no se obtenga la estirpacion com- 
pleta del azote destructor de los trópicos; ninguna 
duda que por un reglamento sanitario sabiamente 
concebido y religiosamente observado no se im- 
pida también de que vuelva á diezmar la po- 
blación de Veracruz, y que rechace por el te- 
rror á los comerciantes que son llamados en mul- 
titud, á aquel puerto, por el comercio es- 
terior. 

Pero; cuantas victimas se sacrificarán aun, 
antes de que se ejecuten aquellos trabajos, an- 
tes de que la salubridad de la atmosfera de 
aquella ciudad no llegue al punto de h icer ce- 
sar enteramente los justos sentimiento* de temor 
de que se encuentran involuntariamente domi- 
nado-» casi todos los estrangeros, y los Mexi- 
canos de las provincias interiores que son alK 

llamados por sus deberes ó por sus intereses! 

Terminaré pues este capítulo por indicar 



259 
líiff precansíones que me parecen propias á po- 
ner luí órgano* de las personas no aclimaladaa 
en la disposición mas favorable para poder so- 
portar, bin un sacudión* nto violento, la acción 
de las causas productoras de la fiebre ama- 
rula. 

Los medios mas ciertos de preservarse de 
dicha enfermedad, cuando no se esta aclimata- 
do, y que no se puede dejar, durante la estación 
de enfermedades, los lugares que reúnen las 
funestas cualidades que se consideran como cau- 
sas condicionales, *ou: no esponerse á la acción 
de las e-tusas ocasionales: de salir lo menos po- 
sible, antes de salir y después de ponerse el 
sol: tener la precausion de vestirse bastante para 
no resentir la imprecion agradable pero fu- 
nesta de la húmeda frescura de la noche; 
y sobre todo de no dejarse dominar del te- 
mor. Para aquel que tiene miedo, todas las pre- 
causiones son inútiles: la fuga solo puede es- 
caparlo del azótele impedir con ella el ser vic- 
tima. 

Por causas ocasionales entiendo todas aque- 
llas que se dirigen á reconcentrar las fuerzas 
vitales de la periferia en lo interior, principal- 
mente el enfriamiento de la piel: á hacer nacer 
concentraciones de vitalidad sobre los órganos 
internos, ó de commover el sistema nervioso, ta- 
les como los estravios en el régimen: los ali- 
mentos salados, humados, especiados: las bebi- 
das fuertes: los escesos venéreos: el trabajo 
de gabinete, sobre todo durante la noche: la 
trisiez», J mucho mas el terror que inspira la 
enfermedad. 

Asi que, la calma de la imaginación y de 



2f>0 
lo* sentidos: un régimen igual, sin erscso de al- 
gnn genero, poro sin separarse mucho de los há- 
bitos adquiridos: el uso de los batios ca-i fríos; 
el de las fre uentes lobadas frias de la cara y de 
el de las bebidas aciduladas y lige- 
ramente aleolisadas: sobre todo el u-o del Aguar- 
diente de Ginebra aguado: el uso de la frane- 
la sobre la piel, con el cuidado de mudársela 
con frecuencia, lo mismo que la camisa: la pre. 
caución de labarse la boca, por la innñuia j 
después de comer, con agua y vinagre; de 
no salir por la mañana, como también no 
ir á visitar algún enfermo, sin tomar de antema- 
no algunos tragos de um bebida tónica: de no 
tragar la saliva durante el tiempo que se pi- 
se cerca de un enfermo: de suspender la res- 
piración en el momento que se descubra el en- 
fermo: el uso de lavativas emolientes y de al- 
gunos laxantes cuando sean indicados: un eger- 
cicio moderado: distracciones: el reposo duran- 
te la noche. Tales son los medios de conjurar 
la influencia deletérea de los miasmas, cuya ac- 
ción sobre la economía animal determina la fie- 
bre amarilla. 

Hiy médicos que recomiendan un régimen 
estremadamenie rigoroso; no soy partidario de 
su opinión. Creo que los no aclimatados, no 
deben cometer imprudencias, ni entregarse a nin- 
gún género de eesesos; pero opino que haciendo 
uso de bHños, de lavativas emolientes, de be- 
bides acidas, no deben abstenerse de bebidas tó- 
nicas, de bebidas alcolicas aguadas, como tam- 
bién no alejarse bajo cualquiera relación, de su 
modo de vivir havitual. 



261 



capituz.0 un. 



Formulario de los medicamentos de qne se ha he- 
cho uso en las observaciones precedentes. 



TISANAS. 



Tisana co- Cocimiento de cebada endulzado 
mun. con miel. 

Id. amarga. Cocimiento ligero de manzanilla. 

Id. tónica. Cocimieuto ligero de quina. 

NOTA. Para aei filiarlas, se añaden diez gotas 
del ácido que iudka el facultativo, para una bottlla 
de tisana. 

Limón. c finí- Agua con sumo de limón. 
pie. 

Id. sulfúrica. Una botella de a^ua con reinte gotas 
de ácido sulfúrico 

Id. nítrica. Una botella de agua con veinte go- 

tas árido nítrico. 

0:sícrato. Limonada con vinagre y agua. 

Vnio aguado. Tres partes de agua y una de vino 
blanco. 



202 

POCIONES Ó MISTURAS. 



on salina Sulfate de mognecia, sulfate de sr>- 
purgante. sa, r/<? tar/a uno una onza; acólate 

de potasa, tres dracmas; intrate 
de potasa, una dracma; jar» ve de 
az -i liar, una onza; agua, ocho onzas, 
(cucharadas ) 
Poción aceito- Aceite de Palma Cristi, una onza; 
sa purgante jaravc de azahar, media onza; go- 
ma arábiga en polvo, veinte gra- 
nos; carbonate de potasa, diez 
granos; agua, cuatro onzas; (cucha- 
rada^.) 
Poción diafo- Cocimiento de a mn polas, cuatro on* 
lética. zas; ammoniaco líquido, quince go- 

tas; jarave «imple, una onza* (en 
dos tomas.) 
Poción cesi- Sulfate de quinina, tres granos; al- 
tanU. cohol de canela, dos dracmas; ja- 

rabe de corteza de cidra, una 
onza; agua estilada de yerba- 
buena 6 de manzanilla, tres on- 
zas. (Cucharadas*) 
Poción anties- Agua estilada de azahar, dos onzas\ 
pasmódica. éter sulfúrico, treinta gotas; al- 
cohol nítrico, quince gotas; láuda- 
no líquido, diez gotas; jarabe de 
corteza de cidra, una onza; (cu- 
charadas.) 
Poción écida Agua estilada de Manten ó de aza- 
chirriante. bar, tres onzas; alcohol nítrico, 

d»i dracmas; láudano líquido, una 



Poción diuré' 
tica. 



263 
dracma: jarabe de azahar, una on- 
za. (Cucharadas.) 
A la poción anterior se añadirán 
de acétate de potasa, tres drae> 
mas. (Cucharaditas.) 



3CL ECTUAR10S U OPIATAS, 



Kicctuario ú Sal de absintio, sal ammoniace, de 
opiata d? mas- cadaunoi, una dracma: tártaro emé- 
dewalL tico, diez y ocho granos: mézcle- 

se bien en un almirez de vidrio 
por un cuarto de hora: añádase 
entonces tina onza de quina en 
polvo, y hágase Electuario con 
suficiente cantidad de jarabe de ab- 
sintio, 

PILDORAS. 



Pildoras su- Estrado acuoso de opio, media dtac 

dj ríficas. nm; nitrato de potasa, una drac 

ma; ipecacuana en polvo, dos drac- 

mas: msel, cantidad suficiente para 

hacer sesenta pildoras. 

Pildoras al- Alcanfor, treinta granos: nitrate de 
t-anfioradas, potasa, treinta granos: orozús en 

polvo, una dracma-, miel, cantidad 
suficiente para hacer veinte y cin- 
co pildoras, 

Pildoras bian- Alcanfor veinte granos: mercurio dul- 

cas, ce, veinte granos: goma arábiga 

en polvo, veinte granos; miel, can- 

tidaí suficiente para hacer veinte 

pildoras 



264 
Pildoras an- Almizcle, veinte granos: carbonate de 
tiespasmódt- potasa, treinta granos: corleza de 

cas. cidra en polvo, una dracma: miel, 

cantidad suficiente para hacer vein- 
te plíldoras. 
Pildoras ió- De á grano de sulfate de qui- 
mcas. nina. 



LAYAT1YAS, 



Lavativa tó- Un cocimiento de quina con cu«- 
nica. tro cucharadas de aceite alcan- 

forado. 
id de masdc* Un cocimiento de quina, y una ter- 
wall. cera parte del electuario demás- 

dewall va indicado. 
Lavativa pur- Sulfate de magnecia, una onza: di- 
gante A*. 1. suélvase en una libra de agua. 
Id. id. JV. 2. Lloja sen media onza, cocida en 
una libra de agua; añádase una 
onza de sal común, y una drac- 
ma de alcanfor disuelta en cua* 
tro cucharadas de aceite. 
Lavattva ano- Cocimiento de lizana, con treint* 
dina. ó cuarenta gotas de láudano lí- 

quido. 
Lavativa rtm« Cocimiento emoliente con cuatro on* 

pU. zas de aceite. 

Lavativa al- La anterior, añadiéndole veinte y 
eanf orada. cinco granos de alcanfor. 



265 

LINIMENTOS» 



Linimento a» Aceite de almendras dulce*?, una 

nodtno. onza: láulano líquido, dos dracmas* 

Linimento Aceite, una onza: alca ufor una d aC' 
alcanforado* ma. 
Linimento vo> Aceite, una onza: éter sulfúrico, tres 
latd. dracmas; láudano líquido, una drac 

ma; alcanfor, una dracma. 
Linimento Aceite, dos onzas: espíritu de tre- 
diuretico. nientina, una onza; alcanfor, dos 

dracmas. 



FIN, 



<&*&< 



P^GlWAül 



Prefacio /,,,,,,,,,,,,,,,, 

Int'oduqcion ,,,,,,*,,,,,,,,,, 

C^ílTijLO I Refecciones que prueban que la liebre ama- 
rilla no es el resultado do l:i humedad y de! calor , 11. 

CAPáTUL ) II, Refleccioncs que prueban que la fiebre ama- 
rilla no es una gastritis aguda: que, cuando ecsisíe ia 
flogosis de! es tona 'ge, no es mas que una compucacioíj, 21 

CAPITULO III. historias particulares de liebre amarina, 
observadas en Veracrnz ,,..,,,,,,, 40. 

Observaciones: 1. rt Observación: muerte al cuarto dia c!e 

la enfermedad: estrangulación: sofocación, , , , , i 4¡, 

2. M Observación: hemorragia jjor la boca: opresión vio- 
lenta: muerte al cuarto din de la enfermedad , , , , 43. 

3. " Observación: hemorragias nasales «ícsccivas: voatitos de 

sangre negra: supresión de orina: muerte al sesto dia. 46, 

4. 9 Observación: opresión; dolor violento en la cabeza 
y en los ríñones: delirio furioso: muciteá los dos. días 
de la enfermedad ,,,,,,,,' , , , , 45. 

8. w Ubservacion: vómitos negros, opresión, coma, muerte 

al cuarto dia de la enfermedad ,,,,,,,, 5o. 

g, s Observación; vómitos negros: opresión violeuta: coma: 

muerte al cuarto dia de la enfermedad >,,,,, 53 

7, '■* Obi»rvat:io¡i: dolor viv en la región epigástrica: opre- 
sion como mecánica y siempre creciente: muerte des- 
pués de GO horas de enfermedad, ,,,,,,,, 34, 

t, = Observación: raquialgia violenta; supresión de todas 
las secreciones: opresión en aumento: muerte después de 
(,0, horas de la enfermedad ,,,,,,,,,, 53. 

9. 9 Observación: vómitos negros: facultades intelectuales, 

•btusas: aire atontado: ansia, suspiros: muerte después de 
tres dias de enfermedad, ,»,,,,, »»», 62. 

10. a5 Observación; desmayes en el principio del mal: ra- 
pidez de pulso: vómitos negros: dolores violentos co el 
•razo derecho: aire at.or.tado; muerte 72 horas después de 
la invaoion, , , , , , , , ' , , , , , x s 3 fo, 

TI.» Observación: desfallecimientos en el principio de !,i 
enferm«d*d: vómitos ñervos continuos; movimientos co- 

3S 



no rnfpderindrs: agitación, trjepiros, hipo; ar!ert».er imú r • 
nisenrihilidad; y al mii-mo tiempo (ju«jidoscontiiniü»; muer- 
to i las 56 oras de la eifeimtda'l ?,,,,,» ^S. 

12. s 'ion; \omitos •así continuos; opre.-ion < 

mecánica: doler violento <c riíonea y de aabeza; ati- 
ranl;:ni>ento de iodo el dorso; auprecion de onnas; vuelta 
de rapidez en el pulso el último d¡a «le la enfermedad: 
adormermríento: di lirio violento-, muerte después cic cuno 

nfermedad ,',,,,,,,,,,, H. 

lo. » bservacion; viólenlos dolorrs de piernas: liimfil 
ue la caía: lengua por /.cuas: oprecioa: hipo: ademan 
bobo: adormecimiento y al mismo tiempo .i^itai ion y que- 
gidoa: muerte después de cuatro diaa de enfermedad , 76. 

14.- Observación: roma profundo: s<mblanie convelido: 
relajados ¡os músculos de las estremidades: insensibilidad 
completa; muerte 8 horas después mi primera y única 
visita , , . 79 

ío. uoserracton: supresión de orinas: opresión violenta: 
Hipo: el primer día butia el pulso 76 veces por minuto: 
el rosto de la enfermedad de 52 a £6: muetto al quinto 

T* d » i,! ' ' • ' '•• '• ». ' ' ' ', ' ' » • » ' > 3 ' 2 ' 
ID. UDserracion: abatimiento general: gran debilidad en 

lns piernas y muslo?. 4 dolor bastante d'cbil en la cabeza 
y en la región lombar: suprecion de orinas: lengua cn- 
dio'a, como partida. Ll enfermo murió 52 toras despnes 
de la invacion , »»»>»**,,,,, , m > 
17. M Observación: dolores poco decididos en la cabeza, 
en el estomago, en los riñonca y en los muslos alterna- 
tivamente: indiferencia estreñía: dolor en el pecho: su-« 
prrcion de orinas; muerte á los 15 dias de la enferme- 

ifií ni '>.>;>/>>>>>>■>>>> **> 

it> unservacion: la enfermedad comenzó j or desmayos: 

un f star o de embriaguez- dolores generales; espigaatralgia 

y raquialgia lioleritas: trismo: imposibilidad de tiagar: 

sensación de estrangulación: vientre contraído: pecho born- 

heado. muerte en 46 horas »■,,,, , 54. 

19 ~~ ■ profundo en la región 'umbiíicaí 

y , fn '' '» de precion mecánica sobie 

eJ tor:a n: voz alterada: suspiros piofundos; sm 

•ñas. Anti-<-8pa?modrcoa: emolientes eslr- 

es: -revulsivos: lavativas purgantes. Convaí esenaia 1 

mío da de ia enfermedad . , . , . y 



10». 



29.* Observación: dolores violentos en la región ombili- 
ca!, en los riñones y en la cabeza: adormecimiento dn 
muslos: secación de precion mecánica en el toras. V o- 
mitorio: purgantes cuyo efecto se ausilio con lavativas 
numerosas. Couvalesencia al cuarto "ia de la enferme- 
dad ,,,,,,,,,,...»»...• 

21» Observación: dolor atroz ea la región opigastnca 
estén lienioce hasta el ombligo, y hasta la m¡t;id del pecho: 
raquialgia y cefalalgia violentas: vómitos: hemorragias 
considerables por el ano &qz. 

Vexgatorio;: laxantes: lavativas tónicas irritantes: 
sulfate d? quinina, Convalesenua el décimo día de la 
enfermedad ,,,,.,,,,,#»»>• *" 1, 

22." Oosirvacion: estrangulación con riesgo tan grande 
de sofocación que la c ira era de un color violeta ne- 
gro, y la lengua de color del higa lo y da un volumen 
enorme: afaaia y después una ronquera persistente de 

la voz. 

Revulsivos: sanguijuelas: sulfate da quinina: coavalasen- 
eia el 25 de julio, 28 di» de la enfermedad , , , , 111. 

23." Observación: dolor violento en la re¿ion umbili- 
cal: raquialgia: cefalalgia: vómitos di m-terias color 
moreno: hemorragia por la mucosa bucal: hipo: supre- 
sión de orinas: &c, 

Los purgantes: los revulsivos: los tónicos principa! • 
mente el sulfate de quinina. Convalecencia el '¿i de ju- 
lio: 12 días de enfermediJ ,,,,,,.»>> 118 

24. •" Observación: dolor violento en la cabeza y en la 
región lombar: calambres cu las piernas: sensación pe- 
nosa en el epigastrio, y de presioa mecánica sobre el 

pecho &c 

Puro-antes: anti-espasmodicos: tónicos, particular- 
mente ef sulfate de quinina.. Couvalesencia el 4 de agos- 
to, 10 de la enfermedad » y ,.*».#•»* f « 131. 
25 »• Observación: dolor en el ombligo con sensación ne 
torcijón: sensación de presión mecánica sobre el pecuo: 
esputo de sangre corrompida: palpitaciones violentas en 
la región epigrastica &c. 

Purgantes: antiespasmodicos; sulfate de quinina, ca- 
lida del hospital el 8 de agosto, 13 'le la enfermedad, 134. 
9ñ •> Obserracion: raquialgia: adormecimiento de mulos: 
sensación general de abatimiento: opresión: tvuaefa^cioa 



esti labios: hemorragia bacal .Se 

módico* t('itii'(,s, e-| fi i. iluiei le 
r] sulfate át üi'ui ik'l hospital el ~0 de ¡ - 

lio, Jo de la tu 't • >■>>••-.,,, ' 

"21, epigettralgia \ von .,. x 

entorpecimiento de muslos: cefalalgia violenta: opri i 
sensación de estrechamiento en el pecho: espectoracicn 
mocosidad cargada de sangre. L"s vejigatorios 
y una ulcera wui ida cu el pie derecho, d;in 
negra: tS:c. 

ántiespasmodicos: purgantes: revulsivos: (i'nicos, 
principalmente el j-uit'íite <ie quinina: ccnvaleseneia el 

de la enfermedad ,.,..,,,,,,, 132. 

28,* Observación: sentimiento de torcíon en la región pre- 
cordial: dolor de tubeza, de ríñones y dfe vientre: sen- 
sación de una b ¡e <'cl ombligo se deteuia 
en el corazón y producía desmayo: tención violenta y 
doloroso de loe músculos rectos del vientre bajo: temor 
profundo: calcar ios repetidos á lo largo déla esjina dor- 
sal be. 

Antiespn?modico3; revulsivos: ecsilantesi tónicos, prin» 
cipal mente el snfalte de quinina. Calida del ho:j><tal 6 
los 13 dias de Ih enfermedad , ,,,,,,,,, 137 

29. a Observación: calambres violentos: hemorragia oou- 
¿iderable por las superficies de la lengua y del fondo 
de la boo;<: delirio: movimientos nerviosos irregular* s: 
temblor convulsivo general cuando el enfermoso levan» 
taba: 61 trae ion tic sangre por la convectiva: desmayoc 
))icl helada. 

Ecait ntest purgantes: tónicos, principalmente el sul* 
fatc (i<; quinina. Salida del hospital á los SO dias de la 
enfermedad, ■, ,,>,>♦,,,>,,, , 139 

30." Y ultima observación*: ósea inspección anatómica do 
nn individuo que catando en perfecta salud se ahoguen 
el mar. &c, ,,,,,,,.,,,,,,, 144 

CAPITULO. IV-. rellecciones para probar que la cansa 
de la fiebre amarilla lleva su acción pi unitiva directa- 
mente al sistema nervioso, ,,,,-,,,, , , , 150. 

CAPITULO V: pi tei i.* yS. c variedad: mo- 

diic aciones vitales. Sintonías car.ictciisticos. Alteracio- 
nes orgánicas, i,,,,,,,.,,,,, 161, 

CAH'ilLO \1; segunda cls^e: 3. a y 4.* vaacc'ad; iao- 



dificnciones vítale?. Síntomas característicos. Alteraciones 
orgánicas ,,,,,,,,,.,,,,,,, 16?. 
'CAPITULO VII: tercera clase: 5. rt y 6. rt varioclad: mo- 
dificaciones vitalts. Síntomas característicos. Alienaciones 

_ flf^, * 8 »?»»»...*»»»»»•'.*»».■» J 74. 

•CAPÍTULO VIII: descripción y curación do la fiebre ama- 
rilla considerada de un modo general, ,,,,,, 179. 

CAPÍTULO IX: curación de la fiebre amarilla distinguida 

en seis variedades. —Curación déla 1. a variedad, ' , 189. 
Curación de la 2. * variedad, ,,,,,,,,, i91. 
id.de la 3. a id, ,,-, 5 ,,,.#>,, , 194. 
id. de la 4.* id, ,,,,,,,,,,,,, 197» 
id. de la 5. id, , , , , , , , , , , -, , , 199. 
id. de la 6 * id, ,,,,,,,->,,>>> 199. 

«CAPITULO X: inspecciones anatómicas- Alteraciones or~ 
gañirás probadas ó justificadas en los cadáveres de los 
sujetos mueitos de la fiebre amarilia, en Veracruz, en 
los meses de Julio y Agosto de 1826, , , , , , , 100. 

CAPITULO XI Del Contagio, ,,,,,,,,, 203. 

■CAPITULO XII. Ojeada sobre la ciudad de Veracruz y 
sobre, su territorio. Causas locales de la fiebre amarilla, 
m .dios p opios para destruirlas o a lo menos de desminuir 
su iiit a ncidad ,,,»,, >.>>>>>?> 227. 

■CAPITULO XIII Fortnilario de las medicinas que se han 

-u*ad» por el autor >«*»»,»»»»?»« 261. 



•©SMtfetfíX 



FE DE EnilATAS. 



Pág. Lín. 



D 



ice» 



Lea fe. 



53. 


9. 


cquimofes , , 


17. 


25. 


ó bien que 


46. 


lOyll 


orina, veinte y 


48. 


30. 


tadavéiaca , 


53. 


3. 


S.irá consigna 


72. 


5. 


conyuctiva , , 


73. 


2 


cnatro pnlsaci 


Id. 


18. 


las mañana. , 


74. 


15. 


mañava, , , 


76. 


4. 


EEcima , , , , 


78. 


9. 


espina; , , , , 


79. 


2. 


tiene sombrío , 


Id. 


12. 


mncosa uo , , 


82. 


4. j5. 


hipo el primer c 
el pulso , , , 


Id. 


23. 


violeta. , , , , 


84. 


5. 


ambulanles; , t 


86. 


4. 


músculos: , , f 


Id. 


25. 


purganle: , , , 


88. 


11. 


tensión , , , , 


91. 


11. 


espotanemente 


93. 


21. 


cu jeaones , 


96. 


34. 


*■' > t » > , > , 


Id. 


35. 


apzel , , , , , 


97. 


■ 7. 


obsevacion , , 


100. 


14. 


cuyo afesto , , 


103. 


4. 


Lepantes , , , 


105. 


15. 


quinioo , , , , 


109. 


4. 


oja« ,,,,,, 


111, 


li. 


del color de hi 



cuat 



ia; bat 



» > 

> > 



> > 

r > 

» » 

» > 



equimosis 

ó bien qué 

orina* veinte j cuatr* 

cadavérica 

Será consignada 

conjuntiva 

cuatro pulsaciones 

]a mañana. 

miñana 

Decima tercia 

espina: 

tinte sombrío 

mucosa no 

hipo: el primer día W 

tía el pulso 
Violeta 
ambulantes; 
muslos: 
purgantes; 
tensión; 

espontáneamente 
cuajarone» 
£1 
apre 

observación 
cuyo efecto 
Laxantes; 
quinina 
6or 
de color del higadf 



Pág. 



lín. 



D¡re. 



Léase. 



Id. 18 y 19. 



]O0. 


26. 




■H 


1 '. 


i : 


t: r. 


13 




30 


] ... 


20 




19 


1..2. 


1 




25 



i 0. 

Id. 

181. 

182. 
1,9,6. 

Id. 

Id. 

197. 
203. 

508. 
210. 
215. 
Id. 
2)6. 
224. 
227. 
230- 
532. 



convalecencia el 26 do 
Julio: ,,,,,,,» 



pnhacíanei ,,,,,, 

Cji)iili))ill.t , , , , , , , 

¡ft»»ó . ,,,,,,> 

■' idos: , > } > , » i 

I •■■,.,,,, > 

■'''■».,»,.» * > 

iciunés ,,,,,, 

fran ,,,,,,,,,, 

\ ¡USO, 

y también de co , , 



23. 
15. 

I<¡. 

17. 

9. 

11. 

12. 

14. 

23 y 24. 

4. 

20. 
19 y 20. 

1. 
19. 

8. 
15, 

1 

7. 
26. 

8. 



cmfermo , , , > 
bucmadalud , , > 
las enfermedad , 
estrailfa , , , , , 
lo , , , , , 
des prevenir , , 
ccitíte , , , , , 
< [erkato/6 , > , , 
tranforman , , , 
cadáveres muertos 



> > 
» t 

> ? 

y y 

> » 

y ¡ 

y y 

t > 

y y 

» > 



6JHO . » > > 5 ? > > > > 

ordiuari.»'lmedte , , , 
capitulo XII 1 . , , , , , 
Derero ,,,,,,,, 
omdémias ,,,,,,, 
de la enfermedad, , , 
capitulo XIII. , , , , 
eanocida ,,,,,,, 
justifícale, ,,,,,, 
la ignorancia délas le- 
yes >>-.;) t ¡ ) « 



convalecencia el 26 d» 
Julio, 28 do la <.*■ 
fera i d id 

pul? a: tí nef 

Quinina 
nua 

niuslu'- 

Deque as 

estado 
p<ilsa< iones 

han 

eminentemente «cjv- 
yiqso, y Uuibieu do 
co 

enfermo 

bncnn salud. 

lo enferme 
liada 

segundo 

de prevenir 

ecsiíto 

elementos 

trastornar 

cadáveres de los fNffc* 
tos muertes 

sin 

Ordinariamente 

capitulo XII 

Devcze 

epedémias 

de enfermedad* 

capitulo XI. 

conocida 

justificar, el 

las leve» 



Pág. Lín. 



Dice. 



Lcase. 



243. 24. lo cual 



248. 


25. 


rasgos , , 


249. 


6. 


desvastador 


251. 


25. 


el curo , , 


2.^6. 


6. 


umanidad , 


257. 


19. 


cubra , » > 


261. 


10. 


que indica 


263. 


6. 


el ectuarios 


264. 


5. 


plíldoras. , 



lo que 

rajos 

devastador 

el curso 

humanidad 

cubran 

que indica 

electuarios 

pildoras. 



■ r**> ¿^KK! 







! 




* 



#*