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Full text of "Biblioteca de autores españoles, desde la formacion del lenguaje hasta nuestros dias"

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TOHOJSÍTO 



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BIBLIOTECA 



AUTORES ESPAÑOLES. 



TOMO DECIMOQUINTO. 



^4c BIBLIOTECA 



AUTORES ESPAÑOLES, 



DESDE LA FORMACIÓN DEL LENGUAJE HASTA NUESTROS DÍAS. 



OBRAS ESCOGIDAS 



PADRE JOSÉ FRANCISCO DE ISLA, 



CON UNA NOTICIA DE SU VIDA Y ESCRITOS 



POR DON PEDRO FELIPE MONLAU. 




MADRID, 

IMPRENTA DE LA PUBLICIDAD, Á CAllGO DE D. M. ItlVADENEYRA , 

CALLE Ue JESÚS DEL VALLE , NtlM. (>. 

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NOTICIA 



VIDA Y OBRAS DEL PADRE ISLA 



Natural ha sido y será en todos tiempos querer saber los pormenores de la vida de los hom- 
bres que entre sus semejantes ó conciudadanos se han distinguido por sus virtudes, por sus 
talentos, por su valor, ó también por sus enormes faltas y espantosos crímenes. Nos enteramos 
con ávida curiosidad de los combates interiores que sufria el santo, de los caprichos de la 
vida doméstica del sabio, de los rasgos íntimos del capitán irisigne , y con cierto terror deli- 
cioso hojeamos también la biografía del bandolero célebre y del desalmado criminal. Y es que 
en los varones grandes, y bajo cualquier concepto distinguidos, las pequeneces se hacen gran- 
des también , y lo al parecer insignificante y accesorio, tórnase en ellos importante y esencial 
para el que les estudia. 

Esta afición natural á la biografía de los hombres notables no aspira , por otra parte , á satis- 
facer una pueril curiosidad ó á proporcionarse un rato de solaz y de vano entretenimiento ; 
sino que reconoce un principio mas filosófico, y tiende á satisfacer mas altas necesidades. Es, 
con efetíto , imposible juzgar acertadamente de los hechos públicos y de las obras de ingenio 
de un hombre distinguido y mas ó menos privilegiado, sin descender al examen de su vida in- 
terior ó doméstica. En los vulgares detalles de esta se encuentra no pocas veces la clave de las 
manifestaciones de la vida exterior, pohtica, social ó literaria. Así como las obras explican á 
veces el autor, el autor explica no pocas veces sus obras. Hé aquí pues cómo el amor á las 
biografías es no solo natural en todo el mundo, sino también importantísimo y hasta cierto 
punto necesario para el observador verdaderamente crítico. 

Los lectores del Padre Isla se encariñarán sin duda con las obras del ilustre jesuíta ; porque 
sin duda le perdonarán todos los defectos de estilo y de lenguaje que tal vez noten , en gracia 
de la copiosa erudición y de los chistes y alusiones de buen género que rebosan en todos sus 
escritos. Naturalmente pues desearán conocer al autor, informarse de los accidentes de su 
vida, y ver si por estos, y por las demás circunstancias de la época en que escribió, pueden 
explicarse á si mismos la índole especial de sus composiciones y el carácter íntimo de sus ten- 
dencias literarias. Vamos á satisfacer este legitimo deseo con toda la brevedad propia de una 
introducción, al paso que con toda la exactitud que comportan unos he'ohos casi contempo- 
ráneos y fielmente consignados en varios documentos dignos de entera fe. 



IV VIDA DEL PADRE ISLA. 

cargo , y quo, si hií^n prontísimo á obedecer cu el caso de que su majestad se lo mandase, 
esperaba, no obstante, de su real bondad le permitiese regresar á la provincia, protestando 
humildemente su mas profunda gratitud. Yo, anadió con su acostumbrado aire festivo, no soy 
para confesor ni aun de vuecencia. La Reina se dignó eximirle, y en su lugar eligió al Padre 
Varona, de la provincia de Toledo. 

Otro do los principales teatros de gloria para el Padre Isla fué el pulpito. A la edad de veinte 
y seis años empezó á desempeñar el augusto ministerio de la predicación evangélica ; y excu- 
sado es recordar la inci-eiblc abyección en que por aquella época estaba sumida en España la 
oratoria sagrada. Nuestro jesuita deploraba amargamente en el fondo de su alma aquella triste 
decadencia, y propúsose remediarla en cuanto de él dependiese. Desde luego inició la reforma 
con el ejemplo personal : sus Sermones, cuya colección vio la luz en 1792, no eran, como casi 
todos los de aquel tiempo, un tejido informe de paradojas y antítesis, de vanas sutilezas y des- 
enfrenadas metáforas, de textos tan empalagosos como inoportunos, de retruécanos pueriles y 
de vanos juegos de palabras, sin plan, sin unidad, sin verdadero objeto moral ; no, la divina 
palabra, trasmitida á los fieles por boca del Padre Isla, era lo que debia ser, lo que fué en 
tiempo de los apóstoles, lo que nunca debe dejar de ser, esto es, un discurso sencillo, severo, 
razonado, que hiera á un tiempo el corazón y alumbre la inteligencia para decidir al cristiano á 
la práctica sincera de la virtud. Y si al parecer no siempre se atuvo estrictamente á esta Hnea 
de conducta, fué porque el ilustrado Isla conocía que el gusto de los oyentes estaba tan echado 
á perder por la corrupción oratoria de los predicadores , que era prudencia no chocar de lleno 
con sus preocupaciones inveteradas , y mostrarse algo condescendiente con aquellos paladares 
estragados, á fin de mejor y mas expeditamente alcanzar reducirles al buen camino. 

Por lo demás, nuestro esclarecido autor no cejaba en la cruzada que había valerosamente 
emprendido contra la corrupción del pulpito. Ya en 1735, á los treinta y dos años de su edad, 
predicando en Santiago sobre el mal modo de oír la palabra de Dios, dijo entre otras sentidas 
palabras : « Algunos quieren decir que no se aprovecha el asunto de los sermones que oye, por- 
» que no gusta el mundo de oir sermones que le aprovechen... Se cree comunmente que láma- 
» yor parte de los cristianos gusta mas de aquellos sermones donde el orador relampaguea en 
«las acciones, truena en las palabras, fulmina en los discursos, brilla en los pensamientos, 
» cruzándose los textos y las ingeniosidades , las clausulillas cortadas y las discreciones traídas ; 
» haciendo unos sermones á modo de Poliantea, donde igualmente sirven las verdades infalibles 
í é inspiradas de la Sagrada Escritura, que los delirios, sueños y embustes de los gentiles; en- 
itrando á hombrear y escupiendo en corro, como dicen, con las ponderosas sentencias de San 
í Pablo, San Crisóstomo, San Agustín y San Ambrosio, los dichitos de Séneca, los cortadillos 
»de Plínio, las agudezas de Marcial, y las sátiras de Horacio... No creo, ni puedo creer, que 
;i el paladar del mundo esté tan estragado como se le supone ; antes firmemente estoy persua- 
)> (lido á que lo mas del mundo tiene el gusto muy bien puesto por lo que toca á este punto : 
í los mas oyen de mejor gana á los predicadores que desengañan , que á los que lisonjean ; á los 
nque proponen verdades secas, sólidas y macizas, que á los que afectan discursos ingeniosos, 
«delicados y sutiles; á los que hablan al alma, que á los que hablan al oído ; en una palabra, 
j mucho mas séquito tiene un predicador que predica, que un predicador que representa. » 

El año siguiente de 1736 , en la propia ciudad , tomando por tema del panegírico de San Fran- 
cisco Javier las palabras de Jesucristo praedicate Evancjellum , le vemos insistir en el mismo asun- 
to, y explicar extensamente por punto de doctrina ccuno ha de ser uno mismo el evangelio de 
la misa y el del sermón, el evangelio del altar y el del pulpito, y cómo se trastorna y pervierte 
tan necesaria identidad cuando los predicadores no se curan mas que de peinar la retórica, atu- 
sar las voces, y formar un jueyo de ajedrez con las palabras. 

Incansable estuvo nuestro autor en denunciar los abusos oratorios del pulpito. Desde su pri- 
mera entrada en el ministerio apostólico, declamó incesantemente contra los vicios que se ha- 
blan introducido en el respetable ejercicio de la predicación ; y fuera por demás prolijo citar aquí 
lodo lo que públicamente y desde la misma cátedra del Espíritu Santo dijo sobre la materia. 
Limitémonos pues á trascribir, por conclusión de este asunto, parte del principio de un ser- 



VIDA DEL PADRE ISLA. v 

mon de Santa Teresa, predicado el año 174'J en San Sebastian. Hé aquí este precioso fragmento t 
iTengo propuesto el asunto, y en su misma proposición, si se penetra bien, tengo también 
» com{)rendidas todas las que se llaman circ unstancias de la solenuiidad , y un sabio las llama 
» mejor impertinencias de los predicadores aprendices , ó despropósitos de los que no son capa- 
» ees de aprender. En una y en otra clase me coloco yo , y por eso no me considero excusado de 
•tocarlas , por mas que especulativamente esté muy lejos de aplaudirlas , cuando me cuesta mu- 
tcho vencimiento el oirías sin irritación. Ninguna nación del mundo cristiano practica esta im- 
» pertinencia, fuera de la española; y aun en España los que suben al pulpito con magisterio 
» verdaderamente apostólico , ó á lo menos sólidamente oratorio , desengañados ya de esta pue- 
irilidad, altamente la desprecian. Predican de lo que predican, y no predican del auditorio, 

• mas que se halle presente rey ó papa. Dicen (y me parece que tienen muchísima razón) 
»que si se haria risible un abogado que defendiendo un pleito en estrados públicos y á puerta 
«abierta, se divirtiese en elogiar fuera de propósito al retrato del rey que está debajo del dosel, 
>á los jueces que asisten, y á los curiosos ó á los interesados que concurren, ¿por qué no se 
«liara ridiculo un orador que haciendo el panegírico, verbi-gracia, de Santa Teresa, se distrae, 
» venga ó no venga, á elogiar al Rey de los reyes, que diviniza la fiesta con su real asistencia 
»en el augusto Sacramento ; á uno de los soldados de mayor valor, de los oficiales de mejor 
•conducta, y de los ministros de mayor prudencia, que asimismo la autoriza; auna nobilísima, 
slealísima y fidelísima ciudad que la llena de esplendor, menos por hacer gloriosa ostentación 
»de patrona de convento, que por hacer gloriosa vanidad de estar debajo de la protección y del 
«patronato de la Santa ; á unas religiosas y siempre venerables comunidades , cuyos doctos an- 
«tepasados no solo aprobaron el sublime espíritu de Teresa, sino que añadieron muchas plu- 
«mas á sus alas para que se elevase á mas arrebatado vuelo ; y ahora vienen ellas con cierta sa- 
> tisfaccion generosa y bien nacida á ver colocada en los altares á la que sus mayores ayudaron 
» á poner en ellos? Dígalo por la religión dominicana el sapientísimo Maestro Bañez, y el no mé- 
«nos fervoroso que sabio Fray Pedro Ibañez, ambos confesores de la santa Madre. Dígalo por la 
«religión seráfica uno que vale por mil, el extático Alcántara, penitente; díganlo por la mía el 
«Borja iluminado, el espiritualísimo Baltasar Alvarez, el doctísimo Ripalda, el prudentísimo Gil 

• González, y el solidísimo Enrique Enriquez : todos los cuales sacaron valerosamente la cara en 
«defensa de Teresa, vencieron a la envidia, triunfaron de la calumnia, desarmaron la ignoran- 
«cia disfrazada en celo ; y lo que es mas, defendieron á Teresa contra la misma Teresa, sose- 
«gando sus desconfianzas, desvaneciendo sus temores, y en fin, aprobando redondamente su 
«espíritu. 

» Pero ¿á qué vendrá todo esto? dicen los maestros del arte. Si el asunto es predicar á Santa 
■ Teresa de Jesús, ¿á qué fin hacerse cargo de unas circunstancias que son tan fuera del asun- 
» to ? A qué fin tocarlas , como se tocan las teclas , ya una , ya otra , sin pararse en ninguna , con 

• la diferencia de que aquí hacen disonancia, y allí hacen armonía? ¿No es cosa ridicula pasar 

• revista de circunstancias como si fueran soldados, ó hacer suertes á las concurrencias como 

• si se capearan novillos ? Esto preguntan los maestros de la oratoria , y yo no se qué respon- 

• derles ; pero , como estoy muy lejos de ser maestro en esta facultad ni en otra alguna, me ha 
«parecido conveniente conformarme con los muchos, aunque sienta con los pocos.» 

Desconfiando empero el Padre Isla de la eficacia de sus meros esfuerzos personales en el 
pulpito, y resuelto á combatir con todas armas y en todos los terrenos, ocurrióle componer la 
Historia del famoso predicador fray Gerundio de Campazas, obra de imperecedera fama, insigne 
monumento literario del siglo xvni , y título principal del merecido renombre de nuestro autor. 
Ya volveremos á hablar de esta ruidosa Historia (empezada á publicar en 1758), que sembró la 
alarma en el campo de los malos predicadores , quienes, ya desde entonces é indeleblemente 
quedando apodados Gerundios, no dejaron de vengarse procurando concitar contra el autor la 
enemiga del vulgo piadoso , y haciendo disparar contra su obra los temidos anatemas de la hi- 
quisicion. Cúmplenos aquí tan solo mencionar este arrojado hecho de armas contra el coloso 
del mal gusto en la oratoria sagrada, y asegurar que la herida fué mortal. El ridículo mató á la 
ridiculez. 



Vi viüA UEL i'aüul: isla. 

El Padhe Isla era do constitución física sana y robusta ; iK?ro lalialiilual continuación y fatiga 
de sus estudios, escritos y ministerios religiosos, habían deteriorado un poco su salud, y á los 
cincuenta años padecía algunos quebrantos consiguientes á la edad y al asiduo ejercicio de sus 
facultad(!s intelectuales. Sus superiores, que siempre le habían mirado y tratado con singular 
predilección y cariño , accedieron entonces fácilmente á los deseos que empeñadamente mani- 
festó de retirarse á uno de los colegios situados en poblaciones cortas, así para reponerse, como 
para proseguir con mayor expedición las obras que traía entre manos. A este íin, primero en 
Víllagarcia de Campos, y después en Pontevedra, por ser clima mas templado y benigno, vivió 
los últimos catorce años que estuvo en España. 

Contentísimo con haber trocado el pulpito por el confesonario, y la cátedra por la silla de su 
estudio, encontró en Víllagarcia cuantos atractivos podían lisonjear su gusto habitual. Había en 
aquel colegio el seminario adonde pasaban del Noviciado todos los jóvenes de la provincia de 
Castilla para perfeccionarse en las letras humanas, aunque ya habían sido examinados en ellas 
y aprobados antes de^er recibidos en la Orden. Esta mantuvo siempre alh dos maestros de los 
mas sobresalientes en latinidad y retórica ; pero desde mediados del siglo pasado quiso refmar 
la cultura de aquella instrucción fundamental y ampliada, añadiendo el estudio del griego , idio- 
ma madre y uno de los mas sonoros y filosóficos que haya servido jamas para la traducción y 
análisis del pensamiento humano. Tino de los jesuítas que, con otros de las cuatro provincias 
del reino , por orden y bajo la protección de Fernando VI , habían estado en Francia apren- 
diendo las lenguas orientales y otras ciencias, fué el Padre José Petisco, que falleció á princi- 
pios de este siglo. Este mismo era el primer maestro del seminario de Víllagarcia cuando pasó 
á aquella casa el Padre Isla. Años antes conocíanse, aunque solo de fama, los dos humanis- 
tas , y este conocimiento, hecho personal , se convirtió luego en singular afecto y profunda amis- 
tad. Reconoció el Padhe Isla con la mayor complacencia las ventajas del nuevo plan de estu- 
dios ; y siendo una de sus disposiciones capitales el ilustrar con sumarios y notas los autores la- 
tinos del siglo de oro que habían de usar los estudiantes , se distribuyó esta incumbencia entre 
los maestros del seminario , y por particular distinción fué invitado el Padre Isla á encargarse 
de la interpretación de algún autor. Condescendió al instante , y tratándose de anciano entre 
los que menos lo eran, como también de amigo, escogió por esta discreta analogía los libros 
de Cicerón sobre la Senectud y la Amistad , que se imprimieron con sus notas. 

Nuestro autor leía con bondadosa complacencia las composiciones en prosa y los versos de 
aquellos jóvenes , que le llevaba su maestro sin saberlo ellos , y remitia las mas sobresalientes 
(con el solo objeto de que las juzgasen, mas vedándoles insertarlas) á sus antiguos amigos 
los eruditos diaristas de España , con quienes mantuvo estrecha correspondencia desde que se 
les dio á conocer y admirar por la Historia de Teodosio. Y cuando llegaba la época del año en 
que se permitía que los padres antiguos tuviesen algunas pocas horas de conversación con los 
Beminaristas y novicios , el Padre Isla era el primero en salirles al encuentro, recitándoles de 
memoria algunos trozos selectos de sus mismas composiciones y poesías , animándoles á mayo- 
res progresos , divirtiéndoles y embelesándoles con la amenidad de sus discursos y la bondad 
de sus consejos y observaciones. En su obsequio, y estando prohibido hacer regalo alguno á los 
seminaristas, donó varias obras nuevas oraras á la biblioteca particular de humanidades y 
retórica que había para uso común de los estudiantes. En beneficio y aprovechamiento de los 
mismos, tradujo en verso castellano las Sátiras latinas de Lucio Sectano, bajo cuyo nombre 
las había escrito pocos años antes el jesuíta Julio Cordara, contra los abusos de la literatura , ó 
mejor dicho, contraía presunción de los pseudo-literatos de aquel tiempo. 

Mientras gozaba tranquilamente de su dulce retiro, y dividía el tiempo entre estas apaci- 
bles tareas y los ejercicios religiosos (en cuyo cumplimiento fué siempre exactísimo), se v¡ó 
precisado á interrumpir sus amenos ocios , y volver, por la entera cuaresma de 1757, á las fati- 
gas de una diaria predicación. Para este santo ministerio fué invitado de Zaragoza con tal ins- 
tancia y por tales personas , que ni la distancia del punto , ni la incomodidad del viaje , ni mo- 
tivos de salud queljrantada , pudieron eximirle de aquel empeño , al cual , como era de espe- 
rar, respondió cumplidamente , satisfaciendo la espectacion que habían esparcido su nombre y 



VIDA DEF. PADRE ISLA. vii 

fama, y alcanzando los mas extraordinarios y públicos elogios de aquella gran ciudad, acostum- 
brada á oir los mas célebres predicadores. Es lástima que se ignore el paradero del Sermonario 
ó Cuadragesimal que á dicho fui trabajó de propósito , pues indudablemente tendríamos (d 
gusto de admirar en él, mas aun que en sus Sermones impresos» el fruto de una edad pro- 
vecta, de una erudición mas acrisolada y de un discernimiento mas exquisito. 

De regreso á Castilla , y destinado después de algún tiempo al colegio de Pontevedra para 
que con el mismo reposo disfrutase la mayor benignidad de aires , volvió también á observar 
el mismo método de vida. Concluida su hora de meditación al principio de la mañana , cele- 
brado inmediatamente el santo sacrificio , rezadas horas y las primeras devociones particula- 
res del dia, se estaba entretenido y fijo en su estudio hasta un cuarto de hora antes de comer, 
destinado al primer examen diario de conciencia : hasta el segundo , que era por la noche , ha- 
llaba tiempo , después de dormir la siesta, para terminar el oficio divino , rezar el rosario, tener 
lección espiritual , hacer una larga visita al Santísimo , dar un paseo , y lograr en las noches de 
invierno las mismas horas de estudio que por la mañana. Es verdad que le taltaba en Ponteve- 
dra la complacencia de ver y tratar á la juventud estudiosa que dejó en Villagarcía ; pero lo 
compensaron esta privación muchos de sus individuos que hablan pasado á los estudios mayo- 
res , y otros que los habian concluido , escribiéndole con frecuencia , y consultándole varios 
puntos literarios. A todos contestaba puntualmente , aunque ocupado en otra mayor correspon- 
dencia que mantenía con muchos personajes y con los mas acreditados sabios del reino y 
fuera de él. 

No es menos de maravillar su atenta prolijidad en informarse de los progresos que hacian 
en las escuelas públicas de gramática y humanidades , así los jóvenes maestros en enseñarlas, 
como los discípulos seglares en aprenderlas : noticia que se le facilitaba por medio de los pa- 
peles impresos y repartidos en las respectivas ciudades al fin del curso de cada año , anunciando 
los púbhcos exámenes, con expresión de cuanto debían saber y responder los estudiantes que 
pasaban de una clase á otra , y con plena libertad á cuantos quisiesen asistir para preguntar y 
decidir las respuestas. Uno de los referidos jóvenes maestros , que era deudor al Padre Isla de 
particular afecto , se descuidó un año en enviarle preventivamente la noticia de aquella función 
y de lo que para ella había trabajado ; pero no se olvidó de remitirle el programa ya impreso. 
La respuesta fué una cariñosa queja por no haber sabido la importante pieza que allí se prome- 
tía , y era la traducción del Arte poética de Horacio , en verso castellano , de que debían dar 
razón los mayoristas mas adelantados, interpolándola con la latina. Pidióla sin tardanza, por 
■ ser la primera de que tenia noticia se hubiese hecho en nuestro idioma : la vio , la corrigió , la 
alabó, y envió á Madrid para que se imprimiese ; pero otras circunstancias que se atravesaron 
impidieron la ejecución. 

Contaba nuestro Isla sesenta y cinco años cuando empezó para él una serie inesperada d(! 
quebrantos y de aflicciones. Su venerable edad , su bondadosísimo carácter, su inmensa repu- 
tación literaria, y hasta la misma tranquilidad de los tiempos, debían hacerle confiar en que 
podría consumir el resto de su vida en su celda querida y en sus ocios favoritos. Mas no fue 
así. El memorable acuerdo de la expulsión de los jesuítas fué intimado á su comunidad de Pon- 
tevedra, como á todas las demás casas de la misma orden, el 3 de abril de 1767. El Padre 4sla 
se enteró respetuoso y sumiso de las terminantes disposiciones del real decreto, y aceptuiulo 
resignado las consecuencias de aquel contratiempo , mostróse jovial y alegi'e , en términos do 
admirar á sus compañeros y á las demás personas que fueron á visitarle. I*ero la organizacioa 
de su cuerpo no era ya de tan abonado temple como la fortaleza de su espíritu ; y al amanecer 
del día siguiente , estando para ponerse en camino con los demás hacia la Coruña , fué asaltado 
de un violento insulto de perlesía, que le cogió la boca y la lengua, aunque dejándole libre la 
cabeza. Sobresaltáronse todos ; y el que había sido el dia antes causa de la común alegría, fué 
luego objeto del común desconsuelo y dolor. Llamóse prontamente á uno de los médicos mas 
célebres del reino de Galicia, que residía en aquella villa; y apenas le vio, dijo ser mdispensa- 
ble sangrarle inmediatamente , é imposible enq)render el viaje con los demás sin evidente peli- 
gro de la vida. Esta declaración afligió en extremo á los compañeros, que ya creían separarse 



VIH VIDA DEL PADRE ISLA. 

para siempre de tan amable colega. El , no meónos aíligulo y sobremanera enternecido , ha- 
ciéndose fuerte violencia, y venciendo como pudo los estorbos de la lengua, dijo con voces 
balbucientes y trabajosamente articuladas, que si le sangraban y dejaban en Pontevedra , cier- 
lamente le quilaria la vida el dolor de no seguir á sus hermanos ; pero si le permitían acompa- 
ñarlos, tenia por muy probable que este consuelo le restiíuiria la salud , ó por lo menos le dilata- 
ría por algunos dias la muerte. 

El concepto tan justo y general de su sabiduría , sus conocimientos médico-filosóficos bien 
reconocidos, la resolución y valentía con que habló, los visibles efectos de la pesadumbre y 
amargura , la naturalidad y viveza de genio , y el aliento de espíritu que constaban á los cir- 
cunstantes , hicieron parar al médico, reflexionando algunos momentos sobre lo que acababa de 
oirle; y pesadas bien todas las circunstancias, accedió áque se le diese aquel consuelo, espe- 
cialmente cuando podia hacer el viaje con la comodidad de una litera, que ya estaba prevenida, 
y cuando la primera marcha era de solas tres leguas por camino llano y agradable. Conocióse 
al punto que esta determinación le habia ya como aliviado ; y el alivio se hizo mas y mas per- 
ceptible á medida que se iba alejando de Pontevedra. Con electo , llegó el enfermo á la pequeña 
villa de Caldas, término de la primera jornada, con notable aliento, y al parecer, con prodi- 
giosa mejoría; mas presto se conoció que esta no pasaba de aparente ; porque á breve rato de 
su arribo le repitió segundo insulto, con el mismo aparato de violentos síntomas que el prime- 
ro. Hízosele prontamente una copiosa sangría, con la cual se desahogó la naturaleza, de modo 
que descansó aquella noche con gran sosiego, y el dia siguiente pudo continuar su viaje y lle- 
gar en dos acomodadas marchas a la ciudad de Santiago. 

Muchos y poderosos motivos personales mediaban para que se le hiciese mas sensible la triste 
situación en que se hallaba, pues ademas de los muchos amigos de la mayor distinción, así 
eclesiásticos como seculares, estaban allí domiciliados, y no menos distinguidos por su posi- 
ción social y relaciones , un hermano y dos hermanas suyas , á quienes amaba tiernamente , y 
que le amaban con igual afecto y ternura. Sin perjuicio de la firme decisión que le conducía á 
seguirla suerte de sus compañeros proscriptos, hizo su oficio la naturaleza, impelida de su 
vivísima imaginación , y descargó el accidente su tercer golpe , con tan terrible saña, que se 
llegó á temer.no le sobreviviese. Por consiguiente, se comenzó á tratar de detenerle en aquella 
ciudad hasta que la dolencia por sí misma decidiese si le permitía ó no pasar adelante. Estas 
precauciones de caritativa prudencia ( conformes á la anticipada previsión y piedad del Key, 
comunicada en sus instrucciones á los comisionados ejecutores) llegaron á noticia del enfermo; 
pero, lejos de consolarle, afectaron la delicadeza de su pundonor y amor á su antigua vocación, 
en términos de ocasionarle una convulsión general, con la que mas y mas se imposibilitó su 
suspirado viaje. Atemorizado el médico asistente, protestó conjuramento, que ponerle en ca- 
mino en tan lastimoso estado, era llevarle á una prontísima y segurísima muerte : firmó su 
parecer, y despachóse con él inmediato aviso al capitán general de Galicia, informándole por 
menor de lo que pasaba, y deteniéndose en aquella ciudad toda la comunidad del colegio de 
Pontevedra hasta que llegase su determinación. Esta fué que por ningún término se removiese 
al Padre Isla del lugar donde estaba , hasta que cesase el accidente y recobrase el enfermo 
las fuerzas necesarias para continuar el viaje a la Coruña sin el menor peligro ; y que entre 
tanto se le alojase en alguna comunidad religiosa, donde se cuidase de su curación y regalo, y 
que se atendiese mucho á estos dos puntos. 

intimóse al paciente esta orden del Capitán General, juntamente con la declaración del mé- 
dico, y no esponderable cuánto se volvió a afligir al oírla. Insistió no obstante en el empeño 
de no separarse de sus hermanos, y dijo con toda resolución á su prelado, que si podia exponer 
su vida sin perjuicio de la conciencia, quería absolutamcnle exponerla por lograr el consuelo de 
morir entre aquellos con quienes había vivido. Kespondiósele con la misma resolución , que ni él 
lo podia hacer sin pecar, siendo voluntario homicida de sí mismo , ni los demás lo podían per- 
mitir sin incurrir en igual pecado, sobre todo después de las órdenes tan positivas que se habían 
recibido del jefe á cuya disposición estaban todos en aquellas circunstancias. Rindió su juicio, 
pero muy á costa suya , pues tan animoso esfuerzo y sacrificio de resignación y obediencia h; 



VIDA DEL PADRE ISLA. i^ 

aumentó el desconcierto de sus humores, y no pudo impedir los mas lastimosos efectos de su 
intensísimo dolor, particulíu-mente al querer despedii'se de sus amados compañeros. Entró en 
su cuarto el primero el Padre Héctor, á darle un fraternal abrazo ; mas fué tal la vehemencia 
de su atliccion , tan copioso su llanto , tan penetrantes sus clamores y sus ayes , prorumpiendo 
como pudo en la sentidísima expresión de que era el mas infeliz de todos los jesuítas , porque 
no nierecia por sus graves culpas hacerles compañía hasta la muerte, en sus trabajos, que el 
Padre Rector, temiendo el último estrago en una salud tan atropellada, se retiró al instante, y 
no permitió que otro alguno entrase á despedirse , tomando ademas la precaución de empren- 
de! la marcha con el mayor silencio posible, para que no se apercibiese el enfermo. 

Al dia siguiente se le trasladó al monasterio de benedictinos de San Martin , donde fué amis- 
tosamente tratado y agasajado por aquellos religiosos monjes. Emprendióse inmediatamente su 
curación , que íué lenta , pero íeliz. Al sétimo ú octavo dia se sintió muy amagado de un acci- 
dente apoplético , que se desahogó ó resolvió naturalmente en un desenfrenado cólico , dejando 
al entermo sumamente postrado de fuerzas. Mas apenas se sintió con las suficientes para volver 
á meterse en una litera y marchar á incorporarse con sus hermanos en la Coruña , él mismo su- 
plicó al juez comisionado que cuanto antes le proporcionase este consuelo ; y así lo ejecutó, 
aunque no pudo ser con toda la brevedad que deseaba el paciente. Consiguiólo al fin, y llegó 
á la Coruña tan débil, tan desfigurado y con la lengua tan entorpecida, que era objeto de la 
compasión universal ; mas luego se conoció visiblemente cuánto le alentaba el gozo de verse 
entre los suyos , que le recibieron con los brazos abiertos. A pocos días fué muy notable su me- 
joría, y creció en el discurso de la navegación, aunque larga y penosa : de suerte que al des- 
embarcar apenas le habían quedado mas que algunas Tijeras señales de lo que había padecido. 

Contra la publicidad y autenticidad de estos hechos sobre el accidente del Padre Isla , su 
salida de Pontevedra, detención en Santiago y reunión con sus compañeros en la Coruña, se 
esparcieron por el reino algunas voces tan falsas como malignas, hijas de la efervescencia que 
en aquella época produjo la expulsión de los jesuítas. Sin embargo, hizose lugar la verdad ; y 
la verdad es tal como la acabamos de referir. 

El vigor y las fuerzas que diariamente recobraba en la Coruña el Padre Isla se debieron, se- 
gún conlésíon de los mismos facultativos , mas bien á la disposición de su ánimo , ya tranqui- 
lizado y gozoso, que á los socorros del arte. Ensanchábasele , como él decía, el corazón vién- 
dose restituido á la compañía de sus hermanos y á la de su presente y funesta suerte, cualquiera 
que fuese. Por lo demás, era no solo difícil, sino imposible, facilitarle en aquel colegio los medios 
conducentes á su restablecimiento , pues no habiendo habitación mas que para doce padres, 
se hallaban en él reunidos mas de ciento , esperando el aviso del Ferrol para ser allá traspor- 
tados , y hacerse á la vela con toda la provincia de Castilla. En este intermedio se estrecharon 
los demás , por colocar en un aposento al convaleciente con dos compañeros que no le perdie- 
sen de vista noche y día; y los otros, fuera de las horas de descanso, se iban sucediendo en 
visitarlo, darle moderada conversación y leerle algún libro. Ni en los pocos días que allí es- 
tuvo le faltaron nuevas ocasiones en que volvió á triunfar del natural amor á la salud, ala pro- 
pia conservación y conveniencia. Se le hizo entender que su mejoría era de la quietud y asis- 
tencia que tenía ; que ni una ni otra podían esperarse en adelante entre la incomodidad y es- 
trecheces de una embarcación ; que los alimentos de mar, en gran parte irregulares ó recios 
ó salados, eran contrarios al régimen que debía seguir ; que si le repetía el accidente, no po- 
dían hallarse aun en un navio de guerra los auxilios y remedios que tendría en tierra ; y final- 
mente , que para precaver semejantes incertidumbres y peligros , se concedía á los enfermos y 
achacosos la facultad de quedarse en una casa religiosa, ó para siempre ó hasta su perfecto 
restablecimiento ; en cuyo caso, deteniéndose solo seis meses mas, lograría la favorable oca- 
sión de incorporarse y embarcarse con los procuradores, los cuales se quedaban por entonces 
en España para rendir sus cuentas. Agradeció tales observaciones y consejos, pero se mantuvo 
inmutable en la resolución que había tomado de seguir á todo trance la suerte de su instituto 
religioso. 
Después <)ue arribaron al Ferrol los jesuítas de Castilla , Navarra , Vizcaya y Asturias , prevé- 



X VIDA DEL PADRE ISLA. 

nidos ya los buques para el convoy de toda la provincia, hasta Italia, iiiliinó el comisionado de 
la Coruña á los que tenia en aquel depósito su próxima salida, pocas horas antes que se verifi- 
case, y fué el dia.l9 de mayo. Trasportados también estos á aquel puerto, y distribuidos en los 
navios de guerra el San Genaro, San Juan Nepomuceno y otras embarcaciones menores, pasó 
el Padre Isla ív bordo del segundo, en el cual le deparó la Providencia cuanto se podia desear 
para su alivio. El capitán, Don José de Bianes, le recibió con demostraciones de singular esti- 
mación y respeto ; y ya fuese por la amistad que profesaba á Don Nicolás de Ayala , su cuñado, 
ya por preventiva recomendación de sus amigos , que eran muchos y de las mas distinguidas 
clases, ó, lo que es mas verosímil, por su propia bondad y por la simpatía que naturalmente 
inspiraba una persona tan conocida y benemérita como nuestro autor, le acomodó en su cámara 
de popa , y le tuvo diariamente á su mesa hasta el término de la navegación. Dióse principio a 
esta en 24 del mismo mayo , y aunque de las mas dilatadas en el rumbo desde España á Italia, 
fué también de las mas felices, pues aquel navio , separado de los otros por un temporal en el 
golfo de León, llegó en veinte dias á Civitavecchia, cuando los restantes buques del convoy se 
pusieron delante de Orbitello, y echaron anclas en su bahía. Las incomodidades indispensables 
de aquel viaje , que pueden verse en una de las cartas del Padre Isla á su cuñado , fueron nada 
respecto de la sorpresa y del desconsuelo que le causó , como á todos sus compañeros, la pro- 
hibición de saltar en tierra, comunicada por los comandantes de las plazas italianas á los de los 
convoyes españoles, que eran cuatro : el mencionado del Ferrol, y los de Andalucía, Cartagena 
y Cataluña, de donde habían salido los jesuítas de las otras provincias. Al cabo de varias con- 
testaciones resolvieron largarse y esperar, bordeando en el mar de Toscana, la decisión de su 
destino. Recibida esta á mediados de julio, se dirigieron á Córcega, desembarcando en los 
puertos de Calvi , Ajaccio y San Bonifacio , presidios que todavía conservaba en aquella isla la 
república de Jénova. 

El navio Nepomuceno fué el último que llegó á Calvi , donde quedaron los castellanos y anda- 
luces ; y mientras andaban esparcidos buscando alojamiento , parte en la pequeña ciudad y ar- 
rabal , ya medio destruidos, parte en Algajola, lugar también desmantelado, distante como me- 
dia legua, viendo el Padre Isla la suma dificultad material de hallar ni siquiera el simple cu- 
bierto para mas de seiscientos de sus compañeros , fuera de las casas y cuartel que ocupaba la 
guarnición francesa allí existente , no quiso detenerse en diligencias humanas , y se fué derecho 
a la iglesia, que era sola la parroquial. En ella fué visto estarse casi toda una tarde delante del 
Santísimo, objeto predilecto de la devoción de toda su vida, ya de rodillas , ya en pié , ya sen- 
tado , y profundamente recogido hasta el anochecer, cuando, queriendo el Preboste cerrar las 
puertas, le dijo que era tiempo de retirarse. Respondióle en italiano (idioma que ya entendía y 
(impezaba á hablar) que obedecería , pero que no tenia adonde ir. El aire modesto, sumiso é 
ingenuo de la respuesta causó vivísima impresión en el Preboste, quien, en lugar de despedirle, 
le ofreció un cuarto en su casa. Aceptóle por necesidad, y lo agradeció por obligación, mani- 
festando su gratitud en los términos que le permitía su lamentable estado de indigencia. Este 
suceso , indudablemente singular y notable por sus circunstancias , también se vio desfigurado 
como otros muchos , en las noticias ó falsas ó alteradas que por entonces se divulgaron sobre 
los expatriados en Córcega. 

Todo el tiempo que en ella se mantuvieron , y fué de catorce meses , permaneció el Padre 
Isla en la casa y compañía de aquel Señor Preboste , quien , como hombre que era de virtud 
y letras, prendado cada vez mas de las bellas dotes de su huésped y noticioso de sus méritos, 
no le dejó salir á otra casa ; y si bien no pudo librarle , ni librarse á sí mismo , de los trabajos 
comunes á todos los habitantes, que se siguieron y continuaron casi por un año, le libertó al 
menos de la estrechez y opresión doméstica en que vivieron los demás. Su ingenio literario, 
siempre laborioso , aprovechó inmediatamente la ocasión , y volvió á ejercitar la pluma , sin que 
la hiciesen titubear el estrépito , los peligros y las agitaciones de la guerra que nuevamente se 
encendió con mas empeño entre corsos y jenoveses. Estos fueron á relevar la guarnición fran- 
cesa que en calidad de neutral había tenido en dei)ósito aquella plaza , y acababa de restituirla 
á la república, abandonándola ala suerte de las armas. Dióse principio á las hostilidades, cer- 



VIDA DEL PADRE ISLA. xi 

rancio t^ infestando el puerto reciprocamente los dos partidos con baterías opuestas , y estre- 
chando los corsos la ciudad por la parte de tierra con un bloqueo , que muchas veces se con- 
vertía en sitio iormal , con sus improvisos ataijues y deiensas. Comenzaron á escasear los víve- 
res , que solo podian introducirse por mar con peHgro de caer en manos de los sitiadores ó de 
ser echados á fondo. Los pocos que llegaron á salvamento iban destinados á la tropa jenovesa, 
y no contaban con los españoles encerrados en aquellas murallas , á los cuales faltó por mu- 
chos dias el pan , y casi siempre también la carne salada , el vino , la manteca , el aceite , y en 
general todo comestible , á excepción de habichuelas secas y tocino rancio , que era todo su 
alimento. Negóseles también el agua del aljibe de la plaza , porque no faltase á sus defensores ; 
pero debieron á los corsos , entre otras atenciones de humanidad y respeto , el permiso de salir 
libremente de la ciudad con bandera blanca á proveerse del agua que necesitasen en las fuentes 
de que abundaba aquella campiña. Participaba igualmente el Padre Isla de estas y otras pena- 
lidades , sin que turbasen en lo mas mínimo su habitual serenidad , ni bastasen á distraerle del 
empeñado estudio que emprendió en medio de aquel desapacible teatro. Superior á los funda- 
dos temores de una carestía absoluta, inaccesible á las zozobras de un asalto cada dia inminen- 
te, y sordo al estruendo de los cañones, se puso á traducir al castellano las estimadas CarUiíi 
del abogado José Antonio Constantini , obra de ocho tomos en octavo , que concluyó después 
en los Estados Pontificios , y por casualidad le vino á las manos en Calvi. Sirvióle esta tniduc- 
cion para perfeccionarse en el conocimiento de la suavísima lengua toscana, no menos que 
para útil y sabrosa distracción en aquellos dias aciagos. 

Si alguna vez daba treguas á su estudiosa asiduidad , era únicamente para ir al templo divino, 
para recibir las visitas de sus hermanos , ó visitar él á los mas afligidos, consolándoles y disper- 
tando en todos la mas viva simpatía, y haciéndose acreedor á la mas fina correspondencia. Cuando 
mas resignados estaban aquellos jesuítas, sin poder contar con mejorar su mala suerte, las mu- 
danzas políticas ocurridas en la isla hubieron de proporcionarles gran ventaja en su futuro des- 
tino ; bien que antes de conseguirla, debian preceder aun otros dos meses trabajosos. A 15 de 
setiembre del año siguiente volvieron á Córcega algunos batallones franceses, dos de los cuales 
desembarcaron en Calvi , y otros en los demás presidios jenoveses. Los comandantes, de orden 
del rey de Francia, notificaron á los jesuítas que debian prontamente evacuar la isla y pasar al 
continente de Italia en las embarcaciones llegadas de Francia. La noticia no pudo serles mas agrá 
dable. Embarcáronse sin pérdida de tiempo, y al primer viento se hicieron á la vela, dirigién- 
dose á Jénova, donde todos dieron fondo. Creían, como el año antecedente, saltar luego á 
tierra, y lo daban también por supuesto los conductores franceses de los trasportes; pero unos 
y otros se engañaron , porque no lo pennitió el gobierno jenoves, como no lo había permitido 
el pontificio. Fué indispensable quedarse todos en los mismos buques, tan hacinados como ha- 
bían venido, y la mayor parte sobre cubierta con solo un toldo encima , hasta que, obligados 
por una parte de los franceses á desocupar sus barcos , y por otra inhibidos de entrar en terri- 
torio de la república, hallaron finalmente el sutd arbitrio de no pisar tablas francesas ni ter- 
reno jenoves. Alquilaron algunas embarcaciones que estaban ociosas en apnel puerto, ó desar- 
boladas ó para carenarse, donde trasbordaron : tuvieron en consecuencia mayor ensanche, 
pudieron tender cada uno su colchón, y volvieron á cocinar y á comer algo mas y mas linqjío 
que la raciqn de marinería francesa , á que días antes habían estado reducidos. La piedad de 
Carlos III previno ademas por su parte, y remedió en cuanto le lué posible, aquella desolación 
y desamparo , mandando se les diese paso libre para el Estado Pontificio , y un extraordinario 
socorro de dinero para el mismo efecto. 

Resistió la salud del Padre Isla á todos estos contrastes de nuevas incomodidades, fatigas y 
peligros, sin haber experimentado novedad considerable ; y con la misma firmeza se conservó en 
el viaje no menos escabroso que le restaba. Después de algunos dias pasó con sus compañeros 
al lazareto, situado fuera de Jénova, donde al cabo de varios manejos y oficios permitió la repú- 
blica que se guareciesen de la intemperie de la estación lluviosa. Allí cobró nuevos bríos, como 
generalmente los demás, con la buena calidad y abundancia de los víveres, que en gran parte 
les regalaban diariamente los principales señores jenoveses, quienes les ia\orccian también con 



XII VIDA DEL PADRE ISLA. 

sus írecuentes visitas. Practicábariso entre t;into las oportunas diligencias para qun todí»s pudie- 
sen encaminarse á los estados del Papa, ó por la via de Toscaua ó por «1 ducado de Parrna : la 
primera dirección no podía tomarse sin arrostrar otro viaje marítimo de dos ó ti-es dias ; la se- 
gunda, desde Sestri do Líívante, era toda por tierra, pero atravesando las montañas mas áspe- 
ras y iragosas del Apenino en caballerías de acarreo, acostumbradas á aipiellos malos pasos. 
Conseguida tácita licencia del ministerio romano, apalabradas barcas para Lerici ó Liorna, y un 
suficiente número de caballerías que, á diez y ocho ó veinte cada vez, fuesen y viniesen de Sestri 
hasta Furnuovo, primera llanura del Parmesano , dióse opción á los padres para que eligiese 
cada uno el camino que mas le acomodase. Los que ya estaban cansados de mar y de mareos, 
escogieron la via de Sestri , y los otros la de Toscana. 

No se sabe por qué causa escogió el Padre Isla el camino de las montañas, mas penoso sin 
duda, especialmente en su edad, á tiempo en que ya se iban cubriendo de nieve aquellas altu- 
ras, y debiendo montar sobre el disforme albardon de aquellas caballerías, que no pocas veces 
arrojaron de sí y echaron al suelo á los jóvenes mas ágiles y esforzados. Como quiera, venci- 
das estas dificultades, llegó sin la menor desgracia á la provincia ó legación de Bolonia, como 
á la mitad de noviembre. La suma dificultad- de hallar cnsas en la ciudad hasta el término y 
principio de alquileres y mudanzas (que allí es por mayo), obligó á la mayor parte de sus com- 
pañeros a meterse casi á centenares en palacios y casas de campo de algunos magnates que no 
hacían uso de ellas. A él y á otros tocó en suerte un palacio situado en la aldea de Crcspelf no, 
propio del conde Grassi, senador que entonces era de Bolonia, á distancia de tres leguas de la 
ciudad. Precedía y seguía por todas partes al Padke Isla el crédito y fama de su saber; y como 
en la navegación, en ('órcega y en el lazareto de Jénova habia sido distinguido y buscado de 
muchos para conocerle personalmente , también era conocido su nombre entre los boloñeses 
con la adición del autor del Fray Gerundio. Cuando el conde Grassi stipo que estaba en a(piel 
su palacio, tuvo luego la complacencia de conocerle y tratarle, y le cedió y destinó allí un mag- 
nífico aposento, que era el mismo que tenia reservado para sí. Esta comodidad doméstica, la 
belleza y amenidad de la campiña, la perspectiva pintoresca de las colinas que la dominan, co- 
ronadas de verdor y de frutos en todas las estaciones del año, y la protunda quietud de aquella 
<lulce soledad, contrapuesta á los pasados desasosiegos, estrechez, miseria y peligros, le lison- 
jearon de tal suerte, que por propia elección nunca hubiera dejado tan apacible retiro. Vol- 
vióse á engolfar en su estudiosa laboriosidad, y escribiendo á sus amigos dispersos por otras 
quintas y lugares, les decía que, así como una casa de campo habia dado ocasión y nombre á 
las Cuestiones tmculanas de Cicerón , así en el Crespelano quería él componer las cra^pelanas. 
Bien pudiera haberlo hecho reuniendo bajo este título solos los asuntos de que esci'ibió én 
aquel sitio, aunque no lo disfrutó dos años enteros. Por delicioso que fuese, no podía suminis- 
trar todas las cosas esenciales á una comunidad numerosa : un solo médico , con quien no se 
podía contar siempre, por hallarse tal vez distante algunas millas á visita dentro ó fuera de 
la feligresía, que, como todas las del campo, es muy dilatada; la incertidumbre de botica ve- 
cina, y la distancia délas otras; la provisión de varios géneros que era preciso traer de la 
ciudad, y otros varios inconvenientes de la misma naturaleza, hicieron que sucesivamente todos 
los padres tomasen casa, ó en Bolonia, ó no lejos de sus puertas, ó en lugares de la provincia, 
como respectivamente la tomaron los destinados á las de Ferrara, Romanía, Marc^ de Ancona 
y Urbino. 

Trasferido de Crespelano á aquella ciudad , hubiera deseado traer consigo la misma libre 
disposición del tiempo, para emplear todo el que le restaba de sus diarios ejercicios espiritua- 
les, en escribir las varias obras que efectivamente concluyó, ademas de las que ya llevamos 
mencionadas. Pero no le fué posible en Bolonia gozar tantas horas de estudio, cuantas le per- 
mitía la solitaria morada de los campos. Apenas entró dentro de siis muros , se vio como sitiado 
de las personas mas ilustres y de los primeros literatos de aquel bello pais. Ni la justa corres- 
pondencia de urbanidad y de atención , ni el genial agradecimiento del Padhe Isla á los mas 
mínmios favores, dieron lugar á eximirle de las muchas visitas y relaciones contraidas por la gran 
fama de su sabiduría, acrecentada luego por la expciicncia de su amenísimo trato. Empeña- 



VIDA DEL PADRE ISLA. xTii 

ronse á porfía en tenerle á su mesa los principales señores y los profesores mas célebres del 
instituto de las Ciencias y de la universidad. Estos cuerpos respetables le llamaban ademas <á 
sus juntas , y todos sus individuos le querian compañero de sus paseos y excursiones. 

Hacíase admirar , como repetidas veces lo decian los mismos magnates y sabios boloñeses , por 
la extensión y variedad de sus conocimientos , por su penetración , viveza y prontitud de espí- 
ritu , no menos (pie por el sazonado chiste de sus palabras. Realzaba todas estas dotes su infi- 
nita bondad y nobleza de corazón , siempre simpático'en favor de todo hombre honrado, snbio 
ó di-^sgraciado. Su amor al pais que le vio nacer era también ardentísimo; y en materias litera- 
rias no podia sufrir que fuesen menoscabadas en un ápice las glorias españolas. Prevalecían 
ontónces, como mucho tiempo antes, en Italia, y aun entre sus dolti ó gente sabia, algunas 
preocupaciones contra nuestra literatura nacional , no solo como adulterada y corrompida , sino 
también como corruptora de la italiana desde el siglo xvi , mientras la Lombardía , Ñapóles y 
otros estados se encontraron bajo el dominio español. Añadían peso y autoridad á estas (juejas 
histórico-críticas , aunque mal fundadas, los célebres jesuítas italianos Tiraboschi y Bettinellí, 
en las elegantes historias ó artificiosos panegíricos, que publicaron con el mayor aplauso, de su 
antigua y moderna literatura y de su restauración. Pocos años después les hizo írente el eruditísimo 
ex-jesuita Don Javier LampíUas, con su triuníante Apología de la docta y culta España, dada a luz 
en idioma italiano , y que también corre traducida al nuestro. Pero antes que Lampillas publicase 
su obra, él mismo y otros muchísimos compañeros suyos esparcidos por diferentes ciudades de 
Italia, especialmente en Roma , Venecía , Bolonia , Ferrara y .lénova , habían ya sostenido con vigor 
tan justa causa , vindicando de tales imputaciones á la madre patria, en privados coloquios, dis- 
cursos académicos y tertulias <á que concurrían. En algunas de las mas acreditadas de Bolonia, 
fué el Padre Isla uno de los primeros defensores que embrazó el escudo y rebatió victoriosa- 
mente los golpes que tiraban á empañar nuestras glorias. 

Pero hé aquí que cuando mas triunfalmente aclamado sonaba en Bolonia el nombre del Pa- 
dre Isla, y cuando mas obsequiado y festejado se veía el ilustre proscrito, quiso la mala suerte 
sujetarle á la mas pública y ruidosa humillación : dolorosísima prueba, reservada sin duda para 
que acreditase otra vez mas , que su virtud cristiana no era inferior á su sabiduría. Hallábase un 
dia ( poco antes de la extinción de su orden) en casa de uno de los principales señores , en con- 
versación con otTOS varios que allí habían concurrido. Uno de ellos empezó á hablar de la com- 
pañía de Jesús (asunto que en aquel tiempo era el mas debatido), y prosiguió mezclando en 
el coloquio algunas especies que desdoraban en gran manera á aquel instituto religioso. Oyólas 
el Padre Isla, y aunque le parecieron tan infundadas como animosas, disimuló, sufrió y no 
desplegó sus labios por una larga media hora; mas, no acabándose todavía la invectiva, hizo 
sus reflexiones, y tomó otro partido. Creyó que su silencio en aquellas circunstancias sería una 
tácita y poderosa confirmación de las especies vertidas , ó por lo menos una prueba convin- 
cente de que él era un mentecato , que no sabía defenderse á sí y á sus hermanos ; que el de- 
clamador contrarío no tenia carácter público ni autoridad alguna legítima para ser creído sobro 
su palabra sin réplica de aquellos á quienes infamaba ; que entre estos eran muchos los que 
por su nobleza, por su virtud ó por su ciencia tenían derecho á ser respetados ; y que su ins- 
tituto, aun existente, no podia ser despojado del santo derecho de la defensa. Estas (dijo él 
mismo de palabra muchas veces á sus amigos , y por escrito á alguna otra persona de carácter 
que merecía su confianza) fueron las razones que le movieron á romper el silencio en aquel 
lance, y las que parece podían excusar en alguna parte ó en todo cualquier descuido (]ue hu- 
biese padecido en el calor de su defensa. Como quiera, opúsose con no menos vigor que fran- 
queza á las proposiciones ofensivas que había oído , según el juicio que entonces formaba de 
ellas. Túvolas siempre ocultas , igualmente que sus respuestas, la escrupulosa hmpieza de su 
lengua ; pero no falló quien delatase las segundas al superior eclesiástico , que era el cardenal 
Malvezzi , arzobispo , en términos que causaron al delatado la mayor pesadumbre de toda su 
vida y las mas lastimosas consecuencias. 

Con efecto, en la noche del 8 al 9 de julio de 1773, estando ya recogidos él y otros veinte 
compañeros con quienes vivía , fué asaltada y cercada su casa por una numerosa cuadrilla do 



x,v VIDA DEL PADRli ISLA. 

esbirros. Iba A su frente un üscal ó juez del crimen; y habiéndose anunciado en nombre de la 
justicia, se les abrió al instante la puerta. Preguntaron por el aposento del Padre Isla, se apo- 
deraron de su persona y de sus papeles, y llevándose estos consigo, y liaciéndole entrar á él 
en un coche que estaba prevenido, le condujeron á la cárcel pública eclesiástica ó de Corona, 
que sirve para todos los acusados en cuyas causas interviene el tribunal del arzobispado. 

Golpe tan rudo como impensado é ignominioso era capaz de aterrar á cualquier hombre de 
su posición y carácter. Su nobleza, su estado, su edad avanzada, los accidentes de su salud, 
la lama de su sabiduría, la estimación pública de que gozaba, y sus calilicadas relacione^, se 
agolpaban como poderosos motivos para abatir , abochornar y afligir al varón mas estoico del 
mundo ; pero Isla supo encontrar resignación, sosiego, y hasta verdadero consuelo, en el fondo 
de su corazón inmaculado , de su alta capacidad y de su acrisolada virtud. Al pronto solo se 
supo por el alcaide que el Padre Isla estaba en la cárcel y que no tenia novedad en su salud. 
Esto último consoló grandemente á sus numerosos y consternados amigos. Acerca de los mo- 
tivos de su estrepitoso arresto, fueron tan varias al principio las conjeturas y opiniones, como 
generales las hablillas en tertulias particulares , cafés y otros mentideros , según sucede en se- 
mejantes casos, hasta que, sabiéndose cuan hondo sentimiento manifestaba el personaje en cuya 
casa se tuvo la mencionada disputa, se esparció también la voz de que esta habia sido la ver- 
dadera ocasión de aquella desgracia. 

A los diez y nueve dias de estrecho encierro, cuyas incomodidades agravaba el ardor de la es- 
tación, le sentenció la curia eclesiástica á destierro de Bolonia, y á permanecer confinado en 
Budrio, lugar pequeño, distante como dos leguas, para donde salió el 28 del mismo mes, y fué 
á apearse y á habitar en una casa que alli ocupaban otros compañeros suyos. El oratorio domés- 
tico para decir misa , la iglesia cercana para observar su invariable costumbre de hacer por la 
tarde una larga visita al Santísimo, y la mesa de su estudio, volvieron á formar sus delicias y á 
ocuparle el tiempo que le restaba de descanso y de un corto paseo. Pero aun no habia gozado 
por un mes entero de aquella apacible calma, cuando se vio envuelto en una nueva tormenta, 
mas sensible á su corazón que las pasadas, aunque sufrida con igual paciencia y cristiana 
conformidad. 

Publicada en Roma la extinción de la Compañía, fué intimada también en Bolonia y su pro- 
vincia, como en las demás, á los jesuitas españoles que en ellas existían. Disuelto el cuerpo, 
cada uno de sus miembros dispersos debía pensar en si mismo en posada, en mantenimiento, 
en vestido y asistencia : embarazo que, si fué grande para los viejos y achacosos, fué grandí- 
simo para el Señor Isla, acostumbrado aun mas que otros á no pensar en toda su vida en nada 
de lo que es menester para pasarlo con la conveniente decencia, y menos á propósito para em- 
pezar á pensar en todo y abandonar la metódica laboriosidad de su estudio. Desde aquel mo- 
Aento, y por sola aquella situación escabrosa, comenzó á sentir el peso de su destierro, al que 
antes parecía insensible, no dejando por eso de ser constante ejemplar de resignación, sin 
habérsele jamas oído la menor queja, ni visto la menor señal de poco rendimiento, ni aun de 
natural repugnancia, á las superiores disposiciones. Solo lidiaron en aquella ocasión su genio 
enteramente literario, unido con su invencible antipatía á ocupación y pensamiento mecánico, 
contra las circunstancias que hacían indispensable el mecanismo de atender á la propia subsis- 
tencia, y compensar la escasez de medios con el molesto cuidado de la mas menuda economía. 

De este trabajo , particularmente enojoso para los grandes talentos , se hubiera visto libre 
desde luego si se hallara en Bolonia, donde después de su secularización deseaban su compa- 
ñía muchos señores ; pero desconfiaban de que se le levantase el confinamiento que pasaba en 
Budrio. Los condes Tedeschi, entre otros personajes, practicaron á este fin las mas vivas dili- 
gencias; y viéndolas infructuosas, le instaron á repetirlas por sí mismo. Así lo ejecutó al fin, 
escribiendo en derechura al conde de Floridablanca, á la sazón ministro de España en la corte 
de Roma, y diciéndole entre otras cosas : «No por eso pretendo excusar mi error : expóngole , 
í no lo disculpo ; y lejos de presentarme á usía como quejoso , ni mucho menos como agraviado, 
• me confieso y reconozco agradecido á la benignidad con que me castigó la clemencia de nues- 
»tro señor, quizas excitada á compasivos oficios de la piadosa y poderosa intercesión de usía. 



VIDA DKL I'AIIKE ISLA. w 

«Esta misma imploro ahora, pava que la justicia de Ciomentc XIV, nunca separada de la mi- 
» sericordia , dé por bien purgada una inadvertencia con diez y nueve dias de prisión en una cár- 
»cel pública, y con cuatro meses de destierro en un lugar donde la incomodidad de la habita- 
» cion , la imposibilidad de mejorarla , y la proximidad de un invierno , el grave peso de setenta 
»y un años que cuento, y la multitud de achaques en que están aforrados, juntamente con la 
• pobreza (que pica en extrema) de quien no tiene otro recurso que la pensión del Rey, me 
«hacen suspirar por la libertad de restituirme á Bolonia.» Pero ni él ni sus amigos tuvieron este 
gusto en los dos años siguientes que vivió el cardenal Malvezzi, juez que habia sido ó ejecutor 
de su sentencia; hasta que , habiendo fallecido á fines de 1775, y destinado por el papa Pió VI 
al gobierno de la iglesia de Bolonia el cardenal Monseñor Andrés Gioanetti , que fué después 
su arzobispo, logró fácilmente la licencia para establecerse en la ciudad. 

Fué recibido en ella con la misma distinción y estimación de antes , y con singulares demos- 
traciones de benevolencia, entre las cuales fueron singularísimas las de sus primeros conoci- 
dos, el conde y la condesa Tedeschi, ya mencionados. Esta virtuosa y esclarecida familia salió 
al encuentro de su amado Padre Isla, y como en desquite de no haberle podido tener en su 
compañía mientras fué jesuíta y vivía en su comunidad, no le dejaron ya elección ni arbitrio 
para buscar casa : se lo llevaron cá su palacio , le aposentaron en una de las mejores viviendas, 
destinaron á sus órdenes un criado especial , le impusieron la ley de hacerles compañía en la 
mesa ; y atendiendo después á no causarle la menor incomodidad por razón de las horas y de 
otras precauciones sobre su quebrantada salud , mandaron se le llevase la comida y cena á su 
habitación á las horas que gustase, y en todo lo demás fuese asistido y cuidado como los otros 
señores de la casa. Estos le trataron hasta el fin de sus dias con el mas entrañable cariño , con 
una confianza sin igual. Nada tenia que desear el digno huésped , y su tormento era tan solo no 
encontrar ocasión en que poder acreditar sin vanas frases su cordial y profundísima gratitud 
por favores tan significativos y apreciables : noble sentimiento que respiraba siempre en las 
conversaciones y mostraba con frecuencia en sus cartas , como lo convencen varias de las que 
escribió á sus hermanos y amigos. Tal fué el feliz término de su pasado infortunio en aquella 
ciudad, y la continuación del aprecio , fama y elogios que en ella, en toda Italia, y en otros paí- 
ses siguió mereciendo. 

A los amigos que al Padre Isla habia conciliado en Bolonia su inmensa fama, y aumentado 
su suavísimo trato , se agregaron entonces los infinitos que no habían podido menos de simpa- 
tizar con él durante su inmerecida desgracia. Varias especies sueltas que , con motivo de tantas 
relaciones amistosas como debía cultivar, oyó, combinadas luego con otros indicios nada equí- 
vocos, le indujeron á adivinar el sugeto que habia sido el delator de sus palabras y el origen de 
su ignominiosa prisión, sentencia y penahdades consiguientes. De las fundadas sospechas pasó 
muy en breve á la certeza mas absoluta ; pero, lejos de mostrarse resentido contra el autor de 
su desgracia, ni siquiera comunicó á nadie la noticia del descubrimiento que habia hecho. Es 
regular por tanto que jamas se hubiera sabido que le constaba el nombre del delator, si su in- 
agotable bondad de corazón no le hubiese arrastrado á declarar indirectamente su secreto. Fué 
el caso que llegó á noticia del Padre Isla que el causador de su desgracia, á quien habia tra- 
tado antes como amigo, estaba muy mal en punto á intereses, sin que sus pasados manejos y 
otros espionajes semejantes en que se ocupaba le hubiesen podido sacar de su estrechez. Supo 
también el Padre Isla que este sugeto pretendía para una hija suya cierta dote en Jénova , pero 
que eran del todo ineficaces sus gestiones; y sin mas que sus naturales y filantrópicas inspira- 
ciones , va y se presenta á una de las primeras damas de Bolonia que le estimaba cuanto mere- 
cía, y era la única que podía allanar las dificultades para el logro de la dote deseada. Enterne- 
cido hasta el punto de que no pudiesen disimularlo sus ojos y semblante , la expone el es- 
tado de mdigencia del padre y de la hija, y añade estas palabras (que la misma dama refirió y 
dio luego por escrito) : «Señora, todo lo que vuecencia hiciere en beneficio de este hombre, 
»será la mayor caridad que á mí me pueda hacer, porque son muy grandes las obligaciones que 
sle profeso, y es grande la necesidad de su pobre hija.» Consiguióse el dote en gran parte, si 
no en todo; quedó remediada la doncella, y el injuriado intercesor mas agradecido y contento 



yn VIDA OE?. PADRR IS?.A. 

que si hubiera obtenido para sí el birrete de cardenal. Este acto de generosidad revela á las 
claras cuan piofuiuiamonte arraigado estaba en nuestro autor el espíritu evangélico, y cuan 
bondadoso era su carácter. Y atiéndase que Isla nunca fué culpable, pues á haberlo sido, qui- 
las aparecería menos brillante su generosísimo comportamiento con el delator : nunca fué cul- 
|)able; antes la acusación, la causa y el proceso habían sido tales, que en 1776 el mencio- 
nado obispo administrador, Monseñor Gioanetti, con autoridad pontificia y por judicial decla- 
ración, á título y probanza de inocencia, le reintegró en su plena libertad, y mandó cancelar el 
proceso. Asi mortifica Dins^ y así vivifica, no permilieiido que triunfe siempre la malignidad de 
la inocencia, añade él mismo sin nombrarse , aludiendo á este fallo, en carta de 18 de abril de 
aquel año, á su hermana. 

Después de este rasgo de inaudita generosidad, nada debe sorprendernos que accediese á una 
singular petición que por aquel mismo tiempo le hizo desde España uno de nuestros caballeros, 
maltratado por la fortuna. No le pedía , ni podía prometerse de él , en el estado en que se ha- 
llaba, socorro alguno en dinero efectivo; pero le pedia un socorro equivalente, es decir, una 
obra de las que debían alcanzar estimación y despacho en España, para utilizarse de ella y re- 
mediar su deplorable situación. El necesitado no tenia conocimiento alguno intimo con el Pa- 
i)KE Isla, siendo únicamente sabedor de que abrigaba un corazón magnánimo; y el Padre Isla, 
ásu vez, no reconocía en el solicitante mas derecho que el de ser una persona desgraciada. Esto, 
sin embargo, bastó para que nuestro proscrito condescendiese sin demora, pusiese en castellano 
las conocidas Aventuras de Gil Blas de Santillana, y remitiese el manuscrito al caballero soli- 
citante, quien, por cierto, atendida la aceptación que tuvo la obra, pudo sacar alguna cantidad 
harto regular para remediarse. 

Antes y después de esta traducción del Gil Blas, prosiguió escribiendo el Padre Isla otras 
varias obras, de las cuales unas salieron á luz posteriormente, y otras han quedado inéditas : 
de suerte que ni la vejez, ni los achaques, ni los repetidos insultos de perlesía que frecuente- 
mente le amagaban con la muerte, eran parte para amenguar su nativa laboriosidad. Su último 
trabajo literario pertenece al mismo género que empezó á cultivar desde los diez y ocho años : 
fué la traducción del Arte de encomendarse á Dios , escrito en italiano por su colega el Padre 
Bellati, traducción que emprendió sin mas objeto que hacer un regalo á su piadosa y querida 
hermana { 1 ). 

(1) Justo será decir aqui cuatro palabras de esta hermana tan entrañablemente querida de nuestro autor. Por 
desgracia son bien pocas las noticias biográficas que de ella tenemos. Fuera de las que se deducen de las Cartas fa- 
fuiliares qae le escribió su hermano, quien encomia hasta con hipérbole la suma discreción y talento de esta señora, 
solo sabemos que Doña María Francisca de Isla y Losada , casada con Don Nicolás de Ayala en 1754 , murió sin suce- 
sión, el año 1808, en Santiago de Galicia, donde residía. Murió á la edad de mas de setenta y tres años, según se in- 
fiere de una licencia para leer libros prohibidos que pidió á Roma (y le fué concedida) en 1785 , y en cuyo memorial ó 
petición declara pasar de 50 años. Mantuvo relaciones y correspondencia literaria con varios escritores y personajes 
distinguidos, habiendo sido muy amiga de Sor María Tomasa de Jesús, monja carmelita descalza de Santiago, que 
tenia fama de poetisa, lo mismo que la hermana del Padre Isla. A esta fama debió Doña María Francisca la distin- 
ción de que la academia de Buenas Letras de Oporto la inscribiese en el catálogo de sus socios. Puco antes de su 
muerte destruyó la mayor parte de las poesías que habia compuesto. Nosotros hemos debido á la amabilidad del 
señor Don Enrique G. Landrin, hijo, bibliófilo distinguido, el gusto de ver algunas de las Poesías de la Señora de 
Isla, que se salvaron de las llamas : consisten casi todas en cuartetas, décimas y otros poemitas menores sobre 
asuntos insignificantes; y, á juzgar por lo que hemos visto, si en materias literarias antes importa ser justos que 
galantes, diremos con llaneza que nada absolutamente perdió el Parnaso castellano con haberse entregado al fuego 
las frías y asaz mal rimadas inspiraciones de la hermana del Padke Isla. 

Por lo demás, esta señora disfrutó en su tiempo de ruidosa fama, y nos guardaremos muy bien de poner en duda 
que fuese merecida ; porque, ¿(¡uién no se asombrará al leer lo que publicó el Mercurio en su número del mes de 
diciembre de 1773? Helo aqui literalmente coi)iado : « Kn el Mercurio del mes de octubre próximo pasado habrá 
«visto el público que Doña Mana Francisca de Isla y Losada, dama que reside en Santiago de Galicia , posee el par- 
DÜcular talento de dictar á un tiempo ocho cartas sobre ocho diversos asuntos. Ahora añadimos, para que crezca la 
vadmir;ic¡on que debe causar este raro esfuerzo de la retentiva y del ingenio, que por certificación autorizada de 
nun alcalde, un escribano y once testigos, consta que dicha señora ha dictado á un mismo tiempo doce cartas á 
Mutros tantos sugetos. En todas ellas se nota facilidad de estilo, coordinación en los pensamientos, y en cada una (olal 
«independencia de asuntos. Su autora las dictó sin dejar de contestar á los que la hablaron durante la experiencia, 
«hecha en presencia de varias personas, y aun se distrajo como cosa de dos minutos á saludar y cumplimentar á al- 



VIDA niíL PADRE ISLA. ivii 

Entre tanto ex.tendiase cada vez por la Italia y fuera de ella la fama del insigne josuita ospa- 
fiol : el instituto científico de Bolonia buscaba con ahinco la segunda parte del Fray Gerundio, 
y la colocaba como preciosa joya literaria en su escogida biblioteca ; varios pniici¡)es y perso- 
nas reales, entre ellas la infanta de España Doña María Luisa, entonces gran duquesa de Tos- 
cana; la emperatriz María Teresa y las archiduquesas sus hijas, Mariana y María Isabel, busca- 
ban con afán y leían con complacencia la segunda parte del Gerundio, que á la sazón era Ubre 
raro, á causa de las persecuciones que se levantaron contra la obra, y se informaban con ínteres 
de la existencia, suerte y paradero del autor; los escritores críticos, en lín , así nacionales co- 
mo extranjeros, se ocupaban del Padre Isla como de uno de los representantes mas lamosos 
de la literatura contemporánea. Y acerca de este último extremo conviene recordar el incidente 
ocurrido con el Señor de Murr. Este escritor publicaba en Víena un Diario de la literatura eu- 
ropea, y entre otras memorias y noticias sobre la literatura española moderna, insertó las mas 
que medianamente equivocadas que del Padre Isla le daba desde Chinchilla Don Antonio Cap- 
devila. Con tal motivo escribió nuestro autor desde Bolonia al diarista alemán una extensa carta, 
que es la última de las que damos en la segunda parte de las Cartas familiares, á la cual remi- 
timos al lector. El Señor de Murr no pudo menos de indignarse al ver claramente que habia sido 
sorprendido : en su consecuencia respondió con toda cortesía al Padre Isla, agradeciéndole 
el desengaño, ofreciéndole insertar sus rectificaciones, y con ellas la retractación de todo cuanto 
injustamente se le había imputado, como quedaba verificándolo en el tomo x de su Diario. 
Pareciéndole esto poco, se deshacía en expresiones del mas alto aprecio, le proponía entablar 
comunicaciones epistolares seguidas, y pedíale con empeño extensas noticias de t^dos sus es- 
critos. Al propio tiempo escribió otras cartas á varios de sus corresponsales en España, elo- 
giando en sumo grado el talento y la moderación de Isla ; pero la carta que dirigió á este no 
le halló en vida, y esta circunstancia fué ocasión para que le tributase públicamente mayores 
elogios después de muerto. Por último, entre los muchos que dentro y fuera de Italia, ademas 
del Señor de Murr, deseaban su correspondencia, hubo varios sugetos que de largas distancias 
hicieron un viaje á Bolonia para conocerle personalmente. Uno de estos curiosos, persona de 
alta esfera, le hizo anunciar con anticipación el viaje que iba á emprender, y el Padre Isla, 
siempre jovial y franco, respondió en estos términos : «Gran gusto tendré en conocer perso- 
jnalraente á N., aunque en las íacciones del alma ya le conozco; pero tendré muy poco en que 
»él me conozca á mí, porque voy á perder mucho. Yo, señor excelentísimo, soy como aquc- 
))llas perspectivas que á cierta distancia no parecen mal, pero acercándose á ellas no se ve mas 
»que borrones del lienzo y chafarrinadas del pincel. Esto fui siempre y no mas. ¿Qué será 
í ahora, que á una estatura indecente y á una figura ridicula se añaden las ruinas de la vejez 
»en potencias y en sentidos?» Por supuesto que aquí el Padre Isla hace de sí una pintura mas 
que modesta y humüde, pues peca claramente de inexacta. Por lo demás, el deseo de ver y 
conocer al Padre Isla era general y vivísimo : él mismo nos lo declara en una de sus cartas, 
escrita desde Bolonia, que es la cxxvii de la segunda parte. «Y como aquel bendito Fray 
» Gerundio (dice) está metiendo mas bulla en Italia que metió en España, toda la turbamulta 
» de literatos y literatillos (hay en estas regiones, de entrambas clases á enjambres) quieren ver 
» de qué figura es el padre que le engendró y parió : de manera que el año pasado me molie- 
»ron, me trituraron, me cernieron y convirtieron en polvos de salvadera, dejándome tal, que 
» ya que no sirviera para adobo, me pudieran echar en escabeche. Por escapar de esta secatu- 
»ra, quiero huir este año, etc.» 
Pronto juzgaremos al Padre Isla como escritor; acabemos ahora de juzgarle como hombre : 

j>gunas de ellas que entraron en la sala después de empezada.» Este caso deja muy atrás los casos raros de atención 
múltiple que la historia nos cuenta de César, de Voltaire, y de otras robustas y poderosas capacidades móntales. En 
su vista, y aun concediendo un tanto á la exageración , que es, como suele decirse, la mentira de los hombrea de 
bien, fuerza será convenir en que la hermana del Padre Isla tenia sini^ular talento, y debe ocupar inia página 
gloriosa en la historia literaria de su sexo. Extrañamos, sin embargo, no hallar mencionado el nombre de esta se- 
ñora en el Diccionario biográfico universal de mujeres célebres, \mh\kdúo (Mudrid, ISÍí — 4o, 5 vol.) ¡lor el señor 
Don Vicente Diez Canseco. 



xviií VIDA DEL PADRE ISLA. 

pronto mediremos su cabeza, midamos ahora su corazón. Este se distinííiiia por las mas bellas 
inclinaciones, y su carácter moral era bajo todos conceptos apreciabilisinio. El ilustre jesuita 
era voraz, franco, ingenuo, modesto, humilde, generoso y desprendido, tolerante, paciente 
y resignado hasta lo sumo. Pruebas concluyentes y repetidas de todas esas dotes se han adu- 
cido en lo qu(! hasta a(jui llevamos de narración ; pero aun debemos ponerlas mas de relieve. 

Por lo que toca á la desconíianza de si mismo y á su verdadera humildad, no hay mas que 
leer sus cartas familiares , y singularmente las que escribió desde Bolonia. Aspirando siempre á la 
perfección en todo, y coilvencido sin duda de la triste imposibilidad de que el hombre la al- 
cance en nada, nunca compuso un escrito, ni hizo una misión, ni practicó una diligencia, de 
cuyo resultado atreviese á vanagloriarse. Lejos de esto, dudaba siempre del acierto , desconfiaba 
de sus propias fuerzas, extremando su modestia hasta un punto que llamaríamos desmedido ó 
exagerado, si no viésemos claramente que era un producto de su privilegiada naturaleza y de las 
mas hondas convicciones. Su santa humildad quedará evidenciada con lo sucedido en Ponte- 
vedra cuando la expulsión de los jesuítas en 1767. Ocupado aquel colegio, y embargados to- 
dos los papeles de los religiosos, estaban muy á la vista, entre los del Padre Isla, algunas 
cartas de su general y provinciales, en que le reprendían sus faltas y modo de proceder en 
cuanto habia fiado el manuscrito del Fray Gerundio á dos ó tres seglares , de lo cual se siguió 
la impresión de aquella obra sin la previa licencia de los superiores , que era requisito indispen- 
sable según los estatutos de la Orden. En dichas cartas constaba, no solo la reprensión que se 
le habia dado, sino también el castigo que se le habia impuesto. Pues bien, no solo conservó 
aquellas car^s , pudiendo haberlas quemado luego después de recibidas , sino que no quiso re- 
cogerlas en los últimos momentos, y hasta fué el primero en publicar su contenido. Varios de 
sus compañeros sintieron aquella pérdida ; pero él les dijo y repitió en diferentes ocasiones, que 
se alegraba de que todos viesen aquellas cartas , para que entiendan que si he sido un mal reli- 
gioso, la Compañía ha estado muy lejos, no solo de aprobar mis faltas y descuidos, sino también 
de disimulármelos. Eso de calificarse á sí propio de mal religioso, sobre acreditar cabalmente 
lo contrario , y ser un testimonio de su profunda humildad , tiene doble mérito por la especie 
de fallas de que se acusaba. Aquellas faltas eran puramente relativas , ó no eran faltas sino por- 
que habia profesado en un instituto religioso donde ni el nacimiento ilustre , ni el talento es- 
clarecido, ni la fama oratoria en los pulpitos, ni el magisterio en las cátedras, ni las prelacias, 
ni los títulos , honores ó empleos eximían de la severidad de los estatutos , ni atenuaban las pe- 
nas claustrales, ni enflaquecían en un ápice el vigor y la autoridad de los que mandaban. 

Su desapego á los que se llaman bienes temporales no podía ser mas puro y completo. Ocasio- 
nes tuvo de atesorar un mediano peculio ; pero no supo ni quiso aprovecharlas, llegando hasta 
rehusar ciertos alivios y moderadas conveniencias muy compatibles con su estado, y que cierta- 
mente no le hubieran negado sus superiores , sobre todo en su edad provecta. La literatura , que 
ha enriquecido á algunos , aunque muy pocos , de nuestros contemporáneos , y que es como el 
oficio con que muchos proveen á su subsistencia, no era en el Padre Isla mas que el puro ejer- 
cicio de la mas noble tarea intelectual, y un suave entretenimiento de sus ocios. Cumplida fama 
le granjearon sus innumerables escritos , fama harto á menudo acibarada por los ponzoñosos 
choques de la envidia y la absurda tiranía de las preocupaciones ; mas en punto á intereses, ni 
los buscaba, ni en ellos se habria parado si le hubiesen sahdo al encuentro, ni podía escapar 
tampoco á la ley de los grandes ingenios que , como Homero , Cervantes y otros , parecen con- 
denados á ver compensado con creces de renombre su incalificable estado de estrechez. Cuando 
nuestro Isla se proponía publicar por su cuenta alguna obra , tomaba dinero prestado para cos- 
tear la impresión , y luego de cubierto el préstamo , abandonaba en beneficio de otros el pro- 
ducto y las ganancias. Apurada la primera edición del Compendio de la Historia de España , pu- 
diendo haber hecho la segunda con plena seguridad de buen despacho , dejó que la hiciesen 
los libreros , y se contentó con unos pocos ejemplares para regalar. Con solos cuatro mil reales 
vellón, que le prestó un comerciante nada rico, empezó en Salamanca la impresión del volumi- 
noso Año cristiano, con un fin que puede decirse exclusivamente piadoso. Propuso el plan de 
la obra y encareció su importancia al marques de la Ensenada, sabio ministro de Fernando VI, 



VIDA DEL PADRE ISLA. xix 

cuyo monarca aceptó la dedicatoria y dio orden para que se facilitasen al traductor los compe- 
tentes auxilios para la estampa. Isla, tan agradecido á la regia munificencia, como desintere- 
sado , pagó al comerciante los cuatro mil reales qu(! le habia adelantado , y luego , por con- 
ducto del ministro citado , puso las ganancias , que no se le pedian , á disposición de su majes- 
tad , sin querer guardar ni un ochavo para si. 

Mientras era todavía jesuíta y vivía en comunidad desde su establecimiento en Italia , lejos de 
sentir la menor displicencia por la escasez de comida y falta de ropa á que le tenia condenado, 
lo mismo que á sus compañeros , la penuria de las circunstancias , se acomodó á aquel estado 
de indigencia con plenísima resignación y hasta con visible gusto y alegría. Nadie puede decla- 
rarlo con mas naturalidad y gracia que él mismo en su festiva carta de 18 de enero de 1772, 
cuya lectura recomendamos. 

Después que se hallaron las oportunas comunicaciones y correspondencias. Isla fué de los 
primeros en recibir los auxilios que empezó y prosiguió envíándole su idolatrada hermana , con 
tanto agradecimiento suyo como testílican sus cartas respuestas. Pero su dadivosa liberalidad 
con varios necesitados ; la precisa decencia con que debía vestir en casa de sus bienhechores 
los condes Tedeschi ; y sucesivamente los considerables gastos que le ocasionaron sus dolen- 
cias y achaques, y que nunca permitió fuesen costeados por aquellos señores, como los mis- 
mos querían casi con violencia : todo esto hizo que frecuentemente, en el intervalo de una re- 
mesa de tondos á otra , aunque todas abundantes , se viese entregado en brazos de su antigua 
madre la pobreza , hasta que volvían á estrecharle cariñosamente los de su queridísima hermana. 

Su probada resignación , ó dígase su ejemplar paciencia, quedó superiormente aquilatada 
en el crisol de ias enfermedades corporales , sobrellevadas siempre con estoica constancia , y 
aun con jovial mansedumbre. Repitiéronle en Italia, y con mayor furia, los accidentes perlá- 
ticos que , según dejamos dicho , le habían acometido poco antes de su salida de España ; los 
síntomas apopléticos y la lesión en casi todos los sentidos externos vinieron á complicar su es- 
tado , conservando , no obstante , íntegras las potencias intelectuales , salvo la memoria , que á 
temporadas se le debilitaba ; pero ni los vahídos de cabeza casi continuos , ni la turbación de la 
vista , ni el entorpecimiento de la lengua , ni la parálisis del costado izquierdo , ni la flaqueza de 
las piernas , ni los temblores convulsivos , ni el embargo y desconcierto general de su organis- 
mo, bastaron á arrancar jamas de sus labios el menor quejido, ni á dejar que la pluma desli- 
zase en el papel el mas leve signo de inquietud, de mal humor ó de impaciencia. Al contrario, 
su gracejo parecía aumentar al compás de la vehemencia de sus males y de sus tribulaciones, 
siendo él quien no pocas veces divertía con agudos dichos y consolaba con oportunas senten- 
cias morales á los mismos que le visitaban. En ocasión que se hallaba extraordinariamente pos- 
trado y rendido á la violencia de los accesos de su mal , preguntándole cómo estaba , respondió 
que venía á estar como los ídolos de que se habla en el salmo 115, que tienen ojos y no ven , 
oidos y no oyen , narices y no huelen , manos y no palpan , pies y no andan. Si á la misma pre- 
gunta respondía con seriedad , era por el estilo que sobre este punto muestran sus cartas, dando 
gracias á Dios por el beneficio que le hacía en concederle aquella ocasión de merecer y satis- 
facer en este mundo alguna parte de las penas que le esperaban en el otro por sus pecados. A 
este fin pedia otras veces al Señor le aumentase sus males y trabajos , con tal que también le 
prodígase el correspondiente aumento de resignación y paciencia. 

El acto singularísimo de su magnánima caridad con el prójimo , intercediendo por su injusto 
delator, según dejamos referido , es una prueba demostrativa de cuan alto rayaba nuestro je- 
suíta en la ardua escala de aquella virtud cristiana. Y si hasta á sus enemigos amaba , dicho se 
está cuan ardiente sería su caridad con todos los demás, y cuan encendido su celo por el bien 
de las almas. No contando las muchas misiones que hizo en España, aun cuando no le tocaban 
por turno ni obligación, consiguió de los superiores, antes de los cincuenta años de su edad, 
retirarse de la luz y celebridad pública del magisterio y princq^ales púlpi-tos , á la oscura fatiga 
de traductor espiritual, creyendo así ser mas útil al prójimo que leyendo teología y predicando 
con aplauso á algunos centenares de fieles. Este impulso le hizo pasar á residir primero en Sa- 
lamanca, y luego en Villagarcía de Campos, con la sola obligación del confesonario ; y como 



XX VIDA DEL PADRE ISLA. 

este le dejaba libre la mayor parte del dia , se dedicó con ahinco á la vasta y laboriosa traduc- 
ción del Año cristiano. 

■ Por otra parte, su viva compasión con los pobres, cuya sola presencia, y aun la mera noticia 
de sus infortunios , le enternecía profundamente , jamas estaba ociosa mientras podia socorrer- 
los con su caudal , ó implorando ingeniosamente la caridad de sus amigos y conocidos. Como 
su pluma hizo brotar un manantial de recursos para remediar la indigencia del caballero que le 
pidió la traducción del Gil Blas^ asi también le sirvió repetidas veces para empeñar toda su elo- 
cuencia y eficacia con amigos poderosos en favor de otros desgraciados. En todas las ciudades 
y villas (le España y de Italia donde residió , dejó larga memoria de su cariñosa y cristiana filan- 
tropía. Y su virtud no solo miraba como un deber el amplio socorro de los menesterosos, sino 
también la pronta defensa de los calumniados. Dicho dejamos ya que no anduvo tibio ni remiso 
en defender a sus compañeros de hábito ; pero ahora debemos añadir que con igual vigor y ar- 
rojo hizo frente á cierto abogado romano , en una docta respuesta apologética de las religiones 
de los siervos de María ó padres servitas, y de los hospitalarios de San Juan de Dios, acrimina- 
dos en una Ilistoiia que de las mismas publicó dicho letrado. 

Al paso que elocuente por la caridad, por ella sabía también enmudecer. Nunca se le oyó 
una palabra contra los que le ocasionaron algún sentimiento ó pesadumbre, ni aun contra los 
que abiertamente le persiguieron ; antes bien, cuando en su presencia se hablaba de tales per- 
sonas, bien fuese por casualidad, bien fuese por artificio de los que querían observar y poner 
á prueba su carácter, era mas artificioso su ingenio, no solo en hallar excusas ala intención de 
sus contrarios, sino en hacer recaer la conversación sobre las buenas prendas que les adorna- 
ban. Esta larga observación y experiencia hizo formar á los que le trataron el general concepto 
de que su lengua era de las mas hmpias, y su ánimo de los mas nobles y cristianos. Con efec- 
to , su lengua y su animo iban tan conformes , que en materia de injurias recibidas parecía des- 
memoriado , y aun siendo recientes, el mas franco , el mas fácil , el mas sincero en perdonarlas. 

Sin embargo de todo , no fueron pocos los que conocieron de cerca al Padre Isla , ni esca- 
sean los (jue solo le conocen por sus escritos , que creyeron ó creen descubrir en él un natu- 
ral satírico, acre , malignante y propenso á ensangrentarse contra sus adversarios Pero este 
descubrimiento es una ilusión : examinado detenidamente y á fondo el carácter de nuestro autor, 
se ve jovialidad y gracejo, propensión á la sátira festiva, pero inofensiva, y sacudiendo siempre 
su penca contra la ignorancia orgullosa, ó contra la ridiculez atrevida ; mas nada de mala in- 
tención , nada de propósitos malignos , nada que se traslimíte hasta el sagrado de la vida do- 
méstica ó de la conciencia privada. Censor festivamente severísimo, juez delicadamente impar- 
cial, ejecutor amenamente inexorable; pero todo esto en el campo literario, y nada mas. 

Con los progresos de su edad parecían progresar también sus purísimas costumbres y su 
sincera devoción. Empleaba constantemente el dia en celebrar el santo sacrificio, dedicar un 
largo rato á lecturas ascéticas, otro rato de oración mental por mañana y tarde, y escribir, 
mientras la vista y la mano le dejaron entregarse á este , para él , delicioso ejercicio. Pero aun 
cuando el quebrantamiento de su salud le vedase esta diversión, no consiguió jamas privarle de 
sus prácticas religiosas, que eran el bálsamo mas consolador de su espíritu. Casi arrastrando 
los pies, y apenas manteniendo el equilibrio necesario, pasaba de su cuarto al oratorio domés- 
tico , y decía misa con señales tan visibles de fervor como del trabajo y fatiga material que le 
costaba aquella augusta celebración. Cuando los vahídos eran demasiado continuos y le moles- 
taba la frecuencia de los temblores , se limitaba á oir misa en el oratorio ; mas no satisfecha su 
devoción, iba entonces, apoyándose con una mano en su bastón, y con otra en el brazo de 
un criado que á este fin le había destinado el conde Tedeschi , á oír otra misa en la iglesia 
vecina del real colegio español de San Clemente (1). Tenia después particular complacen! ia 

(I) Ya snhrá ol Icrtor que la inmensa reputación cientilicay litoiaria, de que gozó en algún (icinpo Holonia. hizo 
que varias naciones eslableciosen en aquella ciudad colegios propios. El español era el mas anligno: fundólo hacia 
la mitad del siglo XIV el célebre cardenal de Albornoz , elevado á esta dignidad eclesiástica por el papa Clemen- 
te VI. De dicho colegio salieron no pocos españoles insignes en erudición y sabiduria , como Nebrija , Sepúiveda, 
Antonio Agustin , y otros. 



VIDA DEL PADRE ISLA. xxi 

011 Ansitar á aquella noble y escogida juventud, gozándose en ver su prudente conducta, sus 
talentos y aplicación á los estudios, y entreteniéndose en fomentar tan bellas disposiciones con 
afectuosos consejos y pláticas análogas á sus circunstancias. Eran recibidas y correspondidas 
sus visitas, por aquellos señores colegiales, con un aprecio y estimación igual al gusto que él 
mismo tenia en hacerlas. A varios de ellos menciona elogiándolos en sus cartas , y sobre todo 
á Don Jacinto de Miranda , asturiano, de quien avisó en su carta de 27 de febrero de 1779, que 
habia sido nombrado chantre , dignidad de la catedral de Oviedo. Este virtuoso eclesiástico, 
que en el establecimiento español de Bolonia era conocido con el sobrenombre de el colegial 
santo , habiendo sido por otra parte el mejor amigo , el mas asiduo consolador y el mayor con- 
fidente del Padre Isla, fallecic) en Madrid a lo mejor de su edad ( febrero de 1797). El sucesor 
de Miranda en su beca y cuarto fué Don Lorenzo Fernandez Cueto, asturiano también y amit^o 
íntimo del Padre Isla, quien habla con frecuencia de él en sus cartas de Bolonia. 

Fuera de estos útiles esparcimientos con personas estudiosas y de intachable moralidad, no 
tuvo ni quiso nuestro buen anciano otro suplemento á su imposibilidad de seguir escribiendo. 
Desde que hubo de renunciar al ejercicio de la pluma, redobló su fervor religioso, empleando 
el dia casi entero en prácticas de devoción , entre las cuales merecen citarse las tres visil'ns 
diarias que hacia en sus últimos años á Jesús sacramentado , visitas que , entre ir y venir de la 
iglesia, eran seis increíbles esfuerzos de su desconcertada máquina corporal. En sus prácticas 
piadosas ocupaba también un lugar preferente la Madre del Hijo divino, á la cual profesó siem- 
pre singular devoción, interesándose vivamente en sus glorias, y promoviendo su culto con hi 
mas celosa eficacia. Las pláticas domésticas que siendo jesuíta hizo á la comunidad, según cos- 
tumbre de la religión, en las vísperas de las principales solemnidades de María Santísima, ex- 
cedieron en solidez, en fuerza y moción de afectos hacía la gran Reina, á todos sus sermones 
y discursos oratorios. El no hallarse estampadas con estos, da motivo á creer que, ó se traspa- 
pelaron, ó, lo que parece mas verosímil, que las escribió en solos apuntamientos, desechando 
la invariable severidad de lo una vez trazado por la pluma , para dar mas libertad y desahogo á 
las expansiones del corazón. Fué también efecto de su celo y vigilancia en promover todas las 
prerogatívas y excelencias de la Virgen Santísima, la primera diligencia que practicó antes do 
emprender la traducción del Año crisliano. No dudaba de que su autor fuese tan sólido y pia- 
doso tratando de los misterios de Nuestra Señora , como lo era en todos los demás asuntos de 
su obra ; pero quiso de antemano cerciorarse de si, por temor á los espíritus fuertes de su na- 
ción, había tal vez omitido alguna circunstancia, el menor artículo, la menor observación so- 
bre cada misterio. Lejos de esto, después de haberlo menudamente examinado, concluyó 
rindiendo al Padre Croiset el tributo de justicia que puede verse en la carta xvm de la se- 
gunda parte. 

Aunque toda la vida , y singularmente en sus mas apurados trances y amargas vicisitudes, 
tuvo siempre presentes para norma de su conducta las máximas y preceptos del cristianismo, 
recordándolas á menudo hasta en su correspondencia epistolar con parientes y amigos , esta 
memoria se fué haciendo mas viva y notable en el discurso de sus últimos años. Empleábalos, 
según hemos visto , en una mas inmediata preparación para la muerte , repitiendo el anuncio 
de su proximidad en casi todas las cartas á su hermana, sin duda para disponerla á recibir tan 
infausta nueva , y con su cercana previsión templar en lo que fuese dable la vehemencia del 
dolor que habia de traspasar su corazón. Al mismo fin la previno que ya tenia extendido su 
testamento , y procuró endulzarla este amargo anuncio con su natural discreción y gracejo, 
testimonios inequívocos de su tranquilidad de conciencia, en los términos que pueden verse 
en su carta de 28 de octubre de 1778. 

La hermana del Padre Isla fué realmente siempre su solícita y amorosa Carixena. Ella cuid(') 
constantemente de que no le faltase la debida asistencia, así en España como en Italia; y ell;i 
fué quien, tierna y solícita, cuidó también á los hijos del testador, sacándolos del oscuro rincón 
donde los dejó su padre , y (laudólos a la luz pública para gloria de España y deleite de los 
aficionados á las bellas letras. Este entríiñable amor era justamente correspondido; y difícil 
sería decidir quién venció en aijuella generosa lucha de cariño. Uespiranlo inmenso todas las 



XXII VIÜA DEL PAÜRE ISLA. 

cartas del Padre Isla, según puedo verse leyendo cualquiera de ellas, y sobre todas la de 12 de 
marzo de 1780, en la cual casi nos atrevemos á decir que la exageración es inferior á la reali- 
dad del amor que protesta. 

Según iba declinando la salud del Padre Isla, y avanzando á grandes pasos su quebranto 
desde el año 4776, no pronustia su vida los otros cinco que todavía contó de duración. En el 
de 1779 se hizo mas visible su decadencia, y mas desenfrenada la repetición de sus accidentes. 
El diall de abril de dicho año, estando rezando el rosario con su criado, cayó de repente 
desmayado en sus brazos. Conducido desde luego á la cama, se le excitó de allí á poco, con 
calentura, un vómito tan furioso, que por espacio de mas de cuarenta horas le fué repitiendo 
casi de tres en tres, y debilitándole extraordinariamente. Pidió con instancias el viático, y lo 
recibió, no solo con grandísimo consuelo suyo, sino también con notable alivio corporal , ce- 
sando poco después la calentura, y recobrando algunas fuerzas ; pero , como sobre todo pensaba 
en mantener y aumentar las del alma , sintiendo al cabo de tres ó cuatro días alguna novedad, 
pidió también y se le administró la extrema-unción. Después de esta volvió á experimentar 
nueva mejoría, aunque quedándole lisiados de la parálisis, é impedida la mano, el muslo y el 
pié izquierdo : impedimento que no tardó mucho en extenderse á todo el costado. Esta fué la 
situación en que mas gloriosamente triunfó aquella su invicta paciencia de que ya hemos dado 
noticia, y que, conforme adquiría mayor materia de ejercicio, seiba convirtiendo en mayor 
gozo de su espíritu y en hacimiento de gracias que frecuentemente tributaba á Dios por aquel 
beneficio. 

A estos afectos sucedían otros , en que se exhalaba con la misma frecuencia, ya de firmísima 
esperanza en la misericordia de Dios, ya de temor filial de su justicia, ya de contrición, de 
amor y deseos de gozarle eternamente en la región de los santos. No solo se explicaban así su 
corazón y su lengua, prorumpiendo en las jaculatorias mas enérjicas, sino que el mismo im- 
pulso seguía su mano, trasladando al papel el corazón y la lengua; y aun cuando no pudo go- 
bernar la pluma en la última carta que once días antes de su muerte escribió á su hermana, 
la advirtió que hasta entonces, ni parala misma, ñipara sí propio, había pedido á Dios la salud 
del cuerpo , sino mucha paciencia para merecer con las afiiccíones de su máquina. Muy poco 
después le descargó la dolencia el golpe decisivo, pero sin turbarle un momento el uso de la 
razón y de sus sentidos, ni el de los actos fervorosos en que se empleaba. Todos sus talentos, 
su sabiduría, su religión y piedad se juntaron en aquella ocasión suprema mas estrechamente 
que nunca para santificar tan preciosos instantes. Recibió todos los santos sacramentos con 
admirable paz y tranquilidad, con tan suave y patética devoción, que la infundió muy tierna á 
los circunstantes; y con la misma entregó el alma al Criador el dia 2 de noviembre de 1781, 
entre tres y cuatro de la mañana , á la edad de setenta y ocho años , seis meses y ocho dias. 

Uno de los primeros cuidados de la señora condesa Tedeschi, en cuya casa murió, fué con- 
servar la mas viva imagen del difunto , y con ella un continuo recuerdo de la benevolencia, 
estimación y amistad que mutuamente se profesaron. Mandó á este fin que se le modelase la 
cara en yeso, luego que lo permitió la frialdad del cadáver, con el objeto de formar des- 
pués su busto, y dio las convenientes disposiciones para su entierro y horneas, que se le hicie- 
ron con la debida decencia el dia 4 del mismo mes. Sus antiguos hermanos, todos cuantos no 
se hallaban absolutamente impedidos, asistieron á celebrar misas toda la mañana, y al fin 
de ella el oficio de difuntos en la parroquia de Santa María de la Múratele, donde se le dio se- 
pultura. 

El Padre Isla era de estatura pequeña, pero bien proporcionada ; algo rehecho desde su edad 
media, ni grueso, ni flaco; gesto grave y mesurado, color encendido, ojos vivos y brillantes. 
Hasta los sesenta y cinco años, época en que sintió los primeros amagos apopléticos, su lengua 
era ágil y gmciosa, como la fantasía cuyos felices arranques interpretaba. Su conversación era 
amenísima, é iba sazonada siempre con cuentecitos, agudezas, antítesis y alusiones escogidas y 
eruditas; y esta amenidad envidiable era constante, igual como su carácter, sin sombra de 
afectación y shi tacha de verbosidad. Si hubiese sido dabU; recoger todos los dichos graciosos, 
las prontas agudezas y los saladísimos epigramas con que salpicaba abundantemente todos sus 



VIDA ÜbX PAÜUli ISLA. xxiu 

coloquios, tondriamos hoy una voluminosu Floresta ó colección, iiiconiparabloniente superior á 
la de los mas ingeniosos y fecundos decidores. 

La muerte de Isla iué uuiversalmente sentida en Italia, en España, y también en el resto de 
Europa; los periódicos políticos y literarios la anunciaron con sincero luto, acompañado de 
merecidos elogios del ünado, liabicMidose distinguido en esta penosa tarea el señor de Murr, 
diarista de Viena ya citado , en el tomo x de su colección ; y los ex-jesuitas españoles recibían 
de todos los amantes de las letras el pésame por la pérdida del docto escritor. Bien hubieran 
querido los compañeros en religión del Padre Isla hacer las solemnes demostraciones que re- 
quería aquella santa defunción , y levantar quizas un espléndido monumento que perpetuase la 
memoria de los talentos y de las virtudes del esclarecido jesuíta español ; pero ni las circuns- 
tancias, ni sus posibles les permitieron ver cumplidos sus deseos. Uno de ellos se encargó de 
hacer lo único que , sin necesidad de caudales , pueden hacer siempre la amistad y el talento ; 
y fué ilustrar el sepulcro del Padre Isla con el siguiente epitafio latino, modelo en el estilo la- 
pidario, y en el cual reconocerán los inteligentes todo el sabor del siglo de oro de la lengua del 
Lacio. Helo aquí, con la traducción en romance : 



D. O. M. 

JosEPHO. Francisco. Isla. 

NATIONE. HISPANO. GENERE. KOBILI. 

VIRO. 

IXGEMI. 

LEPIDI. FOECUNDl. PERPOLITI. 

ELEGANTI. VARIETATE. AMOENISSIMI. 

MENTÍS. 

AUPLAE. SUBLIMIS. APERTAE. 

AD. OMNES. SCIENTIAS. NATURA. COMPARATAE. 

IN. ÓMNIBUS. FERE. EXCULTAE. 

JUDICII. 

AD. CRITICES. REGULAS. PLAÑE. COMPOSITI. 

RHETORI. URBANISSIMO. 

SACRAE. ELOQUENTIAE. VINDICI. FESTIVISSIMO 

MIRIS. UBIQUE. LAUDIBUS. CELEBRATO. 

QUEM. 

NÜMQÜAM. MOROSÜS. FASTIDIVIT. AUDITOR. 

NUMQUAM. FASTIDIET. LECTOR. 

IN. PATRIA. ORATORIA. TULLIUM. 

IN. HISTORIA. LlVlUM. 

IN. LYRICIS. AC. LUDICRIS. HORATlüM. 

DIXERIS. 

QUI. 

NATUS. ViLLAVIDANAE. IN. LEGIONENSI. REGNO. 

DIE. XXIV. APRILIS. ANN. DOSI. M.DCC.III. 

EXIMIA. PECTORIS. INGENUITATE. 

AG. INCULPATA. MORUM. PROBITATE. 

INTIMIS. CARUS. 

EXTERIS. PROBATISSIMÜS. 

EXUL. EXJESUITA. 

RERUM. HÜMANARUM. FLUCTIBUS. DIRÉ. VEXATUS. 

SED. INFRACTUS. ANIMO. 

PIE. OBIIT. 

BONONIAE. DIE. II. NOVEMBRIS- 

ANN. DOM. M.DCC.LXXXI. 

AMICl. MOIÍRENTES. 

P. 



D. O. M. 

A JosEF Francisco de Isla, 

DE NACIÓN ESPAÑOL, DE LINAJE NOBLE, 

VARÓN 

DE INGENIO 

GRACIOSO, FECUNDO, CULTÍSIMO, 

AMENÍSIMO POR SU ELEGANTE VARIEDAD ; 

DE ENTENDIMIENTO 

AMPLIO, SUBLIME , DESPEJADO, 

DISPUESTO POR NATURALEZA Á TODAS LAS CIENCIAS; 

EN CASI TODAS ELLAS INSTRUIDO : 

DE JUICIO 

AJUSTADO Á LAS REGLAS DE LA CRÍTICA, 

RETÓRICO URBANÍSIMO , 

EL MAS FESTIVO DEFENSOR DE LA ELOCUENCIA SAGRADA, 

CELEBRADO EN TODAS PARTES CON LOS MAYORES ELOGIOS '• 

DE QUIEN 

NUNCA SE CANSÓ EL QUE LE OÍA, 

NUNCA SE CANSARÁ EL QUE LE LEA : 

QUIEN PUEDE DECIRSE 

QUE FUÉ EN LA ORATORIA PATRIA UN TULIO, 

EN LA HISTORIA UN LlVIO , 

EN LA POESÍA LÍRICA Y JOCOSA UN HORACIO : 

QUIEN, 

NACIDO EN TIERRA DE VaLDERAS , DEL REINO DE LeoN, 

A 24 DE ABRIL DE 1703, 

POR SU EXIMIA INGENUIDAD DE CORAZÓN, 

POR LA IRREPRENSIBLE BONDAD DE COSTUMBRES, 

FUÉ AMADO DE SUS FAMILIARES, 

APRECIADÍSIHO DE LOS EXTRAÑOS , 

CRUELMENTE MALTRATADO POR LAS VICISITUDES HUMANAS; 

MAS DE ÁNIMO ESFORZADO É INVICTO , 

EX-JESUITA DESTERRADO, 

píamente FALLECIÓ EN BOLONIA 

Á 2 DE NOVIEMBRE DE 1781 

CON DOLOR DE SUS AMIGOS. 

V. 



Allá , pues , al pié del Apenino, lejos de su patria , como las de otros varios españoles céle- 
bres, reposan las cenizas de nuestro simpático escritor. Bella es Bolonia, privilegiado su suelo, 
dehciosa y perfumada su campiña, ilustre su historia; y casi, casi estamos por bendecir la for- 
tuna de que al menos descanse Isla junto á las galerías donde brilla la obra maestra de Rafael, 



xx,v OBRAS DEL PADRE ISLA. 

en el mismo recinto que vio nacer á los Carracis , á Guido y al Domenequino , gloria de las 
artes, á Benedicto XIV, honor de la tiara, y á Galvani, ornamento de las ciencias. Duélenos, 
empero, la distancia que nos separa de los inanimados restos del festivo escritor, y preferiria- 
mos que, junto con los de Moratin y de otros españoles insignes, á quienes el hado adverso hizo 
que muriesen en el ostracismo ó en extranjera tierra , ocupasen sus respectivas urnas en un pari- 
teon nacional, que fuese á un tiempo venerable galería fúnebre de nuestras celebridades en 
todos ramos, y templo augusto en cuyo ambiente de gloria oncontrarian inspiraciones de virtud 
y de esfuerzo nuestros jóvenes , recuerdos de noble orgullo los españoles todos, y motivos da 
admiración y respeto los extranjeros que visitan nuestra metrópoli. 



OBRAS DEL PADRE ISLA. 



Ya hemos dejado entrever desde el principio, que Isla no es en rigor lo que se llama un es- 
critor clásico. Con efecto , su lenguaje no siempre es terso y correcto ; nótanse en sus frases al- 
gunos galicismos , falta que él mismo condena en los demás , y desliz que rara vez se escapa de 
cometer el escritor que está familiarizado con la literatura francesa : en sus cláusulas adverti- 
mos harto á menudo faltas de relación, construcciones demasiado latinas, imperfecciones de 
sentido, y escasísima armonía; su modo de escribir peca frecuentemente por pesado, á causa, 
en gran parte, de las digresiones, no siempre oportunas, á que le arrastra su mucha erudición; 
y con bastante fundamento se ha achacado á su estilo una marcada y constante tendencia á de- 
generar en famihar, y alguna que otra vez hasta en vulgar : en una palabra, el gusto de nues- 
tro autor no era de los mas acendrados. Pero Isla fué un escritor de mucho ingenio, de co- 
piosa erudición, de festiva pluma, laborioso por demás, y sobre todo, un escritor útil y de sano 
juicio. Si no regeneró completamente la oratoria sagrada en España, puso de su parte cuanto 
le era dado para conseguirlo. Su Fray Gerundio vino á ser respecto del pulpito, lo que Don Qui- 
jote respecto de los libros de caballería ; y si no estuvo de mucho tan feliz y certero como el 
incomparable Cervantes (á quien se propuso imitar), al menos inició la reforma, poniendo de 
manifiesto el daño. 

Educado Isla en la atmósfera de los resabios del culteranismo , domada su imaginación por 
la severidad inilexible de las prácticas de la orden religiosa en que tan joven se alistó , y sin 
prosadores ni poetas contemporáneos á quienes emular, no era fácil que diese rienda suelta á 
sus inspiraciones, ni que osase erigirse en dictador literario, aun cuando se hubiese sentido 
con brios para desempeñar tan envidiable papel. El Padre Isla reflejó su época : no hizo, ni 
tal vez pudo hacer, mas. Tal cual alarde que se permitió en sus primeras armas literarias, hubo 
de coslarle caro ; y la polémica acre, y la persecución y el anatema, no son en verdad incen- 
tivos (mucho menos en España, y á mediados del siglo xviii) para que el genio se deje llevar 
de su espontaneidad. 

De ahí quizás el que nuestro escritor se decidiese á ejercitar su originalidad en composicio- 
nes lije ras y de interés puramente actual , y sobre todo , que se resignase á consumir gran parte 
de su actividad mental en meras traducciones. Isla, con efecto , no fué un gran productor, pero 
importó á España buenas producciones extranjeras. 

Véase pues cómo, al paso que juzgamos con indulgente blandura al ilustre jesuíta, tampoco 
hemos desconocido sus defectos como escritor; ni nos cegará la pasión en el rápido juicio crí- 
tico que vamos á hacer de sus obras originales y de sus traducciones. Pero el siglo xvnt debía 
tener sus representantes literarios en una Biblioteca de Altores Españoles que abraza desde la 
formación del romance castellano hasta nuestros dias ; y en tal concepto hemos creído que el 
Padre Isla era uno de los prosadores naturalmente indicados. Algunas de sus obras (y también 



ODRAS DEL PADRE ISLA. xxv 

sus principales traducciones) son, por otra parte, muy conocidas y hasta populares ; y por tanto, 
hubiera sido descuido imperdonable, ó quizás verdadera falta, el no consignarlas en esta Co- 
lección, ya que no todas como modelos, como monumentos históricos de apreciable recuerdo 
y provechosa enseñanza. 

OBRAS ORIGINALES. 

La Juventud triunfante. — Esta obra es una descripción en prosa y verso de las espléndidas 
fiestas que celebró el colegio de jesuítas de Salamanca, en julio de 1727, con motivo de la ca- 
nonización de San Luis Gonzaga, religioso estudiante de la compañía de Jesús, y San Estanis- 
lao de Ko>tka, novicio de la misma Compañía; ambos de raza de príncipes, ambos jóvenes, 
y tanto , que no se veneran en los altares santos confesores de mas tierna edad. Tan fausto su- 
ceso fué solemnizado en la primera parte de la fiesta, que duró cinco dias, empezándose el 6 de 
julio. Y otro motivo de regocijo, que dio lugar á la segunda parte, que duró seis dias, fué 
el haber el papa Benedicto XIII declarado á San Luis Gonzaga protector de las escuelas de los 
jesuítas. Tratábase de santos jóvenes (el primero de diez y siete, y el otro de veinte y tres años'í, 
y de unas fiestas á cuyos gastos contribuyeron en mucho , y en las cuales tomaron gran parte, 
los jóvenes estudiantes ; y de ahí sin duda el titulo de La Juventud triunfante que se puso á l;i 
relación , mandada escribir por el entonces intendente general de Castilla y corregidor de Sa- 
lamanca, Don Rodrigo Caballero y Llanes, quien dispuso la impresión, y dedicó la obra al prín- 
cipe de Asturias Don Fernando, que luego fué el monarca sexto de este nombre. El corregidor 
encargó la redacción de la crónica de aquellas ruidosas fiestas al Padre Luis de Losada , y este 
tomó por colaborador á su pariente y colega de habito el joven Isla , á la sazón estudiante de 
teología en aquel colegio de Salamanca. 

La obra está escrita casi en el mismo estilo que el Día grande de Navarra ; y ciertamente no 
la encontramos digna de los encomios que mereció en su tiempo, y que se la han prodigado 
aun en épocas posteriores. Los versos, ó llámense letrillas, villancicos, canciones., sonetos, etc., 
de que está entreverada á cada paso la relación de los festejos , son tan prosaicos como casi to- 
dos los que compuso el Padre Isl\. Este es autor de la segunda parte de La Juventud triunfan- 
te, y suyos son también varios trozos de la primera. 

El libro se imprimió por primera vez en Salamanca el mismo año de 4727, sin nombre de 
autor, pues en la portada solo se puso obra escrita por un ingenio de Salamanca. El año 4750 
se reimprimió en Valencia, en 4.° español, de 450 páginas ; y en 4787 se publicó en 8.°, v lle- 
vando ya el nombre del Padre Isla, una Descripción de la máscara ó mojiganga que hicieron 
los jóvenes teólogos en Salamanca con motivo de la canonización de San Luis Gonzaga y San Es- 
tanislao de Kostka, 

Cartas de Juan de la Encina. — Don José de Carmona y Martínez, natural de Segovia, cursó 
la cirugía en Alcalá de Henares, y concluidos sus estudios, fué cirujano titular de su ciudad na- 
tal. Ejerciendo su profesión, sucedió que á una hija del regidor perpetuo de Segovia se le ul- 
ceraron unos sabañones, y habiéndoles apUcado el aceite de nieve (nieve y aceite bien batidos), 
sufrieron una retropulsion peligrosa. Llamóse junta de profesores , en la cual parece que hubo 
algún escándalo, y fué tratado con un tanto de descortesía el licenciado Carmona, quien para 
vindicarse publicó el Método racional y gobierno quirúrgico para conocer y curar las enferme- 
dades externas complicadas con el morbo mas cruel (los sabañones) : Madrid, 4752. Esta obra 
consta de doce capítulos, y, médicamente considerada, no ofrece gran bíteres, resaltando solo 
en ella los consejos que da el autor sobre los riesgos que trae el uso de los repercusivos en la 
curación de los sabañones. — Por entonces se hallaba de lector de filosofía en el colegio de je- 
suítas de Segovia el Padre Isla, quien había intervenido en las reyertas de la consulta médica, 
y puesto en paz á los médicos y cirujanos que asistieron. En mal hora le ocurrió á Carmona 
romper el armisticio , puesto que tal ocurrencia le costó tres epístolas crueles , en las cuales, 
olvidándose quizás el Padre Isla de la caridad cristiana, justificó plenamente el significativo pseu- 



XXVI OBRAS DüL PADRE ISLA. 

dónimo de Juan de la Encina , que suscribe las cartas, y convirtió su celda ó su pupitre y pluma 
en un verdadero Fresnal del Palo , nombre inventado para designar el lugar de la fecha. Veinte 
y cinco años después le duraba todavía á nuestro jesuíta la ojeriza contra el cirujano de Sego- 
via , según se infiere del modo con que habla de el y de su Método en el número 4 del capítulo 
primero del libro tercero (véase la página io9) del Fi'ay Gerundio. 

Se han hecho varias ediciones de estas Caíalas. Nosotros tenemos noticia de cuatro hechas en 
Madrid, y de tres reimpresiones hechas en Barcelona. 

Dia grande de Navarra. — Esta fué la primera obrilla que se dio á luz con el verdadero nom- 
bre y apellido de nuestro escritor, y se reduce á una descripción de las fiestas reales celebradas 
el año 1746 en Pamplona, con motivo del advenimiento de Fernando VI al trono de España. 
Corrió primero como verdadero elogio sin sospecha de malicia ; fué después denunciada como 
sátira ; hiciéronse cargos al autor ; este se defendió de modo que al parecer no tenia réplica, 
alegando la aprobación dada á su papel por la diputación del reino de Navarra ; y esta misma 
confirmó de nuevo su dictamen y licencia, escribiendo al Provincial una carta de recomenda- 
ción en favor del Padre Isla , y de enhorabuena á la Orden por contar entre sus individuos á 
tan excelente sugeto y aventajado escritor. 

Entre el Triunfo del amor y de la lealtad, ó Dia grande de Navarra, escrito en 1746, y la 
Juventud triunfante, compuesta en 17^7, encontramos nosotros mas de un punto de semejan- 
za. Hay sin embargo una diferencia singular, y es que Isla vio las fiestas de Salamanca , pero no 
vio las de Pamplona, en cuyo colegio estaba de maestro de teología, pero de donde se hallaba 
temporalmente ausente cuando las fiestas : estas se celebraron el 21 de agosto, y el Padre Isla 
no regresó á Pamplona hasta el 28. Así lo declara él mismo en carta particular á un amigo, á 
quien dijo entre otras cosas : « Cuente usted en este número (de las impertinencias, llamadas 
» ocupaciones) una que me tenia prevenida para mi regreso la Diputación de este reino, em- 
» peñada en que he de referir lo que no vi , abultar lo que no se divisó , y en suma, en que he 
» de ser criador, haciendo una cosa de la nada, é ideando una copia de un original imaginario. 
í Así saldrá ello , como el tiempo lo dirá ; pero mientras tanto resérvelo usted para sí solo.» — 
Con efecto, así salió ello. A los pocos dias de publicado el Dia grande cayó el público en la 
cuenta, y el Padre Isla hubo de sufrir todas las consecuencias de las chanzas empleadas fuera 
de su sazón y lugar. Hablillas y calumnias sin cuento , anónimos y folletos mil , amasaron al- 
rededor del picaresco, si bien pacífico, cronista una nube cargada de tormentas y peligros. 
Eutre los folletos se dio á luz en Valencia uno titulado Colirio para los cortos de vista, diversión 
para los discretos, y explicación del cajón de sastre de la Isla transformada para los tontos, que, 
entre lo mucho malo que corre impreso, es de lo mas tonto é insulso que hemos leído. No 
eran estas necias invectivas las que mas cuidado le daban al Padre Isla , quien acudió á con- 
jurar la tormenta haciendo publicar algunas cartas laudatorias y los documentos fehacientes de 
la diputación de Navarra; mas con esto y todo no consiguió desarraigar la general creencia de 
que el escrito tenia, cuando menos, un doble significado. 

Es, con efecto, imposible leer este opúsculo, y no participar de la opinión de los que lo 
calificaron de finísima ironía, cuando no de extremada hipérbole. Nosotros, demasiado distantes 
ya de aquella época para fallar con entero conocimiento de causa, nos atrevemos á creer pia- 
dosamente que el Padre Isla, llevado de su invencible tendencia á lo festivo y satírico, se pro- 
puso ridiculizar la pomposa exageración con que solían (y suelen todavía) escribirse los relatos 
de las fiestas y solemnidades públicas ; y de paso cargó un tanto la mano á los navarros , y sobre 
todo á algunos diputados por Navarra , cuyo carácter y circunstancias se prestarían sin duda á 
la benévola é inofensiva sátira. Por lo demás , el Virey, el Gobernador de la plaza , el Cabildo 
eclesiástico, el Provisor y Vicario general, cuantos intervinieron en los festejos de la proclama- 
ción, todos son tratados con equívoca ironía, y de todos se habla con lisonjri tan extremada, 
que bien hubieron todos ellos de tener la mas robusta fe en la bondad y candidez del Padre Isla 
para no darse desde luego por ridiculizados. — Sin embargo de todo, el autor, como es natural, 
insistió siempre en que no tuvo intención de hacer rcchiíla ni mofa de nadie ; y treinta y cinco 



OBRAS DEL PADRE ISLA. xxvii 

años despiu»s (oii 1781 ) todavía daba los mismos descaraos, según pnode verso en la carta (jue 
desde Bolonia escribió al Señor de Murr, que es la última de la segunda parte d(! las Cartas 
familiares. 

Agotada en pocas semanas la primera copiosa edición en 4." del Día grande de Navarra, y 
una reimpresión liecba casi al mismo tiempo en Zaragoza, con la carta de Don Leopoldo 
Jerónimo de Puig por apéndice, se imprimió y despachó segunda edición en el mismo tamaño, 
á fines del mismo año 174G, aumentada con la referida carta de los Señores Diputados, la del 
Señor de Puig, y otra del autor sobre el mismo asunto. También existe, igual á la segunda, una 
tercera edición en 8.", hecha en Madrid el año 1793, con el retrato del autor. En 1804 se hizo 
en Madrid y en el mismo tamaño una cuarta edición, igual á la tercera, y sospechamos que 
aun ha habido otras reimpresiones posteriores. 

Historia del famoso predicador Fray Gerundio de Campazas. — Es la historia de un Don Quijote 
del pulpito. Es, por consiguiente , una historia ficticia, una novela. Juzgada bajo este punto 
de vista, en su invención, unidad de plan, enredo, episodios, desenlace, caracteres, etc., adolece 
de bastantes defectos, y dista mucho de poder ser comparada con la obra da Cervantes, que 
fué el tipo que ambicionó imitar, y harto puerilmente en muchas cosas, el Padre Isla. Pero 
¿qué dificultad hay en considerar esa Historia mas bien como un curso crítico de oratoria sagrada, 
amenizado con las formas de la novela? En este concepto ya es infinitamente mas aceptable la 
obra, y desaparecen muchos de sus lunares. Aun estos deben ser perdonados cuando se atiende 
al fin moral de la composición , y sobre todo cuando los resultados acreditaron desde luego su 
eficacia. El quijotismo en el pulpito recibió la mas fiera estocada, 

Al aprestarse para darla, bien debió conocer Isla los peligros que arrostraba. Así es qtie en 
carta del 7 de marzo de i7oo escribía á su cuñado : «Sin embargo, ahá verás que no me dedico 
»tan total y únicamente á ser copiante, que no reparta el tiempo en otra tarea original (ya muy 
» adelantada), cuyo despacho es seguro, cuyas ediciones serán repetidas, cuya traducción en otras 
y> lenguas será muy verisímil, pero cuyo ruido y alboroto de los interesados {que son innumcra- 
» bles) eternizará mi nombre, mi paciencia y mi desprecio, que es grande siempre que se interesa 
»la utilidad universal.» Cumpliéronse puntualmente estos vaticinios : la impresión de los mil 
quinientos ejemplares del primer tomo del Gerundio (que salió en Madrid á últimos de febrero 
de 1738) se vendió en tres días; las ediciones de esta obra fueron repelidas en el siglo pasado, 
y lo han sido y son en el presente ; fué traducida al alemán , al inglés y al italiano ; el ruido y 
alboroto de los interesados fué espantoso; el nombre de Isla ha quedado inmortal, y su pa- 
ciencia estuvo sujeta á las mas duras pruebas. La profecía quedó realizada en todas sus partes. 

El autor procuró pertrecharse , antes de sacar su obra , con cartas de aprobación de ilustres 
personajes y de sabios prelados , y tomó también la precaución de no hacerla aparecer bajo su 
nombre, sino bajo el de Don Francisco Lobon de Salazar (hermano de un compañero de hábito 
del Padue Isla), cura de Villagarcia, que fué bastante condescendiente para prestarse á esta 
pequeña superchería. Mas á pesar de todo, el obispo de Falencia se opuso ya á que la obra se 
iniprinúese en su diócesis; y el consejo de la Inquisición mandó suspender la edición segunda 
del primer tomo, que se empezó á tirar á los pocos días de anunciada y despachada la primera. 
Después de algún tiempo, y atendida también la encarnizada polémica que se trabó entre los 
deíensores y los impugnadores del Gerundio, la Inquisición prohibió, con edicto de 20 de mayo 
de 1760, el primer tomo, y en edicto de 177G el segundo , que se habia impreso sin las licencias 
necesarias. Igualmente fueron prohibidos todos los papeles impresos y manuscritos divulgados 
con motivo de dicha Historia, y se mandó bajo pena de excomunión que nadie escribiese en 
pro ni en contra de ella. En varias cartas familiares del autor, y sobre todo en las ex y siguientes 
de la primera parte, se encontrarán relatados muchos sucesos y pormenores concernientes á 
esta famosa Historia. 

Imprimióse, según hemos dicho, el primer tomo en Madrid, año 1758, en casa de Don Ga- 
briel Ramírez, calle de Atocha, frente del convento de Trinitarios calzados : es un volumen 
en 4.", de cerca de 400 páginas. El segundo tomo aparece impreso cu Campazas, y se dice (juc 



xxvm OBRAS DEL PADRE ISLA. 

fué impreso en el extranjero : la edición mas antigua que hemos visto de él lleva la dala 
de 1770, y tiene todas las apariencias de haber sido impreso en España. Posteriormenle los dos 
tomos juntos han sido reimpresos en 4770, 1787, 1804, 1813 y 1846 en Madrid ; en 1820 y 1842 
en Barcelona; y en varias épocas se ha reimpreso también el Gerundio en Paris, Burdeos, etc. 
Muclias de las ediciones modernas tienen un tercer tomo , que comprende gran parte de los 
escritos polémicos á cuya publicación dio margen la Historia de Fray Gerundio. 

Reflexiones cristianas sobre las grandes verdades de la fe, y sobre los principales misterios de la 
pasión de Nuestro Señor Jesucristo. Madrid, 1785, imprenta de Ibarra, en 8.° marquilla, de 440 
páginas. — Es una serie de meditaciones distribuidas en diez dias. Cada meditación está dividida 
en puntos y párrafos, cuya materia versa sobre la muerte, el pecado mortal, el venial, el juicio, 
el infierno , la eternidad , la perseverancia , la redención , la coronación de espinas , la cruci- 
fixión, la resurrección, etc. Es libro bien escrito ; el estilo es cortado y muy propio de los asuntos 
que se tratan. Abundan los apotegmas y las reflexiones sentenciosas, que tan naturalmente se 
prestan á la meditación. En toda la obra se advierte una convicción tan sincera , y una unción 
tan apostólica, que honra sobremanera los piadosos sentimientos del Padre Isla. 

Sermones. — Imprimiéronse en Madrid el año 1792, por la viuda de Ibarra, y forman seis tomos 
en 4." Son en número de ochenta y siete, así morales como panegíricos. Entre ellos hay algunos 
que podrían calificarse de gerundianos, si ya no nos hubiésemos anticipado á manifestar que 
el Padre Isla transigió á las veces con el mal gusto de la época, para hacerse escuchar y no 
perder enteramente el fruto de la predicación. Por lo demás, el autor conocía muy á fondo las 
reglas de la oratoria sagrada; y á falta de otras pruebas mas decisivas lo acreditarían plenamente 
los trozos que hemos copiado al relatar su Vida. 

El Padre Isla tuvo siempre una repugnancia invencible á imprimir sermón alguno de los 
suyos; y así es que los conservaba sin corregirlos. Pero aun así y todo, la sola celebridad de 
su nombre y la afición general á sus escritos bastaron para que al solo anuncio de la publicación 
de sus Sermones se reuniesen mas de 400 suscritores, y se hiciese una bella impresión, cuyos 
ejemplares van siendo ya raros. 

Cartas familiares. — Acerca de esta preciosa colección, que debemos al buen celo y gusto de 
la hermana del Padre Isla, la crítica mas severa no encuentra mas que elogios. Aquí no hay 
faltas de lenguaje, ni dureza en las cláusulas, ni pesadez en el estilo, ni abusos de erudición, 
niñada, absolutamente nada, que tachar. Aquí el autor está en su propia cuerda, en su ele- 
mento mas natural : en el género epistolar el Padre Isla es un modelo, y un modelo perfecto. 
Naturalidad, sencillez, cierta culta negligencia, facilidad en las transiciones, finura inafectada 
en los pensamientos, erudición rápida y siempre espontanea, alusiones oportunas, dulzura, 
gracejo, fluidez... Todo esto, y cuanto mas quieran exigir los preceptistas, todo lo reúnen esas 
inimitables Carias. ¿ Se quiere llevar la rigidez hasta profesar que solo pertenecen al género 
epistolar legítimo ó puro las cartas misivas privadas y familiares, escritas sin intención de publi- 
carlas? Pues tampoco les falta esta circunstancia. Véase, ó sí no, lo que decía el autor en res- 
puesta que dio á sus amigos desde Salamanca, á 11 de octubre de 1752 : «He visto el discurso 

«sobre Pero cuidado, que no reputo por ganancias mías la excesiva, ciega y visible pasión 

»con que ustedes leen mis cartas, el disparatado concepto que esta misma pasión les hace 
)) formar de ellas , y el pensamiento aun mucho mas disparatado de recogerlas por si el tiempo 
V puede hacerles la justicia de imprimirlas. Conozco bien que este no fué mas que un error de la 
» conversación, en que la voluntad se levantó con toda ella, sin dejar hacer baza al entendimienío 
» y al buen juicio de ustedes. Si creyera otra cosa, ya tendría á cuestas un sobresalto de por vida; 
» y desde el poyo me despedía de la correspondencia de usted ; porque, en realidad, el que fuese 
»mi mayor enemigo no me podría hacer mayor mal. ¡ Imprimir unas cartas escritas isin cuidado, 
» de galope, ninguna de erudición, las mas familiares, casi todas de confianza, y todas, sin casi, 
» lijerísímas ! Imprimir unas cartas de estilo alegre, de alusiones festivas, de gracias frescas, 



OBRAS DEL PADRE ISLA. xxix 

» de dictámenes francos , y de un jesuíta ! ¡ Qué poco saben ustedes el berengenal en que me 
» meterían ! Hora bien, amigo mió ; aunque mis cartas fuesen mas elocuentes que las de Cicerón, 
• mas sentenciosas que las de Séneca, mas eruditas que las de Justo Lipsio, mas sazonadas que 
»las de Voiture, mas discretas que las de Balzac, mas juiciosas que las del cardenal Palaviciiio, 
»mas graciosas y mas embusteras que las del ilustrísimo Guevara, mas almidonadas que las de 
» Don Antonio de Solis , mas lánguidas y mas afectadas que las de Mayans , mas elegantes que las 
» de San Jerónimo , mas graves que las de San Gregorio el Grande , mas dulces que las de San 
» Bernardo, mas tiernas que las de San Francisco de Sales , mas místicas y mas caseras que las 
» de Santa Teresa , mas duras que las del Padre Nieremberg , y mas espirituales que las del Padre 
» La Colombiére : digo que, aunque fueran todo esto y mucho mas, tendría que sentir si las viera 
» de molde. Dejemos este punto, y no hay que pensar en él : solo imaginarlo me estremece ; y si 
¡> lo considerara posible, habia de dedicarme á aprender el estilo de monja para seguir en adelante 
smis correspondencias.» Nosotros creemos que aquí habla Isla con toda sinceridad; y si alguna 
duda cupiese en orden á las cartas dirigidas á amigos y otros personajes , ninguna cabe en cuanto 
alas que escribió á su hermana y cuñado. Nunca pudo el autor pensar que estas cartas de familia 
viesen la lur pública ; y estas son precisamente las mas deliciosas y bien acabadas en el difícil 
género que nos ocupa. 

La forma epistolar era por otra parte la que mejor se prestaba al carácter y estilo de Isia 
para toda suerte de composiciones. Véasele discurrir sobre la reedificación de Lisboa en su 
caita de 17 de enero de 4756; véasele analizar y hacer el juicio crítico de pastorales , en sus cartas 
de 27 de febrero de 1763 y 25 de enero de 1778; véasele disecar sin piedad la obra del licen- 
ciado Carmona, en sus Cartas de Juan de la Encina; véasele salir en defensa de su combatido 
Gerundio en las cuatro fiímosas Cartas apologéticas contra el Padre Marquina y su penitente; 
véasele, en iin, salir á la defensa de los servitas y de los hospitalarios de San Juan de Dios, en 
una Carta polémica; y se conocerá claramente que la forma epistolar era la que mejor cuadraba 
con el modo de concebir y de expresarse que tenia nuestro autor, y que por lo mismo sus mas 
apreciables escritos debían tomar y tomaron la forma de Cartas. 

Las íamiliares , que hizo publicar la hermana del Padre Isla , vieron la luz en 1786, en cuatro 
tomitos en 8.°; y en 1789 se imprimieron otros dos tomos en igual tamaño, que comprenden las 
cartas particulares escritas á varios sugetos. En 1790 — 94 se hizo segunda edición por la viuda 
de ibarra , ftladrid. 

Obras varias. — Clasificamos bajo esta denominación algunas composicion'^s que han corrido 
bajo el nombre del Padre Isla, sin haberlas escrito él, y otras que son realmente suyas y han 
quedado inéditas. 

Entre las primeras ocupa el primer lugar el Sueño, que consiste en cincuenta y cuatro malas 
octavas reales, escritas con motivo de la exaltación de Carlos III al trono de España. Diéronse 
á la estampa por Pantaleon Aznar, impresor, carrera de San Jerónimo, Madrid, 1785. — Las 
Cartas atrasadas del Parnaso, escritas á Don José Joaquín de Benegasi y Lujan, lolleto que 
contiene noticias de las fiestas que celebró Madrid con motivo de la entrada de los reyes Don 
Carlos III y Doña María Amalia de Sajonia, comprenden noventa y dos octavas igualmente de- 
testables que las del Sueño. — Bajo el nombre de Rebusco de las obras del Padre Isla, se im- 
primió en 1790 un tomo en 8.°, y en 1797 se imprimieron dos, que contienen varias cartas, 
sátiras, versos y otros papelejos de escasísima importancia y de ningún valor literario, excep- 
tuando las cartas. — Estas obrillas, y otras varias, se escribieron en estilo toscamente imitado del 
Padre Isla, se imprimieron sin rubor, poniendo su nombre al frente , y al amparo de esta su- 
perchería se vendieron grandemente, é hicieron su agosto los sofisticadores literarios. La 
hermana del Padre Isla declaró pública y repetidamente que tales escritos no eran obra del 
ilustre jesuíta, declaración innecesaria para los conocedores emunctae naris, pero indispen- 
sable para desengaño del vulgo, que malgastaba el dinero creyendo candidamente que sabo- 
reaba opúsculos de su autor favorito, cuando en realidad se le propinaban groseras imitaciones. 

En cuanto á las demás obras verdaderamente escritas por Isla, y no dadas á luz, solo sabe- 



XXX OBRAS DEL PADRE ISLA. 

mos quG entre las que dejó á su salida del reino en 1767 . habia vanas en verso, y que todas 
fueron recogidas y trasportadas á la biblioteca de los reales estudios de San Isidro de esta corto. 
De aquí, según las noticias que liemos podido adquirir, pasaron los manuscritos al ministerio 
de Estado , y en época posterior, á la biblioteca de las Cortos ; pero en ninguno de estos depósi- 
tos respetables hemos encontrado papel alguno inédito del Padhe Isla. Los manuscritos que dejó 
en España este autor deben sin duda haber fenecido victimas de la turbación de los tiempos , y de 
esa funesta necesidad de repetidas traslaciones que tantas pérdidas han causado siempre á las 
letras, á la historia y á las artes. Isla tenia bastante cariño á estos partos literarios del primor 
tercio de su vida; y así es que, preguntado por ellos, contestó á su hermana, en carta de 8 de 
junio de 1780, lo que sigue : «Al Señor conde de Aranda escribí solamente desde Calvi sobre 
»los manuscritos que me habian embargado en España, suplicándole que, si después de exa- 
» minados , no se hallase en ellos cosa que ofendiese á la religión ni al Estado, se sirviese su ex- 
» celencia disponer que aquellos inocentes hijos vmiesen á hacer compañía á su pobfe y des- 
3) terrado padre. Respondióme aquel señor que eso ya no estaba en su mano ; pero que estu- 
» viese sin cuidado, porque aquellos hijos estaban á cargo de quien haria fuesen tratados como 
» los trataría su mismo padre. Esto fué en suma la respuesta.» Mas á pesar de las seguridades 
que dio el Señor Conde , la literatura española mira hoy como perdidos aquellos partos de uno 
de sus mejores ingenios. 

Igual suerte cabrá al fin alas obras que compuso en Italia y dejó manuscritas en Bolonia, 
éntrelas cuales se contaban completas : El Espiritii de los magistrados exterminadores (los que 
fueron parlamentarios franceses), analizado en la demanda del SeTioi' Legoidlon presentada al 
parlamento de Metz; en 4." ; — A^iatomía de la carta pastoral de un prelado; cuaíro tomos en 4." 
marquilla ; — Notas al proyecto ó Historia de Bourg-Fontaines. Todos estos escritos son fervien- 
tes apologías de la religión cristiana. 

Una de las obrillas que compuso en Italia fué la ya citada Carta al señor ahogado N. N. , au- 
tor de las Memorias sobre la historia del primer siglo de los scrvitas y de ¡os hospitalarios de 
San Juan de Dios. El Señor Landrin , á quien hemos tenido ya el gusto de mencionar en lañóla 
de la página xvi , posee el manuscrito original de esta Carta, que llena noventa páginas do la 
letra bastante metida que tenia el Padre Isla. A la amable condescendencia de aquel literato 
somos deudores de haber leído la Carta en cuestión , y de poder dar á nuestros lectores una ¡dea 
de su objeto y tendencias , para lo cual bastará copiar los primeros párrafos. Empieza así ol 
escrito : 

«1. Amigo : En la tienda del famoso librero Pallarini se vende un papelucho anónimo con 
» el título de : Memorias sobre la historia del primer siglo de los siervos de María y de los hos- 
^> pilateros de San Juan de Dios. El autor se finge español , y la edición se supone hecha en Ma- 
» drid y estampada en la impronta real de la Gacela ; pero se sabe que le estampó ol mismo que 
» le vende en Roma , sin las debidas licencias, á hurtadillas y de contrabando , con aquella liber- 
»tad y descaro con que suele salir al público la maledicencia cuando se ve protegida y tiene , ií 
B su parecer, bien guardadas las espaldas. Sábese también que el autor es uno que so llama 
» abogado romano , famoso y célebre por haber poco tiempo há defendido muy mal , y perdido 
»muy bien, en la romana curia Camaral, una causa que no podía ganarse ni perderse sin mc- 
»ter mucho ruido. En suma, usted es el autor, y yo sé que hace gran gala de serlo. 

»2. Estas sus Memorias contienen algunas noticias, no muy exactas, del primer siglo do 
» aquellas dos respetabilísimas religiones, ilustradas con ciertas notas mas curiosas que orudi- 
» tas , y añade usted un montón de monumentos antiguos , al cual da el nombre de Apéndice. 
»o. Tres caracteres facultativos explica usted, señor abogado, en esta obra : el do teólogo o 
«bien sea el de canonista, el de criminalista, y el do historiador. En todos ellos habla como 
» oráculo , con gran franqueza , con términos generales , y sin dar razón alguna. Como canonista 
»ó teólogo, califica de errónea ó de falsa una doctrina, sin dignarse de decirnos qué doctrina 
))Soa esta. Como criminalista, declara rebeldes á los jesuítas do la Rusia, poro sin determinar la 
» sustancia ni las circunstancias de su rebelión, Como historiador, refiero ciertos hechos que 
» ninguno ha escrito jamas, y niega otros que ninguno jamas ha negado, citando con una in- 



ORRAS DEL PADRE ISLA. xxxi 

» trcpidoz y con un valor verdaderamonte lioróico , citando , digo , on prueba de sus Memorias^ 
«autores que dicen claramente todo lo contrario do lo qne en ellas se refiere. Este modo de 
» escribir me liizo dudar si liabia tomado usted la pluma por amor á la verdad , ó por espíritu 
»de maledicencia y de calumnia. 

»4. Algunos escritos (dice usted al principio de su prcfticion) dirigidos á excusar lo quesucede 
*en la Rusia, contienen doctrinas erróneas y falsas. Un hombre honrado y de buena fe decla- 
»raria cuál era el error ó la falsedad ; pero usted dice que no quiere perder el tiempo en esto. 
«¿Cómo es esto? ¿Acusa usted á otro de falsa doctrina, y no quiere probar su acusación por no 
^perder tiempo? Si la acusación es verdadera » 

Para completar esta rápida enumeración de las obras originales del Padre Isla , solo falta 
mencionar el libro de la Vida de Cicerón, en verso didascálico castellano ; las Notas que puso 
á los libros de Seneclute y Amicitia del mismo orador de Roma ; y los varios escritos polémicos 
y apologéticos que compuso en defensa del padre Maestro Feijoó. Sabido es que este ilustre 
benedictino empezó á publicar en 17¿G su memorable Teatro crítico universal, ó Discursos va- 
rios en todo género de materias, para desengaño de errores comunes, obra de suma importancia 
y de colosal trascendencia para España en aquellos tiempos. El Teatro crítico tifvo tantos im- 
pugnadores como treinta años después había de tener el Fray Gerundio ; el Padre Feijoó se 
defendia enérjicamente , como andando el tiempo había de defenderse también el Padre Isla ; 
pero no le servía de poco la cooperación de los intehgentes que le ayudaban á anonadar á sus 
adversarios. Uno de estos cooperadores celosos y desinteresados fué el Padre Isla, quien, 
joven entonces, lleno de savia y de vigor, y simpatizando con las buenas doctrinas que sem- 
braba el esforzado Padre Feijoó , esgrimió denodadamente su siempre festiva y temible pluma 
contra el doctor Don Pedro de Aquenza, contra el bachiller Don Diego de Torres, y contra otros 
varios que osaban impugnar sin razón ni gracia las obras del famoso benedictino. — Pero ¡qué 
mucho que entre Feijoó é Isla medíase la mas estrecha simpatía, sí ambos eran regulares, am- 
bos eruditos , ambos escritores incansables é impávidos, ambos habían de ser perseguidos, am- 
bos eran llamados á ejercer grande influjo y representación en el siglo xvín! Sí; un benedictino 
y un jesuíta son las figuras mas gigantescas que se destacan del cuadro histórico de aquel si- 
glo, concebido por un pensador profundamente crítico : Feijoó en filosofía, é Isla en hteratura. 

TRADUCCIONES. 

Novena de San Francisco Javier, — Este líbríto, de cuya impresión no tenemos noticia, solo 
merece ser citado por haber sido el primer ensayo de traducción del francés que hizo nuestro 
autor, hallándose de novicio en Villagarcía de Campos. Tradujo esta novena sin tener ala vista 
diccionario ni gramática alguna, lo cual supone una comprensión muy perspicaz, y debió ser 
un indicio de la perfección con que, andando el tiempo, había de poseer el idioma de Bossuet 
y de Bourdaloue. 

El Héroe español, historia del emperador Teodosio el Grande. — Obra escrita en francés por 
el ílustrísimo Flechier, y traducida libremente y con gran acierto por el Padre Isla. Entre las 
noticias que de este dio Don Antonio Capdevíla al Señor Murr, se halla la de que tradujo bien 
la Historia de Teodosio ; pero nuestro autor quiso rectificar la especie , y es curioso lo que con 
este motivo escribió, entre otras cosas, al diarista aloman, en la ya citada carta do octubre 
de 1781. «Yo no traduje bien ni mal la historia del gran Teodosio : saqucla sí do la (pie escri- 
» bió en francés el Señor Flechier, obispo de Nimes. Asi se dice en la misma que el Señor Cap- 
•devila llama traducción, cuyo título es este : Historia del emperador Teodosio el Grande, sa- 
leada de la que escribió en francés, etc. ; y la razón fué, que, habiéudonií! divertido on aquella 
sobrilla solo por complacer á quien no me podia negar, y en edad poco madura, sin que me 
«pasase por el pensamiento que jamas saliese á luz, me desvié mucho del noble estilo del au- 
» tor,y en no pocas partes, de sus no menos nobles pensamientos : de manera <jue hoy me aver- 



xwii ORRAS REÍ. PARRE ISLA. 

xgonzaria de lo que entóneos me agradaba. Por estas razones, cuando me avisaron que ya se 
*estal)a imi)riui¡en(lo, puraque la dedicase á quien mejor me pareciese, previne que no se es- 
k lampara traducida , sino sacada, pareciéndome que de esta manera no faltaba á la tidelidad, y 
»por otra parte no pasarían mis desaciertos por descuidos del discretísimo obispo Flecbier. » 

Dejando á un lado esta pueril insistencia, es lo cierto que la obra está bien tra(]uci<]a, ó, si 
se quiere, bien sacada del original trances. Consta de dos tomos en 8.°, de unas 500 piigmas 
cada uno. El primero va dedicado al ayuntamiento de Valderas, villa cuya antigüedad, gran- 
dezas y privilegios se esfuerza en encomiar el Padre Isla, quien se reconoce hijo de la misma 
por cuanto en ella aprendió á hablar, y en la misma pasó sus primeros años, fundándose en que 
el hombre , como dice San Agustin, no solo es natural de donde nació , sino de donde empezó 
á ser hombre. Ilomines non trahunl originem a solo nativilatis, sed á formalione ralionis. Esta 
larga dedicatoria está fechada en Segovia el último dia del año 1750. La del segundo tomo, fe- 
chada en la misma ciudad á los 21 de marzo de 1751, va dirigida al ilustrísimo señor Don Fran- 
cisco de Parea y Porras, arzobispo de Granada, de quien parece que habia recibido Isla sin- 
gulares favores. Es mucho mas corta que la dedicatoria del primer tomo , y en ella es de notar 
el siguiente párrafo : « Restaba ahora, por cumplir con la costumbre, dar razón de los motivos 
»que tengo pífra tomarme la honra de ilustrar esta versión con el nombre de usía ilustrisima ; 
» pero solo con advertir que es usía ilustrisima el Señor Perca , y yo jesuíta, esta satisfecha esta 
» obligación.» 

La versión de que se trata debió imprimirse por primera vez en 1751 , y ha sido reimpresa 
posteriormente varias veces. Nosotros tenemos á la vista una edición hecha en Madrid, 1785, 
por iMíguel Escribano. 

Compendio de la historia de España : obra escrita en francés por el reverendo Padre Duches- 
ne, jesuíta, maestro de sus altezas reales los señores infantes de España ; traducida, corregida 
\ adicionada por el Padre Isla, quien hizo este apreciable trabajo hallándose de lector de teo- 
logía en Pamplona. Precede á la obra un excelente prólogo, en el cual el traductor informa al 
público del mérito y de las faltas del Compendio, así como de la precisión en que se vio de cor- 
regirlo y aumentarlo , y de los justos respetos que no le permitieron insertar sus correcciones 
y adiciones en el cuerpo de la narración, sino fuera de ella, en notas críticas, donde lo pedia 
la materia. Las aclaraciones mas importantes que hizo Isla versan acerca de los soberanos de 
Navarra, y del reinado de Fernando é Isabel. La traducción está bien hecha, y otra de sus re- 
comendaciones es el sumario , en verso , que acompaña á cada época histórica. El Compendio 
del Duchesne consta de dos tomos en 8." ; se hicieron de él, en vida de Isla, diferentes edi- 
ciones, de las cuales, según hemos dicho ya, ningún lucro reportó el traductor. En el presente 
siglo se ha reimpreso también varias veces, y ha sido durante largos años el libro clásico de 
historia en nuestras escuelas. 

Esta traducción empezó á dar margen á que se dijese que era una lástima que el Padre ísla 
no se dedicara mas bien á componer obras originales, cosa que no es para todos, dejando las 
traducciones para los muchos que pueden ejercitarse en ellas. A esta reconvención, que mas 
de una vez le hicieron sus amigos, satisfacía diciendo, con tanta gracia como modestia, que 
agradecia, pero no podía aprobar, el ventajoso juicio que formaban de él ; y por lo tocante al 
empleo y número de traductores, solía replicar lo que tenia ya observado en el prólogo del 
mismo Compendio, á saber : el traducir como quiera, es sumamente fácil á cualquiera que posea 
medianamente los dos idiornas : el traducir bien es un negocio tan arduo, como lo acredita el es- 
casísimo número que hay de buenos traductores entre tanta epidemia de ellos. 

Año cristiano. — Las vidas de los santos, distribuidas para cada dia del año por el Padre Juan 
Croiset, jesuita francés, fué obra de grande aceptación en toda la cristiandad. Su autor la dedicó 
al papa Clemente XI , y las primeras naciones de Europa se apresuraron á trasladarla del fran- 
cés á sus lenguas respectivas. El castellano fué el cuarto idioma en que se vio puesto el volu- 
minoso trabajo del Padre Croiset , que se compone de doce tomos (uno para cada mes del año), 



OBRAS DEL PADRE ISLA. xxxiii 

once de ellos traducidos por el Padre Isla , pues aunque lo fueron los doce, desapareció el úl- 
timo en Salamanca, y el que corre es traducción de otra mano. 

Hemos dado ya algunas noticias de esta obra , y en varias de las Cartas familiares encontrará 
también el lector curiosos pormenores acerca de ella. Aquí pues solo añadiremos que Isla 
dedicó el primer tomo de su traducción á Fernando VI (Salamanca, á 28 de febrero de 1755); 
el segundo al marques de la Ensenada (Villagarcía, 8 de lebrero de 1754); el tercero á Don 
Francisco Crespo Ortiz , mariscal de campo , gobernador de San Juan de Ulua y de Veracrux 
(Pontevedra, á 25 de abnl de 17G2); el cuarto al ilustrísimo señor Don Francisco de Añoa y 
Bustos, arzobispo de Zaragoza (Pontevedra, á 21 de enero de 176o) ; y el quinto al ilustrísimo 
señor Don Francisco Alejandro de Bocanegra y Jivaja, obispo de Guadix y Baza (Pontevedra, 4 de 
noviembre de 1765). 

Esta obra sufrió varias interrupciones en su traducción y en su impresión ; pero es muy de 
notar la especie de llamamiento interior que decidió á Isla á emprender este trabajo , y la in- 
cansable perseverancia con que lo llevó á término. Sabida su resolución y empeño por algunos 
prelados y otros personajes elevados con quienes estaba en correspondencia, aunque hacian 
justicia á sus religiosas miras é intención , se empeñaron fuertemente en removerle de ellas, 
alegando, entre otras , una razón que parecía sin replica. INo faltan en España, le decian, quie- 
nes puedan traducir bien del francés al castellano ; mas no abundan los que puedan enriquecer 
la literatura eclesiástica y profana con obras originales como un Padre Isla. Se le añadía que, 
habiendo sido españoles los originales de las ciencias, particularmente de las sagradas, por 
confesión de los mismos extranjeros, y singularmente de los franceses, habían degenerado tanto, 
que se hacian copistas de estos , aun en aquellas facultades que ellos mismos aprendieron de 
nosotros, queriendo imitar hasta su moralidad, y el modo de discurrir y aun de meditar. A estos 
y otros motivos que se le expusieron para disuadirle aquella traducción y empeñarle á fundir 
obras propias, satisfizo de varios modos, manteniéndose constante en su piadosa empresa, y 
procurando encubrir el primer móvil de ella ya expresado, que era su celo por el bien de las 
almas. Escribióle sobre el mismo asunto y con mayor eficacia, privadamente como amigo, el 
ilustrísimo señor inquisidor general Don Francisco Pérez de Prado y Cuesta , que le había tra- 
tado y estimaba mucho. A la dignación , al carácter, á los méritos y luces de aquel prelado, que 
eran grandes , correspondió como debía , manifestándole enteramente su corazón , y las re^ 
flexiones que no le permitían mudar de parecer, las cuales , habiendo merecido la aprobación 
de aquel superior, como consta de su carta y de la de gracias que le dio el Padre Isla en 25 do 
octubre de 1752, son también dignas de acreditar cuánto anteponía el provecho espiritual de los 
prójimos á su propia gloria y reputación. 

Las seis respuestas, que dio en una, son en compendio : primera, la confusión y rubor que 
le causaba tan honorífico concepto de su persona, el error que en esto padecían muchísimos 
sugetos de carácter, y sobre todo, el énfasis con que aquel prelado le preguntaba : ¿por qué uií 
Padre Isla incurre él mismo en lo que abomina en los otros, y se mete á traductor de obi'as aje^ 
ñas, cuando pudiera fundirlas propias, y mas teniendo dentro de casa tan ricos, tan fecundosmi" 
íieraíes? Confesó sin hazañería, que para escribir como muchos, le parecía tener suficientes 
talentos, mas no para escribir como se debe. Segunda respuesta : que ninguna otra obra era 
mas proporcionada á su limitadísima esfera, ninguna de mayor gloría de Dios, ninguna de mas 
utilidad para la salvación de las almas ajenas, y ninguna de menos riesgo para la salvación de 
la propia. Tercera: que habiendo resistido tres años á estos interiores impulsos, comunicados 
finalmente al que gobernaba su conciencia , y con su dictamen al general de la religión , este 
los aprobó , y aun le exhortó á aquella tarea. Cuarta : que también le sirvió de grande incen- 
tivo para ella el pensamiento que tuvieron de emplear en la misma sus delicadísimas plumas 
los Padres Gabriel Bermudez y Luis de Losada, aunque se lo impidieron sus muchas y noto- 
rias ocupaciones. Quinta : porque esta obra no fuese desfigurada, como casi todas hasta en- 
tonces, por algún traductor menos capaz que él; y porque, siendo digna de su profesión, lo 
fuese también de nuestra lengua, sin fruncirla, violentarla, desmayarla, ni afrancesarla. Sexta : 
por honrada correspondencia á los jesuítas y no jesuítas franceses , que han traducido en su 

T. XV. r 



xx.xiv OBRAS DEL PADRE ISLA. 

idioma nuestros insignes ascéticos Santíi Teresa de Jesús , Luis de la Puente , Alonso Rodri- 
guez y Ensebio Niercmberg , no teniendo nosotros (á excepción de algunos pequeños libros) 
obras suyas traducidas, grandes, metódicas y puramente espirituales, mas que las de San Fran- 
cisco de Sales, aunque no francés. 

Aventuras de Gil Blas de SanliUana. — Ya sabe el lector que esta traducción fué destinada 
para que con su impresión y venta se socorriese un caballero español desgi-aciado, que acudió 
al Padre Isla en demanda de tal especie de limosna. Esta circunstancia desvanece todos los 
cargos que podrían hacerse al ilustre jesuíta por haberse ocupado, en su edad y en su estado 
eclesiástico, traduciendo novelas, y novelas como el Gil Blas. Pero esta circunstancia no le ab- 
suelve de los defectos en que incurrió como traductor, ni de la poca maña con que intentó 
probar que Le Sage no fué autor de la obra. Esta se publicó (Madrid, 4787, cuatro tomos) con 
el siguiente título : Aventuras de Gil Blas de Santillana, robadas á España y adoptadas en Fran^ 
cía por Monsieur Le Sage; restiluidas á su patria y á su lengua 7iativa por un español celoso, 
que no sufre se burlen de su nación. Precede á la historia del famoso aventurero una corta di-' 
sertacion, que intitula Conversación preliminar, que comimmente llaman prólogo , y dedicatoria 
al mismo tiempo á los que me quisieren leer. En esta Conversación , en que el Padre Isla habla 
solo y en su estilo de siempre, quiso persuadir al público de que b1 autor original del Gil Blas 
liabia sido español; pero los argumentos son tan débiles, el Padre Isla estuvo tan mal infor- 
mado, y la explanación que puso al título de la obra era tan jactanciosa y tan ofensiva á la li- 
teratura francesa, que dio lugar á que el conde de Neufchateau , del instituto de Francia y ex- 
ministro del Interior, saliese algunos años después (en 4818) con una disertación crítica, que 
pulverizó las malas razones alegadas por el traductor español, é hizo creer á los franceses que 
el Gil Blas era concepción original de Le Sage. Por fortuna le salió al encuentro nuestro com- 
patricio el Señor de Llórente , escritor entendido y crítico profundo, quien dejó evidenciado y 
sin réplica, en la forma que permiten estas materias, que el Gil Blas de Santillana y el Bachi- 
ller de Salamanca fueron en su principio una sola obra, escrita en 4655 por un autor natu- 
ral de Castilla, que vivía en Madrid (probablemente el célebre Don Antonio Solis), y la in- 
tituló Historia de las aventuras del bachiller de Salamanca Don Querubín déla Bonda; y que 
Monsieur de Le Sage , á quien fué á parar el manuscrito, desmembró lo necesario para publi- 
car como parto suyo el romance del Gil Blas, agregándole varias novelas españolas, que inter- 
caló donde y como le plugo. 

Mas, prescindiendo de esta cuestión, que podríamos llamar de literatura internacional , es lo 
cierto que el buen Padre Isla tuvo pésima mano en esta traducción, pues suprimió sin motivo 
suficiente muchas cosas importantes , mudó otras con gran desacierto ( entre otras la relación 
de Don Pompeyo de Castro, que tuvo sus aventuras en Portugal según el original, y el Padre 
Isla las supone en Polonia, solo por evitar un anacronismo, sin advertir que incurría en otros 
inconvenientes mayores), dejó sin corregir un sin número de errores cronológicos, topográfi- 
cos, heráldicos, de nombres propios, etc., y por último, aumentó él mismo los defectos de Le 
Sage ; defendiendo por otra parte la originalidad española de la obra con tan pobres argumen- 
tos, que hizo mas mal que bien á la causa de la verdad. Todos estos cargos, imposibles de des- 
vanecer, resultan contra el señor Don Joaquin Federico Issalps, nombre anagramático con que 
le ocurrió disfrazarse en esta traducción al señor Don José Francisco de Isla. 

En 4791 se publicaron en castellano tres tomos de las Aventuras de Gil Blas, que sin duda 
dejó traducidos Isla. El tomo quinto no llevaba advertencia alguna; el sexto y sétimo se titula- 
ban : Adición á las Aventuras de Gil Blas, ó historia galante del joven siciliano, que suena tra- 
ducida de francés en italiano, y de esta lengua la ha convertido en española el mismo viejo ocioso 
que restituyó las Aventuras francesas á su original lengua castellana. Pero estos tres tomos no 
son otra cosa que las Adiciones hechas en Italia por el canónigo Monti , de invención notoria- 
mente inferior á la del autor original de los cuatro primeros , únicos genuinos de la Historia de 
Gil Blas, y con los cuales no son dignos de juntarse ni compararse. Ignoramos qué fundamento 
pudo tener el Padre Isla para callar el origen de estos tomos de Continuación y Adiciones. 



OBRAS DEL PADRE ISLA. xxxv 

De todos modos , el Gil Blas gustó y ha sido la novela de moda durante medio siglo : asi es 
que fuera imposible registrar aqui el sin número de ediciones en uno ó mas volúmenes, en todos 
tamaños , con láminas y sin ellas , preciosamente ilustradas ó sin ilustrar, que se han dado á la 
estampa de cincuenta años á esta parte. Y sin embargo, todavía ha quedado por hacer el trabajo 
principal, que es una buena traducción, pues la del Padre Isla está plagada, no solo de los 
defectos de toda especie mas arriba mencionados , sino que es sobremanera desaliñada y adolece 
de muchísimas ñiltas de estilo é incorrecciones de lenguaje. Nuestro eruditísimo amigo el doctor 
Don Antonio Puigblanch habia acometido la útil tarea de poner el Gil Blas en buen castellano; 
pero la muerte le sorprendió hace diez años en Londres, -donde tenia fijada su residencia desde 
los sucesos políticos de 18:23, y quedó la traducción sin concluir. La casualidad, no obstante, 
ha traído á nuestras manos la parte ya concluida, y puede que algún dia vea la luz junto con 
otros importantisimos manuscritos de aquel varón docto y consecuente, que también tuvo, co- 
mo Isla y Cienfuegos , y Jovellanos y Melendez , y Moratin y tantos otros , el imponderable in- 
fortunio de cerrar los ojos á la luz fuera del suelo santo de la patria. 

Arte de encomendarse á Dios. — Ultima traducción y último trabajo literario del Padre Isla. 
Es un obsequio que hizo á su hermana, á quien dedicó la obra, en carta de Bolonia, fecha 8 de 
abril de 1781 , que no será inoportuno copiar aqui : «Hija, hermana y señora mia (la dice); 
íhija, porque te saqué de pila; hermana, porque tuvimos un mismo padre, aunque con grande 
» distancia de años ; y señora mia , por el respeto que se debe á tu sexo , sin ofensa del fraternal 
»amor ni de la mas avanzada ancianidad. Por gran fortuna mia, y por un accidente feliz, llegó 
í á mis manos la preciosa obrilla que escribió el Padre Francisco Bellati , de la compañía de 
» Jesús. Intitulábase la tal obra : Arte de encomendarse á Dios, ó bien sea la virtud de la oración, 
» escrita en italiano y estampada en Padua el año de 1732. 

» Habia ya algunos años que residía yo en Italia, cuando casualmente me hizo con él la gene- 
» rosa caridad de una nobilísima dama , tan conocida por su alto nacimiento como venerada 
jpor su conducta ejemplar, pues sabe componer, no ya con fastidioso y sombrío encogimiento, 
í sino con modesto pero gentil desembarazo, los primores mas delicados de la religión con 
» todas aquellas atenciones que justamente la puede el mundo pedir. 

«Luego que devoré, aun mas que leí, aquel libro incomparable (tanto me hechizó), resolví 
¡> traducirlo á nuestro idioma nativo, sin otro fin que hacerte un regalo, el mas estimable á tu 
í natural piedad. Ya que mis estrechas circunstancias no me permitían hacerte otras expresiones 
» de mi fraternal cariño y sumo reconocimiento á las muchas que tú me has hecho en alivio de 
j>mis trabajos, con que la divina misericordia se ha dignado castigar en esta vida el mal empleo 
» de tantos malogrados años mios , quise á lo menos darte este tal cual testimonio de que tengo 
s muy presentes tus beneficios , y de que deseo corresponderlos en lo que puedo y mas se 
í conforma con tu religioso gusto. 

» Si formas de este escrito el alto concepto que han formado de él los mayores hombres de 
«Italia, no dudo harás lo posible para que se comunique á toda nuestra nación el importantísimc^ 
» fruto que puede hacer en toda ella. Quizá no se habrá publicado hasta ahora cosa mas oportuna, 
í mas enérjica ni mas sólida, para alentar á los mas grandes pecadores, no solo á no desconfiar 
í de su eterna salvación, sino á vivir seguros de ella como practiquen lo que fácilmente pueden 
í practicar, mediante aquellos auxilios (que Dios nunca los negará) para saberlos pedir como este 
j>Arte les enseña. 

í La carta que el Padre Bellati escribió al Padre Mazarrosa, y la Introducción del mismo autor, 
»que se sigue á ella y te incluyo en esta, suplirán lo mas que pudiera decir en recomendación 
j y mérito de la obra. La traducción solo tiene el de una mera fatiga mecánica y material ; pero 
j» de un viejo entrado ya en los setenta y nueve años ¿qué otra cosa se puede esperar?» 

Esta obrita se imprimió en 8.", Madrid, 1785; y en 1786 se hizo segunda edición. 



xxxvi OBRAS DEL PADRE ISLA. 

A estas traducciones hay que añadir la de las Sátiras latinas de Lu' *o Sedaño, en verso cas- 
tellano , y la do las Cartas de Constantini , citadas ya en las páginas vi y xi de la Vida ; con lo 
cual queda completa la lista de las principales traducciones de nuestro laboriosísimo escritor. 

OBRAS ESCOGIDAS. 

En la imposibilidad absoluta de reproducir los cuarenta ó cincuenta volúmenes que forman- 
los escritos del Padre Isla, hemos debido apartar desde luego todas las traducciones ; y en 
cuanto á las obras originales , la pública y constante aceptación , señal casi nunca equívoca del 
mérito, ha sido la pauta á que nos hemos atenido para la elección. Esta ha recaído, pues, en 
el Diagrande de Navarra, el Gerundio, las Cartas de Juan de la Encina y las Cartas familiares. 

Dia grande de Navarra. — Reproducimos fielmente una de las últimas ediciones corregidas. 
y aumentadas con las curiosas cartas á que dio margen la publicación de este notable opúsculo. 

Historia del famoso predicador Fray Gerundio de Campazas. — Para la primera pártenos 
hemos valido de la edición de 1758, que es la primera, la mas completa y la mas correcta. 
Para la segunda parte, que aidolece de varias incorrecciones y faltas de sentido , por haberse 
impreso sin que el autor viera las pruebas , hemos cotejado diferentes ediciones y copias ma- 
nuscritas, procurando hacer desaparecer las lagunas mas notables. 

Colección de varios escritos ciilicos, polémicos y satíricos, en prosa y verso, que se dieron á la 
estampa, ó corrieron tnanuscritos, con motivo de la Historia de Fray Gerundio. — Esta Colección 
viene formando, desde últimos del siglo pasado, como un apéndice ó tercer tomo del Fray 
Gerundio. Nosotros la hemos ordenado en lo posible , hemos corregido varias faltas que se no- 
taban, particularmente en las Cartas apologéticas que escribió Isla, y sobre todo la hemos au- 
mentado considerablemente. 

Entre los escritos en prosa sobresale como adición la brillante Apología de D. N. Cernadas 
contra los Reparos de Fray Matías Marquina. 

La Carta del barbero de Corpa á Don José Maimó y Ribes , catalán , abogado del colegio d&- 
Madrid, enemigo de los jesuítas y adversario decidido del Padre Isla, es otro escrito curiosa 
que hemos creido del caso añadir á la Colección. — De igual distinción nos han parecido dignas 
la Carta del padre Don Juan de Aravaca, que juzga severísimamente á nuestro Isla, y la Carta 
de Lucio Comitolo, que elogia la Historia del famoso predicador. 

Otra de las adiciones importantes con que hemos juzgado oportuno enriquecer esta Colec- 
ción, es la reproducción de Los Aldeanos críticos, folleto que se imprimió suelto en 1758, y 
que nosotros reimprimimos con el precioso aumento de ocho cartas (hasta ahora inéditas) que 
mediaron entre el conde de Peñaflorida, Don Francisco Lobon de Salazar y el Padre Isla, coi> 
motivo de las epístolas críticas de Los Aldeanos. Estas cartas del Padre Isla han sido exac- 
tamente copiadas de las autógrafas que posee un bibliófilo , amigo nuestro , y que hemos teni- 
do el gusto de ver y cotejar. Nuestros lectores se felicitarán sin duda como nosotros por este 
rico hallazgo , y se complacerán también en conocer el estilo epistolar del señor conde de 
Peñaflorida , que en verdad rivaliza con el de su esclarecido corresponsal. 

Entre los escritos en verso hemos intercalado el Romance del marques de la Olmeda contra 
la Historia de Fray Gerundio; una Carta de Fray Supino á Fray Gerundio ; un Bomancillo satí- 
rico contra Fray Amador de la Verdad ; y otro Romance hoxasílabo en favor de la Historia de 
Fray Gerundio de Campazas. No nos hacemos un mérito de estas pequeñas adiciones, porque 
son unas composicioncillas insignificantes, y tan mal rimadas como todo laque en verso se 
publicó ó circuló con motivo de la ruidosa Historia gerundiana; pero al fin completan la Co- 
lección, y, por otra parte, tampoco harán un papel desairado al lado de los detestables parea- 
'>os del Memorial de un Gerundio converso, y de las insulsas Seguidillas del novicio jesuíta. 



OBRAS DEL PADRE ISLA. ^xxvií 

Cartas de Juan de la Encina. — Nada tenemos que advertir acerca de estas Cartas , para cuya 
roinipvosion nos hemos servido de una de las ediciones mas correctas. Estas Cartas fueron es- 
critas en 175:2, y por consiguiente muclio antes que el Dia grande de Navarra (474(3), y que 
el Gerundio (1758); mas no habiendo podido adquirir noticia de ninguna edición anterior á 1758, 
sospechamos que no se imprimieron hasta después del Gerundio, y después de este las hemos 
insertado, creyendo atenernos asi al orden cronológico de la impresión, que es el que nos 
propusimos seguir. 

Cartas familiares. — Reproducimos los seis tomitos en 8.° que comprenden, habiendo inno- 
vado tan solo la división en primera y segunda parte. La primera parte contiene las cartas (en 
número de trescientas diez y seis) escritas por Isla á su hermana y cuñado ; y la segunda parte 
contiene las dirigidas (en número de ciento treinta y nueve) á varios sugetos. Así las cartas do 
la primera parte como las de la segunda van ordenadas y numeradas respectivamente por an- 
tigüedad de fechas. 

Ademas de las cartas familiares que se publicaron en el Rebusco, y que no están en la colec- 
ción dada á luz por la hermana del Padue Isla, hemos visto otras varias inéditas , y aun autó- 
grafas; pero hemos creido deber ser muy circunspectos en admitirlas, y esto por razones que 
no se ocultarán al buen juicio de nuestros lectores. Así es que solo añadimos una (es la cvi 
de la segunda parte), que hemos visto autógrafa, y existe en la Biblioteca Nacional de esta 
corte, á cuyos celosos y entendidos bibliotecarios y oficiales somos deudores de una copia pun- 
tual, así como también de algunos de los escritos críticos y apologéticos que hemos añadido á la 
colección del Gerundio. — Las cartas familiares dadas á luz en los dos tomos del Rebusco de las 
obras literarias , así en prosa como en verso, del Padre José Francisco de Isla (Madrid, 1797, 
en 8.°), nos parecen auténticas ; y siendo muy probable que si no se hallan en la colección for- 
mada por la hermana del Padre Isla , es tan solo porque esta señora no tuvo ocasión de ha- 
cerse con ellas, hemos creido conveniente no defraudar de su lectura á nuestros suscritores. 
Son en número de cuarenta y cuatro, todas escritas en la mejor edad del autor, y todas dignas 
de figurar al lado de las que contienen la primera y segunda parte. Las damos, sin embargo, 
continuadas en un Apéndice final , ya porque hemos querido respetar la colección que formó 
la hermana del autor, ya porque , ignorando la fecha fija de las mas de estas cartas , nos hu- 
biera sido muy difícil intercalarlas con el debido rigor cronológico. 



OBRAS ESCOGIDAS 



PADRE JOSÉ FRANCISCO DE ¡SLA. 



TRIUNFO DEL AMOR Y DE LA LEALTAD, 

DÍA GRANDE DE NAYARM, 



En la festiva, pronta, gloriosa oclamacion del serenísimo Católico rey Don Fernando II de Navarra y VI de 
Castilla, ejecutada en la real i;r.perial corte de Pamplona, cabeza del reino de Navarra, por su ilustrísima 
diputación, en el dia 21 de agosto de 1746. Escribióla el reverendísimo Padre José Francisco de isla, maes- 
tro de leolofía en el colegio de la Compañía de la imperial Pamplona; y la dedica á su virey y capitán 
general el excelentísimo Señor conde de Maceda. 

{Edición corregida y aumentada con algunas piezas curiosas del mismo autor.) 



DOS PALABRITAS DEL IMPRESOR, Y LÉANSE. 

El público ha hecho tanta justicia al mérito de este papel, que apenas se divulgó dos me- 
ses ha, así en est¡i corte como en muchas de las primeras ciudades de España, cuando 
se consumieron todos los ejemplares de la primera impresión. Esto sin embarj^o de los mu- 
chos que se repartieron gratis, de los cuales algunos también tocaron ingralis. Los demás que 
se vendieron, se estamparon á excusas de la obediencia, es decir, sin noticia del Reino, que 
encargó y costeó la obra ; porque ya se sabe que ios impresores, cuando se nos vienen á las 
manos estas cositas de gusto, siempre bacemos de las nuestras. Vayanse por otros muchos 
chascos que llevamos lú cabo de la jornada, «ó de las jornadas» , en tantas ocasiones como 
imprimimos de nuestra cuenta «cosas que no están escritas» . En la presente no ha sucedido 
así ; porque hipan tanto por este papel, de todas las provincias y aun rincones de España 
donde ha llegado su noticia, que se asegura el despacho aunque se impriman millares, 
como ahora se ha hecho. Por rara casualidad llegó á mis manos la copia de cierta carta que 
escribió un señor arzobispo de estos reinos , de aquellos que mas ilustran á las mitras que 
son ilustrados por ellas, en la cual se lee esta cláusula entre otras : «Todos cuantos en este 
gran pueblo la han leído (habla de esta obrilla) la exaltan hasta el cielo, y confiesan que en esta 
línea de escritos no han visto otro que con mucha distancia le iguale. Algunos sugetos conoz- 
co que ya que no podían quedarse con el papel, como todos deseaban, discurrieron el me- 
dio de hacerle proprio reservándole en su memoria, y con efecto lo lograron decorándolo per- 
fectamente. Los demás que no logran tiempo ó facultad para esto, gritan para que aquí se 
reimprima el papel; y creo que se hará así finalmente, si de ahí no vienen los ejemplares á 
cargas.» Esto se llama decir muchísimo en poco, y confieso que luego que lo leí abrí tanta 
codicia, como si dijéramos tanto ojo. Porque no se me anticipase otro me adelanté yo. Y ves 
aquí el verdadero motivo de esta reimpresión. En ella añadí dos piezas dignísimas de eternizarse 
en los moldes. Una es la discreta carta del erudito, sabio y juiciosísimo crítico Don Leopoldo 
Jerónimo Puig, bien conocido entre los literatos de España, con el motivo de la deshecha 
borrasca que se levantó contra este papel en la ciudad de Pamplona, y por recudimiento en 
muchos pueblos de Navarra ; y otra es la carta que en acción de gracias escribió el autor del 
papel al mismo Don Leopoldo. En esta segunda carta se halla inserto un memorial que el autor 
presentó á la diputación del ilustrísimo Reino , tan nervioso, tan elocuente y tan enérjico, (pie 
según me han asegurado sugetos que tienen voto, vale este memorial tanto ó mas que el mismo 
papel. Léese en él una historia puntual, sincera, exacta, de todos los pasajes (pie intervinieron 
en su idea, en su resolución, en su formación y en su injusta increíble persecución, con la 
gracia particular de citarse por testigos de los principales hechos (pie en él se refieren, á la ma- 
yor parte de los diputados á quienes se presenta. De los otros hechos se citan á sugetos que 
están á la vista, y como dicen, á la mano, ó cartas originales que se han exhibido á muchos, 
y se exhibirán á los que tuvieren curiosidad de leerlas. A vista de esta relación, que dentro de 
los límites de la fe humana no cabe cosa mas cierta, se haría increible la tempestad qui3 se ex- 
citó contra el papel y contra su autor, si, como decia un discreto, no fueran mas las especies 
existentes que las posibles ; porque cada dia se ven cosas que antes de palparse se tendrían 



4 OBRAS DEL PADRE JOSÉ FRANCISCO DE ISLA. 

por quimcricas. Insértase asimismo cu dicha segiiiida carta la qiio esciibic) el iluslrísimo reino 
de Navarra al reverendísimo Padre provincial de la |)rovií)c;ia de Castilla, en vindicación de su 
mismo honor, contra los (jue inconsideradamente le vulneraban, maltralando una obia que 
se habia dispuesto de su (jrden, y no se habia divulgado sin (jue ])recedi(;se su examen y su 
aprobación; y <le camino da el ilustrísimo l»eino un honorílico testimonio del concepto que 
forma del papel y del sabio autor (|ue le dispuso. Todas estas piezas inteiesarán la curiosidad 
de los que no la tuvieren dei lodo dormida ó amodorrada. Temóme (jue el autor no lleve en 
paciencia que se le estampe su carta escrita á su amigo Don Leopoldo, con msercioii del me- 
morial y de la carta del ilustrísimo Reino; pero habrá de tenerla su reverendísima; porque' 
si á Uon Leopoldo le [cusieron de molde su primera carta sin consultarle su gusto, ¿qué razón 
habrá para qm; Don Leopoldo consulte el del reverendísimo autor para hacer que se estampe 
su respuesta? Y mas cuando el derecho de represalia es permitido en toda buena guerra, y 
sabe el padre Maestro Isla que las cartas , una vez que salgan del poder de fpiien las escribe 
y lleguen á quien van, ¡mnt juris ilíius ad qiiem miUmüur . Finalmente, en esta segunda im- 
presión me he tomado la licencia de quitar el bozo al autor, poniéndole en la l'rente de la obra 
con sus pelos y señales ; porque sabiéndose ya en toda España quién es, y nombrándose ex- 
presamente en los documentos (jue se añaden , sería impertinencia el que guardase, ó por me- 
jor decir, el que afectase el incógnito. Hay también la conveniencia de que no le llamen anó- 
nimo, que para la inteligencia de muchos es desvergüenza de marca. Acabáronse mis adver^ 
tencias. Dirás que te ofrecí dos palabritas, y que te he encajado dos docenas. Tienes mucha 
razón; pero si ahora te doy mas de lo que te ofrecí , vayase por otras cien ocasiones en que 
te doy mucho menos de lo que te prometo ; que esto, á fuer de impresor de bien, es preciso 
que suceda muchas veces. Dios te guarde. 



DÍA GUx\NL)E di: NAVARUA. 



AL excelentísimo SEÑOR DON ANTONIO PEDRO NOLASCO DE LANZOS, YANEZ 

DE NOBOA, ANDRADK, E.MUQL EZ DE CASTRO, CÓRDOBA, AYALA, RARO, iMONTENECRO, SOTOMAYOR, 
TA150ADA Y VlLLAMAUiN , condk i>e mackha y dií taüoapa, vizíondk di; i.a yusa, gi!A>ük he ksi'aísa, gemil- 

llOMBKi: DE cámara DE SI MAJESTAD CON KJEUCICIO, CAL'AI.LEllO DEL REAI.ÜKDEN DE SAN GENA1U), SEÑOR DE LAS CASAS 
DE LOS MAESTRES DE CALATRAVA Y ALCÁ>TARA (dON PEDRO Y DON GONZALO YANEZ DE NOBOa), DE LA DE VILLARINO • 
DOCAMIH), FORTALEZA DE VILLAMAKIN Y PINEIRA DE ARCOS ; DE LA DE SANTANTOIÑO, TERRANO\ A , SOMOZA Y LAS MES- 
TAS, VILLAMOUREL , MEDIN Y VIGO ; DE LA CASA Y TORRE DE VILLÚl ZAS Y LANZOS, SITA EN LA CIUDAD DE CETANZOS, 
CON SU Jl T.ISDICCION CIVIL Y CRIMINAL , MERO MISTO IMPERIO, ALFÉREZ MAYOR Y REGIDOR DE ELLA ; SEÑOR DE LAS 
CASAS, TORRES Y JL RISDICCIONES DE SOllRAN, OESTE Y CATOYRA, DE LAS DE CELASANIN , DE LA DE LOS CRLS, EN LA 
VILLA DE PONTEVEDRA, SEÑOR DE LAS ISLAS DE ONS Y ONZA, EiN EL MAR OCÉANO, TENIENTE GENERAL DE LOS EJÉR- 
CITOS DE SU MAJESTAD, VIREY Y CAPITÁN GENERAL DEL REINO DE NAVARRA, GÜUERNADOK SUPREMO EN LÜ POLÍTICO V 
E^ LO MILITAR DE LA VILLA DE MADRID, SU JURISDICCIÓN Y TERRITORIO , ETC. 

excelentísimo SEÑOR. 

Señor: Ya que el reino de Navarra tuvo el dolor, mezclado con mucho gozo, de que vuestra 
excelencia no pudiese autorizarel dia grande de su proclamación, porque al mismo tiempo que 
el Key (eteriücele Dios) mandó al Reino que hiciese esta i'uncion, dio orden á vuestra exce- 
lencia para que luego le fuese á servir cerca de sus reales pies; pretendo yo lisonjear su co- 
razón y contentar su desconsuelo, con solicitar (]ue vuestra excelencia se digne hacer el 
primer papel en la aclamación escrita, ya que no le fué pü&ible representarle en la ejecuta- 
da. Cónstame que si el Reino tuviera por conveniente que saliese en su nombre este papel 
{decente desahogo de otras tareas mas serias á que me dedica mi profesión), no le consa- 
grarla á otras aras que á las de vuestra excelencia; porque con ningunas tiene igual devoción, 
después de las soberanas, y de ningunas otras esperan sus votos mejor despacho. Con <|ue 
seguramente puede vuestra excelencia creer, sobre mi palabra, que si al pié de esta dedica- 
toria no se leen firmados los nombres de la Diputación, por justos respetos, no le falta ni una 
sola tinna de aquellas que rubrican los corazones con lo mejor de su sangre. Sóbranle al 
iUistrísimo reino de Navarra todas sus luces para conocer lo que en vuestra excelencia tuvo, 
lo que en vuestra excelencia he perdido, y lo que en vuestra excelencia he ganado; porque 
lo que es y lo que ha sido vuestra excelencia, lo ven, lo conocen y lo palpan hasta los mas 
ciegos. La dificultad no está en conocerlo, sino en confesarlo. ¿Pero (|uién habrá ya (jue 
pueda resistirse á esta confesión, á vista de lo ([ue ha hecho y está haciendo con vuestra ex- 
celencia el Rey mas amado, el mas justo, el mas clemente, el de mejor corazón y el de mas 
benignas entrañas que ha adorado España en el trono por espacio de algunos siglos? Desdo 
luego dio á entender al mundo este gran monarca, que su carácter era el de la bondad y la 
justicia; y para convencerle con la demostración mas concluyente y mas ])ráctica, casi el 
primer paso de su glorioso reinado fué confiar á vuestra excelencia el gobierno político y 
militar de su corte y territorio, con total independencia de otro que de su misma real per- 
sona, creando para vuestra excelencia un empleo con facultades tan amplias, que en los térmi- 
nos no tiene ejemplar en la historia. Todos esperaban mucho, pero nadie iuiaginaba tanto. 
;, Qué importa? Puede poco un rey que solo puetle hacer lo que sus vasallos son capaces de 
imaginar. Escuchóse esto en España primero con asombro, y después con tanto aplauso de 
todos los que tienen el corazón sano y bien complexionado, que ninguno necesitó consultar 
á las estrellas para pronosticar, no ya con observación vana, atrevida y embustera, sino con 
pruilente bien fundada conjetura, los mayores aciertos y las mas solidas felicidades en el 
amable reinado que comienza. Este pronóstico en el reino de Navarra casi deja de serlo, por- 
que lee lo futuro por el libro de lo pasado. Siempre ha merecido este reino á la piedad de los 
monarcas, que nombrasen para representarlos en el solio de sus vireyes á los mayores prtice- 
res de la monarquía, esto es, á los que hablan sido en las cam[)añas ftlartes, en los estados 
Apolos, en los gabinetes Oráculos, en los temi)los Numas.Y con todo es voz constante, uni- 
versal en Navarra, que hasta ahora no han venerado sus natuiales viiey mas valiente, mas 
justo, mas político , mas piadoso, de celo mas ardiente por el servicio de ambas iMajestades, 
de igual desinterés, de semejante amabilidad, y tan accesible á todos, que está por oirsc la 
primera queja de alguno que desease hablar á vuestra excelencia y no lo hubiese logrado 
muy á su satisfacción, por miserable, -por desvalido (¡ue fuese : tanto, que aun los que no sa- 
llan con el despacho que solicitaban, por(|ue no era tacil que todos pidiesen cosas justas, se 
arrancaban délos pies de vuestra excelencia con dolor de separarse de ellos, y al mismo 
tiempo con el consuelo de que hablan desahogado sus trabajos en el seno de un señor ([ue 
sabía compadecerlos cuando no podia remediarlos. Sola una clase de gentes ( si es que lo 
son) eiicontr() siempre tapiados los oídos de vuestra excelencia , cerradas las puertas de pala- 
cio: los lisonjeros, los falaces, los simulados, los hipócritas en cuahpiiera línea. Enemigo ir~ 



C OÜHAS DEL PADRE JOSÉ FRANCISCO DE ISLA. 

reconciliable de todo artificio, de toda supercheria, solo tardaba vuestra excelencia en des- 
terrarla el tiempo que era menester para descubrirla; porque su genio tranco, leal, veraz en el 
grado mas subido, no podia tolerar a esta peste de la sociedad humana. Tan distante de toda 
ambición , que cuando \ ucstra excelencia se podia prometer de la clemencia real todo lo ima- 
ginable, se le oyó decir repetidas veces que no aspiraba á otro premio de su amor y de sus 
servicios, que á vivir en paraje donde pudiese consolar su lealtad con ver al Hey todos los 
(lias. Sobre estas pruebas experimentales funda el reino de Navarra su vaticinio, si así se 
puede llamar lo que no es mas que mudanza de teatro, trasladándose á la corle de Madrid 
aquello mismo que primero se representó en la corte de Pamplona. Me he ceñido á lo que 
nadie puede disputar á vuestra excelencia, sin miedo de que los que se metieren á adivinar el 
autor de este escrito, me adviertan ni me noten otra pasión (|ue la que todo hombre de bien 
debe tener por el mérito, por la virtud y por la heroicidad. Por lo demás , nadie como vuestra 
excelencia sabe cuánto dista mi genio de la adulación, inclinando tal vez al extremo contrario 
con tanto exceso, que solo las pocas almas que hay en el mundo tan grandes como la de 
vuestra excelencia, pueden tolerarme ; y aunque conozco este defecto, estoy muy distante de 
la enmienda; porque vivo muy lejos del arrepentimiento. Guarde Dios á vuestra excelencia 
como España ha menester. — Excelentísimo Señor. — Besa la mano de vuestra excelencia su 
mas fiel venerador. — José Francisco de Isla. 



PROLOGO DE PRISA AL QUE ESTUVIERE DESPACIO. 

DtRÁs (si ya no estás cansado de machacarlo): ¿qué cosas hizo el reino de Navarra en la pro- 
clamación, para que la proclamación del reino de Navarra quiera hacer papel? Qué toros, 
<pié arcos, qué carros triunfales, qué máscaras, qué jeroglíficos? ¿Hubo mas que salir la Di- 
putación como otras veces, hacer lo acostumbrado, y servitor? ¿Tienes masque bachillerear? 
Pues dígote que ni hizo mas, ni podrá hacerlo; porque torio lo demás sería mucho menos. 
Siendo tan inclinada á divertirse la nación navarra, como todo el mundo sabe, y bastando ella 
sola para divertir á todo el mundo, ahora dio un testimonio el mas auténtico de que para 
ella, en la presente ocasión, no habia diversión equivalente á !a 

de Vioa Femando. 

Sus toros Viva Fernando. 

Sus arcos Viva Fernando. 

Sus carros triunfales Viva Fernando. 

Sus máscaras y sus jeroglíficos. . Viva Fernando. 

En saliendo de aquí, todo lo demás la entretendría los ojos, pero no la llenaría el corazón. 
Hizo con Fernando el Segundo , ni mas ni menos lo mismo que ejecutó con todos sus glq- 
riosos predecesores; porque el amor del reino de Navarra á sus reyes, desde los principios 
subió hasta lo sumo, y fijóse : ni puede crecer, ni es capaz de menguar. Pero si el Keino no 
hizo mas, ¿qué es lo que se puede decir sobre lo que hizo el Reino? Eso, señor mío, era 
bueno para que me diese cuidado á mí, que lo he de contar; pero á usted, ¿sobre qué carga de 
agua? Para que alabe usted á Dios, y vea que el que cria y mantiene á las hormigas, tam- 
bién cuida de los habladores, ahí le sirvo con diez y ocho ó diez y nueve pliegos de parladu- 
ría, sobre un asunto que estaría dicho en pocos renglones. Y créame (siquiera porque yo se 
lo digo), que si fuera por hablar, todavía estaría hablando hasta que callasen los necios; por- 
que se me han (¡uedado entre los otros dos deditos, como unos cuarenta pliegos mas. Y es la 
gracia (tanta es mi satisfacción), que estoy persuadido á que ni aun á usted mismo le ha de 
cansar lo hablado, se entiende de entrañas adentro, por mas que se las roa cierta sabandija; 
que de dientes afuera, bravamente se desquitará vuesamerced. ¡Y cierto que á mí se me 
dará mucho! Ahora querrá alguno saber cómo yo me llamo. Pero eso es demasiada curiosi- 
dad, y es razón mortilicaria. Gomo no me llame poeta (que ni lo soy, ni quiera Dios que lo 
sea), llámeme cualquiera como se le antojare, mas (\uc me llame urraca, cotorra ó papagayo, 
(jue es cuestión de nombre. Y con esto buenos días, buenas lardes ó buenas noches. 



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día grande de navarra. 



§1. 

¿Ello ha de ser? Pues pereza fuera y manos á la 
obra. Vade relación ; ¿pero en qué estilo? ¿Será crespo, 
sonoro, altisonante? ¡No; que es estilo campanudo, de 
repique y de volteo, y en este estilo ya liicieron las torres 
su relación, y la representaron tan alto, que las oyeron 
los sordos, ¿Será blondo, petimetre, almidonado y á 
laclianiberi? iMénos; porque seria estilo de moda, pero 
no de estilo ; seria escribir penoso, y no caen en gracia 
las penas cuando todos estamos en nuestras glorias. 
¡Bueno fuera que en cada párrafo de relación gastara 
cuatro horas de tocador, libra y media de polvos y seis 
botes de manteca de azahar, para atusarla el peluquín! 
Eso quisieran los lindos; pero no se verán en ese espejo. 
Soy hombre que me muero por la música, pero me ma- 
tan los músicos si dan en muy tocadores. ¡Polvos! A 
cada paso los doy, solo por no tenerlos. El pulvis es del 
memento homo, me espanta mas en las cabezas, que 
en las calaveras; bien que en muchas allá se va todo. 
Ko lo digo yo de mi cabeza ; que esto lo dijo el q^ue dijo : 

Por las calles , por las plazas, 
Cabezas se ven quimeras; 
La mitad son calaveras, 
La otra mitad calabazas. 

Cosa de azahar ni se diga ni se huela; es ungüento 
azaroso y al íin ungüento. No es estilo tan desahu- 
ciado, que necesite la unción. Ya sé que en la corona- 
ción de algunos reyes se gasta buen recado de este 
género, consagrándoles la persona y acordándolos la 
fragilidad. Algo de esto se usó también en Navarra, in 
illo tempore; pero ya los tiempos son otros, y no son 
peoresque los pasados, por mas que gruñan los que es- 
tán mal con todo lo presente, pero no con los presentes. 
Ni la piedad de nuestros reyes necesita de este recuer- 
do, para pensaren lo que serán, ni el respeto de loses- 
pañoles lia menester esta consagración en sus reyes, 
para venerar en ellos lo que son. ¿Pues hablaré grave, 
majestuoso y de autoridad? Así parece que lo pedía el 
objeto de la función, que no puede ser mas soberano; 
así parece que con venia al asunto de ella, que no pudo 
ser mas serio; así parece que se proporcionaba al ilus- 
Irísimo Reino que la representó, porque en todas sus 
funciones es propiedad el respeto, y la majestad dife- 
rencia; tanto, que aun por eso y porque así lo manda 
la ley, á toda función pública va siempre muy de golilla. 
Pero en fuuciones de proclamación golilla afuera , dice 
la misma ley, y á fe que tiene razón, por lo que se me 
antoja decir en esta cómo se llama : 

¿El proclamar no es clamar? 
¿Clamar no es alzar el grito? 
I'ues si se aprieta el garlito, 
¿Cíimo se podrá gritar? 
Vayase puesá pascar 
Por esta vez la golilla, 
Que estorba á lo que se cliilla 
Y es importuna esa amarra, 
(Cuando alza la voz Navarra. 
r?.ia que se oiga en Castilla. 



Con que si yo saliera ahora muy de golilla á referir 
una función en que esta colgada por la ley del Reino, 
de hoy á mañana pediría la Diputación el coutrafuero, y 
me mandarían reponer el estilo. Eso quisiera el mal di- 
moño, pero no le dará por esta vez la golilla en el gar- 
guero. No faltarán mas de dos de estos que arrastran 
bachillerías para críticos, que no se aquieten con esta 
satisfacción, y pongan mal gesto á este papel, diciendo 
que publicándose con nombre de un reino, y de tal rei- 
no, había de ser rumboso, ponderoso, sonoroso; porque 
lo demás parece hacer chanza de las mayores veras. 
Buen provecho les haga su opinión, y con su dictamen 
se lo coman, que yo leí muchos años ha Ridentem di- 
cere verum quid vetat? Y rae atengo á lo que dijo no 
há mucho tiempo cierto cisne aragonés vestido de ne- 
gro : (tHablar de veras con burlas, arduo rumbo. » Y si 
estuviera empeñado en conjurarles la hipocondría, á 
fe que había de aplicarles el exorcismo del mayor con- 
jurador de hipocondrios energúmenos que conocióla 
Iglesia poética : 

A nostris procul est omnis ve.rica libeHis; 
Musa ncc insano syrmule nostra tuniet; 
Mart. Illa lamen omnes laudunt, m'tranlur, adorant; 
Confíteor : laudanl illa, sed istu Icrjunt. 

Vaya en lego para que lo entiendan los poseídos en 
romance ; 

No es esta obrilla de aquellas 
Que se espuman y se esponjan. 
Donde es cada voz vejiga 
Y cada cláusula ampolla. 

A mi mimen no se le hincha 
Con inflamación la boca, 
De modo que hable palabras 
A manera de ventosas. 

Las obnis de alto coturno. 
Las crespas, las estruendosas, . 
Todo el mundo las alaba , 
Las admira , las pregona. 

Con todo, hay la diferencia 
Entre estás y las ramplonas. 
Que á todos pasman aquellas, . 
Pero leen estas otras. 

Si esto no alcanza, alcance la gracia de Dios ; que ya 
')astade prólogo; porque no se parezca esta obra á los 
;)alacios de Sian, los cuales, si no nos engaña el señor 
Engelberlo Kaeemfer, todos son palios, zaguanes y cor- 
ralizas. 

§. II. 

Como iba diciendo de mi cuento, ya sabe el mundo lo 
que es el reino de Navarra, y lo sabe tan de allá, quo 
cuando el mundo andaba á la escuela, aprendió á leer 
por las glorias de este reino. Yo me guardaré de caer en 
la tentación; que sería parvulez, de pararme ahora á ha- 
cer una reseña de ellas, cuando son tan sabidas, aun de 
los que menos saben , que las cantan en su lengua los 
niños malabares. La historia de Navarra es la historia 
del mundo universal, ó i)or mejor decir, la historia del 
mundo universal es la historia de Navarra; porque no 
habrá imperio, no habrá reino, no habrá provincia en 



8 



OBRAS DEL PADRE JOSÉ FRANCISCO DE ISLA. 



lodo lo descubierto, en cuyas glorias no anden mezcla- 
dos los navarros, como dicen que anda la sal elemental 
en todos los mistos. Lástima es que el valor no tenga 
sus apóstoles, que las armas no tengan sus profetas, y 
que no haya también sus misioneros del garbo, del es- 
plendor y de la gentileza, para decir de los individuos 
de este reino, que in omncm terram cxivit sonus coriim, 
ct in finemorhis icrrap verba corum. Pero mientras no 
se me ofrece otra cosa mas oportuna que aplicarlos, 
consuélense con que basta abora no ba nacido en el 
mundo sugeto particular á quien venga mas ajustado 
este lextecito, que aquel gran paisano suyo que nació 
estrella en Navarra, vivió astro en el ocaso, y murió sol 
en el oriente; de quien dijo un principe bárbaro (olvi- 
dándose por entóncesde lo que era), «que mas estimaría 
ser paisano de Javier, que rey de doce Amangucbis». Si 
yo soy bombre que me conozco en elogios, todos cuan- 
tos se lian dicho de esta indita nación no valen la mitad 
que este. 

Parecíame á mí que había dicho algo el que dijo , ha- 
brá veinte años, «que sin adulación se podía afirmar 
que Navarra parece el domicilio de la piedad, el pais del 
ingenio, la patria del valor y el suelo nativo de la ge- 
nerosidad; que los navarros son dóciles á lo bueno, 
advertidos, agudos, espiritosos, intrépidos, ágiles, gar- 
bosos y de una grande propensión genial á cultivarse en 
todas las habilidades que pueden servir de adorno; que 
todo ejercicio decente que pide corazón, presenciado 
ánimo, agilidad y presteza, es muy del genio de la na- 
ción navarra». En fin, le había yo alabado mucho la elec- 
ción, la propiedad y el buen gusto con que aplicó á la pe- 
quenez de este gran reino aquellos versos de Manilo: 

iVe contemne íuas qiiasi parvo in corpore vires 
Quot valct, immensum esl. Sic auri pondera parvi 
Eiuperant pretio numerosos aeris acervos. 
Sic adamas , punclum lapidis , prcliosior aura est. 
Párvula sic lolum pervisit popula Coeluvi. 
Sic animi sedes , taiui sub corde locuta. 
Per totum augusto rcijnnt de limile corpus. 
Maleriac ve quncre mudum ; sed perspice vires, 
Quas ratio uun pondus hahet. 

Y lo puso en castellano corriente, para que viniese á 
la inteligencia de todos. 

No tu incauto desprecio, 
Cual geómetra inliel, tomar presuma 
Por tu cuerpo á tus fuerzas la medida. 
Inmensidad de precio. 
Grandeza desmedida, 
Dilatación sin términos en suma , 
Quilates rail cifrando en peso leve. 
Sabe el valor ceñir á bulto breve. 
Asi de oro abreviado la lineza 
Puede mas que del bronce la grandeza , 
Venciendo generosa 
De otros metales turba numerosa. 
Asi al oro el diamante 
Vence , y no mas que un átomo brillante^ 
Así de nuestra vista, orbe sucinto, 
Desde un breve recinto , 
A un rápido desvelo , 
Domina todo el ámbito del ciclo. 
Asi todo el vigor del alma esconde 
Trono conciso el corazón, de donde 
Vital se esparce inllujo soberano 
Por toda la región del cuerpo humano. 
No es medida segura 
Del cuerpo la estatura , 
Cuando robusta, libre, dominante 
La razón muestra fuerzas de gigante. 

Dijo bien, y le debemos dar las gracias los que soino:^ 



poquito, porque nos sacó del no ser al ser, y porque en 
cláiistdas breves y elegantes hizo la mas discreta apolo- 
gía de la nada. Pero con licencia de su discreción, dijo 
mucho mas en mucho menos del abreviado reino de .Na- 
varra el bárbaro rey de Amanguchi, cuando, asombrado 
de lo que veía en Javier, exclamó «que mas estimaría 
ser navarro, que rey de doce reinos ». .No dijo ser rey de 
Navarra, que eso sería una verdad de Pedro Grullo; y si 
los reinos eran como el suyo, lo seria también, aunque 
dijera doce mil. Contentábase con ser cualquiera cosa, 
como fuese hijo de Navarra, porque concibió que en 
este reino pequeño lodo es grande. Si los navarros se 
aplicaban á santos, á todos los imaginó Javieres; si á 
conquistadores, todos Sanchos; si á justicieros, todos 
Garcías; si á doctores, todos navarros. En suma, creyó 
(y no se equivocó mucho) que en las montañas, y aim 
en los eriales de este reino, nacían héroes, como dijo 
uno, que en las huertas de Roma se sembraban lechugas 
y nacian después dioses : O sánelas gentes I quorum 
Dii nascuntur in hortis. 

Ahora se me antoja á mí hacer una digresión, venga ó 
no venga. ¿Por qué razón cierto sabio , togado de este 
reino , mas cargado de leyes bien digeridas , que el Di- 
gesto mismo , y que en materia de erudición está hecho 
una colmena (no sino muchas), pues chorrea noticias 
nada vulgares, selectas, oportimas por todas sus coyun- 
turas, tanto, que cuando habla , parece que lee , y dicen 
que hasta cuando duerme , sueña también de molde; 
por qué razón, vuelvo á decir, que en cierta censura 
que dio á cierto papel, escrito por cierto autor, hace 
como que extraña ó como que se queja de que « hasta el 
siglo pasado no se hubiese dado á la luz pública obra al- 
guna histórica del reino de Navarra , escrita por natural 
suyo? » Perdóneme su erudición, que sabiendo en lo de- 
mas á qué mano caen todas las noticias, en este parti- 
cidar no sabe cuál es su noticia derecha. Han salido á 
luz pública tantas historias del reino de Navarra, como 
se han escrito historias de todas las naciones delmuiulo, 
y estas no solo se publicaron en el siglo pasado, sino en 
siglos tan pasados , que de puro pasados están ya podri- 
dos. Si me enfada , le diré que la historia de la China, la 
del Japón , la de Persía y de la Transilvania , son histo- 
rias de Navarra ; y no me apure tanto , que le diga que 
hasta la misma historia de lo futuro es historia de este 
reino ; y no me falta un tris para adelantar que aun la 
historia de lo posible está á pique que lo sea ; porque no 
parece posible valor, empresa ó hazaña , que no pruebe 
algún costado de este reino esclarecido , y en que no se 
entren los navarros couio en su propia casa. Eso de que 
no sean naturales suyos los que escribieron dichas his- 
torias, hasta que nacieron en el siglo pasado los Moretes, 
los Alesones y los Elízondos , también se ha de entender 
cum mica salís. Del hombre de bien todo el mundo es 
pais : Virtutis patria ubique rst , dijo aquel que pri- 
mero fué el primer abogado que habló en los estrados 
de Roma, y después lo elevó lamliien su mérito á la re- 
ligión ó á la región de los togados. Por esta regla de 
contar paisanajes , los navarros son naturales de todo el 
mundo, y los hombres de bien de todo el mundo deben 
ser natm-ales de Navarra. Conque para otra vez vayase 
con tiento en echar las temporalidades á todos los que 
nacimos fuera de este reino, extrañándonos de él á lo- 
dos, pues con su licencia, no es lo mismo ser foraste- 



día grande de navarra 

ros que no ser naturales; y tenga también mas caridad 
con este iUistrisinio reino, el cual, por mas quo le abre- 
vie la geografía, por mas que le ciñan los niuntos que le 
guardan para que no se escape, por mas que le estre- 
chen las cadenas que le aprisionan porque no se huya, 
sabe hacer sus escapadas y extenderse por el mundo 
todo. No de otra manera que un rio caudaloso que es- 
trecha en poca margen inmenso fonilo , tal vez deja des- 
cuidar á su madre , y burlando márgenes y diques, aun- 
que la madre natural sea Navarra, sabe también buscar 
su madre gallega. 

^. III. 



Pues como íbamos diciendo, hasta el dia 13 de julio 
próximo pasado era el reino de Navarra reino ilustrí- 
simo, y no era en él lo ilustrisimo título postizo de dig- 
nidad, sino propiedad inseparable de su naturaleza. 
Pero en aquel fatal dia, á las cinco de la tarde, de repen- 
te y cuando nadie lo pensaba, pasó á ser reino obscurí- 
simo, reino anochecidísimo, reino tenebrosísimo, reino 
funebrisimo, y en fin, reino en quien todos los superla- 
tivos de la negregura, del luto, de la obscuridad y del 
dolor, le venían mas cortos que los mismos positivos. Es 
el caso, que aquel dia y en aquella hora tuvo el exce- 
lentísimo virey conde de Maceda una posta con la no- 
ticia fatal del alevoso golpe que el dia 9 habia descar- 
gado la muerte á traición y de sorpresa en la amada vida 
de nuestro amado rey Felipe V. Hízolo de repente ; que 
á haberlo pensado , quizá no se atreviera á.hacerlo. Ma- 
tóle á traición; que cara á cara, ella se guardaría bien 
de ejecutarlo; á lo menos se miraría mucho en lo que 
iba á hacer. Por mas que nos pinten á la muerte rigu- 
rosa, justiciera, igual, iuexorable, imparcial y tan atre- 
vida con los palacios como con las cabanas ; 

Pallitla mors aequo pulsalpede paupcrum tabernas, 
Eegumque turres i 

yo sé muy bien que á lo menos hubiera dilatado el 
cruel golpe todo lo posil)Ie, si hiciera reflexión á que iba 
á desentronizar la religión, á descoronar la piedad, á 
descetrar la virtud, á hacer polvo la prudencia, ceniza 
la integridad, sombra la majestad real , y la justicia es- 
queleto. Yo sé que se hubiera ido con mas tiento en ajar 
á Francia la mejor lis, en postrar á España el león mas 
bravo, en dejar á Marte sin espíritu y á Minerva sin alien- 
to; porque al fin, esto hizo en un instante la atrevida 
muerte con su hazañosa, mejor diré, con su facinerosa 
osadía. 

Religio , Pietas , Ylrtus , Prudentia , Leges , 
Rcflia Majestas , Jitstiliaeque nitor : 
Gnllica , mulato squalentia Lilia vultit, 
lUíipnnusque Lea , non memor ¡¡¡se sui : 
Robora Mavortis, tum gloria culta Minerva, 
Sut) túmulo nostri Principis eccejacent. 

Pero al fin hizolo la muerte sin saber lo que so hacia, 
y la posta que condujo á Navarra esta noticia no fue 
posta , fué bala de cañón que se llevó de calles los cora- 
zones de todo este reino. Anochcciósele,el resplandor, 
obscurecióseleel lustre, apagáronsele las brillanteces, y 
se quedó mas negro que la media noche , un reino (|ue 
era mas claro que el mediodía. En suma , perdió el co- 
lor y se vistieron las almas el traje de las sombras, siendo 
el luto exterior no mas que reflejo obscuro de la lobre- 
guez de adentro. No parece sino que el prufeta de los 
tristes tomó á su cuenta hacer la relación de lo que pasó 



aquel dia en Navarra , tres mil años antes que pasase, 
cuando dijo arrebatado: Quomodó obscuraluin est au- 
rttm , et mittatits cst color optinnts ? Después de haber 
referido que lloraban las piedras de la calles, que se des- 
hacían las puertas, que se despedazaban los sacerdotes, 
que se desgreñaban las mujeres, y que no podía salir el 
aliento sino forcejando contra una opresión inmensa de 
amargura : Vicie Sion laijcnt : omnesportae rjus destruc- 
tae, Sacerdotes ejus gementes , Virgincs cjiís sqtmlidae, 
et ipsa oppresa amaritudine. Si la noche se pudiera ver 
con los ojos corporales, diría yo que Jeremías había 
visto con ellos las tinieblas de Navarra en aquel funesto 
dia, tan claramente como vio con ellos mismos, en sen- 
tir de San Jerónimo, la cautividad de Jerusalen, in- 
terrumi)íendo por esta ocasión lo profeta : Captivitatem 
Urbis ; atque.ludeue , non solum spiritu , sed et ocnlis 
carnis, inlaitus est. Tandjien parece que yo la estaba 
viendo habrá como unos tres lustros, cuando lloré poco 
mas ó menos de esta manera en ocasión muy semejante : 

¡Qué noche va arrastrando, 
Todo borrón el sol en vez de luto! 
O se han hecho las sombras su atributo , 
O, en vez de esclareciendo, está borrando. 
Rasgos negros los rayos, van notando 
En el papel del cielo 

Mucho horror, mucho llanto, mucho anhelo; 
Yo en tan mortal oscuro parasismo 
La pluma mojo en lo hondo del abismo, 
Si ya á mojarla en fúnebres despojos 
Al tintero no acudo de mis ojos : 
Siendo después, en el pavor que pinta, 
Bayeta del papel mi negra tinta. 

§. IV. 

Así se veia, ó no, sino así se atentaba el reino de Na- 
varra desde el referido dia 13 de julio hasta 9 del iunic- 
diato mes de agosto , en que de repeute desapareció (no 
se sabe adonde) aquella larguísima noche que había 
durado un mes menos cuatro días. Fué el caso , que en 
el expresado dia, mes y año, recibió la Diputación una 
carta del rey (Dios le eternice) Don Fernando II de Na- 
varra y VI de Castilla , su fecha en el Buen Retiro á 2G 
del pasado mes de julio, en que mandaba su majestad 
se le proclamase en este reino, no mas que como el Reino 
mismo lo sabe y lo quiere hacer. La carta no decía mas, 
ni era fácil que tampoco lo dijese ; porque sería mucho 
menos todo lo que se quisiese añadir. Ya se sabe que el 
reino de Navarra nada sabe hacer en obsequio de sus re- 
yes, que no sea con la mayor velocidad, que no sea con 
la mayor magnificencia , que^o sea con la mayor bizar- 
ría. Si están ó no están bien puestas las alas á aquel amor 
de mala casta que dicen nació en el mar Eritreo, medio 
espuma y medio ostra , allá lo disputarán, y con efecto 
lo disputan (porque es cuestión muy importante) cier- 
tos autores gravísimos que están trabajando en unos 
doctos comentarios sobre el Chichisveo, y concluidos, 
estos, ilustrarán con anécdotas y escolios la Pulga, de 
Lope de Vega Carpió. Lociae no admite disputa es que- 
•el amor del reino de Navarra á sus monarcas (amor un 
poco mas bien naciilo (pie el otro ainiu'cíllo de mala ra- 
lea y de linaje obscuro, como engendrado al Tu i entrar 
abadejo y sardinas) tiene alas tan seguras, que : 

Cuando al soberano agrado 
Real precepto merece. 
Siempre exhalado obedece, 
Pero nunca desalado. 

Por mas (luc á su amor con bab> 



10 



OBRAS DEL PADRE JOSÉ FRANCISCO DE ISLA. 



Cargas le disparen sumas , 
Le podrán quemar las plumas, 
Pero no corlar las alas. 

Las cadenas, que se enlazan 
Cuando su amor eslabonan , 
A lo sumo le aprisionan, 
Pero jamas le embarazan. 

Y si subir hasta el cielo 
Para obedecer al Hey 
Fuere menester, su ley 
Sabrá obedecer al vuelo. 

Con efecto, el mismo dia en que recibió la diputación 
la carta de su majestad, disparó volantes ú los lugares 
donde tienen su residencia ordinaria los miembros au- 
sentes de este ilustrísimo gremio, á quien unos llaman 
arcópago en cifra ; otros quieren decir que esta no es 
buena comparación, porque los areopagilas eran liom- 
bres de escuela, y los diputados del reino de Navarra no 
siempre son lioinbresde escuela, pero siempre sones- 
cuela de hombres. Por eso hay quien llame á la Diputa- 
ción fragmento de los quiriles y residuo de aquel tribu- 
nal que liabia en Roma y se decia ele los conservado- 
res , porqtie su oficio principal era velar (invigilar diría 
un aprendiz de covacliueia , aunque supiera que le ha- 
bían de desplumar si omítia el terminíllo) ó desvelarse 
para que se conservasen al pueblo sus fueros, sus leyes, 
i'ranqiiicías y privilegios. Y se los mantenían tan conser- 
vados ó tan almibarados, que es fama que nunca per- 
dían el punto , jamas se revenían , se enmohecían ni se 
acedaban. Este es pintiparado el olicío de los conserva- 
dores del reino de Navarra, ó por otro nombre, de los 
señores diputados, centinelas de los fueros, piquetes 
de las leyes nacionales y guardias avanzadas de los pri- 
vilegios, que al menor rumor tocan al arma y disparan 
una petición de contrafuero al mismo Rey, liablando con 
el debido respeto; y su majestad está tan lejos de tenerlo 
por desafuero, que antes le suena á lisonja, estimando 
qiie le acuerden su palabra ó sus palabras ; porque jura 
á tantos que se las ha de cumplir. Yes, que los juramen- 
tos de los leyes, especialmente á la Ínclita nación na- 
varra, todos son como fiestas votivas, que son fiestas de 
guardar ; y aquel sedicioso adagio que dice : «Allá van le- 
yes donde quieren reyes, « entendidocomo vulgarmente 
lo entiende la malicia, está condenado por las leyes de 
este reino ; y aun, en sentido mas benigno, está supli- 
cado , hasta que se mande reveer y corregir ad mentem 
Jtegis. 

Ahí es un grano de anís el empleo de diputados, para 
que los que le ocupan y le llenan no sean unos hombres 
en quienes la nobleza es lo de menos, con ser asi que 
es hasta donde puede ser, desde la misma cucarda del 
Pirineo inclusive , hasta los esperezos del Moncayo, ti- 
rando nna línea intencional entre el Septentrión y el 
Poniente. Los que entienden algo de geografía y de no- 
bleza ya comprehenden lo mucho que digo cu este po- 
quito; los que no entienden de esta ni aquella, poco se 
va á perder en (¡ue no me entiendan. Vuelvo á decir otra 
vez , y lo diré otras dos mil , que en los caballeros quéi 
componen ladiputaciondel reínode Navarra, la nobleza 
es lo de menos ; porque lo menos que son es lo que fue- 
ron sus abuelos, y lomases lo que son olios mismos. 
Escógelos lodo el Reinojunto en cortes, para liarles las 
llaves de sus leyes , y para encargarles la custodia de sus 
fueros; que después de lo que adoran dentro de la cus- 
todia y lo demás que hay sagrado, es lo que mas vene- 



ran los navarros. Con que dicho se está que lian de ser 
unos sugetos de nn juicio maduro, de una prudencia 
consumada, de nna experiencia conocida, de una pene- 
tración suma, de unadiscrecion exquisita, de nna cons- 
tancia á toda prueba, de nn valor acreditado y de nna 
fidelidad inviolable; so pena de decir que im reino en 
donde hay tanto en que escoger, ó donde no hay que es- 
coger nada, porque todo es escogido, no sabe lo que se 
escoge ; y esto claro está que sería muchísimo decir. 

En fe de que no miento, y para que no me digan que 
como quiero pinto, ó que es pintar como querer, por ahí 
andan vivos y sanos los originales de mi retrato : coté- 
jese este con aquellos, y véase si concuerda la copia con 
el original; que yo no quiero cargos de conciencia. Y 
para que el cotejo no se haga á tientas, venga á noticia de 
todos que los diputados presentes del ilustrísimo Reino 
se nondjran como se llaman. Y son : por el brazo ecle- 
siástico el señor don Fray .Malaquías Martínez, abad cis- 
terciense del real monasterio de Leire : no dije bien 
real, quise decir celestial, empireal y angelical, aun- 
que en este sentido también es real el monasterio de 
Leire ; porque real y verdaderamente es esto, y mucho 
mas, si es que puede ser mas que esto. Sabemos por las 
historias, que sin salir, ó á lo menos sin alejarse mucho 
de aquel monasterio, aprehendió un monje cómo se pa- 
saba el tiempo en el cielo sin sentir; y que esto se lo en- 
señó un pajarito, á quien estuvo oyendo cantar el santo 
religioso con la boca abierta no masque trescientos años, 
que no se le hicieron tres minutos. Y esto, aunque es 
historia , no es cuento ; que allí se está enteríto y verda- 
dero el mismo monje para defender cuerpo á cuerpo 
esta verdad. Hora bien : si los pajaritos que revolotean 
alrededor del monasterio son tan celestiales, los que 
andan dentro de sus claustros, ¿qué pájaros serán? ¿Y 
qué será el padre Abad? Será, tengan ustedes pacien- 
cia, que ya lo voy á decir : 

Si su casa es Flos Sanclorum 
Allá desde luengos dias. 
El padre Don Malaqiiias 
Será el Ahbas Abbatorum. 
Per sácenla saeeulorum 
Dure su nombre también, 
Y viva , pues vive en 
Donde , sin miedo á vestiglos , 
Se viven siglos de siglos. 
Respondan todos : Amen. 

Sigúese por el brazo militar el señor Don Manuel de 
Ezjjeleta, señor de Otazu ; y si como han dado en esti- 
larse títulos de santos, y aun de virtudes, por vía de su- 
plemento , ó de quid pro quo de estados á los que me- 
recían tenerlos , se usaran también señoríos de prendas 
y talentos naturales, desde luego se le podía llamar á 
este caballero, sin escrúpulo ni remordimiento, señor 
de Maduré, aludiendo á la madinez de su juicio, barón 
de la prudencia, de la circunspección y del respeto, 
añadiéndole como por apéndice el señorío de la grave- 
dad apacible, de la seriedad grata y del retiro tratable, 
que sin achicar mucho la voz se puede llamar Bticn- 
Retiro. Por algo le ha bocho el Reino tantas veces dipu- 
tado suyo, que parece diputado nato ó díiiutado habi- 
tual, y alguno llegó á sospechar si era en él la diputación 
hereditaria. En .suma, es sugeto tan cabal, que no le 
falta nada, y dio motivo á no sé quién para que expli- 
case asi su atrevido pcnsamienlo : 



Encargaron A un pintor 
riiilast' á un señor cabal; 
El buscó un oiit,'inal, 

Y copió á cii'ito señor : 
Vio del retrato el primor 
Un quídam particular, 

Y dijo sin cespitar, 
Con alusión bien discreta: 
Es Don Manuel de Ezpeleta ; 
No le falta mas que hablar. 

El compañero del seiwr Don Manuel ile Ezpeleta, por 
el lüisnio brazo militar, es el señor Don Aguslin de Sa- 
rasa; y es tan compañero suyo en todas las prendas qne 
le adornan, que mas parecen gemelos que compañeros. 
Cuando salen juntos en las funciones de diputación , se 
equivocan tanto, que algunos dicen : «Allí van dos Sa- 
rasas»; otros exclaman : «¡Jesús! y qué par de Ezpe- 
letas» ; al fin, cada cual prorumpe en la especie domi- 
nante de los dos sugelos, que actualmente reina en la 
memoria. Los picados de erudición y que gustan de ha- 
blar por libro, luego que los miran se dejan caer, como 
quien no quiere la cosa, aquel versecito de Publio 3Ia- 
ron, á quien llaman Virgilio los vulgares : 
Talis amichieos nonjuiixil (jratia fralres. 

Y los que se precian de noticias astronómicas, a! punto 
se tiran al polo Ártico, que parece se quieren tragar la 
osa, á buscar en el signo de Géminis una comparación 
celestial con que servir á estos dos señores, sin reparar 
los muy atrevidos, que los dos rapaces Castor y Polux 
llenen pocas barbas para presumir competencias con es- 
tos caballeros. El señor Don Agustín es tan amante del 
Reino y tan padre de la patria , qne cuando algún predi- 
cador cita en el pulpito á San Agustín , diciendo no mas : 
«El gran padre Agustino» : Magnus Parens Augusti- 
nus ; mas de dos ignorantes se dicen unos á otros , dán- 
dose de codo : «Vaya, este es Sarasa» ; y aunque se equi- 
vocan (claro está ) en lo que conciben , pero no yerran 
el concepto. Sea de esto lo que fuere, ninguno me ne- 
gará que lo que voy á decir es muchísima verdad, aun- 
que lo diga en el estilo de las mentiras : 
El consistorio, divino 

De padres conservadores 

Tiene padres y doctores, 

Y' es Sarasa el Agustino. 

En su juicio peregrino 

Tal vez descuidos cabrán; 

Pero de Agustín están 

Los descuidos celebrados, 

Y si estos son admirados , 

Los aciertos ¿qué serán? 

Fuera del brazo eclesiástico y del militar, tiene este 
reino Briareo el brazo que se dice de las Universidades. 
Llámanse así todas las repiiblicas que logran voto en 
cortes; y no hay que decir que no saben lo que se llaman; 
porque, entiéndase como se quisiere esta pala!)rat/n¿- 
versidad, á cada una de ellas la viene el nombre de mol- 
de. Si quiere decir lo mismo que comunidad ó cuerpo 
que represoiila el común (y esto es lo que signilica en 
el vocabulario político navarro la palabra M/u'í;ersi'í/ífí/), 
claro está que no puede ser mas propio este nombre 
apelativo. Pero se advierte , por excusar juicios teme- 
rarios, (]ue auiupie los individuos de la Dipulacion quu 
se nombran |ior parle de las comunidades, re[)resentan 
al común, no por eso pertenecen á lo que en Castilla se 
llama estado general ; que esa diferencia de estados está 
poco admitida en Cantabria, de quien Navarra hace una 
parte tan notable. Escógensc siempre sugelos de la ma- 



ÜlA CHANDE DE NAVARRA. íl 

yor distinción, en cuyas personas añada el empleo car- 
go, pero no añade respeto. Así como los vocales que eli- 
gen las provincias de Inglateri'a para asistir en su nom- 
bre al Parlamento, como miembros de la cámara que 
llaman délos Comunes, aunque sean miembros de la 
cámara baja, ellos por sí son personajes muy altos, y tal 
vez de la mas agigantada elevación. Vaya esta noticia de 
cuenta de Gregorio Leti, en su Teatro Brilúnico, que yo 
no salgo por iiador de un autor de tan niala fe. Mas en lo 
que digo de Navarra, los que no me quisieren creer 
sobre mi palabra, me harán muy poca merced. Tam- 
bién las repúblicas navarras merecen el nombre de 
universidades , si por esta voz , y por esta vez , sin que 
sirva do ejemplar, dan licencia los cultos para que se 
entiendan unas escuelas generales, donde se cursa el 
garbo, se estudia el lucimiento, se aprende la gentileza, 
y se dan grados en el esplendor: solo que en estas facul- 
tades apenas hay discípulos navarros , porque todos na- 
cen maestros, y como dicen, enseñados desde el vientre 
desús madres. Pues uno de los catedráticos de prima 
en estas ciencias y de dichas universidades , es el señor 
Don Fernando Javier Daoiz, diputado por ellas para con- 
greso habitual, que representa al Reino. Hay quien lla- 
ma á este caballero Don Fernando el Conquistador, 
porque su discreción , su bizarría , su despejo, su apaci- 
bilidad y aquella airosa proporcionada presencia que 
está diciendo comedme, no deja libertad á vida; tanto, 
que los corazones que no quieren pagar pechos, andan 
huyendo de él, y se esconden detras de los pulmones 
por no verle ni oírle, muy persuadidos á que si una vez 
le oyen y le ven, cayeron en el garlito ; porque no tienen 
resistencia. Con alusión á esta gracia gratis data, es 
fama que á un pajecito de Terpsícore, que es musa tu- 
telar de los afectos del alma, Terpsichore affcdus ajtha- 
ris movet , imperat, aiiget , dap escrito este pronóstico, 
con sus polvillos de enfático : 

Vendrá tiempo en que se emboque 

En un reino un diputado , 

Ladrón público en poblado. 

Sin temor á rey ni á roíjue. 

Sin pistolas, sin estoque, 

Robará con su elicacia 

Mas almas que cuenta l'racia ; 

Y estos robos sin malicia 

Los cubrirá la justicia ; 

Que es por cierto linda gracia. 

El señor Don Vicente Pedro Mutiloay Salcedo, se- 
gundo diputado por las universidades, ese esotro que 
bien baila. Pero no es tal, que antes se verá bailar á un 
cartujo, que se vea en el señor Don Vicente cosa que 
huela á mudanzas ni de mil leguas. Tan lirme, tan cons- 
tante, tan inmoble es en todo lo que suena á piedad, á 
matiurez, ajuicio, á cordura, á una intención tan sana 
y tan derecha como su mismo cuerpo; de estas que se 
van luego á lo mejor, sin poder irse á otra parte. El que 
dijo que la prudencia era una vieja arrugada, colmillu- 
da, zahareña, un si es no es lagañosa, la mitad calva y 
canosa la otra mitad, yo sé que reíormaria la pintura si 
la hubiera visto en el señor Don Vicente, joven, rolliza, 
fresca, con unos dientes de que se pueden hacer maiñ- 
¡ lias, collares y esclavitudes; con un semblante tan gra- 
; to, queácuahiuieraque levé, dice ; «Me liasde querer, 
' que quieras que no (¡iiieras : » los ojos \ivaces y despe- 
jados, y en linlacabeza tan distante de todos los síntomas 
de la vejez, canas y calva , que solo por falla de esta diio 



12 



OmiAS DEL PADRE JOSÉ FRANCISCO DE ISLA. 



uno que d segundo nombre de Pedro se lo habían pues- 
to sin pies ni cabeza. En fe de que no miento, conlaré 
el gracioso chiste de un gramatiqnillo modianista. Es- 
taha dando lección del libro cuarto, y llegando;! cierto 
cjeniplito de Cicerón , que dice : Mcns, ratio el consi- 
lium in scnibus cst , le preguntó el maestro qué queria 
decir aquello. «Padre, una grande mentira,» respondió 
con ingeniosa prontitud el chicuclo. ¿Cómo una gran 
mentira? « Si, padre, insistió el niño sin alterarse; por- 
que quiere decir que el euteudimicnto, el juicio y la 
prudencia está en los viejos, y yo sé que está en el señor 
l)on Vicente Mutiloa, que ni es viejo, ni lo ])odrá ser en 
muchos años, por mas priesa que se dé á vivir.» Celebró 
el maestro la gracia , y le dio un parce. Yo voy á ver si 
puedo ganar otro para un amigo con la siguiente décima 
en verso : 

Es el scfior Don Vicente 
Quisicosa de la edad : 
Lo que se ve es mocedad. 
Lo demás ancianamente. 
Su dala es data reciente, 
Mas su juicio no es lanipiño ; 
De mozo tiene el aliño, 
Más que de anciano el consejo : 
Sábese, sí, que no es viejo, 
Pero no cuándo fué niño. 

Y del scfior Don .\utonio de Ozcariz , tercer diputado 
del Reino por sus universidades , ¿ qué se sabe ? Sábese 
que aunque todas las potencias del mundo estén en 
guerra, las potencias de este caballero estarán en una 
oclaviana i)az, y esto con ser así que son potencias muy 
soberanas, muy vivas y de unos dominios nmy dilata- 
dos. Sábese mas, sábese que por su sosiego, por su tran- 
quilidad inalterable, por su serenidad, es señor tan se- 
renísimo como el mas serenísimo señor. Por eso otros 
alabarán en este diputado aquella solícita diligencia con 
que oigo decir (que yo no lo he visto) que tiene recogi- 
do en su curiosa librería todo cuanto se ha escrito, es- 
pecialmente en estos dos últimos siglos, de exquisito, de 
grande, de buen gusto en todas materias y facultades. 
Otros alabarán la buena elección con que traslada desde 
los libros á la memoria las especies y noticias mas se- 
lectas , las mas escogidas , para destilarlas después gota 
agota por la lengua y por la pluma, en tiempo, en sa- 
zón y en oportimidad ; no como otros eruditos de chor- 
rera ó de acequia de molino, que hablan de rio revuelto 
y de borbollón , sino á manera de alambique , por donde 
salen las quintas esencias y los espíritus de tarde enlar- 
de. ¿Pero qué importa, si vale mas una gota de ellosque 
una redoma de otros licores ? En fin , otros alabarán en 
el señor Don Antonio aquellaapacibilidad desemblante, 
aquella cara eterualinente risueña , donde se está conti- 
iniamente descubriendo lo racional porentre las celosías 
de lo risible. Digo que otros alabarán en el señor Ozcariz 
esto y aquello y lo de mas allá; pero yo «la serenidad 
alabo.» 

Que se alborote el abismo. 

Que el cielo se caiga abajo, • 

Que el libro se pase al Tajo, 

Don Antonio siempre el mismo: 

En celestial parasismo 

Parece (jue se enajena ; 

Cuando llueve, cuando truena, 

Su Semblante siempre igual; 

Y si muere de ¡tlguu mal, 

Será de gota serena. 

¿Y de qué mal morirá el señor Don José de Navas- 



cues y Alfonso, cuarto diputado por las susodichasuni- 
versidades? De ninguno, si no mienten los que nos cuen- 
tan que no llegan al olimpo estas que se llaman extrañas 
alteraciones. A todo el mundo he oido decir que este es 
un caballero de una gran cabeza. Créulo sin que me den 
tormento; pero no quiero infernar mi alma, y así con- 
fieso que solo se labe conocido en los efectos, mas en 
cuanto á verla, yo no se la he visto, por falta de telesco- 
pio; y es que 6y//»íí Ínter nubila comUt. Su estatura, 
mídase pon donde se midiere, es de tal tamaño, que á 
su lado no hay hombre grande que no parezca tamañito. 
Cuando es menester hacerle algún vestido, los sastres 
andan por esos cerros para tomarle la medida, y al fin no 
encuentran otra medida de su cuerpo que la de su gran- 
de alma. Y si me replicaren que esta no se vé , replicaré 
yo que eso solamente lo podrá decir algún ciego ó algún 
sordo. No se vé, no se oye, no se palpa otra cosa que al- 
ma, y mucha aliña, en todo cuanto hace, cuanto dice, 
cuanto mira , cuanto acciona y aun cuanto anda el se- 
ñor Don José Navascues ; tanto, que todos los que miran 
su procerosa corpulencia, exclaman sin libertad : « ¡ El 
alma de su cuerpo !» Esgustooir las diferentes defini- 
ciones con que explican el concepto de su estatura los 
que quieren celebrarla. Unos dicen que es Navarra la 
alta y la baja, Navarra toda seguida. Otros desmienten á 
los que tratan de pequeño al reino de Navarra, diciéndo- 
les que no puede ser pequeño un reino donde cabe Don 
José de Navascues vestido y calzado. Otros, aludiendo á 
lo bien instruido que está en la jurisprudencia, dicen 
que es el Cuerpo del derecho civil, el Fuero antiguo de 
Navarra y la Nueva Recopilación , todo en un tomo de á 
folio. Yo refiero, no califico; pero no dejaré de copiar 
aquí unas palabritas que andan de molde en cierto libro, 
mas que me digan que no vienen á propósito : «Ningún 
poeta nos ha pintado hermosos los gigantes : dádole bu 
que han de ser cocos y vestiglos. Monslrunihorrenduní, 
informe, ingerís , cui lumen ackptum : como si el sol, 
por ser el mayor de los planetas , dejara de ser el mas be- 
llo, ó como si tuviera mala cara el que exultavit iit Oi- 
gas.)^ Ahora añado yo que si fuera artíficede emblemas, 
habia de retratar al señor Navascues de esta manera ; 
píntese un gigante hermoso, como que le sale de la boca 
el rio Ródano, con este lema por alma de la empresa : 

Spiritusinlus nlit, totamque infussa per aríus 
Meiis agitai molem, et magno se corpore miscet. 

Esto sin perjuicio de mi derecho parroquial, y por no 

perder el de diezmar, allá va una décima de diez pies : 

De liombrcs grandes, sélojo, 
Navarra fecunda es; 
Pero mas que Navascues, 
Voto á tantos, eso no. 
Por algo ella le nombró 
DijiUtado en tddo trance ; 
Pues en latin y en romance 
Podrán hallarse doscientos 
Qife tengan tantos talentos, 
Pero no mayor alcance. 

§• V. 
Estos son en su misma mesmedad los siete señores 
diputados que coinpunen actualmente la ilustrísima Di- 
putación. Si yo creyera en agüeros numerales, y fuera 
devoto de las supersticiones pitagóricas, ¿quécosicosas 
no ptidiera decir sobre el tal m'imero .«f/cfc, glosando 
aquel manoseado hemistiíjuio , que es el refugio de los 



DÍA GRANDE 

números mancos? XurneroDeusimpari rjaudet. Dejaiulo 
á un lailo el tres, qno ese solevantó con el misterio mas 
alto ¡ qué brei;a ilaria yo al finco, al nuere, al once , di- 
ciendo al primero, que en materia do misterios respecto 
de side no sabe cuántas son cinco ; zumbando al segun- 
do con que es fuera de los nueves, nada, y cebando al 
prado al tercero con sus once de oveja! ¿Qué dificultad 
me costaría probar que el número sú'íe es el queridito 
de Dios, el favorecidilo, el que priva, el escogido para 
representar las cosas mas altas, después de la última de 
todas? ¿Tenia mas que pasearme un poco por la bistoria 
sagrada, y á cada paso me saldrían al encuentro siete 
cosas, que, sobre entronizar al número, vendrían á los 
siete diputados que ni pintadas? Yerbi gracia : en los 
Números, siete aras (aquí entraba su piedad); en Josué, 
siete trompetas ó clarines ( aun eran pocos para celebrar- 
los , á menos que por esta vez se diese al siete toda la ex- 
tensión que tiene la aritmética sagrada, en la cual por 
este número se significa todo lo numerable) ; enlos Jue- 
ces , siete cuerdas con siete ñudos apretadísimos ( bello 
símbolo de su unión); en el Paralipomenon, siete subti- 
lísimos cabellos (cogía la ocasión por ellos, y aplicábalos 
á la delicadeza de sus pensamientos, y no sería la com- 
paración descabellada); en Tobías, siete amigos estre- 
cliísímos (otro ñudo mas á su armonía y uniformidad ) ; 
en Ester, siete fuertes capitanes (por lo que toca al valor, 
todos siete pertenecen al brazo militar) ; en los Prover- 
bios, siete columnas robustas (¿quién negará que lo son 
de todo el Reino?) ; ibidem, siete nombres fecundos y 
elocuentes (estos son ellos por ellos); en Daniel, siete 
leones ( que los toquen al pelo de sus fueros, y se verá lo 
que son); en Zacarías, siete ojos, y todos clavados en 
una misma piedra (clavados ellos mismos, como si los 
viera, con la vista siempre en las leyes, abriendo tanto 
ojo, y ojo al margen); en el Apocalipsi, siete candeleros, 
siete espíritus, siete lámparas ó siete estrellas (á esco- 
ger en los tres sietes). Y si quisiera lucir un poco la 
amenidad, ¿ quién me quitaría meterme por la geogra- 
fía , hasta encontrar el Nilo con sus siete bocas , dar una 
vuelta á la fábula y buscar el monstruo de siete cabezas 
(también hay monstruos de prudencia, de sabiduría, 
de virtud : al fin en todas líneas hay monstruos ) ; bar- 
loventear por la astronomía, y subirme basta las barbas 
de los siete planetas ( mas acá hay posada) ; y en fin, si 
desbarraba en la naturaleza, llamarme á la Iglesia y me- 
terme de envión en los siete sacramentos? Pero no hay 
que esperar que yo pitagorice, ni mucho menos que ca- 
balistiquee; porque de Pitágoras se me da un pito, y de 
la cabala rabínica me rio cabalmente; y mas cuando 
tengo desacomodados y con susto á los Señores síndicos 
y secretario de la Diputación, que esperan también su 
sepancuantos, y no podrán librarse de la nube, por mas 
que la conjuren. 

Pues agua va, señor Don Joaquín Ferrer. No piense 
usted que por su abstracción, por su retiro, por su 
vida solitaria, ha de estar á cubierto de los latigazos 
que se dan de compañía. Yo no sé con qué conciencia 
llaman unos á este sabio jurisconsulto el abogado anaco- 
reta, el síndico archimandrita, cuando se sabe que 
anda tanto como el que mas por esos estrados y por esas 
salas, y si no, que lo diga la Preciosa; y.en cuanto á 
estrados, ahí están los del Consejo, que no me dejarán 
mentir. También he oído decir que es un hombre de 



DE NAYARRA. 13 

un genio muy pacífico; séalo por muchos años; lo que 
yo sé decir es que de contiiuio anda en pleitos, y que 
es ol San Yicenle Ferrer tle los litigantes. Cuando el 
Reino le escogió por su consultor ó por su síndico, es- 
tuvo para a[)licarle aquello de adcucatuní habemus, y lo 
omitió por miedo de que no fuese el mismo Reino sin- 
dicado. Mas .pie á mí me sindiquen y me delaten, no 
dejaré de decir lo que ahora se me ofrece, auiique me 

quemen : 

Si la virtuii y poder 
Dio un gran Ferrer á ValíMicia, 
También la jiirisprudenria 
Diú á Navarra su Ferrer. 
No hay mas que vcuillo á ver; 

Y si el cotejo se entabla, 
Verá, aun(iue sea una tabla, 
Que en uno era todo el dia 
ün milagro cuanto hacia , 

Y en este otro lo es cuanto habla. 

El segundo síndico es el licenciado Don Miguel de 
Sesma é Igal; y cierto que por la miseria de una letra 
pudiera su merced llamarse Igual, y me ahorraba el 
elogio, pues trabajado el primero, con expresar su nom- 
bre y apellido, hasta el segundo inclusive, me lo ha- 
llaba todo hecho. Es de extrañar que, siendo el licen- 
ciado Sesma tan letrado, se anduviese ahora reparando 
en una letra. Pero al fin, como yo no le he volver á 
bautizar, Igal le hallé é Igal le he de dejar; y mas 
cuando su aseo en todo, su limpieza de cuerpo y mente, 
y su esmero sin igual, está dando una higa á la incul- 
tura, á la impulidez y al desaliño. Dice un santo (y 
pienso que es San Bernardo el que lo dice) que la lim- 
pieza del cuerpo es índice de la del alma. Si se lee al li- 
cenciado Sesma por este índice, harto será que no pa- 
rezca simbolizada la limpieza desús cinco sentidos en 
aquellos limpidisimos guijarros de David, del torrente 
y del gigante. No hay que hacer ascos á la comparación, 
ni hay por qué á ninguno le parezca dura por aquello 
que se dice de guijniTos, pues todo el mundo sabe que 
el licenciado Don Miguel de Sesma es hombre de gran 
cantera. A la limpieza en lo que discurre, en lo que ha- 
bla, en lo que escribe, en lo que acciona y en loque 
trata, consagró un devoto este colgajo: 
Por innata -propensión 

De tu limpio entendimiento , 

Defiendes sin juramento 

A la limpia Concepción. 

No es virtud : inclinación 

Es en ti , y nuturaleza. 

De lus manos la pureza. 

Pues huirás la codicia, 

Cuando no fuese avaricia. 

Solo porque no es limpieza. 

Aquí te quiero, amigo y señor Don Pablo del Trell, 
dignísimo secretario del reino de Navarra ; aquí te 
quiero, ¡hola! No juzgue algún malsín que solo aquí 
quiero á Don Pablo; quiérele, y le quiero mucho en todas 
partes; y ahora no solo le quiero, sino (pie le requiero, 
de parte de Dios, que me diga ipu! Pablo es. ¿Es Pablo 
primer ermitaño? Su devoción, su piedad y la noto- 
ria propensión que tiene á los montes y á las selvas, á 
las cuales se retira siempre (pie puede boniticamente, 
dan indicios deque hay algo de eso; y si no temiera 
que se me enojase, añadiría yo que no lo desmienten 
las barbas, pero bórrense, y téngase por no dicho. Por 
otra parte predica tanto con el ejemplo, y aun aveces 
con las palabras, que me inclino á que lo Pablo le viene 



14 



OBRAS DEL PADRE JOSÉ FRANCISCO DE ISLA. 



de casta de apóstol. I lem, liay también á favor de esta 
opinión las epístolas que escribo como secretario del 
Reino , y no son á sugetos así como qniera , sino que me 
consta lia escrito alguna ó algunas nd Romanos, mu- 
chas cu ol reinado pasado od I'hiliprnscs, mucbisimas 
en el presente vireinato ad Galotas, y casi todas nd Colo- 
senscs ; porque son colosos, esto es, proceres de grande 
estatura casi todos los sugctos á quienes acostumbra 
escribir el reino de Navarra. Y si la espada es aliiaja pre- 
cisa del apóstol San Pablo, porque en su tiempo no la 
manejó con menos valentía que la pluma, sépase que 
Don Pablo delTrell, que ahora maneja la pluma con 
tanta destreza, manejó con igual valor la espada en ser- 
vicio del Rey, mandando una compañía de caballos. ¿Y 
qué sabemos lo que ahora mandaría si hubiera conti- 
nuado cu el servicio? Pero como siempre ha sido devoto 
y timorato, debió de tener por peligrosa la vida del sol- 
dado, y se retiró á bien vivir. A su espada y 4 su pluma 
se me antoja dar los buenos días, á salga lo que saliere : 

De Trcll es lucido el porte ; 
Su atención acreditada 
Por la pluma , y por la espada 
Es hombre siempre de corte. 
La religión es su norte. 
Sin que de él le aparte el diablo. 
Pues cuando asesta el venablo. 
Para hacerle desviar, 
Sin llegar á bambolear. 
Se dice Trell : Guarda Pablo. 

§. VI. 

Hora bien , señores leyentes (porque mi ietor ya mu- 
rió), ¿se acuerdan ustedes de unos volantes que salieron 
en bala mas que en posta , alláá los principios del párrafo 
cuartode esta relación , despachados y disparados por los 
señores de la Diputación que se hallaban en Pamplona, 
luego al momento que recibieron la carta de su majes- 
tad (Dios le perpetúe) en que mandaba áeste reino le 
aclamase por su rey y señor natural ; los cuales volantes 
iban destinados á los señores diputados ausentes, para 
que viniesen corriendo á disponer la proclamación vo- 
lando? Pues sépase que tardaron menos en ir, estar y 
volver, que yo he tardado en escribirlo, y esta es mu- 
chísima verdad. Pero hubo en esto otra gracia , y es que 
ácada uno de los lugares fué no mas que un volante, 
pero al volver vinieron dos : uno el disparado por la Di- 
putación, y otro el diputado, que venía, después de 
haberle aplicado el botafuego, el amor, la íidciidad, el 
ansia de desabogar cuanto antes por la boca los vivas 
que tenían de represa en el corazón, y á todos causaban 
una inflamación interna que les abrasaban las entra- 
ñas. Es esto tan cierto y tan sin ponderación, que aquí 
no hay mas. El día 9 á las diez de la mañana llegó la real 
carta orden ; aquel mismo dia á las dos de la tarde ya se 
veían por los caminos de Navarra unas exhalaciones, á 
manera de ¡as que suelen travesear en las noches sere- 
nas y despejadas por el cielo, ó cosa que lo valga ; el dia \ O 
estaban en Pamplona todos los señores diputados, in- 
cluso el señor Don José de Navascues, que reside ca- 
torce buenas leguas (así llaman por nuü nombre á las 
<pie son las peores, por ser largas) de aquella capital. 
;,Cómo hizo esta jornada con tanta velocidad? Es un 
problema curioso entre los que arrastran dicbícos por 
discretos. Unos dicen que la hizo por ensalmo; otros, 
que el amor le prestó sus alas, y que aun por eso andaba 



exhalado por aquellos días el amor de todos los demás. 
Yo no creo en agüeros ni en hechicerías, y digo que 
se acuerde mí auditorio de su estatura agigantada, y 
tráigase á la memoria aquello de crultavit ut Giíjas ad 
currendam viain, y no se hal)le mas en la materia. 

Lo cierto es, que el dia \ 1 (tan impaciente estaba la 
íidelidad, y tan codiciosa de aprovecliar los instantes) 
se juntó la Diputación plena en su sala llamada la /'re- 
cmw. Cosa mas bien llamada no se ha llamado desde 
Adán acá, esto es, desde que el primer padre de los 
hombres fué también el primer padre de los nombres, 
con tanto acierto, que no le erró el nonibre á cosa al- 
guna: Omne cnim quod vocavit Adam , ipsum estno- 
men ejiís. Preciosa por la hermosura, preciosa por la 
fábrica, preciosa por el destino , que no es menos (ahí 
es un grano de anis) para ser la sala consistorial , doiule 
se junta el Reino pleno cuando se convocan Cortes en la 
imperial corte de Pamplona. Una sala donde caben tan- 
tas y tan grandes capacidades, y todavía hay capacidad 
paramas, necesariamente ha de ser una sala muy capaz. 
Y siéndolo tanto lo material, ¿qué será lo formal de ella? 
Yo lo diré : en todo lo que toca á lo material , es la pre- 
ciosa por excelencia; y aunque el mismo Rey entrara 
en ella, no dudaría yo llamarla pretiosa in conspectu 
Domini ; pero en lo formal deja de ser preciosa , porque 
no tiene precio. Solo hallo un modo de valorarla, enten- 
dida en este sentido, y lo diré como pudiere : 

¿Cuánto va que no sabes cuánto vale 
Aquella celebrada sala hermosa, 
Que por no tener precio que la iguale. 
Se llama por antífrasis Preciosa? 
La cuenta no hay que echarla (que no sale) 
Por pesos, por doblones ni otra cosa. 
Mira bien los que coge entendimientos, 
Y echa después la cuenta por talentos. 

Uno dijo, y lo dijo grandemente. 
Que no estribaba el precio en la eslaíura ; 
Precioso es el diamante, y es poco ente, 
Más precioso el carbunclo , y no es ligura. 
La regla es general ; pero consiente 
Su excepción de esta sala en la estructura. 
Cada piedra que de ella se desmande 
Es preciosa y no deja de ser grande. 

¿Pero qué entiendo yo desto? Allá se las avengan los 
lapidarios, que á mí solo me toca decir que, juntos todos 
los señores diputados en la la\ preciosa sala el susodicho 
dia 11 , y leída la real carta orden de su majestad , dije- 
ron preciosidades, por lo mismo que con el primer ím- 
petu del gozo no sabían lo que se Inician ni lo que se 
decían. Uno dijo: «¡Proclamar á Fernando por rey de 
Navarra, con título de Segando! No en mis días, voto á 
tal; que Navarra no entiende de segundas ni segundos 
cuando se trata de proclam-ir á sus reyes; y así, ó se ha 
de proclamar á Fernando por rey sin segundo, ó si no, 
protesto el número de la proclamación, dejándola por 
todo lo demás en su fuerza y vigor. » Pero otro le se- 
renó, acordándole que esto solo quería decir que ya 
había amanecido en Navarra otro sol coronado del 
mismo nombre, después que rayóen ella el^/6a,sin 
que esto signilicase dimiimcion de resplandores el que 
nació después. I'orque ¿ cuántas veces- vemos (añadió) 
que el segundo dia del mes es nías sereno y mas claro 
que el primero? Hízole fuerza la comparación, y voló 
que luego luego se hiciese la proclamación sin protesta. 

Tan luego hade ser, replicaron dos diputados á un 
mismo tiempo, que ha de ser incontinenti, porque ya 



día grande 

tenemos al Rey en el cuerpo, y estamos todos tan reple- 
tos de alejaría, (jiic podemos temer una apoplejía de 
gozo, si no se busca presto algún respiradero. Por taulu, 
somos de parecer que, sin esperar á mas formalidades, 
salgamos todos por esas calles gritando lo que se acos- 
tumbra en estas ocasiones; y si nos tuvieren por locos, 
mejor para nuestros juicios; que es la mayor locura te- 
nerle en ciertos lances. Iba á prevalecer este dictamen, 
como el masconrorme al amur ciego y á la fidelidad á 
ojos cerrados, cuando se levantaron los dos Sindicos, y 
con voz reposada dijeron: Señor, suplicamos á vuestra 
señoría ilustrísíma que nos oiga. Todo lo dicho está 
bien diclio, y es lo que se debia de liacer si en este ne- 
gocio solo hubieran de entender los corazones; pero 
están en posesión de tener parte todos los cinco sentidos, 
y de mas á mas las tres potencias. Son, otro sí, interesa- 
das las campanas, los clarines, los timbales, la arttUe- 
ría, y sobre todo los sastres. No se les puede turbar en 
la posesión, sin injusticia. Tcxt. in Leg. Viam. Publi- 
cam ff. de vía Publica. Leg. Proculus 26. //'. de Dumn. 
infect. Leg. 1. §. Denique 5. Leg. Si in meo 22. ff. de 
Aquisplub. arcend. Text. , in Cap. Cum Ecclesia Su- 
trina de causis possess. et propriet. A esto se añade que 
vuestra señoría está vestido de melancolía y arrastra 
la tristeza hasta el suelo, en cuyo traje no sería amor, 
que sería irreverencia, hacer la proclamación. Jiixta 
illud in terminis terminantibus : 

Non esl conveniens lucübus iste clamor. 

Por todo lo cual somos de sentir que vuestra señoría 
se sosiegue y que tome sus medidas, dando tiempo al 
tiempo; pero no mas que el que fuere menester para 
que los sastres tomen también las suyas, pues por lo de- 
mas, ya conocemos que la función no puede dilatarse; 
porque no es razón , ni vuestra señoría lo podría tolerar, 
que nadie se anticipe al reino de Navarra en proclamar 
á su rey, y á tal rey, habiendo sido el Reino el que siem- 
pre ha dado el primer ejemplo en esto desde que en 
Navarra se usan proclamaciones; y por otra parte no de- 
jamos de confesar que datur pericidum in inora. 

Hizo fuerza este dictamen fundado, y haciendo lugar 
el alborozo á que la razón discurriese con sosiego, nada 
tuvo que discurrir la Diputación en resolver que se hi- 
ciese la proclamación el día 21 del mismo mes de agos- 
to, considerando ser este el tiempo que bastaba para 
que se previniesen las galas, sin poner á los sastres en 
tentación de que quebrantasen las Cestas ; porque cuan- 
do se trataba de obedecer con tanta puntualidad el man- 
damiento del Rey, sería inconsecuencia no celar la mas 
puntual observancia de los mandamientos de Dios. Pero 
como no hay gusto cumplido en esta vida, el que tuvo 
la Diputación en ocasión de tanto regocijo, se vio tur- 
bado con una circunstancia inevitable, le hizo rebajar 
algunos puntos, por los que irremediablemente habían 
de faltar al extrínseco autorizado aparato de la función 
que prevenía. Es el caso, que en el mismo correo en 
que el Reino recibió la orden de su majestad para que le 
proclamase , tuvo otra el excelentísimo virey conde de 
Maceda para que sin dilatación pasase á la corte , donde 
le necesitaba la piedad y la confianza del Rey para em- 
plearle (como se espera) en mucho bien de toda la 
monarquía. Partió su excelencia en posta el mismo dia 
en que asistió con el consejo supremo de Navarra á 
las honras que se celebraron por el Rey difunto, hacién- 



DE NAVARRA. i 5 

dose así mas acreedor á las que le dispensa la benigni- 
dad del que vive y reina ; porque eso de estar siempre 
y únicamente «sobre el (]uieu vive», es bueno para las 
centinelas, y fuera de allí, solo se halla en íidelidades 
achacosas, en corazones rateros y en espíritus muy de 
escalera abajo. El espíritu del conde de Maceda es espí- 
ritu de primer orden, su corazón es grande de primera 
clase, y primero se cubrirá el sol con el ala de un mos- 
quito, que lleguen á él tan villanas raterías. 

Este incidente no esperado excitó en la Diputación 
una borrasca de afectos encontrados. El primero y el 
mas natural fué el dolor de verse privado del conde de 
Maceda el reino de Navarra, es decir, de un señor á 
quien le sobra todo lo grande que heredó, y lo mucho 
mas grande que ha sabido merecer, para que le amen 
sin libertad y le veneren sin poderlo remediar todos 
cuantos le conocen. Su corazón, mayor que el de un 
ejército de Alejandros; aquella grande alma, que ella 
está rebosando espíritus generosos por todo cuanto res- 
pira; una bizarría genial, que no parece prenda ni vir- 
tud, sino segunda naturaleza ; un desinterés en grado 
tan subido, que casi toca en la línea de supersticioso, 
pues ni aun gracias quiere recibir por los beneficios que 
dispensa á manos llenas, solo por no recibir; una recti- 
tud tan inflexible, que primero blandeará la vara que 
empuña la Justicia, y antes permitirá Astrea que la incli- 
nen el peso, dejando de ser balanza, que el mundo todo 
sea capaz de desviar un punto al conde de Maceda de lo 
que concibe como justo. Ciertamente será menos per- 
petua y menos constante en la justicia que en el Conde, 
la voluntad de dará cada uno aquello que le toca. Un 
tesón en dar audiencia á todas horas , que ni aun las del 
comer estaban exceptuadas, habiéndosele visto repeti- 
das veces levantarse de la mesa y salir á la antesala á oír 
al miserable y á despachar al desvalido, siendo de dic- 
tamen este gran Virey que la campaña es el lecho de 
honor donde debe morir todo buen soldado; y para que 
muera un buen ministro no hay lecho mas mullido que 
el de las audiencias y el despacho. Su afabilidad tan sin- 
gular, que rodeado tan continuamente en su palacio de 
oficiales y de nobles, solo ella le distinguía de todos 
ellos, tan sin resabios de señor, que eso mismo le hacia 
aparecer mas grande. Habiendo visitado á su excelencia 
en esta primavera pasada un jesuíta alemán, admirado 
del agasajo, de la cortesana naturalidad y de la huma- 
nísima urbanidad de su trato, al salir de palacio exclamó 
con gracia y con agudeza : a O Principem divinum '. 
Et eo diviniorem, quia humanissimum. Non dicam 
illuní Comitem, sed Comitissimum. ¡Príncipe divino í 
Y por eso mas divino, porque es mas humano. No le 
llamaré yo Conde, sino Comitísirno, estoes, humanísi- 
mo, urbanísimo, afabilísimo.» El alma de todo este her- 
moso agregado de prendas es una piedad castiza, sólida, 
masculina, enemiga naturalmente de toda ostentación 
de virtud, follaje, aparato ni hazañería, juntando con 
todo el desembarazo, con todo el despejo natural de un 
gran soldado, una delicadeza de conciencia que puede 
hacer honor á cualquiera estrecho religioso. 

Calle 1:1 fama , cuando mas no puede, 
O grite sin temor, sin susto y miedo , 
Que fué grande Alejandro, el de Maredo . 
Ilasla que hubo Alcjnndro dcMacrda. 

Los dos de fueriio breve, sin que exreda 
De uno á otro el tamaño ni en un dedo; 



48 



Todo el exceso estriba en el denuedo, 
En el cual es preciso que aquel ceda. 

De los dos maccdonios, padre é hijo, 
Que señas mil Maceda participe, 
Cualiiuiera lo dirá, sin ser iebandro. 

No es menester examen muy prolijo 
Para ver que el semblante es de Felipe, 
Y el corazón mayor que el de Alejandro. 



OBRAS DEL PADRE JOSÉ FRANCISCO DE ISLA. 

derla según lo.s movimientos que imprimiesen en su 
fidelidad las insinuaciones del real agrado. Con esto fin, 
el dia 12 despachó un expreso en toda diligencia con 
una carta para el Rey, concebida en estos precisos tér- 
minos : 



§. VIL 

Wircn ustedes si el reino de Navarra tenia poquitos 
motivos para sentir que le arrancasen de su seno á tal 
virey y á tal señor. Bien que por otra parte consolaba 
su dolor con el buen ejemplo que en esto le da la tierra, 
la cual, aunque sienta que el sol, monarca de los pla- 
netas , extraiga de ella los vapores que dentro de sus 
entrañas la abrigan y la fomentan, pero al fin fácihnente 
se conforma, considerando que, elevados después á par 
del mismo sol, en primer lugar son nubes que la cu- 
bren y la defienden de sus rayos , y de mas á mas se des- 
atan en fecundas benéficas lluvias que la consuelan y 
fertilizan. 

Este símil, que propuso no sé quien, alentó un si es 
noesá la Diputación. Pero eso no quitaba, dijo un dipu- 
tado, que nuestro sol español hubiese suspendido por un 
poco la elevación de nuestro Conde, pues para ser nues- 
tra nube, nuestra lluvia y nuestro todo, tiempo le que- 
daba; y ahora le habiamos menester, para que fuese 
nuestra autoridad, nuestro respeto, y en fin, el primer 
papel cu la real proclamación que vamos á prevenir. 
Pero si el Rey quiere que se haga la función sin este per- 
sonaje, pues al mismo tiempo que manda al Reino que 
le proclame, llama al Vit^ey ala corte, ¿qué le hemos de 
hacer? «Allá van vireyes donde quieren reyes.» No se 
Jiará la función con toda la exterior ó extrínseca solem- 
nidad con que se ha hecho cuando la facilitaba la asis- 
tencia de los vireyes; porque eso ahora es imposible, y 
mas no quedando concretados ni aun los encai'gos de 
este empleo en una sola persona, y mucho menos la au- 
toridad y la represeutacion ; que esa todavía reside íini- 
cameute en nuestro amado conde de Maceda, con inde- 
cible consuelo del Reino todo. Pero al fin se hará , y se 
hará cuanto antes, sin que la falte un ápice de lo subs- 
tancial, de lo esencial y de lo específico. Porque esto 
(claro está) no consiste en meras arbiti^irias políticas ri- 
tualidades , y menos en las que tínicamente introdujo la 
urbana atención del Reino, sin ley que lo prescriba, ni 
decreto del soberano que lo mande. Y con todo eso las 
observará el Reino religiosamente, siempre que logre 
en su recinto la persona del Virey con quien practicar- 
las. Pero jamas las dispensará con otro alguno, por mas 
que alegue vicarias representaciones de esle empleo; 
porque seria desairar al original el tratar con igual aten- 
ción á una copia, y copia tan diminuta, que solo repre- 
senta la mitad. Ni el reino de Navarra necesita tener 
presente á su virey para guardarle y defenderle sus fue- 
ros, con el mismo generoso fiel empeño con ([ue solicita 
y espera que el Virey mi-smo sostenga y abrigue los de 
la uacion. 

Estas consideraciones movieron á la Diputación á se- 
ñalarel dia21 del mismo mes de agosto para la función 
deseada. Pero atetita, como siempre, á observaren todo 
el real aspecto del soberano planeta que la manda y que 
la infinye, determinó, ante todas las cosas, poner eii su 
^eal noticia esta resolución, para practicarla ó suspen- 



a Sacra Católica Real Majestad. 

«Siguiendo el real decreto de vuestra majestad, expe- 
dido en carta de 26 de julio i'iltimo, para que esle reino 
proclame á vuestra majestad por su rey y natural señor, 
ha resuelto la Diputación celebrar el acto de la procla- 
mación el dia 21 tlel presente mes, no obstante de haber 
partido, de orden de vuestra majestad, á esa corle el 
conde de Maceda, virey de este reino ; porque la heroica 
constante fidelidad de sus naturales, y el universal jú- 
bilo que explican por la exaltación de vuestra majestad 
al ti*ono, no permiten se defiera mas la solemue procla- 
mación, que tan impaciente espera su afecto, encendido 
en el mas entrañable amor á vuestra majestad , de cuya, 
real piedad se prometen con la mayor confianza la mis- 
ma protección que en todos tiempos han debido á los 
augustos predecesores de vuestra majestad. 

«Nuestro Señor guarde la sacra católica real persona 
de vuestra majestad, como la cristiandad ha menester, 
y estos sus fieles vasallos le suplicamos. Pamplona y 
agosto 12 de 1740. — Sacra católica real Majestad. — La 
diputación de este reino de Navarra, y en su nombre : 
— Don F. Malaqidas Martínez , abad de Leijre. — Don 
Agustmde Sarasa. — Don Fernando Javier Daoiz. — 
Con su acuerdo, Don Pablo del Trell. » 

Volvió el expreso el dia 16 con respuesta del secreta- 
rio de la real Cámara, en que avisaba el recibo de la 
carta del Reiuo, sin la menor insinuación de que sus- 
pendiese la determinada proclamación , con que prosi- 
guió la Diputación acalorando las providencias y forma- 
lidades que, según estilo, había comenzado á practicar 
desde el mismo dia 12. Fué la primera, después del aviso 
al Rey (Diosle inmortalice), pasar el correspondiente 
á las cabezas de merindad y demás ciudades del Reino, 
poniendo en su noticia el dia que él habia destinado á la 
real aclamación , para que á su ejemplo , todas se previ- 
niesen á lo mismo , convocando á este fin los pueblos de 
su distrito, y disponiéndose solemnizase la función con 
cuantas demostraciones acostumbra la fidelidad navarra 
en semejantes ocasiones. Las respuestas fueron todas 
como se esperaban y como correspondían, respirando 
á competencia, gozo , júbilo, amor, ansia, impaciencia 
de que llegase el feliz dia en que se levantasen pública- 
mente en las calles y en las plazas los pendones y estan- 
dartes que cada uno habia levantado ya mil vecesen su 
corazón con aclamación privada. 

Todas dijeron veloces : 

Se liará la proclamación , 

Aun(iue sea en conclusión 

Meter la función á voces. 

Las merinilados feroces , 

( Si es que lo son las linezasl 

De contento se hacen piezas. 

Gritando su ardiente ley: 

Para proclamar al Rey - 

Pondremos nuestras cabezas. 

La ciudad de Pamplona, que como corte del Reino, 

lo es también de todas las demás ciudades de Navarra 

(ea, no me ponga mal gesto algún semisabidíllo; (pie 

lo que es iiidis[iulable no se disputa, y dejémonos de 



día grande de navarra. 



17 



cuestiones); digo que la ciudad de Pamplona, como 
corte y cabeza del reino de Navarra , dio el primer ejem- 
plo en esto á todas las ciudades, como lo tiene de cos- 
tumbre. Apenas recibió el aviso de la Diputación (y tardó 
poco en recibirle , porque desde h Preciosa bástala casa 
consistorial no bay legua entera), cuando respondió 
al Reino como lo sabe liacer , ó por mejor decir, no 
sabe responder de otra manera, especialmente en tra- 
tándose cosas del servicio del Rey, que cebando toda el 
alma por la boca y por la pluma. Al iin, león en todo ge- 
neroso (que ese es su escudo) , con la diferencia de que 
los otros leones son monarcas de la selva, el león de 
Pamplona es rey coronado de las poblaciones. Pero á 
vista del león de España : 

Desgreñada la clin ó la melena , 
Coronado el copete entra la grama. 
La vista centellante, aunque serena, 
No es bravura, es respeto, lo que brama. 
Levanta si la garra , pero llena 
De turbación leal en loque clama. 
Va á postrar en lo mismo que blasona , 
A los pies de Fernando su corona. 

Pasóse igual aviso al prior y cabildo de la iglesia cate- 
dral , para que á su tiempo y en los días correspondien- 
tes franquease las campanas. De propósito no dije «ilus- 
trísimo cabildo» ni «santa iglesia catedral », porque 
soy enemigo de ociosidades , y bablándosedel cabildo y 
de la iglesia de Pamplona, decir ilustrisimo, y añadir 
santo, seria tan supéríluo como si dijéramos «el ilus- 
trisimo sol ; la santa Iglesia triunfante». Esta es la con- 
gregación de los santos, que continuamente se emplean 
en las alabanzas de Dios, cantándolas con voz incesante 
en un perpetuo coro interminable. Pues véase si no es 
ello por ello la santa iglesia de Pamplona, y si no la viene 
tan ajustada la diíinicion , que es una gloria. Es este 
gran cabildo el único que, entre todas las santas iglesias 
catedrales de España, profesa y observa con el último 
rigor la estrecba regla canónica de San Agustín. Tanto, 
que cuando en Pamplona se quiere ponderar la vida gra- 
ve, circunspecta, retirada, devota, ejemplar, y aun mor- 
tificada, de algún eclesiástico virtuoso, se dice como por 
última exageración: «Allintienevidade canónigo.» Por 
eso seria yo de parecer, que en la nueva impresión del 
Libro de las Cortesías (por mí \\Ámesej)ragmálica), se 
añadiese por apéndice que al cabildo de Pamplona, sin 
perjuicio de lo i7«sír?símo, se le pueda igualmente dar 
el tratamiento de religiosisimo , de ejemplarisimo , de 
edificantisimo. Y no porque sus individuos edifiquen 
mucbo en las calles y en las plazas, sino cuando van en 
las procesiones, pues fuera de estas, si tal vez se ve un 
canónigo en aquellas por alguna precisión indispensa- 
ble, sale la gente á las ventanas á mirar el fenómeno. La 
respuesta del Cabildo fué como de quien está siempre 
aprendiendo en el continuo trato con el Rey del cielo el 
amor y la fidelidad á que es acreedor el de la tierra. 

Asi al Reino responde 
Aquel cabildo, imitación del cielo , 
De quien se acuerdan lodos los que oran, 
Yerif/a á nos , cuando dicen , el tu reino. 

Cabildo, que prebendas 
De olicio por sus leyes no teniendo , 
Por esas mismas leyes que practican, 
Todos snn mafíislrn/es del ejemplo. 

Tan obedientes todos 
De la regla á la voz, al aire , al eco , 
Que pudiera sonará cobardía 

T. XV. 



A no saber que lo hacen ex profeso. 

Iin todo regulares , 
F.n el porte , en el traje , en el respeto. 
Solo no es regular lo que edilican, 

Y es que edilican mas por eso mesmo. 
Dos veces es divino 

El olicio que cantan en el templo , 
l'na vez , porque el objeto es santo, 

Y otra vez , porque le cantan ellos. 
Alli duermen ; no duermen : 

Altf velan , y téngolo por cierto ; 
Que aunque tieiien alli su dormitorio. 
También hay dormitorios de respeto. 

El Prior que hoy los rige, 
Es su alma , es su espíritu , es su aliento; 

Y no hay que predicarme que no es alma ; 
Porque por vida raia , que no es cuerpo. 

Tiempo há que deseaba 
Formar de los espíritus concepto : 
Vi á Lubian (dije mal), adivínele, 
Y' ya sé cómo son los pensamientos. 

La misma urbana atención practicó la Diputación con 
el Provisor y Vicario general de este obispado, para que 
facilitase las campanas de las parroquias, ysolicitase las 
de las comunidades religiosas de esta ciudad. Es á la 
sazón provisor de esta diócesi el licenciado Don Fausto 
Antonio de Astorquiza y Urrela , y dije con cuidado 
«á la sazón» , porque siendo la sabiduría y la pru- 
dencia la sal que todo lo sazona , posee una albón- 
diga entera de esta sal el señor provisor y vicario gene- 
ral Astorquiza. De no sé qué bombre de estatura corpu- 
lenta dijo no sé quién : Nonestin tanto corpore mica 
sa/¿s. El se guardarla bien de decirlo si bubiera cono- 
cido y tratado al señor Don Fausto, bombre de gran ta- 
maño, mídase por donde se midiere, en quien la sal, la 
prudencia , el sosiego , la espera , la sabiduría y la bom- 
bría de bien maciza, sólida y bien actuada, es por mi- 
gajas, sino por arrobas; porque el .Señor Provisor tiene 
una gran provisión de todos estos géneros. No está me- 
nos proveído de amor y de lealtad á nuestro monarca (al 
fin como guípuzcoano ramplón y de cuatro suelas ) ; con 
que estádicbo lo que respondería á la Diputación, ofre- 
ciendo, no solo las campanas de su jurisdicción, sino de- 
seando tenerlas en todas las torres del mundo para pro- 
clamar al Rey con las lenguas de todas ellas. 

Al señor Don Felipe de Solis y Gante, mariscal de 
campo en los ejércitos del Rey, gobernador de esta plaza 
y comandante general interino de todo el Reino, se le 
pasó también su carta de aviso y súplica , á fin de que 
mandase tener pronta toda la artillería para el dia de la 
proclamación ; porque la función babíade ser del amor, 
y como en lugar de voces se babian de gritar llamas, eran 
menester bocas de fuego. ¿A quién acudió la diputación 
por fuego para que la carta no diese lumbre, y la res- 
puesta no viniese centelleando? Al señor Don Felipe de 
Solis y Gante, cuya real sangre está birviendo fideli- 
dad y amor al Rey dentro de sus nobilísimas venas, aun 
por eso mismo es tan templado , tan pacato el exterior de 
este gran caballero, porque todo el calor está reconcen- 
trado en el corazón y obra hacia dentro. Hiérvele la san- 
gre, no le bulle; porque el bullicio no es hervor, sino 
llamarada ó bachillería del incendio ; y está siempre tan 
caliente, como quien tuvo por cuna y tieneporcasano 
mas que á la misma hoguera del sol. 

Regia Soi-is eral , nublimibus alia colnmms , 
Clara micante ntiro, flammasque imitante pyropo. 

Finalmente, no se omitió aviso alguno cortesano, de 



18 



OBRAS DEL PADRE JOSÉ FRANCISCO DE ISLA. 



iodos los quo practica la urbana pnnlualidad del Reino 
en .semojaiites ocasiones, y se hallan registrados en la 
liturgia , ó sea ceremonial de su cortesanía, así para an- 
ticipar el gozo á toda la nación navarra, previniéndola 
con la noticia del dia mayor que se celebra en sus fas- 
tos , como para que todos se dispusiesen á celebiar este 
dia y los tres siguientes, comoveráel curioso letor en 
el párrafo que sigue. 

§. Yin.- 

Dadas todas las providencias que pedia la atención , y 
resuelto también el convite general de todos los oficiales 
que actualmente se hallaban en esta plaza , como tam- 
bién de todos los caballeros que ilustran habitualmente 
y de asiento á la ciudad , sin omitir á los que por algún 
accidente se hallasen en ella á la sazón, se retiraron los 
Señores Diputados á sus casas , no á comer ni á descan- 
sar; porque su comidilla es saborearse en todo lo que 
sepa á amor al Rey, y su descanso es fatigarse gloriosa- 
mente en el servicio de su majestad. Retiráronse pues 
ádar las disposiciones correspondientes al lucimiento de 
cada uno, empeñados todos en deslucirse los unos á los 
otros, sin que por esta vez fuese la emulación envidia, 
sino noble competencia del gozo y de lealtad. No de otra 
manera que los planetas se desafían á brillos , sin que 
por eso se descomponga su armonía, y al cabo dentro de 
su órbita ó su esfera, cada cual lo luce hasta lo sumo. 

Era gusto ver á toda la ciudad puesta en bulliciosa 
ronmocion, luego que se publicó el dia señalado para la 
real aclamación. Pero sobre todo, las calles hervían en 
sastres, tan azorados ó tan azogados , que sus agujas pa- 
recían de marear, tocados ellos y ellas á la piedra imán. 
En lasbotigas y tiendas de mercaderes, andaba la vara 
por alto y por lo mas alto, pues dispensadas en el reino 
de Navarra, únicamente para esta precisa función , las 
rigurosas prudentísimas leyes que prohiben el uso de 
oro y plata en los vestidos, cuando llega esta lance se 
desquila bien la genial bizarría de la Nación, cuyo espí- 
ritu , inclinado en todo por natural propensión á lo mas 
ostentoso , á lo mas rico , sacrifica mil violencias en ob- 
sequio de la ley y del bien común. Por eso cuando aque- 
lla y este lo permiten , bízarrea de represa, y no repara 
en gastar en un solo dia tanto oro y tanta plata como 
puede bostezar el cerro del Potosí en algunos años. Asi 
pues, los mercaderes no se daban manos á medir oro 
tejido, plata hilvanada, y también no ya lluvia, sino 
chorreras de oro, en goteras que podían parecer canales; 
en íluecos, que se equivocaban con borlas ; en campa- 
nillas, que aun en las torres harían mucho bulto y mucho 
ruido ; y finalmente, en franjas y galones, que unidos 
después en los vestidos y en las galas, parecían brazos 
del mar Rojo , ó retazos de la eclíptica , dados al sol re- 
cientemente. En materia de precio, la boca del merca- 
der era la medida , y es de creer sin temeridad que níu- 
giuio se mostraría ni natural ni originario del puerto de 
Boca-chica. Pero ;, qué diputado reparaba entonces en 
eso? Ni ¿á (piién le podía parecer caro nada de lo que 
gastaba en obsequio de un rey carísimo, en cuyo amor 
todos y cada uno deseaban gastar toda el alma, hasta el 
último maravedí? 

Al mismo tiempo que los mercaderes y los sastres 
imitaban al movimiento continuo , no estaban mano so- 
bre mano los deinas oficiales. Los plateros enmendaban 



joyas y aderezaban aderezos; los cordoneros trabajaban 
en borlas de todos colores ; que parecía se iba á fundar 
alguna universidad con creación de doctores en todas 
facultades ; los bordadores, dicho se está, lo bordaban, 
y todo era hacer flores para batas de pistolas {tripa fun- 
f/as las llama el Lexicón de la caballería), y man tí lias para 
caballos con sus arranques de dengues; porque al fin 
no han parado las damas hasla que se han echado al cue- 
llo lo que los caballos se echan á las aucas ; los guarni- 
cioneros claveteaban sillas , bruñian frenos, afianzaban 
borrenes, ajustaban arzones, pulían pretales y cortaban 
cinchas. En los albéítares había una tinlimarra de todos 
los diantres, con tanta prisa á trabajar el calzado para los 
caballos que habían de servir en la función, que á la po- 
bre caballería que se desherraba en aquel tiempo, la ha- 
cían andar de casquis, y la d(!Jaban descalza de pié y pier- 
na, que era una compasión. Sobre todo, los que andaban 
mas afanados y mas hacendosos eran los muchachos que 
van de noche á la taberna con el jarro por vino para ce- 
nar. Ca sabida cosa es que estos son los precursores 
de todas las funciones, así ordinarias como extraordi- 
narias, anunciándolas con las coplíllas que cantan al 
sonsonete del jarro y del maravedí. Quevedo dice que 
al poeta de los picaros (así llama al que surte de siguidi- 
llas á los pillos y á las mozas de roza ) le habían de man- 
tener las ciudades y los pueblos, del erario público, por 
ser bienhechor del común; pues si la moza y el pillo que 
van por vino no tuvieran coplíllas que cantar, diverti- 
rían el miedo y el camino empinando el jarro. Pues es- 
tos y aquellas era de ver cómo andaban luego que se 
publicó el dia de la proclamación, aporreándose contra 
esas esquinas en busca de asonantes y de consonantes, 
buenos ó malos, para adelantarse al Reino y hacer ellos 
primero su proclamación, como es uso y costumbre. Va- 
rías síguídillasde las que arrojaban por la ventana de mi 
estudio los chillidos de los galopines, que es tradición se 
cantaron primero en la fuente de la Taconera y después 
en la de SantaCecilia, pude recoger en la memoria, y no 
dejaré de trasladarlas aquí aunque me sacaran un oju :, 

Veinte y cinco liniüncs 

Sobre una mesa ; 
Viva el rey Don Fernando 

Y la Portuguesa. 

Alentado del alma, 

Quit'reme nniclio ; 
Que es el rey Don Fernando 

Como un carbunclo. 

Cuando el sol se levanta , 

Cuando se pone , 
Dice el Rey : buenos dias, 

O buenas noches. 

Diz que el rey Don Fernando 

Casa en Navarra ; 
Y que el Reino lia mandado 

Leer las proclamas. 

1.a virgen del Camino 

Dijo a S.in Ferniin : 
Si Dios ([uiere , la Reina 

Luego ha de parir. 

El conde de Maceda 

Dios nos le guarde. 
Para que al Rey le pida 

Que nos ampare. 

Viva el rey Don Fernando 

Siglos de siglos ; 
Pero di'nos primero 

Cien Fernandicus. 



día (JIIANDE 

Ya no se usan guedejas 

En las Castillas ; 
Que las que ahora se usan 

Son Feínandinas. 

El ronde de Maccda 

Dijo á su mujer : 
Fo tengo do sor pariro 

Hasta serlo el líey. 

Así ?e divertia en Pamplona el hambre de la proelii- 
macion, liasta que amaneció linalmente el dia 21 de 
agosto, que, según lo que tardó en amanecer al gusto de 
la impaciencia navarra, pareció á algunos que el sol 
liabia despedido los caballos de su carroza, y se habia 
echado el tiro de un elefante, una tortuga, un pato y nn 
presumido; que son las cuatro cosas mas pesadas que 
se reconocen en todo lo descubierto. Pero al íin amane- 
ció ; bien que muchos no esperaron á que la aurora les 
corriese la cortina y les abriese las ventanas ; porque es 
fama que no se acostaron, celebrándola vigilia de tan 
grande solemnidad , según el antiguo ritual de las vigi- 
lias. Fué ver la alegre transformación de todas las gen- 
tes que se notó en las calles y en las plazas. El dia antes, 
como (ya se vé) duraba el luto en todo su rigor, no se 
veian mas que pendones de ánimas con pelucas, labares 
decapay espada, tumbas con tontillo, sombreros mor- 
ciélagos, y en los militares bandas negras con cabos de 
cresta de gallo. Hasta los semblantes parecian cenota- 
íios, y habia ojos de Aqui yace, que parecian troneras de 
panteón, cuidando las mujeres de traer pendientes de 
iVe recorJeris, y tal cual, en lugar de chorrera colgada 
al cuello, un (Jai Lazarum enhebrado en Paris. Pero 
luego que las calles de Pamplona se desayunaron con la 
clara de la yema del sol el susodicho dia 21 , no parece 
sino que hablan llovido aleluyas, que hablan navegado 
jilgueros, ruiseñores y canarios, y que habia habido 
algún antuvión ó diluvio de tamboriles y danzantes. Ve- 
rificóse á la letra el Rcgem cui omnia vivunt, venite ado- 
rcmus; solo que por aquel dia pareció conveniente qui- 
társele al oficio de difimtos y aplicarle al de los vivos, 
mudándolo de tono ; y aun no faltó quien dijo que el re- 
novabis faciem terrae se habia cortado en profecía para 
Pamplona en esta ocasión. Con efecto , los hombres mas 
maduros amanecieron verdes , los pasados, floridos , y 
hasta los de Valderoncal, que se hallaron por casualidad 
en esta corte, tuvieron sus pujos de petimetres, pues 
hubo roncales que se atrevió á echar medias de punto y 
zapatos con hebillas ; bien que después en el valle le hi- 
cieron abjurar de levi, obligándole á pedir perdón por 
el escándalo, y declarándose ante el fiel de fechos que 
no debia servir de ejemplar ni traerse á consecuencia. 
Notóse que en toda aquella mañana estuvieron desam- 
paradas y solas las fuentes de la Taconera y de Santa Ce- 
cilia, no concurriendo á ellas ninguna de las muchas sa- 
maritanasqiieordiuariamentelasrodeanconel pozador. 
Ignorábase el misterio, hasta que se supo que todas se 
habian prevenido el dia antecedente con la provisión de 
agua que habían menester para cocer la olla y para fregar, 
diciendo á sus amas que aquella mañana la necesitaban 
toda para el tocador. Y efectivamente, apenas rxírcma- 
ron (así se llama en Navarra al barrer, regar, limpiar las 
sillas y cid)rir las camas), cuando unas se retiraron á la 
cocina , otras á la solana , tal cual á un zaquizamí , y en 
fin, cada pobre adonde podía , y sacando un medio peine 
con los dientes ralos, y los mas, abiertos en brecha, tar- 



OK NAVARRA. 10 

daron tres buenas horas en componerle el jaque , atu- 
sándole con saliva y unto de sartén, á falta de otra man- 
teca. Pusiéronse todas las mejores cintas con que las 
habian regalado sus respectivos majos en la feria de San 
Fermín; echáronse la saya azul con ribete de seda blan- 
ca , y encima el delantal largo , cumplido y ajustado de 
laderas, listonoado á manera de terliz y teía de colcho- 
nes ; que es el pontifical entero con que salen á las fun- 
ciones recias, como procesiones, toros y carricadan- 
zas. Sí así se engalanaron las mozas de roza y damas de 
la cocina , por aquí podrá inferir el curioso lector cómo 
se prevendrían las de coturno elevado y tontillo de tim- 
bales ; que yo me canso de pintar, me duele la cabeza 
y no estoy para dibujos. Pero en todo caso me quedo 
riendo entre dientes del chasco que se llevan los penosos 
si esperaban ahora una pinturíllaquechillase. Mealegro 
de la burla, y de que se queden con la gana de llamarme 
pinta-monas. 

Dieron, según se cree, lados de la tarde del suso dicho 
día 21; y dije «según se cree», porque si efectivamente 
dieron ó no dieron , no lo podría con verdad atestiguar 
decidas, ni aunque fuese una audiencia entera de oi- 
dores. Fué el caso , que apenas amagó el reloj á darlas, 
cuando todo lo metieron á bidla las campanas de la cate- 
dral, las de las parroquias y las de todas las comunida- 
des , con tanto ruido y alboroto, que parecía sedición de 
metal, tempestad de bronce y huracán por la parle de 
arriba. No habia que pensar en piques ni repiques ; 
que eso les parecía cosa baja: dádolc ha que, siendo 
fiesta de proclamación, todo lo que no era andar á bando, 
era contrabando, y no era clamar, lo que no era desga- 
ñitarse hasta reventar. Empeñada cada una en que había 
de parecer mas loca cuanto mas la dieren de cuerda , y 
que habían de saber los valencianos que no tenían que 
venir á echar piernas á Pamplona con la lijereza de sus 
vueltas , pues hasta la pesadez del mismo bronce se las 
apostaba y se las excedía. Lástima es que estén ya de mol- 
de este par de seguidillas : 

La discreción admiro 

De las campanas , 
Que dan gusto y repiten 

Mil badajadas. 

Su alegría publican 

Festivos bronces : 
¿Quién dirá que obedecen 

A puros golpes? 

Si no, á fe mía que las había de encajar aquí, porque 
venían de perlas. Pero yo me guardaré de hacerlo, por- 
que no diga algún envidioso que este papel tiene mas de 
Hurtado que de Mendoza. 

A este tiempo se iban juntando en la Preciosa los se- 
ñores diputados del Reino, sus síndicos y secretario, con 
toda la nobleza y oficiales de la plaza (pie estaban con- 
vidados ; sin (|iie de los mieiid)ros que componen la Di- 
putación hid)iese fallado otro que el señor Don Manuel 
deEzpeleta, á quien no permitió asistir la destemplanza 
de su salud, que en aquella lárdese temióse complícase 
con mal de corazón, por lo mucho que dolía al de este 
caballero el verse im[)osibilitado de concurrir personal- 
mente al triunfo del amor y de la lealtad. Llamaba su 
desgracia y se quejaba altamente de sus males, sin caér- 
sele de la boca aiiiicllos aycs con que desahogaba los 
suyos el buen hijo de Priamo. 



20 



ORRAS DEL PADRE JOSÉ FRANCISrO DE ISEA. 



Sed me fata meo. el seehis cxiciale Lucaenue. 
llis mcrserc inalis : illa liaec monumenta reliquií. 



Los domas, conforme se dejaban ver en la callo, no se 
dejaban ver; porque, como para esto eran menester al- 
mas y ojos, ellos se llevaban Iras de sí los ojos y las almas 
detodcs cuantos los veían. Dispensada (como ya se dijo) 
para sola esta función la formalidad do la golilla, y per- 
mitido en ella solo el uso de las ricas telas, fluecos y ga- 
lones de oro y plata^ salieron todos de militar, cborreando 
plata, oro y diamantes por todas coyunturas. En los som- 
breros rizaban plumajes de todos colores , tan finos , tan 
sutiles y tan delicados, que parecían pensamientos de 
águilas ; y es fama que quedaron en cueros , despluma- 
dos y pelones, los pájaros mas exquisitos de la Asia y 
América. Y no por eso quiero decir que se vistieron de 
ajenas plumas ; porque todas eran suyas y muy suyas ; 
conque la fábula de la Corneja se podrá escabecbary 
conservarse para otra ocasión en que venga bien. Tam- 
bién rizaban todas sus cucardas encarnadas , divisa de 
la nación española , cuya lealtad siempre es de color de 
fuego ; y porque no se pensase que es fuego fatuo, exba- 
lacion ó llamarada, ni mucbo menos lo que en culto se 
llama /(is/bro, que es lo mismo que cuerpo luminoso sin 
fuego que le encienda, afianzaban las cucardas con sen- 
dos botones y rosetas de firmísimos y finísimos diaman- 
tes , para dar á entender que el fuego español es de casta 
de aquel fuego inextinguible con que dicen se encendió 
nua lámpara j mito al sepulcro dul serenísimo señor Don 
Palaule, príncipe de Arcadia, hijo del rey Don Evandro 
Primero ; otra en el del señor Máximo Olivio, ciudadano 
de Padua ; y la tercera en el de mi señora Doña Tuliola, 
bija muy querida del muy ilustre señor Don Marco Tulio 
Cicerón, cónsul de Roma. Esto del fucQO inextinguible 
seadicliocon grata licencia de Octavio Ferrari, de Paulo 
Aresio , obispo de Tortona, y de los demás que le con- 
tradicen, protestando contra todo fuego inextinguible, 
menos contra el del infierno. Como me concedan que 
tampoco se apaga nunca el del amor y fidelidad española 
á sus monarcas, por mí que echen un jarro de agua á 
tudos los demás. 

Pues, como íbamos diciendo, adema? del plumaje, 
de las cucardas y de los diamantes como el puño que bri- 
llaban en los sombreros, las vueltas, las camisolas y los 
corbatines, parecían cortados de la vía láctea, que es la 
parte mas delicada , mas bien tejida y mas blanda que 
se reconoce desde acá abajo en toda la riquísima y exten- 
dida tela del cielo. Y mas, que para confirmarse uno en 
esta opinión, so notó también que loscorbalines de mu- 
chos iban presos con estrellas menudicas , á manera de 
lasque brillan ó chispean en aquella famosa via. De lo 
restante del vestido no se hable, pues no parece sino que 
todos habían acudido á la tienda del sol por el mejor 
oro, á la botiga de la luna por la plata mas fina, á la 
lonja de la aurora por los mas vivos matices y colores. Y 
como todo esto caia en unos sugetos naturalmente bien 
dispuestos, airosos y projiorcionados, como lo son en la 
realidad todos los de la Diputación , pues aunque hace 
en el Reino tanta figura , ninguno es figurilla, daba un 
golpe de vista que se llevaba los ojos, y sacudía un por- 
razo de embeleso que se robaba las almas. Si no, ahí está 
el Señor Viígilio, que no me dejará mentir : 

Circum.ilnnt animac delira , laeviiquc frequcnlen: 
Kec vitlisse scmcl salís esl ; juval u'^que inoran. 



Esto quiere decir, para que no malpara alguna curio- 
sidad romancista : 

Por mirarlo se asomnban 
Los corazones al pecho, 

Y sin mas ni mas prcnilian 
Almas á diestro y siniestro. 

Embelesados los ojos, 
Repetían el empeño , 

Y cesaban de mirarlos , 
Por la porfía de verlos. 

Bienquisieran se parasen; 
Mas no logrando el intento. 
Ellos los dejaban ir, 
Pero iban tras ellos, ellos. 

Para entonces ya estaba la Señora Preciosa en traje de 
corte, como quien esperaba á la Señora Diputación para 
la visita de mayor respeto y de mayor cumplimiento de 
todas cuantas la hace al cabo de la vida. Servíale de tupé 
el magnífico dosel que está de asiento representando la 
majestad en aquella real pieza. La Derota era el estan- 
darte real que pendia ó colgaba debajo del mismo dosel; 
porque la Preciosa ni es ni será jainas devota de otros 
estandartes. Era este pendón de tafetán carmesí ; y aun- 
que hubiera sido de otro color , le hubiera mudado al 
entrar en aquella sala, porque hasta sus mismas paredes 
se le hubieran encendido. El flueco era de oro en la apa- 
riencia, y de fuego en la realidad. Descubríanse en él 
las armas de Navarra, cadenas y corona ; porque así tiene 
la corona de Fernando al reino de Navarra en dulcísi- 
mas prisiones, que no trocara por la mayor libertad. 
Vestía la sala la rica colgadura del Reino; esta pendia de 
la sala, y de la colgadura estaban colgados todos los que 
miraban. La faldaúd traje era una cumplidísima alfom- 
bra tejida de hermosas plantas; pero había una especie 
de competencia entre las que la pisaban y las que la en- 
tretejían; porque las primeras eran mas racionales, y 
las segundas presumían de mas vivas. No fallaban ú la 
gala de la ostentosisima pieza chorrera^, cintillos y bri- 
llantes en un escuadrón de láminas y espejos en pleni- 
lunio, que tenían también sus lunas, y así era una lo- 
cura lo que resplandecían. Despoblóse la ciudad á ver^ 
el adorno de la Preciosa, y al entrarenellacierto apren- 
diz de poeta, tropezó en la alfombra, y se le fueron los 
pies en esta 

DÉCIMA. 
¡ Bien haya el que te crió , 

Sala mil \cces preciosa! 

Digote que fué dichosa 

La madre que te parió. 

No habrá en todo el mundo, no, 

Mas que sea el mayor necio. 

Que no exclame con aprecio, 

Cuando te ve y te saluda: 

Eres preciosa desnuda ; 

Vestida, no tienes precio. 

Luego que entró la diputación del Reino en aquel mag- 
nífico teatro de la majestad, de la admiración y del res- 
peto , tomó con reverente despejo el real estandarte que 
estaba debajo del dosel el señor Don Agustín de Sarasa, 
á quien la misma Diputación había nombrado para enar- 
bülarle en aquella majestuosísima función. Salió el Reino 
de la sala con el noble, militar, lucido acompañamiento 
que había concurrido á cortejarle , no tanto llamado del 
atento convite con que la Diputación le había prevenido, 
cuanto impelidos lodos y cada uno de su iimala fideli- 
dad y amor á un rey, en cuya aclamación no había cora- 
zón, no había alma, que no quisiese tenor parte. Monta- 



DÍA GRANDE 

ron todos en los caballos que estaban iirevenidos y tan 
costusanientü enjaezados, que niuclios de ellos tascaban 
l)lata,nioid¡anoroy espumaban preciosidades líquidas, 
cubiertos, loscjiíe menos, con tapa-fiuidas y mantillas tan 
preciosamente bordadas, que al verlos dos damas mozas 
(hablo de estas damas de prima tonsura, que lo son en- 
tre dos luces y andan todavía en caderas), se dijeron 
nna á otra llenas de envidia: «Mujer, ¡quién fuera ca- 
baliü!)) Con efecto, basta los mismos brutos estaban tan 
orf,'u liosos viéndose tan engalonados, que agitando en 
continuo airoso movimiento el cuello y la cabeza hacia 
todas partes, parecia fogosidad, y era mirarse; aun hasta 
el perpetuo escarceo de los pies sonaba á bullicio, y en 
realidad no era masque inquietud y gana impaciente de 
lucirlo. Conocióse esto claramente en que apenas sin- 
tieron se acercaban los dueños, cuando comenzaron á 
enardecerse en relinchos tan festivos, que cuando me 
lo contaron , sin poderlo remediar se me vino á la me- 
moria lo que hicieron en semejante ocasión otros caba- 
llos de buena casta : 

Adventusque virum , frenúhisque ardescit aequorum 

Y si no estuviera tan de prisa, á pique estaba que les 
aplicase un par de hemistiquios y un verso entero, que 
no venían del todo mal : 

Fremit aequore tolo 

Insultans soiüpes , el pressis pugnathabenis. 
Híic oboersus , ethíic 

Pero ya estoy cansado y tengo gana de llegar al fin, 
diciendo que se adornó el paseo de esta manera : Prece- 
dían dos clarines á caballo , con libreas tan cuajadas de 
plata, que el paño parecia reliquia engastada, y la dra- 
gona se reducía poco mas ó menos á unos trozos de oro 
macizo cortados en figurado cordón. Hola, no quiero 
infernar mi alma ; esto es lo que á mí se me figura ; pero, 
como soy corto de vista, y de masa mas el resplandor 
de librea deslumhra, puede ser que sea otra cosa; con 
que, en todo caso, quédese la verdad en su lugar. Se- 
guíanse después los caballeros de la ciudad y los oficiales 
de la plaza en parejas, todas tan lucidas, tan iguales y 
tan armoniosas, que cada una parecíala mejor, y porcada 
cual decía la gente : Vaya, esta no tiene par. Los caba- 
llos se movían tan á compás, como si hubieran estudiado 
la solfa, y hubo quien dijo que cada uno era una capilla 
entera , porque tocaban armonías con los pies, cantaban 
recitados con los relinchos , y en las manos tenían cosas 
de maestros de capilla. El Reino iba donde le correspon- 
día , formando la primera pareja el licenciado Don Miguel 
de Sesma, sindico mas moderno, y e! secretario Don 
Pablo del Trell. El licenciado Sesma parecia un ginote 
de miñatura sobre un caballo de filigrana, y Don Pablo 
del Trell representaba alo vivo la jornada de San Pablo 
á Damasco, un poco antes de la caída, salva sea la in- 
tención, que no era buena en el tarsense,y no podía ser 
mejoren el Señor Secretario. Era la segunda pareja de la 
ilustrísíma comunidad la del señor Don José de Navas- 
cues Alfonso y del licenciado Don Joaíjuin Ferrer , sín- 
dico mas antiguo; y aunque el señor Don José descollaba 
tanto, que sin poderlo remediar su modestia, cunctisal- 
tior ibat, y le llevaba, á manera de decir, al licenciado 
Ferrer toda la cabeza , toto vértice sujmí est ; ¿ pero qué 
importa, si el Sindico iba tan bien montado que no pa- 
rece sino que el caballo era Prt?if/ecí«s, según le manejaba 
y le revolvía á todas manos? Inmediatos á estos camina- 



DE NAVARRA. 21 

ban los señores Don VicenteMutiloa y Don Antonio Ozca- 
riz, y ambos á porfía iban desmíutieudoel refrán que dice 
que «no hay hombro cuerdo á caballo», pues los dos se- 
guían la marcha con tanta cordura, que era un juicio; pero 
pormas que hicieron, no se la pudieron pegará loscabá- 
llos, los cuales, sin hacerse cargo de la lacionalidad de los 
ginetes, andaban por esas calles que parecían unos bru- 
tos. Cerraba todo el brillante escuadrón el señor Don 
Agustín de Sarasa con el real estandarte, y á sus lados 
los señores don Fray Malaquías Martínez y Don Fernando 
Javier Daoiz. El Señor Sarasa se había hecho cargo do 
que se habían de ir tras él principalmente los ojos de 
todo el auditorio, porque el pendón que empuñaba le 
hacia ser el primer papel de la función. Por eso tuvo 
gran cuidado deque no se llevase chasco la curiosidad, 
no obstante que también la dejó burlada porbuen cami- 
no , y es que encontró mucho mas de lo que pensaba , y 
aun de lo que podia imaginar. Como el oficio que iba á 
ejercitar era tan parecido al de Mercurio, embajador, 
nuncio y posta de los dioses, todo en una pieza, remedó 
muy al natural las señas mas expresivas de aquella dei- 
dad volante, y en todo caso calzó al sombrero alas, plu- 
mas, airones ó penachos (que lodo es uno), y esos de 
color de brasa, con que por lo que tenia de alas creyeron 
algunos que iba á levantar el estandarte del león español 
en el reino de las águilas ; y por lo que subía como fue- 
go, imaginaron otros que se elevaba á hacer la misma 
diligencia en la región de este elemento, si es que hay 
tal región ó tal esfera en todo el país de la naturaleza. Do 
mas á mas iba el sombrerillo nadando en un arroyuelo 
de oro que se presentaba alrededor, y no dirían sino 
que era una góndola negra engolfada en un brazo del 
mar Bermejo ; y la cucarda, que era de colorde sol hacía 
la mitad de la canícula, sin bablarpalabraestabagritan- 
do que era flámula , y en voz mas baja daba á entender á 
cualquiera que servia también de gallardete. Para ma- 
yor abundamiento se aseguraba la cucarda con un lazo ó 
roseta de diamantes, tan brilladores , que muchos em- 
peñados en mirarlos de hito en hito, se deslumhraron 
con el golpe de bizque reverberaba; y aumentado el 
resplandor con otra grande joya que llevaba al pecho, 
creyendo que aquel pobre caballero ardia en vivas lla- 
mas, no faltó quien comenzó ágrítar lleno de compa- 
sión, medio en verso y medio en prosa : 

Agua, agua ; 
Que se quema Sarasa : 

Venga , venga ; 
Que Sarasa se (lucma : 

Aprisa, aprisa; 
Que se vuelve ceniza. 

Vean ustedes por SU vida si tendría fuego el caballo 
que montaba, cuando le oprimía la espalda no menos 
que una hoguera, y si ponderó mucho el que dijo que 
respecto de aquel caballo el Flegra era un carámbano y 
el Etonte un palafrén garapiñado. 

Por eso la acémila que sostenía al reverendísímoabad 
de Lcyre ,daba bien á entender que estaba criada donde 
no se toleran fogosidades ni ardimientos ; porque á toda 
pasión encendida se la echa un jarro de agua. Parecióle 
sin duda á este reverendísimo señor, que algún peque- 
ñuelo se escandalizaría de ver á un monje cístercíenso 
en un caballo bien enjaezado, y quiso su religiosidad y 
su modestia hacer este cortejo á la flaqueza de los par- 
vulillos. Por lo demás bien sabía su reverendísima que 



22 OBRAS DEL PADRE JOSÉ FRANCISCO DE ISLA. 

no perdió nada su padre San Bernardo por haber mon- 
tado en cierta ocasión un generoso alazán ( si es que era 
de este color el caballo en que fué á visitar á su amigo el 
abad de Cluui ; que eso no lo dice la liisloria) ; por mas 
stiñas que iiabieudo andado todo el dia sobre el tal caba- 
llo, no ruparó cu los ricos aderezos que llevaba ; y esque 
el caballo y clginctc ambos iban fuera de si, aunque por 
distintos rumbos: el caballo fuera de sí de vanidad ge- 
nerosa, y el gincte fuera de si de humildad, de medita- 
ción profunda. Tampoco podia ignorar el señor abad de 
Leyre que su ínclita orden cisterciense, no embargan- 
te lo monástico, fué la matriz de las órdenes militares y 
de caballería de España; y si no que se lo vayan á pre- 
guntará Fray Raimundo, abad de Filero, y á Fray Diego 
Velazquez, monje en el mismo monasterio, que vis- 
tiendo la cota debajo de la cogulla , se ofrecieron al rey 
Don Sancho 111 de Castilla á tomar de su cuenta la de- 
fensa de Calatrava contra las invasiones sarracenas, 
dando principio al primer orden militar que se vio en las 
campañas españolas; con que, teniendo de profesión lo 
caballero , bien pudiera su señoría haber montado en un 
buen caballo , como un Bernardo; pero al fui no lo hizo 
por dar ese ejemplo mas á los que no se hallaban instrui- 
dos de estas noticias. Pero el señor Don Fernando Javier 
Daoiz, que era el otro colateral del real estandarte, y no 
tenia por qué gastar estos melindres de escrupulosidad, 
hizo que reparasen pocos en esta quínola ; porque llamó 
hacia sí las atenciones con tanto ahinco, que apénasdcjó 
libertad para emplearlas en otra parte. Iba, digámoslo 
así, navegando en golfos de oro, plata y pedrería; de 
s^uerte que bastad mismo espiritoso bruto que montaba , 
tenia un movimiento equívoco, dudándose si era nado ó 
escarceo, y así hubo sus disputas sobre si era caba- 
llo marino ó potro etéreo ; pero se decidió la cues- 
tión, conviniéndose en que pisaba bocas y pacia es- 
trellas. 

Comosoycristiano,quese me habían olvidado los nia- 
ceros , los cuales iban inmediatos á los clarines, con sus 
garamallas, gorras, y mazas de plata sobre los hombros, 
que se las apostaban á aquellos dos de sendas porras cla- 
veteadas, que guardaban la boca de cierta cueva donde 
estaba haciendo penitencia de sus mentiras un oráculo. 
Dirá alguno que no faltaban mazas en la relación, por- 
que su pesadez vale por muchas; pero vé aquí, primero 
lo he dicho yo, con que le he ahorrado el trabajo de en- 
cajarme esta mazada. Otro echará menos que no diga al- 
gún equivoquillo sobre las mazas de plata, como si di- 
jéramos que las mazas de esta materia , cuanto son mas 
pesadas, son mas llevaderas; pues á fe que no le he de 
dar gusto en decir esta insídsez. Finalmente, alguno 
pensará que las gorras se me escaparon por alto, y que 
no venía mal elconceplillo deque los maceres parecían 
bien, no obstante que se metieron de gorra. Yo no me 
pago de pensamientillos capigorrones, que se pueden 
pregonar «á cuatro cornados» , como algunas estampas 
en la solemne entrada de San Miguel de Celsis. Los que 
jmeentienden, me entienden, y losque no, encomiéu- 
jdense de todo corazón al Santo Ángel ; que no laper- 
Idcrán, 

Apenas se formó el paseo en esta conformidad, ha- 
liámlose ya en la calle toda la Diputación con su lucido 
acompañamiento, cuando el señor Don Agustín de Sa- 
rasa tremoló con gallardía el estandarte , y dando á la 



voz todo el esfuerzo con que le pudo socorrer sa grande 
aliento, gritólas palabras déla aclamación que acos- 
tumbra el ilustrisimo Reino : 

REAL, REAL, NAVARl'.A, POR EL REY 

DON FERNANDO SEGUNDO DE NAVARRA 

Y SEXTO DE CASTILLA 

(que DmS GUARDE MUCHOS A.ÑOS). 

Lo que respondieron á este soberano pregón, así los 
Señores Diputados, como todos los caballeros que com- 
ponían el magníüco cortejo, no se sabe á punto fijo; por- 
que ni la gritería y üdelísima algazara del innumerable 
gentío, á quien se le iba toda el alma por la boca ; ni el 
estrépito sonoro délas campanas, que tumultuaron en 
las torres, pareciendo alboroto lo que era alborozo nmy 
leal ; ni el horrísono estruendo de la artillería, que es- 
tuvo jugando horrores festivos todo el tiempo que duró 
la función, estremeciendo á la cuenta de Pamplona con 
alegrísimo perpetuo terremoto ; digo que todo este con- 
junto estrepitoso no dejó percibir con claridad lo que 
respondieron á la aclamación del Señor Sarasa sus no- 
bilísimos compañeros. Sábese, sí, que apenas articuló 
la última sílaba de su clamoroso pregón , cuando 

Clamorem excipiunl Socii ; fremitiique sequuntttr 
Dulcísono 

Y se cree , sobre buenos fundamentos , que á algunos 
les pareció poca expresión la de «Dios guarde», y que 
la enmendaron diciendo : «Dios eternice. Dios perpe- 
túe. Dios inmortalice , » concluyendo después para giuir- 
dar consecuencia, con clamar, en lugar «de muchos 
años , eternidades de eternidades, sin fines de sin fines, 
siglos de siglos. ))Y aun no debió de fallar quien creyó 
explicaría su amor con mayor elegancia, óá lómenos 
con mayor vehemencia, en latin, giítando : Per oinnia- 
sácenla saeculorum; porqire se oyó una gritería inter- 
minable úe Amenes, mas repetidos que los que suele 
jacarcaj' la música al fin de la Gloria en misas de prime- 
ra clase y días recios. Tengo gana de encajar un textecillo 
de la Sagrada Escritura, que me anda bullendo en la 
imaginación, y no sé cómo mullirme la cama. Pero ya, 
ya di en el mudo. Hasta los montes que guardan, que 
sitian ó que guarnecen á Pamplona (que todo esto hacen) 
dieron brincos de placer y saltos de alegría, bailando al 
son que les hacia el cañón de la plaza. Ahora viene el 
texto, que ni aunque le hubieran corlado para el asun- 
to : Montes exultaverunt ut arietes, et calles sicut agni 
ovium. Acabáramos con ello ; que ya salí del embarazo 
y se me cumplió el anlojo. 

Enderezóse el paseo á la plazuela de Palacio, cuyas 
paredes todavía estaban humeando con el fuego de es- 
fera superior que las pegó el excelentísimo virey conde 
de Maceda. Allí se repitió, ó por mejor decir, se conti- 
nuó la misma ceremonia de tremolar al estandarte y de 
proclamar al Rey con la fórmula sabida; aunque esto 
segundo solo se sabe por conjetura y porque asi lo cer- 
tificó el caballero diputado que cnarbolaba el pendón, 
pues por lo demás, ninguno podría percibir lo que vo- 
ceó, aunque fuese de casta de conejos, que dicen son 
los mas vivos oidores de todos los vivientes de acá abajo; 
y es que ya la muchedumbre liabia perdido el respeto al 
silencio, sin cstarmas en su mano nien su lengua, por- 
que se habían subido á esta los espíritus de amor á nues- 
tro amabilísimo Fernando, de los cuales está poseido. 



DÍA GRANDE DE NAVARRA. 



23 



todo buen esimñol, liaciéiuloseles muy familiares. Lo 
mismo suceiüüon las calles y sitios mas públicos ile la 
cinilad, donde apenas amagaba á abrir la boca el Señor 
Porta-estaiuiarte, cuando sele adelantaban abriendo las 
suyas los chicos, los grandes, los plebeyos, los nobles, 
' los seglares mas graves, los eclesiásticos mas circuns- 
pectos, los religiosos mas encogiilos, y lo que es mas, 
hasta las mismas damas, sin liaber una siquiera tan 
presumida de boca chica , que recelase rasgársela hasta 
la oreja por gritar viva Fernando; y como lograsen po- 
ner este su grito en el cielo, la daban por bien rasgada, 
y aun hacian después mucha vanidad de tener bocas de 
todo rasgo. Hubo dama moza que se expuso á perder 
una boda rica y de su gusto, solo porque echó á perder 
la boca, pues antes de la proclamación la llamaban Ma- 
damoisela Boqueta, y después no se la conocía por otro 
nombre que por el de Madama Bocalan. En fin, no es 
ponderación, sino verdad lisa y llana como la palma de 
la mano, que durante el paseo de la aclamación, todos 
estuvieron con la boca abierta , excepto las bocascalles, 
que esas no solo se notaron cerradas, sino tapiadas con 
tabiques racionales. Los sombreros, que se metieron á 
pájaros volando por el aire (que para estas ocasiones 
son las alas) ; las capas, que remedaron á la de Elias ; los 
pañuelos de todos colores, que escaramuzaban en los 
balcones, en las ventanas, en los tejados y hasta en las 
troneras de los campanarios, dieron al sol muchísima 
rabia, porque le estorbaron ver la función ; y aunque se 
empeñó en romperlos con todo el ejército de rayos con 
que sale á campaña por el mes de agosto, no pudo pe- 
netrarlos, y así se llevó un gran chasco, quedando mas 
encendido que unas brasas, de puro avergonzado. 

Concluido el paseo, que duró la mayor parte de la 
tarde, porque no hubo plaza, plazuela, calle, sitio, ni 
paraje decente de esta bien plantada ciudad y corte im- 
perial del reino de Navarra, donde no fuese aclamado 
el Rey, se apeó la Diputación con todo el acompaña- 
miento en el patio del arcedianato, y dirigiéndose á la 
Preciosa, colocó el Señor Sarasa el estandarte real de- 
bajo del dosel, de donde le había tomado; y volviéndose 
al acompañamiento con despejo cortesano, le hizo una 
discretísima arenga, en que celebró el honor, el aire, el 
garbo y el lucimiento con que todos habian concurrido 
al mayor desempeño de la majestuosa función. Pero tuvo 
gran cuidado en no deslizarse en expresión que sonase 
á acción de gracias; porque como tiene tan bien cono- 
cido el delicadísimo pundonor navarro, receló que se 
diese por agraviado de que se le agradeciesen como ob- 
sequio voluntario, las que en el lealísimo genial amor de 
la nación son demostraciones naturales y sin libertad. 
Sirvióse á todos los convidados un abundantísimo re- 
fresco de todo género de aguas compuestas, de dulces 
exquisitos, de bizcochos delicados, de vinos generosos, 
con tanta profusión, como lo acostumbra el Reino en 
todas sus funciones, sin (pie en esto quepa mas ponde- 
ración ; porque en hablándose de magniíicencia, de es- 
plendor, de generosidad y de bizarría , el reino de Na- 
varra siempre llega hasta lo sumo, y solo en estos lances 
rompe sus cadenas. 

Llegó la noche, pero eso quisiera ella; iba á entrarse 
muy de rebozo en Pamplona, para tener parte en la 
fiesta; mas fué conocida, y sin permitirla que descu- 
briese la cara , se quedó á buenas noches , porque la hi- 



cieron ir mas que de paso á otra parte. El caso fué, que 
aquella tarde no hubo tiempo entre dos luces, sino en- 
tre muchas, ponjue apenas el sol amagó á esconderse do 
corrido por la burla que le habian hecho, cuando para 
mayor befa suya, se empeñó toda la ciudad en hacerle 
ver claramente que no le habian menester para bendita 
la cosa, pues sabía fabricar olla unos solitos de faltri- 
quera tan lucidos y tan brillantes, que suplían con ven- 
tajas las ausencias y enfermedades del otro, el cual por 
ende no tenia que venirse á Pamplona á echar bocana- 
das de luz ni piernas de lucimiento; porque le meterían 
los rayos en el corral. Dicho y hecho : coronáronse las 
torres de planetas, apiñáronse constelaciones en las 
azoteas, asomábanse por los balcones y por las ventanas 
tantas inundaciones luminosas, que las calles parecían 
zodiacos, y un astrólogo juró sobre la fe de su telesco- 
pio, que las casas de los doce signos se alquilaban para 
morciélagos, buhos y lechuzas; porque se habian bajado 
á vivir á la corte de Navarra. En las calles , plazas y pla- 
zuelas ardian hogueras como paja, por señas, que re- 
voleteaban al rededor de ellas enjambres de mariposas 
racionales, que no se les daba un pito por quemarse, 
diciendo que, quemados por mil, quemados por mil y 
quinientos ; y es que al gritar viva Fernando, ardian to- 
dos en vivas llamas. En conclusión, áningimo le pasó 
por la imaginación que era de noche, ni tampoco lo po- 
I día conocer sino que lo adivinase; y asi, cuando se- 
hizo tiempo de tomar un bocado, nadie dijo, ni por des- 
I cuido, que iba á cenar, sino que iba á comer la sopa. Y 
I porque una pobre cocinera sacó á la mesa un poco de 
I ensalada, el amo, que no debía ser de los mas bien acon- 
¡ dicionados, se la tiró á los hocicos, diciéndola: «Bri- 
i bona, ¿quién pone escarola cruda á mediodía?» De lo 
¡ que se resintió tanto la moza, que luego se despidió de 
i la posada , aunque no la faltaban mas que dos dias y me- 
dio para cumplir el año. Dieron las doce de la noche, á 
tiempo que estaban en una tabei nilla de lo caro ciertos 
cofrades del jarro; tocaron á maitines en una comuni- 
dad religiosa, y dijo á sus camaradas el que parecía de 
inclinación masf/e huta : «Caballeros, jaque de aquí, 
que tocan á misa de doce. » En una palabra, cuando el 
sueño hizo su oficio, y tocó á dormir á los mas dispier- 
tos, todos se fueron á la cama en la buena fe de que iban 
á dormir la siesta, .y es tradición que solamente se des- 
nudaron los poltrones, y los que saben por experiencia 
que el acostarse á mediodía como á media noche, es el 
mejor remedio contra pulgas. Esto que se ha dicho de 
galas, luminarias, campanas, alborozo y universal re- 
gocijo, téngase por continuado ni mas ni menos en los 
tres dias siguientes al famoso día 21, y con esto no hay 
mas que decir. 

Ahora dicen los naturales que es uso y costumbre 
concluir este género de papeles con una canción rum- 
bosa, que se lleve los bigotes á toda admiración de mos- 
tacho y pelo en barba. ¿Pero no me dirán ustedes, por 
vida suya, qué podré yo decir (pobre de mi) de un rey 
á quien en jioco mas de dos meses y medio de reinado 
le han encajado ya tantos dichos, y aun tantos dichazos 
en versos buenos y malos, que solo por lo que ha tole- 
rado á los poetas, aunque no hubiera dado ni diese en 
adelante mas pruebas de su clemencia , tenia ya sobra- 
dos méritos para levantarse con el renombre de « Fer- 
nando el clementísimo, Fernando el benignísimo, Fer- 



24 



ODRAS DEL PADRE JOSÉ FRANCISCO DE ISLA. 



liando el pac'icnlísimo, FcinainJo el jobisimo?» iQué 
mal nos ha hecho im monarca que lodo es bondad , todo 
es amabilidad , todo es ternura, todo es coni|)asion do 
su afligido pueblo , todo amor de sus amanlísimos vasa- 
llos, que soto respira alivios, alienta consuelos, exhala 
clemencias y sueña piedades, para que le paguemos 
estas buenas obras que nos hace, con tantas perversas 
obras como se le lian dedicado^ en las cuales (á la reser- 
va de unas pocas) en Dios y en mi conciencia se podia 
perdonar la voluntad, por iiosufíirol mal entendimiento 
con que están fabricadas? ¿Ni á qué íin he de gastar el 
calor natural en canciones que su majestad no ha de oir 
ni ha de leer, cuando estará mejor empleado en recita- 
dos para que el Rey de los reyes le asista, le ilumine, le 
proteja, le haga feliz, y consuele á estos sus reinos con 
la sucesión que tanto desean y por que tanto suspiran 
todos sus fieles vasallos? Loque yo se decir es, que su 
majestad ha pedido oraciones, y no ha pedido sonetos ; 
ha mostrado mas devoción á las novenas que á las octa- 
vas; y meconsta con cierta ciencia, que estimara mas una 
rogativa, que un libro de á folio cargado de ritmas. Pues 
yo seria de parecer {salvo meliori) que diésemos á su 
piedad este buen gusto, á su devoción este consuelo, y á 
nuestra necesidad este importante alivio. Pero si toda- 
vía dan ustedes en la manía de que es menester acabar la 
relación según estilo, partamos la diferencia. Miren, 
aunque el rey Don Fernando ha ofrecido dar audiencia 
á todos los desvalidos, hasta ahora no sabemos que la 
haya ofrecido dar á los poetas, sin embargo de que no 



suelen ser los menos necesitados. Es naturalí.simo quo 
no tenga su majestad tiempo para eso. Otro rey Don Fer- 
nando hay en el cielo , el cual á la hora de esta se halla 
mas desocupado, y sé yo que oye de buena gana las re- 
presentaciones que le hacen, aunque sean en verso, 
con tal que los poetas las arrimen al amor de aquel único 
verdadero numen que calienta, y no del otro diosccillo 
por mal nombre, con cuya invocación, á lo sumo, solo 
se consigue el calor de un fuego fatuo. Es decir, con tal 
que puedan afirmar, sin achicar la voz y con toda la 
propiedad que significa el rigor de las palabras : 

EulDcus in iiobis, agilanle calesdmus illo. 

Con estas condiciones, el señor rey San Fernando se 
dejará obligar de un soneto, como un santo. Pues á 
Dios y á dicha, allá va por vía de invocación y á ma- 
nera de himno, que digamos, este 

SONETO. 

i Oh tú, Uey de aquel nombre cuyo agüero 
De tres en tres anuncia al mundo espantos ! 
Si es que va por los trescs el ser santos, 
Ya está en casa el segundo en lo lercero. 

Tú sacaste el adagio verdadero, 
«Que á los tres la vencida va ;» otros tantos 
Fernandos visten ya reales mantos; 
Bástete á ti la gloria áe primero. 

Tu piedad , tu valor quiere heredarte, 
Y tu virtud fecunda prodigiosa 
En nueve hijos, que al mundo dieron leyes. 

El ser conquistador lo deja aparte; 
Que hoy España , en dominios portentosa. 
No necesita reinos, sino reyes. 
Ltius Dea, 



CARTA 

de Don Leopoldo Jerónimo de Puíg, capellán del Rey en su real capilla de San Isidro de Madrid, adminis- 
trador del hospital real de Franceses, y antiguo diarista de España, á un navarro amigo suyo, residente y 
vecino de la ciudad de Pamplona. 



Amigo y señor : Yo no tengo la culpa de que la divina 
Providencia me haya hecho tan inútil, que solo pueda 
servir á mis amigos con buenos deseos : déme Dios los 
medios que de mi cuenta correrá el usar de ellos en be- 
neficio de todos mis favorecedores. Al señor DonN.de N., 
mi señor y su hermano, le he ofrecido mi persona, mi 
casa y mis cortos influjos para cuanto sea de su agrado ; 
pero este caballero, ó porque me conoce, ó porque no 
necesita de tan débiles apoyos, no quiere ni ha querido 
mandarme. Hoy he estado en su casa á besarle las ma- 
nos y á repetirle las protestas de mi buen afecto, y ha- 
cerle instancias sobre que no me niegue el gusto de ser- 
virle. 

Amigo, faltara yo gravemente contra la atención y la 
ainistad, si no diera á vuestra merced las mas expresivas y 
sincerasenhorabuenas, pues como individuotan amante 
de ese ilustrísimo y fidelísimo reino, le contemplo acree- 
dor á estas debidas demostraciones, por las que han prac- 
ticado enlagloriosaproclamacionquesehizo en esa ciu- 
dad de nuestro deseado y amabilísimo monarca Don 
Fernando el Sexto. Nadie podia dudar del amor que han 
manifestado siempre los navarros á sus reyes, (pie en la 
proclamación de nuestro idolatrado dueño corresponde- 
rían á la lealtad con que siempre han reconocido y servido 
ásns monarcas; pero tampoco le podia ocurrir á nadie 
que su celo apurase el ingenio todos los primores para 
sobresalir y distinguirse entre todos los reinos que com- 
poiicn esta dilatada monarquía, cuando lodos se compi- 



ten en manifestar el regocijo con que celebran al nuevo 
rey, como objeto de sus veneraciones y delicias, y co- 
mo particular beneficio que les ha concedido la divina 
clemencia. 

La apreciable noticia de este finísimo esmero es cierto 
que se debe, y la debe el Reino, al juicioso, al elocuente, 
al sazonado y festivo papel que se ha publicado estos 
días en esta corte con el titulo de Triunfo del amor y de 
la lealtad. Dia grande de Navarra en la festiva, pron- 
ta, gloriosa aclamación del serenísimo Católico rey Don 
Fernando. Dícese (y es cierto) que es su autor un sabio 
jesuíta que reside en esa ciudatl, y cuyos talentos se 
perciben con asombro en la cátedra y en el pulpito, ca- 
lidades (pie le han ad(iuirído las primeras estimaciones 
entre todos los buenos conocedores de todo ese culto 
país. El sin dudacorrcsponde agradecido al alto concepto 
con que todos le honran, pues en el expresado papel no 
hay frase, línea ó término, que no esté respirando ve- 
neración y cariño á su excelentísimo virey , y á todo el 
Reino en común y en particular. 

Luego que descubrí su autor, hice el concepto que 
debía de su excelente obra, por laagndeza y buen juicio 
conque me consta sabe manejarsu gran literatura; pero 
como su amistad y sus virtudes podían inducirme á alr 
guna preocupación, me previne antes de leerle con el 
olvido de todos los motivos que tengo para estimarle, y 
con la constante resolución de juzgar del mérito de la 
obra con la ingenuidad é indiferencia que me fuese po- 



DÍA GRANDE DE NAVARRA. 



2o 



sible. Dos veces leí este apreciable papel, y en ambas 
iidiniré la fuciliilaJ, propiedaily nervio del estilo, la ad- 
mirable disposición de todas sus partes y lasiiijíidar 
novedad de sus pensamientos. Finalmente me ratiliqué 
en que su ingenio es grande entre los que España cele- 
bra por grandes , y que su discernimiento y amenidad 
tiene poco que envidiar á las plumas mas felices de los 
pasados siglos. 

Sin embargo de este imparcial juicio en que me man- 
tengo , he oido decir, y no sin pesar mió , que hay en esa 
ciudad alguna división entre los dictámenes : unos, que 
haciendo justicia al mérito de esta ingeniosísima pro- 
ducción, la alaban y la aprecian basta lo sumo ; y otros, 
que negándose á las luces de que debieran valerse, la 
deprimen basta el mas iníimo desprecio , publicando 
que es una sátira mordaz y una insulsa invectiva con- 
tra ios navarros. 

Vuelvo á repetir que he sabido esto ; pero no he po- 
dido resolverme á creerlo, y cuando mas, me persuado á 
que sea un rumor esparcido por la ignorancia ó por la 
emulación; pues nunca sabré determinarme á creer 
que en un reino tan rico de ingenios, y en donde las 
leyes de buena literatura están en su vigor y fuerza, 
Iiaya quien no admire y alabe un papel tan elegante, 
chistoso y honrador de todos sus naturales. Una de las 
cosas que mas se admira en él, es el ingenioso y exqui- 
sito modo de elogiar á las personas que intervinieron en 
la función. 

Yo aseguro que si alguno califica seriamente de sá- 
tira á este escrito, será porque no conoce ni aun tiene 
confusa noción de loque es sátira, y que ignora la defini- 
ción de ella y sus especies. Porque yo ruego á vuestra mer- 
ced me diga áqué propósito un sugeto tan recomendable 
y estimado babia de escribir sátiras contra una nación á 
quien tanto ama y aprecia? Yo leconozxo, y si en algo me 
puede haber parecido prolija su ingenuidad, es en las 
reiteradas expresiones que me ha hecho en nuestra co- 
municación subre lo mucho que debe á todo ese pais. 
¡Qué traza por cierto de tener queja oculta ó resenti- 
miento particular, de que se desahogase con la bella oca- 
sión de escribir el regocijo público de los navarros en la 
proclamación de nuestro rey ! Pero demos que se fin- 
giese una queja sin motivo : ¿cómo es posible que expli- 
case su resentimiento tan groseramente un sugeto que 
es la misma ley de la urbanidad y de la moderación? Un 
sabio tan respetoso amante de su soberano, ¿habia de 
cometer el sacrilegio mas enorme contra el amor y ve- 
neración, abusando de los júbilos por su exaltación al 
trono, para explicar sus pasiones? ¿ElReino y sus indivi- 
duos no han coronado á este incomparable jesuíta con 
aplausos y declamaciones? ¿Pues cómo no reparan en 
que satirizan á sí mismos y á sus paisanos los que imagi- 
nan que un sugeto á cuyo favor está la opinión mas ven- 
tajosa, habia de incurrir en un crimen tan intempestivo 
y feo? Fuera de que ¿no se viene álos ojos, que un papel 
que en su género será acaso el modelo por donde se deben 
gobernar las ciudades que tuviesen el buen gusto de 
imprimir semejantes demostraciones con el mismo mo- 
tivo, quisiese su autor echará perder el original afeán- 
dole con un borrón tan negro, que él mismo ahuyen- 
tase las ideas de la imitación? ¿No seria esto trabajar 
el autor contra su propria gloria ? ¿Cómo es creíble que 
una persona de tan delicado j uicio se quisiese dar á co- 



nocer al público con un trajo tan odioso como el de la sá- 
tira, y que él mismo publicase su ingratitud en el mismo 
reino que tanto le aprecia? Pregunte vuestra merced á 
los mismos interesados, y á buen seguro que, como suge- 
tosde tan notoria circuns[)eccion é integridad , llevarán 
muy á mal que se presuma tal cosa de este escrito; porque 
si ellos mismos se resintiesen de él , era forzoso que con- 
fiasen poco de sus abonados procederes, y que temiesen 
que el Padre Isla intentaba 

Palíenles radere mores 

Doclus , el ingenuo culpam defiyere halo 

En Madrid ha parecido este papel tan bien , que para 
los pocos ejemplares que se han es|)arcido, hay mas lec- 
tores que letras. No he visto escrito que se solicite con 
mas ansia ni que en los pocos días de su publicación 
haya logrado mas aplausos. Antes que llegase á mis ma- 
nossupe queen casa de un ilustrisiniosenor del consejo 
y cámara de Castilla, cuya literatura y perspicacia es 
bien notoria, se habia leído con entera satisfacción de su 
ilustrísima y con general aplauso de los oyentes. Otras 
muchas personas á quienes conozco y venero por su eru- 
dición y buen gusto, á todos les be oido alabar esta obra, 
sin queá ninguno le haya ocurrido el extraño despropó- 
sito de que es sátira ; antes una de las particularidades 
que admiran en este escrito, es el nuevo modo de ala- 
bar á los sugetos sin ponderaciones ni inverosimilitudes, 
y la viveza con que presenta el carácter particular de 
cada uno de los que en él se nombran. 

Amigo, esto va muy largo, y fuera nunca acabar si 
bubieradedeterminarmeenparticularizartodaslas per- 
fecciones de esta obra. Pero aunque algo me alargue, 
no puedo acabar conmigo de decirá vuestra merced que 
la dedicatoria al excelentísimo Señor conde de Maceda 
está primorosamente discurrida y elocuentísimamento 
escrita, y que es una pieza, entre las muchas que he visto 
de esta especie, singular y consumada. No se puede elo- 
I giar con mas verdad á un héroe , ni se puede desempe- 
ñar con mas solidez, naturalidad y extrañeza el obse- 
quio de dedicarle esta obra. La enerjía y lo sublime do 
los pensamientos han de hacer agradable á su excelen- 
cia la demostración de ofrecerle este escrito, sin que su 
modestia se pueda quejar de los insultos de la lisonja;, 
porque, como tan amante de la verdad, es preciso quo; 
le agraden todas cuantas expresiones componen la de- 
dicatoria, sin embargo de aquella gran modestia que le 
hace mirar con enfado aun la sombra de este vicio. 

Vuestra merced perdone lo molesto de estacarla; que 
impelido del mérito de este escrito dejé correr la pUinia 
mas de lo que me propuse ; pero no me pesa, pues 
siendo vuestra merced tan verdadero amigo de su inge- 
nioso autor, no le habrán disgustado estas expresiones 
hijas de mi ingenuidad. Lo que importa es despreciar 
cuantas hablillas y mal fund.ulas criticas oiga contraía 
relación de la proclamación de Paui|)loua , pues no tie- 
nen otro origen que el de la presunción de los sernidoctos, 
el de la arrogancia de los ignorantes , el melindre de las 
damas y el melancólico humor de los envidiosos, linajes 
lodos de gentes enemigos irreconciliables de los acier- 
tos. Dios guarde á vuestra merced muchos años quede- 
seo. Madrid y noviembre 10 de 1740. — Resala mano 
de vuestra merced. — Su seguro amigo y capellán, Don 
Leopoldo Jerónimo de Ihiig. 

Nota. El sugeto á quien se escribió estacarla, luego 



26 



OBRAS DEL PADRE JOSÉ FRANCISCO DE ISLA. 



que la recibió , la comunicó á otro amigo suyo navarro, 
buen patriota , hombre de letras y muy amante ilel Rei- 
no. Este se quedó con ella , y por ahorrar el trabajo de 
copiarla , la da á luz paia desenííaño del vulgo de Pam- 
piuna. Dicesedel vulgode Pamplona, porque se sabe que 
de él lia salido y dentro de él ha quedado la poca piedad 
con que se ha tratado á un escrito y á un escritor beue- 
mérilo de toda la nación, y particularmente de esta ciu- 
dad, que con tanto aplauso y con lauto séquito ha dis- 
frutado sus grandes prendas de celo y de literatura, en 
pulpito, cátedra y perpetuo confesonario. Ciertamente 
no se creyera, si no se palpara, la poca merced que se ha 
hecho á un sugeto tan amable y tan respetable por todas 
sus circunstancias. Para que los émulos de nuestra na- 
ción no nos tengan á todos por vulgo, y para que entien- 
dan que sabemos conocer el mérito y reconocerle, se da 
á luz esta carta, protestando que todos los hombres en- 
tendidos, discretos y literatos, de que abunda Pamplona 
(á excepción de tal cual tenido de alguna impresión si- 
nicstia), son del mismo parecer que su juiciosísimo y 
discretísimo autor. Pudiéranse también dar á luz otras 
dos cartas de uno de los prelados mas sabios y mas gran- 
des en todas líneas que venera España, y también uno 
de los mayores y mas ilustres hijos que ha producido 
este reino fecundísimo, ambas del mismo idéntico con- 
cepto que la del diarista, las que ha visto y leído el que 
publícala presente, si la modestia del autor del papel 
de proclamación no se hubiera negado constantemente 
á permitir se sacase copia de las dos, contento con tul 
cual que se divulgó de la primera, lo que se hace mas 
sensible al escritor de esta carta , porque se sabe que el 
ilustrísimo prelado no se díó por ofendido de que se pu- 
blicase la otra. También se pudieran divulgar otras mu- 
chísimas cartas de los primeros hombres en letras y no- 
bleza del reino de Navarra, que conforman en todo con 
las que se citan, y con la que se estampa. 

CARTA del reverendísimo padre Maestro José Franscisco de Isla 
á Don Leopoldo Jerónimo de Puig, en acción de gracias de la 
que este escribió á un amigo suyo, residente y vecino de la 
ciudad de Pamplona. 

Muy señor mió y amigo: No me tendrá vuesa merced 
por tan zonzo ni por tan ingrato, que me suponga in- 
sensible á lo mucho que vuesa merced me favorece y me 
honra en su discreta juiciosísima carta de 10 de no- 
viembre próximo pasado, escrita á un amigo suyo resi- 
dente y vecino de esta ciudad, con el motivo del papel 
que dispuse á instancias de este ilustrísimo reino, en 
asunto de su real aclamación. Es bien cierto que ni di- 
cha carta se me dirigió ámí, como algunos quisieron 
suponer, ni mucho menos fué ella misma supuesta, 
como se les antojó soñar á mas de dos, sin advertir que 
.»;eria hasta donde pudiese llegarlaim[)rudenciay laosa- 
día, el atribuir una carta ungida á un autor público, no- 
torio y conocido en toda Es|)aña, especificando su nom- 
bre, sobrenombre, apellido, estado, ein[)leos y resi- 
dencia , que no siendo en el Mogol ni en la China , sino 
en la corte de Madrid, á los quince dias estaba averi- 
guado el embuste y la (iccion. No es menos cierto que 
tampoco tuve mas que una noticia confusa do dicha 
carta, hasta que se resolvió su impresión, y que esta so 
liizo sin dictamen ni consentimiento mió; porque no se 
me [lidió; cstaiulü muy asegurado el que la estampó que 



jamas se la daria; porque me conoce bien. Pero después 
que la vi impresa, confieso que no me pesó , para que 
viesen los que me liacian tan poca merced, que no todos 
eran de sn o[iinion , y que sentían muy de otra manera 
lo:i hombres que pued(!u hacer voto en la capital de nues- 
tra monarquía ; siendo así que no tienen tanta obligación 
á conocerme como estos mis favorecedores, á quienes 
ningún mal he hecho, y he deseado hacerles mucho 
bien. . 

En dicha carta habla vuesa merced como buen amigo 
mió y como mejor crítico. Como buen amigo , hace ex- 
cesiva merced á mi mérito personal, y si no se hicieran 
cargo de esto los que me tratan de cerca , ¿qué sé yo lo 
que pensarían de vuesa merced? Como nn-jor crítico, 
hace justicia á la obra, vindicándola de la injusta nota 
de salirica con que la calificaron los que oyen las voces 
sin entender los significados. Son concluyentes las razo- 
nes de congruencia que vuesa merced alega para con- 
vencer que no podía soñaryo en semejante depropósilo, 
sin haber perdido todo el uso de la racionalidad y sin 
iiaber renuncíadoá todo el pudor de la hombría de bien. 
Con igual evidencia pudiera vuesa merced demonstrar 
que está distantísimo el papel de este torpe carácter, 
explicando la definición de la sátira, discurriendo por 
sus divisiones, y haciendo un cotejo inductivo del papel 
por todas ellas. Pero hizo vuesa merced muy bien en 
ahorrar este ímprobo trabajo; porque páralos que lo 
entienden sería ocioso, para los que no lo quieren en- 
tender sería inútil, y para los que no son capaces de en- 
tenderlo seria tiempo perdido. 

Algimos oyeron decir que había un modo de satirizar 
alabando; y habiendo leido en el papel los grandes elo- 
gios que se hacen de la nación navarra y de sus indivi- 
duos , pareciéndoles á ellos mismos excesivos, sin mas 
exámengritaron á bulto y de montón : hétele, que esta es 
sátira laudatoria. No advirtieron, como vuesa merced 
nota con discreción, que á sí mismos se hacían poca 
merced ; porque si se resentían de esto , daban á enten- 
der que no merecían tanto. Tampoco quisieron reparar 
en el carácter de la obra, del cual son tan propios, ó por 
mejor decir, son tan necesarios los hipérboles, como los 
dijes y el aderezo lo son en una novia. Finalmente, si 
toda alabanza hiperbólica ha de pasar por sátira, es me- 
nester que se califiquen de sátiras casi todas las dedica- 
torias, casi todos los panegíricos y casi todas las piezas 
de elocuencia mas celebradas y mas dignas de celebrarse. 
Si esto es así , vamos claros; que han pagado á buen pre- 
cio sus dicterios los innumerables príncipes que han 
agradecido con crecidas pensiones anuales las dedicato- 
rias que se les han hecho. 

¿Sabe vuesa merced lo que ahora se me acuerda? 
Una especie chistosa que cuenta Lactancio (7/6. i , capi- 
tulo ^[) de los habitadores de Liiulo, en la isla de Rodas, 
Estos celebraban á Hércules con una solemne fiesta , en 
la cual le ofrecían grandes sacrificios ; pero no los acom- 
pañaban, como en otras celebridades, con himnos, cán- 
ticos ó motetes de alabanza ;síih) con maldiciones , con 
imprecaciones y con cuantas vaciedades se les venían á 
la boca. Non euphcmia {ut (iraeci vocant ) sed male- 
dictis et exccratione celcbrantur. Y era la gracia que, si 
á algimo por descuido se le soltaba alguna expresión que 
sonaseá elogio, al punto le reputaban por sacrilego, y era 
descartado de la fiesta como profanador del sacrificio : 



día grande 

Eaqtte pro violatis habent, si qiiamlo ínter solemnes 
ritus vel imprudenti alicui exciderit bonum verbum. 
Es imposible que nuiclios ile los que tratan de sátiras 
mis elofíios, no quisiesen que yo celebrase á Navarra 
como celebraban á Hércules los de Lindo. ¡Y este sí que 
seria lindo modo de celebrarla ! A lo menos es cierto que 
algunos me lian tenido por sacrilego, pues como á tal 
pasaron ádelatarnie, y muellísimos por profanador de 
la aclamación. De las mujeres moscovitas se refiere que 
se quejan de que sus maridos no las aman si no las apa- 
lean, y de las de cierto pueblo de este reino lie oído de- 
cir lo mismo. Tengo á lo primero por tabula y á lo se- 
gundo por zumba ; pero voy viendo que los que sienten 
ios elogios como si fueran dicterios, estarían muy cerca 
de agradecer los palos como si fuesen finezas. 

No sé si vendrá al caso otra noticia de Estrabon. Afir- 
ma que en la Etiopia liay unos negros bozales , tan ene- 
migos de la luz del sol, que luego que se descubre le 
saludan con improperios, siendo para ellos ardor intole- 
rable lo que para los demás racionales ilustración apaci- 
ble. Soli dicunt infensos esse, et detestar i , cúm euin 
cxoriri vident. No soy tan vano, que quiera comparar á 
mi papel con el sol ; pero tampoco soy tan liumilde, que 
deje de conocer tiene alguna claridad. Y cuando esta lia 
sido tan apacible para todos los forasteros que no son 
interesados, ¡que haya sido tan intolerable para muchí- 
simos naturales deUiemisferio que se ha pretendido ilus- 
trar! ¿Qué quiere vuesa merced que le diga sino que 
también debe haber algunos negros fuera de la Etiopia? 

Amigo mío, no es creíble, sino á los que lo hemos pal- 
pado y lo estamos palpando cada dia, hasta dónde ha 
llegado en algunos esta enemistad con la luz. Todo el 
golpe de ella, con que vuesa merced les dio en su bri- 
llantísima carta; todo el resplandor que han recibido en 
muchísimas, que me constase han escrito así de esa 
corte como de las principales ciudades de España, aun 
á aquellos mismos sugetosque, solicitando apoyo al dic- 
tamen de su pasión, tuvieron por respuesta desengaños; 
todo cuanto aquí se han esforzado á iluminarles los per- 
sonajes de mayor respeto y de mejor voto ; y lo que mas 
es, todas las grandes y públicas demonstraciones que 
acaba de hacer el ilustrísimo Reino, dando el testimonio 
mas auténtico y mas expresivo que se registra en sus ar- 
chivos, de la estimación que le han debido así el autor 
como el papel ; todo esto, respecto de muellísimos, solo 
ha servido de obstinarlos masen su ceguedad. Amant 
magis tenebras quám lucem , y han hecho ya capricho 
de la que al principio pudo ser preocupación. Son ciegos 
adredemente, con que no tienen cura. Lo mas gracioso 
es que son inumerables los que ladran, braman, sil- 
ban y rugen contra el papel, sin haberlo leído, no' mas 
que m fule Parentum, ó in fule Tertulistarum. Porque 
ha de saber vuesa merced que aquí hay tertulias como 
p;ija, y las hay de todas clases y precios. Preguntado 
un gramaliqíiillo, hijo de un zapatero remendón, dónde 
había oído cierta noticia , respondió muy sereno : « Se- 
ñor, anoche la dijeron en mi tertulia.» 

En estas tertulias de escalera á bajo se han dicho pre- 
ciosidades. Otros las llaman tertulias de la pinta , por- 
que en ellas se juntan los tertulios á jugar una pinta, es 
decir, una azumbrede vino, al quince y ala yema, al bur- 
roóá lamata-rata;pero siconcurren trcsó cuatroque sa- 
ben leer, ya sesuelejugaral truque. Créese que de estas 



DE NAVARRA. 27 

tertulias han salido (porque no se hace verisímil quo 
puedan salir de otra parte) los muchos coplones que an- 
dan por esta ciudad, y entre otros, unas que se llaman 
siyuidillas con la mayor propriedad del mundo. Eu 
ellas es lo menos lo necio, lo simple , lo majadero y lo 
mentecato, sin que el autor ó los autores (i)orque dicen 
que es obra de tres ingenios) puedan hombrear en lo 
poeta con aquellos niños gramáticos que en los sábados 
hacen coplas para la banda. Lo mas es lo sucio, lo puer- 
co, lo hediondo, lo torpe y lo desvergonzado; perdiendo 
el autor el respeto, no solo á mí persona (que eso sería 
poco perder), sino á mi carácter, á mi profesión, á mi 
estado, y perdiéndosele de camino á todos los señores 
diputados del Reino, de quienes habla con la mayor in- 
decencia. Estas coplillas se dedicaron á los horneros y 
á los dotrinos, para que las cantasen por las calles. Y con 
efecto , estos dignísimos Mecenates de tan insigue obra 
andan cantando dichas siguidillas por las esquinas y por 
las plazas, á vista , ciencia y paciencia de los que lo to- 
leran con grandísima cachaza. Admíraráse vuesa mer- 
ced de esto; pero no se admire; porque me quisieron 
[lersuadir (aunquenolocreo) que ha habido sugeto que 
anda con vara levantada, y ha hecho sacar varios trasla- 
dos de dichas siguidillas para su diversión y para rega- 
lar con ellas á sus amigos. No juzgue vuesa merced te- 
merariamente que esta inadvertencia se hubiese atri- 
buido á algún ministro togado: son muy serios, muy 
sabios y muy justificados todos los que componen los 
tribunales de este Supremo Consejo, para incurriren se- 
mejante bajeza. Como aquí hay diferentes jurisdiccio- 
nes , hay también varios géneros de varas. Tiénese por 
cierto que ni aun ha llegado á los oídos de los ministros 
la noticia de esta especie ; lo que se hace muy verisímil, 
por ser á horas muy intempestivas cuando se cantan es- 
tas coplillas. Es bien seguro que si hubieran llegado á 
entender esta insolencia, la hubieran castigado con todo 
el rigor que previene la ley 59 de las cortes de Estella en 
los años de 1724, 1725, 1726. Es dignísima esta ley de 
que vuesa merced esté instruido de ella, por los cristia- 
nos y prudentísimos términos en que está concebida; 
porque siendo también de la facultad, gustará vuesa 
merced de saber la piedad y la jiistiíicacion con que se 
discurre y con que se habla en el derecho municipal de 
Navarra. Entresacaré únicamente las palabras de la ley 
que hacen al caso presente. 

«Considerando cuan graves ofensas de Dios se come- 
ten en los cantares y palabras deshonestas que comun- 
mente llaman pullas... y mal ejemplo; los muchos in- 
convenientes que de estos actos resultan, y que espe- 
cialmente se perjudica la honestidad pública y buen 
crédito de muchas personas, á las cuales, ó se manifies- 
tan defectos secretos, ó por lo regular se les atribuyen 
muchos que no tienen, se tomaron varias providencias 
en las ordenanzas 4 y 5, tíf. 31 , lib. 3 de las Reales. 
Pero por la total negligencia que ha habido y hay en su 
ejecución, no solo no se ataja el daño, sino que ha cre- 
cido : con total libertad se usan pullas y cantares desho- 
nestos... de suerte que consideramos preciso nuevo 
mas elicaz remedio. Y pues este ha de ceder en servicio 
de Dios y ha de ser tan de la conveniencia pública , te- 
nemos por muy útil que seestablezca por ley lo conte- 
nido eu los capítulos siguientes. Primeramente, (|ue 
ninguna persona sea osada de decir ni cantar de dia ni 



28 



OBRAS DEL PADHE JOSÉ IKANCISCO DE ISLA. 



de noche palabras sucias y lascivas , que comunmente 
llaman pullas, ni oíros cantares que sean sucios y des- 
honestos, so pona do cien azotes y ilos años de destierro 
del puehio siendo plebeyo , de dos años de presidio sien- 
do hijodalgo... Ítem, que los alcaldes de los pueblos 
tengan obligación de solicitar de olicio la observancia de 
esta ley, procediendo á recibir iiifüiniacion y averiguar 
loscidpados, y contra estos á ejecutar dicbas penas; y 
si en esto audii vieren omisos, y sabiendo que se liacon 
travenidoáesta ley, no recibieren información ó no pro- 
cedieren contra los delincuentes al castigo, tengan de 
pena cien libras, y sea caso de residencia... ítem, que 
para que esta ley se guarde mas exactamente, y noticio- 
sos de su disposición los ofendidos, puedan dar cuenta 
á los alcaldes, publique todos los años esta ley dentro 
de quince dias después que losalcaldeá tomasen pose- 
sión de sus empleos.» 

Discurra vuesa merced á vista de una ley tan piado- 
sa, tan eficaz y tan terminante, si se hace verisímil que 
ningún magistrado de Pamplona tolerase tan pública y 
tan sacrilega infracción de ella, si hubiese llegado á sus 
oídos; y cuando las justicias ordinarias se diesen por 
desentendidas, si estaría ociosa la justa severidad de los 
ministros supremos. Así pues, tengo por impostura la 
que se quiso atribuir al magistrado en cuestión. Tam- 
bién se divulgó que se hacia voluntariamente autor de 
dichas siguidillas cierto sugeto de los mas conocidos de 
Navarra por su distinguido nacimiento, haciendo tanta 
vanidad de ser artífice de esta obra, que se saboreaba en 
ellos. ¿Pero quién ha de creer una calumnia tan infame 
de un liombredebieny de pudor? Cuando no le contu- 
viera lo que se debe á sí mismo por la honra que heredó 
de sus abuelos, cuando el santo temor de Dios no le re- 
primiera, le contendría sin duda el miedo déla justicia; 
porque la ley arriba citada con todos habla, «con plebe- 
yos y con hijosdalgo , aunque sean condes.» En vista de 
esto, por tan falsa tengo la segunda especie como lapri- 
«nera. Y mas cuando sé muy bien quiénes son los verda- 
deros autores de las honestísimas y cultísimas siguidi- 
llas, quiénes los que ofrecieron una peseta á cierto hor- 
nerilio para que las cantase, y quiénes los que las canta- 
ron á la guitarra en cierta parte. Pero todo esto losé para 
encomendarlo á Dios, para hacerlos todo el bien que 
pueda, salva conscientia , y no para otro efecto. 

iNo extrañe vuesa merced que la malignidad haya 
querido imponerá fodo género de gentes, buscando las 
mejores capas para abrigarse , cuando no para cubrirse. 
Ki aun los príncipes de la Iglesia, ni los próceresde ma- 
yor estatura, ni las comunidades del mayor respeto han 
estado exentas de que las levantasen torpísimas impos- 
turas. Uno de los mas sabios, mas discretos, mas cultos 
y mas celosos prelados de España, luego que leyó mi pa- 
pel, me escribió una carta gratulatoria con expresiones 
del mayor eucarecimieuto. Túvose nulicia de estacarla, 
porque de consentimiento del iliistrisimo autor obliga- 
ron las circunstancias á que se confiasen algunas copias 
de ella. No pudieron negarla los émulos ó los malignos. 
¿Pues qué liicierou? Para enervar la fuerza de una au- 
t jridad tan respetable, fingieron una vileza en el prelado, 
tan indigna de su carácter, como ajena de sus nobilísi- 
mas prendas de corazón y alma. Supieron torpísima- 
menle (pie al mismo tiempo que á mí me había escrito 
on términos tan honradores, elevando la obra bástalo 



sumo, había dirigido otra carta de significado muy con- 
trario á cierto respetable individuo de este veuerabílísi- 
niü iliistiisimo cabildo, y tuvieron avilantez para decír- 
selo así á uno de lüsdi[)utadüsdel Reino, á quien temo 
que se lo persuadieron. ¿No le parece á vuesa merced 
que lacaliiiuuiay el descaro subieron hasta donde pu- 
dieron subir? Fué preciso para desvanecer esta infame 
especie, exhibir otras cartas del mismo grande prelado, 
aun mas honoríficas y mas expresivas que la primera. 

No paró en esto el embuste y el empeño. Casi el mis- 
mo indecente procedimiento atribuyeron á un señorex- 
celentisimo, que por su casa y por las heroicas prendas 
que adornan su persona, es la veneración de todo este 
reino, siendo al mismo tiempo todo su corazón de la 
Compañía, y toda su dignación de mi humilde pequenez. 
Aun subió mas de punto la mentira. Para derribarde su 
I favorable concepto auno de los diputados del Reino mas 
i honradores del papel , le atacó derechamente un sugeto, 
I y después de haberle embocado cien calumniosas espe- 
j cíes con diabólica energía, le dijo por conclusión que 
i cierta gravísima comunidad religiosa se había juntado 
I capitularmente, y no sé si añadió queáson decampana; 
I que se había leído en ella mi papel , y que habiendo sido 
¡ condenado por voto de todos á la hoguera , se ejecutó la 
i terrible sentencia delante de toda la comunidad. ¿Qué 
juicio hace vuesa merced de una calumnia tan atroz? 
¿No era merecedor el sugeto que la forjó, de que la comu- 
nidad vulnerada se querellase altamente de su infamia, 
y que se le obligase á reparar el agravio, mandándole ha- 
cer pública restitución lionorable?¿ Y seiía creíble, no 
digo entre cristianos, sino entre racionales, este modo 
de hacerme la guerra y de agradecerme un papel que 
tanto ensalza á la Nación? Pues, amigo mío, no adelanto 
especie ni refiero hecho que no sea certísimo, omitien- 
do otros innumerables que no me permite expresar la 
decencia y el rubor. 

Esta deshecha tempestad de embustes y esta furiosa 
conjuración de calumnias, me pusieron en ladolorosa 
precisión de dar un paso que me costó muchísimo sacri- 
(icio. Viine obligado á comparecer como suplicanteante 
aquel mismo reino que debia esperar yo me buscase á 
mí, como agradecido. Aconsejáronme, instáronme, 
conjuráronme personas del mayor respeto y de mas con- 
sumada prudencia, que presentase un memorial á la Di- 
putación plena, congregada en su junta general de San 
Javier, quejándome modesta, pero eficazmente, de todo 
lo que padecía. Bien conocían los que me daban este 
consejo, que para la mayor parte de los diputados no era 
menester mas memorial que el de su mismo pundonor, 
para que volviesen con eficacia por su honor y por el mío. 
Pero como dentro de la misma Diputación bahía alguno 
ó algunos que estaban mal instruidos de todo lo que ha- 
bía pasado en la resolución y en la formación del papel, 
porque no habían asistido á las juntas donde se trató 
esta dependencia, y por otra parte se habían furiosa- 
mente impresionado de las falsedades que vertía la mu- 
chedumbre , juzgaron mis amigos por indispensable que 
dispusiese y que presentase este memorial. Al fin me 
rindieron sus fuertes continuadas baterías, y presenléá 
la Diputación el memorial que se sigue : 

«üustrísimo Señor. — Señor : José Francisco de Isla, 
de la comjiañia de Jesús , con la mas atenta y respetosa 
veneración, dice ; Que iiabiendo resuelto vuestra ilus- 



día (IRANDE 

tri^ima se diese á luz la pronla festiva aclamación del 
Rey (üiüs nos le guarde), pui lüs justos poderosos mo- 
tivüs que siempre animan sus acertadas resoluciones, 
en continuación de las notorias honras con que lia dis- 
tinguido su piedad al suplicante desde que tuvo la fortuna 
de poner los pies en este ilustrlsimo reino, determinó 
conliar á su insuficiencia el desempeño de su acuerdo. 
Y para que no faltase redoble alguno que liiciesc mas es- 
timable el honor de esta confianza, no se detuvo vuestra 
ilustrisima en la circunstancia de hallarme á la sazón 
ausente, antes determino que se esperase á*mi regreso, 
y dio comisión verbal al señor Don Fernando Daoiz, su 
dipntado, para que luego que tuviese noticia de mi res- 
titución áesta ciudad, me hiciese instancia en nombre 
de la Diputación para que me encargase de la disposi- 
ción del papel, previniéndole que en caso de excusarme 
no perdonase á medio alguno para rendirme, hasta im- 
plorar el asilo de mi inmediato superior. 

))Con efecto, al dia siguiente de mi arribo me buscó el 
Señor Diputado comisario, y me hizo presente con el 
celo , con la eficacia y con ladiscrecion que acostumbra, 
la nueva honra que me dispensaba la Diputación. Estí- 
mela sobre mi corazón, y correspondí á ella con todas 
las expresiones que me dictaba mi suma gratitud ; pero 
me excusé de aceptarla con el motivo, á mi parecer ro- 
busto y grande, de haberme negado á otra instancia en 
materia muy semejante que por el mes de julio me ha- 
bla hecho el excelentísimo virey conde de Maceda,sin 
haberme podido vencer, ni toda la eficacia de su repe- 
tido poderoso empeño, ni toda la representación de su 
autoridad suprema, ni (lo que es mas) todos los motivos 
personales de mi eterno reconocimiento á las singulares 
públicas demonstraciones de benevolencia conque me 
lionraba y me honrasu piadosa dignación : de manera 
que si este señor no poseyera nna alma tan grande, me 
hubiera arrojado con indignación de su estimabilísima 
gracia, en la que me conservó, porque se hizo cargo de 
los grandes y pundonorosos motivos en que se fundaba 
mi resistencia. Pero temía que se diese por ofendido y 
por desairado si en tan corta distancia ó interpolación de 
tiempo concedía á la interposición del ilustrísimo Reino 
lo que había negado á las reiteradas instancias de su ex- 
celencia. Esforzóse el Señor Diputado comisario á ha- 
cerme ver las grandes razones de diferencia que había 
en la substancia de los encargos, y que no subsistían en 
el de la Diputación los motivos que pudieron retraerme 
con indecible dolor mío de complacerá unseñoráquien 
tanto amo y venero. Aunque no dejaron de hacerme 
mucha fuerza las juiciosas discretas reflexiones del Se- 
fior Diputado comisario, no me convencieron del todo, 
ni fueron bastantes á desalojar enteramente de mi apre- 
hensión el recelo de que mi obsequiosa docilidad en obe- 
decer al Reino acordase al excelentísimo Virey algún 
nuevo motivo de resentimiento. A este miedo, no del 
todo imprudente, se añadía la justa desconfianza que 
tenia de mi mismo, no atreviendo ú prometerme que 
podría dar todo el lleno á la ideado la Diputación, porta 
visible escasez de materiales para disponer una obra que 
no fuese descarnada ni desmereciese la dedicación que 
se habia premeditado y resuelto para unos íincs tan ven- 
tajosos á la utilidad del Reino. 

» Por estas razones no pude acabar de resolverme en- 
teramente, y convenimos el Señor Diputado comisario y 



DE NAVARRA. 20 

yo que se las representaríamos ánii inmediato superior, 
y que si á este no le hacían fuerza, me rendiría á lo quo 
se me encomendaba , fiado en los milagros que suele 
hacer la obediencia. Desde luego se puso la cortesana 
atención de mi prelado de parte del ilnstrísimo Reino, y 
no juzgando suficientes mis alegatos, disfrazó urbana- 
mente su precepto en traje de ruego, que es el modo de 
hacerle mas eficaz : con que rendí mi juicio (que la vo- 
luntad bien rendida la tenia) y me dediqué desde aquel 
punto á trabajaren la obra con singular consuelo, expe- 
rimentando también algún extraordinario aliento. 

«Entregúeme totalmente á este cuidado, abandonando 
otros muchos de no pequeña importancia , y en veinte y 
un días logré ver escritos y estampados veinte y cuatro 
pliegos, tan á costa de mi salud, que en medio de la ta- 
rea me asaltó una furiosa calentura, que dio bastante 
cuidado á los principios, hasta que se conoció ser un 
violento efimeron. Luego que escribí los dos primeros 
pliegos , antes de darlos á la prensa, los remití á la cen- 
surado la ilustrisima Diputación, para que me mandase 
advertir lo que se la ofreciese sobre ellos en orden á la 
substancia, estilo, método, carácter y todo lo demás que 
la ocurriese acerca de ellos y de la continuación déla 
obra. Dovolviéronseme dichos pliegos después de ha- 
berse leído, parte en la junta que se celebró con el mo- 
tivo de la última fiesta que hizo el Reino en el mes de 
septiembre, y parte por los Señores Diputados en sus ca- 
sas, haciéndome la honra de elogiarlos y de prevenirme 
que prosiguiese en el mismo estilo, aire y método, sin 
detenerme en la prolijidad de remitirlos álaDíputacion, 
porque esta hacia entera y total satisfacción de mis ta- 
lentos, fiando de ellos que saldría la obra con toda la de- 
cencia y gala correspondiente ; y por otra parte se aven- 
tajaba la gracia de la brevedad , que suele ser la principal 
en semejantes escritos. Esta nueva confianza me empeñó 
mas en desconfiar de mí mismo, y así no di pliego alguno 
á la estampa, sin que pasase primero por el severo exa- 
men v por la escrupulosa corrección de los Padres Pedro 
luurre y Pedro Salcedo, sugetos ambos de la literatura, 
prudencia, circunspección y discernimiento que no 
ignora vuestra ilustrisima. No contento con la aproba- 
ción de estosdos hombres, verdaderamente graves, doc- 
tos y prudentes, fui comunicando los pliegos ya manus- 
critos y ya impresos que iba trabajando, á todos los 
señores diputadosque ine honraron por aquel tiempo en 
mi aposento, como fueron los señores Don Fernando 
Daoiz , Don Vicente Mutiloa , Don Antonio Ozcariz y 
Don José Navascues , los cuales todos vieron los elogios 
comunes y particulares que tenia prevenidos para la Di- 
putación, sin que á ninguno de ellos se le hubiese ofre- 
cido el mas leve escrúpulo, duda ó reparo que prevenir- 
me, sino aquellas expresiones que á cada uno le diciaba 
la modestia sobre el elogio particular correspondiente á 
su persona, las que (claro está) no me debían hacer 
fuerza, por la regla general de que ninguno es buen 
juez en su causa propia. Por lo demás, todos alabaron el 
método, el estilo, la propriedad, la inventiva, y sobre 
todo, la obsequiosa urbanidad de la obra, así respecto 
de todo el Remo, como de cuantos individuos suyos iban 
saliendo al teatro del papel. 

«Estas diligencias parece que pudieran sosegar á cual- 
quiera otro genio no tan escrupuloso ó menos descon- 
fiado que el inio ; pero este no se dio por satisfecho coa 



30 



OHRAS DEL PADRE JOSÉ FRANCISCO DE ISLA. 



ellas , pnrcciéndome que los defectos de una obra se ha- 
cen mas visibles cuando se registra el tddo, que consi- 
derándola á trozos y por partes; luego que estuvo im- 
preso el cuerpo del papel, pasé á Eliges, donde se iiallaba 
el señor Don Vicente Mutiloa, por ser el únicodiputado 
que á la sazón estaba inmediato á esta ca[)ital : llevóle 
todos los pliegos, registrólos muy despacio, con aquella 
madurez que es propriadesu buen juicio, y noencontró 
cláusula, expresión ó silaba que no respirase atención, 
respeto, estimación, cortesanía y gracia, con un visible 
empeño de obsequiar á la nación navarra y á todos los 
particulares que se citaban en la obra. 

«¿Juzgará vuestra ilustrísima que me aquieté con este 
último paso? Pues no fué así. Receloso siempre de que 
los Señores Diputados, ó por la parte que tenían en el es- 
crito, ó por la inclinación que profesaban al autor, no 
tuviesen todaaquella indiferenciaque era menester para 
liacer juicio desapasionado de la obra, y temeroso de que 
los dos jesuítas revisores no padeciesen también las mis- 
mas excepciones, comuniqué confiadamente y bajo un 
inviolable sigilo todo el cuerpo del papel con un ministro 
togado, sabio, culto, erudito, discreto, versado en todo 
género de letras, y sobre todo hijo amantísimo del Rei- 
no. Conjúrele por todos los respetos de la amistad , de la 
ingenuidad y de la confianza, que leyese con atención 
imparcial, justa y censoria aquellos pliegos, y que me 
<lijese con franqueza y con sinceridad su sentir, en la 
inteligencia de que me arreglarla ciegamente á su cor- 
rección, notas y reparos, pues con este fin habia suspen- 
dido la disposición del prólogo, en el cual se podía excu- 
sar, prevenir y declarar todo loque pareciese necesario. 
"Veinte y cuatro horas tuvo en su poder los pliegos este 
sabio togado, y al cabo de ellas me los restituyo él mis- 
mo, diciéndome que habiéndolos leido y releído con la 
mayor imparcialidad , no habia encontrado expresión, 
íq)ice ni tilde que debiese mudarse ó explicarse, pues 
todas bien entendidas, exhalaban un elogio sublime del 
iluslrisimoReinoyde cuantos individuos suyos se men- 
cionaban en él , concluyendo que el autor de aquel es- 
crito era benemérito de toda la Nación. Con esto me re- 
solví á divulgarlo, pareciéndome que había apurado 
todas cuantas diligencias se pueden pedir á la prudencia 
humana para asegurar el acierto. 

«Esta es, señor, la historia verídica, puntiuil y exacta 
del desgraciado papel cuya disposición me encargó 
vuestra ilustrísima. Los principales hechos que refiero 
tienen por testigos á la mayor parte de los señores dipu- 
tados , y podrá dar testimonio de ellos el secretario del 
Reino. De los otros que expongo podrán deponer los su- 
getos que cito, pues todos ellos están vivos, sanos y á 
la vista, y con lodo eso ha corrido tan poca fortuna al ex- 
presado papel en la ciudad de Pamplona, que apenas pu- 
diera creerse si no se hubiera palpado. 
[ «Al escrito y al escritor se les iia despedazado con las 
' mas sangrientas crueles invectivas. Cuando los primeros 
hombres literatos de la Monarquía, en Madrid, Sala- 
manca , Valladolid, Zaragoza, Burgos y otras partes 
donde ha llegado el papel , se han esmeradoen ensalzarle 
con los elogios mas encarecidos ; cuando los personajes 
mas distinguidos del reino de Navarra por su nacimien- 
to, por su dignidad, por su sabiduría, por su discreción, 
ó por todo junto, han apurado á la elocuencia todas las 
frases para explicar el sublime concepto que forman de 



esta obra ; unos calificándola de «única en su especie y 
solo conqiarable con tal cual de las mas celebradas que 
ha visto España en este siglo» ; otros de « la mayor que 
han leido en el género«; otros de «original y molde de 
lodas cuantas hubieren de salirdelamisma clase» ; otros 
del «elogio mas delicado, mas fino y mas elevado que se 
pudiera discurrir del reino de Navarra y de sus indivi- 
duos» ; otros de « una pieza que dejará eternizada en el 
mundo la aclamación del iiustrisimo Reino en el año 
de 40 ; valiendo ella sola todos cuantos gastos han hecho 
las ciudades*de la Monarquía, que han empobrecido sus 
erarios por obstentarsu amor y su lealtad»; otros, en 
íín, de « un escrito que hace caer las plumas de las ma- 
nos, y abate las del corazón á todos los que están traba- 
jando en otros semejantes». Digo, señor, que cuando 
las plumas y las lenguas , así regnícolas como forasteras 
y que están fuera de Pamplona , se desangraban en estos 
y otros ¡numerables encarecimientos, las lenguas y aun 
las plumas de esta ciudad se han ensangrentado impia- 
meiite contra el autor y contra la obra. 

«Ellas la han tratado de «mordaz, satírica, injuriosa 
y denigrativa de toda la Nación y de sus respetables in- 
dividuos»; ellas han fulminado contra el papel la terri- 
ble sentencia de «que debe ser quemado en la plaza pú- 
blica por mano del verdugo» ; y contra el autor «que 
debe ser desterrado in perpetuum de todo el Reino», 
adelantándose algunos á divulgar «que efectivamente 
le habia venido ya de su respectivo prelado la sentencia 
del destierro». Me han asegurado que con efecto se ha 
escrito á dicho prelado mió, pintándome con los colores 
mas feos y dando á las expresiones de mi papel las inter- 
pretaciones mas exóticas, mas extravagantes y mas vio- 
lentas. Por consecuencia natural de esta rigurosa cen- 
sura, se me ha representado á mí con el carácter del 
hombre mas indecente, mas indigno, mas torpe y mas 
ingrato que ha entrado en el reino de Navarra, Y á la ver- 
dad , si el papel fuera tal cual le ha querido entender la 
malignidad ó la ignorancia, aun eran cortos eslosepítelos 
para expresar mi torpeza. En fin, habiéndole visto, antes 
de divulgarse, los Señores Diputados y los demás graves 
sugetos que llevo mencionados, recae necesariamente 
sobre todos ellos la nota de ser unos liombí es ignoran- 
tes, necios , estú[)idos y destituidos del sentido común, 
pues no advirtieron las nulidades tan feas y tan de bulto 
que manchan al expresado papel. 

» Por todo lo cual me ha de permitir vuestra ilustrí- 
sima que le diga confiadamente ; exsurge Domine, et 
jiidica causam tuam', levántese, señor, vuestra ilustrí- 
sima , y vuelva por su honor y por el mío . tan vulnerado 
está el uno como el otro: en este asunto son imprescin- 
dibles los ultrajes. No puede permitir vuestra ilustrísima 
que sea este el premio de mi amor, de mi obsequio, de 
mi rendimiento y del doble sacrificio que le hice, Expú- 
some, por respeto de vuestra ilustrísima, á perderla 
gracia de un virey á quien tanto amo ; expúseme á per- 
der la salud, que debo apreciar algo : no querrá vuestra 
ilustrísima que me exponga también á perder la honra, 
que debo apreciar mas que todo. A cuenta de vuestra 
ilustrísima correrá el volver eficazmente por ella. Así 
lo espero de su magnanimidad, así lo pido á su justifi- 
cación ; pues esto, que en otros términos sería pura gra- 
cia, en los presentes es de rigurosa justicia. — Iiustri- 
simo señor. — JHS. — Josef Francisco de Isla.yy 



día glande 

Este memorial proiUijo lodo el efecto que se podia y 
se uebia esperar de unos oaballeíos diputados tan no- 
bles, tan pundonorosos , tan racionales y tan justilica- 
dos. Ailaineiite condolidos y generosamente niortiüca- 
dos de lo que yo liabia ¡ladecido por complacerlos , por 
servirlos y por obsequiarlos, resolvieron dar un público 
testimonio, asi de su fjrau dolor, como de la grande es- 
timación que iiacian del papel y del autor que le dispu- 
so. A este lin determinaron enviar un diputado al padre 
rector de este colegio, dándole las gracias con expresio- 
nes del mayor reconocimiento por lo que se liabia inte- 
resado en reducirme á que dispusiese el papel, mani- 
festándole la grande aprobación con que le liabia recibido 
el Reino, y expresándole el grave dolor con que liabia lle- 
gado á entender las malignas especies que liabian espar- 
cido algunos naturales suyos, perdiendo el respeto al 
Reino mismo. Vinieron á congratularse y al mismo tiem- 
po á condolerse conmigo todos los diputados, á excep- 
ción dedos, que no lo tendrian por preciso. Y en fin, 
no contenta la Diputación con estas demostraciones, 
acordó ecliar el sello á todas ellas, escribiendo al padre 
provincialdeestaprovinciadeCastilla lacarta siguiente: 

«Reverendísimo Padre. — Muy señor mió : Con motivo 
-de la exaltación al trono del Rey nuestro señor (Dios le 
■guarde), determiné dar al público la real proclamación 
del dia 21 de agosto de este año, para que llegase á noti- 
cia de todos, los esmeros de mi innata fidelidad en obse- 
quio de su Magestad ; y atendiendo á mi desempeño en- 
cargué esta obra al reverendísimo Padre José Francisco 
de Isla, quien, después de muclias excusaciones con 
mucho fundamento, se venció últimamente, mediante 
la interposición de su prelado inmediato, que también 
se dedicó á favorecerme; y no obstante de haber des- 
empeñado con la mayor satisfacción toda mi confianza, 
como lo acreditan los elogios que han dado á este papel 
todos los eruditos que le han visto, en las aprobaciones 
que de él han hecho luego que ha llegado á sus manos, 
asi naturales mios como extraños, he sabido con muciio 
dolor mió, que algunos, poseídos de los afectos que por 
decencia callo, se han propasado á denigrar dicha obra 
con expresiones tan poco decorosas á dicho reverendo 
padre y á mi respeto, que atendiendo al cumplimiento 
de mi obligación y á indemnizar á este reverendísimo 



DE NAVARRA. 



:u 



de toda mancha, para que se reintegre en los honores 
que por sus relevantes prendas merece, he acordado 
asegurar á vuestra reverendísima , como lo ejecuto, que 
dicha obra corre con el mayoraprecio y estimación mía. 
Y que si á manos de vuestra reverendísima hubiere lle- 
gadoalgunode estos siniestros informes, se sirva des- 
preciarlo, dándose mil enhorabuenas de que la ilustre 
religión de la Compañía tenga siigeto de tan conocido 
desempeño, y repitiéndomelas yo por loque siempre 
intereso, asegurando á vuestra reverendísima de mi 
fina voluntad y afecto , pido con el mismo á Dios guarde 
á vuestra reverendísima muchos años, como deseo. 
Pamplona y diciembre 6 de 1746. — La diputación de 
este reino de Navarra; y en su nombre, Malaquias 
Martinez , abad de Leire , Don Agustin de Sarasa; 
Don Fernando Javier Daoiz. Con su acuerdo, Don 
Pablo del Trell. — Reverendísimo Padre Diego de To- 
bar, provincial de la compañía de Jesús.» 

Estas son las demonstraciones que hizo la ilustrísima 
diputación que representa al reino de Navarra, en des- 
agravio suyo y mío, Reliéroselas á vuesa merced , así 
por la gran parte que me consta ha tenido su autorizado 
voto, para que estos señores se confirmasen en su pri- 
mer dictamen , como para que no piense que una dipu- 
tación tan pundonorosa podía mirar con insensibilidad 
ó con indiferencia lo que publicaba la vulgaridad de al- 
gunos nacionales, con escándalo de toda España. Habíase 
divulgado en algunas ciudades de este reino, que la Di- 
putación se había quejado de mí á mis superiores; que 
el consejo supremo de Navarra también había interesado 
su autoridad en mi castigo; y en fin, que todos habian 
conspirado ó convenido en mi destierro. Con efecto, 
buho muchas porfías y aun apuestas, así dentro como 
fuera de Pamplona, sobre que yo saldría presto á cum- 
plir esta sentencia, adelantándose algunos á asegurar 
que ya había salido. Por si acaso han llegado allá estas 
voces, podrá vuesa merced desvanecerlas con la ver- 
dad de esta relación, que ya me tiene cansado. Y con 
esto, á Dios, que guarde á vuesa merced muchos años. 
Pamplona y diciembre 16 de 1716. — Besa la mano de 
vuesa merced su seguro amigo, servidor y capellán. — 
JHS. — José Francisco de Isla. — Señor Don Leopoldo 
Jerónimo Puig. 



tlN DCI. DÍA CKANDK DE 5AVARKA, 



I 



IIISTORU DEL FAMOSO PREDICADOR 

FRAY GERUNDIO DE CAMPAZAS, 

alias ZOTES. 

Escrita por el licenciado Don Francisco Lobon de Salazar, presbítero, beneficiado de preste en las villas de 
Aguilar y de Villagarcia de Campos , cura en la parroquial de San Pedro de esta , y opositor á cátedras en 
la universidad de la ciudad de Valladolid; quien la dedica al público. — TOMO PRIMEKO, 



AL PUBLICO. 



Poderosísimo Señor : 

Cox efectOj no le ha habido desde Adán acá mas poderoso que usted , ni le habrá hasta el fin 
de todos los siglos. ¿Quién trastornó toda la faz de la tierra, de modo que á vuelta de pocas 
generaciones apenas la conoceria la madre que la parió? Usted. ¿Quién fundó las monarquías 
y los imperios? Usted. ¿Quién los arruinó después, ó los trasladó adonde le dio la gana? Us- 
ted. ¿Quién introdujo en el mundo la distinción de clases y jerarquías? Usted. ¿Quién las con- 
serva donde le parece, y las confunde donde se le antoja? Usted. Malo es que á usted se le 
ponga una cosa en la cabeza; que solamente el Todopoderoso la podrá embarazar. 

Y si del poder de las manos hacemos tránsito al del juicio, del dictamen y de la razón, ¿dón- 
de le hay ni le ha habido mas despótico ni absoluto? Sabida cosa es que, después del derecho 
divino y del natural , el derecho de usted , que es el de las gentes , es el mas respetado y obe- 
decido en todo el mundo : esto aun en caso de que el derecho de las gentes y el natural sean 
distintos ; controversia en que no quiero embarazarme, porque para mi asunto importa un ble- 
do. Lo cierto es, que una vez que usted mande, resuelva, decrete y determine alguna cosa, 
es preciso que todos le obedezcan; porque, como usted es todos, y todos son usted, es nece- 
sario que todos hagan aquello que todos quieren hacer. No se me señalará otro legislador mas 
respetado. 

Parecióle á usted ser conveniente que se llamasen sabios los que sabían ciertas materias ; que 
fuesen tenidos por ignorantes los que las ignoraban, aunque supiesen otras artes quizá mas 
útiles, ó á lo menos tanto, para la vida humana. Pues salióse usted con ello. En todo el mundo 
el teólogo, el canonista, el legista, el filósofo, el médico, el matemático, el crítico, en una 
palabra, el hombre de letras, es tenido por sabio ; y el labrador, el carpintero, el albañil y el 
herrero son reputados por ignorantes. A los primeros se les habla con el sombrero en la ma- 
no y se les trata con respeto; á los segundos se les oye ó se les manda con la gorra calada, y 
se les trata de tú. Esto ¿por qué? Porque así lo ha querido el público. 

En consecuencia de esto, y acercándome ya á lo que mas me importa, usted solo (sí por 
cierto), usted solo es el que da ó el que quita el crédito á los escritos y á los escritores; usted 
solo el que los eleva ó los abate, según lo tiene por conveniente; usted solo el que los intro- 
duce en el templo de la fama ó los condena al calabozo de la ignominia ; usted solo el que los 
eterniza en la memoria, ó hace, apenas ven la luz, que, entregados á las llamas, se esparzan 
sus cenizas por el viento. Dígolo con osadía, pero con muchísima verdad : no tienen los escri- 
tores que buscar fuera de usted sombra que los refrigere, árbol adonde se arrimen, escudo 
que los defienda, protección que los asegure, ni patrono que los indemnice. 

Permítame usted la flaqueza de que me cite á mí mismo. En el libro 1.", capítulo 8.°, núme- 
ro 15 de esta mi historia, que lo es de lo pasado , de lo presente y de lo futuro , me burlo (y á 
mi parecer con razón) de los que dedican sus obras á personajes de la mas soberana elevación, 
pensando, y aun diciéndolo ellos mismos en las dedicatorias, que de esta manera las ponen á cu- 
bierto contra los tiros de la crítica, de la malignidad ó de la envidia. ¡ Pobres hombres! Aun no 
los han desengañado tantas experiencias ! No ha habido en el mundo ni un solo personaje que 
1. XV. 3 



3 i ORRAS DEL PADRE JOSÉ FRANCISCO DE ISLA. 

haya sacado la espada para defender al autor que le busca por Mecenas ; ni , lo que mas es, 
aunque la sacara pudiera defenderle. Demos que sea el mas poderoso monarca del nmudo : po- 
drá colmar de honras al benemérito autor; podrá hacer que en sus dominios ni se escriba ni 
aun se hable contra él , y que se tribute un exterior respeto á sus obras; pero ¿podrá embarazar 
que la ignorancia, la mordacidad ó la crítica descontentadiza no las muerda y ñolas despe- 
dace á sus solas? ;, Podrá estorbar que fuera de sus estados no broten contra ellas tantos Zoilos 
como verdolagas? 

Desengañémonos : solo usted tiene este gran poder; porque solo usted en este particular 
(hablo de tejas abajo) puede todo cuanto quiere. Quiera e\ público que nadie chiste contra una 
obra ; ninguno chistara. Quiera el público que todos la celebren interior y exteriormente ; to- 
dos la celebrarán. Quiera el público que se reimprima mil veces; mil veces se reimprimirá. Y 
este poder no es limitado á estos ó aquellos dominios ; extiéndese por donde se extienden los 
dilatados ámbitos del mundo. En cualquiera parte donde hay hombres hay público, porque el 
público son todos los hombres. Por lo menos, el público á quien yo dedico mi obra, este es : 
el público de España, de Francia, de Itaha, de Alemania, el tártaro, el moscovita, el de la 
China, y el de las Californias. Pues si yo tuviese la dicha de lograr que todos los hombres la 
tomasen debajo de su protección , ¿á quién habia de temer? Hágome cargo de que esta fortuna 
es mas para pretendida que para esperada. 

Pero, señor, valga lo que valiere, yo á ella me acojo; de usted me amparo; en solo usted 
solicito el patrocinio. Bien puede ser que la obrilla no le merezca ; pero no lo desmerece la in- 
tención. Soy con el mas profundo respeto, poderosísimo señor, vuestra mas mínima parte. — 
Don Francisco Lobon de Salazar. 

APROBACIÓN 

DEL MUY REVERENDO PADRE MAESTRO FRAY ALONSO CANO , CALIFICADOR DE LA SUPREMA Y GENERAL IN- 
QUISICIÓN, ACADÉMICO DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA, CENSOR DIPUTADO POR SU MAJESTAD 
PARA LA REVISIÓN DE LIBROS EN ESTOS REINOS, Y REDENTOR GENERAL DEL ORDEN DE LA SANTÍSIMA 
TRINIDAD DE CALZADOS, REDENCIÓN DE CAUTIVOS, ETC. 

La Historia del famoso predicador Fray Gerundio de Campazas, que el señor Don José Armen- 
dariz, teniente de vicario de esta villa, se sirve cometer á mi censura, es uno de aquellos fe- 
lices pensamientos que sugiere por último recurso el apuro ó el despecho en lances apretados, 
al ver frustrados los medios mas directos y propios. Bien superficial tintura de erudición bas- 
taría para insinuar los lugares de Escritura, sentencias de Padres, invectivas de Doctores, y 
universal consentimiento de celosos y prudentes, que baten en brecha la sacrilega profanación 
del ministerio de la palabra divina, s'i un secreto latido de la sindéresis propia no nos excusase 
esta fatiga y acusase nuestra obstinación hasta indiciarla de estupidez. Sin embargo, lejos de 
contener el mal tan legítimos y saludables preservativos, insulta indiferentemente médicosy 
enfermos; v lo que anotes se recelaba síntoma de mortal letargo, hoy se celebra como decre- 
lorio de apacible sueño. ¿Pues qué remedio? No aparece otro que el presente, ó recete Escu- 
lapio. Sea en buen hora extremo ; que siendo extrema la enfermedad, eso mismo lo autoriza 
de específico exquisito {i); > el buen éxito de Cervantes responde á la esperanza de igual 
suceso. ' 

No es de disimularse que la extrema diferencia y respectiva importancia pide otro tino, doc- 
trina y delicadeza en nuestro caso ; y confío que en esta parte hará el público imparcíal la jus- 
ticia que acostumbra en el discernimiento de tan necesarias calidades , y otras de erudición, sal, 
amenidad, y sobre todo , del nativo desembarazo y castiza propiedad que agracian toda la obra. 
Tampoco se desentenderá, al observar algo cargada la dosis de sales cáusticas y corrosivas, de 
que no se curan con agua rosada las gangrenas. 

Con todo eso , sin aventurar mucho el pronóstico , es de recelar algún clamoroso resenti- 
miento de aquella especie de enfermos que, ó bien liallados con su mal, ó frenéticos en fuerza 
de él, como los describe con gracia San Agustín (2), revuelven furiosos, contra el medico que 
los cura, la saña y aborrecimiento que debieran emplear contra el vicio de su llaga. Pero si las 
sabias y cristianas precauciones del prólogo no los desarman, yo aconsejana al autor que no 
se tomase mas pena que remitirse al exorcismo del toro que en él se cita (5). 

No me atreveré á prometerle tan decisivo y perentorio desembarazo de algunas otras quere- 
llas literarias, en que por vía de digresión, amenidad ó incidencia se divierte á escaramucear, 
regulando por su valor y ardimiento, mas que por la urgencia, las excursiones de su pluma ; 

{\) Extremismorbis,exlrf}iiri exquisito remedia óptima snnt.\Uv\>ocr:H,í\\)hor.G. ■ ,■ , i, 

(2) Curavit omnes lanquores eorim , mu tacitit vilia eorum : his ómnibus curattontbus ejus tngrati, languam miiiia 

febre phrenelici, tnsanieiiles iii Medicitm qui venerut curare eos, excogitaveruut consUinm perdtndi eum. U. Aup., in 

Fsalm. 65, v. 2. 
(5) Prol., miiii. 51. 



FRAY GERUNDIO DE CAMPAZAS. 35 

Lien que sea de esperar de la magistral destreza y pulso crítico con que la maneja, que sabrá 
guardar su ropa ; y en todo caso que no se presente á la palestra desprevenido de alguna se- 
creta malla que sirva de cuerpo de reserva al de su obra, proporcionando su defensa y el 
resto de la armadura al temple del morrión con que cubre su cabeza. Por último, para decir 
en una palabra mi sentir, le circunscribo al apotegma á que redujo el suyo el insigne Doctor 
Martinez sobre Doña Oliva, es á saber : «Que este libro solo falta, como otros mucbos so- 
bran ( i ).» Asi lo siento en este de la Santísima Trinidad de Madrid, y octubre ^i) de 1757. — 
Fray Alonso Cano. 

LICENCIA DEL ORDINARIO. 

Nos el licenciado Don José Armendariz y Arbeloa, abogado de los Reales Consejos, y te- 
niente vicario de esta villa de Madrid y su partido etc. Por la presente y por lo que á nos to- 
ca , damos licencia para que se pueda' imprimir é imprima el libro intitulado Historia del famoso 
predicador Fray Gerundio de Campazas; mediante que de nuestra orden ha sido reconocido, y 
no contiene cosa que se oponga á nuestra santa fe católica y buenas costumbres. Dada en 
Madrid á 26 de octubre de 1737. — Licenciado Armendariz. — Por su mandado, Jos. Daganzo. 



EL REY. 

Por cuanto por parte de Don Francisco Lobon de Salazar, presbítero, beneficiado de preste 
en las villas de Aguilar y Villagarcía de Campos , cura en la parroquial de San Pedro de dicha 
villa y opositor á cátedras en la universidad de Valladolid, se representó al mi Consejo, te- 
nia compuesto y deseaba imprimir una obra cuyo título era : Historia del famoso predicador 
Fray Gerundio de Campazas, tomo prmiero; y para poderlo ejecutar sin incurrir en pena algu- 
na, suplicó se sirviese concederle su licencia y privilegio por tiempo de diez años para su im- 
presión, así para este tomo como para los demás que se vayan presentando, remitiéndolo á la 
censura de la persona que conviniese. Y visto por los de mi Consejo (y como por su mandado 
se hicieron las diligencias que por la pragmática últimamente promulgada sobre la impresión 
de libros se dispone), se acordó expedir esta mi cédula, por la cual concedo licencia y facultad 
al expresado Don Francisco Lobon de Salazar, para que, sin incurrir en pena alguna, por 
tiempo de diez años primeros siguientes, que han de correr y contarse desde el día cíe la fecha 
de ella, el susodicho ú la persona que su poder tuviere, y no otra alguna, pueda imprimir y 
vender la referida obra intitulada Historia del famoso predicador Fray Gerundio de Campazas ; así 
el tomo primero como los demás que sean necesarios , con que se haga en papel tino y por el 
ejemplar original que en mi Consejo se vio , que va rubricado y firmado al fin de Don José An- 
tonio de Yarza, mi secretario, escribano de cámara mas antiguo, y de gobierno de él, con que 
antes que se venda se traiga ante ellos, juntamente con dicho ejemplar original, para que se 
vea si la impresión está conforme á él, trayendo asimismo fe en pública forma como por cor- 
rector por mí nombrado se vio y corrigió dicha impresión por el ejemplar original, para que se 
tase el precio á que se ha de vender. Y mando al impresor que imprimiere dicha obra no im- 
prima el principio y primer pliego , ni entregue mas que uno solo con el original al dicho Don 
Francisco Lobon, presbítero, á cuya costa se imprime, para efecto de dicha corrección, hasta 
que primero esté corregida y tasada por los de mi Consejo ; y estando así , y no de otra mane- 
ra, pueda imprimir el primer pliego, en el cual seguidamente se ponga esta licencia y la apro- 
bación , tasa y erratas , pena de caer é incurrir en las contenidas en las pragmáticas y leyes de 
estos mis reinos, que sobre ello tratan y disponen ; y mando que ninguna persona, sin licencia 
del expresado Don Francisco Lobon de Salazar, no pueda imprimir ni venderla citada obra, pena 
del que la imprimiere pierda todos y cualesquiera libros, moldes y pertrechos que de dicha obra 
tuviere, y mas incurra en la de cincuenta nid maravedís, y sea la tercia parte para la Cámara, 
otra para el juez que lo sentenciare , y la otra para el denunciador ; y cumplidos los dichos diez 
años, el referido Don Francisco Lobon ni otra persona en su nombre, <|uiero no use de esta 
mi cédula, ni prosiga en la impresión de la citada obra sin tener para ello nueva licencia mía, 
so las penas en que incurren los consejos y personas que lo hacen sin tenerla. Y mando á los 
de mi Consejo, presidentes y oidores de las mis audiencias, alcaldes, alguaciles de mi casa y 
corte y cliancülerías, y á todos los corregidorías, asistentes, gobernadores, alcaldes mayo- 
res y ordinarios, y otros jueces y justicias, ministros y personas de todas las ciudades, villas y 
lugares de estos mis reinos y señoríos, y á cada uno en su distrito y jurisdicción, vean, guar- 
den y ejecuten y cumplan esta mi cédula y todo lo en ella contenido ; y contra su tenor y 
forma no vayan ni pasen, ni consientan ir ni pasaren manera algu.ia, pena de la mi nierced_y 
de cada cincuenta mil maravedís para mi Cámara. Dada en Buen-lic ;iro a 8 de setiembre de 1757. 

(I) Doctor Marliacz, Elogio ú la obra de Doña Oliva, al principio de ella. 



38 OimAS DEL PADRK JOSÉ FRANCISCO DE ISLA. 

— Yo Er. Rey. — ]'() Don Agustín Monliano Luijando, secreUirio del Hoy nuestro señor, lo hice 
escribir por su iiianclado. 

CARTA 

DEL SEÑOR DON AGUSTÍN DE MOXTIANO Y LUYANDO , DEL CONSEJO DE SU MAJESTAD Y SU SECRETARIO DE 
LA CÁMAKA DE GRaCíA Y JUSTICIA Y ESTADO DE CASTILLA, DIRECTOR PERPETUO DE LA REAL ACADEMIA 
DE LA HISTORIA, DEL NÚ.MKRO DE LA ESPAÑOLA Y DE LA DE BUENAS LETRAS DE SEVILLA, CONSILIARIO 
EN LA DE DELLAS ARTES DE ESTA CORTE, HONORARIO DE LA DE BARCELONA , Y ENTRE LOS ARCADES DE 
ROMA LEGINTO DULIQUIO. 

Muy señor mío y mi amigo : Muchos dias há que deseaba se emplease alguna diestra pluma en 
el asunto de su obra de vuestra merced, y que saliese al público, según se necesita, tratada ma- 
gistralmente y por un término que no hallase repugnancia en hegar á las manos de todos, ni en 
ser buscada y leida de la curiosidad ó del gusto ; medio el mas conducente á que se haga co- 
mún el desengaño, y á que no se aventure el aprovechamiento. Si vuestra merced se hubiese ce- 
ñido á la severidad de las reglas que se indican y á la acrimonia de las reprehensiones que me- 
recen los que sin consideración las atrepellan, pararla en ocupar olvidada los estantes y sótanos 
de las tiendas de los libreros ó en envolver drogas en las especerías, como sucede con tantas 
acreedoras á mejor destino; pero no padecerá vuestra merced este chasco; porque su mañosa 
advertencia ha sabido quitar, con la dulzura del chiste, el desabrimiento de la enseñanza , y unir- 
los con tan natural y atractivo enlace, que aun aquellos á quienes hiera la burla ó fastidie la se- 
riedad, se han de dejar vencer y conducir á cebarse en su lección por deliciosa y por útil ; y lo 
que es mas fijo , para corregir su descaminada inteligencia y no declararse objeto determinado 
de la chanza, o, verbi gracia, de los rebeldes á la solidez de la doctrina. 

Verdaderamente que es doloroso el desenfreno con que corren al último deshonor los pro- 
fanadores de la divina palabra, adulterando con sus impertinentes discursos la cátedra del Es- 
pirüu Santo. Llórase ya perdida la sagrada elocuencia que ejercitaron y ennoblecieron algunos 
de nuestros mayores, principalmente el singular Fray Luis de Granada, convencido por las pia- 
dosas y sabias amonestaciones de aquel apóstol de Andalucía, el Maestro Juan de Avila ; y no 
hay resignación (trayendo á la memoi'ia la notoriedad instructiva de este hecho) para que triunfe 
el orgullo de los ignorantes en los mismos pulpitos, declamando contra los que se afanan en 
atraer con la razón y con ejemplo á que se renueve la verdadera oratoria, y se coteje lo que 
dista de la que hoy, por nuestra desgracia, es embeleso de los que se introducen sin suficiente 
proporción á ejercicio tan espinoso y difícil ; y por lo general de los que buscan, no sé si diga 
su interés y su aplauso, más que la precisa conversión de las almas. 

Estos mismos ciegos , enemigos en algún modo de las suyas y de las ajenas , que no se aquie- 
tan en sus remordimientos interiores con tan pobre despique, aplican porfiados como impro- 
perio el respetable nombre de críticos á los que se apartan de las frases hinchadas , de las vo- 
ces campanudas , de los conceptos falsos , de los lugares comunes de la mitología, y de las ideas 
extravagantes ; y á los que censuran juiciosos el inútil perjudicial desconcierto de práctica tan 
desnuda de aprobados ejemplares que la autoricen. Contra aquellos, pues, y contra cuantos los 
apoyan y defienden, no hay injuria ni maquinación que no esgriman para intimidarlos y conte- 
nerlos ; y como no lo consiguen (porque no ha permitido Dios que sea absoluta la relajación ni 
la carestía de los obreros) sino con los sórdidamente contemplativos del vulgo y con otros 
que no debieran entrar en esta clase, apelan á la superchería de esparcir que semejantes deli- 
cadezas y escrupulosidades (como ellos las llaman) son efecto de la introducción y estudio de 
los libros extranjeros , origen de los extravíos de la religión , y causa de que se abandonen nues- 
tras puras costumbres : raro desvanecimiento , y no se "si añada absurdo temerario , querer per- 
suadir que no hay máximas cristianas, instrucciones morales, ni documentos de probidad y vir- 
tud mas allá de la lengua castellana. ¡Rueños quedarían los Kempis, los Señerys, los Rurdalues, 
porque escribieron en latin, en italiano y en francés ! 

Ríen insinúa vuestra merced que de los errores de la crianza proceden cuantos perjuicios su- 
fren hoy en España las letras. Las primeras se enseñan por unos hombres que escasamente sa- 
ben la materialidad de formarlas y que no saludaron jamas la pronunciación ni la ortogratía; re- 
quisitos necesarios, y aun forzosos, para satisfacer á las obligaciones de su encargo. La gramática 
se estudia como lo acreditan los efectos : apenas se conoce uno que use con soFtura en los tea- 
tros la jerga facultativa, y en la conversación la mediana latinidad; y mucho mas difícilmente 
quien imite los autores del siglo de Augusto. No lo finjo ni lo pondero : lo uno lo vi muchas veces 
cuando en mi mocedad arrastraba también las bayetas, y aun permanece, según se dice, tra- 
tar la rnateria del argumento en castellano luego que se apura la vocería de los crgos; y lo otro 
lo califican las arengas , las dedicatorias y las obras mismas, como vuestra merced Ío advierte ya 
en la suya. Algo contribuye al embarazo que se nota, si no lo pienso mal, que estén las reglas 
en el proprio idioma que se va á adquirir ; porque no las comprehenden bien los muchachos, 



FRAY GERUNDIO DE CA51PAZAS. 37 

no vuelven nunca á ellas en pasando á estudios mayores, y los mas, contentos con el cartapacio, 
no adquieren en buenos libros lo (pie les taita. Fueron muy respetables los que así lo estable- 
cieron ; pero ya somos singulares en la Europa en esta observancia ; y basta en las lenguas vir- 
vas que son mas fáciles, ninguno imaginó liacer mas grande la dilicultad de poseerlas. En las 
universidades no se mejoran bacia el adelantamiento estos trabajosos principios, según el mé- 
todo con que se cursan y lo que en ellas se aprende : es negocio grave para tocarle de prisa, 
y fuera de sazón extenderme en él. 

Otras no menos considerables especies que coinciden con estas, introduce vuestra merced 
en su obra, si yo no me engaño, con un pulso, discreción y acierto que no dejan duda en 
que nadie seríí capaz de competir, y aun ni de imitar, el noble estado en que vuestra merced 
las ha puesto. Ojala aproveche lo saludable del aviso , á medida de lo que conviene que le 
entiendan los interesados en el remedio, y que muden de sistema los que apetecieren seguir 
el único rumbo que lleva al acierto. Vuestra merced ha empleado por su parte todo lo que 
cabe en la intención mas justa, en el conocimiento mas perfecto, en el juicio mas exacto y 
en la erudición mas escogida : si los tercamente ilusos con la preocupación que los domina, 
insistieren en su extraña manía, á despecho de la verdad que se les muestra, solo la mano de 
Dios, vigorosa y eticaz en sus impulsos, será la que pueda sacarles el entendimiento de las ti- 
nieblas que le ofuscan, y guiarles la voluntad al seguro camino que abrieron los apóstoles, 
frecuentaron los santos padres, y pisan en el dia los prudentes, religiosos y bien instruidos. 
No predican, no, á la francesa (como yo oí á uno de los mas afamados de la corte), «poniendo 
el Evangelio á un lado , el asunto á otro, y echando por en medio :» predican, sí, sin dete- 
nerse en las frivolas circunstancias de la fiesta, sin violentar el genuino sentido de los textos, 
sin discurrir con desentonada fantasía, sin buscar adornos aparentes y galanuras insubstancia- 
les, sin entretener al auditorio con frases afectadas , cuentecillos de plazuela y mentidero, equí- 
vocos bajos y disonantes, y sutilezas mal digeridas y peor aplicadas : predican, repito, según 
lo pide la disciplina eclesiástica, lo mandan los cánones y lo amonestan los sumos ponlílices, 
y se ejecuta hoy en casi todo el orbe católico : la profesión evangélica es una sola: la retórica 
sagrada la misma en cualquier pais : á la torpeza del abuso y al baldón que acompaña al des- 
orden no comprehende la propia prerogativa; porque ninguno se prostituye á confesarles 
patria ni á concederles domicilio. ¡ Ay de nosotros si los adopta España por hijos , pertinaz 
en su deslumbramiento ! • 

No obstante lo delicado y vidrioso de los puntos que vuestra merced abraza , y los ensanches 
que permite la ironía y graciosidad con que vuestra merced los maneja, se ha ceñido con tal 
miramiento y templanza á los límites á que precisan las altas calidades de las mismas especies, 
que no hará vuestra merced quejosos con fundado motivo, ni aun con sombra de él, si no 
tuercen con violencia sus patentes y sanos fines y la justificada pureza de sus caritativos an- 
helos; ó si no abultan por empeño común las creídas ofensas, que, cuando mas, pertenecen á 
los desbarros particulares, y su vindicación al que entre delatándose de haberlos cometido, y 
por consecuencia que no debe reputarlas por agravio. No dificuko que habrá muchos que se 
resientan de ver impugnados y confundidos sus errores; pero mientras no produzcan nerviosas 
pruebas de que no lo son (triunfo que se ha de suponer inaccesible), y no se trastornen los 
cimientos de la Biblia, déla Iglesia y aun los de la razón natural, ¿quién será tan negado que 
los sostenga ni dé oídos á la futilidad de sus recursos? ¿No se ha de rasgar alguna vez este 
tupido velo con que se disfrazan los cuerpos á favor de sus individuos? Yo á lo menos concibo 
que debiera detestarse, y no defenderse, al que' delinque : el miembro que se pudre, mejores 
que se corte, que conservarle para la infección de los demás; y así no alcanzo que haya fun- 
damento legal ni político para que se dejen correr impunemente los desaciertos notorios y 
calificados de tales , y se impida ó solicite que no suene ni se esparzan el desaire y castigo de 
los que los cometen. Siendo tan importante su publicación á las costumbres, á la cristiandad 
y al crédito de todos, aseguro á vuestra merced ingenua y desapasionadamente , que aun an- 
tes de haber examinado su prólogo, que desarma estas maliciosas oposiciones, no encontré 
en la obra artículo malsonante, expresión infamatoria, concepto sin arrimo, ni consejo sin 
autoridad : no es dictamen el mío que prestará opinión á vuestra merced ni le pondrá en 
salvo de la terrible cavilación de la multitud; pero cumplo con vuestra merced, conmigo mismo, 
y especialmente con Dios, en decir lo que siento. 

Quisiera no obstante preguntar á los que sin discernimiento se abanderizan por la pretlica- 
cion que en lo general se gasta en las suntuosas funciones de los templos, á que entre algu- 
nos bien intencionados acuden tumultuariamente muchos de los mas ociosos y peor dispues- 
tos, ¿qué ventajas experimentan los fieles cotila hojarasca insubstancial de los panegíricos 
llenos de imaginaciones monstruosas, de cadencias pueriles, de jujiuetes ridiculos y de pala- 
bras bárbaras y ruidosas? ¿Se ha visto convertirse alguno por ellos? ¿Qué lágrimas devotas se 
han derramado con la narración de los dignos hechos del santo <pie se celebra, vestida con 
pomposa verbosidad, cuando no (horroriza el pensarlo) con métricas exornaciones? ¿Hay por 
ventura revelación de que crezca ó se afiance la gloria accidental de los justos, por medios tan 



38 OBRAS DEL PADRE JOSÉ FRANCISCO DE ISLA, 

distantes de los que practicaron y eligieron por mejores en vida para llegar á aquel grado? No 
responderán de forma que debiliten el vigor de estas ni de otras reflexiones que pudiera acu- 
mular con la corta fatiga de recorrer índices y salpicar de citas las márgenes. Y siendo esto así, 
y que no cabe dejen de comprehender tan clara reconvención , no sé cómo se obstinan en 
invertir el lin de su sagrado nnnisterio, faltos aun de aparente descargo que los abone : ver- 
giienza es que se sujete á cuestión su culpa, y casi lo es no menos que se tolere. 

Lo mas reparable de la serenidad de su ánimo consiste en (pie, viéndose en aprietos de esta 
naturaleza, cuando los causa un lego como yo, salen á la orilla con el gracioso miserable efu- 
gio de que no es para teólogos de corbata ni para hombres (pie no son de carrera, el juzgar 
de los buenos ó malos oradores; como si el arte de la elocuencia, la moción de los afectos, 
la pureza del idioma, la compostura del estilo, el uso de la elegancia, la sublimidad geomé- 
trica de los pensamientos, el orden en la división y subdivisión de los puntos, y lo fundamen- 
tal y claro de las pruebas, fuesen vínculo privativo del foro, de los claustros y de las escuelas. 
El buen gusto , la aplicación y el conocimiento de los autores sensatos en las divinas y huma- 
nas letras , es un pais libre para el ingenio, y no hay en la Escritura ni en los cánones senten- 
cia ni decisión que prohiba ni coarte su estudio. Pero quede enhorabuena sin determinar la 
disputa; y para que se desengañen del mal pleito que defienden, oigan al venerable Gaspar 
Sánchez , según lo traslada en su vida el padre Eusebio Nieremberg , al tomo segundo 
de Los varones ilustres de la compañía de Jesús : «No ha tenido la iglesia de Dios, ex- 
clamaba aquel insigne jesuíta, mayor persecución que la que hoy tiene en esta forma de 
predicar que hoy se observa en ella.» ¿Huirán ahora de confesar su delito con zaherir las 
circunstancias y reputación de un varón tan grande en virtud y en letras? No me parece que se 
atreverán á tanto : fuera demasía imperdonable de su ceguedad : más dicen pues sus pocas pa- 
labras , que muy difusas expresiones : unas y otras son tiros que van á un blanco : si le acier- 
tan, ¿por qué lo diferente del pulso ha de quitar su merecimiento al golpe? 

¿Con cuánta menos resistencia, por mas que se esfuercen á justificarla, se verán obligados á 
deferir á las convincentes demonstraciones de su obra de vuestra merced? Léase sin preocu- 
paciones ni reparos caprichosos, y solamente con imparciales ansias de descubrir la verdad, y 
habrán de retribuirla entonces alabanzas en vez de enconos, y gracias en lugar de vituperios : 
hallarán que es docta , escrita con madurez y gracejo , y por último encomio suyo , la mas acepta 
á los ojos de Dio» entre cuantas se pueden trabajar en el dia, proporcionadas al remedio que 
piden los daños inmensos que se experimentan. Me desnudo de la inclinación que á vuestra 
merced profeso y de lo que estimo y venero sus tareas literarias ; y no me pararé en afirmarle, 
con la libre sinceridad de que hago profesión, que no encuentro en qué pudiera vuestra mer- 
ced haberlas empleado mejor que en confundir y avergonzar á los malos predicadores, ilus- 
trándolos para que conozcan y detesten sus yerros, y se dediquen sin distracciones escandalo- 
sas al fervoroso cultivo de la viña del Señor, fiado á su fatiga y desvelo. Cuonten sobre la paga 
del Padre de familias, que es infalible; no sobre la engañosa del mundo; y no extrañen que se 
mezcle tal vez alguna dureza en la corrección ; porque un siglo, y mas de abandono, si bien se 
examina, no se muda con amonestaciones lijeras y suaves. 

Juzgo que toca ya esta carta en la pesadez de prolija, y es indiscreción que se dilate y mo- 
leste a vuestra merced, sobrando cuanto yo añado á lo que tan celosa y diestramente está es- 
parcido en su obra. Con lo expuesto se califica que soy del mismo sentir de vuestra merced 
hasta donde son capaces de difundirse mis cortas luces, valgan lo que valieren; más alcanzará 
mi fino afecto, si gustare vuestra merced servirse de él; porque en todo será la mas pronta y 
resignada mi obediencia; y en el ínterin que consigo esta satisfacción , me ocuparé en rogar á 
Dios que guarde á vuestra merced los muchos años que deseo. Madrid 20 de noviembre 
de 1757. — Besa la mano de vuestra merced su mas apasionado fiel servidor y amigo. — D. Agus- 
tin de Montiano y Luyando. 

CARTA 

DEL SEÑOn DON JOSÉ DE UADA Y AGUIRRE , CAPELLÁN DE HONOR DE SU MAJESTAD, SU PREDICADOR DEL 
NÚMERO, CURA DEL REAL PALACIO Y ACADÉMICO DEL NUMERO DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA. 

Muy señor mió y mi amigo : La desgracia de nuestros tiempos, por el abuso que se ha he- 
cho déla predicación evangélica, pedia de justicia una corrección acre y vehemente, con la 
que se procurase cortar de una vez contagio tan perjudicial y tan opuesto á la religión. Pero 
¿de qué servirla este remedio? Acaso agravaría mas eí mal, obstinándose en su tema y en su ig- 
norancia los que, depuesto el temor á Dios y faltos de celo por la salvación de las almas, se 
atreven á profanar el ministerio mas sagrado de la Iglesia de Jesucristo. Prueba de esto es lo poco 
que han aprovechado contra los malos predicadores las declamaciones de los santos padres, 
los encargos repetidos de los concilios, las exhortaciones de los sumos pontífices, las^ cartas 
pastorales y edictos de los prelados eclesiásticos, los consejos de los intérpretes de la Sagrada 



FRAY GERUNDIO DE CAMPAZAS. 3l. 

Escritura , aun de aquellos que manejan con mas frecuencia los {gritos de los misioneros apos- 
tólicos, y lo que es mas, los clamores continuos de la conciencia, que sin cesar los estará di- 
ciendo : «No vais bien, no predicáis como Dios manda, no predicaron así los santos que diri- 
ííian sus sermones á la gloria de Dios , reforma de costumbres , conversión de las almas , y no á 
ganar aplauso y estimación entre el vulgo, y mucho menos á valerse de la predicación para 
conseguir unes é intereses temporales. » 

Asi, reflexionando vuestra merced (|ue los medios mas serios y mas severos serían de nin- 
guna utilidad para la reforma que intentaba, con sabio acuerdo y con invención prodigiosa ha 
ungido un héroe imaginario pulpitable (permítaseme esta voz por ahora), cuyas graciosas ex- 
travagancias en los diferentes perversos métodos de predicar que imita, ponen á la vista, como 
en un espejo, los defectos de los malos predicadores, para que el rubor de verse ridiculizados 
en cabeza ajena, los haga mas prudentes, mas contenidos y mas sabios. Porque á mi parecer, 
¿qué predicador, ya sea secular, ya regular, no predicará con cuidado y circunspección, te- 
miendo que le apoden con decir": qué bien ha predicado Don Gerundio ó Fray Gerundio? Si 
esta expresión, como sucederá, pasare á ser proverbial, ¿qué cosa mas sensible para un ora- 
dor lleno de vanidad, que solo piensa en predicarse á sí mismo? Por este motivo juzgo que 
la obra de vuestra merced es capaz de corregir en gran parte el mal método con que por lo 
común se predica en este siglo. 

Dije con cuidado por lo comiin, porque no estamos tan escasos de predicadores celosos, que 
no haya muchos, así en las sagradas religiones como en el clero secular, que prediquen al 
modo de un Avila, de un Granada, de un Señery, de un Burdalue. A algunos he oído dentro 
y fuera de la corte. ¡Ojalá acertara yo á imitarlos! Pero comparados estos grandes oradores 
con la multitud casi inmensa de los que predican, son poquísimos. Y como siempre prevalece 
La multitud, no pueden, en su buen modo de predicar, hacer prosélitos. Sin embargo no ad- 
mite duda que cuando mas ha padecido la palabra de Dios y la elocuencia cristiana , ha sido 
en este siglo. En otros tiempos estaban reputados los españoles por maestros de la oratoria 
evangélica, y aun los italianos, que siempre se han señalado en grandes oradores, por lo que 
se dijo italus orator , no sé si llegaban en ciertas circunstancias a los nuestros; á lo menos los 
libros de sermones españoles no se les caían de las manos, y aun predicando en italiano, pro- 
curaban imitarlos. No negaré que el apoyo que tengo para lo que acabo de decir es español; 
pero todos hacen la justicia de conceder crítica, juicio é imparcialidad á Don Nicolás Antonio, 
que en el prólogo de su Dibliothcca Hispana se explica en estos términos (1) , que corresponden 
con la fidelidad posible á su original. 

'« En punto de sermones tenemos contienda con los italianos. Estos se aventajan en el arti- 
ficio, gastan mucha retórica y pretenden imitar á los antiguos oradores en las palabras, en 
el gesto, y en la planta y movimiento del cuerpo. La elocuencia de los nuestros es mas ce- 
ñida, sin ser afectada. Los nuestros no usan de estilo trabajado con particular estudio, ni 
de voces artificiosamente contrapuestas, sino de una facundia natural y como nacida de re- 
pente. Toda la agudeza, toda la erudición que es menester, la aplican ingeniosa y prudente- 
mente á persuadir, y confirmar sus asuntos y argumentos con autoridades de Sagrada Escritura 
y doctores de la Iglesia, Mediante esta notable habilidad para inventar con ingenio, discurrir 
con sutileza y aplicar con acierto sus discursos á las cosas de que tratan, han logrado tan 
general aceptación, que aun los sermones escritos en nuestro idioma son comunmente muy 
estimados de los italianos, y se traducen en el suyo. Y en esta nación hemos visto no pocos 
sugetos del mayor crédito, que se han hecho tan familiar y tan propio nuestro modo de pre- 
dicar, que hablando en italiano, predican enteramente á la española. » Hasta aquí Don Nicolás 
Antonio. 

Pero ya se acabaron estos bellos tiempos, y en lugar de aquellos insignes predicadores han 
sucedido no pocos que, sin estudio de la Sagrada Escritura, sin la lectura de los santos Pa- 
dres y de los grandes expositores, ignorando aun los rudimentos de la sólida y verdadera elo- 
cuencia, asaltan los pulpitos, admiten sermones, predican á todas horas, y por los aplausos 
repetidos que logran de los ignorantes, aspiran á ser venerados como oráculos. Asi los jóve- 
nes enemigos de la aplicación y del trabajo sacuden el yugo de los estudios mas serios; y 
viendo que con tener osadía , leer cuatro sermonarios, algunos libros mitológicos, y cuando 
mas, sabiendo manejar las concordancias de la Biblia, se consigue el renombre de predicador 
famoso y alguna utilidad, aunque por via de limosna, aneja á este ministerio , se arrojan á él 

(I) De sacris aclionibus ciim ¡lalis nobis controversia est. Ili artificio prnevnlent , rethoricnntitr ; verhis, (^estuque, 
ac tota corporis con formalione et motil, veterum Oratorum iiiülatores imleri voliiul : iioslroriiiu slriclior, nec affec- 
tala est eloqueiitia,nou coagmenlata dnmi oratione , aut vcrbi uluiitiir artificióse rcspoiKlt'iilibiis ; sed natiirnli , et 
quasi extemporali facundia , quidquidjiídicii, quidquid acuminis , quidquid eriidilionis eliciendian est , rebns ipsis, 
et argumeulis persuadendis, confirmandis, ex Sacrae Paqinae, ac Doctorum lesltmoniis inrjenios^ , nc prudenler ini- 
pendunt , eaque solertcr invemendi, exco(¡ilandi actite, atque aptt' in rem praesentem coijitatis uteiidi , nota sic vulgo 
placnere, ut etiam vernaciili Sermonis condones comniuniler apud ítalos in nlnis qerantur, etproprine hornm linguae 
intcrpretaiione donenlur ; nec puncos vidimus ex probniissnnis , qui sic foi numi lianc noxiraní s/iom ¡ecerunt , ni Itá- 
lico sermone luquenles mure concionarenlur prorAus Hispano. 



iO OBRAS DEL PADRE JOSÉ FRANCISCO DE ISLA. 

con precipitación, se introducen en él sin ser llamados, contra la expresa palabra del Se- 
ñor (1) : pues aun(jue los prelados lo permiten, suele ser en fuerza de empeños, de importu- 
nidad y de no estar bien irdbrmados. 

¿Y no será razón que un desorden que todos confesamos y lloramos, se reprehenda'' No 
se deberá procurar su reforma por cuantos medios sean imaginables? ;,Y le puede haber mas 
discreto, mas agradable, mas suave, que el que se propone en la graciosísima ficción de Fray 
Gerundio? No negaré que para semejante empresa hay pocas plumas bien corladas ; pero la de 
vuestra merced es pluma maestra en este género de escritos. Los mismos impugnados no han 
de poder contener la risa al verse con tanta gracia zaheridos; y me persuado á que los que- 
josos se tragarán sus quejas y sentimientos, por el miedo de no verse mas corridos y avergon- 
zados. Mas cuando no suceda asi, ¿qué importarán los gritos de algunos infatuados, contra todo 
el torrente de los hombres de juicio, que están por vuestra merced y que desean que cuanto 
antes se deje ver al público el famoso Fray Gerundio'! Puedo decir con toda verdad que , ha- 
biendo hablado en diferentes ocasiones con religiosos doctos y ejemplares , con eclesiásticos 
sabios y virtuosos, á todos les he oido lamentarse del infeliz estado de la predicación, pare- 
ciéndoles que sería muy oportuna una obra como la de vuestra merced para reprimir el mal 
gusto de predicar, que se halla ya tan arraigado. 

No obstante, puede ser que algunos nimiamente escrupulosos, parándose solo en la corteza 
de la letra, discurran que asunto tan serio no se debe tratar con chanzas ; pero ¿quién ig- 
nora que los antiguos inventaron el arte de la sátira para castigar con risa las costumbres? 
Quién quita que riyendo se digan las mayores verdades? Fuera de que, cuando los demás re- 
medios se han inutilizado y el enfermo está deplorable , ¿hemos de despreciar uno con el que 
prudentemente se puede esperar que recupere la salud? 

Este escrúpulo no detuvo á un celebérrimo obispo, predicador de los mas elocuentes que 
ha tenido la Francia (2) , para componer un sermón de Magdalena, que es una finísima sátira 
contra el mal método de predicar, que aun reinaba en aquel país. Y fué tan aplaudida aquella 
invención por todos los hombres sensatos, que produjo el fruto que deseaba su autor. El abad 
Vilüers escribió una sátira en cuatro cantos contra los malos predicadores, muy conveniente 
para la reforma del pulpito, que al íin se ha conseguido por la mayor parte en la Francia. 

Pero no dejemos de disipar enteramente el escrúpulo, que acaso será el mayor tropiezo de 
la obra. No se ha de usar del chiste, de la sal y del gracejo para contener á los malos predica- 
dores, ¿y se ha de permitir de muchos (no les demos el nombre que merecen) hagan el papel 
ridículo de decir chistes, equívocos y refranes para mover á risa al auditorio, al que he visto 
yo algunas veces en una carcajada continua, aun estando patente el Sacramento augusto? Aquel 
medio ingenioso ha de dar en rostro, aun para conseguir un íin santo, ¿y se ha de tolerar tan 
sacrílegra profanación? Háganse las justas reflexiones que pide un punto áe tanta importancia, 
y se dejará de argüir con reparos pueriles y con escrúpulos impertinentes. 

Mas no paran aquí los desórdenes : un parece, un «ibaá decir si lafe no me detuviera,» salva 
fule, son el escudo con que se cubren estos predicadores para proferir algunas herejías. Y tal 
vez las pronuncian absoluta y rotundamente , sin que les pueda servir de excusa el darlas des- 
pués algún sentido católico, pues no subsanan con esto el escándalo con que desde luego 
ofendieron los oídos piadosos de los fieles , ni tampoco la ignorancia excusa á los que tienen 
tan cortas luces como Fray Gerundio; porque ignorancia no cabe en un maestro público de la 
religión, que ha de enseñar la verdad desde la cátedra del Evangelio. Bien pudiera, para que 
no se crea hay exageración en lo que digo, citar algunas proposiciones terminantes; pero he 
oido que un sabio muy laborioso ha recogido innumerables de diferentes sermones impresos, 
para demostrar cuánto padece la pureza de la fe y de la doctrina con tan malos ejemplares. 

¿Y qué diré á vuestra merced del torpe abuso de las fábulas en los sermones? ¿Quién podrá 
sufrir la indecente aplicación de las fábulas á los misterios mas sagrados de la religión , á los 
sucesos mas venerables de Cristo y de María, como lo oímos en muchos sermones, y lo leemos 
impreso en no pocos sermonarios? Quién tolerará que se predique y se imprima que «el divi- 
no Adonis Cristo se enamoró de la peregrina Psíquis de María?» ¿Y lo'que llena de horror y eriza 
los cabellos, el cotejo de la impura Venus con la purísima Virgen? Tales despropósitos é indig- 
nidades, ó por mejor decir, sacrilegios , se predican, se sufren , se toleran ; ¿y se ha de reparar 
en que se ridiculicen en la persona'del fingido Fray Gerundio? No ignoro que algunos pretenden 
defender la introducción de las fábulas en los sermones , por contener verdades y consejos 
naorales; pero no es razón darlos á beber á los fieles por canales tan sucios. Acudan los pre- 
dicadores á los autores canónicos, á los libros de los santos, que en ellos encontrarán el moral 
mas puro, tratado con majestad, hermosura, discreción y elegancia, sin que sea preciso recur- 
rir á los padres de la ficción y de la mentira. 

Del apego alas fábulas nacen las citas de los autores profanos. ¿Qué es oír citar á un Virgilio 
y á un Ovidio , al lado de un San Juan Evangelista v de un San Pablo? Y vo me acuerdo haber 



(1) En repelidos lugares del nuevo y viejo 

(2) El obispo de ¡Nisines Mons. Flecliicr. 



Teslamcnto. 



FUAY GEIlüiNDlO DE CA.MPAZAS. 41 

oido citar al mismo Ovidio, de Arle amaudi, en un sermón de mandato. Así se trata, asi se 
profana un ministerio tan sagrado. No negaré que tal vez convenga citar alguu dicho de los poe- 
tas; pero ha de ser con gran templanza, y con la discreción que en una ú otra ocasión lo prac- 
ticó San Pablo. Mas por afectar erudición hablar á cada paso con los gentiles, es una relajación 
que no se debiera [)ermitir. Por lo cual también fué muy reprehensible cieito orador, por 
otra paite hábil y erudito, que para dar á entender que estaba impuestoen libros extranjeros, 
no citó en un sermón moral á otro autor que al canciller Bacon de Verulamio. A semejantes 
extravagancias se abandona quien entre el rudo vulgo pretende granjear el vano aplauso de li- 
terato. 

A estos vicios se juntan otros muy considerables, principalmente en los panegíricos de los 
santos. ¿Qué es ver a muchos predicadores cómo se constituyen jueces de la santidad de los 
espíritus bienaventurados? Hacen cotejos, comparaciones, entablan cuestiones de mayoría y 
preferencia, las que siempre resuelven á favor del santo de quien predican : de modo que el 
santo, objeto de la tiesta, es el mayor del cielo, á lo menos por aquel dia. Así usurpan el de- 
recho á Dios, á quien solo pertenece «pesar los espíritus en la balanza de su equidad (1).» 

El angélico doctor Santo Tomas (2) alirma que es temeridad comparar otro santo con los 
apóstoles; pero de estas temeridades se oyen muchas, y aun las suben tan de punto, que 
comparan á los santos con Jesucristo y la Trinidad beatífica. Paradojas impías, que por masque 
se expliquen, siempre escandalizan. Yo quisiera que los predicadores, á quienes supongo que 
tendrán muy á la mano el admirable libro de h Imitación de Jesucristo [ó), reílexionasen lo 
que escribe su venerable autor, que cá buen seguro ellos procurarían evitarlas comparaciones. 
Citaré algunas palabras suyas, según la traducción del padre Nieremberg. «Tampoco te pongas 
á inquirir ó disputar de los merecimientos de los santos, cuál sea mas santo ó mayor en el 
reino del cielo. Estas cosas muchas veces causan contiendas y disensiones sin provecho; crian 
también contienda y vanagloria, de donde nacen envidias y discordias cuando quiere uno pre- 
ferir imprudentemente á un santo otro , y otro quiere aventajarlo. Querer saber y inquirir tales 
cosas, ningún fruto trae, antes desagrada mucho á los santos; porque yo no soy Dios de dis- 
cordia, sino de paz, lo cual consiste mas en verdadera humildad que en la propia estimación.... 
El que quisiere disminuir algo de los santos, á mí me apoca y á todos los otros de mi reino. 
Todos son una cosa por el vínculo de la caridad, todos de un voto, todos de un querer, todos 
se aman en uno.» Últimamente, concluyo con referir estas palabras : «Callen pues loshombres 
carnales y animales, y no d'sputen del estado de los santos, pues nosaben amarsino susbienes 
particulares, quitan y ponen á su parecer, no como agrada á la eterna verdad.» Casi todo el 
capitulo es el mayor convencimiento en la materia que tratamos. 

i\i son menos dignos de sentirse los ridículos asuntos que toman algunos en sus sermones. 
En un tomo impreso en Madrid en el año pasado de 1740, hace el predicaúor jugador de manos 
á San Juan de la Cruz, y para plantear bien su idea, se explica en esta forma : «Cuando hay vo- 
latines en cualquiera pueblo, dos géneros de gentes concurren fuera de ellos al espectáculo : 
mirones, y los que llamaba la antigüedad propiamente mimos; y nosotros, tomándolo del ita- 
liano, decimos arliquines. El mirón no le pierde punto al jugador de manos; pero no aciertaá 
conocer en qué consiste aquello. El arliquin le pretende imitar, y solo para en hacer reír. Este 
seráel asunto de mi oración. La luz de mi gran Padre, oculta para el diablo siib modio. De suerte 
que cuando este le atienda al juego, cuando sea mirón, empleando toda su perspicacia, se le 
pasen las suertes mas primorosas. Y cuando arliquin intente remedar su lijereza y rectitud, 
venga á pararen burla del teatro lo que fué avilantez del demonio. Serán pues dos puntos : el 
diablo mirón y el diablo arliquin.)^ ¿Qué le parece á vuestra merced de esta invención? ¿No es 
ingeniosa, no es ridicula, no es...? 

Pero note vuestra merced que ya deja dicho cómo en esto San Juan de la Cruz, buen discí- 
pulo, imita el ejemplo de su Maestro. ¿Y en qué se funda? Oiga vuestra merced sus palabras, 
pues aunque el pasaje es largo, es original en esta línea : «Una eternidad hace que está jugando 
la divina Sabiduría : Delcclabar per singulos dics , ludensomni tempore. Con que es el jugar bien 
lo mas que á sus discípulos enseña. Y añade que, aunque los expositores le aplican juegos 
varios, ya la pelota; por los diversos lugares que admite; ya la esgrima,por las rectas posturas 
que observa; y aun ya el peón, por las espirales interminables lineas que forma;» pero él, vene- 
rando estos dictámenes (dignos por cierto de gran veneración), aplica á Dios los juegos de las 
artes schenobáticay prestigiatoria, volatinería y juego de manos. 

«Lo primero, dice, le conviene á Dios, pues le vio dar un vuelo en el aire David : Volavit 
superpennas vcntorum. A todos los vaivenes humanos es la divina Providencia quien tiene eí 

(i) Proverb., c. 1G, v. 2. 

(2) D. Thom. exponens verba illa Patili ad Épkeitiog , i. RecumlUm dhñtinx f/rnfiae ejus qtiae suprrnbundavit in 
nobis,ait: Ex quo apparet lemerüas illorum (ut non dicam error) qui aliquos Sauctos praesumunt comparare Apos- 
tolis mgratia et gloria : manifesté enim patet ex verbis istis, qudd Apnstoli hahenl graliam wajorem quiím alii Sancli 
postChnxlum, et Virqiuem Matrem. Temerarium est ergd aliqíiem Sanctum Apustolis comparare. 

(o) Imitación de Cristo, cap. 58, iil>. 5. 



42 OBRAS DEL PADRE JOSÉ FRANCISCO DE ISLA. 

contrapeso, proporcionando desdichas y ventajas, para que ni opriman ni desvanezcan; y en la 
recta é iiiialible línea de su decreto, huella sin temor el viento de todo lo caduco. En lo se- 
gundo no está menos diestro. Para los instrumentos de la operación (observe vuestra merced 
qué bella metátora y qué bien seguida) ó juego de manos, la muerte le sirve de bolsillo; 
porque como alli se revuelven cubiletes, copas, naipes, libros, cuchillos, pelotillas, leznas, 
varas, estopas, cintas, sin que nada quede distinto sino dentro del bolsillo conluso ; asi en la 
muerte (que para la tarsa de este mundo es vestuario) todos se mezclan en la primera confusa 
masa, sin iiaber distinción del pellico á la púrpura. Vara es la dirección con que rige el impe- 
rio ; libro , el de la vida , en que escribe los predestinados ; naipes, las figuradas dignidades t\ue 
continuamente se barajan; estopas, los muchas veces vanos que las solicitan; luego, el que 
fomenta la irascible y la concupiscible; cintas, el enlace que en las causas segundas luce; copa, 
la soberana de ese mayor misterio (habla del misterio eucarístico) ; pelotillas, los bienes de 
fortuna, que como tales ruedan; cubiletes, que las encubren lo inescrutable de les juicios que 
las reparten; cuchillo, su misma eficaz palabra; y lezna, la agudísima punta con que tal vez la 
caridad nos flecha. Así juega Dios, y enseña á mi gran padre á que juegue así.» No hay mas 
que pedir, ni es tácil que se encuentre semejante modo de disparatar. Pero prevengo á vues- 
tra merced que el referido libro está impreso con todas las licencias necesarias, y no obstante, 
¿habrá quien no se escandalice de que estas indignidades se prediquen y se impriman; y torcerá 
el rostro, arrugará la frente , el ver que se burlan de ellas en la persona de Fray Gerundio? 

Vamos adelante. También los títulos de comedia tienen entrada y ocupan su lugar en los ser- 
mones. No há mucho que se predicó en la corte : Fineza contra fineza; Para vencer amor, 
querer vencerle; y en Salamanca y en Sevilla, jBí Escondido y la Tapada, al santísimo Sacramento; 
y este último pensamiento se irá propagando y predicando en todo el Reino , respecto hallarse 
ya impreso en un tomo en cuarto de sermones, que se publicó en Sevilla en el año de 1753. 
Con esta ocasión se me viene á la memoria que, estando yo en una ciudad de las mas respeta- 
bles de España, hubo en ella un predicador de tan rara inventiva, que en un sermón de Sa- 
<:ramento eligió por asunto representar una comedia : de su título no me acuerdo, aunque sé 
(|ue era bien profano. Piepartió los papeles, dio uno á Jesucristo, otro á María Santísima, al 
santo titular de la iglesia otro, y á este modo fué acomodando los demás; pero añadió que él 
tomaba para sí el papel del bobo; y ello es preciso confesarlo, lo bueno que tuvo aquel ser- 
món fué lo bien que el predicador desempeñó su papel. 

Pues, amigo mió, aquí doy la razón: tales disparates no se castigan, apenas hay quien levante 
el grito contra ellos; los hombres graves de las religiones y del clero secular callan en público, 
aunque bien lo sienten, y lloran en secreto; ¿pues por qué ha de ser reprensible el que vuestra 
mercedtenga valor, celo y destreza para cortar con ingenio y con buen gusto semejante deprava- 
ción? Puede ser que se tengan por prudentes los que callan; pero no es prudencia cristiana callar 
cuando se aventura la gloria de Dios , la salvación de los prójimos y la reforma de las costumbres. 

Añádese á esto el prurito, la gala y ostentación de tocar cuantas circunstancias hayen la fies- 
ta. Las mas menudas, las mas pueriles, se pretenden encontrar en la Sagrada Escritura, y solo 
por el sonsonete quieren que el Espíritu Santo autorice las mayores futilidades. Y no crea 
vuestra merced que esto pasasolamente dondepredicaba Fray Gerundio : en la corto, en la corte 
misma, á vista de tantos hombres grandes , es donde mas reina este abuso. Pero lo mas pre- 
cioso es lo que sucede en el último día de las solemnísimas octavas, que por acá con ostentoso 
aparato se celebran. Para aquel dia se escoge un predicador diestro y práctico en acomodar 
circunstancias. Es de su cargo formar un ramillete (asile llaman) de las flores quehan predicado 
los oradores que le han precedido. Hace una recopilación de los principales pasajes de los ser- 
mones, procura añadir algo, y si no lo ejecuta, se alaba de ello. Hecha esta diligencia, tomando 
ocasión del nombre , del apellido ó de la profesión , forman un grande elogio de cada predica- 
dor, y cierra con llave de oro el octavario. Pero como á vuelta del elogio tal vez se suelta, como 
dicen, una floja ó una sátira, suele encenderse tal fuego entre estos oradores evangélicos, que 
no se puede apagar en mucho tiempo. «Yo soy el espadachín de mi comunidad,» oí decir en 
el pulpito, enardecido y furioso, á un predicador que se hallaba sentido de otro, porque le había 
satirizado en un sermón. ¡ Qué ejemplo para los fieles , qué edificación, qué mansedumbre cris- 
tiana, qué caridad ! 

He referido á vuestra merced todas estas cosas, no porque dejen de estar admirablemente 
reprehendidas en el Fraij Gerundio, sino para que vuestra merced se persuada á que su obra 
es tan útil, tan necesaria en Madrid, como en el mismo Campazas. 

Puede ser que al leer alguno esta carta confiese con ingenuidad lo mucho que se delira en 
los sermones panegíricos; pero dirá que no sucede lo mismo en los sermones morales. Así es 
verdad ; porque hay entre nosotros excelentes apostólicos predicadores que predican el moral 
con tanto celo, elocuencia y moción, que en fuerza de la divina palabra, anunciada por su 
boca, vemos anegarse en lágrimas los templos llenos de gentes, hacerse innumerables confe- 
siones generales, restituirse cantidades gruesas, y entablar muchas personas una vida arreglada 
y devota, correspondiente á sus respectivas situaciones. Decir lo contrario es temeridad, es 



rUAY GEUl NDIO DE CAMPAZAS. 43 

querer llevar las cosas hasta el último extremo, es ponerse de propósito á denigrar la Nación. 
Pero como estos celosísimos predicadores sean los menos , por esto aun los sermones morales 
necesitan de una gran reforma. 

¿Absolutamente se suelen descuidar en ellos todas las reglas de la verdadera elocuencia? 
¿Cuántos, sin haberla estudiado ni aun saludado, suben llenos de satisfacción al pulpito? 
¿Cuantos hacen consistir la elocuencia en voces campanudas é hinchadas, en períodos pompo- 
sos, en amontonar frases y sinónimos que significan una cosa misma? La cadencia afectada y 
pueril, los retruécanos, los equívocos, las transposiciones, son defectos que comunmente se 
notan en muchos oradores que, aunque sabios en otras facultades, están destituidos de prin- 
cipios y de una verdadera idea de la oratoria. 

Otros ponen toda la elocuencia en puras descripciones : dos ó tres pinturitas de N. han de 
tener lugar en el sermón , aunque no vengan al caso ni las pida el evangelio del día. Y como 
no todos tienen habilidad para formarlas , qué cosa mas fácil (sigo el pensamiento ( 1 ) del padre 
Bartholi) que robarlas á los poetas, que tomarlas de las novelas y de las comedias, y con tal 
que haya un poco de arte para transformar á Venus en una Magdalena, no se conoce el hurto y 
se logra el embeleso del auditorio. Con esto y con usar de un estilo llorido, lleno de metáfo- 
ras, salpicado de luces, de estrellas, de soles, de epiciclos, si ademas se junta una recitación 
cómica, con acciones mas propias del teatro que del pulpito , no hay mas que desear; y yo 
aseguro que este predicador tendrá séquito , serán sus auditorios numerosísimos , saldrán gus- 
tosos y alegres los oyentes del sermón ; pero ni se derramará una lagrima ni se cogerá otro 
fruto que el aplauso del predicador. ¿Y es este el fin de la predicación? ¿Se instituyeron en la 
Iglesia los sermones para remedar representaciones cómicas, ó para promover la conversión 
délas almas? ¿Son la corona del predicador los vanos aplausos, ó la compunción de los oyen- 
tes (2)? Por esto quisiera que vuestra merced no se acobardase, y que saliera cuanto antes con 
el segundo tomo de Fray Gerundio; y si fuere menester, con tercero y cuarto, para poner en 
claro la deformidad de estos abusos. 

Mas no faltan predicadores que echen por diferente rumbo. Si hacen de los doctos, no hay 
punto el mas delicado, el mas sutil de la teología escolástica > que no le traten largamente. Y 
no importa que el pueblo no lo entienda; eso es lo que mas se alaba. Si presumen de eruditos, 
las citas de los autores sagrados y profanos, los textos hacinados de la Sagrada Escritura, las 
autoridades largas, referidas en latin para hacer ostentación de su memoria; las versiones di- 
ferentes del sagrado texto, la hebrea, la griega, la arábiga, la siriaca, la de Theodocion , de 
Aquila, de Simmaco, y la Paráfrasis Caldea, son el ruidoso aparato con que asombran á los que 
no saben : este fárrago en cualquiera parte se recoge; y cuando más, prueba que revuelven 
índices y polianteas. 

¿Pues qué si los predicadores quieren pasar plaza de agudos en sus sermones? Entonces se 
amontonan conceptos sobre conceptos, dudas sobre dudas. Un sin número de mases y de por- 
qués (si me puedo explicar así) tienen suspenso al auditorio, que no saca jugo, sustancia 
ni instrucción. Ni son menos perjudiciales los predicadores que blasonan de cultos : los mas 
de los oyentes vuelven á sus casas sin haber entendido una palabra del sermón. El antítesis es 
la figura retórica que mas aman : por lo mismo á cada paso la usan. No aciertan á decir una 
palabra que esté en paz con otra. Todas mantienen entre sí una guerra viva; y como se toman 
la licencia de inventar frases y voces que nadie sabe lo que significan, con razón dice el Padre 
Antonio Vicyra, en el gran sermón de la Sexagésima : «Así como hay Lexicón para el griego y 
Calepino para el latin, así es necesario que haya un vocabulario del pulpito.» Y añade : «Yo á lo 
menos lo tomara para los nombres proprios ; porque los cultos tienen desbautizados á los san- 
tos, y cada autor que alegan es un enigma.» 

Estos escollos en que se estrella la predicación evangélica, se evitarían si nos hiciéramos 
cargólos predicadores de la estrechísima cuenta que hemos de dar á Dios por el abuso de 
tan sagrado ministerio , y si el fin de muchos sermones no fuera el de ganar nombre y esti- 
mación entre el pueblo, y aun el de lograr alguna retribución. No por esto es mi ánimo decir 
que el jornalero no sea digno de su ganancia; lo que abomino, lo que condeno, es que la 
predicación sirva de medio para conseguir fin tan ratero é interesado. Y á la verdad, ¿se puede 
imaginar mayor prostitución de la divina palabra que el hacer mercancía de ella? ¡Dios, por 
su infinita misericordia, libre á los predicadores de una intención tan mala, tan baja y 
tan vil ! 

También entre los medios proporcionados para predicar con fruto , se señala comunmente, 
y con razón, el estudio de la verdadera elocuencia, líuena prueba es la gran llelórica ecle- 
siástica que escribió el venerable padre Fray Luis de Cranada, la que lia servido de modelo 
para muchas que han escrito los extranjeros. Y si no fuera porque se va dilatando esta carta 
mas de lo que discurrí al principio, yo liaría ver en ella con ejemplos de los padres griegos y 

(1) Daniol Harlholi, Eternidad Consejera. 

(2) Div. Ilieron. ad Ncpoc. Docente te in Ecclesia non clamor popiili, sed gemitus susciletiir; Idclir-jiiiae auditorum 
laudes luae sint. 



4í OBRAS DEL PAIJRIÍ JOSÉ FRANCISCO DE ISLA, 

latinos, y con lo que San Agustín escrihií) en los libros de la Doctrina cristiana, la nccosídad 
de este estudio para la predicación , y res|)OJidcrla al argumento que toman los contrarios de 
una autoridad de San Pablo mal entendida. 

Pero es ya demasiada mi prolijidad, y si he de decir á vuestra merced ingenuamente mi 
dictamen, en el estado presente no pi(Ío discursos elocuentes ; me contento con que no se 
prediquen cosas ajenas é indignas de la majestad del pulpito, contrarias á la palabra del 
Señor y opuestas á la editicacion y aprovechamiento de los heles. Para este lin juzgo nece- 
saria la obra de vuestra merced, no porque absolutamente se conseguirá, sino porque en 
gran parle contribuirá á que se consiga. 

Nuestros ilustrísimos señores obispos, que en santidad, letras, desinterés, celo de la gloria 
de Dios y de la salvación de las almas, no ceden á los mas venerables de otras naciones, son 
los que únicamente pueden reformar la predicación. Y como sería osadía temeraria atreverme 
á dar consejos á los que Dios ha puesto sobre el candelero de la iglesia para que nos alum- 
bren, nos instruyan, nos enseñen, referiré solamente lo que algunos prelados practican para 
introducir esta reforma. 

Procuran informarse exacLamente de la buena vida y costumbres del que intenta seguir la 
carrera de la predicación, ya sea secular ó regular ; y si no corresponden los informes, no le 
permiten el ejercicio de este santo ministerio, para que no destruya con el ejemplo lo que 
podia edificar con la palabra : á ninguno dan licencia de predicar hasta que esté probado en 
el sacerdocio; porque solo los sacerdotes deben ser los coadjutores de los obispos en dar 
pasto saludable á sus ovejas, que es la primera y principal obligación del ministerio pastoral. 
Y aunque consta de los hechos apostólicos y de la historia eclesiástica, haber predicado j)ú- 
blicamente los diáconos, esto fué en tiempo de las persecuciones, como lo podrán ejecutar, 
con el permiso de los prelados, cuando haya causa justa ó falta de operarios ; pero que pre- 
diquen los que aun no están ordenados in sacris, sobre no ser decoroso ni decente, trae el 
peligro de que el mismo que acaba de dar la bendición al pueblo desde el pulpito , baja inme- 
diatamente para el estado del matrimonio, á recibirla de su párroco, como mas de una vez 
ha sucedido. 

En los exámenes para predicadores ponen el mayor cuidado. No los reducen precisamente 
á preguntar cuántos son los sentidos de la Sagrada Escritura, y otras cosas fáciles y triviales, 
que apenas hay quien las ignore ; procuran arreglarse para examinarlos á lo prevenido en una 
de las actas del concilio quinto de Milán, presidido por el gran celador de la disciplina ecle- 
siástica, San Carlos Borromeo. 

Si oyen ó saben que algún predicador, desperdiciando el tiempo en circunstancias im- 
pertinentes, no explica en la salutación un punto de doctrina cristiana, según está mandado 
por la santidad de Benedicto XIII, ó que en el sermón no habla como debe, le recogen las li- 
cencias de predicar, y tal vez le corren y avergüenzan públicamente, para que escarmienten 
los demás. Asi sucedió este mismo año en una de las mas célebres catedrales de España. En 
la octava del Corpus subió al pulpito , en presencia de su ilustrísimo prelado y de su ve- 
nerable cabildo, uno de aquellos predicadores que no han formado idea de la alteza de su 
ministerio, y dio principio á su exordio con este vulgarísimo refrancete : «Media vida es la can- 
dela, pan y Vino la otra media.» El celosísimo prelado, enardecido al oír semejante despropó- 
sito, le dijo : «Bájese, padre; que para predicar así, mas vale que no se predique.» La repe- 
tición de algunos ejemplares haría mas circunspectos á los predicadores. 

Estos medios, sí se continúan, llegarán sin duda á reformar el pulpito y pondrán la orato- 
ria eclesiástica en el alto grado de perfección que se merece. Vuestra merced por su parte 
ofrece un auxilio oporlunisímo para tan santo fin; y así, estoy por vaticinar que su preciosa 
Ilisloria del famoso Fray Gerundio será recibida con estimación de los prelados, con singular 
aprobación de los hombres de juicio, y con universal aplauso del público, á quien se dedica. 
Dios guarde á vuestra merced muchos años, como deseo. Madrid y diciembre 40 de 1757. — 
Besa la mano de vuestra merced su amigo, servidor y capellán. — José de Rada y AguirrCo 



CARTA 

DEL SEÑOR DON JUAN MANUEL DE SANTANDEn Y ZORRILLA, COLEGIAL EN EL MAYOR DE SAN ILDEFONSO, 
UNIVERSIDAD DE ALCALÁ, CANÓNIGO DOCTORAL QUE FUÉ DE LA SANTA IGLESIA DE SEGOVIA, BIBLIO- 
TECARIO MAYOR DE LA REAL BIBLIOTECA DE SU MAJESTAD, ACADÉMICO DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA, 
Y HONORARIO DE LA DE LAS TRES NOBLES ARTES. 

Muy señor mió y muy amigo : Ya que vuestra merced ha tenido el mal gusto de querer oir 
mi dictamen sobre la Historia del famoso predicador Fray Gerundio de Campazas , quisiera, agra- 
decido á una confianza que me es tan honrosa, hallarme en estado de desempeñarla digna- 
mente, no solo anticipando a vuestra merced ias justas gracias que le debe nuestra nación 
por lo que trabaja en su beneficio, sino también concurriendo al santo, aunque arduo, íin de 



KRAY GERUNDIO DE CAMPAZAS. 4." 

enmendar y desarraigar los grandes abusos y males que padece hoy entre nosotros el alto 
ministerio de la predicación del Evangelio : males tan graves, tan complicados y de tan difícil 
curación, que solo puede hacerlos tolerables la esperanza de que se acerca y proporciona su 
remedio. 

El que vuestra merced, como sabio y experto médico, propone en la citada historia, digno 
y admirable parto de su fecundo y tlorldísimo nigenio, es tan natural y oportuno y tan con- 
veniente al estado actual de la enfermedad, que dudo pueda ofrecerse otro de mas probables 
esperanzas, para coadyuvar al santo y heroico celo de los ilustrisimos prelados, escritores y 
oradores insignes -que la divina Providencia nos ha dado siempre, y nos continúa hoy, para 
hacei" frente y contener al numeroso escuadrón de aquellos que, sin la debida retlexion y 
desnudos de las calidades y partes indispensables á tan santo ministerio, se atreven á inva- 
dirle y profiínarle , con gran perjuicio de la salvación de las almas. 

Confieso á vuestra merced ingenuamente que no sé ni alcanzo cómo hay valor y resolu- 
ción para emprender con la facilidad y satisfacción que vemos, un oticio de tan alta y vene- 
rable dignidad, que fué el único ó el principal que ejerció el Salvador y Maestro del mundo; 
un oficio tan elevado, y casi divino, que para tomarle los apóstoles, hubo de preceder la vo- 
cación, elección y mandato del mismo Jesucristo; un oficio lleno de trabajos, fatigas y tribu- 
laciones, que sobre el preciso fundamento de la vocación ú obligación, pide necesariamente 
una vida ejemplar y edificante, un sólido estudio de la sagrada teología, una continua lección 
y meditación de la santa Biblia, padres y expositores, una razonable noticia de las demás 
ciencias y artes, con la perfecta inteligencia de los preceptos de la retórica eclesiástica, para 
enseñar, deleitar y mover, que son las tres partes que constituyen y forman al orador 
cristiano. 

Vuelvo á decir á vuestra merced, y diré mil veces, que no lo entiendo ; porque si el que 
tpor oficio ú obediencia de sus mayores» ha de proponer al pueblo la palabra de Dios, tiene 
razón de decir con San Francisco de Borja, en el admirable tratado que hizo del modo de 
predicar el santo Evangelio, timor et tremor venerunt svper me; ¿cómo se podrá disculparla 
gran confianza y satisfacción con que muchos solicitan y abrazan tan formidable empleo? ¿Qué 
otros motivos puede haber para atropellar ciegamente, y posponer unos respetos y conside- 
raciones tan graves, que han atemorizado siempre á los santos y estremecen hoy con justa 
razón á nuestros mas ilustres oradores , sino la ignorancia de la majestad y grandeza de tan alto 
ministerio; la falta de las disposiciones mas precisas para ejercitarle; el poco ó ningún celo 
de la honra de Dios y de la salvación de los prójimos, con que se emprende; la ambición y 
deseo de predicarse a sí mismos; y los demás vanos y despreciables pretextos que movieron á 
Fray Gerundio, y son en realidad los que han hecho tan numeroso y digno de lástima al vulgo 
de nuestros predicadores? 

La conversión de estos al verdadero y sólido método de predicar cristianamente, es el prin- 
cipal y grande objeto de vuestra merced en la inimitable historia de su ideado héroe. Y aunque 
en este santo fin sigue vuestra merced los pasos de muchos celosísimos prelados , insignes 
oradores y escritores infatigables de nuestra nación , puede vuestra merced lisonjearse de ha- 
ber descubierto un nuevo rumbo de grandes esperanzas en su admirable , útilísima historia, 
cuva publicación debe vuestra merced no retardar un instante, asegurado de que será admi- 
tida de los mismos ilustrisimos prelados, con mucha estimación; de nuestros excelentes ora- 
dores, con aplauso; de los escritores que se han fatigado en este asunto, con admiración; de los 
doctos y sabios, con aprecio ; y de todos, con general aceptación y agrado ; pues todos reco- 
nocerán el justo y santo fin á que se dirige , lo maravilloso y bien dispuesto de su invención, la 
solidez de su doctrina, lo escogido y primoroso de su erudición, y finalmente, lo natural, fácil, 
sazonado, ameno y abundante de su estilo : calidad singular que brilla admirablemente juntó 
al desaliñado , seco y bronco de Fray Gerundio, y que unida á las demás de su famosa historia, 
prueba con eviflencia, en mi concepto, que aun tiene vigor nuestra España para producir 
nuevos Cervantes. 

Aquí cerraría yo esta carta, por el escrúpulo que formo de impedir, con mi detención en 
responder á vuestra merced, la utilidad y beneficio público ; pero como no desempeñaría fiel- 
mente la confianza que le debo sí no expresase con sinceridad y franqueza todo mi dictamen, 
paso á decir á vuestra merced llanamente los reparos que se me ofrecen , con entera satisfac- 
ción de que vuestra merced los oirá como efecto de la atención y cuidado con que le he obe- 
decido y de la amistosa ingenuidad con que le correspondo. 

La verdad, que es el alma de la historia, pide en la de Fray Gerundio muy particular estudio 
y desvelo. Y aunque vuestra merced en la narración de los motivos y fines que tuvo aquel héroe 
para dedicar sus talentos al santo ministerio de la predicación, observa exacta y religiosamente 
tan importante documento, pues no falta en un ¡ipice á la realidad de los sucesos, sin omitir 
circunstancia alguna; sin embargo, no quisiera yo que, habiendo la mejor y mas sana crítica 
introducido y aprobado ya en todas partes el conveniente uso y estilo de autorizar y comprobar 
la verdad histórica con apéndices de pruebas é instrumentos sacados de archivos públicos y 



46 OBRAS DEL PADRE JOSÉ FRANCISCO DE ISLA. 

de autores fidedignos, faltase ala que vuestra merced ha escrito de Fray Gerundio un requisito 
y calidad tan importante para tapar la boca á los muchos émulos que se puede recelar pruden- 
temente no dejarán de abrirla cuanto puedan, para morderla con mas tuerza, ya que no sean 
capaces de tragarla y digerirla. 

Lo segundo, aun cuando en lo substancial no la nieguen ni disputen el carácter de verda- 
dera, podrán decir que los vicios y defectos de Fray Gerundio, que vuestra merced supone 
haber llorecido al (in del siglo pasado, son mucho mas antiguos y rancios, y como dicen, del 
tiempo de entonces ; que hoy no se tiene ya noticia ni se sabe de ellos, y que vuestra merced 
los resucita intempestivameute, sin necesidad y con riesgo de que se comuniquen y vicien á 
nuestros predicadores, (jue cuando mas solo padecen algunas leves imperfecciones, que no 
perjudican al digno ejercicio de su ministerio ni á la salvación de las almas. 

Temo linalmente lleguen á decir que, aun cuando fuesen ciertos los graves defectos que 
se notan en Fray Gerundio, y asimismo que todos ellos, y aun otros mayores, si es posible, 
se hallasen hoy en los predicadores, modelos ó retratos suyos, no es conveniente ni proprio 
modo de reprehender y corregir á unos hombres consagrados á tan santo ministerio como el de 
la predicación, el hacer notorios y reparables sus defectos en una historia que por precisión 
ha de andar en las manos de todos , y que habrá de leer contmuamente hasta el pueblo y vulgo 
de la Nación , aun cuando no se proponga otro fin que gozar del festivo y gracioso estilo en 
que vuestra mercedla escribe. 

Yo no sé qué fuerza podrá hacer á vuestra merced todo esto ; pero bien sé que á mí me la 
hace tal, que estoy pesaroso y casi arrepentido de haberme metido á predicador, no menos 
que de los mismos predicadores; cuando mi profesión, la ignorancia de la sagrada teología y 
la falta de las demás calidades necesarias, me excusa de entrar en la clase, aun de los mas co- 
munes y ordinarios. Pero ya dado este paso, y quedándome la satisfacción de no haber dicho 
cosa que no sea muy cierta y verdadera, para lo cual, sin el título de predicador, me basta el 
de presbítero y el saber que la palabra de Dios se debe oir con el mismo respeto y reveren- 
cia « que se debe al cuerpo de Jesucristo (1) r. , voy á decir á vuestra merced lo que juzgo preciso 
para satisfacer á los expresados reparos, creyendo no tendrá vuestra merced á mal que lo 
ejecute con separación y en tres puntos, sin embargo de que sea estilo de nuestros predica- 
dores dividir sus sermones en cuatro , cinco , y aun en trece , como yo lo he visto en uno im- 
preso en este siglo. 

Por lo que mira á la precisión de autorizar la Ilisloria de Fray Gerundio con documentos 
irrefragables que comprueben su verdad, pudiera ñicilmente hacer un libro de gran volumen, 
con solo referir lo que al mismo intento han escrito casi uniformemente nuestros mas ilustres 
predicadores y otros santos y venerables varones que Dios nos ha dado para nuestra ense- 
ñanza y ejemplo; pero juzgando inútil semejante trabajo material, le he suspendido, por ser 
bastante al expresado fin el citar los lugares mas oportunos de cada autor, refiriendo uno ú 
otro de los que no son comunes. 

Sea el primero de estos Fray Juan de Segovia, predicador general del orden de predicadores 
en su Relórica evangélica, obra excelente, singular y rara, que mereció reimprimirse en Italia, 
con gloria de nuestra nación. Este grande orador, doliéndose de la libertad y de los improprios 
é indignos motivos con que en España se introducían muchos á ejercer la predicación del 
Evangelio, pone los mismos que vuestra merced toca y refiere en Fray Gcrundiu : Quapropter 
(dice) haec mea pro nunc eat, el semper fuitsententia, quod concionator (sit monachus aiit dericns) 
rogalus semper, aut ex obedienlia compulsus, pulpitum ascendat. ¡lie est enim totus Evangelici 
concionatoris decor, ut sil vocatus tamquam Aaron. Quomodo enim praedicabunt , nisi mittanlur? 
Quae profectt) verba non usqiie adeb hunesíum, el laudabilem concionatorcm illum praedicant , qui 
sese in concionandi officium, non vocatus, ingerit. Et haec dixerim, quodnosíra hac tempeslate 
praecipuus eslliic concionatorum m^rbus : qnippe cum iil in plurimum vix reperiatur aliquis , qui 
jam non summo opere curet, el anxia sollicitudine iindequaquc sibi condones inquirat. Quod sí 
lioc in eis ex animarum zelo procederel, laudarem quidem. Sed lamen vehemenlersuspicor aliler 
se habere : et quod oslentalionis suae causa, aut aíicujus temporalis lucri, vel lionoris, ac si aliquod 
aliud esse temporale negotium, haec ut in plurimum appelunt , el inquirunt {^). 

Explica aun con mas claridad los motivos y fines viciosos con que se emprendía la predica- 
ción, diciendo : AUipraedicanles quidem, id "^sese in hominum opinione sapientes exhibeant : unde 
ad hoc dcveniunt perniciosissimum malum, quod subtilia quaeque, et curiosa in suis concionibus 
doceanl, quae poliiis oslentationem suam quám populi erudilionem rcspiciunt. Atiipropler inanem 

(1) Cap. Interrogo , canx. i, quaest. \. Interrogo vos , fratres vel sórores, (licite mihi, quid his plus esse videtur, 
Verbum Uei , an Corpus Chrisli? Si verum vullis responderé , hoc utique dicere debetis, qubd non sit minus verbum 
Dei, quilín Corpus C/iristi. lítideo quautd sollicitudine ohservamus , quaudo nubis Corpus Christt ministratur , ut 
niliil ex i/iso de nostris manibus in terram cadat , tanta sollicitudine observemus , ue verbum Dei, quod nobis erogatur, 
diim aliud aut cogitawnn , aut loquimur , de corde nostro pereat : quin non minus reus erit qui verbum Dei negligenter 
audierit, quám iile qui Corpus Christi in terram cadere negligeutiá sud permiserit. 

(2) Fr .Inannes Segovieusis , Ord. Praedicat. De praedicatione Kvangeticd . libro primo, cap. 6, pag 23. Ko lie 
visio lu euiciuu Uc Kspaiia, que iiaicco se \n¿o eu el año de 1573 ; pero si la de llaüa, en cuarto, Brixiae, 1386. 



FRAY GERUNDIO DE CAMPAZAS. 47 

gloriam etpopuU applausum, (¡ui sibi ab hominibus datur, praedicant: unde cogttntur non subs- 
íantiiilia lei]is, s¿(í vana et inuülia praedicarc. Alü proptcr popiili favores concionantiir , ut intcr 
omnes reipublicai' vives praecipui liabeaittur consuUores, et omnes « minimo usque ad ínaximum 
eonim bcnevoleutianí captent, sumnunnque revercntiam dcfcraut. Alü (proh dolor I ) propter 
alicujus temporalis commodi liicrum, Evangelium docent, rcipublicae officia publica , eldignitates 
aucupantes. Qucmadmodum vcnim hahel in iis, qiii in regia incedunt curia, semper apud reges 
et mnquates degentes vitam, inquirentes nimirum an praedicatione sna (tauquam férreo hamo pis- 
catorum more) episcopatum aliquem sive abbatiam, aut canonitum, sive regiam praedicationem, 
vel aliam similem reipublicae dignitatem et honorem consequi valeant (1). 

En el mismo capitulo, después de notar á los predicadores el deseo de su proprio honor, y 
estimación con que ejercían tan santo ministerio, dice : Hiñe diaboliciim quoddam almd procedit 
malum. Nam liac de causa Evangelici concionalores minimé veritatem quandoque in concionibus 
tractareaudent. Quia cum Dci honorem tauquam praedicationi suae finem aliquando non intendant, 
sed sui ipsorum dumtaxat lucrum, ut hocnempe ab auditoribus acquirant : statuuntin concionibus 
suavia illis proponere dogmata, et quae eorum demidccant appctitum, vitia eorum disimulantes, 
atque eorum promulgantes virtutes (2). Por no ser molesto dejo otros muchos lugares de este 
celosísimo predicador; ni aun hubiera referido estos, aunque oportunos, si á su gran mérito 
y a lo raro de su obra no se agregase el justo motivo de la comprobación y crédito de la de 
vuestra merced; pero si alguno la quisiese mayor, dígale vuestra merced que venga á reco- 
nocer las citas marginales. Ni me detengo á poner á la letra lo que al mismo intento y con 
igual celo escribió Fray Tomas de Trujillo, de la misma religión, porque van conformes en 
todo : solo diré que , habiéndose propuesto este concurrir á desterrar de España los cartapacios 
y códices sermonarios que muchos copiaban para ejercer el santo ministerio de la predicación, 
subrogándolos en lugar del estudio de los santos padres, refiere la prohibición que habia 
hecho de los tales códices el Santo Tribunal de Sevilla, y dice : Quamobrem tnm desiderio 
huictam gravi morbo (si id per me fieri poterit ) medendi, tum eliam quod doleam concionalores 
plurimos de sua acstimatione casvros esse, publicato dominorum inquisitorum haereticae pravitatís 
edicto, mense Junio, auno á Christi Domini ortu 1577 in lUiistrissima IJispalensiiirbe: quoquidem 
imperatur, ni omnes alieni auctoris códices manuscripti, sermones, ut aiunt, continentes, sen 
expositiones divinae scripturae , exhibeantur d singulis : Ilis inquam de causis hunc non levem 
laborem subiré decrevi , etc. (5). Ya se ve que los tales predicadores, que se vallan de sermones 
dignos de prohibirse, eran unos verdaderos Gerundios. Yo no me atreveré á jurar que hoy 
suceda lo mismo; pero sí deseo que vuestra merced me diga, en vista de esta carta, sí tendré 
fundamento para esperar que el Santo Tribunal renueve tan oportuna providencia con los 
muchos sermonarios que desde entonces se han impreso. 

Al Padre Lorenzo de San Juan, varón apostólico de la compañía de Jesús, que ejerció cua- 
renta y siete años el santo ministerio de la predicación, pidieron muchos que escribiese algu- 
nos avisos convenientes, fundados en su experiencia : hizolo así poco antes de morir ; y en 
ellos , después de sentar la utilidad de la retórica para dicho fin, dice : «Pero muchos no la 
estudian ; de lo cual se sigue que sus sermones mas son licionas curiosas y verbosas, que ser- 
mones y homilías de santos... ¿Cuántos hay que predican sin saber qué cosa es ser predicador 
y qué fin ha de tener, siendo el ministerio mas alto? Para ningún oficio hay menos examen ; 
y de ahí viene el poco caso que se hace de ellos, cuan pocos los oyen , y con cuan poca esti- 
ma... Dicen algunos : Yo no soy obispo, ni rector, ni cura de almas; sino que predico por mi 
contento y entretenimiento ; ¿quién me manda á mí poner en mal con nadie? De esta manera 
me conservo con amistad con todos, y tengo amigos y muy ricos estipendios : doscientos ó 
trescientos ducados. — Buen provecho te hagan : ¡tú no predicas en nombre de Cristo, y has pro- 
metido predicar el Evangelio ! Pues si tú infamas á Cristo y adulteras el Evangelio, abusas de 
la palabra de Dios , contaminas la Iglesia, ¿qué castigo no mereces? Dices que no haces oficio 
de obispo; el provisor no es obispo, ni el oidor del Consejo es rey ; pero si no hacen lo que 
el obispo y el rey son obligados, se irán al infierno.» 

Sigue el diálogo con el mal predicador, y dice este : «Padre, veo que muchos lo hacen así. 
— Poco importa, si lo han de pagar en la otra vida, y son pocos los que agradan á Dios de los 
que hacemos este oficio, y se verán innumerables condenados , según las amenazas de la Escri- 
tura y lo que dicen los santos. — Padre, yo no sentia espíritu. — Y aun por eso habriades de to- 
mar otro empleo : Qui docet in doctrina, qiú exhortalur in exhortando. — Padre, Dios me hizo 
verboso. — Que tomárades oficio de orador en las escuelas, ó de pregonero; y no ocupar el ofi- 
cio del digno y fructuoso : Ut excludant eos qui probali sunt argento. ¡ Ah, y cuánta verdad es 
que el predicador habia de ser llamado, importunado, y tomar este oficio por obediencia y 

(1) T¡e praedicatione Evanqelicñ, libro 2, cap. Z1, páí?. 363 

(2) ídem, ihidem, par/. óiJÍ; et pag. I, i, 5, 15, 13, 23, 27, 28, 89, 107, ill, 131, 132, 2:.í. 2Üo, 318, 3G7, 
r^SI , 447 , 483, 493, 4!)9, 500 , et feri- per tot. 

(3) Fr lomiís de Triiiillo , nrdiiiis Praodiciitorum , in prnefatione ad Thesatirum concionalorum , col. ü, etú, llent, 
lib. 5, col. 114, 130, 131 , 13Í e/ 13j, edíí. üarcinone, 1379, diwl>. volim. in fot. 



48 ODRAS DEL PADRE JOSÉ FRANCISCO DE ISLA. 

espíritu, y hambre de las almas, como San Pablo, el cual dice de sí : Paulus vocalus , segrega- 
tus: en voz pasiva ; y guardarse de la ambición, y de buscar primas calhedras in Synagogis, 
como es fama se hace por sí, por amigos y aun damas, procurándolos mejores pulpitos y 
cuaresmas, y lo saben los oyentes! Estos ¿cómo pueden predicar con espíritu, y decir : Non 
quaero gloriam meam, sino la de Dios , haciendo todo lo contrario?» 

Tenga vuestra merced paciencia, y oiga el fin de tan sólida y nerviosa doctrina, pues tanto 
comprueba y caiilicalo que vuestra merced refiere en su historia. «Padre, dice el predicador, 
si no se hiciese eso, nunca tendría un buen sermón ni cuaresma. — No se perdería nada, an- 
tes , antes se ganaría ; y para vos y para las almas sería mejor que proveyese Dios de predi- 
cador, y no fueseis vos, que sois intruso y no entráis por la puerta. Diréis que si no sobor- 
náis con exquisitos modos, oyentes, no los tendréis. Si vos sois llamado de Dios, su Majestad 
traerá auditorio que no calará en los templos, como aconteció á San Vicente Ferrer, á Fray 
Lobo, y al Padre Juan Ramírez, y á otros muchos que yo he conocido, y predicaron toda la 
vida contra su apetito y voluntad propria, por pura obediencia; y en cuarenta y cuatro años 
y mas de predicación, jamas por sí ni por otro pro€uraron sermón, pulpito, iglesia ni cuares- 
ma, etc. i 

Si alguno quisiere verlo demás que añade aquel gran maestro de la predicación, envíele 
vuestra merced á la excelente Retórica cristiana del Padre Juan Bautista Escardo, de la com- 
pañía de Jesús (1), donde no solo hallará los avisos del Padre San Juan, sino también que el 
mismo autor que los refiere es de igual sentir, y lo confirma con muchos lugares que trae 
de otros escritores nuestros, y con admirables ejemplos y preceptos, hijos de su continua 
lección y larga experiencia en el tiempo que enseñó retórica en Zaragoza, y en mas de treinta 
años que ejerció después la predicación. Excuso el poner aquí sus palabras por no ser pro- 
lijo, y por lo mismo me reduzco á solo apuntar lo que en calificación de su Historia, de vuestra 
merced dijeron otros insignes predicadores, escritores y prelados celosos de nuestra na- 
ción (2), que han resistido y hecho frente á los que han intentado profanar tan santo ministe- 
rio. Téngalos vuestra merced prevenidos para su mayor justificación , y asimismo las constitu- 
ciones sinodales, especialmente las de Toledo, Sevilla, Santiago, Valencia, Córdoba, Mála- 
ga, Segovia, Valladolid, Plasencia, Calahorra, Orense, Barcelona, Tortosa, Segorbe, Ma- 
llorca, Canaria y Ucles , en que se reprehenden y castigan los mismos y aun otros defectos 
gravísimos en que incurre el vulgo de nuestros predicadores, y vuestra merced nota en Fray 
Gerundio (3). 

Pero si estos, ó algún otro que piense en defender su mala causa, dijeren que los expresa- 

(1) Rhethoricachristiana,6\(\eside los que desean preclicarcon espíritu y fruto de los almas, etcporel Padre Juan 
Bautista Kscardo , de la conipañia de Jesús. En Mallorca , año de tGi7, un vol. 4." Véanse ios Avisos del Padre Saíi 
Juan d l'is predicadores , l'ol. 150 , 497 y siguientes de esta Rhetliorica. 

(2) Retórica en lengua castellana, jpor'un fraile de la óideii de San Jerónimo , en Alcalá de Henares, año 1541: 
un vol. 4." Véase el prólogo, fol. 1 , B. 2 y 5 ; y cap. n, fol. 12 y 13 ; cap. 50 , fol 51 ; cap. 53 , fol. 73 y 74, B. 

Benedicli Ariae Montani Rhelhoricorum , libri 4, Antuerpiae, 15G9, un vol. 8.* Véase en el libro primero las pág. 17, 
18 y 10. 

Ecclesiaslicae Rhetltoricae, sive de ratione concionandi libri sex, Auctore R. P. F. Ludovico Granatenst, etc., Ullyssi- 
jwne, annomiG, m vol. 4.» Véase las pág. 15, 18,50, 52. 68, 76,79, 153, 159, 195, 193 y 196. 

Modus concionandi , et explanatio in psalmo 156, Super Ilumina Dabijlonis; Auctore Üiiiaco Síella Minoritá : Sal- 
maníicae , 1576, un vol. 8". Véase la epístola dedicatoria, y el folio 7, 1(3, 26 y 27. 

Üe sacra ratione concionandi, opus Jacobi Peressi á Valdivia, Uarciiione, 1588, un vol 4." Véase el Prólogo ad 
sacrae Theologiae stndiosos,y las pág. 24, 42, 323 y 327. 

Primera parte de la Rhetfwrica de Juan de Guzman, en Alcalá, año 1389, un vol. 8. Véase el folio 59, 60, B. 61, 
G2, 65. y B. 68, 69, y D. 70, 71, y B. y 73. 

F.Joannis ¿iJesu Maria , Ord. Carm. Excal. Ars concionandi, Romae, ICIO, un vol. 12. Véase la parte 1 , cap. 4, y 
parte 5, cap. 4. 

Elocuencia Española en arte, por el Maestro Bartolomé Jiménez Palón, en Baeza, año 1621 , un vol. 4," Véase el 
folio 59, y B. 157, 138, B. 159, B. 141, lt2, y B. 

D. lldephonsus Mesia de Tobar, Episcopus Astnricensis , De perfecto cnncionafore, Asíuricae , 1624, un vol. 4.° Véase 
cap. 1, pág. 5; cap. 12, pág. 253, 245; cap. 15, [lág. 556; c;ip. 15, png. 27() y 277; c;ip. 16, pág. 290. 

D. Thomns h Villanova , 'Conc. 2, in die Pentecostés, l'ol. 95, B. 140, IJ. El Ven. M. Juan de Avila , tomo 2, del Epis- 
tolario Espiritual , impreso en Madrid, año 16IS, fol. 12, B. y sigiiient. Sania Teresa de Jesús, en su Vida impresa 
en Anihéres, año 1549, cap. 16, pág. Ii5 y 144. Fray Agustín Nuñez Delgadillo, en el prólogo á sus Sermones de 
Cuaresma. Fray Jerónimo de Aldovcra , al principio del tomo segundo de sus Sermones de Santos El pndre Bernar- 
dino de Villegas, en el libro de Ln Esposa de Cristo , cap. 51. Luis Muño/, Padre Gaspar Saiiciiez , Juan Uodriguez de 
León , ilusirisinios Hincia y Lepe, padre Caravántes y otros muchos qne omito. 

(3) Toh'tani Concilii Provincinlis actiones. Compliiti , 1566, 8. Véase (ol. 47. 
Dertosana Sr/nodus , ü Joatme U izquierdo habtta. Valenliae , 1575, 8 Véase pág. 72. 

Dioecesaua Si/uoüiis Segobricensis celébrala, Presidae Ilt. ac Vtever. D. 1). Peiro (lenesio Casanova. Valentiae, i6\Z,S. 
Véase pág. 26 etsrr;. Mnioricensis Eccles.Sijnodnles , per ü. Didac. Eseolniio. Mnlrili , IbtiO, 4. Véase Til. 1, Con.sl. 1, 
pág. 144 y 458. Moioricensis Episcopatíis leqes S'/nodates, celébratele ¿t Ü. Petro de Alngon. Maioricae, 1692, fol. Véase 
pág. 155. Constituciones Sinodales del Oliispado de Valladolid, impresas en V.illadolid , año 1607, tít. 12., fol. 60, 
til. 15. folio 1Í4. De Sevilla . 1609, cap. 8, fol. 8, 11.; cap. 9, fol. 19. De Segovia, 1649, Gonst. 3, pág. 8. De Canaria, 
1051, f(d. 50, 79, y B. I)p Orense, 1622, fol. 52. De Córdoba, 1667. fol. 10, mim. 4. De Málaga, 1674, fol. 57 y siguien- 
tes. De Barcelona, 1675, pág. 155 v 153. De Toledo, 1682 , lol. 26. De V.ilenria, 1690, pág. 1. De Plasenria, 1692, 
lit. t. Coiisl. 3, fol. 81 V sig. De Ca'lahoira y la Calzada, 1700, ful. 52 y siguientes. De Ucles, 1742, til. 3, Cousi. 6, 
pág. 36. De Santiago, 1747, Coust. 5, pag. 23 y siguientes. 



FRAY GERUNDIO DE CAMPAZAS. 49 

dos vicios no son del dia, y que ya no so conocen ni se sabe de ellos (que es el efugio y sa- 
lida que los ha de cerrar este segundo punto), ademas de que tienen contra sí las sinodales 
de nuestro siglo, que quedan citadas, dígales vuestra merced que lean lo que en él han es- 
crito con igual celo y santo lin, el infatigable don (ir, Mayans en sus doctos diálogos (1) del 
Orador cristiano; el reveremüsimo y sapientísimo Fray Benito Jerónimo Feijoó en sus Cartas 
eruditas {'2); y el apostólico, celosísimo y sabio varón el reverendo Padre Pedro de Calatayud, 
en su Arte y método de hacer misiones (o). Dígales que vean también lo que en este particular 
observaron los sabios autores del Diario de los literatos de España (4), obra útilísima, que de- 
bemos sentir no continúe, por lo mucho que serviría no solo al intento de vuestra merced, 
sino también á los demás progresos de la literatura española. Finalmente, si se hallare alguno 
tan tenaz que no se rinda a una demostración tan clara, póngale vuestra merced en la mano, 
para que las lea y medite con la atención y respeto que se merecen, las Cartas pastorales de 
los ilustrísimos Señores Valero, Montalvan y otros grandes prelados (5) que en nuestros dias 
han reprendido los mismos vicios con no menos fervor y razón que lo ejecutaron los que los 
precedieron en los dos siglos antecedentes, auxiliados de tantos dignos ministros y fieles ope- 
rarios en la noble y santa fatiga de la predicación del Evangelio. 

Mas cuando fuese posible que durmiesen tan vigilantes centinelas , y faltasen á la historia de 
vuestra merced tan tidedignos testigos , no podrían negar su verdad los mismos predicadores, 
cuyos sermones andan en las manos de todos, y son la mas convincente prueba, no solo de 
que aun permanecen en España los vicios y defectos que padecía en el siglo pasado tan santo 
ministerio, sino de que se han ido aumentando y han subido aun grado tan alto, que al paso 
que claman por el remedio , me parece no excluyen ninguno de cuantos se puedan imaginar, 
como sucede en las enfermedades contagiosas y deploradas. 

No hablo de memoria : tengo reconocidos mas de cien tomos de sermones impresos de un 
siglo á esta parte, y quien cotejase los del pasado con los del presente , conocerá que en los 
de este ha sido aun mayor el abuso y mas deplorable la enfermedad. Si el Padre Vieyra, por 
ejemplo, en su famoso sermón de la Sexagésím.a, notó á los predicadores de su siglo la ex- 
travagancia de sus enigmas ó antonomasias del Cedro penitente, el Evangelista Apeles, el Agmla 
de África, el Panal de Claraval, etc., ¿qué diría hoy si oyese que el Panal de Claraval se ha 
convertido en el Doctor de Miel-fluida, el Águila de África en Caballero andante y el Amadis 
de las Letras, el Cedro penitente en el Pastor Coronado , san Pascual Bailón en el Santo Sacra- 
mento, San Pedrode Alcántara en el Serafín extremerw , San Benito en Padre de los Cielos, y 
que á los demás santos nos los representan tan desfigurados, «que no los conocerá la madre 
que los parió,» como decía graciosamente en uno de sus sermones el célebre loco D.on 
Amaro, que lo fué por la manía de predicar en las calles y plazas de Sevilla? 

Igual proporción en el aumento de la enfermedad notaría el Padre Vieyra en el sentido alti- 
sonante, culti-bárbaro , ó sea de laberintos , en los conceptos ridículos ó vulgares , en las pro- 
posiciones ya rústicas ó ya escandalosas, y en las violencias de sus sentidos acomodaticios. 
V para que vuestra merced lo reconozca comprobado todo por junto, doy el texto en estas 
cláusulas, que he segregado de las muchas que se hacen notables en los libros impresos de 
este siglo. 

Sepa vuestra merced (aunque importará poco que se le olvide), «que el denso vapor que 
congeló la clara nube que le sirvió de carroza triunfante á Jesucristo, se congeló de aquel su- 
dor diaforético que su Majestad tuvo en el huerto.» Son palabras expresas de un sermón de 
circuncisión. En el mismo se dice : «Que como fué (la circuncisión de Cristo) prólogo de todo el 
contexto sangriento, plana primera de la muerte en cruz, razón de la obra de la redención... 
solo la circuncisión es sobrescrito rasgado, sello abierto, lacre despegado, nema roto que 
declara á la pasión carta dichosa; y es título porque Cristo, aun siendo Dios, es digno de 
recibirla deidad : Dignus esl agnus qui occissus est, accipere virtulem et divinitatem. Amanto 
liberal (en la circuncisión), quiere ser herido de gracia... dando guantes de bizarría en la cute 
que se despoja... La primera salida de su sangre fué mas entrada de la pasión, que la entrada 

(1) El Orador Cristiano, ideado en tres diálogos : su autor Don Gregorio Mayans y Sisear, ele., en Valencia, 1733, 
un vol. 8." 

(2) Carlas eruditan ij curiosas , en continuación del Teatro critico universal, escritas por el muy ilustre señor 
don Fray üenilo .leróninio Feijoó, etc., lomo o, en Madrid , 1750, en 4." Véase la carta 31, |iág. iOíi y sii;nientes. 

(o) Misiones y sermones del Padre Pedro de Calatayud , arte y método con que las establece, etc. En Madrid, 
año 1734. 2 vol. en í." Véase el toni. \, cap. 2, §. 6 y 7, pag. 9i, 95 y 96. 

(4) Diario de los literatos de España : en Madrid , 1757 y siguitíntes. Véase el tomo 1, art. 21, pág. Zoo ; tomo i, 
art. 4, pág. 142, art. 5, (>.ág. 149. 

(a) Carla Pastoral del iiustrísimo y reverendísimo señor don Fray Juan de Montalvan, obispo de Guadix y Baza, 
de 24 de julio de 1710, impresa en un vol. en 4.", art. 4, §.2, pág. 4S á 52; art. 5, §. 1, pág. ti i; y art. G, §. 5, pá- 
gina 108 á 117. 

Carla Pastoral del iiustrísimo y reverendísimo señor Don Francisco Valero y Lossa , arzobispo de Toledo, etc. , un 
vol. en 4." Véase desde la pág. 160 en adelante. 

Carta Pastoral de uii señor prelado para los eclesiásticos de su diócesis. En Madrid, año de 1725, un vol. en 4.° 
Véase desde la pág. 89 en adelante .92 , 93, 97 y 98. 

T. W. A 



50 OBRAS DEL PADRE JOSÉ FRANCISCO DE ISLA. 

en Jcrusalen fué nacimiento de la muerte, oriente del ocaso, aliento primero del desaliento, 
cuna de la sepultura, y en fin, principio del lin , y aun después del ün... Quejaráse el do- 
mingo de liamos del dia de la Circuncisión , porque habiendo empezado en él la pasión , aquel 

se llama natividad aun de la muerte en cruz El árido leño de la cruz no secó á Cristo su 

valor , los clavos le aumentaron , no evaporaron el olor de su virtud , y el bote de la lanza fué 
como pomo de licor rojo, aromático, tan bello como fragranté, primas erizando su hermosura 
con cuanto era invierno de su belleza... Sea Cristo ílor tructuosa en la cruz ; la circuncisión 
fué su natividad; porque fué flor de esa ílor, matiz primero de la vital rosa ó animado cla- 
vel ; su cuchillo, punta primera de la olorosa transcendencia de su vida; su herida corta pri- 
mera del cuerpo floreciente, penetración de fragrancia penetrante, y vapor primero para el úl- 
timo perfume.» 

¿Pues qué diría vuestra merced si oyese decir en la cátedra del Espíritu Santo : «Tu quisesl 
¿Quién va á la ronda? — Una mujer honrada. — Poco apoco, señora mía ; que hay mucho que 
decir en eso. Antes que se santifique, óigame por su vida; que vuestra merced dirá si es mujer 
honrada ó no lo es, sabiendo lo que ahora diré yo. Noticia es de Clemente Alejandrino, que 
los lacedemonios y sicilianos tuvieron por mujeres infames á las que vestían profanamente. 
Luego según esta premática, vuestra merced se engaña en decir que es mujer honrada... 
¿Para qué son tantos encajes?... Solo el traer ei pelo tan atado y esa aguja atravesada por él 
me ha caído en gusto ; porque, siendo las mujeres de estos tiempos tan flacas de cabeza, po- 
drán disimular lo liviano de sus cascos con tantos atadijos. ¡ Oh qué siglo tan perdido el que 
vivimos ! Castíganos Dios con guerras , hambres y pestes ; ¿ cuál sera la causa de tantos azotes?» 
Si el tal predicador me lo preguntara, le diría que sus sermones ; porque todo el de este pa- 
saje y los demás son dignos de un Gerundio. 

Pero ni el mismo Fray Gerundio, ó la fecundidad de la fantasía de vuestra merced, pudo lle- 
gar á la elevación de este estilo : «Contra Eva vino la mejor ave, la fiel María ; y si aquella 
hizo el dobladillo del engaño, esta bordó el desengaño. Aquella sugerió á Adán para que pre- 
varicase, esta metió a Cristo en que nos redimiese... Ciñamos estos pigmeos discursos con 
el lazo del Evangelio. Entra el ángel á saludar á la Virgen, y le hace una sacramentosa cuanto 
oscura advertencia : Quod enim ex te nascetiir Sanctinn,.. ¡ Oh María! Ave la mas pura de la 
gracia, y qué de lejos nos traes el libro purpurado de la generación de Cristo... Libro en que 
sirvió de tinta la sangre, María de papel, el Espíritu Santo de pluma, y donde se incorporaron 
las desencuadernadas hojas del volumen de la vida. Ya que la suerte nos deparó en el pico de 
una ave el libro de nuestro Evangelio... Busquemos otra ave de buen pico para panegirista de 
sus elogios; que pues las aves las crió Dios para saludar la luz de la mañana, no extrañará la 

crítica escrupulosa que forme mi salutación de tanta volatería Esta milagrosa ave no puede 

ser otra que el ave de María. Sea muy enhorabuena ; y para saludarla con acierto , equivoqué- 
mosle este elogio : Ave Maña.» ¿Pudo vuestra merced desatinar otro tanto en boca de Fray Ge- 
rundio? Pues oiga vuestra merced otro de la misma estofa : «San Pablo fué escogido como 
vaso. ¿Y por qué como vaso? Porque había de llevar el oleo del nombre de Jesús... Y gri- 
tando (San Pablo) en pintadas elocuentes voces, desnudas útiles verdades, resonaba lo lejos 
de la pasada noche , avisaba los clarísimos claros del presente dia , borraba obras de sombras, 
tocaba ropajes y retocaba armas de luces para paso de buena vida, en el temporal ameno de 
la gracia.» Dios por su misericordia nos la dé para sufrir tales desvarios. 

Verdad es que en cuanto al estilo pueril y cultí-bárbaro , he visto tanto bueno, que siem- 
pre el último que vuestra merced lea, le parecerá el mejor : oiga vuestra merced este pasaje 
de un sermón de purificación : «María en su purificación es la luna mas nuevo, mas maravillo- 
sa, mas festiva, planeta-signo, que brillando repica á su culto, aun guiando la procesión de 
su misterio, tocando á vuelo de luz, á golpes de resplandor, á su mayor festividad... Más es 
que el Verbo divino se penetrase en sus poros puros, y se vistiese y armase de sus copados co- 
pos, cristal como pan y nieve como lana. Y más es, que si antes, humanado el Verbo, estaba 
encerrado en el escaparate del materno claustro , en el cuerpo que le dio cuerpo , llenándole 
de gracia por dentro de su clausura, hoy sale el vaso lleno de divinidad por mano de María, 
bebiendo á su pecho mas hilos de láctea lana para mas cuerpo humano.» Dejo otras proposi- 
ciones erróneas, y algunas expresiones indecentes de que hago juicio no usaría el poeta mas 
licencioso. 

Últimamente, si yo hubiese de referir á vuestra merced todas las expresiones que en ser- 
mones impresos tengo leídas en esta Pieal bil)lioteca, y que por singulares tengo notadas, 
compondría un volumen algo mas abultado que el íle la primera parte de su historia de vues- 
tra merced. Doleriame sin embargo el no apuntarle en compendio, á fin de que las reserve 
para su segunda parte, las noticias de «que cuando María Santísima tenia en sus entrañas á su 
divino hijo Jesús, el arcángel San Gabriel, que le hacia escolta y le servia de guardia de corps, 
acompañándola en forma humana, le mostraba una cruz bellísima que en su pecho traía divi- 
namente rubricada. Ponia el dulce niño Jesús sus columbinos ojos en aquella cruz, etc Que 

con singularísimos prodigios dio á entender el cielo á los magos el nacimiento de Cristo. Al 



FRAY GERUiNDIO DE CAMPAZAS. oí 

rey Baltasar le nació aquella propia noche ua niño , que, sefíun escribe Bosquiar, fué San Bar- 
tolomc, el que, puesto por si mismo en pié, dijo estas palabras : In linc nocte in Jiidaca natua 
est uobis Salvator mundi. Entrando el rey Melchor en un jardin de su palacio, oyó que le decia 
una hermosa paloma : In hac nocte natus est Salvator gencris luimani. La propia noche nacieron 
al rey Gaspar un león y una oveja, de una avecilla que tenia en huevos, dándole á ent-mder el 
cielo con esta maravilla, que el Verbo divino se habia ya humanado y nacido.» Todo lo refiere 
á San Germano. Su cita es esta : San Germano, ap. Mesfr. in Epiphan. D. 

¿Qué tal parece á vuestra merced? ¿Dijo otro tanto Fray Gerundio? Pero prosigomi compen- 
dio : <QLie aunque Cristo nació para todos, nació tan especial para San Joaquín, que solo nació 
para San Joaquín. Que Cristo es pez soberano, porque en sus tormentos tuvo espinas. Que 
las almas se transforman en ley, en fuerza del amor de Dios : Lex Domini immaculata converíens 
animas (¡bella traducción! ). Que San Bernardino de Sena habla como echando Bernardinas. 
Que Jesucristo es el Dios pénate. Que hace mas gala de ser hombre que de ser Dios. (Si re- 
convenido, se ratificase en esta doctrina, ó si la defendiese en la cátedra, ¿dónde iria aparar 
este Gerundio?) Que la sabiduría de Maria luce mas que la de Cristo. (No es de menores qui- 
lates este absurdo.) Que la Puebla de los Angeles (alude al cielo), poco después de fundada, 
padeció un terremoto. Que San Juan fué medicamento contra el mal de corazón de Cristo. 
Que Dios es achacoso ae mal de corazón. Que el ángel que dijo á San Agustín el tollc , lege, 
no vino á enseñar, sino á aprender. ¡ Oh, cuánto tuvo el ángel que aprender! ¡Cuánto llevó 
que enseñar á los que se quedaron en el cielo! ¡Oh felices errores de Agustino, que ense- 
ñan hasta los ángeles! Que, según dice el docto Geminiano, el ajo tiene muchas virtudes : ín 
aliis reperitiir spccialis virtns. Virtud dice que tiene el ajo, ¿y qué mas tiene? Que pica ; y es 
lo cierto; que no ha de faltar quien pique, y aun pique con ajo á quien trata de virtud.» ¡Ga- 
llarda invención! Omito otras muchas por tan malsonantes y excesivamente ridiculas, que 
temo el escándalo, aun cuando solo trato de desterrarlas y abominar su lección. 

¿Pues qué diré á vuestra merced de sermones en aire de comedias ó con títulos de tales? 
Mucho he visto de esto en los impresos del siglo pasado ; pero en los del presente no es me- 
nor el abuso. He leído La armonía de la naturaleza emendada en el misterio de ¡a encarnación. 
Ononychites, Pasquinada contra Cristo, de los cartaginenses; La diosa Marica; La desesperación, 
afortunada; El hijo en duda, declarado cu la gloria ; El carro de ios Árameos ; El Hércules de 
la Iglesia; Cegar para ver mejor; La mesa del sol ; El Filis de la santidad; Las mejores perlas 
de la aurora de la gracia; El maijor teatro del dolor, etc. 

En vista de este tan indecente modo de predicar la palabra divina, ¿quién extrañará el que 
vuestra merced ha hallado de reprehender á los que le ejercitan? ¿Qué podrán estos decir con- 
tra vuestra merced, que no sea digno del mayor desprecio? Si ellos profanan el santo minis- 
terio de la predicación, y vuestra merced le defiende, ¿de qué podrán quejarse? ¿De que 
vuestra merced pone y reprende en Fray Gerundio los vicios en que incurren? No por cieito; 
porque estos son verdaderos, como lo acreditan los pasajes citados, que por impresos debe- 
mos suponer mas correctos. ¿Se quejarán de que vuestra merced no trata con seriedad este 
asunto, y con mucho respeto á los predicadores vulgares? Esto ya lo ejecutaron de dos siglos 
á esta parte los prelados, escritores y oradores mas celosos de la nación, y no se ve el fruto 
debido á sus trabajos. ¿Pues de qué han de ser las quejas? ¿De que vuestra merced no señala 
los autores de tales disparates? Menos; antes bien deben dar á vuestra merced muchas gra- 
cias, pues pudiera nombrarlos todos, asi por la libertad que ellos dan publicando sus escri- 
tos, como por el ejemplo de los mismos que los han reprehendido con seriedad. 

No reparó Fray Juan de Segovia en nombrar á varios que hablan compuesto diferentes ser- 
monarios, cuya lección aconsejaba á los predicadores huyesen y desechasen de sí, como per- 
judicial al digno ejercicio de tan alto ministerio. Oiga vuestra merced sus palabras : Eadem ra- 
tione qua liuc tisque suasimus , concionatores hujuscemodi libcllorum lectionem, qui parvae sunt 
auctoritatis fugere deberé, eadem omnino sermonarios qui sie vidganter apellantur , judicio meo 
a se qundammodo repeliere opportel, sicjuidem non satis intelUgo an concionatoris officium pluri- 
miim adjuvent, quemadmodum Barilete, Sanctius Porta, Dormí secure. Vade mecum, Peirus 
ad Boves, et alii símiles sunt (I), (¡ui hujusmodi inscríbuntur nomíníbns , quandoquidem solí opc- 
rum ipsorum tilulí sufjicere deberent, ut substantiam quam in se continent , concionatores intelli- 
gerent : ac per consequens , ut eis non usquequaque insudarenl (2). 

Si extrañan el estilo festivo, lean á Juan de Guzman en su Retórica (5) , y oigan su modo de 
reprender, en el convite ó diálogo (5. «Z). Al predicador Amuso oí decir que lo principal 
que hacia era abrir los doctores que tenia sobre aquel evangelio, y sacar los principales puntos 

(1) Tengo prosélitos estas obras , es á saber , Unrilete , Sancliiis Porta , Peínis ac¡ Boves , que son los nombres y 
apirllidos de sus autores, con los cuales se imprimieron en l'aris , León , Ambéres; y asimismo el Dormí secun\ Pa- 
raliis, Eragaíorinm y Mamoírectus, impresos también en Paris, Venecia, ele. Y ailvierlo que solo uno es español. 

(2) F. Joannes Segobiensis , de Prendicationc Evangélica, lib. 2, cap. 55, pag. 582. 

(o) lletórica de Guzman . convite i, t'ol 9ü, 96 , 97; convite 5, fol. 102, 103; convite G , fol. 12Í , 129; convite 9, 
ful. 187; convite 10 , lol. 19o , etc. 



52 OBRAS DEL PADRE JOSÉ FRANCISCO DE ISLA; 

que á él le parecían, y engalanarlos de sentencias y palabras elegantes. L. Esa es traza ríe ni- 
ños, y creo le convenia un dicho de cierta señora burgalesa. D. ¿Qué lúe? L. Las mujeres de 
aquella ciudad son por la mayor parte de agudos entendimientos C(.mo las vuestras toleda- 
nas : una, oyendo ciertos sermones á un predicador, los cuales no iban con el orden y con- 
cierto que eila y el demás auditorio quisieran; y murmurando, según sucede, otras muchas 
mujeres con ella, para dar á entender que aquella persona todo el tiempo que estudiaba en 
los sagrados doctores , tomaba de ellos lo menos substancial para sus sermones, dijo : el Pa- 
dre Fulano parece que toda la semana barre los santos, para después el domingo echarnos el 
estiércol, etc.» Lean los Clamores de la razón contra los lumullus de la locuacidad, que se 
imprimieron en esta corte el año de 1683. Lean en Fray Tomas de Trujiilo (1) sus expresiones 
ardientes, bien que hijas de su celo por el honor de Dios. Lean al citado Fray Diego de Este- 
Ha (2), y observen el desprecio con que se explica : Barbari (¡uidam liomines liis propé lapsis 
íemporibüs insiirrexerunt , qui sané egrefjium priscorum dicendi caractercm, quod illi paralissimo 
cálamo depinxerunl, carbonibus snisabolentes, el quasi meri grammaüci liüeram summis (ul aiunt) 
labiis degustantes, explicabant: el quae intrinsecus latebant nujsteria, quasi Scripturae Sacrae lit- 
íeris eruli, etspoliaü, 7ion calluérunt : tanquam ad miseronnn refugium ad siia se conferebant 
monstra. El ul in tragicis aclibus fieri solet, unus el idem solus vicissim personaius inccdit, 
niincUcgis, nunc pastoris,nunc militis gloriosi, tándem pulchrae foeminae el eleganlis formae per- 
sonarum aclurus : Non secus hi concionatores videnlur (acere qui ti¡picum Isaac in médium Ira- 
hentes, quem Chrislum significare dicunt : el in eadem forma permanenlem , aelernum patrem fa~ 
ciunl. Mox quasi personaius incedens, hunc Christianum repracscnlare dicunt: el tándem in monlem 
eiiudem converlunl. Egregia quidem monstra el probé machinala pórtenla... Hace nisi delesteris 
figmenla, el quasi á facie a^pidis non sublcr¡ugias, eo quidem longé abesl ul probas concionator 
evadas, quam ego ul volare queam. Vean el modo con que acusa los mismos y otros defectos 
Fray Juan de Segovia (5). Lean la burla con que los trata el padre Fray Juan de Pineda en su 
Agricultura cristiana, llamándolos «predicadores de las Alpujarras, engertos en toledanos, con 
romance nuevo de Mandinga ó Moscovia, que echan un estomaticon de alquermes, y un em- 
plasto de médulas con que mas empalagan á los cuerdos, que si los embutiesen de chichar- 
rones.» 

Refiere este lugar el Maestro Bartolomé Jiménez Patón (4), y añade estas palabras. «Como 
testigo de vista puedo afirmar que, predicando cierto predicador de los de este jaez, ciertos 
caballeros mozos (mas amigos de chocarrerías que de doctrina devota) , en sabiendo cuándo 
y dónde predicaba, hacian llevar con cuidado sillas, diciendo que no habia comedia mas ba- 
rata que oir aquel predicador, ni truhán Velasquillo mas de balde. Y se trató de remediarlo 
y que no predicase, porque convenía por estar enfermo de este vicio. El cual por ser no solo 
contra preceptos de la buena elocuencia, mas porque es contra la religión , debe huirse.» 

Sin duda sería de este mismo jaez el predicador de quien hace memoria Fray Tomas Ramón, 
del orden de Predicadores (5), en estas palabras : «Así le sucedió el año de 1650 en vSevil|a 
á un predicador de estos críticos y cultos, que con sus sermones tan floreados llevaba como 
embelesada la gente, que á pocos sermones que hizo, como eran todos violentados y traia la 
Divina Escritura al redropelo (como lo hacen los que dan en este devaneo), le mandaron los 
Señores Inquisidores que no predicara mas. Santo y justo mandamiento, y que tienen obliga- 
ción los prelados en conciencia á hacer... con los que en esto son delecuiosos, y no permitir 
en sus iglesias suban al pulpito semejantes bufones, hinchados y desvanecidos.» 

Esto dice del siglo pasado este sabio y prudente religioso. Y aunque por lo que toca al 
presente, en que es mayor el daño, no me precio de anticipar censuras, ni el respeto que pro- 
feso á quien tiene autoridad para hacerlas y promulgarlas me lo permite; sin embargo, creo 
que si, como lo espero, llegase el caso de examinar con la justificación acostumbrada los ex- 
presados sermones, se han de mandar quitar de ellos muchas proposiciones malsonantes, 
escandalosas, sentencias dignas de censura teológica, y máximas impropias de proferirse y 
enseñarse al pueblo cristiano en nombre del Espíritu Santo, y mucho mas de que se impri- 
man, repartan y vendan libremente á toda la Nación. 

Lo contrario debería decirse de su historia de vuestra merced, pues al paso que ilustra á 
nuestra nación con el prodigioso hallazgo de su Gerundio , es un eficaz sermón al vulgo de 
nuestros predicadores para atraerlos al cumplimiento de su obligación. No será menos opor- 
tuno rem(;(lio para los oyentes , pues instruidos y prevenidos de lo que es paja, fruslería y 
puerilidades, las evitarán y solo anhelarán a oir los buenos predicadores, de xiuienes puedan 
esperar aprovecharsa , cogiendo el fruto de la palabra de Dios. Con este mérito y estas utili- 

(4) Fr. Tomns de Tmiillo , in Thesnuro Concionaf., in prnefnüone, el lib. 5, per tnt. 

(2) Fr. Did. Estella. Mod. Condón. Véase ful. iG, 17, 24, 25, 27, 51, 51. 52. 76, 80, 89, 90, 120. 125, 124, 12o, 127. 

(5) Fr. .loannes Sesobieiisis , de Praedicatione Evangélica, pág. 107, 2Gi, 2G5, 589, 453, 457, 486, 495, 494, 49fi, 
499,ri00,501. 

(4) Maestro Bartolomé .limenez Patón, Elocuencia Española, fol. 58 y B. Véase M. 9o y B. 104, B. y_14l. 

(5) Fr. Tomas lUn\oii , Nueva premáüca de reformación contra el lenguaje culto ij su mal uso , pag. 524. 



FRAY GERUNDIO DE CAMPAZAS. 53 

dades, ¿qué hombre de juicio no aplaudirá el trabajo de vuestra merced? Yo por lo menos le 
aseguro mis vivos deseos de que lo publique , y de que continúe y liaga lo mismo con su se- 
gunda parte, para que, llenando así el círculo, se consiga mus bien su piadoso y cristiano lin. 
Dios guarde á vuestra merced muchos años como deseo. Madrid y enero G de 1758. — Besa la 
mano á vuestra merced su mas afecto servidor, amigo y capellán. — D. Juan de Sanlander. 



CARTA 

DEL SEÑOR DON MIGUEL DE MEDINA, DEL CONSEJO DE SU MAJESTAD, SU SECRETARIO Y CONTADOR GENERAL 
DE MEDIAS-ANATAS, ESPOLIOS Y VACANTES ECLESIÁSTICAS, Y ACADÉMICO DEL NÚMERO DE LA REAL 
ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

Muy señor mió y mi amigo : Aun cuando yo fuera como vuestra merced me contempla, 
por el mismo hecho de explorar mi dictamen en una obra de objeto tan digno y tan sagrado 
como la que me remite , estaría muy dudoso en contestarle ó en corresponderle con aque- 
llos aplausos que son debidos á la fineza con que me favorece , al mérito de vuestra mer- 
<;ed y al de la obra que intenta pidjlicar. 

En España, señor mío, los legos solo ayudamos las misas; y si nos admiramos cuando oí- 
mos que hay sacerdotes casados en la iglesia Griega , no es tanto por la dificultad que en- 
contramos en unir el tálamo con el sacerdocio, sino es por una casi imposibilidad que con- 
cebimos en que un hombre pueda entender de pulpito, de teología y de materias sagradas, 
viviendo con su mujer. 

Acaso vuestra merced me dirá que, aunque esta sea la opinión de los mas, no es vuestra 
merced del número de los que la siguen. Que sabe que las letras , bien sean sagradas ó pro- 
fanas, ni tienen estado, ni son machos ni hembras. Que San Próspero é Hilario, ambos le- 
gos, fueron los primeros que tomaron la pluma contra Casiano y sus monjes de Marsella, en 
defensa de la gracia y excelentes obras de San Agustín , sobre la Predestinación de los sanios 
y don de la perseverancia. Que Eusebio, después obispo de Dorileo, siendo lego , fué el pri- 
mero que en Constantinopla se opuso públicamente , con indecible fortaleza , á los sermones 
de Nestorío, y descubrió al clero y pueblo el oculto veneno de su herejía. Que... Pero vues- 
tra merced no querrá decir tanto, ni tendrá á bien la prolija pedantería de que le forme una 
biblioteca de legos sabios, escritores en materias sagradas, lo cual seria necesario si los hu- 
biese de referir todos. 

Bastará que para probar la justicia de la opinión de vuestra merced , y para hablar con mas 
precisión en el asunto, me arguya con el ejemplar del erudito corbata Don Gregorio Mayans y 
Sisear, que en nuestros días, renovando la memoria de algunas reglas de oratoria sagrada, 
fué el primero que declamó de propósito, en idioma en que todos lo entendiesen, contra los 
lastimosos abusos de nuestros pulpitos, publicando en el año de 1753 su librito El orador 
cristiano. 

Todo esto y mucho mas podrá vuestra merced decirme para alentar mi timidez ; pero ni 
con todo ello ni con mucho mas podrá vuestra merced persuadirme á que yo meta mi hoz 
en materias que no son de mi mies. Pudieron muy bien hacerlo en aquellas ocasiones San 
Próspero, Hilario, Eusebio y otros, y aun Don Gregorio Mayans, pues á los primeros los de- 
fendían su virtud y sabiduría , y al último el ser á la sazón catedrático del código , y maestro 
público en una universidad ; pero, como á mí me faltan estos méritos, sería sorprendido con la 
censura de haberme incluido en negocios del santuario , sin ser sacerdote griego, ni teólogo 
de profesión. 

Fuera de esto, aun cuando vuestra merced explorase mi opinión solo con respeto á los 
preciosos derrames ó episodios que amenizan su obra, son tantos y tan varios, y algunos 
tan problemáticos, que sería necesario que esta carta pasase á ser libro, y que vuestra mer- 
ced me prestase la destreza y magisterio universal que manifiesta en ellos, para que yo pu- 
diese darle dictamen ex cathedra, ó responderle con solidez. 

No obstante esta justa excusa, si en cuanto al objeto principal de su ol)ra buscase vuestra 
merced en mí, solo aquellas razones ¿i posteriori que por sus experiencias podrá darle cual- 
quier cristiano que ciña espadín, le diré que he visto de todo : la compasión, la ira, el celo 
cristiano, la risa , el hanto ; todos mis afectos , las mas de mis pasiones, han tenido ó cebo ó 
ejercicio al oír muchos predicadores. Pero, como he notado en algunos aquella majestad, 
aquel fuego sagrado, aquella unción, aquella solidez de doctrina, de pensamientos cristianos; 
aquella sentencia que brilla, que embelesa, que enciende en los Granadas, en los Barcias, 
en los Gallos , en los Señerys, en los Flcchieres, en los Colombieres , en los Bourdalues; y 
al fin, como he visto en ellos la virtud del Evangelio y la eficacia de la palabra de Dios, por 
mi propria experiencia , por mi edificación , el fruto de estos pocos me ha hecho desear la imi- 
tación de todos , y la necesidad de oportuno remedio para cortar, para impedir, la lastimosa é 
inútil tarea de muchos. 



U OBRAS DEL PADRíí JOSÉ FRANCISCO DE ISLA. 

Sin querer lie dicho ya á vuestra merced en estas últimas expresiones cuanto siento, y todo 
mi dictamen en orden ai entusiasmo, ó novela de su héroe, ó sea liguron de Fray Gerundio. 
La medicina parece acre al primer aspecto; así lo confiesa vuestra merced en su eruditisi- 
mo, exquisito, inimitable, prólogo. Pero, ¿qué medicina se reprobó jamas por acre en enfer- 
medades capitales, si se espera probabilisimamente que ha do ser remedio'.'' Y ¿cuánto se pro- 
moverá el honor y gloria de Dios, el de la religión y el de toda nuestra nación, si acertase á 
ser oportuno el de la llhloria de Fray Gerundio^l Son siempre ocultos, y tal vez extraordina- 
rios, los senderos que loma la Providencia en sus mas altos designios, y muchas veces para 
humillación nuestra dispone que de causas ó accidentes ruinosos ó despreciables resulten 
compuestos ó sustancias peregrinas. ¿Qué sabemos si para confusión, si para escarmiento 
de los que fuesen profanadores de la cátedra del Espíritu Santo, sí para la común cristiana 
utilidad de los líeles, tiene reservada á esta invención la reforma de nuestra oratoria sagrada, 
así como quiso librar sobre la fecunda fantasía de Cervantes el destierro de los perniciosos li- 
bros de caballerías? Debemos así esperarlo por una probable conjetura; y también, que el 
nombre de vuestra merced será en el dia tan famoso entre las demás naciones de la Europa y 
tan glorioso en la posteridad de la nuestra (porque hoy será difícil), como lo han sido siempre 
los Cervantes y los Quevedos; formando así un triunvirato el principado de nuestra varia y 
festiva literatura. 

Quedo reconocido á vuestra merced por haberme anticipado el gusto de una lección tan 
grata y tan amena, y con el deseo de servirle y obsequiarle en cuanto lo permitan mis facul- 
tades laicales. 

Dios guarde á vuestra merced los muchos años que deseo. Madrid y noviembre i." de 1757. 
— Besa la mano de vuestra merced su seguro amigo y servidor. — D. Miguel de Sledina, 



Porque (hablemos en puridad) eso de Prologo Galcato es mucho latin para principio de 
una obra lega. Aunque el héroe de ella se supone que fué predicador y de misa , des- 
engáñate , lector mió; que dijo tantas, como sermones predicó. Yo le concebí, yo le parí, 
yo le ordené, yo le despaché el título de predicador; para todo lo cual tengo la misma au- 
toridad y el mismo poder que para hacerle obispo y papa. Y si no, dime con sinceri- 
dad cristiana : si Platón tuvo facultad para fabricar una república en los espacios imaginarios, 
Pienato Descartes para figurarse un mundo como mejor le pareció , muchos filósofos moder- 
nos, alumbrados de Copérnico , y atizando la mecha mi amigo y señor Bernardo Fontenelle, 
para criar en su fantasía tantos millones de mundos como millones hay de estrellas fijas,, y 
lodos habitados de hombres de carne y hueso, ni mas ni menos como nosotros, ¿qué razón 
habrá, divina ni humana, para que mi imaginativa no se divierta en fabricarse un padrecito 
rechoncho, atusado y vivaracho, dándole los empleos que á ella se la antojare, y haciéndole 
predicar á mi placer todo aquello que me pareciere? ¿Por ventura la imaginación de los su- 
sodichos señores mios y de otros ciento que pudiera nombrar, tuvo algún privilegio que no 
tenga también la mia, aunque pobre y pecadora? 

2. Según eso, me replicarás, ¿no ha habido tal Fray Gerundio en el mundo? Vamos despacio, 
y déjame tomar un polvo ; que la preguntica tiene uñas. Ya le tomé, y voy á responderte. Mira, 
hermano. Fray Gerundio de Campazas, con este nombre y apellido, ni le hay ni le ha habido 
ni es verisímil que jamas le hayga. Pero predicadores Gerundios, con Fray y sin él, con Don 
y sin Don, con capilla y con bonete , en fin, vestidos de largo de todos colores y de todas fi- 
guras, los ha habido, los hay y los habrá como así, si Dios no lo remedia. Cuando dije como 
así, junté los dedos de las manos según se acostumbra. No digo yo que en alguno de ellos se 
unan todas las sandeces de mi querido Fray Gerundio; que aunque eso no es absolutamente 
imposible , tampoco es necesario ; pero tanto como que todas ellas están esparramadas y re- 
partidas por aquí y por allí , tocando á este mas y al otro menos , esa es una cosa tan clara, 
que la estamos palpando á vista de ojos. ¿Pues qué hice yo? No mas que lo que hacen los ar- 
tífices de novelas útiles y de poemas épicos instructivos. Propónense un héroe, ó verdadero 
ó fingido, para hacerle un perfecto modelo, ó de las armas, ó de las letras, -ó de la política, 
ó de las virtudes morales; que de las evangélicas hartos tenemos verdaderos, si los queremos 
imitar. Recogen de este, de aquel, del otro y del de mas allá, todo aquello que les parece 
conducente para la perfección de su idolillo, en aquella especie ó línea en que le quieren sacar 
redondeado. Aplícanselo á él con inventiva, con proporción y con gracia, fingiendo los lan- 
ces, pasos y sucesos que juzgan mas naturales para encadenar "ía historia con las hazañas y las 
hazañas con la historia, y cátate aquí un poema épico, en verso ó en prosa, que no hay mas 
que pedir» 



FRAY GEUUiNÜlO DE CAMPAZAS. KJí 

3. ¿Parécete á tí que hizo mas Homero con su Uüscs, Virgilio con su Eiicns, Jenofonte con su 
Ciro, Barclayo con su Argcnis, Uuevedo con su Tacaño, Cervantes con su Quijolc, Sallgnac 
con su TclcíHüCO? Y si todavía quieres que luzca un poco mas lo erudito á bien poca costa, 
¿juzgas que las Obras ii Dias, de llesíodo, el llero y Leandro, de Museo (ó de quien fuere), el 
Adonis, del Caballero í^larino, la Dragontea, de Lope de Vega, y la Nnmantina, de Don Fran- 
cisco Mosquera, fueron mas que unos poemas épicos, mas ó menos perfectos, mas ó menos 
ajustados a las leyes de la epopeya, que plugo promulgar á sus epopeyarcas y legisladores? 
Ea, no me tuerzas el hocico , ni me digas que entre las obras que cito íiay algunas en prosa, 
y consiguientemente no pueden pertenecer á la clase del poema épico. Cierto que tienes mala 
condición. Sobre sí el verso es ó no es esencial y necesario al poema épico, se dan sendos 
remo(|uetes los autores, y hay entre ellos una zambra y baraúnda de mil diantres : tú aplícate 
al partido que te pareciere mas fuerte, en la inteligencia de que hasta ahora ningún papa ó 
concilio general lo ha definido, y así no te han de obligar á abjurar, ni aun de tevi, porque si- 
gas cualquiera de las dos opiniones. 

4. Pero, si todavía te mantienes reaz, ó reacio (que no sé á fe cómo se debe decir), en que 
mi pobre Fray Gerundio no merece sentarse en el banco elevado y aforrado en terciopelo car- 
niesí, de los poemas épicos, ya porque está escrito en prosa lisa y llana y harto ratera, ya 
porque mi héroe no es por ahí algún emperador, algún rey, algún duque, ó por lo menos 
algún landgrave, que era lo menos que podia ser para que se le hiciese lugar en la dieta épica, 
según la decisión del poeti-consulto Horacio : 

Res gestae Regiimque, Ductimque, el tristia bella, 
Qtio scribi possent numero, monstrabit Homerus; 

y ya finalmente, porque falta á mi obra el papel ó el personaje principal de lodo poema épico, 
que es el héroe, puesto que el cuitado Fray Gerundio, no solo no era descendiente de los dio- 
ses, pero ni aun del Cid Campeador, Lain Calvo ó Ñuño Rasura, lo que por lo menos era me- 
nester para darle la investidura de héroe ; amen de faltarle las otras calidades indispensables 
para entrar en la orden del heroísmo, conviene á saber, magnanimidad, constancia, corpu- 
lencia, robustez y fuerza extraordinaria. Digo que si por estas y por otras muchas razones te 
estás erre que erre en que esta no es composición épica ni calabaza, por mí que no lo sea; 
que no es negocio de romper lanzas por esta bagatela. 

5. Estoy viendo que aun te queda allá dentro cierto escrupulillo sobre esto del epicismo. Di- 
rásm.e,como si lo oyera, que el principal lin de toda composición épica es encender el ánimo 
á la imitación de las virtudes heroicas, por el ejemplo del héroe fingido ó verdadero cuyos 
rasgos y hazañas se representan. Y mas, que si esto mismo me lo quieres decir en latín , para 
aturrullarme un poco, y para que yo sepa que sabes tú dónde te muerde el zapato épico, me 
espetarás en mis barbas toda la autoridad de Pablo Ceni (antes el Padre Pablo), el cual dice así 
en su Comentario sobre la poética de Aristóteles : Certinn est heroico poematí ilhid esse proposi- 
tum , iit herois aliciijus , et ducis egregiiim aliquod factiim cclebret , in quo idea quaedam el 
cxemplnm exprimatiir fortiludinis, ac militaris dirilisque prudcntiae. En cuya consecuencia di- 
rás ( y al parecer no te faltara razón) que tan lejos estoy yo de proponerte en m.í obra un per- 
fecto modelo de la heroica oratoria, á cuyo ejemplo incite la imitación, que antes bien te re- 
presento el dechado mas ridículo que se puede imaginar para mover á la fuga y á la abomi- 
nación. 

6. ¿Parécete que me has cogido ya en la ratonera? Pues óyeme esta erudicioncilla. Leda no 
sé dónde, y no es negocio de perder ahora dos ó tres horas de tiempo en buscar el autor 
para darte la cita. Haz cuenta que lo dice Plutarco, ó cualquiera otro autor de los tantos con 
quien tengas mas devoción. Había en Atenas un célebre músico ( sin duda que debía ser maes- 
tro de capilla), de cuyo nombre tampoco me acuerdo. Llámale Pitágoras si te pareciere; que 
es cuestión de nombre. Este , para enseñar la música á sus discípulos , según todos sus modos 
diferentes, dorio, tidio, mixli-lidio, frygio , sub-fnjgio , eolio, ¿qué hacia? Juntaba cuida- 
dosamente las voces mas desentonadas, mas ásperas, mas carraspeñas, mas becerriics y mas 
descompasadas de toda la re¡iúbl¡ca. Hacíalas cantar en presencia de sus escolares, encargando 
mucho á estos que observasen cuidadosamente el chirrión desapacible de las unas, el tala- 
drante chillido de las otras, el insufrible desentono de estas, y los intolerables galopees, brin- 
cos, corcovos y corvetas de las otras. Vuelto después á sus discípulos, los decia con mucho 
cariño y apacibílídad : «Hijos, en haciendo todo lo contrario de lo que hacen estos, cantaréis 
divinamente.» 

7. Paréceme que ya me has entendido lo que te quiero decir; pero sí todavía no has caído 
en cuenta, no doy dos cuartos por tu entendimiento, y vamos á otra cosa; que no hemos de 
andar á mojicones, aunque digas que esta obra alo mas mas es una desdichada novela, y que 
dista tanto del poema épico como la tierra del cie^o. 

8. Un poco mas serio te pones para hacerme otra pregunta. Supuesto que hay tantos predi- 
cadores Gerundios, por desgracia de nuestros tiiuiipos, con Frag y sin él, con Doii y sin Doii^ 
de capilla y de bonete, como yo mismo confieso, ¿qué motivo he tenido para pegar á mi Cc<^ 



S6 OBRAS DEL PADRE JOSÉ FRANCISCO DE ISLA. 

rundió el Fray mas que el Padre á secas, ó su Don, sin otro turuleque? Es pregunta sustan- 
cial y pide seria satistaccion : vóytela á dar, y óyeme con indiferencia ; pero antes de entrar en 
materia, cscúcliame este cuento. Fué cierto recetor á no sé qué pesquisa á Colmenar el Viejo, 
lugar de veinte vecinos; examinólos á todos, y espotáronle una sarta de mentiras. Aturdido 
el recetor, dijo al alcalde santigUcándose : «¡Jesús! Jesús! aquí se miente tanto como en Ma- 
drid.» rieplicóle el alcalde : «Perdóneme su mercé, que aunípie en Colmenar se miente lodo 
lo pusibre, pero en Madril se miente mucho mas, porque hay mas que mientan.» 

9. No me negarás que es mucho mayor el número de los predicadores (jue se honran con 
el nobilísimo, santísimo y venerabilísimo distintivo de Fray, que el de los que se reconocen 
con el titulo de Padre ó con el epíteto de Don. Para cada uno de estos hay por lo menos 
veinte de aquellos; porque las familias mendicantes no clericales, que todas le usan, y las 
monacales (que muchas le estilan, otras no ), son sin comparación mas numerosas que todas 
las religiones de clérigos regulares, donde no se ha introducido. Los que en el clero secular 
ejercitan el ministerio de predicar, claro está que en el número no pueden compararse con los 
que ejercen el mismo ministerio en el estado religioso. Pues ahora, aunque en todas las de- 
mas profesiones y estados hay sin duda muchísimos Gerundios que predican mal , no hay ni 
puede haber tantos como en las otras. ¿ Por qué? Porque en ellas son muchísimos mas los que 
predican. De manera, que toda la diferencia está en el número, y no en la sustancia. Siendo 
dues el íln único de esta obra desterrar del pulpito español los intolerables abusos que se han 
introducido en él, especialmente de un siglo á esta parte, parecía puesto en i'azon buscar el 
modelo donde son mas frecuentes los originales, precisa y únicamente porque es mas copioso 
el número de los predicadores. 

10. Si hubieran de leer este prólogo no mas que hombres discretos, bastaba lo dicho para 
que sobre este capitulo quedásemos todos en paz; pero como es naturalísimo que le lean tam- 
bién otros muchos que no lo sean tanto , es menester decirlos esto mismo de otra manera 
mas de bulto. 

H. Dime tú, bonísima criatura (ahora hablo por ahí con un labrador de pestorejo, hombre 
sano y que sabe leer casi de corrida) : haz cuenta que para burlarme, y al mismo tiempo 
para corregir la desordenada pasión al tabaco de los segadores, la inclinación al vino de los 
coritos, y la fantástica ventolera de los alojeros, se me antojase escribir la vida de un alojero 
ideal , de un corito ente de razón , y de un segador imaginario. ¿No era naturalísimo que á mi 
hombre le hiciese, si era segador, gallego ; montañés, si era alojero ; y si era corito , asturiano? 
Se estaba cayendo de su peso. ¿Por qué? Porque, aunque es cierto que hay coritos, alojeros 
y segadores de todos los pueblos y naciones ; pero respecto de las tres que he dicho, los de 
todas las demás es un puñado de gente; y pedia esto la propriedad de la ficción. Ea pues, 
aplica el símil, y no me <]uiebres la cabeza. 

12. Otra vez te vuelves á fruncir y me replicas con sobrecejo : i Pase el título de Fray ; pera 
el nombre de Gerundio , nombre ridículo , nombre bufón , nombre truanesco ! Eso parece que 
es hacer burla del estado religioso , y con especialidad de aquellos religiosos institutos que 
hacen tan honrada y tan gloriosa vanidad del epíteto de Fray ; porque no hay duda que lo bur- 
lón y lo estrafalario del nombre se refunde en el estado. 

15. ¡Pecador de mí! ¡Y cómo se conoce que no sabes con quien tratas! Mira : si supiera yo 
que habia en el mundo quien me excediese en la cordial, en la profunda, en la reverente ve- 
neración que profeso á todas las religiones que hay en la Iglesia de Dios, sin distinción de ins- 
titutos, de colores ni de vestido; si llegara á entender que habia quien me hiciese ventajas 
en abominar, en detestar, en hacer el mas soberano desprecio de todos aquellos, sean de la 
clase que fueren, que toman con vilipendio el religiosísimo nombre de Fray en su indigna, 
en su necia y en su presumida boca ; si creyera que alguno pudiese dejarme atrás en lasti- 
marme, en compadecerme de aquellos pobres infelices religiosos (hay algunos, por nuestra 
desdicha, de todos institutos y profesiones) que recíprocamente miran con menos amor, es- 
timación y aprecio á los de otras familias, ó porque no convengan en algunas opiniones, ó por 
otros motivos puramente humanos y mundanales, ajenos de aquel j)urisimo, nobilísimo y 
santísimo fin á que todos debieran aspirar en sus operaciones, según la peculiar y privativa 
profesión de cada uno : digo que si me persuadiera á que alguno me excedía en algo de esto, 
me tendría por hombre desgraciado y á quien le habia tocado la triste suerte de nacer entre 
las heces de los cristianos y aun de los racionales. 

14. ¿Te parece en Dios y en conciencia que quien mamó con la leche estos dictámenes, quien 
debió a Dios la gracia de que se los arraigase mas y mas en el alma una cristiana y hom-ada 
educación , quien se ha confirmado en las mismas máximas con alguna tal cual letura de libros 
y con una mas que mediana experiencia de mundo : te parece, vuelvo á decir, que un hom- 
bre de este carácter pensaría en decir cosa que ni de mU y quinientas leguas pudiese desdo- 
rar al sagrado estado religioso? No es verisímd. 

lo. Ea, vamos serenos. Con efecto, la misma ridiculez del nombre y su misma inverisimni- 
tud resguardan el respeto que se debe al estado , en lugar de ofenderle. Ella misma acredita 



FRAY GERUNDIO DE CAMPAZAS. Hl 

(jiie ni ha habido, ni verisimihnente puede haber, tal hombre en tal estado; y no solo desvia 
el lii;urado agravio de la profesión, sino de las personas. Fingiéndose una que m ha existido 
ni puede existir, solo se da contra los defectos, sin lastimar á los individuos. Si alguno de ellos 
se hallare comprendido en los que se notan, le aconsejo que calle su pico y tenga pacien- 
cia, pues lo mismo hacemos los pobres pecadores cuando desde el pulpito nos cardan la lana. 
iÚ. Y ya que te vas suavizando un poquitico, hablemos en confianza. ¿Hay por ventura en el 
mundo , ni aun en la Iglesia de Dios , estado alguno tan santo , tan serio ni tan elevado , donde 
no se encuentren algunos individuos ridículos, exóticos y extravagantes? Las extravagancias y 
las exotiqueces de los individuos, ¿son por ventura exotiqueces ni extravagancias del estado? 
Claro está que no. Y' si algún satírico ó algún cómico quiere corregirlas haciendo visible y como 
de bulto su ridiculez, ya en la sátira , ya en el teatro, ¿no se vale siempre de algún nombre 
fingido y por lo común estrafalario, para que ni aun la casualidad pueda hacer que recaiga la 
reprimenda sobre sugeto determinado? No tienes mas que preguntíárselo á Horacio, á Ju ve- 
nal, á Boileau, á Terencio , á Moliere y á muchos de nuestros cómicos. 

17. Horacio, en cabeza de Tigelio, hombre que no había in rernm natura, corrige mil de- 
fectos muy frecuentes en los hombres de todos los estados, clases y condiciones. Juvcnal se 
íinge á no sé qué Póntico para dar en él, como en centeno verde, contra los nobles que ha- 
cen gran vanidad de su genealogía , y ninguna de imitar las virtudes y las hazañas de sus ilustres 
progenitores. Boileau, en la supuesta persona del poeta Damon, se burla con gracia de mil 
monadas que se usan en las cortes, de los raros fenómenos que en ellas se ven , y de los arti- 
ficios que se estilan. Pero si todavía se te antojare replicarme que estos eran hombres reales 
y verdaderos , que comían y bebían ni mas ni menos como comemos y bebemos los cristianos, 
ni por eso hemos de reñir ; que yo en ciertos puntos de erudición y de crítica que importan 
un comino, soy el hombre mas pacífico del mundo. 

18. Pero dime, ¿ha habido hasta ahora en él alguno que se llamase Tartufa? Y con todo eso, 
el bellaco de Moliere, en la mas ruidosa de sus comedías , y no sé yo también si en la mas útil, 
debajo de este ridículo nombre, da una carga cerrada á los hipócritas de todas profesiones, 
que ios pone tamañitos. Y cierto que se le dará mucho de eso á San Francisco de Sales ni 
á todos los que son verdaderamente virtuosos. ¿Has conocido alguno que en la pila del bau- 
tismo le pusiesen el nombre de Trisotuú Pues á la sombra de él sacude valientemente el polvo 
el referido autor, en la bella comedía de las Mujeres sabias, á todos los preciados de ingenios 
por cuatro equivoquillos de cajón y media docena de dichicos sin sustancia con que espol- 
vorean las conversaciones, acechando la mas remota y muchas veces las mas importuna oca- 
sión para encajarlos. ¿Y qué cuidado le dará del tal Trisotin á Don Francisco de Quevedo ni á 
los demás ingenios verdaderos? ¿Sabes que se haya paseado por esas calles algún marques 
Mascarilla ó algún vizconde de Jodelel? Pues á Moliere se le antojó despachar esos dos títulos, 
perdonándoles las lanzas y las medias-anatas, á dos bufones, lacayos de dos marqueses ver- 
daderos, para hacer una sangrienta, pero bien merecida, mofa de las Preciosas ridímlas. Y 
en verdad que no tengo noticia de que por eso hayan perdido hasta ahora el sueño, ni el mar- 
ques de Astorga, ni el vizconde de Zoiina. Finalmente, ¿no me dirás en qué pila de Segovia está 
bautizado el Gran Tacaño'! Y sin embargo, no he oído quejarse á ninguno de los originales que 
representa esta copia, de que fuese denigrativa de su estado ó profesión. Quedemos pues de 
acuerdo en que Fray Gerundio á ningún estado ofende ; y si perjudicare á alguno , seguramente 
no sera por la regla que profesa, sino por los disparates que dice. Corríjalos, y seremos gran- 
dísimos amigos. 

19. ¿Quieres acabar de persuadirte á esta verdad? ¿Quieres confesar, aunque te pese, que 
en esta obra no se ha podido proceder con mayor miramiento ni con mayor circunspección 
para guardar el decoro y el respeto que por todos títulos se debe alas sagradas familias? Pues 
haz no mas que las reflexiones siguientes : i." Con grande estudio se escogió el epíteto mas 
genérico y mas universal entre ellas, para que á ninguna determinadamente se pudiese aplicar 
con razón el individuo ideal de nuestra historia. 2." El mismo cuidado se puso en evitar escru- 
pulosamente cuantas señas particulares podían convenir á unas mas que á otras, entre aque- 
llas que se honran y se distinguen con el epíteto mas común; y aunque es cierto que en esta 
ó en aquella pintura ó descripción hay tal cual rasgo que no se puede adaptar á algunas, son 
realment^e mu;y pocas, respecto de las muchas á que son adaptables los retratos indiferente- 
mente, o." y principalísima. Nota bien que casi siempre que Fray Gerundio ó cualquiera otro 
religioso desbarra en algún sermón, plática, máxima ó cosa tal, se le pone inmediatamente 
aliado otro sugeto del mismo paño, lana ó estameña, que le corrija, que le reprenda, que 
le enseñe. Obsérvalo en Fray Blas con el padre Ex-Provincial, y en Fray Gerundio con el maes- 
tro Prudencio, sin hablar ahora del provincial que con tanta solidez deshizo los disparates 
del lego cuando este habló con tan poca rcllexion al niño Gerundio. ¿Esto qué quiere decir? 
Que si en el estado religioso se encuentra algún botarate, cosa que no es imposible, apenas 
se hallará tampoco, no digo religión, sino casa ó comunidad, tan reducida, donde no hayga 
otros hombres verdaderamente sabios, doctos, ejemplares y prudentes, que lloren los des- 



58 ODRAS DEL PADRE JOSÉ FRANCISCO DE ISLA. 

aciertos y que clamen contra ellos. Digo, ¿no es esto venerar las religiones y volver por su 
decoro? " 

20. Aun á los individuos particulares cuyas obras públicas se desaprueban, se les guarda 
este respeto, siendo así que los que dan á luz sus producciones (es terminillo de moda), ya 
las hacen j mis pul) lici , las sujetan al examen y á la censura de todos, y cada pobrete puede 
decir con libertad lo que siente, dentro de los términos de la religión, de la urbanidad y de la 
modestia. Como no se toque á la persona del autor en el pelo de la ropa, que esto no es líci- 
to sino cuanilo se trata de defender la religión, por el parentesco que esta tiene con las cos- 
tumbres ; por lo (|ue toca á la obra, cada uno puede repelarla, si bay motivo para ello , citán- 
dola con sus pelos y señales, y llamando ajuicio al padre que la engendró, con su nombre y 
apellido, dictados, canqianillas y cascabeles. En medio de esta facultad, que tienen todos 
por tácita concesión de los autores, en nuestra bistoria se observa una circunspección exqui- 
sita para que ninguno se dé justamente por ofendido. Censúranse en ella muchos sermones 
y no sermones, de regulares y de no regulares, según las ocasiones que salen al encuentro; 
pero á ningún autor se nombra. Ponese el titulo del sermón, de la obra ó de lo que fuere : 
dícese á lo mas, ó se apunta, la profesión genérica del autor; pero en llegando al instituto par- 
ticular que profesa, y especialmente á su nombre, cbiton, altísimo silencio. De manera que 
solamente los que hubieren leido las obras, y tuvieren presente sus autores, podrán saber so- 
bre quién recae la conversación ; los demás se quedarán en ayunas, y á lo sumo sabrán que 
un tal escribió otro tal ó predicó otro cual, que no era para escribirse ni para predicarse. No 
cabe mayor precaución. 

■ 21. Solo á uno se exceptúa de esta regla general. Este es el Barbadiño, á quien se le quita 
el sagrado disfraz de que indignamente se vistió ; se le arrancan las barbas postizas que se 
pegó, como vejete de entremés ; y se le bace salir al público con su cara lampiña natural, ó 
a lo menos barbi-becha; con su peluquín blondo y redondo, ú ovalado por lo menos ; con su 
cuelli-valona almidonada, y de azul á la italiana; con su muceta de martas, terciada hacia la 
izquierda, á lo arcediano majo; con su cruz caballeral bien hendida de astas, que no bay mas 
que pedir; con su roquete á puntas delicadas, que le podía traer un padre santo de Roma; 
con su bonetico cuadrado y mocho arrimado al pecho, y sostenido con los dos dedos de la 
mano derecha tan pulidamente, que no parece sino que el hombre toma bonete como otros 
toman tabaco ; con su libróte de á marca empinado en la mesa y asido con la mano izquierda 
por la parte superior, que en cualquiera honrado facistol podria parecer con decencia ; y fi- 
nalmente, con su tinteron en figura de brocal de pozo, y en medio una pluma torcida que re- 
mata en rabo de zorra por la mano zurda del penacho. Este es el retrato del señor pseudo- 
capuchino, que tengo en mi estudio para divertirme con él cuando me da la gana. 

22. A este solo sigiior abate se le señala con el dedo, sacándole á lucir con todos sus dicta- 
dos, bien que todavía se le perdona el nombre y el apellido, aunque se sabe nmy bien cómo 
es su gracia y la pila en que se bautizó. Para esta excepción de nuestra regla general, hubo 
buenas y legítimas razones. ¿Por qué se había de perdonar á un hombre que á ninguno per- 
dona? Por qué se había de tener algún respeto á quien no le tiene á los mismos santos pa- 
dres, doctores y lumbreras de la Iglesia? Por qué se había de llevar la mano blanda con quien 
la lleva tan bronca y tan pesada con los maestros y príncipes de casi todas las facultades? ¿Quién 
había de tener paciencia para halagar, acariciar y quitar el sombrero con mucha cortesía al 
que no sabe tratar con ella sino á los Ensiskmíldes, á los Scheuchzeros, á los Braudrandos, á 
los Strauchios, á los Beveregios, á los Krancios y á otros autores cjusdem far'mae, pasándose 
con la gorra calada delante de los hombres de mayor veneración, que todos respetamos? Al 
reverendísimo, eruditísimo, sabio y discreto maestro y señor Feyjoó le trata como pudiera á 
un monaguillo. Y es la gracia que en aquellos puntos, en que convienen los dos, no se vale 
el Barbadiño de otras razones que las que trae el maestro Feyjoó, sin mas diferencia que es- 
forzarlas este con hermosura, con nervio, con eficacia y con modestia, y dejarlas caer aquel 
al desgaire, á lo farfantón, desdeñoso y despreciativo. 

23. Finalmente, ¿sería bueno que yo me anduviese ahora en ceremonias ni en cortesanías con 
un hombre que á todos los españoles nos trata de bárbaros y de ignorantes , pues hasta que él 
vino al mundo no sabíamos ni gramática, ni lógica, ni física, ni teología, ni jurisprudencia, ni 
cánones, ni medicina ; y lo que es mas, no sabíamos ni aun leer y escribir, ni aun las mismas 
mujeres sabían hilar, hasta que por caridad tomó de su cargo instruirnos á todos este cnciclo- 
pediala, coam él se llama, ó este corrector universal de todo el género humano, como le 
llamo yo? I'crdíuiame, lector mío; que no te puedo servir en esto. Vínoseme á la pluma con 
ocasión oportuna ó importuna; que de eso no disputo ahora : presentóseme con viveza á la 
imaginación el honor dó la nación española y portuguesa, á las cuales igualmente aja, pisa, 
atrepella y aniquila : irritóme el entono, el orgullo y el desprecio con que trata á tanta gente 
honrada : fastidióme la intolerable satisfiíccion y dcspotiquez con que trincha, corta, raja, pro- 
nuncia, sentencia, define y vomita oráculos ex Iripode ; y no pudiéndome contener, esgrimí 
la maquera, y allá van provisionalmente esos cuantos espaldarazos, reservándome el derecho 



FllAY GERUNDIO DE CAMPAZAS. fJ9 

de meterle la daga tinteral hasta la giuiniicion, si alguna vez se me antoja tomar este asunto de 
propósito ; porque , créeme , el hombre necesita de cura radical. 

24. Uuiza me dirás que eso absolutamente no te parece mal, pero que desearías que hubiese 
venido mas a cuento ; porque no paiecc sino que muy exprot'esamente (úsase mucho este ad- 
verbio en esta tierra) le fui á sacar de alguno de los jardines de Roma, donde estaría el pobre 
divertido oyendo alguna buena serenata, solo, y precisamente para cantarle otras áreas que 
no le sonasen tan bien; que si él se hubiese venido por su pié, adelante; pero que traerle yo 
arrastrando por los cabellos ó por las barbas, sobre ser mucha violencia, parece mala crianza; 
amen de que no se hace verisímil que uria obra tan culta, tan exquisita y tan rara (pues aun 
anda á sombra de tejado) como el Mclodo del Barbadiño, se hallase en la celda de un jóvea 
tan simple, tan eslrafalario y de tan mal gusto como se pinta á Fray Gerundio. Y aquí te espi- 
ritarás de crítico, diciéndome que toda inverisimilitud en este género de obras es un pecadazo 
de á folio y de aquellos que no se perdonan en este siglo ni en el futuro. 

lo. ¡Ahora teme andas con esos melindres! Mira, yo soy hombre sincero, y aunque sea 
contra mí, te he de confesar la verdad. Es cierto que desde que leí el tal dichoso Método (el 
cual, y quede esto dicho de paso, tiene tanto de método como el Método do airar los sábano^ 
nes, que compuso el otro barbero ó cirujano latino de que se hace mención en esta obra. Ya 
va largo el paréntesis; cerrémosle): es cierto que desde que leí el tal dichoso Método , tuve un 
hipo-metódico de zurrarle bien la badana, que no me podia remediar. Es igualmente cierto 
que dentro de la misma historia de nuestro Fray Gerundio; pude discurrir, buscar y disponer 
otro método mejor y mas natural para zurrársela; pero dime, ¿estoy yo por ventura obligado 
á seguir siempre lo mejor? ¿Parécete que quien esta reventando por vomitar, tendrá llema para 
andar escogiendo entre rincones y para buscar aquel donde se exonere con mas limpieza ó 
con menos incomodiilad? ¿Sería buejio que por tu delicadeza reformase yo ahora quince ó 
veinte hojas de mitrabajadísima ó trabajosísima historia, solo por zurrar al Señor Barbi-Castron 
mas metódicamente, mas en solfa y mas á compás? Anda, hombre; que no sabes lo mucho 
que esto cuesta á un pobre autor, y mas si es tan poltrón como yo. Pero si, no obstante, te 
emberrinchas en que el baqueteo está fuera de su lugar, compongámonos, que yo no quiero 
pendencias. Desde luego me comprometo en el juicio de aquel alcalde á quien se fué á que- 
jar una mujer de que su marido le había vareado muy bien las costillas lo mas importuna- 
mente del mundo. «Declaro, dijo el juez, que los palos fueron nulos ; y se le apercibe al ma- 
rido que otra vez los dé con motivo, en tiempo y en sazón.» 

26. A lo otro que decías, de que no es verisímil que un hombre como Fray Gerundio tuviese 
en su poder una obra como el Método, y que la inverisimilitud es un crimen laesae proprietatis^ 
detestable, irremisible , imperdonable, en este género de escritos, te digo que me hubieras 
puesto tamañito con esa decisión canónica; porque al fin, aunque pecador y miserable, soy 
timorato y un tantico escrupuloso, si no tuviera el testimonio de mí buena conciencia. En 
cuanto á lo primero, yo no sé, para aquí y para delante de Dios, qué impedimento dirimente 
podia haber en el pobre Fray Gerundio para que no pudiese tener en su celda el Método del 
Barbadiño, ni mas ni menos como podia tener las Coplas de Calaínos, el Romance de los Siete 
Infantes de Lara y la Historia de los Doce Pares. Si porque es libro de contrabando, antes por 
lo mismo debía de parar en él mas que en otro, pues ya se sabe que los contrabandos se 
guardan donde menos se sospecha. Si por ser culto y exquisito, ciertamente que las cartas del 
metodista no son ni tan cultas como las del célebre Monsieur de Peiresc, ni tan exquisitas 
como las del cardenal Antonio Perrenot, por otro nombre el cardenal Granvela, ni tan miste- 
riosas y tan apetecidas como las de Antonio Pérez ; y con todo eso sé yo que muchas de las 
primeras pararon primero en las mochilas, y después en los fusiles, de algunos soldados sal- 
teadores que, juzgando ser otra cosa, se las hurtaron á un caballero de Leyden; gran porción 
de las segundas fue redimida del cautiverio de las boticas y de las especerías , y el tomo de las 
terceras se rescató de una taberna de la Maragatería, donde servia de cobertera á un pichel. 
Sí no sabes qué es p¡c/icZ, pregúntaselo á cualquiera maragato; que yo no quiero decírtelo 
porque no sepas tanto como yo. Así que, no solamente es verdad que «donde menos se piensa 
salta la liebre», sino que también salta el libro donde menos se imagina. 

27. Pero al fin, permitámoste de gracia que tenga alguna pequeña inverisimilitud el lance. 
¿Es posible que has de ser tan inexorable conmigo , al mismo tiempo que callas y te muestras 
tan condescendiente con otros? ¿Parécete mas verisímil que Sigismundo en la comedia de Al- 
cázar del secreto, por el grande Don Antonio de Solis, se arrojase al mar en las costas de Epiro, 
y llegase á las de Chipre embarcado ó sostenido solo de su escudo, sino que este fuese de cor- 
cho y Sigismundo de papel? ¿Parécente mas verisímiles los oráculos que á cada paso inter- 
rumpen á nuestros representantes adivinando lo que ellos iban á decir para que el suceso pa- 
rezca misterioso? ¿Parécente mas verisímiles aífuellas voces que salen de la música tan á tiempo, 
que se adelantan á decir cantado aquello mismo que el cómico iba á pronunciar representado? 
¿Parécente mas verisímiles aquellos versos, pensamientos y conceptos en que prorumpen dos 
representantes que á un mismo tiempo salen por diferentes puertas y sin verse ni oírse , lo 



60 ODIUS DEL PADRE JOSÉ FRANCISCO DE ISLA. 

mismísimo que dice el uno dice el otro, sin mas diferencia que la material de las roces? En 
fin, si quieres una carga de estas inverisimilitudes, no tienes mas que acudir á la insigne Poé- 
tica de Don Ignacio de Luzan, y allí encontraras tantas, que no podrás con ellas. 

"IH. Y no te parezca por Dios que solos nuestros españoles son reos de lesa verisimilitud en 
sus composiciones cómicas y no ctjniicas. Ahí tienes entre los franceses á Moliere, á Hacine, 
y todavía, como dicen , clioVreando tinta , á Monsieur de Boissy en su celebrada comedia Les 
dehors trompeurs, ou L'lionime dujoiir; no tienes mas que leer esta y casi todas las de los otros 
dos, y encontrarás á cada paso tantos lances inverisímiles, que te hagas cruces, pareciéndote, 
y con razón, que muchos de aquellos sucesos solamente pudieron acontecer por arte de en- 
cantamiento. Y porque no me digas que el primero lo conoció así, pero que de propósito no 
lo quiso emendar, burlándose con mucha sal de las escrupulosas regias á que se quiere estre- 
char la composición cómica, y sentando por principio universal que la suprema y aun la única 
regla de todas era el arte de agradar al público, te presentaré, si me aprietas demasiado, al 
mismo mismísimo Cornelio, al soberano Cornelio, reconocido generalmente de todos, fran- 
ceses y no franceses, por el grande reformador del teatro, y por el genio mas elevado de su 
siglo y de otros muchos, para pulir hasta la última perfección cualquiera pieza dramática. No 
obstante , ya sabrás (y si no sábelo ahora) que contra este corifeo de la tragedia llovieron tan- 
tos escritos de sus mismos nacionales , ya fuese por emulación ó ya por otro motivo , que le 
hubieran sofocado, si el mérito no fuese como el aceite, que al cabo nada sobre todo. Y aun- 
que él se purgó plenamente de los otros defectillos que le suponían ó le exageraban sus éaiu- 
los y acusadores, en el capítulo de la inverisimilitud que oponían á muchos pasos de sus tra- 
gedias, agachó un sí es no es la cabeza, y solo recurrió álos ejemplares de Séneca, Terencio, 
Planto y otros padres maestros del teatro antiguo, que alguna vez se descuidaron en esto , y 
con cuatro gotas de agua lustral, exorcizada por algún sacerdote de Apolo según el rito poé- 
tico, se juzgaban purificados de esta venialidad. Portante, lector mío (mira el cariño y la cor- 
tesía con que te hablo) , suphcote con el sombrero en la mano que no quieras mostrarte tan 
severo conmigo sobre estas menudencias, melindres y delicadezas. 

29. Otra cosa será si te me pones un poco serio, ceñudo y entonado sobre el asunto sus- 
tancial de la obra. Confieso que solo en imaginarte en esa figura de Minos y Radamento, 
estoy ya tamañito ; porque una cosa es que yo sea algo desembarazado de genio, y otra que 
no sea hombre pusilánime y meticuloso. ¿Qué sé yo si, mirándome con semblante torvo, fe- 
roz y truculento, y jurándomelas por la laguna Éstigia, te dispones á reñir, á reprender, 
á detestar , á anatematizar mi atrevimiento , hablándome en esta ponderosa y gravi-sonante 
sustancia? 

50. Bien está, mal clérigo, clérigo insensato, atrevido y nada considerado. Supongamos que 
el pulpito esté en España y también en otras partes tan estragado y tan corrompido como da 
á entender esta maldita obra, perniciosa, detestable, abominable. Supongamos que en nues- 
tra nación, y también en otras, hayga muchos predicadores Gerundios, indignos de ejercitar 
tan sagrado ministerio. Demos caso que esta corrupción, esta epidemia, esta peste (llámala 
así, si te pareciere) pidiese el mas pronto, el mas ejecutivo remedio. Dime, infeliz, ¿podía 
ofrecerse asunto mas serio ni mas grave para que le tratase una pluma docta, majestuosa, 
enérjica y vehemente? ¿Había materia mas digna de manejarse con la mayor gravedad, con el 
mavór nervio , con un torrente arrebatado de razones y de autoridades , y con otro torrente de 
lágrimas no menos rápido y copioso en el celoso escritor? ¡Y una materia como esta era para 
tratada como la tratas tú, sacerdote indigno! ¿Hay en el mundo licencia ni autoridad para jun- 
tar las cosas mas serias con las mas burlescas , las mas graves con las mas bufonas , las mas 
importantes con las mas chocarreras? No la hay, no la hay, te clama un gentil juicioso, para 
llenarte de confusión y de vergüenza, si fueras'capaz de tenerla. Es cosa ridicula, es cosa ri- 
sible ; y yo añado que en la materia presente es cosa execrable , que casi casi se roza con sa- 
crilega, juntar chuüetas y chocarrerías con atrocidades, serpientes con palomas, y tigres con 
corderos. Es vulgar el texto , mas no por eso es menos verdadero : 

Sed non ut placidis coéanl immitia , non nt 
Serpenles avibus yeminciitur , ligribus agni. 

ol. ¡ Pioma ardiendo, v Nerón cantando ! No pudo llegar á mas la fiereza de aquel monstruo, 
aborto de la naturaleza"^humana. Tú le imitas, pues te pones á cantar cuando arde Troya y 
supones que se abrasa tu nación. ¡Bello modo de atajar el fuego! ¡Echar mano de la fiauta y 
ponerte á tocar una gaita gallega! 

52. Desde que se predicó en el mundo el Evangelio , hubo predicadores que abusaron de 
este oficio; y desde que hubo malos predicadores, hubo hombres celosos que declamaron 
contra ellos. Pero ¡con qué seriedad, con qué peso, con qué vehemencia! Este era un lugar 
muy oportuno para ir discurriendo de siglo en siglo hasta el nuestro por todos los padres, 
doctores y autores de la santa Iglesia, que levantaron el grito y manejaron la pluma contra los 
que en su tiempo corrompían la palabra de Dios y profanaban el Evangelio. Habiendo sido 
este indisputablemente el verdadero origen de todos los errores, herejías y cisma que han 



FRAY GERUNDIO DE CAMPAZAS. Cl 

afligido en todas las edades á nuestra Santísima Madre, manchándola, ajándola y despedazán- 
dola su túnica inconsútil , como expresamente lo dice y lo llora San Áj^ustin en el segundo 
libro de la Doclr'uia cristiana : Corrupíio verbi Dci, viscera Ecclesiae disrumpit, el tiinicam dila- 
cerat. Discurre tú cuanto habrán declamado los padres, los doctores y los concilios contra es- 
tos corruptores y profanadores de la Saíírada Escritura en la misma cátedra de la verdad, trono 
especial del Espíritu Santo, que solo debe presidir, mspirar, encender, mover y hacer ha- 
blar en él. Eacil cosa me seria ponerte á la vista un largo catálogo de las vehementes invecti- 
vas que se han hecho contra esta profanísima profanidad en todos los siglos de ía iglesia, 
comenzando por el apóstol San Pablo y acabando en los autores mas famosos del siglo pasado 
y del presente, l'ero ¿cuánto crecería este tu prólogo? Cuánto te detendría en esta conversa- 
ción? Ni tú con la pluma, ni tus simples lectores con su necia curiosidad, llegaríais en un ano 
á tu perniciosa historia. 

55. Contentóme pues solo con apuntártelo, y con preguntarte si tienes noticia de que 
alguno de los santos padres, doctores v escritores sagrados hayan seguido el diabólico rumbo, 
que tú sigues, para corregir á los malos predicadores; si has encontrado con alguno que se 
vistiese el botón gordo, con la caperuza y saco de bobo, y el látigo de vejigas en la mano, 
que es el uniforme de los satíricos, para desterrar del mundo esta epidemia. Razones, textos, 
decisiones, cánones conciliares, constituciones apostólicas, edictos de santísimos y celosísi- 
mos prelados, censuras fulminadas, ayes, lamentaciones, lágrimas, súplicas, exclamaciones, 
amenazas, eso sí; de esto hallaras mucho, muchísimo, iníhiito, y todo muy escogido, en in- 
numerables escritores que, ya de propósito, ya por incidencia, tratan este gravísimo punto. 
¡Pero chufletas, pero bufonadas, pero chocarrerías! ¿Dónde, dónde las has visto empleadas 
en esta materia, párroco atrevido y mal aconsejado? Voy, voy á dar contigo en todos los 
tribunales de la tierra para que te castiguen, para que te confundan, para que te aniquilen, 
y para que hagan en tí un ejemplar que sirva de escarmiento á los siglos venideros. 

54. Mansucscat te Deus Pater, mansuescat te Deus Filius, ct reliqua. De muy mal humor te 
levantaste esta mañana, severísimo lector de mi alma, y no tengo yo la culpa de que hubieses 
pasado mala noche por las indigestiones y crudezas de la cena. Yo cené poco, lo digerí pres- 
to, dormí bien, y estoy como una lechuga. Por tanto, óyeme serenamente si gustares, y si no, 
tapa los ojos, que son las orejas por donde se oye á los autores. 

5o. Todo cuanto dices es así, y no hubieras perdido nada por habérmelo dicho con mayor 
templanza y con un poco mas de urbanidad , siquiera por esta coronaza que me abre de 
cuando en cuando mi barbero, molde de vaciar Sanchos Panzas. ; Si tú le vieras ! ¡Oh, si tú le 
vieras! Basta decirte que sus navajas no rapan tanto como sus dedos aforrados en piel de lija, 
y por yemas cabezas de cardo silvestre, aunque por otra parte no hay hombre mas bueno en 
todo Campos. Pero esta digresión no viene al caso; y si no sirve para cortarte la cólera, por 
lo demás es un grande díspropósito. Volvamos pues á nuestro asunto. Digo pues que tienes 
muchísima razón ; que todos los que han tratado el asunto que yo trato , ó ya adredemente, 
ó ya porque les salió al camino, le trataron con la mayor gravedad, peso , circunspección, 
vehemencia y seriedad. Solo un tal Erasmo de Roterdam, cuyo nombre huele mejóralos 
humanistas que á los teólogos, en un libro latino que intituló El elogio de la locura, dijo mil 
gracias contra los malos predicadores de su tiempo ; pero como su idea principal era hacer 
ridiculas con esta ocasio'n á las sagradas religiones que entonces ílorecian, burlándose va de 
sus trajes, ya de sus ceremonias, ya de sus usos, ya de sus costumbres, confundiendo inicua 
y perversamente el todo con la parte, el uso con el abuso, y la vida ejemplar de millares de 
individuos con la menos ajustada de un puñado de defectuosos, el tal Élogío de la locura cor- 
rió poca fortuna, y solo la tuvo, y aun la tiene el día de hoy, con los que [)or interesados me- 
recen ser comprendidos en el referido Elogio. Fuera de este Señor Desiderio Erasmo (que 
era su verdadero nombre y apellido), monaguillo, monje, ex-monje, clérigo secular, rector, 
consejero, todo y nada; fuera de este perillán y otro autor modernísimo, venerando y muy 
circunstanciado, todos los demás trataron el punto que yo trato, con toda la gravedad que vues- 
tra merced pondera, y aun no la pondera mucho, señor lector y circunspectísimo dueño mío. 
56. Pero y bien, ¿qué fruto sacaron todos esos gravísimos autores de sus truenos, relám- 
pagos y rayos? ¿Atemorizaron á los malos predicadores? ¿Obligáronlos á abandonar el campo 
y á retirarse á sus celdas , aposentos , cuartos ó casas, á lo menos mientras pasaba la tempes- 
tad, para estar á cubierto de ella? ¿Corrigiéronse los insufribles desórdenes del pulpito en 
España, Portugal, Francia, Italia, Alemania y todo el mundo? Si eso fuera así, no hubieran 
llovido escritos contra esta lamentable corrupción en estos dos últimos siglos. Ni Claudio Aqua- 
viva y Juan Paulo Oliva, generales ambos de la Compañía, hubieran arrancado ayes tan pro- 
fundos de lo mas íntimo de su corazón, lastimándose de ella: aquel en una gravísima instruc- 
ción, y este en una sentidísima y discretísima carta. Ni el elegante Nicolás Cansino hubiera 
gastado tanto calor intelectual, oratorio y crítico, en su vastísima obra de la Elocuencia sagrada. 
Ni Don Cristóbal Soteri, abad de Santa Cruz, en los estados de Venecia (si no estoy equivoca- 
do), hubiera dado á luz aquel librito de oro, Rudimeula oraloris chrisliani, que á instancias 



-62 OBRAS DEL PADRE JOSÉ FRANCISCO DE ISLA. 

suyas y para su particular instrucción escribió cierto religioso docto, grave y erudito. Ni Anto- 
nio de Vieyra, en su lamoso sermori de la Sexagésima, sobre el evangelio de Exüt (¡ni seminat 
scjninarc semen sutim, liubicra declamado con tanto ardor contra muchos predicadores que en 
su tiempo infestaban las almas y los oídos. Ni el célebre señor arzobispo de Cambray, Fran- 
cisco de Salignac de la Mota Fenelon, se bubiera fatigado en componer sus admirables Diálogos 
sobre la elocuencia en (jeneral y sobre la elocuencia del pulpito en parlicular , en los cuales no 
solo no perdona los que todo bombre de mediano entendimiento caliíica de disparates y des- 
propósitos, sino que critiquiza sin piedad algunos sermones que á primera vista parecerían á 
muchos, modelos de ingenio, de juicio y de elocuencia. Ni el l'adre IMas (iisbert bubiera dado 
á luz su estimado libro. Elocuencia cristiana en la especulativa y en la práctica, que corre con 
tanta aceptación en las naciones, y en el cual descarga mortales golpes sobre todas las espe- 
cies de malos predicadores. Y nota para tu consuelo y para el nuestro, que todos los autores 
que he citado, á excepción de uno, son extranjeros : todos declaman contra la corrupción del 
pulpito en sus respectivos pueblos, no en los extraños De donde inferirás que este pernicioso 
mal no es privativo de los españoles y de los portugueses, como quieren muchos, la mitad 
por ignorancia y la otra mitad por emulación. 

57. Y después de todos estos escritos enérjicos, convincentes, graves, serios y majestuo- 
sos, ¿qué hemos sacado en limpio? Nada, ó casi nada : los pseudo-predicadores vonl leur 
train, como dicen nuestros vecinos, ó prosiguen su camino, como debemos decir nosotros; 
el mal cunde, la peste se dilata, y el estrago es cada dia mayor. Pues ahora dime , lector avi- 
nagrado (que ya me canso de tratarte con tanta urbanidad), si la experiencia de todos los si- 
glos ha acreditado que no alcanzan estos remedios narcóticos, emolientes y dulcificantes, ¿no 
pide la razón y la caridad que tentemos á ver cómo prueban los acres y los corrosivos? ¿Quie- 
res introducir en la medicina intelectual, para curar las dolencias del espíritu (¡y tal dolencia 
como la que tenemos entre manos ! ) , aquel báibaro aforismo , á quien con tanta razón trata de 
aforismo exterminador el mas famoso de nuestros modernos críticos : Omnia seeundinn ratio- 
nem facienti, si non succedat secunditm rationem, non est transcundum ad aliud, suppetente quod 
ab mitio probaveris? El médico que cura fundado en razón, aunque el suceso no corresponda 
y aunque le sea contraria la experiencia, prosiga adelante, no mude de remedios; y si se le 
murieren los enfermos, que los entierren, el (ideUum animae per misericordiam Dei requiescanl 
in pace. ¿Parécete justo que en una materia de tanta importancia me acomode yo con tan bár- 
bara doctrina? Vete á pasear; que no te puedo servir. 

08. Antes quiero probar fortuna, y ver si soy en este asunto tan feliz como lo han sido mu- 
chos autores honrados en otros diferentes , persuadidos a la verdadera máxima de Horacio, 

de que 

Ridiculum acri 
Forlius plerumqne , et melilis magnas secat res; 

esto es, que muchas veces, ó las mas, ha sido mas poderoso para corregir las costumbres el 
medio festivo y chuíletero de hacerlas ridiculas, que el entonado y grave de convencerlas di- 
sonantes : echaron por este camino, y lograron su intento con'felicidad; y por lo mismo dice 
un sabio académico de Paris : «Hizo Moliere mas fruto en Francia con sus Preciosas ridiculas, 
con su Tartufa, con su Paisano caballero, con su Escuela de los marulos y de las mujeres, y 
con su Enfermo imaginario, que cuantos libros se escribieron y cuantas declamaciones se 
gritaron céntralos vicios, ya morales, ya intelectuales y ya políticos, que se satirizaban en 
estas graciosas comedias.» Todas las tropas unidas de los mayores y de los mejores filósofos 
modernos, contra los ingeniosos y específicos sueños de Uenato Descartes, no le hicieron 
perder tanto terreno, como el graciosísimo, discretísimo é ingeniosísimo Viaje al mundo, de 
Descartes, escrito en francés por el Padre Gabriel Daniel, y harto bien traducido en castella- 
no. ¿Qué nos cansamos? Hasta que Miguel de Cervantes salió con su incomparable Historia 
de Don Quijote de la Mancha, no se desterró de España el extravagante gusto á historias y aven- 
turas romanescas, que embaucaban inutilísimamente á innumerables lectores, quitán(loles el 
tiempo y el gusto para leer otros libros que los instruyesen, por mas que las mejores plumas 
habían gritado contra esta rústica y grosera inclinación, basta enronquecerse. Pues ¿por qué 
no podré esperar yo (jue sea tan dichosa la Historia de Fray Gerundio de Campnzas, como_ lo 
fué la de Don Quijote de la Mancha, y mas siendo la materia de orden tan superior, y los in- 
convenientes que se pretenden desterrar, de tanto mayor bulto, gravedad y peso? 

09. Y ves aquí, lector mió (ahora vuelvo á acariciarte y á pasarte la mano por el cerro), que 
con esto queda servido el autor duende de cierto recientísimo papel que anda por ahí de 
tapadillo, á título de que se imprimió in partibus; y es su gracia : La sabiduría y la locura en 
el pulpito de las monjas. Hacia el fin del prólogo (que casi es tan pesado como este), reliere el 
autor, como de oídas, que un obispo de Francia, viendo inutilizadas las prohibiciones de cin- 
cuenta ó sesenta ])redíca(lores que deshonraban en el pulpito el ministerio de la palabra de 
JDios, creyó que debía probar si sería mas útil ridiculizarlos, que emplear la autoridad severa. 

«Compuso, dicen, un sermón lleno de conceptos, del <iue nuestros predicadores del número 



FRAY GERUNDIO DE CAWPAZAS. G3 

se holgarían sor los autores. El texto que puso fué : Sicutitngucntum quod ikscendit cí eapile in 
barbain, barbam Aaron. Luego que pareció este sermón, y al clia siguiente, no tenia el librero 
un ejemplar. Mas de cuarenta reimpresiones que se han hecho de ó! , han tenido el mismo des- 
pacho. Pero lo mejor que tiene es, que ha desterrado del pulpito los conceptos; y si por des- 
cuido á algún orador se le desliza alguno , basta para que le digan que ha predicado en el gusto 
de sicnt iniiiui'nlinn...y> Este medio me parece el mas ehcaz y el mas pronto. 

40. Tiene vuestra reverendísima muchísima razón, reverendo padre mió (liablo con el autor 
de este papel, á quien conozco coujo á los dedos de las manos, y sé muy bien que tiene tanto 
de español como yo de í'rances , por mas que quiera honrarnos con hacerse nuestro nacional, 
honor que le estimamos, sin envidiarle demasiado) : digo que vuestra reverendísima tiene en 
esto tanta razón , como en el religioso celo con que tomó la pluma para corregirnos; no menos 
en los dos disparatadísimos sermones de autores españoles, que coteja con otros dos, verda- 
deramente sólidos y buenos , de un célebre autor francés , que en la primera parte de su pró- 
logo, pues aunque' esté tomada de lugares comunes y se componga de retlexiones trivialisi- 
mas, al ñn ellas son muy verdaderas y nada pierden por manoseadas. 

41. Así la tuviera vuestra reverendísnna en la poquísinia merced que nos hace á todos los 
españoles en general, y en lo mucho que ofende en particular al respetable gremio de los pre- 
dicadores del Key, singularizando entre ellos á los predicadores del número. Es un gusto ver 
cómo desde la pagina 26 comienza vuestra reverenclísima á esgrimir tajos y reveses contra to- 
dos nuestros predicadores, á diestro y á siniestro, en montón, indetinidamente, y caiga quien 
cayere. t<Há un siglo (dice vuestra reverendísima) que nos faltan los predicadores. En vez de 
predicadores tenemos rábulas, charlatanes, papagayos, delirantes, vocingleros.» Esto sí que 
es ser hombre denodado, acometer valerosamente al todo, y no andarse ahora en escaramu- 
zas»con partidas y destacamentos. La pequeña guerra es buena para generales raposas, treti- 
Ilas y pusilánimes : los Alejandros de la pluma van á atacar al enemigo cara á cara y donde está 
el grueso del ejército. No hay que cansarse : los Barcias, los Casíejones, los Bermudez, los 
Gallos y otra larguísima lista de vivos y sanos que podía añadir, «son unos rábulas, unos char- 
latanes, unos papagayos, delirantes y vocingleros,» y pueden aprender otro olicio; porque al 
fin «há un siglo que nos faltan los predicadores» . 

4:2. «No hay que admirarnos, pues (prosigue vuestra reverendísima en la página 27 y 28 de 
su discreto , urbano y caritativo prólogo), de que entre nosotros no haya predicadores que ha- 
gan conversiones; porque no los hay que formen el proyecto de hacerlas; y aun ellos se ad- 
mirarían si vieran que alguno se convertía; porque nunca pensaron en intentarlo.» Acabára- 
mos con ello; y viva vuestra reverendísima mii años, porque nos abre los ojos que hasta aquí 
teníamos todos lastimosamente cerrados, ó por lo menos cubiertos de cataratas. Pensábamos 
nosotros que dentro de nuestro siglo, y en nuestros mismos días, los infatigables Garceses, los 
austerísimos y celosísimos Hernandeces (dominicanos), los apostólicos Dutaris y Calatayudes 
(jesuítas), los üustrísimos Goíris y los Señores Aldaos, Gonzaleces y Michelenas (del clero secu- 
lar) , habían hecho y estaban haciendo muchas y muy portentosas conversiones, imaginábamos 
que este era el «único proyecto que se formaban» en las continuas excursiones apostólicas con 
que corren incansablemente, unos por todo el reino de España, y otros por determinados rei- 
nos y provincias de la Monarquía. Creíamos que los imitaban en lo mismo otros innumerables 
misioneros, no de tanto nombre, pero de no inferior celo y espíritu, que andan casi perpe- 
tuamente santificando, ya estos, ya aquellos pueblos de nuestra península. A lo menos tenía- 
mos el consuelo de pensar que el número sin número de los predicadores evangélicos que en 
tiempo de cuaresma declaran sangrienta guerra á la ignorancia y al vicio , yéndolos á atacar 
dentro de sus mismas trincheras, «ni formaban otro proyecto, ni tenian otro intento» que el 
de la conversión de las almas, y que, «lejos de admirarse ellos mismos si convirtiesen algu- 
na,» se admirarían con mas razón si no convirtiesen muchas, pues aunque entre estos últimos, 
por nuestra desgracia, hayga algunos, ó sean también muchos, que, ó no se propongan este 
íin, ó no acierten con los medios, no se puede negar que los mas , ni tienen otro intento, ni 
se pueden valer de medios mas oportunos, atento el genio de la Nación y circunstancias del 
auditorio. Esto creíamos nosotros; pero gracias á vuestra reverendísima, que «nos quita la 
1 ilusión» (¡bella frase para el castellano que gasta vuestra reverendísima!), ni los primeros 
I ni los segundos ni los terceros han «formado ese proyecto ni nunca pensaron en intentarlo; 
! porque entre nosotros no hay predicadores que hagan conversiones ni piensen nunca en hacer- 
j las» . Vamos claros : ¿en qué medallón del emperador Garacalla estaba distraído vuestra revé- 
I rendísima cuando estampó una proposición tan escandalosa y tan iniuriosa á toda nuestra na- 
ción? Pero lo mas gracioso, y acaso sin ejemplo, es el ser mendigada, no solo la sentencia, 
sino es la frase y casi todo el prólogo del libro que escribió en el idioma del autor, intitulado 
Verdadero método de predicar acgun el cí^pírilu del Evangelio , el ilustrísimo Señor Luis Abelly, 
obispo de Piódas; y porque se haga creíble tamaña galantería . doy la cata : «No debe pues cau- 
sar admiración haya tan pocos predicadores que conviertan , habiendo tan pocos que formen 
tan importante designio; antes bien hay muchos que juslunientu se admiraran, y mucho (como 



Ci OBUAS DEL PADRE JOSÉ FRANCISCO DE ISLA. 

dice un Duen espíritu) , si se les mostrase alguno que se hubiese convertido por sus sermones, 
pues ellos nunca pensaron en tal cosa.» Hállase á la letra al capítulo 7, página :28, de la traduc- 
ción publicada en Madrid por el padre maestro Mcdrano, dominicano, año de 17^4. No para 
aquí lo mas lino de la superchería; sino es que, así por algunos pasajes que claramente hablan 
con los franceses en particular, como por ser el autor trances, se reconoce ser dirigida la obra 
y la referida sentencia á ellos y á sus malos predicadores; y su reverendísima la rebuta con 
un candor que edilica, en invectiva contra los nuestros y apología por los suyos. ¿Cabe mas 
valentía? Cabe plagio mas descarado ni mas ratero? 

45. Pero ya parece que achica vuestra reverendísima la voz en la página ol , cuando tácita- 
mente confiesa que algunos de nuestros misioneros predican con este intento, mas yerran 
miserablemente los medios, y aun mas lastimosamente so engañan en las señales por donde 
regulan el fruto de sus misiones. « Quedan después muy pagados de su fervor (dice vuestra re- 
verendísima), porque gritó con ellos y como ellos el pueblo en sus actos de contrición; por- 
que se asustó la vieja, malparió la embarazada, se desmayó de susto la doncella; porque co- 
mulgaron dos ó tres mil personas ; pero advierten que de estas no se convierten dos á nueva 
vida. ¿Por qué? Porque, como no quedó ganado, sino atemorizado del grito, el corazón, se 
arrojó al tribunal de la penitencia sin propósito meditado... y endureciéndose mas y mas en la 
culpa por falta de este propósito, se aleja y se desvia de la verdadera conversión; que es 
cuanto el diablo desea, pues de estas misiones saca un sinnúmero de sacrilegios y un renuevo 
de sus cadenas en los miserables pecadores que se llevaron de los aullidos , sin penitencia in- 
terior del alma.» 

44. Padre reverendísimo, no sé yo que haya misionero de nombre en España, ni predicador 
de juicio, que no esté bien persuadido á que ni los gritos del auditorio, ni el susto de la vieja, 
ni el aborto de la embarazada (no hacia falta este verbi-gracia), ni el desmayo de la doncella, 
ni la comunión de tres mil personas, ni aun de treinta mil, como ya se ha visto mas de una 
vez, sean señales infalibles de una conversión verdadera. Saben muy bien que son señales equí- 
vocas; pero al fin son señales, si no de que se convierten todos, á lo menos de que les hace 
fuerza lo que oyen. L^ moción no está muy distante de la conmoción, según aquella sentencia 
del Espíritu Santo : Ubi spiritus, ibi commoüo. Y en verdad que á San Juan Crisóstomo no le 
parecían mal las demonstraciones exteriores de su pueblo antioqueno, cuando lloraba si el 
Santo lloraba, clamaba sí clamaba el Santo, y se derretía en ternura si el Santo se derretía. 
Apenas leerá vuestra reverendísima homilía alguna de este elocuentísimo padre, donde no 
encuentre expresiones del consuelo y de la santa complacencia que esto le causaba. «En los 
sermones de San Vicente Ferrer (dice el historiador de su vida) todo el auditorio era lágrimas, 
gritos, alaridos, desmayos, accidentes.» Y si por español le descarta vuestra reverendísima, 
oiga lo que dice el Padre Croiset, que sabe vuestra reverendísima que no lo es, en la vida del 
mismo santo, que se lee el dia 5 de abril en su célebre Año cristiano. 

45. «Predicaba con tanta fuerza y con tanto celo, que llenaba de terror aun los corazones 
mas insensibles. Predicando en Tolosa (note vuestra reverendísima que no fué en Labajos , ni 
en algún pueblo de España) sobre el juicio universal, todo el auditorio comenzó á estreme- 
cerse con una especie de temblor semejante al que causa el frió á la entrada de una furiosa 
calentura. Muchas veces le obligaban á interrumpir el sermón los llantos y los alaridos de 
«US oyentes , viéndose el Santo precisado á callar por largo rato y á mezclar sus lágrimas con 
las del auditorio. En no pocas ocasiones , predicando, ya en las plazas públicas, ya en campaña 
rasa, se veían quedar muchas personas inmóviles y pasmadas como si fueran estatuas.» Y 
ahora dígame vuestra reverendísima: ¿paréceie en puridad que al Santo le sonarían mal estas 
demonstraciones exteriores, erupciones casi precisas de la conmoción interior del corazón? 

46. «¡Oh señor, que en las misiones se comete un sinnúmero de sacrilegios !» Pase, aunque 
sea á trágala perra, el sinnúmero. ¿Pero juzga vuestra reverendísima que se cometen pocos en el 
tiempo de la conlesion y de la comunión pascual, á que es preciso se sujete todo católico , so 
pena de tablillas y algo mas? ¿Cree buenamente vuestra reverendísima que dejarán de co- 
meterse algunos en los jubileos mas célebres? ¿Y sera bueno que por eso no sepan cuál es su 
alegría derecha aquellos celosos párrocos que tanto se regocijan en el Señor cuando ven que 
han cumplido con la Iglesia todos sus feligreses? ¿Será bueno que vuestra reverendísima se 
ría del espiritual consuelo que siente todo hombre de mediano celo y amor á la religión, 
cuando ve un número sin número de confesiones y de comuniones en los jubileos plenísimos? 
¿Será bien parecido que vuestra reverendísima asiente con la mayor rotumlidad que eso es 
«cuanto el Diablo desea» , que todos confiesen y comulguen , asi en el precepto pascual como 
en los grandes jubileos, «pues de esto saca un sinnúmero de sacrilegios?» Mi padre, como se 
llama, otra vez' vayase vuestra reverendísima con mas tiento en esas proposiciones tan univer- 
sales y tan odiosas, pesando un poco mas las razones con que pretende probarlas ; y créame, 
que por estar de prisa, y de pura lástima, no me detengo en acribar otras clausulillas del tal 
donoso parrafito, en que se asoman unos granzones de mala calidad. 

47. ¿Pero cómo quiere vuestra reverendísima que en üios y en conciencia le disimule todo 



FRAY GERUNDIO DE CAMPAZAS. Cj 

este montón de proposiciones injuriosísimas, por ser tan universales, que se siguen? Página 28. 
«También una vieja que cliocliea , liabla: habla un delirante, y un pai)agayo habla; ¿y son pre- 
dicadores estos? Si; como nuestros predicadores... «que no son mas que unos habladores y 
nada mas. » Pagma 5:2. aPues digo a nuestros predicadores pancgirisías, «que no saben, que no 
pueden, predicar de San José, de San Benito, de San Bernardo, etc., sin decir herejias.» Pági- 
na 54. «;,Puede darse libertad ni mas osada ni mas cojnun que la de nuestros predicadores, que 
ponen los santos que panegirizan , siempre superiores a todos los del antiguo y nuevo Tes- 
tamento?» Página 05. >ii^uestros predicadores \nntm , como en otro tiempo Pablo en las plazas 
de Atenas, un auditorio ocioso que no se propone otro íin que e! de oir algo de nuevo.» Pági- 
na 55. *En una librería de Holanda habia un gran número de volúmenes españoles : eran unos 
sermones impresos de nuestros grandes predicadores, cuidadosamente recogidos, y respaldado 
cada tomo con una inscripción que con letras doradas decia : Dialéctica elocuencia de los sal- 
vajes de Europa. I) 

48. Basta; que ya no hay paciencia para mas. ¡Con que nuestros predicadores son unos deli- 
rantes, unos papagayos, unos habladores, y nada mas! Con que nuestros predicadores panegi- 
ristas no saben pred'icar de los santos sin decir herejias ! Con que nuestros predicadores son 
unos charlatanes que convocan un auditorio ocioso , «como en otro tiempo Pablo en las pla- 
zas de Atenas!» (¡Pobre Apóstol, y qué bien te ponen!) Con que nuestros grandes predica- 
dores son los salvajes de Europa ! ¡"^Y para que compremos el papelejo donde esto se estampíj 
á hurtadillas, nos despachan por el correo a todas partes papeletas impresas en que se espe- 
cifica el lugar de la impresión y las librerías extranjeras donde nos regalarán por nuestro dinero 
con estas donosuras! ¡ Y hay es^pafioles que se han dado prisa á comprar estas dulcísimas Hson- 
jas ! ¡Y el autor de ellas, que tanto nos honra, quizá estará comiendo sueldo de España! Como 
el gran Bruzen de la Martiniere, que en su Diccionario geográfico habló de nosotros con tal 
descuido , ignorancia y poca estimación , que parece se lo pagaron nuestros enemigos.^ 

49. Iba á exaltárseme el atra-bílis, pero la eché una losa encima, porque estos negocios me- 
jor se tratan con llema. Ora bien, reverendísimo mió, no se puede negar que entre nuestros 
predicadores hay algunos, hay muchos , que son todo lo que vuestra reverendísima dice, y algo 
mas, si pudiera ser. ¿Pero lo son lodos nuestros predicadores? Que esto quiere decir una pro- 
posición tan indeíinkia. ¿Y lo son solamente nuestros predicadores? Eso da á entender vuestra 
reverendísima cuando en la página 40 nos propone el ejemplo de «nuestros vecinos (los pre- 
dicadores franceses), que como heles canes ladran contra los lobos, los apartan así de sus ha- 
tos, hacen constantemente la guerra, la mas viva al vicio etc.» Y después comienza vuestra 
reverendísima á decir por contraposición lo que pasa : «Aquí en nuestra España... los predica- 
dores, mudos contra el vicio, le dejan que se arraigue, que se extienda , que se multiplique.» 

50. ¡Válgame Dios, y qué flaco de memoria debe de ser vuestra reverendísima! ¿Pues no 
nos acaba de contar aqíiel cuenteclto (y con una gracia que encanta) de aquel señor obispo 
de Francia, que quitó la licencia de predicar «á cincuenta ó sesenta predicadores» ; y viendo 
que esto no alcanzaba, estampó aquel sermón burlesco, que se reimprimió mas de cuarenla 
veces, sobre el texto siciit iinguentum, que, al leer la sal con que vuestra reverendísima le re- 
fiere, se nos derrite la risa por las barbas? ¿Y esos cincuenta ó sesenta predicadores «nuestros 
vecirios» (dentro de una misma diócesi, como es preciso suponerlo para que estuviesen sujetos 
á la jurisdicción del tal Señor Obispo) , serian « unos canes heles que ladraban contra los lobos 
y los apartaban de sus hatos >■ ? ¿Y no podrían contarse también éntrelos «salvajes de Europa»? 
Pues ahora regule vuestra reverendísima no mas que á razón de cincuenta ó sesenta predica- 
dores «de las barbas de Aaron ,» por cada uno de los ciento y doce obispados que contiene 
el reino de Francia, y eche no mas que cien predicadores de la misma estofa á cada uno de los 
diez y ocho arzobispados que cuenta en sus dominios ; hallará vuestra reverendísima un cuerpo 
de ocho mil quinientos «salvajes de nuestros vecinos»; que no es mal socorro para reforzar 
el ejército de los «salvajes de Europa» . ¿ Qué digo? Harto será que las tropas auxiliares no ex- 
cedan el todo de las principales. 

51. MI reverendo padre, no nos alucinemos. Ninguno de los vicios que vuestra reverendí- 
sima nota en jiuesíros predicadores, dejaron de noliir en ]os predicadores nuestros vecinos, e\ 
Señor Salignac y los Padres Cansino y Gisbert, en las obras que escribieron para corregir 
los abusos del pulpito , precisamente en sus paisanos ; porque ellos no se metieron con otros , 
singularmente el primero y el último. «Si esto valiera la pena» (tampoco es maluca frase para 
el gusto de vuestra reverendísima y el de otros camaradas) , fácil cosa me serla hacer la demons- 
traclon ad oculum ; pero me fastidia detenerme tanto en su prólogo , que ya me llene hasta las 
cejas. ¿Y serla yo bien recibido en Francia si. Ungiéndome francés y aprovechándome de lo 
que los mismos franceses declaman contra sus malos predicadores, diese áluz un folleto, ó llá- 
mese libelo, en que á rapa terrón gritase : «¡Suestros predicadores son unos rábulas, nuestros 
predicadores son unos charlatanes, nuestros predicadores son unos papagayos, nuestros predi- 
cadores son unos vocingleros, nuestros predicadores no hacen conversiones, nuestros predica- 
dores no forman tal provecto, nuestros predicadores quedan muy pagados de su fervor porque 

T. XV. " b 



C6 OBRAS DEL PADRE JOSÉ FRANCISCO DE ISLA. 

se asustó la vieja y malparió la embarazada, imestros predicadores son unos habladores, y nada 
mas, nuestros predicadores panegiristas no saben predicar de los santos sino herejías, nuestros 
grandes predicadores son los salvajes de Europa.» 

5:2. Si yo publicase cu Francia, dándome por autoridad propia el derecho de naturalidad, un 
librcjo atestado de estas lindezas, ¿no llovieran con razón mas decretos de todos los parlamen- 
tos, de fuego contra el librejo y de prisión contra mí, que han llovido algunos años á esta 
parte contra los curas, sobre el negocio que sabe vuestra revcrendisima? ¿No me pelarían jus- 
tísimamente las barbas, y me gritarían todos, hombres, mujeres y niños, al coquin , al fa^ 
quin, al maraut, que hace una injusticia si criante á todos los grandes predicadores que bate- 
nido la Francia y que cada día están saliendo de su seno, solo porque deshonran su pulpito 
un puñado de fatuos y de mentecatos? ¿No me darían en los bigotes con los Bourdalues, con 
los La-Colombieres, con los Fleurys, con los Flechiéres, con los Segauts, con los Masillones, 
con los Brctonaus, y con un inmenso catálogo de oradores verdaderamente apostólicos, ce- 
losos, elocuentes, rápidos, evangélicos, sólidos, sublimes, modelos originales? ¿Y no me 
reconvendrían también con que no necesitaba la Francia de que un francés postizo se viniese 
á entrometer para corregir los defectos de sus compatriotas, pues ya tenia ella hijos verda- 
deros suyos que lo tomasen de su cuenta con mucha mas gracia y con mucho mayor jui- 
cio? Señor padre, estamos en el mismo caso, y suplico á vuestra reverendísima que me ex- 
cuse la aplicación. 

55. Como soy cristiano, que ya quisiera dejarlo, porque me voy abochornando y no me 
puede hacer provecho para la digestión. Pero formo escrúpulo de no decir una palabrita sobre 
cierta digresión , la mas impertinente del mundo para el intento, que hace vuestra reverendí- 
sima en la página .50 : « ¡ Y con todo, predicando así (dice vuestra reverendísima), han llegado 
varios religiosos a la mitra! ¡Como si las mitras fueran para cabezas escondidas en las capuchas! 
¿Continuaremos en tener a los extranjeros persuadidos por nuestra culpa á esto? Como no es- 
tán acostumbrados á ver que fuera de España obispen los frailes, cuando leen en las gacetas 
que el rey de España ha dado un obispado á un religioso, creen que por falta de eclesiásticos 
obispales se ve el Rey precisado á echar mano de los religiosos, pues no tiene quien pueda 
ni merezca ser obispo entre los bonetes.» 

54. Que se engaste este parrafito en piedras preciosas de á dos en quintal; mientras tanto 
voy á sonarme las narices, porque me baja la íluxion y lo pide la materia. Mire, padre : ninguno 
puede hablar con mas imparcialidad que yo en este asunto ; porque ha de saber su reverendí- 
sima que yo soy un pobre bonete, no tengo «metida la cabeza en la capucha», y no puedo 
ser obispo. ¿A qué cura de San Pedro de Villagarcía se le ha sentado jamas la mitra, no digo 
en la cabeza, pero ni aun en la fantasía? Lo mas mas que tuvimos aquí, fué un doctor por 
Sigüenza, ó cosa tal, que llegó á ser comisario del Santo Olicio, y estuvo la villa para sacarle 
un vítor pintado con almagre, lo que se dejó porque no alcanzaban los propios para los gas- 
tos. A mí me graduó la universidad de ValUulolid de bachiller, y casi soy un fenómeno. Cuando 
me oyen decir que fui opositor á cátedras (si alguna vez lo digo), se santigua el concejo, y 
mas de dos preguntan si las cátedras son cosa de comer. ¡ Considere vuestra reverendísima si 
con estos dictados serán humildes mis pensamientos y si podré pensar en mitra! Con unapre- 
bendica de setecientos ó de ochocientos ducados, no me trocaría por un patriarca; y díga- 
selo asi vuestra reverendísima de mi parte al Hey y al señor coTifesor; que como los dos 
quieran , está hecha la cosa , pues por lo que toca a mí , allá va anticipada la aceptación. 

5o. Esto supuesto, ¿no me dirá vuestra reverendísima en qué pensaba cuando se atrevió á 
escribir la primera cláusula del tal donoso parrafdlo? «¡Y con todo, predicando así, han llegado 
varios religiosos á la mitra!» Esto es, han llegado á la mitra vanos «rábulas, charlatanes, papa- 
gayos, habladores, delirantes, predicadores de herejías, salvajes de la Europa»; porque al (in 
estos son los «que predican así». A estos ha consultado la cámara de Castilla para obispos ; se han 
conformado con la consulta ios señores y padres confesores, y el Rey los ha nombrado para 
la mitra. Saque vuestra reverendísima las consecuencias que se siguen de esto ; que yo estoy 
algo de prisa, y me está llamando la cláusula que viene después : ícomo si las mitras fueran 
para cabezas escondidas en las capuchas.» ¡ Hay tal ! ¡ Con que ni las mitras son para cabezas 
escondidas en las capuchas, ni las cabezas escondidas en las capuchas son para las mitras! 
Pues mucho menos serán para el sombrero rojo {capelo le llama el italiano), y muchísimo 
menos para la tiara. ¿Y tiene vuestra reverendísima bien contadas las cabezas que desde la 
capucha salieron para el capelo, y desde el capelo se cubrieron con la tiara, sin contar las 
muchas otras á las cuales encajaron la tiara casi casi encima de la capucha? ¿Ha leído vuestra 
reverendísima algo de la Historia eclesiástica'! Me temo que solamente ha oido hay en el mundo 
una cosa que se llama asi; porque si la hubiera no mas que saludado, sabría que por casi 
docientos años (otros dicen trecientos) apenas salió la tiara de la capucha benedictina del 
célebre Monte Casino. Pero, ¡qué capuchal Pero, ¡qué tiaras! 

56. ¿ Y las mitras de Francia nunca «se hicieron para cabezas metidas en las capuchas» ? ¡ Pobre 
español pegote, y qué poco sabe su historial (También esta frase es favorita de vuestra revé- 



FRAY GEUUiNDIO DE CAMPAZAS. G7 

rendisima). ¿Ignora vuestra reverendísima que por mas de tres siglos apenas hubo obispo en 
Francia que no hubiese salido de las capuchas escondidas en los célebres monasterios de 
Lerins, Ponligny, Tours, Fuente-Juan, Chalis, Mon-Marre , Isla-Barba, Brou y otros innu- 
merables, así de benedictinos como de cistercienses, por no contar áCluni nial Cister, que 
en los siglos decimotercio y decimocuarto se llamaban les pepinicrcs des evcqiies, como si 
dijéramos el plantío de los obispos? ¿Nunca leyó en su historia que en el siglo duodécimo 
era ya como cosa asentada que para las mitras vacantes se habían de proponer en la junta del 
clero y del pueblo á los abades del Cister, cuya orden florecía entonces con el mayor rigor 
de la mas exacta observancia? ¿No reparó en ella el grande embarazo en que se halló la cle- 
recía y la ciudad de Courges en la muerte de su arzobispo Enrique de Sully, porque «florecía 
entonces el orden cisterciense en tantos sugetos insignes, que esta misma multitud embarazaba 
la elección del clero»; palabras con que se explica la historia, como que era preciso que la 
elección recayese en sugeto de aquella orden? Dígame, padre español neófito, los Martines, 
los Guillermos, los Luviiies, los Euquerios, y otro número sin número de mitras francesas, 
canonizadas y no canonizadas, «¿fueron cabezas metidas en los bonetes, ó en las capuchas?» 

57. Dice vuestra reverendísima que « como los extranjeros no están acostumbrados á ver 
que fuera de España obispen los frailes, cuando leen en las gacetas que el rey de España ha 
dado un obispado á un religioso , creen que por falta de eclesiásticos obispales se ve el Rey 
precisado á echar mano de los religiosos.» ¡ Con que los extranjeros no están acostumbrados 
á ver que iuera de España obispen los frailes ! ¡ Con que en Italia no hay frailes obispos ! ¡Ni 
en Alemania hay obispos frailes ó religiosos ! Déjelo , padre , por amor de Í3ios. Antes que vues- 
tra reverendísima diese á luz esta proposición, ¿no le hubiera sido mejor y mas fácil averi- 
guar si había en estos tiempos en Alemania y en Italia algunos frailes vestidos de obispos, que 
gastar el calor natural en inquirir si dos mil ó tres mil años há, los niños y las niñas de los 
gentiles se vestían de diosecicos y diosecicas de devoción , así como se visten ahora de frailicos, 
y monjicas de devoción , muchos niños y niñas de los cristianos? Curiosa noticia, que debemos 
á la infatigable laboriosidad de vuestra reverendísima, pero que nos hacia poca falta, y á vues- 
tra reverendísima le hacia mucha, saber que los extranjeros están muy acostumbrados á ver 
fuera de España muchos frailes vestidos de obispos, y muchos obispos vestidos de frailes. 

58. Finalmente, vamos á la raíz y abreviemos el camino. Es cierto, padre mío, que en el 
primer siglo de la institución ó de la fundación de los monjes, las cabezas «metidas en las ca- 
puchas» (si es que tenían capuchas en que meterse las cabezas de aquellos primeros monjes), 
no solo no se hicieron para las mitras, pero ni aun para las coronas ; porque aquellos monjes 
primitivos, por regla general, ni recibían ni querían recibirlos órdenes sagrados. Tan legos 
eran todos como la madre que los parió , salvo tal cual que , después de ordenado iii saciis, 
se retiraba á la vida monacal. Y no era esto porque no hubiese entre ellos muchísimos hom- 
bres tan eminentes en sabiduría como en virtud; sino porque su profunda humildad los des- 
viaba de aquel altísimo estado. Si vuestra reverendísima quiere instruirse á fondo en la materia, 
no tiene mas que leer al Padre Mabillon. Esto era en el primer siglo del instituto y de la pro- 
fesión monacal. 

59. Pero después que el papa Siricio, por los años de o90, consideró despacio los grandes 
bienes de que se privaba la Iglesia de Dios , y las grandes ventajas que podía sacar de que los 
monjes graves, circunspectos, ejemplares y sabios, íuesen promovidos, no solo á todos los 
órdenes , sino á todos los oficios y beneficios de la santa iglesia ; después que reflexionó á que 
no era razón que el bien particular que los representaba á ellos su humildad, prevaleciese 
al bien común; y finalmente, después que, en virtud de estas consideraciones, en la famosa 
carta que escribió áHimerio, obispo de Tarragona, en el capitulo lo le dice que, no solo or- 
dene, sino que eleve á todos los oficios y beneficios eclesiásticos, á los monjes que sobresa- 
lieren en gravedad, doctrina, pureza de la te y en santidad : Monachis queque, quos tameii 
morum gravitas, et vitae ac fidei itislilulio sánela commemlat , ckricorum of¡küs aggrcgaii; es 
gusto ver la prisa que se dieron los obispos , los pueblos , los emperadores y los mismos papas, 
á turbar, por decirlo así, la santa quietud de los desiertos, y á arrancar de ellos á los estáticos 
cenobitas, para colocarlos en las primeras dignidades, parecíéndoles muy justo que los que 
habían santificado primero el claustro y la soledad , fuesen á santificar después á los poblados 
y al mundo. Desde entonces y por muchos siglos después, apenas se vieron mas que monjes 
en las primeras sillas de la Iglesia universal, tanto en Oriente como en Occidente. Vea ahora 
vuestra paternidad muy reverenda «si las mitras se hicieron para cabezas metidas en las 
capuchas» . 

60. Conclusión. — Suplícasele pues á vuestra reverendísima con el mayor rendimiento, que 
otra vez no se meta en lo que no entiende; que haga mas justicia (ya que no quiera hacerla 
merced) á la nación española; que cuando intente corregir abusos, hable con menos univer- 
salidad; que trate con mayor respeto las resoluciones del Rey, el dictamen de sus prudentes 
confesores y el parecer de sus sabios ministros ; y en fin , que no eche en olvido aquel lefran- 
cito español : «Quien tiene tejado de vidrio, no tire piedras al de su vecino. j. 



68 OBRAS DEL PADRE JOSÉ FRANCISCO DE ISLA. 

Gl. Mas, para que vuestra reverendísima conozca que procedo de buena fe y que no choco 
porque tengo gana de cliocar, le digo ingenuamente que, como se luihiese contentado con la 
primera parte de su prólogo coracero; con haber contraido un poco mas la segunda, sin me- 
terse en el delicado punto de obispados (que ya pica en antigua historia); con no haber sal- 
picado á todos los predicadores del Hey, singularmente á los del número; y con haber hecho 
su paralelo de los dos sermones, franceses y castellanos, aunque fuese con los paréntesis y 
glosas en romance esguízaro que añade á estos últimos, no hubiéramos reñido. Le hul»iera 
abandonado á vuestra reverendísima los dos sermones con sus dos predicadores, y auní|ue 
fuesen otros dos mil con ellos, sin que hubiésemos sacado las espadas. Porque al fin, vuestra 
reverendísima tiene muchísima razón en todo lo que dice de los tales dos sermones, y de todos 
los demás que sean tales como los susodichos. Convengo en eso, y por lo mismo esgrimo la 
pluma en este escrito, para ver si los puedo desterrar, no solo dé España, sino de todo el 
mundo; porque mas ó menos, en todo el mundo hay orates con el nombre de oradores. Si 
el ungüento de la barba de Aaron sanó en Francia á tantos predicadores relajados, como dice 
vuestra reverendísima, no desconfío de que el sebo del entendimiento de Fray Gerundio haga 
en España iguales prodigios. En todo caso, yo tendré grande consuelo si, al acabar de oir un 
sermón de los que tanto se usan, dice el auditorio «que ha estado admirable el padre Fray 
Gerundio ; que el Padre Gerundio lo ha hecho asombrosamente, y que no ha podido decir mas 
el señor Don Gerundio» . 

62. Para esto, lector mió (¿cuánto há que no nos hablamos? Perdona; que se me atravesó 
este embozado en el camino, y era preciso contestarle) : para esto, lector mió, ha sido indis- 
pensable citar muchos textos de la Sagrada Escritura como los citan los Fray Gerundios, apli- 
carlos como ellos los aplican, y fingir entenderlos como ellos los entienden. Pero ¡hola! no 
te persuadas, ni aun en burlas, á que yo los cito, los aplico ni los entiendo de veras, como 
los entienden ellos. Tengo muy presente, asi el gravísimo decreto del concilio de Trento, 
como las bulas de Pió V, Gregorio Xill, Clemente VIII y Alejandro VII, contra esta sacrilega 
profanación. Protesto que antes quemara mil historias de Fray Gerundio, que contravenir, ni 
aun lijerísimamente, á tan severa como sagrada prohibición. Pero no era posible hacer ridícu- 
los á ios predicadores que incurren tan lastimosamente en ella y en las censuras que la acom- 
pañan, sin hacer ridículo el modo con que ellos manejan el sagrado texto. Mas esto ¿cómo 
podía ser sin citar el texto y sin burlarme del modo con que le manejan ellos? Así pues , siem- 
pre que encuentres algún lugar de la Sagrada Escritura ridiculamente entendido y estrafala- 
riamente aplicado, ten entendido que es por burlarme de ellos, por correrlos, por confundir- 
los, y consiguientemente, que esta impiedad debe ir de cuenta suya, y no de la mía. Cuidado 
con esta advertencia, que es de suma importancia, pues al fin, aunque no sea mas que un 
pobre clérigo de misa y olla (y esta flaca), soy un poco temeroso de Dios, me profeso rendido 
y obediente á las leyes de la Iglesia, y por fin y por postre, tengo mi alma en las carnes, á la 
cual estimo tanto como puede estimar la suja un patriarca. 

6o. Pero si no eres mas de lo que dices (esta es tu última réplica), ¿quién te ha metido á 
ti en dibujos, y en tales dibujos? ¿Faltaban en España hombres doctísimos, celosísimos, eru- 
ditísimos y sazonadísimos, que tomasen de su cargo un empeño de tanta importancia como 
gravedad? ¿De dónde te ha venido de repente el caudal de literatura, de juicio, de crítica, de 
noticias y de sal, que se necesita para un empeño tan arduo? Dejo á un lado la autoridad, dic- 
tados, crédito y fama, que era menester para emprenderle. ¡Un capellán de San Luis, un cura 
de la iglesia de San Pedro de Villagarcia , un Lobon metido á reformador del pulpito en España ! 
Un Lobon, santos cielos! Un Lobon, que sabemos quien fué los que le conocemos! ¡Un 
Lobon, que en tres ó cuatro sermones que predicó (y algunos de ellos de rumbo) dejó muy 
atrás á todos los Gerundios pasados, presentes, futuros y posibles! ¡Este nos quiere instruir! 
Este nos quiere retormar! Este se nos viene ahora á burlarse de nosotros! ¡Oh tiempos! 
Oh costumbres ! 

64. Sí, amigo lector, sí, aunque te pese. Ese mismo Lobon , que fué todo lo que tú dices y 
todo lo que quieres decir, y aun mucho mas, si no estás contento, es el que se atreve á una 
empresa como esta. Mayor fué la de la conversión de todo el mundo, y en verdad que para ella 
no se valió .Dios de catedráticos, sino de unos pobres pescadores; porque al fin, amigo, el 
espíritu del Señor inspira donde quiere , cuando quiere y en quien quiere. Que lo haria mucho 
mejor que yo cualquiera otro , no te lo puedo negar; mas, como oigo que infinitos se lastiman 
y que ninguno lo emprende, excusándose los hombres grandes con estas , con aquellas y con 
las otras razones, yo, que ni me malo por ser mas ni tampoco puedo ser menos, escupí las 
manos, refreguélas y púselas á la obra con este tal cual caudalejo que el Señor me dio. Si 
acerté en algo, á él sea la gloria : si lo erré en todo, agradéceme la buena voluntad. Y con 
esto, adiós; que, á fe estoy ya cansado de tanta parladuría. 

EXPLICIT rnOLOC'JS. 



Í3<^€^ÍS« 'Cii^f i€i4£*>€ii&t'^ÍSt>^lSí«>€?£^€!S>'^SS&«»«StS' í*ir3i^>*S2ií!'3^í3<«<5:22S»>€i^'<»^ 



HÍSTOEIÁ DEL FAMOSO PREDICÁDOK 



FRAY GERUNDIO DE CA^ 



LIBRO PRIMERO. 



CAPITULO PRIMERO. 

Patria, nacimiento y primera educación de Fray Gerundio. 

Campazas es un lugar de que no liizo mención Ptolo- 
meo en sus cartas geográficas, porque verisímilmente 
no tuvo noticia de él, y es que se fiinJó como mil y do- 
cientos años después de la muerte de este insigne geó- 
grafo, como constado un instrumento antiguo que se 
conserva en el famoso archivo de Cotanes. Su situación 
es en la provincia de Campos, entre poniente y septen- 
trión, mirando derecliaineute liácia este, por aquella 
parte que se opone al mediodía. No es Campazas cierta- 
mente de las poblaciones mas nombradas, ni tampoco 
de las mas numerosas de Castilla la Vieja , pero pudiera 
serlo; y no es culpa suya que no sea tan grande como Ma- 
drid, París, Londres y Constantinopla, siendo cosa ave- 
riguada que por cualquiera de las cuatro partes pudiera 
extenderse basta diez y doce leguas, sin embarazo al- 
guno. Y si como sus celebérrimos fundadores (cuyo 
nombre no se sabe) se contentaron con levantaren ella 
veinte ó treinta cliozas, que llamaron casas por mal 
nombre, hubieran podido y hubieran querido edificar 
docientos mil sumptuosos palacios, con sus torres y 
chapiteles, con plazas, fuentes, obeliscos y otros edi- 
ficios públicos, sin duda sería hoy la mayor ciudad del 
mundo. Bien sé lo que dice cierto crítico moderno, que 
esto no pudiera ser, por cuanto á una legua de distancia 
corre de norte á poniente el rio grande, y era preciso 
que por esta parle se cortase la población. Pero sobre 
que era cosa muy fácil chupar con esponjas toda el agua 
del río, como dice un viajero francés que se usa en el 
Indostan y en el gran Cairo ; ó cmindo menos, se pudiera 
extraer con la máquina neumática todo el aire y cuer- 
peci'los extraños que se mezclan en el agua , y entonces 
apenas quedaría en todo el rio la bastante para llenar 
una víuMJera, como á cada paso lo exporíuicntan con 
el Rín y con el Ródano los filósofos modernos; ¿qué 
inconveniente tendría que corriese el rio grande por me- 
dio de la ciudad de Campazas, dividiéndola en dos mi- 
tades? ¿No lo hace así el Támesís con Londres, el Mol- 
dava con Praga, el Spree con Berlín, el Elba con Dresde, 
yelTibercon Roma, sin que por esto pierdan nada estas 
ciudades? Pero al fin , los ilustres fuiuladores do Cam- 
pazas no se quisieron meter en estos dibujos, y por las 
razones que ellos se sabrían, se contentaron con levan- 
tar en aquel sitio como hasta unas treinta chozas (según 
la opinión que se tiene por mas cierta), con sus cober- 



tizos ó techumbres de paja, á modo de cucuruchos, 
«que hacen un punto de vista el mas delicioso del 
mundo.» 

2. Sobre la etimología de Campazas hay grande va- 
riedad en los autores. Algunos quieren que en lo antiguo 
se llamase Campazos , para denotar los grandes campos 
de que está rodeado el lugar, que verisímilmente die- 
ron nombre á toda la provincia de Campos, cuya punta 
occidental comienza por aquella parte; y á esta opinión 
se arriman Antón Borrego, Blas Chamorro, Domingo 
Ovejero y Pascual Cebollón, diligentes investigadores 
de las cosas de esta provincia. Otros son de sentir que 
se llamó, y hoy se debiera llamar, Capazas, por haberse 
dado principio en él al uso de las capas grandes, que en 
lugar de mantellinas usaban, hasta muy entrado este 
siglo, las mujeres de Campos, llamadas por otro nom- 
bre las tías; poniendo sobre la cabeza el cuello ó la 
vuelta de la capa, cortada en cuadro y colgando hasta 
la mitad de la saya de frechilla, que era la gala recia en 
el día del Corpus y de San Roque, ó cuando el tío de la 
casa servía alguna mayordomía. De este parecer son 
César Capi-Sucío, Hugo Capet, Daniel Caporal, y no so 
desvia mucho de él Julio Caponi. Pero como quiera que 
esto de etimologías por lo común es erudición ad li- 
bitum, y que en las bien fundadas de San Isidoro no se 
hace mención de la de Canqiazas, dejamos al curioso 
lector que siga la que mejor le pareciere, pues la ver- 
dad de la historia no nos permite á nosotros tomar par- 
tido en lo que no está bien averiguado. 

3. En Campazas pues (que asi le llamaremos, con- 
formándonos con el estilo de los mejores historiadores, 
que en materia de nombres de lugares usan de los mo- 
dernos, después de haber apuntado los antiguos), en 
Campazas había, á mediado del siglo pasado, mi labra- 
dor que llamaban el rico del lugar, porque tenía dos 
pares de bueyes de labranza, una yegua torda, dos car- 
ros, un pollino rucio, zancudo, de pujanza y andador, 
para ir á los mercados ; un hato de ovejas, la mitad pari- 
deras y la otra mitad nuichorras; y se distinguía su casa 
entre todas las del lugar, en serla única que tenia tejas. 
Entrábase á ella por un gran corralón llanqueado de 
cobertizos, que llaman tenadas los naturales; y antes de 
la primera puerta interior se elevaba otro cobertizo en 
figura de pestaña horizontal, muy jalbogucado de cal, 
con sus chafarrinadas á trechos , de almagro, á manera 
de faldón de disciplinante en dia de Jueves Santo. El 
zaguán ó portal interior estaba bernizado con el mismo 



70 



OBRAS DEL PADRE JOSÉ FRANCISCO DE ISLA. 



jalbegre, á excepción de las ráfagas de almagre, y lo- 
dos los sábados se tenia cuidado de lavarle la cara con 
un baño de agua-cal. Kn la pared del portal, que bacía 
frente ú la puerta, luibia una especie de aparador ó es- 
tante, que se llamaba vasar en el vocabulario del pais, 
donde se presentaba desde luego á los que entraban toda 
la vajilla de la casa ; doce platos, otras tantas escudillas, 
tres fijcntos grandes, todas de Talavcrade la Reina, y 
en medio dos jarras de vidrio con sus cenefas azules Ini- 
cia el brocal, y sus asas á picos ó á dentellones, como 
crestas de gallo. A los dos lados del vasar se levantaban 
desde el suelo, con proporcionada elevación, dos poyos 
de tierra, almagreados por el pié y calcados por el pla- 
no, sobre cada uno de los cuales se babian abierto cua- 
tro á manera de bornillos, para asentar otros tantos 
cántaros de barro, cuatro de agua zarca para beber, y 
los otros cuatro de agua del rio, para los demás menes- 
teres de la casa. 

4. Hacia la mano derecha del zaguán, como entramos 
por la puerta del corral , estaba la sala principal, que 
tendría sus buenas cuatro varas en cuadro, con su al- 
coba de dos y media. Eran los muebles de la sala seis 
cuadros, de los mas primorosos y mas finos de la famosa 
calle de Santiago de Valladolid, que representalian un 
San Jorge, una Santa Bárbara, un Santiago á caballo, 
un San Roque, una nuestra Señora del Carmen, y un 
San Antonio abad, con su cocbinillo al canto. Ilabia un 
bufete con su sobremesa de jerga listoneada á Huecos, 
un banco de álamo, dos sillas de tijera, á la usanza an- 
tigua, como las de ceremonia del colegio Viejo de Sala- 
manca; otra que al parecer babia sido de baqueta, 
como las que se usan aliora, pero solo tenia el respaldar, 
y en el asiento no liabia mas que la armazón ; una arca 
grande, y junto á ella un cofre sin pelo y sin cerradura. 
Ala entrada de la alcoba se dejaba ver una cortina de 
gasa con sus listas de encajes de á seis maravedís la va- 
ra, cuya cenefa estaba toda cuajada de escapularios con 
cintas coloradas, y Santas Teresas de barro en sus ur- 
nicas de cartón cubiertas de seda floja, todo distribuido 
y colocado con mucba gracia. Y es, que el rico de Cam- 
jKizas era bermano demuclias religiones, cuyas cartas 
de liermandad tenia pegadas en la pared, unas con lios- 
lia y otras con pan mascado, entre cuadro y cuadro de 
los de la calle de Santiago; y cuando se bospedaban en 
su casa algunos padres griives, ú otros frailes que babian 
sido confesores de monjas, dejaban unos á la lia Catuja 
(así se llamaba la mujer del rico), y los mas á su bija 
Petrona, que era uua moza rolliza y de no desgraciado 
parecer, aquellas piadosas albajiielas en reconocimiento 
del liospedaje, encargando mucho la devoción y ponde- 
rando las indulgencias, 

y. Por mal de mis pecados so me había olvidado el 
mueble mas estimado que se registraba en la sala. Eran 
unas conclusiones do tafetán carmesí, de cierto acto que 
había defendido en el colegio de San Gregorio de Valla- 
dolid, un bermano del rico de Campazas, (¡no., habiendo 
sido primero colegial del insigne colegio de San Froilan 
de León, el cual tiene hermandad con muchos colegios 
menores de Salamanca, fué después porcionista de San 
Gregorio; llegó á ser ginuiasiarca, puesto importante 
que mereció por sus puños; obtuvo por oposición el 
curato de Ajos y Cebollas, en el obis|(ado de Avila, y 
líiiirió ea la flor de su edad, consultado ya cu primera 



letra para el de Berraco. En memoria de este doctísimo 
varón, ornamento de la familia, se conservaban aque- 
llas conclusiones en un marco de pino, dado con tinta 
de imprenta; y era tradición en la casa, que, habiendo 
intentado dedicarlas, primero á un obispo, después ú 
un título, y después á un oidor, todos se excusaron 
porque les olió á petardo ; con que, desesperado el gim- 
nasiarca (la tía Catuja le llamaba siempre e/ heresiarca) , 
se las dedicó al Santo Cristo de Villaquejida, haciéndolo 
el gasto de la impresión un tio suyo, comisario del Santo 
Oficio. 

6. Su hermano el rico de Campazas, que habia sido 
estudiante en Villagarcia y babia ¡legado hasta media- 
nos, siendo el primero del banco de abajo como se en- 
tra por la puerta, sabía de memoria !a dedicatoria, que 
tenia prevenida para cualquiera de los tres Mecenas 
que se la hubiera aceptado; porque el gimnasiarca se la 
habia enviado de Yalladolid, asegurándole que era obra 
de cierto fraile mozo, de estos que se llaman padres co- 
legiales, el cual trataba en dedicatorias, arengas y quod- 
li líelos , por ser uno de los latinos mas deshechos, mas 
encrespados y mas retumbantes que hasta entonces se 
habían conocido , y que babia ganado muchísimo di- 
nero, tabaco, pañuelos y chocolate en este género do 
trato; «porque al lin (decía en su carta el gimnasiarca), 
el latín de este fraile es una borrachera, y sus altisonan- 
tes frases son una Babilonia». Con efecto, apenas leyó 
el rico de Cñmpazas la dedicatoria, cuando se hizo cru- 
ces, pasmado de aquella estupendísima elegancia, y 
desde luego se resolvió á tomarla de memoria, como lo 
consiguió al cabo de tres años, retirándose todos los 
días detras de la iglesia que está fuera del lugar, por es- 
pacio de cuatro horas ; y cuando la hubo bien decorado, 
aturrullaba á los curas del contorno que concurrían á la 
tiesta del patrono, y también á los que iban á la romería 
de Villaquejida, unas veces encajándosela toda, y otras 
salpicando con trozos de ella la comida en la mesa de 
los mayordomos. Y como el socarrón del rico á ninguno 
declaraba de quién era la obra, todos la tenían por suya; 
con lo cual, entre los curas del rio grande para acá, y 
aun entre todos los del páramo, pasaba por el gramático 
mas horroroso que habia salido jamas de Villagarcia; 
tanto, que algunos se adelantaban á decir sabía mas la- 
tín que el mismo Taranilla, aquel famoso dómine que 
atolondró á toda la tierra de Campos con su laliu crespo 
y enrevesado, como, verbi-giacia, aquella famosa carta 
con que examinaba á sus discípulos, que comenzaba 
así : Palentiam mea si quis, que unos construían : « Si 
alguno mea á Palencía; « y por cuanto esto no sonaba 
bien y parecía malacrianza, con peligro de que se al- 
borotasen los de la Puebla, y no era verisímil que el 
dómine Taranilla, hombre por otra parte modesto, cír- 
cuns[iecto y grande azotador, hablase con poco decoro de 
una ciudad por tantos títulos tan respetable ; otros discí- 
pulos suyos lo construían de este modo : S/ quis mea, 
chico mío, suple fuge, huye, Patentiam, de Palencía. 
A todos estos los azotaba irremisiblemente el iinpiioya- 
We Taranilla, porque los priiueros perdían el respeto á 
la ciudad , y los segundos le empullabau á él , sobre que. 
unos y otros le suponían capaz de hacer un latín que, 
según su construcción, eslaiia atestado de solecismos. 
Hasta (¡ue, íinalineute, después de haber enviado al rin- 
cón á todo el general, porque ninguno daba coa el 



FRAY GERUNDIO 

recóndito seiUiílo de la enfática cláusula, el dómine, 
sacando la caja, dando encima de diados golpeciilos, 
tomando un polvo á pausas, sorbido con muciía fuerza, 
arqueando las cejas, ahuecando la voz y hablando pan- 
coso reposadameute, la construía de esta manera : 7nca, 
\e,si quis^ si puedes, Palcntiatn, á Falencia. Los mu- 
chachos se quedaban atónitos, mirándose los unos á los 
otros, pasmados de la profunda sabiduría de su dómiue; 
porque aunque es verdad que, echada bien la cuenta, 
liabia en su construcción mitad por mitad tantos dis- 
parates como palabras, puesto que nimcomcas significa 
como quiera, ir, sino «ir por rodeos, por giros y ser- 
penteando»; ni queoquis significa poc/er, como quiera, 
sino « poder con dificultad ; » pero los pobres niños no 
entendían estos primores; ni el penetrar la propiedad de 
los varios significados que corresponden á los verbos y á 
los nombres que parecen sinónimos y no lo son , es para 
gramáticos de primera tonsura, ni para preceptores de 
k legua. 

7. Ya se ve, como los curas del Páramo no estaban 
muy enterados de estas menudencias, tenían á Tara- 
nilla por el Cicerón de su siglo ; y como oian relatar al 
rico lie Campazas la retumbante y sonora dedicatoria, 
le ponian dos codos mas alto que al mismo Taranilla. Y 
por cuanto la mayor parte de los historiadores que de- 
jaron escritas á la posteridad las cosas de nuestro Fray 
Gerundio, convienen en que la tal dedicatoria tuvo gran 
parte en la formación de su exquisito y delicado gusto, 
no será fuera de propósito ponerla luego en este lugar, 
primero en latin, y después fielmente traducida en cas- 
tellano, para que en el discurso de esta verdadera his- 
toria y con el calor de la narración, no se nos olvido. 

CAPITULO II. 

En que, sin acabarlo que prometió el primero , se trata 
de otra cosa. 

Decia pues así la recóndita , abstrusa y endiablada 
dedicatoria, dejando á un lado los títulos que no tuvo 
por bien trasladar el gimnasiarca. 

2. Hactenus me intra vurgam animi litescentis ini~ 
pitum , tua heretudo instar mihi luminis extimandea 
denormam redubiare compellet sed antistar gorras meas 
anitas diributa et posartitum Nasonem quasi agredu- 
la : quibusdam lacunis. Baburrum stridorem averru- 
candus oblatero. Vos etiam viri optimi ; ne mihi in an- 
ginam vcstrae hispiditatis arnanticataclum carmen ir- 
reptet. Adrabem meam magicopertit : cicuresque cons- 
picite ut alimones meis carnatoriis , quam censiones 
extetis. Igitur conramo sensu meam returem quamvis 
vasculam J^ieridcm actutum de vobis lamponam com- 
tulam spero. Adjutanamque cupcdia praesu7ne7itis,jám 
non exippitandum sibi esse conjectat, Ergo benepcda- 
musme hac pudori citimum colucari cénsete. Quam si 
hac nec treperat exiterint nec fracebunt quae halucina- 
ri , vel ut vovinator adactus sum voH vobis damiumus- 
queadexodium vitulanliis cohacmentem. Quisenim 
mesonibiiim et non murgissonem fábula autamabit 
quam Mentorem cxfaballibit altibuans, itnde favorem 
exfebruate , fellibrem ut applaudain armoniae tensore 
á me velut ambrone collectam adóreos vcritaiis ins- 
truppas. 

3. Esta os la famosa dedicatoria que el gimnasiarca do 
San Gregorio, cura de Ajos y Cebollas, electo del Berra- 



DE CAMPAZAS. 



71 



co, envió desde Valladolid á su hermano el rico de Cam- 
pazas ; la cual, después de habercorrido por las mas cé- 
lebres universidades de España con el aplauso que se 
merecía , pasólos Pirineos, penetró á Francia, donde fué 
recibida con tanta estimación, que se conserva impresa 
una puntual, exacta y menudísima noticia genealógica de 
todas las manos por donde corrió el manuscrito , con los 
pelos y señales de los sugetos que le tuvieron, hasta que 
llegó á las del maldito adicionador de la Menagiana, que 
la estampó en el primer tomo de los cuatro que echó á 
perder con sus impertinentísimas notas , escolios y aña- 
diduras. Dice pues este escoliador de mis pecados , que 
el primer manuscrito que se sepa imbiese llegado á 
Francia, paró en poder de Juau Lacurna, el cual era 
hombre hábil y baílío de Arnaí-dcl-Duque; que des- 
pués pasó al docto Saumaise , y de este le heredó su hijo 
primogénito ClaudioSaumaise, elcualmurióenBeaune 
á los treinta y cuatro años de su edad, el día 18 de abril 
de 1661 ; que por muerte de Claudio paró en la biblio- 
teca de Juan Bautista Lantin , consejero , el cual , y otro 
consejero llamado Filíberto de la Mare, fueron legata- 
rios por mitad de los manuscritos de Saumaise, y que 
de Juan Bautista Lantin le heredó su hijo el señor Lan- 
tin, consejero de Dijon. 

4. Todo está muy bien, con puntualidad, con menu- 
dencia y con exactitud ; porque claro estaque iba á per- 
der mucho la república de las letras, si no se supiera 
con toda individualidad por qué manos, padres á hijos, 
habla pasado un manuscrito tan importante ; y si todos 
los investigadores hubieran sidotan diligentesy tan me- 
nudos como este doctísimo y exactísimo adicionador, 
no hubiera ahora tantas disputas, repiquetes y contien- 
das entrenuestros críticos, sobre quiénfué elverdadero 
autor de to Pulga del licenciado Burguillos, que unos 
atribuyen á Lope de Vega , y otros á un fraile , engaña- 
dos sin duda porque en el manuscrito sobre el cual se 
hizo la primera impresión en Sevilla, se leían al (iu de él 
estas letras : Fr. L. d. V. ; entendiendo que el freij era 
/Va?/, cosas entre sí muy distintas y diversas, como lo sa- 
ben hasta los niños malabares. Ni en Inglaterra se hubie- 
ran dado las batallas campales que se dieron á principio 
de este siglo entre dos sabios anticuarios de la müvcrsí- 
dad de Oxford, sobre «el origen de las espuelas y la pri- 
mitiva invención de las alforjas», fundándose uno y otro 
en dos manuscritos que se hallaban en la biblioteca de 
la misma universidad ; pero sin saberse en qué tiempo 
ni por quién se habían introducido en ella ; que era el 
punto decisivo [)ara resolver la cuestión, 

5. Pero si al adicionador de la Menagiana selc deben 
gracias por esta parte , no se las daré yo ; porque con su 
cronología sobre el manuscrito de la dedicatoria mo 
mete en un embrollo histórico, del cual no sé cómo mo 
he de desenvolver sin cometer un anacronismo , voz 
griega y sonorosa que significa contradicción en el cóm- 
puto de los tiempos. Dice Monsiur el adicionador, quo 
ClaudioSaumaise murió el año de 1661 , y que cuando 
lleg(') á él el manuscrito de la dedicatoria , ya había pa- 
sado por otras dos manos , conviene á saber, por las de 
su padre el docto Saumaise, y por las del bailio Juan 
Lacui na ; y es mucho de notar ([ue no dice que pasó do 
mano en mano, como suele pasarla Gaceta'^ el Pronós- 
tico de Torres ;úm que da bastantemente á entender 
que fué por vía de herencia, y no de donación inter vi~ 



vos. Esto supuesto, parece claro como el agua, que ya 
por los aíios de 1600 se tenia noticia en Francia de la tal 
dedicatoria, no siendo mucho dar sesenta años al Señor 
Lacurna, y veinte ó treinta áSaumaise; porque aun- 
que se pudiera decir que andaos eran de una misma 
edad, no parece vcrisiniil que un particular, por doctí- 
simo que fuese, viviese tanto como un bailío ; pues. 
Lien que esto de bailio en Francia signifique poco mas 
que acá un alcalde gorrilla ; pero al íin para lo de Dios, 
el bailío de Arnai era tan bailío como el de Lora. Y ha- 
biendo dicho nosotros alprincipiodecsta verdaderísima 
historia, ó {)or lo menos habiéndolo dado á entender, 
que la dedicatoria la compuso un padre colegial que es- 
tudiaba en Valladolid , cuando ya estaba muy entrado en 
dias el siglo pasado, puesto que hasta la mitad de él no 
liacen mención del rico de Campazas los anales de esta 
posibilisima ciudad, y que se la envió su hermano el 
gimnasiarca , ¿cómo era posible que se tuviese noticia 
de ella en Francia por los años de i (iOO ? 

6. Para salir de esta intrincada dilicultad, no hayolra 
callejuela sino decir que el padre colegial Iceria esta 
estupendísima pieza en algún líbrete francés, ydespues 
se la embocaría al bonísimo del gimnasiarca como si 
fuera obra suya; porque de estas travesuras á cada paso 
vemos muchas, aun en el siglo que corre, en el cual no 
pocos de estos que se llaman autores y que tienen cara 
de hombres de bien, averiguada después su vida y mi- 
lagros, se halla ser unos raterillos literarios, que, hur- 
tando deaquí y deallí,salen de la noche para la mañana 
en la Gaceta con los campanudos dictados de matemáti- 
cos, íilológicos, físicos, eléctricos, protocríticos, anti- 
sistemáticos, cuando todo bien considerado, no son en 
la realidad mas que unos verdaderos pantomímicos. 

7. Mas dejando este punto indeciso, lo que en Dios 
y en conciencia no se puede perdonar al imperliuenlísi- 
ino adicionador, es la injusta y desapiadada crítica que 
Lace de la susodicha dedicatoria, tratándola de la cosa 
mas perversa, mas ridicula y mas extravagante que se 
puede imaginar, y añadiendo que el lenguaje, aunque 
parece suena á latín, es de una latinidad monstruosa, 
bárbara y salvaje. Pero, con licencia de su mala condi- 
ción, yole digo claritamente y en sus barbas, que no 
sabe cuál es su latiu derecho, y que se conoce que en su 
vida ha saludado los christus de la verdadera latinidad , 
pues le hago saber que ni Cicerón, ni Quinliüano, ni 
Títo-Livio, ni Salustio, hicieron jamas cosa semejante 
ni fueron capaces de hacerla. Yá lo otro que añade con 
mucha socarronería, de que, aunque en la cultísima 
dedicatoria se hallan algunas palabras latinas que se en- 
cuentran en las Glosas de Isidoro y de Papias, y en la 
Colección de Du-Cange ; '[tero qne sg engaña nmcho, ó 
lio se ha de encontrar ingenio tan hábil cu el mundo que 
al todo de ella le dé verdadero y genuino sentido ; yo le 
digo que, para que vea con efecto !o muelio que se en- 
gaña, el mismo padre colegial que dio al gimnasiarca la 
dedicatoria en latín, ora fuese composición suya, ora 
ajena, se la dio también vertida en castellano Huido, 
corriente, natural , claro, pers¡)icuo , como se ve en una 
copia auténtica que se encontró en el libro donde el 
rico de Campazas iba asentando por rayas la soldada de 
los criados y los pellejos de ovejas que iba trayendo el 
pastor. La versión pues de dicha dedicatoria dccia así, 
juinas ni menos. 



OBRAS DEL PADRE JOSÉ FRANCISCO DE ISLA. 

8. « Hasta aquí la excelsa ingratitud de tu soberanía 



ha obscurecido en el ánimo , á manera de clarísimo es- 
plendor, las apagadas antorchas del nuis sonoro clarín, 
con ecos luminosos, á impulsos balbucientes de la furi- 
bunda fama. Pero cuando examino el rosicler de Ioí des- 
pojos al terso bruñir del hemisferio en el blando horósco- 
po del argentado catre que, elevado á la región de la te- 
chumbre, inspira oráculos al acierto en bóvedas de cris- 
tal ; ni lo airoso admite mas competencias, ni en lo 
heroico caben mas elocuentes disonancias. Temerario 
arrojo sería escalar con pompa fúnebre hasta el golfo 
insondable donde campea, cual viborezno animado, el 
piélago de tu hermosura; porque hay sistemas tan atre- 
vidos, que ,á guisa de euddemáticos furores, esteri- 
lizan á trechos toda su osadía al escrutinio ; mas no por 
eso el piadoso Eneas agotó sus caudales al Ródano, cu- 
bierta la arrogante faz con el crespo , falaz y halagüeño 
manto ; que si el jazmín sostiene pirámides á los lison- 
jeros peces, también el chopo franqueacspumoso lecho 
á las odoríferas naves ; ni es tan crítico el enojo dcd car- 
rasco, que no destile rayo á rayo todo el alambique del 
aprisco. Mentor en cavilaciones de sol, pudo esgrimir 
orgullosas sinrazones de fanal ; pero también experi- 
mentó agolpes del desengaño desagravios incautos del 
alevoso ceño, cuando la agigantada nobleza de tu regia 
exactitud embota las puntas al acero de alentada inajes- 
tad. Admite pues este literario desden, elegante tributo 
de soporífero afán ; y si extiendes los aplausos de tu ar- 
monía á los hirsutos cambrones, no puede menos de pe- 
netrar tu coleto la fragrancia de la verdad, hasta calarse 
á las tripas, ó hasta aniquilar con dichosa fortuna los 
estrupros : Ut applaudam armoniae temsore d me velut 
ambrolle collectam adóreos veritatis instruppas.)^ 

CAPITULO III. 

Donde se prosigue lo que prometió el primero. 
Este tal rico de Campazas, hermano del gimnasiarca, 
se llamaba Antón Zotes, familia arraigada en Canqios, 
pero extendida por todo el mundo , y tan fecundameute 
propagada, que no se hallará en todo el reino provin- 
cia, ciudad, villa, aldea, ni aun abpiería, donde no 
hiervan los Zotes, comogarbanzos en olla de potaje. Era 
Antón Zotes, como ya se ha dicho, un labrador de nua 
mediana pasada ; hombre de machorra, cecina y pan 
mediado los dias ordinarios, con cebolla ó puerro por 
postre ; vaca y chorizo los dias de liesta, su torrezno 
corriente por almuerzo y cena, aunque esta tal vez era 
un salpicón de vaca; despensaó agua-pié su bebida usual, 
menos cuando tenia en casa algún fraile, especialmente 
si era prelado, lector ó algún gran supuesto en la orden, 
que entonces se sacaba á la mesa vino de Villamañan ó 
del Páramo. El genio, bondadoso en la corteza, pero en 
el fondo un si es no es suspicaz, envidioso, interesado y 
cuentero ; en (in , legítimo bonus rir de Campis. Su es- 
tatura mediana, pero fornido y repolludo, cabeza grande 
y redonda, frente estrecha, ojos pequeños, desiguiles 
y algo taimados ; guedejas rabicortas, á la usanza del 
l*áranio, y no consistoriales, como las de los sexmeros 
del campo de Salamanca ; pestorejo, se supone, á la je- 
rouimiana, rechoncho, colorado y con [iliegues. Este 
era el hombre interior y exterior del tío Antón Zotes, el 
cual,aun(pie había llegado hasta el banco de abajo de 
medianos con ánimo de ordenarse , porque dicen que le 



FRAY GERUNDIO 

venía una capellania Je sangre en niuiiendoun tiosnyo, 
arcipreste de Villaornate ; pero al íin le puso pleito una 
moza del lugar, y se \ió precisado á ir por la Iglesia, 
mas no al coro nial altar, sino al santo matriniünio. El 
caso pasó de esta manera. 

2. Hallábase estudiando en Villa;íarcía y va media- 
nista , como se lia dicho, á los veinte y cinco anos de su 
edad. Llegaron los quince días, que así se lianiau las 
vacaciones que hay en la semana santa y en la de pas- 
cua, y fuese á su lugar, como es uso y costumbre en to- 
dos los estudiantes de la redonda. El diablo, que no 
duerme, le tentó á que se vistiese de penitente elJuéves i 
Sapto; yes, que como el cstudiautico yaera un poco es- ! 
pigado, adulto y barbicnbierto, miraba con buenos ojos ! 
auna mozuela vecina suya, desde que habían andado ¡ 
juntos á la escuela del sacristán , y para cortejarla mas, 
le pareció cosa precisa salir de disciplinante; porque es 
de saber que este es uno de los cortejos de que se pagan 
mas todas las mozas de Campos, donde ya es observa- 
ción muy antigua, que las mas de las bodas se fraguan 
el Jueves Santo, el dia de la Cruz de mayo, y las tardes 
que liay baile, habiendo algunas tan devotas y tan com- 
pungidas, que se pagan mas de la pelotilla y del ramal, 
que de la castañuela. Y á la verdad, mirada la cosa con 
ojos serenos y sin pasión , un disciplinante con su cucu- 
rucho de á cinco cuartas, derecho, almidonado y pira- 
midal, su capillo á moco de pavo, con caída en punta 
hasta la mitad del pecho; ¿pues qué sí tiene ojeras á 
perspunte, rasgadas con muclia gracia? con su almilla 
blanca de lienzo casero, pero aplanchada, ajustada y 
atacada hasta poner en prensa el pecho y el talle; dos 
grandes trozos de carne momia, maciza y elevada, 
que se asoman por las dos troneras rasgadas en las es- 
paldas, divididas entre sí por una lira de lienzo que 
corre de alto abajo entre unay otra, que, como están 
corladas en figura oval, á manera de cuartos traseros de 
calzón , no parece sino que las nalgas se han subido á las 
costillas , especialmente en los que son rechochos y 
carnosos; sus enaguase su faldón campanudo, pom- 
poso y entre-plegado. Añádase á todo esto, que los dis- 
ciplinantes macarenos y majos suelen llevar sus zapati- 
llas blancas con cabos negros, se entiende cuando son 
disciplinantes de devoción y no de cofradía; porque á 
estos no se les permiten zapatos, salvo á los penitentes 
de luz, que son los jidjílados de la orden. Considérese 
después, que este tal disciplinante que vamos pintando 
saca su pelotilla de cera, salpicada de puntas de vidrio 
y pendiente de una cuerda de cáñamo, empegada para 
mayor seguridad ; que la mide hasta el codo con grave- 
dad y con mesura; que toma con la mano izquierda la 
punta del moco del capillo; que apoya el codo derecho 
sobre el ijar del mismo lado (menos que sea zurdo 
nuestro disciplinante ; porque entonces es cosa muy ne- 
cesaria advertir que todas estas posturas se hacen al 
contrario); que sin mover el codo, y jugando única- 
mente la mitad del brazo derecho, comienza á sacudirse 
con la pelotilla hacia uno y otro lado, sabiendo con 
cierta ciencia que de esta manera ha de venir á dar en 
el punto céntrico de las dos carnosidades espaldares, 
por reglas inconcusas de anatomía, que dejó escritas un 
cirujano de Villamayor, mancebo y aprendiz que fué de 
otro de Víllarramiel. Contémplese linalmente cómo em- 
pieza á brotar la sangre ; que en algunos, si no es en los 



DE CAMPAZAS. 73 

mas, parecen las dos espaldas dos manantiales de pez 
que brotan leche de empegar botas ; cómo va salpicando 
las enaguas, se distribuye en canales por el faldón; 
cómo le humedece, cómele empapa, hasta entraparsc 
en los pernejones del pobre disciplinante ; y dígame con 
serenidad el nuis apasionado coutia las glorias de Cam- 
pos, si hay en el mundo espectáculo mas galán ni mas 
airoso; si puede haber resistencia para este hechizo, y 
si no tienen buen gusto las mozanconas que se van tras 
los penitentes, como los muchachos tras los gigantones 
y la tarasca el dia del Corpus. 

3. No se le ocultalia al bellaco de Antón esta inclina- 
ción de las mozas de su tíeira, y así salió de discipli- 
nante el Jueves Santo, como ya llevamos dicho. A la le- 
gua le conoció Catanla Rebollo (que este era el noudjre 
de la doncella su vecina y su condiscípiüa de escuela); 
porque, ademas de que en toda la procesión no había otro 
caperuz tan chusco ni tan empinado, lleval)a por con- 
traseña una cinta negra que ella misma le había dado 
al despedirse por San Lúeas para ir á Villagarcía. No le 
quitaba ojo en toda la procesión; y él , que lo conocía 
muy bien, tenia gran cuidado de cruzar de cuando en 
cuando los brazos, encorvar un poco el cuerpo y apre- 
tar las espaldas, para que exprimiesen la sangre, ha- 
ciendo de camino un par de arrumacos con el caperuz, 
que es uno de los pasos tiernos á que están mas atentas 
las doncellas casaderas, y el patán que le supiere hacer 
con mayor gracia, tendrá mozas á escoger, aunque por 
otra parte no sea el mayor jugadorde la calva ó del mor- 
rillo, que haiga en el lugar. Al fin , como Antón se de- 
sangraba tanto , llegó el caso de que uno de los mayor- 
domos de la cruz, que gobernaba la procesión , le dijese 
que se fuese á curar. C-itanla se fué tras él , y como ve- 
cina, se entró en su casa, donde ya oslaba prevenido el 
vino con romero, sal y estopas; que es todo el aparato 
de estas curaciones. Estrujáronle muy bien las espaldas 
por si acaso había quedado en ellas algim vidrio déla 
pelotilla; laváronselas, aplicáronle laestopada, vistióse, 
embozóse en su capa parda, y los demás se fueron á ver 
la procesión, menos Catanla, que dijo estaba cansada, y 
se quedó á darle conversación. Lo que pasó entre los 
dos no se sabe ; solo consta de los anales de aquel tiempo, 
que, vuelto Antón a Villagarcía, comenzó ú correr un 
run nui malicioso por el lugar; que sus padres quisie- 
ron se ordenase á título de la capellanía; que él, por 
debajo de cuerda, hizo que la moza le pusiese impedi- 
mento; que al fin y postre se casaron; y que, para que 
se vea el poco temor de Dios y la mucha malicia con 
que habían corrido aquellas voces por el pueblo, la 
buena de la Caíanla no parió hasta el tiempo legal y 
competente. 

CAPITULO IV 

Acábase lo prometido. 
Parió pues la tía Catuja un niño como unas flores, 
y fué su padrino el licenciado Uii'j>*'"^' ^^^ Perotó, un 
capellán del mismo Campazas, que en otro tiempa ha- 
bía querido casarse con su madre, y se dejí) por haberse 
halladu que eran parientes en grado prohibido. Empe- 
ñóse el padrino en que se había de llamar Perole, eu 
memoria ó en alusión á su apellido ; porque, aunque no 
había este nombre en el calendario, tampoco había el 
de Lain, Nuño/i'rislan , Tello ni Peranzules, y constaba 



74 OBRAS DEL PADRE JOSÉ FRANCISCO DE ISLA 

que los liabuan tenido hombres de gran pro y de mucha 

ciicnla. Eslo dccia el licenciado Qiiijano, alegando las 

historias de Castilla ; pero como Antón Zotes no las hahia 

leido, no le hacían mucha fuerza, hasta rpie se le ofre- 
ció decirle que tampoco estaban en el calendario los 

nombres de Oliveros, Roldan, Florismarte, ni el de 

Turpin, y que esto no eml)argantc, no le habla estorbado 

eso para ser arzobispo. Vaya que soy nn asno, dijo en- 
tonces el tio Antón , pues no tengo leido otra cosa ; y es, 

que era muy versado en la historia de los Doce Pares, 

la que sabia tan de memoria como la dedicatoria del 

gimnasiarca. Llámese l'erote y no se hable mas en la 

materia. Pero el cura del lugar, que se hallaba presente, 

reparó en que Perote Zotes no sonaba bien , añadiendo, 

no sin alguna socarronería, que Zote era consonante de 

Perote, y qneéi había leído, no se acordaba dónde, que 

esto se debía evitar mucho cuando se hablaba en prosa. 

ISo gaste usted tanta, señor cura, replicó el padre del 

niño; que tampoco suena bien Sancho Ravancbo, Al- 
berto Retuerto, Jeromo Palomo, Antonio Bolonio, y 

no vemos ni oímos otra cosa en nuestra tierra. Fuera 

de que eso se remedía fácilmente con llamar al niño Pe- 
rote de Campazas, dándole por apellido el nombre de 
nuestro pueblo, como se usaba en lo antiguo con los 
hombres grandes, según nos informan las historias mas 
verídicas; y asi vemos hablar en ellas de Oliveros de 
Castilla, de Amadís de Caula, deArtus, de Algarbe y 
de Palmerin de Hircanía, constándonos ciertamente 
que estos no eran sus verdaderos apellidos, sino los 
nombres de las provincias ó reinos donde nacieron aque- 
llos grandes caballeros, que por haberlas honrado con 
sus hazañas , quisieron eternizar de esta manera la me- N- 
moría de su patria en la posteridad. Y esto no solamente 
lo usaron los que fueron por las armas, sino también los 
que fueron por las letras y dejaron escritos algunos li- 
bros famosos, como El Piscator de Sarrabal , El Dios 
Momo, La Carantamaula , El Lazarillo de Tórines, La 
Picara Justina, y otros muchos que tengo leídos, cu- 
yos autores, dejando el proprio apellido, tomaron el de 
los lugares donde nacieron, para ilustrarlos; y á mí me 
da el corazón que este niño lia de ser hombre de pro- 
vecho, y así llámese por ahora Perotíco de Campazas, 
hasta que con la edad y con el tiempo, le podamos lla- 
mar Perote á boca llena. 

2. No en mis días, dijo la tía Caíanla. Perote suena á 
cosa de perol, y no ha de andar por ahí el hijo de mis 
entrañas como andan los peroles por la cocina. Punto en 
hoca , señores, exclamó Antón Zotes de repente. Ahora 
iTie incurre un estupendísimo nombre , que eujamas se 
empuso á uííngim nacido , y se ha de impuuer á mi chi- 
cote. Gerundio se ha de llamar, y no se ha de llamar de 
otra manera, aunque me lo pidiera de rodillas el Padre 
Santo de Roma. Lo primero y preucipal, porque Gerun- 
dio es nombre sengiUar, y eso busco yo para mijo. Lo 
segundo, porque macuerdo bien que cuando estudiaba 
con los teatinos de Villagarcía, por un (jerundio gané 
seis puntos para la bautla, y es mi última y postrimera 
voluntad hacer enmurlal en mi familia la memoria de 
esta hazaña. 

3. Hízose así , ni mas ni menos , y desde luego dio el 
niño grandes señales de lo que había de ser en adelante, 
porípie antes de dos años ya llamaba pi/rca á su madre 
con mucha gracia, y decía, no diero quemo, tan clara- 



mente como si fuera una pírsona : de manera que era 
la diversión del lugar, y todos decían que había de ser 
la honra de Campazas. I'asando por allí nn fraile lego, 
que estaba en opinión de santo porque á todos trataba 
de tú, llamaba bichos á las nnijcrcs, y á la Virgen la hur- 
rer/a, dijo que aquel niño había de ser fraile, gran le- 
trado y estupendo predicador. El suceso acreditó la ver- 
dad de la profecía; porque en cuanto á fraile, lo fué tanto 
como el que mas ; lo de gran letrado, sí no se verílicó en 
esto de tener muchas letras , á lo menos en cuanto á ser 
gordas y abultadas las que tenia, se verificó cumplida- 
mente; y en lo de ser estupendo predicador, no buho 
mas que desear ; porque este fué el talento mas sobresa- 
liente de nuestro Gerundico, como se verá en el discurso 
de la historia. 

4. Aun no sabía leer ni escribir, y ya sabía predicar; 
porquecomo pasaban por la casa de sus padres tantos frai- 
les, especialmente cuesteros, verederos, predicadores sa- 
batinos, y aquellos que en tiempo de cuaresma y adviento 
iban á predicar á los mercados de los lugares circunve- 
cinos ; y estos, unas veces rogados por el tío Antón Zotes 
y por su buena mujer la tía Catanla ; otras (y eran las 
mas) , sin esperar á que se lo rogasen, sobre mesa saca- 
ban sus papelones , y ni mas ni menos que si estuvieran 
en el pulpito, leían en tono alto , sonoro y concionato- 
río lo que llevaban prevenido; el niño Gerundio tenía 
gran gusto en oírlos y después en remedarlos, tomando 
de memoria los mayores disparates que los oía ; que no 
parece sino que estos se le quedaban mejor; y si por mi- 
lagro los oía alguna cosa buena, no había forma de apren- 
derla. 

5. En cierta ocasión estuvo en su casa, á la cuesta del 
mes de agosto, un padrecíto de estos atusados, con su 
poco de copete en el frontispicio, cuelli-erguido, barbi- 
rubio, de liábito limpio y plegado, zapato chusco, cal- 
zón de ante y gran cantador de jácaras á la guitarrilla, 
del cual no se apartaba un punto nuestro Gerundico por- 
que le daba confites. Tenia el buen padre, mitad por 
mitad , tanto de presumido como de evaporado, y con- 
taba cómo estando él de colegial en uno de los conven- 
tos de Salamanca, le había enviado su prelado á pre- 
dicar un sermón de ánimas á Cabrerizos, y que habían 
concurrido á oírle muchos colegiales mayores, gradua- 
dos y catedráticos de aquella universidad, por el crédito 
que había cogido en ella con ocasión de graduarse cierto 
rector de un colegio menor, ya ordenado in sacris , de 
quien era pública voz y fama que, después de haber re- 
cibido el sub-diaconato subrepticiamente y á hurtadi- 
llas , había estado un año en la cárcel eclesiástica de su 
tierra, por cuanto tres doncellas honradas habían pre- 
sentado al señor provisor tres papeles con palabra de 
casamiento. Esto se compuso lo mejor que se pudo; 
volvió á proseguir sus esludios á Salamanca, porque era 
mozo de ingenio; quiso graduarse, y encomendó una 
de las arengas al tal padrecilo, que era paisano suyo, el 
cual comenzó poraipiello de aprehcnderunt septem í?h<- 
liercs virum umtm ; encajó después lo de filii tui de 
longo venient,et ¡lliae tuae delatere surrient;y no so 
le quedó en el línlero el texto tan oportuno de generatio 
Vuxtorum bencdicvtur. Y puesto que los loxlos y lugares 
de la Sagrada Escritura, en semejantes composiciones 
puramente relórioas y profanas, son tan impertinentes 
y tan importunos como las fábulas y los versos de los 



Tioetns antiguos, usados á pasto y con inmoderación , lo 
son en los sermones; no embargante tampoco que el tal 
fruile incurrió boniticamente en la exconuinion que el 
sagrado concilio de Trento tiene fulminada contra los 
que abusan de la Sagrada Escritura para liviandades, 
sátiras, clianzonetas y chocarrerías, la tal arenga tuvo 
su aplauso á titulo de truhanesca, y el susodicho padre 
quedó tildado por pieza. 

0. Pues como supieron que predicaba en Cabrerizosel 
sermón de ánimas, concurrieron con efecto á oirle todos 
aquellos ociosos y desocupados de Salamanca (haylos de 
todas clases y especies) que se huelgan á todo lo que 
sale ; y el buen religioso quedó tan pagado de su ser- 
món, que repetía muchas cláusulas de él en todas las 
casas de los hermanos donde se hospedaba. Oigan uste- 
des, por \ida suya , cómo comenzaba, dijo la primera 
noche de sobremesa á Antón Zotes, á su mujer y al cura 
del lugar que liabia concurrido al levantarse los mante- 
les para cortejar al fraile y brindar á la salud de su buena 
venida , como es uso en toda buena crianza : 

7. «Fuego, fuego, fuego ; que se quema la casa : Do- 
mus mea, domus orationis vocabitur. Ea,. sacristán, 
toca esas retumbantes campanas : in cjmbalis bené so- 
nantibus. Así lo hace; porque tocar á muerto y tocar á 
fuego es una misma cosa, como dijo el discreto Picinelo : 
Lazarus amiciis jioster dormit. Agua, señores, agua; 
que se abrasa el mundo : Quis dabit capiti meo aquam ? 
La interlineal : Qui crant in hoc mundo. Pagnino : Et 
mundus eitm non cognovit. Pero , ¿ qué veo? i A y, cris- 
tianos; que se abrasan las ánimas de los fieles ! Fide- 
lium animae, y sirve de yesca á las voraces llamas der- 
retida pez : Requicscant in pace, id est, inpice , como 
expone Vatablo. ¡ Fuego de üios, cómo quema ! Ignisá 
Deo illatus. Pero albricias; que ya baja la virgen del 
Carmen á librará lasque trajeron su devoto escapula- 
rio : Scapidis suis. Dice Cristo : Favor á la justicia. Dice 
la Virgen : Válgame la gracia. Ave Maria.n 

8. Antón Zotes estaba pasmado; á la tía Catanla se la 
caía la baba ; el cura del lugar, que se había ordenado 
con reverendas de sede- vacante, y entendía lo que re- 
zaba como cualquiera monja, le miraba como atónito, 
y juró por los santos cuatro Evangelios , que aunque ha- 
bía oído predicar la semana santa de Campazas á los 
predicadores sabatinos mas famosos de toda la redonda, 
ninguno le llegaba á la suela del zapato. No acababa de 
ponderar aquel chiste de comenzar un sermón de áni- 
mas con «fuego, fuego, que se quema la casa». Pues 
¿qué el ingenioso pensamiento de que lo mismo es to- 
car á muerto que tocar á fuego? Tenga usted. Señor 
Cura, le interrumpió el padre, alargándole la caja para 
que tomase un polvo, que eso tiene mas alma de la que 
parece. Las almas de los difuntos, ó están en la gloria, ó 
están en el infierno, ó están en el purgatorio : por las 
primeras no se toca, porque no han menester sufragios; 
por las segundas lam|)oco, porque no las aprovechan; 
con que solo se toca por las terceras, para que Dios las 
saque de aquellas llamas; pues eso y tocar á fuego, allá 
se va todo. Ahora prosiga usted con su glosa ; que me da 
mucho gusto, y se conoce que es hombre que lo entien- 
de; y no como cierto padre maestro de mi religion,que, 
aunque es hombre grave en la orden y le tienen por 
docto y (le entendimiento , me tiene ojeriza desde que 
le negué el voto en uu capítulo del convento para que 



FRAY GERUNDIO DE CAMPAZAS. 7ÍÍ 

fuese prelado ; y me dijo que el sermón era nn hato do 



disparates, añadiendo que eran delatables á la Inqui- 
sición. 

9. Todos somos hombres , replicó el cura, y como do 
esas envidias se venen las religiones. A fe, que acaso 
su reverendísima el tal padre maestro, en todos los 
días de su vida daría con una cosa tan oportuna como 
aquella de «agua, agua; que se quema la casa», con 
ser así que, después de haber tocado las campanas ú 
fuego, se estaba cayendo de su peso el pedir agua. Aña- 
da usted, le dijo el padre colegial, que ahí se hace alu- 
sión al agua bendita , la cual , como usted sabe , es uno 
de los sufragios mas provechosos para las benditas áni- 
mas del purgatorio. Eso es claro, respondió el cura; por- 
que el fuego se apaga con el agua, y así se lo explico yo 
en la misa á mis feligreses, Dende que se lo oí predicar 
á su merced (saltó la tía Catanla), tengo yo mucho cui- 
dado de regar bien la sepultura de mi madre; porque 
diz que cada gota de agua bendita que cae sobre ella, 
apaga una gota del fuego del pulga torio. Lo quemas me 
admira, continuó el cura, es la propriedad de los textos; 
que no parece sino que vuestra paternidad los trae en 
la manga ; y cuando habla de agua , luego saca un texto 
que habla de agua ; cuando de casa, de casa ; y cuando 
de mundo, de mundo; todos tan claros, que los enten- 
derá cualquiera, aunque no haya estudiado latín. Ese es 
el chiste, respondió el padre; pero, ¿vaque no sabe 
vuestra merced por qué traje el texto de Lazarus ami- 
cus noster dormit , cuando dije que tocar á muerto y 
tocar á fuego es una misma cosa? Confieso que no lo en- 
tendí, dijo el buen cura, y que, aunque me sonó á despro- 
pósito, pero como veo el grande ingenio de vuestra pa- 
ternidad, lo atribuí á mi rudeza, y desde luego creí que 
sin duda se ocultaba algún misterio. Y cómo que le 
hay, prosiguió el fraile ; y si no, dígame vuestra merced, 
cuando Cristo resucitó á Lázaro ¿no estaba este muer- 
to? Así lo dice San Agustín, Lira, Cartagenay otros mu- 
chos , y no hay duda que esta es la sentencia mas pio- 
bable ; porque aunque el texto dice que dormía, dormit, 
es porque la muerte se llama sueño, como lo notó doc- 
tamente el sapientísimo Idiota. Pues ahora, habiendo 
yo dicho tocar á muerto , venía de perlas poner delante 
nn difiinlo. ¿ Y por qué escogería yo á Lázaro mas que á 
otro? Aquí está el chiste : porque el mayordomo de la 
cofradía de las ánimas de Cabrerizos se llamaba Lázaro, 
y era grande amigo de nuestro convento , al cual envia- 
ba de limosna todos los años un cordero y media cántara 
de vino. Por eso dije Lazarus amicus noster; que al 
oírlo el alcalde, el regidor y el fiel de fechos , que esta- 
ban delante del pulpito, sentados en el banco de la se- 
ñora justicia, dieron muchas cabezadas, niirándoso 
unos á otros. No pudo contenerse el cura : levantóse del 
asiento, y echando al padre los brazos al cuello , le dijo 
casi llorando de gozo: Padre, vuesa palernidad es nn 
demonio; y añadió Catanla : ¡Deudilas las madres que 
tales hijos paren ! 

10. A todo esto estaba muy atento el niño Gerundio, 
y no le quitaba ojo al religioso. Pero, como la conversa- 
ción se iba alargando y era algo tarde, vínole el sueño 
y comenzi) á llorar. Acostóle su madre; y á la mañana, 
como se había quedado dormido con las especies que 
habia oido al paclrc , luego que dispertó se puso de pies 
y en camisa sobre la cama, y comenzó á predicar con mu- 



7G 



OBRAS DEL PADRE JOSÉ FRANCISCO DE ISLA. 



cha gracia el sermón que liabia oido por la noclie ; pero 
sin atar ni desatar, y repitiendo no mas que aquellas pa- 
labras mas fáciles que pedia prouuiiciar su ticrnecila 
lengua, como «fuego, agua, campanas, saquistau, lio 
Lázaro»; y en lugar de l'icinelo, l'agniuoy ValaJjlo, de- 
cía «paniielo, polliuo y buen nabo», porque aun no tenia 
fuerza para prouuuciar la /. Autou Zotes y su mujer que- 
daron aturdidos ; dióroule mil besos, dispertaron al pa- 
dre colegial, llamaron al cura, dijeron al niño que repi- 
tiese el sermón delante de ellos, y él lo bizo con tanto 
donaire y donosura, que el ciu'a le dio un ocliavo para 
avellanas, el fraile seis cboclios, su madre un poco de 
turrón de Viliada, que liabia Iraido de una romcria ; y 
contándola buena de la Caíanla la profecía del bendito 
lego (así le llamaba ella), todos convinieron en que aquel 
niño liabia de ser gran predicador, y que sin perder 
tiempo era menester ponerle á la escuela de Yillaorna- 
to, donde había un maestro muy famoso. 

CAPITULO V. 

De los disparates que opi'cndió en la escuela do ViUaornate. 

Éralo un cojo, el cual, siendo de diez aíios, se liabia 
quebrado una pierna por ir á coger un nido. Había sido 
discípulo en León de un maestro famoso, que de un 
rasgo bacía una pájara, de otro un pabeUon, y con una A 
ó con una J/al principio de una carta, cubría todaaque- 
11a primera llana de garambainas. Hacia carteles, que 
dedicaba á grandes personajes , los cuales por lo común 
se los pagaban bien; y aunque le llamaban por esto el 
Maestro Socaliñas, á él se le daba poco de los murmura- 
dores, y no por eso dejaba de hacer sus ridículos corle- 
jos. Sobre todo, era eminente en dibujar aquellos carte- 
les que llaman de letras de humo, y con efecto, pin- 
taba [.mAlabado que podía arder en un candil. De este 
insigne maestro fué discipulo el cojo de ViUaornate ; y 
era fama que por lo menos había salido tan primoroso 
garambainisla como su mismo maestro. 

2. Siendo cosa averiguada que los cojos por lo co- 
mún son ladinos y avisados, este tal cojo de quien va- 
mos hablando, no era lerdo, aunque picaba un poco en 
presumido y en extravagante. Como salió tan buen peii- 
dulista, desde luego hizo ánimo á seguir la carrera de las 
escuelas, esto es, á ser maestro de niños; y para sol- 
tarse en la letra, se acomodó por dos ó tres años de es- 
cribiente con el notario de la vicaría de San Millan, el 
cual era hombre curioso y tenia algunos libros roman- 
cistas, unos buenos y otros malos. Entre estos había tres 
libritüs de ortografía, cuyos autores seguían rumbos di- 
ferentes y aun opuestos, querieuilo uno que se escri- 
lúese según la etimología óderivacion de las voces, otro 
defendiendo que se había de escribircomo se pronuncia- 
ba, y otro que se debía seguir en eso la costumbre. Cada 
uno alegaba por su parle razones, ejemplos, autorida- 
des, citando academias, diccionarios, lexicones, ex 
omni lingua, tribu, populo et nalione; y cada cual es- 
forzaba su [tai tido con el mayor empeño, como si de este 
punto dependiera la conservación ó el trastornamiento 
y ruina universal de todo el orbe literario, conviniendo 
lodos tres en que la ortografía era la verdadera clavis 
scicnliarum , el fundamento de todo el buen saber, la 
puerta principal del teiiqtlo de Minerva, y que si al- 
guno entraba en él sin ser buen orlograiista, entraba 
por la puerta falsa, no habiendo en el mundo cosa mas 



lastimosa, que el que se llamasen escritores los que no 
sabían escribir. Sobre este pié metía cada autor una 
zambra de todos losdiantres, en defensa de su particu- 
lor 0[)inioii. Al etimologísta y derivativo se le partía el 
corazón de dolor, viendo á íriiiumerables españoles in- 
dignos que escribían España sin //, en gravi.siiiio des- 
honor de la gloria de su misma patria, siendo así que 
se deriva de Uispania, y esta de ¡lispaan, aquel héroe 
que bizo lautas proezas en la caza de conejos, de donde 
en lengua pimíca se vino á llamar lU^pania toda tierra 
donde había mucha gazapina. Y si se quiere que se de- 
rive de Héspero, aun tiene origen y cuna mas brillante, 
pues no viene menos que del lucero vespertino, que es 
ayuda de cámara del sol cuando se acuesta, y le sirve el 
gorro para dormir; el cual á ojos vistos se ve que está 
en el territorio ceiestial de nuestra amada patria ; y qui- 
tándola á esta la // con sacrilega impiedad, oscure- 
cióse todo el esplendor de su clarísimo oi ¡gen. ¡Y los que 
hacen esto se han de Ijamcr españoles ! ¡Oh indignidad 1 
Oh indecencia ! 

3. Pero donde perdía todos los estribos de la pacien- 
cia y aun de la razón, era en la torpe, en la bárbara, en 
la escandalosa costumbre ó coi ru|itela de haber intro- 
ducido la Fgriega, cuando servia de conjunción, en lu- 
gar de la / latina, que sobre ser mas pulida y mas pela- 
da, tenia mas parentesco con el et de la misma lengua, 
de donde tomamos nosotros nuestra i. Fuera de que la y 
griega tiene una figura basta, riislica y grosera, pues se 
parece á la horquilla con que los labradores cargan los 
haces en el carro ; y aunque no fuera mas que por esta 
giavisima razón, debía desterrarse de toda escritura 
culta y aseada. Por eslo decía dicho el ímologisla. Siem- 
pre que leo en algún autor «y Pedro y Juan y Diego», en 
lugar de «i Diego i Pedro i Juan», se me revuelven las 
tripas, se me conmueven de rabia las entrañas, y no me 
puedo contener sin decir entredieutes : Ili-de pu... Y al 
contrario, no me harto de echar mil bendiciones á aque- 
llos celebérrimos autores que saben cuál es su /derecha, 
y entre otros á dos catediálicos de dos famosas universi- 
dades, ambos inmortal honor de nuestro siglo y envidia 
délos futuros, los cuales, en sus dos impoilautísiiiKS 
tratados de ortografía, han trabajado con glorioso em- 
lieñoen restituirla / lalmaal trono de sus antepasados; 
por lo cual digo y diré mil veces que son benditos en- 
tre todos los benditos. 

4. No le iba en zaga el otro autor que, despreciando 
la etimología y la derivación, preleudia que en las len- 
guas vivas se debía escribir como se hablaba , sin quitar 
ni añadir letra alguna que no se pronunciase. Era gusto 
ver cómo se enceiulia, cómo se irritaba, cómo se enfu- 
recía contra la introducción de tantas hh, nn,ss y otras 
letras iiiipertinenles que no suenan en nuestra pronun- 
ciación. Aquí de Dios y del P\ey (decía el tal autor, que 
no parecía sino portugués en lo fanfarrón y en lo arro- 
gante): si pronuncianioso»!6rc,o?irfl, ?jo, sin aspiración 
ni alforjas, ¿á qué ton emos de pegar á estas palabras 
aquella h arrimadiza, que no es letra ni calabaza, sino 
un recuerdo ó un punto aspirativo? Y sise debe aspirar 
con la h siempre que se pone, ¿por qué nos reimos del 
andaluz, cuando pronuncia yijo, joma, jombre? Una 
de dos, ó él jabla bien, o nosotros escribimos mal. ¿Pues 
qué diré de las nn, ss, rr, pp y demás letras dobles que 
desperdiciamos lo mas lastimosamente del mundo? Si 



FRAY GERUNDIO 

suena la mismo pasión cor una s que con dos, inoccnti 
con una n que con dos, Philipo con una p que con dos, 
utquidperdilio /¡acc? Que doblemos las k-tiíis en aque- 
llas palabras en que se pronuncian con particnlar luita- 
leza, ó en las cuales si no se doblan se puede confun- 
dir su siííi\ilicado con otro , como en perro, para distin- 
guirle de pero; en parro, para diferenciarle de paro; y 
en ceiTo, para que no se equivoque con cero, vaya ; pero 
en buró, que ya se sabe loquees, y no puede equivo- 
carse con otro algún siguilicado, ¿para qué liemos de 
gastar una r mas, que des[)ucs puede hacernos falla para 
mil cosas? ¿Es esto mas que gastar tinta, p;qiel y tiem- 
po, contra todas las reglas de la buena ccouomía?No 
digo nada de la prodigalidad con que malbaratamos uu 
prodigioso caudal deiííi, que para nada nos sirven á nos- 
otros, y con las cuales se podian remediar mucliisimas 
pobres naciones que no tienen una u que llegar á la 
boca. Verbi-gracia : en qué, en por qué, en para qué, en 
quiero, et reliqua; ¿no me dirán ustedes qué falta nos 
hace latí, puesto qne no se pronuncia? ¿Estarla peor 
escrito qiero, qe, por qé, para qé , etc.? Añado que, 
como la misma q lleva envuelta en su misma pronun- 
ciación la u, podíamos ahorrar muchísimo caudal de ttu 
para una urgencia, aun en aquellas voces en que clara- 
mente suena esta letra; porque ¿qué inconveniente 
tendría que escribiésemos qerno , qando , qales , para 
pronunciar quemo, quándo, quúles? Aun hay mas en la 
materia : puesto que la /.- tiene la misma fuerza que la q, 
todas las veces que la u no se declara, distingamos de 
tiempos, y concordaremos derechos; quiero decir, des- 
terremos la q de todas aquellas palabras en que no se 
pronuncia latí, y valgámonos de la /r, pues aunque así 
se parecerá la escritura á los kyries de la misa, no per- 
derá nada por eso. Vaya un verbi-gracia de toda esta 
ortografía. 

5. «El ombre ke kiera escribir coretnmenle, uya 
qanto pudiere de escribir akellas letras ke no se egs- 
presan en la pronunciación ; porke es desonra de la plu- 
ma, kedebe ser buena ija de la lengua, no aprenderlo 
ke la enseña su madre, etc.» Cuéntense las uu que se 
ahorran en solo este período, y por aquí se sacará las que 
se podian ahorrar al cabo del año en libros, instrumen- 
tos y cartas ; y luego extrañarán que se haya encarecido 
el papel. 

C. Por el contrario, el ortografista que era de opi- 
nión que en esto de escribir se había de seguir la cos- 
tumbre, no se metía en dibujos; y haciendo gran burla 
de los que gastaban el calor natural en estas bagatelas, 
decía que en escribiendo como habían escrito nuestros 
abuelos, se cumplía bastantemente; y mas cuando en 
esto de ortografía hasta ahora no se habían establecido 
principios ciertos y generalmente admitidos, mas que 
unos pocos, y (]ue en lo restante cada uno liugia los que 
se le antojaba. El Cojo, que como ya dijimos, era un si 
es no es miichisinio extravagante, leyó todos los tres 
tratados; y como víó que la materia tenia mucho de ar- 
bitraria, y que cada cual discurría según los senderos 
de su corazón, le vino á la imaginación un extraño pen- 
samiento. Parecióle que él tenia tanto caudal como cual- 
quiera para ser inventor, fundador y patriarca de un 
nuevo sistema ortográfico ; y aun se lisonjeó su vanidad 
que acaso daría con uno jamas oído ni imaginado, que 
fuese mas racional y mas justo que todos los descubicr- 



DE CA^IPAZAS. 77 

tos; figurándosele que si acertaba con él, se haría el 
maestiode niños mas famoso que había habido en el 
mundo desde la fimdacion de las escuelas hasta la ins- 
titución de los Esculapios inclusive. 

7. Con esta idea comenzó á razonar allá para consigo, 
diciéndose á si mismo: ¡Válgame Dios! Las palabras son 
iuuígeues de los conceptos, y las letras se inventaron' 
para ser representación de las palabras; con que, por fin 
y postre, ellas también vienen á ser representación de 
los conceptos. Pues ahora, aquellas letras que repre- 
sentaren mejor lo que se concibe, esas serán las mas 
propriasy adecuadas; y así, cuando yo concibo una cosa 
pequeña, la debo escribir con letra pequeña, y cuando 
grande, con letra grnnde. Verbi-gracia : ¿Qué cosa mas 
impcrtíneutc que, hablando de una pierna de vaca , es- 
cril)irlacon una p tan pequeña como si se hablara de 
una pierna de hormiga, y tratando de uu monte, usar 
uua?íi tan ruin como si tratara de uu mosquito? Esto no 
se puede tolerar, y ha sido una inadvertencia fatal y cra- 
sísima de todos cuantos han escrito hasta aquí. ¿Hay 
cosa mas graciosa, ó por mejor decir, mas ridicida, que 
igualar á Zaqueo en la Z con Zorobabel y con Zabulón, 
siendo así que consta de la Escritura que el primero era 
pequeñitoy casi enano, y los otros dos, cualquiera hom- 
bre de juicio los concibe, por lo menos, tan grandes y 
tan corpulentos como el mayor gigantón del día de 
Corpus? Porque pensar que no llenaban tanto espacio 
de aire como llenan de boca, proporlione servatá, es 
cuento de niños. Pues ve aquí que salgan Zaqueo y Za- 
bulón en un escrito, y que, siendo ó habiendo sido en si 
mismos tan desiguales en el tamaño, han de parecer 
iguales en la escritura. Vaya, que es un grandísimo des- 
propósito, ítem, si se habla de uu hombre cu quien 
todas las cosas fueron grandes, como sí dijéramos un 
San Agustín, ponderando su talento, su genio, su com- 
prehension, ¿hemos de escribiry pintar en el papel estas 
agigantadas prendas con unas tétricas tan menudas y tan 
indivisibles, como si habláramos, por comparanza, de 
las del autor del Poema épico de la vida de San Antón, 
y otros de la misma calaña? Eso sería cosa ridicula, y 
aun ofensiva á la grandeza de un santo padre de tanta 
magnitud. Fuera de que, ¿dónde puede haber mayor 
primor que el hacer que cualquiera lector, solo con 
abrir un libro y antes de leer ni una sola palabra, co- 
nozca, por el mismo tamaño y multitud de las letias 
grandes, que allí se trata de cosas grandiosas, magiiiíi- 
casy abultadas; y al contrarío, cu viendo que todas las 
letras son de estatura regular, menos tal cual que so- 
bresale á trechos, como los pendones en la procesión, 
cierre iucontinculi el libro y no pierda tiempo en leer- 
le, conociendo desde luego que no se contienen en él 
sino cosas muy ordinarias y comunes? Quiero explicar 
esto con el ejemplo de uu estupendo sermón, predicada 
al mismo San Agustín, el mejor que he oído ni pienso 
oír en los días de mi vida. Pregmitaba el predicador, 
¿porqué á San Agustín se le llamaba «el gran Padre 
de la Iglesia», y á ningún otro santo padre ni doctor de 
ella se le daba este epíteto? (Así decía él.) Y respondió : 

8. «Porque mi Agustino no solo fué Gran Padre, 
sino Gran Madre, y Gran Abuelo de la Iglesia. Gran Pa- 
dre, porque antes de su Convorsion tuvo muchos Hijos, 
aunque no se le logró mas que uno. Gran Madre, porque 
Concibió y Parió muchos Libros. Gran Abuelo, porque 



Y8 



OBRAS DEL PADRE JOSÉ FRANCISCO DE ISLA. 



Engendró á los Ermitaños de San Agustín, y los Er- 
mitaños de San Agustín engendraron después todas las 
religiones mendicantes que siguen su Santa Regla, las 
cuales todas son Nietas del Gi ande Agustiuo. Y note de 
paso el discreto, que la Regla destruye la Maternidad, y 
la Regla fué la que aseguró la Paternidad de mi Gran 
Padre. Magnus Parens.r> 

9. Este trozo de sermón que oí con estos mismísimos 
oídos que han de comer la tierra, y un pobre iguoranie 
y mentecato, aunque tenia crédito de gran letrado y 
Jiombrc maduro, trató de puerco, sucio, hediondo y 
digno del fuego; pero á mí me pareció, y hoy dia me 
lo parece, la cosa mayor del mundo : digo que este trozo 
de sermón, escrito como está escrito, estoes, con letras 
mayúsculas y garrafales en todo lo que toca á San Agus- 
tín, desde la primera vista llama la atención del lector 
y le hace conocer que allí se contienen cosas grandes, y 
sin poderse contener, luego se abalanza á leerlo ; cuando 
al contrario, si estuviera escrito con letras ordinarias, 
no pararía mientes en él, y quizá le arrimaría sin haber 
leído una letra. Así que, enesta mi ortografía se logra, lo 
primero, la propiedad de las letras con los conceptos 
que representan; lo segundo, el decoro de las personas 
de quien se trata; lo tercero, el llamar la atención de 
los lectores. Y podia añadir lo cuarto, que también se 
logra la hermosura del mismo escrito; porque son las 
letras grandes en el papel lo que los árboles en la huer- 
ta, que la amenizan y la agracian, y desde luego da á 
entender que aquella es huerta de señor, cuando un 
libro todo de letras iguales y pequeñas parece huerta 
de verdura y hortaliza, que es cosa de frailes y gente 
ordinaria. 

10. Con estas disparatadas consideraciones se ena- 
moró tanto el extravagante Cojo de su ideada ortografía, 
que resolvió seguirla, entablarla y enseñarla. Y habiendo 
vacado por aquel tiempo la escuela de Villaornate, por 
ascenso del maestro actual á fiel de fechos de Cojeces de 
Abajo, la pretendió y la logró á dos paletadas, porque ya 
liabia cobrado mucha fama en toda la tierra con ocasión 
de los litigantes que acudían á la vicaría. Llovían niños 
como paja de todo el contorno ala fama de tan estupendo 
maestro; y Antón Zotes y su mujer resolvieron enviar 
allá á su Gerundico, para que no so malograse la vi- 
veza que mostraba. El Cojo le hizo mil caricias, y desde 
luego comenzó á distinguirle entre todos los demás ni- 
ños. Sentábale junto á sí, hacíale punteros, limpiábale 
los mocos, dábale avellanas y mondaduras de peras; 
y cuando el niño tenia gana de proveerse, el mismo 
maestro le soltaba los dos cuartos traseros de las bragas 
(porque consta de instrumentos de aquel tiempo que 
eran abiertas), y arremangándole la camisita, le llevaba 
en esta postura basta el corral , donde el chicuelo hacía 
loque había menester. No era oro todo lo que relucía, 
y el bellaco del Cojo sabía bien que no echaba en saco 
roto los cariños que hacia áGerundico; porqueá los bue- 
nos de sus padres se les caía con esto la baba ; y ademas 
de pagarle muy puntualmente el real del mes, la rosca 
del sábado, que llevaba su hijo, era la primera y la ma- 
yor, y siempre acompañada con dos huevos de pava , que 
no parecían sino mesmamentccomo dos bolas de trucos. 
Amen de eso, en tiempo de matanza eran corrientes y 
seguras tres morcillas, con un buen pedazo de solomo; 
esto sin entrar en cuenta la morcilla cagalar, con dos 



buenas varas de longaniza, que era el colgajo del día dé 
San Martín , nombre que tenia el maestro. Y cuando pa- 
ria Señora (así llamaban los niños á la maestra), era cosa 
sabida que la tía Catanla la regalaba con dos gallinas, las 
mas goidas que liabia en todo su gallinero, y con una li- 
bra de bizcochos, que se traían exprofesamente de la 
confitería de Víllamañan. Con esto se esmeraban maes- 
tro y maestra en acariciar al niño, tanto, que la maestra 
todos los sábados le cortaba las uñas, y de quince en 
quince dias le espulgaba la cabeza y sacaba las liendres. 

CAPITULO VI. 

En que se parte el capítulo quinto, porque ya va largo. 
Puescon estecuídado que el maestro tenía de Gerun- 
dico, con la aplicación del niño y con su viveza é inge- 
nio , que realmente le tenia , aprendió fácilmente y 
presto todo cuanto le enseñaban. Su desgracia fué, que 
siempre le deparó lo suerte maestros estrafalarios y es- 
trambóticos como el Cojo, que en todas las facultades le 
enseñaron mil sandeces , formándole desde niño un 
gusto tan particular á todo lo ridículo, impertinente y 
extravagante, que jamas hubo forma de quitársele; y 
aunque muchas veces encontró con sngelos hábiles, 
cuerdos y maduros , que intentaron abrirle los ojos para 
que distinguiese lo bueno de lo malo (como severa en 
el discurso de esta puntual historia), nunca fué posible 
apearle de su capricho : tanta impresión habían hecho 
en su ánimo los primeros disparates. El Cojo los inven- 
taba cada dia mayores; y habiendo leído en un libro 
que se intitula Maestro del maestro de niños, que este 
debe poner particular cuidado en enseñarlos la lengua 
propria, natívay materna, con purezay con propriedad, 
por cuanto enseña la experiencia que la incongruidad, 
barbarismos y solecismos con que la hablan toda la vida 
muchos nacionales , dependen de los malos modos, ím- 
propriedadcs y frases desacertadas que se les pegan 
cuando niños , él hacia grandísimo estudio de enseñar- 
los á hablar bien la lengua castellana; pero era el caso 
que él mismo no la podía hablar peor; porque, como era 
tan presumido y tan exótico en el modo de concebir, así 
como había inventado una extravagantísima ortografía, 
así también se le había puesto en la cabeza que podia 
inventar una lengua no menos extravagante. 

2. Mientras fué escribiente del notario de San Millan, 
había notado en varios procesos que se decia así. «cuarto 
testigo examinado, María Gavilán; octavotestigo exami- 
nado, Sebastiana Palomo.» Esto «le chocaba infinita- 
mente » ; porque decía que si los hombres eran testigos, 
las mujeres se hablan de llamar testigas, pues lo contra- 
rio era confundir los sexos y parecía romance de viz- 
caíno. De la misma manera no podia sufrir que el autor 
de la Vidadc Santa Catalina dijese : «Catalina, sugeto 
de nuestra historia;» pareciéndole que «Catalina y su- 
geto» eran mala concordancia, pues venía á ser lo mis- 
mo que si se dijera : «Catalina, el hombre de nuestra 
historia», siendo cosa averiguada que solamente los 
hombres se deben llamar sit/ycíos, y las mujevcs sugetas. 
¿Pues qué, cuando encontraba en un libro: «era una 
mujer no común, era un gigante?» Entonces perdialos 
estribos de la paciencia , y decia á sus chicos todo en 
cólera y furioso : Ya no falta mas sino que nos quiten las 
barbas y los calzones, y se los pongan á las mujeres. 
¿Por qué no se dirá: «Era una mujer no comuna, era 



TRAY GERUNDIO 

una giganta?» Y por esta misma regla los enseñaba que 
iuiiica dijesen «el alma, el arte, el agiiaw, sino «la al- 
ma, la agua, la arte», pues lo contrario ora riJicularia, 
como dice el indigesto y docto Uarhadiño. 

3. Sobre todo estaba de malisinioiinmor con aque- 
llos verbos y nombres de la lengua castellana que co- 
menzaban con arr?, como «arrepentirse, arremangar- 
se, arreglarse, arreo, etc.», jurando y perjurando que 
no Iiabia de parar basta desterrarlos de todos los domi- 
nios de España; porque era imposible que no los iuibie- 
sen introducido en ella algunos arrieros de los que con- 
duelan el bagaje de los godos y de los árabes. Decia á sus 
niños que liablar de esta manera era mala crianza . por- 
que era tratar de burros ó de maclios á las personas. Y á 
este propósito los contaba que yendo un padre maestro 
de cierta religión por Salamanca, y llevando por com- 
pañero á un frailecito irlandés recien trasplantado de 
Irlanda, que aun no entendía bien nuestra lengua, en- 
contraron en la calle del Rio muclios aguadores con sus 
burros delante, que iban diciendo : «arre, arre.» Pre- 
guntó el irlandesillo al Padre Maestro qué queria decir 
ore, pronunciando la r blandamente, como lo acostum- 
bran los extranjeros. Respondióle el Maestro que aque- 
llo queria decir que anduviesen los burros adelante. A 
7>oco Ireclio después encontró el Maestro á un amigo 
suyo, con quien se paró á parlar en medio de la calle : la 
conversación iba algo larga ; cansábase el irlandés, y no 
sabiendo otro modo de explicarse , cogió de la manga á 
su compañero y le dijo con muclia gracia : «Are, Padre 
Maestro, are ; » lo cual se celebró con grande risa en Sa- 
lamanca. Pues ahora , decia el Cojo liecho un veneno, 
que el arre vaya solo, que vaya con la comitiva y acom- 
pañamiento de otras letras, siempre es arre, y siempre 
es una grandísima desvergüenza y descortesía que á los 
racionales nos traten de esta manera ; y así tenga enten- 
dido todo aquel que me arreare las orejas, que yo le he 
de arreará él el cu... y acabólo de pronunciar redonda- 
mente. A este tiempo le vino gana de hacer cierto me- 
nester á un niño que todavía andaba en sayas : fuese 
delante de la mesa donde estaba el maestro, puso las 
manicas y le pidió la caca con grandísima inocencia ; 
pero le dijo que no sabia arremangarse. Pues yo te en- 
señaré, grandísimo bellaco, le respondió el Cojo enfure- 
cido; y diciendo y haciendo le levantó las faldas y le 
asentó unos buenos azotes, repitiendo á cada uno de 
ellos : «Anda, para que otra vez no vengas á arreman- 
garnos los livianos.» 

4. Todas estas lecciones las tomaba de memoria ad- 
mirablemente nuestro Gerundico; y como porotra parte 
en poco mas de un año aprendió á leer por libro, por 
curta y por proceso, y aun á hacer palotes y á escribir de 
á ocho, ei maestro se empeñó en cultivarle mas y mas, 
enseñándole lo mas recóndito que él mismo sabia, y con 
lo que lo habia lucido en mas de dos convites de cofra- 
día, asistiendo á la mesa algunos curas que eran tenidos 
por los mayores moralistones de toda la comarca; y uno 
que tenia en la uña todo el Lárraga y era un hombre 
que se perdía de vista, se quedó embobado habiéndo'e 
oido en cierta ocasión. 

E). Fué pues el caso, que como la fortuna ó la mala 
trampa deparaban al buen Cojo todas las cosas ridiculas, 
y él tenia tanta habilidad para que lo fuesen en su boca 
las mas discretas, por no saber entenderlas ni aprove- 



DE CAMPAZAS. "70 

charsede ellas, llegó cá sus manos, no se sabe cómo, una 
comedia castellana intitulada El villano caballero, que 
es copia mal sacada y peor zurcida de otra que escribió 
en francés el incomparable Moliere, casi con el mismo 
titulo. En ella se hace una graciosísima burla de aque- 
llos maestros pedantes que pierden el tiempo en enseñar 
á los niños cosas impertinentes y ridiculas, que tanto 
importa ignorarlas como saberlas; y para esto se intro- 
duce al maestro ó al preceptor del repentino caballero, 
que con grande aparato y ostentación de voces le enseña 
cómo se pronuncian las letras vocales y las consonantes. 
El Cojo de mis pecados tomo de memoria todo aquel chis- 
tosísimo pasaje ; y como era tan cojo de entendederas 
como de pies, entendióle con la mayor seriedad del 
inundo; y la que en realidad no es mas que una delicadí- 
sima sátira, se le representó como una lección tan im- 
portante, que sin ella no podia haber maestro de niños 
que en Dios y en conciencia mereciese serlo. 

6. Un día pues, habiendo corregido las planas mas 
aprisa de lo acostumbrado, llamó á Gerundico, hízole 
poner en pié delante de la mesa , tocó la campanilla á si- 
lencio, intimó atención á todos los muchachos, y diri- 
giendo la palabra al niño Gerundio, le preguntó con mu- 
cha gravedad : Dime, hijo, ¿cuántas son las letras? 
Respondió el niño prontamente : Señor maestro, yo no 
lo sé, porque no las he contado. Pues has de saber, con- 
tinuó el Cojo, que son veinte y cuatro, y si no cuéntalas. 
Contólas el niño, y dijo con intrepidez : Señor maestro, 
en mi cartilla salen veinte y cinco. Eres un tonto, le re- 
plicó el maestro, porque lasdosvl a primeras no son mas 
que una letra con forma ó con figura diferente. Conoció 
que se había cortado el chico, y para alentarle añadió : 
Ño extraño que siendo tú un niño, y no habiendo mas 
que un año que andas á la escuela, no supieses el nú- 
mero de las letras, porque hombres conozco yo que es- 
tán llenos de canas, se llaman doctísimos y se ven en 
grandes puestos, y no saben cuántas son las letras del 
abecedario; ¡pero así anda el mundo! Y al decir esto 
arrancóun profundísimo suspiro. La culpa de esta fatal 
ignorancia la tienen las repúblicas y los magistrados, que 
admiten para maestros de escuela á unos idiotas que no 
valían ni aun para monacillos; pero esto no es para 
vosotros ni para aquí : tiempo vendrá en que sabrá el 
Rey lo que pasa. Yamos adelante. 

7. De estas veinte y cuatro letras, unas se llaman voca- 
les, y otras consonantes. Las vocales son cinco: a, e, i, o, 
u; llámanse vocales, porque se pronuncian con la boca. 
¿Pues acaso las otras, señor maestro (le interrumpió 
Gerundico con su natural viveza), se pronuncian con 
el cu...? y díjolo por entero. Los muchachos se rieron 
mucho : el Cojo se corrió un poco; pero tomándolo agra- 
cia, se contentó con ponerse un poco serio, diciéndole : 
No seas intrépido, y déjame acabar lo que iba á decir. 
Digo pues que las vocales se liaman así , porque se pro- 
imncian con la boca, y puramente con la voz; pero las 
consonantes se pronuncian con otras vocales. Esto se ex- 
plica mejor con los ejemplos. A, primera vocal, se pro- 
nuncia abriendo mucho la boca, a. Luego que oyó esto 
Gerundico, abrió su boquita, y mirando á todas partes, 
repetía muchas veces a, a, a, -tiene razón el señor maes- 
tro. Y este prosiguió : la IJ se pronuncia acercando la 
mandíbula inferior á la superior , esto es , la quijada do 
abajo á la de ai riba , c. A ver, á ver cómo lo hago yo, se- 



80 



OBRAS DEL PADRE JOSÉ FRANCISCO DE ISLA. 



fior maestro, dijo el niño, e,e,e:a,a,a,e: ¡Jesús, y 
qué cosa tan buena! La /se pronuncia acercando mas 
las quijadas una ú olra , y retirando igualmente las dos 
extremidades do la boca bácia las orejas, i, i. Deje 
usted á ver si yo sé iiacerlo : i, i, i. Ni mas ni menos, 
liijo mió, y pronuncias la i ¿i perfección. La O se forma 
abriendo las quijadas, y después juntnndo los labios por 
los extremos, sacándolos un poco hacia fuera y formando 
la misma figura de ellos, como una cosa redonda que re- 
presenta una o. Gerundillo, con su acostumbi'ada intre- 
pidez, luego comenzó á hacer la prueba y á gritar o, o, o : 
el maestro quiso saber si los demás mnchacbos hablan 
aprendido también las importantísimas lecciones que los 
acababa de ensenar, y mandó que todos áiui tiempo y 
en voz alta pronunciasen las letras que les babia expli- 
cado. Al punto se oyó una gritería, una confusión y una 
algarabía de todos los diautres : unos gritaban a, a; 
otros e, e ; otros i, i ; otros o, o. El Cojo andaba de banco 
en banco, mirando á unos, observando á otros y emen- 
dando á todos : á este le abría mas las mandíbulas, á 
aquel se las cerraba un poco ; á uno le plegaba los labios, 
á otro se los descosia;yen fin, era tal la gritería, la con- 
fusión y la zambra, que parecía la escuela ni mas ni 
menos al coro de la santa iglesia de Toledo en las víspe- 
ras de la Expectación. 

8. Bien atestada la cabeza de estas impertinencias , y 
muy aprovechado en necedades y en extravagancias, le- 
yendo mal y escribiendo peor, se volvió nuestro Gerun- 
dio áCampazas; porque el maestro había dicho ásus 
padres que ya era cargo de conciencia tenerle mas tiem- 
po en la escuela, siendo un mucliacboque se perdía de 
\ista, y encargándoles que no dejasen de ponerle luego 
á la gramática, porque babia de serla honra de la tierra. 
La misma noche que llegó hizo nuestro escoiiu ostenta- 
ción de sus habilidades y de lo mucho que había apren- 
dido en la escuela, delante de sus padres, del cura del 
lugar y de un fraile que iba con obediencia á otro con- 
vento ; porque de estos apenas se limpiaba la casa. Ge- 
rundico preguntó al cura : ¿A que no sabe usted cuántas 
son las letras de la cartilla? El cura se cortó oyendo una 
pregunta que jamas se la habían liecbo,y respondió: 
Hijo, yo nunca las he contado. Pues cuéntelas usted, 
prosiguió el chico ; ¿ y va un ochavo á que , aun después 
debaberlas contado, no sabe cuántas son? Contó el cura 
veinte y cinco, después de haberse errado dos veces en 
el a, b, c; y el niño, dando muchas palmadas, decía : 
¡Ay, ay! que le cogí, que le gané, porque cuenta por 
dos letras las dos yl « primeras, y no es mas que una 
letra escrita de dos modos difei'entes. Después preguntó 
al padre : ¿Vaya otro ochavo á que no me dice usted 
cómo se escribe burro, con b pequeña ó con B grande? 
Hijo, respondió el buen religioso, yo siempre le be visto 
escrito con b pequeña. No señor, no señor, le replícócl 
muchacho : si el burro es pequen ito y anda todavía á la 
escuela, se escribe con b pequeña ; pero si es un burro 
grande, como el burro de mi padre, se escribe con B 
grande ; porque dice señor maestro que las cosas se han 
deescribir como ellas son, y que por eso una pierna de 
vaca'se ha de escribir con una P mayor que una pierna 
de carnero. A todos les hizo gran fuerza la razón, y no 
quedaron menos admirados de laim)funda sabiduríadel 
maestro, que del adelantamiento del discípulo; y el 
■buen padre confosó que aunque babia cursado en las dos 



universidades de Salamanca y Valladolid, jamas babia 
oído en ellas cosa semejante ; y vuelto á Antón Zotes y á 
su mujer, los dijo muy ponderado : Señores hermanos, 
no tienen que arrepentirse de lo que lian gastado con el 
maestro de Villaornate; porque lo han empleado bien. 
Cuando el niño 0'¡o arrepentirse, comenzóá hacergran- 
des aspamientos, y á decir: ¡Jesús, Jesús, qué mala 
palabra, arrepentirse !íio, señor , no, señor, no se dice 
arrepentirse , ni cosa que lleve arre; que esodíce señor 
maestro que es bueno para los binrosó para las ruecas 
{Recuas querrás decir, hijo, le interrumpió Antón Zo- 
tes, cayéndosele la baba) : Sí, señor, para las recuas, 
y no para los cristianos, los cuales debemos decir enre- 
pentir , enremangar , crnerjlar c\ papel y cosas seme- 
jantes. El cura oslaba aturdido, el religioso se hacia 
cruces, la buena de la Cataula lloraba de gozo, y Antón 
Zotes no se pudo contener sin exclamar: «¡Vaya, que es 
bobada !)) que es la frase con que se pondera en Campos 
una cosa nunca vista ni oida. 

9. Como Gerundico vio el aplauso con que se cele- 
braban sus agudezas, quiso ecliar todos los registros, y 
volviéndose segunda vez al cura, le dijo : Señor Cura, 
pregúnteme usted de las vocales y de las consonantes. 
El cura, que no entendía palabra de lo que el niño que- 
ría decir, le respondió : «¿Deque brocales, liíjo? ¿Del 
brocal del pozodel Humilladero y del otro que está junto 
á la ermita de San Blas?» No, señor, de las letras conso- 
nantes y de las vocales. Cortóse el bueno del cura, con- 
fesando que á él nunca le habían enseñado cosas tan 
hondas. Pues á mí sí , continuó el niño ; y de rabo á ore- 
ja, sin faltarle punto ni coma, los encajó toda la ridicula 
arenga que babia oido al cojo de su maestro sóbrelas 
letras vocales y consonantes ; y en acabando , para versi 
la habían entendido , dijo á su madre : Madrica, cómo 
se pronuncia la il? Hijo, ¿cómo se ha de pronunciar? 
Así, ^, abriendo la boca. No, madre; ¿pero cómo se 
abre la boca? ¿Cómo se ha de abrir, hijo? De esta ma- 
nera : A. Que no es eso, señora ; pero cuando usted la 
abre para pronunciar la yl,¿qué es lo que liace? Abrirla, 
hijo mío, respondió la bonísima Cataula. ¡Abrirla! eso 
cualquiera lo dice : también se abre para pronunciara", 
y para pronunciar /, O, í/, y entonces no se pronun- 
cia A . Mire usté , para pronunciar A se baja una quijada 
y se levanta otra, de esta manera ; y cogiendo con sus 
manos las mandibulas de la madre, la bajaba la inferior 
y la subía la superior, diciéndola que cuanto mas abrie- 
se la boca, mayor sería layl que pronimciaria. Hizo des- 
pués que el padre pronunciase \aE , el cúrala/, el fraile 
la O, y él escogió por la mas dificultosa de todas la pro- 
nunciación de la U, encargándolos que todos á un tiem- 
po pronunciasen la letra que tocaba á cada uno, levan- 
tando la voz todo cuanto pudiesen , y observando unos á 
otros la postura de la boca , jiaraque viesen la pimtualí- 
dad de las reglas que le babia enseñado el señor maestro. 
El metal délas voces era muy diferente ; porque la tía 
Catanlala tenia bombruna y carraspeña, Antón Zotes 
clueca y algo atcrnerada, el cura gangosa y tabacuna, el 
padre, que estaba ya aperdigado para vicario de coro, 
corpulenta y becerril ; Gerundico atiplada y de chillido. 
Comenzó cada uno á representar su papel y á pronunciar 
su letra, levantando el grito á cual mas podía : hundíase 
el cuarto, atronábase la casa : era noche de verano y 
lodo el lugar estaba tomando el fresco á ¡as puertas de 



í* 



FrxAY GERUNDIO DE CAMPAZAS. 



81 



la cal!e. Al estruendo y á la algazara de la casa de Antüii 
Zotes, acudieroa todos los vecinos, creyendo qne se 
quenialnio que liabia sucedido alj^una desgracia : entran 
en la sala, prosiguen los gritos descompasados, ven 
aquellas iiguras, y como ignoraban lo que liabia pasa- 
do, juzgan que todos se lianvueltolocos. Ya iban á atar- 
los, cuando sucedió una cosa nunca creída ni imagi- 
nada, que hizo cesar de repente la gritería y por poco 
no convirtió la música en responsos. Como la buena de 
la Caíanla abria tanto la boca para pronunciar su A, y 
naturaleza liberal la liabia proveidode este órganoabun- 
dantisimamente, siendo mujer que de un bocado se en- 
gullía una pera de donguindo basta el pezón, quiso su 
desgracia que se la desencajó la mandíbula inferior tan 
descompasadamente , que se quedó lioclia un mascaron 
de retablo, viéndosela toda la entrada del esófago y de 
la traquí-artcría con los conductos salivales, tan clara 
y distintamente, que el barbero dijo descubría basta los 
vasos linfáticos donde excretaba la respiración. Cesa- 
ron las voces, asustáronse todos, bícíéronse mil dili- 
gencias para restituir la maudibuia a su lugar; pero 
todas sin fruto , basta que al barbero le ocurrió cogerla 
de repente y darla por debajo de la barba un cachete tan 
furioso, que se la volvió á encajar en su sitio natural, 
bien que , como estaba desprevenida , se mordió un poco 
la lengua y escupió algo de sangre. Con esto paró en risa 
la función; y habiéndose instruido los concurrentes del 
motívode ella, quedaron pasmados de lo que sabia el 
niño Gerundio, y todos dijeron á su padre que le diese 
estudios; porque sin duda había de ser obispo. 

CAPITULO VIL 

Estudia gramática con un dómine que, por lo que toca al en- 
tendimiento, no se podia casar sin dispensación con el cojo de 
Villaornatc. 

En eso estaba ya Antón Zotes ; pero toda la duda era 
si le había de enviar á Vülagarcía ó á cierto lugarno dis- 
tante de Campazas, donde habia un dómine que tenia 
aturdida toda la tierra , y muchos decían que era mayor 
latino que el famosoTaranilla. Pero la tía Caíanla se puso 
como una furia, diciendo que primero sehabiade echar 
en un pozo que permitir que su hijo fuese á Vülagarcía, 
á que se le matasen los teatinos ; porque su marido 
toadla tenia las señales de una giielta de azotes que le 
habían dado en junta de generales, solo porque de cuan- 
do en cuando bebia dos ó tres azumbres de vino mas de 
las que llevaba su es/tíí/aí)!o, y porque se iba á divertir 
con las mozas del lugar, que todas eran niñerías y cosas 
que las hacen los mozos mas honrados , sin que pierdan 
por eso casamiento ni dejen de cumplir honradamente 
con hperroquia, como cualquiera cristiano viejo. Con 
esto, por contentarla, se determinó línalmente que el 
muchacho fuese á estudiar con el dómine; y mas que 
Antón Zotes afirmaba conjuramento que solo él habia 
construido la elegante dedicatoria de su hermano el gím- 
nasiarca, sin errar punto; cosa que no habían hecho los 
mayores moralistas de todo el Páramo, ni ninguno de 
' cuantos religiosos doctos se habían hospedado en su 
¡casa, aunque algunos de ellos habían sido definidores. 

2. Luego pues que llegó San Lúeas, el mismo Antón 
[llevó (i su hijo á presentársele y á recomendársele al dó- 
mine. Era este un hombre alto, derecho , seco, cejijunto 
j y populoso; de ojos hundidos, nariz adunca y prolon- 

T. XV. 



gada, barba negra , voz sonora , grave, pausada y pon- 
derativa, furioso tabaquista, y perpetuamente aforrado 
en un tabardo talar de paño pardo, con uno entre beco- 
quín y cas(inete de cuero rayado, que en su primitiva 
fundación liabia sido negro, pero ya era del mismo co- 
lor que el tabardo. Su conversación era taraceada de 
latin y de romance, citando á cada pasodichos, senten- 
cias, hemistiquios y versos enteros de poetas, oradores, 
historiadores y gramáticos latinos antiguos y modernos, 
para apoyar cualquiera friolera. Díjole Antón Zotes que 
aquel muchacho era hijo suyo, y que como padre quería 
darle la mejor crianza que pudiese. Optimé eniín varó, 
le interrumpió luego el dómine, esa es la primera obli- 
gación de !os padres , maxinw cuando Dios les ha dado 
bastantes conveniencias. Díjolo Plutarco : Ntl aníi- 
qnius , nil parcntibus sanctiiís , qudm ut fdiorum ciiram 
habeant ; iis pracsertim qiios Pluto non omninó insalu- 
tatos rcliquit. 2\mii\ú Antón Zotes que él había estu- 
diado también su poco de gramática, y quería que su 
hijo la estudíase. Qiialis patcr, talis fdius , le replicó el 
preceptor ; aunque mejor lo dijo el otro, hablando de 
las madres y de las hijas : Do meretrice puta , quod sit 
scmper filia... Namsequi tur levitcr filia matris iter. 
Loque ya vuestra merced ve cuan fácilmente se puede 
acomodar á los hijos respecto de los padres ; y o^zícr sepa 
vuestra merced que á estos llamamos nosotros versos 
leoninos; porque así como el león [animal rugibile le 
define el filósofo) cuando enrosca la cola viene á caer la 
extremidad de ella {cauda caudas, colado la cola la 
llamé yo en una dedicatoria á la ciudad de León ) sobre 
la mitad del cuerpo ó de la espalda de la riigible fiera, 
así la cola del verso , que es la última palabra, como que 
se enrosca y viene á caer sobre la mitad del mismo ver- 
so. ¡Nótelo vuestra merced en el exámetro '.puta-puta, 
clavado; después en el pentámetro, iter-levitér, de 
quien iter es eco. Porque aunque un moderno (quos 
Neotericos dicimus cultissimi latinorum) quiera decir 
que esto de los ecos es invención pueril, ridicula y de 
ayer acá, pacf tanti viri, le diré yo en sus mismas bar- 
bas que ya en tiempo de Marcial era muy usado entre los 
griegos , juxta illud : Nusquam Graecula quod recantat 
echo. Y sí fuera menester citar á Aristóteles, á Eurípi- 
des, á Calimaco y aun al mismo Gauradas, que no por- 
que sea un poeta poco conocido, deja de tener mas de 
dos mil años de antigüedad , yo le haría ver luce meri- 
diana clarius, si era ó no era invención moderna esto 
de los ecos; y luego le preguntaría sí era verisímil que 
inventase una cosa pueril y ridicula un hombre queso 
llamaba Gawraí/as. O furor! o insania malediccndi! 
3. Pues, señor, prosiguió Antón Zotes, este niño 
muestra mucha viveza, aunque no tiene mas que diez 
años. Aetas humanioribus Htleris (//i/m/ma (inter- 
rumpió el pedante), como dijo Justo Lipsio; y aun con 
mayor elegancia en otra parte : üccennis Romanae lin- 
guac elementia maluralus. Porque si bien es verdad que 
de esa y aun de menor edad se han visto en el mundo al- 
gunos niños que ya eran perfectos gramáticos, retóricos 
y poetas [quos vidcre sis apud Anium Viterbiensem.de 
praecocibus mentís parlubus) ; pero esos se llaman con 
razón monstruos de la naturaleza : monstrum horren- 
dum,ingens. Y Quinto Horacio Flacco {quem Lijricorum. 
Antistitem extitissc , morlalium nemo iverit infidas) 
no gustaba de esos frutos anticipados, pareciéndole que 

G 



82 ORIÍAS DEL PADRE JOSI 

cusí .siempre se malograban ; y asi sulcmnc crat illi di- 
cere : Odipucro praccoces: fructus. Y el cojo de Villaor- 
nate,qiic fué su maestro... (iba á proseguir el buen 
Antón). Tenga vuestra merced, le cortó el eniatiuizado 
tlóinine : Siste gradum , viator. ¿El cojo de Viliaornale 
fué maestro de este niñu? Si , señor, respondió el padre. 
O fortúnate nale I exclamó el cruditisimo preceptor. 
¡Olí niño mil veces afortimado! Muclios cojos famosos 
celebró la antigüedad, como lo liabrá leido vuestra mer- 
ced en el curiosísimo tratado de Claudia non clnudican- 
tibus,<]c los cojos que no cojearon, tomando el presente 
por el pretérito, segim aquella ligura retórica, praesens 
pro praetcrüo, á quien nosotros llamamos enálage : tra- 
tado que compuso un preboste de los mercaderes de 
León de Francia, llamado Monsieur I*ericon; porque, 
sépalo usted de paso, en Francia bástalos pericones son 
monsieures, y pueden ser prebostes. Imúpotíus, sin 
recurrir á tiempos antiguos, novissimisliistemporibus, 
en nuestros dias bubo en la misma Francia un celebér- 
rimo cojo, llamado Gil Menage, que aunque no fué cojo 
natura suá, al fin, sea como se fuese , él fué cojo real y 
verdadero, esto es, cojo realitér,ctá parte rei, como 
se explica con elegancia el filósofo ; y no obstante de ser 
cojo, él era iiombresapientisimo: Sapientissimus clau- 
jdorum quotquot fuerunt, et erunt , que dijo doctamente 
.Plinio el Mozo. Pero meo videri, en mi pobre juicio, to- 
dos los cojos antiguos y modernos fueron cojos de teta 
-respecto del cojo de Villaornate : bablo intrásuos limi- 
tes, en su linea de maestro de niños ; y por eso dije que 
este niño Iiabia sido mil veces afortunado en tener tal 
maestro : O fortúnate nate ! 

4. No lo es menos, prosiguió Antón Zotes, en que 
vuestra merced lo sea suyo: Non laudes hominem in 
vita sua; laudapost mortcm, dijo mesurado el dómine. 
■Son palabras del .Espíritu Santo; pero mejor lo dijo el 
profano: Post faíum laudare decet , dúm gloria certa. 
Señor preceptor, ¿mejor que el Espíritu Santo? le pre- 
guntó Antón Zotes. ¿Pues qué, abora se escandaliza 
vuestra merced de eso? ¿Cuántas veces lo liabrá oído en 
«sos pulpitos á predicador-es que se pierden de vista? 
Así el Profeta rey, así Jeremías, así Pablo; pero yo de 
•otra manera. Eso¿quéquieredecir, sino: Pero yo lo diré 
mejor? Praeter qudm quod, yo no digo que el dicbo sea 
inejor, sino que está mejor dicbo, porque las palabras 
de la Sagrada Escritura son poco á propósito para con- 
firmar las reglas de la gramática : Verba Sacrae Scrip- 
iurae Grammaticis exemplis confirmandis parum sunt 
idónea. Eso ya lo leí yo en no sé qué libro, cuando estu- 
diaba en Villagarcía, replicó el buen Antón, y cierto 
que no dejé de escandalizarme. A ese llaman los teólo- 
gos, dijo el dómine, scandalum pusillorum , escándalo 
de parvulillos; y aunque dicen que no debe despreciar- 
se, y en este particular me parece que llevan razón; 
pero también dicen ellos otras mil cosas barto despre- 
ciables, por mas que ellos las digan. 

'ó. Yo no me meto en esas lionduras, respondió ei 
bonazo de Antón Zotes, y lo que suplico á vuestra mer- 
ced es que me cuide de este mucbacbo; que yo cuidaré 
de agradecérselo; y que le mire como si fuera padre 
suyo. Prima magistrorum ohligatio, respondió el dó- 
mine, quos discipulis pareníum loco esse decet, dijo á 
este intento Salustio. Es la primera obligación del maes- 
tro tratará los discípulos como bijos, porque ellos están 



í FRANCISCO DE ISLA. 

en lugar de padres. Ydimc, liijo,lc preguntó al niño 
Gerundio, mirándole entre recto y cariñoso, ¿lias estu- 
diado algunos cánones gramaticales? No, señor, respon- 
dió el cliico prontamente ; los cañones que yo traigo no 
son grnjales, que son plumas de pato, que mi madre se 
las (|uiló á un pato grande que tenemos en casa; ¿no es 
así, padre? Sonrió.se el preceptor de la viveza y de la in- 
trepidez del mucbacbo, y le dijo: non quaero á te hoc, 
no te pregunto eso ; [iregúntote si traes alguna talega. 
Señor, la talega eracuaiulo andaba en sayas, pero des- 
pués que me puso calzones, me la quitó señora madre. 
Non valeo á risu temperare , dijo el dómine , y en medio 
de su grande seriedad soltó una carcajada, añadiendo : 
Ingenium errando prohat , aun en los desaciertos mues- 
tra su viveza. Hijo, lo que te pregunto es, si lias estu- 
diado algo del Arte. ; Ali ! eso sí , señor: ya llegué basta 
musa, ae. No lias de decir así , querido ; sino musa, mu- 
sae. No, señor, no , señor ; mi arte no dice viusa, musae, 
uno musa, ae. Yaya, ¿según eso lias estudiado en el 
Arte de Nebrija? No, señor ; en mi Arte no e.stá pintada 
ninguna lagartija, sino un león muy guapo ; mírele usté, 
y enseñóle el león, emblema ó insignia de la oficina, que 
está en la llana del frontis. 

6. No dejaron de caer en gracia á la rectísima severi- 
dad del preceptor las candideces de Gerundico; pero 
volviéndose al padre, le dijo en tono ponderativo : Ecce 
tibi sebosus ; ve aquí uno de los errores tan crasos como 
velas de sebo, que yo noto en este Arte de Nebrija ó de 
la Cerda, de que usan los padres de la Compañía, con 
quienes también estudié yo. Es cierto que son varones 
sapientísimos, pero son hombrea, ^'hominumest errare; 
son agudos, son buenos ingenios y muy despiertos; 
pero muy despierto y muy bueno fué el ingenio de Ho- 
mero, y con todo eso, quandoque bonus dormitat lio- 
merus. Lo primero, comenzar la gramática por musa, 
musae, es comenzar por donde se ba de acabar ; coepixti 
quá finis erat ; porque las musas, esto es, la poesía es lo 
último que se ba de enseñará los mucbacbos después 
de la retórica. Argumento es este que le be puesto á 
mucbos jesuítas, clarísimos varones, y ninguno ba sa- 
bido responderme. ¿Pero qué me habían de responder 
si no tiene respuesta? Deinde, en la impresión de mu- 
cbos Artes, en lugar de poner nominativo musa, geni- 
tivo musae, dativo musae, acusativo musam, lodo á la 
larga y por extenso, por aberrar papel lo ponen en abre- 
viatura : nom. musa, gen. ae, dat. ae, acus. am. ¿Y qué 
sucede? O que los pobres cbicos lo pronuncian así , quod 
video quám sit ridicidum; oque sea menester gastar 
tiempo malamente en enseñárselo á pronunciar ; cí nihil 
est temporepretiosiiis. Pero donde se palpan «(/ oculum 
los inconvenientes de estas abreviaturas, son en los Te- 
sauros, ya sea de Salas, ya de Requejo. Va un niño á bus- 
car un nombre, excmpli causa , qué hay \iOX madre, y 
en lugar de encontrar mater, matris, baila matcr, tris. 
Quiere saber qué hay por enviar, y en vez de bailar 
mitto,7nitt¡s, encuentra 7/u7ío, is. Cusca qué liay por 
camisa, y en lugar de subucula, snbuculae, no lee mas 
que.subucula, ae. Anlójasele como al otro mucbacbo, es- 
cribir á su madre una caria latina , para d;irla á entender 
lo mucho que había aprovechado, en la cual la dice, 
que la Olivia una camisa sucia para que se la lave, y en- 
cájala esta sarta de disparates: Mater, tris; m¡tto,is; 
subucula , ae ; nt lavo, as. Quid itbívidclur? ¿Qué le 



FRAY GERUNDIO DE CAMPAZAS. 



f^3 



parece á vuestra merccil , señor Anión Zotes? ¿ Qué nic 
¡ja de parecer? Que aunque había oklo mil cosas do la 
estupeiulísima sabiduría de usted, y yo tenia aljíiina 
experiencia; pero liabíéiidole oido ahora, me he que- 
dado aturdido, y en llegando á mí lugar, he de dar 
muchas gracias á la mí Caíanla, porque me quitó de la 
cabeza el unviar al mi Gerundio á Villagareia; pues, 
dempues de Dios, á ella se le debe el que mijo mereza 
tener tan doctísimo maestro. Con esto se despidió del 
preceptor, dejó á su Iiijo en una posada, y se restituyó á 
Campazas, donde luego que llegó dijo á su mujer y al 
cura, que le estaban esperando á la puerta de la calle, 
quesi Gerundico había tenido fortuna en topar con el 
cojode Villaornate, masenlortiinado liabia sidoentoa- 
díaendarcon un maestro como el dómine con quien 
le dejaba, porque era un latino de todos los diantres, y 
que todos los teatinos de Villagareia juntos no llegaban 
al zancajo de su sabiduría. Déjelo, señor; aquello era 
una Gabilonia; mas de una hora estuvimos paliando 
mano á mano, y á cada palabra que yo le decía, luego 
me sacaba un rimero de textos en latín, que no parecía 
sino que los traía en el balsopeto de uua enguariua muy 
larga que tenía puesta. Por fin y por [tostre, el cojo de 
Villaornate bien puede ser el tuauten de los maestros de 
escuela; pero en línía de preceptor, el dómine de Villa- 
mandos es el per omnia scciila seculorum, y mientras 
Campos sea Campos no habrá quien le desquite. 

7. Con efecto, el paralelo no podía ser mas justo ; por- 
que si el cultísimo Cojo tenía una innata propensión á 
todo lo extravagante en orden á la ortografía y á la pro- 
priedad de la lengua castellana, el latínísímo dómine no 
podía tener gusto mas estrafalario en todo lo que tocaba 
á la latinidad, comenzando por la ortografía latina y 
acabando por la poesía. A la verdad él entendía media- 
namente los autores, y liabia leído muchos; pero pagá- 
base de lo peor, y sobre todo, le caían mas en gracia los 
que eran mas retumbantes y mas ininteligibles. Prefería 
la afectada pomposidad de Amiano y Plínio el Mozo, á 
la grave majestad de Cicerón ; la oscuridad y la dureza 
de Valerio Máximo, á la dulce elegancia de Tito-Lívio; 
los entusiasmos de Estacio, á la elevación sublime y 
juiciosa de Virgilio; decía que Marcial era un insulso 
respecto de Catulo, y que todas las gracias del inimi- 
table Horacio no merecían descalzar el menor de los 
chistes de Planto. Los cortadillos de Séneca le daban 
grandísimo gusto; pero de quien estaba furiosamente 
enamorado era de aquel sonsonete, de aquel paloteado, 
de aquellos tiiquí-traques del estilo de Casiodoro; y 
aunque no le había leído sino en las aprobaciones de los 
libros, se alampaba por leerlas, asegurado de que halla- 
ría pocas que no estuviesen empedradas de sus cultísi- 
mos fragmentos; porque aprobación sin Casiodoro, es 
lo mismo que sermón sin Agustino y olla sin tocino. 

8. Para él no habia cosa como un libro que tuviese 
título sonoro, pomposo y alti-sonante, y mas si era 
alegórico y estaba en él bien seguida la alegoría. Por 
eso hacía una suprema estimación de aquella famosa 
obra intitulada : Pentacontarchus, sivé quinquaginta 
militum ductor ; stipcmliis Ramirezii de Prado conduc- 
tus, cujus auspiciis varia in omni Littcrarum düione 
monstraprofligantur, ahdila panduntar , latcbracac tc- 
nehraepervestiganiur, el illuslranlur. Quiere decir: El 
Pentacontarco, esto es, el capitán do cincuenta solda- 



dos, asueldo de Uamirez de Prado, con cuyo valor y 
auspicio se persiguen y se ahuyentan varios monstruos 
de tollos los dominios de la literatura, so descubren co- 
sas no conocidas, se penetran los senos mas ocultos y 
se ilustran las mas densas tinieblas. Porque si bien es 
verdad que el titulo no puede ser mas ridículo, y mas 
cuando nos hallamos con que todo el negocio del Señor 
PeutacoiUarco se reduce á impugnar cincuenta errores 
que al bueuo de Ramírez de Prado le pareció haber en- 
contrado en varías facultades, y no embargante de que 
á la tercera paletada se le cansó la alegoría ; pues no sa- 
bemos que hasta ahora se hayan levantado regimientos 
ni rompañias de soldados para salir á caza de monstruos 
ni de fieras, y mucho menos que sea incumbencia de la 
soldadesca examinar escondrijos ni quitar el oficio á los 
candiles, á cuyo cargo corre esto de desalojar las tinie- 
blas; pero el bendito del dómine no reparaba en estas 
menudencias, y atronado con el estrepitoso sonido de 
Pentacontarco, capitán, soldados y estipendio, decía 
á sus discípulos que no se había inventado titulo de li- 
bro semejante, y que este era el modo de bautizarlas 
obras en culto y sonoroso. Por el mismo principio le 
caía muy en gracia aquella parentación latina que se 
hizo en la muerte de cierto personaje llamado Fol-de- 
Cardona, varón pío y favorecido con muchos consuelos 
celestiales, á la cual se la puso este oportunísimo título: 
Follis spiritualis, vento consolatorio turgidus , acro- 
phytio Sacrae Scripturae armatus, manuque Samar i- 
tani applicatus ; es decir : Fuelle espiritual, hinchado 
con el viento de la consolación , aplicado al órgano de la 
Sagrada Escritura, siendo su entonador el Samaritano. 
¿Quién hasta ahora, decía el pedantísimo preceptor, 
ha excogitado cosa mas discreta ni mas elegante? Sí al- 
guna pudiera competirla, era el incomparable titulo de 
aquel elocuentísimo libro que se imprimió en Italia á 
fines del siglo pasado, con esta armoniosa inscripción : 
Fratrum Roseae Crucis fama scancia redux, biiccina 
jubilaeiultimi, Evae hyperboleae proenuntia, montiuiii 
Europae cacumina suo clangore fericns, ínter calles, et 
valles Araba resonans: Fama recobrada de los herma- 
nos de la Roja Cruz; trompeta sonora del último jubileo, 
precursora do la hiperbólica Eva, cuyos ecos, hiriendo 
en las cumbres de los montes de Europa, retumban en 
losvallesyen las concavidadesde Arabia. Esto es inventar 
y elevarse; que lo demás es arrastrar por el suelo. Y no 
que los preciados de críticos y de cultos han dado ahora 
en estilar unos títulos de libros tan sencillos, tan claros 
y tan naturales, que cualquiera vcjczuela entenderá la 
materia de que se trata en la obra , á la primera ojeada, 
queriéndonos persuadir que asi se debe hacer; que lo 
demás es pedaiitcria , nombro sucio y mal sonante; y 
al decir esto se espritaba de cólera el enfurecido dómine. 
Por toda razón de un gusto tan ratero y tan vulgar, nos 
alegan que ni Cicerón, ni Tito-Lívio, ni Cornelío Ne- 
pote, ni algún otro autor de los del siglo de Augusto, 
usaron jamas de títulos rumbosos, sino simples y natu- 
rales : Ciceronis Epislolae; Orationis Ciceronis; Ci- 
cero, de Of/lciis; Historia Tili-Livii; Anriales Cornelii 
Taciti; y daca el siglo de Augusto, torna el siglo de 
Augusto, que nos tienen cnsiglados y enaugustados 
los sesos, como si en todos los siglos no se hubieran es- 
tilado hombres de mal gusto, y que cometieron muchos , 
yerros, como lo dice expresamente la Iglesia en una ora- 



Si 



OBRAS DEL PADRE JOSÉ FRANCISCO DE ISLA. 



cion que comienza : Dcuíí qni rrranlibus; y acaba : Per 
omnia sécula scculorum. Digan Cicerón, Tito-Livio y 
Tácito, y cien Tácitos, cien Tilo-Livios y cien Cicero- 
nes lo qne qnisieren , todo cuanto ellos hicieron no llega 
al carcañal de aquella estnpendisiina oljru intitulada: 
Amphühealrumsapknl iae adernae , soláis ,verap ,Chi'is- 
tiano-Cabalisticum , d i vino-Magicum , necnan Plujsico- 
Chymicum , ter-triumtm-Catholicum ; instriictorn Hrn- 
rico Cunrath. Anfiteatro de la sabiduría eterna, única, 
verdadera, cristiano-cabalistico, divino-mágico, fisico- 
químico, nni-lrino-católico; construido ó fabricado por 
Ilenrico Conratli. Que me den en toda la antigüedad, 
aunque entre en ella su siglo de Augusto , cosa que se le 
parezca. Dejo á un lado aquella oportunidad de adjeti- 
vos, encadenados cada cual con su esdrújulo corriente, 
que son coinpreiiensivos de todas las materias tratadas 
en el disctirso de la obra. Después de iiaberla llamado á 
esta Amphitheatro, ¿qué cosa mas aguda ni mas oportu- 
na ni mas al caso que decir, construido, fabricado, y no, 
escrito ni compuesto, por Hcnrico Conratli, siguiendo 
la alegoría basta la última boqueada? Si este no es pri- 
mor, que me quiten á mí el crisma de la verdadera la- 
tinidad. 

CAPITULO VIII. 

Sale Gerundio de la escuela del dómine hecho un laüno liorroi'oso. 
Después de haberse echado el preceptor á sí mismo 
tan terrible maldición, que si por nuestros pecados le 
liubiera comprebendido, quedaría la latinidad precepto- 
ril defraudada de uno de sus mas ridículos ornamentos, 
pasaba á instruir ásus discípulos de las buenas partes de 
que se compone un libro latino. Después del titulo del 
libro, los decia, se siguen los títulos ó los dictados del 
autor ; y así como la estruendosa, magnífica é intrin- 
cada retumbaucia del título excita naturalmente la cu- 
riosidad de los lectores, así los dictados, títulos y em- 
pleos del autor dan desde luego á conocer á todo el 
mundo el mérito de la obra. Porque claro está que, 
viendo un libro compuesto por un maestro de teología, 
un catedrático de prima, y mas si es del gremio y claus- 
tro de alguna universidad; por un abad, por un prior, 
por un definidor ; pues ¿ qué si se le añade un ex á mu- 
chos de sus dictados, como ex-definidor, ex-provin- 
cial, etc., y se le junta que es teólogo de la nunciatiu'a, 
de la junta de la Concepción, consultor de la suprema, 
predicador de su majestad de los del número; sobre to- 
do, si en los títulos se leen media docena de protos, con 
' algunos pocos de archis, como proto-médico, proto-fi- 
lo-matemático, proto químico, archi-bistoriógrafo? De 
contado es una grandísima recomendación de la obra; y 
cualquiera que tenga el entendimiento bien puesto y 
el juicio en su lugar, no ha menester mas para creerque 
un autor tan condecorado no puede producir cosa que no 
sea exquisitísima, y entra á leer el libro ya con un con- 
ceptazode la sabiduría del autor, que le aturrulla. Bien 
hayan nuestros españoles , y tand)ien lus alemanes, que 
en eso dan buen ejemplo á la república de las letras, 
pues aunque no impriman mas que un folleto, sea en 
latín sea en romance, un sermonéete, una oracionci- 
Ua, y tal vez una mera consulta moral, ponen en el frontis 
todo lo que son y todo lo que fueron, y aun lodo lo que 
pudieron ser, para que el lector no se equivoque y sepa 
quién es el sugeto que le habla ; que no es menos que un 



lector jubilado, un secretario general, un visitador, un 
provincial y uno que estuvo consultado para obispo. Así 
debe ser, pues sobre lo que esto cede en recomendación 
de la obra, se adelanta una ventaja que pocos han re- 
flexionado dignamente. Hoy se usan en todas parles bi- 
bliotecas de los escritores de todas las naciones en que á 
lómenosos menester expresar la patria, la edad, los 
empleos y las obras que dio á luz cada escritor de quien 
se trata. Pues con esta moda de poner el escritor lodos 
sus dictados, y mas si tienen cuidado de declararla pa- 
tria donde nacieron, como loablemente lo practican mu- 
chos por no defraudarla de esa gloria, diciendo : N. N. 
Gcnerosus Valentinus, Nobilis C esarau (justa ñus , cla- 
rissimus Cordubensis , etreliqua ; ahorran al pobre bi- 
bliotequista mucho trabajo, pesquisas y dinero; porque 
en abriendo cualquiera obra del escritor, halla su vida 
escrita por él mismo, ante todas cosas. 

2. Y aun por eso, no solo no condeno, sino que alabo 
muchísimo, á ciertos escritores modernos que, si se 
ofrece buena ocasión, se dejan caer en alguna obrilla 
suya la noticia de las demás obras que antes dieron á 
luz, ya para que allí las encuentre juntas el curioso, 
y ya para que algún malsín no les prohije partos que 
no son suyos, pues por la diversidad del estilo se puede 
sacar concluyentcmente la suposición del hijo espurio. 
Por este importantísimo motivo se vio precisado á dar 
individual noticia de todas ó casi todas las produccio- 
nes con que hasta allí habia enriquecido á la república 
litiraria cierto escritor neotérico, culto, terso, aliñado 
y exactísimo ortográfico hasta la prolijidad y basta el 
escrúpulo. Un autor columbino y serpentino, que lodo 
lo juntaba, pues decia él mismo que se llamaba Fray 
Calumbo Serpiente, dio á luz un papelón que se intitu- 
laba Derrota de los alanos , contra el doctísimo, el elo- 
cuentísimo y el modestísimo Maestro Soto-Marne , pues 
no porque el Rey y el Consejo sean de parecer contrario 
y le hubiesen negado la licencia de escribiré de imprimir 
contra ese pobre hombre del maestro Feijoó, nos quitan 
á los demás la libertad de juzgar lo que nos pareciere. 
Sospechóse y díjose en cierta comunidad, que el autor 
del tal derrotado ó derrotador papel , era fulano. Ya se 
ve, i qué injuria mas atroz que esta sospecha ! ¡ Ni qué 
agravio mas público que el discurso de cuatro amigos en 
la celda de un convento! Monta en cólera el irritadisirtio 
doctor , enristra la pluma y escribe una carta dirigida á 
cierto hermano suyo, que era casi lector en aquella co- 
munidad : dala á la estampa y espárcela por España para 
que venga á noticia de todos su agravio y su satisfacción, 
que sin duda era grandísima. Y después de haber tra- 
tado á la tal Derrotacomo merecía, llamándola «derrota 
de la conciencia y la urbanidad, derrota de la lengua 
castellana, derrota de la erudición, derrota d'el gracejo, 
derrota d'el método, derrota de la ortografía y derrota, al 
fin, de todas las derrotas que toman las nobles plumas 
en el mar de la crítica y de las letras» , añade : « Nada 
hay en ella qiu^ pueda llamarse cosa mía. Ni locución, 
ni frase, ni contextura, ni transiciones, ni el modo de 
traer las noticias, ni la falta de aliño , ni la impropiedad 
de las voces, ni la grosería d'el dicterio', ni lo ramplón 
de unos apodos y la improporcion de otros ; y para de- 
cirlo de una vez, ni aquella falta de airesubtílísimoque 
da en los escritos á conocer sus auctores, y no lo perci- 
ben mas que los entendimientos bien abiertos de poros. «^ 



FRAY GKUIINDIO 

Que es lo mismo que decir : Hermano, si tus frailes no 
fueran tan cenados de poros, ó no tuvieran el entendi- 
miento constipado, á mil leguas olerian que no era ni 
podia ser obra mia esa derrota; pori|ue en todas mis 
obras la locuciones tersa, la frase culta, la contextura 
natural, las transiciones, ni de encaje; el modo de traer 
las noticias, ni aunque vinieran en silla de manos; las 
voces propiísimas, los dicterios delicados, los apodos 
no ramplones, sino con mas de cuatro dedos de tacón. 
Aunque no fuera mas que por la ortografía, cualquiera 
que no estuviese aromadizado podría oler que si fuera 
cosa mía la Derrota, no permiliria que se imi)ritn;ese 
como se imprimió, aunque supiera quedarme sin borla. 
¡Permitir yo q ue se escribiese Id conj unción con la y grie- 
ga y no con i latina ! ¡ Tolerar que en mis obras se es- 
tampase «de el padre, de la agua, de ayer acá» , y no con 
el apostrofe , que las da tanta sal y tanto chiste , escri- 
biendo ccd'ayer acá, de Tagua, d"el padre» ! Vaya, que 
es falta de criterio y no tener olíalo para peicibir aquel 
«airesubtilísimoquedaenlos escritos á conocer sus auc- 
tores»; y el que no conociere que mis escritos están lle- 
nos de este aire, no vale para podenco, declaróle por 
mastin. 

3. «Prueba perentoria de cuanto digo sean mis pro- 
ducciones. » Ahora entra lo que antes os decia (conti- 
nuaba el dómine hablando con sus discípulos) del cui- 
dado que tienen los escritores de mejor nota, no solo 
de autorizar sus obras con todos sus dictados, sino de 
dejarse caer en alguna de ellas la importante noticia de 
todas las que las han precedido. Y no hablando de las 
latinas, que á la sazón cuando se escribió dicha carta 
se sabe que serían como media docena de arengas y otra 
tanta porción de dedicatorias : «De las hespañolas en 
prosa i verso (prosigue nuestro autor), unas guardan 
clausura en el retiro de mi celda... otras andan como 
vergonzantes, embozadas siempre con los retazos de un 
acertijo, cuyo ribete es un anagramma ; otras , en fin, 
lidian todo el tren de mis nombres i apellidos, campa- 
nillas i cascabeles.» Y babeis de sabor, hijos (interrum- 
pía aquí el socarrón del dómine), que en esto de casca- 
beles son muchos los que los tienen. « D'este calibre 
son (esto es, del calibre de los cascabeles) la aproba- 
ción que día un sermón del Padre M... la que hice al 
sermón de.,, la que está en el libro de las fiestas de... 
una oración que pronuncié en el capítulo de mi orden, 
otra que dije en las exequias de... el libro de las fiestas 
de... ¿Y qué sé yo qué mas?» Veis aquí una noticia cu- 
riosa, individual y menuda de unas obras de grandísima 
importancia, que cualquiera autor que mañana quiera 
proseguir la Bibliothcca hispana de Don Nicolás Anto- 
nio, las encuentra á mano en esta carta, y por lo menos 
basta el año de 17ü0 sabe puntualmente todas las obras 
que dio á luz nuestro gravísimo escritor, «con sus nom- 
bres, apellidos, campanillas y cascabeles.» 

4. Yo bien sé que algunos críticos modernos bacen 
gran burla de esta moda, tratándola de charlatanería y 
de titulomanía, con otras voces disonantes y piarum 
aurium ofensivas, pretendiendo que es una vana osten- 
tación, y muy impertinente para dar recomendación á 
la obra, pues dicen que esta no se hace recomendable 
por los dictados del autor, sino por lo bien ó mal dictada 
que esté ella. Tráennos el ejemplar de los franceses y do 
los italianos, que por lo común nunca ponen mas que 



DE CAMPAZAS. 8j 

el nombre , el apellido y, á lo mas , la profesión del au- 
tor, aun en las obrasmas célebres ydemaslargoaliento 
(gústame mucho esta frase); como; Historia liomana, 
por Monsieur lioliin. Mabillun , Benedictino , de la 
congregación de San Mauro , de Re diplomática. His- 
toria Eclesiástica, por el abad Fleuri. Specimc7i Orien- 
taiis Ecclesiae , auctore Joannc Bapt. Salerno. Societ. 
,Jesu. Y aun nos quieren taml)ien decir que los títulos, 
así magníficos como ridículos, que lian tomado algu- 
nas academias , especialmente de Italia, no son masque 
una graciosa sátira con que serien délos títulos con que 
salen á la luz pública algunos autores fantasmas, y que 
por eso unas academias se llaman «de los seráficos, de 
los elevados , de los inllamados, de los olímpicos, de los 
parténicos , de los entronizados » ; y otras, por el con- 
trario, «de los oscuros, de los infecundos, de los obs- 
tinados, de los ofuscados, de los ociosos, de los somno- 
lentes, de los inhábiles, de los fantásticos.» Pero digan 
lo que quisieren estos desenterradores de las costum- 
bres, usos y ritos mas loables, y estos grandísimos bu- 
fones y burladores de las cosas mas serias, mas estable- 
cidas y mas generalmente recibidas de hombres graves, 
doctos y píos, yo siempre me tiraré á un libro cuyo au- 
tor salga con la comitiva de una docena de dictados que 
acrediten bien sus estudios y su literatura , antes que á 
otro cuyo autor parece que sale al teatro en carnes vi- 
vas, y que no tiene siquiera un trapo con que cubrir su 
desnudez. Esto parece que es escribir en el estado de la 
inocencia, y ya no estamos en ese estado. Obras de Frai/ 
Luis de Granada, del órdende Predicadores. ¡Miren qué 
insulsez! ¿Y qué sabemos quién fué ese Fray Luis? 06r«s 
del Padre Luis de la Puente, de la tompañia de Jesús. 
¡ Otro que tal ! ¿Y por dónde nos consta que este padre 
no fué por allí algún granjero ó procurador de alguna 
cabana? 

5. Y ya que viene á cuento , y bablamos de esta reli- 
gión, es cierto que en todo lo demás la venero mucho ; 
pero en esto de los títulos de los libros y de los autores, 
no deja de enfadarme un poco : aquellos por lo común 
son llanos y sencillos ; y estos por lo regular salen á la 
calle poco ménosque en cueros: su nombre, su apellido, 
su profesión y tal cual su patria, por no confundirse con 
otros del mismo nombre y apellido, y santas pascuas. 
No parece sino que los autores mas graves, los de pri- 
mera magnitud, hacen estudio particular de intitular 
sus libros como si fueran por ahí la Vida del Lazarillo de 
Tórmes, y de presentarse ellos como pudiera un pobre 
lego pelón. De Religione : tomusprimus, auctore Fran- 
cisco Suarez üranatensi , Societatis Jcsu. De Concor- 
diaGratiae,etliberi arbitrüiauctoreLudovico de Moli- 
na, Soc. Jesu. De Controversiis: tom. I, auctore Roberto 
Bellannino, Soc. Jcsu. Y si alguno de estos añade pres- 
bítero, ya le parece que no hay mas que decir. No alabo 
esta moda, ó acaso esta manía ; y por mas que me quieran 
decir que es modestia, juicio, cordura, religiosidad, y 
aun en cierta manera mayor autoridad y gravedad, no 
meló persuadirán cuantos aran y cavan, que parece son 
los oradores mas persuasivos que se han descubierto has- 
ta ahora. Y si no díganme : ¿dejan de ser modestos, cuer- 
dos , religiosos y graves aquellos autores jesuítas (no 
son muchos) que ponen á sus obras títulos magníficos 
y sonorosos, como Theopompus , Ars magna lucis et 
umbrae. Pharus scienliaruin, etc. ; y los otros que no 



8G OBRAS DEL PADRE JOSÉ 

di'jíin do decir si son ú fiiéroii maestros de teología, y 
en dónde, doctores, catedráticos, rectores? Díganme 
mas : ¿ no vemos que liasta los reyes ponen todos sns li- 
tnios, dictados y señoríos en sus reales provisiones, para 
darlas mayor autoridad , y que lo mismo hacen los arzo- 
bispos, obispos, provisores yciiantos tienen algoqnc po- 
ner, aunque sean títulos in parlibus () del calendario, 
quedan señoría simple sin carga de residencia? Solo 
el Papa se contenta con decir, Bcncdiclus XIV, Servus 
Scrvoruju Dci , y acabóse la comisión ; pero esa es hu- 
mildad de la cabeza de la Iglesia, que no hace conse- 
cuencia páralos demás y no debe traerse á colación. 
Estas últimas razones, aunque tan ridiculas, hacían 
grandísima fuerza á nuestro insigne preceptor ; y pro- 
curaba imprimírselas bien en la memoria á sus miiclia- 
clios, para que supiesen qué libros habían de escoger y 
de estimar. 

C. De los títulos, así de las obras, como de los autores, 
pasaba á las dedicatorias. En primer lugar ponderaba 
mucho la útilísima y urbanísima invención del primero 
que introdujo en el orbe literario este género de obse- 
quios, pues sobre que tal vez un pobre autor que no 
tiene otras rentas que su pluma , gana de comer honra- 
damente por un medio tan lícito y honesto, logra con 
esto la ocasión de alabar ú cuatro amigos y de cortejar 
á media docena de poderosos, los cuales, si no fueren 
en la realidad lo que se dice en las dadicatorias que son, 
alo menos sabrán lo quedebierandeser. En segundo lu- 
gar se irritaba furiosamente contra el autorde las Obser- 
vaciones Halenses, y contra algunos otros pocos de su 
mismo estambre, que, con poco temor de Dios y sin mi- 
ramiento por su alma, dicen con grande satisfacción 
que esto de dedicar libros es especie de petardear, ó á lo 
iué[\o?,(\emcná[Qav:Dedicatiol¿brúrumestspeciesmen- 
dicandi; y aun no sé quién de ellos se adelanta á profe- 
rir que el primer inventor de las dedicatorias fué un 
fraile mendicante, j Blasfemia, malignidad, ignorancia 
supinísima! ¿Pues no sabemos que Cicerón dedicaba 
sus obras á sus parientes y á sus amigos? ¿Y Cicerón fué 
fraile mendicante? ¿No sabemos que Virgiliodedicó, ó á 
lo menos pensó dedicar, su ¿'jieiVa á Augusto? ¿Y fué 
fraile mendicante Publio Virgilio Marón? Finalmente, 
¿no saben hasta los autores malabares , que Horacio de- 
dicó á Mecenas todo cuanto escribió, y que de ahí vino 
el llamarse Mecenas cualquiera á quien se dedica una 
obra, aunque por su alcurnia y por el nombre de pila 
se llame Pedro Fernandez ? ¿ Y no me dirán de qué reli- 
gión fué fraile mendicanteel reverendísimo padre maes- 
tro Fray Quinto Horacio Flacco? Así que, hijos mios, 
este uso de las dedicatorias es antiquísimo y muy loable, 
y no solo le han usado los autores pordioseros y mendi- 
cantes, como dicen estos bufones, sino los papas, los 
emperadores y los reyes, pues vemos que San Gregorio 
el Grande dedicó el libro do sus Morales á San Leandro, 
arzobispo de Sevilla; Cario Magno compuso un tratado 
contra cierto conciliábulo que se celebró en Grecia para 
desterrar las santas imágenes, y le dedicó á su secretario 
Euginardo; y Enrique VIH , rey de Inglaterra, dedicó al 
Papa y á la Iglesia católica, de quien después se separó, 
el libro que escribió en defensa de la fe contra Lotero. 

7. Y, señor dómine, le preguntó uno de los estudian- 
tes, ¿cómo se hacen las dedicatorias? Con la mayor fa- 
cilidad del mundo, respondió el preceptor, diga lo que 



FRANCISCO DE ISLA. 

dijere cierto semi-antorcillo moderno, que se anda tra- 
duciendo libretes ffanreses, y quiere parecer persona, 
solo porque hace con el francés lo que cualquiera media- 
nistilla con el latín; siendo así rjue hasta ahora no hemos 
visto de su pegujal masque ima miserable Aclamación 
del reino de Navarra en la coronación de nuestro rey 
Fernandoel Sexto (á quien Dios inmortalice) : por señas 
que la sacudió bravamente el polvo un papel que salió 
luego contra ella , intitulado : Colirio para los cortos de 
vista; c\ cual, aunque muchísimos dijeron que no tocaba 
á la obrüla en el pelo de la ropa, y que en suma se redu- 
cía á reimprimirla en pedazos, añadiendo á cada trozo 
una buena rociada de desvergüenzas á metralla contra 
el autor y contra los que este alababa; y aimque también 
es verdad que inmediatamente le prohibió la Inquisi- 
ción; pero en fin, el tal papel ponía de vuelta y media, y 
mas negro que su sotana, al susodicho autorcillo. Este 
pues, en cierta dedicatoria que acaba de hacer á un gran 
ministro, nos quiere persuadir, solo porque á él se le an- 
toja, «que no hay en todo el pais de la elocuencia provin- 
cia mas ardua que la de una dedicatoria bien hecha.» 

8. Yo digo que no la hay mas fácil, como se quiera 
tomar el verdadero gusto y el verdadero aire de las de- 
dicatorias; porque lo primero se busca media docena de 
sustantivos y adjetivos sonoros y metafóricos (y si fuere 
una docena tanto mejor), los cuales se lian de poner en 
el frontis del libro, de las conclusiones ó de la estampa 
de papel (porque hasta estas se dedican), antes del nom- 
bre y apellido del Mecenas, que seanapropriadosy ven- 
gan como de molde á su carácter y empleos. Por ejem- 
plo, si la dedicatoria es latina y se dirige á un señor 
obispo, el sobrescrito, la dirección ó el epígrafe, ha de 
ser á este modo: Sapientiae Océano, V irtutumomnium 
A bysso , Charismatum Encyclopaediae , Prudentiae 
Miraculo , Charitatis Portento , Miserationum Thau- 
maturyo, Spiranti Polyantheae, Bibliothecae Deambu- 
lanti, Ecclesiae Tytani, Infularmn Mytrae, Hespcrici£- 
quetot ius fulyentissimo Phosphoro: Iltmo. Dúo. Domino 
meo, D. Fidano de Tal. Si la obra se dedica á una santa 
imagen, como si dijéramos á nuestra Señora de la Sole- 
dad ó de los Dolores, hay mil cosas buenas de que echar 
mano; como: Mari Amaro, Soli Bis-Soli, Orbis Orba- 
taeParenti, Ancillae Liberrimae absque Libero, Theo- 
tocosine filio, Confictaenon ficté , Puerperae , inqnarñ, 
diris mucronihiis confossae sublconico Archytypo de tal 
y tal. Pero si la dedicatoria fuere de algún libro roman- 
cista, y se dirigiere á un militar, aunque no sea mas quo 
cai)itande caballos, entonces se ha de ir por otro rumbo, 
y ante todas cosas se ha de decir : «Al Jérjes español, al 
Alejandro andaluz, al César hético, al Ciro del Genil, al 
Tand)orlan europeo, al Kauli-Kan Cis-Montano, al Marte 
no fabuloso , á Don Fidano de Tal , capitán de caballos 
lijeros, del regimiento de Tal.» Y no encajar el nombre y 
el apellido del Mecenas de topetón, como lo estilan ahora 
los ridículos modernos, diciendo á secas : «A Don Fulano 
de Tal , á mi señora Doña Gitana de Tal , á la excelentí- 
sima señora Duquesade Cual ; » que no parece sino so- 
brescrito de carta que ha de ir por el correo. 

0. Dedicatoria he visto yo muy ponderada por algu- 
nos ignorantes y boquirubios, dirigida al mismo rey 
de España, la cual solo decía en el frontis : Al Rey; con 
letras gordas iniciales, sin mas principios ni postres, 
caireles ni campanillas. No puedo ponderar cuánto me 



FRAY GERUNDIO DE CAMPAZAS. 



R7 



estomacó, moviéndome una nausea, que aun ahora 
nilsuío me está causando arcadas y bascas. ¡Al Rey! 
¿Pero á qué rey, ninjudero? Pues no sabemos si es á 
alguno de los reyes magos, al rey I'erico ó al rey que 
rabió. ; .1/ /»Vi/.'¿ Puede haber mayor llaneza ? Como si 
dijéramos á Juan Fernandez ó á Perico el de los palotes. 
¡ Al Rey ! Dma , insolente, desvengoirzado y atrevido, 
¿eswaireyde bastosó al de copas»? Nos quieren em- 
bocar los críticos y los cultos que este es mayor respeto, 
mayor veneración y también mas profundo rendimiento, 
como que ningún español puede ni debe entender por 
el nombre antonomáslico de rey á otro que al rey de Es- 
paña, y como que lo mismo debieran entender todas las 
demás naciones, puesto que no hay rey en el mundo 
descubierto que tenga tan dilatados dominios como 
nuestro católico monarca, ni con algunos millares de 
leguas de diferencia. ¡ Bagatelas y mas bagatelas ! Por 
lo mismo era muy puesto en razón que antes de llegar 
á su augusto nombre, se le diera á conocer por lo menos 
con unos cincuenta dictados ó inscripciones alegóricas, 
que fuesen poco á poco conciliando la expectación y el 
asombro, los cuales pudieran ser como si dijéramos de 
esta manera : «Al poderoso emperador de dos mundos; 
al émulo del sol, Febo sublunar en lo que domina, como 
el celeste en lo que alumbra; al archimonarca de la tier- 
ra ;» y después para dar á entender sus reales virtudes 
personales, añadir : «Al depósito real de la clemencia, 
al coronado archivo de la justicia; al sacro augusto te- 
soro de la piedad, al escudo imperial de la religión ; al 
pacífico , al benéfico , al magnético , al magnífico , al 
católico rey de lasEspañas, Fernando el Sexto, pío, feliz, 
siempre augusto, rey de Castilla, de León, de Navarra, 
de Aragón , etc.; » y ir prosiguiendo así hasta el último 
de sus reales dictados. Lo demás es tratar al Rey como 
se pudiera á un hidalgo de polaina, y sacarle tan solo al 
teatro del papel, como si fuera uno de aquellos reyes an- 
tiguos que se andaban por esos campos de Dios pasto- 
reando ovejas, y ellos mismos llevaban los bueyes á be- 
ber en su propria real persona. 

10. Después, tampoco me gusta que se comience á 
hablar con el Rey espetándole un Señor tan tieso como 1 
un garrote, que ya no falta mas sino que añadan un Se- j 
ñor mió, como si fuera carta de oficio de algún ministro ! 
superior á otro subalterno. Nuestros antepasados eran 
hombres mas respetuosos y verdaderamente circuns- 
pectísimos , pues nunca hablaban con el Rey sin que co- 
menzasen de esta manera : «Sacra, católica, real ma- 
jestad, » cosa que llenaba la boca de veneración , y de 
contado se tenia ya hecho un pié majestuoso para un 
romance heroico, al modo de las coplas de Juan de Mena. 
Heoido decir que esta moda de tratar al Rey llamándole 
Señor á secas , nos la han pegado también los franceses, 
como otras mil y quinientas cosas mas, por cuanto ellos, 
cuando hablan con su rey cristianísimo, le encajan un 
Sire , inpuris naturalibus; y vamos adelante. ¡Válgate 
Dios por franceses, y qué contagiosos que sois! ¿Con 
que si á ellos se les antojara llamar Sirena á la Reina, 
también nosotros se lo llamaríamos corrientemente á la 
nuestra? ¡Y cierto que quedaría su Majestad nmy lison- 
jeada ! Ellos tratan de Madama á la suya ; y en verdad, 
que si á algún español se le antojara tratar así á la Reina 
nuestra señora, no le arrendaría yo la ganancia; salvo 
que fuese por ahí algún lego ó algún donado de estos que 



son santos y simples adredemente ; que esos tienen li- 
cencia para tutear al mismo Papa , pues ahí está totla l;i 
gracia de su santidad. Portanto, hijos míos, lo dicho di- 
cho, y tomad bien de memoria estas importantísimas 
lecciones. 

11. Nimca imprimáis cosa alguna , aunque sean unos 
tristes Quodlibetos, sin vuestra dedicatoria al canto, que 
en eso no vais á perder nada, y de contado mal será que 
no ahorréis por lo menos el costo de la impresión ; pues 
no todos los Mecenas han de ser como aquel conchudo 
pa|)a (Dios me lo perdone) León X, á quien un famoso 
alquimista dedicó un importantísimo libro, en que, como 
él mismo aseguraba, se conteníanlos mas recónditos 
arcanos de la crisopeya , esto es , un modo facilísimo de 
convertir en oro lodo el hierro y todos los metales del 
mundo; y el bueno del pontífice (perdónelo Dios) por 
lodo agradecimiento le regaló con un carro de talegos, 
para que recogiese en ellos el oro que pensaba hacer : 
cosa de que se rieron mucho los mal intencionados; pero 
loseruditosy verdaderamente literatos la tuvieron por 
mezquindad y la lloraron con lágrinias de indignación. 
Resuelta vuestra dedicatoria, atacadla bien de epígrafes 
alegóricos, simbólicos y altisonantes; y si fuere á alguna 
persona real, cuidado con tratarla como es razón, y que 
no salga en público sin su compañía de guardias de 
corps y sin su guardia de alabarderos, esto es, de epí- 
tetos bien galoneados y bien montados, precedidos de 
epígrafes á mostachos, que vayan abriendo calle. 

12. Y aunque ya va un poco larga la lección, por con- 
cluir en ella todo lo que toca á lo sustancial de las de- 
dicatorias, quiero instruiros en otros dos puntos quo 
son de la mayor importancia. Autores latinos hay tan 
romancistas, que cuando llegan á poner los verdade- 
ros títulos que tienen los siigetos á quienes dedican sus 
obras, como duque de Tal, conde de Tal, marques de Tal, 
señor de Tal, consejero de Tal, etc., los ponen en un 
latin tan llano , tan natural y tan ramplón, que le enten- 
derá una demandadera aunque no se^ia leer ni escribir, 
solo con oirle, pues dicen muy bien ala pata llana: Duci 
de Medinaceli; Comiti de Altamira ; Marchioni de As- 
torga; Domino de los Cameros; Consiliario Regio , etc» 
¡ Cosa ridicula ! Para eso mas valiera decirlo como pu- 
diera un maragato. Cuánto riías culto y mas latino será 
decir : Coelico-Metimnensi ; Doctori- Sairapae ; A Co- 
mitiis de Cacuminato-conspeclu ; Uoeniam Asturtcen- 
sum á Markis; Lecti-Fabroriim Dynastae; á Penetrali- 
busRegiis?Yú no lo entendieren los lectores, queapren- 
dan otro oficio; porque esa no es culpa del autor, el cual, 
cuando se pone á escribir en latín, no ha de gastar uu 
latin que le entienda cualquiera reminimista. 

1 3. Otra cosa es cuando los títulos no son verdaderos 
y reales, sino puramente simbólicos ó alegóricos, inven- 
tados por el ingenio del autor; que entonces, para (¡uese 
penetre bien toda la gracia y toda la oportunidad de la 
invención, conviene mucho ponerlos llana y sencilla- 
mente. Explicaréu'ie con un ejemplo. El año de 170 í' 
cierto autor alemnn publicó una obra latina inlitnhuhi : 
Geographia Sacra , sen Ecdesiaslica; Geografía sagra- 
da ó eclesiástica. Dedicóla á los « tres únicos soberanos, 
principes hereditarios» en ol cielo y en la tierra : Tribus 
summ í.s, atque unicis rrinvipibus haeredilariis in Cuelo 
clin térra; estoes, á Jesucristo, á Federico Augusto, 
príncipe electoral deSajouia, y á Mauricio Guillermo, 



88 OBRAS DEL PADRE JOSÉ 

príncipe licredilano de las provincias de Saxe-Ccitz: 
Christo, nempp, Friderico Aufiusto, Principi Electo- 
rali Saxoniae , ct Mauritio Wtlhrlmo, Pruoinciuruvi 
Saxo-Cizensium hacrcdi.\ Cosa ^'raiidc! Pero aun toda- 
vía la iiabeis do oir muclioiriayor. ¿Y qiió titiilos inventa- 
da niicsti o incomparable autor para ex¡)licar los estados 
de que era príncipe lieredilario Jesucristo? Atención, hi- 
jos inios, que acaso no leeréis en toda vnestra vida cosa 
mas divina; y lo que es yo, si fuera el inventor de ella, 
lio me trocaría por Aristóteles ni por Platón. 

14. Llama pues á Jesucristo en latin claro y sencillo, 
como era razón que le usase en esta importante oca- 
sión : Jmperator coronatiiscoelestium Exerciluum; elec- 
tas Rex Sionis, semper Augustus ; Christianae Eccle- 
siac Poníifex Max i mus , et Archi-Episcupus Anima- 
Tuní; Elector Veritatis,Archi-Dux Gloriac ; J)ux Vitae; 
Princeps Pacis ; Eques Portas inferni ; Trimnphator 
Mortis ; Dominus haereditarius Gentium ; Dominus 
Justitiae, et Patris Coelestis á Sanctioribiis Consi- 
liis,e\.c. etc. etc. Quiere decir, porque es importan- 
tísimo que ninguno se quede sin entenderlo : Es Cristo 
« coronado emperador de los ejércitos celestiales ; electo 
rey de Sion, siempre augusto; pontífice máximo de la 
Iglesia cristiana; arzobispo de las almas; elector de ia 
verdad, archiduque de la gloria; duque de la vida; 
príncipe de la paz; caballero de la puerta del infierno ; 
triunfador de la muerte; señor hereditarío de las gen- 
tes; señor de la justicia, y del consejo de Estado y ga- 
binete del Rey su Padre celestial». Y añadió el autor 
uiuy oportunamente tres et caeteras, paradaráentender 
que todavía le quedaban entre los deditos otros muchos 
títulos y dictados, y que de aquí á mañana los estaría 
escríbiendo,sino bastaran los dichos, para que se cono- 
ciese los que podía añadir. Muchachos, encomendad 
esto á la memoria ; aprendedlo bien ; tenedlo siempre 
en la uña; que se os ofrecerán mil ocasiones en que os 
pueda servir de modelo para acreditaros vosotros y para 
acreditarme á mí. 

13. Falta decir dos palabritas sobre el cuerpo y el 
alma de las dedicatorias. Supónese que el latin siempre 
La de ser de boato, altísono, enrevesado é inconstruible, 
ni mas ni menos como el latin de una insigne dedicato- 
ria que años há me dio á construir el padre de Gerundio 
de Cam pazas, o/ta5 Zotes, y en verdad que se la cons- 
truí sin errar un punto á presencia de todo el arcipres- 
tazgo de San Millan , en la romería del Crísto de Villa- 
quejida. Supónese también que á cualquiera á quien se 
le dedica una obra , sea quien fuere , se le ha de entron- 
car por aquí ó por allí con el rey Vandja, ó á lo menos 
menos con Don Veremundo el Diácono, sea por línea 
recta ó por linea transversal ; que eso hace poco al caso 
y es negocio de cortísimo trabajo; pues ahí está Jacobo 
Guillermo Imlioff, dinamarqués ó sueco (que ahora no 
me acuerdo), famoso genealogisla de las casas ilustres 
de España y de Italia , que á cualq\iiera le emparentará 
con quien le venga mas á cuento. Sobre este supuesto, 
ya se sabe que la entrada de toda dedicatoria ha de ser 
siempre exponiendo la causa impulsiva que dejó sin li- 
bertad al autorparaempreliender aquella osadía, la cual 
causa nunca jamas ha de ser otra que la de buscar un 
poderoso protector contra la emulación, un escudo con- 
tra la malignidad, una sombra contra los abrasados 
ardores de la envidia , asegurando á rostro firme ijue con 



FRANCISCO DE ISLA. 

tal .Mecenas no teme ni á los Aristarcos ni á los Zoilos, 
juies, ó acobardados no osarán sacar las cabezas de sus 
madrigueras y escondrijos, ó si tuvieren atrevimiento 
para hacerlo, serán Icaros de su temeridad, derretidas sus 
alasdeceraá losencendidoscentelleantesrayosde tan fo- 
goso resplandeciente padrino. Porque si bien es verdad 
qneaunqiie un libro se dedique al Santísimo Sacramento, 
si él es malo, hay hombres tan insolentes y tan mordaces 
que, adorando al divino ol)jeto de la dedicatoria, hacen 
añicos al libro, y tal vez á la misma dedicatoria no la de- 
jan hueso sano; y mas de dos libros de á folio he visto 
yo recogidos por la Inquisición, con estar dedicados a 
reyes , á emperadores y aun al mismo Papa , sin que los 
Mecenas hagan duelo de eso ni se les dé un ardite , no 
hallándose noticia en la historia de que jamas haya lia- 
bidognerras entre los príncipes cristianos por la defensa 
de un libro que se les haya dedicado, siendo así que 
muchas veces las ha habido por quítame allá esas pajas: 
digo que aunque todo esto sea así (por justos juicios de 
Dios y por los pecados del mimdo), en todo caso siem- 
pre debemos atenernos á aquel refrán que dice : «(>uien 
á buen árbol se arrima, buena sombra le acobija ;» y de 
una manera ó de otra, es indispensable de toda indis- 
pensabilidad que toda dedicatoria bien hecha se abra 
por este tan oportuno como delicado y verdadero pen- 
samiento. 

CAPITULO IX. 
En que se da razón del justo motivo que tuvo nuestro GcruniHo 
l)ara no salir todavía de la gramática, como lo prometió el ca- 
pitulo pasado. 

Admiíado estará sin duda el curioso lector de que 
habiéndose dicho en el capítulo antecedente cómo salia 
en él de la gramática el ingenioso y aplicado Gerundico, 
todavía le dejemos en ella oyendo con atención las acer- 
tadas lecciones de su doctísimo preceptor contra la fe 
de la historia, ó á lo menos contra la inviolable fidelidad 
de nuestra honrada palabra. Pero si quisiere tener un 
poco de paciencia y prestar oídos benignos á nuestras 
poderosísimas razones, puede ser que se arrepienta de 
la temeridad y de la precipitación con que ya en lo inte- 
rior de su corazón nos ha condenado sin oírnos. 

2. Lo primero es una intolerable esclavitud, por no 
llamaría ridicula servidumbre, esto de querer obligar á 
un pobre autor á que cumpla lo que promete, no solo en 
el título de un capítulo, sino en el título de un libro. 
¿Qué escritura de obligación hace el autor con el lector 
para obligarle ú eso, ni en juicio ni fuera de él? Y así 
vemos que autores que no son ranas, ponen á sus libros 
los títulos que se les antoja , aunque nunca tengan pa- 
rentesco con lo que se trata en ellos, y ninguno los ha 
hablado palabra ni por eso han perdido casamiento. 
Verbi-gracia, al leer el título de Margarita Antoniana, 
ó de Antoniana Margarita, con que bautizó su obra el 
famosísimo español Gómez Poreira, que fué el verda- 
dero patriarca de los Descartes , de los Newtoncs , de los 
Royles y de los Lebnitzes, ¿quién no creerá que va á re- 
galarnos con algim curiosísimo tratado sobre aquella 
margarita ó aquella perla que valia no sé cuántos millo- 
nes, con la cual, desatada en vino ó en agua (que esto 
aun no está bien averiguado), brindó Cleopatra á la sa- 
lud de su Antonio, ó se la dio á este de colación en un 
día de ayuno ; que de una y otra manera nos lo cuentan 
las historias? Pues no, señor, no es nada de eso. La An- 



FRAY GERUNDIO 

tuniana Margarita no es mas qiio un ilelicadísiino tra- 
tado de lilüsoria para piubarque los brutos no tienen 
alma sensitiva, y para citar á juicio, con esta ocasión, 
otras niudias opiniones de Aristóteles, que por larga 
serie de siglos estaban en la quieta y pacílica posesión 
de ser veneradas en las escuelas, no solo como opinio- 
nes de tal autor, sino como principios indisputables, 
que solo el dudar de ellos sería especie de herética pra- 
vedad ; y no obstante, aquel travieso, sutil y litigioso ga- 
llego se atrevió á ponerles á i»leito la propriedad , ya que 
no pudiese litigarlos la posesión. ¿Pero por qué puso á 
su obra un titulo tan distante del asunto? ¿Por qué? Por 
una razón igualmente fuerte que piadosa, y que ninguno 
se la impugnará ; porque su padre se llamaba Antonio y 
su madre Margarita ; y ya que no se hallaba con caudal 
para fundar un aniversario por sus almas , quiso á lo me- 
nos dejar fundada esta agradecida memoria. Pues que 
se me vengan ahora á hacerme cargo de que no cumplo 
lo que ofrezco en mis capítulos. 

3. Amen de eso, por grave que sea el capítulo de un 
libro, ¿lo será nunca tanto como el capítulo de una reli- 
gión? Y no obstante, ¿cuántas veces vemos que nada de 
lo que se decía al principio del capítulo sale después al 
Cnde él? ¿Y qué capítulo se ha declarado hasta ahora 
nulo precisamente por este motivo? Finalmente, si un 
pobre autor comienza á escribir un capítulo con buena 
y sana intención de sacarle moderado y de justa medida 
y proporción , y de cumplir honradamente lo que pro- 
metió al principio de él, y después se atraviesan otras 
mucosas que antes no le habían pasado por el pensa- 
miento, y le da gran lástima dejarlas, ¿es posible que no 
se le ha de hacer esta gracia, ni disimularle esta flaque- 
za, siendo así que á cada paso vemos en las conversacio- 
nes atravesarse especies que interrumpen el hilo del 
asunto principal por una y por dos horas, y no por eso 
se hacen aspamientos, antes bien se llevan en paciencia 
las adversidades y flaquezas de nuestros prójimos ; y va- 
mos adelante? ¿Pues por qué no se usará la misma cari- 
dad y se ejercitará la misma obra de misericordia con 
los autores y con los libros? Fuera de que, ¿no sería 
gran lástima que solo por cumplir con lo que prometió 
el capítulo inconsideradamente, sacásemos á nuestro 
Gerundio de la gramática antes de tiempo, y sin haber 
oído otras lecciones no menos curiosas que necesarias, 
con que enriquecía á sus discípulos el pedantísimo 
maestro? 

4. Decíales pues que en sus composiciones latinas, 
fuesen de la especie que se fuesen, se guardasen bien 
de imitar el estilo de Cicerón ni alguno de aquellos otros 
estilos, á la verdad proprios , castizos, perspicuos y ele- 
gantes; pero por otra parte tan claros y tan naturales, 
que cualquiera lector, por boto que fuese , comprehen- 
dia luego á la primera ojeada lo que le querían decir. 
Esto por varias razones, todas á cual mas poderosas : la 
primera, porque hasta en las sagradas letras se alaba 
mucho á aquel no rnéuos valeroso que discreto héroe 
que trataba las ciencias maguiíicamente : 3ía(jtii[¡ce etc- 
nim scientiam tractabal; Y ciertamente nadase puede 
tratar con magnificencia cuando se usa de voces obvias, 
triviales y comunes, aunque sean muy proprias y muy 
puras. La segunda, porque si no se procura tener atada 
la atención de los lectores y de los oyentes con la oscu- 
ridad, ó á lo menos con que no este á primer folio la in- 



DE CAMPAZAS. 



89 



teligencia de la frase , enseña la experiencia que unos 
roncan y otros piensan en las babias, por cuanto es muy 
volátil la imaginaí^ion de los mortales. La tercera, por- 
que mientras el lector anda revolviendo calepinos, vo- 
cabularios y lexicones para entender una voz, se le queda 
después mas impreso su signilicado, y á vueltas de él la 
doctrina y el pensamiento del autor. La cuarta y mas po- 
derosa de todas, para que sepan esos extranjerillos que 
notan el latin de los españoles de despeluzado, incurioso 
ó desgreñado, que también acá sabemos escribir á la 
papillota, y sacaruu latin con tantos bucles como si se 
íiubicra peinado en la calle de San Honorato de París; 
lo que no es posible que sea mientras no se ande á caza 
de frases escogidas , crespas y naturalmente ensorti- 
jadas. 

H. Ahí tenéis al inglesó al escoces Juan Barclayo (que 
yo no tengo ahora empeño en que fuese de Londres ó de 
Edimburgo), el cual no dirá exhortatio, aunque le que- 
men , s'mo paraenesis , que significa lo mismo, pero un 
poco mas en griego ; ni obedire, por obedecer, que lo 
dice cualquiera lego, sino decedere, que, sobre tener me- 
jor sonido, es de signilicado mas abstruso, por lo mismo 
que es equívoco. Llamar Prologus al prólogo, ¿qué lego 
no entenderá ese latin? Llamarle P?'ooemáí??i, suena á 
zaguán de lógica; Praefatio parece cosa de misal, y 
luego ofrece á la imaginación la idea del canto grego- 
riano ; llámese^//ogwá¡?u, Ante-loquiwn, Pracloquium, 
Pracloquutio , y dejadlo de mi cuenta. Al estilo doctri- 
nal llámesele siempre en latin Stilus didascaUcus,Y 
caiga quien cayere : cuando se quiera notar á algún au- 
tor latino, aunque sea de los mas famosos, de que aun 
no ha cogido bien el aire de la lengua romana, y que 
hasta en ella se descubre el proprio cíe la suya nacional, 
dígase, á Dios te la depare buena , redolet Patavinüa- 
>tem; porque, si bien es así que todavía no han conve- 
nido los gramáticos en el verdadero significado de esta 
voz, cualquiera que la usa queda ipso /l/cío calificado 
de un latino que se pierde de vista, elegante, culto y 
terso. Sobre todo os encargo mucho que ni á mí ni á al- 
gún otro preceptor, maestro ó doctor, apellidéis jamas 
con los vulgarísi mos nombres de Doc/or, i'l/í7í//sft'r, Prae- 
ceptor. ¡Jesús, qué parvulez y qué patanismo! A cual- 
quiera que enseñe alguna facultad, llamadle siempre 
Mystagogus ; porque , aunque es cierto que no viene ú 
propósito, aun el mismo que lo conoce os lo agradecerá, 
por ser voz que presenta una idea misteriosa y extraor- 
dinaria. La mejor advertencia se me olvidaba : es de la 
mayor importancia : cuando leáis alguna obra latina de 
las que « están mas en boga » ( Irase que me cae muy en 
gracia ) , decir de cuando en cuando : Ilic est Trasonis- 
mus; este es Trasonismo; y no os dé cuidado que vos- 
otros ni los que os oyeren entendáis bien lo que en eso 
queréis decir; porque yo os empeño mi palabra de que 
los dejaréis aturrullados y arqueando los ojos de admi- 
ración. Con esto y con hacer grande estudio en no escri- 
bir jamas trabados los diptongos do a y e ni de o y c, 
como lo han hecho hasta aquí muchos latinos honrados, 
sino con sus letras separadas, escribiendo, verbi-gracia, 
fcminae en lugar de femince, y Phoebus en vez de Phcc- 
bus ; con no contar las datas por los días del mes, sino 
por las kalendas, los idus y las nonas; con guardaros 
mucho de no llamar á los meses de julio y agosto con sus 
nombres sabidos y regulares, sino con los de Quintilis]' 



90 



OHRAS DEL PADRE JOSÉ FRANCISCO DE ISLA. 



Sextilis, comose llamaban in diebus ilHs ; y finalmente, 
con desterrar los mimcros arábi^'os de todas vuestras 
composiciones latinas, asando siempre de las letras ro- 
manas en vez de números, y esas dibiljadas á la antigua; 
verbi-gracia, para poner fl»«omi7/('simosí>/)<mí/<'n<esímo 
quinquagcsimo quario ,iwo da mil setecientos y cincuen- 
ta y cuatro, no poner, como pudiera un contadero un co- 
merciante, a/i?io i 7b i; sino an. ci3.dcc.liv; digo, hijos 
mios, que con solo esto podéis echar piernas de iatin 
por todo el mundo; ct percam ego, nisi cultissiini om- 
nium latinissimorum hominum aurlierüis. 

6. Muy atento estaba nuestro Gennidio á las lecciones 
del dómine, oyéndolas con singular complacencia; por- 
que como tenia bastante viveza, las comprebendia lue- 
go; y por otra parte, como eran tan conformes al gusto 
extravagante con que hasta allí le habían criado, le cua- 
draban maravillosamente. Pero, como viú que el dómine 
inculcaba tanto en que el Iatin fuese siempre crespo y 
todo lo mas oscuro que fuese posible ; y por otra parte, 
en fuerza de la inclinación que desde niño liabia mos- 
trado á predicar, su padrino el licenciado Quijano le ha- 
bía enviado los cuatro tomos de sermones del famoso 
Juan Raulin, doctor parisiense, que murió en el año 
de 1514, los cuales, por ser de un Iatin muy llano, muy 
chabacano y casi macarrónico, los entendía perfecta- 
mente Gerundíco; dijo al dómine, muy desconsolado, 
liablándole en latín, porque había pena para los que en 
el aula hablasen en romance : Domine, sccundum ipsum, 
quídam sermones latini, quos ego habco in pausatione 
mea, non valebunt nihil, quia sunt plañí, et clarí sicut 
aqita ; Pues, señor, según eso, unos sermones latinos 
que yo tengo en mi posada no valdrán nada, porque son 
llanos y claros como el agua. Quisunt hi sermones? le 
preguntó el dómine : ¿Qué sermones son esos? Sunt 
cujusdam praedicatoris, respondió el chico, quivocatur , 
Joannes de... non me recordar, quia habet apellitum 
mulium enrebesatum : Son de un predicador que se lla- 
ma Juan de... no me acuerdo, porque tiene un apellido 
muy enrevesado. De quoagunt? le volvió á preguntar 
el dómine : ¿de qué tratan? Domine, respondió el mu- 
chacho, de multis rebus quae faciunt ridere. Señor, de 
muchas cosas que hacen reír. Anda, vé y tráelos, le dijo 
•el preceptor, y veremos qué cosa son ellos y qué cosa 
es el latín. 

7. Partió volando el obediente Gerundio, trajo los ser- 
mones, abrió el dómine un tomo, y encontróse con el 
sermón 3, de Viduitate, donde leyó en voz alta este ad- 
mirable pasaje. 

8. Dicitur de quadam vidua, quód venit ad Curatum 
suum, quaerens ab eo consiíium si deberet iterum ma- 
ritari , et allegabat quód erat sine adjutorio, et quód 
habebat servum optimum, et perilum in arte maritisui. 
Tune Ciiratus dixit ; Bené, accipite eum. E contrario 
illa dtcebat : Sed periculum est accipcre illum, ne de 
servo meo faciam Dominum. Tune Curatus dixit : Be- 
né, noliteeum accipcre. Ait illa : Quomodo ergo faciam? 
Non possum sustincre pondus illud quod sustinebat 
maritus meus, nisi iinumhabeam. Tune Curatus dixit: 
Bené, habcatis eum. At illa : Sed si malas esset, et vellet 
me dispcrdere, ct usurpare? Tune Curatus : Non accipia- 
tis ergo eum. Et sic Curatus scmper juxtá argumenta 
sua, concedebat ei. Vidcns autcm Curatus quia vellet 
íllum habere, ti haberc devolionem ad eum, dixit ei, ut 



bené distincté intelligeret quidcampanae Ecclesiac ei di- 
cerent, et secundúm consiíium campanarum, quod ipsa 
faceret. Campanis autem pulsantibus intellexit , juxta 
voluntatem suam quod diccrcnt : Prends ton valet, 
prends ton valet. Quoacceplo, servus egregié verbera- 
bit eam, ct fuit ancilla quae prius fuerat domina. Tune 
ad Curatum suum conquesta est de consilio, maledicen- 
do lioram quá crediderat ei. Cui Ule : Non satis audisli 
quiddicant campanac. Tune Curatus pulsavic campa- 
nam, et tune intellexit quod campanae dicebant ; Ne le 
prends pas, ne le prends pas. Tune enim vexalio dederat 
ei intellectum. 

9. No obstante la seriedad innata y congénita del gra- 
vísimo preceptor, afirma un autor coetáneo, síncrono y 
fidedigno, que al acabar de leer este gracioso trozo de 
sermón, no pudo contener la risa; y para que le enten- 
diesen hasta los niños que habían comenzado aquel año 
la gramática, mandó á Gerundio que le construyese. Este 
dijo que de puro leerle se le había quedado en la cabeza, 
y que sin construirle , si quería su merced , le relataría 
todo seguidamente, y aun le predicaría como sí fuera 
mesmameutc el mismo predicador. Parecióle bien la 
proposición, hizo silencio, dando sobre la mesa tres gol- 
pes con la palma : plantóse Gerundio con gentil donaire 
en medio del general ; limpióse los mocos con la punta 
de la capa; hizo la cortesía con el sombrero á todos los 
condiscípulos, y una reverencia con el pié derecho, á 
modo de quien escarba ; volvió á encasquetarse el som- 
brero, gargajeó y comenzó á predicar de esta manera, 
siguiendo punto por punto el sermón de Juan Raulin : 

10. «Cuéntase de cierta viuda, que fué á casa de su 
cura á pedirle consejo sobre si se volvería á casar ; por- 
que decía que no podía estar sin alguno que la ayudase, 
y que tenía uncríado muy bueno, y muy inteligente en el 
oficio de su marido. Entonces la dijo el cura : Bien, pues 
cásate con él. Mas ella le decía : Pero está á pique, si me 
caso con él, que se suba á mayores, y que de criado se 
baga amo mío. Entonces el cura la dijo : Bien, pues no 
te cases tal. Pero ella le replicó : No sé que me haga ; 
porque yo no puedo llevar sola todo el trabajo que tenia 
mi marido, y lie menester un compañero que me ayude 
á llevarle. Entonces la dijo el cura : Bien, pues cásale 
con ese mozo. Mas ella le volvióárepücar : ¿Y sísale ma- 
lo, y quiere tratarme mal y desperdiciar mi hacienda.? 
Entonces el cura la dijo : Bien, pues no te cases. Yasí la 
iba respondiendo siempre el cura, según las proposicio- 
nes y las réplicas que la viuda le bacía. Pero al íin, co- 
nociendo el cura que la viuda en realidad tenía gana de 
casarse con aquel mozo, porque le tenia pasión, díjola 
que atendiese bien lo que la dijesen las campanas de la 
iglesia, y que hiciese según ellas la aconsejasen. Toca- 
ron las campanas, y á ella le pareció que la decían, según 
lo que tenía en su corazón : Cá-sa-te-con-cl, cá-sa-te- 
con-cl. Casóse, y el marido la azotó y la dio de palos tan 
lindamente, pasando á ser esclava la que antes era ama. 
Entonces la viuda se fué al cura, quejándose del con- 
sejo que la habia dado, y echando mil maldiciones á 
la hora en que le habia creído. Entonces el cura la 
dijo : Sin duda que no oíste bien lo que decían las 
campanas. Tocólas el cura, y á la viuda le pareció enton- 
ces que decían clara y distintamente : No-te-cases-tal, 
7io-te-cases-tal ; porque con la pena se habia hcclio 
cuerda.» 



FllAY GKHUNDIO DE CAMPAZAS. 



91 



1 1 . Aplaudió mucho el dómine lo bien que (lerundio 
iiabia entendido el cuento del predicador, y la {gracia 
con que le liabia recitado, conociendo que sin duda ha- 
bla de tener mucho talento para predicar ; los condiscí- 
pulos también le vitorearon , y rieron mucho el cuento. 
Pero el preceptor, volviendo á tomar la palabra, hizo 
algunas retlexiones serias yjuiciosas, acabando con otras 
que no podian ser mas ridiculas. Por lo que toca al latin, 
dijo á sus discípulos, es muy chabacano, y aun los mis- 
mos que gustan de latin claro y corriente, no le aproba- 
rán; porque ese no tanto es claro y natural, cuanto apa- 
tanado y soez; en lo cual tenia muchísima razón. Pero 
liabeis de notar una cosa, y es, la poca razón que tienen 
algunos señores franceses para hacer mucha burla del 
latín de los españoles, tratándonos de bárbaros en punto 
de latinidad, y diciendo que siempre hemos hablado esta 
lengua como pudieran hablarla los godos y los ván- 
dalos. Esto, porque hubo tal cual autor nuestro que 
realmente escribió en un latin charro y guedejudo, ó 
como latín de boticario y sacristán. Ea , mousiures, dé- 
monos todos por buenos; que si acá tuvimos nuestros 
Garcías, nuestros Cruces y nuestros Pedros Fernandez, 
también ustedes tuvieron sus Raulínes, sus Maillardos, 
sus Barletas, sus Menotos; y en verdad, que su autor de 
ustedes, el célebre Monsieur Du Cange, en el vocabula- 
rio que compuso de la Baja latinidad, la mayor parte 
de los ejemplos que trae no los fué á buscar fuera de 
casa. Y de camino adviertan ustedes que cuando allá en 
su París se usaba un latin tan elegante como el del Doc- 
tor Juan Uaulín, acá teníamos, dentro de aquel mismo 
siglo, á los Montanos, á los Brocenses, á los Pereíras, á 
los Leones y á otros muchos que pudieran escupir en 
corro, y hablar barba á barba con losTuliosy con los 
Lívios, que ustedes alaban tanto, aunque no sean de mi 
parroquia ni de mi mayor devoción. 

12. Esto en cuanto al latin, dijo el dómine; mas por 
lo que mira á la sustancia del sermón, continuó can- 
sándose de hablar enjuicio, ó dejándose llevar de su 
estrafalario modo de concebir ; por lo que mira á la sus- 
tancia del sermón, aunque de este predicador no he 
leído mas que este trozo, desde luego digo que fué uno 
de los mayores predicadores que ha habido en el mun- 
do, y me iría yo hasta el cabo de él solo por oírle. A mí 
me gustan tanto en los sermones estos cuentecitos, estas 
gracias y estos chistes, que sermón en que el auditorio 
no se ria por lo menos medía docena de veces á carca- 
jada tendida, no daría yo cuatro cuartos por él, y luego 
me da gana de dormir. Yo creía que esta era una gracia 
privativa de algunos famosos predicadores españoles, y 
que en otras partes no se estilaba este modo de predicar 
y de divertir á la gente; pero ahora veo que todo el 
mundo es país; y aunque por una parte siento que no 
tengan la gloria de ser los únicos en esto algunos de 
nuestros célebres oradores, por otra no me pesa que tam- 
bién participen de ella otras naciones; porque lo demás 
sería envidia y una especie de viciosa ambición. No echó 
esta lección en saco roto nuestro Gerundíco; porque 
como desde niño había mostrado tanta inclinación á pre- 
dicar, oía con especial gusto y atención todo cuanto po- 
día hacerle famoso por este camino ; y desde luego pro- 
puso en su corazón que si algún día llegaba á ser pre- 
dicador, no predicaría sermón, fuese el que se fuese, 
que no le atestase bien de chistes y de cuentecillos. 



13. Finalmente, el bueno del dómine instruía á sus 
discípulos en todas las demás partes de que se compone 
la perfecta latinidad , ó el perfecto uso de la lengua la- 
tina , con el mismo gusto , ni n)as ni menos , con (jue les 
liabia instruido en el estilo. Decíales que la retórica no 
era «arte de persuadir», sino «arte de hablar»; y que 
eso de andar buscando razones sólidas y argumentos 
concluyentes para probar una cosa y para convencer al 
entendimiento, era una mecánica buena para los lógi- 
cos y para los matemáticos, (|ue se andaban á caza de 
demostraciones como á caza de gangas; que el perfecto 
retórico era aquel que le atacaba y le convencía con 
cuatro fruslerías; y que para eso se habían ínvenlado las 
figuras, las cuales eran inútiles para dar peso á lo que 
de suyo le tenía, y que toda su gracia consistía en alu- 
cinar á la razón, haciéndola creer que el vidrio era dia- 
mante, y oro el oropel. Enseñábales que no gastasen 
tiempo ni se quebrasen la cabeza en aprender lo que es 
introducción, proposición, división, prueba, conlirma- 
cion, aumento, epílogo, peroración ni exhortación; por- 
que eran cuentos de viejas, invenciones de modernos, 
y querer componer una oración latina con la misma 
simetría con que se fabrica una casa. No les disimulaba 
que Aristóteles, Demóstenes, Cicerón, Longíno y Quin- 
tiliano habían enseñado que esto era indispensable, no 
solo para que una oración fuese perfecta, sino para que 
mereciese el nombre de oración; pero añadía que esos 
habían sido unos pobres hombres, y porque ellos nunca 
habían sabido hablar en público de otra manera , dádole 
ha que habían de hablar asi todos los que habían do 
hablar bien. Prueba clara de que no tenían razón, eran 
millares de millares de sermones que andaban por ese 
mundo de Dios, impresos de letra de molde, con todas 
las licencias necesarias y con aprobaciones de hombres 
muy científicos y muy sapientes, los cuales habían sido 
oídos con un aplauso horroroso; y sabiendo todo el gé- 
nero humano que los sermones no son, ó no deberían de 
ser, otra cosa que una artificiosa y bien ordenada compo- 
sición de elocuencia y de retórica, en los susodichos no 
se hallaba pizca de toda esa faramalla y barabúnda de 
introducción, proposición, división, etc.; sino unos 
pensamientos brillantes, saltarines y aparentes, á cual 
mas falso, sembrados por aquí y por allí, conforme se 
le antojaba al predicador, sin convencimiento, persua- 
sión ni calabaza; y con todo eso fueron aplaudidos, co- 
mo piezas de elocuencia inimitables, y se dieron á la 
prensa para que se eternizase su memoria. De todo lo 
cual, legítima y perentoriamente se concluía que la 
verdadera retórica y la verdadera elocuencia no consis- 
tía en nada de eso, sino princípalísimamente en tener 
bien decoradas las figuras retóricas con los nombres 
griegos y retumbantes con que había sido bautizada 
cada una, estando pronto el retórico á dar su propria y 
adecuada definición siempre que fuese legítimamente 
preguntado. Y así, concluía el dómine, dadme acá uno 
que sepa bien quid est Epanorthosis , Ellypsis, Ilyper- 
haton, Parahjpsis , Pleonasmo, Sijnon}jmia , llypoty- 
posis , Epiphonema , Apostrophe, Prolepsis , Upobolia, 
Epitrophe, Periphrasis y Prosopopeya ; y que en cual- 
quiera composición, sea latina sea castellana, use de 
estas figuras conforme se le entejare, vengan ó no ven- 
gan, que yo os le daré mas retórico y mas elocuente que 
cien Cicerones y doscientos Demóstenes, pasados por 



92 



ODRAS DEL PADRE JOSÉ FRANCISCO DE ISLA. 



alambique. Así pues, lodo el empeño del eiiUísimo pre- 
ceptor era que sus niucliaclios supiesen bien de me- 
moria estas bajéatelas; y á los que veia mas instruidos y 
mas expeditos en ellas, los decia lleno de satisfacción y 
de vanidad : «Andad, liijos; que ya podéis cebar piernas 
de retóricos por todos esos estudios de Dios y por to- 
dos esos seminarios de Cristo. » Con efocto, los retóricos 
del dómine Zancas-largas (este era su mole ó su ver- 
dadero apellido) eran muy nombrados por toda la ri- 
bera de Orbigo y por lodo lo que baña el famoso rio 
Tuerto. 

14. Finalmente, las lecciones que les daba sobre la 
poesía latina, última parte de todo lo que les enseñaba, 
eran primas bcrmanas de las otras, pertenecientes á las 
demás partes de la latinidad. Contentábase con bacerlos 
aprender de memoria la prosodia , la cantidad de las sí- 
labas, los nombres griegos de los pies, ilactylo, spon- 
Jeo, yambo, trochaico , pyrrichio, etc. ; a(|uellos que 
explicaban la uniformidad ó la variedad de las estrofas, 
momeólos, monóslrophos, dícolos, dislrophos, tetústro- 
phos , y que decorasen gran número de versos de los 
poetas latinos, única y precisamente para probar con 
ellos la cantidad de las sílabas breves ó largas por su na- 
turaleza; sin advertir que esta regla no es absoluta- 
mente infalible, por cuanto los mejores poetas latinos 
hicieron, no pocas veces, largas las silabas breves, y 
breves las largas, ó usando de la licencia poética, ó tam- 
bién porque, no embargante de ser poetas, eran hom- 
bres, y pudieron descuidarse, puesto que tal vez hasta 
el mismo Homero dormitó. Heclioeslo, como los mu- 
chachos compusiesen versos que constasen, mas que 
fuesen lánguidos, insulsos y chabacanos ; y aunque es- 
tuviesen mas atestados de ripio que pared maestra de 
argamasa, no habia menester mas para coronarlos con 
el laurel de Apolo. Una vez decía en el tema ó en el ro- 
mance para una cuartilla, estas palabras : « Entonces se 
hupo con cuánta razón castigó Dios al mundo con el di- 
luvio, y se fabricó el arca de Noé. » Compúsola en verso 
latino un discípulo de Zancas-largas, y dijo : 

Diltiviumque, Arcamqiie ?l<jc; tiim quii rulione. 

Por solo este admirable verso le díó el dómine dos 
parces y un abrazo, sin poderse contener. En otro tema 
se decia esta sentencia : « Se deben tolerar las cosas que 
lio se pueden mudar; » y un chico la acomodó en este 
bello pentámetro : 

Qme non mulari sunt, toleranda queunt. 

Valióle doce puntos para su banda, y una larde de 
asueto. Mandó componer en una estrofa de versos sáfi- 
cos este breve romance : u Andrés Corbino convidó á 
Pedro Pagano á que el miércoles por la tarde fuese á 
merendar á su casa, porque aquel dia se había de hacer 
en ella la matanza de un cerdo.» Un mucliacbo que pa- 
saba por ingenio milagroso, le llevó el dia siguiente la 
siguiente estrofa : 

Domine Pelrc , Domine Pagane, 
Corbius rogal, velis, ut Andreas, 
Yespeii qiiarta maclabimus suem , 
Ad se vcnire. 

V6. Faltó poco para que el preceptor se volviese loco 
de contento, y luego incontinenti le declaró emperador 
per[teluo de la banda de Roma : liízolo tomar posesión 
del primer asiento, ó trono imperial; mandó que provi- 
sionalmente fuese laureado con una corona de malvas 



y otras yerbas, por cuanto no bahía otra cosa mas á 
mano en uno que se llamaba huerto, y era un erreñal de 
la casa del dómine, mientras se hacia venir de la mon- 
taña un ramo de laurel ; y ordenó que desde allí ade- 
lante y por todos los siglos venideros, hasta la lindel 
mundo, fuese b:\bido, tenido y reputado por el archi- 
poeta parames (era del Páramo el rayo delmucbacbo), 
para diferenciarle y no confundirle jamas con Camilo 
Cuerno, archí-poeta de la Pulla. 

16. Pararse el dómine á explicar ú sus discípulos en 
qué consistía la alma y el divino furor de la poesía; pe- 
dirle que los hiciese observar el carácter y la diferencia 
de los mejores poetas ; esperar que los enseñase á cono- 
cerlos, á distinguirlos y á calílicarlos; pretender que los 
instruyese en que no se pagasen de atronamientos, ri- 
diculeces y puerilidades, no habia que pensar en eso; 
porque ni él lo sabía, ni él mismo se pagaba de otra 
cosa. Naturalmente se le iba la inclinación á lo peor 
que encontraba en los poetas, como tuviese un poco de 
retumbancia ó algún sonsonetillo ridículo, insulso y 
pueril. Por el primer capítulo elevaba hasta las nu- 
bes aquellas dos bocanadas ó ventosidades poéticas de 
Ovidio : 

Semi-bobemque virum, xcmi-virumque bobem : 
Egciutnm borcam, cgeiidumqiie notum. 

Y decia con grande satisfacción que en este poeta no 
encontraba otra cosa que alabar. Por el segundo , no 
habia para él cosa igual á aquella recanilla tan rídícida 
y tan fría de Cicerón , que para siempre le dejó tildado 
por tan pobre hombre entre los poetas, como máximo 
entre los oradores : 

o fuiianatam nalam , me Consule, Eomam! 

17. Pero nada le asombraba tanto como el divino in- 
genio de aquel poeta oculto, que en solas dos palabras 
compuso un verso exámetro cabal y ajustado á ludas 
las reglas de la prosodia; pero tan escondido, que sin 
revelación apenas se puede conocer que es verso. Por- 
que sin ella, ¿quién dirá que lo es este? 

Conslcrnabiilur Conüuntinopolitanm ? 

Y con todo eso no le falla silaba. Así pues , todo su 
mayor empeño y todo su conato le ponía en enseñar á 
sus muchachos puntualmente todo aquello que en ma- 
teria de poesía debieran ignorar, ó saberlo únicamente 
para abominarlo ó para hacer de ello una solemnísima 
burla, como la hacen cuantos hombres de pelo en pecbo 
merecen bacerse la barba en el Parnaso. Por mal de sus 
pecados habia caído en sus manos cierta obra de un es- 
critor de este siglo, intitulada : De Poesi Germanorum 
symbolica : De la poesía simbólica de los alemanes; en 
la cual se trata y se celebra la prodigiosa variedad de 
tantas especies de versos leoninos, alejandrinos, acrós- 
ticos, cronológicos, jeroglíficos, cancrinos, piramida- 
les, laberínticos, cruciformes, y otras mil baratijas co- 
mo ha inventado aquella nación, por otra parte docta, 
ingeniosa y sesuda ; pero en este particular, de un gusto 
tan extravagante, que ha dado mucho que admirar y 
no poco que reír á las demás naciones, aunque muy 
rara será aquella á quien no la haya pegado este conta- 
gio; bien así como el do las viruelas, que por lo común 
solo se pcganá los niños y á los mucbacbos de poca edad; 
de la misma manera, esta ridiculísima epidemia por lo 
regular solo cunde en poetillas rapaces que aun no tie- 
nen uso de razón poética; y si tal vez inliciona á algún 



FRAY GERUNDIO DE CAMPAZAS. 



03 



adiillo, es mal incurable, ó punto menos que deses- 
perado. 

18. A todas las demás castas de versos prefería Zan- 
cas-largas los que son de la peor castu de todos, esto es, 
los leoninos ó aconsonantados, que luéron, en opinión 
muy probable, los que introdujeron en el inundo poé- 
tico la perversa secta de las rimas ó de los consonantes, 
que con su cola de dragón arrastró tras de sí la tercera 
parte de las estrellas ; quiero decir, que lia sido la per- 
dición de tantos nobles ingenios, los cuales hubieran 
enriquecido á la posteridad con mil divinidades, y por 
estos malditos de consonantes (Dios me lo perdone), fe- 
lizmente ignorados de toda la antigüedad, la dejaron un 
tesoro inagotable de pobrezas, de impropricdades y de 
ripios insufribles. Encaprichado nuestro dómine en su 
mal aconsejada opinión, juraba por los dioses inmorta- 
les que toda la Iliada de Homero, toda la Eneida de 
Virgilio, y toda la Farsalia de Lucano, no vallan aquel 
solo dístico con que Mureto hizo burla de Gambarra, 
poeta antuerpiense, salva empero la suciedad, la he- 
diondez y el mal olor; qne eso no era de cnenta de la 
poesía : 

Credite , veslratum merdosa volumina vatum. 

Non sunl nostraíes tergere digna nates. 

10. Por fin y por postre los instruía en la que él lla- 
maba divina ciencia de los equívocos y de los ana- 
gramas; y de esta última, con especialidad, estaba 
furiosamente enamorado. Un anagrama perfecto, de- 
cía, es arte de artes, ciencia de ciencias, delicadeza 
de delicadezas, elevación de elevaciones; en una pa- 
labra, es e\Lydius hipis, ó la piedra de toque de los 
ingenios castizos, de ley y de quilates. ¿Dónde hay en el 
mundo cosa, verbi-gracia, como llamar bolo al lobo, y 
lobo al bolo, como decir pace al gato, y ra/jeal buey, 
cuando está paciendo? ¿Pues qué si en una oración per- 
fecta se disimula, no menos que en un nombre y un 
par de apellidos, sin faltar ni sobrar sílaba ni letra, co- 
mo por ejemplo, el bello disfraz con que el autor de 
cierto escrito moderno ocultó y salió en público con su 
nombre y aledaños, diciendo en el frontis de la obra : 
Homo impugnat lites, y concluyéndola con anpinguet 
olim, que vale un Potosí, por cuanto es perfectísimo 
anagrama de sus dos apellidos, y una y otra oración 
tienen unos significados propísimos y que se pierden 
de vista? Anagramas hay imperfectos que, con ser así 
que lo son , son de un valor inestimable, y en su misma 
imperfección tienen mas gracia que toda la que se pon- 
dera en las insulseces de Owen y de Marcial. Por ejem- 
plo : ¿el que hizo un anagrama del apellido Osma, y 
dijo Asno, y «sobra una pierna», no merecía por este 
solo dicho que le erigiesen una estatua en el capitolio 
de Minerva ? ¿Y merecería menos el otro, que habiendo 
encontrado en el nombre y apellido de cierto obispo este 
anagrama : «Tú serás cardenal,» pero sobraban dos 1 1 
que no podía acomodar, añadió : «Y sobran dos 1 1 para 
látigos de la posta que ha de traer la noticia?» Desen- 
gañémonos; que esto de los anagramas es cosa divina, 
digan lo que dijeren media docena de bufones que los 
tienen por juego de niños, y que nos quieren decir que 
aquello de Marcial : Turpe est difpciles habere migas, et 
stultus labor est ineptiarum, está bien aplicado á los 
anagramatistas. Y menos fuerza me hace la otra sátira 
del indigesto Adrián de Valois, que, porque él no sabía 



cuál era su anagrama derecho, cantó este bello epifo- 
nema á deum de dere : 

Cijlliaracdus esse qui nequit, sit Aulacdus : 
Anagrammatista , gui Poeta non sperat. 

¡Vítor! y denle un confite por la gracia. Pues yo le 
digoque el que no supiere hacer anagramas, no espere 
ser poeta en losdias de su vida; y el que los hiciere 
buenos, tiene ya andado mas de la mitad del camino 
para ser un poetazo de á folio ; porque si la poesía no es 
mas que un noble trastornamiento de las palabras, los 
anagramas no son otra cosa que un bello trastorna- 
miento de las letras. Y vayase muy enhoramala el otro 
Colletet, ó Coletillo, que dijo con bien poco temor de 
Dios : 

Eso de hacer anagramas 

Y andar trastornando letras. 

Lo hacen solo los que tienen 

Trastornada la cabeza. 

CAPITULO X. 

En que se trata de lo que el mismo dirá. 
Cinco años, cuatro meses, veinte días , tres horas y 
siete minutos gastó nuestro Gerundio en aprender estas 
y otras impertinencias de la misma estofa (según una 
puntualísima leyenda antigua que nos dejó exactameiUe 
apuntados hasta los ápices de la cronología) ; y cargado, á 
entera satisfacción del dómine, de figuras, de reglas, de 
versos, de himnos y de lecciones de breviario, que tam- 
bién hacia construir á sus discípulos y tomarlas de me- 
moria, por ser un admirable prontuario para los exáme- 
nes deórdenes, se restituyó áCampazas un día del mesde 
mayo , que nota el susodicho cronicón había amanecido 
pardo y continuó después lluvioso. Convienen todos los 
gravísimos autores que dejaron escritas las cosas de este 
insigne hombre, en que, siendo así que el dómine era 
grande azotador, y que especialmente en errando un 
muchacho un punto de algún himno, lacantidaddeuna 
silaba, el acoinodo de un anagrama y cosas á este te- 
nor, iba al rincón irremisiblemente, aunque le atestase 
el gorro de /jarees. Con todo eso , nuestro Gerundio era 
tan exacto en todo, y supo guardar tan bien su coleto, 
que en todo el susodicho tiempo que gastó en estudiar 
¿ gramática, no llevó mas que cuatrocientas y diez 
vueltas de azotes, por cuenta ajustada, que apenas 
salen tres cada semana : cosa que admiró á los que te- 
nían noticia del rigor y de la severidad de Zancas-largas. 
No causa menos admiración que en todo el discurso de 
este tiempo no hubiese hecho Gerundio novillos del es- 
tudio, sino doce veces según un autor, ó trece según 
otro, y esassiempre con causas legítimas y urgentes ; por- 
que una los hizo por ir á ver unos toros á la Beñaza, otra 
por ir ala romería del Cristo de Villaquejida, otras dos 
por irá cazar pájaros con liga á una zarza, junto á una 
fiienteque había tres leguasdellugardondeestudiaba; y 
así de todas las demás, lo que acredita bien su aplicación 
y el grandeamorque teuiaal estudio. También aseguran 
los mismos autores, que en todo él no había mucliacho 
mas quieto ni mas pacífico. Jamas se reconocieron en él 
otros enredos ni otras travesuras que el gustazo que te- 
nia en echar galas á los nuevos que iban ásu posada, 
esto es, que después de acostados, los dejaba dormir, y 
haciendo de un bramante un lazo corredizo , le echaba 
con grandísima suavidad al dedo pidgar del pié derecho 
ó izquierdo del que estaba dormido ; después se retiraba 



94 



OBRAS DEL PADRE JOSÉ FRANCISCO DE ISLA: 



él á su cama con el mayor disimulo, y tirando pocoá 
poco del bramante, conforme se iba estrechando el lazo 
iba el dolor dispertando al paciente, y este iba chillando 
á proporción que el dolor le aflif^ia, el cual también iba 
creciendo conforme Gerundio iba tirando del cordel ; y 
como el pobre paciente no vcia quién le hacia el daño, 
ni podia presumir que fuese alf^uuo de sus compañeros, 
porque á este tiempo todos roncaban adredemente, fin- 
giendo un profundísimo sueño, gritaba el pobrecitoque 
las brujas ó el duende le arrancaban el dedo. Y si bien es 
verdad quedosó tresniñosestuvierun para perderle, pero 
sienqire se tenia por una travesura muy inocente, y mas 
diciendo Gerundio por la mañana que lo habia hecho 
por entretenimiento y no mas que para reir. Por lo de- 
mas era quietísimo, puesbabia semana en que apenas 
descalabraban media docena de muchachos, y en los 
cinco años bien cumplidos que estuvo en una misma 
posada, nunca quebró un plato ni una escudilla; y lo 
mas que hizo cuesta materia fué en cuairo ocasiones ha- 
cer pedazos toda la vasija que habia en el vasar; pero eso 
fué con grande motivo; porque un gato rojo, á quien 
queria mucho el ama , le habia comido el torrezno gordo 
que tenia para cenar. Su compostura en la iglesia del 
lugar, adonde todos los estudiantes iban áoir misa de 
comunidad, era ejemplar y edificante. No habia que 
pensar que nuestro Gerundio volviese la cabeza aun lado 
ni á otro, como veleta de campanario, ni que tirase de 
la capa al muchacho que estaba delante, ni que, mojan- 
do con saliva la extremidad de uuapajita,se la arrimase 
suavemente á la oreja ó al pescuezo , como que era una 
mosca, ni mucho menos que se entretuviese en hacer 
una cadena con lo que sobraba del cordón del justillo ó 
de la almilla, tirando después por la punta para desha- 
cerla de repente. Todos estos enredos, con que suelen 
divertir la misa los muchachos, le daban en rostro y le 
parecían muy mal. Nuestro Gerundio siempre estaba 
con la cabeza fija enfrente del altar, y con los ojos clava- 
dos en las fábulas de Esopo , construyéndolas unay mu- 
chas veces con grandísima devoción. 

2. Vuelto á Campazas, ¿quién podrá ponderar la ale- 
griaylasdemonstraciones decariño con que fué recibido 
del tío Antón, de la tía Caíanla, del cura del lugar y de 
su padrino el licenciado Quijano, que eran los continua 
comensales de la casa de Antón Zotes; y apenas habían 
salido de ella desde que supieron que ya habia ido la 
burra por Gerundio ( 1 )? 

3. Después de los primeros abrazos que le dieron to- 
dos, se quedaron atónitos y aturdidos al verle echar es- 
padañadas de latín por aquella boca, que era un juicio. 
H;iblóseluego,comoera natural, del preceptor, yelchico 
exclamó al instante : Proh Dii immortales! Mijslagogus 
ineus est homo qui amittilur de conspcctu : ¡Oh dioses 
inmortales ! mi maestro es un hombre que se pierde de 

■ vista. Preguntáronle si habia muchos muchachos, y al 
.puuto respondió : Qui numeret estellas , foterit nume- 
rare puellas : El que pudiere contar el número de las 
eslrellas, podrá contar el número de los muchachos. Su 
padrino el licenciado Quijano, que era el menos roman- 
cista de todos los circunstantes, le dijo : Mira, hombre, 
que puellas no significa muchachos, sino muchacJias. 

(1) En Campos, cuando se envía por un rliifo que está estu- 
(liniido RraraáUca, se dice : Ya le envié la burra , ya fué la burra 

jior él , etc. 



Pace lúa dixerim , Domine Dripane, le replicó su alii- 
jado : puella pueltae es epiceno : juxta illud : Uno epi^ 
cena vocant Graii ; promiscua nostri. No tuvo que res- 
ponderle el padrino, y solamente le preguntó por qué le 
llamaba Dripane, que le sonaba á cosa de mote y le pa- 
recía atrevimiento. Neutiquamper médium fidium! le 
respondió Gerundio sonriéndose y como quien se bur- 
laba de su ignorancia : Dripane est anagrammaton de 
Padrine; et Anagrammaton figura est, quá unius vel 
plurimum vocum litterae transponunlur,vel invertun- 
tur. Yasí, señor padrino, con licencia de usted y para 
que lo entiendan todos, si en lugar de decir mi madre 
dijera mi merda,y en vez de decir Antonio Zotes ú\\eTOi 
ó tina ó zcsto, y sobran dos piernas, tan lejos estaría de 
perderlos el respeto, que usaría de una de las figuras 
mas delicadas y mas ingeniosas que hay en toda la re- 
tórica. 

4. Con estas y otras necedades de la misma calaña, 
pasaba Gerundio el tiempo, dando muestras de sus gran- 
des progresos en la latinidad, y esperando á que llegase 
San Lúeas para dar principio á las súmulas, cuando ha- 
cía la mitad del verano pasó por su casa y se detuvo en 
ella algunos días el provincial de cierta orden, varón 
religioso y docto. Componíase su comitiva, como se 
acostumbra, de otro padre grave, que era su socio y se- 
cretario, y de un lego rollizo, despejado, mañoso y de 
pujanza, que en los caminos servia para los menesteres 
de las posadas, y en los conventos para los oficios de la 
celda. Era el lego de buen humor, nada gazmoño y mu- 
cho menos que nada escrupuloso. Dábale á Gerundio 
periquitos, rosquillas y alcorzas, con que le habían re- 
galado unas monjas cuyo convento acababan de visitar. 
Con esto se le aficionó mucho el muchacho, y también 
con los cuentos y chistes que contaba entre la familia, 
mientras su paternidad y el secretariodormian lasiesta; 
que el lego no gustaba de dormir , y dicen que los con- 
taba congracia. Por las tardes, luego que acababan de 
refrescar los dos padres graves, el lego se salía á pasear 
con Gerundio, y este le llevaba unas veces á laseras, otras 
al humilladero, y otras al majuelo de su padre, que linda 
con el Carrascal. En estas conversaciones vertía el mu- 
chacho todos los disparates que había aprendido con el 
dómine; y como el lego leoia hablar tanto en latín, que 
para él era lo mismo que griego, y por otra parte el chi- 
co era bien dispuesto y desembarazado, parecíale que 
podía ser muy á propósito para la orden, y así comenzó á 
catequizarle. 

5. Decíale que en el mundo no habia mejor vida que 
la de fraile, porque el mas topo tenía la ración segura, 
y en asistiendo á su coro, santas pascuas; que el que te- 
nia mediano ingenio iba por la carrera de maestro ó por 
la carrerade predicador, y que, aunque la de lasleturías 
era mas lucida , la del pulpito eramas descansada y mas 
lucrosa , pues conocía él predicadores generales que en 
su vida habían sacado un sermón de su cabeza , y con 
todo eso eran unos predicadores que se perdían de vista 
y habían ganado muchisínio dinero; y que, en fin, en 
jubilando por una ó por otra carrera, lo pasaban como 
unos obispos. ¡Pues qué la vida de los colegiales! que 
así llamamos á los que están en los estudios. Ni el rej 
niel pápala tienen mejor, por lo méuos masalegre. Al- 
gunas crujías pasan cou los lectores y con los maestros 
de estudiantes , si son un poco ridículos ó celososdc que 



FRAY GERUNDIO DE CAMPAZAS. 



% 



estuJion ; ¿pero qiió importa sise la pojían guapamente? 
Nunca comen mejor que cuando les dan algún pan y 
agua por tlojos, porque no llevaron la lección ó ponjue 
se quedaron en la cama , pues entonces los demás com- 
pañeros los guardan en la manga lo mejor de su pitanza, 
y comen como unos abades. Ahora la bulla, la liesta, la 
chacota que tienen entre sí cuando están solos ; los días- 
eos queso dan unos á otros , eso es un juicio, y han su- 
cedido lances preciosísimos. Es verdad que si los pillan 
lo pagan , y hay despojos que cantan misterio ; pero da- 
tus siint passatus sitnt. De la vida de los novicios no se 
hable : ya se ve que asisten siempre al coro, que nunca 
faltan á maitines, que ayudan las misas, quetienen mu- 
cha oración y muchas disciplinas, que andan con los 
ojos bajos y con la cabeza colgando, á manera de higo 
maduro; pero eso esunalViolera: en volviendo la suya el 
maestro, ó en aquellos ratos de libertad y de asueto que 
los dan de cuando en cuando, hay la zambra y la trisca 
que se hunde el noviciado; juegan á la gallina-ciega, á 
liel-derecho y á los batanes, que no hay otra cosa que ver. 

6. No se puede ponderar el gusto con que oia nues- 
tro Gerundio esta indiscreta pinturade la vida religiosa, 
representada con mas imprudencia que verdad, pues 
descubriendo únicamente las travesuras de los religio- 
sos imperfectos, ocultaba la severidad con que se re- 
prendían y se castigaban, disimulando el rigor con que 
se celaba la observancia y lo mucho que pide á todos sus 
individuos cualquiera religión, por mitigada quesea. 
Pero al bueno del lego le parecía que como él , una por 
una , le metiese al chico en el cuerpo la vocación , hacia 
una gran cosa , y que lo demás allá lo veria. Con efecto, 
se la metió tan metidamente, que desde luego dijo á su 
catequista, que aunque le ahorcasen había de ser fraile 
de su orden , y que aquella misma noche había de pedir 
el hábito al Padre Provincial delante de sus padres. El 
lego ledíóun abrazo, dos corazones de alcorza y un 
escapulario con cintas coloradas y su escudo bordado 
de hilo de oro, con lo cual se le arraigó la vocación : de 
manera que ya no le quitarían de ser fraile aunque le 
dieran el curato de su mismo lugar. Y mas , que el lego 
le instruyó en el modo con que se había de explicar con 
el Provincial, y que después de haber conseguido el si, 
le había de pedir que él mismo fuese su padre de hábito, 
pues deesa manera aseguraba su fortuna, por cuanto el 
partido de su paternidad era el que mandaba y mandaría 
verisímilmente por algunos años, puesto que apenas 
liabia definidor, jubilado, ni prelado conventual, que no 
fuese hijo ó nieto de su reverendísima, esto es, ó discí- 
pulo suyo ó discípulo de sus discípulos ; y que así se lle- 
vaba los capítulos en el pico, disponiendo cuellos á 
destajo cuanto se le antojaba. 

7. Siglos se le hicieron á Gerundio las horas que fal- 
taban hasta la de cenar; y llegada esta, se sentó á la 
mesa junto á sus padres, con el Provincial y secretario, 
como acostumbraba; pero en vez de que otros días los 
divertía mucho con sus intrepideces, latines, anagra- 
mas y versos de memoria , que decia á borbotones, 
aquella noche, según la instrucción del socarrón del 
lego, se mostró mustio, cabizbajo y desganado. Picá- 
banle por aquí y por allí , mas él apenas hablaba palabra, 
basta que, levantados los manteles, el Provincial y el 
secretario le hicieron sentar entre los dos, comenza- 
ron á acariciarle mucho, y le preguntaron qué tenia. 



Después que se hizo bien de rogar, y de burlas ó de vé- 
ras se le asomaron algunas lagrimitas, dijo por lin y por 
postre, que quería ser fraile de su urden, y que aunque 
fuese á pié se había de ir tras ellos hasta que le diesen 
el hábito. Al oír esto la buena de la Catanla, volvién- 
dose á su marido, puestas ó encrucijadas las manos y 
meneando la cabeza, le dijo con la mayor bondad del 
mundo: «¿No te lo dije yo, mi Antón, que al cabo el 
chico había de ser flaire?¿No ves cómo se cumpre el 
prefacio de aquel bendito lego, que pernosticó que este 
niño babia de ser un granperdicador?» Y volviéndose 
después á Gerundio, echándole la bendición, le dijo: 
«Anda', bendito de Dios, con la bendición de su divina 
Majestad y con la mía ; que aunque te venía una capella- 
nía de sangre, y tu padrino el licenciado Quijano queria 
persignar en tí el beneficio simpre de Berrocal de arriba, 
mas te quiero ver en un cúlpito convirtiendo almas, 
que si te viera arcipeste de todo el partido.» Antón Zo- 
tes, que era bueno como el buen pan, solo respondió: 
«Yo por mí , como sea buen flaire , mas caga lo que qui- 
siere; porque los padres no podemos quitar la voluntada 
los hijos.» 

8. Viendo el Provincial lo poco que babia que hacer 
por parte de los padres, y conociendo que el muchacho 
tenia en realidad viveza y habilidad, yque losdisparates 
que le habían enseñado eran efectos de la mala escuela, 
los que se podía esperar que con el tiempo y con los li- 
bros los conociese y emendase, desde luego ofreció 
que le recibiría, y que él mismo le daría el hábito y 
sería siempre su padre y su padrino. Pero, como era va- 
ron docto y religioso, y el punto era tan serio, temió 
que fuese alguna veleidad de muchacho, ó que á lo me- 
nos quisiese abrazar aquel estado atolondradamente y 
sin conocimiento de lo que abrazaba; y para cumplir 
con su conciencia, con su oficio y con su grande enten- 
dimiento, resolvió desengañarle delante de sus mismos 
padres, y así le habló de esta manera : 

9. «¿Sabes, hijo mío, lo que es el estado religioso? 
Es una cruz en que se enclava el alma con los tres votos 
religiosos, desde el mismo punto en que los hace, y no 
se desprende de ella basta que espira. Es un martirio 
continuado que comienza cuando se abraza, y se acaba 
cuando se deja; advirtiéndote que solóse puede dejar, 
ó perdiendo la vida, ó abandonando la honra, y también 
con ella el alma. Es un estado de humildad, todo de 
mortificación y todo de obediencia. El que no se des- 
precia á sí mismo , ese es el mas despreciado de todos; 
ninguno es mas mortificado que el que menos se mor- 
tifica, con el desconsuelo de que padece mas y merece 
menos. Al que no quiere ser obediente, se le obliga á 
ser esclavo. ¿Ves estas nevadas canas que blanquean mi 
cabeza? (al decir esto se quitó un becoquín ó escofieta 
que traia en ella) : pues sábete que há veinte años que 
me la cubren, me la desfiguran , y desmienten los que 
tengo, que aun boy faltan algunos para llegar á cin- 
cuenta , y nunca se anticipa tanto el color tardío de estas 
naturales plantas, sino cuando las deseca el calor de las 
pesadumbres; y puedes observar que apenas hay reli- 
gioso que no encanezca, por razón de estado, muchos 
años antes de lo que debiera por la edad. Ciertamente 
que esta violencia que se hace á la naturaleza, no puede 
tener regularmente otro principio que la que se hace vo- 
luntaria ó involuntariamente al natural. 



06 



OBRAS DEL PADRE JOSÉ FRANCISCO DE ISLA 



10. )>Como nunca has tratado mas religiosos que los 
ijue la caridad de nuestros hermanos y tus padres hos- 
peda cristiana y piadosamente en su casa, temo (pie al- 
guno menos prudente (pues no podemos negar que en 
todas partes los hay) te haya piulado la religión como 
aquel pintor que para ocultar ladclorinidadde Filipo, 
padre de Alejandro, á quien le faltuha un ojo, le pintó 
á medio pcrlil, representándole solo pora(|uel lado de 
la cara que no era defectuoso, y cubriendo el otro con el 
lienzo'. Quiero decir, temo que solo te hayan pintado á 
la religión por donde puede agradarte, ocultándote ar- 
tiíiciosamente aquello por donde pudiera retraer tu na- 
tural inclinación. Sí, hijo mió : hay en el estado religioso 
hombres graves, justamente atendidos por sus méritos 
con privilegios y con exenciones ; pero no hay ni puede 
haber privilegios contra la obediencia ni contra la ob- 
servancia, ni hasta ahora se han descubierto en el 
mundo exenciones de las pesadumbres y de los trabajos. 
¿Qué importa que á esos padres graves les sobre cuanto 
han menester en la celda, si en caso de no ser ajustados, 
los falta lo que mas necesitan en el corazón? Tampoco 
-te negaré que en la religión mas estrecha se encuentran 
inobservantes, y tal vez se ve algún escandaloso; pero 
también en el cielo hubo ángeles apóstatas, en el pa- 
raíso hombres inobedientes, y en el colegio apostólico 
un alevoso, un presumido, un inconstante, un incré- 
dulo y muchos cobardes; y ni el cielo dejó de ser un 
cielo, ni el paraíso, ni el colegio apostólico la comuni- 
dad mas santa que ha habido ni lia de haber en el 
mundo. No se llama perfecto un estado porque no se 
hallen en él hondjres defectuosos; sino porque á los 
que lo son se les corrige, y á los que no se corrigen, no 
se les tolera ; porque ó se les corta como miembros po- 
dridos, para que no inficionen á los sanos; ó se les con- 
jura como á las tempestades, para que vayan á descar- 
gar donde á ninguno hagan daño : quiero decir, que 
encerrados de por vida entre cuatro paredes, ó la pena 
les hace entraren si mismos, y entonces son verdade- 
ramente felices; ó si con ladeses|)eracion echan el sello 
á su desgracia, solo se perjudican á sí propios, y pasan 
solos de un infierno á otro, del temporal al eterno. Así 
pues, hijo mío, si quieresser religioso, has de hacer 
ánimo á que si fueres bueno, has de vivir y morir en 
una perpetua cruz; si fueres malo, aun vivirás y morirás 
mas atormentado ; y de cualquiera manera siempre te 



aguarda un martirio que durarS mientras le durare la 
vida. Yo he cumplido con lo que á mí me toca ; tú ahora 
resolverás lo que te pareciere : en la inteligencia de 
que si, no obstante la claridad con que te hablo, te de- 
terminares áabrazaile con la cruz, yo, como padre y 
como padrino tuyo, que desde luego me constituyo por 
tal, aunque no pueda quitártela de los hombros, haré 
cuanto me sea posible por alijcrártela, salva siempre la 
religiosa observancia. » 

11. Atentísimos estuvieron Antón Zotes y la buena 
de Caíanla á la discreta arenga del prudente y piadoso 
Provincial , y no dejaron de enternecerse un si es no es, 
tanto, que la (Ufima tuvo necesidad de limpiarse los 
ojos y las narices, estas con el delantal , y aquellos con 
la punta de la toca. Pero Certmdio laoyócon grandí- 
sima serenidad y sin ninguna atención, pensándoselo 
cómo había de jugar á fiel-derecho cuando estuviese 
en el noviciado ; en dar ya trazas como pegársela al des- 
pensero, corriendo un par de raciones cada semana, y 
figurándose ya en su imaginación el mayor predicador 
de toda aquella tierra ; confesando después que , mien- 
tras el Provincial estaba hablando, él estaba ideando 
una plática de disciplinantes para cuando le echasen la 
semana santa de Cnmpazas. A esto contribuyó también 
que el bellacon del lego se puso donde, sin ser visto del 
Provincial, pudiese serlo de Gerundio, y cuando este 
ponderaba alguna cosa, aquel le guiñaba el ojo y le 
hacia señas con la cabeza, como que no hiciese caso de 
lo que le decia; con que luego que acabó de hablar 
aquel prelado, el muchacho se cerró en que quería ser 
fraile, y que si otros pasaban por todas aquellas cosas, 
él también pasaría por ellas, sin dar otra razón chica ni 
grande. Viéndole todos tan resuelto, se determinó que 
lo que había de ser tarde, fuese luego ; porque, teniendo 
ya quince años, estaba en la mejor edad para entrar en 
religión; y así, dentro dedos días, el Provincial con su 
comitiva, acompañado de Gerundio, de su padre, de 
su madre y del licenciado Quijano, su padrino, que 
quiso hacer la costa de la entrada, se fueron á un con- 
vento de la orden, no muy distante de Campazas, donde 
el mismo Provincial le puso por su mano el hábito con 
grande solemnidad ; y así al prelado de la casa , como al 
maestro de novicios, se le dejó nmy recomendado, al 
fin, como cosa suya. 



LIBRO SEGUNDO. 



CAPITULO PRIMERO. 

Concluido su noviciado pasa á estudiar artes. 

Ya tenemos á Fray Gerundio en campaña , como toro 
en plaza , novicio hecho y derecho como el mas pintado, 
sin que ninguno le echase el pié adelante, ni en la pun- 
tual asistencia á los ejercicios de comunidad, porque 
guardaba mucho su coleto; ni en las travesuras que le 
había pintado el lego cuando podía hacerlas, sin ser 
cojido en ellas, porque era mañoso, disimulado y de 
admirable lijercza en las manos y en los pies. No obs- 
tante, como no pcrdia ocasión de correr un panecillo. 



de encajarse en la manga una ración, y en nn santi- 
amén se echaba á pechos im jesús, cuando ayudaba al 
refitolero á componer el refectorio, llegó á sospecharse 
que no era tan limpio como parecía, y asi el refitolero 
como el sacristán le acusaron al maestro de novicios, 
que cuando Fray Gerundio asistía al refectorio ó ayudaba 
á las misas, se acababa el vino de estas á la mitad de la 
mañana, "y á un volver de cabeza se hallaban vacíos uno 
ó dos Jesuses de los que juraría á Dios y á una cruz que 
ya había llenado; y aunque nunca le habían cogido con 
el hurto cu las manos, pero que por el hilo se sacaba 
el ovillo, y que en Dios y en su conciencia no podía 



rUAY GERUNDIO DE CAMPAZAS. 



97 



ser olra la lecliiiza que chupaba el aceite de aquellas 
lámparas. 

•2. Era el maestro de novicios un bellísimo religioso, de- 
voto y |)io basta mas no poder ; pero sencillo y candido 
como él mismo. En viendo á un novicio con los ojos ba- 
jos, con la capilla calada , las manos siempre debajo del 
escapulario, poco curioso en el bábito, traquiñándosc 
al andar, y andando siempre arrimado á la pared , ptui- 
lual á todos losactos de coniiuiidad, silencioso, rezador, 
y que en las recreaciones hablaba siempre de Dios ; ¿pues 
qué si naturalmente era bien agestadillo y vergonzo- 
so? Si le pedia licencia para hacer mortilicaciones y pe- 
nitencias extraordinarias y ocultas, aunque nunca las 
hiciese? Si acudia frecuentemente á comunicarle las co- 
sas de su espírituy ádailecuentadelos sentimientosque 
tenia en laoracion, especialmente si liabia algo que oliese 
á cosa de visión imaginaria? Sobre lodo, si en tono de 
caridad , de escrúpulo ó de celo , iba á contarle las faltas 
que iiabia notado, ó que quizá solo habia aprendido en 
los otros su malicia? Para el buen maestro no habia mas 
que pedir : no creería cosa malade estenovicío, aunque 
se la predicahan frailes descalzos ; y si alguno le acusaba 
de alguna faltílla , lo tenia por envidia ó por emulación, 
diciendo casi con lágrimas, que la virtud basta en los 
claustros es perseguida. Los bellacos de los novicios, 
aunque por la mayor parte de poca edad, ya tcuian bas- 
tante malicia para conocer esta flaqueza ó esta bondad 
de su maestro; y así los mas ladinos se la pegaban tan 
lindamente , haciéndole creer que eran los mas santos. 
Nuestro Gerundio no iba en zaga al mas raposilla de to- 
dos; antes bien en esta especie de farándula los hacia mu- 
chas ventajas , y se sabía que era el queridito del maes- 
tro, y mas añadiéndose á su buen parecer, disimulo y 
afectada compostura, el ser ahijado y tan recomendado 
de nuestro Padre Provincial ; porque, si bien es verdad 
que el maestro de novicios era varón espiritual y místi- 
co , no embargante todo eso , á mayor gloria de Dios y 
por el mayor bien de la religión, hacia con purísima in- 
tención su corte á los mandones , y no querría disgustar 
á un padre grave por cuanto tuviese el mundo. 

3. En esta disposición del maestro, dicho se está lo 
mal recibidas que fueron las acusaciones del refitolero 
y del sacristán. Díjoles el bendito varón que conocían 
mal al hermano Fray Gerundio, y que no sabía con qué 
conciencia hacían juicios tan temerarios y levantaban 
aquellos falsos testimonios á un novicio tan angelical; 
que si supieran bien quién era aquel mancebo, se ten- 
drían por dichosos en poner la boca donde él ponía 
los pies ; y que si era verdad que les faltaba el vino, sería 
sin duda porque el diablo tomaba la figura del santo no- 
vicio para beberle y paradesacredítarle : concluyendo con 
decirlos que si la orden tuviera media docena de Fray 
Gerundios, esa media docena de santos mas adoraría 
con el tiempo en los altares. 

4. Sucedióque, míéntrasel bueno del maestro de no- 
vicios estaba dando esta repasata á los dos legos acusa- 
dores, el angelical Fray Gerundio pasó (no se sabe si 
por casualidad, ó por aviso que tuvo) por delante de la 
despensa , y viendo á la puerta de ella una cesta de hue- 
vos , se embocó medía docena en el seno , y con la mayor 
modestia del mundo siguió su camino para el noviciado, 
y se fué derecho á la celda del maestro á darle cuenta de 
loque le habia pasado en la oración de aquel día. Entró, 



como acostumbraba , con los ojos clavados en el suelo, 
la capilla hasta como dos dedos sobre la frente , las ma- 
nos en las mangas debajo del escapulario, sonroseado 
adredemente, para lo cual le vino de perlas la travesu- 
rilla que acababa de hacer, yon todo caso (lo que era 
mucho del conjuro) amagando á una risita. Luego que 
el maestro le vio entrar, se le renovó lodo el carino ; 
mandóle sentar juntoá sí, comenzó lacuenla de oración, 
y comenzaron las mentiras, ensartando todas cuantas se 
le vinieron á la cabeza ; pero tan bien concertadas, y di- 
chas con tanta gracia y con tanta composliu"a,que el bo- 
nazo del maestro, sin poderse contener, se levantó de la 
silla, y para alentar mas y masa su novicio, le dio un 
estrechísimo abrazo. En hora menguada se le dio ; por- 
que, como le apretó tanto en el Señor, se estrellaron en 
el pecho los huevos que el angelical mancebo Iraia es- 
condidos en él , y comenzaron á chorrear yemas y claras 
por el hábito abajo, que parecía haberse vaciado el perol 
donde se batían los huevos para las tortillas de la comu- 
nidad. El maestro quedó atónito y confuso, y le pre- 
guntó al novicio : ¿ Pues qué es esto , hermano Fray Ge- 
rundio ? El santo mozo, que era asaz sereno , y de ima-^ 
gínacion pronta y viva para salir con lucimiento de los 
lances repentinos, le respondió sin turbarse : Padre, yo 
se lo diré á su reverent;ia. Como há dos meses quesu re- 
verencia me dio licencia para tomar disciplina en las es- 
paldas, por no poderla ya tomar en otra fiarte, se me han 
hecho unas llagas, y llevaba estos huevos para ponerme 
una estopada ; y no me atreví á decirlo á su reverencia, 
porque su reverencia no me privase del consuelo de esta 
corta mortificación. Tragó el anzuelo el bonísimo varón, 
y pasmado de la estupenda mortificación de su novicio, 
volvió á darle otro abrazo, aunque menos apretado que 
el primero, por no lastimarle en las llagas délas espaldas 
y por no mancharse con la chorrera del hábito ; y con- 
tentándose con advertirle blandamente que mejor es la 
obediencia que no los sacrificios, le despidió dándole 
orden de que se fuese á mudar otra saya y otro escapu- 
lario. 

5. Con estas trazas pasó nuestro Fray Gerundio su no- 
viciado, y hizo su profesión inofenso pede , sin que le 
faltase voto ; y como todavía duraba el províncialato de 
su padrino y padre de hábito, le envió luego á estudiar 
las artes á un convento délos mas graves de la provincia, 
sinquepasasepor la regular aduana de corista por dos 
ó por tres años, como pasan los demás frailes en canal 
que no tienen arrimo. 

6. Era lector un religiosito mozo, como de hasta treinta 
años escasos, de mediano ingenio, de bastante com- 
prebension, de memoria feliz, estudiantón decaí ycanto, 
furiosamente aristotélico, porque jamashabia leído otra 
filosofía ni podía tolerar que se hablase de ella ; eterno 
disputador, para lo cual le ayudaba una gran volubilidad 
de lengua, una voz clara, gruesa y corpulenta , una ad- 
mirable consistencia de pecho y una maravillosa forta- 
leza de pulmones; en fin, un escolástico esencialmente 
tan atestado de voces facullativas, que no usaba de otras, 
nilas sabía, para explicar las cosas mas triviales. Si le 
preguntaban cómo lo pasaba, respondía, malerialiter, 
bien , furmaltier, subdistingo ; reduplicathr tit homo, 
no me duele nada ; reduplicatiré id religioso, no deja 
de haber sus trabajos. En una ocasión se le quejó su ma- 
dre de que en las cartas que la escribía no la hablaba 



98 ODRAS DEL PADRE JOSÉ 

palabra de su salud : y 61 la respondió : « Madre y seno- 
ría mia , es cicilo que sicjnalc no decía á vuestra merced 
que estaba Ijuciio, pero fxej'c/íí; ya se lo decía. Ahora 
pongo en noticia de vuestra merced cómo estoy expli- 
cando á mis discípulos la transcendencia ó la intrans- 
cendencia del enle : yo llevo la analaíjia , y niego la 
transcendencia. A mi licrniana Rosa dirá vuestra mer- 
ced que me alegro mucho lo pase bien , asi ut quo, co- 
mo ut quod; y que en cuanto á las calcetas con que me 
regala, la materia ex quá me pareció un poco gorda, 
pero la forma artificial viene con todos sus constituti- 
vos. De las cuatro libras de chocolate que vuestra mer- 
ced me envía, diré in rei veritate lo que me parece : las 
cualidades intrínsecas son buenas, pero las accidentales 
le echaron á perder por haber estado aplicado mas tiem- 
po del conveniente á la naturaleza ignea , mediante la 
virtud combuslioa. — Desa la mano de vuestra merced su 
liíjo tnadaequaté ct partialiter, y su capellán totaliter 
el adaequaté. — Fray Toribio, lector de artes.» 

7. Por aquí se puede sacar el carácter del padre lec- 
tor Fray Toribio, que en un argumento á todos se los lle- 
vaba de calle; ponjue con la voz sonora, con el pecho 
fuerte, con la lengua expedita y con la abundancia de 
términos, no había quien le resistiese, y asi le llama- 
ban el azote de los concursos. Tenia atestada la cabeza 
de apelaciones, ampliaciones, alienaciones, equipolen- 
cias, reducciones, y de todo lo mas inútil y mas ridiculo 
que se enseña en las súmulas, sirviendo solo para gastar 
el tiempo en aprender mil cosas inútiles. Ejercitábase 
él, y hacía que sus discípulos se ejercitasen, en compo- 
ner contradictorias, contrarias, subcontrarías y subal- 
ternas , en todo género de proposiciones , en las categó- 
ricas, en las hipotéticas, en las simples, en las com- 
plexas, en las necesarias, en las contingentes y en las 
de imposible, gastando meses enteros en estas bagate- 
las impertinentísimas. Sobre la importante y gravísima 
cuestión de si Blictiri es término, era cosa de espiritar- 
se ; y si alguno le quería defender que la unión era tan 
término como todos los demás, y que en ella se resol- 
vía la proposición taii resolvidamente como en el su- 
geto y en el predicado, era negocio de volverse loco, y 
á lo menos no le faltaba un tris para perder el juicio. 

8. El mismo exquisito gusto y la misma buena elec- 
ción que tenia en las súmulas, mostraba en lo pertene- 
ciente ala lógica. Aunque sabía muy bien que esta no 
es mas que un arte que ayuda á la razón natural á dis- 
currir con penetración y con solidez, enseñándola el 
modo de buscar y descubrir la esencia de las cosas, de 
formar diferentes ideas de una misma, según los diver- 
sos respetos, nociones ó formalidades con que se pre- 
senta al entendimiento ; y que estas diferentes formali- 
dades, nociones y respetos le dan bastante fundamento, 
no para que de una sola cosa haga dos, sino para que 
conciba como si fueran dos la que en realidad es una 
sola; y que supuesta esta penetración y esta división 
ideal , pueda ir después raciocinando y discurriendo 
acerca de ellas, hasta llegar muchas veces á la demons- 
tracion,ycasi siempre á un prudentísimo asenso. Repi- 
to que, aunque el buen padre lector no ignoraba que 
esta y no otra era la verdadera lógica, de nada menos 
cuidaba que de instruirá sus discípulos en lo que con- 
ducía para esto ; y de los nueve meses del curso, gastaba 
los siete en enseñarlos lo que de maldita la cosa servia. 



FRANCISCO DE ISLA. 

sino de llenarles aquellas cabezas, de ideas confusas, de 

representaciones impertinentes y de idolillos ó figuras 
imaginarias ¿Si consiste en un único hábito, cualidad ó 
facilidad cíentíííca , ó en un complexo de muchos , cor- 
respondientes á la variedad de los actos logicales? Si 
es ciencia [¡ráctica ó especulativa ? Si la docente se dis- 
tinguedela utente, esto es, si la instrucción en las reglas 
se distingue del uso de ellas? Si su objeto es un entecillo 
duende, enteramente fingido por el entendimiento, ó 
una entidad que tiene verdadero y real ser, aunque pu- 
ramente intelectual? Si la lógica artificial es tan nece- 
saria para aprender otras ciencias , que sin ella ninguna 
pueda aprenderse , ni bien ni mal? Y así de otras cues- 
tiones proemiales, que de nada sirven y para nada con- 
ducen, sino para perder tiempo y para quebrarse la ca- 
beza lo mas inútilmente del mundo. 

9. Esto es, por paridad, como si un maestro de obra 
prima (que así se llama, no se sabe por qué, á los zapa- 
teros), con un aprendiz que quisiese instruirse en el 
oficio, gastase un mes en enseñarle si la facultad zapate- 
ril era arte ó ciencia ; y si arte, si era mecánico ó libe- 
ral. Otro en instruirle si era lo mismo 'saber cortar 
que saber coser, saber coser que saber desvirar, ó si 
para cada una de estas operaciones era menester un 
hábito ó instrucción cíentíííca que las dirigiese. — Se- 
ñor, que yo quiero aprender á hacer zapatos. — Espé- 
rate, tonto, ¿cómo has de saber hacerlos, si no sabes 
si el objeto del arte zapateril es el zapato que real- 
mente se calza, ó aquel que se representa en la ima- 
ginación, como idea del que después se ha de hacer? — 
Señor, que yo no quiero hacer zapatos imaginarios, sino 
estos que se pal pan, se tocan y se calzan. — Eres un orate; 
¿ por ventura sabrás nunca hacer esos zapatos, no estando 
bien enterado de si las reglas que se dan para hacerlos 
son ó no son diferentes del uso y práctica de ellas?— Se- 
ñor, ¿qué se me daámí que lo sean ni dejen deseilo? 
Enséñeme usted esas reglas, pues há cuatro meses que 
estoy en su casa, y hasta ahora ni siquiera una me ha en- 
señado. — Vén acá, idiota ; ¿cómo te las he de ensefiar yo, 
ni cómo las has de aprender tú, mientras no estés plení- 
simamente instruido en que esta arte que llamamos de 
obra prima, es en parte práctica y en parte especulati- 
va? Práctica , porque su fin es enseñar á hacer zapatos 
ajustados, airosos y duraderos; especulativa, porque las 
reglas que da para eso, es menester que dirijan primero á 
la razón, sin lo cual no se gobernarían bien las manos. — 
Por vida de... ( y echóle redondo) , que vuestra merced 
matará á un santo. Y dígame , señor , para que yo 
aprenda esas reglas, ¿qué me importará saber si el oficio 
es platico ó cidativo, ó la perra que me parió? 

10. Si alguno fuera al padre lector con este cuento, 
bien sé yo que no lo había de contar por gracia ; porque, 
sobre abundar de nn humor escolástico llavo-bilioso, 
que hiriendo en un momento las fibras del celebro, se 
conmnicaba rápidamente al corazón i)or el nervio inter- 
costal , con movimiento crispatorio, y de aquí, por una 
instantánea repercusión, volvía al mismo celebro, donde 
agitaba con igual ó con mayor crispatura las libras que 
se ramifican en la lengua, estaba tan furiosamente po- 
seído de todas estas vanas inutilidades, que era capaz 
de chocar con el mismo sol, si pretendía alumbrarle en 
este punto. En primer lugar, luego daba en los hocicos 
con aquella prodigiosa multitud dé hombres grandes 



FRAY GERUNDIO 

que se han ocupado loablemente en estas materias, y 
eran tonillos de todo el mundo por hombres sapientísi- 
mos. Si alguno le replicaba que los hombres mas sabios 
y los hombres mas grandes al fin son hombres, y que no 
se hablan acreditado ni de grandes ni de sabios por ha- 
ber gastado el tiempo en esas fruslerías, sino por haber 
escrito grave y doctamente otras materias útilísimas ; y 
^ sise habían empleado en aquellas impertinencias, no 
era por no conocer que lo fuesen, sino porque la obe- 
diencia ó la política los había precisado á no desviarse 
del camino carretero y á seguir el uso común , le faltaba 
poco para romperle los cascos ; y si lo dejaba de hacer, 
ora de pura compasión , despreciándole como á un po- 
bre mentecato. Después echaba mano de aquel otro lu- 
gar común con que se defienden los que no tienen bas- 
tante valor ni bastante generosidad para confesar que 
estas son impertinencias , diciendo que sirven de mu- 
. cho, aunque no sirvan de otra cosa que de materia para 
aguzar los ingenios y para ejercitarlos en la disputa. 

11. No habia que reponerle, lo primero, que siendo 
la lógica la que enseña á discurrir y á disputar, parecía 
cosa ridicula comenzar á. aprenderla arguyendo y dispu- 
tando. Porque, ó ya se sabían las reglas de la disputa, ó 
se ignoraban : si se sabían , era ociosa la lógica ; sí se ig- 
noraban, ¿cómo era posible que se disputase sino di- 
ciendo en la materia y en la forma cuatrocientos dispa- 
rates? Y así vemos que las artes mas mecánicas y los 
oficios mas fáciles no se comienzan á aprender por el 
ejercicio, sino á lo menos por aquellas reglas generales 
que son necesarias para saber imperfectamente ejerci- 
tarle. No hay oficio mas fácil que el de aguador, porque 
en sabiendo echar al burro la albarda, y el camino del 
rio ó de la fuente, está aprendido el oficio ; con todo, es 
indispensable, antes de ir por agua, saber echar la al- 
barda al burro y saber el camino. Si á un aprendiz de 
lierrero le dijesen desde el primer día que hiciese una 
sartén , se reiría del maestro. Primero es menester darle 
una noticia general de todos los instrumentos del oficio, 
del uso particular de cada uno, del modo de manejarlos, 
y de disponer la materia para recibir la forma artificial 
que se pretende darla ; después irle ejercitando en lo 
mas fácil. Pues ahora : ¿hay cosa mas graciosa que co- 
menzar disputando si la lógica docente se distingue de 
la utente, y empedrar por precisión la disputa de toda 
la doctrina que se da acerca de los hábitos naturales , in- 
fusos y adquiridos, suponiendo ya sabido el modo con 
que estos se engendran, y en qué consiste la virtud que 
tienen para producir después unos hijos enteramente 
parecidos á sus abuelos , esto es , á los actos que engen- 
draron á los hábitos, siendo así que el pobre niilo no 
tiene idea ni noticia de otros hábitos, que de los hábitos 
largos de los curas, ó de los hábitos de los frailes que 
vio predicar la cuaresma y pedir el agosto en su lugar? 
¿Qué concepto formará de toda aquella algarabía de há- 
bitos, de actos, de semejanza específica , de semejanza 
genérica, que es indispensable entienda, aun solo para 
penetrar los términos de la cuestión, si nada de esto so 
le ha de explicar hasta que estudie la metafísica ó la ani- 
mástica ? 

12. No habia que'reponerie, lo segundo, que tolerado, 
y no concedido, que para ejercitar el entendimiento en 
la disputa fuese conveniente excitar algunas cuestiones 
proemiales, seria razón tomarlas de aquellos puntos his- 



DE CAMPAZAS. 00 

tóricos que pertenecen al fin, invención, progresos y 
estado actual de la misma lógica. Como verbi-gracía: 
¿para qué fin fué inventada la lógica, si solamente para 
enseñar á discurrir bien, ó para evilar que otros no nos 
alucinasen con sofismas y con paralogismos? ¿Si la ló- 
gica es mas antigua o mas moderna que la filosofía en 
todas sus partes? Y aquí entraba naturalmente un cu- 
rioso resumen historial del origen de la filosofía y de su 
división en tanta variedad de sectas : la jónica , la itáli- 
ca, la cirenáica, la elíaca, la megárica , la cínica, la es- 
toica, la académica , la peripatética , la eleánica, la pir- 
rónica ó escéptica, la epicúrea, y finalmente la ecléctica, 
antes de hablar de los diversos sistemas de la filosofía 
moderna. Hallariase que la lógica , respecto de unas sec- 
tas habia sido muy posterior ; muy anterior respecto de 
otras , y respecto de algunas síncrona ó coetánea. 

13. Después se podía preguntar ¿si la lógica se in- 
ventó por casualidad ó de propósito? Y suponiendo, 
como suponen todos , que se inventó por casualidad, ha- 
ciendo algunas observaciones para descubrir y para des- 
embarazarse de los sofismas, se seguíala pregunta de 
¿quién fué el primero que hizo estas observaciones y 
formó una colección de ellas, para enseñar y para abrir 
los ojos á los demás? ¿Si Zenon Eleates, si Sócrates, si 
Platón , si Aristóteles , ó si Espcusíppo? Y constando por 
la historia que Zenon hizo algunas observaciones , Só- 
crates otras y Platón otras, todos tres anteriores á Aris- 
tóteles, de quien Platón fué maestro, preguntar ¿por 
qué, no obstante eso,se tiene comunmente á Aristóteles 
por inventor de la lógica ó de la dialéctica? A lo cual se 
ha de responder necesariamente, que porque fué el pri- 
mero que hizo una colección de todas las observaciones 
de aquellos tres filósofos , añadiendo él otras muchas do 
suyo, disponiéndolas en estilo didascálico ó instructivo, 
y dándolas un método seguido, claro, conexo y natural. 
Así como Pedro Lombardo, por otro nombre el Maestro 
de las sentencias, se llama regularmente el inventor de 
la teología escolástica, no porque lo fuese de los tra- 
tados de que se compone, sino porque los que estaban 
esparcidos y sin orden en las obras de los padres , espe- 
cialmente latinos, los redujo á un método uniforme en 
los cuatro libros de los sentenciarios, disponiéndolos 
de manera que formasen un cuerpo bien repartido de 
facultad y de doctrina; añadiendo de suyo, ademas de 
eso, el poner en estilo de escuela y de disputa algunos 
puntos que en las obras de los padres se leen en estilo 
puramente doctrinal. 

14. Después de todas estas cuestiones, se concluía na- 
turalísimamente con las pertenecientes á los progresos 
y estado actual de la misma lógica : ¿Si Aristóteles la con- 
cluyó, ó la dejó imperfecta ? Si la que hoy tenemos es la 
misma que enseñó aquel filósofo ú otra diferente ? Sí la 
misma, aunque muy añadida, ¿qué partes son las que se 
añadieron, cuándo, por quiénes y con qué ocasionó mo- 
tivo ; y de estas partes añadidas cuáles son necesarias, 
cuáles útilesycuáles impertinentes? Ve aquí unos proe- 
miales de mucha utilidad, de mucha curiosidad y de 
muchos y bellos materiales, para que los entendimien- 
tos se ejerciten en disputas históricas y criticas pertene- 
cientes á la misma lógica, con tanto gusto como aprove- 
chamiento. Pero ve aquí también lo que oía nuestro 
padre lector Fray Toríbio, unas veces con una cólera es- 
pantable, y otras con una risa falsa y despreciativa que 



100 ODRAS DEL PAORK JOSK 

le caia muy en gMcia. Dccia por toda rospiiesla (|iie lo- 
dos eran tiquis-inhiuis, fiuslcrias do eiilciulimiciUos 
supcrliciulcs, y que esos proemiales eran biKMios para 
una lógica de corbaliii ó de sofocante : en niia palabra, 
admirables cuestiones para aquellos lógicos que leian 
gacetas y encargaban á un corresponsal de Madrid que 
los enviase el Mercurio. 

ili. No puede omitir la historia un caso curioso que 
sucedió con nuestro escolasticisimo padre lector. Cierto 
padre maestro de su misma orden , hombre de vasta 
erudición y de igualmente gravo que amena literatura, 
liarto mejor instruido en loque era verdadera lógica y 
verdadera lilosofia qiieel bendito Fray Toribio, viéndole 
tan cscolaslizado en aquellas vanísimas sofisterías, y no 
pudiendo reducir á la razón aquella mollera endurecida 
y callosa, le dijo por burla cierto di.i : Pues de ese modo, 
padre lector, para usted no habrá en el mundo cuestión 
mas importante que aquella que se defendió en Alema- 
nia : Ulrúmchimaera bombilians in vacuo possit come- 
tiere secundas intentiones? Qucúónc atónito y como pas- 
mado al oír semejante cuestión el meiafisiquísimo Fray 
Toribio; porque, aunque no habia curso tomista , esco- 
tisla, snarista, okamista, nominalista ni baconista, que, 
á su parecer, no hubiese revuelto, no hacia memoria de 
haber leído jamas aquella cuestión in terminis. Suplicó 
al Padre Maestro que se la volviese á repetir : hízolo este 
con grande socarronería. Quedóse el lector suspenso por 
un rato, como quien repasaba allá para consigo los tér- 
«linos de la cuestión , queriendo penetrarlos ; y después 
de haber repetido dos ó tres veces en voz inteligible : 
Utrúm chimaera bombilians in vacuo possit comedere 
secundas intentiones? Utrúm chimaera bombilians in 
vacuo possit comedere secundas intentiones? dio una 
gran palada en el suelo, yprorumpió diciendo : «Por 
el santo hábito que visto, que mas quisiera ser autor de 
esta cuestión , que si desde luego me hicieran presen- 
lado ; y concluido me vea yo en las primeras sabatinas, 
si no la defendiere en acto público, llevando la afirma- 
tiva. » Rióse á su satisfacción el bellacon del Maestro del 
fanático lector, y para echar el sello á la burla que estaba 
liaciendo de él, le dijo con bufonada : Hará bien, padre 
lector, hará bien ; y n)uérase con el consuelo de que le 
podrán poner sobre la piedra este epitafio, que se puso 
sobre la sepultura de otro que era de su mismo genio y 
gusto : 

Hic jacel Magister noster, 

Qui disputavit bis aut ter 

In Barbara et Celarent, 

lia ul omnes admlrareiit 

In Fupesmo et Frisesomorum, 

Órale pro animas eorum. 

CAPITULO II. 

Prosigue Fray Gerundio esiudinndo su filosofía , sin entender 
palabra de ella. 

La verdad sea dicha (porque, ¿qué provecho sacará 
el curioso lector de que yo infierne mi alma?), que 
cuanto mascuidado ponia el incomparable Fray Toribio 
en embutir á bus discípulos en estas inútiles sutilezas, 
ménosentendiu de ellas nuestro Fray Gerundio; no por- 
que le faltase bastante habilidad y viveza, sino porque 
como el genio y la inclinación le llevaban hacia el pul- 
pito, que contemplaba carrera mas amena, mas lucrosa 
Tvraas á propósito para conseguir nombre y aplauso , le 



FRANCISCO DE ISLA. 

causaban tedio las materias escolásticas, y no podiaaca- 
har consigo el aplicarse á estudiarlas. Por eso era gusto 
oírle las ideas confusas, embrolladas y ridiculas que él 
coiicebia de los términos facultativos , conforme iban 
saliendo al teatro en la explicación del maestro. Llegó 
este á explicar los grados metafísicos de ente , sustan- 
cia, criatura, cuerpo, etc. ;y por mas que sedesgañi- 
taba en enseñar que todo lo que existe es ente ; si se ve 
y se palpa, es ente real, físico y corpóreo; si no se puedo 
ver ni palpar porque no tiene cuerpo, como el alma y 
todo cuanto ella sola produce , es ente verdadero y real, 
pero espiritual , inmaterial é incorpóreo ; si no tiene mas 
ser que el que le da la imaginación y el entendimiento, 
es ente intelectual , ideal é imaginario. Siendo esta una 
cosa tan clara, para Fray Gerundio era una algarabía; 
porque, habiendo oido muchas veces en la religión, 
cuando se trataba de algim sugeto exótico y estrafalario, 
«vaya que ese es ente,» jamas pudo entender por ente 
otra cosa que un hombre irregular ó risible por algún 
camino. Y así , después que oyó á su lector las proprie- 
dades del ente, contenidas en las letras iniciales de 
aquella palabra bárbara /». E. V.B.A. U. , cuando veía 
á alguno de genio extravagante , decía , no sin vanidad 
de su comprehension escolástica : liste es un Reubau, 
como lo explicó mi lector. 

2. Por la palabra sustancia, en su vida entendió 
otra cosa mas que caldo de gallina, por cuanto siempre 
habia oido á su madre , cuando habia enfermo en casa : 
«Voy á darle una sustancia. » Y así se halló el hombre 
mas confuso del mundo el año que estudió la física. To- 
cándole argüir á la cuestión que pregunta «si la sus- 
tancia es inmediatamente operativa», su lector defendía 
que no ; y Fray Gerundio perdía los estribos de la razón 
y de la paciencia , pareciéndole que este era el mayor 
disparate que podía defenderse, pues era claramente 
contra la experiencia, y á él se le habia ofrecido un ar- 
gumento, á su modo de entender, demonstrativo, que 
convencía concluyentemente lo contrario. Fuese pues 
al General muy armado de su argumento, y propúsole 
de esta manera : «El caldo de gallina es verdadera sus- 
tancia ; sed sic est que el caldo de gallina es inmediata- 
mente operativo, luego la sustanciaos inmediatamente 
operativa. » Negáronle la menor, y probóla así : «Aque- 
llo que administrado en una ayuda hace obrar inmedia- 
tamente, es inmediatamente operativo; sed sic est que 
el caldo de gallina, administrado en una ayuda, hace 
obrar inmediatamente, luego el caldo de gallina es in- 
mediatamente operativo. «Rióse á carcajada tendida toda 
la mosquetería del aula ; negáronle la menor de este se- 
gundo silogismo; y él, enfurecido, parte con la risa y 
parte con que le hubiesen negado una proposición que 
tenia por mas clara que el sol que nos alumbra, sale del 
General precipitado y ciego, sin que nadie pudiese de- 
tenerle, sube á la celda, llama al enfermero, dícele que 
luego luego le eche una ayuda con caldo de gallina, si 
por dicha había alguno prevenido para los enfermos. El 
enfermero, que le vio tan turbado, tan inquieto y tan en- 
cendido, creyendo sin duda que lo había dado algún 
accidente cólico, para el cual habia oido decir que eran 
admirable específico los caldos de ¡lollo; juzgando que 
lo mismo serian los de gallina, va volando á su cocinilla 
particular, dispónele la lavativa y adminístrasela : hace 
prontamente un prodigioso efecto; llena una gran vasija 



FRAY GERUNDIO DE CAMPAZAS. 



101 



de las que se destinan para este ministerio, y bajando al 
General sin detenerse, dijo colérico al lector, al que sns- 
tentaba y á todos los circunstantes : « Los que quisieron 
ver si el caldo do gallina hace ó no hace obrar inmedia- 
tamente, vayan á mi celda, y alli encontrarán la prue- 
ba ; y después que se vayan á defondcr que la sustancia 
no es inmediatamente operativa.» 

3. Este lance acabó de ponerle de muy mal humor 
con todo lo que se llamaba estudio escolástico. Y aunque 
algunos padres graves y verdaderamente doctos que le 
querían bien, procuraron persuadirle que se dedicase 
algoá este estudio , á lo menos al de aquellas materias, 
asi físicas como metafísicas, que no solo eran conducen- 
tes, sino casi necesarias para la inteligencia de las cues- 
tiones mas importantes de la teología en todas sus par- 
tes, escolástica, expositiva, dogmática y moral , sin cuya 
noticia era imposible saber hacer un sermón sin expo- 
nerse á decir mil necedades, herejías y dislates, no fué 
posible convencerle ; ni aunque le dieron algunos panes 
y agua, hasta llegar también á media docena de despo- 
jos , ni por esas se pudo conseguir que se aplicase á lo 
que no le llevaba la inclinación, y mas habiendo en casa 
quien le ayudaba á lo mismo. 

4. Era el caso , que por mal de sus pecados se encon- 
tró nuestro Fray Gerundio con un predicador mayor del 
convento, el cual era un mozalbete poco mas ó menos 
de la edad de su lector, pero de traza, gusto y carácter 
muy diferente. 

3. Hallábase el padre predicador mayor en lo mas 
florido de la edad , esto es , en los treinta y tres años ca- 
bales. Su estatura procerosa, robusta y corpulenta; 
miembros bien repartidos y asaz simétricos y propor- 
cionados; muy derecho de andadura, algo salido de 
panza, cuelli-ergido, su cerquillo copetudo y estudio- 
samente arremolinado ; hábitos siempre limpios y muy 
prolijos de pliegues, zapato ajustado, y sobre todo, su 
solideo de seda, hecíio de aguja, con muchas y muy 
graciosas labores, elevándose en el centro una borlita 
muy airosa, obra toda de ciertas beatas que se desvivían 
por su padre predicador. En conclusión, él era mozo 
galán, y jiuitándose á todo esto una voz clara y sonora, 
algo de ceceo, gracia especial para contar un cuentecí- 
llo, talento conocido para remedar, despejo en las accio- 
nes, popularidad en las modales, boato en el estilo y 
osadía en los pensamientos, sin olvidarse jamas de sem- 
brar sus sermones de chistes , gracias , refranes y frases 
de chimenea, encajadas con grande donosura; no solo 
se arrastraba los concursos, sino que se llevaba de calles 
los estrados. 

G. Era de aquellos cultísimos predicadores que jamas 
citaban á los santos padres, ni aun á los sagrados evan- 
gelistas, por sus propios nombres, pareciéndoles que 
esta es vulgaridad. A San Mateo le llamaba el ángel his- 
toriador ; á San Marcos, el evangélico toro; á San Lúeas, 
el mas divino pincel ; á San Juan , el águila de Palmos; 
á San Jerónimo, la púrpura de Deten; á San Ambrosio, 
el panal de los doctores; á San Gregorio, la alegórica 
tiara. Pensar que al acabar de proponer el tema de un 
sermón, para citar el evangelio y el capítulo de donde le 
tomaba, había de decir sonedla y naturalmente : Joan- 
nis, capite décimo tertio : Matthaei, capite décimo quar- 
to; eso era cuento, y le parecía que bastaría eso para que 
le tuviesen por un predicador sabatino : ya se sabía que 



siempre habla de decir : £"03 Evangélica lectione Mat- 
thaei , vcl Joannis, capite quarto décimo ; y otras veces, 
para que saliese mas rund)Osa la colocación : Quarto-de- 
cimo ex capite. \ Pues qué, dejar de moler los dos dedí- 
tos de la mano derecha con garbosa pididoz, entre el 
cuello y el tapacuellode la capilla, en ademan de quien 
desahoga el pescuezo, haciendo un par de movimientos 
dengosos con la cabeza, mientras estaba proponiendo 
el tema ; y al acabar de proponerle dar dos ó tres brin- 
quítos disimulados; y, como para limpiar el pocho, hin- 
char los carrillos, y mirando con desden á una y otra 
parte del auditorio, romper en cierto ruido gutural, en- 
tre estornudo y relincho! Esto, afeitarse siempre que 
había de predicar, igualar el cerquillo, levantar el co- 
pete; y luego que, hecha o no hecha una breve oración, 
seponiade pié en el pulpito, sacar con airoso ademan 
de la manga izquierda un pañuelo de seda de á vara y do 
color vivo, tremolarle, sonarse las narices con estrépito, 
aunque no saliese de ellas mas que aire, volverle á me- 
ter en la manga á compás y con armonía , mirar á todo 
el concurso con despejo, entre ceñudo y desdeñoso, y dar 
principio con aquello de: «Sea ante todas cosas bendito, 
alabado y glorificado ;» concluyendo con lo otro de : «En 
el primitivo instantáneo ser de su natural animación ,» 
no dejaría de hacerlo el padre predicador mayor en to- 
dos sus sermones, aunque el mismo San Pablo le pre- 
dicara que todas ellas eran por lo menos otras tantas 
evidencias de que allí no había ni migaja de juicio, ni 
asomo de sindéresis, ni gota de ingenio , ni sombra de 
meollo , ni pizca de entendimiento. 

7. Sí, andaos á persuadírselo, cuando á ojos vistas 
estaba viendo que solo con este preliminar aparato se 
arrastraba los concursos , se llevaba los aplausos, con- 
quistaba para sí los corazones, y no había estrado ni vi- 
sita donde no se hablase del último sermón que había 
predicado. 

8. Ya era sabido que siempre había de dar principio 
á sus sermones, ó con algún refrán, ó con algún chiste, 
ó con alguna frase de bodegón, ó con alguna cláusula 
enfática ó partida, que á primera vista pareciese una 
blasfemia, una impiedad ó un desacato ; hasta que, des- 
pués de tener suspenso al auditorio i)or un rato, acababa 
la cláusula, ó salia con una explicación que venía á que- 
dar en una grandísima friolera. Predicando un día del 
nústeriode la Trinidad, dio principio á su sermón con 
este período : «Niego que Dios sea uno en esencia y tri- 
no en personas;» y paróse un poco. Los oyentes, claro 
está , comenzaron á mirarse los unos á los otros, ó couio 
escandalizados ó como suspensos, esperando en qué ha- 
bía de parar aquella blasfemia heretical. Y cuando á 
nuestro predicador le pareció que ya los tenia cogidos, 
prosigue con la insulsez de añadir : «Así lo dice el evio- 
nisla, el marcionista, el arriano, el maniqueo, el soci- 
niano ; pero yo lo pruebo contra ellos con la Escritura, 
con los concilios y con los padres.» 

9. En otro sermón de la Encarnación, comenzó de 
esta manera: «Ala salud de ustedes, caballeros;» y 
como todo el auditorio se riese á carcajada tendida, por- 
que lo dijo con cholada, él prosiguió diciendo: «No hay 
que reírse; porque á la salud de ustedes , de la mía y la 
de todos , bajó del cielo Jesucristo y encarnó en las en- 
trañas de María. Es artículo de fe. Pruébolo : Propter 
nos hvniincs, ct propter avstram salutcín , descendit df 



f02 



OBRAS DEL PADRE JOSÉ FRANCISCO DE ISLA.' 



coelis, etincarnatusest. Al oír esto, quedaron todos como 
suspensos y embobados, mirándose los unos á los otros, 
y escuchándose una especie de murmurio en toda la 
iglesia , que faltó poco para que parase en pública acla- 
mación. 

10. Habiacn ellugarunznpatcro,truiiandc profesión 
y eterno decidor, á quien llamaban en el pueblo «el 
azote de los predicadores», porque en materia de sermo- 
nes su voto era el decisivo. En diciendo del predicador : 
« ¡Gran pájaro, pájaro de cuenta! » bien podia el padre 
desbarrar ii tiros largos ; porque tendría seguros los mas 
principales sermones déla villa, incluso el de la fiesta 
de los Pastores y el de San Roque, en que liabia novillos 
y un toro de muerte. Pero si el zapatero torcia el hocico, 
y al acabar el sermón dccia ; «¡Polluelo, cachorrillo! 
Irásc haciendo ;» mas que el predicador fuese el mismí- 
.simo Yieyra en su mesma mesmedad, no tenia que es- 
perar volver á predicar en el lugar ni aun el sermón de 
San Sebastian, que solo valía una rosca, una azumbre 
de hipocras y dos cuartas de cerilla. Este, pues, formi- 
dable censor de los sermones, estaba tan pagado de los 
del padre Fray Blas (que esta era la gracia del padre 
predicador mayor), que no encontraba voces para pon- 
derarlos : llamábale «pájaro de pájaros, el non prus 
hurta de los pulpitos, y en fin, el orador por Antonio 
mesia», queriendo decir «el orador por antonomasia»; 
y como el tal zapatero llevaba en el lugar, y aun en todo 
aquelcontorno, lavoz de los sermones, no se puede pon- 
derar lo mucho que acreditó con sus elogios á Fray Blas, 
y la gran parte que tuvo en que se hiciese incurable su 
locura, vanidad y bebería. 

1 i . Compadecido igualmente de la sandez del predi- 
cador, que do la perjudicial simpleza del zapatero, un 
padre grave, religioso, docto y de gran juicio, que des- 
pués de haber sido provincial de la orden , se habia re- 
tirado á aquel convento, emprendió curar á los dos si 
podia conseguirlo; y como el día después del famoso 
sermón de la Anunciación le fuese á calzar el zapatero 
(porque era el maestro de la comunidad), y este, con su 
acostumbrada bachillería, comenzase á ponderar el ser- 
món del dia antecedente, pareciéndole también que en 
aquello lisonjeaba al reverendísimo por ser fraile de su 
orden, el buen padre ex-provincial quiso aprovechar 
aquella ocasión, y sacando la caja dio un polvo á Martin 
(que este era el nombre del zapatero), hízole sentar jun- 
to á sí , y encarándose con él , le dijo con grandísima 
bondad : 

12. «Vén acá, Martin , ¿qué entiendes tú de sermo- 
nes? ¿Para qué hablas de lo que no entiendes ni eies 
capaz de entender? Si no sabes escribir ni apenas sabes 
deletrear, ¿cómo has de saber quién predica mal ni bien? 
Dime : si yo te dijera á tí que no sabias cortar, coser, 
desvirar, ni estaquillar, y que todo esto lo hacia mejor 
Fulano ó Citano, de tu misma profesión, no medirlas 
con razón : ¿ Padre, déjelo ; que no lo entiende ; métase 
allá con sus libros, y déjenos á losmaestros de obra prima 
con nuestra tijera, con nuestra lesna y con nuestro trin- 
chete? Esto , siendo así que saber cuál zapato está bien 
ó mal cosido, bien ó mal cortado, es cosa que puede co- 
nocer cualquiera que no sea ciego. Pues si un maestro 
y un predicador baria mal en censurar, y mucho peor en 
dar reglas de cortar ni de coser, á un zapatero, ¿será to- 
lerable que un zapatero se meta en dar reglas de predi- 



car á los predicadores y en censurar sus sermones? Mira, 
Martin, lo mas mas que tú puedes conocer y en quo 
puedes dar tu voto, es en si un predicadores alto ó bajo, 
derecho ó corcovado, cura ó fraile, gordo ó flaco, de voz 
gruesa ó delgada , si manotea mucho ó poco, y si tiene 
miedo ó no le tiene ; porque para esto no es menester 
mas que tener ojos y oídos; pero en saliendo de aquí, no 
solo te expones á decir mil disparales, sino á elogiar cien 
herejías.» 

1 3, Vítor, padre reverendísimo, dijo el tridian del za- 
patero. ¿Y por qué no acaba su reverendísima con gra- 
cia y gloria para que el sermoncillo tenga su debido y 
legítimo final ? Según eso , tendrá vuestra reverendísi- 
ma por herejía aquella gallarda entradilta con que el 
padre predicador mayor dio principio al sermón de la 
Santísima Trinidad : «Niego que Dios sea uno en esencia 
y trino en personas.» Y de las mas escandalosas que se 
pueden oír en un pulpito católico , respondió el grave y 
docto religioso. Pero si dentro de poco (replicó Martin) 
añadió el padre Fray Blas que no lo negaba él, sino el 
ebanista, el marconista, el marrano, el macabeo y el sucio 
enano ó una cosa así , y sabemos que todos estos fueron 
unos perros herejes, ¿qué herejía de mis pecados, dijo el 
buen padre predicador, sino puramente referir la que 
estos turcos y moros dijeron? Sonrióse el reverendo ex- 
provincial, y sin mudar de tono le replicó blandamente : 
Dígame, Martin ; si uno echa un voto á Cristo redondo, 
y de allí á un rato añade valillo, ¿ dejará de haber echado 
unjuramento? Claro es que no, respondió el zapatero; 
porque así lo he oido cien veces á los teatinos cuando 
vienen á misionarnos el alma. Y á fe que en esto tienen 
razón; porque el valillo que se sigue después ya viene 
tarde ; y es así, á la manera que digamos de aquello que 
dice el refrán : « Romperle la cabeza y después lavarle 
los cascos.» Pues á la letra sucede lo mismo en esa pro- 
posición escandalosa y otras semejantes que profieren 
muchos predicadores de mollera por cocer ( repuso el 
buen padre) ; la herejía ó el disparate sale rotundo, y 
en todo caso descalabran con él al auditorio , y eso es lo 
que ellos pretenden, teniéndolo por gracia : después 
entran las hilas, los parchecitosy las vendas para cu- 
rarle : de manera que todo el chiste se reduce á echar 
por delante una proposición que escandalice, y cuanto 
sea mas disonante, mejor ; después se la da una explica- 
ción, con la cual viene á quedar una grandísima friolera. 
¿No te parece, Martin, que aun cuando así se salve la 
herejía, á lo menos no se puede salvar la insensatez y 
la locura ? 

44. No entiendo de tulogías, respondió el zapatero; 
lo que sé es , que por lo que toca á la entradilta del ser- 
món de ayer : « A la salud de ustedes , caballeros, » ni 
vuestra reverendísima ni todo elconcilioTrementino me 
harán creer que allí hubo herejía, porque la probó cla- 
ramente con el Credo : propter nostra salute dcscendit 
de Codos ; y que á todos nos dejó aturdidos. Es cierto 
(replicó el reverendísimo) que en eso no hubo herejía; 
¿ pero no me dirá Martin en qué estuvo el chiste ó la 
agudeza que tanto los aturdió? ¿Pues qué (respondió el 
maestro de obra prima), no es la mayor agudeza del mun- 
do comenzar un sermón como quien va á echar un brin- 
dis ; y cuando todo el auditorio se rió , juzgando que iba 
asacar un jarro devino para convidarnos, echarnos á 
todos un jarro de agua con un texto que vino que ni pin- 



FRAY GERUNDIO DE CAMPAZAS. 



103 



tado ? Oígase , Martin , le dijo con sosiego el reverendí- 
simo : cuando en una taberna comienza un borradlo á 
predicar, ¿ qué se suele decir de él ? A esos , respondió 
Martin, nosotros los cofrades de la cuba los llamamos 
los borradlos dcsalmciadüs; porque sabida cosa es que 
borrachera que entra por la mística ó á la apostólica , es 
incurable. Pues venga acá , buen hombre (replicó el ex- 
provincial), si la mayor borrachera de un borracho es 
liablar en la taberna como liablan en el pulpito los pre- 
dicadores, ¿será gracia, chiste y agudeza de un predica- 
dor usar en el pulpito las frases que usan en la taberna 
los borradlos ? ¡ Y á estos predicadores alaba Martin , á 
estos aplaude! Vaya, que tiene poca razón. Padre Maes- 
tro, respondió convencido y despechado el zapatero : 
yo no he estudiado lógica ni garambainas; lo que digo 
es que lo que me suena, me suena. Vuestra paternidad 
es de esa opinión, y otros son de otra, y son de la misma 
lana, yen verdad que no son ranas. El mundo está lleno 
de envidia, y los claustros no están muy vacíos de ella. 
Viva mi padre Fray Blas , y vuestra paternidad déme su 
licencia ; que me voy á calzar al padre refitolero. 

15. No bien liabia salido Martin de la celda del padre 
ex-provincial, cuando entró en ella Fray Dios á despe- 
dirse de su reverendísima, porque el dia siguiente tenia 
que ir á una villa que distaba cuatro leguas, á predicar 
de la colocación de un retablo. Como estaban frescas las 
especies del zapatero, y el buen reverendísimo, ya por 
la honra de la religión, ya por la estimación del mismo 
padre predicador, á quien realmente queria bien, y sen- 
tía ver malogradas unas prendas que, manejadas con 
juicio, podían ser muy apreciables, deseaba lograr co- 
yuntura de desengañarle; y pareciéndole que era muy 
oportuna la presente, le dijo luego que le víó : Padre pre- 
dicador, siento que no hubiese llegado vuestra merced 
un poco antes, para que oyese una conversación en que 
estaba con Martin el zapatero , y él me la cortó cuando 
yo deseaba proseguirla. Apuesto, respondió Fray Blas, 
que era acerca de sermones; porque no habla de otra 
cosa; y en verdad que tiene voto. Podrále tener, replicó 
el ex-provincial, en saber dónde aprieta el zapato ; pero 
en saber dónde aprieta el sermón , no sé por qué ha de 
tenerle. Porque para saber quién predica bien ó mal, 
respondió Fray Blas , no es menester mas que tener ojos 
y oídos. Pues de esa manera , replicó el ex-provincial, 
lodos los que no sean ciegos ni sordos tendrán tanto voto 
como el zapatero. Es que hay algunos , respondió el pa- 
dre Fray Blas , que sin ser sordos ni ciegos , no tienen 
tan buenos ojos ni tan buenos oídos como otros. Eso es 
decir, replicó el ex-provincial , que para calificar un 
sermón , no es menester mas que ver cómo lo acciona y 
oír cómo lo siente el predicador. No, padre nuestro, no 
es menester mas. Con que, según eso, argüyó el ex-pro- 
víncial , para ser buen predicador no es menester mas 
que' ser buen representante. Concedo conseqiientiam, 
dijo Fray Blas , muy satisfecho. 

16. ¿ Y es posible que tenga aliento para proferir se- 
mejante proposición un orador cristiano, y un bijode 
mi padre San N., que viste su santo hábito? Hora bien, 
padre predicador mayor, ¿cuál es el fin que se debe 
proponer en todos sus sermones un cristiano orador? 
Padre nuestro, respondió Fray lilas, no sin algún desen- 
fado, el fin que debe tener todo orador cristiano y no 
cristiano, es agradar al auditorio, dar gusto á todos, y 



caerles en gracia : á los doctos, por la abundancia de la 
doctrina, por la multitud de las citas, por la variedad y 
por lo selecto de la erudición; á los discretos, por las 
agudezas, por los chistes y por los equívocos ; á los cu\- 
tos, por el estilo pomposo, elevado, allisonante y de 
rumbo ; á los vulgares, por la popularidad , por los re- 
franes y por los cuenlecillos eiic;ijadüs con oportunidad 
y dichos con gracia ; y en fin, á todos, por la presencia, 
por el despejo, por la voz y por las acciones. Yo, á lo me- 
nos , en mis sermones no tengo otro fin , ni para conse- 
guirle me valgo de otros medios; y en verdad que no 
•me va mal ; poique nunca falta en mi celda un polvo de 
buen tabaco , una jicara ¡de cbocolate rico ; Iiay un par 
de mudas de ropa blanca; esta bien proveída la trasque- 
ra ; y finalmente, no faltan en la naveta cuatro doblones 
para una necesidad; y nunca salgo á predicar que no 
traiga cien misas para el convento y otras tantas para re- 
partirlas entre cuatro amigos. No hay sermón de rumbo 
en todo el contorno, que no se me encargue, y mañana 
voy á predicar á la colocación del retablo de..., cuyo 
mayordomo me dijo que la limosna del sermón era un 
doblón de á ocho. 

1 7. Apenas pudo contener las lágrimas el religioso y 
docto ex-provincial, cuando oyó un discurso tan necio, 
tan aturdido y tan impío en la boca de aquel pobre frai- 
le, mas lleno de presunción y de ignorancia , que de 
verdadera sabiduría ; y compadecido de verle tan enga- 
ñado, encendido en un santo celo de la gloria de Dios, 
de la lionra de la religión y del hiende las almas, en 
las cuales podía hacer gran fruto aquel alucinado reli- 
gioso, sí empleara mejor sus naturales talentos, quiso 
ver sí podía convencerle y desengañarle. Levantóse de 
la silla en que estaba sentado, cerró la puerta de la cel- 
da, echó la aldabilla por adentro para que ninguno los 
interrumpiese, tomó de la mano al predicador mayor, 
metióle en el estudio, hízole sentar, y sentándose él 
mismo junto á él, con aquella autoridad que le daban 
sus canas, su venerable ancianidad, su doctrina, su 
virtud, sus empleos, su crédito y su estimación en la 
orden, le babló de esta manera. 

CAPITULO in. 

Del grave y docto razonamiento que un padre ex-provlnrinl de la 
orden ¡lizo al predicador mayor de la casa donde estudiaba 
las artes nuestro Fray Gerundio. 

('Aturdido estoy, padre Fray Blas, de lo que acabo de 
oírle, tanto, que aun ahora mismo estoy dudando si me 
engañan mis oídos, ó sí sueño lo que oigo. Bien temía 
yo al oírle predicar, y al observar cuidadosamente todos 
sus movimientos antes del pulpito, en el pulpito y des- 
pués del pulpito, que en sus sermones no se 'proponía 
otro fin que el de la vanidad, el del aplauso y del ínte- 
res; pero este temor no pasaba de ofrecimiento, y ni 
aun se atrevía á ser sospecha , porque no se fuese arri- 
mando ajuicio temerario. Mas ya veo, por lo que acabo 
de oírle, que me propasé de piadoso. 

2. « ¡ Con que el fin de un orador cristiano y no cris- 
tiano es agradar al auditorio, captar aplausos, granjear 
crédito, hacer bolsillo y solicitar susconvenenzuelas! A 
vista de esto, ya no me admiro de que el padre predica- 
dor se disponga para subir al pulpito, como se dispone 
un comediante para salir al teatro : muy rasurado, muy 
afeitado, muy copetudo, el mejor hábito, la capa de 



i 01 OnriAS DEL PADUIÍ JOSÉ FRANCISCO DE ISLA 

lustre, la saya plcpada, zapatos nuevos, ajustados y cu- 
riosos, pañuelo de color sobresaliente, otro blanco, 
cumplido y de tela muy del;íada, menos para limpiar el 
sudor que para liacer ostentación de lo que debiera cor- 
rerse un religioso que profesa modestia, pobreza y bu- 
mildad. Un predicador apostólico que subiese á ia cáte- 
dra del Espíritu Santo con el único íin de enamorar ú 
los oyentes , de la virtud , y moverlos eficazmente á un 
santo aborrecimiento del pecado, se avergonzarla de 
esos afectados adornos, tan impropios de su estado, co- 
mo de su ministerio ; pero quien sube á profanarla con 
fines tan indecentes, y aim estoy por decir tan sacrílc-» 



gos, ni puede ni debe usar otros medios. No quiero de- 
cir que el desaliño cuidadoso sea loable en un predica- 
dor ; solo pretendo que la afectada curiosidad en el 
vestido ó en el traje, es la cosa mas risible ; y no liay 
hombre de juicio que no tenga por loco al religioso que 
pone mas cuidado en componer el liábito, que en com- 
poner el sermón, pareciéndole que el afeite de la per- 
sona puede suplir la tosca grosería del papel. En una 
palabra, padre mió, el que se adorna de esa manera pa- 
ra predicar, bien da á entender que no va á ganar almas 
para Dios, sino ú conquistar corazones para sí. No sube 
á predicar, sino á galantear ; tiene mas de orate que de 
verdadero orador. 

3. ))E1 íin de este, sea sagrado, sea profano, siempre 
debe ser convencer al entendimiento y moverá la volun- 
tad, ya sea á abrazar alguna verdad de la religión, si el 
orador es sagrado, ya á tomar alguna determinación ho- 
nesta y justa, si fuere profano el orador. No habrá leído 
ni leerá jamas el padre predicador que un orador profa- 
no, por profano que fuese , se hubiese jamas propuesto 
otro lin. Este es el único que se propusieron en sus ora- 
ciones Demostenes, Cicerón yQuiutiliano, dirigiéndose 
todas á algún fin honesto y laudable ; unas á conservar á 
la república, otras á encender los ánimos contra la tira- 
nía ; estas á defender á la inocencia, aquellas á reprimir 
la injusticia ; muchas á implorar la misericordia, no po- 
cas á excitar toda la severidad de las leyes contra los 
atrevimientos de la insolencia. Sise hubiera olido que 
alguno de aquellos famosos oradores no tenia otro íin 
en sus declamaciones, que hacerse oir con gusto, captar 
el aura popular, ostentar el aseo ó la majestad del vesti- 
do, el aire de la persona, el garbo de las acciones, lo 
sonoro de la voz, lo bien sentido de los afectos, la pom- 
posa hojarasca de las palabras y la agudeza ó falsa bri- 
llantez de los pensamientos; si se hubiera llegado á en- 
tender que sus arengas no se dirigían á otro íin que á 
solicitar aplausos , á conquistar corazones y á ganar di- 
nero, hubieran sido el objeto de la risa, del desprecio y 
aun de la indignación de todos; y si algunos eoncurrie- 
sen á oírlos, no sería ciertamente para dejarse persuadir 
de ellos como de oradores , sino para divertirse con ellos 
como se divertían con los histriones, con los pantomi- 
mos y con los cliarlatanes. Porque, en sinna, mi padre 
predicador, el orador no es mas que un bonibre dedi- 
cado por su ministerio á instruir á los otros hombres, 
haciéndolos mejores de lo que son. Y dígame : ¿ los hará 
mejores de lo que son el que, desde que se presenta en 
el pulpito, se muestra tan dominado de las pasioncillas 
humanas como el que mas? ¿Hará bumilde al vano y al 
soberbio el que en todas sus acciones y movimientos 
está respirando presunción y vanidad? ¿Corregirá la 



profanidad de los adornos y el desordenado artificio de 
los afeites el que, dentro délos términos á que puedo 
extenderse su estado y su profesión , sube al púl[)ilo de 
gala? ¿Emendará los desórdenes déla codicia el que se 
sabe que hace tráfico de su ministerio, que predica por 
interés, y que revuelve al mundo para que le encarguen 
los sermones que mas valen? Finalmente, ¿á quién per- 
suadirá (pie ásolo Dios debemos agradar, el que confie- 
sa que en sus sermones no tiene otro íin que el agradar á 
los hombres? 

4. «¿No medirá el padre predicadorsilosapóstolesse 
propusieron este bastardo lin en los sermones con que 
doce hombres rústicos, groseros y desaliñados convir- 
tieron á todo el mundo? Dirá que Dios hacíala costa. 
¿Y quién le ha dicho que no la baria también aliora sise 
predicara con el espíritu con que predicaron los apósto- 
les? Replicará que aquellos eran otros tiempos, y que 
los nuestros sonniuydiferentesqueaquellos. ¿Quéquie- 
re decir en eso, padre mío? Si quiere decir que los após- 
toles predicaron á una gente idiota, bárbara, inculta 
ignorante, que se convencía de cualquiera cosa y en 
cualquiera manera que se la propusiesen, acreditará 
que está mas versado en leer libros de concoptillos, que 
llaman predicables y yo llamo intolerables y contenti- 
bles,que en la historia eclesiástica yprofana. ¿Sabe que 
nunca estuvo el mundo mas cultivado que cuando Dios 
envió sus apóstoles á él ? ¿Ignoraque aun duraban y du- 
raron por algún tiempo las preciosas reliquias del do- 
rado siglo de Augusto, dentro del cual nació Cristo, y 
en el cual florecieron, mas que en otro alguno, todas las 
artes y ciencias, especialmente la oratoria, la poesía, la 
filosofía y la historia? Nuestro siglo presume, con razón 
ó sin ella, demás cultivado que otro algimü;yno se 
puede negar que en algunas determinadas facultades y 
artes se han hecho descubrimientos que ignoraron los 
que le precedieron. Con todo eso, en aquellas que cul- 
tivaron los antiguos no se ha decidido hasta ahora entre 
los críticos la famosa cuestión sóbrela preferencia de 
estos á los modernos; y sepa el padre predicador que, 
aunque las razones que se alegan por unos y porotrosson 
de mucho poso, pero el número de votos que están por 
los primeros hace incomparables excesos al que cuentan 
los segundos. Vea ahora si eran ignorantes, bárbaros ó 
incultos aquellos á quienes predicaron y convirtieron loS 
apóstoles, cuando se disputa con grandes fundamentos 
sinos excedieron en comprehension, en ingenio, en 
buen gusto y en cultura. 

5. «Responderá que aun por eso mismo los apóstoles 
no convertían mas que á la gente popular, idiota y del 
vulgacho. Otra alucinación, que nace del mismo prin- 
cipio. ¿No me hará merced el padre predicador de de- 
cirme si era idiota, popular y del vulgacho, Cornelio el 
Centurión ; si el eunuco de la reinaCandace era también 
del vulgacbo y popular; si era idiota San Dionisio Afeo- 
pagita ; si era un pobre ignorante San Justino mártir; si 
San Clemente Alejandrino fué idiota; si era popular y 
del vulgacbo San Lino y sus padres Herculano y Clau- 
dia, ambos de las familias mas ilustres de Toscana; si 
tantos reyes, lautos príncipes y tantos magistrados co- 
mo convirtieron los apóstoles ensus respectivas provin- 
cias, eran del vulgacho y populares? Un predicadorque 
siípiiera se tomase el corto y necesario trabajo de leer 
las vidas de los santos de quienes predica, no iiicurriria 



FRAY GERUNDIO DE CAMPAZAS. 



105 



en semejante pobreza ; ¿pero cómo no ha de incurrir en 
esta y en mas crasas ignorancias, cuando nmclias veces 
quien tiene menos noticia del santo á que se predica, 
es el mismo predicador , haciendo vanidad do tomar 
asuntos tan abstraidos, que un mismo sermón se pueda 
predicar á San Liborio,á San Roque, ¿San Cosme y San 
Damián, á la virgen de las Angustias, y, en caso nece- 
sario, á las benditas ánimas del purgatorio? 

t>. wPero si acaso quiere decir el padre predicador que 
aquellos primeros tiempos de la Iglesia , aunque no eran 
menos instruidos, eran menos estragados que los nues- 
tros, y consiguientemente no era tan dificultoso redu- 
cirlos á la verdad del Evangelio con razones claras , na- 
turales, desnudas y sencillas , dirá otra necedad que en 
conciencia no se le puede perdonar. ¿Con que eran me- 
nos estragados que los nuestros unos tiemposen que los 
vicios eran adorados como virtudes, y las virtudes abor- 
recidas como vicios ; unos tiempos en que la incontinen- 
cia recibía inciensos en Citerea, la embriaguez adora- 
ciones en Baco, el latrocinio sacriücios en Mercurio; 
unos tiempos en que se adoraba á Júpiter estrupador , á 
Venus incestuosa, á Hércules usurpador y áCaco ratero; 
unos tiempos en que la vanidad se llamaba grandeza de 
corazón, el orgullo elevación de espíritu, la soberbia 
magnanimidad, la usurpación heroísmo; y al contrario, 
la modestia, el encogimiento, la moderación y el retiro, 
se trataban como bajeza de ánimo, como apocamiento, 
no solo inútil, sino pernicioso á la sociedad? 

7. «Mas no quiero estreciiarle tanto, no quiero hacer 
cotejo de nuestro siglo con el primer siglo de la Iglesia; 
contentóme con hacer la comparación entre nuestros 
liemposy aquellos en que florecieron los Paduas, los 
Ferreres, los Tomases de Villanueva. Dígame : ¿ Hay 
mucha diferencia entre nuestras costumbres y las de 
aquellos tiempos? Si sabe algo de historia, precisamente 
responderá que si hay alguna diversidad esculos trajes, 
en las modas, en la mayor perfección de las lenguas y en 
algunos usos puramente accidentales y exteriores ; que 
en los demás reinaban entonces como ahora las mismas 
costumbres, las mismas pasiones, las mismas inclina- 
ciones , los mismos vicios , los mismos desórdenes , solo 
que estos eran mas frecuentes, mas públicos y mas es- 
candalosos en aquellos tiempos que en estos. Con todo 
eso, ¿qué conversiones tan portentosas y tan innume- 
rables no hicieron aquellos santos en los suyos? Qué 
séquito no tenían siempre que predicaban , despoblán- 
dose las ciudades y aua las provincias enteras por oírlos? 
¿Y se predicaban á sí mismos? ¿No se proponían otro fin 
en sus sermones que el de captar aplausos, granjear ad- 
miraciones, ganar dinero y meter ruido en el mundo? 
Metíanle y grande; ¿pero era esto lo que ellos intenta- 
ban ? ¿Y conseguíanlo por unos medios tan impropios, 
tan indecentes, tan indignos, y aun estoy por decir tan 
sacrilegos? 

8. «Paréceme que estoy ya oyéndolo que me dirá in- 
teriormente el padre predicador : lo que veo es que yo 
lo consigo por los que uso, que también meto ruido, que 
me siguen , que me aplauden y que me admiran. ¡ Lin- 
damente! Y de ahí ¿qué se inliere? ¿Que predica bien, 
que sabe siquiera lo que se predica? ¡ Oh qué mala con- 
secuencia! Mete ruido ; también le mete una farsa cuan- 
do entra en un lugar. Sígnenle ; también se sigue á un 
charlatán, á un truhán, á un lilirilero, á un arlequín, 



cuando hacen sus habilidades en un pueblo. Apláuden- 
le ; ¿ pero quiénes? Los que oyen como oráculo á un in- 
feliz zapatero, y los que celebran á un predicador como 
pudieran á un representante. Admíranse al oírle ; ¿pero 
de qué? Los necios y los aturdidos, de su osadía y de sus 
gesticulaciones; los cuerdos y los inteUgentes, de su sa- 
tisfacción y de su falta de juicio. 

9. -«Ora bien, padre predicador, ¿quién le ha dicho 
que los aplausos y las admiraciones de la muchedumbre 
son hijas de los aciertos? Frecuenlísimamente, por no 
decir las mas veces, son hijas de la ignorancia. El vulgo, 
por lo común , aplaude lo que no entiende ; y sepa que 
en todas las clases de la república hay mucho vulgo. Ya 
habrá leído ú oído lo de aquel famoso orador, que aren- 
gando en presencia de todo el pueblo, y oyendo hacía la 
mitad de la oración una especie de alegre murmurio de 
la multitud, que le sonó á aclamación, se volvió á un 
amigo suyo que estaba cerca, y le preguntó sobresal- 
tado : «¿He dicho algún disparate? Porque este aplauso 
popular no puede nacer de otro principio.)) Aun el mis- 
mo Cicerón, que no escupía los aplausos, desconfiaba 
de ellos si eran muy frecuentes, pareciéndole que no 
siendo posible merecerlos siempre , necesariamente ha- 
bía de tener en ellos mucha parte la adulación ó la ig- 
norancia. «No gusto oír muchas veces en mis oraciones: 
¡ Qué cosa tan buena ! No se puede decir mejor ! Bellé et 
praeclaré nimiúm, saepe , nolo. )) 

10. ))Aunmasequívocas son las admiraciones que los 
elogios : estos nunca debieran dirigirse sino alo bueno 
y á lo sólido ; aquellas pueden , sin salir de su esfera, li- 
mitarse precisamente á lo singular y á lo nuevo; porque 
la admiración no tiene por objeto lo bueno, sino lo raro. 
Y así dice discretamente un jesuíta francés , muy al caso 
en que nos hallamos, que «puede suceder, y sucede con 
frecuencia, una especie de paradoja en los sermones; 
esta es, que el auditorio tiene razón para admirar ciertos 
trozos del discurso que se oponen al juicio y á la razón, 
y de aquí nace que muy frecuentemente se condena 
poco después lo mismo que á primera vista se había ad- 
mirado)). ¿Cuántas veces lo pudo haber notado el padre 
predicador? Están los oyentes escuchando un sermón 
con la boca abierta , embelesados con la presencia del 
predicador, con el garbo de las acciones, con lo sonoro 
de la voz, con la que llaman elevación del estilo, con el 
cortadillo de las cláusulas, con la viveza délas expre- 
siones, con lo bien sentido de los afectos, con la agude- 
za de los reparos, con el aparente desenredo de las so- 
luciones, con la falsa brillantez de los pensamientos : 
mientras dura el sermón, no se atreven á escupir , ni aun 
apenas á respirar, por no perder ni una sílaba : acabada 
la oragíon, todo es cabezadas, todo murmurios, todo 
gestos y señas de admiraciones : al salirde la iglesia todo 
es corrillos, todo pelotones, y en ellos todo elogios, todo 
encarecimientos, lodo asombros : ¡ Hombre como este, 
pico mas bello, ingenio mas agudo! 

1 1 . ))¿Pero qué sucede? Algunos hombres inteligen- 
tes, maduros, de buena crítica y de juicio claro, que 
oyeron el sermonyno sedejarondeslumbrar,no piulien- 
do sufrir que se aplauda lo que debiera aboiuiíiarse, 
sueltan ya esta ya aquella especie contra todas las parles 
de que se compuso el seriuou , y hacen ver con eviden- 
cia que todo él fué un tejido de impropiedades, de igno- 
rancias, de sandeces, do pobrezas, y cuando menos, de 



i 06 



OBRAS DEL PADRE JOSÉ FRANCISCO DE ISLA. 



fulilidades. Demuestran con toda claridad que el estilo 
no era elevado, sino liiiichado, campanudo, ventoso y 
de pura hojarasca ; que las cláusulas cortadas y caden- 
ciosas son tan contrarias á la buena prosa, como lasllcnas 
y las numerosas, pero sin determinada medida, lo son 
al buen verso ; que este {género de estilo causa risa , ó 
por mejor decir, asco, á los que saben hablar y escribir; 
que las expresiones que se llaman vivas no eran sino de 
ruido y de boato; que aquel modo de sentir y de ex- 
presar los afectos , mas ora cómico y teatral que ora- 
torio, loable en las tablas, pero insufrible en el pulpito; 
que los reparos eran voluntarios, su agudeza una frus- 
lería, y la solución de ellos tan arbitraria como fútil; 
que los pensamientos se reduelan á unos dicliicos de 
conversación juvenil, á unos retruécanos ó juguete de 
palabras, á unos conceptos poéticos, sin meollo ni jugo 
y sin solidez ; que en todo el sermón no se descubrió ni 
pizca de sal oratoria, pues no liabia en él ni asomo de un 
discurso metódico y seguido, nada de enlace, nada de 
conexión, nada de raciocinio, nada de moción ; en fin, 
una escoba desalada, conceptillos esparcidos, pensa- 
mentuelos esparramados por aquí y por allí, y acabóse. 
Con que, todo bien considerado, no habia qué aplaudir 
ni qué admirar en nuestro predicador sino su voz, su 
manoteo, su presunción y su reverendísimo corain vo- 
bis. Los que oyen discurrir asi á estos hombres perspi- 
caces, penetrativos y bien actuados en la materia, vuel- 
ven de su alucinación, conocen su engaño, y el predi- 
cador que por la mañana era admirado, ya por la tarde 
es tenido por pieza; los compasivos le miran con lásti- 
ma y los duros con desprecio. 

42. «No quiero mas prueba de esta verdad que los ser- 
mones mismos del padre predicador. ¿Cuánto se celebró 
y cuánto se admiró aquella famosa entradilla del sermón 
de la Santísima Trinidad : «Niego que Dios sea uno en 
esencia y trino en personas?» Cuánto se admiró y cuánto 
se ponderó la otra del sermón de la Anunciación : « A la 
salud de ustedes, caballeros?» ¿Qué elogios no se oye- 
ron de una y otra, al acabarse las funciones? ¿Pero 
cuánto duraron estas admiraciones y estos aplausos? El 
tiempo que tardó un hombre celoso, caritativo y pru- 
dente, cu abrir los ojos á los oyentes, para que conocie- 
sen que la primera proposición habia sido una grandí- 
sima herejía, y la segunda una grandísima borrachera; 
y cuando menos, añadida la explicación de la una y de 
la otra, ambas habían quedado en dos grandes insulse- 
ces; porque la primera se redujo á decir que muchos 
licrejes habían negado el misterio de la santísima Tri- 
nidad ; ¡ miren que noticia tan exquisita! Y la segunda, 
estrujada su sustancia, no vino á decir mas que Cristo, 
ó el Verbo divino, habia encarnado por la saku^de los 
hombres ; ¡ miren que pensamiento tan delicado ! Luego 
que sus oyentes cayeron en la cuenta, quedaron corri- 
dos de lo mismo que habían admirado poco antes; y sé 
muy bien que en las mismas tardes de la Trinidad y de 
la Anunciación se lo dieron á entender al padre predi- 
cador, si él hubiera querido percibirlo. Porque, yendo á 
visitar á sus penitentas, como lo acostumbra los días 
que predica, para recoger los aplausos de los estrados, 
cierta señorita le dijo el día de ia Trinidad : « ¡Jesús, 
padre predicador! Dios se lo perdone á vuestra merced 
el susto que me dio con el principio de su sermón ; por- 
que, cierto, lemi que el comisario del Santo Oficio le 



mandase callar, y que desde el pulpito le llevase A la In- 
quisición.» Y también sé que otra le dijo la tarde de la 
Anunciación : «Cuando vuestra merced comenzó el ser- 
món esta mañana, creí que estaba dormida, y que soña- 
ba que, en lugar de llevarme á la iglesia, me habían 
llevado á la taberna.» Ambas fueron dos pullas muy 
delicadas y bien merecidas; pero como el padre predi- 
cador lodo lo convierte en sustancia, túvolas por chiste 
y le entraron en provecho. 

13. » Estos son, padre mió, los aplausos que logra, 
aun de aquellas personas que no tienen mas luces que 
las de un sindéresis natural bien puesto ; burlarse de él 
y estimarle en lo que vale. Las que están mas cultiva- 
das, las que tienen alguna tintura del buengusto, y so- 
bretodo, aquellas que no miran con indiferencia un 
ministerio tan serio y tan sagrado de la religión, no le 
puedo ponderar el dolor que las causa verle tan profa- 
nado en su boca, y la compasión con que miran tan in- 
felizmente malogrados unos talentos que, si los mane- 
jara como debe, serían útilísimos para el bien de las 
almas, para la gloria de Dios, para mucha honra de 
nuestra sagrada orden, y para mas sólida y mas verda- 
dera estimación del padre predicador. No puede diular 
este ia especial inclinación que siempre le he manifes- 
tado desde que fué mi novicio; las pesadumbres de que 
le libré cuando fui prelado suyo ; la estimación que 
hice de sus prendas siendo su provincial, pues yo fui 
quien le colocó en el candelero, encargándole uno de 
los pulpitos mas apetecidos de la provincia. Ya se acor- 
dará de la carta paternal que con esta ocasión le escribí, 
recomendándole mucho que desempeñase mi confian- 
za ; que no diese ocasión para que me insultasen los que 
censuraron esta elección, sin duda porque le conocían 
mejor que yo ; que predicase á Jesucristo crucificado, y 
no se predicase así mismo; óá lo menos, que predicase 
con juicio y con piedad, ya que no tuviese espíritu para 
hacerlo con celo y con fervor. Protéstele que uno de los 
mayores remordimientos que tengo de los muchos des- 
aciertos que cometí en mi provincialato (aunque pongo 
á Dios por testigo que todos con buena intención), es 
el de haber hecho predicador al padre Fray Blas, liando 
la conversión de las almas á quien en nada menos piensa 
que en convertirlas, y á quien muestra tener la suya no 
poco necesitada de conversión. Díle á conocer en el 
mundo, cuando estaría mejor en el retiro del claustro 
y en la soledad del coro. Púsele en ocasión de que los 
aplausos de los necios le engrpyesen y la vanidad le 
precipitase. Conózcolo, llorólo ; pero ya no lo puedo re- 
mediar, pues veo con imponderable dolor mío, que 
aun dentro de la religión no faltan fomentadores de su 
vanidad, elogíadores y panegiristas de sus locuras : unos 
porque no alcanzan mas, otros por adulación, algunos 
pocos por interés, y la mayor parte porque se deja llevar 
de la corriente y no tiene mas regla que el grito de la 
muchedumbre. 

14. »EntreestosúU¡moscuentoáesa pobre juventud, 
compuesta de colegiales filósofos y teólogos, que se cria 
en este convento, y á quien es indecible el daño que 
hace con su mal ejemplo el padre predicador. Venle 
aplaudido, celebrado, buscado, regalado y sobrado de 
religiosas conveniencias; oyen al mismo padre predica- 
dor hacer ostentación pueril de ellas^ alabarse de lo mu- 
cho que le fructifica la semilla del Verbum Dei; ponde- 



FRAY GERUNDIO 

rar la iitilidacl y la estimación de su carrera, haciendo 
ciiunga y cliacota de la de los lectores y maestros de la 
orden, á quienes traía de pelones, pobretes, mendigos, 
pordioseros y camaleones, que se sustentan del aire de 
los ergos, y que tienen las navetas tan vacias de choco- 
late como los cascos llenos de cuestiones impertinen- 
tes. ¿Qué sucede? Que cobran horror al estudio escolás- 
tico, tan necesario para la inteligencia de los misterios 
y de los dogmas, y para no decir de unos y de otros tantos 
disparatescomo dice el padre predicador; dedícanseá 
leer libros de sermonarios inútiles y disparatados, ó á 
trasladar sermones tan ridiculos, tan insustanciales y 
aun tan perniciosos como los del padre Fray Blas; tómanle 
á él mismo por modelo, remedándole hasta las acciones y 
los movimientos, sin advertir que los que parecen bien 
cuando son naturales, se hacen risibles y despreciables 
en el remedo. Crianse con esta leche, y salen después á 
ser la diversión del vulgo, la admiración de los igno- 
rantes, la risa de los discretos , el dolor de los piadosos, 
el descrédito de la orden, y tal vez su azote y su tor- 
mento. 

15. «Viéndolo estamos todos en ese pobre, simple y 
atolondradode Fray Gerundio. Susencillez poruña par- 
te, y el padre predicador por otra, andjos concurren á 
echarle á perderá tiros largos. Aunque no le faltan talen- 
tos para que con el tiempo saliese hombre de provecho, 
viendo estoy que nos ha de sonrojar y que nos ha de dar 
que padecer. No hay forma de estudiar una conferencia, 
de dedicarse á entender una cuestión, y mira con horror 
al estudio escolástico, gastando el tiempo en leer ser- 
mones impresos, y en trasladar los manuscritos del pa- 
dre Fray Blas. ¿Y esto por qué? Porque me dicen que no 
sale de su celda ; que tiene en ella letra abierta para des- 
ayunarse, para merendar y para perder tiempo ; que el 
padre predicador le va imbuyendo en todas sus máxi- 
mas, hasta pegarle también sus afectos y desafectos, no 
solo con perjuicio de su buena educación, sino en grave 
detrimento de la caridad y de la unión fraternal y re- 
ligiosa. 

16. ))Por tanto, padre mió, si el amor de nuestra ma- 
dre la religión le debe algo; si tiene algún celo por la 
salvación de las almas que Jesucristo redimió con su 
preciosa sangre; si su misma estimación, sólida y ver- 
dadera, le merece algún cariño, ruégole por la misma 
preciosísima sangre de Jesús, que mude de conducta; 
sea mas noble, mas cristiano y mas religioso el fin de 
sus sermones, y será muy otra su disposición ; predique 
á Cristo crucificado, y no se predique á sí mismo; y á 
buen seguro que no pondrá tanto cuidado en el afec- 
tado aliño de su persona ; no busque otro interés que el 
de las almas, da mihi animas , caetera tolle tibi ; y yo 
le fio que predicará de otra manera; no solicite aplausos, 
sino conversiones; y tenga por cierto que no solo lo- 
grará las conversiones que desea, sino los aplausos que 
no solicita; y estos, de orden muy superior al aura po- 
pular y vana que ahora le arrebata tanto. Sobre todo, 
le encargo, le ruego, le suplico, que cuando no haga 
caso de lo que le digo y se obstine en seguir el errado 
rumbo que ha comenzado, á lo menos no dogmatice, 
no haga escuela tan perniciosa, no quiera imitar aquel 
dragón que con la cola arrastró tras de si la tercera 
partede las estrellas. Estremézcale aquel Vac! tan espan- 
toso contra los que escandalizan á los pcqueñuelos. Y 



DE CAMPAZA9. 107 

no trate de vejez, de impertinencia, de prolijidad y de 
mala condición de los muchos años esta paternal, cari- 
tativa y reservada advertencia que le hago; sino mírela 
como la mayor prueba del verdadero amor que le pro- 
feso. )) 

CAPITULO IV. 

De la burin que hizo el predicador mayor del razonamiento del 

ex-provincial , y de lo que pasó después con Fray Gerundio. 

Sin cespitar estuvo oyendo Fray Blas el sermón que 
le espetó el reverendo padre cx-provincial, y á pié firme 
sufrió la carga cerrada que le disparó, con una conte- 
nencia tal, que cualquiera se persuadiría que quedaba 
convencido, persuadido y trocado ya en otro hombre. 
Porque dice la leyenda de la orden, que le oyó con 
semblante sereno, con los ojos bajos, con las manos de- 
bajo del escapulario, con el cuerpo algo inclinado Inicia 
adelante, en postura humilde, aplicando un poco el 
oído izquierdo, como para no perder sílaba, sin estor- 
nudar, sin escupir y aun sin sacar la caja ni tomar un 
polvo de tabaco, en todo el tiempo que duró la misión. 
Ya el buen padre ex-provincial se aplaudía interior- 
mente á sí mismo de aquella feliz conquista, ya tenía 
por mil veces dichosa la hora en que se liabia determi- 
nado á hablarle con tanta resolución y claridad , ya es- 
taba para echarle los brazos al cuello, dándole mil para- 
bienes de que finalmente hubiese abierto los ojos á la 
luz de la razón, cuando vio que el bueno del predicador 
levantó los suyos, le miró con serenidad, sacó las manos 
de bajodel escapulario, reclinó el codo derecho sobre el 
brazo de la silla, refregóse la barba, echó después mano 
ala manga, sacó la caja, dio dos golpecítos pausados 
sobre la tapa, abrióla, tomó un polvo, y encarando al 
ex-provincía!, le dijo muy reposado: «¿Acabó ya vues- 
tra paternidad? — Sí, ya acabé. — Pues, padre nuestro, 
óigame vuestra paternidad este cuento.» 

2. Asistía un loco al sermón del juicio universal, que 
se predicaba en cierta misión. Estuvo verdaderamente 
fervoroso y apostólico el celoso misionero, y dejó tan 
aturdido al auditorio, que, aun después de acabado el 
sermón, por un rato ninguno se rebullía. Aprovechóso 
el loco de aquel compungido silencio, y levantando la 
voz descompasadamente, dijo : «Señores, lodo eso que 
nos acaba de predicar el padre misionero, de juicio, 
juicio y juicio, sin duda que debe de ser así. Pero non- 
dum venit hora mea, y yo llevo la contraria con el doc- 
tísimo Barradas. » Vea vuestra paternidad si manda algo 
para Cevíco de la Torre; porque yo parto mañana ; y sin 
esperar á mas razones, se levantó de la silla, tomó la 
puerta y se fué á su celda. 

3. Esperábale en ella su queriuito Fray Gerundio, 
que ademas de ser un eterno admirador de las locuras y 
de los disparates de Fray Blas, cuya sola razón bastaría 
para que este le estimase mucho, era, fuera de eso, \\n 
frailecito rollizo, bien agestado, nniy compuestíco de 
andadura, de acciones y movimientos; por lo cual, no 
solo se llevaba todos los cariños del padre predicador 
mayor, sino generalmente los de casi todos los padres 
graves de la casa, entre los cuales había una especie de 
celillos y de competencia sobre quien le había de hacer 
mas cocos. Enviábanle desde la mesa traviesa la fruta, 
los extraordinarios y el platillo, cuando solo le tenían 
los padres gordos , y no los colegíales ; y aun por lo mis- 
mo era entre estos envidiado , acechado y m.as que me- 



108 



OBRAS DEL PADRE JOSÉ FRANCISCO DE ISLA. 



dianamente mordido, para lo que daba él mismo no poco 
motivo, ya por lo que so cngrcia con los lialaf;os de los 
reverendísimos, ya por las mañuelas y artificios de que 
se valia para tenerlos mas engaitados, ya, (inalmento, 
porque el horror que tenia al estudio escolástico los daba 
muchas ocasiones de burlarse de él y de sonrojarle, las 
cuales no las perdían los bellacuellos de los otros cole- 
giales; pero á Fray Corundío se le daba muy poco de eso, 
prociuando en todo caso cultivar la predilección de los 
mandones del convento; y entre todos, inclinándose 
mas (aunque con el mayor disimulo posible) al despejo, 
al garbo y á la discreción del padre predicador mayor- 

4. Luego que este entró en la celda, contó á Fray Ge- 
rundio cuanto le acababa do pasar con nuestro padie; 
hizole un resumen del sermón, remedó su voz, imitó 
su postura , pintó sus gestos , glosó sus palabras y bur- 
lóse de todo, tratándole de carcHc^o, de Fra]) Zara- 
güelles , de hombre ele antaño, y de otros apodos seme- 
jantes. Finalmente le dijo: «Chico, como la misión 
duró tanto, tengo gana de cierta cosa, y asi con tu li- 
cencia.» Retiróse á la alcoba, tiró la cortina, hizo lo que 
tenia que hacer, y acabada esta función, dijo Fray Blas á 
Fray Gerundio: Ya sabes que mañana voy á Cevico de 
la Torre á predicar del patriarca San Benito, en su er- 
mita del Otero; es voto de villa, pascua de flores, y hay 
romería, y el sermón es de los de á oncita de oro. Ante 
todas cosas, tomate esos dulces (y llenóle la manga de 
los que sacó de una naveta), cerremos la puerta, porque 
no venga á inquietarnos algún Reverendo Muletilla (y 
echó la aldaba) ; siéntate y oirás uno de los mejores ser- 
mones que he compuesto en toda mi vida. 
I S. Titulo y asunto : Ciencia de la ignorancia en la 
sabia ignorancia de la ciencia. Tenga usted, padre pre- 
dicador, le interrumpió luego Fray Gerundio: no diga 
mas ; que solo eso me encanta. Esos retruecanillos, ese 
paloteo de voces, y ese triquitraque de palabras con 
que usted propone casi todos los asuntos de sus sermo- 
nes, es cosa que me embelesa. ; Ciencia de la ignoran- 
cia en la sabia ignorancia de la ciencia ¡yaya, que no 
hay mas que decir. A la verdad yo no entiendo bien lo 
que quiere significar; pero lo que me suena me suena, 
y signifique lo que significare, ello es una gran cosa. No 
quiere decir mas, replicó el predicador, que lo que dice 
San Pablo, «que la ciencia de los santos es la verdadera 
sabiduría, y que la sabiduríade este mundo es verdadera 
ignorancia y estulticia.» 

6. ¿Con que eso y no mas quiere decir? — Sí. — Pero 
¡válgame Dios! ¿Quién lo adivinaría? Otro que no fuera 
vuestra paternidad díríasencíllamente: San Benito supo 
lo que le convenía saber, é ignoró lo que no importaba 
ignorar; y de esa manera, aunque lo entenderían todos, 
jiero también cualquiera gañan sabría decirlo. Mas eso 
de proponer una cosa tan común con el airecillo es- 
pecial con que la propoi.e vuestra paternidad, en el 
mundo hay quien lo haga con tanta gracia. Y si no, dígalo 
aquel otro asunto del sermón que vuestra paternidad 
predicó al capítulo dos meses ha, en el día de las elec- 
ciones particulares: Elección de la rectitud parala rec- 
titud de la elección. Primero que se me olvide el tal 
asunto, me he de olvidar yo de como me llamo. Pero ya 
que hablamos de él, ¿no me explicará vuestra paterni- 
dad el concepto? Porque á decir la verdad, no le pene- 
tré muy bien. A mí lo que se me ofreció que querría 



decir, era que para que la elección fuese recta, era 
preciso que fuese recta la elección ; mas esto, claro está 
que no lo querría decir vuestra paternidad ; porque se- 
ría una verdad de Pero-Grullo. 

7. Calla, simplón, le res|)ondíó al punto Fray Blas; 
pues claro está que no quise decir otra cosa ; y ahí estuvo 
el chiste, en decir una pero-grullada de manera que 
parecía una cosa del otro mimdo. Si te acordaras del 
modo tan claro, tan perspicuo, tan brillante con que 
entablé esa proposición para introducirme en el discur- 
so, verías mas claro que el sol de mediodía lo que yo 
quise decir. Como soy cristiano que ya no me acuerdo 
(replicó Fray Gerundio) , aunque tengo el sermón en la 
celda ; porque al punto le trasladé , como sabe vuestra 
paternidad. Pues yo te lo traeré á la memoria; que bien 
en ella lo tengo. 

8. Concluida la salutación, que ese fué vino de otra 
cuba, di principio al sermón con este apostrofe al Sacra- 
mento que estaba patente : Amorosamente sabio os ofre- 
céis (so berano sacramen tado Monarca) , Maest ro y D irec- 
tor de este capitulo. Nota de paso la oportunidad de 
llamar presidente del capítulo al Sacramento, y dínie si 
esto se ofrece á cualquiera? Añadí después: «Para la 
mas acertada rectitud de las elecciones ofrece ese au- 
gusto Sacramento vitales luces á los electores prelados.» 
Prueba perentoria y terminante : Ego sum pañis vitae. 
Nota lo de pañis vitae para las luces vitales. Mas por 
cuanto los electores eran muchos, y cada uno tenía su 
vida buena ó mala, como Dios sabe (que á nosotros no 
nos toca indagar vidas ajenas), y el texto solo hablaba 
de una vida, vitae, era menester uno que hablase de 
muchas. Hállele á pedir de boca en el Siriaco, que lee: 
Pañis vitarum. Ya tenemos al Sacramento « pan de mu- 
chas vidas»; pero por cuanto estas vidas podían ser de 
coristas, de sacristanes, de refitoleros y de otros mu- 
chos frailes que no tenían voto en capítulo, y yo había 
menester precisamente un sacramento que fuese pan de 
las vidas de los padres capitulares y electores, aquí es- 
tuvo mi felicidad y mi discurso. Hállele como lo podía 
desear, en Zacarías, en Tiríno, en Menochio y en Lyra; 
porque el primero llama al Sacramento Frumentum 
Electorum; el segundo Panem Electorum; c\ tercero 
Frumentum Electorum, y el cuarto Frumentum Elec- 
torum est Corpus Christi consecratum pane frumenli. 

9. Digo que vuestra paternidad es demonio, ó que 
tiene familiar (le interrumpió Fray Gerundio sin po- 
derse contener). ¿Dónde diantres fué á encontrar unos 
textos tan á pelo, tan al intento, y que hablan de /íant/e 
electores con tanta claridad, que los entenderá el mas 
zafio batueco de los que van á vender miel á la villa de 
Béjar? Ahora me acuerdo que especialmente cuando oí 
esos textos en el sermón, me quedé como atorrollado. 
Es verdad que hablando después acerca de ellos con un 
padre maestro de la casa, que me quiere mucho, me dejó 
un poco confuso, porque me dijo claritamentc que todos 
ellos, en el sentido en que vuestra paternidad bs enten- 
dió, habían sido unos grandísimos disparates delatables 
ala Inquisición; que así el texto como los intérpretes 
solo querían decir que el pan del Sacramento, ó que el 
Sacramento, era pan de los escogidos ; que eso y no otra 
cosa significaba Electorum ; que aplicarlo á los electores 
piu'amentc por el sonido material de la palabra, era un 
abuso intolerable de la Sagrada Escritura, condenado 



FRAY GERUNDIO DE CAMPAZAS. 



109 



por ol concilio Ti iiloiUiíio, por los papas y por la Inqui- 
sición ; que esta liabia castigado en llonia á nn predica- 
dor porque en las honras del cardenal Cibo liabia dicb.o 
que la carne de Crislo en el Sacraiuenlo era verdadera- 
mente la carne del cardenal , probándolo con aquel 
texto: Caro mea veré est cibus; el cual le liat)ia querido 
entender aquel loco (asi le llamó el Padre Maestro), ni 
mas ni menos como vuestra paternidad liabia querido 
entender el Frumentum Electuriim ; qna si se permi- 
tiera la licencia de usar ó de abusar de la Sagrada Escri- 
tura con esa materialidad, no liabria herejía, disparate, 
torpeza ni suciedad que no se pudiese probar con ella; 
y de aquí fué ensartando tantas cosas, que me metieron 
en mucha confusión, y no sé cómo tuve paciencia para 
oirías. 

10. ¿Y tú hiciste caso de ellas? No, padre predicador; 
¿quécasohabiade hacer, si estaba conociendo palpable- 
mente que todo era envidia ; porque el tal padre maestro 
es un hombre indigesto, que no sabe mas que sus ergos, 
su teología, su biblia, sus concilios, sus santos padres, 
y servitor. En sacándole de ahí no sabe una palabra ; ni 
él ha leido jamas el Teatro de los dioses, ni á Rabisio 
Textor, ni á Aulo Gelio, ni á Natal Comité , ni á Alejan- 
dro de Alejandro, ni á Plinio, ni á Picinelo ; con que ya 
se ve, ¿qué obligación tiene el pobre á entender de ser- 
mones, ni á saber cómo se han de traer ó cómo no se 
han de traer los textos de la Sagrada Escritura? Y como 
por otra parte es un triste pelón, que anda con la hortera 
para tomar una jicarilta, y ve, gracias á Dios, la celda 
de vuestra paternidad tan abastecida de todo, se pudre 
á todo pudrir, y de aquí proviene que todo cuanto hace 
vuestra paternidad le da en rostro. Dame un abrazo (le 
dijo al oír esto el padre Fray Blas); que tú has de ser la 
honra de la orden ; toma esos cuatro bollos de chocolate 
para que te remedies en mi ausencia, y vamos adelante 
con el sermón capitular. 

H. Otro dia hablaremos de ese sermón (dijo Fray 
Gerundio); que ahora, como está vuestra paternidad 
para irse mañana , temo que no nos ha de quedar tiempo 
para leer el de San Benito , aunque no sea mas que la sa- 
Jutaciou, y yo estoy rabiando por oiría; porque solo el 
pensamiento de ciencia de la ignorancia, en la sabia ig- 
norancia de la ciencia, me ha excitado una curiosidad, 
que es un horror. Tienes razón (respondió Fray Blas), y 
vamos á ella : aquí está el cartapacio sobre la mesa. Ten 
presente que estamos en primavera, que es pascua de 
Flores y que la ermita del santo está en el campo, y oye, 

12. «Al celebrado dios del Regocijo consagraba la 
Grecia, Esparla y Tesalia, festivos solemnes cultos el 
dia 27 de marzo : Thessali huic Deo Risui quotannis rem 
divinam in summá laetitiá faciebant , dice Rabisio Tex- 
tor. Tejían verdes guirnaldas esmaltadas de matizadas 
llores, ofreciendo una primavera de gozo al obsequiado 
dios del Regocijo: Vernis intexens ¡loribus arva...ri- 
sibus, et grandes mirata est Roma cachinos , dice Lilio 
Giraldo. Ofrecíase esta deidad al culto en la figura de un 
joven desnudo, coronado de mirto, adornado de alasy 
en la frondosidad de un prado ameno : Puer nudus, ala- 
tlis, rnijrtoc¡ue corónalas, qui humi sedebat, dice Vin- 
cencio Cartario.» 

13. ¿Has visto entradilla mas florida para un sermón 
de primavera en pascua de Flores, y toda ella no menos 
que con autoridad de Carlario, Lilio Giraldo y Rabisio 



Textor? Pues aguarda un poco y escucha la aplicación. 
«Este es' vernal paralelo (leí esclarecido patriarca San 
Benito, á quien con festivo gozo consagra hoy este pue- 
blo este solemnizado culto.» ¿Oué te parece. Gerundio 
amigo? — ¿Qué me ha de parecer? Lo primero, que vues- 
tra paternidad tiene mas en la uña el calendario de las 
tiestas de los gentiles, (pie la misma epacta de la orden; 
ponpie jamas le he visto errar ni siquiera una de aque- 
llas, y mas de una vez le he notado que no sabia bien el 
santo de quien se rezaba aquel dia. Lo segundo, que 
casi todos los sermones de vuestra paternidad comien- 
zan con una fabulíUa tan á pelo y tan al caso, que no pa- 
rece sino que la fábula se íingió para el misterio, ó que 
el mismo Dios fué sacando el misterio por la idea de la 
fábula. Por ejemplo: ¿cuándo se me olvidará á mí aque- 
lla crespa entradilla del sermón de la Concepción, que oí 
este año á vuestra paternidad, y la tomé de memoria 
porque no espero oír en mi vida cosa mas adecuada al 
asunto? 

14. « De la rizada espuma del celebrado Egeo, fingió 
la ethnicidad fabulosa, fué su idólatra Venus conce- 
bida: Nuda cythereis edita fertur aquis , dice Ovidio. 
Concibióse de las tres celestiales gracias sociada : Et Ve- 
neris turba ministra fuit, ú'icc Giraldo; porque no se 
verificase instante en que faltase alguna gracia á su her- 
mosura. Y en memoria de esta concepción graciosa ce- 
lebraban los cíclades el dia 8 de diciembre con solemne 
alborozado culto : Hoc tamen die octavo deccmhris , fes- 
tum Conceptionis pulcJierrimae Veneris ingent i jubilo 
celebratur. » No me detengo ahora en reparar la cul- 
tura de llamar ethnicidad 'kh religión de los gentiles, 
y no gentilidad ó paganismo , que eso lo diría cual- 
quier gabacho; y si no la llamé polytheismo 6 pohj- 
dcismidad, interrumpió el padre predicador, fué por 
reservar estos dos terminillos para otra ocasión. Digo 
que no me detengo en esto, porque con especialidad en 
esta invención de voces nuevas y flamantes , alambica- 
das de la lengua latina, es vuestra paternidad ininií- 
table; y yo tengo ya apuntadas algunas, para valerme 
de ellas en ocasión y tiempo, con la seguridad que , aun- 
que no haga mas que hablar en ese estilo, no ha de 
haber sermón de cofradía que no me busque. Ya sé que 
al mar salado siempre le he de llamar salsuginoso ele- 
mentóla la vara de Aaron, Aaronitica vara; al con- 
traer el pecado original, traducir el fomes del pecado; 
Adán futur izado , al decreto de la creación de Adán; 
á su misma creación, ^(7«/?i?í/co fundamento; universal 
opificio, á la fábrica de todas las criaturas; á la natura- 
leza ciega, cecuciente naturaleza ; y á un deseo ardiente 
y encendido, ígnitas alas del deseo. Este bello, claro, 
perspicuo y delicado estilo, déjelo vuestra paternidad 
de mi cuenta, y yo salgo por fiador de mí mismo, que 
por lo que toca á él no ha de tener vuestra paternidad 
discípulo que mas le honre. 

15. Tampoco quiero detenerme ahora en el reparo 
de aipiclla ingeniosa figura con que vuestra paternidad 
llamó idólatra {\\¿nns, cuando dijo: «Fué su idólatra 
Venus concebida.)) Mas de dos ignorantes lo tendrían 
por necedad, pareciéiidolos que eso quena decir que 
Venus idolatraba en ellos, y no ellos en Vóiius, y que 
vuestra paternidad debiera de haber diciio su idolatra:ia 
Vénvs. Pero, sobre que entonces no constaría el pié de 
verso heroico, de que se compone dicha cláusula: «Fué 



lio OBRAS DEL PADRE JOSÉ FRANCISCO DE ISLA.' 



su idólatra Vénns concebida ;» que era ú lo que vuestra 
paternidad tiraba; y (quede dicbo de paso) esta es una 
de las gracias que mas nic encantan en el elegante estilo 
de vuestra paternidad , la multitud de piós líricos y be- 
róicos de que consta, que algunas veces me parece que 
estoy oyendo una relación, amen délos consonantes: 
digo que fuera de este primor faltarla otro que no ad- 
vierten ni son capaces de advertir esos tontos. Esta es 
aquella figura retorica que sollama... que se llama... 
¡válgate Dios! ¿cómo se llama? que se llama... no sé 
cómo; la cual enseñabaá usar el presente por el pretérito, 
lo activo por lo pasivo; y así decimos : «Mi amantísimo 
amigo, por mi amigo muy amado; recibí la favorecida 
carta de vuestra merced, por la carta favorecedora;» 
pues lo demás querría decir que se le bacía favor en re- 
cibirla, y no me parecería mucba modestia ni mucba 
política. De la misma manera se puede decir tan linda- 
mente «idólatra Yénus, por Venus idolatrada», como 
lo sabemos muy bien todos los que tuvimos la dicba de 
estudiar con el famoso preceptor de Villaornate; y por 
eso tengo yo tan en la uña todas las figuras retóricas, 
con sus nombres, pelos y señales. 

i 6. Pero dejándonos de estos pelillos, como iba di- 
ciendo de mi cuento, digo que la fábula de la concepción 
de Venus, para el misterio de la concepción de María, no 
parece sino que vuestra paternidad mismo la inventó: 
tan adecuada viene y tan al caso. Digo mas : que, á mi 
pobrejuício, estuvo de sobra aquella valiente cláusula 
con que vuestra paternidad la aplicó : « Gallardo, aunque 
fabuloso , paralelo del milagroso objeto que termina los 
regocijados cuUos de ese día octavo de diciembre, en que 
la Iglesia católica celebra la concepción pasiva de María, 
Venus del amor divino, diosa de la bermosura de la gra- 
cia;» porque no babriaen todo el auditorio entendi- 
miento tan zopenco, que no se biciese luego cargo de 
la propriedad del gallardo paralelo, sin el cansancio de 
la aplicación ; porque es claro como el agua que si Venus 
fué madredel amor,Maríafué madredelamor; siVénus 
fué concebida de la espuma del mar, «en la nivea espu- 
ma de la divina gracia fué concebida María, del mar déla 
humana naturaleza,» como dijo vuestra paternidad un 
poco mas abajo ; si en la concepción de Venus asistieron 
las tres Gracias, « en contraresto á las Gracias sociaron á 
María en su concepción las Horas,» siendo las Horas y 
las Gracias dos cosas tan parecidas, que es imposible 
liayga otras dos mas semejantes. Finalmente, si Venus 
fué concebida el día 8 de diciembre , el día 8 de diciem- 
bre fué concebida María. Así que, elpara/e/o no puede ser 
mas (jallardo por lo que toca á estas cuatro propiedades. 
Y en cuanto á lasegunda, en que se coteja la espuma del 
mar Eritlireo con la « nivea espuma de la divina Gracia», 
se encierra en ella una propiedad tan recóndita, que no 
es fácil se dé en el chiste á cuatro paletadas; porque si la 
espuma no es otra cosa que el viento que se introduce 
en el agua ó en cualquiera otro licor, mas ó menos mo- 
■vido y agitado del mismo aire ó de algún otro agente ex- 
traño, como leí pocos días Iiá en uno de estos libros que 
se usan y tratan de novedades , es claro como el agua 
que la divina gracia ha de ser muy espumosa, y preci- 
samente ha de hacer una espuma nivea que disgregue 
la vista. ¿Por qué? Porque la divina gracia se atribuye 
parlicularmcnleal Espíritu Santo: este ya se sabe que 
unas veces es aura suave y apacible, y otras es viento 



impetuoso que, agitando á la divina p;racia é introdu- 
ciéndose al mismo tiempo en sus divinos poros é inters- 
ticios, necesariamente ha de levantar « una espuma ni- 
vea » como el ampo ; ¿ y qué cosa mas propia que el que 
de « esta nivea espuma » fuese concebida « la Venus del 
amor divino?» Con que realmente no pudo ser «mas 
gallardo el paralelo « 

17. A mí así me lo pareció, y asi lo defendí también 
contra aquel simplón, beatón y testarudode Fray Gonzalo 
que estaba junto á mí, y al oírlo hizo muchos gestos, 
diciéndome después del sermón que aquello le babia es- 
candalizado, i'reguntéle por qué, y me respondió el 
tontarrón, que porque hacer cotejo de la Madre de la pu- 
reza, con la madre de la torpeza; de la Mujer mas limpia, 
con la mujer mas sucia; de la concepción inmaculada 
de María, con la puerquísima concepción de Venus ; de 
las Gracias profanas, con laGraciadivína ; yconcluír lla- 
mando á María « Venus del divino amor , diosa de la her- 
mosura de la gracia», sobre ser la última proposición 
una herejía formal, las demás eran unas blasfemias tan 
impías, tan sacrilegas, tan indecentes en la bocado un 
cristiano, cuanto mas «de un predicador apostólico», 
corno vuestra paternidad dice que lo es, mostrando su 
título en toda forma, que á su parecer el sermón mere- 
cía la hoguera, concluyendo con que si él fuera prelado, 
le quitaría á vuestra paternidad la licencia de predicar. 
No sé cómo Dios me tuvo de su mano y no le llené de 
dedos aquella cara compungida; pero conténteme con 
decirle que no era la miel para la boca del asno, que 
no se habían hecho los gallardos paralelos para-lelos ga- 
llardos; y volvíle las espaldas. 

18. Y ya que hablamos de paralelos, volvamos por 
Dios al vernal paralelo del sermón de San Benito, donde 
dejamos la salutación ; que como unas cosas llaman á 
otras, y todas las de vuestra paternidad me emboban, 
yo mismo interrumpí la letura sin poderme remediar. 
Ya me acuerdo que la introducción era del dios del Re- 
gocijo, á quien celebraban los antiguos el día 27 de 
marzo ; que le representaban un joven desnudo y en pe- 
lota, como su madre le parió , muy coronado de mirto y 
muy adornado de alas, tendido en aquel campo como si 
dijéramos con la panza al sol : Fuer Jiudus ,alatus,rmJr- 
túque coronatus , qui humi sedebat; y finalmente, que 
el modo de celebrarle era con grandes risadas, zambrd, 
bulla y carcajadas : Et grandes intrata est Romacachi- 
nos. Decía después vuestra paternidad : «Este es vernal 
paralelo del esclarecido patriarca San Benito.» Pero an- 
tes de pasar mas adelante, dígame vuestra paternidad : 
¿qué quiere decir yerna/ paralelo? Porque confieso que 
no lo entiendo. ¡Ay, bobo! dimc, ¿qué signilica ver ve- 
ris? — Ver veris signilica la primavera ; que así lo dicen 
los Géneros, de Lara, por donde yo estudié. Pues, ton- 
to, yerna/ para/e/o quiere decir paralelo primaveral, 
por ser en tiempo de primavera, en que se celebraba la 
fiesta del Regocijo, y también la de San Benito. Y vesahí 
cómo de camino está encajada con grande arte y disi- 
mulo la circunstancia de celebrarse estafieslaen pascua 
de Flores : Vernis intexens ¡Ion bus arva ; que en eso de 
hacerme cargo de todas las circunstancias, por ridicu- 
las que sean, aunque yo lo diga, ninguno me echará la 
pierna adelante. 

1 9. Ya estoy, dijo Fray Gerundio, en lo que significa 
vernal paralelo : ahora rae falta saber la aplicación, y en 



FRAY GERUNDIO DE CAMPAZAS. 



ftl 



qué se pareció San Renlto al dios del Regocijo, y la fiesta 
lie aquel ala fiesta de este. Ten un poco do paciencia, 
continuó el preilicador, y presto lo sabrás. Y en cuanto 
á la omnímoda semejanza de las lieslas, es cosa tan cla- 
ra, que solo un ciego podrá no distinguirlas sin que na- 
die se lo diga ; porque, si aquella se celebraba en la pri- 
mavera , en la primavera se celebra esta ; si aípiella en el 
dia 27 de marzo, cabalitaniente se celebra esta enelmis- 
inodia; si aquella en el campo, esta en el otero; si allí 
habia flores , flores bay aquí ; si gente en aquella , gente 
en esta; y en fin, si en aíjuellaliabia grandes carcajadas, 
esta no la va en zaga , pues no se oye otra cosa por aque- 
llos campos, y aun dentro de la misma ermita durante 
el sermón, si el predicador tiene un poco de sal, que 
grandísimas risadas : Et grandes m ir ata est Roma ca- 
chinos. Abora digo, respondió Fray Gerundio, que las 
dos fiestas son tan parecidas una á otra como un liuevo 
á otro buevo ; y abora también descubro yo la clave para 
aplicar cualquiera cosa que baya sucedido en el mundo 
en el mismo tiempo y en el mismo dia del sermón, á la 
fiesta que predicare , sea la que fuere. 

20. Mas dígame vuestra paternidad, ¿ cómo dianlrcs 
pudo casar á San Benito con eklios del Regocijo? Con la 
mayor facilidad del mundo, respondió Fray Blas. ¿No 
dice la bistoría que, siendo el santo de solos quince 
años, se salió de Roma, se fué al desierto, se escondió 
entre las mayores asperezas del monte Sublac, se se- 
pultó en una cueva ó en una profunda cisterna, que allí 
hizo asperísima penitencia por espacio de tres años, que 
padeció crueles tentaciones del demonio , que se revolcó 
en una zarza basta dejarla toda ensangrentada, que solo 
se alimentaba de pan y agua que de oclio en ocbo dias le 
traía un monje llamado Román, descolgándoselo por una 
cuerda, basta que al cabo de los tres años un buen clé- 
rigo, por divina revelación , vino á buscarle, trayéndole 
vianda para comer, y diciéndole que la comiese, porque 
era dia de pascua, lo que el santo mozo no sabía? ¿Pues 
qué cosa mas parecida al dios del Regocijo, que San Be- 
nito en este pasaje de su vida? Este joven , aquel niño; 
este en el campo , aquel en el desierto ; este tendido en 
la yerba, aquel en el pozo; este desnudo, aquel mal 
vestido, y cuando se revolcó en la zarza, tan desnudo 
como su madre le parió; este coronado de flores, aquel 
cubierto de espinas; y finalmente, este celebrado en 
tiempo de pascua, y aquel regalándose en ella con lo que 
el buen clérigo le trajo. Mira tú abora si pudo venir mas 
ajustado el vernal paralelo. Porque en lo demás, aunque 
el dios del Regocijo fuese un dios de tararira, de trisca, 
de bulla y de cbacota, y San Benito en el desierto fuese 
una imagen viva de la mas áspera penitencia, ejemplar 
asombroso de compunción y de lágrimas, eso para el 
asunto importa un bledo ; porque ni los paralelos, aim- 
que sean vernales, ni las semejanzas, ni las comparacio- 
nes ban de correr á cuatro pies. 

21 . Iba Fray Blas á proseguir en la lectura de su ser- 
món, cuando llamaron ala puerta de la celda con tanta 
fuerza, que se sobresaltó ; y aunque á los principios bizo 
ánimo de no abrir, como el que llamaba era el Padre 
Prior, y le dijo en voz alta que abriese , que era él el que 
llamaba y que bien sabía estaba dentro, no pudo resis- 
tirse y se vio precisado á abrir. Entró en la celda el 
Prior, y encontrando en ella á Fray Gerundio, le dijo 
con alguna seriedad, ¿qué hacia allí perdiendo tiempo, 



y por qué no se iba á estudiar ? Fray Gerundio le respon- 
dió, sin turbarse, que babia venido de parte de su ma- 
dre á dar al padre \iredicador la limosna de tres misas, 
para que las mandase decir en el altar de San Benito del 
Otero, porque babia parido un niño quebrado, y el San- 
to, en aquella santa imagen, diz que era prodigioso con 
los niños que padecían este trabajo. ¿Y qué lleva en esa 
manga? le preguntó el prior, notando que abultaba de- 
masiado. Aquí saltó prontamente el predicador : Son 
unos dulces que le di yo para que de mi parte los envíe 
á sus dos primas, las bijas del familiar de Cojeces, que 
el otro dia me regalaron con dos pares de calcetas. No 
satisfizo mucho al Padre Prior una ni otra respuesta; 
pero como era buen hombre y nada malicioso, dejólas 
pasar, y contentándose con decir á Fray Gerundio que 
tratase de ser mas aplicado y de guardar mas la celda, 
le envió á ella, y él se quedó con el padre predicador 
mayor, tratando el negocio á que iba, de cuyo contenido 
no se encuentra rastro alguno en el archivo del conven- 
to ni en los exactos documentos de donde se ha sacado 
esta puntualísima historia : lo que da bien á entender 
que no debió ser cosa de importancia, ó á lo menos 
que no trataron materia alguna que tenga concernencia 
con ella. 

CAPITULO V. 

De una conversación muy provechosa que un beneficiado del lucar 
tuvo con Fray Gerundio, si Fray Gerundio hubiera sabido apro- 
vecharse de ella. 

Había en aquella villa (ya conocerá el sagaz y pe- 
netrativo lector que hablamos de aquella villa donde 
estaba el convento) : babia pues en aquella villa un be- 
neficiado hábil, capaz, despejado, de edad ya madura, 
porque estaba entre los cuarenta y los cincuenta. Había 
estudiado la filosofía que se usa en España, con aplauso, 
y la teología con crédito, tant», que había sido opositor 
en Toledo, y después de haberle dado uno de los mejo- 
res curatos, le renunció con pensión, porque le probaba 
mal la tierra, y se habia retirado á su lugar, donde tenia 
un mediano beneficio, con el cual y con la pensión lo 
pasaba con mucha decencia. Era de costumbres muy 
ajustadas, de un porte eclesiástico serio y grave , pero 
al mismo tiempo de un genio jovial y festivo, lo que le 
conciliaba la general estimación de todos, acompañada 
de inclinación y cariño. Dedicábase mucho al ejercicio 
del confesonario, y de cuando en cuando predicaba 
también sus sermones con juicio, con piedad y con celo; 
porque era muy aficionado á las obras de los padres Se- 
ñery y Bourdalue, á quienes procuraba imitar en sus 
sermones, asi panegíricos como morales. Y como en- 
tendía medianamente las lenguas italiana y francesa, 
tenia algunos otros de los mejores sermonarios que se 
han impreso en uno y en otro idioma, sin dejarse llevar 
tan totalmente del estudio de las letras sagradas y serias, 
que no hiciese sus excursiones hacia las mas amenas, 
especialmente hacia los libros de crítica, de que tenia al- 
gunos selectos en su librería, no copiosa, pero escogida. 

2. A favor de ellos, con su natural penetración y jui- 
cio, ni estaba tan encaprichado con todas las opiniones 
antiguas, como lo suelen estar los que no ban estudiado 
otras; ni tan ciegamente enamorado de las modernas, 
que no descubriese la fruslería y la ínsustancialidad de 
muchas. Conocía y confesaba de buena fe (pie en todas 
las facultades se habían introducido mil inutilidades , 



1{2 OBRAS DEL PADRE JOSÉ FRANCISCO DE ISLA. 



preocupaciones y no pocas extravagancias ; era de pare- 
cer que en realidad necesitaban de mucha reforma; pero 
al inismo tiempo era de opinión que ninguna estaba 
mas necesitada de ella que la critica. Juzgaba que esta 
se liabia remontado con exceso, y que era menester cor- 
tarla los vuelos; porque no contenta con rajar, cortar 
y trinchar, algunas veces con razón, otras sin ella, y no 
pocas por puro antojo ó cai)riclio, por las ciencias natu- 
rales, se liabia atrevido á escalar hasta el sagrado alcá- 
zar de la religión, con tanta osadía, que apenas dejaba 
costumbre inmemorial, tradición antigua, ni monu- 
mento, aun de los mas respetables, que no pretendiese 
zapar hasta el cimiento; siendo este el verdadero prin- 
cipio, no solo de tanto error como ha brotado en el 
campo de la Iglesia en estos últimos siglos, sino de tanta 
libertad de costumbres, de tanta irreligión y aun de 
tanto ateismo. 

3. Sobre todo se reía mucho de la grande presunción 
de la critica en punto de física natural , y de aquella in- 
tolerable satisfacción con que se jactaba de haber arro- 
llado la de Aristóteles, abriendo los ojos al mundo para 
que conociese los grandes excesos que la hacia cual- 
quiera de las físicas modernas. Aquí se descalzaba de 
risa el bueno del beneficiado, porque decia que, á ex- 
cepción de tal cual fruslería de poca consideración , tan 
en ayunas se estaba el mundo de las verdaderas causas 
fie casi todos los efectos de la naturaleza, con la física de 
Descartes, de Newton y de Gasendo, como con la de 
Aristóteles; y que para él tan inconcebibles eran los 
torbellinos ó turbillones y materia etérea del primero, 
•como la materia primera y las formas sustanciales del 
último, protestando que ni con una ni con otra explica- 
■cion veía gola. Yo no sé (anadia con gracia) con qué 
conciencia hacen tanta burla los modernos de los aristo- 
télicos; porque, preguntados estos en qué consiste que 
e\ fuego queme, responden : «Porque tiene una virtud 
ustiva ó quemativa. » Convengo en que nada dicen en 
-esto, pues en suma solo vienen á decir que el fuego 
quema porque tiene virtud para quemar : filosofía tan 
recóndita, que la alcanzará el mas zafio sayagües. 

4. Pero quisiera saber si dicen mas los modernísimos 
señores cuando responden que el fuego quema porque 
es una sustancia compuesta de unas partículas pirami- 
dales ó puntiagudas, sutilísimas, agilísimas, que, agita- 
bas continuamente con suma rapidez en movimiento 
vertical, se penetran por los poros de los cuerpos mas 
<;onsistentes, los taladran, los desunen, los deshacen. En 
esta respuesta hay sin duda mas aparato de voces ; pero, 
hien reflexionada, tiene menos sustancia que la otra, 
porque la aristotélica siquiera ya dice una verdad de 
Pero-grullo, con la cual modestamente viene á confesar 
su ignorancia ; mas la de nuestros físicos á !a Chamberí, 
entre un gran follaje de palabras, solo nos vende unas 
purísimas arbitrariedades ¿Quien ha hecho el análisis 

,del fuego, para descubrir de qué figura son sus parti- 
culas, SI piíamidales, cilindricas, ovales, cuadradas ó 
globulosas, agudas ó chatas? ¿Por dónde se prueba que 
su movimiento es vertical ó arremolinado, siendo así 
que, SI son tan ágiles y tan sutiles como se supone, de 
necesidad han de ser levísimas j volátiles, mucho mas 
Tijeras que el aire, y consiguientemente su movimiento 
no ha de ser hacia el centro , como lo es todo movi- 
miento vertical, sino hacia arriba, como se observa en 



la llama, de donde vendría á inferirse el grandísimo ab- 
surdo de que ningún cuerpo estarla mas libre de la ac- 
tividad del fuego que el que estuviese mas dentro de 
él , y que el remedio mas dicaz para no quemarse uno, 
era arrojarse en medio de la hoguera? 

íi. En liu , en esta materia estaba preciosísimo el be- 
llaco del beneficiado, y concluía con decir que si él 
fuera hombre de talentos y de chiste, se le habla ofre- 
cido un buen proyecto con que hacer, por lo menos , tan 
ridicula la filosofía moderna como la aristolélica Habia 
de formar un exaplo filosófico, á manera de los bíblicos, 
ó una filosofía políglota , compuesta de cuatro ó de seis 
columnas, en cada una de las cuales, discurriendo por 
todos ó por los principales tratados de la física, habia de 
exponer con sus mismas palabras lo que dicen acerca 
de él Aristóteles y los jefes de las principales sectas filo- 
sóficas modernas. Por ejemplo : Principios ó constituti- 
vos del cuerpo en general : primera columna, Aristóteles; 
segunda. Descartes ; tercera, Gasendo ; cuarta, Maignan; 
quinta, Newton; sexta, Boyle Principios óconstitutivos 
de los cuerpos celestes : primera, segunda, tercera, etc. 
Principios ó constitutivos del cuerpo sublunar inani- 
mado, del vegetable, del orgánico y se7isitivo, del racio- 
nal, etc. : primera, segunda, tercera, etc. Y descen- 
diendo después á los cuerpos y efectos particulares de 
sol, luz, calor, frió, humedad, sólidos, fluidos, opacos, 
transparentes, colores, sonido, sensación, etc., trasla- 
dar en cada columna, con toda fidelidad, lo que dice 
cada jefe acerca de cada uno de estos entes naturales. Y 
después, para amenizar mas la obra , y aun para variar- 
la, añadir por modo de apéndice un breve resumen de 
la variedad, de la voluntariedad, del capricho y aun 
de la extravagancia con que en estas y en otras mate- 
rias filosóficas han discurrido aquellos modernos mas 
acreditados, que son nulliiis dioecesis, esto es, que 
no son partidarios de alguna secta particular, y que 
aprovechándose de la libertad de conciencia para filoso- 
far, que se han tomado, especialmente en este siglo, 
casi todas las naciones, cada uno ha filosofado según su 
fantasía Aseguraba que solo con trasladar sus opinio- 
nes, con sus mismísimas voces, explicando las obscu- 
ras, y dejiuulo en su tenebrosa incomprensibilidad á las 
ininteligibles, se formaría unaobra que en España hicie- 
se olvidar á los Cervantes, en Francia á los Despreaux, 
en halia á los Bocalinis, en Alemania a los Menkenios, y 
arrinconarse en Inglaterra á los AVallones. 

6, Así que, por lo que toca á todas las filosofías siste- 
máticas, tanta burla hacia de unas como de otras, y aun 
mas que todas , se burlaba mucho de la crítica de ellas. 
Solo daba algún cuartel ala física experimental, pero 
no tanto como otros que eran mas indulgentes, pre- 
tendiendo, que de cien experimentos apenas se lialla- 
rian dos heclios con la debida exactitud En orden á la 
física matemática , que es hoy la física de la gran moda, 
adoptada por casi todas las academias de Europa, y es 
aquella que pretende deducir todas sus conclusiones de 
principios matemáticos y geométricos, se reservaba el 
derecho de juzgar nasla que estuviese mejor instruido 
de ella, bien que decia le daba el corazón que los prin- 
cipios de estas dos facultades apenas podían servir mas 
que para explicar las leyes del movimiento, la mayor ó 
menor resistencia, gravedad ó leved.ad de los cuerpos, 
su elasticidad respectiva, y algunos pocos efectos de la 



FRAY GERUNDIO 

lu2. Por lo (lemas no concebía de qué uüIílUuI poiliaii 
ser los principios de la niatenu'itica y de la goouietria, 
jwra explicar las verdaderas causas y constitutivos de 
todo cuerpo sensible y natural, que es el objeto de la 
física; pero al tin suspendía sn juicio basta que, mejor 
instruido en autos, se bailase en estado de pronunciar 
con conocimiento de causa. 

7. En lo que no le suspendía era en el acierto y en la 
feÜL-idad con que la crítica moderna trataba el impor- 
tantísimo punto de la oratoiia cristiana; en la evidencia 
que bacía de que esta no solo estaba adulterada, sino 
vilipendiada, estragada, despedazada y lastimosamente 
corrompida; en las verdaderas y radicales causas que 
señalaba de esta lamentable corrupción; y en las sabías, 
discretas é infalibles reglas que prescribía para resuci- 
tarla, para darla nueva vida y para conducirla al mayor 
estado de perleccion á que puedo llegar en lo bumano. 

S. Por lo que toca á la bedíonda corrupción de la ora- 
toria cristiana, la crítica no hace mas que remitirnos á 
los sermones que oímos. Entre mil predicadores, ape- 
nas se hallarán dos ó tres que sepan las partes de que se 
compone un sermón; y entre millares de sermones, con 
diQcultad se encontrarán otros tantos que merezcan este 
nombre. Los mas son un tejido de disparates sin orden, 
ó una sarta de osadías sin juicio , ó un encadenamiento 
de agudezas sin solidez, ó una chorrera de dicbícos sin 
jugo, y los menos malos, un matorral de verdades trí- 
vialísimas sin método, sin cultura, sin eíicacia y sin 
moción. 

9. Las verdaderas, legítimas y originales causas de 
estar tan corrompido el pulpito cristiano, singularmente 
en España, todas se pueden reducir á tres : á la poca ó 
ninguna estimación que hacen del pulpito los que or- 
dinariamente nombran á los predicadores; á la poca ó 
ninguna aplicación de los mismos predicadores nom- 
brados, que no se dedican á instruirse en su facultad 
y á hacerse maestros en ella, y en no pocos á su incapa- 
cidad de aprenderla, aun cuando se dedicaran; y final- 
mente, al mal gusto de los auditorios, que aplauden lo 
que debieran abominar, y abominan lo que debieran 
aplaudir. 

10. En casi todas las religiones de España se aprecia 
mucho mas la carrera de las cátedras que la del pulpi- 
to ; se hace mas estimación de la cátedra de Aristóteles 
que de la del Espíritu Santo ; se conceden mayores ho- 
nores al maestro mas inepto que al predicador mas so- 
bresaliente. Estoes de notoriedad pública ; ¿pero puede 
haber error mas perjudicial ni mas lamentable? Dí- 
cese que el médico comienza donde acaba el físico : 
Ubi desinüphysicus, incipit medicus : sila filosofía es la 
que se enseña ordinariamente en nuestras escuelas, tan 
impertinente es para la medicina , como para la música. 
¿Pero quién negará que donde acaba el teólogo, allí ha 
de comenzar el predicador? ¿ Cómo podrá serlo, no digo 
sobresaliente , pero ni aun tolerable, el que no sabe los 
misterios de la fe, los dogmas de la religión ni los sen- 
tidos de la Escritura? ¿Y cómo sabrá los primeros para 
enseñarlos al pueblo, el que no está mas que mediana- 
mente versado en la teología escolástica ; ni los segun- 
dos, el que ignora la dogmática ; ni los terceros , el que 
jamas ha estudiado la expositiva ni mucho menos la 
mística? ¿Cuánto desbarrará en los misterios de la Tri- 
nidad, de la Encarnación, de la Eucarisiía, el que no ha 

T. XV. 



DE CAMPAZAS. 113 

estudiado estas materias ? ¿ Cuántos disparates dirá 
acercado la predestinación, de la reprobación, de la 
providencia, de la economía de la gracia, de la prescien- 
cia íidalíble de Dios , sin perjuicio de la libertad, el que 
no esté mas que razonablemente instruido en lodos es- 
tos necesarísimos tratados ? ¿ Qiuí locuras , qué pueríli- 
lídades, qué chocarrerías, y tal vez qué blasfemias he- 
reticales no dirá, abusando de los textos de la Sagrada 
Escritura, el que no sabe manejarla ni en su vida se 
lia dedicado á estudiar los cuatro únicos sentidos en 
que es capaz de explicarse, el literal, el alegórico,el mís- 
tico y el tropológlco ? Todo esto no se puede saber sin 
estar mas que superficialmente versado en las cuatro 
partes de la teología. ¿ Pues por qué se ha de hacer mas 
aprecio de esta que déla oratoria siendo así que puedo 
uno ser gran teólogo sin ser predicador , pero no pueda 
ser gran predicador sin ser gran teólogo? 

1 1 . Digo pues para descargo de mi ánima, que no me 
parece razonable esta preferencia, y que á mi pobrejuí- 
cío debieran reflexionar las religiones que la usan, que 
ninguna de ellas se introdujo en el mundo, se propagó 
y se elevó al auge de estimación en que hoy las vemos, 
porlas funciones de la cátedra , sino por los ministerios 
del pulpito, ejercitados con solidez, con meollo y con 
celo,á la usanza apostólica. Así que no ha llegado á 
nuestra noticia que hasta ahora se haya fundado en la 
Iglesia de Dios ninguna religión de matemáticos , de fí- 
sicos , de filósofos, de teólogos ; y en verdad que se han 
fundado algunas con el título de religión de Predicado- 
res, de Misioneros de la doctrina cristiana , et reliqua. 
Pues aquí de Dios y del Rey : si las cosas se conservan 
por aquellos mismos principiosquelas producen (hablo 
como se acostumbra ; que la verdad de este principióte 
quédeseensu lugar); si las cosas se conservan por aque- 
llos mismos principios que las producen, y si es indu- 
bitable que las mas de lassagradas religiones fueron pro- 
ducidas, propagadas y elevadas á la prócera estatura en 
que hoy las veneramos, por los apostólicos ministerios 
del pulpito, ¿qué razón habrá, divina ni humana, para 
quesehagaen ellas mas caudal délas fatigas literarias de 
la cátedra? 

12. No quiero decir por esto (ni Dios permita tal) que 
no ha de haber en ellas maestros , y que no se ha de ha- 
cer un sumo aprecio délos que verdaderamente lo fue- 
ren; antes pretendo todo locontrarío. Sí voy suponiendo 
que es imposible, de toda imposibilidad, quebayga bue- 
nos predicadores sin que sean buenos teólogos, ¿cómo 
he de intentar que no sean sumamente eslimados los que 
los enseñan á serlo ? Lo que digo es , que si el predica- 
dor supone al teólogo, no debe ser mas estimado el teó- 
logo que el predicador. Lo que digo es, que, en mí corto 
entender, no debieran las religiones nombrar á alguno 
para que enseñe desde el pulpito, que no fuese capaz, y 
muy capaz, de enseñar desde la cátedra, y que ya no 
hubiese enseñado desde ella. ¿Pero qué sucede porlore- 
gidar? Al que no entiende los ergos ó mira con tedio las 
arideces escolásticas, como tenga buena voz, buena me- 
moria, buena presencia y mucho despejo , bagóte predi- 
cador de la noche para la mañana, y armóle de punta en 
blanco caballero del pulpito , con dos grandes legajos de 
papeles ajenos, buenos ó malos, con media docena de 
sermonarios impresos, malos ó buenos, y bandéate co- 
mo pudieres. 



114 



OBRAS DEL PADRE JOSÉ FRANCISCO DE ISLA. 



13. De aquí nace, lo primero, que como las religiones 
saben muy bien basta dónde llegan los talentos de los 
que por lo común hacen predicadores, los miran un 
poco al soslayo; y aunque los conceden algunos lionur- 
cillos, son de prima lonsiu'a, 077iflít¿s oratid, y dedadi- 
tas de miel para engolosinar niños; y aquellos quelle- 
{?an á jubilar por la caí rcra del pulpito, son jubilados de 
media braga ó de tapadillo. Nace, lo segundo, que los 
que pueden ir por la carrera de las cátedras y pudieran 
ser predicadores eminentes, no los harán ir por la del 
pulpito aunque los descrismen ; y visto lo visto, de te- 
jas abajo hacen bien, como soy clérigo. Nace linalmente, 
lo tercero , que los que van por esta via son por lo co- 
mim unos lindos religiosos que, por su parola, verbo- 
sidad y despejo , barian unos buenos procu radores, unos 
buenos sacristanes, unos famosos demandantes; pero 
hacen unos perversos predicadores. Hétele, si no meen- 
gano, la principalísima causado la corrupción de la cris- 
tiana oratoria en España, de parte de los electores. 

14. Y de camino queda dicha la que hay de parto de 
los electos. Siéndola mayor parte de ellos unos hom- 
bres como los acabamos de pintar, poco gramáticos, 
nada fdósofosy menos teólogos, ¿pordóndehande saber 
cuál es su sermón derecho, ni bácia dónde caen las par- 
tes de la oración (salvo las del Arte de Nebrija)1 Estu- 
dian sus mamotretos, zurcen unos, hilvanan otros, des- 
cuartizan estos, enjalman aquellos, y vamos adelante; 
que al cabo de los diez ó de los doce años , jubilado me 
be de ser, y no me ha de faltar mi platillo, ni, á mal dar, 
un vicariato de monjas ; y desdichada la madre que no 
tiene un hijo predicador jubilado que llegue á defi- 
nidor. 

15. Finalmente, contribuye tanto como lo que mas 
á la corrupción de nuestra oratoria, el mal gusto de los 
oyentes. Mas, porque no quiero infernar mi alma, decla- 
ro para descargo de ella, que el mal gusto de los oyen- 
tes es hijo legítimo y de legítimo matrimonio del per- 
verso gusto de los predicadores. Si aquellos pobrecillos 
no oyen otra cosa, ¿ cómo no se les ha de pegar necesa- 
riamente loque oyen? 

1 6. Ora bien: yo leí en cierta parte del mundo un tra- 
1 adillo oratorio del Padre Sanadon, jesuíta, en que prue- 
ba que esto del mal gusto de los ingenios es enferme- 
dad contagiosa, y que se deben usar preservativos contra 
ella ; pero la lástima es que al mismo discretísimo padre 
le parece que es muy dificultoso encontrarlos eficaces ; y 
en verdad que , si no me engaño mucho* lo esfuerza 
de manera que, si no convence, concluye. Que el mal 
gusto se pegue como contagio, es mas claro que choco- 
late de padre de la Compañía , y no hay mas que ir dis- 
curriendo por los siglos en que reinó el mas perverso, 
buscar la causa de su propagación, y se encontrará la 
prueba. Solo hay una diferencia entre la peste y el mal 
gusto : que los estragos de aquella se conocen antes que 
se experimenten ; los de este, basta que se experimen- 
tan no se advierten : aquella cunde á ojos vistas, este 
se propaga sin sentir : por lo demás, así como aquella se 
dilata porla comunicación de los apestados , así , ni mas 
ni menos, se va extendiendo este por el comercio de los 
que se sienten tocados del gusto epidémico. 

17. Que no se encuentren á dos tirones preservativos 
eficaces contra esta epidemia, y consiguientemente que 
su curación sea muy dificultosa , por no llamarla deses- 



perada, es una verdad que casi salta á los ojos. Lo pri- 
mero, bay pocos médicos capaces de emprenderla. Los 
genios superiores, cuales se requieren para tomar á su 
cargo el desengañar á los entendimientos de sus erradas 
preocupaciones, son raros. Algunos hay que las cono- 
cen muy bien , que se lamentan de ellas, que en lo inte- 
rior de su corazón las abominan ; pero en el fuero exter- 
no déjanse llevar de la corriente, y hacen loque todos 
los domas; porque el laudo meliora , probo(¡uc... dete- 
riora sequor, en todaespecic de cosastienc muchos sec- 
tarios. Lo segundo, la naturaleza de la enfermedad la 
hace casi irremediable. ¿Cómo se ha de curar un mal 
con el cual se baila tan lindamente el enfermo ; que le 
cae muy en gracia, y que, á su parecer, nunca está mas 
robusto que cuando está mas achacoso? Si algún me- 
dico caritativo intenta su curación , riese el enfermo de 
la locura del médico, y dice que él es el que verda- 
deramente tiene necesidad de curarse. Con que ve aquí 
la peste del mal gusto extendida, y punto menos que 
sin remedio. 

18. Uno solo bay, y ese es eficacísimo. Este sería que 
á ninguno, á ninguno, se le permitiese predicar, que no 
fuese hombre muy probadoen letras, en virtud yen jui- 
cio. Y no bay que decir que esto es pedir gullorías ; por- 
que solo es pedir lo que David y San Pablo piden indis- 
pensablemente á todo predicador. El primero dice en 
sentido acomodable al intento : Disponet sermones suos 
injudicio; vele ahí el juicio. El segundo quiere que el 
predicador sea irreprensible : Oportet irreprehensibi- 
lem esse ; vela ahí la virtud ; de doctrina sana y capaz de 
argüir yde convencerá los quele contradijeren : In doc- 
trina sana,et eos qui contradictmt arguere ; ves ahí las 
letras. Y no hay que salirme con la pata de gallo de que 
San Pablo no habla de los predicadores, sino de los obis- 
pos. ¡ Bagatelas! Habla de los obispos en cuanto son pre- 
dicadores; ca sabida cosa es que el oficio de predicar 
es propio y privativo del obispo , y que en la primi- 
tiva Iglesia el obispo predicaba de oficio. Como des- 
pués se multiplicó el número de los fieles, se exten- 
dieron tanto las diócesis, y no era posible que los obispos 
estuviesen en todas partes para repartirlos el pan de 
la divina palabra, introdujéronse los predicadores, á 
quienes los concilios llaman coadjutores de los obis- 
pos en el ministerio de predicar : Coadjutores Episco- 
porum in ministerio verbi ; y portante, solo se esco- 
gían para eso á los que sobresalían mas entre todo el 
clero en virtud y en sabiduría. Yo quisiera saber por 
qué ahora no se podría hacer lo mismo. 

19. Y no que en ordenándose de misa cualquiera teó- 
loguillo, luego solicita sus licencias corrientes para con- 
fesar, predicar, bobear, etc., y allá se las campanea. Pero 
siendo esto tan malo , todavía no es lo peor. Hay en una 
universidad un manteistilla chusco , pero aplicado y 
grande argüidor. Ha estudiado su filosofía y sus tres ó 
cuatro años de teología con créditos de ingenio, y ha 
sustentado un par de actos con despejo y con intrepidez. 
Hacen á su padre ó á su tío mayordomo de la cofradía del 
Santísimo de su lugar ; echa el sermón al hijo ó al so- 
brino, acude por la licencia, despáchasele por lo común 
sin tropezar en barras, sube al pulpito con su sobrepe- 
lliz almidonada y de perifollo, representa con desemba- 
razo lo que otro le compuso, ó echa por aquella boca, 
con grande satisfacción, los disparates que el mismo 



FRAY GERUNDIO DE CAMPAZAS. 



11! 



cnjmjó ; porque un pobre muchacho sin mas estudio 
que cuatro párnifos escolásticos, ¿qué oblif^acion tiene 
á saber componer oira cosa? Acábase el sermón ó !o que 
fuere, hay vítores, liay aclanuKioncs, hay enliorabuc- 
nas, hay después grandes brindis y muchas copias en la 
mesa. ¿Y qué sucede no pocas veces? Que al dia si- 
guiente sale una mozuela poniendo demanda de malri- 
inonio al señor predicador, y en aquella misma iglesia 
donde le oyeron tantas maravillas del sacramento déla 
Eucaristía, le ven recibir pocos días después las bendi- 
ciones para el del santo matrimonio. 

CAPITULO VI. 

Kn que se parte Pl capitulo pasado, porque ha crecido mas de lo 
que se pensó , y se da cuenta de la conversación prometida. 

Pues como iba diciendo de mi cuento , de esta y otras 
bellasespeciesdecrítica estaba masque medianamente 
instruido nuestro beneficiado, y como por otra parte no 
era de aquellos sectarios plebeyos, ó de escalera abajo, 
que hay en todas las escuelas, los cuales miran á los de 
la contraria con sobrecejo, con desden y aun con hor- 
ror ; sino de los nobles, de los distinguidos, de los ver- 
tladeramente despejados, que, haciendo la debida dife- 
rencia entre los dictámenes del entendimiento y los de 
la voluntad, conocen muy bien que en todas las escue- 
las católicas hay maestrazos que se pierden de vista, 
doctores sapientísimos, hombrones de doctrina consu- 
mada, y que también hay en todas insignes majaderos; 
aunque él había estudiado opiniones contrarias á las que 
comunmente se enseñaban en el convento de su lugar, 
donde estudiaba nuestro Fray Gerundio, veneraba mu- 
choá algunos de aquellos padres maestros, y tenia grande 
y familiar trato con todos lospadresgravesdela comuni- 
dad, los cuales, viendo su gran juicio, su porte verdade- 
ramente eclesiástico, su mucha erudición, sus bellas y 
gratísimas modales , su chiste y gracia natural sin sa- 
lir jamas de los términos de una modesta compostura, y 
sobretodo, el sólido amor y estimación que profesaba á 
la orden, acreditadas con buenas pruebas; no solóle 
correspondían con igual estimación y cariño , sino que 
no se reservaban de tocaren su presencia algunas mate- 
rias domésticas con religiosa y amistosa confianza. 

2. A dos de los padres mas sabios, mas religiosos y mas 
graves del convento, cuyasceldas eranlasque él frecuen- 
taba mas yáquienes él trataba con mayor estrechez, oyó 
lamentarse muchas veces de los lastimosos desbarros del 
predicador mayor de la casa ; pero mucho mas del daño 
que hacia con su ejemplo y con sus disparatadas máximas 
en punto de predrcar, á los colegiales mozos, y especial- 
mente al candidísimo Fray Gerundio, á quien tenia tan 
imbuido en que para ser gran predicador no era menes- 
ter ser filósofo ni teólogo ni calabaza, que había co- 
brado un sumo horror á todo estudio escolástico, sin 
haber bastado para hacerle que se aplicase á él , ni avi- 
sos particulares, ni reprensiones públicas , ni panes y 
agua, ni disciplinas, ni otros castigos que usaba san- 
tamente la orden. Añadían que ya le hubieran sacado 
ignominiosamente de los estudios, si no tuviera unas 
prendas por otra parte tan amables, y á no estar apadri- 
nado de un padre ex-provincial que le habia dado el 
santo hábito; y sobre todo, por el respeto de sus buenos 
padres, que, aunque eran unos labradores honrados y 



no ricos, con todo eso eran de los hermanos mas devo- 
tos y mas proficuos que tenia la orden. 

3. Una de las ocasiones en que aquellos dos reveren- 
dísimos trataron esta materia con mayor vehemencia y 
con mayor compasión, en presencia de nuestro benefi- 
ciado , les dijo este : Ora , padres maestros , tanto como 
la cura del padre predicador mayor no me atrevo á em- 
prenderla, porque la tengo por desesperada. Está el mal 
tan arraigado , que se ha convertido en naturaleza ; y el 
enfermo tan casado con su mal, que echará á paseará 
quien pretendacurarle. Pero Fray Gerundio es otra cosa; 
el achaque está muy á los principios, ni está tan duro el 
alcacer; y como quiera, nihil tcntassc nocebit. Yo ni 
confio ni desespero; mas ¿qué vamos á perder en inten- 
tarlo? A Dios y á dicha voy allá sin perder tiempo ; y di- 
ciendo y haciendo , partió derecho á su celda. 

4. Entró en ella con familiaridad de doméstico, en- 
contróle leyendo , y le preguntó con festivo desembara- 
zo : «¿Qué hace vuestra merced, amigoFray Gerundio?» 
¿Qué he de hacer, Señor Beneficiado? Habrá una hora 
que acabé de trasladar un sermón, y cansado ya de es- 
cribir, me puse á leer en un libro el mas guapo que he 
leído ni pienso leer en todos los días de mi vida ; y en 
verdad que si le leyeran nuestros padres maestros, no me 
aporrearan tanto para que estudiase las impertinencias 
que estudian sus paternidades. ¡ Hay cosa! replicó el Be- 
neficiado; ¿y cómo es la gracia de ese libro? — ¿Por cuál 
me pregunta usted? que tiene muchas, y todo él es una 
pura gracia. No digo eso, continuó e'l Beneficiado , sino 
que ¿ cómo se intitula el libro ? ¡ Ah! ¿ cómo se intitula? 
respondió Fray Gerundio : ¿Cómo se intitula? Eso es 
otra cosa, y no la había entendido. ¿Cómo se intitula''*.,. 
Par diez que ya no me acuerdo. Pero tenga usted, que ya 
se me vínoá lamemoria. Se intitula El Capuchino... ^o, 
no : soy un borracho ; no se intitula El Capuchino; pero 
ello es cosa de barbas. ¡ Ah ! ya me acuerdo bien ; se in- 
titula El Barbón. ¿El Barbón ?... No : ¡ válgate Dios por 
memoria ! Mas ello, pues está aquí el mismo libro, ¿hay 
mas que ir á ver la primera llana y lo sabremos ? 

5. Bien conoció desde luego el Beneficiado que ha- 
blaba de la obra del Barbadiño , pero no le quiso inter- 
rumpir por el gusto que le daba oírle desatinar, y para 
ver si caía en cuenta de que quien no sabía ni aun el tí- 
tulo del libro que estaba leyendo , cómo había de enten- 
derle. Al fin, viéndole tan embarazado, le dijo : No es 
menester que vuestra merced lea la primer llana ; que 
ya sé qué libro es esc. Está escrito en portugués , y se 
intitula El verdadero melado de estudiar ; y aunque su 
autor quiso esconderse tras de las venerables barbas do 
un capuchino de la congregación de Italia j y por eso 
tuvo por bien llamarse el P... Barbadiño ; pero, con li- 
cencia de sus barbas postizas , ya todo el mundo le co- 
noce por las verdaderas, con sus pelos y señales; y hasta 
los niños, cuando pasa por la calle, le señalan con el 
dedo , diciendo : « Ahí va el Señor Arcediano. » Pero á 
propósito , mi padre Fray Gerundio , ¿ usted entiende la 
lengua portuguesa? Toda no, señor, respondió el can- 
didísimo religioso ; pero tanto como hasta una docena 
de palabras ya las entiendo bien, y con ellas me bandeo: 
como Fregador, Evangelhn, Srrmoens , Ficis , y así 
otras á este tenor. Y como por el hilóse saca el ovillo, 
por unas palabras saco otras, y acá á mi modo formo el 
concepto de lo que quiere decir. Mas, puesto que, según 



i\0 



OBRAS DEL PADRE JOSÉ FRANCISCO DE ISLA. . 



parece, vuestra merced lia leído esta obra, dígame, 
¿qué siente de ella en Dios y en su conciencia? 

G. Eso, padre mió, es cuenlu larj:50, respondió el 
Beneficiado, y hoy no estoy mny de vagar : puede ser 
que algún dia se ofrezca ocasión de que hablemos de 
este punto ; aunque de [laso diré á vuestra merced que, 
como hubiera escrito con menos satisluccion , sin lauta 
arrogancia, y con mas respeto de ni uclios hombres de 
bien , habidos y reputados por tales cutre todos los lite- 
ralos del mundo, puede ser que hubiera sido mejor re- 
cibida laobra; ponpie no se puede negar que tiene mii//a 
coiza boa. Entre esas, dijo Fray Gerundio, las que me- 
jor me parecen á mi son aquellas en que da contra la 
l/igica , la física, la mctafisica, la animástica y la teolo- 
gía escolástica, tratándolas de ridicularias, nombre que 
repite mucho, y á mi me da grande choz, porque me 
suena tan lindamente. Poco á poco, padrecito mió , re- 
plicó el Beneliciado ; no levante vuestra merced ese falso 
testimonio al señor arcediano de Evora, aunque no es 
vuestra merced el primero que se lo ha levantado; pero 
el hecho es que él no da contra esas facultades. Lo pri- 
mero, da contra el mal método con que se enseñan en 
Portugal, y aun en toda España; y en eso no le falta ra- 
zón : lo segundo, contra las muchas cuestiones inútiles 
é impertinentes que se mezclan en ellas; y en esto le so- 
bra : lo tercero, contra el demasiado tiempo que se gasta 
en enseñar las que pueden ser de algún provecho ; y en 
esto tampoco va descaminado. En materia de física na- 
tural no dice que no se estudie , sino que no es física ni 
calabaza la que comunmente se estudia por acá ; y tam- 
bién esto, son pocos los hombres verdaderamente sabios 
los que no lo conozcan, aunque no sean muchos los que 
lo confiesen. 

7. Pues si no es física la que se enseña por acá , re- 
plicó Fray Gerundio, y yo no tengo de ir á estudiarla 
donde se enseña, excuso aporrearme la cabeza. No se ha 
Aq tomar eso tan en cerro, respondió el Beneficiado, ni 
quiere decir el Barbadiño que nada de lo que acá se en- 
seña sea física, sino que mucha y aun la mayor parte no 
Jo es. ítem, aunque da á entender que en Portugal y aun 
en toda España apenas se tiene noticia de la que es física 
legítima, castiza y verdadera, con licencia de sus vene- 
rables barbas, no tiene razón. No ha salido, ni verisímil- 
mente saldrá en mucho tiempo, curso alguno español 
que de intento la profese y la promueva, porque para eso 
es menester superar muchos estorbos que en el genio na- 
cional son punto menos que invencibles; pero tanto 
como saber hacia dónde cae todo lo que soñaron los 
antiguos y cavilaron los modernos, así acerca de la cons- 
titución del mundo en general, como de la composición 
del cuerpo natural, que es el objeto preciso de la física, 
impugnando con vigor, con nervio y con solidez á unos 
y á otros, hay por acá muchos hombres honrados que lo 
saben por lo menos tan bien como el reverendo Padre 
Barbadiño. 

8. Dejo á un lado que el famoso Antonio Gómez Pe- 
reira no fué inglés, francés, italiano ni alemán, sino 
gallego por la graciado Dios, y del obispado de Tiiy, 
como quieren unos; ó portugués , como desean otros; 
pero sea esto ó aquello, que yo no he visto su fo de bau- 
tismo, al cabo español fué, y no se llamó Jorge, como se 
le antojó á monsieur el abad Ladvocat, compendiador 
ilfi Morerí, y no tuvo por bien de corregirlo su escrupu- 



losísimo traductor, sin duda por no faltar á la fidelidad. 
Pues es de pública notoriedad en todos los estados de 
Minerva, que este insigne hombre , seis años antes que 
hubiese cu el mundo Bacou de Verulamio;masde ochen- 
ta antes que naciese Descartes ; treinta y ocho antes que 
Pero Gasendo fuese bautizado en Chantersier ; mas de 
ciento antes que Isaac Ncwlou hiciese los primeros pu- 
chericos en Volstrnpe, de la provincia de Lincoln ; los 
mismos con corta diferencia antes que Guillermo Godo- 
fredo , barón de Leibnilz, se dejase ver en Leipsic, en- 
vuelto en las secundinas : digo, padre mió Fray Gerun- 
dio, que el susodicho Antonio Gómez Pereira, mucho 
tiempo antes que estos patriarcas de lus filósofos neoté- 
ricos y á la papillota levantasen el grito contra los po- 
dridos huesos de Aristóteles, y saliesen uno con su 
Órgano, otro con sus átomos, este con sus turbillones, 
aquel con su atracción , el otro con su cálculo , y todos 
refundiendo á su modo lo que habían dicho los filósofos 
viejísimos ; ya nuestro español había hecho el proceso 
al pobre Estagirita. Había llamado ajuicio sus principa- 
les máximas , princípiotes y axiomas : habíalos exami- 
nado con rigor y con imparcialidad; y sin hacerle fuerza 
la quieta y pacífica posesión de tantos siglos, había re- 
formado unos , corregido otros , desposeído á muchos y 
hecho solemne burla de no pocos , tanto , que algunos 
críticos de buenas narices son de sentir que Antonio 
Gómez fué el texto de esos revolvedores déla naturaleza, 
que ahora meten tanto ruido, pretendiendo aturrullar- 
nos , los cuales no fueron mas que unos hábiles glosado- 
res ó comentadores suyos; y yo, aunque algo romo y 
pecador, me inclino mucho á que tienen razón, á lo me- 
nos en gran parte, como fácilmente lo probaría sí mere- 
ciera la pena. 

9. Pero no metiéndonos ahora con los huesos del 
Señor Antonio Gómez, que están bien enterrados, si- 
quiera por los que su merced hizo enterrar en Medina 
del Campo cuando fué médico de aquella villa; digo 
que bien pudiera no disimular el padre Fray Barbadifio 
que aun en las físicas mas rancias de España se hace lar- 
ga y muy comprensiva mención de las antiguas, y consi- 
guientemente también de las modernas; porque estas, 
según dije poco há , á la reserva de tal cual bachillería, 
experímentillo ó cosa tal, apenas son mas que una pom- 
posa ó galana refundición de aquellas. A Melísso y Par- 
ménides que no reconocían mas que un único principio 
inmutable, indivisible, sin ponerle nombre ni querernos 
decir cómo era su gracia , pretendiendo que de la varía 
combinación de él se componían todos los cuerpos; y 
consiguientemente no reconociendo en ellos diferencia 
alguna específica y sustancial, sino meramente acci- 
dental, copiaron después todos los modernos que ne- 
garon las formas sustanciales y no reconocieron otro 
principio de todo cuerpo sensible que uno solo, al cual 
bautizó cada uno con el nombre que le dio la gana. Este 
le llama átomos , aquel materia , el otro glóbulos, et sic 
de rehquís. 

i 0. A Melísso, Anaximenes, Heráclito y Hesiodo, quo 
también fueron filósofos monotelitas, esto es, que tam- 
poco reconocían mas que un principio de todos los mis- 
tos , pero dieron un pasito mas adelante , y cada uno le 
nombró según su genio ó capricho; porque Melísso, que 
debia de ser flemático y aguado, dijo que todas las cosas 
se componían de agua y no mas : Anaximenes , ipie de- 



Lia de adolecer do fantástico y lijero , defendió que lodo 
era puro aire : lleráclito , que sin duda era de genio ar- 
diente y fogoso , se desgañitaba por persuadir (|ue todo 
era fuego ; y Hesiodo, que en su poema intitulado Las 
Obras y los Días acreditó su inclinación á la agricul- 
tura, y consiguientemente á los terroues, juraba por los 
dioses inmortales que todo cuanto veiamos y palpábamos 
era tierra , y no le sacarían de ahí cuantos araban y ca- 
vaban. Digo pues que á estos lilósofos de antaño tam- 
bién remedaron aquellos filósofos de hogaño, que lirmes 
en la resolución de no admitir mas que un único prin- 
cipio de todos los entes corpóreos , andan besando las 
manos á todos los cuatro elementos , unos á este y otros 
á aquel , para acomodarse cada cual con el que mejor le 
parece. Y note vuestra merced sobre la marcha , mi pa- 
dre Fray Gerundio, que el peso del aire, que tanto nos 
cacarean los modernos como un descubrimiento muy 
importante que no se habia hecho en el mundo hasta 
que se inventó la máquina neumática , con el cual nos 
encajan una filosofía llena de ventosidades, ya en tiempo 
de Anaximenes debia ser tan conocido como el peso del 
plomo; porque, si este fdósofo tuvo para sí por cosa cierta 
é indubitable que todo cuanto veía y palpaba era aire y 
nada mas ( y en cierto sentido á fe que no le faltaba ra- 
zón), que el plomo era aire , el hierro era aire , las pie- 
dras eran aire , necesariamente habia de persuadirse á 
que el aire era pesado. 

11. En la misma cierta, firme y valedera persuasión 
estuvo no menos que el mismo Aristóteles, á quien sus 
propios discípulos en muchas materias dejan padecer 
unas persecuciones injustas de estos bellacones de filó- 
sofos modernos , que en Dios y en mi conciencia no sé 
cómo se lo sufre el corazón. ¿Pero qué han de hacerlos 
pobres, si los mas ni aun por el pergamino han leído en 
su vida á su maestro? Pues este hombre, verdadera- 
mente grande, conoció demonstrativamente el peso del 
aire con un experimento que hizo sencillo, simple y na- 
tural, sin mas máquina neumática que la de un triste 
pellejo : pesóle primero estrujado, y pesóle después in- 
flado, y halló que inflado pesaba mas que estrujado ; con 
que infirió legítimamente que , á no ser por arte de en- 
cantamiento , esto no podía suceder sin que el aire tu- 
viese peso. Esta experiencia la refiere el mismo buen 
viejo claritamente, y no con palabras góticas, como él 
ó sus intérpretes se explican en otras partes, en el li- 
bro 4." de Coelo, capítulo 4.°; y en verdad que para 
hacerla no hubo menester andarse con bolas de vidrio 
llenas de aire, ni con máquinas neumáticas para ex- 
traérsele, como lo hizo el buena del académico Mon- 
sieur Amberg, supongo que no mas que ad terrorem, 
pues parala prueba testaba cualquiera vejiga de puerco, 
de buey, y aunque fuese de un burro viejo. 

12. No le agradó á Empédocles esta monotonía en la 
constitución de los cuerpos, y queriendo echar el pié 
adelante á todos los que le habían precedido , dijo que 
aquellos tan lejos estaban de componerse de un solo 
único elemento, que todos se componían de todos cua- 
tro ; pera no como nosotros grosera y sensiblemente los 
percibimos, impuros, mezclados y revueltos unos con 
otros ; sino purísimos , desecadísimos , y en fin , como á 
cada uno le parió su madre la naturaleza. Preguntado 
en qué consistía la diferencia específica de los mistos, 
puesto que todos se componían de unos mismos simples. 



FRAY GERUNDIO DE CAMPAZAS. IH 

respondía con aquella gravedad y con aquella soberanía 



propia de un hombre que despreciaba coronas y cetros 
que á la reserva del hombre (á (luíen no negaba alma 
racional díslíuta de los cuatro elementos), todos los de- 
más mistos solo se diferenciaban entre sí, ya por la va- 
ria combinación de los elementos misinos, ya por el 
mayor predominio del uno sobre el otro ; y que así entre 
la rana y el burro no había otra diferencia sino que en 
aquella dominaba el agua , y en este la tierra, y que por 
eso croaba la una , y el otro rebuznaba. 

13. ¿Parécele á vuestra merced, padre mío Fray Ge- 
rundio, que los modernos no remedaron también al 
amigo Don Empédocles? Pues cuente vuestra merced 
por secuaces suyos á todos aquellos médicos á la der- 
niere (son estos innumerables), los cuales no se con- 
tentan con decir que en todos los mistos se mezclan los 
elementos , lo que apenas se puede dudar, sino que aña- 
den que á ellos , y á nada mas , se reducen todos los mis- 
tos, pretendiendo que todo cuanto se extrae de ellos por 
el análisisó por la resolución, es aire, agua, tierray fue- 
go, et praetereanihil. Cuente vuestra merced también 
por el mismo partido á los químicos, y sepa que este, 
el día de hoy, es un partido formidable ; los cuales, aun- 
que de los elementos de Empédocles solo admiten en la 
apariencia dos, conviene á saber, el agua y la tierra, y 
en lugar de los otros dos inventan ellos tres , á los cuales 
llaman espíritu , azufre y sal ; pero en realidad el espí- 
ritu se reduce al aire, el azufre al fuego, y la sal al agua; 
con que solo añaden voces al sistema empedocliano. Fi- 
nalmente , cuente vuestra merced por el mismo bando 
(según quieren malas lenguas) al habilísimo jesuíta 
Honorato Fabri , el cual , aunque en rigor hizo burla de 
todos los sistemas filosóficos sin declararse partidario 
de alguno de ellos ; pero alguna mayor incliuacionci- 
lla mostróá la opinión de nuestro Empédocles, bien que 
exceptuando de ella al hombre y á los brutos, porque 
esto no lo podía ajusfar con lo que enseña la fe. 

14. Y los señores filósofos atomistas y corpusculares, 
que son los que hasta pocos años há han metido mas bu- 
lla, ¿piensa vuestra merced que fueron originales? 
Ríase de eso por su vida : tan monas ó tan monos fueron 
como todos los demás. En diciéndole á vuestra merced 
que la filosofía atomista y corpuscular cuenta ya por lo 
menos cerca de dos mil y cien años de antigüedad; que 
la inventó Leucipo, la adelantó Demócritoy la extendió 
Epicuro, mas de trescientosañosántes^uenaciese Cris- 
to, sabrá que losGalileos de Galileis, losGasendos, los 
Bacones, los Descartes, los Maignanes, los Saguens , los 
Toscas, y otros que no se pueden contar, no hicieron otra 
cosa que cristianizarla en lo que pudieron, refundirla 
en lo que no encontraron inconveniente , y sacarla al 
teatro barbi-hecha, afeitada y con zapatos nuevos. 

15. Solo con poner en limpio lo que dijo Epicuro, 
está hecha la prueba. Soñó pues alguna noche que habia 
cenado poco y bebido mucha agua (porque con efecto 
fué hombre templado), que allá desde la eternidad an- 
daban revoloteando libremente y á sus aventuras, sin 
orden y sin concierto, por esos inmensos espacios que 
llamamos caos, una infinita multitud de átomos ó de 
cuerpecillos, los cuales se estuvieron moviendo y tra- 
veseando sin forma y sin destino siglos de siglos, hasta 
que quiso su buena suerte y la nuestra , que por una di- 
chosa casualidad se trabaron , unieron y pegaron todos 



II 



OimAS DEL PADRE JOSÉ FRANaSCO DE ISLA. 



unos con otros, y formaron esta proJigiosa masa de que 
se compone lodo el universo : ciclos, astros, montes, 
valles, rios, plantas, brutos, hombres. Para que esta 
casualidad , aunque extraordinaria, no fuese milafírosa, 
vino muy á pelo y condujo mucho, que los tales átomos 
ó cuerpecillos no eran lodos ni de una misma figura ni 
de un mismo peso ; sino que quiso la suerte que unos 
fuesen redondos, otros cuadrados, estos cúbicos, aque- 
llos piramidales, unos cilindricos, otros triangulares, 
agudos estos, y aquellos chatos, unos mas pesados, y 
otros mas leves. Y como estuvieron tunta infinidad de 
siglos encontrándose unos con otros , no fué imposible 
que al cabo acertasen á enlazarse, enredarse y engan- 
charse recíprocamente, mezclándose con variedad unos 
con otros, y hétele formada toda la masa del mundo, 
con toda la diversidad de mistos y de entes que la cons- 
tituyen. 

10. Y no crea vuestra merced , amigo Fray Gerundio, 
que Epicuroni los muchos corbatines, bonetes y capi- 
llas que le copian al somormuio, se embarazan en expli- 
car la diversidad sensible de los entes, según esta sen- 
tencia. ¡Bueno es eso para su despejo! Si vuestra merced 
les pregunta qué cosa es la tierra, responderán con 
la mayor satisfacción del mundo : Es un gran agregado 
de átomos cúbicos que juntó la casualidad en un mon- 
tón, y en eso consiste la consistencia y la solidez de la 
tierra. Y el agua, ¿qué cosa es? Eso es claro como el 
agua. Es un casual conjunto de átomos redondos, cir- 
culares y globulosos, que no pueden estar parados si no 
los cierran en alguna vasija, ó no los reprimen con al- 
gún dique ; y ve ahi en qué topa toda la fluidez de este 
elemento. ¿Y el fuego? El fuego, ¿quién no ve que es 
una masa de átomos piramidales, puntiagudos y muy 
afilados, que á fuer de tales lodo lo penetran, lo tala- 
dran y lo deshacen; y cátate ahí el secreto de su prodi- 
giosa actividad. Y el aire , ¿qué será? ¡ Beila pregunta ! 
¿Qué entendimiento habrá tan romo que no conozca que 
el aire no viene á ser mas que un inmenso espacio ocu- 
pado de bolillas revoleteantes, mucho mas menudas, 
tersas y lisos que las que componen el agua? Y en esto 
consiste clara é indubitablemente que aquel sea mucho 
mas fluido y mucho mas diáfano que esta. 

17. Ve aquí , Fray Gerundio amigo , los principales 
sueños de los filósofos antiguos, y las principales imagi- 
naciones de los modernos , que apenas se diferencian de 
aquellos mas que en media docena de terminillos y en 
haber sacado al teatro sus opiniones con otro traje mas 
de moda. Yo no negaré que unos y otros hicieron lo que 
pudieron para averiguar sus secretos á la naturaleza y 
para sacar á luz sus escondrijos, y que esto es lo que se 
llama filosofía. ¿Pero quién le ha dicho al reverendo se- 
ñor Don Barbadiño que esta filosofía se ignora en Por- 
tugal y en España? Ciertoque, teniendo su merced tanta 
obligación como se sabe á no ignorar lo que ha pasado 
en su misma universidad de Coimbra, causa admira- 
ción que afecte ignorar lo que escribieron los sabios je- 
suítas conimbricenses en su Curso filosófico. Allí verá 
explicados muy extensamente todos estos sistemas, y 
también los verá impugnados con el mayor nervio. Es 
verdad que, como aquellos padres no alcanzaron á estos 
nionsiures novísimos, no pudieron impugnarlos en sus 
propios términos. Pero sí es cosa averiguada que la que 
se llama filosofía nueva y llamante, cssolo un tejido de las 



mas añejas y de las mas podridas del mundo: todos los que 
tienen noticia de estas , tienen noticia de aquella ; y todos 
los que impugnan las unas, impugnan la otra. Pues por 
esta cuenta, no solo en el curso de los conimbricenses, 
sino en muchos de los cursos filosóficos que de docien- 
lüs años á esta parte se han impreso en Esjiaña , hallará 
mucha noticia de la que su paternidad barbadiña llama 
filosofía legítima, castiza y verdadera. 

18. Pero si todavía no se contenta con esto, y pre- 
tende que sea cierta su proposición mientras no se ve- 
rifique que en los cursos de España se conoce en su pro- 
pia y mismísima figura esta filosofía del tiempo, ami así 
será preciso que la vuelva al cuerpo. Porque, si le dieran 
lugar para saber lo que pasa por acá sus estrechas cor- 
respondencias con ciertos amigos de Francia , y su apli- 
cación infatigable á entender mal ó á interpretar peor 
las bulas y breves pontificios sobre las misiones del 
Oriente, tendría sin. duda noticia de que mas há de 
treinta años se publicó en España el Curso filosófico del 
sabio Padre Luis de Losada, cuya admirable física co- 
mienza por un largo y docto discurso preliminar en que 
se exponen , se examinan y se baten en brecha casi todos 
los sistemas filosóficos que se llaman modernos por mal 
nombre, representándolos todos con sus pelos y seña- 
les. Aunque esta impugnación, como imparcial y como 
verdaderamente sabia, no es tan en cerro ni tan á des- 
tajo, que en el discurso de la obra no se abracen algunas 
opiniones de los filósofos experimentales, desamparando 
la de los aristotélicos , á cuyo jefe , por lo demás , se si- 
gue con juicio y sin empeño. 

19. Acordaríase también deque el insigne valenciano 
Don Vicente Tosca, no solo nos dio larga noticia de to- 
das las recientes sectas filosóficas , sino que aun se em- 
peñó el santo clérigo en que habia de introducirlas en 
España, desterrando de ella la aristotélica. No logro el 
todo de su empeño, pero le consiguió en gran parte; 
porque en los reinos de Valencia y de Aragón se perdió 
del todo el miedo al nombre de Aristóteles ; se exami- 
naron sus razones sin respetar su autoridad ; se con- 
servaron aquellas opiniones suyas que se hallaron estar 
bien establecidas , ó por lo menos no concluyentcmente 
impugnadas,y al mismo tiempo se abrazaron otras de 
los modernos que parecieron puestas en razón : de ma- 
nera que en las universidades de aquellos dos reinos se 
tiene tanta noticia de lo que han dicho los novísimos 
terapeutas de la naturaleza , como se puede tener en la 
mismísima Berlín; y hay filósofos que pueden hablar 
con tanta inteligencia en estas materias á las barbas de 
la misma academia de las Ciencias, de Paris, como los 
Regís y los Regaults en su mesma mesmedad. 

20. Finalmente, ahora, ahora en fresco , y como di- 
cen , todavía chorreando tinta, se acaba de imprimir en 
Salamanca el primer tomode unCurso filosófico, que ha 
de constar no menos que de doce volúmenes , en el cual, 
según promete el autor, cuando llegue al tercero, todo 
él le ha de emplear en llamar ajuicio todas las sectas 
filosóficas recien nacidas ó resucitadas; y el cuarto, en 
examinar los recobecos de la naturaleza al gusto de los 
modernos, sin perjuicio del derecho que se reserva do 
averiguar en el quinto las verdaderas causas de tantas 
travesuras como hacen los meteoros, y de pasearse en 
el sexto por los cielos, como pudiera por su celda, donde 
es preciso que vuelva á encontrarse con los neoléricos. 



FRAY GERUNDIO 

y, ó los abrace como amigos, ó los precipite de aquellas 
alturas como espíritus rebeldes que no uierecen pisar 
el estrellado pais que no conocen. Ora bien : yo salgo por 
liadorde lababilidad del autor; pero no respondo del 
acierto de su ejecución ; y mas cuando él mismo destina 
ya in praecisione el tomo undécimo para corregir los 
errores, descuidos ó equivocaciones de los diez pn^ce- 
dentes, lo que parece señal de que á lo menos en estos 
diez tiene ánimo de errar, descuidarse ó equivocarse 
mucho , pues le ha hecho tan de antemano á dedicar 
todo un tomo á este único asunto. Verdad es que para 
eso está seguro de que en el tomo duodécmio y último 
no ha de padecerla menor equivocación, error ó des- 
cuido en los prolegómenos á la teología positiva y dog- 
mática, de que ha de tratar, si Dios fuere servido, para 
abrir los ojos á los teólogos y predicadores novicios , pues 
á no estar muy cierto de que este último volumen no ha 
de contener alguna errata ó descuidillo, era natural que 
el tomo de las erratas le reservase para el postrero, para 
comprender también en él las de los prolegómenos, 
como lo han hecho hasta aquí todos aquellos escritores 
que quisieron dejarnos el buen ejemplo de confesar que 
fueron hombres. 

CAPITULO VII. 

Cánsase de hablar el Beneficiado, saca la caja, tnm? un polvo, 
estornuda , suénase, limpiase y prosigúela conversación. 

De todo lo cual inferirá vuestra merced, mi padre 
Fray Gerundio, que el señor arcediano Barbadnloliabló 
con sobrada mdigestion en punto de filosofía de España, 
pues, aunque bien se pudiera aliorrar mucho de lo que 
en ella se enseña, y emplearlo mejor sin salir de la ma- 
teria ; pero no se pierde tanto tiempo como pondera su 
merced rnuy reverenda ; y al cabo, el filósofo gasen- 
dista, el cartesiano , el newtoniano y el aristotélico, al- 
garabía mas, algarabía menos , todos salimos á nuestra 
algarabía. Pero bien entendido que, sin este tal cual 
estudio de la naturaleza, apenas se puede dar paso con 
acierto en las demás sagradas facultades. 

2. Atónito estuvo oyendo el pacientísimo Fray Ge- 
rundio todoel largorazonamientodelSeñorBeneficiado, 
sin toser, sin escupir, sin cespitar y aun sin pestañear, 
sino una sola vez allá hacia el medio de la arenga, que 
se le puso una mosca de burro sobre la ceja zurda, y se 
le pegó de modo que le costó mucho trabajo el despren- 
derla. Pasmóse de lo que le babia oido ensartar con la leve 
ocasión de lo que le habia preguntado acerca del Barba- 
diño, y aunque zorroclonco, no dejó de conocer que 
tenia razón en lo que habia dicho, pero que sobraba la 
mitad, y aun las tres partes y media, para loque pedia 
una conversación en que no se trataba sino por inciden- 
cia acerca de este autor. Pero, como en efecto le habia 
dado gusto todo lo que acababa de oírle, y el empeño 
del frailecito era escapar el cuerpo, si pudiese, á todo 
estudio escolástico, por dedicarse cuanto antes al bara- 
tUlo del í;er6Mm í)e¿ , según la instrucción del lego su 
catequista, y de su héroe el padre predicador mayor de 
la casa, quiso apurar del todo la materia. Y pareciéndole 
que, por lo menos, lo que decía el Barbadiño acerca de la 
teología escolástica , no tenia respuesta, le dijo : Señor 
Beneficiado, todo lo que vuestra merced me acaba de 
explicar acerca de la filosofía, me parece lindamente ; y 
aunque, la verdad sea dicha , que en lo mas de ello yo 



DE CAMPAZAS. ll'J 

no lie entendido palabra; pero á mi me suena bien, y 
convengo en que no hace daño sabor un poco de filoso- 
fía , aunque sea de la que nos enseñan por acá. Yo, bien 
ó mal , ya estoy para acabar mis tres años, y tanto como 
hablar de materia |MÍmera, de formas sustanciales, de 
unión, de compuesto 2n//í'r¿, de principio quod y quo, 
y asi de otras zarandajas, ya me atreveré á hacerlo como 
cualquiera arcipreste; pero eso de pensar nuestros pa- 
dres en queme han de obligar á que estudie teología 
oscolástiea, ¡ tararira ! no lo conseguirán aunque me em- 
paredaran. 

3. ¿Y por qué, amigo Fray Gerundio? lepregunlóel 
Beneficiado. ¿ Por qué? Por las cosas que dice de la tal 
dichosa teologíael susodicho Barbadiño. ¿Puesquédice? 
te replicó el bellacuelodel clérigo. ¿Qué hade decir? 
mejor lo sabe vuestra merced que yo. «Dice, lo primero, 
que esta facultad se trata pésimamente en Portugal, no 
solo en los conventos, sino también en las universida- 
des.» Y consiguientemente lo mismo dirá de toda Espa- 
ña; porque en toda ella no se trata la teología de otra 
manera que en Portugal. ¿ Y eso cómo lo prueba, padre 
mío? ¿Cómo lo ha de probar? Con una razón que no tiene 
respuesta ; porque dice que acá se estudian cuatro años 
de teología, asistiéndose á cuatro cátedras, en las cua- 
les se explican cada año dos materias de teología esco- 
lástica , una de moral y otra de Escritura , á la que nin- 
gún estudiante concurre, porque dicen que solo es buena 
para los predicadores. Y en esto, en verdad que tiene 
razón ; porque en este nuestro convento, por lo menos, 
donde también hay estudios de teología, yo no he visto 
otro modo de enseñarle, y discurro que lo mismo suce- 
derá en los demás. ¿Y parécele á vuestra merced que 
eso basta, le preguntó el Beneficiado, para decir que «se 
trata pésimamente la teología»? A mí me parece que 
sí, respondió Fray Gerundio. Pues á mí me parece que 
no , replicó el Beneficiado; porque eso á lo sumo probará 
que el método no es bueno ; que al cabo de los cuatro 
años es poca teología la que se trata ; que ocho materias 
ó tratados escolásticos, cuatrode moral yotros tantos de 
Escritura, no bastan para que el estudiante salga teó- 
logo hecho, ni aun para que tenga noticia de la vigésima 
parte de la teología; y en esto no iría descaminado; pero 
no prueba que la teología , poca ó mucha, que se trata, 
«se trate pésimamente,» que es loque suena su valiente 
y atrevida proposición. Fuera de que no puede ignorar 
el Barbadiño que en una de las célebres escuelas de Es- 
paña, al cabo de los cuatro años se estudian ó se recor- 
ren todos los tratados de la teología escolástica por un fa- 
moso compendio que no lehizoningun español, sino un 
docto religioso francés , y por lo mismo será de su apro- 
bación. Si en otra de las escuelas no menos célebres se 
observad método que él satiriza, será, ó porque todavía 
no tiene un compendio teológico según sus principios, de 
su satisfacción y acomodo para el uso de los estudiantes, 
ó por otras razones que allá ella se tendrá , pues al fin, 
como decía un alcalde de Villaornate, « si es leatíno y 
se ahogó, cuenta le tendría. » 

4. ¿Y qué me dice vuestra merced, le preguntó Fray 
Gerundio, de lo que añade poco después el mismo Bar- 
badiño , «que el primer perjuicio ó la primera preocu- 
pación que saca el estudiante del método de las escue- 
las, es persuadirse que la Escritura para nada sirve al 
teólogo:» y el segundo, «es estaren la persuasión de que 



120 



OBRAS DEL PADRE JOSÉ FRANCISCO DE ISLA. 



no hay otra teología en el mundo, sino cuatro cuestio- 
nes de especulativa, y que todo lo demás son arengas y 
ociosidades de extranjeros... Siendo esta en efecto la 
preocupación general de todos los teólogos de este reino, 
y no rapaces ó ignorantes , sino maestros y hombres de 
barbas hasta la cinttna?» 

5. ¿Qiiéqiiiere vuestra merced queme parezca?res- 
pondió el Beneficiado : que como el Barbadiño escribió 
la carta donde estampó estos disparales (y es la décima- 
cuarta del segundo tomo) cuando acababa de padecer 
ciertos vértigos, ó vertigcnes, ó valí idos, ó como qui- 
sieren llamarlos, según él mismo dice al principio de 
ella , y debia de ser muy acosado de este accidente , por 
lo que se reconoce en sus cartas , todavía parece que le 
duraban algunas reliquias del vértigo cuando afirmó dos 
proposiciones tan disparatadas con aquella osadía que 
es tan natural al hombre. Yo estudiante he sido y con 
estudiantes he tratado en lastres universidades de Sala- 
manca, Alcalá y Valladolid, donde se estudíala teolo- 
gíaescoliástica, puntomas, punto menos, con el mismo 
método que en Coimbra y en Evora ; pero hasta ahora 
noencontré estudiante tan zopenco, que de dicho método 
sacase la preocupación «de persuadirse que la Escri- 
tura para nada sirve al teólogo». ¿Ni cómo es posible 
que algtnio la sacase, ámenos a que padeciese vértigos», 
viendo con sus mismos ojos que en toda la teología es- 
colástica no hay cuestión alguna, por especulativa, por 
abstraída, por metafísica, por sutil ó por inútil que sea 
ó que parezca, la cual , bien ó mal, no se procure pro- 
bar con la Escritura? Y sino, señale siquiera una el Bar- 
badiño. Aun la que él pone repetidas veces por verbi- 
gracia de las que Wamnpiicrilidades teológicas, conviene 
á saber, «si el principio quo generativo ó productivo en 
el padre y en el hijo, consiste en predicado relativo ó 
absoluto, » todos los autores que siguen diferentes opi- 
niones, procuran fundar la suya en textos de la Escri- 
tura. ¿Pues qué estudiante ha de persuadirse que la 
Escritura para nada sirve al teólogo, cuando sin Escri- 
tura no encuentra siquiera una cuestión de teología? 

Estoes sabor hablnr mal, 
Por no saber hablar bien ; 
Y esto es mentir magistral , 
Por siempre jamas , amen. 

6, El otro testimonio que levanta el Barbadiño, no 
ya á los estudiantes rapaces, sino á maestros con bar- 
bas hasta la cintura, de que «están en la persuasión de 
que no hay otra teología en el mundo, que cuatro cues- 
tiones especulativas » , no leva en zagaal primero. Aquí 
donde vuestra merced me ve, sepa que también corrí 
micachico de Portugal, donde traté con lentes y mes- 
tres da teología que regentaban as primeiras cadíieiras 
del Reino. En España he rodado mucha bola, y aunque 
indigno pecador y vil gusano , he conversado silla á silla 
y facha á facha con muchos padres catedráticos, y hasta 
algunos padres lectores déla legua, quierodecir, aque- 
llos lectores in partibus,y como de burlas, que son lec- 
tores titidures de conventos semi-pinzochas, los cuales 
suelen ser mas fieros y mas entonados que los mismos 
catedráticos de veras : digo, que hasta algunos de estos 
padres lectores de honor se hau dignado darme puerta 
y silla , tratándome con cariño y casi con amistad. Pues 
certifico, y en caso necesario juraré in verbo Sacerdo- 
/í5, que á ninguno, á ninguno he encontrado tan bolo 



deenleudimíenlo, queno supiese muy bien que ade- 
mas de la teología escolástica, ópositiva, como la llama 
siempre el padre de las barbas largas, hay la dogmativa, 
la expositiva y la moral , á las que algimos añaden co- , 
mo teología aparte la ascética ó la mística; y que todas 
estas cuatro ó cinco teologías se dan la mano unas á 
otras : de manera que tienen ciei la dependencia ó co- 
nexión entre sí, y lanta,que níngimo puede llamarse 
teólogo consuniado si no está versatío mas que mediana- 
mente en todas ellas. Es verdad que suponen nuestros 
maestros (y por mí la cuenta si se engañaren en esta 
suposición) que sin entender mas que á media rienda 
á la teología escolástica , hay grande peligro de desbar- 
rar mucho en la dogmática, de dar de hocicos en la ex- 
positiva, de noentenderbien la moral, yde escribircien 
disparates en la ascética, salva siempre la iluminación 
sobrenatural , que lo suple todo. Esto es lo que he oído 
constantemente á todos nuestros maestros, no solo á 
aquellos « que tenían barbas hasta la cintura », pero aun 
á muchos que apenas los apuntaba el bozo del magiste- 
rio , y aun á tal cual que parecía capón en el fuero ex- 
terno, aunque delante de la cara de Dios sería lo que su 
Majestad fuese servido. ¿Pues dónde encontró el señor 
Padre Barbadiño «esos maestros con barbas hasta la 
cintura, que estaban persuadidos á que no había otra 
teología en el mundo que cuatro cuestiones especu- 
lativas » ? 

7. A lo menos, replicó Fray Gerundio, no me negará 
vuestra merced que tiene razón en lo que añade mas 
abajo: «que todos los teólogos escolásticos están tan 
satisfechos de su especulativa, que dan al diautre á los 
extranjeros porque se desviaron de ella... y que novio 
hasta ahora teólogo alguno de los que abrazaron con 
todo su corazón el peripato, que habiendo de proferir 
censura sobre los que introdujeron el método moderno, 
tomase el trabajo de examinar bien las razones en que 
se fundan los contrarios.» 

8. Pobre Fray Gerundio, respondió el Beneficiado, 
¡ y que bellas tragaderas que tiene! Si así engulle todo 
lo que encuentra en los libros, morirá de repleción de 
disparates. Muchos ensarta el Barbadiño en ese par de 
cláusulas que le copia. Supone, lo primero, que todos 
los extranjeros se desvian de la teología especulativa, 
pues eso y no otra cosa quiere decir aquella proposición 
indefinida y absoluta, de que los teólogos escolásticos dan 
al díantre á los extranjeros porque se desviaron de ella. 
¿ Pero quién le ha dicho á su paternidad barbadiña que 
«todos los extranjeros» se desviaron ni se desviando 
la teología escolástica? Gonet y Contenson, dominicos, 
¿ fueron portugueses ó andaluces ? Bodes, Lesio, lanero, 
jesuítas, ¿fueron asturianos ó extremeños? El cardenal 
de Norris y la Martinier, agustinos, ¿fueron gallegos ó 
campesinos? Mastrio y>Vigant, franciscanos, ¿fueron 
babazorros ó de las Batuecas? ¿Y estos se desviaron de la 
teología escolástica, cuando muchos la comentaron to- 
da , y los mas una gran parte de ella ? No quiero alegarle 
mas ejemplos, porque sería negocio de formar una bi- 
blioteca. Los tínicos extranjeros que se desvian de la teo- 
logía escolástica, son aquellos á quienes incomoda esta 
para delirar á su satisfacción en la dogmática, enla mo- 
ral y en la ascética , sin reconocer otra regla para la in- 
teligencia de la expositiva, que el cajiricho y la bodo- 
quera de cada uno. Quiéucs sean estos nionsiures, no 



FRAY GEr.UNDIO 

os menester declara i-sclo al Barbatliño ; porque en sus es- 
critos , y aun sin salir de esta ca^ta , da lieros indicios de 
mantener gran correspondencia, ó alomónos de profe- 
sar mucha devoción á losprincipios, y tener gran le con 
las noticias que gasta cierto gremio de ellos. Yaunde 
estos no todos tienen tanta ojeriza con la teología esco- 
lástica, como graciosamente quiere suponer su meiced 
harbadiña. Y si no, alii estáel Doctor Jorge Hnll, profesor 
de teología y presbítero de la iglesia anglicana , que mu- 
rió obispo de San David el año de 1710, cuyas obras 
teológico-escolásticas, en folio, nada deben á las mas 
alambicadas que se han estampado en Salamanca y en 
Coimbra ; y como los puntos que por la mayor parte 
trató en ellas son sobre los misterios capitales de nues- 
tra santa fe, conviene á saber, sobre el misterio de la 
Trinidad y sobre el de la divinidad de Cristo, en los cuales 
su psendo-iglesia anglicana no se desvia de la católica, 
en verdad que los manejó con tanlo nervio y con tanta 
delicadeza, que los teólogos ortodojos mas escolastiza- 
dos, como si dijéramos electrizados, hacen grande esti- 
mación de dichas obras. Y aun en los dos tratados que 
escribió acerca de la justificación, que es punto mas 
resbaladizo, en los principios que abrazó, no se separó 
de los teólogos católicos ; pero en algunas consecuencias 
que infirió, ya dio bastantemente á entender la mala le- 
che que habia mamado. ¿ Pues por qué nos ha de que- 
rer embocar el señor barbón, «que los extranjeros se 
desviando la teología especulativa, «y que por eso «los 
dan al diantre los teólogos escolásticos» de Portugal y de 
España? Yo sí que doy al diantre los vértigos que afli- 
gieron á dicho señor, en fuerza de los cuales deliró tanto 
el coitado fradiño y nos quiso embocar tantas parvoizes. 

9. Pues ahí es un grano de anís las que contiene la 
otra cláusula suya conque me reconviene vuestra mer- 
ced : «que no vio aínda teólogo alguno de los que abra- 
zaron con todo su corazón el peripato, que , habiendo de 
proferir censura sobre los que introdujeron el método 
moderno, tomase el trabajo de examinar bien las razo- 
nes en quese fundan los contrarios.» Tampoco yo vi aín- 
da escritor alguno de los que abrazaron con todo su co- 
razón la mordacidad, que escribiese con mayor satis- 
facción ni que digiriese menos lo que escribía. 

10. ¿Qué le parece á vuestra merced que entiende 
por «teólogos que abrazaron con todo su corazón el pe- 
ripato»? Lea un poquito mas abajo y lo encontrará. En- 
tiende los que estudian la teología escolástica , « por cuyo 
nombre (dice él) se entiende una teología fundada en 
los perjuicios de la fdosofía peripatética, quiere decir, 
sobre las formas sustanciales y accidentes, y sobre to- 
das las otras galanterías de la escuela.» ¿Pero no me 
dirá dónde encontró esta casta de teólogos, ni dónde 
halló teología de esta especie? La teología escolástica 
que se usa por acá, no está fundada sobre las preocupa- 
ciones de la filosofía peripatética, ni se vale de ella para 
maldita la cosa, sino única y precisamente para el uso 
de los términos facultativos, á los cuales se les dio una 
significación arbitraria, como «esencia, predicados, 
formas, accidentes, propiedades, emanaciones, ut quo, 
ut quod, formaliler, materialitcr , auxilium quo, et 
smequo.ecceidades, individuaciones, relativos, ab- 
solutos, etc.» Todas estas galanterias solamente la sir- 
ven para explicar con menos palabras lo que quiere de- 
cir; y se vale de estas voces por suponerlas ya entendidas 



DE C.\MPAZAS. 



121 



desde la lógica y ülosofía peripatética, donde se usa de 
ellas para los mismos significados ; pero estos significa- 
dos se aplican á principios y asuntos muy distintos, y 
aun inconexos con casi toda la teología escolástica. ¿Es 
esto estar fundada esta teología sobre los peijuicios de 
lalilüsofia peripatética? Deesa manera también dirá que 
están fundados sobre el peri|)ato todos los tratados que 
en este siglo han hecho entre sí los príncipes de Euro- 
pa, sean de paces, sean de comercio, sean de alianza, 
sean también aquellos que se llaman «tratados de fami- 
lia»; porque en casi todos ellos se lee el terminillo de 
que se quedarán las cosas in statu quo , que es tan peri- 
patético como el ut quo y el ut quod , el in eo quod quid 
y el quo ad an est. Si hay algunas cuestiones en la teolo- 
gía escolástica que en la sustancia sean anfibias, esto 
es, que igualmente pertenezcan á la teología que á la 
filosofía, como son las que tratan de la existencia de 
Dios como primera causa de la creación del mundo en 
tiempo, de la espiritualidad del alma, del libre albe- 
drío ó de la libertad de los actos humanos, y algunas otras 
pocas mas, estas se tratan con total independencia de los 
principios aristotélicos , y muchas de ellas con positiva 
oposición á ellos, y para nada recurrimos á la filosofía del 
Estagirita, sino puramente para explicarnos y para que 
recíprocamente nos entendamos. ¿Pues qué teología 
escolástica de mis pecados es esta , «que está fundada en 
la filosofía peripatética»? Vaya, que cuando escribió 
esto, todavía le debia durar el vértigo al santo padre. 

11. ¿Y con qué conciencia dice que «aínda novio 
teólogo alguno de los que abrazaron con todo su corazón 
el peripato, que queriendo censurará los que introdu- 
jeron el método moderno, tomase el trabajo de examinar 
bien las razones en que se fundan los contrarios? » ¿ De 
qué método hablasu paternidad muy arcediana? Porque 
si habla del método de la teología escolástica (que es la 
teología en cuestión), ni los modernos, ni los antiguos, 
ni los peripatéticos, ni los newtoníanos, han inventado 
otro método que el que introdujo Pedro Lombardo, imi- 
tó Santo Tomas y siguieron después todos los demás. Y 
si no, díganos su merced por su vida, ¿dónde encontró 
otro método de teología escolástica? Si habla del método 
de la teología puramente dogmática ( que será un grande 
despropósito para el asunto), lo primero, hasta ahora 
lio se ha escrito cuerpo alguno entero que comprenda 
metódicamente todos los tratados pertenecientes á esta 
teología; y si no, díganos el Señor Barbadiño : ¿cómo es 
la gracia del autor que los escribió oque alómenos hizo 
la colección de ellos? Lo segundo, en los innumerables 
tratados dogmáticos que se han escrito, cada autor ha 
seguido el método que mejor le ha parecido ó el que lo 
ha venido mas á cuento : unos oratorio , oíros acadéini- 
co ; estos con erj/os, aquellos sin ellos ; los mas por libros 
ó tratados, muchos por disputas y cuestiones, algunos 
en figura de diálogos, y finalmente, los dogmáticos mo- 
dernísimos que han escrito contra las herejías del tiem- 
po , y especialmente contra la que hoy es de la gran mo- 
da, de la cual muestra tener grandes noticias el señor 
Fray Arcediano, han preferido el método de cartas día- 
logizadas, el idioma vulgar y el aire un pococluilletero, 
para lo cual no les han fallado buenas y sólidas razones. 
Ningún teólogo escolástico ycalólicohacensurado hasta 
ahora algunodeestosmétodos, ó señálenosle con el dedo 
el padre de las barbas á tiros largos. ¿ Pues para qué es 



122 



OBRAS DEL PADRE JOSÉ FRANCISCO DE ISLA. 



meter tanta bulla, y fingir fantasmones para dar de palos 
al aire? 

12. Mas no es esta la madre del cordero. Con el so- 
brescrito del método, su verdadero intento es desterrar 
del mundo la teología escolástica, como él mismo lo 
confiesa sin rebozo, pues de ella dice constantemente 
«que no solo es superfina, sino perjudicial á los dogmas 
de la religión». Esto hiede que apesta. Lotero, Beza, 
Calvino, Melancliton , y el Burbadiño de su tiempo Eras- 
nio de Roterdam, dijeron lo mismo en proi)ios térmi- 
nos. Losamigotes del Señor Arcediano son de la misma 
opinión ; y nada acredita mas la utilidad y aun la nece- 
sidad de la teología escolásticaparalainteligcnciaypara 
la defensa de los dogmas, que lo mucho que mcomoda 
á estos monsiures. 

13. Pues el padre de las barbas postizas escribe den- 
tro de Italia, ya tendrá noticia (y si no la tiene, yo se la 
doy ahora) de las obras de Benedicto Alctini (a/¡ós el 
Padre Benedicti, jesuíta), y de las explicaciones teo- 
lógicas de los cánones del concilio de Trento sobre los 
sacramentos, que el sabio servita Juan María Bertoli 
imprimió en Venecia el año de 1714. Lea lo que escri- 
bieron estos dos autores de á folio contra cierto autor- 
cilio italiano que salió por entonces con el mismo pro- 
yecto con que sale ahora el Señor Barbazas, de querer 
desterrar del mundo la teología escolástica, para sus- 
tituir en lugar de ella la lección y la explicación de las 
obras de los santos padres. Allí verá que el autor italia- 
no supone tan en falso como el señor portugués, que en 
las escuelas no se hace caso del estudio de los santos 
padres. ¡ Impostura palmaria! Pues la teología escolás- 
tica apenas es mas que un compendio de sus obras, en 
el cual, ó se examinan sus diferentes opiniones sobre 
principios ciertos, comunes y admitidos por todos ellos, 
ó se comparan y se cotejan unos con otros paradiscernir 
por medio de este examen y comparación lo que en su 
modo de hablar no parece tan exacto; ó juntando las 
opiniones de todos acerca de los dogmas, se forma una 
especie de cadena y serie cronológica de tradición ; y en 
fin, en ella se encuentra toda la doctrina de los padres; 
pero digerida según el orden de las materias, desemba- 
razada de digresiones inútiles, Umpia y como acribada 
de todos los descuidos que pudo mezclar en ella la fla- 
queza humana, ilustrada y confirmada con la autoridad 
(le la Escritura y con el peso de la razón : de manera que 
estudiar teología escolástica es estudiar á los santos pa- 
dres, pero estudiarlos con método. «El autor italiano,» 
dice el sabio servita ( y óigalo con atención , con docili- 
dad y con espíritu de compunción el pseudo-capuchi- 
no) : «el autor italiano y sus semejantes, poco versados 
en este género de estudios, ingenios y genios superfi- 
ciales, amigos de la novedad, que, afectando hacerse 
distinguir, se apartan del camino carretero, introduci- 
rían en las escuelas una extraña confusión si llegase á 
abrazarse su proyecto. El estudio vago y mal arreglado de 
los santos padres, reducido á leer sus obras sin haberse 
instruido antes en los principios necesarios para enten- 
derlas bien y para formar recto juicio de lo que quieren 
decir, llenaría al mundo de herejes ó de sabios de pers- 
pectiva , bien cargada su memoria Je lugares , de sen- 
tencias y de centones en montón ; pero su pobre enten- 
dimiento mas oprimido que ilustrado con todo aquel 
estudio ó erabolisrao.» Hasta aquí el docto servita. 



lí. ¡Y luego nos dirá en nuestras barbas el barbadí- 
simo, y aun barbarísimo, señor, que «la teología esco- 
lástica, no solo essupérflua, sino perjudicial á los dogmas 
de la religión »! Sea por amor de Dios la desvergüenza. 
Si se contentara con decir que en casi todos los tratados 
de ella se mezclan algunas cuestiones inútiles que pu- 
dieran y aun debieran ahorrarse ; que aun muchas de las 
útiles y necesarias se tratan con una prolijidad intolera- 
ble; que en varias de ellas, de cada argumento se ha 
formado una cuestión, y aun una dis¡)ula , y aun tal vez 
una materia entera, para cuyo estudio no sé yo si el 
mismo Job tendría bastante paciencia, adelante; ya se 
le oiría con cristiana conformidad , y aun puede ser que 
en esta opinión no fuese solo ; pero espetarnos á red bar- 
redera y en cerro, que «la teología escolástica no solo 
es superfina, sino perjudicial á los dogmas de la reli- 
gión», votoá... que si yo fuera inquisidor general... Mas 
tomemos un polvo, mi padre Fray Gerundio, y refres- 
quémonos un poco ; que ya me iba calentando. 

lo. Con efecto, le tomó el bueno del Beneficiado, so- 
nóse, gargajeó y prosiguió en su tono y frescura natural: 
No es tan lerdo el Barbadiño, que no conociese que luego 
le habían de dar en las barbas con los patronos y secua- 
ces de la teología escolástica, como verbi-gracia, Alberto 
Magno, Santo Tomas, San Buenaventura, San Juan Ca- 
pistrano, y en fin, todos los santos teólogos que han fio- 
recido desde el siglo XII acá ; porque su paternidad no 
quiere hacer mas anciana á dicha teología ; á algimos de 
los cuales santos los tiene admitidos la Iglesia por sus 
doctores ; y parece terrible osadía decir que los doctores 
de la Iglesia enseñaron una teología «perjudicial á los 
dogmas de la religión». No disimula el Padre Barbeta 
este feroz argumento, aunque es verdad que le propone 
blandamente y como al soslayo. ¿Pero qué solución 
dará á él? 

16. Dice, lo primero, que esto importa un bledo; «por- 
que los santos florecieron en un siglo en que casi no se 
sabía otra cosa, y que conformándose con lo que se prac- 
ticaba en su tiempo, tienen alguna disculpa.» Vamos, 
que la solución se lleva los bigotes , y queda el entendi- 
miento plenamente satisfecho de que la Iglesia pudo, 
con grandísima razón y con no menor serenidad de con- 
ciencia , colocar en la clase de sus doctores á unos santos 
que enseñaron una teología «perjudicialá sus dogmas», 
por cuanto los pobres no tuvieron la culpa de «florecer 
en un siglo en que casi no se sabía otra cosa»; y encaso 
detener alguna en «conformarse con lo que se practi- 
caba en su tiempo », sería nna culpilla venial que se 
quitaba con agua bendita, y no podía perjudicarles para 
obtener la suprema borla de doctores de la Iglesia. 

17. Pero vaya una preguntita, así como de paso y so- 
bre la marcha : ¿Con qué teología confundió Santo To- 
mas á los herejes que se levantaron en su tiempo? ¿Fué | 
con laque aprendió y enseñó, ó con laque todavía no' 
se había fundado ni se fundó hasta que esos teologazos 
modernos, llenos de celo y de caridad, abrieron los ojos 
á la pobre Iglesia, que por tantos siglos los había tenido 
lastimosamente cerrados, ó á lómenos legañosos? ¿Y 
en qué consistirá que «todos los herejes están de tan 
malhumor con este santo doctor», como dice con dis- 
creción cierto moderno? Si «su teología es tan perjudi- 
cial á los dogmas de la religión», ¿por qué no la abrazan, 
por qué no la siguen, por qué no hacen muchas corte- 



FRAY GERUNDIO 

sías al Santo, y celebran su fiesta con un octavario de 
sermones? líliieclio es, dice el citado Recencior, que 
el verdadero motivo « por que todos los herejes están 
tan avinagrados contra este admirable doctor, es porque 
áélsele debe aquel método regular que reina en las 
escuelas, con el cual se desenredan las opiniones , se 
quita la mascarilla al error, se pone de claro en claro la 
verdad , se explican con limpieza y con claridad los dog- 
mas de la fe, según el verdadero sentido de la Iglesia y 
de los padres». Y concluye: «No ha tenido la herejía 
enemigo mayor que nuestro Santo, porque nunca ha 
podido defenderse contra la solidez, y, si mees licito 
hablar asi , contra la casi infalibilidad de su doctrina.» 
¡Ah Seo Calcillas! : ¿Y todavía dirá vuestra merced, y lo 
dirá «constantemente, que la teología escolástica es 
perjudicial á los dogmas de la fe»? Pues yo también le 
diré á vuestra merced constantemente, que creo á cie- 
gas en la del símbolo de los apóstoles ; mas para creer 
en la que vuestra merced profesa, necesito mucho exa- 
men. Y le advierto á vuestra merced que el autor de di- 
chas palabras no es algún padre dominico á quien le cie- 
gue la pasión, sino otro.de profesión muy distinta , que 
sabe venerar las opiniones del santo Doctor, y si algunas 
no le arman, separarse de ellas con reverencia. 

1 8. Dice, lo segundo, que « si Alberto Magno y su dis- 
cípulo Santo Tomas comentaron á Aristóteles, no fué, 
á lo que él cree, porque lo juzgasen útil ; sino por hacer 
ese servicio al público, que en aquel tiempo estaba muy 
preocupado por Aristóteles». Hizo bien en añadir «á lo 
que creo», porque el hombre da muchos indicios de 
creer enrevesadamente. Esto es decir en buenos térmi- 
nos que cree que Alberto Magno y Santo Tomas fueron 
unos hombres aduladores, unos doctores lisonjeros, 
unos maestros de aquellos que caracteriza San Pablo, 
los cuales, por acomodarse al gusto y á las pasiones del 
pueblo, le enseñan doctrina falsa, inútil y aun perni- 
ciosa; y apartando voluntariamente losojos déla verdad, 
aunque saben muy bien hacia dónde cae, le embocan 
fábulas, patrañas ó embelecos inútiles. ¡Pobres lumbre- 
ras de la Iglesia, y en qué manos liabeis caído ! Siquiera 
no os deja el carácter de hombres de bien , de honor y 
de sinceridad, que no saben engañar á nadie sin que pri- 
mero se engañen á si mismos, y cuando en cualquiera 
materia es la mayor vileza de un autor escribir contra 
lo que siente, por lisonjear el mal gusto del público, en 
una materia de tanta gravedad y de tanta importancia 
como la sagrada teología, no repara en hacer reos de se- 
mejante ruindad á unos hombres como Alberto Magno 
y Santo Tomas de Aquino , á quienes sobraba su santi- 
dad , y bastaria al uno su dignidad de obispo de Ratis- 
bona y al otro su nacimiento para que los hiciese mas 
merced y mas justicia. Si esto lo dijera un rapagón des- 
barbado, adelante, pudiera pasar por rapazada; pero 
decirlo y estamparlo un hombre que afecta profesión de 
barbas largas , ¿ no merecía que se las arrancasen todas 
pelo á pelo ? 

19. Ora bien , mi sincerisimo padre Fray Gerundio, 
un año duraría nuestra conversación si hubiera de se- 
guir pié á pié al Barbadiño en todos los disparates que 
dice con su acostumbrada satisfacción y regüeldos, en 
sola esta carta, sobre el método con que se estudia la 
teología escolástica, y si me hubiera de empeñar en 
impugnarlos. Yo estoy ya cansado, y solo el hablar de 



DE CAMPAZAS. i 23 

este hombre me fastidia. El abrirle los ojos á él, que los 
tiene cerrados con la presunción, y el abrírselos á sus 
apasionados, que se conoce lo son á cierra-ojos y no mas 
que por el sonsonete, sería una grande obra de caridad; 
pero sería obra nuiy larga, aunque no muy dificultosa; 
porque yo, con ser así que soy un pobre pelón, me atre- 
vería á hacerle ridículo y á poner de par en par, mas 
claros que la luz que nos alundjra, los innumerables 
desbarros que proliere en casi todas las materias que 
trata, aunque, como dije á vuestra merced al principio 
de nuestra conversación , no deje de traer muila coiza 
boa. Pero ni yo estoy de vagar, ni esto es por ahora de 
mi instituto. Solo diré á vuestra merced que en esta 
carta sobre la teología escolástica, muestra una grande 
adhesión á los enemigos mas solapados y mas pernicio- 
sos de la Iglesia ; que adopta sus máximas ; que celebra 
sus libros ó sus ediciones de las obras de los santos pa- 
dres que están prohibidas por adulteradas; que insinúa 
con grande artificio su doctrina; y en fin, que todas 
cuantas reflexiones hace sobre la teología escolástica 
con intento de desterrarla del mundo , de ellos las tomó 
y en sus cenagosos charcos las bebió ; especialmente de 
los seis libros que el año de 1700 dio á luz Juan Owen, 
no el célebre poeta inglés, sino otro de su mismo nom- 
bre y apellido, que los intituló : De natura , ortu , pro- 
gresu, et studio vcrae Theologiae. Y ya que hablamos 
de Juan Owen, no debe llevar á mal el Padre Barbadiño 
que me den en rostro muchas cosas suyas cuando ha- 
go justicia al mérito de otras, siquiera porque no me 
coníprenda la paulina del poeta al principio de sus epi- 
gramas : 

Qul legis isla , ttiam reprehendo, si mea laudas 
Omnia , stultitiam ; si nihil, invidiam. 

Y porque temo que el latín que enseñó á vuestra mer- 
ced el dómine Zancas-largas, no alcanza á que entienda 
de repente este epigrama , allá va su traducción en esta 
cuarteta que se me antojó hacer ahora para alegrar un 
poco la conversación : 

Desde luego te declaro. 
Lector de estos epigramas. 
Por necio, si alabas iodo; 
Por envidioso , si nada. 

20. Pero me hace lástima acabar esta conferencia sin 
que vuestra merced me ayude á reír del método que 
propone el Barbadiño para estudiar la verdadera y pro- 
vechosa teología, después de haber iiecho tan solemne 
burla del que se observa para estudiar la que él llama 
«inútil y perjudicial». 

21. Dice pues, que «el primer prolegómeno de la 
teología hade ser la historia eclesiástica y civil antes 
de Cristo y después de Cristo»; que, consiguientemente, 
«lapriiuerita cosa que ha de hacer el estudiante que 
entra en la teología, es estudiar en breve la historia del 
Testamento antiguo; después la de Cristo para acá; des- 
pués la de los emperadores romanos, por lo menos hasta 
el sexto siglo, y que esta se ha de estudiar muito bein.» 
Que como no se puede estudiar ni entender bien la his- 
toria sin la cronología y la geografía, «ante todas cosas 
debe buscar una tabla cronológica de estas que se en- 
cuentran en un pliego de papel de marca, y encajar 
bien en la cabeza las principales épocas de la historia 
civil, observando bien el orden y la serie de los tiem- 
pos.» Que una voz metida bien en los cascos la cronolo- 



121 



ODRAS DEL PADRE JOSÉ FRANCISCO DE ISLA. 



gia,clt*bc tener siempre ú la vista el tal esliidiaiite ó teó- 
logo cíitecúmeno «una carta geográfica, esto es, nn 
mapa general ó muclios particulares, en los cuales siem- 
pre que se habla de algún suceso particular ha de bus- 
car la provincia y el lugar donde sucedió, y de esta 
manera irá aprendiendo facilísimauíente la geografía sin 
trabajo y como por entretenimiento ». 

22. Y por cuanto el pobre teólogo neófito no puede 
tener noticia de adonde caen estos mapas, ya el carita- 
tivo Barbadiño toma el trabajo de darle razón de los que 
á su parecer fuéion los mejores autores geográficos, apro- 
vechando esta bella ocasión de lucir su vasta erudición 
en la geografía, siendo así que ciertamente no le costó 
mas que abrir el primer catálogo de alguna famosa li- 
brería que tuvo mas á mano , buscar el titulo de los au- 
tores geógrafos, y trasladar al papel los primeros que se 
le vinieron á la pluma. 

23. Dice pues, que es indispensable de toda indis- 
pensabilidad que el tal candidato de teólogo se arme con 
el Atlas geográfico de Janson, que se compone de ocho 
grandes volúmenes , ó por lo menos con el compendio 
de él, que se reduce á un volumen de á folio, se entiende 
en papel de marca, como libro de coro ó de solfa de fa- 
cistol. Ítem, deleite de Blaeu,que son once grandes vo- 
lúmenesdelmismotamaño. Ítem, del ^¿ternas brevede 
los Señores Sansón. ítem, del de Monsieur de Tlsle. Y 
basta esto para cartas generales : para las particulares 
no se le puede dispensar en que haga provisión de las si- 
guientes. De las de Inselim , que comprenden la Ingla- 
glaterra , Países-Bajos, Francia , España y Portugaf. De 
las de Nolin, que describen la Venecia y la Istria. De las 
del Padre Plácido, que siguen todo el curso del Pó. De 
las de Ensishmid, que representan la Alemania; y de las 
de Scheuchzero, que demarcan la Elvecia. « Estos auto- 
res (aquí llamo la atención de mi auditorio) débense 
saber para buscarse en las ocasiones.» Con que si estos 
autores no se saben, y consiguientemente, si no se tie- 
nen, voló el primer prolegómeno de la teología; y el que 
tuviere vocación de estudiarla, ofrezca al Señor sus bue- 
nos deseos y aprenda otro oficio. 

2 i. Bueno es que hasta aquí estábamos todos en la 
persuasión de que para equipar á un estudiante teólogo 
no era menester mas que proveerle de un vade que no 
pasase de catorce cuartos ; de un plumero, que se arma 
en un abrir y cerrar de ojos con un par de naipes ; de 
nna redoma de tinta ; de media docena de plumas ; de 
la cuarta parte de una resma de papel ; sus hopalandas 
raídas; y adiós, amigo. Al teólogo que no fuese por la plu- 
ma, con meterle en una alforja el par de tomos de Go- 
net estaba ya ajustado todo su matalotaje escolástico; 
y si se le añadía á Lárraga ó á la suma de Busembaum, 
era una India. Y ahora, según el nuevo método barba- 
diñal , ve aquí vuestra merced que un triste aprendiz de 
teólogo, solo para libros ha menester llevar mas equipaje 
que un mariscal de campo. Porque , ¿ qué piensa vues- 
tra merced que aun precisamente para la geografía se 
contenta con los citados? ¡Bueno era eso para su hu- 
mor! Todavía le encaja otra runflado ellos , que debió 
encontrar después en otro catálogo, especialmente de 
diccionarios geográficos, de los cuales protesta que 
«también es necesario tener noticia», como son del de 
Varea, Baudrand, Ferrarlo, Maty, y sobre todo, del de 
La Martinierc. 



2o. Sígnense después los libros cronológicos que ha 
de llevar para mantenerse los primeros meses de estu- 
diante teólogo. En esto está parco el Barbadiño, porque 
la cronología es algo indigesta y pudiera ocasionar cru- 
dezas al estudiante si cargara de ella el estómago con de- 
masía. Conténtase con que al principio no coma mas que 
Strauchio ó Beveregio y algo del Balionarium , del 
Padre Pelavio. Pero quien se sintiere con calor para 
digerir mayores noticias, puede engullirse la Doctrina 
tcmporum , del mismo Petavio, la Cronología sacra^ 
de Userio, y con el tiempo podrá cargar de mas vianda 
si su estómago lo consintiere. 

26. Pero lo que no tiene remedio es , que para la his- 
toria universal se eche en el maletón la primera parte 
del Ralionarium, del susodicho Petavio ; el compendio 
latino, de Celario, y no le hará daño el del Padre Turse- 
lino, aunque este (dice él) es mas estimado por el latiii 
que por la historia. El Compendium historiae univer- 
salis de Gollob Krancio : «Este (dice el padre califica- 
dor ) es el mejor de todos ; el de Brietio, especialmente 
despuesdeCristo, yel de Lescbi, que es buen autor.» 
Parala historia eclesiástica hasta Cristo, el compendio 
de Bolerano , que es sufrible para un principiante : des- 
pués deCristo, provéase de Riboty y de Graveson . Y por- 
que no le tengan por impertinente ó por hombre que re- 
ceta libros, como pildoras un médico charlatán, concluye 
con grandísima bondad : Isto basta para um princi- 
piante. Yo añado que esto sobra para conocer que no 
solo le duraba el vértigo al santo padre cuando escribió 
esto, sino que debia estar en la fuerza de su mayor vi- 
gor. Porque si cree que todo esto es necesario saber 
«como primer prolegómeno de la teología», á los orates; 
y si no lo cree, ¿para qué se quebró la cabeza y nos la 
rompió á nosotros? 

27. Ex ungue leonem, padre mió Fray Gerundio. 
Por aquí conocerá vuestra merced qué cosazas no dirá 
nuestro metodista cuando entra en lo vivo de la teología 
y del método que se ha de observar en su estudio. Es un . 
embrollo de embrollos, un embolismo de embolismos, y 
un lazo de lazos para enredar á los incautos. En los lu- 
gares teológicos que señala, hace distinción entre «la 
Iglesia universal y la Iglesia romana», como si hubiera 
mas que una santa Iglesia catótica, apostólica, romana: 
no toma en boca al Papa para nada ; dice que la autori- 
dad de la Iglesia universal, de la Iglesia romana y de los 
concilios generales «nace de la tradición»; enseña que 
antes que Cristo viniese al mundo, en el pueblo judaico 
y en la ley escrita, «la declaración del sumo sacerdote 
io terminaba todo ;» pero que después que vino Cristo á 
completar as cüiras, «su doctrina se conserva pura en 
los prelados, de los cuales la pudiesen aprender los fie- 
les.» En conformidad de este su amado principio, afir- 
maque «creen los católicos que la mayor parte de los 
obispos cristianos (como si hubiera verdaderos obispos 
que no lo fuesen) , unidos al Papa, no pucxle errar en las 
definiciones de fe». Lo que creemos los católicos que 
estudiamos por Astete, es que el Papa para nada ha me- 
nester la mayor ni la menor parte de los obispos para no 
errar en dichas definiciones, porque hi infalibilidad no 
se la prometió Cristo á estos, sino á aquel. Déjase caer, 
así como al soslayo, lo que sucedió en los dos conciliá- 
bulos de Rimini y de Seleucia, en que los padres , enga- 
ñados en uno y violentados cu otro, admitieron primero; 



FRAY GERUNDIO 

y confirmaron después, una confesión de fe verdadera- 
menlearriana ; y diciendo, como quien no quiere la cosa, 
que presidieron en ellos dos legados de la santa Sede, y 
que el numero de los obispos <d"ué mas que bastante 
para formar un couciüo general » , deja el argumento 
asi, contentándose con decir que siu el socorro de la 
historia no se puede desatar. ¿Qué le costaba añadir si- 
quiera una palabrita por donde se conociese que diciios 
concilios hablan sido ilegítimos, no en su convocación, 
sino en su prosecución ; que los legados hablan sido de- 
puestos y anatematizados; y que el Papa estuvo tan le- 
jos de aprobar sus actas, que antes las condenó, primero 
por sí, y después en un concilio? Pero esto no le venia á 
cuento para sus ideas ni para el nuevo método que pro- 
pone de estudiar teología. Líbrenos Dios (que sí librará) 
de que se introduzca en su Iglesia; porque la quiere 
mucho, la tiene prometida su asistencia, y los esfuerzos 
del metodista no prevalecerán contra ella. 

28. A vista de esto, mi padre Fray Gerundio, ¿se 
confirma vuestra merced en su opinión, con autoridad 
delBarbadiño, deque la teología escolástica es inútil 
y aun perjudicial , y en que no quiere estudiarla? Señor 
Beneficiado (le respond ió con tanto candor como frialdad 
nuestro Fray Gerundio), es cierto que ya no me suenan 
tan bien las cosas de ese padre portugués como me so- 
naban antes, y que no sé qué diantres de reconcomios 
siento acá dentro del corazón, que me dan muy mala 
espina acerca de ese sugeto. Al fin , Dios le haga mucho 
bien, pero á mi su Majestad no me lleva por las cátedras, 
sino por los pulpitos; y así estudiaré yo teología esco- 
lástica, como ahora llueven albardas. Si llovieran, re- 
plicó el Beneficiado, se malograrían todas las que no 
cayesen sobre las costillas de vuestra merced; y hacién- 
dole una cortesía, se salió algo enfadado de su celda, y 
se volvió á la otra de donde habia salido. 

29. Esperábaide con impaciencia aquellos dos graves 
y doctos religiosos, con quienes había tenido la confe- 
rencia acerca de Fray Gerundio, y como duraba tanto la 
sesión, apenas dudaban ya de que le habia convencido. 
Luego que le vieron entrar, le preguntaron ansiosos 
cómo le habia ido con el padre colegial. A lo que el 
socarrón del Beneficiado respondió con gran cachaza : 
Saque cualquiera de vuestras reverendísimas la caja, 
denme un polvo y óiganme un cuento. Habia en la uni- 
versidad <le Coimbra un mediquillo teórico, gran dis- 
putador y muy presumido, pero ignorante y necio á 
par de su presunción. Tenia estomagados á todos los de 
la facultad, y habiendo de presidir unas conclusiones 
públicas, rogaron al famoso Curvo Semedo que tomase 
de su cuenta argüirle, concluirle y correrle, para ajai'le 
la vanidad. Juan Curvo le argüyó de empeño, y á pocas 
paletadas, para los inteligentes, le tumbó patas arriba; 
pero el mediquillo garlaba, manoteaba, se reía, le des- 
preciaba, y en fin, se llevó la voz del populacho. Con- 
cluida la función , uno que no habia asistido á ella, pre- 
guntó á Curvo cómo le habia ido con el presidente; á 
lo que respondió el discreto portugués : Taon grandí- 
simo burro é, que naon le pudem convencer. Adiós, 
padres mios ; que es tarde, y el ama estará esperando : 
dijo, y retiróse á su casa. 



DE CAMPAZAS. 



125 



CAPITULO VIH. 



Predica Fray Gerundio el primor scrmoii en ol refectorio de su 
convento, encaja en él una graciosísima salutación, y deja los 
estudios. 

Ello no tuvo remedio : cerróse Fray Gerundio en que 
habia de ahorcar los hábitos filosóficos, y que no habia 
de tomar los teologales, á excepción del de la fe, que' 
ese ya le tenia desde el bautismo ; el de la esperanza de 
salvarse, á lo menos por modum haereditatis, no le po- 
día faltar; y con el de la caridad debemos piadosamente 
suponerle, porque parecía buen religioso, salvo sus 
manías y caprichos , que absolutamente podían ser sin 
mucho perjuicio de su conciencia. Viéndole los prela- 
dos de la religión y los padres graves del convento tan 
displicente con la filosofía, y tan empeñado en que no 
había de estudiar teología , pues para ser predicador 
conventual, y para predicar, como predicaban otros 
muchos, con grande séquito, aplauso y provecho de su 
peculio, decía que no la había menester; y á fe que en 
eso le sobraba la razón por los tejados. Observando, por 
otra parte, que mostraba bastante despejo, que tenia 
buena voz, que era de grata presencia, aseado, lim- 
pio, prolijo, tanto que picaba en pulcro; pareciéndoles, 
en fin, que llevándole la inclinación por allí con tanta 
vehemencia, como le armasen de buenos papeles, que 
no faltaban en la orden, pues se conservaban los que 
habían dejado en sus espolies algunos famosos predica- 
dores, podría acaso parecer hombre de provecho, acre- 
ditar la religión y ganar su vida honradamente, resol- 
vieron condescender con sus deseos. Pero antes les 
pareció conveniente experimentar qué era lo que se 
podía esperar de sus talentos pulpitables. 

2. Es loable costumbre de la orden ejercitar á los 
colegiales jóvenes, así artistas como teólogos, en algu- 
nos sermones domésticos que se predican privadamente 
á la comunidad, mientras se come en el refectorio, 
dándoles tiempo limitado para componerlos; llevando 
en esto la mira, lo primero, de descubrir los talentos 
que muestra cada uno; lo segundo, de que se vayan 
desembarazando y acostumbrando á hablar en público, 
para cuando llegue el caso de hacerlo en teatros mas 
numerosos ; y lo tercero, de que también vayan apren- 
diendo á ejercitar un ministerio que debe saber ejer- 
citar todo religioso sacerdote, siga la carrera que qui- 
siere. En otras religiones, donde se practica también 
esta loable costumbre, los sermones de refectorio son 
por lo común sobre las festividades del año, y se suelen 
predicaren los mismos días en que se celebran, siendo 
de cargo del Lector, con acuerdo del prelado, nombrar 
al colegial que quiere que predique. Pero como en cada 
religión hay sus estilos, en la de nuestro Fray Gerundio 
esta incumbencia es privativa del predicador mayor de 
la casa, al cual, avisado por el superior, toca nombrar 
el colegial predicador, y señalarle para el sermón el 
asunto, misterio ó santo que quisiere, con todas las 
circunstancias que á él se le aiitojareu, con tal que sean 
de aquellas que suelen concurrir en los sermones, y 
es gala precisa hacerse cargo, en la salutación, de todas 
ellas. 

3. Apenas pues volvió el padre Fray Blas, predica- 
dor mayor de la casa, de predicar su fanuiso sermón de 
San Benito del Otero en Cevíco de la Torre, cuando fué 
á presentarse al prelado, y á tomar, segun la ley, su be- 



126 OBRAS DEL PADRE JOSÉ 

neJicito. Hechas las preguntas acostimibradas (por al- 
gunos pocos superiores menos prudentes, y muy ajenas 
de los mas, que verdaderamente son hombres serios y 
cuerdos) de cómo lo iiabia pasado, cómo se hahian por- 
tado los mayordomos, cuánto le babia valido el sermón, 
qué comida babia habido, y si traia algunas misas para 
el convento; y habiéndole satisfecho á lodo Fray Blas, 
entregándole por conclusión docicntos reales, limosna 
de cien misas que babia sacado, y por otra parte ochen- 
ta, para que su paternidad muy reverenda dijese otras 
veinte á razón de cuatro reales; oido y recibido todo 
con extraña benignidad por el afabilisiuio prelado, que 
con esta ocasión volvió á conlirmar á Fray Blas la licen- 
cia general que le tenia dada, para que durante su go- 
bierno admitiese con la bendición de Dios cuantos ser- 
mones le encomendasen; le dijo por íin y por postre: 
Vayase, padre predicador, á desalforjar y á descansar á 
su celda, y antes que se me olvide , encargue luego un 
sermón de refectorio á Fray Gerundio, « que tenga al- 
gunas circunstancias ; » pero le prevengo que no se le 
componga el padre predicador, y déjele que le trabaje 
él enteramente ; porque, como ese muchacho hipa tanto 
por el pulpito, queremos saber lo que él puede dar de 
suyo. 

4. En un manuscrito antiguo del convento se halló 
advertido á la margen que, al oir Fray Blas este encargo 
del prelado, y trasluciendo por él que con efecto pensa- 
ban en echar por la carrera del pulpito á su queridito 
Fray Gerundio, que era lo que los dos tantas veces ha- 
blan tratado en la celda á puertas cerradas, se alborozó 
tanto, que con aquel primer ímpetu del gozo ya babia 
«diado mano á la faltriquera para sacar el doblón de á 
ocho que le habia valido el sermón, y regalársele al 
prelado; pero, pensándolo mejor en el mismo instante, 
sacó el pañuelo, limpióse los mocos, ofreció hacer al 
punto cuanto le habia mandado, y partió acelerada- 
mente. 

5. Aun estaba con los hábitos arremangados, cuando, 
sin ir á su celda, se entró de golpe y como galopeando 
en la de Fray Gerundio. Encontróle descuidado, asus- 
tóle un poco, arrojóse sobre él, dióle cien abrazos, y 
solo le dijo : «Vamos, chico, vamos á mi celda; que te 
traigo un obispado. » Siguióle Fray Gerundio, que se 
recobró presto del susto, y en el camino le preguntó : 
«Oye usted, ¿y cómo salió el vernal paralelo?» ¡Hijo 
mió, de los cielos ! le respondió el predicador. ¿Y aque- 
llo de las grandes risadas? Et grandes mírala est Roma 
cochillos. Amigo, á pedir de boca; porque á carcajadas 
se hundia la ermita. Pues yo sé, añadióFray Gerundio, 
que lo ÚQ puer niulus , alatus , myrthoque coronatus, 
qui humisedebat, daría gran golpe, iQné llama gol- 
pe? Dio tal porrazo, que un bachiller porSigüenza dijo 
públicamente en la mesa, que él habia oido mas de mil 
sermones de San Benito ; pero que cosa mas propia para 
representar al santo cuando se revolcaba en la zarza, 
no la habia oido. ¿Mas de mil? replicó Fray Gerundio. 
No seas material, respondió el predicador ; que eso se 
entiende dos ceros mas ó menos. 

6. Con esta conversación entraron en la celda de Fray 
Blas; desalforjóse este, quitóse las polainas, bájesela 
saya, echó las dos manos á la capilla, que aun se man- 
tenía descolgada, cogió vuelo, y arrojándosela primero 
toda sobre la cabeza, de manera que ya le cubría por la 



FRANCISCO DE ISLA. 

parte anterior hasta muy entrado el pecho, volvió des- 
pués con una especie de columpio á ponerla simétrica- 
mente sobre la mitad del cerquillo, y en íin la bajó hasta 
el medio del pescuezo, colgando por la parte anterior 
iguales las dos puntas en los lados. Tomó un peine que 
estaba sobre la mesa, atusóse el cerquillo y el copete, 
abrió una alacena, sacó un frasco de vino de la Nava con 
bizcochos, echaron los dos un Iraguito, y aun no habia 
colado bien el último sorbo por el gaznate de Fray Ge- 
rundio, cuando este le preguntó con impaciencia qué 
obispado le traia. 

7. ¿Qué obispado te he de traer? le respondióFray 
Blas todo alborozado ; que el prelado me dio d entender 
que querían sacarte de los estudios, y aplicarte á la car- 
rera del pulpito. ¿Puede haber mejor obispado para tí? 
Si logras esto, ¿no lo pasarás, no digo yo como un obispo, 
sino como un arcediano, y mas con las reglecitas que yo 
te daré á su tiempo? Padre predicador, ¿qué dice? le 
replicó Fray Gerundio. Lo dicho dicho, respondió el 
predicador. Díjome que luego luego te encargase un 
sermón del refectorio, y que no te le compusiese yo; 
porque, como muestras tanta inclinación á sermosermo- 
nis, y tan poca á silogismos y á ergos, querían ver hasta 
dónde llegaba, ó á lo menos lo que prometía, tu cosecha. 
Y así, amigo mío, apretarlos codos, queá lo menos en 
este sermón yo no te he de decir palabra ; y te he de de- 
jar que vayas por los senderos de tu corazón. En saliendo 
de este barranco, será otra cosa; mis papeles serán tuyos, 
porque tus lucimientos serán míos. 

8. En el mismo manuscrito antiguo donde se encon- 
tró la nota pasada, se halló otra que dice de esta mane- 
ra : «Atónito estuvo oyendo Fray Gerundio esta noticia, 
y le embargó tanto el gozo , que estuvo como fuera de si 
por espacio de tres ó cuatro credos rezados con pausa.» 
Luego que se recobró, echó los brazos al cuello del pre- 
dicador mayor de la casa, y le dijo: Pues ahora bien, 
despachemos cuanto antes, y señáleme vuestra merced 
luego el sermón que tengo de predicar, pues aunque 
dig'acien disparates en él,á lo menos ninguno me ha de 
dar plumada; todo ha de salir de mis cascos, y tanto 
como el garbillo y el modo de decir no ha de desconten- 
tar, aunque parezca mal que yo lo diga; y diciendo y 
haciendo, se subió sobre una silla ó taburete (que en 
esto hay variedad de leyendas y no están concordes los 
autores), igualó las dos puntas delanteras de la capilla, 
metió los dos dedos de la mano derecha por entre ella y 
la nuez de la garganta, como para desahogarse, miró 
hacía todas 'parles con desden y majestad , sacó después 
un pañuelo de seda y se sonó con autoridad , metióle e\i 
la manga izquierda, y de la derecha sacó otro pañuelo 
blanco , con el cual hizo como que se limpiaba los ojos ; 
entonó el Alabado sea, etc., con voz grave, ahuecada y 
sonorosa, persignóse magislralmentecon la mano muy 
extendida, y tanto, que al llegar al palo de la cruz que 
se forma desde la punta de la nariz hasta la barba, pa- 
recía que hacía la mamola; tomó por tema : Caro mea 
veré est cihus , et sanguis meus veré est potus , con aque- 
llo de ex evangélica lectione Joannis, capile tertio-de- 
crmo; y proruní pió en esta disparatadísima cláusula que 
había tomado de memoria, habiéndola oido á otro co- 
legial amigo suyo, en un sermón del refectorio, y él la 
decoró teniéndola por cosa grande : «Al pautar las des- 
igualdades de mi grosero pensar, ful deshenebrando las 



FRAY GERUNDIO DE CAMPAZAS. 

líneas de mi discurso, tirando los primeros barruntos de 
mi iniasiuativa hacia el escrutinio del Evangelio sagra- 



127 



do. Caro mea. ¡Qué elegante está el proteta!)) Y ca- 
llando de repente, poique no sabía mas, prosiguió pre- 
dicando un sermón mudo, manoteando y remedando 
todas las acciones, gestos y posturas que liabia obser- 
vado en los predicadores, y á el le habían caído mas en 
gracia; tan enfrascado en esto, que aun el mismo pre- 
dicador mayor se tendía de risa por aquellos suelos, y 
aun llegó á temer si se había vuelto loco el pobre Fray 
Gerundio. 

9. Cerca de una hora duró esta silenciosa muestra do 
sus predicaderas, en el cual espacio de tiempo el buen 
fraílecíto se zarandeó tanto aquel cuerpo con tales mo- 
vimientos, con tantas posturas, con tan violentas con- 
vulsiones, unas veces cruzando los brazos, otras abrién- 
dolos y extendiéndolos en forma de cruz; ya amagando 
aecharse de bruces sobre el pulpito, ya arrimándose 
contra la pared, á ratos poniéndose de asas, á ratos le- 
vantando el dedo hacia arriba á manera de cuadro de 
San Vicente Ferrer, que al fin quedó tan sudado y tan 
rendido como si hubiera predicado de veras, y fué pre- 
ciso volver á reconvenir al frasco y á refrendar los biz- 
cochos, lo que hizo también con especial gusto, por ser 
esta ceremonia precisa cuando se acaba el sermón. 

10. Después que descansó algo de su fatiga, estuvo 
un poco sereno; y después también que el predicador 
se recobró de lo mucho que habia reído durante aquella 
extraña función, le dijo este: Es cierto. Fray Gerundio, y 
no se puede negar, que tienes talento conocido; espe- 
cialmente algunas acciones salen que ni pintadas; y 
aunque no hablabas palabra, claramente conocía yo lo 
que querías decir con ellas. Parece que tienes en las 
manos los sermones. Y aquí viene de perlas aquello del 
Sabio : In manu illiits nos et sermones nostri; porque, 
aunque en realidad allí habla de cosa muy diferente, 
¿quién me quita á mi aplicarlo á otra muy distinta, 
cuando viene el texto tan clavado? Ahora bien, manos 
á la obra ; que yo quiero ya.seualarte el asunto á que has 
de predicar, y las circunstancias de que te has de hacer 
cargo en el sermón. 

11. Ya sabes que en la parroquia de la Santísima Tri- 
nidad hay una capilla dedicada á Santa Ana, que per- 
tenece á la cofradía de la Santa, á quien la misma co- 
fradía celebra una fiesta muy solemne. Ya sabes que 
este año son mayordomos Don Luis Flores y Don Fran- 
cisco Romero, regidores de este pueblo ; y ya sabes, en 
fin, que estos dos caballeros desterraron á algunas mu- 
jeres públicas que habían venido á avecindarse en él; 
cuya obra fué sin duda muy grata á los ojos de Dios y 
muy aplaudida de todos los buenos. Este es el asunto, 
estas las circunstancias que has de tocar precisamente. 
No tienes mas que ocho días de término ; porque no da 
mas la orden. No hay que perder tiempo, á trabajar, y 
adiós, amigo. 

12. ¿ Has visto tal vez un cohete cuando , prendiendo 
la mecha en el cebo de la paña que sostenían blanda- 
mente los dos dedos de la mano derecha, en un abrir y 
cerrar de ojos parte desde la mano hasta lo mas elevado 
de la esfera; y aquella misma vara que poco há casi to- 
caba con su extremidad en el suelo , ya se la ve remon- 
tada hasta dar susto á las mismas estrellas, tanto, que la 
constelación de Virgo acude pronta á tapar la cara con 



las dos manos temiendo que la va á sacar un ojo? Pues 
asi , ni mas ni menos, partió nuestro Fray Gerundio de- 
recha y rápidamente desde la celda del predicador á la 
librería del convento. Allí cargó con la Biblia poliglota 
de Alcalá, con las Concorí/ancias, de Zamora; con el 
Tlimtrum vitae húmame, de Beyerlínk ; con los Satur- 
nales, de Macrobio; con la Mitología, de Rabisio Textor; . 
cou el Mundo Simbólico, de Piciuelo ; con los Calenda- 
rios mitológicos, de Reusnero, Tamayo, Masculo y Ro- 
síuo; que eran los libros y los santos padres que veía 
revolver á su hombre el predicador Fray Blas cuando 
tenía que predicar algún sermón. No se puede ponderar 
lo que él leyó,, lo que é I hojeó, lo que él revolvió en aque- 
llos ocho días, ni las innumerables ideas que se ofrecían 
de tropel a aquella inquieta y turbulenta imaginación, 
todas á cual mas confusas, á cual mas embrolladas, á 
cual mas extravagantes. Nada leía, nada veia, nada oía, 
que no le pareciese que venía de perlas para su asunto, ó 
por símil ó por comparación ó por texto. Apuntaba, no- 
taba, quitaba, añadía, borrajeaba; hasta que, en fin, 
después de tres borradores, sacó su sermón en limpio. 
Estudióle, repasóle , representóle y se ensayó mil veces 
á predicarle en la celda sobre todos los cachivaches que 
había en ella : sobre la silla, sobre el taburete, sobre la 
mesa, sobre un banco y hasta sobre la misma cama. 
Pues dos días antes de la función , cuando entró el dis- 
pertadorá darle luz, le encontró en camisa predicán- 
dole sobre la tarima ; y es que se había levantado en sue- 
ños sin saber lo que se hacia. 

13. Como estas especies se habían esparcido por el 
convento, era grandísima la espectacion en que estaba 
toda la comunidad por oírle. Amaneció, en fin,eld¡a 
deseado, y se dejó ver nuestro Fray Gerundio, ante to- 
das cosas, afeitado, rasurado y lampiño, que era una 
delicia mirarle á la cara. Estrenó aquel día un hábito 
nuevo que para el efecto habia pedido á su madre , en- 
cargando mucho que viniese bien doblado , y sobre todo 
que se pasase la plancha por encima de los dobleces 
para que se conociesen mejor ; porque esto da á la saya 
no sé qué gracia, y de camino pidió un par de pañuelos 
de á vara, uno blanco yotrodecolor, porque amboseran 
alhajas muy precisas para la entradilla. Todo se lo envió 
la buena de la Catanla con mil amores, solo con la con- 
dición de que, ya que ella no podía oírle, la habia de en- 
viar el sermón para que se le leyese el señor cura, ó su 
padrino el licenciado Quíjano. 

14. Llegada la hora y hecha con la campana la señal 
para comer, no faltó aquel día del refectorio ni el mas 
Ínfimo donado de la comunidad ; porque en realidad to- 
dos querían bien á Fray Gerundio, así por su buen ge- 
nio, como porque era liberal y dadivoso, y también 
porque á todos los picaba la curiosidad viéndole con 
tanta manía de pulpito, la cual entendían era mas ino- 
cencia que malicia, ui mucho menos inclinación áscr 
haragán. Subió pues al pulpito del refectorio con gentil 
donaire; presentóse en él con tanto desembarazo, que 
casi comenzó á tenerle envidia el mismo predicador 
mayor. Echó un par de ojeadas con desden y cou afec- 
tada majestad hacía todas las partes del refectorio, y 
precediendo aquellos precisos indispensables prolegó- 
menos de tremolar sucesivamente el par de pañuelos 
blanco y de color, (|ue habia hecho venir expresamente 
para el intento, entonó auto todas cosas con voz hueca 



128 



OBRAS DEL PADRE JOSÉ FRANCISCO DE ISLA. 



y gutural, el «sea alabado, bendito y glorilicado el San- 
tísimo Sacramento,» concluyendo con lo de «en el pri- 
mer instante de su purísimo sagrado ser y natural ani- 
mación» : cláusula que siempre le había dado gran 
'golpe. Santiguóse con pleno magisterio; propuso el tema 
sin omitir lo de ex evanyelica lectione, capite quarto- 
rfec/mo; relinchó dos veces, y rompió la salutación de 
esla manera, advirtiendo que no se añade ni se quita 
una sílaba de como se encontró do su misma letra : 

Vá. «No es de menos valor el color verde por no ser 
amarillo, que el azul por no ser encarnado: Dominus, 
ó altitudo divitiarum sapientiae et scientiae Dei; como 
ni tampoco faltaron los colores á ser oráculo de la vista, 
ni las palabras en la fe de los oídos, como dijo Cristo : 
Fides ex auditu ; auditus autem per Verbiim Christi. 
Nació Ana, como asegura mi fe por haberlo oído decir, 
de color rojo; porque las cerúleas ondas de su funesto 
sentir la hicieron fuertemente palpitar en el útero ma- 
terno: Ex útero ante Litciferum genui te. A este pues 
ángel transparente, diáfana inteligencia y objeto espe- 
culativo de la devoción mas acre , consagra esta extática 
y fervorosa plebe estos cultos hiperbólicos, pues tiene, 
como allí se ve, hermoso y airoso bulto : Vultum tuum 
deprecabuntur omnes divites plebis. Dejóme de exor- 
dios y voy al asunto, aunque tan principal. Empiece 
pues el curioso á percebir: Qui potest capere , capiat. 

16. » Fué Ana, como todos saben , madre de nuestra 
Señora, y afirman graves autores que la tuvo veinte me- 
ses en su vientre : Hic mensis sextus est illi ; y añaden 
otros que lloró: Plorans ploravit in noctem: De donde 
infiero que fué Mai-ía Zahori : Et gratia ejus in me vacua 
«on /"tí/í. Atienda pues el retórico al argumento: Santa 
Ana fué madre de María: María fué madre de Cristo: 
luego Santa Ana es abuela de la Sanlísima Trinidad : Et 
Trinitatem in unitatem veneremur : por eso se celebra 
en esta su casa : Haec requies mea in seeulum seculi. 

17. »¿Y qué te dan, Ana, en retribución por tus com- 
pendios? Quid retribuam Domino? ¿Qué paralelos po- 
drán expresar mis voces al decir tus alabanzas? Laudo 
tos? Inhoc non laudo. Eres aquella misteriosa red en 
cuyas opacas mallas quedan presos los incautos pececi- 
llos : Sagenae missae inmari. Eres aquella piedra del 
desierto que en los damascenos campos erigió el amante 
de Raquel para dar á su ganado agua: Alulier, da mihi 
aquam. Pero menos mal lo diré siguiendo el tema del 
Evangelio. Es Santa Ana aquella preciosa margarita que, 
fecundada á insultos del horizonte, deja ciego á quien la 
busca: Quaerentibus bonas mar gar i t as ; Qsuquel tesoro 
ya escondido : Thesaurus absconditus, ya oculto , nihil 
occultum, que reservó el alma santa para los últimos fines 
de la tierra : De ultimis finibus praetium ejus; es aquel 
Dios escondido, como decia Filón: Tuus Deus abscondi- 
tus; es el mayor de los milagros, como decia Tomas : 
Miraculorum ab ipso factorum máximum. 

18. »Varias circunstancias ennoblecen la fiesta. Unas 
son agravantes: Tollc gravatum tuum; oirás que mudan 
de especie : Spccie tuá , et pulchritudine tuá. Y es , que 
los señores Flores y Romero, nobles atlantes de este 
pueblo, llaman, ó anoche hicieron llamar, con aquellos 
truenos hijos relánipagos del huracán mas ardiente , que 
subian y bajaban á modo de aquellos rapidísimos espí- 
ritus de la escala de Jacob: Angelos quoque ascendentes 
et descendentes. Yes la razón natural; porque todo lo 



que baja, sube, y todo lo que sube, baja : Zachce, fesli- 
nans descende. 

19. ))Cesc la enerjía de los labios y contemplen mis 
ojos, como áncoras festivas, un texto muy literal que 
me ofrecen los Cantares. Dice así : Fox turturis audita 
est ; ¡lores apparuerunt in térra nostra, tempus putatio- 
nisadvcnit. Cantó la tórtola bella en nuestra macilenta 
fierra; vinieron á celebrarla las llores, y estas mismas 
flores desterraron las rameras: tempus putationis adve- 
niet. Es tan literal el texto, que no necesita de aplica- 
ción. Pero diré con brevedad para el erudito: está re- 
presentada cu la tórtola Santa Ana ; porque, si esta triste 
y turbulenta avecilla es trono jeroglífico de la castidad, 
Ana fué casta, pues no tuvo mas que una hija : Filia mea 
malc á Daemonio vexatur. Lo de tempus putationis 
viene tan al pié de la letra, pues los ínclitos caballeros 
mayordomos desterraron aquellas samaritanas que al- 
borotaban el barrio. 

20. «Ahora me acuerdo de otro texto que , aun mas 
bien que el pasado, comprende todas las circunstan- 
cias del asunto : de aquella gran mujer Ana enemiga de 
Fenena, como se dice en el libro de las personas reales, 
la cual á impulso de sus deprecaciones, ayudándola Helí, 
tuvo un hijo llamado Samuel. Atienda pues el retórico 
al argumento : Heli en anagrama suena lo mismo que 
Joaquín: Sonet vox tua in auribus meis. Samuel fué 
profeta ; María fué profetisa ; con que en el sentido mís- 
tico, lo mismo es Samuel que María. Tengo probado di- 
fusamente el asunto, y solo falta aplicarle á los Romeros; 
pero supuesto que el romero tiene flor, dicho se estaba 
ello: Flores apparuerunt in térra nostra. 

21. »Mas todavía quiero apropiar con mas propiedad 
las circunstancias al asunto. Publicando están las histo- 
rias que la Virgen Santísima tendía los pañales de su re- 
cien nacido hijo Dios sobre los romeros; ¿y esto quién 
se lo enseñó? Su madre Santa Ana; pues todo cuanto 
supo, ella se lo enseñó : Ipse vosdocebit omnia. Con que 
Santa Ana tendía los pañales sobre los romeros. Con 
que los Romeros servían á Santa Ana. Pues eso es lo 
que hacen el día de hoy. Conque tenemos lo que hemos 
menester. 

22. »Ea pues, pidamos la gracia. ¿Pero quién la pe- 
dirá? ¿Isaías? Ea que no. ¿Gregorio? Eaque sí. La hija 
ayudará en la labor á su madre : Filia Regum in honore 
suo. Eapues, digámosla aquella acróslica oración que 
ella en sus niñeces enseñó á su hija María; porque, 
como buena madre, al punto la enseñó á rezar el... Ave 
Maria.n 

23. Esta fué, sin quitar ni poner, la famosísima salu- 
tación que el incomparable Fray Gerundio de Campazas 
encajó en el refectorio de su convento, por estrena y 
muestra de paño de sus predicaderas, en presencia de 
todaaquella venerable comunidad, incluso el reveren- 
dísimo Padre Maestro Provincial , que por una feliz 
casualidad había llegado la noche antes á visitar el con- 
vento. Esta es aquella salutación que debiera perpe- 
tuarse en los moldes, eternizarse en las prensas, im- 
mortaüzarse en los mármdles, buriles y cinceles, por 
pieza original, pieza única, pieza rara, pieza inimitable 
en su especie. Y Dios se lo perdone al reverendísimo 
Padre Provincial, que por su genio grave, serio, ma- 
duro y dcniasiadamento circunspecto, después de haber 
echado un jarro de agua á la fiesta,' privó del cuerpo del 



FRAY GERUNDIO DE CAMPAZAS. 



129 



sermón á la república Je las letras, la cual ha hecho en 
esto una pérdida que jamas la poilrá llorar hastante- 
nienle ; porque ¿quién dtulasino que sería un modelo de 
despropósitos, de locuras, de necedades, de herejías, 
de cosas inconexas y disparatadas, el mas gracioso y el 
mas divertido que ha salido hasta ahora del fondo ó 
del sudor de las agallas? Pues aunque en realidad andan 
por alii impresos innumerables iuliuitos sermones, es- 
pecialmente de estos que llaman circunstanciados, los 
cuales, á lo menos en la salutación, que es lo que he- 
mos visto del de Fray Gerundio, no le pierden pinta; 
pero es do creer que en el alma y en el chiste no llega- 
rían al zancajo del de nuestro recien nacido predicador. 
2-í. Fué pueselcaso, que, como durante la salutación 
hubo lauta bulla, tanta risa, tanta zambra en el refec- 
torio , que á cada paso resonaban las carcajadas á man- 
díbulas batidas, hasta llegar un padre presentado á vo- 
mitar la comida de pura risa, el Lector, del caso, á atra- 
gantarse con un bocado de queso, y hasta el lego que 
andaba con la cajeta , siendo así que no entendía mucho 
de sermones ni de latines , cogiéndole uno de los des- 
propósitos con el jesús en el pico, volvió á arrojar en él 
por boca y por narices como cosa de media azumbre 
que ya se había embanastado, con tal ímpetu, que asper- 
geó y roció medianamente á los dos colaterales. Digo 
pues que, como por todos estos incidentes fuese menes- 
ter que Fray Gerundio se parase á cada paso, haciendo 
mil pausas para dar lugar á la mosquetería, y ya estu- 
viese para acabársela mesa; pero principalmente por- 
que el Padre Provincial hizo escrúpulo de dejarle prose- 
guir entanta sarta de disparates, y masqueya le pareció 
aquella demasiada bulla para un acto de comunidad tan 
serio ; por todos estos motivos le mandó que lo dejase y 
que se bajase del pulpito, lo que fué para el pobre Fray 
Gerundio un ejercicio de obediencia lleno de amarguí- 
sima mortilicacion, sucediendo después lo que verá el 
curioso lector en el capítulo siguiente. 

CAPITULO IX. 

De los varios pareceres que hubo en la comunidad acerca de la 
salutación y talentos de nuestro Fray Gerundio, y de cómo pre- 
valeció en lin el de que era menester hacerle predicador. 

La primera diligencia que hizo el Padre Provincial 
luego que salió del refectorio , fué pedir á Fray Gerun- 
dio el papel ; y mientras este comía á segunda mesa , se 
leyó todo el sermón en la celda de su reverendísima, 
adonde concurrieron á cortejarle todos los padres gra- 
ves del convento, sirviendo esto de rato de conversa- 
ción. Y aunque allí se repitieron con mas libertad las 
carcajadas, porque aseguraron los que fueron testigos 
de oídas que el cuerpo del sermón no le iba en zaga á 
la salutación, nohubo forma de quererle soltar jamas el 
Provincial, por mas instancias que le hicieron aquellos 
reverendos padres, excusándose con que hacia escrú- 
pulo de exponerle á que se hiciese mas ridículo ; y solo 
á duras penas alargó la salutación, permitiendo que se 
sacasen algiuias cu[úas , por cuanto esta ya la había oído 
toda la mosquetería y populacho del convento. 

2. Después, vuelto á los padres que le cortejaban, 
dijo con seriedad : Es cierto que me lastima este mozo; 
el talento exterior no solo es bueno, sino sobresaliente; 
pero los disparates que ensarta no se pueden tolerar, y 
tudos nacen, lo piimero, de la falta de estudio, y lo se- 

T. XV. 



gundos, de los cenagales donde bebe, ó de los malditos 
modelos que se propone para imitarlos, los cuales no 
pueden ser peores por el modoy por la sustancia. Ma- 
liciaron algunos que esto último lo decía el Provincial 
por el predicador mayor de la casa, pues no ignoraba la 
amistad particular que profesaban los dos, ni las pési- 
mas instrucciones que le daba ; y aun el mismo predica- 
dor debió de sospechar algo, porque es fama que se puso 
colorado. Pero sea lo que fuere, prosiguió el Provincial, 
yo quiero ver, en presencia de vuestras paternidades, 
si con maña y con suavidad puedo hacer que este mu- 
chacho conozca su bobería, estudie , se aplique y lea á 
lo méiios buenos libros de sermones, para que tome el 
verdadero gusto de predicar, y la orden so aproveche 
de sus especiosos talentos. Mandó pues al lego, su socio 
(que liabia ido á servir á aquellos padres un traguito de 
vino rancio y unos bizcochos de canela por modo de pos- 
tre), que bajase al refectorio y dijese á Fray Gerundio 
que en acabando de comer subiese á la celda del Pro- 
vincial. 

3. Subió al punto apresurado, sobresaltado y azora- 
do ; pero luego se sereuó, viendo que el Provincial le 
decía con mucho agrado : Venga acá, hijo, y déme un 
abrazo , que lo ha hecho ni mas ni menos como yo espe- 
raba ; y si no le permití que acabase su sermón , no fué 
porque no le oyésemos todos con gran gusto, pues ya 
vio cuánto se celebró, sino porque estaba ya acabando 
decoiner la comunidad.,No es creíble cuánto se solazó 
y cuánto se alentó Fray Gerundio al oír hablar á su pro- 
vincial en un tono que ciertamente no esperaba; pero, 
llevando este adelante su prudente artificio, le pregun- 
tó : Ea, dígamela verdad, ¿quién le compuso la salu- 
tación? Padre nuestro ( le respondió con una intrepidez 
y una sinceridad columbina), lléveme el diablo si no la 
saqué yo toda de mi cabeza. Pues aquellos textos tan li- 
terales y tan apropiados (le replicó el Provincial), ¿cómo 
los podía saber, sí nunca ha leido la Biblia? Padre nues- 
tro (respondió Fray Gerundio), eso, con una leccioncita 
que me dio en cierta ocasión el padre predicador mayor, 
es para mí la cosa mas fácil del mundo. ¿Pues qué lec- 
cioncita fué esa? Dijome que cuando quisiese aplicar 
algún texto á cualquiera palabra castellana, no tenia 
mas que buscar en las concordancias la palabra latina 
que la corres[)ondiese, y que allí encontraría para cada 
voz textos á porrillo, con que podía escoger el primero 
que me diese la gana. Así lo hice, y en verdad que los 
textos , si no me engallo mucho, me salieron á pedir de 
boca. Por eso, cuando dije que Santa Ana palpitaba en 
el útero materno, luego encajé : Ex iitero ante Liicife- 
rumgenuite. Mire vuestra paternidad muy reverenda 
el ííto'oclaritocomoel agua. Cuando dijeque tenia her- 
moso y ai roso bulto, al instante espeté lo de vultinn titum 
dcprecabuntur, que ni de molde podía venir mejor. En 
hablando de hija, allí está en las concordancias, filia 
mea malé á Daemone vexatur ; y sí hubiera querido 
traer otros cien textos de filia, también pude. Para las 
circunstancias agravantes, mire vuestra paternidad si 
el tolle gravatum tuum podía venir mas al caso. V para 
aquello de las rameras, el tempus putaiionis advenit 
me parece que vino como nacido. 

4. ¿Con que esa leccioncita le dio el padre predicador 
mayor? le replicó el Provincial con un poco de retintín. 
Sí, padrenuestro, respondió el inocente Fray Gerun- 

9 



130 



OBRAS DEL PADRE JOSÉ FRANCISCO DE ISLA. 



dio; y con ella no lemo preJicar el sermón mas dificul- 
toso y de circunstancias mas em"cvesadas que puedo ha- 
ber, pues como yo encuentre en las concordancias la voz 
correspondiente. Lien pueden llover circunstancias so- 
bre mí, que también lloverán textos literales sobre el 
auditorio. ¿Pero no ve, hijo, le replicó el Provincial, que 
esa regla no es buena, ponjue puede el predicador que- 
rer probar una cosa, y el texto donde se baila la palabra 
que vaá buscar, hablar de otra que no tenga conexión ni 
parentesco con loque él intenta? Pongo por cjcni|)Io : 
¿quétieneque ver que Santa Ana palpitase ó no palpitase 
en el vientre de su madre (dejo ú un lado el disparate), 
con la generación eterna del Verbo en la mente divina, 
de la cual en la sentencia mas común habla el texto : Ex 
útero ante Luciferum geniii íe?Ello, padre nuestro, 
respondió Fray Gerundio, allí bay cosa de útero; y si no 
viniere el texto al palpitar, ycnárá al tííero , y eso le 
basta al predicador. 

5. Pero dígame, ¿yaque vino el vultum tunm de- 
precabuntur? A qué Iiabia de venir ; á lo de «hermoso 
y airoso bulto. w ¡Pecador de mí ! exclamó el Provincial. 
¿Pues no sabe que vultus, vultús , vultui significa el 
semblante? Sí, padre nuestro, ya lo sé ; pero significa el 
semblante de bulto; porque si no, diría faciem tuam, os 
tuum. Con dificultad pudo el Provincial contener la risa 
al oír tan furioso despropósito. Y lo de tolle gravatum 
tuum,¿ii qué lo trajo? le preguntó el Provincial. ¿A qué 
lo habia de traer? respondió Fxay Gerundio; ¿pues no 
se acuerda vuesa ternidad que lo traje á lo de circuns- 
tancias agravantes? ¿Hay cosa mas parecida que «(/í'a- 
vantes y gravatum? Yo á la verdad no sé lo que signi- 
fica ^rat-aít/??!; pero á mí me suena á cosa de agravante, 
y lo mismo sonará á cualquiera auditorio que tenga buen 
oído ; y como al auditorio le suene , no es menester mas 
para que venga bien. 

6. No obstante la natural seriedad y circunspección 
del Padre Provincial, le retozaba tanto la risa al oír tan 
continuados y tan tremendos desatinos , que apenas po- 
día reprimirla ; pero al fin , conteniéndola lo mejor que 
pudo, y empeñado ya en tocar, aunque de paso, los mu- 
chos disparates de otra especie que habia dicho en la 
salutación, le preguntó : ¿Y qué graves autores son los 
que enseñan que Santa Ana tuvoá nuestra Señora veinte 
meses en su vientre ? Padre nuestro, respondió Fray Ge- 
rundio, yo no lo sé, porque en ninguno lo he leído; pero 
como oigo á cada paso decir á los predicadores mas fa- 
mosos : «Afirman graves autores, dicen graves autores, 
enseñan graves autores, sienten graves autores,» yo 
creí que esa era una de las muchas fórmulas que se usan 
en los sermones; como cuando se dice: «Aquí conmigo, 
ahora á mi intento, vaya para el teólogo, note el dis- 
creto;» de las cuales fórmulas cada cual puede usar li- 
bremente cuando le diere la gana ; y que, aunque ningún 
autor haya soñado en decir lo que dice el predicador, 
este puede citar á bulto autores, padres, concilios y teó- 
logos, siempre que le viniere á cuento, como también 
versiones, exposiciones y leyendas; porque lo demás, 
padre nuestro, ¿adonde Íbamos á parar? ¿Ni quién ha- 
bía de ser predicador si todas las noticias, erudiciones 
y textos que se traen en los sermones se habían de en- 
contrar en los libros? 

7. ¿Pues no ve, hijo mío, replicó el Provincial, que 
CSC es mentir, y que la mentira, sobre ser vergonzosa é 



indigna de un homhre de bien en cualquiera parte, en 
el pulpito, que es la caled :a de la verdad, es una especie 
de sacrilegio? Buenos esri iipulos gasta vuestra paterni- 
dad , respondió Fray Gerundio : yo no he oído tantos ser- 
mones como vuestra paternidad, porque basta ahora be 
vivido poco ; pero puedo asegurar que en ninguna parte 
he oído tantas mentiras como en los pulpitos. Allí se dan 
á las piedras las virtudes que no tienen; se fingen flores, 
árboles, frutas, aves , peces, animales y plantas que no 
se encuentran en toda la naturaleza. Allí se hace decir 
á los padres y á los expositores lo que no les pasó por la 
imaginación ; y á mi parecer hacen muy bien los que lo 
hacen ; porque, sí los padres y los expositores nodijeron 
aquello, pudieron decirlo y nadie los quitó que lo dije- 
sen. Allí no pocas veces se fingen textos aun de la mis- 
ma Sagrada Escritura, que no se hallan en ella; y esto, á 
mí ver, no tiene inconveniente ; porque, así como el Es- 
píritu Santo inspiró á los profetas y á los evangelistas las 
cosas que dijeron, así puede inspirar á los predicadores 
lasque ellos dicen. A lo menos, cierto predicador de 
mucha fama así me lo dijo á mí ; y aunque es verdad 
que esta doctrina no asentó muy bien á mí razón ; pero 
al fin bien conocí que era de mucha conveniencia. Fi- 
nalmente , allí se fingen ó se cuentan sucesos y ejemplos 
trágicos y horrorosos que nunca sucedieron, adornán- 
dolos y vistiéndolos con tan extrañas circunstancias, que 
claramente se conoce que son novelas; y con todo eso 
vemos que hacen mucho fruto; porque la gente gime, 
llora, suspira y se compunge. Mire ahora vuestra pa- 
ternidad sí se miente en los pulpitos. 

8. No le puedo negar que por nuestros pecados hay 
mucho de eso, replicó el Provincial; pero siempre es un 
atrevimiento y aun una desvergüenza intolerable ; y á 
cualquiera predicador á quien le cogieran en alguna de 
esas imposturas , se le debiera castigar severamente y 
quitarle para siempre la licencia de predicar. ¡ Ah, pa- 
dre nuestro! respondió Fray Gerundio ; si se hiciera eso, 
¿quién había de predicar los sermones de cofradía? ¿Y 
cuántos hombres honrados quedarían por puertas ó ne- 
cesitarían aprender otro oficio? 

9. Pero (lígame, hijo, yaque por esos disparatados 
motivos levantó á esos graves autores el falso testimonio 
de que afirmaban que Santa Ana había tenido á la Virgen 
veinte meses en su vientre, ¿á qué propósito ó á qué 
despropósito trajo, para probarlo, el texto de hicmensis 
sextas est ¿7/?? ¿Seis meses son por ventura veinte? — Lo 
primero, padre nuestro, que yo no traje el texto para lo 
de veinte, sino para lo de meses, y para eso el hicmensis 
venía que ni de molde. Lo segundo, que aunque le hu- 
biera traído para lo de veinte , tampoco podía venir mas 
al caso ; porque la cuenta es clara : donde hay seis, hay 
cinco; seis y cinco son once: donde hay once, hay nue- 
ve; y nueve y once son veinte : con que vele aiií los 
veinte clavados por las equipolencias: que no estoy tan 
en ayunas de súmulas como algunos piensan. 

lÓ. Reventaba de risa el Provincial, no obstante su 
genio adusto y algo cetrino, al oír unos disparates, por 
una parte tan garrafales, y por otra tan inocentes; y 
prosiguiendo ya por entretenimiento lo que había co- 
menzado por via de amorosa corrección, le preguntó : 
¿Y qué graves autores dicen que Santa Ana fué abuela 
de la Santísima Trinidad? ¿No ve que esa es una herejía 
formalísima; porque la santísima Trinidad es increada. 



FOAY GERUNDIO DE CAMPAZAS. 



131 



es improJiicible, es eterna, y consij^uiontemente no 
puede tener madre ni abuela? For aquí conocerá ahora 
cuánto le conviene estudiar teoloj^ía, aun para ser pre- 
dicador ; porque si la estudia nodirá iierejíascomo esta. 
Como yo no diga otras herejías (respondió Fray Gerun- 
dio), no me llevarán á la Inquisición. También yo lo 
creo ( replico sonriéndose el Provincial ) , porque á la 
hiquisicion no llevan á los tontos; ¿pero dejará de co- 
nocer que esa es herejía? ¡Buena herejía de mis peca- 
dos! dijo Fray Gerundio. Pues dígame vuestra paterni- 
dad, padre nuestro : Santa Ana ¿no fué madre de 
nuestra Señora? Sí, porque así lo dice el texto : Dixit 
disciptilo : Ecce mater tiia. ¿Nuestra Señora no fué ma- 
dre de Cristo ? También ; porque así lo afirma San Juan: 
Dixit matri suae : Ecce filius tuus. Luego Santa Ana 
fué al)uela de la Santísima Trinidad. Si no estuviera mas 
en ayunas de súmulas de lo que piensa (replicó el Pro- 
vincial), no iiabia de sacar esa consecuencia ; sino esta : 
«Luego Santa Ana fué abuela de Cristo.» ¿Pues qué mas 
me da una que otra, padre nuestro? preguntó FrayGe- 
rundió. ¿Pues qué, le dijo el Provincial, Cristo es la 
Santísima Trinidad? Así lo fuera yo, respondió Fray 
Gerundio : Et Trinitatem in imítate veneremur. ¿Con 
que me negará vuestra paternidad muy reverenda que 
Cristo es la Santísima Trinidad? Y cómo que lo negaré, 
respondió el Provincial : es la segunda persona de la 
Trinidad , pero no es la Triuidad ; así como Fray Gerun- 
dio es persona del convento, pero no es el convento. Y 
si no, argüiría bien el que dijese : «Cecilia Rebollo fué 
madre de Catanla Cebollón; CatanlaCeboUon fué madre 
de Fray Gerundio de Zotes, persona del convento de 
Colmenar de abajo : luego Cecilia Rebollo fué abueladel 
convento de Colmenar de abajo » Tampoco argüyó bien 
el hermano Fray Gerundio; y cierto hubiera sido mejor 
que el «retórico no hubiese atendido al argumento». 
Padre nuestro, le respondió Fray Gerundio, «todas esas 
son galanterías de la escuela ,» como dice el Barbadiuo. 
II. ¿Y son galanterías de la escuela, replicó el Pro- 
vincial, decir que Santa Ana , como buena madre, en- 
señó á la Virgen á rezar el Ave-María? ¿Pues qué, dijo 
Fray Gerundio, querrá vuestra paternidad negar tam- 
bién una verdad tan clara y tan patente? Una madre tan 
santa y tan cuidadosa de la buena crianza de su hija, 
como fué la señora Santa Ana, ¿dejaría de enseñarla la 
doctrina cristiana , ni mas ni menos como está en el ca- 
tecismo de Astete, comenzando por el «todo fiel cris- 
tiano» hasta acabar; y mas que hay quien diga que tam- 
bién la enseñó aun el mismo ayudar á misa, y que 
la santa niña á los siete años de su edad ayudaba á to- 
das las misas que se decían en la iglesia de su lugar, 
con mucha devoción y con mucha gracia; porque ya 
sabe vuestra paternidad que en tiempos antiguos, como 
lo leí en no sé qué libro, las mujeres ayudaban á misa. 
Déjelo, Fray Gerundio, déjelo; que no hay paciencia 
para oirle ensartar tantos y tan furiosos disparates, re- 
puso el Provincial. ¿Es posible que sea tan pobre hom- 
bre que no advierta que el Ave-Maríaes una oración que 
se reza á la misma Virgen , y que si Santa Ana se la hu- 
biera enseñado, la enseñarla á que se rezase á sí misma? 
¿No ha leído siquiera en el catecismo aquella pregunta : 
«Quién dijo el Ave-María? El arcángel San Gabriel 
cuando vino á saludar á la Virgen ;» y que esta fué la 
primera Ave-María que se rezó en el mundo, cuando ya 



no estaba en él la gloriosa santa , que había muerto tres 
años antes que esto sucediese? 

12. No quiero ya hacerle mas preguntas sobre la 
sustancia de la salutación, porque sería nunca acabar ; 
pero no puedo menos de hacerle algimas acerca del es- 
tilo, porque algunas cláusulas me dieron mucho golpe. 
Verbi-gracia, ¿qué quiso decir en esta prodigiosa cláu- 
sula : « A este pues , ángel transparente , diáfana inteli- 
gencia y objeto especulativo de la devoción masacre, 
consagra esta extática y fervorosa plebe estos cultos hi- 
perbólicos?» Padre nuestro, respondió Fray Gerundio, 
lléveme el diablo si yo sé lo que quise decir ; solo sé que 
la cláusula es retumbante, y que en sonando bien á los 
oídos no hay que pedirla mas. Y si no, dígame vuestra 
paternidad, ¿quién hasta ahora ha puesto tachas á es- 
tas cláusulas que andan impresas en un solo sermón 
de San Andrés, y en verdad que no son mas claras quo 
lamia? 

13. «Y porque el lleno de tan celestes luces no ofus- 
queatingencias visuales , atemperaré la discreción aten- 
ta con las lustrosas circunstancias del asunto... Al des- 
tellar los crepúsculos matutinos, iluminaban el templo 
de flamantes resplandores, siendo el brillante candor 
feliz panegiris de su sacra solemnidad... Nítidos ráfagos 
de ílamulosas antorchas, brillantes destellos desolares 
luces, animaban afectos obsequiosos, excitando admi- 
raciones festivas : Candidas insuetum miratur lumen 
Olympi.y> (Y note vuestra paternidad de paso el modo 
de traer los textos, ni mas ni menos como yo los traigo.) 
Y mas abajo... «En el hermoso cielo de esta magnífica 
capilla brillan soles en número distintos. Cristo y nues- 
tro glorioso Santo : Fídserunt quondam candidi tibi so- 
les ; pero los identifica efectivamente la fineza ; porque 
Cristo vitaliza con los ígneos destellos de su amor al 
amante corazón de San Andrés : Lampades ignis : in 
me manet, et ego inillo. ( ¡Cosadivina ! Y luego me con- 
denará vuestra paternidad el Trinitatem in unitate ve- 
neremur.) Con esta constelación hermosa ya no hay que 
temer fascinaciones de la esfera; porque las luces, que 
podían recomendar propios resplandores, g-íoj-m stella- 
rum (¡ay qué gloria! como quien dice, viiltumtuumde- 
precabuntur) , emplean hoy sus brillos en obsequiar de 
San Andrés glorias: Et opera manuum ejus annuntiat 
firmamentum.f) (Mire vuestra paternidad si yo mismo 
pudiera traer texto mas al caso. ) 

14. Padre nuestro, por ahora no quiero cansar mas 
la atención de vuestra paternidad con alegarle mas cláu- 
sulas, no solo de este sermón, sino de otros treinta y 
luio que están impresos con él, y se contienen en un gran 
libro dea folio, los cuales todos toditos estañen este 
mismísimo estilo, que es un pasmo, es una admiración, 
es una borrachera. Ahora lo dijo todo, replicó el Pro- 
vincial, sin saber lo que se dijo; porque no puede haber 
epíteto que cuadre ni explique mejor lo que es ese gé- 
nero de estilo, pues solo un hombre embriagado con el 
vino de la ignorancia, de la insensatez y de la presun- 
ción, puede gastarle; y digo que tiene muchísima ra- 
zón ; que ese estilo y el de su salutación, esas cláusulas 
y las suyas, son tan parecidas como una castaña á otra 
castaña. ¿Pero es posible que me diga que hay un libro 
de sermones impresos en ese estilo? No lo creo ; porquo 
¿quién lo había de permitir? ¿Qué tribunal habia de 
dar licencia para eso? ¿Cómo habia de tolerar que una 



132 OBRAS DEL PADRE JO; 

obra como osa nos expusiese á la risa , á la burla y ana 
al desprecio de los extranjeros que no nos quieren 
bien? Y al antor que seriamente pretendiese imprimir 
semejantes locuras, ¿cómo podian menos de declararle 
por falto de juicio, y de llevarle por caridad á la casa de 
Ja misericordia de Zaraííoza ó á la de orates de Valla- 
dolid? 

lo. ¿Con quovuesLra paternidad no quierecreerque 
ande impreso tal libro , y cou todas las licencias necesa- 
rias, y con aprobaciones ruu)bosas y de muy elevado 
coturno? Dií^o que no lo quiero creer, respondió el Pro- 
vincial, y que aunque lo vea pensaré que lo sueño. Pues 
espere uu poco vuestra paternidad ; que yo liaré que lo 
vea y que lo palpe; y diciendo y baciendo, sale Fray 
Gerundio precipitadamente de la celda del Provincial, 
vase corriendo ala suya, vuelve corriendo, trae un libro 
dea folio muy manoseado y ajado, porque no le dejaba 
de la mano el bueno del frailecito , y casi le sabía lodo 
de memoria: preséntasele al Provincial, y le dice :¿Está 
impreso este libro? Sí, impreso está, respondió su re- 
verendísima. Pues lea vuestra paternidad, continuó 
Fray Gerundio el primer sermón de San Andrés. Hízolo 
y leyó ala letra las cláusulas arriba citadas, ni mas ni 
menos como las babia recitado Fray Gerundio. Quedóse 
pasmado; y viendo Fray Gerundio que triunfaba, aña- 
dió : Pues aliora ábrale vuestra paternidad por cual- 
quiera parte, y verá si se desmiente el autor, y si no 
es todo semejantísimo á sí mismo. 

16. Abrióle por el sermón que se seguía déla Con- 
cepción, y tropezó luego con esta cláusula : «Veamos 
pues en aquellas occidentales fabulosas sombras, dibu- 
jadas estas orientales marianas luces, que no es impro- 
perio á las soberanas luces el brl'llar entre las sombras : 
Lux in tenebris lucet; pues consta que entre la primor- 
dial tenebrosidad brilló la concepción de la 1 uz : Tá?2e6ra5 
erantsuper faciem ahyssi... ct facta est lux.r> Y mas 
abajo : «Rosas que, siendo timbre de su original pureza, 
carecen de las espinas de la troncal mácula : Exspinis 
sine spina ; que puso el simbólico ; porque á estas espi- 
nas preocuparon giros de radiantes estrellas : In capite 
ejus corona steUarum.y> Y para acabar la salutación: 
«Para ponderar la gloria que resulta á nuestra soberana 
Reina de su original gracia, pidamos la gracia que la 
comunica su gloria.» Aquí se paró un poco el juicioso 
Provincial , y dijo : Este predicador sabía tanta teología 
como Fray Gerundio, pues por aprovecbar un insulso 
retruecauillo encajó un error teológico. Lagloriaánin- 
gim bienaveutiu-ado comunica gracia, ni le añade un 
solo gradito mas á la que tenia cuando entró en ella. 
Pero vamos adelante. 

17. Abrióle en el sermón siguiente de la Expecta- 
ción , y luego iuconlínenti se bailó al principio con esta 
pi iniera cláusula : «Tan complicado genio anima en la 
común expectación la esperanza, que su profesión y ca- 
rencia son inexorables parcas de la vida.» j Qué diautres 
quiere decir aquí, exclamó el Provincial! No sé, padre 
aiuestro, respondió Fray Gerundio; pero abí está el pri- 
mor de ese inimitable estilo , bablar al parecer en cas- 
tellano, y no haber ningún castellano que lo entienda. 
Pero tenga, añadió el Provincial ; que ya por el latín que 
86 sigue saco lo que quiso decir : Nec tecum possum vi- 
rere,nccsinelfí. Sinduda quiso decir que con esperanza 
)iü se puede vivir, y sin esperanza tampoco; que la es- 



SE FRANCISCO DE ISLA. 

peranza mata, y la falta de esperanza también. Vaya, 
que eso es, reverendo padre, dijo Fray Gerundio; por 
eso dice «posesión y carencia», esto es, esperanza y 
faltado ella, y poreso también concluyequcambas«son 
inexorables parcas de la villa », estoes, que la quitan. 
Por el bábitode mi padre Santo Toribio, que esto es 
bablar culloy elevado, y que yo me muero por esto. Sin 
bacer caso el Provincial de la sandez de Fray Gerundio, 
prosiguió leyendo. «Complica la esmeralda púrpura Ha- 
inante con explendor vírente... El Evangelio y el asunto 
enuncian natural incoberencia; porque, si el Evangelio 
enuncia á Cristo en María concebido, el misterio asunta 
á Cristo, de María suspiradamente deseado (ya escampa, 
y llovían necedades)... Áureo, tritíceo cúmulo des- 
ciende ala aurora mariana el Verbo eterno: Ego sum 
pañis vivus qui de Coclocicsrnndit, dice el mismo : Fru- 
mentum elecíoruní, predijo Zacarías. Amaltea sacra, 
nuestra emperatriz excelsa, á riegos de perlas, á fomen- 
tos de suspiros, anima su corazón sacra cornucopia de 
celestiales flores : Acrrvus tritici vallatus floribus.r> 
¡Jesús! Jesús! (exclamó el Provincial) ¡Y esto se pre- 
dicó, y se predicó esto á un iluslrísimo cabildo, y no 
echaron al predicador el perrero, en vez de echarle el 
órgano ! ¡ Y esto se imprimió con todas las licencias ne- 
cesarias! Vaya, hijo Fray Gerundio; que ahora le dis- 
culpo. 

18. Respecto de las cláusulas que he leído, son tortas 
y pan pintado aquellas cláusulas de su salutación, que 
tanto choz nos hicieron á todos : «¿Y qué le dan, Ana, 
en retribución por tus compendios? ¿Qué paralelos po- 
drán expresar mis voces al decir tus alabanzas?... Es 
Santa Ana aquella preciosa margarita que, fecundada á 
insultos del horizonte, deja ciego á quien la busca... 
Cese laenerjía de los labios, ycontemplcnmisojoscoma 
áncoras festivas un texto muy literal queme ofrecen los 
Cantares ; porque si esta triste y turbulenta avecilla es 
trono jeroglífico de la castidad, etc. Ea pues, digámosla 
aquella acróstica oración que en sus niñeces enseñó ásu 
hija María.» Digo que estas cláusulas no merecen des- 
calzar el pié alas otras, y que teniendo Fray Gerundio 
estos modelos, no extraño que hubiese ensartado tan 
furiosos disparates. Ya no tengo paciencia para leer mas, 
porque está bien vista la muestra del paño, y desde 
luego aseguro que el autordeestos sermones es sindiida 
algún niozalbetillü barbi-poníente y atolondrado, de es- 
tos que aun están conelüotieen la cinta, que habiendo 
leido cuatro libros de estilo culti-laliuo-rumbático, y te- 
niendo media docena de poetas, de mitológicos y de em- 
blemistas, sin saber siquiera (|ué cosa es estilo, ni ser 
capaz de saberlo, se ha formado una idea de locución 
estrafalaria y pedantesca, y encaja ab hoc et ab illa 
lodo cuanto se le pone delante. 

19. Pocoá poco, padrenuestro, replicó Fray Gerun- 
dio; que vuestra paternidad padece en eso una enorme 
equivocación. El autor no es lo que vuestra ternidad 
piensa : no es por ahí un aulorcillocomo quiera; es mu- 
cho hombre, es hombrou, y ha hecho tanto ruido en 
España, que pocos han hecho mas, ni aun tanto. Vea 
vuestra paternidad la primera llana del libro : lea el tí- 
tulo de la obra y los dictados del autor, y después me 
dirá vuestra paiernidad si es rana. Aunque ya babia 
cerrado el libro el Provincial, y aun había hecho ade- 
man de arrojarle con indignación por una ventana, oyen- 



FRAY GERUNDIO 

do esto ;í Fray Gerundio , le picó la curiosidad , abrió el I 
frontis do la obra, leyó el título y halló que decia así, ni 
mas ni menos : nFlorilogio sacro, que eu el celestial, | 
ameno, frondoso parnaso de la Ij^lesia, riega (místicas 
flores) la Ayanipe sagrada, fuente de gracia y gloria. 
Cristo. Con cuya atinencia divina, incrementada la ex- 
celsa palma mariana (triunfante á privilegios de gracia), 
se corona de victoriosa gloria. Dividido eu discursos pa- 
negíricos, anagógicos, tropológlcos y alegóricos, fun- 
dameutadosen la Sagrada Escritura, roborados con la 
autoridad de santos padres y exegéticos, parlicularísi- 
mos discursos de los principales expositores, y exorna- 
dos con copiosa erudición sacra y profana en ideas, 
problemas, liieroglííicos, filosóficas sentencias, selec- 
tísimas humanidades. Su autor el reverendísimo padre 
Fray, etc.» 

20. Por un gran rato quedó atónito el bueno del Pro- 
vincial, no sabiendo lo que le pasaba y pareciéndole 
que con efecto era sueño lo que le sucedía. Pero al fin, ¡ 
\olviendo en sí, estregándose los ojos y palpando el li- 
bro, conoció que no soñaba. Quiso ver quién bahía te- 
nido valor para aprobar aquel inmenso conjunto de de- 
satinos, y para votar que se diesen á luz unos sermones 
que no solo no debieran imprimirse, aunque no fuese 
mas que por el honor de la nación ; pero ni debieran los 
superiores á quienes tocaba, haber permitidoque se pre- 
dicasen, pues no metiéndonos por ahora en mas hon- 
duras, y sin detenernos en examinar una infinidad de 
proposiciones osadas, disonantes y aun erróneas res- 
pectivamente, solo la broza, el fárrago, el hacinamiento 
pueril de citas, textos, autoridades y lugares de todas 
especies, traídos sin método, sin juicio, sin elección, 
sin oportunidad, y las mas veces por pora asonancia; 
solo el intolerable abuso de valerse por lo menos tanto 
delosautoresprofanos como de los sagrados, hombrean- 
do Marcial , Horacio , Cátulo y Virgilio con San Pablo y 
con los profetas, y usando mas de Beyerlink, Mafejan, 
Aulío Gelio y Natal Comité que de los padres de la 
Iglesia ; solo el estrafalario, el loco y aun el sacrilego 
empeño de apoyar los misterios mas sagrados y las ac- 
ciones mas ejemplares y mas serias de los santos con 
una fábula, con una noticia mitológica ó con una su- 
perstición gentílica; solo el estilo tan fantástico, tan 
estrambótico, tan puerilmente hinchado y campanudo ; 
solo un lenguaje tan esguízaro, tan bárbaro, tan mes- 
tizo, que ni es latino, ni griego, ni castellano; sino una 
extravagantísima mezcla de todos estos tres idiomas; 
solo por esto, vuelvo á decir, que verá y notará cual- 
quiera que tenga ojos en la cara, merecía el tal predica- 
dor que desde el primer sermón le hubieran quitado la 
licencia de predicar. ¡Pero no solo no haber hecho esto, 
sino haberle permitido que imprimiese tales sermones! 

¡ Haber encontrado quien se los aprobase! Veamos quié- 
nes fueron los censores. 

21. Aun mas pasmado quedó el celoso Provincial 
cuando leyó el número, la autoridad y los elogios que 
daban al autor los aprobantes. Es verdad que en medio 
de los elogios le pareció como que divisaba algunas cláu- 
sulas que le sonaban á pullas ó á discretas advertencias 
del modo conque el padre predícadorapostólíco debiera 
haber escrito ; bien que temió que esto acaso podía ser 
malicia suya. Los primeros aprobantes dicen que «han 
leído el Floriiogio sacro con singularísimo gusto » ; y 



DE CAMPAZ.\S. 



Í33 



añaden inmediatamente : «¡Ojalá que con igual aprove- 
chamiento! » ¿Qué sabemos si en esto quisieron decir : 
Ojalá (pie el padre predicador apostólico nos hubiera 
edificado tanto como nos ha divertido? ¡Oj;ilá que hu- 
biera hablado mas al alma y al a[H'ov(!chamienlo que al 
gusto y á la diversión! Ojalá que se hubiera dejado de 
flores, y de flores tan vulgares, tan íuúliles y tan silves- 
tres, y que nos hubiera dado sazonados IVulos! Noló tam- 
bién que dichos aprobantes aplicaban á la obra un elogio 
que Ciuo y Praxitelo dieron á la Cloaca, de Galeno, y so 
le ofreció si acaso lo decían por lo que esta obra tieno 
también de sentina, pues toda ella huele á gentilidad y á 
pedantismo que apesta. 

22. El segundo aprobante, sumamente respetable 
por todas las circunstancias de su dignidad y de su per- 
sona, da bastantemente á entender que aprobó la obrcr 
infideparentum, y que la leyó por poderes, siendo muy 
verisímil que sus muchas y graves ocupaciones no le 
diesen lugar para registrarla de otra manera. Y á la ver- 
dad fué disculpable en los excesivos elogios que la dio ; 
porque ¿quién se iiabia de persuadir á que no los mere- 
cían unos sermones que pretendía estampar un predi- 
cador apostólico, un lector de teología y un cronista do 
su orden? Fuera de que quizá tendí ia preséntelo que 
dijo cierto poeta en caso semejante : «Que los poetas 
que alaban y los censores que aprueban, nunca dicen lo 
que los autores son; sino lo que debieran de ser.» Final- 
mente, en todo caso , al fin de la censura , hablando de 
cierto sermón que el autor predicó en la misma ciudad 
donde vivía á la sazón el reverendísimo , dice que « tuvo 
la fortuna ingrata de no haberle oído». Y sí yo me co- 
nozco en desengaños, no es corto el que le ofrece en 
esta breve cláusula; pues ello, «ingrata ó no ingrata,» 
ya dice que el no haberle oído fué fortuna suya. Y'o á lo 
menos por tal la tengo. 

23. El tercer aprobante, de circunstancias no menos 
respetables que el segundo, no se anda en dibujos, y con 
toda la claridad y gravedad que correspondía á su ele- 
vado carácter, desde luego le declaró lo mucho que le 
sobresaltó el titulo de Floriiogio sacro, que le hizo en- 
trar ya leyendo el libro «con advertencia», que es de- 
cir en cortesía, «con desconfianza por lo nmcho quo 
disuena lo florido con lo apostólico , siendo muy extra- 
ñas del apostólico predicador las flores.» Y aunque des- 
pués procura dorarle suavemente la pildora para que la 
trague, en todo acontecinúento el acíbar medicinal allá 
va; sí no hiciere buen efecto, atribuyalo el enfermo á 
su mala disposición. 

24. Pero al fin, concluyó el Provincial, volvién- 
dose á Fray Gerundio, sea lo que fuere de las aproba- 
ciones, dígole que no le he de volver este libro; porque 
cosa mas á propósito para acabarle de rematar en ese 
perverso gusto que tiene de componer sermones, es im- 
posible que se haya estampado ni que se estampe en to- 
dos los siglos de los siglos. Padre nuestro, dijo Fray Ge- 
rundio, el libro me le volverá vuestra paternidad por- 
que no esmío. Pues ¿de quién es? preguntó el ProvinciaU 
No se lo puedo decir á vuestra paternidad, respondía 
Fray Gerundio , por(]ue me le prestaron et» conl'esion. 
Resonó en toda la celda una espantosa carcajada al oír 
tan gracioso despropósito; pero Fray Gerundio, sin tur- 
barse, prosiguió diciendo : Y en orden á las lachas que 
vuestra paternidad le pone, lo que yo veo es, que corre 



134 

con grande aplauso, qtiela impresión se despaclió luego, 
y no se halla uno por un ojo de la cara, porque los que le 
tienen le guardan como o\f> en paño ; y en verdad que 
todos son hombres de buen gusto , y que el autor se hizo 
famosísimo en España por una obra que publicó, dicen 
en el mismo estilo que el Florilofjio, contra cierto escri- 
tor que ha metido gran ruido en este siglo. Con que, si 
estoes predicar mal y con mal estilo, yodigoclaramente 
á vuestra paternidad que no pienso predicar con otro 
estilo ni de otra manera mientras Dios me guarde el 
juicio, Dijo,y sin hablar mas palabra, volvió las espaldas 
y se despidió broncamente de aquella reverendísima 
asamblea. 

2o. No se puede ponderar lo irritado que quedó el 
Provincial á vista de aquel desahogo y de una despedida 
tan irreverente y tan desatenta. Iba á mandar con el pri- 
mer movimiento de la cólera que le emparedasen ; pero 
algunos padres maestros que conocían mejor la candidez 
de Fray Gerundio, le aseguraron que aquella no era 
malicia, sino pura' inocencia y una mera simplicísima 
intrepidez. Con esto se sosegó, y se contentó con decir 
que, si como él estaba ya paraacabar el provincialato 
hubiera de proseguirle , tarde subiría al pulpito el ma- 
jadero de Fray Gerundio : expresión que no se sabe cómo 
se le escapó; porque era hombre moderado y comedido. 
Pero Dios nos libre de un hombre colérico cuando toda- 
vía están calientes las paredes. 

26. Mientras pasaba esto en la celda del Provincial, 
andaba una terrible zambra en el convento entre los frai- 
les de escalera abajo, sobre la misma salutación. Es ver- 
dad que los mas eran de la propia opinión que nuestro 
padre , conviene á saber, que era imposible predicarse 
cosa mas disparatada : pero otros defendían que había 
sido un asombro; y aunque no dejaban de conocer que 
habia dicho muchos desatinos, pero los disculpaban con 
la poca edad, con los ningunos estudios, y en tin, decían 
que el talentazo, el garbo, la voz y la presencia lo suplían 
lodo. Sobre todo, el formidable partido de los legos se le 
calzó enteramente, y no le faltó siquiera un voto para que 
desde luego le ordenasen y le hiciesen predicador. Pero 
los que mas á banderas desplegadas se declararon por él 
entre los legos, fueron el socio del Provincial y el sacris- 
tán segundo de la casa. Estos eran votos de grande con- 
secuencia ; porque el socio habia cogido al bueno del 
Provincial las sobaqueras, de tal manera, que hacia mas 
caso de él que de muchos padres graves , y era voz co- 
mún en la provincia, que le dominaba, 

27. El sacristancillo segundo por su término no le 
iba en zaga. Era un leguito que ni de molde : de media- 
ra estatura, cariredondo, agraciado, lampiño, ojos 
alegres y chuscos, pulcrísimo de hábito, vivaracho, ofi- 
cioso, servicial y mañoso ; porque sabía hacer mil en- 
redillos de manos. Cortaba flores, dibujaba decente- 
mente, componía relojes, acomodaba vidrios, y para 
unacazuelita, para una tarta, para una bebida, tenia 
unas manos de ángel. A favor de estas habilidades y de 
su genio blando y un si es no es zalamero , se insinuaba 
en las celdas, con especialidad de los padres graves, ha- 
cíalos la cama, limpiábales las mesas, batíalos el cho- 
colate , servíalos en otros mil menesteres; y como le en- 
contraban pronto para todo, se habia grangeado, no 
solo el cariño , sino la confianza de los mas, tanto , que 
casi los daba la ley y los hacia querer todo lo que él que- 



OBRAS DEL PADRE JOSÉ FRANCISCO DE ISLA. 



ría, y alabar todo lo que él alababa. No es decible cuánto 
importaron á Fray Gerundio estos dos votos, y después 
el de los demás legos ; porque los dos primeros llegaron 
á hacer blandear el uno al Provincial, y el otro á casi to- 
dos los padres gordos; y los demás, como cada cual tenia 
su santo do devoción, poco á poco le fueron conquistan- 
do á los frailes de misa y coro, de manera que en breves 
días ya casi todo el convento se declaró á favor de sus 
predicaderas. 

CAPITULO X. 

En que se trata de lo que verá el curioso lector, si Ic leyere. 

Pues con estos batidores, muñidores y panegiristas 
viérades volverse la tortilla á favor de Fray Gerundio: 
de manera que toda la comunidad, á excepción de algu- 
nos pocos hombres sesudos y religiosos de cuatro suelas, 
se echó sobre el Provincial para que, supuesta su aver- 
sión al estudio escolástico y su inclinación al pulpito, le 
diese dimisorias para ordenarse y le nombrase por pre- 
dicador sabatino. Aim así y todo, costó mucho trabajo 
doblar la entereza del reverendísimo Provincial; pero al 
fin acabó de rendirle el socio de su reverendísima, quo 
le sabía mejor que otros las escotaduras ; bien que no so 
rindió del todo hasta que uno de los padres mas graves 
y mas maduros del convento, que quería mucho á Fray 
Gerundio, pero que contaba mas de lo justo sobre su doci- 
lidad , salió por fiador de que se emendaría en el modo 
de predicar, tomando de su cuenta instruirle muy de 
propósito en que á lo menos predicase con juicio. Pa- 
reciéndole al prelado que de esta manera aseguraba su 
conciencia , y debajo de estas condiciones, consintió en 
que se ordenase de sacerdote y le hizo predicador sa- 
batino de aquel mismo convento, con aplauso universal. 

2. El que lo celebró mas que todos fué el padre Fray 
Blas, predicador mayor de la casa y el oráculo en mate- 
ria de predicar de nuestro Fray Gerundio; porque, agre- 
gado ya á su gremio y hecho en cierta manera subalter- 
no y dependiente suyo , le tenia como á su mandar para 
hacerle enteramente á su mano, y se proponía sacar en 
él un discípulo que eternizase la fama del maestro, como 
el tiempo lo acreditó. 

3. Receloso de esto aquel padre grave que habia sa- 
lido por fiador de su emienda y se había ofrecido al 
Provincial á instruirle, antes que le acabase de pervertir 
el padre Fray Blas, con el pretexto de ir á recrearse al- 
gunos díasá cierta granja de convento, le llevó en su 
compañía , y de propósito se detuvo en la casa de campo 
un mes cumplido para tener mas tiempo de insinuarla 
con destreza sus instrucciones , esperando que se le pe- 
garían, por cuanto no tenia al lado al predicador mayor, 
que era el que principalmente embarazaba prendiese en 
él la semilla de la buena doctrina que le daban ; porque 
con sus disparatadas lecciones, y mucho mas con sus 
ejemplos, todo lo echaba á perder. Llamábase el maestro 
Prudencio este padre grave, y le cuadraba bien el nom- 
bre; porque era hombre prudente, sabio, mas que regu- 
larmente erudito, de genio muy apacible, aunque dema- 
siadamente bondadoso, y por eso fácil á persuadirse á 
cualquiera cosa y también á ser engañado. 

4. La primera tarde pues que salieron los dos á pa- 
searse por entre una frondosa arboleda, dijo el maestro 
Prudencio á Fray Gerundio, con llaneza y con cariño : 
« ¿Con que, en fin, amigo Fray Gerundio, ya eres sacer- 



FRAY GERUNDIO 

dote del AUisiino y predicador sabatino del convento? ! 
Sí, Padre Maestro, respondió Fray Gorinulio, gracias á 
Dios, á la intercoíion de vuestra paternidad y á la do 
otras buenas almas. Ya sabes, continuó el maestro Pru- 
dencio, que sali por fiador con nuestro Padre Provincial, 
de que cumplirías con tu obligación y de que no nos 
sonrojarías. De eso pierda cuidado vuestra paternidad, 
respondió Fray Gerundio ; que es|tero en Dios desempe- 
Tunie á satisfacción, y que no se arrepienta de la lianza. 
¿Pero, hombre, cómo lia de ser eso, le replicó el Padre 
Maestro, si no has estudiado palabra de lilosofia, ni de 
teología, nido santos padres, ni de retórica , ni de elo- 
cuencia, y en lin, de ninguna otra facultad? Y un per- 
fecto orador, dice Cicerón, nada debe ignorar; porque 
se le han de ofrecer mil ocasiones de hablar de todo. 

5. Cicerón, Padre Maestro, dijo Fray Gerundio, ha- 
blaba de aquellos oradores profanos y gentiles que tra- 
taban en cosas muy distintas que nuestros predicadores. 
¿Pues de qué trataban, le preguntó el padre maestro? 
Yo no lo sé, respondió Fray Gerundio; porque no he 
visto cosa alguna de aquellos oradores, mas que unas 
pocas de oraciones del iiiismo Cicerón , que nos hacia 
construir el dómine Zancas-largas; y esas parece que 
todas se reducían, ó á defender á un acusado, ó á acu- 
sar á un reo, ó a excitar los ánimos del pueblo y de la 
república á alguna resolución ó empresa que fuese útil 
para todos; y también me acuerdo haber construido una 
ú otra que parecía elogio de algún ciudadano que habia 
hecho servicios importantes á la república, ó acciones 
gloriosas que podían ceder en esplendor y mayor lus- 
tre de toda ella. 

6. Con efecto, de eso trataban los oradores gentiles, 
replicó el Padre Maestro, y á eso se reducía el fln y la 
materia de todas sus oraciones, á mejorarlas costum- 
bres. Y' para eso solo se valían de tres medios, de defen- 
der la virtud injustamente acusada y perseguida, de 
acusar al vicio inicuamente abrigado y defendido, y de 
elogiar á los virtuosos, proponiéndolos al pueblo por 
decliado, y exhortándole á la imitación. Pues ves aquí, 
amigo Fray Gerundio, como por tu misma confesión, 
aunque sin reparar en ello, el mismo íin debe ser el de 
un orador cristiano en sus sermones, que era en sus 
oracionesel de un orador gentil , y los mismos deben ser 
los medios. El fin es mejorar las costumbres, y los me- 
dios son enamorar de la virtud, representando su her- 
mosura y conveniencias (y esto se llama defenderlas); 
ó infundir liorror al vicio, pintando con viveza su de- 
formidad y las desdichas aun temporales que arrastra 
(y esto se llama acusarle) ; ó finalmente, elogiará los 
santos y á los hombres virtuosos, proponiéndolos por 
modelo al pueblo cristiano y exhortándole á la imitación 
de sus ejemplos. De manera que la famosa división de 
nuestros sermones en panegíricos y en morales está 
reducida á esto, y á esto también se reducía la división 
de las oraciones profanas ; con que sí Cicerón pedia en 
el orador profano tanto fondo de doctrina, que nada de- 
bía ignorar, porque se le habían de ofrecer mil ocasiones 
de tratar de todo, lo mismo se debe pedir del orador 
cristiano. Y consiguientemente, sabiendo yo que tú eres 
un pobre ignorante, discurre si me dará cuidado mi 
fianza. 

7. No tiene que dársele á vuestra paternidad, replicó 
Fray Gerundio; lo primero, porque andan por ahí mu- 



DE CAMPAZAS. 



irS' 



chísímos que no saben mas que yo, y son unos espanta- 
pueblos en esos pulpitos de Cristo ; y lo segundo, por- 
que (Cicerón no es algún evangelista ni padre de la Igle- 
sia, y así importa un pito que él pida tanta sabiduría en 
el orador. No es pailrc de la Iglesia ni evangelista', res- 
pondió el maestro Prudencio, pero os y se llama con 
niiicha razón el príncipe de los oradores, y como tal, 
pocos supíeíou mejor (pie él lo que es menester saber 
para persuadir á los hombres á que sean mejores, que 
es el lín de todo orador, como ya llevamos dicho. ¿Y para 
saber persuadir á los hombres á que sean mejores, pre- 
guntó Fray Gerundio, es menester saberlo todo? 

8. Sí, respondió el maestro Prudencio; en sentir de 
Cicerón, méiios algunas curiosidades de astrologla, de 
matemáticas y de física, que sirven mas para la diver- 
sión que para el aprovechamiento, el orador debe saber, 
ó á lo menos estar mas que medianamente tinturado, en 
todas aquellas facultades que dicen relación á las cos- 
tumbres y á las inclinaciones del hombre. Para com- 
batir unas pasiones y excitar otras debe estar instruido 
en la naturaleza de todas, y esto no puede ser sin estar 
bien informado de su composición ; ve aquí la necesidad 
de la lilosofia. Para definir, proponer, dividir, probar, 
y discernir entre sofismas y razones, entre paralogismos 
y discursos sólidos, es menester la lógica ó la dialéctica. 
Sin un grande conocimiento de las leyes divinas y hu- 
manas, no es fácil distinguir qué acciones de los hom- 
bres son conformes á ellas ó disformes, cuáles so han do 
aplaudir, cuáles se han de condenar; y esto ya ves que 
no se puede saber sin tener muy profunda noticia de la 
teología moral, mas que mediana del derecho canónico, 
y una tintura por lo inéuos del derecho civil. Como las 
pasiones humanas nunca se conocen mejor que por los 
hechos, y como sola la historia es la que nos da noticia 
de los pasados, conocerá nmy mal á los hombres el ora- 
dor que no estuviese muy versado en la historia antigua 
y moderna, sagrada, eclesiástica y profana. ¿Y quién 
creerá que hasta la poesía es muy necesaria al orador? 
Pues lo dicho, dicho; ninguno será buen orador si no 
tiene algo, y aun mucho, de poeta. No hablo de aquella 
poesía que facilita el modo de hacer versos , esto es, de 
hablar ó de escribir en determinado número y medida; 
que esto es cosa muy accidental á la poesía verdadera ; 
hablo del alma, de la sustancia, del espíritu de la mis 
ma poesía, que consiste en la elevación délos pensa- 
mientos, en lo figurado de las expresiones, en la inven- 
ción, idea y novedad de los discursos; porque sin esto, 
¿cómo se pueden pintar con viveza los caracteres? Cómo 
se pueden mover y remover con eficacia los afectos? 
Cómo se pueden proponer las verdades mas triviales con 
novedad y con agrado? Y' ves aquí porque dice Cicerón 
(estas son sus formales palabras) «que el orador debe 
poseer la sutileza del lógico, la ciencia del filósofo, casi 
la dicción del poeta, y hasta los movimientos y las ac- 
ciones del perfecto actor ó representante»; y has de estar 
en la inteligencia de que el nombre de /¿/dio/b en la anti- 
güedad, no significaba un hombre precisamente versado 
en aquella ciencia que ahora llamamos filosofía; signifi- 
caba un hombre lleno, un hombre verdaderamente sabio 
en todas las facultades. El orador