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Full text of "Tratado práctico de partos : que comprende las nociones más precisas sobre los accidentes y obstáculos que presentan y el reglamento de que habla la ley de 2 de marzo de 1852 : aprobado por el supremo gobierno del estado y por la Facultad médica para uso de las matronas"




Jját- 



SURGEON GENERAL'S OFFICE 

LIBRARY. 



Section, 



i 3—16 



FRANCISCO F. HUACÜJA 

MEDICO Y CIRUJÁBO. 



'- * • 



. . 









TRATADO PRACTICO 



®wn @®M£3PiaiiS5r®^ 



LOS ACCIDENTES Y OBSTÁCULOS 

QUE PRESENTAN 

Y EL REGLAMENTO DE QUE HABLA 

LA LEY DE 2 DE MARZO 

DE 1852. 

APROBADO POR EL SUPREMO GOBIERNO 
Y POR LA FACULTAD MÉDICA. 



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i bjlLt.'L • 



IMPRENTA DE 0. ORTIZ, PLAZUELA DE LAS ÁNIMAS^. 2. 



WV\4-t 

I í $1 



FACULTAD MEDICA 



Cumpliendo con lo dispuesto en 
los artículos 2?,3? y 4? de la 
ley de 2 de Marzo de 1852, revisó 
esta Facultad todos los tratados de 
JVUM. 11. Obstetricia ecsistentes, así nacio- 
nales como extrangeros, y no ha- 
biendo encontrado uno capaz de de- 
signarse para que sirviera de testo 
á las parteras del Estado, se es- 
pidió en el periódico oficial la con- 
vocatoria correspondiente, para que 
los profesores que quisieran presen- 
tar alguno, lo hicieran en los térmi- 
nos señalados en dicha ley. 

Solamente el Sr. profesor D. Joa- 
quín Mota correspondió á la invi- 
tación hecha, y en 19 de Enero del 
corriente año envió á la Facultad 
•el tratado que con anticipación te- 
nia formado, el cual ha sido escru- 
pulosamente revisado por cada uno 
de los miembros que componen la 
Corporación, y encontrándolo bas- 
tante bueno y acomodado á las cir- 
cunstancias requeridas, ha sido apro- 
bado por la Facultad en sesión de 
hoy, y se dispuso en consecuencia, 
remitirlo á ese Supremo Gobierno, 
manifestándole la mucha necesidad 
que hay de la publicación de una obra 
de esta clase, especialmente ahora 
que se está desarrollando el espíri- 
tu de o::tuc!io en las mugeres que 
se quieren consagrar á tan intere- 



sante cuanto difícil ramo. Acordó 
igualmente hacer presente al S. 
Gobierno que el espresado profesor, 
al prestar el importante servicio de 
que se trata, se ha hecho acredor 
á la recompensa demarcada en la 
precitada ley en su artículo 4 ? 

Tengo el honor de reiterar á V. 
S. mi consideración y aprecio. 

Dios y libertad. Morelia, Mar- 
zo 4 de 1853. 

José M. Cervantes 
Presidente. 

Antonio P. Mota 
Secretario. 

Sr. Srio. del Supremo Gobierno. 



Secretaría del Gobierno de Michoacan. — A la comuni- 
cación anterior recayó el acuerdo siguiente: 

"Morelia, Julio 1 ? de 1853.-Descanzando este Gobier- 
no en la opinión de la Facultad Médica del Estado aprue- 
ba para su publicación el tratado de Obstetricia forma- 
do por el profesor D. Joaquín Mota, á quien se darán 
las gracias por haber consagrado sus conocimientos á la 
formación de un libro cuyo objeto es tan útil á la hu- 
manidad. — Acúsese recibo y publíquese la obra en el fo- 
lletín del periódico, mandándose hacer en Méjico la lá- 
mina que le acompaña, por la escases de fondos en que 
se haya el Estado, razón por la que tampoco puede darse 
al profesor el premio de trescientos pesos de que habla la 
ley de 2 de Marzo de 52 y á que el Gobierno lo juzga muy 
acredor. — Dígase todo esto en contestacioná la Facultad 
Médica. — Y comuniqúese todo al Ministerio de Instruc- 
ción Pública para que el Exmo. Sr. Presidente se sirva 
disponer lo que á bien tenga para el pago del premio: 
de ello se dará también conocimiento á la Facultad Mé- 
dica." 

Es copia que certifico. Morelia Julio 11 de 1857. — 
Pascual Ortiz 



AL LECTOR. 



Llama ya la atención que el delicado cuan- 
to necesario arte de los partos, y por estension 
la medicación de las enfermedades todas de las 
mugeres, haya podido permanecer en esta ca- 
pital bajo el dominio de ignorantes imbuidas en 
las mas crasas preocupaciones. Esta conside- 
ración me decidió, cuando mi radicación en el 
lugar de mi nacimiento, á dar lecciones del 
ramo á señoras de buen trato y educación, y 
venciendo dificultades de las que no fué la 
menor que se tuviera esta comprometida pro- 
fesión por tan de baja esfera, como lo han si- 
do las que la han ejercido, conseguí al fin en 
848 que las recibieran cuatro señoras, mas co- 
mo no hay tratados ad hoc ó á lo menos al- 
gunos que he visto, no reúnen las circunstan- 
cias que yo deseaba, me fué preciso escribir 
aquellas lecciones. Hé aquí el origen del pre- 
sente tratado. 

Me propuse dar á conocer de los órganos y 
sus funciones, del desarrollo del producto de 
la concepción y de los fenómenos del parto, lo 
necesario para prestar con eficacia los auxi- 
lios necesarios en el parto ordinario, y prever an- 



tes que Dase inútilmente el tiempo, la gravedad 
del contranatural. Mi trabajo ha consistido en 
realisar el método del tratado que me ha pa- 
recido mejor para el aprendisaje, en entresa- 
car de las teorías la práctica, en simplificar 
ia doctrina y evitar en lo posible el tecnisismo 
para no hacer caer en la pedantería, y acomo- 
darse ala educación literaria actual de nues- 



tras mugeres. 



A las que se dediquen al ramo, no les exi- 
jo mas que una escrupulosa conciencia y un 
grande interés por su reputación futura: una 
reserva nunca desmentida, tal vez hasta con los 
padres de una hija desgraciada, en los asun- 
tos de honor que se les conñen; el recuerdo 
constante de que la ciencia está en conocer 
todas las circunstancias del caso para que se 
implora su saber, y no en aplicar muchos re- 
medios al acaso, con que descenderian á curan- 
deras: á remitir, desde que no se sientan su- 
ficientes para dominar un accidente, al que sa- 
be todos los medios de que se puede dispo- 
ner: el que conjuren la manía de pronosticar- 
lo todo, sin datos suficientes, porque nada 
compromete tanto como esto la dignidad de 
la profesión, principalmente en materia de par- 
tos en que pronto aparece ante todos la rea- 
lidad sin disimulo: y por último, el que no 
adopten, ni menos disputen sobre opiniones 
que no estén consignadas en este tratado, y 
que son las de los grandes maestros del arte. 

Bisoño en esta clase de trabajos acepto las 
discusiones que rectifiquen mi juicio y des- 
precio lasque injurien: me tomaré de la mano 
que me enderece y huiré de la que me hiera. 



HESPIDAS. 



Como hay necesidad de tener las dimensiones de los 
objetos que aquí se estudian, y es para el práctico un 
deber, que uno de sus utensilios sea una regla dividida, 
es preciso antes de entrar en materia, fijar este impor- 
tante punto. 

Como no hay un padrón fijo á que atenerse, respec- 
to de la vara mejicana, el primer pensamiento fué 
adoptar las medidas francesas, que ofrecen incontes- 
tables ventajas sobre cualquiera otra; pero por temor de 
una inovacion tan radical, se han adoptado aquellas me- 
didas tomadas del padrón que existe en la oficina del 
M. I. ayuntamiento de esta capiial, señalándolas otras 
abrasadas por paréntisis, y confesando la preferencia que 
se tiene por estas diremos: 

La vara se divide en 3 pies ó tercias, en 36 pulgadas 
y en 432 líneas; ó en 4 cuartas, en 48 dedos y en 480 
decimos. Por consiguiente el pié tiene 12 pulgadas la 
pulgada 12 líneas: la cuarta 12 dedos, el dedo 10 deci- 
mos. 

El metro se divide en 10 decímetros, en 100 centíme- 
tros y en 1,000 milímetros. 

Damos en seguida una tabla comparativa de una y otra 
clase de medidas, cuya representación se ve en las figuras 
1 .* y 2 .* 



Una vara mejicana tiene 736 milímetros 

Un pié... .... 279 " 

Una pulgada 23| 

Una línea lf 



Una cuarta ■ 184 

-I 



Un dedo ■ 17£ 

Undécimo lf 



Un metro tiene 1 vara 4 pulgadas. . . .3| líneas 

Un decímetro 4 " 4 " 

Un centímetro 5j 

Un milímetro poco mas de. ... . h 



TRATADO PRACTICO 



DE 



or>rfR ^3 <^£^ <Q»íIüIO £2^»o 



INTRODUCCIÓN, 



BSTETRIC1A ó TOCOLOGÍA, (tratado del 
&^¿$ parto) es aquel ramo de la Medicina que se ocu- 

<¡fe pa de todo lo concerniente al parto en la es- 

hP pecie humana. 

Parió, es una función animal por la cual es espuí- 
sado un feto vivióla fuera de las partes de la genera- 
ción. Se hacen varias divisiones de este acto; las ira- 
portantes serán espuestas oportunamente. 

Antes es preciso en una primera parte dar á cono- 
cer estas partes de la generación, los principales cambios 



que sobrevienen á la muger mientras se forma y crece 
en su vientre el prodacto de la concepción, asi como 
esta formación y este crecimiento, los signoB propios 
del embarazo, y en un apéndice algunas indisposicio- 
nes peculiares de las embarazadas. Con estos conoci- 
mientos preliminares ya podemos tratar en la segunda 
parte de los fenómenos que presenta el parto, de los 
cuidados que reclama y de los accidentes y obstáculos 
que suele encontrar. 





W&m X 3PM2IJEBA* 



SECCIÓN PRIMERA. 

Órganos de la inuger que concurren al parto. 

Unos están destinados á contener y espnlsar el pro- 
ducto de la concepción, y los otros forman el canal 
que le dá paso. Comenzaremos por los últimos. 



ARTÍCULO PRIMERO. 

De la Pelvis. 

La parte del esqueleto qne forma el canal que en el 
parto recorre el producto de la concepción, se llama 
Pelvis. Es una especie de canal curvo huesoso y li- 
gamentoso, de figura conoidea, aplastado de delante para 
atrás, cuya base mira hacia arriba y Adelante estando 
el vértico dirigido para abajo: está situado casi en la 
parte media del esqueleto. Tiene poca altura por delante. 



Superficie csterior.—A\ freme Fe observa: enraedio 
Ja marca anterior de la unión mutua de los dos hue- 
sos de las cadera?, que se llama sinfisis puviana, que 
vé para abajo y adelante: á cada lodo de ésta una su- 
perficie lisa que se llama puvis ó empeine, sobre Ins 
que están las espinas puvianas, efdera un agujero trian- 
gular, llamado subpnviano, obstruido por una membrana 
resistente, menos en la parte superior donde queda un 
pequeño canal para el paso de nervios y vasos: la par- 
te inferior del agujero está formado por el brazo is- 
quio-puviano: mas afuera está una cavidad que recibe 
la cabeza del hueso del muslo, arriba de la cual está 
por la parte de adentro la eminencia ilio-pectinea, y 
por la de afuera la espina iliaca üntcro inferior un borde 
vertical, la espiyia iliaca ántero- superior, y la cresta 
iliaca, que es un borde convecso para arriba y contor- 
neado en S: abajo de la cavidad está la gruesa tube- 
rosidad sciática. Por detras se observa: afutra la es 
pina sciática, los ligamentos sacrosciáticos, y dos 
agujeros que contribuyen á formar, atravesados por ner- 
vios y vasos: arriba de estas portes una superficie cón- 
cava, llamada fosa iliaca esterna, en la que se alan 
los estremos superiores de los músculos de la nal^a(l): 
dentro, en donde termina por detras la cresta iliaca, 
descrita antes, las espinas iliacas, postero-superior y 
postero-inferior: sigue la señal posterior de la unión 
del hueso sacro con el de la cadera del lado correspon- 
diente que se llama sinfisis sacro-iliaca: una fila de 
pequeñas eminencias, arriba de las cuales están dos hun- 
dimientos en que se implantan los li »amentos sacro- 
iliacos posteriores: mas adentro una superficie acanala- 
da, en cuyo fondo hay cuatro agujeros: por último, 
enmedio se miran tres 6 cuatro eminencias menos sa- 
lientes á proporción que son mas inferiores, que for- 
man el fin de la larga cresta que comienza en la nuca 
sigue por detras hasta allí y que se llama vulgarmente 
espinazo, abajo está la terminación del canal que atra- 
viesa de arriba para abajo al hueso sacro: á sus lados 

(1) Músculos son unas partes del cuerpo compuestas en su ma- 
yor parle de lo que vulgarmente se llama curne. los cuales se 
contraen para producir un movimiento » un esfuerzo. 



se ven los cuernos del sacro, abajo |a señal posterior 
da la unión de esta hueso con el coccis llanada sin- 
fisis sacro- coccígea, los cuer?ios del coccis, la cora pos- 
terior y la punta tío esta hueso. 

Superficie interior. — Estudiaremos snccesivomente 
gran pelvis, el estrecho superior, la peqneña pelvis y 
el estrecho inferior. 

Primero. La gran pelvis es la parta que queda so. 
bre el borde que forma el estrecho superior. Es una 
cavidad incompleta que no tiene pared anterior hue- 
sosa, sino que la forman paites blandas; las laterales 
son dos escavaciones triangulares denominadas fosas ilia- 
cas internas, cada una está llena con un múdenlo, y 
la posterior está formada por el cuerpo de las últimas 
piezas del espinazo en la parte media, y á los lados 
por dos superficies acanaladas ocupadas por otros tan 
tos músculos que descienden, avanzan para adelante y 
se abren al mismo tiempo, de modo de venir á unirse 
con la paite anterior de los de las fosas iliacas internas. 

Segundo. El e-tiecho superior es un boide que se 
observa abajo de la eran pelvis. Tiene en la inuger 
la figura de un triángulo curbilíneo de ángulos redon 
deados, cuya base es posterior: está formado de delanio 
para atrás, por todo el borde superior de los pnvis, por 
¡as eminencias ilio pectinea*, por los bordes que limitan 
inferiormente las fosas iliacas internas, por los bordes 
que forman anteriormente las partas superiores de los 
lados del sacro, que constituyen sus aletas, y por una 
gruesa eminencia compuesta por el cuerpo de la áni- 
ma piezi del espinazo y la parte superior del hueso 
sacro, y llamada ángulo sacro-vertebral ó promontorio 
de los parteros. 

Es de la mas alta importancia precisar la inclinación 
natural de su plano y de su eje así como la eHension 
de sus diámetros] pneí una variación notable respecto 
do lo natural en estas consideraciones es un obstácu- 
lo para el parto, ó motivo de accidentes mas ó menos 
graves. El plano del estrecho superior, e'i decir, ¡a su- 
perficie que toca los puntos de su contorno, está diri- 
jido oblicuamente para arriba y adelante: el «indo de 
oblicuidad ha tenido varias opiniones; peto hoy *e ad- 



—6— 
mite que el ángulo que forma con una línea horizon- 
tal, (la cual tirada del borde superior del pnvis para 
atrás pasa poco roas ó menos entre la 1? y la 2& pie- 
za del cóccix) es de 55 á 60 grados estólido parada 
la muger (1) (Naegele). El eje, es decir la línea que 
pasa perpendicularmente por el centro del plano tiene 
con una linea vertical la misma inclinación que la del 
plano con la horizontal y es una línea que comienza 
en el ombligo y termina entre la 2a y la 3? pieza del 
coccis. Las diversas actitudes de la muger hacen cam- 
biar la inclinación del estrecho. Los diámetros, es de- 
cir, las líneas que dividen en dos partes iguales una 
circunferencia, que mas importa medir del estrecho su- 
perior son el ántero-posterior ó sacro-jmviano que va 
de la parte superior de la sínfasis puviana, al promon- 
torio tiene 4 pulgadas9 líneas á 5 pulgadas (11 á 11^ 
centínetros), el trasverso 6 bis-iliaco, que va del medio 
del borde inferior de una fosa iliaca interna al mismo 
punto del de la otra, tiene 5 pulgadas 10 líneas (13{ 
centímetros), el oblicuo izquierdo que parte de la eminen- 
cia ilio pectínea izquierda para la parte superior de la 
sínfisis sacro-iliaca derecha, y el oblicuo derecho que 
está entre la eminencia ilio-pectínea derecha y la sin- 
fisis sacro-iliaca izquierda tiene cada uno 5 pulgadas 
9,\ líneas (12 centímetros). La circunferencia del estre- 
cho superior tiene de 14 pulgadas 9 líneas á 18 pul- 
gadas y media (34 á 43 centímetros) de estension. 

Tercero. La pequeña pelvis ó la escavacion pelvia- 
na es una especie de anillo angosto por delante y roas 
y mas alio por los lados y por detras, teniendo 1 pul- 
gada 9 líneas en la síníisis (4 centímetros), 4 pulgadas 
9 líneas por detras en línea recta (U centímetros) y 5 
pulgadas 10 líneas (13 y f) siguiendo la curba que ofre- 
ce. Comienza en el estrecho superior y termina en el in- 
ferior: es mas ancho trasversalmente que de delante para 
atrás en su porción superior, en la inferior sucede lo con- 
trario. Ofrece: en la parte anterior la señal posterior de la 
sínfisis pnviana sobresaliendo enmedio longitudinalmente, 
una superficie plana, los agujeros sub-puvianos con su 

(1) Recordaremos que el cuadrante está dividido en 90 grados. 



membrana y canal superior, y los brazos isquio-pnvianos: 
por cada lado dos portes muy distintas, una huesosa 
hacia abajo y adelante, en cuya parte posterior se vé 
la espina sciática, y en la inferior la tuberosidad sciá- 
lica, y la otra ligamentosa hacia arriba y atrás, forma- 
da por las caras interiores de los ligamentos sacro- 
sciáticos, en donde se ven los dos agujeros ya descri- 
tos: por detras, una superficie plana superiormente y 
cóncava de arriba para abajo inferiormente que mira 
para abajo, está formada por las caras anteriores del 
sacro y del coccis, y presenta á lo largo de su parte 
media cuatro líneas trasversales y salientes, indicando 
las soldaduras de las piezas que componen el sacro en 
la infancia, la señal anterior de la sínfisis, sacro-cocci- 
gea, tres ó cuatro líneas trasversales entrantes sobre el 
coccis, y su punta: al lado de estas partes cuatro agu- 
jeros que comunican con el canal del sacro y con los 
posteriores correspondientes y están atravesados por ner- 
vios: afuera de ellos una superficie desigual para la 
inserción de un músculo, un plano inclinado para aden- 
tro y abajo y la señal anterior de la sínfisis sacro-iliaca. 

Varios planos tiene la cavidad que describimos, tocán- 
dose por la parte anterior (figura 3&): se conciben las 
direcciones de los ejes de cada uno, cuyas porciones 
que se tocan forman el general de la pequeña pelvis, 
es decir, una línea recta superior unida á unacurba in- 
ferior de concavidad anterior. Los principales diámetros 
de la parta media de la escavacion son el ántero. pos- 
terior de 5 pulgadas 2\ líneas á 5 pulgadas 8 líneas 
(12 á 13 centímetros), el trasversal, el oblicuo izquierdo 
y el derecho de 5 pulgadas 2\ líneas cada uno (12 
centímetros.) 

Cuarto. El estrecho inferior ó perineal, es el borde 
con que termina inferiormente la pelvis: es de figura 
ovalada interrumpida atrás por la salida que hace el 
coccis, la cual se borra en el parto, porque 6e endere- 
za este hueso. Está formado por la parte inferior de 
la sínfisis puviana, los brazos isquio-puvianos, volteados 
para afuera en la muger, las tuberosidades sciáticas, so- 
bresaliendo muy abajo del plano del estrecho, el borde 
inferior de los grandes ligamentos socro-sciáticos y 



—8— 

la punía del coccis. La grande escotadura que se ob- 
serva por delante, formada por los brazos isquo-puvianos 
ha recibido el nombre de arco puviano, es una espe 
cié da puente de 4 á 4¿ pulgadas (9 á 9\ ceniíu). 
de ancho en la base, de 11 á 2 (¿h á 4 centím.), 
en el vértice y de 2?,- (5£) de altura poco mas ó me no*. 

El plano del estrecho "inferior, estando recto el coc- 
cis mira para abajo y un poco para adelante, forman- 
do con la horizontal un ángulo con¡o de 11 grado''. 
El eje (que es una línea que descendiendo de la par- 
le superior del sacro pasa perpendicularmento por el 
medio del espacio bis-ciático), ofrece con el del cuerpo 
la misma inclinación que el plano con la horizontal, y 
corta en la escavacion el del estrecho superior, bajo 
un ángulo obtuso de seno anterior. Los diámetros im- 
pórtenles son el áutero. posterior ó cocci-puviano, que 
mide la distancia de la punta del coccis á la p;ute in- 
ferior de la sínhsis pnviaun, el trasverso ó bis-ciático, 
que va de una tuberosidad sciálica á la otra y los obli- 
cuos izquierdo y derecho que comienzan en el medio 
del borde inferior del brazo isqoio-pnviano respectivo, 
y terminan en el medio del borde inferior del gran li- 
gamento sacro-sciático del otro lado: el primero, estan- 
do recto el coccis, tiene 5 pulgadas 2\ líneas (I2cen- 
tira.) y los demás 4 pulgadas 9 líneas (11 centím.), 
aumentando los oblicuos media pulgada (1 centím.) poi- 
que en el parto cede la elasticidad de los ligamentos 
á la presión del futo. 

Composición. — La pelvis está formada adelante y á 
los lados por dos huesos que se llaman iliacos, coxa- 
les ó de las caderas, atrás por las últimas piezas del 
espinazo, el sacro y el coccis, y ademas por los varios 
medios que unen estos huesos. 

Los iliacos son dos huesos encorbados en dos sen- 
tidos, estrechos en su parte media y unidos entre sí 
en su estremidad ántero-inferior que es una superficie 
lisa y ovalar y con el sacro posteriormente, en una su- 
perficie de figura de media- luna. El sacro, que eslá 
engastado como cuña entre la parte posterior de los 
huesos iliacos, es triangular de base superior, y de vér- 
tice encorbado para adelante: se une á los iliacos por 



—9— 

una superficie somi-lunar, que hay en la parte superior 
de sus lados: á la última pieza del espinazo por una 
superficie ovalar que se vé inclinada para atrás en el 
medio' de so base, y con el coccis por uiui carita ova*- 
lar del vértice, dirigida para atrá?. Se llama coccis á 
la reunión de tres ó cuatro piezas hnesoaas, colocadas 
unas sobre otras; es triangular y está debajo del sacro, 
cuya curba prolonga, tocándolo por una superficie ovalar. 

Las coyunturas (articulaciones) de la pelvis, que per- 
tenecen á !a clase de sinfisis y aun de artrodias, se- 
gún algunos anatómicos, consisten en las dos superficies 
de cada hueso respectivo, aproximadas una á otra, re- 
vestidas de un cartílago liso (l) entre las que está in- 
terpuesta una bolsa sinovial (2) que al fin de la pre- 
ñez contiene bastante líquido, y rodeadas de ligamen- 
tos (3) especiales á cada coyuntura. 

En la sínn%is puviana, son convecsos los cartílagos 
que revisten las superficies ovalares del puvjs, lo que 
hace que solamente se toquen por detrás, quedando por 
arriba, por delante y por abajo una hendidura ocupa- 
da por el ligamento inter-puviano, que está compuesto 
de fibras entrelazadas, que pasando de una espina pu- 
viana á la otra y de uno á otro lado de la parte an- 
terior de la i-ínfisis y superior del arco puviano, for- 
iuan lo que se ha llamado ligamento puviano superior, 
puviano anterior y puviano inferior ó siib-puoiano. 

En las sinfisis sacro-iliaca9, son delgados los cartíla- 
gos, que revístenlas caras semi-lnneres que hemos he- 
cho notar en los huesos sacro é iliacos, principalmente 
los de éstos y su forma se acomoda perfectamente á 
las desigualdades de las superficies huesosas. Los li. 

(1) Bajo el nombre de cartílago se conoce un tegido un poco 
mas blando que el del hueso, blanco, medio trasparente y for- 
mando una capa mas ó menos gruesa y fácil de separarse sobre 
la parte de los huesos que forman una coyuntura. 

(2) Bolsas sinoviales, son unos sacos blancos, lisos por dentro, 
llenos de un humor claro y espeso que humedece la superficie 
de los huesos de una coyuntura en que se verifican estensos mor 
vimientos para facilitarlos. 

(3) Ligamentos, son unos cordones ó láminas blancos ó ama- 
rillos, elásticos ó nó, formados de fibras dispuestas de varias ma- 
neras, v sirviendo para unir los huesos entre sí. 

2 



—10— 
gamentos que la afirman son: el gran ligamento sacro- 
sciático, ó posterior que es ancho, triangular, mas es- 
treno en el medio que en sus estretnos, nace del largo 
borde que hay desde la espina postero-superior hasta 
la extremidad del cocéis, por fibras que se cruzan á la 
mitad de su camino, y ensanchándose de nuevo, termina 
en el borde interno de la tuberosidad sriática: el peque- 
ño ligamento sacro -sciático 6 anterior, que mas peque- 
ño y de la misma forma que el grande, y situado de. 
lante de él, nace de la parte anterior de los bordes 
cortantes del sacro y del cocci*, y acercándose sus fibras 
termina en la punta de la espina sciálica: y los liga- 
mentos sacro-iliacos posteriores que son unos cordones, 
situados oblicuamente en la parte posterior de la co- 
yuntura, implantándole uno desús estreñios en el hueso 
iliaco y el otro en los tubérculos del sacro; solamente 
uno, que sin motivo se habia considerado aparte bajo 
el nombre de sacro- espinoso, es vertical, partiendo da 
la espina iliaca postero-superior, para terminarse enfiente 
del tercer agujero posterior del sacro. 

En la sínfisis sacro-coccigea algnnas fibras cruzan de 
arriba para abajo la coyuntura en su parte anterior y 
en su posterior bajo el nombre de ligamento sacro 
coccígeo anterior y sacro-coccigeo posterior. 

La pelvis se une con la columna espinal,' por todos 
los medios de unión de la última pieza del espinazo 
con el sacro, que siendo los mismos de las piezas de 
la columna entre sí, importan poco á nuestro objeto: por 
el ligamento ilio-lombar, que es un cordón que nace 
en la eminencia trasversal de la última pieza del es- 
pinazo y termina en la parte mas gruesa de la cresta 
ilíaca: y por el ligamento ilio-vertebral, que parte del 
cuerpo de la misma pieza en dos manojos y termina 
en el hueso iliaco. 

Los movimientos de las coyunturas de la pelvis son 
bastante estensos durante la preñez. 

Pelvis revestida de las partes blandas. —Hasta aquí 
hemos estudiado la pelvis en esqueleto: en la muger 
viva hay que tener presento las partes blandas que !a 
cubren ó encierra. En el borde superior de las crestas 
iliaca?, y anterior del estrecho superior están colocados 



—II— 

los músculos anchos que forman las paredes del vien- 
tre, cuyas contracciones concurren á la espuision del 
feto: los músculos que vienen de los lados del promon- 
torio á unirse á la parte anterior de los de las fosas 
iliacas internas ya mencionados, le dan al estrecho su- 
perior la misma figura de triángulo curbilíneo; pero se 
hace anterior la base, y ademas, acortan en 8 líneas 
(li cent.) su diámetro trasversal: en la parte posterior 
de la escavacion, inclinado al lado izquierdo, existe el 
intestino recto, y detrás del puvis la vegiga de la orina 
y los tegidos que unen estas partes; lo cual hace que 
se acorten los diámetros antero-posteriores de la esca- 
vacion: por último, el estrecho inferior está cerrado por 
una especie de tabique llamado perineo, del cual tene- 
mos que hablar después. 

Usos.— Siendo la pelvis la base del tronco, soporta 
el peso del cuerpo, para lo cual, según Desormaaux, 
se puede considerar como un anillo descompuesto en 
dos arcos uno postero-superior, recibiendo el peso, y el 
otro antero-inferior, sirviéndole de puntal, sostenido por 
los miembros inferiores: protejo también la vegiga, 
el intestino recto, y los órganos genitales internos, con- 
tra los agentes esteriores de destrucción: y en la preñez, 
sostiene al útero lleno con el producto de la concep- 
ción: y en el parto dá paso al feto. 

ARTÍCULO SEGUNDO. 

De las partes de la generación. 

Procediendo del esterior psra el interior describiremos: 
el Monte de Venus, la Vulva, ti Perineo, \* Vagina, 
el Útero, las Trompas uterinas y los Ovarios. 

§1. 

Monte de Venus.— Empeine. 
Es una eminencia redondeada, mas 6 menos saliente, 
según la gordura del individuo, situado delante del pu- 
vis y sobre la Vulva, formada por los huesos, la grsza 
que los cubre y la piel bastante gruesa en estaparte, 
elástica y cubierta de polo en la rouger adulta. 



—12— 
§11. 

Vulva- — Pudendum. 

Esta es una hendidura casi horizontal (1) dirigida de 
delante para atrás, situada en la línea media, abajo del 
tronco, limitada adelante por el empeine, atrás por el 
Perineo y á los lados por los muslos (figura 4 a ). Pre 
eenta: 

Primero.— Los grandes labios, que son dos repliegues 
cutáneos, mas gruesos por delante que por detrás, que 
parten del Monte de Venus paro atrás, separándose gra- 
dualmente uno de otro, para volverse á unir en su 
terminación donde forman la horquilla: por fuera están 
formados por piel cubierta de pelo en In puvertad, y por 
dentro por una membrana mucosa (2) de color rosado, 
húmeda y lisa. 

Segundo. — Los pequefios labios ó ninfas, bajo la for- 
ma de dos hojitas parecidas á la crestado un pollo; na- 
cen de la parte media del interior de los grandes labios, 
se dirigen para adelante acercándose, hasta el clítoris, 
donde se bifurca cada uno, atándose el brozo posterior 
á dicho clítoris, y contorneándolo el anterior para unir- 
le hacia adelante con el del otro lado. Se forma en 
ellos una materia cebaren irritante y de un olor fuerte. 
En nuestras indígenas, sobresalen por delante los peque- 
ños labios á los grandes y son de color moreno oscuro. 

Tercero. — El Clítoris, que es un pequeño tubérculo, 
6Ítnado á media pulgada (1 centím.) atrás de la con- 
misura anterior de los grandes labios: está dirigido pa- 
ra adelante y tiene en pequeño la forma del miembro 
viril: nace de los brazos isquio-puvianos por dos raí • 

(1) En algunas mugeres, estando menos inclinada la pelvis 
que de ordinario, es mas vertical la vulva, y ha sucedido que 
el parto se haya verificado haciendo el feto un agujero en el 
perineo. 

(2) Membranas mucosas se llaman las cubiertas mas interio- 
res de los órganos huecos, de color rosado por lo común, sen- 
sibles y humedecidas por un humor espeso y claro que ellas 
mismas forman. 



—13— 

ees que se dirigen para adelante y adentro hasta unirse 
al mvfcl de la sínfHs puviana: la \ifurcacion de los pe* 
queños labios le forman una especie de capuchón que 
ha recibido el nombre de prepucio del clítoris. De la 
sínñsis puviana porte su ligamento suspensorio- Es 
capaz da erección: es muy largo en algunas tnugeres, 
dícese haberle dado ejemplares hasta de 5 pulgadas 8 
líneas (13 centím ) 

Cuarto. — Un pequeño espacio triangular limitado ade- 
lante por el clítoris, atrás por el meato urinario y á 
los lados por las ninfas, que se llama Vestíbulo. 

Quinto. — Una abertura redondeada, situada detrás del 
vestíbulo á una pulgada (2\ centím.) del clítoris, é 
inmediatamente adelante del vulvo de la vagina, que 
es el meato urinario- 

Sesto. — La entrada de la vagina ó abertura vulvo- 
vaginal que es un orificio casi circular, de dimencion 
variable, situado detrás del meato urinario. Kn las vír- 
genes, cuando no ha sido destruido por alguna causa, 
está mas ó menos cerrado por un tabique en formada 
media-luna, que se desprende de su parte posterior, cu- 
yo borde anterior y libre es cóncabo y que se llama 
Hymen: en las no vírgenes, con muy poras esce pelo- 
nes, está roto el Hymen, viéndose á los lados del ori- 
ficio de dos á cinco cicatrices en forma de tnberculi- 
llos que se denominan carúnculas mirtiformes. 

Sétimo.— Por último, un hundimento de 8 líneas (1^ 
centím.) á lo mas, limitado atrás por la horquilla y 
adelante por el Hymen, que constituye la/osa navicular, 
y desaparece en las que han parido. 

§ III. 

Perineo. 

Este es una especie de tabique horizontal en forma 
de media-luna que se fija en el contorno del estrecho 
inferior y de parte de la escavacion, abraza la p«i te pos- 
terior de la vulva y está compuesto de la piel y tres 
tabiques fibrosos, superior, medio é inferior, en cuyos 
intervalos se encuentran vasos, nervios, músculos y otros 



—14— 
órganos. La estension antero-posterior del perineo es 
de 3 pulgadas y media, habiendo 2 de la punta del coc- 
éis al ano, y de aquí 6 la horquilla 1¿: en el parto 
se extiende basta medir 4 pulgadas 4 líneas y hasta 5 
pulgadas 2$ líneas (10 hasta 12 centím.), lo cual pro- 
longa la curva posterior de la escavacion y hace variar 
la dirección del eje del estrecho inferior: el grueso ee 
mucho mayor en los lados que en el medio, en donde 
es do 1 pulgada 9 líneas (4 centím.) hacia atrás (Blandin). 

$ IV. 

Vagina. 

La vagina es un conducto membranoso, situado en 
la escavacion pelviana, entre la vegiga de la orina y 
el intestino recto, y extendiéndose desde la vulva hasta 
el útero: (figura 5») es encorbada en la dirección del 
eje de la escavacion, de modo que la concavidad vé 
para adelante: se le dá una longitud de 4 pulgadas 9 
líneas ¿ 6 pulgadas (11 á 13 centím.), según las mu- 
geres (en nuestras indígenas me ha parecido notar ma- 
yor largo y amplitud); su orificio inferior es mas estrecho 
qoe el superior y su parte media es muy amplia prin- 
cipalmente en las que ya han parido: las paredes son 
blandas y aplanadas de delante para atrás. La cara es. 
tenor de la vagina está en relación por delante con 
el fondo bajo de la vegiga de la orina y s u canal (uretra) 
por detrás con el intestino recto, estando superiormen- 
te interpuesto un doblez de la membrana que entapiza 
todos los órganos del vientre (peritoneo): la parte supe- 
rior de sos lados recibe los ligamentos anchos: la cara 
interior, es rosada y pulida; presenta á lo largo de la 
parte media de la pared anterior una arruga 6 cresta 
y otra menos marcada en la posterior que se llaman 
columnas de la vagina] de éstas parten mu -has tras 
versales, mas notables en la entrada de este conducto 
íormando el Uño de la vagina, que easi únicamente 
se observan en las vírgenes: hay también en la pared 
anterior, inmediatamente detrás del meato urinario entre 
las raices del clltoris, una especie de entumecimiento 



—19— 
áspero, compuesto de vasos dilatable, que comunican 
con los del clítoris, que se llama vulvo de la vagina: 
la uretra está íntimamente unida á él: las estremidades 
de la vagina están cortadas oblicuamente, la superior 
para abajo y adelante, la inferior para arriba y adelan- 
te, de donde resulla que la pared posterior es mas larga 
que la otra, la Sra. Boivin cree que la diferencia es 
de dos quintos: la superior abraza el cuello del útero, 
resultando dos recodos, uno posterior profundo y uno 
anterior mucho menos; la inferior 6e continua con la 
vulva. 

La vagina está formada de tegidos muy estensibles, 
y se sostiene, manteniendo 6U forma, por los ligamen- 
tos anchos que hemos dicho, se fijan á los ludos de 
bu parte superior. 

§ V. 

Útero. — Matris. 

El Útero ó matris es un órgano [iupco, de figura da 
pera, aplastado de delante para atrás, Mt.iadoen la parte 
media del estrecho superior, en la dirección de su eje, 
de modo que forma con la vagina un ángulo obtuso 
de seno anterior; de 3 pulgadas á 3| (7 á 8 centím.) 
de largo, pulgada y media á pulgada tres cuartos (3£ 
á 4 centím.) de ancho en el fondo, y e'ii el cuello 
casi 8 líneas (1¿ centím.); sin embargo de que su ta- 
maño varía por muchas causas, así, al aproximarse la 
menstruación está aumentado. 

Su cara esterior presenta una superficie convecsa pa- 
ra adelante, en relación con la vegiga urinaria, otra 
posterior que lo es mas, en relación con el recto, 6 
asas de intestinos que se interponen entre ellos, e\ fon- 
do del útero, convecso, mirando para arriba y adelante, 
cubierto por intestinos, y no sobresaliendo mucho sobre 
el plano del estrecho, para que pudiera palparse por 
el vientre, dos bordes laterales que dan inserción á los 
ligamentos del útero; dos ángulos en la unión de los 
bordes con el fondo, y una estremidad inferior, sepa- 
rada del cuerpo del útero por una cintura estrecha que 



—16— 
fe llama cuello del útero, cuyo estudio es de lo mas 
necesario. 

En la unión de su tercio medio ron el superior está 
abrazado por la vagina, que desciende mas por delanto 
que por detrás, de modo que entru en este conducto, 
y queda sobre la mitad inferior de la oscavecion lige- 
ramente dirigido pura atrás. En las que no han pa- 
rido es mas grueso enmedio que en sus extremidades, tiene 
de l á \\ pulgadas (2£ á '¿\ centím.) de largo y de 
ancho en su parte media 10 líneas (2 centím.) trasver- 
salmeóte y 8 (1^-) de delante pa-a atrás: su extremidad 
inferior que es muy delgada y se llama hocico de tenca, 
presenta una hendidura trasversal que le divide en dos 
labios, uno anterior mas grueso y el otro posterior: en- 
tre los dos hay un orificio, que cuando consigue el 
dedo encontrarlo, dá la sensación que con el mismo 
dedo produce la punta de la nariz (Dubois): en las que 
ya han pando es muy variable su longitud, siendo en 
general tanto mas corto, cuantos mas partos fe han ve- 
rificado: su figura no es menos variable, se enancha 
mas el hocico que lo demás; ya no es liso sino con mas 
ó menos abolladuras que no son otra cosa que cica- 
trices de las roturas que sufre en el parto, te notan 
mas en el orificio, el cual se deja penetrar con facili- 
dad por la extremidad del dedo. 

La cara interior del útero es lisa, forma una muy 
pequeña cavidad relativamente al volumen del órgano, 
pues no pasa en general del tamaño de una haba: está 
dividida en dos casillas por un ligero estreñimento que 
hay al nivel del esterior notado antes; la superior lla- 
mada cavidad del cuerpo del útero, que es triangular 
de base superior, de paredes anterior y posterior conti- 
guas: cada ángulo ofrece un orificio, los dos superiores 
y laterales, apenas visibles y en forma de embudos, co- 
munican con los canales de las trompas uterinas^ y 
el inferior formado por el estreñimento, establece la co- 
municación de esta cavidad con la otra que se llama 
cavidad del cuello^ tiene la forma de un huso, aplas- 
tada de delante para atrá9, ofrece como la vagina ru- 
gosidades verticales y trasversales y comunica con ella 
por el hocico de tenca, 



—17— 

El útero se mantiene en su posición ordinaria y no 
se disloca con frecuencia, por los ligamentos anchos, 
redondos, útero-sacros y otros anteriores tan insigni- 
ficantes, que no merecen descripción. 

Ligamentos anchos.— La membrana que hemos dicho 
cubre parte de la cara posterior de la vagina y el intestino 
recto, envuelve lascaras posterior, superior y anterior del 
útero, y prolongándose para los lados, se encuentra la 
parte anterior con la posterior y forman un tabique 
trasversal puesto de canto con el nombre de ligamen- 
tos anchos (figura 6 a ). Se estienden de los bordes del 
útero y parte superior de la vagina á las fosas iliacas 
internas; en la cara anterior hay un pequeño repliegue, 
debajo del cual camina el ligamento redondo; en la pos- 
terior otro que contiene el Ovario y su ligamento: es- 
tos repliegues se llaman aletas; el borde superior es libre 
y aloja en su dobles la trompa uterina respectiva: in- 
feriormente se desdobla el ligamento, para adelante y 
para atrás para subir y envolver los órganos y pare- 
des del vientre. 

Ligamentos redondos.— -Nacen del útero un poco aba- 
jo y adelante del nacimiento de las trompas uterinas, 
se dirigen bajo el repliegue anterior del ligamento an- 
cho para adelante, arriba y afuera y salen por encima 
del puvis al Monte de Venus, donde se pierden así 
como en los grandes labios, son redondos, y según Ro- 
senberger, musculares. 

Ligamentos útero- sacros. —La Sra. Boivin dice que 
nacen de la parte posterior y media del cuello del útero, 
y dirigiéndose para atrás, se fijan en los bordes late- 
rales de la parte media del sacro, levantando el peri- 
toneo. Son redondos y fuertes: los describe Santorini; 
pero después habian escapado á la sagacidad moderna. 

§ VI. 

Trompas uterinas 6 de Falopio- 

Son dos conductos finos colocados en el borde supe- 
rior de los ligamentos anchos, nacen -por un orificio 
■estrecho de los ángulos laterales del útero, con cuya 



—18— 
caridad comunican, se dirigen para afuera ensonchán- 
dose, se encorban pnra otras y adentro, como á los dos 
tercios de la longitud de los ligamentos anchos, y se 
terminan por una estremidad dilatada y recortada en 
franjas desiguales que ha recibido el nombre de pave- 
Ihn de la trompa 6 franjeado, so dice que la franja 
mas larga está prendida al Ovario correspondiente. Por 
esta parte comunica la trompa con la cavidad del peritoneo. 

\ VIL 

Ovarios. 

Estos son los órganos que contienen los huevecitos que 
producen nuevos individuos. Son do9, uno de cada In- 
do, ovoideos, aplastados de delante para atrá*, de color 
blanquecino, rugosos, de tamaño variable y situados de- 
trás y on poco abajo de las trompas, bajo el replieo-ue 
posterior del ligamento ancho. Están formados do una 
cubierta densa unida íntimamente al peritoneo, de un 
tejido espongioso en que existe cierto número de cavidades 
pequeñas que contienen unas vegiguitas llamadas hue- 
vecitos de Graaf, en la superficie del Ovario sobresa- 
len los roas gruesos y maduros, y se ven también, ci- 
catrices ncgrnscas, así como una especie de tubérculos 
morado-aroarillentos, coya existencia no tiene relación 
con la fecundación. 

Los huevecitos son unas vegiguitas que constan de 
una cubierta compuesta d« cuatro capas, de las que es 
granulosa la interior, y mas gruesa hacia el luaar en 
que está alojado el óvulo, contiene á este y un" líqui- 
do espeso y claro. El óvulo, situado enmedio de la 
reunión degranulaciones refendadas, aparece el micros- 
copio como un cuerpo opaco, bañado por el líquido del 
huevecito, redondeado, de un décimo de línea de tama 
ño (figura 7?) y compuesto de una vegiguita trasparente 
que contiene una materia amarillo, que se ha compa- 
rado á la yema de huevo, y otra vegigoita enmedio de 
esta materia, semejante á la que hay en los demás hue- 
vos, es decir, sin color y encerrando un liquido po> 
locouaun limpio, rerocontcniéudo algunas veces granulos- 



—19— 
finalmente en un punto de sus paredes hay una man- 
cha oscura que se llama mancha germinativa. 

Las vegiguitas de Graaf están destinadas á contener 
el óvulo, nutrirlo y disponerlo para que sea fecundado; 
ademas es considerado hoy como causa de los fenóme- 
nos menstruales; de modo que no solo los animales oví- 
paros ponen sus huevos espontáneamente, sino también 
los mamíferos; así es que en cada época menstrua!, 
se hincha una vegiguita, sobresaliendo en el Ovario, 
se derrama sangre en su interior, se rompe y deja es. 
capar su óvulo, que pasa al peritoneo ó al útero; lue- 
go se destruye, dejando en el Ovario una cicatriz con 
su mancha negrusca y formándose un cuerpo morado- 
amarillento. 

Los ligamentos del Ovario, son dos cordones qoe 
parten de la estremidad interna de estos órganos, para 
adelante y se terminan en la parte postero-superior del 
útero. Los anatómicos modernos no creen que son hue- 
cos estos ligamentos; sin embargo en los cuadrúpedos 
forman un canal que se abre en la vagina, y en ia mu- 
ger ya se han presentado ejemplares de esta disposición. 








SECCIÓN SEGUNDA 



De la gestación. 

Conocida la parte de la Anatomía que tiene relación 
con la Obstetricia, estudiaremos el embarazo. El esta- 
blecimiento de la menstruación es el indicio de la fe- 
cundación en la muger, esto es, de los trece á los 
quince años, y en nuestros departamentos meridionales 
de los once á los trece (1). Para que haya fecundación 
6 concepción es indispensable que en la copulación ó coito, 
el principio fecundante del hombre so ponga en con- 
tacto con el germen de la muger. Parece que la épo- 
ca mas propia para ellos, es poco antes ó poco después 
de! periodo menstrual. Es un acto fuera del alcance 
de la voluntad y no obstante que algunas mugares ase- 
guran distinguir el coito fecuudante del que no lo es, 
pasa desapercibido. Para que haya concepción no es 
necesario placer, como se cree. No tenemos todavia da- 
tos suficientes para predecir el sexo del producto de 
la concepción. 

(1) No es muy raro que aparezca desde los nueve. 



—21— 

Está bien probado que el germen de la mnger sobre 
que se aplica en la concepción el principio fecundante 
del hombre, es un huevecito de Graaf. Todavía es 
nn misterio cómo llega hasta al Ovario el principio 
fecundante, y la acción que tiene sobre el germen lo 
será siempre. La misma ignorancia reina sobre los mo- 
tivos que hay para que algunas mugeres, aunque no 
tengan algún vicio en la conformación, sean infecun- 
das^ estériles, y para que otras no tengan sucesión de 
un primer marido que la tiene de otra muger, y sin 
embargo conciban con la unión de un segundo. 

Como quiera que sea, á las pocas horas del coito, 
según Haller, y según Prevost y Dumas, después de 
dos dias, se hinchan en el Ovario muchos huevecitos: 
á los seis se rompe uno y suelta su óvulo, que es to- 
mado por la trompa respectiva y conducido hasta el 
interior del útero, donde se encuentra el sexto ú octavo 
dio; sin embargo de que en la muger no ha podido 
ser visto antes del décimo ó duodécimo. En este ór- 
gano comienzan desde el momento de la fecundación, 
hasta que se verifica el parto, trasformaciones y cam- 
bios muy notables que deben ocuparnos bastante. El 
estado que guarda la muger en este periodo de tiem- 
po se llama embarazo, preñez, gestación. 

No siempre sucede en un todo lo que acabamos de 
decir: algunas veces , caen dos ó mas óvulos en la ca- 
vidad uterina y se desarrollan simultánea ó succesiva- 
mente; esto constituye la preñez gemelar ó de coates, 
y algunas otras, mas raras, no llega el óvulo al útero, 
sino que se detiene en alguno de los puntos que de- 
bia recorrer, en el cual crece hasta el fin, esto es una 
preñez extra-uterina. 

CAPÍTULO PRIMERO. 

Preñez uterina simple. 

Los cambios que se verifican durante el embarazo 
deben estudiarse en la madre y en el producto de la 
concepción. 



—22— 

ARTÍCULO PRIMERO. 

§1. 

En el Útero. 

Volumen. — Desde el momento de la fecundación an- 
tes qu« el útero reciba el óvulo, comienza á crecer, 
¡fraudándose su cavidad, debido primero á la forma, 
cion de una materia pegajosa que se verifica dentro y 
luego al desarrollo del óvulo desdo que ahí cae; este 
desarrollo del órgano sigue haciéndose hasta el fin de 
la preñez, efectuándose, según Desormeaux, con mas 
lentitud en los primeros meses que en los últimos. Al 
fin de la gestación tiene el útero de 14 á 15^ pulgadas 
(32 á 37 rentím.) de diámetro vertical, 10£ (24) tras- 
versal mente y de 9£ á 10^ (22 á 23£) ántero-poste- 
rior mente. 

El cuello se engruesa también, principalmente en su 
parte superior: parece alargarse; pero no es así, sino 
que como desciende el útero, se alcanza mayor exten- 
sión del cuello. Según algunos, nada pierde en lon- 
gitud en I03 primeros ocho meses de la gestación, otros 
creen que concurriendo desde luego á la ampliación del 
útero, se va ensanchando en su parte superior y per- 
diendo en longitud, lo cierto es que desde el noveno 
mes no es mas que un rodete que rodea al orificio ute- 
tíijo. En las primerizas apenas puede pasar el dedoá 
la cavidad del útero, mientras que en las que ya hau 
parido pasa holgadamente y puede tocarse la bolsa de 
las agitas, teniendo el orificio uterino hasta una pul- 
gada y tres cuartos (4 centím.). 

Situación — En los tres primeros meses del embara- 
zo, queda sumido el útero en la excavación, y no puede 
percibirse por el vientre como en el estado de vacui- 
dad, apenas se eleva el fondo sobre el estrecho supe- 
rior, la parte inferior con el cuello descienden mucho: 
como Á los cuatro meses, comienza á elevarse gradual- 
mente hasta el fin que toca al estómago; de modo que 
á los cuatro meses, so percibe á dos ó tres dedos sobre 



—23- 
el pubb: á los cinco, á un dedo aoajo del ombligo; á 
los seis llega un poco arriba de esta cicaíriz; á los siete, 
á tres dtdos sobre ella; á I09 ocho, á cuatro 6 cinco 
dedos; á principios del noveno, llega al hueco del es- 
tómago, y en los últimos quince dms desciende de allí 
un poco, debido á que la parte del feto que está en 
relación con el cuello, se deprime llevándose consigo 
la parte anterior del útero (Casseaux). 

El cuello utetino, que en los primeros tres meses es- 
tá caido. en loa siguientes se va elevando en términos 
que no se alcanza á tocar en e! octavo; pero en la 
última quincena, vuelve á descender. 

Dirección. — Durante los primeros meses, que está el 
útero debajo del estrecho superior, se inclina el fondo 
para atrás y para el lado derecho, por la concavidad 
del sacro y la presencia del intestino recto en el lado 
izquierdo: los meses siguientes, sigue en su acrecimien- 
to la dirección del eje del estrecho, colocándose bien 
pronto inmediatamente detrás de las paredes del vientre, 
empujando para atrasa los intestinos, inclinado no obs 
tante, por la presencia de la columna espinal, hacia un 
lado, y, cosa singular é inesplicaljle todavía de un mo- 
do satisfactorio, hacia el derecho casi siempre. 

El cuello sigue la dirección opuesta al fondo, de mo- 
do que en los tres primeros está dirigido para adelante 
y el lado izquierdo y en los siguientes va caminando 
para atrás, quedándose del lado izquierdo, hasta que en 
I09 últimos quince dias, que como acabamos de decir, 
se baja la porción anterior del útero con el feto, está 
muy atrás y no en el centro del tumor que se pre- 
senta al tacto 

Forma.^-De aplastado que es el útero, se redondea 
en el embarazo: al fin de la preñez tiene la figura de 
un huevo ligeramente aplastado por detrás. 

El cuello parece puntiagudo: el hocico es circular. 
Bn las primerizas es esto mas notable, pues en las que 
ya han parido, hay muchas variedades. 

Grueso de las paredes.— Es mayor en los tres prime- 
ros meses, que en el estado de vacuidad: en el quinto 
es igual: terminando la preñez, es mas gruesa la parte 
del útero en que está adherida la placenta, que en 



—24— 
cualquiera otra, y mucho mas que á inmediaciones del 
cuello, con algunas escepciones. 

Peso.— Al fin de la preñez pesa el útero mas de dos 
libras. 

Densidad. — La gran dureza y resistencia que ofrece 
el útero en el estado natural, disminuye en el de pre- 
ñez, de ahí que se sienten con facilidad los movimien- 
tos del feto, y puede sobresalir tal ó cual parte. 

El cuello se ablanda de la punta para arriba, y en 
los últimos meses es tanto, que es difícil distinguirle 
de las paredes de la vagina. 

Testara.— Tan difícil de caracterizar cuando no hay 
preñez, como fácil ver en el estado opuesto que el te- 
gído propio del útero es muscular: las fibras forman 
dos planos, uno superficial, en que siguen de la línea 
media una dirección para afuera y abajo, como el pei- 
nado de la parte anterior de la cabeza en las muge- 
res y otro profundo en las inmediaciones del orificio 
uterino y de las trompas, dando vueltas á su alrededor 
ó solamente media vuelta, dirigiéndose de la parte in- 
ferior déla línea media á los ligamentos redondos. En- 
tre estos dos planos hay otras fibras, cuya dirección es 
difícil seguir. También contiene el útero arterias y 
venas, y cuando está desarrollado no están tirantes, lo 
que prueba que crecen con él: las arterias se termi- 
nan en la cara interna del órgano, formando pinceles: 
las venas en el lugar que ocupa la placenta^ lo ha- 
cen por senos que parecen hechos con un saca-bocado. 

Propiedades — La sensibilidad del útero parece au- 
mentada en el embarazo: se comunica del cuello á lo 
demás del órgano, por lo cual el coito y los tocamien- 
tos repetidos producen el aborto muchas veces. La con- 
tractibilidad está muy desarrollada en este estado; es 
el principal agente del parto, es intermitente y acom- 
pañada de dolor, por causas no bien averiguadas toda, 
vía: es independiente de la voluntad, no obstante que 
se citan casos de mugeres que han suspendido las con- 
tracciones: no puede predecirse su energía, pues hay 
mugares muy musculosas, que tienen dolores de parto 
muy débiles, y al contrario: el mucho ejercicio de ella 
la consume: hay medicamentos que la aumentan, así 



—25— 
como vanas causas, y medicamentos que la suspenden 
casi sin falta. La contractibilidad de tégido de que 
también goza el útero, es la qoo hace se esprima la 
sangre que lo empapa después del parto, y se cierren 
loa vasos que se rasgan al despegarse la Placenta* 



En otros órganos. 

Creciendo el útero, se van desdoblando las dos ho- 
jas de los ligamentos anchos hasta desaparecer, quedan- 
do las trompas y los Ovarios aplicados contra la par- 
te posterior del útero. Los ligamentos redondos se ha- 
cen nmy musculosos. 

La vagina se acorta y ensancha en los primeros me- 
ses; después se va a'argando á proporción que la es- 
tira el útero en su elevación. Desde el sétimo mes se 
dispone de manera deformar mucosidades que aun es- 
curren al fin. 

La vegiga de la orina es empujada contra el puvis al 
crecer el útero, de aquí provienen las incomodidades para 
mear que se observan. 

El intestino recto está comprimido por el útero lleno, 
y sobrevienen estreñimientos pertinaces é incómodos y 
aun cólicos intestinales. 

Ejerciéndose también esta compresión sóbrelos vasos 
inmediatos, ocasiona hemorroides (almorranas), hidro- 
pesías en las piernas y la vulva; pero también se hume- 
decen y relajan los ligamentos de la pelvis. 

También son empujados los órganos del vientre para 
atrás y para arriba, lo cual causa varias incomodidades de 
la respiración. 

La piel del vientre se extiende mucho, y aun se hacen 
grietas de un color morado ó azulado y marcando curvas 
con la convecsidad para afuera y abajo: las cicatrices que 
dejan son unas fajas blancas y se encuentran no sola- 
mente en el vientre sino en los muslos de las que ya han 
parido. 

Las mamas al principio de la gestación se hinchan, se 

4 



—26— 
ponen tensas, presentan picoteos y aun dolor formal: al 
cuarto ó quinto mes se deshinchan y aflojan; pero al fin, 
reaparecen estas incomodidades con mas fuerza que antes. 
También aquí se forman grietas y cicatrices blancas. Kl 
pezón se hincha del cuarto al quinto mes, forma una 
salida mas marcada y deja escurrir por la presión un 
líquido aguado. La aureola se colora mas llegando á 
tomar en algunos casos un color rojo-ladrillo: á su rededor 
aparece otra aureola, manchada y mosqueada. Estos ca- 
racteres se ven mejor aparecer en las primerizas, por 
borrarse después muy poco. En algunas mugeres uo se 
presentan estos síntomas, sino que sus mamas quedan 
flojas y marchitas: son malas nodrizas y su leche de mala 
calidad. 



ARTÍCULO SEGUNDO. 



Hemos dicho que después de un coito fecundante se 
desprendía del ovario un óvulo que era conducido hasta 
la cavidad del útero y que en esta se formaba desde antes 
un líquido pegajoso. Bien: pues del óvulo fecundado 
resulta un nuevo ser pasando por muchas trasformaciones: 
así es que desaparece la vexícula y mancha germinativa 
que ya hemos descrito: la materia amarilla que la cubre, 
se divide en muchas esferitas y luego se convierte en un 
líquido trasparente: se forma en un punto de la cubier- 
ta una mancha, la mancha embrionaria, que va cre- 
ciendo: se forma ademas sobre la vexícula una cubierta 
erizada de vellosidades, y dentro otra mas delgada; entre- 
las dos hay un líquido viscoso en el que nadan dos 
vegignillas qne contienen una un líquido amarillento y 
la otra uno claro: dentro de la cubierta interior hay tam- 
bién otro líquido en medio del cual está el nuevo ser. 
De estas cubiertas resultan las membranas y anecsos que 
envuelven al producto de la concepción: tenemos que 
estudiar por separado lo uno y lo otro. 



—27— 

51. 

Membranas y demás anecsos. 

1 9 El líquido pegajoso ó linfa coagulable que llena 
al útero se cuaja y se trasforma bien pronto en una ve- 
gio-uilla llena de un licor trasparente, según unos: esta 
ampolla está ya formada cuando cae el óvulo, de modo 
que entonces la deprime en la porción que le estorba el 
pa<o: según otros el óvulo queda encerrado entre dos 
pliegues de la capa interior del útero que soldándose 
después forman una cavidad. Como quiera que sea, 
esta primera cubierta se llama membrana Caduca, (fig. 8 a ) 
Una parte e>tá adherida al útero y la otra al óvulo: 
creciendo éste son empujadas una contra otra hasta 
tocarse: en los últimos días del embarazo queda contra la 
cara interna del útero faltando en el lugar donde se ad- 
hiere el óvulo. 

2 °. Hemos dicho que se forma sobre la vexícula del 
óvulo una cubierta erizada de vellosidades: se llama 
Córion- Pronto se cubre de filamentos, que le dan un as- 
pecto velloso, muy notablemente en donde se ha de formar 
la Placenta, va creciendo hasta los últimos dias, en cuya 
época es trasparente y delgada, esceptuando la porción 
que forma la referida Placenta: está en relación por su 
cara externa con la Caduca y la parte del útero que no 
cubre esta membrana: dentro contiene el líquido viscoso 
de que hablamos antes y lo que nos queda por des- 
cribir. 

El líquido que tiene el Córion y que Velpeau ha lla- 
mado cuerpo vilriforme ó reticular, queda reducido á un 
pequeño lugar, como vamos á ver. __ 

3? Hemos visto también que dentro del Córion se 
forma otra cubierta mas delgada y mas pequeña, es el 
Amnios: contiene un líquido que se llama agua del 
Jlmnios ó simplemente las aguas, y el producto de la 
concepción. Va creciendo y acercándose á la cara inte- 
rior del Córion desalojando el líquido de esta membrana 
hasta aplicarse contra ella menos en una pequeña porción 



—28— 
donde queda encerrado dicho líquido, la vegiguilla Um- 
bilical y la Alantoidea,) contrayendo adherencias débiles 
con el repetido Córion y muy fuertes con la Placenta., el 
cordón umbilical y la superficie de la piel del feto. 

Agua del Amnios. — El líquido que contiene el Amnios 
es en los primeros tiempos, limpio, trasparente, poco 
denso; pero al fin del embarazo es untuoso, mas consis- 
tente, unas veces limpio, otras verdoso ó amarillento, 
turbio, con grumos amarillos ó negrnscos, tiene un olor 
espermático, un sabor ligeramente salado, en cantidad 
variable, pudiendo llegar á dos y mas cuartillos, su peso 
relativamente al del embrión e* mayor en los primeros 
meses, igual en la mitad de la preñez y menor en los 
meses siguientes que el del feto- Las aguas, bañando al 
producto de la concepción, impiden que el úteto lo com- 
prima y que lleguen hasta él los choques esteriores, 
favorece sus movimientos, se asegura que sirve también 
para su nutrición: durante el parto lo proteje contra la 
fuerza de las contracciones uterinas,' sirve de intermedio 
para la formación de la bolsa de las aguas que hace 
mas gradual y suave la dilatación del cuello; por último, 
humedeciendo después el canal pelviano hace mas fácil 
la salida del feto. 

4 °. El espacio que queda entre el Córion y el Amnios 
contiene una vegiguilla, llamada vexícula umbilical, 
voluminosa al principio, como un garbanzo, pues llena la 
cavidad del óvulo, comunicando tan libremente con el 
intestino, que parece una sola bolsa, después, formándose 
la pared del vientre y empujada contra el Có r ion por el 
Amnios que crece, se le forma un canalito mas y mas 
largo, que va por el cordón y penetra por el ombligo á 
dicho intestino: poco á poco va disminuyendo de volu- 
men la vexícula y su canal adelgazándose, hasta que 
al tercero ó cuarto mes desaparecen: de la vexícula 
umbilical parten una arteria y una vena para el 
vientre del embrión que se llaman vasos onfalo- 
tnesentéricos. Contiene un líquido amarillento, que 
sirve para nutrir al óvulo en los primeros tiempos 
mientras se agota, como la yema del huevo á los futuros 
polluelos. 

5 9 Hacia el décimo dia de la concepción se ve 



—29— 
formar en el intestino recto una vegignilla que pronto se 
separa de él para adelante y se divide en dos cavidades, 
una es la vegiga de la orina y la otra la vexícula Alan- 
toidea, que crece rápidamente y se retira coutra el Córiou 
junto á la vexícula umbilical, formándosele un canalito 
estrecho y largo, que yendo por el cordón penetra por el 
ombligo y llega á la vegiga de la orina. Sobre la vexí- 
cula Alantoidea se ramifican los vasos umbilicales que 
han de formar el cordón. Desaparece muy prontamente, 
y quizá por esto se ha negado su existencia en la especie 
humana; el canalito se cierra y queda reducido á un 
cordón sólido llamado Uraoo- 

6 o - Al fin del primer mes, ó, según Velpeau, desde 
los primeros dias, se ven nacer de la parte interna del 
útero en que se coloca el óvulo, y el Córion forma mas 
vellosidades, muchos vasos arteriales y venosos: por otra 
parte estas vel osidades crecen por el lado del útero y por 
el del óvulo, formando igualmente vasos arteriales y 
venosos, entrelazándole los estemos con los que vienen 
del útero, y ramificándose al infinito pero sin comuni- 
carse unos con otros: en el intermedio se cria un tejido 
compuesto de laminitas blanquecinas y entrecruzadas 
como celdillas en que se hacen las ramificaciones de unos 
y otros vasos. Esta reunión de vasos con el tejido que 
los une, se llama Placenta, descarga, parias, secundinas. 
Es una masa de color morado, de figura y dimensiones 
variables, aplastada, blanda y esponjosa: en la época del 
parto tiene de 7 á 9 y media pulgadas de diáme- 
tro, cuando es circular (de 16 á 22 centímetros), ocho 
líneas de grueso en su centro (17^ centím ) y en su 
circunferencia de dos á tres líneas (4 á 6 milím.) cuyo 
largo es en general de 28 pulgadas (65 centím.) Su 
cara esterna ó uterina es áspera, convexa, dividida en 
muchos lóbulos, franjas ó cotiledones: la porción del útero 
conque está en relación, es variable según que el óvulo 
al caer de la trompa queda en las inmediaciones de ésta, 
lo que sucede con mas frecuencia, ó que se escurre á 
mayor ó menor distancia, soliendo ser hasta sob'e el 
cuello uterino; no está en inmediato contacto con la cara 
interna del útero, sino que está interpuesta una capa de 
tejido blanquecino. Su cara interna ó fetal es cóncava, 



—30— 
lisa, sobresaliendo las gruesas ramificaciones de los vasos 
que vienen del cordón umbilical y siguen por lo común 
del centro á la circunferencia; algunas veces parten de un 
borde en que se inserta el cordón y se dice Placenta en 
raqueta. Su circunferencia se continua con el Córion, 
según unos, y otros creen que con la Caduca, pasando el 
Coi ion ¡sobre el'a id cordón y el ombligo del feto, inme- 
diatamente debajo del Amnios. 

7 o . Llegamos por fin al cordón umbilical que esta- 
blece las relaciones del producto de la concepción con la 
Placenta y el útero, de quien recibe la vida mientras 
puede existir con independencia. Al hablar de la Placen- 
ta y de la Alantoidea, dijimos que las granulaciones del 
Córion formau vasos del lado del nuevo ser: alargándose 
e*tos y disminuyendo en número quedan al fin reducidos 
á dos arterias y una Vena que parten por lo común del 
centro de la Placenta y se introducen con lo* canalitos 
déla vexícula umbilical y de la Alantoidea, mientras 
existen, por el ombligo del producto de la concepción 
para distribuirse en su interior. Muy corto al principio 
de la gestación y conteniendo por el lado del embrión, 
parte de los intestinos, va creciendo como las demás 
partes hasta los últimos dias del embarazo: desde el cuarto 
mes no está ya compuesto sino de las dos arterias y la 
vena umbilicales, del Uraco, de una cubierta estenor que 
le da el Amnios, de un tegido que une todas estas partes y 
aun les forma vainas, y de un líquido que penetra en los 
vacíos que quedan: según algunos, dentro de la cubierta 
esterior hay otra formada por el Córion que pasaría sobre 
la Placenta y el cordón hasta el ombligo del feto: al fin 
de la gestación es un cordón de 20 á 22 y media pulgadas 
de largo (54 á 59 centím.), de 8 á 16 líneas de grueso 
(1 á 2 centím), ofreciendo muchas flecsuosidades á 
manera de nudos, debidas á que las arterias dan muchas 
vueltas al rededor de la vena y ofrecen varios vasos de 
comunicación entre sí; su resistencia para romperse no es 
proporcional á su grueso, pues resisten mejor los delgados: 
está bañado por la agua del Amnios. Para concluir, 
diremos que be observan cordones hasta de 5 pies (153 
centím.), y al contrario tan cortos que parece nacer del 
ombligo la Placenta; cuando es muy largo suele presen- 



—31— 

tar vueltas al rededor de alguna parte del feto, ó nudos 
mas ó menos apretados: algunas veces no sa entran los 
intestinos al vientre del feto, quedando en parte en la 
esUemidad fetal del cordón: no siempre se implanta en el 
ombligo, se le ha visto terminar en la cabeza, el cuello, 
la espalda ú otras partes; algunas veces contiene dos 
venas y al contrario no se encuentra mas que una arteria: 
por último, se han visto los vasos que lo forman nacer 
dispersos en la Placenta y no formar cordón hasta cerca 
del ombligo del/e¿o. 

§ II. 
Óvulo, embrión, feto. 

En un tratado práctico no se puede seguir paso por 
paso el desarrollo del producto de la concepción: esta 
bella parte fie los conocimietos humanos, que toca al 
médico conocer en sus pormenores y en sus leyes, forma 
por separado un tratado bastante estenso bajo los nombres 
de Embriología, Biología y Teratología: solamente 
notaremos lo que toca á nuestra objeto. 

De la mancha embrionaria que hemos visto se forma 
en un punto de la vexícula propia del óvulo, resulta el 
nuevo ser que pasando por varias transformaciones llega 
por fin á constituir un individuo de cada especie. 

Desde la tercera semana de la concepción es ya distinto 
el nuevo ser, que se llama embrión desde esta época 
hasta el cuarto mes: es oblongo, grueso de un estremo, 
semejante á un gusano; un poco encorvado para adelante, 
blanco opaco, como gelatinoso y tiene de 2 á 4 líneas 
de largo (4 á 7 milím.)y 2 á 3 granos de peso. Aun no 
presenta señales de cabeza, ni de miembros, ni existe cor- 
don umbilical, sino que las membranas están adheridas 
á la estremidad delgada del embrión. 

De la quinta á la sesta semana es mas consistente, 
presenta una cabeza muy voluminosa respecto de su ta- 
maño: se notan en los lugares de los ojos dos puntos 
negros y en los de los miembros cuatro botoncitos salien- 
tes; tiene casi 8 líneas de largo (1£ centím.) y 19 granos 



—32— 

de pesa* Ya hay vestigios de cordón umbilical y está co- 
locado á un lado de una especie de cola que se observa. 

A los dos meses forma la cabeza mas de la tercera parte 
del embn'on, se echa de ver la boca bnjo la forma de una 
hendidura transversal, la nariz sobresale, los órganos 
genitales son perceptibles; pero es tan largo el clítoris y 
gruesos los grandes labios, que aun no es posible distin- 
guir el sexo; los miembros son mas palpables, siendo 
mas largas las manos que lo demás de los brazos; pero 
todavía sin dedos: tiene de 1 á 2 pulgadas de largo (3 a 

4 centím ) y de 6 á 10 adarmes. El cordón no ofrece 
espirales, no parece sino un embudo que contiene intes- 
tinos, correspondiendo su vértice á la Placenta y su base 
al vientre del embrión en cuya parte inferior se ad- 
hiere. 

Al fin del tercer mes, se dibujan bien los ojos detras de 
los párpados: los labios están bien formados, el cuello des- 
pesa visiblemente la cabeza de lo demás del cuerpo: la 
cola que formaba el coxis ha desaparecido; es fácil distin- 
guir el sexo: los dedos son distintos: el embrión es de 

5 y media á 6 y media pulgadas de largo (de 13 á 15 cen- 
tím.) y pesa de 3 á 4 onzas. El cordón no tiene ya 
intestinos y presenta numerosas espirales. 

Llegado á cuatro meses el producto de la concepción 
toma el nombre de feto. En este mes se nota algún vello 
en la cabeza; las fontanelas y las suturas que pronto 
daremos á conocer, son muy amplias; la cara es alargada, 
los ojos, la nariz y la boca están cerrados; se ve la lengua, 
y las uñas aunque muy blandas se distinguen perfecta- 
mente; comienza el feto á ejecutar movimientos en el 
vientre de la madre, y si naciera en esta época vivida 
algunas horas mas: su longitud es de 7 á 8 pulgadas 
(16 á 20 centím.), y su peso de 7 y media á 8 y media 
onzas. El cordón se fija mas arriba del puvis que antes. 

Al quinto mes se observa en la piel alguna materia 
sebácea, las piernas son mas largas que los brazos, el peso 
del feto es de 8 á 1 1 y media onzas, y su largo de 8 y 
media á 11 y media pulgadas (20 á 27 centím.), los ojos 
ann no tienen pupila. 

Al sesto mes ofrece pelo la cabeza, un poco de vello las 
cejas, existen las pupilas, la piel tiene' arrugas, las uñas 



—33— 
están duras, el largo del feto es de 12 á 14 pulgadas 
(28 á 32 centím.), y su peso casi de una libra. 

A los siete meses puede vivir el feto fuera de la madre: 
los huesos de la cabeza sobresalen mucho por su partej 
media, los párpados se pueden abrir: hay de la cabeza á 
los pies de 14 á 16 pulgadas (32 á 36 centím.), y de peso 
de 3 á 4 libras. El ombligo dista poco efe la mitad del 
cuerpo. 

A los ocho, la mandíbula inferior, qué era muy corta, 
es tan larga como la superior, en los varones el escroto 
contiene á lo menos el testículo izquierdo, la piel está cu- 
bierta de vello y de materia sebácea: la longitud del feto 
es de 17 y media á 19 y media pulgadas (40 á 45 cen- 
tím.), y su peso de 4 á 5 libras. 

Por último, á los nueve meses, término corriente de la 
preñez, está el feto til como lo vemos al nacer. Aquí 
nos detendremos un poco en saber las circunstancias 
interesantes para lo que ha de seguir. 

La cabeza del feto, siendo la parte que ofrece mayor vo- 
lumen, que se reduce menos por la compresión, que las 
mas veces atraviesa la primera el canal déla pelvis de la 
madre en el parto y que ofrece otras consideraciones que 
seria larffo referir, necesita estudiarse con cuidado. La 
cabeza, decimos, es un ovoide, cuya estremidad posterior 
es mas gruesa que la anterior y se divide en cráneo y 
cara: la parte mas alta de la frente se llama bregma, 
(mollera), la de la nuca occipucio, la parte situada entre 
estas dos, coronilla ó vértice de la cabeza. Los huesos 
de que está compuesta, no están soldados unos con 
otros, sino que sus bordes y ángulos están separados 
dejando anchos vacíos: los de los ángulos forman las 
fontanelas, y los de los bordes las suturas: la f° nt ^ 
nela anterior ó bregmática está situada arriba de la 
frente, es ancha y tiene cuatro ángulos, uno posterior 
del que parte una sutura para atrás y se termina en el 
occipucio, otro anterior del que nace otra sutura que 
baja por la parte media de la frente, y los otros laterales 
de donde se dirigen dos suturas para las orejas: la fonta- 
nela posterior ó lambdoidea, situada un poco arriba de 
occipucio, es mas pequeña que la otra y triangular, al 
ángulo superior viene la sutura que parte del posterior de 



—34— 
la fontanela anterior, y de los laterales parten oblicuamente 
para los lados de la nuca otras dos suturas. Los diámetros 
de la cabeza, deben ser proporcionados á los de la pelvis de 
la madre para que pueda verificarse el parto: los principales 
son: el antero- posterior ú occípitO'bregmútico que va del 
occipucio al bregma, y tiene de 4 pulgadas 9 líneas á 5 
pulgadas (11 á 11 j centím.), el tráqiielo-bregmatico, de 
abajo de la nuca al bregma, y mide 4 pulgadas (9 centím), 
el occipito -barbado, del occipucio á la punta de la baila, 
y tiene 6 pulgadas (13^ centím.), el trasverso ó bi-pa- 
rietal, de un lado á otro de la cabeza y de 4 pulgadas á 4 
pulgadas 2 líneas, y el bregma- barbado, del bregma á la 
punta de la barba, y es de 3 pulgadas y media (8 centím.). 
Las circunferencias que solo ofrecen interés en la prácti- 
ca son las que tocando las estremidades de los diámetros 
occípito-bregmático, occipito- barbado y bregma-barbado, 
pasan las dos primeras por las orejas y la última por las 
mejillas. 

Los diámetros, y en general, el volumen de la cabeza, 
que es un poco mayor en los varones que en las hembras, 
se acortan mucho con la compresión que hacen las par- 
tes de la muger al ser empujada por las contracciones del 
útero, y la que se ejecuta con el Fórceps: esto se consigne, 
porque se acercan los bordes de los huesos, separados por 
las suturas y aun se sobreponen unos á los otros. Los 
movimientos que puede hacer la cabeza del feto, sin pe- 
ligro de su vida, son: cuanto se quiera para atrás, pnw 
adelante hasta tocar la barba al pecho, páralos lados muy 
poco, y de rotación hasta llegar la barba á cualquier 
hombro. 

Los hombros no presentan obstáculo alguno para el 
parto, pues pueden acercarse uno á otro con la compresión 
hasta la distancia de 4 pulgadas 2 líneas (9£ centím). 

De una cadera á otra hay tres pulgadas y media (8 cen- 
tím.), y de un cuadril al otro 4 pulgadas (9.). 

La longitud del feto es ordinariamente de 21 y media 
á 26 pulgadas (50 á 60 centím); se han citado de muy 
grandes dimensiones y peso, que ordinariamente es de 6 
á7 libras. El cordón se inserta en el recien-nacido arri- 
ba del medio de la longitud del cuerpo y presenta los 
caracteres que ya se han descrito. 



—35— 
Posición del feto. — Dentro de la bolsa de las aguas 
está el feto encorvado, sobre el vientre, su cabeza dobla- 
da de modo que toca la barba al pecho, delante del cual 
están cruzados los brazos, los muslos contra el vientre y 
sobre estos, las piernas cruzadas de modo que cada talón 
toca á la nalga del otro lado. Así tiene el menor volu- 
men posible, y forma un ovoide cuya estremidad delgada 
que es la cabeza, está ordinariamente dirigida para abajo, 
y la gruesa para el fondo del útero. Antes se creía 
que en los siete primeros meses estaba la cabeza para 
arriba y que al sétimo mes daba una maroma, colo- 
cándose la cabeza para abajo; pero está probada la fal- 
sedad de esta opinión. 

Funciones del feto.— Nutrición.— Vn los primeros 
tiempos, se nutre el embrión con el líquido de la Caduca, 
el de la vegiguilla umbilical y el del Amnios; después del 
cuarto mes, que quedan consumidos los primeros, sola- 
mente con el último, y quizá con alguna materia formada 
en el interior del útero, y no obstante que no comunican 
los vasos umbilicales con los uterinos en la Placenta, creen 
algunos que pasa sangre de la madre al feto: otros no 
admiten esto, sino que solo sirve la Placenta para una 
especie de respiración del feto. La agua del Amnios 
entra al feto por la boca y por la absorción de la piel. 
— Respiración.— Se cree que con la Placenta y el hí- 
gado del feto está suplida la respiración que se estable- 
ce al nacer.— Circulación.— A diferencia del que vive 
independiente de la madre, en quien el corazón empuja 
la sanare á todas las partes del cuerpo por las arterias; 
la recibe de las venas que la traen de donde la dejan 
las arterias; y la envia á los pulmones á vivificarse de 
donde vuelve al punto de donde hemos partido; en el 
feto entra la sangre por la vena umbilical en el ombii- 
ao al hígado, de donde pasa al corazón, que la manda 
á todas las partes del cuerpo; allí es recibida por las 
venas que la llevan de nuevo al corazón, para pasar a 
los pulmones; pero como no la pueden recibir y la san- 
gre encuentra un buen camino para pasar a las arterias 
umbilicales en un canal que existe en esa región, sale 
por allí á la Placenta á vivificarse para volver a entrar 
por la vena umbilical. Cuando rehira el feto y esta 



—36— 
ligado el cordón, penetra la sanare en los pulmones, se 
cierra el conducto que la llevaba á las arterias umbili- 
cales, así como la veua umbilical, y la circulación sigue 
su curso natural. 



CAPÍTULO SEGUNDO. 

Preñez ge?nelar. 

La preñez gemelar, consiste en que se desprenden 
de uno ó de los dos ovarios, simultáneamente ó con 
algunos dias de distancia, dos ó mas óvulos fecundados 
ó uno con dos vexículas do líquido amarillo, y se 
desarrollan en el útero. 

Se ignoran las causas que producen este modo de gesta- 
ción. Ciertas muge res tienen gemelos en todos sus partos. 
Las preñeces dobles no son tan raras, pues en una larga 
serie corresponde una por cada 70 ú SO: las triples lo 
son mucho, es decir, una entre 1500: de cuadrupla so- 
lamente hay uno que otro ejemplar en los anales y 
una ó dos quintuplas, lo que se refiere de mayor nú- 
mero en la especie humana es fabuloso. 

Las mas veces tiene cada embrión sus aneesos por 
separado, tocándose las bolsas, adhiriéndose algunas ve- 
ces las placentas por sus bordes tan fuertemente que 
parecen una sola. Raras veces acontece que un solo 
Córion envuelve á los fetos que tiene cada uno su Am- 
nios propio, en cuyo caso, no hay ordinariamente 
mas que una Placenta de la que parten todos los cor- 
dones de los fetos. Con mayor rareza se presenta el caso 
de que una sola bolsa encierre á los fetos, cuyos cor- 
dones vienen de una sola Placenta. En esta variedad 
de gestación, es en la que sucede de vez en cuando que 
no haya igualmente mas que un cordón y se toquen los 
fetos por el ombligo y aun estén adheridos en mayor 
extensión, cuya monstruosidad tendremos presente ni 
hablar de los obstáculos para el parto. En fin, se ha 
llegado á ver un feto con otro dentro, ya debajo de la 
piel del vientre, como creo haberlo observado en un 
recien nacido, ó dentro de esta cavidad, ó en otra parte. 



—37— 
El desarrollo del vientre en la preñez gemeler sigue 
los mismos pasos que en la simple; sin embargo, es 
mas voluminoso, la forma que afecta es variable: cuando 
un feto está de cada lado es aplastado y aun deprimido 
en medio, y saliente á los lados, cuando uno está con 
la cabeza para arriba y el otro para abajo, pueden no- 
tarse dos depresiones y dos salidas, &c. Pocas veces 
llega esta preñez á término; con frecuencia los fetos na- 
cen antes del tiempo ordinario, ó son abortados, ó muere 
uno ó mas de los fetos y el otro sigue su desarrollo ordina- 
rio: el muerto ó muertos son espulsados luego, ó permane- 
cen eu el útero desecándose hasta la época del parto que 
salen con el otro, ó en fin se quedan todavía hasta que 
son extraídos. Cuando llega á su fin la preñez, sucede 
que nace un feto fuerte y otro débil ó muerto, nace uno 
y hasta después de algunas semanas ó meses nace el 
otro. Se concibe que cuando no hay mas de una bolsa 
la espulsion de un feto trae nacesariamente consigo la de 
los otros. 

CAPÍTULO TERCERO. 

Preñez extra uterina 

Hemos dicho que al desprenderse del ovario un óvulo 
fecundado y ser tomado por la trompa uterina respecti- 
va, suele no caer en la cavidad del útero, sino que se 
detiene en al^un punto del camino que ordinariamente 
recorre para desarrollarse allí, y también que á esta 
se llama preñez extra.uterina. Efectivamente se des- 
arrolla el óvulo en el mismo ovario, ó en la cavidad del 
vientre, 6 entre las hojas de un ligamento ancho, ó 
dentro de una trompa, ó en fin, entre el tegido del útero. 

Las causas que producen estas preñeces son de lo mas 
oscuras, parece que un susto, una sorpresa ó un golpe en 
el vientre poco después de la fecundación la determinan, 
una ligera desviación de las trompas, su cortedad ó mayor 
longitud, su estrechez, su parálisis &c, difíciles de co- 
nocer de antemano, son causas eficaces de ellas, por eso 
•s mas frecuente que se desarrolle el feto en la trompa 
detrás de un obstáculo. 



— o» — 
En estos casos el feto tiene todos sus miecsos ron 
excepción de la membrana Caduca, que se turma un 
obstante en el interior do] útero, algunas veces una nueva 
cubicta envuelve á las membranas: la Placenta so ad- 
hiere en el punto en que se desarrolla el óvulo, ó algunas 
veces cuando lo hace en el vientre se implanta aquella 
en el interior de la trompa y aun del útero. La cubierta 
del ovario, el ligamento ancho, la trompa ó el tegido del 
útero, según la variedad de preñez, se extienden, como se 
comprende, y aun se rompen, en cuyo caso pasa el óvulo 
al vientre, donde sigue desarrollándose algunas veces. 
El útero crece también por su lado, formándose en mi 
interior la Caduca, y se desvia al lado opuesto al tumor 
formado por el feto; luego vuelve á su estado natural, 
y no obstante la preñez extra-uterina, puede sobrevenir 
otra uterina. La forma y crecimiento del vientre es muy 
irregular. 

La duración de estas preñeces es muy variable, unas 
veces es de algunas semanas, otras pasan años; por lo 
común no pasa de cuatro ó cinco meses. Para termi- 
narse vienen dolores de parto m'iy incómodos, que du- 
ran tres, cuatro ó mas dias, se rompe la bolsa producién- 
dose un dolor excesivamente fuerte, pasa el feto á la 
cavidad del vientre y una hemorragia formidable mata 
á la madre y á su hijo: ó si por alguna circunstancia 
se detiene la hemorragia, sobreviene una inflamación 
igualmente mortal: ó fi ía madre resiste á ella, el feto, 
las membranas y la sangre derramada se convierten en 
supuración, que se abre camino con los restos no desechos, 
por el vientre, el perineo, la vagina, el recto, la vegiga 
de la orina, los intestinos ó el estómago, y la abundancia 
de la supuración es mi nuevo peligro al que raras veces 
se sobrevive; ó en fin, sucede aunque con excesiva ra- 
reza, que se forme una bolsa que envuelve al feto y sus 
dependencias, como á las balas que se quedan dentro del 
cuerpo, en cuyo caso no acontece algún desorden gra- 
ve; sin embargo, que se ha dado el caso de muerte sin 
mas causa que la presencia de estos tumores extraordi- 
narios. Una señora de quien conservo la historia, ha 
sido muy feliz con abortar un feto de cuatro meses que 
indudablemente de la trompa se abrió camino por el 



—39— 

útero y la vulva, no quedándole otra cosa que una afec- 
ción crónica del ovario. Cuando la preñez se prolonga, 
los dolores de parto se presentan por intervalos mas ó 
menos largos, si el feto no muere, crece mucho, y aun 
le salen los dientes, el volumen del vientre es excesivo 
y aun muere la madre por sola esta circunstancia; si el 
feto cesa de vivir y permanece dentro de su bolsa, sufre 
una especie de momificación que lo convierte en una 
sustancia como huesosa así como á las membranas. 

Estas preñeces no son objeto de este tratado sino en 
cuanto á que es preciso saber que se presentan. Si la 
matrona es bastante feliz para conocerlas, según loque 
aun tenemos que decir de ellas mas tarde, no tiene mas 
que encomendar inmediatamente el caso al saber de un 
profesor, quien será otro tanto feliz si llega á dar buena 
dirección á la naturaleza extraviada. 











4-* 



— i-u-4-¿ 



"su' . I ' I ; ¿ III ¡M 



SECCIÓN TEUCEUa. 



Diagnóstico. 



En esta parte aprovechamos los conocimientos adquiri- 
dos por lo que precede para tratar del diagnóstico que 
hoy forma la parte principal de la Clínica, y que dis- 
tingue al hombre científico del charlatán, pues la ciencia 
de curar está en conocer perfectamente las circunstan- 
cias del caso sobre que se consulta, y no en dar mu- 
chos remedios y aplicarlos sin saber si están indicados; y 
desgraciadamente no cabe duda en que sin el diagnóstico 
los remedios son un nuevo peligro por el que pasa un 
enfermo. 

Se llama diagnóstico la apreciación de las circunstan- 
cias de una afección cuando existe, distinguiéndola de 
aquellas con quienes puede confundirse. Es de tal im- 
portancia que no es estraño que á ello solamente se 
hayan hecho tender las aberturas de los cadáveres, las 
observaciones clínicas de los prácticos, la Anatomía, la 
Fisiología, la Química, &c. Varios medios se ponen 



-11— 

en piactica para conseguir un buen diagnóstico, que des. 
de luego damos á conocer, para hacer luego las aplica- 
ciones que exige nuestro objeto. 

CAPÍTULO PRIMERO. 

Medios diagnósticos. 

Son el interrogatorio, la olfacion, la inspección, la 
auscultación, la palpación, la percucioyi, la medición, 
el uso de los reactivos y el razonamiento. Hablare- 
mos de los que tienen aplicación en este tratado. 

§1. 

Interrogatorio. 

Consiste en el método que se sigue en dirigir las pre- 
guntas necesarias para conocer lo que se pretende. Con 
él se adquieren las noticias que no pueden caer bajo 
nuestros sentidos en el momento que observamos, Como 
los antecedentes que han precedido al estado presente 
que son tan necesarios, lo que siente la enferma que no 
puede verse, escucharse ó palparse, v. g. el dolor, &c. 

Se necesita mucha sagacidad para hacerse entender, 
para no ser engañado, pora obtener respuestas precisas. 
Es necesario por tanto, no omitir pregunta alguna impor- 
tante, hacerlas en términos que no se obligue á la muger á 
contestar tal ó cual cosa, sino de modo que lo haga sin 
prevención y con franqueza, y no hacer otras que las 
que llevan al fin propuesto. Las preguntas inútiles revelan 
desde luego ignorancia de parte del que las hace. 

i II. 

Olfacion. 

Es la atención que se lleva sobre el olor de alguna 
cosa. Este medio presta pocos datos, por ejemplo, sobre 



— 12— 
el carácetr de los ilujo9. Necesita ejercicio, y da mas 
datos de improviso que prolongándola observación. 

JIIL 

Inspección. 

Es la aplicación de la vista para el conocimiento do 
las enfermedades. Por ella nos formamos juicio de la 
figura, volumen, color, movimientos &c. de las cosas. 

Es necesario para inspeccionar bien, ejercitar el <>j<>, y 
tener, como en los demás medios, muy presentes las cir 
cunstanc'as del estado natural, para hacer comparaciones 
con las del objeto que está á la vista. 

i IV. 
Auscultación- 

Por auscultación, se entiende la acción de poner el oído 
inmediatamente ó con el intermedio del Estetoscopio, 
sobre una parte, con objeto de percibir los ruidos que se 
producen en su interior; también comprende la apreciación 
de los que se efectúan á distancia. Es uno de los medios 
con cuyo descubrimiento se hónrala medicina moderno y 
hace ver muchas enfermedades, como á través de un 
cristal. No hace muchos años que se ha aplicado al dia^- 
nóstico de la preñez, de los padecimientos del feto dentro 
del útero, y de otras circunstancias relativas con un éxito 
muy lisongero. 

Para auscultar el vientre es mas conveniente servirse 
del Estetoscopio, que esté desnuda esta parte, (con una 
atención sostenida y tomando precauciones para evitar el 
roce, yo percibo los ruidos del interior sobre la camisa), 
que queden aplicados sobre ella todos los puntos de la 
circunferencia del instrumento, comprimiéndola con él, 
que el observador aplique perfecta mente la oreja sobre el 
otro estremo y no encorbe mucho la cabeza, para que no 
se le entorpezca el oido y que esté acostada la embaraza- 
da en los primeros meses y parada en los últimos. 

Mucho hábito se requiere para la auscultación del 
vientre, tener aplicada la oreja con el instrumento mu- 



— 43— 
chos minutos en cada punto y recorrer gran parte del vien- 
tre, y aun remitir la observación para otro tiempo, pues 
algunos raidos dejan de oi'se por intervalos mas ó menos 

largos. 

§ V. 
Palpación. 

La palpación aplicada á la gestación, es la esploracion 
del vientre ó de las partes secsuales, por medio de las ma- 
nos ó de los dedos. Por ella se aprecia la temperatura, 
la sensibilidad, la consistencia, la movilidad ó fijeza; el 
volumen, la forma, la profundidad y los movimientos de 
una parte. Tiene inmensas aplicaciones, es un medio 
precioso para el diagnóstico y rectifica los datos que su- 
ministra la inspección. En nuestro objeto se aplica para 
hacer constar la existencia y época del embarazo, la 
proximidad, invasión y marcha del parto, la posición del 
feto 'esp»cto de la madre, y las que va tomando para sa- 
lir, la naturaleza y fuerza de los dolores, la presencia de 
muchos accidentes de las embarazadas, la naturaleza y 
situación de los obstáculos para la terminación del par- 
to, &c. 

El sentido del tacto exige una educación esmerada en 
ambas manos, y para aplicarlo hay precauciones que to- 
mar ya se haga sobre el vientre, ya por las partes genitales. 

Para practicarla por el vientre, se deja desnudo, ó con 
la camisa solamente; se acuesta á la paciente boca arriba, 
desea nzada la cabeza sobre una ó dos almohadas y le- 
vantados los muslos y un poco separados, con objeto 
de que estén flojas en lo posible las paredes del vientre; 
alo-unas veces se hace que esté vacía la vegiga; el obser- 
vador se coloca á la derecha de la cama, á no ser que no sea 
posible emplear la mano coi respondiente, y se aplica la ma- 
no derecha de lleno sobre el vientre, superficialmente ó 
comprimiéndolo mas ó menos, según lo que se desee averi- 
guar; ó las dos manos en puntos distantes comprimién- 
dolo con una y luego con otra alternativamente: ó bien se 
dirige contra el vientre el borde interno, ó las puntas de 
los^dedos reunidos de una ó las dos manos, yendo del 
povis para arriba y los lados para ver donde cesa la re- 



—44— 

sistencia que ofrece el útero ú otro tumor, y apreciar su 
tamaño, forma y consistencia. 

La palpación vaginal se practica con el dedo indicador 
de una ú otra mano, y raras veces con el indicador y el 
medio reunidos. En los primeros meses se acuesta á la 
enferma como acabamos de decir; en los siguientes se 
tiene parada contra una pared y separadas las pierna? pa- 
ra adelante y los lados, algunas veces se ejecuta de los 
dos modos sucesivamente; se unta el dedo con una grasa, 
se coloca el observador á la derecha de la muger si se 
sirve del dedo derecho y al contrario, y se hinca una 
rodilla, si se ha de proceder estando parada; luego compri- 
miendo por el vientre el útero con la otra mano para 
atrás y abajo para fijarlo, se lleva el dedo sin levantar la 
ropa, hasta el perineo, y se trae su punta poco á poco á 
la entrada de la vagina; allí se detiene en examinar la 
que se desea conocer, si no hade pasar el examen de la 
vulva; ó se va introduciendo gradualmente en la vagina 
en dirección oblicua para atrás y arriba, deteniéndose en 
el punto que debe reconocerse, á no ser que deba llevarse 
hasta el cuello del útero, pues entonces, luego que se ha 
introducido oblicuamente la mitad del dedo, se endereza 
y lleva directamente para arriba hasta encontrarlo, y se 
recorre segun la clase de examen que deba hacerse; por 
último, si se necesita tocar el feto, se introduce el dedo 
dentro del cuello uterino, para lo cual es preciso muchas 
veces introducir dos dedos en la vagina. Por lo que ha- 
ce á los otros dedos se colocan de dos maneras, según 
que se reconoce el plan posterior de la escavacion, ó el 
anterior: en el primer caso se dejan estendidos contra el 
perineo que se empuja con ellos para arriba para alcan- 
zar mayor profundidad; en el segundo, se doblan sobre 
la palma de la mano, que se vuelve para el puvis. 

§Ví. 

Percucion. 

Es otro modo de esploracion por el cual percibe el oido 
el carácter del sonido que se produce golpeando con la 
punta de uno ó de mas dedos reunidos de una mano, otro 



—45— 
de otra mano puesto de lleno sobre la parte que se quiere 
examinar ,y también la re^istedcia que esta ofrece. 

El vientre en su estado natural da un sonido claro 
con la percncion, por los gases qne hay en los intestinos 
que lo llenan, si no es arriba del puvis, cuando la vegiga 
esta repleta de orina, que lo da apagado: esto sentado, 
cuando el útero crece, como que desaloja los intestinos 
para, atrás, produce también el sonido apagado, y percu* 
tiendo del puvis para arriba y para los lados, hasta que 
comience á percibirse el sonido claro, se conocerá tanto 
mejor la elevación del útero, su inclinación y su forma, 
cuanto mas ejercitado se esté en esta especie de es- 
ploracion. 

Esté medio se combina casi siempre con la palpación 
y la inspección. 

§ VIL 
Medición. 

Este es otro medio por el cual se toman las dimen- 
siones, esactas de una cosa. Rectifica los errores de la 
vista. Exige algunos instrumentos. 

En Obstetricia se aplica para medir los diámetros de la 
pelvis y del feto: al tratar de las estrecheces y deformida- 
des que suele padecer esta parte del esqueleto, daremos 
las reglas que se deben observar para sacar fruto de este 
medio y haremos las aplicaciones correspondientes. 

§ vni. 

Razonamiento. 

El razonamiento es el complemento indispensable de los 
medios que preceden para formar definitivamente el diag- 
nóstico: es el que constituye lo que se llama tacto médico. 
Consiste en pesar, comparar y reunir en el pensamiento los 
dalos que suministran los otros medios para formar con ellos 
un diagnóstico directo, ó para eliminar lasenfermedades 
cuyos 'síntomas no nos han suministrado, formando así un 
diagnóstico por esclusion- 

Se infiere de aquí que los datos que proporcionan los 



-46— 
otros medios son esenciales para que sea fructuoso el 
razonamiento, que se necesita una buena lógica, un genio 
observador y reflexivo, para .sacar provecho de la propia 
práctica, un estudio profundo de los casos que s*? presen- 
tan á la observación y de los autores de la materia en 
donde están consignados los resultados de la espenencia 
de los sigíos, y sobretodo un desprendimiento y una 
abnegación decidida para acertar á variar un juicio ya 
formado, de-de el instante que se presente un hecho, UQ 
sintió ó una razonen sentido contrario, atendiendo á lo 
sujetos que estamos á equivocamos, y á que de ahí parte 
la resolución que se toma para obrar en bien ó en mal del 
doliente: por último, siendo el razonamiento el medio mas 
difícil, es preciso ejercitarlo. "Ver mucho y ver bien, leer 
mucho y leer bien," como dice un hábil cirujano de nuestra 
época, y consultar á quien sabe mas, es lo que forma la 
verdadera espeiiencia. 



CAPÍTULO SEGUNDO. 
Dia° ónostico de la gestación. 



ARTÍCULO PRIMERO. 
Distinguirla de otras afecciones. 

Se dice que cuando el coito es seguido de fecunda- 
ción, tiene la rmlger una sensación mucho mas volup- 
tuosa que la ordinaria, y un estremecimiento mas fuerte 
y general, y que no siente que sal^a algo de la vagina; 
después vienen horripilaciones y cólicos y un calor mar- 
cado se esparce por el vientre: luego se nota que la mens- 
truación se ha suspendido, sobrevienen efélides (vulgar- 
mente paño), desgano, náuseas, vómitos, gustos deprava- 
dos, incomodidades en la orina, estreñimiento, hinchamien.- 
to de los senos, haciéndose el asiento de picoteos y aun 
de dolores fuertes, se hace saliente el pezón, se co- 
lora la aureola, hay Kyesteina en la orina, el vientre se 
deprime entre el omb'igo y el puvis. el útero crece 



-17— 
poniéndose pesado, ancho, fijo y resistente, descendiendo 
de su lugar é inclinándose de modo que el cuello está 
caido y desviado para adelante y el lado izquierdo, el 
orificio se redondea y se ablanda; desde el fin del tercer 
mes. deja de est;ir fijo y cnido el ulero, siguiendo su cre- 
cimiento del puvis para el estómago, el cuello se va al- 
zando, acortando y dirigiéndose para atrás, sin dejar de 
inclinarse para el lado izquierdo, sigue nnmontando el 
reblandecimiento y el ensanchamiento del hocico, ade- 
lante del cuello hay un tumor blando y fluctuante algu- 
nas veces y otras duro y redondeado, se produce el ha- 
¡oteo, se perciben las desigualdades que forma el feto por 
el vi^nt'e, los movimientos que ejecuta, los latidos de 
mi corazón y el ruido place ritario; él vientre siuue el 
desarrollo rb j ! útero, formando un tumor redondeado, sa- 
liente por delante y deprimido por los lodos, que va cre- 
ciendo del puvis para el estómago, se produce un sonido 
apagado en é!, el ombligo va ensanchándose hasta sobre^ 
salir mucho, en la piel del vientre y de los senos se 
forman grieta*; al fin del embarazo hay cscurrimiento 
de mucosidades por la vulva y de ¡eche por el pezón, la. 
respiración es dificultosa, son mayores las incomodidades 
de la orina y el estreñimiento, se forman almorranas, 
niñehamiento de las venas de las piernas é hidropesías, 
vienen d dores de ríñones, dificultad para andar, cólicos 
y otras incomodidades. 

Kste es el conjunto de síntomas que presentan las em- 
barazadas, es preciso examinar el valor de cada uno. 

t °. Las sensaciones que acusan ájgnnas mngeres, ase- 
gurando que distinguen el coito fecundante del estéril, tie- 
ne algo de cierto; pero son tan vagos esto» síntomas, así co- 
mo las horripilaciones y los cólicos que los siguen, que no 
es fácil averiguar el momento en que comienza la gesta- 
ción en la mayoría de los casos. 

2 o . Supresión de la menstruación —La suspensión 
de la menstruación es un pf ct» constante del embarazo; 
pero para que sea un signo seguro, debe venir en una 
innaer sana, sin causa averiguada y sin que se siga al- 
guna enfermedad; y como son muchas las causas que 
suprimen este flujo," es necesario informarse sobre todas 
¡as circunstancias pagadas y pu-.fentes de la muger que 



-48- 

se examina para ver el valor que tiene en tal caso: ade- 
mas, en algunas jóvenes recien cacadas, se suspende re- 
pentinamente la menstruación, sin otra causa que la 
revolución qne trae el matrimonio en los órganos geni- 
tales, y hay abultamiento de vientre y de las mamas; y á 
los pocos meses vuelve el flujo y entra todo al orden, 
sin haber embarazo: al contrario, se dan casos en que á 
pesar del embarazo, signen las reglas presentándose en 
los cuatro primeros meses y aun en el quinto y se«to, 
aunque rara vez, y mucho mas en el sétimo y siguientes 
se concibe pues lo delicado de ene punto, para emitir 
una opinión. Por último, las mugeres que nunca mens- 
truan, y las que se les suspende el flujo durante la lac- 
tancia pueden hacerse embarazadas. Tampoco sirve este 
signo negativo para saber el momento de la fecundación, 
pues puede ser dias después de la última menstruación, 
ó pocos dias antes de que se suspenda, es decir, casi un 
mes de diferencia. 

3 °. Cambios de las mamas.— Las modificaciones de 
los senos en las primerizas, son signos muy probables 
de preñez: en las que ya han sido madres no desapare- 
ciendo el abultamiento de los senos, y del pezón, el 
amoratamiento de la aureola y el círculo mosqueado 
de que ya hemos hablado, no es fácil averiguar si los 
que se observan son de un nuevo embarazo: ya he- 
mos dicho también que no en todas las embarazadas 
se presentan: y por último, en algunas no embarazadas 
se manifiestan claramente varias alteraciones en estos 
órganos: es preciso pues reunido con otros signos para 
sacar fruto de él. 

4 9 Kycsteina.— En nuestra época vuelve de nuevo 
la orina á suministrar signos para diagnosticar la preñez. 
Puesta en un vaso la orina de una embarazada en reposo 
y en buena luz, después de enturbiarse y limpiarse suce- 
sivarnente como de ordinario, comienza á los dos ó tres 
dias, alalinas veces antes ó después, á formarse una pe- 
lícula blanquecina en la supcficie que va ena;ruesándose 
y reponiéndose á proporción que se va á fondo en peda- 
zos, y cubriéndose de unos puntos brillantes y cristalinos; 
este cuerpo que no es soluble en una mezcla de jabón y 
amoniaco, como el moco, ni en el alcohol ó el éter, como 



—49— 

la gfasn, lleva el nombre dé KyeStéifta. Se observa en 
el embarazo de-de el segundo ó tercera mes hasta el sé- 
timo ií octavo aunque no siempre, y en algunas enfer- 
medades: de modo que en una muger sana, es un buen 
signo; pero no todas las veces que deja de encontrarse f tita 
el embarazo. 

5 °. Forma del vientre. — El vientre se hincha en las 
primera.- semana? por una acumulación de gases en los 
intestinos, y IttBgb se adelgasa y aplasta por delante por 
el descenso del útero, al tercer mes comienza á notarse 
sobre el puvis un entumecimiento que signe creciendo 
hasta el término de la preñez: la forma que tomi el vien- 
tre es muy especial, es glóbulo o y prominente en la 
línea media, y por los lados aplastado. Este aspecto del 
vientre es si¿no casi seguro de embarazo. En la hid-o- 
pesia de Vientre, es muy ancho en todos sentidos si está 
parada la enferma, y si acostada es aplastado por arriba y 
ancho por los lados, y poniéndose boca arriba^ los intes- 
tinos, que siempre sobrenadan á la agua, dan á la percu- 
cion nn sonido claro, mientras que cuando está limo el 
útero, quedan atrás, y no se produce sino el sonido apa- 
gado: se hunde con facilidad la mano en el vientre, mien" 
tras en el embarazo "pone el útero una fuerte resistencia; 
por último, hay una fluctuación manifiesta qu» no existe 
eti las embarazadas. En un quiste del útero ó del ovario 
(scirro) han pasado muchos meses y aun años de padeci- 
mientos antes que comience á ser preceptible el tumor 
que forma y crece con mucha lentitud: en una señora 
se presentaba en el vientre bajo un tumor duro, circuns- 
crito, elevado hasta cerca del homb'igo, ofreciendo por el 
estrecho superior una superficie ancha, el cuello era muy 
corto y blando, habia punzada» en los pechos, de donde 
se esprimia alguna serosidad: pero llevaba doce ó ca- 
torce años de sufrir atroces dolores, flujos muy variados, 
fiebre de consunción, tinte amarillo de la piel &c , que 
no permitían vacilar entre la gestación y un enorme 
cáncer del útero. El meteorismo parcial (aventamiento), 
se distingue del embarazo en el sonido claro que da á la 
percu -ion la parte del vientre en que se forma, su corta 
duración y los dolores ó á lo menos la grande incomodi* 
dad de vientre que ocasiona. 



—50— 

6? Salida del fiombligo, grietas. — Los tres prime- 
ros meses del embarazo está sensible el hombligo y hun- 
dido para atrás y abajo; lueyo vuelve á su Ingarj 
desde el cuarto mes se va elevando su centro, estardo 
borrado el sétimo: los dos siguientes eslá saliente y diri- 
gido para abajo. Kste sintió es de un g'an peso, fiuuquo 
suele presentarse en algunos otros grandes tumo-es del 
vientre. Las grietas morenas ahajo del bombligo, son de 
un gran valor para el diagnóstico de la preñez. 

7 °. Cambios del cuello y 'parte inferior del útero.— 
Ya hemos visto que en los tres primeros meses de la ges- 
tación está cuido el cuello del útero, é inclinado para ¡de- 
Unte y el lado izquierdo, y que el orificio comienza á re- 
blandeceré y á abrirse. La parte contigua del cueri o del 
Útero agrandada y encnjida en la excavación, impide, que 
se 'e pueda llevar á uno ú otro lado, como se hace en el es- 
tado natural, y hice que se sienta muy pesado: estos signos 
indican bástanle el estado de preñez; pero no hay que equi- 
vocarse con un descenso del úiem, ni con el aumento 
qne toma durante la rnenst r uacion en ciertas mu ge re*, 
en cuyos ca os es necesario encontrar otros signos de 
pn-ñ z, ó repetir el ex'men después de algunos dias: 
tampoco se lomará otro turnar que pueda haber en la es- 
cavacion por el ú'ero lleno, pues entonces está d- sviado 
al lado opuesto, y se siente la línea de separación entre 
los dos: una degpneracion del útero no forma tumor liso, 
igual y redondeado como el embarazo, sino ¡'regular, desi- 
gual y doloroso por lo común; por fin, la presencia de una 
mola, es muy difícil al principio distinguida del estado 
que tratamos; en estos casos, rams A la verdad, es preciso 
reunir otros signos, para asegurar la preñez. Al cuarto 6 
quinto mes que comienza á elevarse el útero sobre el puvis, 
queda libreen la escavacion,y por el vientre es difícil cir- 
cunscribir su volumen: para conseguirlo no hay mas que 
llevar un dedo á la parte del útero anterior ó posterior 
al cuello, y hundirla otra mano en el vientre sobie el 
p'ivis para encontrar el fondo del útero, así se aprecia su 
volumen y se puede hacer una e<pe£ie de dislocación en 
masa, empujando el fondo con la mano para que el dedo 
perciba el choque, y al contrario. En los meses siguien- 
tes no interesan los signos que presta el cuello y las partes 



—51— 
inmediatas sino para conocer la época de la preñez, como 
veremos luego. 

S°. Balotéo. — Este signo consiste en percibir en la 
punta del dedo recto é inmóvil, un choque brusco po- 
cos momentos después de empujar repentinamente para 
arriba y adelante la parte del feto que alcanza, depen- 
diendo de que flotando el feto en las ao-uas y dislocándose 
al impulso q<ie se le da pa'a el fondo del útero, cae 
luego por su peso. Para percibí' lo mejor es conveniente 
palpar á la mnger estando parada, llevar el dedo delante 6 
detrás delcuello'donde es mas delgado el útero y se encuen- 
tra un tumor duro y globuloso, voltear la yema para el puvis 
doblados los ot os dedo?, y dar el golpe de atrás para 
adelante y arriba eu la dirección del eje del estrecho su- 
perior: algunas veces es necesario acostar á la paciente. 
Este signo se obtiene desde el cuarto mes hasta el oriavo, 
antes no es posible porque es muy peqi eña la cabeza del 
feto, y dü bastante grueso el útero, ni después porque la 
parte del feto no abandona al dedo y eu el noveno se 
encaja en la escavacion. Antes riel cuarto mes, es posi- 
ble obtener el balotéo por el vientre, acostando á la mu- 
ger de hdo, llevando el dedo á la parte del vientre que 
queda debajo y dando allí el choque. Es un signo seguro 
de preñez, no obstante que el Sr. Cnsseauz lo ha encon- 
trado en una muger no embarazada que tenia un calculo 
en la vejiga de la orma. Algunas veces no se deja per- 
cibir cada vez que se quiere: hay posiciones del feto en 
que no se puede ejecutar por no alcanzarse, tales son 
aquellas en que queda la pelvis ó un lado del tronco del 
f to del lado del estrecho, á no ser que venga un codo, 
una mano ó i.n pié á quedar libre debajo, pues entonces 
se consigne percibir un choque pequeño. 

9 °. Movimientos activos del feto.-— Desde los cuatro 
meses y medio de la gestación co rifenzan á sentir las em- 
barazadas los movimientos de su hijo, aunque hace tiempo 
se contraen sus músculos: al principióse manifiestan por 
Un ligero cosquilleo, después son mas marcados: es un 
resbalamiento de un lado á otro de todo el f to, ó el mo- 
vimiento de una de sus partes, que producen desigualdades 
visibles por el vientre, y choques que molestan á la rau- 
ger. Este es un signo evidente de preñez; pero pudiendo 



—52— 
ser tomado el movimiento de los intestinos, 6 los latidos 
de una arteria, por movimientos fetales en una muger quo 
de^ea tenerlos, consiguiendo otras, que quieren simular lu 
preñez, dar ciertos movimientos á las paredes de su vien- 
tre, y negando otras, que piensan ocultarlo, sentirlo?, 
es preciso percibirlos para e»tar cierto de lo que se 
trata: para esto se coloca una mano de lleno en un lado 
del vientre, y con la otra se dan golpéenos en el otro lado, 
pronto se sentirá el choque si hay feto dentro. En al- 
gunos casos no son sentidos. 

10 Pulsaciones del corazón. Soplo placentario.— 
El signo mas seguro que se tiene de la preñez, es el de 
los latidos del corazón del feto, manifestados por un rui- 
do semejante al del balancín de un relox envuelto en un 
lienzo, trasmitido á la oreja del observador por In espalda 
del feto, el grueso del útero y de la pared del vientre, y 
por el hueco del estetoscopio: cuando se rota la bolsa de 
la* aguas en el parto se oyen mas cercanos y mejor. Se 
encuentra en las inmediaciones del hombligo; pero antes 
del sétimo mes, que puede el feto cambiar de lugar, es 
muy variable el punto de su mayor intensidad, de donde 
se estiende como centro disminuyendo de intensidad á 
un círculo mas ó menos grande. Los latido* del cora- 
zón del feto indican evidentemente la existencia de la 
preñez; por desgracia no se p-rciben antes del cuarto ó 
quinto mes, aunque algunos aseguran haberlos encontrado 
antes, y varias causas impiden oirlos; así sucede cuando la 
espalda del feto re para atrás de la madre, cuando hay 
mucha cantidad d« agua del Amnios, cuando se interpone 
algún intestino entre la pared del vientre y el útero, y en 
otrns circunstancias. 

Por lo común hacia el lado derecho de la parte inferior 
del vientre, se oye desde un poco antes que el ruido an- 
terior un soplo mas ó menos fuerte á cada latido del pulso 
de la madre, que se llama soplo placentario ó uterino. 
Se le oye hacia los lado* y parte inferior del vientre, ó 
hacia el fondo d*| útero: en un solo punto para ir dimi- 
nuyendo á lo lejos, ó se oye fuerte en dos ó mas puntos: 
cambia con frecuencia de lugar, desaparece por interva- 
los mas ó menos largos; su intensidad y timbre son va- 
riables; unas vices es tan débil como el zumbido de un 



—53— 
tábano y otras tan fuerte como el soplo de un fuelle, unas 
veces es un ruido corto y seco, otras es prolongado y aun 
continuo con exasperaciones correspondientes al pulso, 
otras es un silbido, la imitación del sonido de una cuerda 
de bajo, del arrullo de la tórtola: yo he oido, alternando 
con el soplo ordinario, un sonido musical de los descritos 
por el Sr. Bouillaud para las arterias, un una embarazada 
ele ocho meses. El soplo placentario se oye en al¡¿npos 
tumores del vientre, pero cuando se está seguro de la sa- 
lud de la muger, constituye un signo cierto de gestación. 
Se le ha oido también después de espulsado el feto y ann 
la placenta. 

U. Por fin, las efélides, el desgano, los gustos depra- 
vado*, la salivación, los vómitos, las incomodidades de la 
orina, el estreñimiento, el estravío de las facultades afec- 
tivas é intelectuales, y otro* achaques de las embarazadas, 
que pronto dataremos, no obstante que no se observan en 
todas, y al contrario se presentan en muchas enfermedades, 
cuando se reúnen á otros signos, ayudan mucho para el 
diagnóstico de la preñez. L,o mismo sucede con la mayor 
salacidad que adquieren unas y la indiferencia por los 
placeres del amor que se apoden» de otras. 

Resulta de todo lo espuesto que en los primeros meses 
de la gestación, solamente reuniéndose muchos de sus 
síntomas, se puede estar seguro de ella, y que cjesjje el 
cuarto mes en adelante, no es fácil equivocarse ya. 



ARTÍCULO SEGUNPO. 

Conocer las circunstancias del embarazo. 

Ahora debemos ver si se puede diagnosticar el tiempo 
que ha pasado desde la concepción hasta el dia de la ob- 
servación, la preñez gemelar y la extra-uterina. El diag- 
nóstico de las posiciones del feto respecto de la mad r e, su? 
padecimientos dentro del útero ó $u muerte, el lugar de 
inserción de la Placenta &C, 89 *on todavía de este 
lugar. 



—54— 

U 

Periodos de la gestación. 

Una vez reconocida la gestación, no hny mas que re- 
cordar lo que hemos dicho sobre Jos cambios que sufre 
el útero en este estado pata diagnosticar el tiempo trascu- 
rrido despne3 de la concepción; sin embargo, no olvidando 
que la preñez gemelaí y la hidropesía del Amnios, ace- 
dan el crecimiento del útero, y que en algunas muge res 
por su conformación lo retardan; reasumiremos. 

En los primeros meses está el vietitre enanchado, hun- 
dido el homblioo, el úte r o caido, mas ancho, fijo y pesado, 
el cuello bajo, dirigido para adelante y la izquierda, 
grueso a'riba y delgado en la punto, que está reblandecida, 
el hocico circular y entreabierto en las primerizas, mas 
abierto y desigual en las que ya han pando; se hinchan 
los senos y duelen, y hay náuseas y vómitos. 

Al tercer mes per>isten estos síntomas, sobresale un 
poco el vientre arriba del puvis, vuelve el hombligocasi 
á su estado natural, se colora la aureola y hay Kyesteina 
en la orina. Al fin, está el fondo duro del útero al nivel 
del estrecho superior, echándose de ver, cuando está va- 
cía la vegicra, y se emplea la palpación por la vagina y el 
vientre, para producir la dislocación en masa. 

Al terminarse el cuarto mes, está el fondo del útero á 
cuatro dedos arriba del puvis, se nota sensiblemente un 
sonido apagado en esa parte, el cuello se eleva y se di 
riüe para atrás, el hocico está mas reblandecido y deja 
penetrar la pulpa del dedo en las que ya han parido, se 
produce el balotéo, hay soplo placentauo y pulsaciones 
del corazón del feto, que ejecuta movimimntos. 

Concluyendo el quinto mes, el útero está casi llegando 
al hombligo, el tumor que forma por el vientre es redon- 
deado y saliente para adelante, por lo común se sienten 
las desigualdades del feto: el cuello parece acortado una 
tercera parte, cesan los vómitos o'dinariamnte. 

En el sesto mes está el útero un poco sobre el hombli- 
go que comienza á enancharse, los movimientos del feto 
y sus desigualdades son muy notables, hay en la parte 



—55— 
superior y anterior de la vagina un tumor Ancho, el cuello 
parece reducido á la mitad de su largo, su reblandeci- 
miento casi llega á la mitad de su longitud, en el hocico 
penetra el dedo hasta el nacimiento de la uña en las que 
ya han pando, en las primei izas !»igue cerrado, aparecen 
las manchas mosqueadas en los senos. 

fcm el sétimo está el fundo del útero a tres ó cuatro 
dedos arriba del hombligo é inclinado para la derecha; 
el balotéo, el soplo y los latidos del corazón del feto son 
muy claros, el hombligo sobresale, hay numerosas grie- 
tas en el vientre y los senos, y escurnmiento de lr-che y 
de flujo blanco. 

Kn el octavo el útero está á cinpo 6 seis dedos arriba 
del hombligo, el cuello está reblandecido en toda su par- 
te que entra en la vagina, es ovoideo en la 5 » primerizas y 
ancho de abajo en las que ya han parido, donde está muy 
dilatado. 

Al principio del noveno toca el útero en el estómago, ó 
el borde derecho de las costillas, en las que ya han pa- 
rido se cae para adelante por la flojedad de las paredes del 
vientre, todo el cuello está reblandecido con escepcion 
del orificio superior que comienza á abrirse. 

Para averiguar después de un aborto la época del em- 
barazo en que íe verifica, se buscarán minuciosamente el 
feto y sus nnecsos, se verá el desarrollo a (|ue han llegado 
y los caracteres que presenten, y según lo que hemos di- 
cho en otra parte sobre esto, se conocerá lo que se busca. 
Este es uno de los pocos motivos que nos han obligado á 
tocar la emb'iología. 

Proximidad del parto. — Los signos que indican la 
proximidad del parióse llaman precursores de él. Lo pri- 
mero qi'e se nota es que el útero desciende un poco del 
hneco del estómago á que llega en el noveno mes ensan- 
chándose el vientre: luego disminuye la ansiedad hacién- 
dose mas lib'emente la respiración, cesan los vómitosyse 
hace mejor la digestión, la porción inferior del útero des- 
ciende también principalmente su parte anterior, engastán- 
dose en la escavacion con la cabeza del feto, cuando viene 
por delante, por lo cual hay un peH> incómodo en el ano, 
dificultad de ir al común, ganas frecuentes é ilusorias de 
mear, lo que se hace con dificultad, abundantes mucosida- 



— 5G— 
escurren por la vulva, las almorranas y la hidropesía drj 
las piernaa, causan lilla grande molestia y aun dolores 
fue tesj es penoso y aun imponible el andrAr, por el aflo- 
jamiento fi que llegan las sínfisis de la pelvis, por fin. lá 
leche está mejor formada y es fácil esprimirla de loa pe» 
olios; por otra parte, en esta época, sé toca la bolsa de las 
aguas, ha desaparecido en las primerias e' cuello, confun- 
diéndole con el cuerpo del útero, y encontrándose sola- 
menté muy atrás un agujero de bordes delgados, cuyo 
orificio inferiores estrecho:en las qué ya han parido, que- 
da un rodete grueso todavía; pero el orificio es muy am- 
plio aun abajo: en todas se presentan torsones corlas al 
principio, que vuelven después dé un largo rato, hacién- 
dose gradualmente mas largos y acercados, y si entonces 
se observa de cerca, se ve que durante el dolor, el útero 
se contrae V se endurece, y si no es el primer embarazo 
que la bolsa se endurece también, y se engasta entre los 
labios del hocico de tenca: dentro de unos momentos se 
relaja el útero y toma el vientre su suavidad habitual hasta 
un nuevo torson; estas son Verdaderas contracciones del 
útero, que se prepara á las muy violentas que tiene que 
ejecutar en el parto: «algunas veces no son dolorosas, y solo 
se echan de ver palpando á lá paciente. Ésto* síntomas 
precursores se anticipan al parto dé cinco á quince-dias, 
algunas veces mas, y así sucede á las primerizas ge- 
neralmente: no son un sufrimiento inútil, pues comien- 
zan fi adelgazar y dilatar el orificio uterino: por eso se 
nota que cuanto mas molestia han causado estas con 
tracciones precursoras, tanto mas fácil es el parto Por 1 
lo demás, averiguando la. época en que se verificó la 
concepción, no ateniéndose solamente é la supresión 
dé las reglas, como ya sabemos, para contar nueve 
meses poco mas 6 menos, se cohoce si se trata de un 
parto á términd, ó prematuro, ó de un aborto. 

§ II. 
Preñez gemelar y extra-uterina. 

1° En el mayor número de casos de preñez gemelaf 
se desarrollan los fetos de cada lado del útero, y entonce* 
es fácil diagnosticarla:" esta mas voluminoso el vientre dé? 



—57— 
lo ordinario, en la época que se examina, lo cual soto 
puede ser en este caso y en la hidropesía del Atnnios: es 
aplastado y aun hundido de adelante, en lugar de ser pro- 
minente, está saliente de los lados, los pequeños movi- 
mientos de los miembros que forman eminencias y causan 
incomodidad, son percibidos en dos puntos diferentes, y 
los latidos de los corazones se oyen fuertes en dos puntos 
dista rites, es decr, que de un punto que son intensos van 
disminuyendo de energía, que vuelven á adquirir en otro 
punto lejano; suele notarse la falta de isocronismo mutuo 
de las dos series de pulsaciones, sin pertenecer una de 
ellas á la circulación de la madre, como puede verifi- 
carse pulsando la madre al tiempo de auscultarla: si las ca- 
bezas de los fetos están para arriba, es muy ancho el fon- 
do del útero y al contrario: si uno viene de pies y otro 
de cabeza, hay dos depresiones en el vientre y dos 
eminencias una arriba y otra abajo. Cuando los fetos 
están uno delante de otro no son marcados estos últimos 
sintonías; pero estoes raro. Recuérdese que puede estar 
muerto uno de los fetos. Se han podido distinguir dos- 
bolsas de las aguas sobre el cuello (Duges): unas veces 
se reconoce una parte de un feto dentro de él; entonces 
no se puede practicar el balotéo, por impedir el otro la 
ascensión de la parte, á no ser que haya mijcha as;ua 
del Amnios-. otras, estorbándose mutuamente para des- 
cender lo bastante, no alcanza nada el dedo; este signo 
negativo pertenece también á la preñez simple, cuando no 
viene la cabeza para abajo. 

Después de un aborto, ó de un parto, se ve que la pe- 
quenez del producto de la concepción y la cantidad del 
agua del Amnios espulsada no corresponden al volumen 
del vientre, que el cordón que sale pulsa con violencia y 
Amando se corta vierte mucha sangre, el vientre queda 
elevado, se sienten en él algunas veces las desigualdades 
de otro feto, y por último, se reconocen otra bolsa, una 
parte de otro feto y en una palabra los signos de un em- 
barazo distinto. 

2 °. No es posible al principio distinguir la preñez 
extra-uterina de la ordinaria, y aun sucede que pasa 
desapercibida. Nada ofrecen de particular el útero en su 
situación, tamaño y forma, ni las náuseas, los vómitos &c: 

8 



—58- 
Ia menstruación se suspende ó persiste, cambian los ca- 
racteres de las mamas ó no sufren alteración, y los dolo- 
res en la pelvis, una ingle 6 el hombligo y otros sínto- 
mas, son muy vagos. 

A una época mas avanzada presenta sus dificultades el 
diagnóstico: hay un dolor fijo y constante en la pelvis, 
una ingle ó el hombligo que imposibilita acostarse de 
lado, y si el tumor formado por el producto de la concep- 
ción cae á la pequeña pe'vis, empuja al útero sobre el 
puvis, de modo que se encuentra el cuello muy alto y 
para adelante, y detras un tumor ancho, hay dificultad 
de mear y de escretar. Estos síntomas, si no se exami- 
nan con cuidado, pueden atribuirse á una reirs-version 
del útero. 

Mas tarde aparece un tumor á un lado y arriba del pu- 
vis, y en muchos casos dos, uno formado por la bolsa 
que encierra al feto y otro desviado que lo constituye el 
útero, que se encuentra vacío, notándose la línea de se- 
paración; en la preñez de la cavidad del vientre está el 
feto mas superficial, los movimientos del feto son mejor 
sentidos y dolorosos, se distinguen fácilmente sus partes, 
el tumor no es globuloso ni circunscrito; en las varieda- 
des que crece en la pelvis el feto, se encuentro e' cuello 
del útero inclinado para el lado en que sa forma el tumor 
ó no se alcanza; este es ancho, menos resistente, pues 
permite reconocer las partes del feto; las incomodidades 
de orina y de escrecion del recto son muy molestas. 

Por último, cuando pasa mucho tiempo sin terminarse 
el embarazo, y se han presentado á épocas regulares el 
conjunto de síntomas de parto por tres ó mas dias, sin re- 
sultado, como dijimos en su lugar, se sigue la formación- 
de la leche y el crecimiento del tumor, con las incomo- 
didades consiguientes, creo que no debe caber duda almi- 
na sobre este particular. 



A LA PRIMERA PARTE* 

02n este artículo nos proponemos dar á conocer los ac- 
cidentes que sobrevienen frecuentemente á las mugeres 
con motivo del embarazo, porque lo que precede supone 
que deben conocerse muchos de ellos y mas tarde debe- 
mos ver cómo modifican mas ó menos gravemente el 
parto, al cual se parecen algunos, y porque es preciso se 
ocurra á cada uno con la eficacia necesaria. 

Las enfermedades del feto dentro del útero, no tenien- 
do todavía para él interés práctico alguno, causando en 
el parto &¡gun accidente á la madre 6 constituyendo un 
obstáculo á su terminación, y estando la mayor parte 
arriba da nuestros alcances, las pasamos en silencio aquí 
dejando las importantes para otro lugar. 

U. 

Efélides. —Lamparones. 

Conocida vulgarmente bajo el nombre de paño, esta 
afección aparece, principalmente en la cara, bajo el as- 
pecto de unas manchas de tamaño y figura variables, que 
todo el mundo conoce. Se notan desde los primeros 
dias del embarazo. Unas veces desaparecen con el parto 
y otras duran después de mucho tiempo de verificado. 
No hay medios seguros con que hacerla desaparecer. 

§ II. 

Alteraciones de la digestión. 

i^a inapetencia y el horror por los alimentos es sínto- 
¿na muy común en las embarazadas. Reconoce muchas 



—60— 

causas: citando depende de la correspondencia entre el 
dúero y el estómago que se manifiesta cuando aquel pa 
etce, no se vence por nada, principalmente para las carnee: 
cuando depende del estieñimiento que acompaña á ios 
embarazadas, es preciso combatir este síntoma: y cuaand 
viene por otras causas, pertenece el caso al médico. 

Los gustos depravados son una perversión qtie acom- 
paña con frecuencia al síntoma anterior y que el vulgo 
quiere se satisfagan á todo trance, llamándolos antojos. 
No hay inconveniente en acceder á la satisfacción de es- 
tos apetitos, cuando no resulta un mal á la salud, pero, 
no es prudencia hacerlo en caso contrario, como cuando 
qnieren una cantidad excesiva de alimeut, ó tiera 
carbón, cal de las paredes, pimienta, chile <fec 

Una abundante salivación mortifica también á las em- 
barazadas en los primeros día*, que por ¡sí sola cesa; pero 
no siendo así, se les dará á beber una infusión de tilia, 
azar ú otra aromática, sola ó con magnesia, un poco de 
ruibarbo, ó se les hará traer en la boca un pedazo de azú- 
car candi ó de goma. 

Los agrios, las acedías, los calambres del estómago y 
otros síntomas de esta clase, que también padecen mu- 
chas embarazadas, se alivian con magnesia, carbonato de 
sosa, pastillas de Vichy, y otras medicinas mas enérgicas. 

Las náuseas y los vómitos son tan frecuentes desde los 
primeros dias del embarazo, que para las que ya han pa- 
rido son un signo seguro de que lo tienen: otras veces no 
aparecen hasta el tercero ó cuarto mes: otras, presentán- 
dose en los primeros dias, desaparecen luego para volver 
en los últimos. En algunas no se presentan estas inco- 
modidades. 

Reconocen por causas, como el desgano, va. ios motivos: 
cuando no dependen de enfermedad anterior ni son oca- 
sionadas por una inflamación provocada del setómngo, 
son debidos á una relación desconocida en su esencia 
entre el útero y el estómago que los hace corresponderse, 
y en los últimos meses, á la falta de lugar que quedan en 
el estómago á los alimentos por el crecimiento delútero. 

En lo general no duran estos síntomas mas que seis 
ú ocho semanas. Se presentan por las mañanas ó en to- 
do el dia, ó lo que es muy frecuente, después de una de 



—el- 
las comidas: parece ridículo decirlo, pero muchas muge- 
res por la intensidad de los vómitos han podido predecir 
el secso del feto. Las materias vomitadas son mucosida- 
des mas ó menos abundantes ó alimentos. Algunas mu- 
¿eres se enflaquecen mucho por no quedarles nadir en el 
estómago con que poder nutrirse, otras por la violen- 
cia de los vómitos abortan, otras quedan con dolores de 
cabeza, alucinaciones. Se asegura que algunas mueren. 
Lo que importa ante todo para llevar el remedio á es- 
tos males, es ver que no haya calentura, que no esté roja 
la lengua ni muy sensible el estómago, es decir que no 
haya inflamación, pues esto exige un plan curativo bien 
dirigido. Sino es así, y son ligeros los vómitos, basta una 
infusión de té, tilia ú hojas de naranjo: si sobrevienen des- 
pués de una de las comidas, es necesario hacer que la em- 
barazada tome buenos alimentos en las otras horas de co- 
mer, y que en la que es seguida de ese síntoma, no tome 
alguno ó que sea muy ligero: si dependen del estreñi- 
miento se atacará esta causa como vamos á decir; pero si se 
presentan síntomas alarmantes, se hará consultar á un 
médico. 

El estreñimiento es otra incomodidad de las embara- 
zadas muy frecuente. Depende de la compresión que 
ejerce sobre el intestino recto el útero abultado. Man- 
tiene en mucha parte el desgano y las demás alteraciones 
de la digestión, y la acumulación de los escrementos es 
una de ías causas de la retroversion del útero y del a- 
borto. Se le combate con lavativas grandes de cocimien- 
to de malvas con un poco de aceite de ajonjolí incor- 
porado con una clara de huevo, ó con otras semejantes, 
ó si persiste con rebeldía, administrando un ligero pur- 
gante, bien que un profesor verá cuál conviene. 

§111. 

Almorranas. — Varices. 

Las hemorroides (almorranas) y el hinchamiento de 
las venas de la vagina y de las piernas, llamado varices, 
que padecen muchas embarazadas en los últimos meses, 
reconocen por causa la misma compresión del útero sobre 



—62— 

las venas de la pelvis que no deja recibir la sangre que vie- 
ne debiíjo. Para aliviar las incomodidades de las almo- 
rranas es necesario combatir primero el estreñimiento por 
los medios apropiados; luego se harán tomar medios ba- 
ños foscos, aplicaciones al tumor que forman, de cata- 
plasmas ó lociones de malvas, linaza, adormideras ó le- 
chuga, ungüento populeón, bálsamo tranquilo ó pomada 
de belladona; si son interiores ó si presentan síntomas 
alarmantes, es preciso medios mas enérgicos que sabe 
manejar el médico-cirujano. 

En cnanto á las varices de los miembros que causan 
temores, se debe aplicar una compresión igual sobre todo 
el miembro. 

§ IV. 

Incomodidades para mear. 

Los trastornos que sufre el acto de mear en las emba 
razadas, son ocasionados, como ya sabemos, por la com 
presión del útero agrandado ejercida sobre el cuerpo 6 
en el cuello de la vegiga. En e) primer caso hay fre- 
cuencia de mear, y en el segundo al contrario, retención 
de orina mas ó menos completa, que no puede durar mu- 
chas horas, sin que se inflame ó rote la vegiga. Para 
oponerse á estos padecimientos se acostará boca arriba á 
la enferma y aun se pondrá la pelvis mas alta colocán- 
dola sobre una almohada; pero si no se consigue el objeto y 
se trata de la retención, se levantará el útero con dos de- 
dos llevados á la vagina, de la parte anterior del estrecho 
para que dé paso libre á la orina, ó se emplearán otros 
medios de cirugía, que obvien los terribles accidentes que 
sobrevienen de la inflamación y rotura de la vegiga que 
tendremos ocasión de bosquejar. 

§ V. 

Grietas.- Escorsor de la vulva.— Leucorrea. 

Las grieias del vientre y de los senos, que hemos des 
crito entre los cambios que sobrevienen á las embaraza 
das, producen ardores y comezones incómodos que es 



—63— 

bueno mitigar con baños tibios y aplicaciones de Una 
grasa suave, como ceruto de Galeno, aceite de almendras 
dulces, manteca simplemente &c 

Al principio de la preñez sobrevienen con frecuencia 
en los órganos genitales, comezones tan vivas algunas 
veces, que no se puede resistir á roscarse, infl.\mándose la 
vulva y resultando otras alteraciones. Nada hay mejor 
para esto, que !os bonos, las lociones con agua fria *ola 
ó con vegeto, la aplicación de un lienzo fino empopado 
de aceite de almendras dulce?, ó de agua de vegeto. 
No es raro qne esta incomodidad se estienda á toda la 
piel. 

El escurrimiento blanco por la vulva, llamado leuco- 
rrea ó flores blancas que se presenta al fin de la preñez 
no es de gravedad; pero algunas veces es tan abundante en 
todo el embarazo, que produce un calor y escorsor insopor- 
tables en la vulva y los muslos, aparecen unas vegiguillas 
en esos puntos (píese escorian é impiden andar, se tras- 
torna la digestión y viene el enflaquecimiento. Los baños 
repetido?, las lociones continuadas con agua de vegeto y 
la interposición de un lienzo fino con una grasa, como 
en la anterior afección, mitigan esta, que en verdad *olo 
desaparece con el parto. 

§V£. 

Relajación de las sírtfisis pelvioyias. 

Tenemos ya manifestado que cuando está avanzado el 
embarazo, los ligamentos de las coyunturas de la pelvis 
se humedecen, y tienden á separarse una de otra las es- 
tremidades de los huesos que las forman. Esto pasa 
desapercibido en el mayor número de casos y lejos de 
traer inconveniente, es ventajoso para el parto; pero algu- 
nas veces, pasa de sus límites esta lacsitud. Hay un 
dolor fuerte en dichas coyunturas al comprimirlas, al 
andar, mover las piernas y aun en la estación parada; 
parece que se desencaja el sacro para caer entre los mus- 
los, y dándole movimiento a una pierna se siente la mo- 
vilidad de los huesos iliacos, un chasquido particular y 
aun la línea de separación de los puvis. Este nial ab- 
sorve toda la atención de las enfermas: en el parto se 



—64— 

las ve contener los dolores cuanto pueden: signe moles- 
tando después muchos meses y aun años: suelen infla- 
marse esas partes, ocasionando esto padecimientos vivos 
con calentura, cediendo después, ó pasando á la supina- 
ción que trae fístulas y aun la muerte: suelen también 
soldarse los huesos. El mas absoluto reposo conviene á 
esta enfermedad durante la preñez y una suave compre- 
sión con una venda que pase por los cuadriles para que 
no se suba al vientre; si persiste después del parto, debe 
un médico combatir la inflamación, evitar las supura- 
ciones, aplicar la cintura de acero de Martin &c. 

§ VIL 
Dolores lombares, inguinales, ventrales. — Calambres. 

Las embarazadas son mortificadas por dolores que tie - 
nen su asiento en los ríñones y 1 ws ingles. En los pri- 
meros meses son síntomas de la plétora parcial del útero, 
ó los preludios de un aborto (véase estas afecciones): en los 
últimos meses, que son mas frecuentes, dependen de cau- 
sas no bien fijadas; se alivian con baños, fricciones de 
aguardiente ó aromáticas sobre los riñones, y para los 
inguinales con la posición acostada, y el sostenimiento del 
vientre con un vendaje ancho que pase por el puvis. 

Atacan también en trechos pequeños del vientre otros 
dolores que se exasperan á la ptesion y al moverse sin 
qoe haya calentura: lo¿ baños, las unciones de aceite con 
láudano, ó de pomada de belladona los mitigan, mientras 
se destierran con el parto. 

Los muslos y las pantorrillas son en las embarazadas 
el asiento de adormecimientos, hormigueos y aun calam- 
bres que molestan mucho. Es necesario mantener vacío 
el intestino recto con las lavativas y los purgantes que se 
prescriben en el estreñimiento, dar baños, aplicar aceites 
con láudano ó pomada de belladona, ó aguardiente al- 
canforado en la parte dolorida para mitigarlos. 

§ VI1L 
Dislocaciones del útero- 
Las dislocaciones del útero son su caida, su retrover 



--65— 

«'ion, su nnteversion, sus lutero-versiones, y su heniú,. 

La caída, descenso 6 prolapsus del útero, se verifica 
en todas las embarazadas en los primeros meses acer- 
cándose el cuello á la vulva; peco no puede pasar de 
ciertos límites sin que resulten accidentes que están en 
proporción del grado det descendimiento del útero y del 
volumen á que ha llegado. Se precipita el útero hasta 
deacanzar sobre el perineo, asomarse á la vulva y aun 
atravesándola, colgar entre los muslos; desciende tanto 
mas cuanto mas espaciosa es la escavacion y mas lacsos 
son los ligamentos del órgano, esto sucede cuando mu- 
cho antes del embarazo existe ya esta enfermedad. 

Esta afección ocasiona pesantes en el ano y un estre- 
ñimiento que con nada se vence, pujo y dificultad para 
mear y aun retención completa de orina, que inflama y 
aun rota la vegiga; tirones dolorosos en los lomos el hom- 
bli^*o y las ingles, imposibilidad de ai: lar ó par 
'escurrimiento de flujo blanco mas ó menos be 
enilanquecimiento estremado: el útero ge bor- 

to es muy fácil. Estos síntomas no son tari gravas en 
los tres primeros meses, y si al aumentar de volumen el 
útero se eleva hasta descanzar en el estrecho supenV. 
cesan los desórdenes, y aun se cura radicalmente un de- 
censo antiguo; pero si sigue el desarrollo en la escava- 
cion, tocan á un grado de gravedad peligrosísimo, pro- 
ducJéndose los terribles desórdenes de la retención de! 
feto en la escavacion, que bosquejaremos en otra parte- 
en los casos raros de salida completa del útero impreg- 
nado al esterior, desarrollándose, forma al fin de la pre- 
ñez un enorme tumor colgante entre los muslos que 
con el contacto del aire, el roce del vestido y los cho- 
ques esteriores se altera mas órnenos gravemente en- 
trando la muger en un enflaquecimiento estremo. So- 
lamente la palpación vaginal puede hacer conocer la 
caída del útero y distinguirla de las otras afecciones 
con quienes se confunde. 

Cuando una muger padece asta enfermedad anticipa- 
damente; se la tendrá acostada y con el vientre suelto 
«enteramente y sin ligadura alguna desde que se hace 
embarazada hasta el tercero o cuarto mes, con lo cual 
«o solamente no aumenta ei mal, sino que aun se consi- 



—66— 

gue la curación radical: esto mismo se hará desde el 
momento que se note el accidente y aun se alzará la 
pelvis mas con una almohada, se combatirá la retención 
de orina, como dijimos arriba: un purgante puede quitar 
el estreñimiento que no se vence con las lavativas; pero 
también puede agravar el mal. Si se hacen alarmantes 
los desórdenes consiguientes, á tiempo deberá practicar- 
se el sondeo y muy principalmente atacarse la cau^a de 
ellos, colocando el útero en su lugar, y lo que es mas difí- 
cil todavía mantenerlo en él hasta el quinto mes. Es 
evidente que estas operaciones son objeto de la c i rujia, 
así como disponer el vendaje conveniente al caso de cuan* 
do ei útero crece entre los muslos. 

Después del parto debe quedar en su cama hasta dos 
meses una enferma que padece caída del ulero. 

La retroversion del útero no es mas que la ecsa^era- 
cion de la inclinación del fondo para nüás que hemos 
referido es consecuencia del embarazo en los primeros 
meses: aunque no es raro verla en los últimos. A 
consecuencia del peso de los intestino*, ó de escre- 
méritos acumulados en ellos sobre la parte anterior del 
fondo del útero, ó de \\n tumor adherido á la posterior 
de dicho fondo: ó de grandes esfuerzos para mear, es- 
eretar, vomitar ó alzar un objeto pecado; ó de un golpe 
en el vientre ó unn caída para atrás, se cae mas el 
fondo del útero hasta ponerse á la altura del cuello 
que so va para adelante, y aun descender mas to- 
davía. Vienen ¡os síntomas que se refieren también á 
la caida del útero, y cuando por efecto del crecimiento 
del feto, y la inflamación del útero, muy frecuente, se 
enclava el tumor qui» forma en la escavacion, llegan 
aun grado de oravc d i d muy serio, la estension déla 
vegiga por la acamul cion de la orina hace temer á 
cada momento su rotura, la compresión del recto es 
tal, que las lava f ivas no pasan del obstáculo, sino lleván- 
dolas por una sonda profundamente introducida, la 
enferma hace esfuerzos estraordinarios para escretar, que 
aumentan lo retroversion, en fin, hay síncopes y sobre- 
viene la muerte enmedio de mil angustias: en los meses 
siguiente?, que está el útero fuera de^la escavacion, no 
trae esta gravedad; pero en el parto, es cansa de un 



—67— 
obtáculo para este acto ó de una viciación en la posición 
del feto, por nn mecanismo que espondrémos en su 
lugar. 

Solamente el tacto vaginal puede dar á conocer esta 
enfermedad y el grado á que ha llegado, haciéndola 
distinguir de las que se le parecen, pues se encuentra 
cerca de la entrada de la vagina un tumor ancho y liso, 
mas ancho por detrás que por delante: sin presentar el 
cuello en el centro, como en la caida del útero, sino en 
su parte anterior, detrás del púvis enteramente di- 
rigido para adelante, y aun para arriba sobre la sínfi- 
sis puviana. 

El enderezamiento del útero por la vagina y aun el 
recto, con los dedos ó con instrumentos apropiados, 
atender á los desórdenes, y en caso de mM écsito la 
provocación del aborto tal vez, son de la jurisdicción de 
un hábil cirujano. 

La anteversion consiste en que se inclina el fondo 
de] úteto para adelante y el cuello para atrás, pudiendo 
colocarse el órgano horizontalmente y aun colgar delante 
del púvis. Este accidente es raro en los tres primeros 
meses de la gestación, y aun cuando se verifique, los 
esfuerzos y la acumulación de escrementos ó de orina, 
en lugar de agrnvar el mal, como en la retioversion, 
tienden a enderezar el útero; en los últimos meses, que 
torna el útero la dirección del eje del estrecho superior, 
es cuando se observa mas frecuentemente, principalmen- 
te en las que ya han Darido ; que como sabemos tienen 
flojas las paredes del vientre, y en las que tienen el plano 
del estrecho mas inclinado para adelante que de ordi- 
nario. La forma del vientir indicí en esta época el 
accidente, el cuello está muy atrás y no se j-h de alcanzar, 
pesando e¡ útero sobre la vegig<". y ■ púvi . h iy frecuen- 
cia y dificultad de mear, dolores n el púvis, las ingles 
y los muslos, la salida pare delante del vientre no 
permite andar. En los primeros meses produce este 
accidente los referidos á los dos anteriores: en el parto, 
motiva con mas frecuencia los de la retroversion. Un 
vendaje ancho que abrace el vientre desde el púvis, y 
esté un poco apretado, ó la postura boca.arriba alivian á 
las enfermas. 



—6*— 

La lateroversion derecha es mucho mas frecuente que 
ia izquierda. Durante el embarazo no son de consecuen- 
cias; pero en el parto, vienen á producir un obstácLijh 
viciar la posición del feto y á ocasionar otros accí 1 rites 
que dejamos para describirlos que se présente m^jor oca- 
cion. Basta la simple vista en los últiuK j :a« s para 
ver que el fondo del útero está cargadoá un ! L i 1 'fin- 
iré, que está desfigurado, el cuello está muy «¡tp J ú 
do para el otro lado del de la inclinación. Todo lo .7.^ 
hay que hacer es obligar á le embarazad;., .. que perma- 
nezca acostada sobre el lado opuesto al déla fatero- versión 
de que se trate, y en el parto tener presente lo que i . 
yen para proceder en consecuencia. (1) 

Hernia del útero, es algunas veces la a rite versión,, 
cuando estando abiertos por enmedio los músculos del vien- 
tre dan paso al útero hasta debajo de la piel; poro aquí se 
trata de ciertos casos de que hablan los Sres. Sabatier, 
Simón y otros, en que saliéndose la matriz vacía por 
una abertura que existe en la ingle debajo de la piel, 
se impregna y crece con el feto, formando al fin un 
enorme tumor. Un vendaje hecho á propósito es ne- 
cesario para sostener el tumor durante la gestación. 

5; IX'. 
Roiematismo uterino. 

Esta grave enfermedad es aquí tratada únicamente por 
l ! a influencia que ejerce en la gestación, el parto y el 

(1) Con motivo de las dislocaciones del útero, 110 podemos- 
pasar en sileneio las refecciones que desgraciadamente hemos he- 
cho con frecuencia en la práctica, cada vez que se nos consulta 
por una inflamación de útero, una hemorragia, uu aborto, flujos- 
blancos interminables &c, después que ha sido sacudido y res- 
tregado el vientre, aplicado el amuleto llamado muñeco y el ven- 
daje apretado correspondiente y todo lo demás que corona la 
obra- Desde luego se echa de ver por lo que decimos de las 
dislocaciones, que no siendo tan- fáciles de conocerse, en muchí- 
simos casos no han sido empleados medios tan bárbaros, síqo con- 
tra una inflamación ó principio de aborto que han venido í agra- 
var, ó contra otras enfermedades parecidas que no permiten ptr- 
der tiempo; que aun cu-ando hayan existido, eon dichas manio- 
bras -se aumenta el mal que se tiene la intención de curar, 
y se teáfi producido los accidentes referidos aniña, cuyos resulta- 
dos funestos no siempre puede el profesor, que al fin se consul- 
ta, evitar con sus medios racionales, 



puerperio, y por la facilidad con que simularía un pnrüo 
no teniéndose conocimiento de ella. 

Se d»be á los alemanes el fijar la atención sobre ella.. 
Se manifiesta aun cuando el' útero no .esté impregnado;, 
pero principalmente en las embarazadas en cualquiera, 
época de la gestación y estando predispuestas al reuma- 
tismo en general:: es producida pw h.» causas que la oca- 
sionan, en ios otros .órgano*, es pee ¡ia| rúente el aire frío y 
húmedo, qiu¡e .penetra con facilidad al vientre de las mu- 
jeres, ó> la desaparición repentina de un reumatismo de 
otra porte. 

Sin sufrir violencia exterior alguna se pone mas 6' 
menos doloroso el útero, desde la simple sensación de 
pesantez hasta la punzada mas aguda» precediendo 6' 
acompañándola un calosfrió; el. dolor pasa de un punto* 
de. la matriz á otro y aun á un órgano diñante, princi- 
palmente si de aquí había desaparecido antes: tiene ecsar 
servaciones variables en intensidad y duración, con ca- 
lentura ó sin ella, es decir, frecuencia de pulso, caLor en 
la piel, animación de la cara, sequedad en la boca, sed, 
agitación é inquietud';: y termina la ecsaservacion con un 
abundante sudor. En los intervalos- de calma, apenas 
queda una sensación de pesantez en el itero. 

Es atacado todoel órgano,.,, ó solamente el 1 fondo, el 
cuerpo ó el cuello, , En el primer casa es general el ado- 
lorimiento, aumenta por la presión*, la contracción de; 
las paredes del vientre, y aun. simplemente' el peso del 
vestido; pero nada lo ecsalta tanto como- los movimien- 
tos del feto: en los demás casos se limita el dolor á un 
punto arriba 6 abajo del hombligo,, según la porción enfer- 
ma; por &n, cuando está afectado, el cuello y sus, inme- 
diaciones, son muy dolorosos los toqamientos,. hay tiro- 
nes de los ríñones para la pelvis, los muslos, el sacro 6 
la vulva, ganas frecuentes de mear, cuyo acto se ejecu- 
ta con pujo,, dolores vivos y mucha dificultad, y ganas 
frecuentes y vanas de ir al común. 

Cuando el reumatismo uterino se prolonga, ó son vio- 
lentas las ecsaservaciones, se promueven las contraccio 
nes uterinas, que pueden ser seguidas del, aborto* ó del 
parto prematuro, que son occidentes fatales para el feto* 
y graves para la madre, sin eniborgo de que no es tan 



—70— 
inminente este peligro como parece, pues f>e ve abrir el 
cuello hasta 10 y 15 líneas (2 y . 3 centímetros), formarse 
bolsa de las aguas <fcc, y luego borrarse ésta, recogerse 
el cuello v volver todo ni orden. 

El carácter vivo y tensivo del dolor del reumatismo 
que va uumentando y luego disminuyendo por grados, sin 
propagarse al cuello, ni guardar proporción alguna con 
los progresos ordinarios de la dilatación del cuello y for- 
mación de la bolsa; la circunstancia de que ya existe, si es 
tiempo de parto, desde antes del endurecimiento del útero 
que acompaña á los dolores comunes, y hace á estos insu- 
fribles, y por último, la existencia de la estrema ansiedad de 
la calentura intensa <&c, que no hay en el parto, harñn que 
no se caiga en un error que traería funestos resultados, y 
ademas buscando nueva luz en el conocimiento de la 
época áqueha llegado el embarazo por el volumen del 
vientre y los demás signos, se adquirirá la seguridad que 
es tan indispensable para obrar en provecho de lu madre 
y de su hijo. Esta afección requiere una medicación 
delicada. 

§ X. 

Hidrorrea. 

Los alemanes también han dado á conocer bajo este 
nombre un flujo de agua por la vulva que presentan al- 
gunas embarazadas en los últimos meses, sin dolores de 
parto ni rotura de las membranas del feto, ni dilatación 
del cuello uterino, que proviene de entre el útero y las 
membranas donde se forma y acumula hasta que se 
abre paso. Estando la embarazada en buena salud, y sin 
causa, se siente repentinamente mojada, sin otras con- 
secuencias, ó se repite otra saudade agua, y otras, siendo 
muy variable la cantidad desde alguna' gotas hasta gran- 
des flotes (golpes de agua), capaces de hacer ruido; cuan- 
do e« abundante, sobrevienen torsoncillos de vientre que 
hacen temer un aborto, ó un parto prematuro, según la 
época del embarazo. 

Con objeto de que no se hagan fuertes los torsones y 
sucedan estos accidentes, se debe aconsejar un absoluto re- 
poso en esta enfermedad. 



—71— 

§ XI. 

Hidropesía del Amnios 

Ui cantidad de agua contenida en el Amnios suele ha- 
cerse muy grande, adquiriendo el útero rápidamente un 
volumen tan grande que al quinto ó sesto mes parece 
de término la preñez: esto constituye 1» hidropesía del 
Amnios. Nada se ha fijado definitivamente acurca de 
las causas que la producen; es frecuente en la preñez ge- 
melar, y parece que predispone á que se repita en los 
embarazos siguientes. Esta enfermedad no es grave pa- 
ra la madre, sino en algunos casos, que se produce la 
sofocación, porque el desarrollo rápido del útero no da 
el tiempo suficiente á que ceda la tirantez de las paredes 
del vientre, como en el embarazo, en que va siendo gradual 
el crecimiento del órgano: el feto muere c«si siempre y 
algunas veces, no siendo arrojado, permanece dentro, 
hasta mucho tiempo después ó como se ha llegado á 
ver, se deshace y desaparece en medio del agua. El 
electo ordinario de la hidropesía del Amnios es que por 
la tirantez que hay en las membranas, se rompen y se 
sigue el aborto ó el parlo prematuro; según algunos, 
rotándose las membranas hacia el fondo ó partes laterales 
del útero, solamente sale el eccedente de agua, escurrién- 
dose entre ellas y el útero, y sigue la preñez bien has- 
ta el fin. 

§ XJI. 

Hidropesías. 
Otra indisposición frecuente de las embarazadas es la 
acumulación de agua debajo de la piel de las piernas, 
la vulva, y aun de todo el cuerpo y dentro del vien- 
tre. La parte hinchada está descolorida, fria, y permi- 
te hundir los dedos, cuya impresión queda por mucho 
tiempo. Este síntoma, hace temer un aborto, ó un par- 
to prematuro, las convulsiones y otros accidentes no por 
que sea la causa, sino porque manifiesta la profunda 
alteración en que está la sangre que dala vida, pues de- 
pende las mas veces del empobrecimiento de glólru- 



—72— 
hs (l) en que por lo común está la sanare de las emba- 
razadas; en los últimos mese*, contribuye la compresión 
del útero sobre las venas* de la pelvis no permitién- 
doles recibir 'a de las partes inferiores, para que se 
produzca la hidropesía de las piornas y de bi vulva 
que se llama Edema: esta última, dificulta el parto al- 
gunas veces, como veremos. 

Este accidente exije los tónicos; cuando amenaza ma- 
los resultados' debe intervenir la cirugía. 

§ XIII. 

Plitora. 

En algunas embarazadas ostá 6 se hace In sanare 
mas' rica éu' glóbulos que ctí el estado natural, y mas 
todavía 'que lo que es común en él embarazo.' Se abul- 
ta y colora la Cara princÍpalr»ontB de los labios que 
se ponen renegridos: se enciende, por' cualquier moti- 
vo, sintréndOJe en esa porte oleada* de calor: zumban 
los oidoí, hay dolor de cabeza, habidos, sueño; esta el 
pulso fuerte 'y frecuente: hay inminencia de hemorra- 
gias, de aborto ó de parto 'prematuro, el parto por el 
contrarióse prolongt, y sobrevienen otros uccidentes, 
sobre los que iremos llamando la atención i\ cada paso. 

Se acompaña de ordinario con Una afluencia de san- 
gre "hacia." el útero, quejllaman /^¿íóra Uterina, mani- 
festada por un cansancio genera!, una sensación de hin- 
chamient© y tensión en el bajo vientre y de peso 
en el ano, ganas frecuentes de mear, calor arriba del 
púvis, pesantez y dolores en los ríñones, que sa pro- 
pagan á las ingles y á los muslos, una ligera come- 
zón é hinchazón en la vulva y un hinchamiento do- 
loroso de los pechos. E«te recargo de sangre á pesar 
del embarazo, sé presenta cada mes en los primeros 
tiempos y aun muy avtmzado. Cuándo ésta indisposi- 
ción amenaza producir algún accidente, se combate con 
medios enérgicos qué éí médico ¡sabe graduar en cada caso. 

(1) Los glóbulos de la sangre, á quien?» debe el color son 
unas vegiguitas rojas esféricas 6 elípticas que en el hombr* son 
<le un 417 a vo á un 238 avo de línea, forman como la 8. " 
parte de la masa total en el estado de salud y gozan de «na acción 
muy importante en la vida. 



§ XIV. 

Hidrohemia. — Anhemia. 



Es mas común en las embarazadas otra enfermedad 
opuesta á la anterior, é idéntica con la que en las 
jóvenes que tienen estraviadas sus menstruaciones, se 
llama pálidos colores; consiste en la disminución de la 
cantidad de los glóbulos de la sangre. A ella debe atri- 
buirse la mayor parte de los achaques del embarazo, 
la inapetencia invencible, las nauseas, los vómitos, la 
depravación del gusto, los estreñimientos y los demás 
cambios de la digestión; el sentimiento interior de de- 
bilidad, el desgano para andar ó hacer algún movimien- 
to, el cansancio y la fatiga que siguen al menor ejer- 
cicio, la palidez de la Gara, de los labios, la lengua y 
en general de toda la piel, el enfriamiento principal- 
mente en las extremidades, las hidropesías, el enflaque- 
cimiento, la modificación del pulso, que está delgado, 
blando é irritable á la menor cosa, el ruido de so- 
plo de las arterias gruesas, las palpitaciones repetidas 
con cualquier motivo, la ansiedad, los desvanecimien- 
tos, los zumbidos de oidos, los dolores de cabeza, de 
cara, de dientes ó de otros puntos, la susceptibilidad 
tan esquisita, las modificaciones de la inteligencia y de 
los afectos, que ocasionan tantas rarezas <fcc. 

Esta debilidad general tan lejos de oponerse á la 
plétora parcial del útero, la hace muy frecuente é intensa; 
por cualquier motivo vienen pesantez y tirones doloro- 
sos en los ríñones y las ingles, incomodidad en la pel- 
vis que parece se vá á salir la matriz por momentos. 

El feto participa también de esta debilidad, pues sus 
movimientos, son débiles ó nulos: en una palabra, es 
causa de mil accidentes en el embarazo y en el parto. 

Esta enfermedad muchas ocasiones está mantenida por 
otra, y por tanto su curación es del dominio de la 
Medicina. 

10 



—74- 
§ XV. 

Otras enfermedades. 

La rotura del útero y de la vagina, la hemorragia, 
el sincope, las convulsiones, el trombas de la vulva y 
otros accidentes, aunque sobrevienen durante la preñez, 
lo hacen con mas frecuencia en el parto y tienen en- 
tonces mayor importancia; por tanto nos remitimos á 
la sección 2? déla segunda parte. 

Algunas veces con la gestación se produce un cam- 
bio saludable, viniendo entonces mejor salud; pero las 
mas veces trae molestias grandes, enfermedades que ha- 
cen sufrir mas 6 menos y aun la muerte. 

Los ejercicios violentos, los sacudimientos, el abuso 
del coito, las enfermedades graves, las fuertes pasiones, 
lns sorpresas &c. ocasionan mil accidentes en las emba- 
razadas, fáciles de preveer, y de consecuencias en el mo- 
mento del parto. La suma tristeza es de mal agüero. 

A lo que precede deben limitarse los cuidados que 
pueden prestar las matronas á las embarazadas, si quie- 
ren huir de escollos de donde nunca ha de salir bien 
librada su reputación. 








:?£mra siRewniDA, 



Hasta aquí hemos recorrido los accidentes mas in- 
dispensables para comprender los fenómenos que pre- 
senta el parto, y por consiguiente, para dirigir con acier- 
to este acto importante de la naturaleza; es llegado ya 
el tiempo de desenvolverlo y de sentar los preceptos que 
se han de seguir. 

Queda sentado, que parto es un acto por el cual es 
espulsado un feto vivible fuera de las partes de la ge- 
neración. Se divide en natural y artificial, según que 
se verifica por sí soio sin accidente alguno, ó que para 
terminarse exije los recursos de la cirujía. También 
se dice á término ó prematuro ó retardado, según 
que sucede terminado el noveno mes de la gestación 
poco mas ó menos, ó entre el sétimo mes cumplido y prin- 
cipios del noveno ó después que ha pasado el noveno 
mes. Se dá el nombre de aborto ó mal-parto., á la 
espulsion de un óvulo ó embrión ó de un feto incapaz 
de vivir fuera del útero, es decir, cuando se verifica 
antes de terminarse el sétimo mes de la gestación. 

Resta de aquí que el orden que seguiremos en el 
estudio del parto anunciado en otro lugar, será el de 



—Te- 
jos fenómenos que presenta cuando es natural, ya sea 
á término, prematuro ó retardado y los cuidados que 
se le deben prestar, dando á conocer también los del 
aborto, y luego terminaremos con el de los accidentes 
y obstáculos que suele encontrar. 

SECCIÓN PRIMERA. 

Del parto natural 



TÍTULO PRIMERO. 

Fenómenos del parto. 

Se distinguen en «1 parto los fenómenos que se su, 
ceden desde que se declara hasta la espulsion de la 
Placenta, cuyo periodo se llama trabajo ó parto propia. 
mente ríteho, y los que signen presentándose después 
hasta que la muger vuelve á su estado natural, que cons- 
tituyen el puerperio. 

CAPÍTULO PRIMERO. 

Del trabajo. 

En este periodo hay dos cosas que distinguir: la ma- 
nifestación de los medios de que se vale la naturaleza 
para la espulsion del feto, es decir, los fenómenos fisio- 
lógicos) y los movimientos sucesivos que ejecuta este 
feto para nacer, que son los fenómenos mecánicos. 

ARTÍCULO PRIMERO. 

Fenómenos fisiológicos. 
§ I. 
Parto á término. 
Hemos visto que en los últimos quince dias del ern- 



barazo desciende el útero, dejando libre el hueco del 
estómago, y engastándose en el estrecho superior la par- 
te del feto que hade salir primero, y que entonces coinj ni- 
zan á presentarse torzonsillos en el vientre, que no son si- 
no verdaderas contracciones del útero, eminentemente mus- 
cular en esta época. En uno de esos dias se verifica 
la espuisiou del feto, sin que se pueda asegurar poi- 
qué causas, ni cómo no es antes ó después del nove- 
no mes, no siendo hasta ahora bastante satisfactorias 
las esplicaciones dadas por los autores: lo cierto es que 
el producto de la concepción es espulsado por esfuer- 
zos naturales que consisten en contracciones succesivas 
que ejecuta el útero, auxiliadas al fin por contraccio- 
nes propias délas paredes del vientre, que vienen cuan- 
do hace esfuerzos la paciente. Para comprender esto 
dividiremos el trabajo con el Sr. Desormeaux en tres 
tiempos: comenzando el 1 P cuando se declaran los do- 
lores y terminando con la completa dilatación del cue- 
llo uterino, pasando el 2 ? mientras se verifica la salida 
del feto, y el 3 <? verificándose durante la descarga. (1) 
l. cr tiempo. Se anuncia con la agudéz que repen- 
tinamente toman y la mayor frecuencia conque .se re- 
piten los torzones ligeros que se presentaban dias an- 
tes: por la abertura que aparece en el cuello del útero 
en las primerizas, ó por la desaparición del rodete que 
queda en las que ya han parido: por el alisamiento y 
enduredimiento de las membranas del feto que pronto 
se engastan en el orificio del cuello, bajo la forma de 
un tumor globuloso por lo común, que se llama bolsa 
de las aguas] y por el aumento en que entran las mu- 
cosidades que ya se formaban en la vagina, escurrien- 
do al esterior y haciéndose viscosas, las que se nom- 
bran flevmas: luego sigue una serie de contracciones 
uterinas que tienen por efecto, la ampliación gradual de 
la abertura del cuello hasta formar con la vagina un 
canal continuo, y la introducion mayor de la boleen 
en la abertura, así como su crecimiento y adelgaza- 

(\) A falta de mejor «presión castellana se adopta esta pa- 
ra significaí el periodo del parto en que son arrojadas la Placen- 
ta y las membranas que envuelven al feto. 



—78— 
miento de su pared hasta destruirse su resistencia pnñ 

romperse. La duración de este tioiripo es muy variable, 
pues puede ser de una hora ó de alguno* dais, lo que 
indícala gruí reserva que debe llevarse en los pronós- 
ticos: la ordinaria es de diez ó dore horas. La edad 
no tiene la influencia que se le ha atribuido sobre k 
duración de este periodo dol parto. 

2? tiempo. Llegando el orificio uterino á su com- 
pleta dilatación, siguen repitiéndose los dolores con una 
intensidad mayor: en uno de los primeros se rotn la 
bolsa de las aguas (algunas veces con ruido),- saliendo 
estas en mayor ó menor abundancia, y quedando á des- 
descubierto la parte del feto que viene por delante, la 
cual avanza y se engasta en el cuello, se dice entonces 
que la cabeza corona: con la salida del agua, se sus- 
penden un rato las contracciones; pero á poco una nue- 
va contracción enérgica y tan doloroso, que arranca por 
lo regular un grito lastimero, hace que la cabeza fran- 
quee el orificio uterino y pace á la vagina, cuyas arru- 
gas desaparecen por la ampliación que sufre: entonces 
la fuerza de las contracciones se emplea solamente en 
hacer avanzar al feto, hafcta hacer llegar la cabeza al 
perineo: aquí comienza un nuevo trabajo de estension 
de este tabique, y de dilatación de la vulva, por la ca- 
beza del felo, en fuerza de las contracciones que la em- 
pujan contra est<is partes y la hacen asomar mas y mas 
¡il exterior basta que no encontrando resistencia alguna 
viene un dolor atroz, compuesto de dos desigualmente 
intensos que hace salir la cabeza y en algunas ocasiones 
lo demás del feto. Kn la mayoría de los casos pasan al- 
gunos segundos para que un nuevo dolor incompara- 
blemente menos fuerte que el anteri r espulse lo demás 
del feto, con lo restante de las aguas. La duración de 
eite tiempo es mucho mas corta que. la del primero; pero 
no es menos variable desde algunos minutos hasta mu- 
chas horas. 

3."-' tiempo. Durante la espnlsion dol feto y prin- 
cipalmente después que se reduce el útero á muy pe- 
quenas dimensiones en virtud de su contractilidad de 
tegido, se f uncen y rompen lo 1 » tejidos que unen la 
Placenta al útero, desprendiéndola completamente y cer- 



—79- 

rá tul ose los vm-cm del útero: entonces vuelven los. contrac 
ciones interrumpidas por intervalos de descanso alter- 
nativamente, pero con mucha menor intensidad que antes; 
l<i Placenta con ¡as memlj'aius son empujadas contra ej cue- 
llo, que dilatuí de nuevo, para atravesarlo y caerá la 
vagina, de donde salen después casi por solo su peso. 
Unas veces .--ale sangre desde la espulsion del feto au- 
mentándose á cada contracción, y otras no sale sino des- 
pués de espulsad. is las secundinas. El intervalo que 
pasa entre la, expulsión del feto y la de la Placenta es 
muy variable, saliendo por lo regular pronto del útero; 
pero permaneciendo lo demás en la vagina de paredes 
poco contráctiles. En general cnanto mas fuerte está 
la paciente, mas enérgicas son las contracciones uteri- 
nas, menos agua contiene la bolsa y mas tiempo corre 
enire la rotura de ésta y la salida del feto, tanto mas 
pronta es la descarga. 

Estos son los fenómenos fisiológicos del parto: exa- 
minemos los principales. 

Las contracciones del útero son el principal fenóme- 
no á que se subordinan los otros. Ya sabemos que 
son dolorosas; de modo que con las palabras contracción, 
y dolor se significa una misma cosa, cual es, el acor- 
ta miento doloroso de las fibras musculares del útero 
que se hace sentir al principio del trabajo en una línea 
que i'ia del ombligo á la concavidad del sacro, de corta 
duración y repitiéndose con intervalos mas ó menos lar- 
gos de descanso. Al fin se dirigen hacia el cocsis. Re- 
cordemos que el dolor no está siempre en relación con la 
contracción, pues hay mujeres suceptibles que sienten 
muy vivo dolor con contateciones débiles, y al con- 
trario; de modo que no se puede preveer la energía de 
las contracciones por el esterior de la rnuger. Cada do- 
lor se anuncia por una especie de horripilación, duran- 
te él se estrecha el vientre, se endurece el útero fuer- 
temente, se ponen tensos y resistentes los bordes del 
cuello, se hace lisa, dura y resistente la bolsa de las aguas; 
las ílegmas aumentan y se tiñen desangre, la cara seco 
lora, la lengua se seca, el calor sube, el pulso seha- 
go frecuente y duro, hay alteración, llanto, desesperación, 
incredulidad de que termine el parto, y suele haber ñau- 



—80— 

seas y aun vómitos: pasado el dolor, vuelve el vientre 
n sn volumen y blandura anterior, así corno el cuello y 
la bolsa, que se pone blanda y arrugada, hundiéndose 
y desapareciendo el tumor que formaba, y haciéndose 
mas accesible al dedo la parte del feto que se hobía 
alejado del cuello por la interposición de la ngila del Ara- 
nios, y la calma vuelve, aunque no completamente, pues 
aun nó termina un dolor, cuando ya se está temiendo 
el que le ha de seguir. Desde que la cabeza pasa á 
la vagina cambia el aspecto de las contracciones, llaman 
rn su ayuda á las de las paredes del vientre, exitando 
in pujo al que responde voluntariamente la paciente; 
cada dolor es procedido da un temblor general, la enferma 
se toma de lo primero que le viene á sus manos, fija fuer- 
temente los pies, echa la cabeza para atrás, hace una 
profunda inspiración, y pasa el dolor haciendo toda la 
fuerza posible: mientras dura, sobresale el perineo, for- 
mando un tumor prominente, ancho y duro, se entreabre 
la vulva, se asoma la cubeza cuyos huesos se acercan 
y aun se sobreponen unos sobre otros, se borran los 
pequeños labios, se estira la piel de las inmediaciones, 
los escrementos y la orina salen involuntariamente, la 
agitación es estreñía, el calor muy considerable y aun 
hay perturbación de la inteligencia: pasado el dolor pa- 
rece volverse la cabeza para la escavacion; y sus hue- 
sos á sus distancias respectivas, la vulva se cierra, el 
perineo vuelve sobre sí, y viene una calma mas com- 
pleta que en el primer tiempo pues aun se entra en mi 
sueño profundo, solamente interrumpido por un nue- 
vo dolor que es soportado con mas paciencia; sin 
embargo, queda acelerado el pulso, muy caliente la piel, 
hay gana frecuente é ilusoria de ir at común y otras 
incomodidades. La duración de cada dolores variable 
en cada caso: en general van siendo mas enérgicos y 
largos á proporción que avanza el trabajo: los del segundo 
tiempo lo son mucho, hasta el último que es atroz. 
Hemos dicho en otra parte que son intermitentes: el 
intervalo que hay entre cada dos dolores nada tiene de 
regular en su duración, en unos periodos se repiten mu- 
chas contracciones en una hora y en otros se retardan 
mucho: en general, los intervalos de descanso van sien- 



—81— 
do mas y mas cortos á proporción que pasan las ho- 
ras, hasta desaparecer en los últimos momentos del se- 
gando tiempo. Por último, diremos que los dolores han 
sido divididos por razón de su intensidad y de los tiem- 
pos del trabajo, en moscas, los que Be parecen á la mor- 
dedura de este insecto; preparantes, los del primer tiem- 
po; espultrices, los del segundo y concuasantes, los mas 
violentos que vienen al fin. 

La dilatación del cuello depende de que no pudién- 
dose achicar el útero cuando está en contracción, por 
estar completamente lleno, por una parte son estirados 
para afuera todos los puntos de su circunferencia al acor- 
tarse en ese acto las fibras longitudinales del útero, y 
por otra es empujada la bolsa de las aguas fuera de 
él, como una cuña, ó cuando se rota antes ds tiempo, 
lo es la parte del feto que viene primero. La marcha 
que sigue está en relación inmediata con la fuerza y 
frecuencia de las contracciones del útero, de modo que 
es mas lenta al principio que al fin; está también en 
razón de la rigidez del cuello, y esto esplica el que 
tarde mas en las primerizas que en las que ya han parido; 
la forma dé la cabeza es mas propia que cualquiera 
otra para la dilatación: en la anteversion del útero, que 
está muy para atrás el orificio del cuello, se consumen 
en valde muchas contracciones contra la parte anterior 
del útero que se ha hecho inferior, no obrando sobre 
la dilatación del cuello, mientras no se viene al cen- 
tro de la pelvis: al contrario, sucede que después de mu- 
chas horas en que no ha avanzado sensiblemente la 
ampliación del cuello, se violenta mucho en un so- 
lo dolor, por un adelgazamiento repentino de sus bor- 
des ó por una ó mas roturas que sufre, dando paso á 
la parte del feto con quien está en contacto cuando 
menos se espera. El adelgazamiento de los bordes del 
cuello sigue los mismos pasos: en las primerizas que son 
muy delgados al principio del trabajo, se engruesan des- 
pués, luego vuelven á adelgazarse, y por fin quedan for- 
mando un rodete grueso y redondeado: el primer efec- 
to quizá depende de que habiendo rotunllas en la cir- 
cunferencia, se recogen los bordes para afuera y for- 
man el engruesamiento; luego siguen adelgazándose de 



—82— 
nuevo por efecto de la succecion de las contracciones, 
hasta que acortadas al estremo las fibras uterinas, que- 
dan con cierto grueso á pesar de la dilatación: cuan- 
do está muy avanzada esta, el adelgazamiento es 
mayor en el labio posterior del hocico que en el an- 
terior, por la compresión que sufre entre el púvis y 
la parte del feto inmediata. La abertura es circular 
por lo común, porque la cabeza es la que viene pri- 
mero con mas frecuencia: en otros casos es alargada. 
La formación de la bolsa de las aguas, su ensancha- 
miento, el adelgazamiento, de sus paredes y su rotura 
final dependen de que empujada la agua del Amnios por 
las contracciones uterinas, de todas partes hacia donde no 
encuentra resistencia, es decir, á la abertura del cue- 
llo, y tendiendo S salir por allí, se encuentra con las 
membranas contra quienes se emplea toda la fuerza, es- 
tos van cediendo á cada dolor hasta que no pudiendo 
resistir por su adelgazamiento incesante y por la falta 
mayor de sosten por parte del cuello, que está muy di- 
latado, se rompen, y permiten la salida de las aguas pro- 
vocada por la contracción. La marcha que sigue está 
subordinada á la fuerza y repetición de los dolores, y 
por lo mismo, va con la dilatación, influyendo también 
el mayor ó menor grueso y resistencia de las mem- 
branas. Hemos dádola una forma globulosa, porque 
siendo por lo común circular el orificio uterino y pre- 
sentándose de ordinario la cabeza sobre él, toma esa for- 
ma entonces; pero cuando no es así, ni el tegido de 
las membranas e« apretado, se adelgazan desigualmente 
y forman una bolsa alargada que toma la forma de 
chorizo y cuelga en la vagina. La rotura se verifica 
por lo regular en el centro del tumor que forma: al- 
gunas veces es en puntos distantes, sucede al prin- 
cipio del segundo tiempo; algunas veces, se rota antes 
de la completa dilatación del cuello, la cual se hace 
por esta circunstancia con mas lentitud y dificultad; otras 
sucede antes de comenzar el trabajo, padeciendo el feto 
por la compresión del útero que es impedida por la 
presencia de las aguas: otras en fin, no se rota sino 
cuando está muy avanzado el trabajo, descendiendo con 
la cabeza y aun sobresaliendo por la vulva, como lo 



—83— 
he visto algunas veces. La cantidad de agua que sale 
al rotarse la bolsa es muy variable: si la cabeza viene 
primero, acomodándose perfectamente en el cuello, cesa 
luego el escurrimiento; pero pasando á la vagina ó 
viniendo otra parte del feto por delante, sigue saliendo 
agua á cada dolor en cantidades variables. 

Las flegmas se forman en el cuello uterino y en la 
vagina, aumentándose en el trabajo, por la ecsitacion 
que produce. Están mezcladas con sangre algunas veces 
desde antes del trabajo, de modo que este signo no indica 
siempre que la dilatación del cuello toca á su fin. Esta 
sangre proviene de las roturas que sufren los bordes 
del cuello, ó los vasillos que van del útero á las mem- 
branas ó á la Placenta al reducirse el volumen del útero, 
ó de los poros de los tegidos que la trasudan en fuerza 
de los dolores. La abundancia de las flegmas acelera 
la dilatación de la vulva y del perineo. En ciertos 
casos no se forman, estando estas partes en un estado 
de sequedad y de calor ecsesivos y en peligro de algunos 
accidentes: se dice entonces que el parto es seco. 

El avanzamiento del feto, que se verifica en el 
segundo tiempo, pues el primero se pasa solamente en 
la dilatación del cuello y la formación de la bolsa, es 
otro fenómeno que depende de la fuerza de las contraccio- 
nes, trasmitida por la columna espinal del feto á la parte 
que viene delante: cuando se ha resistido la bolsa á, 
rotarse, ó lo ha hecho en puntos distantes, avanza la 
cabeza' envuelta en ella hasta el perineo donde se rota, 
ó sale así al esterior, como se dice encasquetado ó en 
zurrón: al contrario, cuando lo verifica antes de la completa 
dilatación del cuello uterino, desciende la parte del feto 
hasta dicho tabique contenida en el útero, no franqueando 
su orificio sino muy avanzado el trabajo. El acercamiento 
de los huesos de ía cabeza y su sobreposicion dependen 
de la compresión que sufren en la escavacion principal- 
mente durante el dolor. 

En el segundo tiempo, se va formando por grados 
en la parte del feto que se va asomando á la vulva, 
un tumor que se endurece y agranda durante cada dolor 
y se ablanda y reduce en los intervalos: depende de una 
causa semejante á la de la formación de la bolsa, pues 



-84— 
en este tiempo sufre la parte del feto que entra (i ln 
escavacion una compresión fuerte que se aumenta con 
el dolor, y empuja la sangre que allí circula á la porción 
que sobresaliendo de la vulva, no la sufre. 

La dilatación de la vulva y la estension fuerte del 
perineo dependen de las contracciones uterinas que tras- 
mitidas por el espinazo del feto á la cabeza, es empujado 
el perineo qne tiene que irse adelgazando y estendiendo 
y luego se insinúa la parte, en la vulva y produce su 
ampliación. Está en relación con las contracciones y 
con la resistencia que ofrecen estas partes, de modo 
que es mas lenta al principio que al fin, en las primerizas 
se hace mucho aguardar: ademas, sucede algunas veces 
que las contracciones se trasmiten contra el coccis y 
no en la dirección del eje del estrecho inferior, y nada 
avanza la dilatación hasta que se trasmiten contra el 
perineo: al contrario, se observa otras veces que siendo 
flojo el tegido del perineo ó rotándose en una contracción, 
sale el feto cuando aun no se espera. Ya hemos hablado 
de la rotura del perineo quedando intacta la horquilla. 

El desprendimiento de la Placenta depende de que 
reduciéndose á muy poco la cavidad del útero en virtud 
de la contractilidad de tegido de que hemos dicho goz;i 
este órgano, á proporción que salen las aguas y el feto, 
y no sucediendo así á la Placenta, pues por carecer 
de contractilidad, queda en sus dimensiones fijas y no 
puede seguir la reducción del útero, es natur¿*l que al 
verificarse esta, se ejerzan tirones hasia la rotura en 
los vasos y tegidos que unen la cara esteno: de la Placenta 
con la porción respectiva de la cara interior del útero. 
Cuando la Placenta se implanta en el fondo del útero 
se desprende el centro mas grueso y por consiguiente 
menos contráctil, antes que los bordes delgados y arruga- 
bles: en este caso se forma una cavidad entre la Placenta 
y el útero, cerrada por los bordes adherentes todavía de 
aquella, en donde se acumula sangré que á su vez contri- 
buye á aumentar el desprendimiento con las contracciones 
uterinas. Cuando se implanta en una de las caras de 
los lados, de delante ó de atrás, el desprendimien- 
to comienza por el borde que ve para el fondo ó 
algunas veces por el inferior. En los dos primeros 



— 85— 
casos cae la Placenta de lleno sobre el cuello, lo tapa 
é impide la salida de la sangre que se acumula dentro 
y aun entre las membranas: en el último, quedando suspen- 
dida antes de su completo desprendimiento, se resvala, 
presentándose al cuello por su borde inferior y doblándose 
en forma de canal, entonces nada impide que salga 
sangre principalmente á cada torzón. No se crea que 
el desprendimiento deque tratamos, se verifica repentina- 
mente al ser espulsado el feto: comienza desde la formación 
de la bolsa en que, variando las relaciones de las membra- 
nas con el útero, se rotan los vasillos que los unen, 
sigue con las salidas succesivas de la agua desde que 
se rota la bolsa, que permitiendo la reducción gradual 
de la cavidad del útero, sigue produciéndose el arran- 
camiento de las secundinas, y termina con la espulsion 
del feto: por eso se tiñen de sangre las flegmas, y sale 
sangre luego que es espulsado el feto, cuando la Placenta 
cae al cuello por su borde. 

La espulsion de las secundinas del útero se efectúa, 
por nuevas contracciones ecsitadas por ellas mismas que 
desprendidas constituyen un cuerpo estraño del que 
procura desembarazarse el útero, forzándolas á dilatar 
de nuevo el cuello y franquearlo para pasar á la vagina. 
De aquí salen por su peso, por la contracción aunque 
ligera de las paredes de la vagina y por la de las paredes 
del vientre. 

El pulso se va acelerando mas á proporción que avanza 
el trabajo; en cada dolor va aumentando á proporción 
que ee acerca, y luego disminuye con él, siguiendo 
todas las faees que presenta en sus variedades. El calor 
general sigue la misma marcha que el pulso, de modo 
que al fin del trabajo está muy alto. 

§11 

Parto prematuro. 

No es raro antes de terminarse el noveno mes de 
la gestación, ver llegar al útero á su completo desar- 
rollo y verificarse el parto con la misma regularidad 
que si fuera de término, ofreciendo los fenómenos referidos 
antes. 



— 56— 

Pero no es eso lo común, sino que á consecuencia 
del henchimiento eesesivo del útero ocasionado pir una 
hidropesía del Amnios, ó por una preñez gemelar: de 
la fuerte conmoción que sufre «1 útero con una hidrorréa, 
con la rotura artificial de las membranas del feto, á 
cuya operación se ve obligado á recurrir algunas veces 
el cirujano, ó con el reumatismo de¡ útero: de la muerte 
del feto: del abuso de los purgantes: de 1111 violento 
esfuerzo: de la invasión de una enfermedad aguda en 
la madre: ó de la influencia que ejercen la Plétora, 
la suma debilidad, ó una sensibilidad eesesiva: á conse-' 
cuencia de una de estas causas, decimos, se verifica 
el parto en el octavo ó principios del noveno mes. 

Los fenómenos que se presentan entonces ofrecen 
algunas particularidades. Ordinariamente precede á los 
dolores un calosfrió mas ó menos intenso, como en el 
aborto: luego sigue un periodo de dolores de parto de 
larga duración, que no hay en el trabajo de término, 
y que se pasa en hacer desaparecer la porción de cuello 
que aun existe en esta época del embarazo: en este 
periodo, los dolores son muy irregulares en duración, 
intensidad y repetición, y son acompañados de calentura 
inquietud y agitación notable y de la sensación de un 
incómodo peso hacia el perineo; entonces viene el periodo 
de dilatación del orificio uterino, que es mas prolongado 
que de ordinario, y el de espulsion del feto, que es al con- 
trario, mas veloz; pero los dolores no dejan de ser moles- 
tos; en fin, la causa que en cada caso provoca el parto pre- 
maturo, trae modificaciones particularesen el trabajo, que 
es fácil comprender: es inminente una hemorragia, la des- 
carga es difícil y complicada de accidentes, en tina pa- 
labra, el parto prematuro es bastante parecido al aborto. 

§ III 

Aborto. 

El estudio del aborto se comprende mejor después de 
conocidos los fenómenos del parto, y por esta y otras 
razones lo tratamos en este lugar. 

En los primeros dias de la gestación se manifiesta por 



—87— 
dolores tan débiles, y en general por síntomas tan vagos, 
que mas parece menstruación dolorosa, retardada y úni- 
camente mas abundante que de costumbre, que un aborto: 
y como el embrión con su envoltura sale perfectamente 
cubierto por un cuajaron de sangre ó desmenuzado, tam- 
poco después se cree que ha habido un abono. tJsto 
depende de las dificultades que hemos visto hay para 
conocer con seguridad el embarazo en esta época y de 
que aun habiéndolo, pueden los síntomas que se pre- 
sentan ser tomados simplemente por los de una Pléto- 
ra uterina. Sin embargo, si una muger sana, en quien 
la menstruación ha sido regular y se le ha suspendido sin 
causa, teniendo otros síntomas de embarazo, por una de 
las causas que luego notaremos es atormentada dedo- 
lores de vientre, de ríñones &c. no parecidos á los de 
la menstruación dolorosa (dolor de hijada); si al mismo 
tiempo le vienen pérdidas de sangre, que pronto son mas 
abundantes que el flujo menstrual de costumbre, prin- 
cipalmente en el momento de c«da dolorcülo, y si se 
abre el cuello del útero que en la menstruación que- 
da cerrado, es mas que , probable que padece un 
aborto. Registrando escrupulosamente los cuajarones, 
para ver si se encuentra un cuerpo blanquecino 5 mem- 
branas, con los caracteres particulares, descritos en otra 
parte, se estará al tanto díe la marcha del aborto. 

Mas avanzada la preñez, cuando es fácil conocerla, así 
como la muerte del feto, y los síntomas del aborto son 
marcados, no hay mucha dificultad en diagnosticarlo. 
Los síntomas varian según que (a causa que lo pro- 
voca ha obrado con lentitud, ó violentamente. 

En el primer caso preceden calosfrios seguidos de 
calentura, quebranto general, tristeza, pérdida de brillo 
en los ojos, lividez en los párpados, nauseas, palpita- 
ciones, enfriamiento de pies, dolor de ríñones, debilidad 
en el vientre, frió del púvis, pesantez en el ano y la 
vulva, ganas frecuentes de mear y flojedad en los pe- 
chos; que duran algún tiempo: luego toman estos sín- 
tomas precursores una grande intensidad, comienzan do- 
lores de vientre con endurecimiento del útero, notable 
si ya se eleva sobre el púvis, que coinciden con pér- 
didas de agua con sangre y luego de sangre pu- 



—88— 
ra, líquida 6 en cuajnrones, dilatación del orificio del 
cuello, formación de la bolsa, que va creciendo mas y 
mas, y todo lo demás del parto, cuya marcha ¡sigue 
con diferencias tanto menores cuanto mas cerca del séti- 
mo mes se verifica. Estas diferencias dependen de que 
el cuello del útero, estando todavía formado, no puede 
ser vencida su resistencia por las contracciones del ór- 
gano que son débiles é irregulares, por no eátar toda- 
vía bien dispuesto su tegido para ejecutarlas, de aquí 
la lentitud tan grande de la espulsion, durante la 
cual se pierde tanta sangre. En el segundo caso vie- 
ne luego un dolor vivo en los ríñones ó en el vien- 
tre, que es seguido del aborto, ó se apacigua para des- 
pertarse de nuevo después de algunos días y seguir 
inmediatamente los dolores con endurecimiento del vien- 
tre, dilatación del cuello &c, como dijimos amiba. 

Cuando la causa no obra sobre el feto, nace vivo por 
lo común; cuando obra sobra él, muere mucho antes, 
si la causa es lenta ó á lo menos cuando comienzan 
los dolores; si es de las violentas muere luego, y has- 
ta los ocho ó diez dias se presentan los síntomas del 
aborto. En estos casos no hay antes mas que las se- 
ñales de la muerte del feto, que describiremos en otro 
lugar. 

Las secundinas salen envolviendo al embrión cuan- 
do el aborto se verifica antes del tercer mes, de la ges- 
tación; cuando sucede el quinto ó sesto mes, se rota 
la bolsa que da paso á las aguas y al feto, y luego 
son espulsadas las secundinas con facilidad; pero en el 
tercero y cuarto mes, después de rota la bolsa y espul- 
sado el feto con la sangre que algunas veces lo envuelve; 
la Placenta no se desprende sino con dificultad no te- 
niendo resistencia el cordón, se rompe, el cuello se cier- 
ra, dejando dentro la Placenta y sigue una calma que 
indicaría que todo queda terminado; entonces sucede ó 
que á los ocho, diez ó mas dias se presente repenti- 
namente una hemorragia con dolores intermitentes en 
el vientre, no dilatándose el cuello para dar paso á la Pla- 
centa que entonces es un cuerpo estraño que irrita el 
útero, se repiten y aumentan las pérdidas y se com- 
promete la vida de la enferma, si no interviene cuanto 



—89— 
ñutes un cirujano, el cual, no habiendo presenciado el 
aborto, y recibiendo informes falsos de que ya ha salido to- 
do, porque se ha tornado un cuajaron por secundinas, se 
pone también en una peligrosa alternativa, de la que 
solo puede sacarlo algunas veces la palpación vaginal: 
ó i|iie el orificio uterino dé paso al aire y entren en 
corrupción las secundinas desprendidas del útero; enton- 
ces pasa á la sangre que circula la podredumbre y 
so declara la mas peligrosa fiebre, sin ser fácil hacer 
salir el foco del interior del otero: ó en fin, que con- 
servando por fortuna la Placenta sus adherencias con 
el lugar del útero en que se desarrolló, se siga nu- 
triendo, transformándose en una mola ü otro producto 
análogo, ó al contrario, y esto es muy raro, que va- 
ya disminuyendo por absorción hasta desaparecer com- 
pletamente del útero; entonces todo sigue perfectamente. 
El puerperio en las que abortan es semejante al que 
sigue al parto de término. 

En el aborto de preñez gemelar, casi siempre son 
arrojados los fetos todos; pero ya hemos visto que so- 
lamente lo sea uno, ó se- muera sin salir y siga desabo- 
llándose el otro hasta el parto. 

El aborto es mas frecuente en los primeros meses 
del embarazo que después, sino que pasa desapercibido, 
teniéndose por menstruación dolorosa. Las causas que 
lo producen obrun con lentitud ó violentamente, entre las 
primeras se cuentan: primero: la plétora uterina que viene 
coda mes á pesar del embarazo, en las mugeres fuer 
tes, que menstruan con abundancia; al contrario la fal- 
ta de fuerza que hay para contener el producto déla 
concepción en las mugeres débiles que toman pocos ó malos 
alimento", que se entregan á la tristeza ó á la mala 
vida, qué padecen el gálico; la excitación que se produce 
en el útero en las muy irritables y nerviosas, que se 
afectan vivamente con facilidad: la tendencia irresisti- 
ble que tiene el útero en algunas mugeres para arro- 
jar el producto que contiene, debida quizá, cuando no 
es por la Plétora uterina, á una sensibilidad esquisita 
que no les permite soportar la presencia del feto: de 
esto depende lo espuestas que están al aborto las pri- 
merizas, muy jóvenes ó avanzadas en edad y las que 



—90— 
ya han abortado, en quienes se repite á la misma época 
del embarazo, ó mas comunmente un poco mas tarde 
que la en que sucedió el anterior: la estension ecse- 
siva del útero, por una preñez gemelar ó una hidro- 
pesía .del Amnios: las afecciones agudas ó crónicas del 
útero, como su inflamación, el reumatismo, las ulce- 
raciones, los tumores ó los cuerpos estraños ele su interior, 
las desorganizaciones, como el cáncer, las dislocaciones, 
principalmente su descenso &c: las enfermedades de las 
trompas, de los ovarios, de la vegiga de la orina ó 
del intestino recto: la acumulación de escrementos en 
su interior: los tumores del vientre y las estrecheces 
de la gran pelvis, cuyo modo de obrar es fácil de 
comprender: por último, la invasión de una enfermedad 
aguda ó convulsiva, como las enfermedades de pecho, 
de vientre y de la piel, las fiebres <fcc Todas estas 
causas obran sobre la madre y sobre la vida del feto. 
Segundo: las enfermedades del feto ya comunicadas por 
la madre, trasmitidas por el padre ó introducidas del 
esterior: las de la Placenta, de la vegiguilla umbilical, 
& de las membranas y la torsión ó la mucha cortedad 
del cordón. Estas causas, impidiendo el desarrollo ulterior 
del feto, motivan su muerte, y es de sentir no se puedan 
conocer á tiempo. 

Las causas que obran violentamente, son los sacudi- 
mientos fuertes del útero; como sucede en las caídas, los 
golpes, las fatigas, el coito inmoderado; las compresiones 
del útero, como la que produce un corsé apretado: las 
conmociones morales fuertes ya sean exitantes, como 
la cólera, ó ya debilitantes, como la pesadumbre: y los 
remedios que causan el aborto. Estas cansas obran 
promoviendo las contracciones del útero, ó produciendo 
primeramente la muerte del feto, ó desprendiendo la 
Placenta: necesitan las mas veces, para que se produz- 
ca el aborto, la ecsistencia de alguna de las que obran 
lentamente. 



—91— 
ARTÍCULO SEGUNDO. 

Fenómenos mecánicos. 

Para comprender bien en todas las modificaciones 
que se observan en la práctica, el mecanismo del par- 
to, es decir los movimientos que va ejecutando el fe- 
to al recorrer el canal de la pelvis y las relaciones 
que van guardando uno y otro, es necesario estudiarlo 
en las diversas presentaciones y posiciones que trae el 
feto; pues no basta hacerlo en aquella en que se pre- 
senta con la cabeza hacia abajo, aunque sucede con mu- 
cha mas frecuencia que así esté colocado dentro del 
útero, como ya lo hemos dicho varias veces; sino que 
es preciso estenderse á los casos en que por la acción 
de ciertas cansas, se presenta al estrecho cualquiera otra 
parte del fetOj porque entonces varian los servicios que 
tienen que prestarse. 

Por presentación se entiende la circunstancia de 
corresponder al estrecho superior de la madre cada por- 
ción del feto que en el parto tiene su mecamismo particu- 
lar. Todos los puntos de la superficie del feto se han 
visto presentar al estrecho superior, y por esto ha sido tan 
embrollada la clasificación de las presentaciones; pero com- 
prendiendo solamente por tal una parte considerable de 
cada porción del feto que en la esencia ejecute los mismos 
movimientos mecánicos para salir, no deben admitirse con 
el Sr. N^egete mas que de vértice, de cara, de pelvis, de 
lado derecho del tronco y de lado izquierdo del tronco, 
Las presentaciones son regulares ó irregulares, según 
que el centro de la parte del feto que la forma corres- 
ponde al centro del estrecho ó que está desviado pa- 
ra un lado. 

Por posición se entiende las relaciones que guardan 
con los puntos del estrecho, los de la parte que se pre- 
senta del feto. Para nombrarlas se considera en la pel- 
vis de la madre mitad derecha y mitad izquierda, y 
ademas se toma un punto del feto en cada presenta- 
ción para que sirva de referencia, que se ha conveni- 
do sea en las del vértice, el occipucio; en las de la 



—92— 
cara la barba; en las de la pelvis, el sacro del feto y en 
las de los lados del tronco, la cabeza, y según que es- 
tos puntos de referencia están del lado derecho ó iz- 
quierdo de la pelvis, así se admiten las posiciones occi- 
pito-izquierda y occípito-dereclia para la primera pre- 
sentación, mentó -derecha y mento-izqnierda, para la 
segunda, sacro-izquierda y sacro-derecha, para la ter- 
cera, céf alo-izquierda y céfalo- derecha para las de los 
lados del tronco. Las posiciones de cada presentación 
no modifican su mecanismo respectivo, sino de una ma- 
nera poco importante, influyen solamente en algunas 
particularidades del mecanismo, por ejemplo en que los 
movimientos de rotación que verifica el feto se hagan 
de uno ú otro lado de la escavacion; pero por lo mis- 
mo no deben menos tomarse en consideración. Nunca ha 
estado el punto de referencia en relación con el púvis 
ó el promontorio, cuando la parte se engasta en el estrecho 
sino siempre á uno ú otro lado ó á lo menos esta circuns- 
tancia pasagera no ofrece importancia práctica alguna. 
Por último, los puntos de referencia de las posicio- 
nes, corresponden á la estremidad anterior, ó á la pos- 
terior de los diámetros oblicuos del estrecho superior, 
ó á la del trasverso en cada lado, y de esta circuns- 
tancia se han formado las variedades de las posicio- 
nes, que es conveniente tenerlas presentes en el meca 
nismo para ciertos casos: así es que se dice an- 
terior la posición en que su punto de referencia cor- 
responde á la eminencia ilio-pectinca del lado respec- 
tivo, posterior la en que el punto de referencia corres- 
ponde á la sínfisis sacro-iliaca y trasversal la que tie- 
ne colocado su punto de referencia en medio del bor- 
de que limita inferiormente la fosa iliaca interna; por 
ejemplo la variedad occípito-izquierda anterior es aque- 
lla presentación de vértice en que el occipucio está in- 
mediato á la eminencia ilio-pectmea izquierda, la occí- 
pito-derecha posterior es la en que el occipucio mira 
para la sínfisis sacro-iliaca derecha y la mento-derecha 
trasversal se tiene en una presentación de cara cuando la 
barba corresponde á la estremidíid derecha del diámetro 
bis-iliaco. La tabla siguiente manifiesta las presentacio- 
nes, posiciones y variedades que se ofrecen en la práctica. 



—93— 

Prhskntaciohei. Posiciones, Variídades. 

De vértice í Occípito-izquierda. ) Anterior, posterior, tras- 
\ Occípito-derecha. \ versal. 

De cara í Mento-derecha. ) Trasversal, posterior, an- 

\ Mento-izquierda. \ terior. 

De nélvis \ Sacro-izquierda. ) Anterior, posterior, tras- 
' l Sacro-derecha. \ versal. 

De lado derecho ( Céfalo-izquierda ) 

del tronco. ( Céfalo-derecha, \ (Las variedades no ofre- 

De lado izquier- < Céfalo-izquierda. ) cen a( * uí ^portancia.) 

do del ironco. ( Céfalo-derecha. \ 

Comprendidas estas importantes divisiones, pasemos 
al mecanismo del parto en eada presentación. 

* I. 
Presentación de vértice. 

ttista es la presentación en que el vértice 6 coro- 
nilla de la cabeza está colocada en el centro del es- 
trecho. Es la mas frecuente de todas, pues en cada 
veinte y dos partos solamente uno se verifica en otra de las 
persentaciones; y las variedades occípito-izquierda anterior 
y occípito-derecha posterior lo son mas que cualquie- 
ra otra, porque estando el intestino recto al lado izquier- 
do del promontorio, se desvia la frente para el lado 
derecho en la primera variedad, al entrar la cabeza 
en la escavacion, y el occipucio en la otra: ¡a occípito- 
derecha trasversal es ecsesivamente rara. 

Después de rota la bolsa de las nguas, cuando ya no 
se ocupan las contracciones del útero mas que e:i empujar 
al feto, cuyas partes ya hemos dicho cómo esta coló 
cadas unas respecto de las otras y es fácil concebir 
qué relaciones guardan con las de la madre en cada 
variedad de las dos posiciones, comienza el mecanis- 
mo del parto que para su estudio se divide en cinco 

tiempos. . , 

Primero. -F/emon forzada. — Lo primero que Hace 
la cabeza, luego que comienza á ser empujada a la es- 



-4M - 
cavncion es doblarse mas fuertemente contra el pecho 
que lo está mientras nada en las aguas: de modo que 
el diámetro tráquelo-bregmático viene á ocupar el lu- 
gar que tenía el oecí pito-frontal, la circunferencia occí- 
pito-bregmálica viene á corresponder á la del estrecho 
superior, y el eje de la pelvis ya no atraviesa á la 
cabeza en la dirección del diámetro tráquelo-brejjmático 
como ames, sino casi en la del occípito-barbado. 

Segundo. — Descensión-— Otro movimiento que hace 
la cabeza por efecto de las contracciones uterinas que 
la empujan, es caminar por tnd;t la escavacion y la pro- 
longación del canal que forma el perineo fuertemente 
estendido, recorriendo la parte que está atrás, según la 
variedad de la posición, toda la ciuba del sacro, coc- 
ciz y perineo estendido, mientras que la de adelante 
solamente camina la altura del púvis. 

Tercero. — Rotación interior. — Luego que llega la ca- 
beza al perineo, mientras va estendiéndose este tabi- 
que, ejecuta \m movimiento de rotación por el cual 
viene á colocarse el occipucio entre los brazos del arco 
puviano, la nuca contra el púvis y la frente va á la 
cara posterior de la escavacion: de manera que la su- 
tura longitudinal se pone en la dirección del diámetro 
cocci-puviano en lugar de quedar oblicua ó trasversal, 
¡según la variedad de la posición. 

Cuarto. -Estension. — Como desde que el occipucio 
llega á sobresalir por el arco puviano. entran las espal 
das á la escavacion, y tianen que acomodarse con la 
cabeza á la curba del eje de la pequeña pelvis, es pre- 
ciso que el cuello se estienda en este sentido, tiene 
que separarse la barba del pecho, y comenzar la estén- 
cion: ademas, en fuerza de las contracciones avanza por 
detrás la cabeza y aparece al esterior por la horquilla, 
el bregma, luego la frente y succesivamente la nariz, 
la boca y la barba, mientras el occipucio se eleva de- 
lante del púvis: volviendo sobre sí el perineo, queda 
abrazado el cuello por la horquilla, y la cabeza des- 
prendida cae para el- ano de la madre. 

Q,uinto. — Rotación esterior. — Después de algunos se- 
gundos que permanece inmóvil la cabeza fuera de la 
vulva, ejecuta el último movimiento, que consiste en 



- -95— 
que el occipucio se vuelve hacia uno de los rungos 
de la paciente, siendo al del lado de la posición que 
tenia antes de la rotación interior* y la cara se vuel 
ve al otro muslo. 

Estos son los movimientos que ejecuta la cabeza eu 
el parto, cuand» es la presentación de vértice: los otras 
partes del feto los siguen en el interior del útero an- 
tes de encastarse las espaldas en la escavacion. La di- 
visión que se hace de ello-^ en tiempos pa^a compren- 
derlos, realmente lio ecsiste, pues la flecsion forzada 
se ejecuta á tiempo que desciende la cabeza; igualmente 
la rotación interior se hace sin dejar (Je descender: 
en fin. la descencion no termina sino cuando se 
ha desprendido de la vulva y todavía siguen des- 
cendiendo las demás partes del feto que están den- 
tro- de donde resulta que lo3 tiempos del meemismo 
no 'son prácticameute sino uno. Veamos, sin embargo, 
las consideraciones que se refieren á cada uno de ellos. 

La flecsion forzada se verifica porque siendo em- 
pujada la cabeza por las contracciones del útero, y es- 
tando adherida la columna espinal del feto, por la cual 
sabemos se trasmite la fuerza, mas cerca d'l occipucio 
que de la frente, es mejor vencida la resistencia que 
opone el cuello del útero y la escavacion, por el lado 
del occipucio que por el lado opuesto. Se ejecuta de 
la misma manera, sea cual fuere la posición de que 
se trate, sin embargo algunas veces trae sus irregu- 
laridades, principalmente en ¡as variedades posteriores: 
así es que en lugar de doblarse sobre el pecho la ca- 
beza «e endereza de modo de colocarse la fontanela an- 
terior en el centro del estrecho: ó al contrario, es muy 
ecsaaerada la flecsion, en términos que la fontanela 
postenor se viene á este punto; pero esto es pasagero, 
mies en un momento de reposo se regulariza la flecsion: 
otras veces no encontrando resistencia la cabeza hasta 
el perineo, no ejecuta este movimiento sino hasta que 
lle^a á este tabique. 

El descendimiento se verifica en fuerza de las con- 
tracciones uterinas que hacen á la cabeza ]r venciendo 
las resistencias que se le oponen al paso, y no oire- 
ce diferencia alguna en las variedades de la presentación. 



—96— 

La rotación interior se comprende refeccionando que 
concentiandose las fuetizas del útero en la dirección 
de su eje, que es la misma que tiene el del estrechó 
superior, es decir, para abajo y atrás; ese camino sigue 
el feto; pero llegado á la parte inferior del sacro y al 
perineo, inclinados para arriba y adelante, son descom- 
puestas las fuerzas, por estas resistencias, y la cabeza 
cambia de dirección tomando la que le es mas fácil 
seguir; ahora, esta es de modo que se verifica la ro- 
tación. Se entiende queen la posición occípito-izquier- 
da, voltean el occipucio y la nuca de izquierda á dere- 
cha, en la derecha al contrario; que en las variedades 
anteriores solo recorren el corto espacio que hay del 
me:lio del brazo isquio-puviano al centro del arco pu- 
viano, en las trasversales mayor camino y en las pos- 
teriores casi medio circulo, pues del medio del gran 
ligamento sacro-sciático parten para la parte anterior 
del estrecho inferior: No siempre se verifica la rota- 
ción corno dijimos arriba: en algunos casos no es com- 
pleta, quedando oblicua la cabeza durante el despren- 
dimiento: en otros eccede de sus límites pasando el oc- 
cipucio del otro lado del púvis al que traía; pero en un 
momento de reposo del útero, retrocede, y se coloca 
como de ordinario bajo la sínfisis puviana: suele suce- 
der también que la rotación en vez de hacerse para 
el púvis y se ejecuta volteando el occipucio para la hor- 
quilla, viniéndose la frente para el púvis; esto sucede 
en algunos casos de variedad posterior, que es mas ó 
menos voluminosa la cabeza, ó amplia la escavacion 
ó de mala conformación, ó que hay una oblicuidad del 
útero <fcc., y que por esto encuentra aquella mas fa- 
calidad para ese movimiento; por último, en algunos 
casos raros de variedad trasversal no hay rotación in- 
terior, por encajarse las espaldas en la dirección del diá- 
metro sacro-pnviano. 

La estencion se verifica porque encontrando la nu- 
ca una resistencia invencible en el púvis, cuando llega 
allí, para seguir haciendo avanzar al occipucio sola^ 
mente se emplea la fuerza de las contracciones tras- 
mitida por la columna espinal del feto, en hacer al 
bregrna vencer la resistencia del perineo, estetidiéndolo 



—97— 
lanzando hasta* salir por detrás con la caía. No 
hay que advertir que esta pnte del mecanismo es ig.ua [ 
en tolas lais ■ viiriedades de la presentación: solamente 
dlwiíi -viir.émns que en los casos raros en que la ro- 
tación se ejecuta para atrás, la ostensión se hace de- 
udo modo: aunque la f ente sobresale del púvis, se en 
tra para desprenderse, el occipucio primero. por el pe- 
rineo (en estos casos excesivamente tirante) que 
luego retrayéndose abraza la nuca y le presta un 
punto de apoyo, luego se ve aparecer de nuevo la 
frente fuera (M púvis, después ¡a % nariz, la boca y la 
buba: algunas veces no sale primero el occipucio por 
defá», siuo que siguiendo avanzando la frente y la cu- 
ra, y quedándose el bregma arriba del perineo, se con- 
vierte en presentación de cara la que era de vértice, 
y es necesario otro movimiento de flecsion para des- 
))UM.derse, como luego veremos. Cuando en las varié- 
d .oles trasversales no se hace la rotación interior, suela 
suceder que no avanza la cabeza, porque no lo hacen 
las espaldas encajadas en el estrecho superior, y enton- 
ces fono se desprende la cabeza artificialmente. 

Por último, la rotación esterior es debida á un mo- 
vimiento igual que ejecutan las espaldas dentro do la 
excavación, como vamos á ver, presentando algunas 
modificaciones dependientes de las que trae el de lúa 
e<pnldaS. 

Hemos dicho que estas se engastan en el estrecho 
superior en la dirección del diámetro trasverso cuando 
sj verifica la rotación interior de la cabeza; en enu 
situación ejecutan un movimiento de descensión hasta 
llegar al perineo: luego harén una rotación, en la que 
se coloca una detrás del púvis y otra sobre la horquilla, 
siendo la izquierda en la variedades de la posición 
izquierda la que corresponde atiás y la derecha en las 
otras, y por fin. se desprenden, saliendo primero la que 
se coloca detras y luego la anterior. Mientras descien- 
den las espaldas, el tronco del feto se dobla sobre un 
lado para acomodarse á la curva de la escavacion: du- 
rante la rotación, ejecuta la cabeza al esterior un mo- 
vimiento igual como dijimos. Algunas veces no es com- 
pleto este movimiento, saliendo las espaldas oblicuamente; 

1 ó 



— í>8— 
ó no se ejecuta, haciéndolo trasversalmente como se 
colocan al entraren la escavacion; o finalmente se ha- 
ce en sentido inverso del ordinario, es decir, la espalda 
qne debiera moverse para atrás, lo hace para el púvis, 
según la rosicion. Se comprende en todos estos casos 
que la rotación esterior de la cabeza es incompleta ó 
nnla, ó se hace para el lado opuesto al de la posición. 

La salida de la pelvis, en posición regular, nada ofrece 
d* particular en sn mecanismo. Lo mismo se puede 
decir de los miembros que se acomodan perfectamente 
á la forma de las «partes de la muger. 

§ II. 

Presentación de caja. 

La de rara es aquella en qne se ofrece esta parte del 
feto en el plano del estecho. Es la mas rara de todas, 
pues solamente se observa una entre mas de 300 partos, 
siendo mas frecuentes entre ellas las variedades mento- 
derecha trasversal y posterior. Ordinariamente son 
ocasionadas poruña latero-version ó anteversion del útero, 
que al declararse el parto, hacen sea empujada la cabeza 
para ahajo y el lado opuesto al de la dislocación, y 
deteniéndose la frente en el obstáculo invencible que 
encuentra en el lado respectivo del estrecho, principalmente 
estando mal conformado, se dobla la cabeza que ve- 
nia de vértice para atrás, y solamente avanza la barba: 
se ha anunciado la presentación de cara antes de co- 
menzado e| trabajo, en cuyo caso se ha escapado la 
causa que la ha producido. 

Comunmente es la frente la primera que se ofrere 
al estrecho superior, no poniéndose horizontal la cara 
sino después de la rotura de la bolsa: de modo que 
la cabeza está moderadamente doblada para atrás, 
y la barba separada del pecho; las demás partes del 
feto quedan dispuestas lo mismo que en la presenta- 
ción de vértice: en cuanto á sus relaciones con las 
partes de la madre es fácil proveerlas en cada posición: 
el mecanismo del ptrfto se divide también en cinco 
tiempos. 



—99— 

Primero. — Estension forzada. — A las primeras con- 
tracciones del ñtero, después de rota la bolsa, que es 
empujada la cabeza A la excavación, es doblada fuerte- 
mente para atrás hasta colocarse la cara en el plano 
del estrecho superior: de manera qne el diámetro f ron to- 
bar bado, viene á corresponder al del estrecho superior 
respectivo, según la variedad de la posición, la circun- 
ferencia de la cara á la del mismo estrecho, y toda la 
cabeza se mueve de manera de ser atravesada por el 
eje de la pelvis de la fontanela posterior al labio 
superior. 

Segundo. — Descensión- — Comienza como en la presen- 
tación de vértice: pero no permitiendo la poca longitud 
del cuello, ni el obstáculo del estrecho .para el eugas- 
tnmiento de las espaldas, que baje la cara ha*-ta el pe- 
rineo antes de la rotación interior, tiene que suspenderse 
mientras se verifica este último movimiento; pero luego 
sigue sin interrupción hasta el fin, recorriendo la parte 
que viene detras según la variedad y luego la frente, 
verificada la rotación interior, la concavidad del sacro 
y la prolongación del perineo e-tendido, y la parte 
anterior del cuello del feto solamente la altura del púvis. 

Tercero— Rotación interior.— Mientras está suspen- 
dida la descensión, ejecuta la cabeza una rotación por 
la qne se vienen la barba al arco puviano y el cuello 
al púvis, yéndose la frente, á la concavidad del sacro: 
entonces el diámetro bregma- barbado conesponde al 
cocci-puviano. 

Cuarto.— Flecsion.- Desde que se hace la rotación 
interior, desciende un poco la frente para caer sobre 
el perineo: ademas en fuerza de las contracciones, «van 
za la frente franqueando la horquilín (enormemente «-s- 
tendida), lue<fO suie el bregma, la sutura longitudinal, 
la fontanela posterior y el occipucio: mientras la baria 
colocada entre los brazos izquio-puvianos, tiene que 
elevare hasta delante del púvis. 

Qyúulo.- Rotación eslerior.— Ks ejecutada lo mismo 
qne en la presentación de vértice. 

Estos movimientos de la cabeza s e verifican también 
simultáneamente como en la presentación anterior; pues 
la e tensión forzada para atrás no se hace sino porque 



- 100— 

comienza el descendimiento rte la lorha; ya Irmosvi-n 
que la rotación interior sé. vuiíica mil' -lio antes ife'Vnié 
llegue la. cara al perineo y la (Lesión fes ul de 
dimiento de la frente. 

La ílecsion forzada se comprenderá abmdiúnrL S qWé 
hallándose ende razad-a ía cabeza v encontrando por eMo 
la frente un obstáculo contra nno de, los puntos del 
estrecho según la variedad, la fuerza de las contrac- 
cione-f trasmitida par la columna e-pinal del feto, hace 
avanzar uvas eficazmente la barba que la frente. 

La rotación interior es debela principalmente á la 
que hacen las espaldas para ciwaMar.>e. transversal m'ente 
en el estrecho. Se comprenden las tnodilic: ene 
traen en este -movimiento las posiciones y las varieda- 
des, pues son la* mismas qneen las de vértice. Algunas 
veces es incompleto ó nulo: en aljninas de las varie- 
dades posteriores, sv, verifica <para atrás, de. maneta qne 
ln barba se coloca en la parte media del sacro y la 
frente detrás del púvis por las mismas causas que su- 
cede eti la presentación de vértice esta irregularidad. 

La flecsion de la cabeza depende al principio cíe su 
peso y luego de la resistencia del púvis que hace se em- 
pleen las fuerzas en el avanzamierito de las parfs que 
quedan atrás. En los casos excepcionales en que la ro 
tacion interior es incompleta, ó nula, ó se hace para ntraS, 
no se termina el parto por sí solo, por no permitir las 
espaldas el ¡tvanz miiento del feto, ni poler pasar en 
tero el diámetro occ'pito-barbaclo por el estrecho infe- 
rior, á no ser qne las dimensiones de la cabeza sean 
pequeñas relativamente á la amplitud de la pelvis ó 
ipie la piiNta de la barba no pase del ligamento sacro 
sciático, para que fijándose allí, deprima las partes 
blandas que solamente hay en e=a parte del estrecho 
inferior, se aumente tres ó cuairo líneas el diámetro 
oblicuo y puedan desprenderse por el púvis las partes 
que ordinariamente lo hacen por la horquilla, entre 
ellas el occipucio que es á donde corresponde la otra 
estremidad del diámetro occipito barbado: por último, 
el principio de la flecsion se ejecuta algunas veces an- 
tes de la rotación interior, principalmente en las varie- 
dades posteriores de la presentación. 



— 101 — 

] -i -p n l- Tifia la cabeza, sj^ivfen las demás paites fiel 
f to (*jéctítMflo movimientos del todo iguales á los 
■\ írritos aiiH^. rovn^po-jdiendo las anteriores al tado 
de que viene la barlr-i y las posteriores al de la frente. 

v III. 

Prcficníar.iuii de jit-lvis. 

Comprendemos por esta presentación aquella en que 
la pelvis drl feto 'corresponde al estrecho superior y 
la raheza al fondo delúte'o. A diferencia de la ma- 
yoría de los parteros, no debemos hacer de acuerdo 
cnii los otros, otras presentaciones de los pies y de 
la< rodillas, cuando éstas vienen primero: pues la mo- 
vilidad de los miembros inferiores y su poco volumen 
<pie ks permite acomodarse bien á las partes de la 
uino-er para salir y no ofrecer resistencia alguna, y 
sobre todo, que en nada se modifica el mecanismo del 
parto en esta presentación ya saldan antes ó después 
de la péivis los tmembros inferiores, autorizan á no 
estudiar la saudade esta estreinidad del feto, sino desde 
qufí llegan las nalgas al estrecho. 

F,sta"p:eseutacion es menos frecuente que la de ver- 
tire; pero mis que la de cara; de modo que ocurre 
tina porcada 34 6 35 partos; las variedades sacro-izquierda 
anterior y sacro-derecha posterior son como las de 
vértice, y por la misma causa, las mas frecuentes: 'es 
raro que saldan primero los pies y una que otra vez 
lo hacen las" rodillas. No son conocidas las causas de 
esta presentación, quizá por algún movimiento desor- 
denado de la embarazada, principalmente estando acos- 
tada ó colando la cabeza y durante la época de la 
gestación en que el producto déla concepción flota li- 
bremente en las aguas, su cabeza se va al fondo, y sus 
nalgas al cuello del útero y permanece asi hasta et 

parto*. . 

Unas veces se engastan al mismo tiempo en la es- 
cavarwn las tralgtfs con los pies, cruzados como ya 
hemos dicho están dentro del Otero, es decir, tierno- 



—102— 
do que cada talón toca á la nalga del otro lado: otras 
veces lo hacen solas, estendiéndose las piernas contra 
el vientre del feto, ó quedándose dobladas contra los 
muslos, y otras son llevados á la vagina los dos pies, 
ó uno solo, ó las rodillas, por el golpe del agua ;tl 
rotarse la bo'sa ó por otra causa, antes que falga la 
pelvis, avanzan y salen de la vulva por un mecanis- 
mo de poca importancia y fácil de concebir. 

En todos casos al llegar las nalgas- al estrecho su- 
perior, comienza el mecanismo del parto, para compren, 
der el cual, debe tenerse presente la situación del felo 
y sus relaciones con la pelvis de la madre que es fácil 
imaginarse en cada variedad de la presentación y se- 
gún salen antes ó no, uno ó los dos pies 6 las rodillas. 

Desde luego descienden gradualmente en fuerza de 
las contracciones uterinas en la posición que tienen, has- 
ta llegar al perineo, recorriendo la nalga que viene 
detras, la curba de la escavacion y perineo estendido. 
Llegando á este tabique, al mismo tiempo que. avan- 
zan entendiéndolo, ejecutan una rotación interior por 
la cual viene á colocarse entre los brazos izquio-puvianos 
la nalga que es anterior, según la variedad de la po- 
sición, ó la posterior algunas veces y la otra va á 
corresponder á la horquilla. A esta rotación sucede 
el desprendimiento, que consiste en que la nalga pos- 
terior atraviesa la horquilla, entrándose la otra y fiján- 
dose contra el púvis, para desprenderse después: suele 
suceder que no haya rotación interior, entonces el des- 
prendimiento se hace como vienen. Por último, algunas 
veces hay una rotación esterior en que las nalgas se 
vuelven á colocar como venian antes, según la variedad 
de la posición. 

Mientras el descendimiento de las nalgas, se encor- 
va el feto sobre el lado que vipne por delante para 
acomodarse á la curva de la escavacion. De la rota- 
ción interior participa todo el feto, ó la cabeza se fija 
dentro del útero y entonces aquel sufre una torcion. 

Después de las nalgas sigue saliendo el vientre y el 
pecho del fnto. Al llegar las espaldas al perineo eje- 
cutan los mismos movimientos que las nalgas, para 
desprenderse el codo y hombro que v;<n atrás antes 



—103— 
que los que vienen contra el púvis. Algunas veces 
se enderezan uno ó los dos brazos, quedándose dentro. 
Mientras este desprendimiento, se engasta la cabeza 
en el estrecho superior doblada contra el pecho y guar- 
dando c»u él Ims mismas relaciones que»*n la presen- 
tación del vértice, según la variedad, sm mas diferencia 
que estar la coronilla para arriba y no para la vulva. 
De esta manera desciende, ejecuta una rotación en que 
la nuca viene contra el púvis y la cara va á dar á 
la concavidad de la escavacion y se desprende doblándose 
mas y ma«, de modo de ir apareciendo fuera por la horqui- 
lla la barba, la cara, la frente, el bregma, la coronilla y 
el occipucio. En las variedades posteriores, la rotación 
de la cabeza no se hace colocándose el occipucio de- 
tras del púvis, sino para atrás: entonces el desprendi- 
miento se verifica de uno de los modos siguientes: ó 
descendiendo doblada contra el pecho hasta llegar la 
nuca á la horquilla, se fija allí y por el arco puviano 
se ven salir la barba, cara, frente, <fcc. por una flec- 
sion: ó estendiéndose la cabeza al descender, porque 
se detenga la barba arriba del púvis, se fija detras de 
él el cuello y va saliendo por la horquilla el occipucio, 
la coronilla, el bregma, la frente y lo demás de la 
cara, aumentándose ía estension. Algunas veces al des- 
cender la cabeza, se endereza porque se detiene la bar- 
ba, y la rotación del occipucio se hace para el púvis; 
en este caso no sale sin la intervención de la cirugía. Lo 
mismo sucede cuando por desgracia se han quedado den- 
tro con la cabeza uno ó los dos brazos. 

§ IV. 

Presentaciones de los lados del tronco- 

Se comprenden en el tronco todas las partes que hay 
entre los hombros y los cuadriles. Nunca se presenta 
el feto por el plan anterior ó por el posterior del tronco, si- 
no que cuando está atravesado, descansa sobre un lado, por 
eso se admiten solamente las presentaciones de los lados 
del tronco. La salida de un brazo no influye absolutamen- 
te para que deban formarse nuevas presentaciones. 



, —KU— 
Son raras; pero monos que las de caí tci-qlh 

serva una por catín 230 do las demás; la del lado de- 
recho mas que la del otro. La pequenez del feto, las 
latero-versiones del útero y los vicios de c<r 
y de inclinación del estrecho superior predi ¡- ..un a 
ellas en general: los fuertes y repetidos sacudimi.'iiio.s 
y un violento Misto,, según se d.w,c, las determinan, 
En algunas mujeres todos los fetos vienen en estas 
presentaciones- 
Las mas veces es una espalda la que se coloca on 
el centro del estrecho, saliendo frecuentemente el bra- 
zo correspondiente, pero también se (dVc.i! una cadera 
ú otro punto de lus ; lados del tronco. El nomine du 
la presentación dice la espalda y cnadnl. (jue ven pan» 
el tíí-trecho y el Indo que correspondí! al finido del fue- 
ro: el- de la posición, el lado ele la madre á que cor- 
responde la ca\uza del feto y al que toca la pelvis: 
las demás partes tienen las relaciones siguientes: 
Primero, en la posición izquierda de la presentación 
del lado derecho, el occipucio, la columna espinul y 
el sacro, queda}» para adelante, mientras que la cara, 
el pecho con los brazos cruzados sobre él, ó solo el 
izquierdo si el derecho cuelga en la vagina y el vientre 
con las piernas dobladas contra él corresponden á atrás, 
y en la posición derecha deb mismo lado derecho, el 
occipucio, espinazo y sacro ven, para atrás, mientras 
la cara, pecho y vientre con los miembros están pura 
adelante de la madre: Secundo, para la presentación 
del lado izquierdo, ern la posición izquierda están bis 
partes posteriores y anteriores del feto, como en la de- 
recha de la presentación derecha con las diferencias 
que traen la posición déla cabeza en el lado opuesto, 
y en la posición derecha c-.túu como en tu izquierda 
de la presentación derecha, con las mismas diferencias 
que. la anterior. 

Casi nunca se verifica el parto por sí solo en es- 
tas presentaciones,, sino con, intervención, de la ciru- 
gío, pues como se concibe, solamente puede :alir 
el feto colocándose la cabeza las nalgas en la 
vacion, lo cual no hacen por si solas las coutraccio. 
nes uterinas. 



-105— 
Cuando ha solido verificarse el parto por sí solo eft 
una presentación de los lados del tronco, 6 bien las 
trias enérgicas contracciones han podido poco después 
de rota la bolsa, desviar la espalda que se presenta 
para una fosa iliaca interna y empujar la cabeza 6 las 
nalgas para la escavacion, y luego ha seguido el tra- 
bajo como en la presentación de una de estas estre- 
tnidades: ó bien, descendiendo la espalda que se presenta, 
doblándose fuertemente el feto sobre el lado opuesto, 
hasta tocarse un lado de la cabeza con el cuadril res- 
pectivo, y deteniéndose pronto dicha espalda por no 
permitirle la poca longitud del cuello ir mas adelante, 
mí ha verificado una rotación por la que se ha venido á 
fijar el lado del cuello contra el púvis, y las nalgas 
han ido á la concavidad del sacro, por donde han po- 
dido resbalarse y salir la parte lateral del vientrecito, 
luegí la cadera, el muslo, los pies y después las 
espaldas y la cabeza como en la presentación de pel- 
vis. Para esU>s partos han sido necesarias condicio- 
nes muy favorabcs respecto déla energía de las con- 
fracciones, de la amplitud de la pelvis, de la pequenez 
del feto &c. Es imposible que descendiendo la espalda 
á la escavacion, se resvalara la cabeza en lugar de la 
pelvis, á no ser en un aborto ó estando podrido el 
feto, y la salida del brazo vendría luego á estorbar 
su espubion. 1 

ARTÍCULO III. 

Diagnóstico y pronóstico del trabajo. 

Conocidos los fenómenos del trabajo veamos cómo 
se diagnostican, llenando al mismo tiempo el hueco 
que hemos dejado en el disgnóstico del embarazo. Tam- 

1 Sin embarco, he observado esta evolución cefálica, en un 
caso de posición céfalo-derecha de presentación del lado dere- 
cho, con salida del brazo; pero estaba muerto el feto hacía al- 
gunas horas, habia sido amputado el otro brazo con parte de la es- 
palda por un comprofesor, de presentación izquierda que era se 
'íabia hecho derecha y practiqué algunas maniobras ligeras'. 

14 



— 106 — 
bien es necesario dar á conocer ki influencia del trabajo en 
la salud de la madre y del infante, haciendo una com- 
paración entre los peligros que tiene cada presentación 
y los accidentes á quedan lugar, para qu« se prevean 
á tiempo y se acuda con oportunidad á ellos con los 
medios que el estado de la ciencia propoiciona. 

§ I 

Diagnóstico. 

Primero. — Presentaciones. — Desde mucho antes del 
trabajo puede ser conocida en el mayor número de casos 
Ja posición del feto con relación á la madre: las espal- 
das del feto corresponden á la parte de¡ vientre en 
que se halla el centro de intensidad de los latidos del 
corazón, y su parte anterior al lado en que son sen- 
sibles con mas constancia los pequeños movimientos de 
sus miembros y se perciben las desigualdades que for- 
man: en las posiciones izquierdas se encuentra de este 
Jado del vientre de la madre el centro de las pulsa- 
ciones del corazón fetal, en las derechas del otro lado, 
y adelante á un lado ó detras según es la variedad. 

En la presentación de cabeza el vientre tiene la for- 
ma globulosa que hemos descrito, se perciben con mas 
intensidad los latidos del corazón del feto abajo de la 
altura del ombligo; siendo la cabeza, como ninguna otra 
parte, redondeada para acomodarse perfectamente en la cir- 
cunferencia del estrecho superior, desciende bastante c 
impide casi completamente la interposición del ngua 
del Amnios entre ella y las membranas para ser alcan- 
zada con facilidad, y siendo por otra parte bastante 
dura, puede ser distinguida aun al travez de la por- 
ción inferior del útero, bajo el aspecto de una super- 
ficie ancha, redondeada, lisa y dura. Cualquiera otra 
presentación trae todas las dificultades contrarias, de 
manera que siempre que en los últimos dias del em- 
barazo y mas particularmente en el primer tiempo del 
trabajo no se alcance por la palpación vaginal una por- 
ción del feto, es de tomerse una mala presentación, ó 



— 107— 
que la cabeza trae algnn tumor que le impide descen- 
der al estrecho superior, ó algún obstáculo por parte 
de la madre, ó en fin, es de pensarse en una preñez 
gemelar en que los fetos se incomodan mutuamente 
para descender ajguno. En la presentación de pelvis 
se palpa á un lado del estómago de la embaí azada 
el tumor duro y globuloso déla cabeza, al mismo tiem- 
po que nada se toca del feto sob r e el cuello uterino, 
el centro de los latidos del corazón está al nivel ó 
arriba del ombligo. Por último, se presume una pre- 
sentación de plan lateral del tronco, cuando el vientre 
es mas ancho que de ordinario y tiene una forma muy 
irregular, se encuentra en una fosa iliaca la cabeza, 
bajo el aspecto de un tumor globuloso y duro, se sienten 
en los lados del vientre resistencias sólidas que no hay 
ordinariamente: puestas las manos en estos puntos, se 
hace mover de uno á otro lado el feto, notando que 
está acostado sobre el estrecho, y por otro lado nada 
se alcanza por el cuello del útero, estos últimos signos 
hacen que no se confunda con una preñez gemelar ú 
otro caso análogo. 

Durante el trabajo es cuando el diagnóstico de las 
presentaciones tiene toda su. importancia y vamos á 
recorrer los signos de cada una. 

Primero. En la presentación de vértice se toca sog 
bre el cuello uterino una superficie redondeada, má 
y resistente: introduciendo el dedo en el orificio pfyra 
recorrer esta superficie, se encuentra la sutura longi- 
tu''i¡inl dando la sensación de un hundimiento angos- 
to que termina por sus estremos en las fontanelas, y 
tomando razón de la dirección de la sutura y de los 
caracteres de cada fontanela, según los hemos descrito 
al hablar del desarrollo del feto, para asegurarse del 
lugar del estrecho á que corresponde la posterior, en 
cuyo lado queda el occipucio, punto de referencia de 
la prespntacion, se reconoce la posición y la variedad, 
y se sigue la marcha del mecanismo del trabajo. 

Segundo. La presentación de cara no puede ser diag- 
nosticada con seguridad antes de la rotura de la bolsa, 
por las razones que hemos dicho y menos durante ca- 
da dolor, que está tensa, voluminosa y con mucha agiu 



—108— 
sin embargo, cuando so dejan deprimir bastante las 
membranas, ó acaban de rolarse, se alcanza á tocar 
la frente bajo la forma de un tumor redondeado, liso, 
duro y dividido en dos partes por una sutura que so- 
lamente uno de sus estremos termina en una fonta- 
nela, es la anterior, pues el otro da en una cresta 
muy saliente y dirigida en el mismo sentido que dicha 
sutura, es la nariz. Recien rota la bolsa y per- 
feccionada la presentación (v. el mecanismo), se notan 
ademas de estos signos, las aberturas déla nariz don- 
de termina la cresta, la hendidura trasversal de la boca, 
dentro de la cual suele distinguirse la lengua y obser- 
varse los movimientos de succión que ejecuta el feto, 
y la punta de la barba; á los lados de la terminación 
de la sutura y nacimiento de la cresta hay dos tu 
morcitos blandos rodeados de un círculo huesoso, es 
decir, los ojos. Cuando hace tiempo que la bolsa Be 
ha roto, y por efecto de las contracciones uterinas; se 
ha hinchado la cara, escondiéndose la nariz entre los 
carrillos abultados y comprimidos uno contra otro, y 
frunciéndose la boca, parece una presentación de nalgas, 
aumentándose las dificultades que por sí sola tiene la 
de cara, cosa tanto mas sensible, cuanto que es de lomas 
importante un pronto diagnóstico, como luego veremos; 
pero poniendo mucho cuidado, se consigue evitar la 
ilusión, y ademas en estos casos se llega á alcanzar 
una oreja detras del púvis. Una vez reconocida la 
cara, por la dirección de la sutura y la cresta, y según 
el lado para donde miran las aberturas de la nariz, 
pues allí quedará el punió de referencia, es decir, la 
barba, se vendrá en conocimiento de la posición, de la 
variedad y demás del mecanismo de esta presentación. 
Tercero. En la de pelvis, ademas de lo referido 
arriba, se advierte durante el trabajo una bolsa muy 
voluminosa y aun alargada, que ijil rotarse deja salir 
mucha agua, ordinariamente con ruido, y hace que sa 
suspendan los dolores ó disminuyan de intensidad por 
un largo rato, se dice que el orificio uterino es ova- 
lado: ordinariamente sale el meconio á poco de rotar- 
se la bolsa, y luego se perciben los demás caracteres, 
que son diferentes, según que vienen primero los pies, 



— 109— 
jas rodillas ó las nalgas. En el primer caso, ó caen 
los dos pies en la vagina, y nada es mas fácil que 
distinguirlos de cualquiera otra cosa; ó ap. ñas se al- 
canzan, ó solamente un pié desciende, y pava no con- 
tundirlos con las manos, io que es muy fácil, se rwóí? 
dará que los dedos son mas cortos y menos movibles 
que en las manos que están unidos al pié en línea rec- 
ta, que el borde interno es mas grueso que el otro y 
que forma ángulo con la pierna, mientras en la mano 
son mas largos y movibles los r'edos, el pulgar esta 
separado de íos otros, los bordes son igualmente gruesos 
y se une con el brazo en línea recta. Reconocidos 
los pies ó uno de el ¡os, y viendo para donde están 
(ungidos los talones es muy fácil inferir la posición 
y la variedad, pues para ese lado queda el sacro del 
feto que.es el punto de referencia- En el caso deque 
vengan primero una ó las dos rodillas, por su forma 
globosa, su dureza, el grueso de los miembros que 
continúan para adentro y el hundimiento que se en- 
cuentra en el doblez de las corbas, se distinguen bien 
de los codos, que son pequeños, agudos en su estre 
midad, teniendo á sms lados dos eminencias hueso 
sas igualmente agudas, y el hueco del doblez con 
vecso: y de los hombros por ¡os caracteres que ve 
remos luc^o. La posición y variedad se sacan por 
la dirección de las espinillas, que quedan del lado del 
sacro. Bn fin, cuando son bis nalgas las que se pie 
sentan antes que otra cosa, se conocen en un tumor 
redondeado y blando que tiene en nna parte de su ur- 
CWrifefeiWÍia una porción dura, e< decir, uno de ¡os cun- 
diiles, en medio se halla, introduciendo r»«s el dedo, 
la hendidura de las nalgas, la punta del coccis, á la que si 
guo para arriba la superficie dura y designal de tacara 
posterior del sacro y para abajo el ano, en que no » 
consigne introducir el dedo sino á viva fuerza cuand,* 
está 'vivo el feto y al que siguen las partes genitales 
que permiten reconocer el r«ese del feto. Paia venn 
en conocimiento de la posición y variedad en unapre 
sentacion de nalgas, se atiende á la direccton de U 
punta del coccis que es opuesta á la pa'te a duncl, 
corresponde el sacro. 



— llO- 
Cuarto. Por último, la presentación do uno de los 
lados del tronco, de la que antes de rotas las mem- 
branas no se puede tener la certidumbre que importo 
tener muy anticipadamente, se conoce después que se 
rotan, en que fe percibe en el estrecho, un hombro, 
un codo ó una mano. Los signos que dan á conocer 
un homb T o, son: un tumor duro y redondeado, con 
una cresta huesosa en un lado (el ncrómion) que si 
para adentro y pertenece al hueso de la espálela (e| 
homóplato), y en el otro, un hueso delgado y larga 
(la clavícula, vulgarmente la puente), que también m- 
gue para adentro; con las costillas y sus intervalos á 
un lado de este hueso, y una superficie plana termi- 
nada en un ángulo á un lado de la cresta huesosa, 
el hueso de la espalda, y por último, el hueco 
de debajo del hombro (la axila vulgarmente arca), al 
que se puede introducir el dedo ya por el lado en 
que se tocan las costillas ó ya por el del ángulo hue- 
soso y el cual es cóncavo. Cuando viene un codo ó 
una mano, se perciben los caracteres ya referidos, y 
aun se ve la mano, cuando cuelga en la vagina. Con 
estos datos solamente puede reconocerse que es uno de 
los lados del tronco el que se presenta, y es lo 
únicamente necesario para nuestro objeto: dejamos al 
conocimiento del cirujano que se consulte los que dan 
á conocer el lado que es y la posición que trae, que le 
son precisos para resolver el mejor modo de obrar. 

Secundo. — Otros fenómenos —Ya hemos dicho que 
los dolores del parto comienzan en el ombligo y los 
ríñones para amortiguarse en el perineo ó la vulva, 
que son intermitentes, que mientras dura cada uno, el 
vientre está duro, el cuello uterino tenso, la bolsa re- 
sistente <fcc, y que cuando cesa se aflojan estas partes. 
Otros dolores hay, llamados falsos, que pueden ser 
tomados por los del trabajo; pe'O notando que son con- 
tinuos y fijos en el punto enfermo y que no vienen 
acompañados de los demás síntomas del parto, es fácil 
saber de lo que se trata. La hidrorréa y el reuma- 
tismo uterino pueden inducir en un error; pero por los 
caracteres bien observados, que ya hemos dado dees- 
tas afecciones, se adquirirá la verdad. Ciertos dolores 



—111— 

Uterinos que vienen, se calman y repiten con regula- 
ikind en algunas embarazadas, y que reconocen ordi- 
nariamente la plétora por causa, pueden ocasionar una 
equivocación peligrosa, ?i se obra como si fueran do- 
lores de ¡¡arto; pero es fácil observar que aun no ha 
llegado la época del irbrwjf^ni existen los demás sig- 
nos. Una que otra mog^r es acometida en los últi- 
mos dias de su embarazo de verdaderas contracciones 
dolorosas que se repiten á intervalos ¿guales y se acom- 
pañan de la abertura del cuello y fo r macion de la 
bolsa; lo cual dura cuatro ó seis horas y luego vuelve 
todo á la caima: este aparato es muy difícil de dis- 
tinguir del verdadero parto, y solamente una gran cir- 
cunspección salva en estos casos la reputación. Por . 
último, puede declararse el parto prematuro: en estos 
casos el conocimiento de la época del embarazo y la 
existencia de alguna causa, indican la conducta que 
debe seguirse. 

Al principio del trabajo, que con dificultad se alcan- 
za el cuello del. útero por estar muy atrás y arriba, 
puede ser tomada la parte del útero que cubre el es- 
trecho por la bolsa, y creerse que la dilatación e>ta' 
muy adelantada, tanto mas cuanto que se reconoce bien 
la parte del feto que se presenta; pTo recorriendo la 
circunferencia del tumor hasta encontrar el orificio ute- 
rino aun no dilatado en la concavidad del sacro, ó si 
es la bolsa el reborde que forma, cuando está amplia- 
do, se conoce el verdadero estado de estas partes. 

Presenta sus difultades el cerciorarse si se ha roto 
la bolsa ó aun está intacta cuando en las presenta- 
ciones de vértice está aplicada contra la cabeza. Es 
preciso para conseguirlo, aguardar un dolor, y enton- 
ces interponiéndose la agua entre las dos, si la bolsa 
no está rota, ó reduciéndose la cabeza, si lo está, se 
toca ó un tumor liso que contiene agua, ó las arru- 
fas de la piel bellosa de la cabeza. 
3 El desprendimiento completo de la Placenta después 
de la espulsion del feto, sa reconoce en que ha ha- 
bido nuevas y repetidas contracciones del útero después 
del reposo que sigue á aquella espulsion, ordinariamen- 
te sale sangre por la vulva y se toca por la vagina 



— 112— 
la Placenta y aun se distingue la insersion del cor 
don en ella; mientras que si no se alcanza, ni se ve 
escurrir sangre y por otro lado se palpa el tumor ute- 
rino sobre el nivel del ombligo y de una constaten pi« 
pastosa, es muy probable que aun no se ha verifica- 
do el desprendimiento. Cuando el tumor d 1 vien're 
es poco voluminoso, duro, y está situado muy abajo 
«leí ombligo, y sobre todo, se siente la Placenta en la 
vagina, no puede caber duda sobre su salida del útero. 
\u\ diagnóstico de los de:nas fenómenos del parto na- 
da ofrece de particular, bastando la descripción de ellos 
dada arriba. 

§ H. 
Pronóstico. 

El parto produce en general sobre la madre los efec- 
tos de una grande fatiga, de un dolor prolongado y 
de una herida estensa, que pueden prolongarse algu 
nos dias después: así es que muchas veces trae ansie- 
dad, abatimiento, impresionabilidad y aun perturbación 
de las facultades intelectuales: algunas veces produce 
accidentes mas ó menos serios, de los que nos ocupa- 
remos en la segunda sección; en fin no es raro ver 
sobrevenir la muerte, sin otro motivo que la conmo- 
ción nerviosa que causa el trabajo, y esto sucede tam- 
bién después de algunos dias que ha ido bien la en- 
ferma. 

El feto resiente la influencia que ejerce el parto, sobre 
la madre, y directamente sufre desde que se rota la 
bolsa, accidentes de que hablaremos después, compro- 
metiéndose muy fácilmente su existencia, principalmen- 
te siendo varones. 

La presentación trae algunas modificaciones en el 
pronóstico que vamos ahora á manifestar. 

lia de vértice es sin disputa la menos resgosa de 
todas, por no traer los peligros que de las otras tene- 
mos que darnos razón, y sin embargo, cuando la va- 
riedad de la posición es de las trasversales, al Regar 
la cabeza, al perineo suele contenerse indefinidamente, 



— 113 — 

ya por falta de fuerza en el útero, ya porque se en- 
castan las espaldas en el estrecho superior de modo 
ue no permitir la rotación interior: ahora, los efectos 
de la prolongación del trabajo son bien funestos, co- 
rno veremos después: del mismo modo, cuando la ro- 
tación interior de la cabeza se hace para atrás, como 
que para desprenderse, tiene el occipucio y el cuello 
que recorrer la estensa curba posterior de la escavacion, 
el cuello que encorarse y la parle mas gruesa de la 
cabeza que vencer el perineo, resulta también la pro 
longacion y aun cesación del trabajo, por el largo ca- 
mino que tiene que ir recorriendo el occipucio y el 
cuello, con quien no hay que contar cuando la rota- 
ción es para el púvis, pues llegando el occipucio aquí, 
poco dura ya el trabajo: y por el mayor desperdicio 
de fuerza que hay, doblado el cuello que cuando está 
recto, para trasmitirla contra las resistencias que se pre- 
sentan: igualmente resulta la rotura del perineo por 
el ecsesivo volumen del occipucio, y la inclinación pa- 
ra el ano que trae. En estas circunstancias es en las 
que se ha visto rotar el perineo quedando intacta la 
horquilla. El encorvamiento del cuello del feto, entor- 
peciendo la circulación de la cabeza, trae un ataque 
de sangre al cerebro. 

La de cara es tan grave que no se creía posible el 
parto sin la intervención de la cirugía. Lo cierto 
es que el trabajo es muy prolongado y grave para el 
feto y la madre, y con frecuencia e? preciso el For- 
ceps para desencajar la cabeza de la escavacion, ya 
por estrecha, ya porque la rotación interior se ha- 
ce para atrás ó ya porque peligra la vida del 
feto; y por regla general las operaciones esponen á 
accidentes mas ó menos graves. Depende la prolon- 
gación del trabajo en esta presentación de que la for- 
ma de la cara no es propia para la dilatación del cue- 
llo del útero, lo encorvado del cuello desperdicia la fuerza 
de las contracciones, y encajándose algunas veces la cabeza 
ó los hombros en la escavacion, no avanzan sin los 
recursos de la cirnjía. Ademas de los peligros que 
corre el feto por estas causas, hay una circunstancia 
que se agrega á la prolongación del trabajo para producir 

15 



— 114 — 

la interrupción de la circulación de la sangre en \n 
cabeza, y es la fuerte compresión que sufro contra el 
púvis la parte ¡ulterior del cuello desde que llega 6 es- 
la parte, por eso se ve el recien-nacido con la cara ne- 
gra, los labios y carrillos hinchados y oculta la nariz: 
también hay la de que escurriéndose mucha agua por 
la forma de la cara, sufre el feto, y lo que es mas el cordón, 
una compresión prolongada de fatales consecuencias. 

Todavía es mas peligroso el parto en la presenta- 
ción de pelvis, principalmente para el feto. Cuando 
ya ha salido lo mas del feto y queda todavía la parte 
mas voluminosa dentro, es decir la cabeza, es cuando 
falta al útero la fuerza para espulsarla, porque ya está 
cansado y porque sus fibras están acortadas, lo cual 
no sucede en las presentaciones de vértice y de cara, 
en que estando lleno, las fibras tienen su tirantez y 
pueden contraerse, ó lo que es lo mismo acortarse: la 
forma de las partes no es propia para la dilatación del 
cuello del útero: resulta de todo esto una prolongación 
mayor del trabajo con sus graves consecuencias. Hay 
una circunstancia que toca peculiarmente al feto y que 
es causa de su muerte- cual es la compresión del cor- 
don por las partes y el desprendimiento de la Placenta, 
antes de la salida de la cabeza, lo que hace que antes 
del establecimiento de la respiración se interrumpe la 
comunicación de la circulación del feto con la de la madre: 
también en la descencion se llena la nariz y la garganta 
del feto de mucosidades que impiden su respiración. 

Pero nada es mas funesto como una presentación 
de los lados del tronco, pues siendo ecepcionalísima la 
terminación natural del parto en tales casos, y aun 
dado caso que así suela suceder, resulta por la repe- 
tición de las contracciones una rotura del útero pron- 
tamente mortal ó su inercia con las consecuencias de 
la retención del feto muerto en el útero que hemos ya 
señalado al tratar de la preñez 'extra-uterina y del abor- 
to: por otra parte, la simple prolongación del trabajo 
trae accidentes graves, como veremos, y las maniobras 
que son necesarias para evitar estos terribles efectos, 
son graves para la madre, y peligrosos para el feto, tanto 
mas, cuánto mas largo tiempo ha trascurrido desde la ro* 



—115— 
tura de la bolsa. Es por tanto un deber imprescindible, 
diagnosticar estas presentaciones, si posible es, tintes de ro- 
tarse la bolsa de las aguas, y hacer que cuanto antes se pro- 
cure á un cirujano ejercitado para que salve á la madre y 
también al feto, principalmente en este pais de cristiano*. 

Los peligros del parto prematuro son tanto mas pa- 
recidos á los del aborto, cuanto menos dias del octavo 
mes del embarazo han pasado. 

El aborto es una afección siempre mortal para el 
producto de la concepción, pues es espulsado antes de 
que pueda vivir con independencia. La madre queda, 
mas espuerta que en el parto á las enfermedades agu- 
das del vientre que son graves, á las crónicas y á que 
se repita el accidente en un nuevo embarazo: cuando 
se ve'iñca en el tercero ó cuarto mes de la gestación, 
es muy penoso y trae los peligros inmediatos referidos 
en los síntomas: del quinto al sesto mes, es menor 
la gravedad: en los primeros dias del embarazo rola- 
mente es una indisposición ligera: en fin por lo que 
hace á las causas, el provocado es mas gravé que cual- 
quiera otro, las causas violentas y las enfermedades 
agudas lo hacen mas peligroso que las lentas. 

CAPÍTULO SEGUNDO. 

Del Puerperio. 

Después del parto vuelven los órganos genitales y 
toda la máquina al estado anterior al embarazo en 
un periodo de tiempo llamado estado puerperal ó puer- 
perio: mientras dura, se presentan fenómenos que no 
deben ser pasados en silencio. Ademas, en el recien- 
nacido se suceden otros sobre los cuales es muy in- 
teresante dar una rápida ojeada. 

ARTÍCULO I. 

Fenómenos puerperales. 

A la agitación tan fuerte que trae el trabajo, sigue 
el eansancio, una lascitud semejante á la que viene por 



— 1 16 — 

un ejercicio forzado, una torpeza de cerebro, como dos 
pues de haber ocupado fuertemente la atención, y tura 
debilidad general proporcionada ¡i la pérdida cln san- 
gre. Apenas es llevada la enferma á su cania y 
es acometida de un calosfrió, algunas veces tan ostre- 
mo que se chocan unos con otros los dientes: pronto 
es reemplazado por una intensa calentura, manifestada 
por el aumento del calor de la piel y la frecuencia 
mayor del pulso, que de cerrado que estaba, se vuel- 
ve ancho y blando: y un sudor abundante, un sueño 
apacible y una calma completa ponen fin á los pade- 
cimientos pasados, quedando solamente una impresiona- 
bilidad muy delicada para cualquiera causa. La hu- 
medad de la piel dura unos ocho dias, y cuando por 
un celo imprudente se abruma á la paciente con mu 
cha ropa, es muy molesto y aun brota una erupción 
demasiado incómoda. 

Verificado el parto se reduce el útero á un tumor 
globuloso que se eleva sobre el púvis como unas tres 
pulgadas (27 cent.): luego va reduciéndose poco apo- 
co de modo de volver á su tamaño primitivo á las 
seis semanas, sin mas diferencia que un poco mas de grue- 
so y de blandura. Las dos hojas de los ligamentos an- 
chos, desdobladas para abrazar el útero desarrollado, 
vuelven á acercarse y á unirse para reformarlos, to- 
rnando las trompas que con los ovarios vuelven á 
sus posiciones ordinarias. La reducción del volumen 
del útero se verifica, como en el parto, por alterna- 
tivas de contracción y descanso, con la diferencia qne 
no hay dolor y solamente se nota cada contracción 
por la dureza que adquiere el útero de intervalo en 
intervalo. Estas contracciones esprirnen la sangre de 
que está empapado el tejido del útero y la espulsan 
de su cavidad, así como los retacillos de membranas 
que suelen quedar después de la descarga y los lí- 
quidos que se forman en el periodo que vamos des- 
cribiendo: á su vez estos productos las provocan, por 
convertirse en cuerpos estraños que exitan el útero. Al- 
gunas veces no hay estas contracciones, resultando el 
terrible accidente llamado inercia ' del ■ útero: otras son 
acompañadas de dolor y constituyen \os pujos uterinos, 



—117— 

conocidos vulgarmente por entuertos- En las jpritnp- 
rizas y en las gruesas no es fácil palpar por el vien - 
tre 'él útero después del octavo dia del puerperio: en 
■Ins deiTias no es así, pues pasados quince dias todavía 
se nota elevado dos dedos sobre el púvis: algunas ve- 
ces llegn muy cerca del hombligo, porque es muy dé- 
bil la contra "tibilidad de tejido y -quedan considera- 
blemente gruesas Ins paredes del útero; otras veces 
estando disminuido, vuelve á aumentar de volumen por 
un poco d ; tiempo y luego disminuye de nuevo; -es- 
to se atribuye á que el tegido del útero se empapa 
de sangre por intervalos, ó su cavidad contiene grue- 
sos coágulos: Otras en fin, aumenta de volumen y se 
pone doloroso, lo cual significa -su inflamación -ú oti;; 
enfermedad aguda. 

I ^ cavidad del útero se reduce a muy pequeñas 
dimensiones inmediatamente 'después deliparto, -su -cara 
interior se pone blanda, rojiza, des ig uai, -cubierta de 
sangre y de una membrana fácil de desgarrar, -dejan 
do entonces descubierta la capa muscular del órgano: 
la porción en que se adhería antes la Placenta está 
mas gruesa y subida de color es redonda, propinen- 
te y desigual, muy parecida á la Placenta. Todos 
estos ca r actéres van desapareciendo gradualmente hast» 
ponerse el útco en sus condiciones ordinarias, mediante 
la formación de ftn líquido que sale -al ■ estertor, y se 
¡lama loquios, vulgarmente -purga. Poco después de 
suspendido todo escurrimiento, 'verifioda la -descarga, 
comienza á salir sangre pura,, perfectamente coagulable: 
á las doce ó quince horas ¡pierde su color y consisten- 
cia; de modo -que corrido algún tiempo no es masque 
una serosidad sanguinolenta mesclada con mucosídades 
y restos de secundinas: cuando fobreviéne la ca¿e?¿f^a 
de leche, se suspende de nuevo el escurrimiento ó dis- 
minuye 'á lo menos su cantidad: frtWaéa 4a Calentura, 
reaparece la salida de la serosidad que deja de -serian - 
guinolenta el octavo dia; sin embargo, algunas veces sa- 
le sanare pura líquida ó en cuajarones todavía '-en» éSfa 
época: "des pues presentan los loquios el aspecto de una 
verdadera supuración, cuyo origen es la porción sa- 
liente desigual yrojadel úcero-dedotide se ha desprendido 



— 118- 
la Placenta que es una positiva ulceración, de modo 
que es un líquido consitente, amarillento, de un olor 
propio mas ó menos fuerte, según coda individuo y 
la limpieza que se tiene \ su cantidad varía, así 
es que en los primeros días generalmente se ensucian 
muchas sábanas, y luego menos hasta fin completo 
agotamiento, en las que dan de mamar es poco abun- 
dante: su duración es igualmente variable, tiendo de 
1.5, 22 ó 30 dias en las que dan de mamar, mien- 
tras que en las que no lo hacen se prolonga mes y 
medio ó dos meses. Para cesar el escurrimiento, va 
disminuyendo gradualmente, luego se suspende algunas 
horas, un dia y mas tiempo, reapareciendo por ratos 
mas y mas cortos hasta su cesación definitiva. Algu- 
nas veces se prolongan extraordinariamente los loquios 
por algunas de las causas que toca averiguar y com- 
batir al médico: otras duran muy poco, porque el úte- 
ro vuelve pronto á su estado natural, ó lo que es mas 
frecuente, porque viene alguna afección cuyos síntomas la 
ponen de manifiesto: en fin, los caracteres de los lo- 
quios son algunas veces diferentes de los referidos, lo 
que indica la existencia de algún accidente grave da- 
do á conocer mas adelante. 

El cuello del útero queda después del parto, ancho, 
blando, desigual y con poca resistencia; luego va ad- 
quiriendo longitud y consistencia, de modo que á los 
30 dias tiene sus caracteres anteriores, salvo la menor 
longitud, la mayor blandura, la diferente forma y las 
desigualdades descritas en otra parte y proporcionales 
al número de partos verificados. 

La ampliación de la vagina va desapareciendo, aun- 
que lentamente, reformándose las arrugas naturales de 
la cara interior. 

Los grandes labios y el perineo quedan delgados, 
estensibles, arrugados y salientes; pero vuelven á sus 
condiciones habituales en poco tiempo. La rotura de 
la horquilla que sucede en las primerizas se cicatriza pron- 

1 El olor de la enferma depende también del sudor y de 
la leche derramada en la ropa que se agria. 



—119— 

to. Algunas veces se encuentran en estas partes ro- 
turas mas ó menos profundas que causan un incomodo 
escorsor, y exigen una curación delicada. 

Las incomodidades da la orina desaparecen con el 
porto; siu emba'go, algunas veces hiy dificultad y do- 
lor para mear á cansa de que se inflama el meato 
urinario: otras veces ai contrario, paralizada la veji- 
ga por una compresión prolongada, que sufre cuando 
permanece mucho la cabeza del feto en la escavacion, 
hay retención de orina, lo que esplica el malestar y 
el sufrimiento de algunas paridas. 

El estreñimiento de la gestación se prolonga todavía 
después del porto otros 4, 6 ú 8 dias: suele durar 
mas tiempo, cuando el intestino recto se paraliza por 
la prolongada compresión referida antes; entonces hay 
ansiedad, dolor de cabeza, insomnio, pesantes y aun; 
dolor en una foa iliaca interna, calentura algunas ve- 
ces, de modo de hacer creer en una inflamación del 
útero ú otra parte del vientre. 

Las hemorroides, el [linchamiento de las venas délas 
piernas, el aflojamiento de las sínfisis de la pelvis, las 
hidropesías <fcc. desaparecen igualmente en pocos dias; 
sin embargo los primeros achaques no lo hacen del 
todo. 

La gana de comer se abre pronto, cesan las demás 
alteraciones de la digestión y solo queda por algunos 
dias ahilamiento de estómago y sed. 

Las paredes del vientre quedan muy flojas y arru- 
gadas inmediatamente después del parto; pero luego 
van recobrando tirantez, aunque es menor que antes 
á proporción del número de partos. Algunas veces per- 
manecen en un estado de flojedad, que causa la ante- 
version del útero, como ya lo hemos notado. .Las grie- 
tas que no se han cicatrizado, lo hacen pronto, dejando 
las fajas blancas, de que hemos ya hablado. 

En fin, desde los primeros dias del parto se presen- 
tan otros fenómenos que dependen de la actividad m*- 
yor en que entran las mamas al establecerse el trabajo 
de formación de la leche. Hemos dicho en otra parte 
que desde la gestación se abultan estos órgano», »Q en- 
durecen y hacen dolorosos: este estado guardan hasta 



—120— 

fas 48 horas después del porto poco mas ó ; unios: <m 
cuyo tiempo suben mucho de punto estos síntoma, 
se 'engruesan los venas de los senos, el líquido ama- 
rillento que se forma desde los últimos meses del em 
bar*»», llamado calostros,? que á las 24 horas dfi pota 
do el parto es ya sensiblemente blanco, consistente y 
azucarado, toma todos los caracteres de la I '-che bien 
formada: al mismo tiempo invade la calentura 6 fie- 
bre de leche, que consiste en aceleraciou moderada del 
pul-o, que de pequeño que era pasa á ancho, color y 
sequedad de la piel á que sigue un abundante sudor: dolor 
de cabeza, rubicundas y animación de la cara, sed é inape- 
tencia y suspensión del escummiento loquial. Raras veces 
precede calosfrió. La calentura sigue ha?ta las 12, 24 
ó 36 horas por lo común, pocas veces llega á 48: sne 
le prolongarse por 3 ó 4 dias; pero entonces adquiere 
los caracteres de una fiebre intermitente (frios) que se 
cura como la ordinaria. En las que dan de mamar 
luego y en las primerizas son poco intensos estos sin- 
tomas; pronto se aflojan los senos y siguen formando 
I* leche hasta que deja de darse de mamar, entonces 
vuelven á su primitivo estado, con diferencia de un 
poco mayor nbultamiento y flojedad que antes del pri- 
mer parto y la permanencia de los otros signos refe- 
ridos en otra parte. En otros casos, muy comunes, no 
se presente la calentura, aun cuando se. hinchen loa 
senos y sea muy abundante la leche. En las muge- 
res deque ya hemos hablado, en quienes los senos se 
marchitan durante el embarazo, nada se presenta por 
este lado después del parto, ni iiene tampoco la calen- 
tura de leche: Por el contrario sucede, principal mente 
en las que no dan de mamar luego, que ka fr brees 
intensa, el abultamiento y dureza de las mamas es eese- 
sivo, estendiéndose hasta el hueco de los brazos, lo 
que impide acercarlos al tronco, se forman grietas ej) 
el pezón, está la piel tan tirante en esta parte que 
no permite la libertad en la respiración, en fin, 
hay una inflamación que suele ir hasta la supuración 
del tumor: la duración y la intensidad de estos sínto- 
mas es tanto mayor, cuanto mas difícilmente escurre 
fa leche por el pezón y menos aban danta es el sudor 



— Í2i— . 

y la cantidad de los loquios. Cuando no se forma 
supuración vuelven los senos á su estado natural de 
los S á los 15 chas en bw que no dan de uiHinar. 
JNo nos detendremos en la descripción de los c>r<ir.ié- 
res de. [i >e he, pues es sabido lo difícil que es deci- 
dí' ¡íor ellos solamente la buena ó mala calidad de 
este líquido. 

No S'empre que el feto muere dentro del útero es 
espulsado !ue¡jo qn • se presentan los síntomas del p*r- 
to ó del aborto:» alannas veces cesan é tos y viene una 
cal mrt que hace cr er que todo ha termina m. enton- 
ces sucede ó qn- 1 pasado nl^un tiempo, que varía mu- 
cho, s^ declare un nuevo aparato de síntoma* seguido 
de la espnUion del feto con pora ó ninijuiia hemo r - 
r;<oja aun tratándose ríe un aborto: ó que permanezca in- 
definidamente d litro del úte o, convirtiéndose en una 
especie, de momia: ó en fin y e>to es lo mas frecuente, 
que estando rota la boba y penetrando el aire, se cor 
rompa el producto de la concepción y se declare la 
pelillosa fiebre (pie betno- temido en "tro liiijar. Aun 
cuando no sea es pulsado un f to muerto dentro del útft'O, 
no deja de presentarse á lo- dos ó tres dias de l¡i apa- 
rición de los síntomas de espnlsion, la calentura de la 
leche: únicamente se nota que no hay escurrimbnto 
de los loquios. 

ARTÍCULO II. 

Fenómenos del recien nacido. 

Luego que sale el feto de la vulva, si está en per- 
fecta salud, dá un gr-ito, no ahogado, sino bastante fuerte, 
que senda el establecimiento d- la res b ación, es decir, 
la penet ación en los pulmones de la sanure que cir- 
cula, y su vivifracinn por el aire que entra á es. 
tos óranos. Mientras no >e de prende la Placenta 
de sus" adberencí s con el ú ero. .se nota todavín la 
circulación de la smífifw F» c h1 ror °" 1)e ^ e ene 
mn. nento se e*tab!e<-e el ejercicio de todas las f ncio 
nes del individuo con entera independencia de la 

madre, úvoq* la que queda con motivo de la lactancia, 



—122— 

así es que deja la sangre de circular por el cordón 
hunbilical. principalmente si está liando, y d* l 1H - 
sar por la oomuieacion que hay entre la arteria de los 
pulmones y la que va á todas partes del cuerpo, cer 
rándose e^os conductos y convirtiéndose en unos cor 
dones sólidos Algunas ve'es no dá ei feto el grito referido 
ó lo dá muy débil, lo que indica un estado de sufri- 
miento *qne íufcgo nos ocupará. 

La porción del cordón que se deja unida al hombligo, 
cuando se corta y liga, comienza por enfriarse y aJel- 
gasarse; á las 24 horas se encuentra moeiia ydemd 
olor; á los 2 ó 3 dns, se pone negra y comienza á 
desprenderse del hombligo, donde se forma nna úlcera 
que supura: d'd cuarto al octavo dia cae, qu dándola 
ú'cera: por fin al poco tiempo se cicatriza ésta, se 
hunde y adquiere esta parte el aspecto bien conocido 
del hombligo. Algunas veces se prolonga la supina- 
ción. po r accidentes que tenemos que tratar d-spue*. 

A las pocas horas de nacido el f'to, et»sncia los ves- 
tidos con la orina y los escrementos que aparecen ba- 
jo la forma de nna materia negrnsca y pegajo-a, lla- 
mada meco/iio. Este acto solo deja de 'verificarse en 
el caso raro de venir cerrado alguno de estos con- 
ductos. 

En fin, pronto busca el pezón, que ai principio es 
necesa'io enseñ-irle á tomar. Algunas veces no puede 
mama r por tener muy corto el frenillo de la lengua, 
por estar dividido el paladar ó por otros motivos que 
luego examinaremos. 

TÍTULO SEGUNDO. 

Cuidados que deben ser prestados en el parto. 

Tocamos á la prte mas importante de la Tocolo- 
gía y ala que han tendido las considera' iones que la 
han precedido, porque el mejor modo de ser útil es 
conocer todas hs circunstancias de cada caso y no ha- 
cer á ciegas maniobras y remedios cuyo objeto se ignora. 

No es fácil que queden comprendidos todos los ca- 
sos que se ofrecen en la práctica en el conjunto de 



—123— 
reglas generales que se prescriben para dirigirse en la 
conducía que se ha ckí seguir en cada uno, pues lo 
vario de las individualidades, quq hace caoibi -r al infini- 
to la muñera de presentarse los f nóminos y es> luye 
el que haya una mayoría de semejanzas, hace qne la 
doctrina se modifique á cada paso; [jeto probando ven- 
cer las dificultades espondrémos primero los servicios 
que se prestan durante, el trabajo, y después los que 
se hacen en los dias siguientes. 

CAPÍTULO PRIMERO. 

Durante el trabajo. 

Distinguiremos los casos ordinarios y los que por 
alguna circunstancia requieren cuidados especiales. 

ARTÍCULO I. 

En los rasos ordinarios. 

Cuando se asiste por primera vez á una parturiente 
se debe ante todo obtener su confianza, dirigiéndole 
las preguntas en un orden tal de descencia, que sea 
poco notable el paso á las que cansan pu >or y se 
pueda llegar sin oposición á practicar las maniobras 
que sean necesarias: manteniendo un aire de dalzura 
al mismo tiempo que. de gravedad tal que indique el 
Ínteres qne se toma por la pudente; pe'O sin descender 
á llanezas improbas del HMüisteno qfle se desempeña: 
y respetando l»s preocupado es del comí pn, d¿ diodo 
de ceder á las que no cau^n perjuicios para que aun- 
que por un lado sea en pe juicio de la ciencia; por 
otro se adquiera el prestigio que el práctico sabe cuanto 
vale para ser obedecido ci-gamente en sus preserido* 
nes, y para poder de>te'rar las preocupaciones cuyos 
resuliados son lamentables. 

Los infirmes qu<* se. toman de luego á luego son: el 
tiempo que h'ce que han comenzado los d l<ue> y su 
frecuencia, duración é intensidad, pa>a ver si hay tiem- 
po todavía de tomar todos los demás que son necesarios 



—124- 

pnra ser lo mas útil posible y asegurarse por sí d« 
aquel lo* 5 . En estos casos se lamerán los siguientes: 

No es fue-a de propósito inforinai.se. si la muger (píese 
ti'Uie presente está embarazada, pues sucede que eu- 
gafiada^ algunas por los dolores que sienten, sor- 
prenden á una matrona confiada, que se previene 
para un parto y mas tarde tiene la. vergonzosa certi- 
dil i.bre de que no llabia embarazo; y por Otra parto 
nada es ma> fácil que ave iguarlo, recordando b> qne 
tenemos dicho sobre los signos del embarazo. 

Ra de la mayor impor¡an<-ia asegurarse d' j que se 
trata del verdadero trabajo. Para lo cual se indagará 
si ya es época d»-| parto, recordando los signos de las 
di ve esas épocas de la preñez que ya hemos presenta 
do y ateniéndose < ejor a los signos p-esentes, observa 
do- [>or sí, que á ltt s respuestas de, la paciente, que 
muchas treces no sabe contesta' con la precisión ne- 
cesaria Igualmente se atenderá un ato á los dolores 
p ra notar mis caracteres y ver si son venaderas com 
traiciones uterinas, ú otra cosa, según 'lijimos antes, 
recordando que solamente el. tacto Vacinal revela la 
veidad en los casos difíciles. Si aun n» esta borrado 
el cuello, si aun está resistente n< n en los intervalo-* 
de los dolores, si éstos »on irregulares y promovidos 
por alguna cuisa de las que provocan el aborto ó el 
parto prematuro, es evidente qne no se trata de un 
paito A término 

No cabiendo duda en qne la paciente está en t r a- 
bnjo, se procede luego á ir disponiendo lo necesario 
para este acto. T)urante este tiempo se indagarán los 
demás ciiounslancias del eso presente 

Lo primero que se dispone es el local en rjne hn 
de permanecer la partu'iente. Se preferirá un apo-en- 
to amplio y silencioso, con buena Inz y Birjfn arelen 
templado, puro y sin mezcla d<- o ore fuerte- se. .n los 
que fueren., I ,o segundo es lar «nía en que debe pn- 
sar el puerperio qu- nada ofrece de parlicnlar. Lo 
tercero es e, asiento ó cama en que debe v.-r.fir-ar e 
e¡ parto. H'blamos d"l b'inco, jwerto que es costum- 
bre noesta como de, ios españoles que d parto se 
aguarda seutada la pariuritínte: es muy conocido para 



-125- 
qne nos detengamos en su descripción: y- solo diremos 
que deba estar bien encornado, sin costuras y de di- 
mensiones p r opo cionad as de modo que esté cómoda la 
paciente, y por último, sería de desear se adoptara un 
respaldo en 1 ominado, unido al asiento común de ma- 
nera qu- se inclinara á la voluntad para atrás por un 
mecanismo cualquiera, un través ño por delante etique 
fijar los pi^s, y el que se roñase el asiento por los 
lados y por detrás para trnredir que corra dentro el m re. 
Si el parto debe verificarse en la cama, como en Fran- 
cia, lo que es de necesidad absoluta en los rasos que 
la moger está espuesta á desvanecimientos ó sincopes, 
á la hemorragia, la caida ó el reanversamicnlo del 
útero, ó está afectada de una herida ( vulgarmente re 
laj nl ;1 ), de caída ó anteversion del útero ú otros acci- 
dentes de esta clase, se dispond á situándola de modo 
que se pue^a au"1ar por sus laclas, colocando una al- 
mohada dura sobre el colchón que levante la pelvis, 
para que pueda enderezóse H eoccis al pajarel frto r 
y pueda maniobrarse con seguridad, otra junto á la an- 
terior que reciba las espaldas, un travesano en la pie- 
cera envuelto con lienzos para fijar los pies, un hule 
ó sale • sob e la primera almohada y el colchón para 
recibir la sangre y demás suciedades, y las almohadas 
para sostener la cabeza, suficientes para que esté có- 
moda la enferma. Por último, se previenen unas ti- 
jeras fuertes y cortantes, hilo" de ^eda de á 9 á 10 
pulgadas de largo (de 20 á 25 cent.) herhos de 3 o 
4 hebras y encerado-, una cinta fuerte, un lienza de 
4 d-'ios en cuadro, fino, agnj reado en el centro de 
modo que pueda pasar un dedo y endida del centro 
para un borde (figura 9?), otro del mismo tamaño no 
agujereado, "na venda de mas de una vara <1e la'gO 
(1 metro), 2 ó 3 'ledos de ancho y sin rojura*, y 
los vestidos Wel inf-me en el ó den en que se han de 
necesitar: asimismo, se tienen ala mano aceite de ajon 
jolí ó de comer, cetato ó manteca, pomada de belladona, 
agüito y í escusa- de la mnger oirás cosas, rmo vi- 
llHjjrp, sal or linaria, aguardiente, sal de vu,agre <fcc . que 
aunque bn mas vces son mutiles, suelen ofrecerse vlo- 
lentarntírííe en algunos ca-os. 



' — 126- 

Hemns- dicho ntttcs que entretanto se está disponiou- 
do lo necesario, se avenenarán las demás circunstancian 

Se diagnosticará lo mas pronto posible, la presenta- 
ción y la posición del feto, cuya importancia rnamles- 
tnmos ya, pues el comportamiento que se tiene en ca- 
da nrm es muy diferente. Si aun está muy alto la 
parte cpie se presenta, se remite el examen para des- 
pués: pero sin pe'der de vista este objeto, hasta for- 
m*irse el diagnóstico y poder saber la conducta ulte 
rior. En ningún caso puede rotarse la bolsa antes de 
la completa dilatación del cuello, pues desde este mo- 
mento la compresión délas partes inmediatamente so- 
bre el feto, le h«ce sufrir mayor ó menor peligro, como 
manifestaremos luego. 

Sh dirigirán las observaciones también á la averi- 
guación, principalmente en las primerizas, de si hay cual- 
quiera obstáculo para el parto valiéndose de los me- 
dios que espondrémos en el título segundo de la sección 
segunda, pues corno veremos allá las mas veces debe 
intervenir la cirugía lo mas pronto posible. Algunos 
obstáculos no se notan sino á proporción qne vá ade- 
lantando el trabajo, de modo que en todo él debe te- 
nerse presente este punto, para proceder tan luego como 
se manifieste. 

Se indagará si la parturiente está afectada de alguna 
de las enf-rmedades que esponen la vida con los es- 
fuerzos del pa to: así es que se le preguntará si des- 
garra de vez en cuando sang r e al toser, ó si la vomita, 
se ven si padece asma, si sufriendo palpitaciones por 
cualquier ejercicio, se nota que e ¿ empujada con fuer- 
za una mano presta sobre el corazón, si h*y una her- 
nia <fce., cuyas circunstancias reqnie'en la presencia 
de un médico, para que obre en caso necesario como 
indicaremos después. 

Para poner á cubierto la responsabilidad que podría 
resultar se procurará estar al tanto du'an'e el trabajo 
del est 'do d* salud, sufrimiento ó muerte del feto.; 
Los medios de averiguarlo se espondrán en la segun- 
da sección. 

Por último, el mas ligero indicio de tina preñez 
gemelar, pone á la matrona en el deber de hacer im 



— 127— 

examen escrupuloso en este sentido, con arreglo á los 
signos que ya hemos dado de ello, parí» estar preveni- 
do y no ser sorprend'do después. 

O'-ando por las pnme'as preguntas se vé que el tra- 
bajo está muy avanzado, se. procede inrftedtht'ámefité ti\ 
reconocimiento vagiiial, a disponer lo necesario y á obrar 
según el estado de las cosas. 

Lo que llevamos referido, es lo que se hace en el 
primer tiempo riel trabajo y ademas según - paso á pa- 
so los progresos de la dilatación del cuello y de la 
formación de la bolsa d^ las aguas, por medio del 
tacto vayinal, (pie sin embargo no debe repetirse muy 
seguHo y tener en cuenta la fecueruia, duración é in- 
tt'rwdad de los dolores, para juzga del tiempo que 
durará el trabajo, de la rigidez del < uello y de la bol- 
sa <fcc Con frecuencia sucede que se exija á la ma- 
trona su parecer sobre la hora eti que terminará el 
pano; pero según lo q : >e dijimos al hablar de la di- 
latación del cuello y d* 1 la del perineo, se vé lo difícil 
que es eo' testar con acierto: yo contesto á estas pre- 
guntas diciendo la hora que me pa<ece sucederá pero 
poniendo alguna condición. 

Ademas se debe estar velando con cuidado la apa- 
rición de alguno de los accidentes del parto de que 
trata el título primero de la segunda sección, para pro 
ceder inmediatamente como allá se indicará. 

Se debe obligar á la muger á que vaya al común, 
si hace tiempo que no lo hace; pues las materias acu- 
muladas en el intestino recto, impiden el descenso del 
feto y en los últimos momentos del trabajo son espul- 
sadas involuntariamente, ensucian la mano de la co- 
madrona, y como lo percibe la enferma, se cisca en 
los momentos mas críticos. En caso de que no pro- 
duzcan efecto los esfuerzos de la muger, se aplicarán 
los medios que recomendamos para el estreñimiento 
y aun se agregará á las lavativas una onza de acei 
te de olivas incorporado con una clara de huevo, 6 
una onza de sal catártica: el caso es que se obtenga 
la libertad del vientre. Por el contrario, en el segun- 
do tiempo del trabajo no debe permitirse á, la pacien- 
te que se levante de su puesto á satisfacer la necesidad 



—128— 
muy urge. te que le viene de evacuar el intestino rec- 
to, pues si se ha tenido cuidado anies de que esté vacío, 
es ilusoria, y ademas no se necesita encarece 1 lo^ \n>,- 
ligros á que se e.-pond'ia con su hijo si «e accediera 
á sus deseos. 

También la vegiga de la onn<i debe estar vacía, al 
engastarse la cabeza en el estrecho superior; pues coi», 
primido su cuello contra el púvis se dificulta y aun im- 
posibilita la salida de la orina, y si este efecto ocnrie 
estando llena la vejiga, uolveviene |a prolongación del 
trabajo con sus terribles con-eeuencias, porque no sh. 
lisfecha lo gana de orinar que se está exitamlo á ca- 
da contracción de' útero, hace se contengan los dolores 
iodo lo posible, hay agitación y aun si no se acude 
pronto, se r<Ua la vegiga, es decir, vi"ne una muerte 
violenta. Es preciso pues, informarse desde muy. ni 
principio del t'abajo, si la vegiga e tá vacía, para ha 
cer lo esté pronto, ó sitióse consigue con las esfm rzos 
naturales de la enferma, y se nota sob e el púvi- mi 
tumor elástico y filando, diferente del que forma el feto 
que se sentirá duro y deiras de él, se eol"eará 6 la 
enferma boca-arriba y se talará de separar la en' e 
za del feto, del púvis, con dos dedos llevados por la 
vagina, en el momento que haga esfue zos para mear. 
Cuando no se consigue pronto el objeto, es p'ecisp 
que un facultativo introduzca ]a sonda, que tal vez 
es necesario sea de .hombre. 

Las nmge'es que paren con rapidez no necesitan ali 
mentó alguno durante todo el trabjo; pero en los de 
mas casos es preciso sosfener las fuerzas con alimentos 
de fácil digestión, como caldos, sopas foc, en p-qu»ñu 
cantidad aunque sea repiuéndolos < ada dos ó i res ho 
ras, y permitiendo á c- da una su chocolate, café <fcc: 
en esta parte es 17111 y respetable la costumbre, a>'\ en 
que fi unas perjudica el alimento que otras necesitan: 
las muge res de los caninos exijen alimentos fu-rtes, 
mientras para las deseadas debe observarse mucha se 
yeridad en el régimen. Si se produce indigestión ron 
los alimentos ó vómitos, es mejor retirar todo ahmen 
to, qua provocar esa debilidad tan grande que t*een 
pos ¿e sí (¡i -vómico. Agua puta ó azucarada, 6 in/iwiow 



— 129— 

'io tilín, azar ó violetas será la bebida que se permi- 
tirá a las parlar irrites, proscribiendo el Aguardiente y 
domas licores espirituosos, que por ligero que sea el 
ecseso de la cantidad que cada una necesita para ■en- 
tonarse, viene a enervar las fuerzas que tanto se ne- 
cesitan, y se espon^ á inflamaciones y Uemor/agias gra- 
ves; solamente que baya un extremo decaimiento de 
las fuerzas, 96 podrá dar un poc;> de vino aguado de 
madera ó blanco. Los ecsitantes como la Altamisa, 
el Zihuapatzli y otros que se don con el objeto de 
acelerar el parto son muy peligrosos y solamente con* 
vienen en los casos e-peci«les de que hablaremos después. 

Lé mas perfecta tranquil idnd de espíritu debe pro- 
porción >irse á las mugeres delicadas: así es que al lle- 
gar a la casa de la enferma, es conveniente anun- 
ciarse antes de presentársele, para no causar una 
emoción que algunas veces suspende el trabajo por algún 
tiempo, es de mucha importancia averiguar la clase -de 
personas que deben permanecer al lado de la parturiente, 
íiendo en general el número estrictamente necesario y 
de todo el agrado de la enferma, para adivinar lo cual, 
se necesita mucha perspicacia, dirigiendo preguntas dis- 
cretas, ó notando el agrado ó repugnancia con que 
recibe á cada una. y valiéndose de toda ¡a autoridad que 
se tiene en aquel puesto para despehr á las ultimas, 
con l»s palabras mas dignas: se la anunciará el ruido 
que suele hacerla bolsa al rotarse, principalmente cuan- 
do es muy voluminosa, para que estando prevenida, 
no se horrorizo ó inquiete cuando suceda el ferióme- 
no; no se le anunciará el sexo del feto, aun cuando 
sea el que desea, pues una satisfacción, como una con* 
rrariedad, suspenden el trabajo; en fin, ya hemos ha- 
blado de la confianza que se debe adquirir, de la eva- 
cuación del intestino recto, y otras medidas,, que por 
pequeñas que sean influyen demasiado en la marcha 
del parto. . 

También e* preciso respetar esa eesesiva delicadeza 
de muchas embarazadas que hace hiera la vista la me- 
nor luz, ofenda el oido el mas ligero ruido, trastorne 
la cabeza el olor mas fugaz &c, si no se quiere ver algu- 
nas veces aparecer accidentes funestos. 

17 



— 130 — 

Los vestidos de la enferma deben ser holgados, de 
modo que no se dificulten los movimientos ni seso- 
foque la respiración. l 

Durante el primer tiempo del trabajo es indiferente 
que la embarazada esté acostada, sentada* parada ó 
andando y mas bien es bueno que cambie e*U»s dife- 
rentes actitudes, para hacer mas soportable la lentitud 
del trabajo: no así cuando está bien dilatado el cuello, 
se rota la bolsa ó está á pumo de hacerlo; entonces 
se la debe obligar á que se coloque en el banco ó 
cama que se ha dispuesto; solamente que se haga aguar- 
dar mucho la salida del feto, poique se dilaten ó de- 
biliten los dolores, se hará parar de nuevo, pues el 
movimiento los acelera, hasta que se dilate el perineo 
lo bastante ó venga por desgracia al ir un accidente, en- 
tonces se coloca definitivamente en su puesto 

Mientras no so rota la bolsa, nada ayudan esos esfuer- 
zos algunas veces increíbles, que hacen las mujeres 
en parto para ayudar al útero: antes bien se buscan 
inútilmente un cansancio que en el segundo tiempo 
uo les permite esforzarse cuando verdaderamente se 
necesita. En este tiempo se las ecsita á que en lo 
posible se ayuden con sus esfuerzos, para que se vio- 
lente el paso del feto por la pequeña pelvis: se haiftn 
solamente durante el dolor, suspendiéndose luego que 
pase, husta otro nuevo dolor: cuando la cabeza está 

1 Es muy Valida la costumbre de aplicar, Iupíío que se cree 
declarado el parto, el mentado muñeco en el hieco del estómago, 
sostenido por un vendaje que se va apretando gtadBalflverftí ¡cos- 
tumbre peligrosa! Es muy incómodp para mudar la ropa, ejei* 
cer movimientos y respirar, trae los inconvenientes de una an- 
teversion del úteio ecsajerada, y es causa de. que los esfuerzos 
de la enferma, en lugar de empujar al feto, separan los mus- 
culos del vientre en la parte inedia, haciéndose una abertura 
debajo de la piel, por donde después salen los intestinos, que 
colgando hace á las mugeres queden como dicen bari'igonaS, 
se produzcan indigestiones frecuentas y cu un nuevo embarazo 
venga la anteversion del útero. Es probable que el feto sufra 
también con ese torcedor. Es mejor .aplicar un vendaje ancho 
que abrace el tumor mismo del útero, desde el segundo tiempo del 
trabajo, que lo comprima suavemente, apretándolo de cuando tn 
cuando. 



—131— 

á punto de franquear la vulva, no debe permitirse 
esfuerzo al'gnrro', y aun se emplearán todos los medios 
de persnacion mas convenientes para que las enfer- 
mas no hagan esos esfuerzos enormes en que se em- 
peñan para librarse pronto de los vivos dolores que las 
atormentan, pues son seguidos frecuentemente de acci- 
dentes gratas 1 . 

Después de haber examinado á la paciente, cerciorá- 
dose de que la posición del feto es favorable y deque 
no hay circunstancia alarmante alguna, y tomado todas 
las disposiciones referidas, puede la comadrona, si la 
dilatación del cuello del útero no está muy avanzada/ 
ir á otras ocupaciones, teniendo cuidado de volver cada 
dos hora?, á seguir su asistencia; pero si no es así, si 
la posición del feto es viciosa ó no se ha podido diag- 
nosticar, si hay algún obstáculo para el parto ó se 
teme la invacion de nlgun accidente, no se debe aban- 
donar á la enferma hasta concluir. Por lo demás, la 
intimidad de la amistad y lo timorata de la parturiente 
por un ledo, sus necesidades corporales y la libertad 
que desea para recibir las caricias de los suyos por 
el otro, sirven de guía para la conducta que se debe 
s*£ruir por la matrona que debe ser circunspecta y di- 
simulada. 

Como acabamos de decir, luego que la cabeza del 
feto franquea el cuello del útero ó está á punto de 
rotarse la bolsa, se hace acostar en la cama ó sentar 
en el banco á la rrirtgérj según el caso, de una mane- 
ra que quede libre el estrecho inferior; se colocan una 
esponja ó unos lienzos que reciban las aguas; la par- 
tera se sitúa de una manera cómoda al lado derecho; 
se repite con mas frecuencia el tacto vaginal durante 
el dolor y en los intervalos para seguir paso á paso 
los progresos y movimientos de la parte del feto que 
'se presenta, principalmente la rotación interior; se rec- 
tifican las dudas que hayan podido quedar sobre las 
circunstancias de que nos hemos ocupado antes; se si- 
gue teniendo atención á los accidentes que suelen pre- 
sentarse; se cerciora de que todo está dispuesto, y en 
los últimos momentos de dilatación del perineo se sos- 
tiene para evitar su rotura y favorecer la estension de 



— 13^í — 

la enlaza. Con tal objeto se aplica toda U mano do. 
recha i-obre el tumor que allí se levanta, de manera 
que el dedo indicador qu^de atravesad,*' un poco de- 
tras de la horquilla y el pecpu-ño delante del ano y 
se ejerce durante cada dolor una compreMon moderada;, 
pero mas fuerte del Jado del ano que de la vulva. 
No debe hacerse, presión alguna para abrir la horqui- 
lla porque puede ser rasgada. 

La que ayuda tiene aplicadas una ó las dos Díanos 
de lleno arriba de! púvis en los últimos dolores, ejer- 
ciendo mieutias dura» uria.compresiun moderada. LVpul- 
sada la cabeza, debe aumentarla, maicuicudola sm ce 
sar, hasta que quelu aplicado fl vendaje conveniente. 

Luego que la cubezu pasa de la vulva >e levanta 
hacia el púvis con la mano derecha, sin impedir la 
rotación estenor, para favorecerla salida de las demás 
partes y evitar qu«j la na/iz y la boca so tapen; al 
mismo tiempa se introduce el detb indicador por de- 
bajo de la barba para ver si el cordón hace al.uui 
vuelta, al rededor del cuello. En caso de que no la hag i 
se aguarda en tal estado la salida de las demás partes. 

Al tiempo que salen édtas, se recibe el feto toman- 
do la pelvis con la otra mano, se le retira de la vulva 
y se le vuelve de lado para que no reciba la sanare 
que sigue saliendo del útero y respire con libertad y 
se le coloca de modo (pie quede la cara opuesta A la 
vulva, para que queden libres has manos déla matrona. l 

Entonces se liga con la cinta el cordón á ocho, ó 
diez dedos del ombligo: después se toma con el dedo 
pulgar é indicador cerca del ombligo, se corta con las 
tije-ras á 4 ó 5 dedos de este punto y se procede & 
su ligadura, como después ensenaremos. 

1 Inmediatamente que es espulgado el feto, en aquel esta- 
do de agitación tan grande en que está la paciente, bañada en 
un copioso sudor, se acostumbra, como cosa indispensable, ha- 
cerla beber una gran cantidad de agua f'ria, ¡peligrosa preocu- 
pación! Ocasiona una enfermedad aguda^ se contienen las se- 
cundinas mas tiempo del ordinario, vienen esos ilujos blancos que 
tan á menudo se presentan en la oráctica, ú otra afección del 
útero. 



— L-33-— 

Si las secundinas no salen inmediatamente después 
(i* 1 hi espulsion del feto, s« siguen prestando á éste 
los primero* auxilios mientias vueU'-eu los torsoncillos, 
5 pasa inedia hora sin verificarse esto, ftienapíe que 
alquil accidente no venga á obligar la variación déla 
conducta. i'a>audo este tiem; o sin resultado, se lleva 
la cnfe'ma ú su cama, si ha estado en. el banco, y se 
provocan las contracciones del útero, practicando en 
el vientre fwceioues con la mano, ó en el cuello ute- 
rino con el dedo, lo cual sirve do ver si ya se han 
desprendido completamente de sus adherencias con el 
útero; también se consigue, ministrando lavativas gran- 
des d^ agua tibia: cuando vienen torsoncillos ó se nota 
que se endurece el útero, se invita á la paciente á 
t)uo haga esfuerzos pira ayudar la acción, y ¡uní se 
estira hueramente del cordón, pasándolo por detrásde 
un dedo introducido en la vagina y mantenido recto 
con fuerzi, de modo que la atracción se haga verdadera- 
mente en la dirección del eje del estrecho superior y 
no dilectamente para abajo. Rsto es cuando se presen- 
ta la Placnt'» por el centro; cuando lo hace por un 
borde, no se estira del cordón, sino de ese borde to- 
mándolo con dos dedos En todos casos no se inten- 
ta ninguna tracción mientras, no está desprendida la 
Placenta y en este caso se suspendo luego que pasa- 
el torsoncülo ó se percibe alguna rasgadura para de- 
jar la espulsiou á la naturaleza sola, ó comenzarla de 
mejor modo cuando vuelve otro retortijón, pues una 
rotura traería consecuencias graves. Mientras no ven- 
gan estas contracciones no debe la enferma hacer es. 
fuerzos ningunos, tampoco se inteuta nada cuando, la 
preñez es gemelar. Cuando pasa una hora ú hora y 
inedia en inútiles tentativas, se hace ya necesaria la 
intervención de un facultativo, para que proceda según 
lus circuntancias del caso. 

Luego que se presentan á la vulva las secundinas, 
se toman con los cinco dedos de la mano derecha, se 
retuercen mucho y se registran luego para ver que no 
quería dentro algún resto de ellas. 

Cuando salen las secundinas en pos del feto, se cor- 
ta v liga el cordón que corresponde al ombligo, se entrega 



13 J: 

el rucien nacido á alguna de las presientes, se laya y 

muda ropa á la enferma y se la lleva ñ su cama, si 
está en el banco, ó se lia dispuesto otra rama, ó so- 
lamente se quitan las almohadas qué reeibefl la pel- 
vis y las espaldas con el cuidado necesario para no 
molestar ó sacudir á la enferma, si ha de quedar en 
la cama del parto. 

Estas son las reglas (pie en geuerd deben seguirse 
durante el trabajo. Se vé pues que en el primer tiem- 
po se emplea en ponprse al tanto de las circunstancias 
del caso, disponer lo necesario para los otros tiempos, 
prevenir los accidentes que puedan ocurrir, y animar 
á la paciente para hacerle nns llevadero el sufrimiento 
de que es el blanco y él tiempo que parece prolongar- 
se indefinida 1 » ente con su ansiedad: y que en los dos 
últimos tiempos e? cuando se presentan verdaderamente 
los servicios. 

ARTÍCULO II. 

En los casos espértales. 

Hemos supuesto en el artículo anterior que se tra- 
ta de un parto en que la presentación es de vértice 
y el mecanismo se verifica con regularidad. Como ya 
sabemos es el mas natural y menos peligroso, para 
poder confiar solamente en los esfuerzos de la natu- 
raleza; sin embargo, si pasan las 12 horas de su dura- 
ción ordinaria, sin verificarse, debe llamarse la atención 
sobre efcto, procederse á examinar con el mayor cui- 
dodo si existe alguna de las cansas de que se ocupa la 
sección segunda, que no se haya podido diagnosticar 
antes.; y poner en práctica los medios para removerla 
según allá se prescribe. Cuando en las variedades tras- 
versales, pasan 7 ü 8 horas sin verificarse la rotación 
interior que trae el occipucio al arco puviano, es de 
necesidad consultar á un médico para que termine el 
parto con maniobras bien dificultosas. En los casos 
raros en que la rotación interior se hace yéndose el 
occipucio para la horquilla, debe sostenerse el perineo 
enormemente distendido, con mayor fuerza que de 



— 135 — 
ordinario, para evitar que se rasgue, se deja despren- 
der la cara por el púvis (véase el mecanismo), y hasta 
después se sostiene la cabeza para que no caiga con- 
tra el ano; y por último, se limpia inmediatamente de 
la cara del feto la sangre que lo baña para que pueda 
respirar, haciendo luego todo lo demás, como queda 
dicho. Si la presentación se convierte en una de cara, 
se obra como vamos á ordenar. Después de espulsada 
la cabeza, si por la introducción del dedo, se ve que 
el cordón envuelve el cuelio del feto, se busca inme- 
diatamente la porción que se dirije á la Placenta, sien^ 
do la que mejof cede á los tirones que se deben dar, 
se le estira hasta formar una asa por la que pase la 
cabeza y se deshace la vuelta que forma: si no se com 
sigue estraer lo suficiente, quedando muy apretada la 
referida vuelta, no debe vedarse en cortar el cordón 
con las tijeras, ligando provisionalmente cada estrerno, 
mientras sale lo demás del feto y puede hacerse la 
ligadura definitiva; luego sé vuelve á sostener la ca- 
beza, como antes. Guando se prolonga el descanso 
que sigue á la salida de la cabeza, y se vé que no 
«rita nv respira el feto, sino al contrario, se pone abul- 
tada y aun negra la cara, se harán presiones en el 
vientre para reanimar al útero, se exitará á la muger 
á qurt haga esfuerzos, y si esto no basta, se llevará 
un dedo por detrás del púvis ha«ta debajo del brazo 
y enganchándolo se estraerá la espalda anterior y lúe- 
go U que viene detrás para que. quede libre el pecho. 
Se deben remover las causas que se sabe pueden 
producir una presentación de cara; como es de las mas 
difíciles de diagnosticar antes déla rotura de la bolsa, 
se está insistiendo en su conocimiento hasta cerciorarse 
de ella, anticipándose á reconocer la variedad. En las 
variedades anteriores y trasversales, se prestan los mis- 
mos servicios que en las de vértice aguardando á la 
naturaleza 8 ó 10 horas después de rota la bolsa, siem- 
pre que la rotación interior de la barba se haga para 
el púvis. Cuando después de este tiempo no se veri- 
fica el parto, ó desde el principióse reconoce una va- 
riedad posterior, en que la rotación interior se hace 
por lo común para atrás, debe inmediatamente intervenir 



— 136 — 

ol cirujano, qne M no hace mas que 4 ó 5 lloras ijuts 
se fhíi roto la bo'sa y fea conformación ffa la pelvis efe 
regular, puede todavía convenir la prew ; W una 

de vértice, mientras qué ■ ya esta muy encajada la 
cabeza en la escavacion, muerto cmi prontitud ri feto, 
no trata mas que salvar á la m«d'c, con la nplicaeiun 
del Fórceps toien dificultosa en talos cifitubstn 
Véase paee, fea necesidad de diagnosticar cnanto ant-s 
la presentación de la cara y la variedad (Je la posi- 
cion y de (fegatir cuidadosamente los pucos de la ro- 
tación interior. El sostenimiento del peri-tn'o cu 
casos ads muy rielicndo, pues se^un lo que saben 
la compresión que sufren los vasos del cuello al encas- 
tarse la barba en el arco pnviano, se conribe pqiK -de- 
be dejarse, verificar el enderezamiento de la cnbez;i, sos- 
teniendo 111117 suavemente el perineo que por otro lado 
esta muy espuela á rotarse. Debe anticiparse á ios 
dolientes que la cara saldrá negra, para que no se 
horroricen al verla, y se le vuelve su color con fo- 
mentaciones de agua con vino, vinagre, vegeto ó aguar- 
diente puro ó alcanforado. 

En una presentación de pelvis, lo importante de l<?s 
auxilios es cuando la espubion. la cabeza. • Se debe 
prevenir, por si se hubiere de ocupar, una sonda vnie- 
sa de hule desde qne se diagnostique con seguridad la 
presentación. Las demás pa¡tcs d-d feto se reciben con 
la maoo derecha á proporción que salen, y so sostie- 
nen únicamente, sin ejercer la mas ligera tracción, de- 
jando .obrar absolutamente sola h la nal u raleza, pues 
estirando el feto, lo cual dá mucha ¡rana <¡e hacer, 
cuando se contiene la cabeza, se quedan los brazos 
sin avanzar pana colocarse á los lados de la cabezo, 
en lugar de begnStr cruzados contra el pecho, y se ca'enla 
lo estrecho que quedaría el canal (pie debe recorrer: 
también se enderaza La cabeza en lugar de quedar 
doblada sobre el pecho, y colocándose el diámetro occipíto- 
barbado de (> pulidas (¡3 y medio cent.) en la dirección 
de alguno de los del estrecho superior, no pr»£¡i do 
allí .por nada. Luego que salen las nalgas ge busen 
el cordón, se ve si .está tirante ó prisa por entre los 
itiusJ.©s,ipara estirarlo suavemente del lado de la Placenta 



—137— 
con uno ó dos dados, y evitar so rotora en el primer ea« 
so; ó en el segundo, poderlo pasar faera del miem- 
bro que está del lado del ano, y ponerlo en contacto 
con el perineo que lo comprimirá menos, mas bien que 
por el otro miembro qu« lo pondría en relación con el 
hueso puvis. En un caso de una gran cortedad del cordón, 
con imposibilidad de aflojarse y causando un obstácu- 
lo para la terminación del parto se vé el cirujano en 
la apremiante resolución de cortarlo, y sacar pron- 
tísimamento la cabeza para salvar la vida del in- 
fante. Para la espulsioo de la cabeza, se irivita á la 
muger á que haga los mayores esfuerzos, se levanta 
la porción esterior del feto hacia el puvis para fevr>- 
recer la flecsion de la cabeza, y aun se empuja para 
adentro el occipucio, con dos dedos introducidos entre 
el cuello del feto y el puvis: por poco que se haga 
aguardar la espulsion corriendo el felo los peligros que 
ya hemos indicado en otra parte, debe cuanto antes lia- 
marse á un profesor para que desprenda pronto la bese* 
za: entre tanto si se debilitan los latidos del corazon- 
cito ó se hacen al contrario muy violento», pero débiles, 
irregulares ó intermitentes y si sufre compresión el cor- 
don, lo eual mas bien que por su enfriamiento se co* 
noce por los movimientos de respiración que se advier- 
ten en el feto, es preciso llevar los dedo» indicador y 
medio de la mano izquierda por la horquilla á los la- 
dos de la nariz del feto, despue» de haber reconocido 
la posición de la boca, y los mismos dedos de la otra 
mano por el puvia al occipucio, y empujándolo con 
estos para adentro, al mismo tiempo que se estira la 
cara con los oíros, se hace la pronta estraccion de la 
cabeza; á no ser que se hayan quedado los brazo» á sus 
lados, ó qua venga con el occipucio para atrás, Ó 
esté ya muerto el feto; entoncesel cirujano determina- 
rá lo quo convenga hacerseí Mientras estas maniobras 
se ejecutan 6 llega el cirujano se introducen los dedo* 
indicador y medio do la mano izquierda en la boca 
del feto sepatándoloe pereque* por el hueco que dejan, 
entre el aire á la boca; 6 mejor, se intrddoce la son- 
da que se tiene prevenid* hasta la garganta. En fin/ 
antes da carta r* y li«*r e* cordón se ettraw la* mo- 
r 18 



—138— 
cosidades, que se han entrado á Ift nariz y á la «ar- 
genta, llevando hasta allá por un la'Jo el dedo pequo. 
ño ó las barbas de tina pluma y sacándolo con suuvi- 
dad por el otio lado. 

Respecto de las presentaciones de los lados del tron- 
co, al rel'oiir los peligros qna traen, hemos en*'»; ecldo 
aunque no lo suficiente; In necet-iiiíid da la intervención 
de un profesor esperimeutado desde el momento en que lio- 
guen á diagnosticarse. 

La mas. ligera señal que se tenga de que el caso que 
se tiene delaute es de una prense gemelar, pone en el 
deber de hacer un' minucioso examen en este sentido: 
inmediatamente después de la espülsion del primer feto 
se observa si queda voluminoso el vientre, si se pre- 
senta por el cuelio una parte de otro feto y en una 
palabra, si hay los síntoma* de un nuevo embarazo. Ku 
caso de qwe así sea se li¿a con usas cuidado y pron- 
titud la estremidud placentaria del cordón del primer feto 
nada debe intentarse para la ecpulsion de sus scttundtriffq 
sino es que se presenten á la vulva; entonces *- tuercen 
sin estirarlas, pues como casi siempre tienen ndh* 1 encias 
con h>s placentas que estén dentro, debo evitarse su 
desprendimiento prematuro con sus graves consecuen- 
cia--: luego se pone en vigilancia paraesre'nr los nuevos 
dolores, disponer Innecesario y préster- los mismos auxi- 
lios que SI comenzara el trabajo. Si no ha sido es- 
puls;ida,ja primeta placenta antes del s'-oniiido [mito, 
quedando las dos p«ra d"*püe^, ( tc h.ice de modo qoe 
salg-i una dp*p»es d" otra y no se estiran al mismo tiem- 
po los dos coidou^s. 

lt¡\ parto retardado no ofrece en la práctica considera- 
ción .'particular -que lo diferencie -del de á término, y solo 
diremos averigua bieiuqoe han pasado los nue- 

ve roetes de . .|a. yesiacion en naa embarrizada, se la con- 
vencerá de la necesidad en que está de ver un cirujano, 
pues el feto rjggivb creciendo. 

vSrdt-sdei los primetos informas que hemos dicho se to- 
men al auxiliar una muger en paito, se nota que es pre- 
maturo, que el cuello aun no ha; desaparecido, sino que 
tiene alguna longitud todavía, que los dolores son irregu- 
lares &c, debe luego dejarse el caso á un protueor, que 






— 139— 
con una medicación enérgico, como la sangría, el opio, la 
aplicación del fno &c. ?< :;>n conveogaipuede y debe con- 
tenerlo hasta' nías no poder, ó que bi el frío está muerto 
ó el parlo no se puede ya estorl-ar, llene que regulari- 
zarlo y aten<Jer á los accidentes que ss presentan. Kntre 
tanto, se obliga á la enfermo á conservar un largo y ab- 
soluto re; "-so J i cuerpo y espíritu en posición acostada, 
no se repiten los ■ tocamientos del cuello del útero sino 
lo m-iy preciso. Si se verifica iel parto á pesor de esto, 
antes do ¡ai' í médico, np bay que provocar la 

salida de las • ■ hesuudinas; piíqa á él taca ver si espera, ó 
favorece su espuNiou. Ai recien-naeido y á la madre 6e 
les observa con cuidado en los primeros días del puerpe- 
rio, para acudir luego que se les presente á cualquier ac- 
cidente do que son frecuentemente víctimas. 

^ mus seguro prevenir el aborto quo atacarlo, prin- 
cipalmente en los. pM.meros. meses que con facilidad se 
desprende el óyuío de sns adherencias con el útero y se 
muere el embrión. Se evita combatiendo de antemano 
las cintas lentas desde que se BfHfl so eesu-tencia, haciendo 
se huya de las violentas y tomando, alaunas precaucio- 
nes proporcionales á la inminencia, del peth.-ro; La plé- 
tora, la debilidad, la preñaz -«enrielar, la hidropena del 
Anmio*, el reumatismo y las dislocaciones del útero y el 
estreñimiento se atacan con los medios ya presemos: los 
demás .cansas, toca al médico conoce, la- .en todos sus 
pormenores y curarlas cor • • l-»» 8 pre- 

cauciones que dehen torn rse en todos los caso-', principal- 
mente si hay plétora i Herí o*, gi se taita de uno moopt muy 
debilitada, ó q"H sea primeria, nvy joven ó batíante avan- 
zada, ó que h«ya aboit..dp. oir,,s voces, Son: la piiva- 
cion de todo esfuerzo ó ele" icio do cuerpo y íepfoittl) y 
aun la elación acostada ruienlfas dura el peligr.o, pues 
nunca debe desesperarse de q la gestación á su 

témnino Cnand i no h b»é i »vitaj la ac- 

ción de las causas del aborto, comienzan la hemorragia 
en principios de la gestación, ó ¡o. dol.ee* de vientre Ó de 
ríñones, se loman luego las precauciones referidas y al 
mismo tiempo se manda consultar á uo profesor que apli- 
que el método que únicamente ha de contenerlo; esio mis- 
mo se hace aun cuando esté muy adelantado el mal, en 



— 140— 
^raímos que haya salido el feto, en cuyo «aso se toman 
medidas para que no se rote «1 cordón; no se debe con- 
fiar en la calma engañosa que signe á esta espulsion, 
sino cuando entre los cuajáronos de sangro registra- 
dos con minuciosidad, se encuentran las secundinas con 
sus caracteres propios. Después del aborto se necesitan 
los misinos cuidados que tratándose del parto. 

Esto es todo lo que podemos decir del aborto, y del parto 
prematuro que como se ha visto, son enfermedades graves 
como otras muchas, con objeto de que llamen la atención 
las causas que los provocan y los síntomas que los manifies- 
tan, se aprenda á prevenirlos, y aunque no debe desesperar- 
se en ningún caso, puedan ser atacados con mejor éxito 
desde los primeros síntomas por un profesor que sabe bus- 
car Ins circunstancias en que convienen medicinas enérgi- 
cas, como les sangrías, el opio el frío, los ácidos, &c., 6 si 
pierde toda esperanza de contenerlo, ministrar el cuerneci- 
llo de centeno ó aplicar el taponamiento del útero que per- 
ruite la espulsion completa déla placenta, ó proscribirlas en 
las circunstancias que son perjudiciales: ó puede calcular 
cuando se eBtá seguro de la muerte del feto antee de la 
rotura de la bolsa, si deba obrarse luego ó esperar para 
que después se verifique con regularidad y sin hemorra- 
gia, ó en fin, en caso de quedar encerradas en el útero las 
secundinas, para conocer lo cual necesita toda su habili- 
dad, tomar en lugar de desentenderse, todas las medidas 
activas que indique el caso. 

Conclu'uémos recomendando de nuevo que en cual- 
quier momento del trabajo que se presente algún acci- 
dente ó se diagnostique un obstáculo para la venficocion 
completa del parto, se tomen las providencias que cada 
ujio exige, remitiéndonos para todo esto á la sección 
segunda. 

CAPITULO SEGUNDO. 

Después del trabajo* 

No hemos hecho distinción en los servicios que se 
prestan durante el trabajo, entre la madre y su hijo, porque 
cada, ano mira á los dos juntamente; así es que lo que 



—141— 
hemos dicho se hace cuando es parto á término ó p ematuro, 
simple ó de gemelos, el feto está vivo ó muerto, viene en 
tal presentación, hay ó no un obstáculo para su espnl- 
sion, se presenta algún accidente, lo que debe dispo- 
nerse <fcc. indican las atenciones de una y otro. Des- 
pués del trabajo al contrario son diferentes los cuidados 
que exige cada uno. 

ARTICULO 1. 

Al infante. 

Cuando el feto nace vivo y en perfecta *al ud, se de« 
enreda el cordón del cuello ó del tn>n< o, si es necesa- 
rios se vuelve al recien-nacido de lado y ha can hacia 
el esterior para que no sea ahogado con los lí piídos i]U« 
escurren da la vulva y pueda respirar con libertad: se 
limpia la cara con un lienzo si e*tá sucia, y aun se 
eetraen las roucosidades de la garganta y de la nariz 
con el dedo pequeño ó con una pluma, st nació en 
presentación de pelvis: se corta el cordón con las tijeras 
fuertes que se tienen prevenidas, á cuatro ó cinco dedos del 
hombligo, lomándolo con el pulgar é indicador de la ma- 
no izquierda y comprimiéndolo ligeramente para que no dé 
sangre: so sostienen las nalgas con los otros dedos y las es 
paldas y la nuca con la otra mano: se levanta el recién- 
nacido para colocarlo en las faldas de una ayudante: 
lne<ro se esprime el cordón si es muy grueso y con- 
tiene mucho humor espeso, para que al secarse no se 
afloge la ligadura: se vé si del lado del hombligo no con- 
tiene algún intestino, pues para que no vaya á quedar com- 
prendido en elle, se hace entrar al vientre y se hace dicha 
ligadura á dos ó tres dedos del hombiigo para que 
no vaya á ser abrasada la piel. Esta práctica es me- 
jor en el mayor número de casos, que ligar el cordón 
antes de cortarlo, porque ó en este caso no se vé lo que 
se hace ó tiene que descubrirse la enferma, y en el otro 
se hace la operación con todas las seguridades necesarios. 
Para aplicar la ligadura se dan con uno de los cor- 
dones de seda dispuestos tomado con la roano derecha 
dos 6 tres vuelta» en el punto referido, se aprietan fuer- 







—142— 

teniente para que aun después de seco el cordón no 
salga sangre, y ,«i es mny grueso, se dobla la punta 
sobre la ligadura, y s<* aplica otra sobre al dobles; se 
mantienen las vueltas con dos ó tres nudos, y por úl- 
tima se cortan las estrernidades sueltas del cordón. 

En seguida se limpia la piel del infante de la mate- 
ria cebosa, la sangre y demás suciedades que la cubren. 
Para quitar la primera no bastí un baño ni simples fro- 
taciones, sino que es necesario antes diluirla en aceite de 
olivas ó de ajonjolí ó mucho mejor con yema de huevo, 
pasando repetidas ve^es sobre las partes en que se en- 
cuentre, un lienzo empapado en una de estas sustancias 
hasta que se desprenda, entonces se -limpia con otro lien, 
zo seco; y por fin, se aplica un baño bastante caliente de 
agua sola ó con aguardiente ó vino, enjugando después: 
luego se procede á vestirlo y a la curación del horribligd; 
Para esto se coloca en las faldas de la ayudante, se 
le viste la cabeza con un paño fino, y el pedio y los 
brazos con la camina: se unta la compresa hendida, por 
las dos caras, con manteca ó mantequilla fresca ó cerato: 
se hace correr el cordón por |a hendidura hasta que lle- 
gue al agujero del centro, quedando para el puvis la par- 
te dividida de la compresa: se dobla el cordón pira ar- 
riba y la izquierda quedando sobre la compresa, se do- 
blan y cruzan las dos divisiones de esta sobre el cordón: 
se coloca encima la compresa no agujereada, y se sostiene 
todo con la venda enredándola al rededor del vientre, 
comenzando por uno de sus estrenaos, apretándola conve- 
nientemente, y fijando el otro estremo con un alfiler ó 
cinta; después se ecsamina la conformación de las [-artes 
principalmente del ano y las partes genitales, y "se coló 
can los demás vestidos ó* se encarga esta parte á otra 
persona si la paciente necesita todavía «nsiho alguno. 
Los vestidos deben ser holgados de modo que las pk-r 
ñas y los brazos queden libres en sus movimientos. 

Podría darse de mamar al recien-nacido inmediatamen- 
te después que sale al esterior, pues le b&Wfl el calostro 
de su madre para nutrirse; pero es mas conveniente que 
la enferma descance de la fatiga pasada y repare sus fuer- 
zas unas siete ú ocho horas. A la horade nacido, se le 
dan unas cucharaditas de agua azucarada, y cada dos ó tres 



-143— 
horas que vuelve á necesitar a'iíi>enlo, se está repitiendo 
la operación, hasta que se alimente con la leche de su 
rmdre, no siendo antes de estos periodos para dar lugar 
á I a digestión-, A las siete ú o< ho horas es conveniente que 
el ruño comience á llamar la leche y á enseñarse á mamar: 
para esto es preciso comenzar por lavar el peson con agua 
tibia, para suavizarlo, quitarle la materia cebosa que lo 
ensucia y abrir los conducios de la leche, luego se le in- 
troduce en la boquita de modo que quede sobre la lengua 
y qu« la mama no le impida respirar por la nariz: enton- 
ces se la d^ja mamar hasta que quiera, y cuando esté 
lleno, se retira, y el peson se vuelve á lavar para que no 
lo irriten los calostros y la saliva. 

La curación del cordón referida arriba se repite todos 
]os días. Coando cae el cordón, deja de ponerse la com- 
presa agujereada, y para poner la otra se unta de una de 
aquellas grasas hasta la cicatrización. Si se prolonga la 
supuración se busca la causa según diremos después; pe- 
to en ningún caso conviene irritar esta parte con aceite 
de palo ú otros remedios irritantes que aun se acos- 
tumbran. 

En los cuatro primeros dias se tiene cuidado de ver 
si al mear ó evacuar el recien nacido hace esfuerzos in- . 
útiles para ejecutarlo, pues siendo así es de presumirse 
que está mas ó menos cerrado el conducto respectivo 
y es urgente una operación de cirujia; pero también el 
meconio^puede ser que no salga porque no hayan he- 
cho efecto los calostros (se dice que son purgantes), en- 
tonces se favorece su espulsion con un baño tibio, unos 
trapitos de suero, de jarabe de achicoria compuesto, de 
ruibarbo ó de maná, ó por fin con un supositorio (cala) 
de manteca de cacao. Solamente en esta9 circunstan- 
cias conviene dar estas medicinas y no siempre como es 
costumbre purgar á todos los recién nacidos. 

Cada vez que haya de dar de mamar al niño se hume- 
dece el peson con leche ó saliva, y después se lava con 
agua libia. Esta operación se repite cada dos ó tres ho- 
ras de modo tíe establecer cierta regularidad para que 
ni -el estómago esté sin alimento, ni al contrario se le 
sobrecargue con otro nuevo antes de ser digerido el que 
acaba de recibir y vengan esas regurgitaciones acidas 



—144— 
qde infíiliblemenie indican mala digestión, y por otra 
parte para proporcionar comodidades grandes á I» ma- 
dre. Es importante dar de mamar cada vez de los do» 
^eno.s, y en lo* primeros días dejar á I* madre acosta- 
da, no haciendo mas que ponerla sobre el lodo de la 
mama que «pnera presentar á su hijo, colocarlo á lo lar- 
#o (j«! y echo y dejarle caer el pezón sobre la boca. 
No m debe dejar dormir al niño hasta que so juzgue 
que ha mamado lo bastante: entonces se la lleva á la 
cuna inmediatamente: de esta manera se nntre bien y 
no se acostumbra á dormir solamente con el pez ^n en 
la boca y o[ calor de lo» brazos, que trae tantos in- 
convenientes. Mientras mamase debe «star seguro de 
que pasa la leche al estómago, así es que sa sienten los 
movimientos que ejecuta en la parte anterior del cuello, co- 
locando n\\\ un dedo, y muchas veces se oye el ruido que sa 
sabe (neo un líquido al pasar por la garganta. En caso con- 
trario es preciso avenenar lo que hay, sejfun diremo» 
despue*. No debe darse de mauíar á un niño cada vea 
que llora para callarlo, pues si no tiene necesidad de 
alimento, por un lado sufre su digestión y por otro sa- 
orifica inútilmente á la madre, y no siempre que llora 
es señal de que tiene hambre, ni de que sufre, en mu- 
chas ocasiones; llora como nosotros hablamos, para dar 
señales do su existencia, y aun halla en ello un cierto 
goce. El hambre se conoce en un recien-nacido, en 
que hace mas tiempo del ordinario que no mama, agi- 
ta los brazos vivamente, vuelve la cabeza á uno y otro 
lado, abre ¡a boca buscando el pezón, toma con avidez 
el dedo que se introduce en ella y ejerce movimientos 
da succión. 

E^as son las regla9 de ia alimentación de los recién 
nacidos en los primeros dias, cuando la madre tiene e» 
placentero deber de dar de mamar á su hijo, aun cuan- 
do por sus circunstancia* tenga mas tarde necesidad de 
ayudarse con papillas, sopas, ú otros alimentos. Estos solo 
los soportan desde el principio de la lactancia, uno que otro 
niño de los campos: y si esto sucede con los alimentos ¿qué 
deberá ser de los remedios que dá el vulgo para los recien 
nacidos, á lo menos sin necesidad? 

Cuando solamente una nodriza, cuya» buenas condi» 



—146— 

ciónos os Babido son {tan difíciles de conocur, ha de orear 
aun niño, es peligroso para la madre acercárselo y traer 
á sus mamas una Leche que contenida después ha de pro- 
ducir los accidentes que en otra parte hemos descrito. 
Lo mejor que puede haeerse es que á las 24 horas de na. 
oido el niño tome el posón de la nodriza, alternando en 
los cuíco primeros dias y aun mas si está débil con la 
agua azucarada tibia que ha estado únicamente chupan- 
do, y hasta después se dejará que solamente mame. Con 
las nodrizas .80 deben redoblar los .cuidados para estable- 
cer el orden en la alimentación, y no debe permitírseles 
que duerman con «I niño. 

Tejimos que los vestidos ban.de se* holgados. Oioa- 
trizado el hombkigo,jee [tome sobredi ;on>lienao doblado 
que se mantiene flojamente con una ibenda ancha: loa 
cordones de la pieza que cútanla cabeza, no deben -quedar 
amarrados ¡bajo de la barba, sino fijados á una ©inta 
que envuelva el pecho. 

La cuna debe disponerse de modo que la cabeea del 
niño quede -para la ventana del aposento,- para que sus 
ojos no sean heridos directamente por la luz. 

Es indispensable una limpieza estrema para la salud 
de los niños; asi es que se debe mudar ropa luego que 
esté sucia, y no se enjugarán simplemente las partes 
sucias, sino que antes deben lavarse con agua tibia: dos 
ó tres veces ala semana deben aplicarse baños bastante 
tibios, durante cinco minutos, arreglándose al efecto que 
produzcan, pues unos aiños consiguen un bien «star no- 
table con ellos y otros se .popen muy agitados. 

¿n fin se habitúan con mucha facilidad é todo, con- 
siguiéndose que cambien una xostumbre queco cuadra; 
solamente que en este caso se necesita una firmeza sos- 
tenida para oírlos llorar mientras adquieren la que se 

desea 

Es' por demás recordar que *n el caso de que se 
llegue á tener á las manos el cadáver de una em- 
barazada, debe hacerse inmediatamente llamar un pro- 
fesor que salve el feto, si es posible, con la operación 

cesárea. , , ^ ttifrt 

Pora terminar diremos lo mas necesario sobre la ppiio- 
racion (Je las orejas que se practica & las mugere* en lo» 



— 146— 
primeros dias de su vida. Esta pequeña operación se 
ejecuta con un punzonsito, un trocar cónico ó mas sen- 
cillamente con una aguja mas gruesa que el hilo que ha 
de permanecer en la herida, y terminada en punta de 
lanza: el hilo es de seda, de media vara, de cuatro he- 
bras y encerado. Se ensarta en la aguja hasta la mitad 
de su largo, se previene también una lámina de corcho: 
se marcan con tinta los puntos por donde se ha de intro- 
ducir el instrumento: se adormece el lóbulo de la oreja 
comprimiéndola entre los dedos por algún tiempo: se 
aplica sobre el corcho, sosteniéndolo con la mano iz- 
quierda y tomada la aguja cor. la derecha, se hunde hasta 
el corcho por el punto marcado de antemano: después 
sosteniendo la aguja, se quita el corcho y fija la oreja 
por detras con las llemas de los dedos de la mano iz- 
quierda, colocados el rededor de la aguja, para pasarla 
y recorrer el hilo hasta cerca de su estremidad con la 
otra mano: y se concluye por cortar el hilo y anudarlo 
sin estirar la oreja: después se pasa á la otra. No hay 
que tocar los hilos hasta la perfecta cicatrización. 

ARTICULO SEGUNDO. 

A la Madre. 

Inmediatamente después de la salida de las secundinas 
se lleva el dedo al cuello del útero para ver si se ha 
reanversado el fondo y poner luego el remedio (véase la 
sección 2?), ó si quedan algunos retasos de membranas 
para estfaerlos con dos dedos, ó si hay otro feto para 
disponer lo necesario: luego se fricciona el vientre con la 
iihwo para: hacer contraer al útero, espulsar los cuajaro- 
nes desangre que contiene y prevenir una inercia del 
órgano con su temible hemorragia interna. 

A la media hora de verificada la descarga es conveniente 
lavar la vulva y las partes sucias con agua tibia pura ó mes. 
ciada con un poco de vino, enjugándolas suavemente con 
un lienzo fino á proporción que se van limpiando; se des- 
nuda luego á la enferma, para quitar los vestidos sucios y 
remplazados por otros Jimpios, secos y calentados, que 
cubran perfectamente los brazos y el pecho, y que sean 



—147— 

Amplios y fáciles de quitar. No hay inconveniente en 
rodear el vientre bajo con una venda de 8 á 6 dedos de 
ancha: apretándola moderadamente y no dejando que se, 
arrolle y forme una cuerda tirante: suple á la presión de, 
los intestinos que hacia el feto antes de salir, impide á 
la sangre que circula huir repentinamente de las partes, 
superiores para las inferiores, es decir un. síncope, y se 
opone á la amplificación del la cavidad del útero, qae 
trae una hemorragia fulminante (1.) Entonces, si aun 
está la enferma en el banco, se la levanta y lleva opo- 
niéndose autoritativamente á que lo haga por sisóla, á 
su cama que ya está dispuesta con sábanas secas y 
calientes, y solamente con las cobijas que acostumbra en 
su estado de perfecta salud; se la coloca horizontalmente 
y juntos los muslos. En todas estas maniobras debe 
gastarse el menor tiempo posible para no prolongar la 
impresión del aire que causa una inflamación ú otro ac- 
cidente y debe reinar el mayor silencio. Esto mismo 
se hace cuando lo enferma debe pasar de la cama en 
qii'í se verificó el parto á otra mejor dispuesta. Cuando 
no se puede disponer de otra cama que la del parto, ee sa- 
can las almohadas de la pelvis y de la espalda con cui- 
dado. Coando els preciso trasportar la enferma á su cama 
antes de la descarga, habiendo empleado la media hora en 
prestar los primeros auxilios al infante, se la dispone an- 
tes colocando un hule ó salea sobre la que van unos lien- 
zos que se pueden renovar con facilidad á proporción 
que se ensucian, sobretodo esto descanza la pelvis, cae 
la sanare y demás suciedades, y evita la molestia y los 
inconvenientes de renovar toda la ropa de la cama. Pa r 
sado un buen rato de la espulsion do las secundinas, se 
procede á lavarlas partes y mudar la ropa como acaba- 
mos de decir. Concluidas todas estas maniobras, se ha- 

1 El muñeco que es costumbre dejar mas fuertemente apre- ; 
tado que antes, ¡para que no se suba la sangre! (yo diría que para i 
que no descienda) y que luego se compone todos les día», aflo- 
jándolo un poco, hasta que se enfada la paciente de traerlo, trae 
muchos accidentes v. g. las caídas del útero que tan frecuentes son 
entre nosotros. Una metritis grave de ocho dias, venida á los ein- 
co del parto, acaba de ceder completamente con solo quitar el 
amuleto referido. Basta pues et vendaje ancho de que hablimos 
arriba. 



—149— 

(Jétt sí bftt'déíl 1 afrento las'SecUnditlas, la sangre y la orí- 
na'<fc*:, y limpiar toda* las sttciedn dos 1 para que no sé 
cWrornpiltei oiré, y sé deja á" la enferma en la mayor 
crtfrtfa* de 'cuerpo y espíritu. 

6l abósenlo eft'qué debe permanecer hemos' dicho que 
debe ser' espacioso, sirénciosó 1 , fresco y con uri airé'puro 1 
emento a dé' olores, cualquiera qué sean. 

El stféfio que sigue a la fatiga 1 del trabajo debe séf 
respetado, puefc 11 restaura' mejor que nada las gastadas/ 
fuerzas* pero al mismé tiempo debe velarse, tomando' 
el pulso varfab Veces; pues 1 sucede algunas 1 que se ha- 
ce délgndé'yatfn' rió* sé 1 encuentra, produciéndose una 
hemorragia; qúé'sblo sé nota 1 tftfáhdrj 1 ya ; no tiene reme. 
dfa; í 0'ViéWé Si otif6 afeítente; mientras 1 que tomando 'estas' 
pfécaucíónésy é'liertrjjd» sé '■ nota' cualquiera 1 eósa que su- 
ceda. 

Ouarrtfo 'despierta la enferrná, sé le piredé dar una 
tasa dé al'gun atóle 'ó 1 'mejor de caldo. 1 Los ( pri'meros''dias' 
qué signen al paito, ee sigue' una dieta algo severa, no 
pasando de caldo y atoles'á las horas tí e costumbre, sin 
cargar el J estómago demasiado, hasta que pasa la calen- 
tura de lééhej y aun suprimiendo el caldoeste dia si as' 
rtrtíy'intettsa: Pasada la calentura, sé puede ir aumen- 
tando y variando la 1 ' cíase dé alimentación, con sopas, le- 
gumbres 1 saladas y bien" cosidas, luego pollo, gallina, 
cfffnéro», 8lngÓta !l dé ! nVa'htéCa 'quemada, 'calculando que á' 
los 15 ó 20 diasse ; Ilegué ! por grados" al 1 régimen ordi- 
nario. La agua qiie conviene prescribir á pasto con- 
siSte'en 1 solución dé goma arábiga; infusión de raíz de 
malva, ó dé violeta' tttifv hojas de naranjo ü otra por el 
estilo. 

Todos ! 'los tíias se -repitan las" lociones 1 de' ■ la vulva y 
péttés stíciasy de la misma^mafitern' que lie várribs dicho, 
repitiéndolas dos ó tres veces mientras «1 esourrimíento 
es' abundante,' y! después basta una sola vez at dia. 

Otras 1 ' tatfttfS l) veé^s'! sé han dérenbvar los vestidos tfe" 
lá enferma, bajo las realas prescrita*! Desdé qii« pasa la 
calentura de la leche, se deben comenzar también á mu- 
dar las sábana* de la cama, con otras limpias secas y 
calientes,' repitiéndola' operación las veces que so pueda 
sin molestar á la enferma: también puede entonces quitar" 



-lKi- 
so el vendaje dét vientre, bien qué esto se hace e1 9? 
din. Se cuida también de que la orina, ■ esc reme rild£ r 
y dértms suciedades' no pefmanescan en el aposento. Éri 
tiempo de caloréis, es conveniente desde el 5? dia del 
parto n^rir un rato y á medio dia las ventanas y puertas' 
de! aposento, para qué sé renueve el aire, cubriéndose 1 
la M parida, entretaWtocon la ropa dé la fama y corriendo 
sns ! cortinas. El objeto de tudo o^M es" qUé se respiré" 
in» airé puré, seco y templado. 

En los prmvetos'dins debe permanecer aconada'la en- 
ferma. Pasada 'la calentura de la ledie, puedo c'omen2«r 
á- sentarse; el primer 1 dia, mientras se renueva la' 
ropa de su carüa,' los : siguientes' diaá mas tiempo 
d'é' una 'manera' gradual: al noveno dia bajarA" lo< pies 
unir hbra, 1 aP siguiente ; 2; 3; <fcc : á los 12 dará una vuel- 
ta en el apoyeritd, y los demás ttfavof número; á'los 15' 
saTdrá un rato á la calle á medio día, no debiendo ser la 
primera salidaála iglesia, de donde per el aire frió y' 
mal sano qoe existe, se sale con una enfermedad agndo. 

Se debe evitar toda' emoción, como una buena ó n-fala 
noticia, principaímerité los' primeros dia». 

La rotura de' la orquilla, que' indefectiblemente siice- 
de en las primerizas y las 1 grite de la w vuTvá°qu&'süéleñ'' 
hacerse, se alivian y cicatrizan por sí sola", cuaridó son 1 
poco profundas"; rjgró los ''ardores' y compones •qué" cau- 
san se aHvian corlliénzos stidves untados cort uriri grasa V 
y haciendo que los loquiOs', escurran por otro lado. 

Se cuida dé observar los caracteres dé los " loqUios 1 ; 
principalmente en los primeros d tés, pífra' «ítírttai lá* me- 
didas prescritas en otro lugar cuando son sanguinolen- 
tos mas del tiempo ordinario, ó de mal color, fétidos <fcc. 
Se observa la calentura, para ver que trae los caracte- 
res que le hemos asignado, de otra manera es preciso 
consultar. 

En las que no dan de mamar, fe deben prevenir los 
malos resultados que hemos"* dicho en otra parte trae la 
retención de la leche: asi es que se tiene que observar ma- 
yor severidad en la alimentación, que la ordinaria, prohi- 
biéndose la jugosa, y la abundancia de bebidas: la agua 
que han de tomar ha de ser de cocimiento de grama, raíz 
de caña ó de carriso &a; se aplican sobre los senos, lienzos 



—150— 
suaves y calientes que se tiene cuidado de renovar lúe- 
£0 que se humedecen, si la leche sale con facilidad; pero 
si las mamas so hinchan, hay que poner sobre ellas ca- 
taplasmas calientes de malvas solas ó con láudano, que 
chuparlas inmediatamente con la boca ó con el interme- 
dio de una tetera medio llena de agua caliente, cada vez 
que se llenen, que exitar un sudor haciendo tomar una 
infusión caliente de tee, parietaria, borraja ú otra yerba 
sudorífera, que poner lavativas purgantes de las que he- 
mos tenido ocasión de formular, &c: si con esto no se 
puede enorbar que siga la intensidad de la inflamación 
y sob'e todo que se forme tumor, son necesarias me- 
dicinas mas enérgicas y aun una operación. 

Se atiende por último, á los achaques que trae el 
embarazo, *i no desaparecen pronto. El estreñimiento, 
si dura muchos dias y causa alguna incomodidad, se 
combate con las lavativas prescritas en otra parte con 
este motivo, y aun dando un ligero purgante. Téngase 
cuidado con la espulsion de la orina, para que si tiene 
algo de particular, se apliquen medicinas calmantes cuan- 
do hay ardores ó el sondeo si hay retención. Las hidro- 
pesía», las hemorroides, el aflojamiento de las sínfisis &c. 
se curan como hemos dicho en el apéndice á la prime- 
ra parte. 

Todo lo que hemos dicho supone que no ha habido 
accidente alguno en el puerperio: cualquiera síntoma es- 
traño, principalmente en los primeros dias debe llamar 
la atención, teniendo muy presentes los accidentes que 
diremos vienen después del parto. 







SECCIÓN SEGUNDA. 



Del parlo artificial 












Hasta ahora no hemos tomado en cuenta, las cir- 
cunstancias que suelen modificar los esfuerzos de la 
naturaleza en el parto, ella sola se ha bastado, pues no 
hemos hecho cuando mucho sino ayudarla. Por fortuna 
es así en la mayoría de los casos; solamente en los.restan- 
tes es en donde viene un accidente á perturbar ó com- 
plicar la marcha del trabajo ó del puerperio: ó un obstá- 
culo, que se presenta ó existía con anticipación á oponerse 
al paso del feto, y de todo esto nacen mil peligros, si no 
se interviene con la oportunidad conveniente. 

El estudio de estos accidentes y obstáculos es el presen- 
te, no para curarlos, pues para esto son precisos circuns- 
tancias personales y conocimientos profundos en las cien- 
cias médicas que no proporciona este pequeño tratado; sino 
para saber que pueden existir, conocerlos á tiempo, im- 
buirse en los peligros á que esponen y convencerse de la 
necesidad de que esté presente el que reúne aquellas cir- 
cunstancias y conocimientos. 



-152— 

TITULO PRUVIKKO. 

De los acállenles del parto. 

Unos se presentan durante el trabajo, influyendo al 
mismo tiempo en la madre y el feto, ó solamente en este, 
y otros después del parto. 

CAPÍTULO PRIMERO. 

Durante el trabajo. 
ARTÍCULO PRIMERO. 

En la madre y el feto. 
§.1. 

Lentitud 6 debilidad de las contracciones. 

Suelen encontrarse casos en que desde que comienza 
el trabajo, los dolores tardan para volver ó son débiles, 
siguiendo en tal estado hasta el fin: la dilatación del cue- 
llo ,mpr,cha.cpn, estrema lentitud, y rota la bolsa, casi nada 
ayapzala cabeza: por lo demás sola la esperiencia enseña 
el gr.ado eji que deben llamar. la atención eatos síntomas. 

¿3f te' ¡accidente existe en las rnugeres débiles ó debi- 
Jtffld.aSi en las delgadas, bien que con escepciones, como 
ya hemps dicho, y aun etl ciertas de buena constitución; 
perp que tienen débil el útero y mal organizado, y en las 
que geadclgasan las paredes del útero y pierden su fuer- 
za., por unft repleción exesiva, como en la hidropesía 
del Amnios,,p en la preñez gemelar. 

Es .necesario exhortar á la enferma á la paciencia, 
darje qaldo, ó una_s cucharadas de vino de Esparta, ha- 
cerla andar, si se vé que el útero esté muy distendido 
Sa,¡puede rpmperla bolsa del modo y con las condiciones 
qflfi.se requieren, que indicaremos en otro lugar, guar- 
dándose cuidadosamente de que no haya la prevención 
qoe pueden hacer contraer muchas enfermedades que «n 
tener este accidente se desesperan; y si ya o«tá rota y no 



— 153 — 

ha salido sino muy poca agua, se hará que salga bastan- 
te empujando para arriba la cabeza con dos dedos en el 
momento del dolor; pero para esto debe estar ya bien di- 
latado el cuello uterino. Cuando no se consigue acele- 
rar ó fortalecer las contracciones, se hace necesaria la 
administración del cuernecillo de centeno (*) 

§ II Inercia del útero 

Después de haber marchado bien el trabajo durante 
mas ó menos tiempo, no es raro que los dolores comien- 
cen á retardarse y se suspendan completamente. Es- 
te accidente, que como se vé es bien diferente del ante- 
rior, es causa de otros muy graves,- como de los que re- 
sultan de la prolongación del trabajo, de una hemorragia 
y de otros. Sobreviene por causas que si no se remueven 
previamente, no se consigue dar energía al útero, y es 
peligroso intentarlo. 

Estas causas son: 1? Todos los obstáculos para el 
parto de que se ocupa el título 2 ? de esta sección: 
pues consumiéndose contra ellos las contracciones, pier- 
de el útero la facultad de contraerse. El modo de com- 
batir las causas de esta clase, para prevenir el acciden- 
te de que tratamos, quedará espucsto también en aquel 
lu^ar. Después de destruidas se dará fuerza al útero 
como en el accidente anterior. 2 ? Las impresiones mo- 
rales, como una noticia inesperada, v. g. la del secso del 
feto, deseándolo ó no la madre; las discusiones acalora- 
das; la llegada de personas cuya presencia desagrada a 
la enferma, y otras por el estilo, que enervan la con- 
tractilidad del útero, y por desgracia tiene que adivinar- 
las la matrona enlaciase de personas en que mas in- 
fluyen. Es preciso mucha sagacidad y prudencia para 
conocer esta clase de causas y para combatirla.^ ó . 
Los dolores causados por una enfermedad que coincida 
con el trabajo, como el reumatismo uterino, la repleción 
de la vegiga de la orina, la compresión de los nervios de 

(*) Se entiende que en este y en los demás cas* .enqje» 
debe emplear esta medicina, deoc ,resetarlo J medico pues so 
lo el sábela cantidad que puede darse en cada caso y la* c* 
cunstancias que impiden su administración aun cuando este in 
licado. qa 



— 154 — 

la cscavacion, los cólicos, que ccsagerándosc atrozmcn- 
te con la contracción uterina, la embargan y suspen- 
den bruscamente: de aquí agitación, ansiedad, consun- 
ción de las fuerzas, esfuerzos para contener las contrac- 
ciones de las paredes del vientre y producción del ac- 
cidente. Se aplicarán aceites con láudano en el punto 
doloroso ó en el estomago si hay vómitos, los que sue- 
len calmarse también, cambiando de postura. Respec- 
to déla retención déla orina, ya hemos prescrito el mo- 
do de atacarla. Si no cesan estas causas, son nece- 
sarias las bebidas calmantes, las antiespasmódicas &c, 
que formulará un médico, ó la terminación artificial del 
parto. 4 ? La Plétora que por eeseso enerva la fuer- 
za del útero. Esta se conoce y combate como hemos 
dicho en el apéndice á la 1 ? parte. Un parto acele- 
rado está también en este caso, como veremos luego. 
5 ? En fin, el cansansio que se apodera del útero en 
algunas mugeres sin causa averiguada. Esta solamente se 
conoce por esclusion, viendo que no existo alguna otra. 
Aquí conviene hacer andar á la paciente, hacer fric- 
ciones en el vientre de todos los modos prescritos con 
otro motivo, cosquillar el cuello del útero, y encaso de 
no conseguir que vuelvan los dolores, es preciso la ad- 
ministración del cucrnccillo de centeno. 

Después de la espulsion del feto sucede que el úte- 
ro no verifica su retracción ordinaria, y queda suelto y 
flotante en el vientre; entonces ó no se ha desprendi- 
do la placenta del útero y es una fortuna grande: ó si 
lo ha hecho en totalidad ó en parte, se produce la he- 
morragia mas terrible que se conoce. Esta inercia es ab- 
soluta, ó solamente débil la retracción del útero; es to- 
tal ó se limita á parte del órgano; se reduce el útero 
y después de horas ó dias reaparece. 

Cuando ecsiste, no se nota en el vientre el tumor duro 
globuloso que se contrae intermitente y aun dolorosamente 
#*c, como dijimos en otra parte, sino blandura y flo- 
jedad que permite deprimir las paredes del vientre has- 
ta tocar los cuerpos de las piezas del espinaso; el cue- 
llo uterino no presenta resistencia alguna, y si por una 
necesidad urgente de que hablaremos en la hemorra- 
gia, se tiene que llevar la mano dentro del útero, se 
notan sus paredes blandas y arrugadas, sin oponer la 



— 155 — 

resistencia ordinaria: si nó ha dejado la placenta sus 
adherencias con el útero, no se alcanza por el cuello, ni 
hay hemorragia interior; pero el coi don cortado da mu- 
cha sangre; si se ha desprendido, en totalidad ó en par- 
te se ven todos los síntomas de la hemorragia, mas co- 
munmente de la interna. 

Reconoce las mismas causas referidas arriba, es re- 
petición de la que ataca en el trabajo de espulsion del 
feto, y por el contrario un trabajo acelerado, no de- 
jando al útero el tiempo necesario para irse recojien- 
do gradualmente, lo deja dilatado con la salida tan pre- 
cipitada del feto: también se dice que el útero, ha queda- 
do dilatado, por haber contraido adherencias con el epi- 
plon (redaño). 

Es una fortuna que no se hayan despegado las se- 
cundinas del útero, en su inercia, pues no hay el sín- 
toma apremiante de la hemorragia; entonces no hay que 
estirar del cordón ni hacer maniobra alguna hasta que 
no quede remediada la inercia, pues se ocasiona el flu- 
jo, ó cuando menos el reanversamiento del útero; so- 
lamente se liga prontamente el cordón que cuelga de 
la vulva. No asi cuando están desprendidas al estallar 
el accidente, pues la hemorragia escije obrar sin pér- 
dida de momento (véase hemorragia). La inercia en 
sí se remedia, con fricciones en el vientre, cosquilleo 
del cuello y demás que queda espuesto arriba; con apli- 
caciones al puvis ó muslos de lienzos empapados en 
agua fria, la introducción del cordón en agua fría, se- 
gún se ha aconsejado, y con dar á tomar unos tragos 
de caldo; pero si no se presentan las pequeñas contrac- 
ciones del útero, se hace preciso el cuernecillo de cen- 
teno, y obrar sobre las secundinas según convenga en 
cada caso. Se dice que tomando el peson de la madre 
el recien-nacido se reduce el útero. 

§ III. Prolongación del trabajo. 

Varias veces hemos indicado lo funesto de los efec- 
tos de la prolongación del trabajo cuando escede de 
•ciertos límites. Efectivamente resultan accidentes que 
se refieren á la madre ó al feto: á la primera sobreviene 
el cansancio y aun la inercia del útero, cuyas terribles 



— 156 — 

consecuencias acabamos de pintar, viene ansiedad, aba- 
timiento, funestos presentimientos, tendencia á actos vio- 
lentos ú otros delirios, calor ardiente de la cara y de 
la piel, cuando el feto pasa á la escavacion resulta la 
compresión de los órganos vecinos, cuyos resultados son 
la retención de orina con sus graves peligros, la gan- 
grena de la vegiga ó del recto, seguida de supuracio- 
nes prolongadas, perforaciones y fístulas poco ó nada 
curables y muy asquerosas, y todos los accidentes que 
de estos resultan. Al feto desde que se rota la bolsa, 
pues antes no sufre sino lo que puede participar de 
los padecimientos de la madre, resulta una compresión 
fuerte, así como al cordón, porque dejan de estar pro- 
tejidos por la agua del Amnios, la cabeza está también 
en este caso, principalmente cuando pasa por la esca- 
vacion; estos efectos prolongándose, causan un ataque 
de sangre al cerebro muy grave y la compresión del 
cordón, la muerte pronta del feto. 

La prolongación del trabajo reconoce las causas que 
hemos ido refiriendo en cada lugar y los obstáculos pa- 
ra el parto que describiremos después. 

Se combate atacando las causas que la producen; pe- 
ro solo la práctica enseña á no alarmarse con las ec- 
sigencias de los dolientes y á saber esperar cuando la 
prolongación no es real ni reconoce causa. 

§ IV. Trabajo acelerado. 

Por el contrario se presentan casos en que las con- 
tracciones son tan fuertes y separadas por tan cor- 
tos intervalos, y que no dejan sustraerse á la necesidad 
de pujar, que el parto se verifica después de algunos do- 
lores; resultando accidentes tan graves, como en los 
muy lentos: como son la inercia consecutiva del útero 
con su grave acompañamiento; la rasgadura del cue- 
llo del útero, de la vagina ó del perineo; los síncopes al- 
gunas veces mortales, que siguen al desocupamiento re- 
pentino del vientre, y solo por el hecho de la violen- 
cia y actividad del parto, la muerte mas ó menos pron- 
ta. Al feto acarrea la muerte la compresión fuerte del 
cordón contra él, que proviene de la contracción enérgi- 
ca y continua del útero, cuando se vacía el Amnios; 



— 157 — 

y no aguardándose todavía el parto, y verificándose de 
modo que caiga al suelo, recibe un golpe tal vez mor- 
tal, ó se rota el cordón. 

La mucha amplitud de la pelvis, la pequenez del fe- 
to, la rotura del cuello uterino y en general la falta 
de resistencia de estas partes, favorecen el parto ace- 
lerado: las mugeres muy impresionables ó muy robus- 
tas generalmente hablando, y ciertas que tienen el pri- 
vilegio de tener sus partos con unos cuantos dolores, 
y de heredarlo y trasmitirlo á sus hijas, según pare- 
ce, están en el mismo caso. 

Cuando se prevea un parto violento, se acostará, la 
paciente: luego que se declare, evitará los esfuerzos 
voluntarios en lo posible; y tal vez necesitará disminuir 
la actividad del útero con preparaciones de opio ó san- 
grías ú otros medios. 

§ V. Convulsiones del útero. 

Otro de los accidentes del parto, es una enferme- 
dad particular del útero llamado tétanos, espasmo ó con- 
vulsiones uterinos, que consiste en que las contraccio- 
nes se repiten con irregularidad, sin haber calma com- 
pleta en los intervalos, sino un dolor continuo que de 
tiempo en tiempo se hace atros: ó no son generales, y 
solamente se contrae una parte del útero, con un do- 
lor intensísimo; dejando luego una calma perfecta. En 
ambos casos, nada ó muy poco adelantan la dilata- 
ción del cuello uterino, el aumento y tirantes de la bol- 
sa ó el descenco de la parte del feto que se presenta, 
como debiera esperarse de la atrocidad de los dolores; 
durante estos se palpan desigualdades y bordes en el 
útero, en lugar de su lisura ordinaria; hay agitación, 
llanto, desesperación, turbación de las ideas, contractu- 
ras convulsivas de los miembros, calor en la piel, ru- 
bicundos de la cara, frecuencia de pulso &c. Arroja- 
do el feto, son abrasadas las secundinas en totalidad 
ó en parte por el útero contraído, dándoles en este ul- 
timo caso la forma de un huage, y no permitiendo que 
salgan: si existe la contractura por porciones, las par- 
tes enfermas forman pliegues, ó columnas tensas, que 
dividen la cavidad en celdillas, y estriñen la placenta 



— 158 — 

en otras tantas partes para darle la forma de una es- 
trella; si una parte del útero se contrae y encierra la 
placenta, y la otra está inerte, hay dos cavidades se- 
paradas por un anillo mas ó menos estrecho: si se limi- 
ta el espasmo al orificio esterno del cuello, no se puede 
introducir el dedo por él, y si existe en el interno, es- 
tá muy flojo y desfigurado el cuello y hay dentro un 
fruncimiento por el que no pasa el dedo. Nunca se ha 
visto el fondo del útero con esta convulsión. 

Este accidente dura un rato por lo regular: pero al- 
gunas veces se eterniza y es preciso atacarlo. Las cau- 
sas que lo producen son poco conocidas: el abuso de los 
medicamentos que ecsitan el útero: como el zihuapatzli, 
el cuernecillo de centeno y otros, las manipulaciones gro- 
seras, un parto de gemelos, el estado de plétora y 
el de ecsaltacion nerviosa, son las mas averiguadas. 

Durante el trabajo de espulsion del feto, se adminis- 
tran baños tibios de agua ó cocimiento de malvas, ge- 
ringatorios por la vulva de malvas, linaza, ó lechuga, 
aplicaciones al vientre de aceites con láudano ó po- 
mada de belladona, que se lleva también al cuello 
uterino. Si no desaparecen estos padecimientos un mé- 
dico, combatirá la plétora prudencialmente con los me- 
dios á propósito, ó la exaltación nerviosa con la va- 
lentía necesaria, viendo si administra en la dosis re- 
lativa al caso, una preparación de opio, que haciendo 
cesar un rato los padecimientos, y produciendo un sue- 
ño reparador, permite después la aparición de contrac- 
ciones regulares y útiles. Como después de arrojado 
el feto, es necesaria la introducción de la mano den- 
tro del útero para conocer el tétanos del útero, nos li- 
mitamos á decir que si pasado el tiempo que hemos di- 
cho se aguarda para la descarga, no se verifica, se 
consulte al cirujano para ver si juzga oportuna una 
sangría, ó mas bien convienen los narcóticos ú otros 
m. icamentos, ó en fin, sise vé en el caso de estraer la 
pla> enta. 

§ VI. Hemorragia uterina. 

La hemorragia uterina es la salida de sangre del in- 
terior de los vasos sanguíneos del útero, ya se derrame 
entre el tegido del órgano, quede depositada en el inte- 



— 159 — 

rior de su cavidad, ó salga por la vulva al esterior. 
Es un accidente de los mas frecuentes y graves que 
padecen las embarazadas en todas las épocas de la ges- 
tación, durante y después del parto y al que se nece- 
sita acudir con mayor celeridad: por lo que vamos á 
ocuparnos de él un poco mas. 

Causas. — Las causas que lo provocan son: 1 - las al- 
teraciones de la sangre ya por aumento ó por diminu- 
ción del número de los glóbulos de la sangre ó ya por 
falta de la fibrina: en el primer caso están las muge- 
res pletoricas, en el segundo, las hidrohémicas y las 
anhé micas, y en el tercero, las que están bajo la in- 
fluencia del escorbuto, ó de las fiebres, v. g. las que 
resulta de una podredumbre en el interior del útero: 
2 -° Las alteraciones del útero ó de un órgano distan- 
te. En las del útero se comprenden sus desorganiza- 
ciones, como el cáncer (llaga en las caderas), la mela- 
nósis, los tubérculos, los reblandecimientos, las ulcera- 
ciones y la gangrena: en las de los órganos distantes, 
están algunas afecciones del corazón ó de los vasos gruesos, 
v. g. un aneurisma, y algunas de los pulmones: 3 ? Las 
alteraciones de las fuerzas vitales. Ocupa el primer lu- 
gar entre estas, la plétora uterina. En seguida vie- 
nen, la circunstancia de esponer á otra, una hemorragia 
anterior, las emociones morales, como una sorpresa agrada- 
ble ó desagradable, un acceso de cólera, una disputa aca- 
lorada; la frecuencia del teatro ó de las tertulias ó el 
abuso del coito. Ocupa también un buen lugar, prin- 
cipalmente después del parto, la inercia del útero por 
la que quedan abiertos los vasos que se rotan cuando 
se ha desprendido la placenta, agregándose en la par- 
cial que la sangre es empujada por la porción contraí- 
da á los puntos inertes. Por último viene la supresión 
de un sudor abundante de que hablan los autores: 4 ? 
Las causas traumáticas. Tales son los golpes, las caí- 
das, los esfuerzos para alzar un objeto pesado, los vó- 
mitos, la tos, el estornudo, los purgantes fuertes, los 
semicupios calientes, la repetición de sanguijuelas a la 
vulva, los medicamentos que obran en el útero, el des- 
prendimiento de la placenta total ó parcial, sin la re- 
tracción consiguiente del útero, como sucede después de 
una gran espulsion de agua en la hidropesía del Aramos, 



— 160 — 

ó de la salida del primer feto en una preñes gemelar, 
en una rotura del útero, en la inserción de la placenta 
sobre el cuello o sus inmediaciones, y en la cortedad del 
cordón ó su envolvimiento al rededor del feto, que en 
el parto ocasiona tirones que desprenden el centro de 
dicha placenta anticipadamente: por último pertenece á es- 
ta categoría la rotura de los vasos del cordón, causa- 
da por su cortedad ó acortamiento, por una enferme- 
dad en ellos, ó por su mala distribución, seguidos de 
un movimiento fuerte del feto en el embarazo, ó de las 
contracciones uterinas en el parto. De estas causas de la 
hemorraguia uterina que liemos recorrido, muchas espo- 
nen á ella, produciéndola por sí pocas veces, otras solo obran 
de esta manera inmediatamente; pueden obrar á un tiem- 
po dos ó mas, ser causa una de otra ó entrar en mil com- 
binaciones para producir el accidente. Al contrario, no 
es raro ver mugeres espuestas á las mas violentas de 
ellas, sin ser atacadas de hemorragia uterina. 

Síntomas. — Cuando la causa de una hemorragia es vio- 
lenta, se presenta luego sin anuncios. En los demás casos 
dias antes de que estalle, se ecsageran los síntomas de la 
plétora, si la embarazada está en este estado: si está 
débil, se pone descolorida, se cansa con cualquier ejer- 
cicio, siente desvanecimientos, ahogamientos y palpita- 
ciones; en ambos casos vienen síntomas de plétora ute- 
rina (véase el apéndice de la primera parte). Después 
de algunas horas ó dias viene palides de la piel, debi- 
litación del pulso, calosfríos, enfriamento de las estre- 
midades, síncopes, y ahogamientos que indican con mas 
certidumbre que estalla la hemorragia. Entonces ó sa- 
le al esterior la sangre y no se necesita mas para carac- 
terizar el accidente, y solo se trata de conocer la cau- 
sa para atacarla, ó distinguirlo de la menstruación en 
los primeros meses del embarazo; ó el derrame es abun- 
dante y no sale sino muy poca sangre, teniendo mas 
facilidad en permanecer dentro; ó después de haber es- 
tado saliendo, se suspende el escurrimiento al esterior; 
pero siguiendo la hemorragia, se acumula en el interior 
la sangre, por la formación de un cuagulo que se pone 
de tapón en el cuello del útero ó la vagina: ó se derrama 
al principio interiormente, no escurriéndose al esterior si- 
no después de abrirse un camino mas ó menos largo, 






— 161 — 

rotando los nuevos vasos que encuentra al paso, de mo- 
do que si es en el centro de la cara uterina de la pla- 
centa, por ejemplo, camina entre esta y el útero hasta 
un borde y luego entre este órgano y las membranas 
hasta el cuello, la vagina y la vulva, y así de los otros 
puntos: ó en fin, derramada la sangre, se acumula to- 
da, y no aparece absolutamente al esterior, siéndolo li- 
bremente en la cavidad del útero como sucede en los 
primeros meses del embarazo y después de la espulsion 
del feto, ó entre la placenta y el útero, ó entre las 
membranas, ó en la cavidad del Amnios: en todos estos 
casos lo que llama mas la atención es los síntomas ge- 
nerales, palides de la piel, debilitación del pulso Sfc, 
y cuando la hemorragia es fuerte, un intenso dolor de 
riñones, pesantes en el ano, calor en el vientre, y có- 
licos: si viene en una preñez adelantada, se nota ade- 
mas un abultamiento considerable y rápido del vientre 
con mayor dureza y resistencia que antes, haciéndose á 
veces de forma irregular y como dividido en dos par- 
tes, una perteneciendo al feto y otra al derrame, y la 
cesación de los movimientos activos del feto: durante el 
trabajo se ve salir á cada dolor un cuajaron mas ó me- 
nos grande de sangre, debilitarse las contracciones y aun 
cesar del todo: después de espulsado el feto, se nota un 
tumor formado prontamente y mas voluminoso y blando 
que el ordinario del útero reducido, el cuello está ta- 
pado por un cuagulo ó por la placenta desviada para 
atrás, y hay los síntomas de la inercia del útero, que 
en este periodo es la causa ordinaria de la hemorragia 

uterina. . 

Cuando cesa la hemorragia por que se vacian los va- 
sos pujantes de sangre, ó los tapa un cuajaron, ó se con- 
trae el útero, se alivian los síntomas; pero cuando conti- 
núa, se van agravando hasta la muerte, cuya procsimi- 
dad' se indica por la violencia que toman los dolores de 
riñones, lo muy prolongado de los síncopes, la repetición 
de fuertes calosfríos, convulsiones, ceguedad, ampliación 
de la pupila, é insensibilidad del pulso que le prece- 

Pronóstico.— Cuanto mas abundante es la hemorragia 
y débil la enferma, tanto mas peligrosa es para ella y 
su hijo. Para este lo es mas que para aquella al prin- 

/i L 



— 102 — 

cipio del embarazo, por ser mas fácil su desprendimien- 
to, su muerte y su espulsion, en tanto que la madre ape- 
nas lo advierte, pues saliendo el producto envuelto en 
un cuajaron, y cesando gradualmente el derrame, no tie- 
ne escrúpulo, en considerarlo únicamente como una mens- 
truación difícil, mas abundante que de costumbre. Du- 
rante el trabajo es muy temible el accidente: antes de 
estar suficientemente dilatado el cuello del útero, por 
que es mas difícil la aplicación de la cirujia para la ter- 
minación pronta del parto: rota la bolsa, por que se 
vuelve á llenar de sangre el útero, no habiendo la resis- 
tencia del agua para impedir el aumento del derrame, 
ni el recurso de que cese terminando artificialmente el 
parto. La debilitación ó cesación de las contracciones 
es signo de malísimo agüero. Pero nada es mas terri- 
ble como la venida del accidente después de arrojado el 
feto, pues quedan sacrificadas las mugercs en algunos 
minutos en que se ve á la sangre inundar la cama y 
correr por el suelo, ó cuando se queda dentro del útero, 
formar un enorme tumor. La hemorragia en que se «acu- 
mula la sangre en el interior es mas grave que en la 
que sale fuera, pues no se echa de ver de una manera 
cierta sino cuando ya es fuerte el derrame, la acumu- 
lación produce nuevas rasgaduras de vasos, aumentando 
el número de bocas que dan sangre, y el cuagulo vie- 
ne á ser un cuerpo estraño que ecsita las contracciones, 
afluencia y aun otra pérdida de sangre. A proporción 
que se repite un flujo de sangre va creciendo el peli- 
gro, por la debilitación general que encuentra de los 
anteriores, por la falta de fuerzas de los vasos que no 
les permite contraerse, y por la fluides mayor que ad- 
quiere la sangre que se opone á su cuagulacion. En 
fin, la causa influye bastante: la introducción en la sangre 
de un principio que disminuya su cantidad de fibri- 
na y la plétora que tiende á reproducir el accidente: 
son muy temibles: una hemorragia uterina por causa 
local, es proporcional á la desorganización que existe en 
el útero, así como por causa traumática lo es á su vio- 
lencia: la implantación de la placenta sobre el cuello 
del útero es muy peligrosa, pues desde el 4. ° ó 5. ° 
mes del embarazo, que comienzan las hemorragias, se si- 
guen repitiendo con mas frecuencia y abundancia hasta el 






— 163 — 

parto, en que hay que desprenderla para terminar el 
parto, es decir, aumentar la pérdida, y á tal grado si 
su centro corresponde al del cuello, que se hace mortal 
para el feto y gravísima para la madre, á no ser el 
caso afortunado que avanzando el feto, y comprimien- 
do los vasos que dan sangre, contenga la hemorragia 
entretanto viene la retracción del útero: en fin, la cau- 
sada por inercia del útero, principalmente si sucede á 
la salida del feto, es horrorosa, pues lo numeroso de los 
vasos rotos al desprenderse la placenta, la falta de la 
contractilidad que debe cerrarlos, la ninguna fuerza de 
las paredes del útero que impide su ampliación, la di- 
ficultad de formarse un cuagulo que sirviera de tapón, 
nada resiste al impulso de la sangre que mas frecuen- 
temente se acumula dentro y no se deja notar pronto, á 
lo que se agrega que favorece la acción de otras cau- 
sas. 

Pasado el accidente, sufre mucho la salud, vienen do- 
lores habituales de cabeza, malas digestiones, debilidad 
de la vista y del oido, predisposición á las inflamacio- 
nes que suelen seguir al parto, y mayor gravedad en 
ellas si se declaran, por la circunstancia de no permi- 
tir la debilidad que queda, la aplicación de los medi- 
camentos mas encases. El feto, si sobrevive, queda débil 
y espuesto á los accidentes respectivos y aun á la muer- 
te de que habia escapado. 

Diagnóstico. — En los primeros meses del embarazo es 
difícil distinguir la hemorragia de la menstruación cuan- 
do acaece en los dias en que venia esta; sin embargo, 
se podrá en muchos casos reconocerla, según lo que he- 
mos dicho hablando del aborto: por otra parte, siendo 
tan débiles en este periodo los medios de unión del pro- 
ducto de la cencepcion con el útero, que solamente el 
impulso de la sangre lo arranca, envuelve y lleva con- 
sigo al esterior, se considera el aborto y la hemorragia 
uterina, como un mismo accidente en la práctica. En 
los meses siguientes aun cuando no se diagnosticara la 
preñez con seguridad, no puede tomarse por menstrua- 
ción sino un flujo poco abundante, que bastando para 
agotarlo precauciones que no contienen la menstruación, 
no hay inconveniente en la incertidumbre; pero basta que 
sea abundante y mas si se está cierto del embarazo, para 



— 164 — 

formar el diagnóstico. Toda pérdida de sangre duran- 
te el trabajo y el puerperio debe ser considerada como 
hemorragia, pues como sabemos, aun la que tiñe las fle- 
mas proviene de roturas de vasos; solo se trata de sa- 
ber á qué punto debe ser ya atendida con especialidad, 
y será cuando sea abundante ó traiga algún síntoma 
alarmante. 

Cuando la sangre se acumula en el interior total ó 
parcialmente, es necesario reunir muchos síntomas de los 
que la hacen advertir, pues los síncopes por sí solos no 
indican necesariamente una hemorragia, ni siempre se 
nota el desarrollo rápido del útero, que parece debiera 
encontrarse sin falta; por ejemplo cuando el derrame se 
hace entre el centro de la placenta y el útero, ó den- 
tro del Amnios, antes de su rotura; asi es que buscan- 
do con cuidado este desarrollo con las circunstancias de 
que sea rápido, para no ser confundido, durante el em- 
barazo, con la hidropesía del Amnios, ó la preñez ge- 
melar, que dé un sonido apagado, para que no lo sea 
con la formación de gaces en los intestinos, y que ha- 
ya meado hace poco la enferma, para no tomar la ve- 
giga de la orina llena, principalmente después de la es- 
pulsion del feto, por un cuagulo formado en el útero por 
la sangre: encontrando, decimos, ese tumor con los de- 
mas síntomas, palides déla piel, debilitación del pulso, 
síncopes dolor de ríñones &c, que cuando corre peligro 
la madre no faltan los mas, se puede estar cierto de la 
hemorragia. Durante el parto, la falta de intensidad y 
repetición de los dolores, la sangre que sale por la vul- 
va, y los cuagulos en la vagina ó mas adentro harán es- 
tar sobre aviso. Después de espulsado el feto, se ten- 
drá mucho cuidado con los síntomas generales, para bus- 
car prontamente los locales y proceder sin vacilación. 
El síncope sin hemorragia que viene con frecuencia des- 
pués de espulsado el feto por falta de compresión en el 
vientre al salir el recien-nacido, no trae los demás sín- 
tomas de ella, asi como tampoco un acceso de histérico, 
que se parece tanto al de muerte prócsima, como vere- 
mos y el cual ademas ya ha venido en otras ocasiones 
por lo común. 

Respecto del conocimiento del asiento del derrame, lo 



— 165 — 

que se sabe queda espuesto en el cuerpo de este ar- 
tículo. 

Por lo que hace á la indagación de las causas del 
accidente basta por lo común el interrogatorio. La plé- 
tora, la hidrohemia, la inserción de la placenta sobre 
el cuello del útero, la cortedad del cordón, y la inercia 
uterina, tienen su lugar en este tratado: otras solo al 
médico es dado conocer: las causas morales y algunas 
otras es preciso adivinar: la rotura del cordón solo se 
vé cuando sale el feto, á no ser que habiendo mala dis- 
tribución en sus vasos, y pasando de un lado al otro 
del cuello, diera la sensación de una cuerda tiran- 
te y que pulsa muy aceleradamente, pues entonces se 
prevería la hemorragia, y podría prevenirse con tiem- 
po. . 

Método curativo. — Debe prevenirse la acción de las 
causas de la hemorragia en lo posible, para no verse en 
el caso apurado de verla sobrevenir, de modo que se in- 
daga su ecsistencia cada vez que se presente la ocasión: 
se obra en seguida según convenga, siendo la mayor par- 
te de ellas del dominio de la Medicina, y es necesario 
estar alerta siempre en espera del accidente. 

Cuando por desgracia se presentan les síntomas, de 
la hemorragia uterina, se hace consultar inmediatamen- 
te á un médico-cirujano, para salvar la responsabilidad 
tan peligrosamente comprometida en estos casos y entre- 
tanto llega á tomar las medidas enérgicas que deben 
salvar á la enferma y al feto (aun no cristiano), se 
la coloca sin pérdida de tiempo en una cama un poco 
dura horizontalmente y aun con la pelvis mas alta, po- 
niendo debajo una almohada, si posible es, se elige un apo- 
sento amplio, oscuro, silencioso, bien cerrado, y en tiem- 
üo de calores regado con agua fria, se la desviste y qui- 
ta toda especie de ligaduras, se le echan encima cobi- 
jas mas ligeras, se la asegura de que no corre peligro, se 
le prohibe todo esfuerzo y movimiento fuerte y se le 
administran tragos repetidos de agua fría sola o con li- 
món, naranja ó vinagre. Nada de fricciones al vien- 
tre mucho menos con aguardiente, que ecsitanan el úte- 
ro y aumentarían el mal; ni de otra porción de reme- 
dios lo menos inútiles, para un mal en que solamente 
la pérdida de tiempo es ya un grave perjuicio. 



— 166 — 

A esto se limita la obligación de una matrona en la 
hemorragia uterina, sobre cuya historia si nos hemos es- 
tendido, es porque debe ser conocida desde antes que 
estalle para prevenir los grandes peligros á que espone. 
Sin embargo, es tan violento este accidente algunas ve- 
ces después de espulsado el feto, que no da lugar á la 
llegada oportuna del médico; en este caso no podemos 
escusarnos de indicar lo que debe hacerse por lo pronto. 
Ya se entiende que desde antes se ha procurado preve- 
nir la acción de las causas, que si ha habido motivo pa- 
ra temer la inercia del útero, causa mas frecuente en 
el caso en que nos hemos colocado, se han combatido 
sus causas (v. inercia en el útero). Si á pesar de to- 
das las precauciones convenientes, se presenta la hemo- 
rragia, con los síntomas muy intensos, al mismo tiem- 
po que se ataca la inercia uterina, se pone una ancha 
y gruesa compresa arriba del puvis, sostenida con un 
ancho vendaje apretado, y ademas si el caso es muy 
grave, se lleva atrevidamente hasta dentro del útero con 
una mano, un pedazo de esponja empapada en vinagre, 
ó un limón sin corteza, se esprime allí y se retira la 
mano después. 

§ VII. Roturas del útero. 

Este accidente es uno de los mas peligrosos de las 
embarazadas. Se produce las mas veces, por la facul- 
tad de contraerse del útero, que, en lugar de consumir- 
se para producir la inercia contra los obstáculos que 
se presentan, algunas veces se redobla con es tremada 
fuerza, como si se reforzara con ellos; pero por desgracia 
es para rasgarse el órgano. 

No hablando aquí de las pequeñas roturas del cuello 
que casi en todos los partos suceden y que no se es- 
tienden mas allá de su inserción en la vagina, diremos 
que en el momento del accidente, se siente un agudí- 
simo dolor en el lugar que se verifica, punzante, pare- 
cido á un calambre, que arranca un grito penetrante, 
al mismo tiempo que se siente un ruido de rasgadura 
ó chasquido, perceptible en ciertos casos por los circuns- 
tantes: luego se convierte el dolor, en una sensación 
de entorpecimiento, se esparse un suave calor por todo 



— 167 — 

el vientre, la enferma palidece, hay desvanecimientos, 
debilitación del pulso y sigue un verdadero síncope, es- 
tos síntomas no son mas que signos de la hemorragia 
que se verifica inmediatamente por el desprendimiento 
de la placenta. Esto es todo lo que se manifiesta en 
el momento de la rotura, durante los primeros meses 
de la gestación que no es palpable el útero por el vien- 
tre; ó en los meses siguientes, si el feto se coloca como 
tapón en la abertura formada, antes que pueda pasar 
algo á la cavidad del vientre, dejando en una seguri- 
dad tranquila un accidente que por sí solo nada ten- 
dría de grave, pues la herida da poca sangre y se ci- 
catrizaría pronto, y al cual sigue conmunmente una cal- 
ma completa de muchas horas y aun de algunos dias: 
calma dañina, pues luego, se contrae el útero, se des- 
prende la placenta totalmente, pasa con el feto y la 
sangre á la cavidad del vientre y comienza la serie de 
peligrosísimos accidentes que hemos delineado en la pre- 
ñez ^extra-uterina, á los cuales se agrega la hemorragia 
uterina abundante, y aun violentamente mortal, la infla- 
mación del útero, é introduciéndose una parte de intesti- 
no en la rasgadura, y contrayéndose luego el útero, la 
estrangulación, que es otra de las afecciones gravísimas 
que atacan á la especie humana. Cuando no ocurre 
el taponamiento de la rotura por el feto, se aplasta y 
pone blando el vientre, hundiéndose con facilidad lama- 
no arriba del puvis, en donde poco ha se palpaba el 
tumor duro y globuloso del útero, se reconoce el feto 
mas superficial y en un lugar en que no debiera es- 
tar, se distinguen mejor sus partes, y los últimos movi- 
mientos que ejecuta son agitados como convulsivos para 
cesar luego con su vida: se palpa también del otro lado, 
el útero desviado, reducido y pequeño; la muger sien- 
te un peso estraño: algunas veces sale sangre por la 
vulva: durante el trabajo, cesan los dolores, uego que 
se rasga el útero, deja de formarse bolsa de las aguas 
sin haberse roto ni salido agua por la vulva, la parte 
del feto que se presentaba sube hasta donde no se pue- 
de alcanzar, el cuello se recoje, y cuando hay que intro- 
ducir la mano al útero, se siente estrecho, se toca una 
parte del feto, ó de un intestino y aun la rotura. En 



— 168 — 

ciertas circunstancias no se observan estos síntomas, en- 
tonces solo la autopsia puede descubrirla. 

La rotura del útero es rara; pero es mas frecuente 
en la segunda que en la primera mitad de la gestación, 
en el parto lo es mas. Pueden rotarse todos los pun- 
tos del órgano; durante la gestación se verifica mas fá- 
cilmente en el cuerpo; en el parto, por estar mas adel- 
gasados y menos sostenidas, lo es en las inmediaciones 
del cuello: la causa influye bastante respecto del lugar 
de la rotura, si es una compresión esterior, revienta 
comunmente el útero en uno de los lados, si es conse- 
cutiva á una desorganización, sucede el accidente en el 
lugar que tenga su asiento, si un punto del útero está 
inerte, cuando lo demás se contrae, la fuerza se emplea 
en rasgar ese punto, finalmente un puñal, una bala &c, 
no tienen límites para herir. El tamaño, la dirección 
y la figura de la rotura son variables en los diversos 
casos, no siempre se agujera la pared del útero de uno 
á otro lado, sino también en parte de su grueso sola- 
mente por ejemplo la capa muscular. La distensión causa- 
da por una gran cantidad de agua amniótica ó por una pre-, 
ñez gemelar ó la flaqueza natural del útero, de ciertas 
mugeres, que debilitan su resistencia: una inercia par- 
cial, una inflamación ó congestión de una porción del ór- 
gano, las alteraciones del tejido como el squirro, el cán- 
cer, la transformación fibrosa, ciertos reblandecimientos 
sin inflamación, como cuando el promontorio es muy agu- 
do y va adelgasando la porción de útero que allí des- 
canza (Malgaigne, Anat. Chirurg.), que debilitan tam- 
bién la fuerza en la parte que tienen lugar y aun por 
sí solas la perforan, predisponen al útero á rotarse, si no 
lo ha hecho en el punto mas débil una violencia esterior, 
como una compresión fuerte, un golpe intenso, un es- 
fuerzo enérgico, como el vómito, el estornudo, la tos, 
el levantamiento de un gran peso &c, á lo que se 
agrega en el parto, las contracciones enérgicas, princi- 
palmente si hay un obstáculo para la espulsion del feto, 
contra el cual se ejercen en vano. 

Nada tenemos aquí que decir contra las roturas del 
útero; el médico es el que tiene que combatir la debili- 
dad de las fuerzas y la hemorragia inmediata; que pre- 
venir y curar las inflamaciones consecutivas, abrir ca- 



— 169 — 

ramo á las supuraciones que se establecen: hacer la 
estraccion del feto en la preñez avanzada, ya por el 
útero con la mano ó con el Fórceps, si es posible, ó ya 
por el vientre con la operación cesárea: desestrangu- 
lar el intestino en caso necesario: y por último, pro- 
ver á la consunsion de las fuerzas y á las fístulas con- 
siguientes en caso que triunfe la naturaleza de toda 
esta serie peligrosa de accidentes. 

§. VIII. Roturas de la vagina. 

También la vagina se rota algunas veces en cualquier 
punto de su estension; pero sus resultados, aunque 
son los mismos que en las del útero, nunca son tan 
apremiantes, y es mas fácil atacarlos. 

Resulta este accidente de compresiones prolongadas 
ó de tirones fuertes sufridos por la vagina. Son de 
las primei'as la permanencia prolongada de una parte 
considerable del feto y la mala aplicación del Fór- 
ceps, que obran rasgándola, perforándola ó produciendo 
una gangrena que al caer, deja una pérdida de sus- 
tancia mas ó menos grande: de las segundas, todos 
los actos que tienen por objeto hacer remontar al úte- 
ro de su lugar, como las maniobras imprudentes que 
se ejecutan en el vientre de las embarazadas, la prac- 
tica bárbara de sacudirlas en ese estado, que trae otros 
accidentes no menos graves, los esfuerzos para pene- 
trar al útero con una mano arrojada ó con un ins- 
trumento mal dirigido &c, y la misma contracción ute- 
rina, que no pudiendo hacer que avance la estremidad 
del feto qne está en la escavacion encajada por alguna 
causa, y no pudiendo reducirse del fondo para el cuello por 
impedírselo la fijeza de la otra estremidad fetal, lo hace 
del cuello para el fondo, estirando la vagina hasta rotarla. 
No tratamos aquí de las roturas de la mitad infe- 
rior de la vagina, que ya hemos referido en otro lu- 
gar, ó que por la pronto son motivo de una especie 
de hemorragia llamada Trombvs de la vulva, que aun- 
que es un accidente del parto, debemos considerarlo 
mejor como obstáculo á él. Las de la parte supe- 
rior, presentan los mismos síntomas que las del útero 
con la diferencia de su menor intensidad, asi es que el 

22 



— 170 — 

dolor en lugar de tener una agudeza inesplicable, se 
puede confundir con los del parto y no apercibirse del 
accidente sino cuando suspendido el trabajo, se busca 
la causa de este accidente, pues entonces se nota la 
rasgadura por lo común trasversal del conducto: el fe- 
to queda en su lugar, ó pasa parte ó todo á la cavi- 
dad del vientre, según las circunstancias de cada caso. 
Los cuidados que ecsige este accidente están en el 
mismo caso que el anterior. 

§. IX. Roturas del perineo y de la vulva. 

Este es otro de los accidentes que suceden en el 
trabaja. Ya hemos tenido ocasión de hablar de la rotu- 
ra de la horquilla que viene principalmente en las pri- 
merizas y se cicatriza prontamente sin accidente alguno; 
pero suele estenderse para atrás aun hasta el ano y su 
esfínter, que le da el resorte, y presentar una ancha 
abertura en la entrada de la vagina que si llega hasta 
el ano, da continuamente salida á los escrementos, y 
en lugar de placer, trae el coito ascos y disgustos á 
ambos consortes. Ardores y escorsores causados por 
el escurrimiento de la sangre y los loquios, llaman la 
atención para observar su causa y luego se ve la ro- 
tura. Recordaremos el caso anunciado antes de per- 
foración del perineo por la cabeza del feto, quedan- 
do intacta la horquilla, que ha sucedido alguna vez. 
Por último los grandes labios son el asiento algunas oca- 
siones de roturas trasversales mas ó menos profundas. 

Acontece el accidente de que tratamos, por la cir- 
cunstancia de verificarse un primer parto en una mu- 
ger avanzada en edad, cuyas carnes no tienen ya la 
blandura y elasticidad conveniente, por un parto acele- 
rado antes de haber ido cediendo por grados el peri- 
neo, por inclinación menor que de ordinario de la pel- 
vis que hace sea mas vertical la vulva, por estreches 
ecsesiva de la vagina, por inclinación anterior del úte- 
ro ecsagerada que empuja mas para atrás al feto, por 
la salida de una cabeza voluminosa, ó del occipucio 
por este lado, cuando la rotación interior se hace para 
atrás, por una grosera aplicación del Fórceps y en fin, 



— 171 — 

por no sostener bien el perineo en los últimos mo- 
mentos del parto. 

La enunciación de estas causas es con el objeto de 
prevenirlas en lo posible durante el trabajo, procuran- 
do destruir las que se puedan, dirigiendo vapores á es- 
ta parte cuando se ve resistir á la dilatación, apli- 
cando sobre ella alguna grasa, como manteca, aceites 
ó pomada de belladona, ecshortando á la muger á con- 
tener sus esfuerzos á fin de dar mas tiempo á que 
ceda el perineo sin rasgarse y sosteniéndolo con mayor 
cuidado. Si solo algunas lineas ocupa la rotura, se harán 
estar en contacto los labios de la herida mientras con la 
cicatrización se adhiere uno al otro, teniendo á la enferma 
con los muslos juntos por algunos dias y acostada por un 
lado para que los loquios no escurran por la herida: si la 
rotura es estensa, pronto deberá un cirujano poner una su- 
tura antes que cicatrizándose sin la adhesión conveniente, 
vengan los inconvenientes referidos, ó tenga que sugetarse 
á la avivacion cruenta de los bordes de la cicatriz, con 
menos probabilidades de sanar. Bajo estos principios 
se obrará en las roturas de los grandes labios. Se 
comprende ahora el efecto pernisioso que producen las 
aplicaciones de una sustancia entre los bordes de la 
herida, como la lista de polvos que recomiendan has- 
ta el fastidio. 

§. X. Síncope. 

Las mugeres muy débiles, ó muy nerviosas que con 
la mas ligera impresión se trastornan por cualquiera 
causa, son atacadas en cualquier estado, pero princi- 
palmente en el embarazo, el parto y el puerperio de 
una enfermedad de corta duración, con pérdida súbi- 
ta del sentimiento y movimiento, debilidad, y aun sus- 
pensión momentánea de la circulación y respiración con 
enfriamiento general (Moneret), que se llama sincope. 
Comienza por una sensación de acabamiento en el co- 
razón, que comunmente se refiere al estómago, luego vie- 
ne oscurecimiento de la vista, zumbido de oídos, pan- 
des de la cara, falta de fuerzas, y entonces cae al sue- 
lo la enferma, j aun se enfrian las estremidades, se 



— 172 — 

pierde la inteligencia o á lo menos el uso de la pa- 
labra, y en los casos estremos se suspende la circula- 
ción y la respiración. 

Ordinariamente es síntoma este accidente de una 
hemorragia ó al salir el feto de la falta de compresión 
que hacia en el vientre, principalmente cuando no se 
pare acostada; indica que falta sangre en el cerebro 
por la pérdida, ó por la repartición violenta que se 
verifica hasta las extremidades inferioras, en donde cir- 
cula por el embarazo en mucha menor proporción que en 
las partes superiores; pero otras veces es enfermedad 
por sí el síncope, causado por cualquier dolor, v. g. 
los de parto, por una fuerte impresión, como un sus- 
to, una cólera, un gran ruido, la vista ó tocamiento 
de un objeto que causa horror, un olor fuerte &c, 
dtspues de una fatiga, como la del trabajo y otras. 

Es necesario luego que se nota el síncope, que no se 
confundirá con un ataque de sangre al cerebro, el cual pre- 
senta rubicundes de la cara, los ojos y los labios 
y un pulso fuerte, se acostará horizontalrnente á la en- 
ferma se le acercará á la nariz éter, amoniaco ó aguar- 
diente, no se le moverá absolutamente hasta que pase, 
y se verá si no depende de una hemorragia para pro- 
ceder luego, ó de falta de compresión en el vien- 
tre para aplicar la mano ó una compresa arriba del 
puvis. Si se prolonga y causa temores, se consultará 
un médico para que administre medicamentos enérgicos 
ó según las circunstancias, termine prontamente el parto. 

§. XI. Convulsiones puerperales. 

Como la anterior es esta una enfermedad nerviosa 
que consiste en la contracción involuntaria de los mús- 
culos con perturbaciones cerebrales que pueden ir has- 
ta la pérdida completa de la inteligencia. Cuando la 
contractura, invade á todos los músculos, se llama 
eclampsia, epilepsia puerperal ó histérico puerperal. 

Algunas horas ó dias antes se anuncia el accidente 
muchas veces por malestar, agitación, violencia, estre- 
mecimientos, dolor fuerte de cabeza que con nada se 
quita, aturdimientos, zumbido de oidos, oscurecimiento 
de la vista, nauseas, mirada fija, semblante estúpido y 



— 173 — 

aun trastorno intelectual; suele haber calosfrió, y por 
último, durante el trabajo, irregularidad de las con- 
tracciones uterinas que se hacen continuas. El acce- 
so con estos anuncios ó sin ellos, se manifiesta por la 
pérdida repentina del conocimiento, quedando la enfer- 
ma en su posición, sin entregarse á movimientos de 
sordenados; mueve rápidamente los ojos y luego que- 
dan fijos para un lado; los parparos son agitados de 
temblores bastante visibles asi como los labios, la bar- 
ba y la lengua, que es herida por los dientes, si no se 
toman precauciones; el tronco y los miembros se ponen 
rígidos y temblorosos, torciéndose los brazos de fuera 
para dentro con extrordinaria fuerza y cerrándose las 
manos; hay espuma en la boca, la respiración es rui- 
dosa é irregular, algunas veces se suspende; suele ha- 
ber vómitos, y salida involuntaria de orina y escremen- 
tos, el útero queda inerte unas veces y otras es el asien- 
to de contracciones irregulares y tan fuertes que aun se ro- 
ta, el pulso es ancho y fuerte unas ocasiones, otras delga- 
do; al fin viene por lo común un abundante sudor. ^ 

Este es el cuadro de un acceso de eclampsia 6 de 
convulsiones generales, el cual es muy raro, pues lo 
que se observa con mas frecuencia es convulsiones par- 
ciales de una sola parte. Después del acceso queda 
un sopor mas ó menos profundo y un cansancio general 
que se disipan gradualmente, á no ser que se repitan 
muchos accesos, pues entonces son continuos. Puede 
seguirse la muerte de la madre y del feto en esta en- 
fermedad; pero por lo menos deja entorpecimiento de los 
sentidos y de la inteligencia, y pérdida déla memoria por 
algún tiempo; espone á sufrir operaciones para terminar 
el parto y si vive el feto, nace con convulsiones. 

Es muy rara esta enfermedad en los primeros cinco 
meses del embarazo, inmediatamente después del parto 
se está mas espuesto: es mas frecuente en las prime- 
risas y en las que ya la han sufrido, y lo mismo ata- 
ca á las pletóricas que alas débiles; la producen la 
distensión ecseciva del útero la causa del edema de las 
piernas y muy particularmente de la hidropesía general, 
un obstáculo para el parto, una descarga dificultosa el 
reanversamienco del útero y se dice, que una impresión 
moral viva ó un dolor fuerte. 



— 174 — 

Dejamos al médico que se consulte, la distinción de 
las convulsiones puerperales de las otras enfermedades 
con que pueden confundirse, y llenar las indicaciones 
urgentes que ecsigen. 

§. XII. Otras enfermedades. 

1. ° Cuando durante el trabajo sea atacada una 
muger de una hemorragia del pulmón, por la cual 
desgarre al tocer bastante sangre, puede ser preciso 
aplicar el Fórceps ó hacer la versión del feto. 

2. ° En una asmática, en quien fuera mucha la 
angustia para respirar, podría también ser necesaria la 
estraccion del feto. 

3. ° Lo mismo decimos de las afectadas de un aneu- 
risma, cuando durante el trabajo se repiten con mu- 
cha frecuencia las palpitaciones y la ansiedad. 

4. ° Otro tanto debe hacerse, cuando ocurren vó- 
mitos de sangre. 

5. ° Es muy posible que una hernia intestinal se 
aumente, inflame ó atasque para estragularse con los 
esfuerzos del trabajo; por tanto, es necesario para evi- 
tar estos peligros ecsecivos, tener acostada á la en- 
ferma precisamente durante el parto, hacer entrar el 
tumor al vientre con los dedos si es reducible y com- 
primir durante cada dolor el punto por donde sale, con 
una mano ó con un lienzo muy doblado, y reiterar los cui- 
dados en el segundo tiempo: si no es posible reducirlo, se 
sostendrá con una pelota de lienzos cóncava, y si á pesar 
de estos cuidados, se pone dolorosa la parte y vienen otros 
síntomas estraños al parto, se dejará al médico que lo ter- 
mine pronto y combata los accidentes graves que se oca- 
sionan. 

6. ° Para la hernia del útero y su salida fuera 
de la vulva que desde el embarazo deben estar al 
cuidado de un médico, no tenemos nada que aconsejar aquí. 

§. XIII. Inserción de la placenta sobre el cuello uterino. 

El óvulo al entrar de la trompa al útero suele des- 
cender sin saberse por qué, hasta las inmediaciones y 
aun sobre el cuello uterino, y allí formarse la pía- 



-175 — 

centa. Resulta de aquí que desde el 5.° mes déla 
gestación, en cuya época está ya desarrollada la pla- 
centa, al seguir creciendo la parte inferior del útero 
con rapidés se van rotando los vasos que la unen con 
este y comienzan á producirse hemorragias que se re- 
piten con mas abundancia y frecuencia á proporción 
que se acerca el parto, en cuyo acto se hace peligro- 
sísima, por el desprendimiento de la placenta que es 
consecuencia de la dilatación del cuello, y por otra 
parte se retarda el trabajo. 

Una hemorragia poco abundante sin motivo, ni sín- 
tomas precursores al 5. ° ó 6. ° mes de la gestación ad- 
vierte este accidente; á los pocos dias y aun á las tan- 
tas horas se repite mas duradera y abundante y si- 
gue asi haciéndose mas frecuente y grande hasta el 
parto: se siente á través del cuello un tumor grueso, an- 
cho que ocupa todo el estrecho, blando, como carnoso 
y que impide practicar el balotéo: cuando ya puede 
penetrar el dedo dentro del cuello, se toca un cuágu- 
lo de sangre que entra de la vagina y está adherido 
á un tumor carnudo, como pulposo, parecido á una co- 
liflor tierna y abrasado por toda la circurferencia del 
cuello, de la cual si se desprende sale mas sangre, y se 
sienten las roturas que se hacen: en el trabajo no se 
forma bolsa, y se aumenta la pérdida de sangre du- 
rante el dolor, á diferencia de cuando el flujo es de otra 
parte del útero, que cesa mientras la contracción; por 
último, cuando se engasta la cabeza en el cuello y 
comprime las roturas, cesa la hemorragia que era tan 
abundante poco antes. Si la placenta no cubre todo el 
cuello, hay un espacio libre por donde se introduce 
con libertad el dedo, y solamente en los demás de la 
circunferencia se notan los signos referidos que no pre- 
sentan las membranas solas. Si está implantada en las 
inmediaciones del cuello, recorre como de ordinario el 
dedo toda su circunferencia entre este y las membra- 
nas y solamente llevándolo mas adentro y recorrien- 
do todo el contorno, es como se siente hacia un lado 
un borde de la placenta mas grueso que las membranas 
v con los caracteres dichos. 

Las hemorragias que produce este accidente en la 
gestación y en el trabajo, si consigue llegar la en- 



— 176 — 

ferma á esta época, y el retardo de este acto, son muy 
comprometidos para un profesor que puede verse obli- 
gado á provocar el parto prematuro, y terminarlo pron- 
to, desprendiendo la placenta, lo cual causa una nue- 
va hemorragia, y aun atravesándola con una sonda pa- 
ra que salga agua del Amnios y se redusca el útero. 



ARTICULO II. 

En el feto solamente. 

Los accidentes que preceden afectan á la madre y 
al producto de la concepción al mismo tiempo. El 
feto sufre antes de nacer varias enfermedades, que 
cuando se reconocen á tiempo, para salvar su vida obli- 
gan aun á violentar el parto. Por desgracia la ma- 
yor parte de sus padecimientos no se manifiestan por 
signos que den á conocerlos, sino cuando espulsado, se 
busca la razón de su muerte. Todo lo que podemos 
decir, por tanto, se reduce á lo que llevamos referi- 
do en la parte que trata del Pronóstico del parto y 
en los accidentes que preceden; tratando de los obs- 
táculos del parto tendremos todavía que llamar la aten- 
ción hacia este lado; ahora solamente trataremos del 
descendimiento del cordón, de lo que se sabe sobre los 
padecimientos del feto dentro del útero y de su muerte. 

Salida del cordón. 

Acontece algunas veces que antes de la espulsion 
del feto se desliza el cordón entre el estrecho superior 
y la parte del feto que se presenta; y desciende á la 
vagina y aun fuera de la vulva, entonces es compri- 
mido al avanzar el feto, y si sale fuera de las partes se 
enfria con el contacto del aire, resultando de estas dos 
circunstancias la interrupción de la circulación entre 
el útero y el feto y en consecuencia, la muerte muy 
pronta de este individuo. 

Es raro el accidente que nos ocupa y sobreviene en 
todas las presentaciones, por la mucha longitud del 
cordón por la inserción de la placenta cerca del cue- 



— 177 — 

lio uterino ó por una presentación que le permita des- 
canzar en la bolsa de las aguas, por un obstáculo al 
parto en el estrecho superior, que no dejando acomo- 
darse bien en su circunferencia la parte que se pre- 
senta, deja un hueco por donde se desliza; por un fuer- 
te golpe de agua al romperse la bolsa, ó por la sa- 
lida de un pie ó una mano que le sirva de guia. 

Nada es mas fácil reconocer que el cordón cuando 
pasa de la vulva ó cuando cae á la vagina una bue- 
na porción: no asi cuando apenas pasa del estrecho y 
menos si aun no está rota la bolsa; sin embargo, en los 
reconocimientos que se hacen durante el trabajo, se 
estraña en el estrecho superior una cuerda que huye 
á la presión, y que teniendo largo rato la punta del 
dedo sobre ella, deja percibir en los intervalos de los 
dolores, pulsaciones muy violentas como el balancín de 
relox, á diferencia de los que suele producir el cue- 
llo del útero, que son isócronos con los del pulso de 
la madre; esto la distingue de un retaso de las mem- 
branas ó de los pliegues de la parte del feto que se 
presenta, y no se confunde con la disposición muy 
extraordinaria y rara de los vasos del cordón, que he- 
mos anunciado en la hemorragia uterina, en que pasa 
de uno á otro lado del cuello dilatado la arteria, por 
el poco grueso que se reconoce á esta. 

Cuando se trata de una presentación de vértice ó 
de cara, es muy urgente la introducion del cordón has- 
ta arriba de la cabeza del feto: para esto se intro- 
duce en uno de los agujeros de una sonda de me- 
diano grueso, un retaso de cinta delgada y se fija con 
el arambre central; se amarra con el otro estremo 
de la cinta la parte salida del cordón sin apretarla, 
enrredándola como bola si es larga; se introduce lue- 
go la sonda por una sínfisis sacro-iliaca, sirviendo el 
dedo de conductor, de llevarse también el cordón y de 
no dejarlo escapar de la cinta; se lleva para arriba 
dentro del útero lo necesario para que pase sobre el 
estrecho el cordón y se mantiene asi hasta que se en- 
eraste la cabeza ó la cara en la escavacion; entonces 
se saca el arambre de la sonda, luego esta, dejando 
dentro la cinta, y se verá en los dos ó tres dolores si- 
guientes si no vuelve á salir el cordón. ¡M no pro- 

■¿o 



— 178- 

duce el resultado intentado esta pequeña operación, 
pronto se hará que un cirujano lo reduzca con la ma- 
no, guardando las reglas que ha enseñado la^ espe- 
riencia ó violente la terminación del parto. En una 
presentación de un laclo del tronco, ó cuando hay un 
obstáculo para el parto, estamos en que ya hace tiem- 
po está el caso bajo su influencia. En la de pelvis 
y en los casos en que se está seguro de la muerte del 
feto, no hay que hacer contra la salida del cordón maniobra 
alguna; pero no se debe inferirla muerte solo por la falta de 
pulsaciones de este: pues si macerado, muy blando, ver- 
doso y frió, no hay duda que es de un feto muerto, 
no así en las circunstancias contrarias en que se han 
visto cesar sus pulsaciones por un cuarto de hora, sin 
resultar la muerte del feto. 

Otros accidentes. 

1. ° La rotura prematura déla bolsa hace que la di- 
latación del cuello sea difícil ó dolorosa, por producir- 
la una parte dura y desigual como es la parte del fe- 
to que se presenta: si se escurre mucha agua se des- 
prende la placenta antes de tiempo y se produce una 
hemorragia mas ó menos grave para la madre y mor- 
tal para el feto: sobre todo, comprimiendo el cor- 
don entre este y el útero contraído, se interrumpe 
la circulación antes que pueda respirar, y faltando la 
agua sufre con mucha anticipación el feto los efectos 
de la prolongación del trabajo. Es conveniente pol- 
lo mismo, en obsequio de la vida del feto, intervenir 
pronto en la terminación del parto en estos casos. 

2. ° Cuando se enreda el cordón en una parte del 
feto, se comprimen los vasos que lo forman y se sus- 
pende la circulación de la sangre entre la madre y 
el feto, que muere si aun no respira: ademas si la 
parte en que se enrreda es el cuello, se agrega á 
esto que la constricción que causa, tan fuerte algunas 
veces que deja muy profundas señales al rededor del 
cuello del feto, interrumpe la circulación de la ca- 
beza, viniendo un ataque de sangre al cerebro. An- 
tes de poderse reconocer con el dedo este accidente, 
es muy difícil diagnosticarlo, como veremos al hablar 



— 179 — 

de la cortedad del cordón como obstáculo para el par- 
to: se lia creído oir en estos casos un ruido de soplo 
particular del cordón; pero son necesarias nuevas rec- 
tificaciones: la salida del meconio casi siempre indica 
que sufre el cordón una fuerte compresión. 

3. ° Cuando el feto se entrega á movimientos ec- 
sagerados, y se aceleran los latidos de su corazón, es 
probable que padece. Cuando son muy débiles los la 
tidos y sobre todo irregulares é intermitentes, que ce- 
san durante la contracción del útero y después vuel- 
ven con mucha lentitud, es de temerse que el feto pa- 
dece gravemente, y de hacer se sustraiga del peligro. 
Cuando el feto ejecuta movimientos fuertes y desor- 
denados y luego débiles para suspenderlos completa- 
mente, se cree generalmente que es cuando agonisa y 
muere. La salida del meconio, no siendo presenta- 
ción de nalgas, con la agua del Amnios es un sig- 
no fatal. Por último, las enfermedades graves de la 
madre, y la existencia de accidentes ú obstáculos du- 
rante el parto, permiten sospechar los padecimientos 
del feto. 

A esto se reduce lo que se sabe de las enfermeda- 
des del feto dentro del útero. Algunas veces nada 
indica que está en peligro, y sin embargo se ve na- 
cer en tal estado de sufrimiento que no ha sido po- 
sible hacerlo respirar. En general siempre que se 
vea espuesta la vida del feto deben tomarse las pro- 
videncias convenientes para salvarlo, tanto mas cuan- 
to que somos católicos. 

Muerte del feto. 

En los primeros tiempos del embarazo es difícil co- 
nocer la muerte del embrión dentro del útero: después 
es fácil inferirla. Algunas veces la causa que ocurre da 
indicios de su funesto efecto: en tal caso está una en- 
fermedad muy grave de la madre, un golpe fuerte, sa- 
cudimiento ú otra violencia esterior sobre el vientre y 
otras por el estilo. . 

Se nota que el vientre se afloja, disminuyéndose el 
volumen del útero pasando el tiempo, mas bien que 
seguir creciendo, y se va de uno á otro lado según se 



— 180 — 

inclina la enferma, obedeciendo á su peso: se 
te un peso incómodo en el vientre bajo, pesantes en 
los lomos: los senos se marchitan: vienen calosfríos, 
calentura, fetides del aliento: dejan de sentirse los 
movimientos propios del feto y los latidos do su co- 
razoncito. Después de la rotura de la bolsa, duran- 
te el parto, si ya hace tiempo que está muerto el fe- 
to, no se forma el tumor de la cabeza ordinario, al 
contrario está blanda la piel y se deja arrugar, los 
huesos se sobreponen mas do lo ordinario, y si se fro- 
tan unos con otros hay una especie de chasquido: cuan- 
do muere después de formado el tumor, no hay mas 
que aguardar á que pasen tres ó cuatro horas para ver que 
se ablanda dicho tumor, se observan la flojedad de 
la piel y la sobreposicion de los huesos durante el dolor, la 
cual no cesa cuando pasa, asi como el tumor que forma la 
piel al recojerse los huesos, al contrario de lo que sucede en 
el vivo. 

En la presentación de cara la blandura de los la- 
bios, la de la lengua y su inmovilidad, al contrario 
del feto vivo en que son firmes estas partes y ejecu- 
tan movimientos, deben hacer creer en la muerte de él. 

En la de pelvis se nota cuando el feto está muerto que no 
presenta resistencia el ano cuando se introduce en él 
un dedo. 

De todos los signos el mas seguro es la falta de 
pulsaciones en el corazón, notada por algún tiempo en 
varias esploraciones, pues sucede con frecuencia en el 
feto vivo que no se perciban durante el dolor para 
escucharse después. 

Se previene este accidente combatiendo las causas 
que hemos ido señalando en los lugares respectivos. 
Muerto el feto nada hay que hacer, si no está rota la 
bolsa, recordando lo que hemos dicho tratando del puer- 
perio; pero si lo está, es conveniente, para salvar á 
la madre, consultar un médico hábil y prudente. 



— 181 — 
CAPITULO II. 

Después del parto. 

ARTICULO I. 

En la madre. 

Muchos de ios accidentes descritos antes s» presen- 
tan también después del parto, la inercia del útero, 
con su hemorragia terrible, el síncope, la eclampsia y 
otros, son bastante frecuentes, ya hemos anunciado va- 
rias inflamaciones y la fiebre de reabsorción que también 
atacan á las paridas: las enfermedades antiguas se ecsaspe- 
ran y agravan en estas circuntancias, como la tisis pulmo- 
nar, los aneurismas, el cáncer del útero &c. Nada tene- 
mos pues que agregar á lo dicho en cada lugar respectivo: 
por fin, ya hemos tratado del hinchamiento de las mamas. 
Restaños solamente dar á conocer el reanversamiento del 
útero los pujos uterinos y algunos otros accidentes que vie- 
nen á las mugeres después del parto. 

Reanversamiento del útero. 

Este es un accidente que consiste en que el fondo 
del útero cae en su cavidad misma, quedando en ella ó 
atravesando el cuello, ó descendiendo á la vagina, ó salien- 
do fuera de la vulva, de modo de invertirse haciéndose ex- 
terior su superficie interna y al contrario. 

Es el resultado de tirones en el trabajo por la cortedad 
del cordón ó su enredamiento en una parte del feto, ó por 
una mano imprudente durante la descarga, antes del 
desprendimiento de la placenta; de un parto acelerado, 
principalmente si ha sido sorprendida por él la muger en 
situación parada ó lo que es mas frecuente de que atacado 
de inercia el útero, posen sobre su fondo los intestinos. 

Se anuncia este accidente por un dolor sobre el pú- 
vis, acompañado de necesidades urgentes de mear y 
evacuar los escrementos, que lo hacen muy intenso y 
aumentan el reanversamiento, por palides de la cara y 
síncopes, debilidad y aun insensibilidad del pulso, y 
«i está desprendida la placenta aunque solamente sea 



— 182 — 

en parte, por una hemorragia, que existiendo con fre- 
cuencia la inercia del útero, es por desgracia fulmi- 
nante. Estos síntomas son tanto mas intensos, cuan- 
to mas completo es el reanversamiento, y hacen llevar 
el dedo á la vagina para buscar la causa, reconoci- 
miento que hemos recomendado para todos los casos des- 
pués de la descarga, y con el cual si el fondo no ha atrave- 
sado el cuello, se toca á media pulgada á lo mas dentro del 
cuello una superficie dolorosa: cuando cae en la va- 
gina, se siente un tumor doloi-oso, globuloso ó alarga- 
do, según el tamaño de la porción que ha salido por 
el orificio uterino, rodeado arriba por el borde del cue- 
llo: si aun no se desprende la placenta del útero, aun- 
que es difícil recorrer todos los puntos del tumor, con 
paciencia puede ser distinguido, por lo doloroso del to- 
camiento que no tiene la placenta, y ademas, hay un 
vacío sobre el púvis en que se hunde la mano en lu- 
gar del tumor globuloso, duro &c. del útero que ec- 
siste ordinariamente: si el útero reanversado llena la 
vagina, no se alcanza á recorrer la circunferencia del 
cuello: en fin, cuando sale fuera de la vulva el útero, 
se trae la vagina, arrugándola ó reanversándola; el tu- 
mor doloroso y colgante entre los muslos entra mas 
ó menos en la vagina según queda en su posición ó 
desciende también, y lo abrasa el cuello que no re- 
anversándose, bien que algunos eren lo contrario, ofre- 
ce á su alderredor el rodete referido. Se concibe que 
en estos dos últimos casos tampoco cesiste sobre el pú- 
vis el tumor ordinario del útero. 

El reanversamiento del útero se cura por sí solo 
algunas veces, cuando los ligamentos anchos y redon- 
dos recobran su contractibilidad habitual: otras no lo 
hace en lo restante de la vida, por lo pronto se in- 
flama y aun se estrangula por el cuello. En muchos 
casos debe combatirse la inercia coecsistente, la hemor- 
ragia &c; pero lo urgente es reducir el útero á su 
lugar por una operación que corresponde practicar al 
cirujano, con mayor razón si aun no se despega de 
él la placenta, asi como atacar los accidentes que so- 
brevienen. 



— 183 — 
Pujos uterinos ó Entuertos. 

Cuando describimos «1 modo de volver á sus con- 
diciones naturales el útero después del parto, por con- 
tracciones intermitentes, notamos que algunas veces 
son dolorosas, llamándose entonces pujos uterinos ó en- 
tuertos: es llegado el momento de estudiarlos. 

Cada contracción se acompaña de un dolor arriba 
del púvis que se alivia con la presión, de endurecimien- 
to y reducción del globo uterino y aun calentura, se- 
guidas de la salida de un cuágulo de sangre ó reta- 
so de membranas, ó de un golpe de loquios mas abun- 
dante que en los intervalos: sigue luego una calma 
completa con cesasion de la calentura: después vuelve 
otra contracción y asi succesivamente. Son débiles y 
retardados al principio y luego siguen vivos y repe- 
tidos: muy fuertes cuando son producidos por un gran 
cuágulo y siguen asi hasta que es espulsado: se des- 
piertan cada vez que toma el recien nacido el peson 
principalmente si tiene grietas. Atacan con mas fre- 
cuencia é intensidad á las que ya han parido otras ve- 
ces y á las que lo hacen con mucha rapides, que á las 
que se encuentran en las circunstancias opuestas. De- 
saparecen con la calentura de leche; pero suelen volver 
después de algunos dias: sucede también que no ce- 
san con la calentura, sino que duran los siete ú ocho 
primeros dias que siguen al parto. 

Se previene con la compresión que hemos cucho se ha- 
ga en el vientre: ó con el cuernecillo de centeno. Se 
quita lo doloroso á estas contracciones tan nece- 
sarias para la espulsion de los depósitos que se hacen 
dentro del útero, tanto mas grandes cuanto mas cansa- 
do está este órgano, con aplicaciones al vientre o a la 
vulva de cataplasmas calientes, si no ha habido antes 
hemorragia, de malva ó linaza solas ó con láudano o 
de aceites tibios con láudano, ó con una, lavativi a dedos 
cucharadas ó medio posillo de cocimiento de almidón y 
seis ú ocho gotas de láudano, ó en fin abriendo con 
dos dedos el cuello del útero, si se siente que esta con- 
tenido algún cuágulo de sangre, para favorecer su es- 
rmlion. Pero antes se debe estar seguro de que se 
Sata de entuertos y no de una de las inflamaciones 



— 184 — 

de las paridas, que produce calentura y dolor continuos: 
se ecsaspera con la presión la parte dolorida, y tie- 
nen otros síntomas estraños; y también de que no co- 
siste ó amenaza una hemorragia, para no agravar los 
males con las medicinas referidas. Si á pesar de es- 
to no se destierrau los dolores, ó hay alguna de es- 
tas enfermedades, se hará que un médico aplique me- 
dicamentos mas enérgicos ó los apropiados á cada 
afección. 



Otros accidentes. 



1 . ° Algunas veces se hace después del parto una 
pérdida de sangre muy fluida, capaz de penetrar por 
el tapón mas apretado, aun cuando no haya inercia del 
útero, y depende las mas veces de la presencia en el 
interior del útero de una porción de las membranas 
ó de cuágulos no espulsados, que ecsitan la afluencia 
de la sangre como cuerpos estraños y obligan á practi- 
car su estraccion y á combatir la hemorragia. 

2. ° Varias ocaciones se presentan en que los lo- 
quios son fétidos, que cuando no lo son por falta de 
limpieza, constituyen un signo fatal para la vida de 
la madre: otras son color de café y olor de cadáver 
que indican la ecsistencia de alguna gangrena interior; 
otras son parecidas á las lavaduras de la carne que 
provienen de un cáncer del útero: otras en fin, ofrecen 
caracteres estraños, que deben llamar la atención de la 
matrona. Cuando se quedan algunas porciones de secun- 
dinas ó todas en el útero ó la vagina, tocándolas el 
aire, se corrompen y convierten en un líquido pulposo, 
mal ligado, fétido y do color moreno, amarillento y aun 
verdoso, que en parte sale al exterior con porciones no 
desechas de secundinas, inflamando cuanto toca, y en 
parte reabsorvido para mesclarse con la sangre que 
circula en los vasos y producir inflamaciones gravísi- 
mas y lo que es mas temible, una fiebre pútrida de 
las mas peligrosas que atacan á la especie humana 
(v. Aborto): cuando ñolas hiere el aire, no se descomponen 
ni producen accidente alguno permaneciendo dentro ha^- 



— 185 — 

ta su espulsion (*): cuando la placenta queda adheri- 
da en pai^te al útero, sigue desarrollándose para for- 
mar una mola ú otro producto extraordinario: en fin, 
reabsorviéndola la cara interna del útero, desaparece. 
Cuando los loquios son de mal aspecto y de mal olor, 
se harán las lociones de la vulva con mas frecuencia 
que de costumbre, se geringará repetidas veces la va- 
gina con cocimiento tibio de malvas, romero, manza- 
nilla ú otra yerba aromática, hasta que desaparezca 
la fetides: se verá si se presenta al cuello del útero 
algún resto de membranas, se estraerá con dos dedos, 
ó con unas pinzas guiadas por el dedo, ó se encarga- 
rá su extracción á un cirujano. Si no cambia el aspec- 
to de los loquios: si se presenta algún signo de fie- 
bre ó de inflamación por ligero que sea: ó se trata de 
los demás casos referidos arriba, se consultará inme- 
diatamente á un médico para que gane tiempo y ataque 
con ventaja los accidentes. 

ARTICULO SEGUNDO. 

En el recien-nacido. 

Espulsado el feto sufre accidentes de los que es pre- 
ciso estudiar algunos. El enredamiento del cordón al 
rededor del cuello, puede ahorcarlo, si no se procura 
impedirlo, como ya espusimos. No siempre da al nacer 
el grito fuerte que anuncia el establecimiento de la res- 
piración, ó lo da muy débil y como ahogado, lo cual 
depende de que está en uno de dos estados de sufri- 
miento muy opuestos, pues ó está apoplético ó está muy 
débil. Otros accidentes ocurren que vamos á describir. 

Congestión. — Qpoplegía. 

Cuando el trabajo ha sido prolongado, y penoso, prin- 

( *) En principios de 846 estraje unas secundinas, que según 
me asegure eran de un parto verificado tres meses antes, y que; 
en parte habían permanecido en la vagina y parte en el útero, 
sin 'accidente alguno, siendo llamado solamente porque presen- 
tándose a la vulva, inquietaba á la enferma una cosa tan en- 
traña para ella; únicamente estaban reblandecidas en la cara 
que veía parala vulva. ¡La partera aseguro cuando el parto, 
que habían salido las secundinas! 



— 186 — 

cipalmentc si la icion ha sido peligrosa, ó 

cordón ha ceñido el cuello, ó el niño está natural- 
mente pictórico, se llenan mucho de sangre los va 
del cerebro y aun se derrama en este órgano, resul- 
ta otro tanto en los pulmones, y el peligro es inminen- 
te. Sucede también que establecida la respiración, se 
renueva el accidente ó se presenta por primera vez. 

Es fácil diagnosticar este estado. Todo el cuerpo pa- 
rece hinchado y está de un azul violado y aun negrus- 
co: esto es mas marcado en la cara, principalmente si 
el cordón estaba enredado en el cuello; por otro lado, 
la respiración y los movimientos son imperceptibles, los 
latidos del pulso y del cordón, obscuros; pero el calor y la 
flecsibilidad de los miembros, están en su estado natural, 

Es evidente que en estos casos se debe hacer que 
el cerebro y los pulmones no reciban tanta sangre pa- 
ra que entren en acción. Para conseguirlo, antes de 
ligar el cordón, se dejará luego que se corte, que es- 
curran una ó dos cucharadas de sangre (*) si por es- 
tar muy embargada la circulación, no sale sangre se in- 
troducirá al infante en un baño tibio y se esprimirá 
dicho cordón repetidas veces, y aun se pondrán en la nuca 
cuatro ó seis sanguijuelas: entretanto se examinará el in- 
terior de la garganta, para ver si contiene mucosidades, y 
en tal caso, se quitará este obstáculo á la entrada del aire, 
llevando hasta allá el dedo pequeño de una mano, ó las 
barbas de una pluma (**), y se estraerán con suavidad. 
Cuando el accidente ocurre después de haber respira- 
do, no se puede sacar sangre sino con sanguijuelas. 
Conseguido el fin de que se restablesca la respiración, de- 
sapareciendo gradualmente los demás síntomas, lo cual 
se consigue las mas veces, se procede á la ligadura del 

(*) Va se entiende que ante todo se debe cumplir con los 
deberes do cristiano, en este y en cualquier otro peligro del feto. 

(**) La operación bárbara llamada paladeó, que en nada Be 
parece á esta y que solo en estos casos se empica, ya no la consien- 
ten por fortuna las madres amorosas: las bocanadas de humo, que 
se arrojan á la cara de los recien-nacidos cuando mas que nunca 
debieran estar rodeados del aire mas puro, matan aun a los que 
están en perfecta salud: por ítltimo, la levantada de la mollera, el 
redondeamento de la cabeza, el estiramiento de las narices, el en- 
derezamiento de las piernas &c, solo sirven ya para los que bus- 
can males al genero humano que vive en sociedad. 



— 187 — 

cordón, á su curación y todo lo demás que ya hemos 
prescrito, y se acostará al recien-nacido con la cabe- 
za alta. Si el caso es muy grave, se consultará, sin 
dejar de emplear los medios prescritos para el estable- 
cimiento de la respiración. 

Debilidad. 

Por el contrario, otros niños vienen al mundo sin la 
cantidad suficiente de sangre para vivir: la piel está pá- 
lida, descolorida y fria, las carnes están flojas y col- 
gantes, no hay movimientos ni respiración, y el cora- 
zón aunque late, lo hace débilmente. 

Este estado resulta de un parto laborioso y prolon- 
gado, ó terminado con rapides, v. g. por la versión, que 
haya sido necesaria por el accidente ejecutivo de una 
hemorragia, y mas que otra la que ocasiona la inser- 
ción de la placenta sobre el cuello, ó por la rotura de 
alguno de los vasos del cordón: de que la madre sufre 
una antigua enfermedad de las que consumen: en fin, los 
nacidos prematuramente vienen por lo común exangües. 

Las indicaciones que tienen que llenarse en estes 
casos son opuestas á los anteriores, pues ahora se 
trata de aumentar la poca cantidad de sangre que cir- 
cula en los vasos del recien- nacido y de darle la 
vida que le falta. No siendo fácil llenar la prime- 
ra, á lo menos debe hacerse lo posible para que no 
se pierda la poca que hay, absteniéndose de cortar el 
cordón mientras haya latidos en sus vasos, y para que 
se establcsca la respiración que vivifica la que circula. 
Se mantendrá, pues, el calor del cuerpecito, envolvién- 
dolo en lienzos bien calientes, dejando descubierta la ca- 
ra por supuesto; teniéndolo en frente de un fuego que 
no dé humo, ó mejor sumergiéndolo en un baño calien- 
te de agua con vino ó aguardiente, y estimulando la 
piel con fricciones hechas con la mano, una lanilla o 
un cepillo secos, ó humedecidos con vinagre, aguardien- 
te ú otro licor ecsitante: se provocarán los movimientos 
de la respiración, dando al infante golpes ligeros en las 
espaldas y en las nalgas; rociando con fuerza el pecho 
con aguardiente, v. g. tomando un buche de este liqui- 
do y soplando fuertemente; acercándole a la boca aguar- 



— 188 — 

•liento ó vinagre; introduciendo á la garganta las bar- 
bas de una pluma mojadas en vinagre, cuya operación 
sirve ademas de estraer las ílegmas que estorban la en- 
trada del aire á loa pulmones; empujando por el ano 
con una geringa, humo de papel; y sobre todo insuflan- 
do aire á los pulmones, lo cual se hace mas espeditiva- 
mente, aplicando la boca en la del infante inmediata- 
mente ó por el intermedio de un tubo introducido basta 
lagargantita, para soplar un momento con una fuerza me- 
diana, dejando de soplar luego, mientras un ayudante 
comprime el pecho y el vientre otro momento, cesando 
de comprimir entretanto se vuelve á soplar, dejando de 
soplar para comprimir y aáí alternativamente, fingiendo 
la respiración natural. Se insistirá en estas maniobras 
con perseverancia hasta que se cstablesca la respiración, 
aun cuando pase mucho tiempo: después de tres ó cuatro 
horas de estar empleando los medios referidos sin inter- 
rupción, se ha conseguido el objeto en infantes de cuya 
vida ya no se tenían esperanzas: el calor continuado so- 
bre todo ha podido revivir á algunos. Tan luego como 
se consigue el establecimiento de la respiración, se co- 
mienza por ligar el cordón, y luego se corta, se cura 
el ombligo &c, y se acerca á la madre para que le co- 
munique su calor. Pronto diremos las dificultades que 
hay para que mame. 

Otros accidentes. 

1 -° Algunas veces no se cicatriza el ombligo pron- 
to, y la supuración se prolonga por mucho tiempo: es- 
to depende de una de dos causas muy opuestas. Unas 
veces por el roce del vestido, no pocas por aplicacio- 
nes irritantes en esa parte y otras por eeseso de vida del 
infante, se pone caliento y doloroso el ombligo, se for- 
ma á su alrededor un círculo rojo é hinchado, en una 
palabra hay ahí una inflamación supuratoria manifiesta. 
Al contrario, se prolonga la supuración en algunos niños 
por debilidad, así es que el ombligo está descolorido, 
delgado, frió, y produciendo una supuración muy agua- 
da. Cuando se prolonga la supuración, por inflamación 
del ombligo, se deberán aplicar sobre él defensivos do 
malvas, adormideras, yervamora ó lechuga, con vegeto, 
vinagre ó aguardiente alcanforado, sobre la simple cura- 



— 189 — 

cion con cerato ó manteca; y cuando es por debilidad 
se aplicarán polvos de licopodio, ó de rosa en la ulce- 
rita y encima la compresa ordinaria. En ningún caso 
conviene irritar esa parte con aceite de palo ú otros re- 
medios de esta clase que aun se acostumbran. 

2 ? Algunas veces los recien-nacidos parece que ma- 
man, pues se les ve ejercer ciertos movimientos en los 
carrillos, y sin embargo no se sienten en la parte an- 
terior de su cuello los movimientos que indican el paso 
do la leche al estómago: unas veces depende de que el 
frenillo de la lengua es muy largo, lo cual se conoce 
en que introduciendo un dedo entre el paladar y la len- 
gua del niño, no es comprimido por esta contra aquel, 
otras, de que el paladar está dividido, comunica con la 
nariz y cuando el niño mama sale la leche por este 
conducto, en lugar de pasar al estómago. Se concibe 
en esto3 casos el peligro que corre la vida del niño, si 
no se hace pronto una operación quirúrgica, que le per- 
mita alimertarse. 

Suele también suceder que el recien-nacido no se to- 
me el trabajo de mamar, por debilidad ó por pereza^ 
y algunos no hacen mas que dormir continuamente, que- 
dando en tal seguridad la madre, que teme turbarle un 
sueño de que puede pasar á la muerte; si despiertan no 
tienen la fuerza necesaria para mamar ni aun para llo- 
rar. Con los primeros es preciso, después de introdu- 
cirles bastante adentro de la boca el pezón, comprimir 
un poco el estremo del seno para hacer saltar la le- 
che: si no se puede conseguir, como sucede con las pri- 
merizas, es necesario esprimir un lienzo empapado de 
agua azucarada, sobre la aureola para que corra por el 
pezón á la boca del niño; respecto de los que duer- 
men continuamente es necesario, pasadas tres horas de 
sueño, despertarlos á todo trance, desvestirlos, ponerlos 
enfrente de un fuego vivo, friccionarlos con lanillas se- 
cas ó empapadas de aguardiente y obligarlos á que to- 
men el pezón de la madre ó lo que es mejor de una no- 
driza cuyas mamas dan leche con facilidad, ó por fin, 
que tome cucharadas de esta leche. 

3 ? Por fin, la obstrucción del ano ó de la uretra, 
asi como las enfermedades de los recien-nacidos, son ac- 
cidentes que no podemos aquí tratar. 



— 190 — 
- TÍTULO SEGUNDO. 

De los obstáculos para el parto. 

Para que el parto se verifique felizmente con los so- 
los esfuerzos de la naturaleza es necesario que el feto 
pueda pasar por el canal de la pelvis sin encontrar mas 
resistencias que las ordinarias que hemos visto hasta aquí: 
hay mas, estas resistencias, como también sabemos, son 
necesarias para que la retracción del útero sea gradual 
y no resulten los accidentes que vienen en caso contra- 
rio; pero también no pueden pasar de ese grado sin 
resultar inconvenientes mas ó menos peligrosos. Aho- 
ra bien, estas resistencias, estos obstáculos para la ter- 
minación del parlo, se presentan por desgracia en la 
práctica; de no atender á ellos resultan para, la madre 
y el feto los accidentes respectivos, como hemos visto 
en la inercia, la rotura, la. hemorragia uterinas y otros, 
y no podrían haber sido indicados, sin ser conocidos, por 
lo que nos creemos autorizados á pasar la vista por ellos. 
Son debidos al producto de la concepción ó á la madre. 

ARTICULO PRIMERO 

Debidos al producto de la concepción. 
Irregularidad de la presentación. 

Ya hemos dicho en otra parte que presentación irre- 
gular es aquella en que el centro de la parte que la 
constituye está desviado para un lado del centro del es- 
trecho superior, y que muchas veces en el mecanismo del 
parto se regularisa por un movimiento mas de endere- 
zamiento; sin embargo, algunas veces, que no se veri- 
fica este movimiento, se detiene la parte porque no que- 
dan sus diámetros menores en relación con los de la pel- 
vis, y resulta un obstáculo para el parto que solo el 
arte puede vencer. Son raras las presentaciones irre- 
gulares y dependen las mas veces, de una inclinación 
del útero. 

En las de vértice se ofrece en el centro del estrecho 
una de las eminencias de los lados de la coronilla, una 



— 191 — 

cien, una oreja ó el occipucio; se concibe que el feto 
tiene en estos casos doblada la cabeza para un hombro 
en las irregularidades laterales ó muy oprimida la barba 
contra el pecho en la de occipucio. Estas partes se 
reconocen, estrañando la posición ordinaria de las su- 
turas y fontanelas, y buscando en las inmediaciones un 
ojo, una oreja ó la punta de la barba, que siempre se 
alcanzan en las irregularidades laterales ó reconociendo 
el occipucio en el centro del estrecho, por la figura trian- 
gular de la fontanela posterior y las suturas respecti- 
vas, para la posterior y haciendo por fin, las referencias 
necesarias, con las otras partes de la cabeza del feto y 
la pelvis de la muger. Como ya sabemos suele no ha- 
cerse la rotación interior en las variedades trasversales, 
que trae el occipucio para el puvis y verificarse así el 
parto; pero algunas veces no sucede y tiene que interve- 
nir el arte: esta causa de retardo en el segundo tiempo 
del trabajo, no es fácil conocerla, sino porque á pesar de 
fuertes dolores, de estar llena la escavacion, y de en- 
contrarse la cabeza movible se hace mucho aguardar 
su salida y está trasversal. La conducta que debe ob- 
servarse en estas irregularidades, es enderezar ante todo 
el útero si está inclinado: aguardar siete ú ocho horas des- 
de que se rota la bolsa á que la naturaleza regulari- 
ce la presentación y si no lo hace informar á un ciru- 
jano para que lo haga con la mano, la palanca ó el Fór- 
ceps, 6 en fin, para que practique la craniotomia, si se 
ve obligado á ello. 

En la presentación irregular de cara, se coloca Ja 
frente, que es lo mas frecuente, una mejilla, la punta 
de la barba &c. en el centro del estrecho; en la 1 . no 
avanza la barba lo bastante, en la de barba lo hace con 
eeseso, doblándose la cabeza para atrás, y en las de una 
mejilla está la cabeza inclinada para un hombro, be 
reconocen haciendo las referencias respectivas de las par- 
tes que se tocan. Sabemos que solamente en las varie- 
dades anteriores se termina espontáneamente el parto: 
de modo que las otras aun cuando sean regulares, ec- 
sijen los cuidados de las que aquí tratamos. Se s.gue 
aquí la misma conducta que en las anteriores y el ci- 
rujano necesita la mas esquisita habilidad para conver 



— 192 — 

tir estas en presentación de vértice, ó para traer la 
barba al puvis ó tomar otro partido que lo indique el caso. 

Hidrocéfalo ó Hidropesía de cerebro. 

Así se llama una acumulación de serocidad que se ha- 
ce en el interior de la cabeza. Es enfermedad muy 
rara; la Sra. la Chapelle calcula un caso por cada 2904 
partos; y la cantidad de. agua que se reúne, muy va- 
riable. Sin embargo, siendo la cabeza del feto, flec- 
sible muy blanda, y conteniendo poco líquido, se alarga 
y acomoda sin inconveniente á las dimensiones de la 
pelvis al ser empujada por las contracciones, se conci- 
ben en los demás casos la imposibilidad y los peligros en 
que está la madre para espulsar por sí sola una cabeza enor- 
me: por lo que hace al feto, el hidrocéfalo es siempre mor- 
tal antes ó después de su salida; y lo peor es que no 
pudiéndose engastar la cabeza en el estrecho, viene otra 
parte á hacerlo desviándola para un lado, y si es la 
pelvis avanza hasta contenerse la cabeza sobre el es- 
trecho superior; llena la escavacion, no puede obrar 
el cirujano con libertad sobre la causa de la detención 
del trabajo tan alta y guarecida en estas circunstancias. 

Este obstáculo se conoce porque se toca una super- 
ficie muy ancha y plana, cubriendo todo el estrecho su- 
perior sin acomodarse en él y ofreciendo los huesos de 
la cabeza separados por fontanelas y suturas muy an- 
chas, que se notan mejor en los intervalos de los dolo- 
res en que se ablanda el tumor, que durante los dolores, 
en que se pone duro y resistente. Cuando se presen- 
ta otra parte al estrecho hay mas dificultades para re- 
conocer el hidrocéfalo; pero al fin se consigue por es- 
te carácter. 

Se puede aguardar á que avance alargándose la ca- 
beza un tiempo prudente, pasado el cual es preciso por 
el interés del feto el Fórceps bien aplicado, ó lo que es 
mejor la evacuación del líquido. 

Otras hidropesías. — Tumores. 

Las cavidades del pecho y del vientre suelen también 
ser el asiento de una acumulación de serocidad mas ó 



— 193 — 

inénos grande, que se opone á la terminación del parto. 

La hidropesía de pecho (hidro-torax), nunca es tan 
considerable que oponga un obstáculo á la acción del 
útero en el parto. Se la reconoce por el aumento de 
volumen de la cavidad del pecho y por el grande es- 
pacio que hay entre unas costillas y otras, en los cua- 
les se nota fluctuación. 

La hidropesía de vientre (ascitis) aun cuando esté muy 
aumentado el volumen de la cavidad, no presenta un 
obstáculo invencible, pues cuando ya ha pasado parte 
del vientre, pasa á esta la agua de la otra; sin em- 
bargo, no siempre es así, y es necesaria la evacuación 
del líquido para que se facilite la espulsion del feto. 
Se reconoce que el obstáculo depende de esta hidrope- 
sía, por el volumen eesesivo del vientre, su resistencia, 
y la fluctuación que ofrece. 

Suelen formarse en cualquier parte del feto, tumores, 
que si son muy voluminosos ó están en una parte que 
no les permitan acomodarse á la forma de la pelvis, 
•constituyen, como se echa de ver, un obstáculo para el 
parto, y que solamente se reconocen cuando ya, está muy 
avanzado el trabajo. El que se forma en el vértice de 
la cabeza en el segundo tiempo, es tan voluminoso al- 
gunas veces, que dificulta mucho la rotación interior de 
esta parte, por acomodarse de modo que lo abraza fuer- 
temente el arco puviano: esta causa de prolongación del 
trabajo os fácil reconocerla al tacto. 

Estos obstáculos necesitan maniobras hábiles para ven- 
cerlos y aun el Fórceps. 

Salida de los miembros superiores. 

La salida de uno ó de los dos brazos antes de la 
cabeza ó de la pelvis en estas presentaciones, son un 
obstáculo, principalmente en la de cabeza, tan invenci- 
ble que por poco estrecha que esté la pelvis de la ma- 
dre, ecsigen una operación de cirugía mas ó m 
grave. Ños son ya conocidos los caracteres de la ma- 
no y del codo para que tengamos que repetirlos. 

Gemelos adherentes. 

En otra parte hemos bosquejado, la monstruosidad. 



— 194 — 

de que se dan caso-, de dos fetos adheridos por suá 
vientres, con el objeto de considerarla bajo el aspecto 
de ofrecer un obstáculo para el parto, no obstante que 
algunas veces se ha terminado felizmente, por un meca- 
nismo fácil de comprender. Después de aguardar en 
vano el avanzamiento del feto ó que se presente, si los fe 
tos se incomodan para acomodarse alguna de sus partes en 
el estrecho superior, se consultará un cirujano, que solo 
puede reconocer la causa del retardo, introduciendo la 
mano en el vientre, y en tal caso no sabe lo que lia de 
hacer, pues no está decidido todavía este punto de una. 
manera definitiva. 

Cortedad del cordón. 



Algunas veces es el cordón muy corto, y tanto que 
se ha. visto adherido el feto por el ombligo á la pla- 
centa: pero lomas frecuente es que se enrede, y preci 
mente cuando es mas largo, al rededor del cuello del feto, ó 
del tronco ó de cualquiera otra parte, y que resulte 
su acortamiento. Como quiera que sea, esta circunstan- 
cia constituye un obstáculo para el parto bastante fuer- 
te, pues tirando el cordón de la parte que se presenta, 
no la deja avanzar y la contiene en el estrecho supe- 
rior si es estremadamente corto, ó mas adelante si lo 
es menos, sucediendo aun que se desprenda la cabeza de 
la vulva y las espaldas se contengan. También es cau- 
sa de hemorragia uterina, de estrangulamiento del feto 
y de reanversamiento del útero como ya lo hemos es- 
plicado. 

La cortedad ó acortamiento eesesivo del cordón, cu- 
yas causas son poco conocidas, se reconoce cuando la pla- 
centa está en el fondo del útero, por la lentitud con 
que avanza desde el principio del trabajo la parte que 
se presenta: el acercamiento del fondo del útero al cue- 
llo durante cada dolor, notándose algunas veces el va- 
cío que queda en el estómago; el dolor, tirón y aun ras- 
gadura que siente la enferma á cada dolor en el lugar 
de inserción de la placenta y el retrocedimiento luego que 
pasa el dolor, de la parte que avanza mientras dura, 
dependiendo de que vuelve el fondo á su primitiva al-. 



— 195 — 

tura, llevándose la placenta, el cordón y dicha parte: 
cuando no es tan corto el cordón y ha podido entrar 
en la escavacion, son mas marcados estos signos: es- 
pulsada la cabeza, no avanzan las espaldas y aun se las 
vé retroceder después de los dolores en los cuales avan- 
zan y se notan con el dedo las vueltas del cordón en 
el feto, si está acortado por este motivo; por fin, si la 
placenta está en un lado del útero, son muy poco mar- 
cados los signos que dan á conocer la cortedad del cordón. 
Puede confundirse este obstáculo, cuando aun no.se 
rota la bolsa, con la formación de esta, en que parece 
que hay avanzarniento y remontamiento alternativos de 
_ la parte que se presenta: pero efectivamente no es mas 
' que ilusión que causa la interposición de mas agua en 
el dolor que aleja la parte y luego vaciándose, la acer- 
ca, y ademas, parece retroceder en el dolor, y avanzar 
en el descanso del útero, al contrario de cuando hay 
cortedad del cordón: igualmente puede hacer vacilar 
el avance y retrocedimiento de la parte al estar vencien- 
do la resistencia del perineo; pero no se observan an- 
tes que la parte llegue al estrecho inferior en los ca- 
sos naturales, y son menos notables á proporción que 
son mas enérgicas y repetidas las -contracciones, mien- 
tras en la cortedad del cordón sucede lo contrario con 
estos movimientos de la parte del feto. 

Este obstáculo, que también es causa de accidentes 
graves, ecsige pronto por parte del cirujano, la rotura 
de la bolsa, la aplicación del Fórceps, ú otra medida 
violenta, á no ser que saliendo envuelto el cordón en una 
parte del feto, se pueda desenredar. 

Rigides de la bolsa. 

Algunas veces el grueso de las membranas ó la fir- 
meza de su tejido se oponen a la rotara de la bosa de 
E aguas á su debido tiempo, ó también la debilidad de 
las contracciones para vencer su resistencia. Se coser- 
la que estando bien dilatado el cuello, y poniéndose 
muy tensa la bolsa á cada contracción uterina, tar a 
fn rotarse, sin encontrarse por otra parte mas razón que 
b Su o de que tratamos; y no obstante que nunca 



— 196 — 

es insuperable á los 

espera mucho tiempo, los accident 

obstáculos del parto. 

Se obvian estos inconvenientes por una pequeña ope- 
ración, que también liemos aconsejado para la debilidad 
de ¡as contracciones en último recurso, y que consiste 
en romper la bolsa, empujando rápidamente en la ma- 
yor fuerza de un dolor la punta, del dedo indica 
tra el centro de ella; ó si no es bastante esto, toman- 
do con el pulgar y el indicador las membranas para 
restregarlas con la uña de uno contra la yema del otro; 
ó si ni con esto llega ¡i irse, procurando que un 

cirujano baga uso de un instrumento y que evite he- 
rir la parte del feto inmediata. Pero para decidirse 
á practicar esta operación, es de necesidad que la pre- 
sentación sea de las favorables, pues mientras el feto 
nada en las ana mala posición puede convertir- 

se en buena ó es mas fácil al cirujano practicar 
operaciones, en estas, circunstancias menos dolurosas pa- 
ra la madre, que cuando hace tiempo se ha roto la bol- 
sa y la parte del feto llena la escavaeion: también es 
preciso que no concurra con el presente otro obstácu- 
lo para el parto, por estas mismas razones; y por 
último, que ya esté bien dilatado el cuello del útero, 
pues mientras el feto nada en las aguas, no sufre com- 
presión, ni accidente alguno con las contracciones y la 
forma de la bolsa es la mas á proposito ¡jara la dila- 
tación gradual y cómoda del cuello. Esta, condición no 
debe atenderse, en la debilidad de las contracciones ute- 
rinas, cuando depende de repleción del útero. 

Placenta voluminosa^ adherencias. 

Espulsado el feto, suele contenerse la salida de las 
secundinas mas del tiempo ordinario, como ya lo hemos 
anunciado: esto se verifica cuando hay inercia ó por 
el contrario, convulsiones del útero, cuando no se rom- 
pen absoluta ó parcialmente sus adherencias con la 
placenta, lo cual proviene ó de falta de contracciones 
uterinas ó de la resistencia que suelen presentar los te- 
gidos de unión, y cuando las secundinas son eesesiva. ■ 



— 197 — 

mente voluminosas por sí ó por gruesos cuágulos de 
• envueltos entre sus pliegí 

Ademas de los inconvenientes que provienen del retar- 
do de la descarga, la hemorragia, el reanversamiento 
uterinos ú otro accidente vienen á complicar el estado 
de la enferma. 

El eesesivo tamaño solamente se deja traslucir antes 
er espulsada la placenta, por un volumen mas con- 
siderable del globo uterino que en los casos comunes: 
las adherencias son muy probables cuando al hacer del 
cordón las tracciones (pie hemos aconsejado practicar á 
cada torsoncillo cuando no salen por sí, se ve (pie al 
<;• cada tirón, vuelven á entrarse las secundinas, y 
cuando no se alcanza nada por el cuello uterino: sola- 
mente la introducción de la mano en el útero, que hace 
el cirujano, da con certeza á conocer la causa del re- 
tardo de la descarga: y la inercia y las convulsiones 
del útero se han dado á conocer en otra parte. 

Cuando han pasado infructuosamente las dos horas que 
hemos designado se empleo en tentativas para la es- 
pulsion espontánea de las secundinas, se presenta algún 
accidente que comprometa ha vida de la madre, ó se re- 
conoce la causa del retardo, se hace preciso que un ci- 
rujano venga ó ú atacar las convulsiones ó la inercia 
del útero, 6 á estraer las secundinas, (pie en caso de 
eeseso de volumen, puede verse obligado á dividirlas en 
trozos pequeños, y en caso de adherencias, bien apura- 
do en verdad, conducirse según las circunstancias, te- 
niendo presente, cuando no pueda destruir las adheren- 
cias dichas, que suelen ser absorvidas las secundinas por 
el útero. 

CAPITULO SEGUNDO. 

Existiendo en la muger. 

Los obstáculos que acabamos de estudiar y alguno, 
de los que nos restan; no se pueden conocer antes del 
trabajo ó á lo menos no llaman la atención; hasta la 
época del parto; pero los demás se echan de ver aun 
antes del matrimonio: de modo que los irremediables son 



— 108 — 

un motivo para impedirlo; y si no se evita, resultando 
el embarazo, obligan al cirujano á provocar artificialmente 
el parto prematuro, principalmente en los países católi- 
cos en que debe verse mas por el interés del feto, para 
no ver morir á los dos ó sufrir operaciones mas ó me- 
nos peligrosas. Es pues, de todo punto indispensable, 
tener mucho cuidado en buscarlos durante el embarazo, 
ó á lo menos desde el principio del trabajo, para que 
en ventaja de la madre y de su hijo, se practiquen cuan- 
to antes las operaciones de que nadie puede ecsimirse sin 
grave peligro. 

Los obstáculos ecsistentes en la madre, se encuentran 
en el cuello del útero, la vagina, la pelvis, ó la vulva. 

ARTICULO PRIMERO. 

En el cuello. 
Rigides del cuello. 

Este es uno de los mas frecuentes obstáculos para 
el parto que se presentan en la práctica, y el que po- 
ne mas á prueba la paciencia de la comadrona. 

Unas veces está el cuello resistente como una cuer- 
da tirante, adelgasado, caliente y doloroso á la mas li- 
gera presión del dedo, y ecsisten ordinariamente aque- 
llos dolores de ríñones de que ya hemos hablado otras 
veces, que atormentan cruelmente y sin fruto á la pa- 
ciente: esta especie de rigides depende casi siempre de 
un estado pletórico. Otras está endurecido desigual é 
inestensible, resultando de una gruesa cicatriz ó de un 
cáncer que si abrasa toda la circunferencia del cuello, 
no cede sino rasgándose estensamente para poder dar 
paso al feto, lo cual trae accidentes terribles; asi 
por ejemplo, una hemorragia fulminante ha sido el re- 
sultado inevitable en un caso de un cáncer muy avan- 
zado, que presencié hace ya algunos años. Otras en 
fin, camina perfectamente la dilatación; pero se cierra 
por intervalos mas ó menos largos: si cuando ya lo ha 
franqueado la cabeza, se renueva la constricción, estran- 
gula al feto por el cuello, ó comprime fuertemente e! 



— 199 — 

cordón y resultan los accidentes respectivos: esta espe- 
cie no es mas que una convulsión del cuello, de la mis- 
ma naturaleza que la que ya liemos estudiado. 

La rigides del cuello, se destruye con un baño tibio 
largo, con un vapor de agua ó de cocimiento de malvas 
en la vulva, con geringatorios en la vagina de cocimien- 
to de linaza ó de malvas, con una grasa ó pomada de 
belladona en el cuello, llevándola con el dedo, ó mejor 
una bolita del estracto de belladona: por otro lado se 
aplicarán por el ano grandes lavativas de los cocimien- 
tos referidos ó una muy pequeña de almidón con unas 
seis ú oclio gotas de láudano: se friccionará el vientre 
con la mano ó con un lienzo de lana caliente; pero si 
no cede haciéndose alarmante el obstáculo, si desde lue- 
go se notan los bordes y desigualdades del cáncer ó la 
plétora ó se presenta alguno de los accidentes de la 
prolongación del trabajo, ó la estrangulación del feto; 
se consultará para combatir la causa de la estreches, ó 
hacer una dilatación con incisioncitas en el cuello. 

Obliteración del orificio. 

Es muy raro que después de la concepción, se lle- 
guen á soldar los labios del cuello uterino; no obs- 
tante se han dado ejemplares, de que se ha buscado 
la esplicacion, y no debemos pasarlo jaor alto. 

Cuando ocurre un caso de estos, no se encuentra por 
donde penetrar al interior del útero, aun cuando muy 
avanzado el trabajo llegue á la vulva el cuello. En el 
crusamiento uno sobre otro de los labios del hocico, con- 
sigúese al fin pasar el dedo, y esto no es duradero, pa- 
ra* oue pudiera confundirse con su adherencia. 

Reconociendo el obstáculo y no cediendo en un tiem- 
po prudente á las contracciones del útero, se hace ur- 
gente una operación quirúrgica. 

Oblicuidades del cuello. 

En el apéndice á la primera parte de este tratado 
están descritas las inclinaciones de útero y aconsejados 
los medios de remediarlas durante la gestación: en otras 



— 200 — 

partes esta vista la influencia que tienen en convertir una 
buena presentación en irregular, ó de cara ó lado del 
tronco; añóranos tuca, considerarlas como obstáculo para 
la espuleion del feto. 

No estando el orificio uterino en el eje de la pelvis. 
la fuerza de los dolores empuja al feto contra la pane 
del útero que cubre el estrecho, y que es la anl 
en la anteversion, la posterior en la retroversion, ó la 
del lado en que ecsisfce una. latero-version. De esto re- 
sulta que se prolonga el trabajo y aun se gangrena y 
rompe esa parte del útero, comprimida fuertemente en- 
tre la parte del feto y el borde del estrecho superior 
principalmente si no tiene 1 la amplitud conveniente, por- 
que desviado el cuello del otro lado de la inclinación 
y muy alto, no se endereza, ni se dilata una cantidad 
apreciable. 

Las desviaciones del cuello uterino, aunque no cons- 
tituyen un obstáculo invencible por las contracciones, pa- 
ra evitar los inconvenientes de la prolongación del tra- 
bajo, ó la gangrena y rotura consiguiente de la parte 
del útero comprendida en la circunferencia del estrecho, 
lo mismo que para preven!? la formación de una pn 
tacion peligrosa, se deberá corregir cuanto antes, y man- 
tener en buena posición el útero, mientras el feto pasa 
á la escavacion: para esto una vez reconocida la afec- 
ción por la forma del vientre, situación del cuello «Scc. 
(véase apéndice á la primera parte): se mantendrá á la 
enferma, en la anteversion, acostada boca arriba, en las 
lateroversiones, del lado opuesto al de la inclinación del 
fondo del útero, y en la retroversion boca abajo, sobre 
los codos y las rodillas: se comprimirá el vientre con las 
dos manos ó con una venda ancha para el lado contra- 
rio al de la desviación: á lo cual se agregará, 
basta esto, la tracción del cuello con dos (ledos engan- 
chados en el, hecha para el centro de la escavacion y 
en (d intervalo de las contracciones: y si no se obtiene 
al fin de estas maniobras repetidas, sino por el contra- 
rio, se nota que los dolores comienzan á debilitar-' ó 
se teme la gangrena de la parte correspondiente del 
útero, por el tiempo que ha pasado, se cesijirá de un ci- 
rujano un operación cruenta inevitable. 



— 201 — 
Tumores. 

^ Hay casos en que engastada la cabeza en la escava- 
cion, se queda el labio anterior del cuello entre esta- 
dos partes, sufriendo una fuerte compresión; lo cual cau- 
sa por lo pronto un intenso dolor que suspende el tras 
bajo. Si se prolonga la compresión, se hincha la parte 
del labio que queda debajo y aun se produce en ella 
una infiltración sanguinea, capaz de poner obstáculo á 
la terminación del parto, y aun de ocasionar la muer- 
te por la abundancia del derrame que puede resultar. 

Tumores fibroros, enquistados ó fungosos mas ó me- 
nos grandes suelen ser un obstáculo para el parto, asi 
como los pólipos que tienen su raiz en el cuello ó en 
el cuerpo del útero. 

Palpando estas partes con grande atención, se llega á 
diagnosticarlos. 

Necesitan la intervención del cirujano, las mas veces. 

ARTICULO SEGUNDO. 

En la vagina. 

Invercion. 

Suele sobrevenir este obstáculo durante el trabajo. 
Consiste en que la cubierta interior de la vagina, cuan- 
do está muy lacsa, es llevada por la cabeza de un 
feto muy voluminosa, 6 siendo laborioso el trabajo, for- 
mando un rodete, mas ó menos grueso, moreno y blan- 
do al rededor de esta parte del feto, que algunas ve- 
ces sobresale fuera de la vulva. Se calcula lo que es- 
to puede estorbar para el avanzamiento del feto: ademas, 
puede gangrenarse el rodete vaginal, si se prolonga 
la compresión que sufre. 

Estrecheses. 

No se trata aquí de la falta absoluta de vagina que 
se presenta con mucha rareza, porque no es posxb e 
el embarazo; sino de otra rareza en que falta desde la 
vulva, que está soldada, hasta cierta- altura donde co • 



munica con el rocío y puede verificarse la com 
en este caso, muy difícil aun para advertirlo sin al- 
guna noticia que indi reconoci- 
miento, corresponde intervenir á un cirujano. 

También es cuestión aquí de- la diminución de capa- 
cidad de la vi falta de e 
ducto, ocasioi r una cicatriz formada con unitivo 

de alguna rotura ó ulceración de esta partí', ó por un 
vicio do organización de que resultan uno ó mas tabiques 
trasversales ó longitudinales, mas ó m usos y 

resistentes. Estas especies de obstáculo, reconocí I ■ 
fácilmente por el tacto, ceden por á proporción 

que avanza la cabeza; pero si ten por mu- 

cho tiempo, es preciso que intervenga la cirugía. 

ARTICULO TERCERO. 

En la pelvis. 
Tumores. 

Reunimos aquí todos los tumores que suelen presen- 
tarse en el canal que tiene que recorrer el feto durante 
el trabajo, porque las consideraciones á que dan lugar, 
con relación á la Obstetricia, son comunes á todos. 

Es muy variada su naturaleza: suelen crecer pólipos 
en la vagina mas ó menos voluminosos y resistentes: caerse 
la vegiga déla orina parala vulva, (3 algún intestino: 
una gran cantidad de escrementos puede acumularse en 
el intestino recto: no son raros los casos de piedra en 
la vegiga capaces de oponerse á la salida del feto, ó de un 
cáncer en el intestino recto: hay producciones de diversas 
naturalezas que se forman en el tabique vexico- vaginal ó 
rectov-aginal, ó entre el sacro y el recto, como yo he obser- 
vado un fibroso enorme que exigió la operación cesárea, ó en 
las inmediaciones de estas partes: de las paredes de la e 
vacion suelen elevarse escreencias huesosas, fibrosas, can- 
cerosas ó de otra naturaleza; quistes íí otros tumores del 
ovario, délas trompas, ó de las partes vecinas, que em- 
pujadas á la escavacion por el útero lleno, pueden ve- 
nir á estrechar el canal: en fin, otras producciones me- 
nos importantes encuentra el feto á su paso por 1& 



— 203 — 

pelvis. Tocias son muy variadas en su tamaño, su 
forma, su consistencia, su fijeza al punto en que es- 
tán adheridas, &c. 

Para reconocer cualquiera de estos obstáculos, que 
¡lian las mayores dificultades, se necesita un tac- 
to muy ejercitado practicado por la vagina, el recto ó 
ambos simultáneamente. 

Cuando no ceden á la energía de las contracciones, 
no se consigue vaciar el intestino recto ó llevar á su 
lugar la vegiga ú otro tumor que haya descendido del 
estrecho superior, debe dejarse á la deliberación de 
un profesor lo que mejor convenga en cada caso. 

Vicios de conformación. 

1.° El mucho enderezamiento de la pelvis ó su ec- 
seaiva inclinación, deben ser un obstáculo para el par- 
to: sin embargo, los casos que se han presentado con 
dificultades, estando , complicados de deformidad délos 
huesos, no pueden servir de esperiencia para decidir 
la cuestión de esta manera positiva. La mucha am- 
plitud do la pelvis causa el desenso del útero, y su re- 
troversion, el aborto, el parto prematuro y el acelera- 
do, como hemos tenido ocasiones de ver. El mucho 
enderezamiento de las crestas iliacas trae mucha inco- 
modidad en los últimos meses del embarazo, y ya he- 
mos visto qué especie de estrecheses causan el aborto 

2. ° La falta de amplitud de cualquiera de los 
diámetros de la pelvis como obstáculo para la salida 
del feto en el parto, y por consiguiente como motivo 
de los accidentes que ya hemos estudiado, es uno de 
los puntos mas difíciles del arte que debemos tratar 
con mas detención. 

División.— Para comprender las estrecheses de la pel- 
vis que se presentan en la práctica, se dividen en cinco cla- 
ses, que son: 1. - su aplastamiento de delante para atrás 
2. * el de un lado para el otro. 3 * el oblicuo. 4. de 
delante y de los lados y 5.* la diminución general de 
todos sus diámetros. , . 

Las estrecheses de la 1. - clase dependen o de que esta 
dislocado para adelante el ángulo sacro-vertebral, hacién- 
dose para atrás el cóccis/y entonces solamente el día- 



— :204 — 

metro ántero-posterior del estrecho superior es el acor- 
tado, mientras loa de la escavacion y del estrecho in- 
ferior son mas largos que de ordinario principalmente 
los mas bajos: ó de que está dislocado todo el sacro 
para adelante, enderesado y aun convertida su conca- 
vidad en eonvecsidad, y con tal circunstancia están acor- 
tados todos los diámetros ántero-posteriores de la pel- 
vis: ó de que está muy encorbado el sacro, y avanza- 
dos para adelante el promontorio arriba y el cóccis 
abajo, en este caso los diámetros ántero-posteriores de 
los estrechos son cortos, mientras los déla escavacion 
no varian ó están alargados: ó por fin, de que está sol- 
dado el cóccis en dirección horizontal, según se ha ase- 
gurado que sucede, y de esto resulta acortado el diá- 
metro cocci-puviano. Estos son los motivos de estre- 
cheses ántero-posteriores; pues raras veces se aplana la 
sínfisis puviana ó se hunde en términos de tomar el 
estrecho superior la forma de un 8: suele estar ex- 
traordinariamente alta la sínfisis puviana y estar muy 
horizontal, entonces hay acortamiento del diámetro coc- 
ci-puviano. 

Las de la 2. a clase, que son raras en el estrecho 
superior, provienen ó de que por una dislocación con- 
génita de los huesos de los muslos, están acercados los 
lados del estrecho superior, abriéndose para afuera las 
tuberosidades sciáticas, y resulta acortado el diámetro 
trasverso del estrecho superior, y los de la escavacion 
y estrecho inferior alargados: ó de que lo están las tubero- 
sidades sciáticas ó solamente las espinas sciáticas, y se en- 
cuentran disminuidos los trasversos del estrecho inferior 
y de la parte próesima de la escavacion, al paso que 
están alargados los ántero-posteriores correspondientes; ó 
en fin, de que una de las mitades de la pelvis no haya 
crecido con la edad, quedándose desencorvada, y enton- 
ces todos los diámetros trasversos se hallan acortados, 
y el ángulo sacro-vertebral con la cresta del espinaso, 
no corresponde al medio de la pelvis, sino que está mas 
cerca de una cadera que de la otra. 

Las de la 3. a clase se producen aprocsimándosc 
el promontorio para una de las eminencias ilio-pecti- 
neas, ya por que están soldados los huesos en una sín- 
fisis sacro-iliaca, como cree el Sr. Naegele, ó ya por que 



— 205 — 

una violencia esterior haya empujado el promontorio? 
no directamente para adelante como en las estrecheces 
de la 1. * clase, sino para adelante y un lado. Es- 
ta clase puede ser considerada como reunión de las 
dos primeras. 

En la producción de las estrecheses de la 4. rt < 
se, que son menos frecuentes que las de la l. d y 
mas que las de la 2. ri , influye el hundimiento de las 
porciones de los huesos iliacos en que están las cavi- 
dades para los huesos de los muslos, que enderezando 
la curba que describen por dentro y aun convirtiéndo- 
la en convecsidad, se acortan los diámetros oblicuos de 
la escavacion y estrecho inferior, y aunque realmente 
se alargan los ántero-posteriores; pero el acercamiento 
de los púvis, que puede ir hasta formar una hendidu- 
ra estrecha, hace que pierdan toda esta parte de su 
longitud. 

De la pelvis reducida generalmente á pequeñas di- 
mensiones apenas hablan los autores, y raras veces so_ 
presentan ejemplares en la práctica. Sus causas y mo- 
do de de formación, han sido poco estudiadas; pero no 
puede negarse va el hecho. 

Por último, "las clases de estrecheses descritas _ se 
combinan de mil maneras, produciendo variadas defor- 
midades en la pelvis, que han complicado por mucho 
tiempo su estudio. Llevan el nombre, de la figura que 
torna el estrecho superior. . . 

Dia gnóstico.— Hemos encargado entre los servicios 
que seV estan á las parturientas, el de que se vea si 
tiene algún obstáculo para el parto, aquí se trata del 
modo de averiguar los que dependen de un estrecha- 
miento en los diámetros de la pelvis. 

Con el mas ligero indicio que se note de una es- 
treches, aun cuando no sea llegado el trabajo, se in- 
terrogará en las primerizas, sobre las enfermedades que 
se haVan padecido en la infancia; sobre si el andar ha 
sido tardo, ó si después de haberse conseguido se han 
debilitado las piernas y ya no se ha podido hace lo 
sobre si hay al-una joroba en la columna espinal y 
atún encorvamiento L los miembros, y si este ha acon- 
tecido antes que la otra: sobre si hay claudicación (co- 
]eía), elesde cuándo, y si es porque el lado correspon- 



— 206 — 

diente de la pelvis está aplastado, ó 

lo, ó mas encorbada ó delgada la la otra; 

sobre si ecsiste a des] nará 

el estado pr 

que va han parido no el informe 

de la infancia; so inda 

partos anteriores, si se han padecido llagas, do hue- 

sos, tumores dnr y si hay al- 

guna de las deformii i iferidas arriba. Las res- 

puestas y signos encontrados en sentido afirmativo deben 
infundir fuertes presunciones, para proceder ú buscar 
datos seguros de una estreches. La que se 

ha creido encontrar entre el volumen de la cabeza y la 
amplitud de la pelvis, no está bien determinada tuda- 
vía, para que sirva de medio seguro para el conoci- 
miento de las estrecheses. 

Los datos seguros se obtienen solamente por la me- 
dición de la pelvis que se practica esterior ó interior 
mente. 

La medición esterior se practica con el pelvímefro 
ó compás de grueso (figura 11), que para la aplicación 
de las olibas en que terminan sus brazos sobre los 
puntos precisos, ofrece dificultades que sola la prácti- 
ca enseña á vencer. El diámetro ántero-posterior del 
estrecho superior se mide colocando una oliba en la 
parte superior de la sínfisis puviana, abriendo bastan- 
te los grandes labios, y la otra detras del sacro sobre 
su eminencia superior, abriendo ó cerrando el instru- 
mento, según convenga, viendo sobre la regla dividida, 
sin abrirlo ni cerrarlo, las pulgadas que; señala y re- 
bajando de esto tres pulgadas y media (8 centímetros) 
correspondientes al grueso de las carnes y de los hue- 
sos: los ántero-posteriores de la escavacion se obtienen 
por un método semejante: si hechos los rebajos, que- 
dan menos de cuatro pulgadas tres cuartos, hay es- 
treches; si pasa de seis pulgadas lo que queda, si- 
las suberosidades sciáticas distan . mas de lo ordinario, 
está muy abierto el arco puviano (*), está mas distan- 



(*) En una pelvis bien conformada hay: 
Del medio de una cresta iliaca á la tuberosidad Bciáti 
pulgadas 3 lineas (19 centímetros) correspondiendo la mitad á 18 



— 207 — 

te de una cresta iliaca ó de un cuadril la cresta del es- 
pinase, que los del otro lado, todo lo cual se conoce 
con el compás, y hay dislocación congénita de los mus- 
los, es ¡ que el diámetro trasversal del estre- 
cho superior está acortado. La comparación de la 
distancia de las dos crestas iliacas y la de los cua- 
driles, entre vis regular y la (pie se ecsamina 
no prestan datos ciertos. Según ísergele, en la 
estreches oblicua, las distancias del promontorio á las 
cavidades del hueso del muslo: d linencia su- 
perior de detrás del sacro, á las espinas iliacas ánte- 
ro-superiores: de la punta del sacro á las espinas ilia< 
y de cada tuberosidad sciática á la espina iliaca pós- 
tero-superior del otro lado, son menores en el lado 
estrecho que en el otro: la < de la parte in- 
ferior de las sínfisis puviana á las espinas iliacas pós- 
tero- superiores es al contrario, mayor en el lado anqui- 
losado, que en el opuesto; en el lado aplastado ve la 
cavidad del hueso (leí muslo para adelante, mientras la 
otra, para un lado, y el púvis está desviado para 
el lado sano, pudiéndose comprobar poniendo á la mu- 
ger bien parada y haciendo que un hilo con su peso 
caiga del espinaso y otro de la sínfisis puviana, enton- 
ces se vé que uno no queda enfrente del otro per-^ 
fectamente. La poca distancia de ios brazos isquio- 
puvianos, de las tuberosidades sciáticas y de las espi- 
nas iliacas ántero-superiores da probabilidades del api 



gran pélvi litad á la pequeña 

Del medio de una cresta iliaca al mismo punto ele la oí:.:. 
11 pn y media lincas (27 centímetros). 

De una espina iliaca muero-superior ala otra, 10 pulgadas;; 
líneas (24 centímetros). 

De una án ñora la otra, 9 pulgadas 4 lineas (¿i J 

medio cení , . .,. 

De la parto inferior de la sínfisis puviana á cada espina ma- 
ca póstero- ' ,ineas ( 1T centímetros). 

De la parte superior, de la sínfisis puviana a la eminencia su- 
perior d( pulgadas 3 L9 centímetros). 

De esta eminencia a cada espina, iliaca ántero-supenor, i 
pulgadas 7 líneas (17 y medio centímetros). _ 
1 D e une espinas a la postero-superior del otro U 

9 rmlo-adas 1 y media lineas (21 centímetros). • 

Be una do 'estas espinas a la tuberosidad sciática del otro 
iado- 9 pulgadas 7 lineas (17 y medio céntimo: 



— 208 — 

tamicnto de delante y de los lados para atrás. Por 
último, la comparación de todas las dimensiones de una 
pelvis que se ecsamina con las de otra regular, que da* 
mos en una nota, habiendo dado en la parte anatómi- 
ca los de los diámetros y del arco puviano, darán 
á conocer una chica en todos sentidos. Los diáme- 
tros del estrecho inferior son muy fáciles de medir con 
el compás. 

Las variaciones que hay en el grueso de los huesos 
de la pelvis, la ninguna desfiguración (pie sufre al es- 
terior este canal con un tumor que ecsista dentro, y 
la inecsactitud que traen otros motivos, no permiten 
al pelví metro proporcionar los tamaños verdaderos de 
los diámetros pelvianos, como es necesario en el par- 
to; por lo cual solo sirve para las consultas sobre 
impedimentos para el matrimonio; y para auxiliar al 
examen que se debe hacer con la medición interior, que 
dá medidas esactas, proporciona recorrer el sacro, to- 
car el cóccis, las tuberosidades y las espinas sciáticas, 
apreciar la forma de los tumores que pueden oponer- 
se al paso del feto &c. Para esto no hay instrumen- 
to que pueda suplir al dedo que sabe sentir, solo ó 
acompañado en algunos casos con una barilla metálica; 
solamente que es necesario el hábito que enseña á cor- 
regir los errores en que se incurre. Basta en efecto, 
llevar el dedo hasta el promontorio que se reconoce 
por la salida que hace en el estrecho superior, fijar 
alli la punta, enderezarlo contra la sínfisis puviana, se- 
ñalar con la uña de otro dedo el punto á que cor- 
responde, medir esta estension en una regla dividida, 
rebajando 5 ó 6 líneas (9 ú 11 milímetros) en la de 
las pelvis grandes y 2 y medio ó 3 en la de las pe- 
queñas, para tener el diámetro sacro-puviano del es- 
trecho superior: llevarlo á los puntos de la línea me- 
dia del sacro y cóccis, enderezarlo para el púvis y 
hacer todo lo demás, teniendo solamente cuidado de 
rebajar menos á proporción que se toma mas inferior 
la medida, para conocer la medida de los ántero-poste- 
riores de la escavacion y del estrecho inferior: colocar- 
lo entre las tuberosidades sciáticas, ó llevar la punta 
á los puntos de un lado de la escavacion, el otro es- 
tremo contra la tuberosidad sciática del otro lado y de 



— 209 — 

la medida rebajar tanto irías, cuanto mas alta sea la 
que se indaga, para obtener los trasversos: conducir- 
lo á la parte media de los ligamentos sacrociáticos y 
las sínfisis sacro-iliacas, enderezar el dedo contra la 
parte media del brazo izquio-puviano del otro lado, 
para obtener los oblicuos: el trasverso y los oblicuos 
del estrecho superior exigen mayor deducción y solo 
se obtiene su tamaño aproximativamente; para es- 
tos se necesita acompañar al dedo con la barilla metá- 
lica, y por último, comparar las medidas obtenidas 
de un lado con las del otro y con las úntero-poste- 
riores para tener todos los datos deseables. Para co- 
nocer el tamaño, forma y naturaleza do otras defor- 
midades, como tumores huesosos ó de otra clase, que 
cesisten en la escavacion ó vienen del vientre &>c. y no 
pueden establecerse reglas fijas y generales. 

Indicaciones. — No corresponde á nuestro plan pre- 
venir la formación de las deformidades de la pelvis ni 
combatirlas; por esto estamos dispensados de cesaminar la 
influencia que ejercen sobre los huesos la raquitis, la tuber- 
culización, la sífilis y el reblandecimiento huesoso en 
las diferentes edades; cómo influyen en deformar la 
pelvis la desviación de la columna espinal, las dislo- 
caciones del muslo y las lesiones de los miembros in- 
feriores y tantas otras cuestiones que toca profundizar al 
médico. Esto mismo manifiesta los conocimientos que son 
necesarios para ilustrar á los jueces en sus dudas mé- 
dico-legales; por lo que consideramos no deber tocar 
aquí estas delicadas cuestiones. 

Los parteros, para conducirse en sus resoluciones, 
dividen las estrecheses de la pelvis en tres clases: 
la 1. rt comprende aquellas en que aun quedan los 
diámetros que tienen que recorrer los antero-posterio- 
res del feto, de 4 pulgadas 2 lineas (9 y medio cen- 
tímetros); la 2. * las que se reducen desde esta medida has- 
ta 3 pulgadas (7 centímetros); y la 3. * abraza las que 
todavía son menores; sin embargo de que no solamen- 
te debe pesarse en el ánimo las estrecheses de los 
diámetros pelvianos, para tomar el partido mas conve- 
niente, sino también la presentación del feto, el tama- 
ño de su cabeza, la movilidad de sus huesos, la lacsi- 
tud de la sínfisis pelvianas, la fuerza de las contra- 



ía 



— 210 — 

cierne?, y las condiciones que so ecsaminan en todas 
■■•raciones quirúrgicas, cuyas circunstancias inilu- 
yen admirablemente eo la marcha del trabajo. 

Cuando la estreches está comprendida en la 1 ? cla- 
se, siendo enérgicas las contracciones y tratándose de una 
presentación de vórtice, se termina todavia el parto sin la 
intervención del arte" debe pues aguardarse ocho ó diez 
después de la rotura de la bolsa ú que obren los es- 
fuerzos naturales; pero si desde luego se trata de otra per- 
mutación, ó son débiles los dolores, ó se presenta algún 
grave accidente para la madre ó el feto, ó si ha pesado el 
tiempo referido, corresponde al cirujano aplicar el foreps, 
ó practicar otra maniobra según el caso. 

Hasta 3 y A pulgadas es posible el parto natural, cuan- 
do las demás circunstancias son favorables; pero esto es 
raro, de modo que cuando la estreches correspondo á la 
2. rt ó 3. rt clase, si se ha podido conocer durante el emba- 
razo, es necesario para salvar ú la madre y muy proba- 
blemente al feto, al cual se debe bautizar en los países 
cristianos, hacer que un profesor provoque el [tarto pre- 
maturo, y si es época del parto, es preciso el Fórceps, la 
siufisotomía, la embriotomíay aun la operación cesárea, se- 
gún obligue la situación de la enferma, si no se quiere pa- 
ksur por una rotura del útero con su cohorte de peligros, ó 
de la vagina, de la vegiga de la orina ó del recto, con sus 
gangrenas, inflamaciones y fístulas consecutivas, ó por la 
separación forzada de las síníisis, con sus inflamaciones, 
supuraciones inagotables, la claudicación y aun imposibili- 
dad de andar; y esto si la enferma ha salida con vida de 
cada peligro por que va pasando á cada momento; y mas 
si se atiende á la vida del feto y á la religión. 

ARTICULO CUARTO. 

En la vulva. 

Rigidcs. 
Es muy común ver consumirse por mucho tiempo las 
contracciones uterinas contra el tatáquedel perineo, que 
se siente rígido, tenso, caliente, seco y doloroso, debili- 
tándose y aun cesando del todo: ó en lugar de ceder este re- 
sistencia por grados, hacerlo bruscamente mediante una 
rotura, que algunas veces no se estiende á la horquilla, 



— 211 — 

y por el agvgerp que se forma entre esta parte y el ai 
sale ó no el feto. 

Este obstáculo so presenta en las primerizas de edad 
avanzada, en las pictóricas, en las que están gruesas, y se 
cree que en las que tienen muy levantado el púvis. 

Se da blandura al perineo con los baños tibios, vapo- 
res, lavatorios y unciones que liemos aconsejado para la ri- 
gides del cuello del útero. Es preciso mas que en los ca- 
sos ordinarios, sostener el perineo para que no se rote, y si 
se debilitan los dolores, será tal vez conveniente una san- 
gría 6 la extracción del feto con el Fórceps. 

Estreches. 

La falta en totalidad ó en parte de la vagina trae ne- 
cesariamente la soldadura de la vulva. Verificada la con- 
cepción suele soldarse también por un accidente semejan- 
te al de las estrecheses de la vagina, y necesitarse uña 
operación para que se verifique el parto. La entrada de 
la vagina está algunas veces mas ó menos cerrada por la 
persistencia del Hymen, aun basta no dejar mas abertura 
que la necesaria para la salida de la orina. Por fin, una 
cicatriz antigua ó las pequeñas dimensiones de una vulva , 
forman algunas veces una estrecbes. Estos obtácuios 
ceden por lo común alas contracciones del útero; pero al- 
gunas veces es preciso una pequeña operación. 

Tumores. 

Varios son los tumores que ecsisten algunas ocasiones 
en la vulva, como escrecencias, absesos, producciones 
eancerosas, quistes &c, que se oponen á la salida del te- 
to, V que cuando son muy voluminosos eccigen la interven- 
ción de la cirugía. En el mismo caso están el Ldema, 
(hidropesía) y el Trombus de la vulva, sobre los que 
hablaremos, aunque sucintamente, por haberlo ofrecido 
así en el apéndice á la primera parte, en el articulo hemor- 
ragia uterina y en el de rotura de la vagina. 

El Edema de los grandes labios, que liemos descrito en 
el apéndice á la primera parte puede producir un engrue- 
samientos en ellos y una inestensibihdad tal, que impidan la 
salida natural del feto, ó se gangrenen por la fuerte com- 
pasión que sufren. Estos casos estreñios, se previe- 
nen desde antes con escarificaciones, cuyo numero, estén- 



— 2V2 — 

sion y lugar de aplicación quedan al juicio del cirujano. 

El Trombas de la vulva es uno de los accidentes graves 
que se presentan: también constituye un obtácuío para el 
paito, y por esto lo hemos dejado para e¡ I lugar. Con- 
siste en una hemorragia producida por ¡a rotura de las ve- 
nas de la vulva y de la vagina, reteniéndose la sangre 
por la piel de los grandes labios ó rtítándose también y de- 
jándola salir al esterior. Se producen estas rotur 
las numerosas y entrelazadas venas que hay en estas partes 
por un mecanismo semejante al de las almorranas, es de- 
cir, que no dejando la compresión del feto ú otro obs- 
táculo de la circulación subir con liberdad á la sangre 
que contienen, al corazón, se hinchan, mientras resisten 
sus paredes. Sucede esto, aun en las mugeres no emba- 
razadas, por una causa que produce el efecto de la com- 
presión referida; pero como esta es la mas frecuente, lo es- 
cd accidente en las embarazadas y mas en los últimos me- 
ses: luego, un golpe en la vulva, una caida, un sacudimien- 
to fuerte y sobre todo, en el parto, el avance de las nalgas 
ó la cabeza del feto, principalmente si permanece mucho 
en la escavacion, si es pequeña la vulva ó el estrecho infe- 
rior, ó voluminosa la parte del feto, rotan las venas pu- 
jantes de sangre y se produce el accidente. Esta última 
causa no lo hace aparecer hasta que saliendo el feto, deja de 
hacer la compresión que scoponia al derrame de la sangre. 

Un dolor vivo en la vulva 6 la vagina anuncia el acci- 
dente: luego se vén hincharse por momentos uno ó los dos 
grandes labios, formando un tumor mas ó menos voluminoso, 
he visto uno del tamaño de la cabeza de un infante; de color 
cárdeno ó natural, duro cuando la sangre no ha roto los 
tejidos en qne se derrama, ó blando y fluctuante en caso 
contrario: cuando se rota la piel, sale la sangre al esterior 
y no hay tumor ó es muy pequeño. Si el derrame es muy 
¡abundante vienen los síntomas graves de las hemorragias, 
como sincopes, debilitamiento del pulso, descoloramiento 
y enfriamiento de la piel &c, y aun la muerte, como en 
el caso citado arriba. 

Se concibe que verificándose este accidente antes del 
descendimiento de la cabeza ó la vulva, constituye un fuer- 
te obstáculo para el parto, si no se agujera la piel, y por 
consecuencia sigue el derrame. Bajo todos aspectos es el 
Trooibus de la vulva del dominio de la ci rujio. 



PARA EL EJERCICIO DE LAS PARTERAS, ESPEDIDO EN CUM- 
PLIMIENTO DLL ARTÍCULO TERCERO DE LA LEV DE 2 MAR- 
ZO DE 1852. 

Art. 1. ° Las parteras gozan de los derechos que cor- 
responden á los domas profesores de las Ciencias Medi- 
rás. Ejercen libre y csclusivamente sus facultades y tie- 
nen derecho álos honorarios que les dá el arancel. 

Art. 2. c Están obligadas: 

1. ° A prestar sus servicios á cualquiera parturiente 
por quien fueren solicitadas, sea la hora que fuere. ■ 

2. ° A hacer llamar á un profesor médico-cirujano 
encada una de las circunstancias que lo indica la cartilla: 
debiendo hacerlo desde el momento que conforme a las 
instrucciones que les dá, reconoscan un obstáculo para el 
parto ó la inminencia de un accidente grave para la ma- 
dre ó el feto: sin que para lo contrario les sirva de escusa 
el que la enferma se reusa, pues en tal caso, después de 
advertir á loa dolientes les peligros que la rodean, evita- 
rán toda responsabilidad. _ . 

8 ° A hacer venir sin demora á un cirujano en Jos 
caso's de muerte de una embarazada, para la pronta estrac- 
cion del feto. En caso de resistencia de los dolientes, da- 
rán aviso violento á una autoridad: bajo la pena de ser con- 
sideradas cómplices del delito que resulte. 

f o A permanecer al lado de la paciente mientras 
llega el profesor que se haya solicitado, dado el caso, con- 
duciéndose con la mayor circunspección conforme a los 
Receptos de la cartilla, en los casos que es pehgrosa cual- 
quiera demora. 



— 214 — 

5» ° A evitar por todos los medios que se atente con- 
tra la vida de un hijo espúreo. 

6.° A atender de gracia á las parturientes verdade- 
ramente pobres. 

Art. 3. ° Les esta prohibido: 

1. ° Curar otras enfermedades, bajo ningún pi 

to, que no sean las que enseña la cartilla: y las que 
>le estas estén en el grado de gravedad que requiere la 
asistencia del Médico-cirujano, según aliase marca. 

2. ° Ministrar medicamentos enérgicos ó practicar 
operaciones quirúrgicas, sino se en el caso único de una 
hemorragia fulminante. 

•3. ° Aplicar remedios de su invención antes que los 
hayan presentado ú la Facultad Médica para su aproba- 
ción. 

4. ° Favorecer el aborto, aun cuando sea inminente, 
debiéndose conducir como para el caso ordena la cartilla. 

5. ° Dar informes á los jueces ó certificados á par- 
ticulares sobres puntos de medicina-legal. 

Art. 4. ° Las penas ú que están sujetas las que in- 
frinjen en alguna manera los dos artículos anteriores se- 
rán. 

1. ° Las que tienen impuestas los que ejercen la medi- 
cina sin título legal, en los casos que fueren aplica 1 

2. ° Multas de 3 á 20 pesos, suspensión en su ejer- 
cicio de uno á seis meses y reclusión de 8 a 60 dias. 

3. ° Resarcimiento de los perjuicios causados. 

Art. 5. ° Encaso do reincidencia, se agravarán las 
penas proporcionalmente, y si una partera fuere incorre- 
gible, ¿e le retirará perpetuamente la facultad de ejercer 
la obstetricia. 

Art. 6. ° Las multas que se impongan por este regla- 
mento ingresarán al fondo de beneficencia pública. 

Art. 7. ° Los jueces ordinarios conocerán en loB nego- 
cios de esta clase; pero en los casos facultativos averigua- 
rán los hechos bajo la dirección de dos facultativos ó de 
la Facultad Médica, á la que está encomendada la vigi- 
lancia en este ramo. 



índice de las materias. 



P¿g i!. 

Aprobación de la cartilla 

Prólogo 

Introducción. 1 



SECCIÓN PRIMERA. 

Órganos que concurren al parto . . . o 

Art. 1. ° Pelvis. Conformación general . . id. 

Superficie esterior • 4 

Superficie interior ¿> 

Composición " 

Pelvis revestida de las partes blandas.' 10 

Usos 11 

Art. 2 ? — Órganos genitales ■ id. 

Monte de Venus id. 

Vulva 2 

Perineo t^ 

}>s ina \\ 

litero *|J 

Ligamentos del útero 1< 

Trompas uterinas ld « 

Ovarios • 1JJ 

Ligamentos del ovario U 

SECCIÓN SEGUNDA. 

20 

Gestación • • ■ 91 

Cap. 1 ? - -Preñez uterina simple ¿± 

Art. 1 ? —Cambios en la muger fg 

En el útero ^J 

En otros órganos. •••••• -g 

Art< 2 P —En el producto de la concepción Zo 



— 216 — 



Membranas y anexos. 



27 

Óvulo. Embrión. Feto 31 

Cap. 2 ? — Preñez gemclar uterina 36 

Cap. o .° — Preñez extra-uterina :> >7 

SECCIÓN TERCERA. 

Diagnóstico 4<J 

Cap. 1 ? — Medios diagnósticos 41 

Interrogatorio. Osfacion id. 

Inspección. Auscultación 42 

Palpación 4 ; ¡ 

Percucion 44 

Medición. Razonamiento. !•"> 

Cap. 2 -° — Diagnóstico de la gestación 16 

Art. 1 .°— Distinguirla de otras afecciones id. 

Art. 2 .° — Conocer las circunstancias del emba- 
razo ~> ;> > 

Periodos de la gestación. ., 54 

Preñez gemelar y extra-uterina 56 

APÉNDICE. 

Accidentes de las embarazadas. 

Efélides. Alteraciones de la digestión 59 

Almorranas. Varices.. 01 

Incomodidades para mear. Grietas. Es- 

corsor. Leucorrea (12 

Relajación de las sínfisis pelvianas 63 

Dolores. Calambres H4 

Dislocaciones del útero id. 

Reumatismo uterino . . . . 68 

Hidrorréa 70 

Hidropesía del Amnios. — Hidropesías 71 

Plétora 72 

Hidrohemia. Anhemia , 73 

Otras enfermedades. . .■ 74 



Parto. Divisiones 7-3 



— 217 — 
SECCIÓN PRIMERA 

DLL PARTO NATURAL. 

Título 1. ° 

Fenómenos del parto. 

Cap. 1. ° — Del trabajo 76. 

Art. 1. ° — Fenómenos fisiológicos id. 

Parto á término id. 

Parto prematuro 85. 

Aborto ■ > ; 'i- 

Art. 2. ° — Fenómenos mecánicos 91. 

Presentación de vértice 93. 

Presentación de cara 98. 

Presentación de pelvis 101. 

Presentación de los lados del tronco 103. 

Art... 3. ° — Diagnóstico y pronóstico del tra- 
bajo 105. 

Diagnóstico 106. 

Pronóstico • • • . 11¿- 

Cap. 2. ° — Del puerperio lio. 

Art. 1. ° — Fenómenos puerperales id. 

Art. 2. ° — Fenómenos del recien- nacido 121. 

Título 2. ° 
Cuidados que deben ser prestados en el parto. 

Cap. 1. ° — Durante el trabajo 123. 

Art. 1. ° — En los casos ordinarios id. 

Art. 2. ° — En los casos especiales 134. 

Cap. 2. ° —Después del trabajo. .< 140. 

Art. 1. ° —Al infante 141. 

Art. 2. ° —A la madre 146, 



— 218 — 

SECCIÓN SEGUNDA 

DEL PARTO ARTIFICIAL. 

Titulo 1.° 

De los accidentes del parto. 

1. ° — Durante el trabajo 152. 

A rt. 1. ° — En la madre y el feto id. 

Lentitud (> debilidad de las contracciones. id. 

. cía del útero 153. 

Prolongación del trabajo 1 55 

'Trabajo acelerado J.~>í¡. 

Convulsiones del útero 157. 

Hemorragia uterina 158. 

Roturas del útero • ltítí. 

Rotaras de la vagina 169. 

Roturas del perineo y de la vulva 170. 

Síncope L7l-« 

Convulsiones puerperales 17-. 

Otras enfermedades 1 74. 

Inserción de la Placenta sobre el cuello. . id. 

Art. 2. ° — En el feto solamente 1 76. 

Salida del cordón. .< id. 

Otros accidentes. ..- 178. 

Muerte del feto 179. 

Can. 2. ° — Después del parto 181. 

Art. I . ° — En la madre id. 

Reanversamicnto del útero id. 

Pujos uterinos ó entuertos 183. 

Otros accidentes 184. 

Art. 2. ° — En el recien-nacido 18;"). 

Congestión. — Apoplegía id. 

Debilidad 187- 

Otro? accidentes 188. 

Titulo 2. ° 
De los obstáculos para el parto. 

Cap. 1. ° — Debidos al producto de la concepción. 190. 



— 210 — 

Irregularidad de la presentación 190. 

Ilidrocéfalo ó hidropesía del cerebro 192. 

Otras Hidropesías. — Tumores id. 

Salida de los miembros superiores 193. 

Gemelos adherentes •....• id. 

Cortedad del cordón . . . . 194. 

Rigides de la bolsa . .. 195. 

Placenta voluminosa. — Adherencias...... 196. 

Cap. 2.° — Ecsistiendo en la muger 197. 

Art. 1. ° —En el cuello. 198. 

Rigides ■ id. 

Obliteración 199. 

Oblicuidades id. 

Art. 2.°— En la vagina ••• 201. 

Inversión id. 

Estreches id- 

Art . 3. o __ En la pélvis 202. 

Tumores id. 

Vicios de conformación ^03. 

Art. 4. ° —En la vulva 210. 

Rigides '• •■ 

Estreches 

Tumores. •• 



211. 
id. 



Reglamento para el ejercicio de las parteras, 



213. 






FIN DEL ÍNDICE. ^_^